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18 septiembre 2019 3 18 /09 /septiembre /2019 18:39
Desde luego en nuestro mundo cultural de "provincias" (cariñoso distingo que hago para desmarcarlo de las trepidantes y desconcertantes Madrid o Barcelona) uno se lleva sorpresas muy agradables. Es el caso del navarro Joaquín Ciáurriz, al parecer uno de esos obsesos literarios que enriquecen la literatura de un país. Dirige la colección "Baroja (&Yo)" destinada como indica su nombre a todos los barojianos que en el orbe castellano son o se esmeran en serlo. Ya han aparecido seis títulos en los que gente de pluma de variada condición desmigan, para placer del lector motivado por Baroja, sus propias experiencias y vivencias provocadas por sus particulares lecturas del escritor vasco. "La boina del viajero", el libro que comento, es la aportación barojiana del profesor turolense Antonio Castellote, conocido precisamente por su afición a dicho escritor, que parece extender su influencia al estilo y la temática de don Pío, del que dice: " Baroja es un compañero de viaje al que en algunas épocas he estado muy unido y en otra hemos ido cada cual por nuestro lado, como suele suceder con los amigos de toda la vida" .
Castellote nos cuenta su vida, surcada y conducida por su afición barojiana desde "Las inquietudes de Shanti Andía", el año 1975, con diez años de edad a esas lecturas propiciadas por eventuales períodos forzados de cama (" Todos tenemos una novela enmarcada en un catarro") caso de la trilogía barojiana de "Las ciudades" en la nostálgica edición de Alianza que yo también disfruté, aunque sin catarro. Luego a comienzos de los 90 en plena "movida", Castellote va a Madrid  y se abisma en el mundo de Baroja, desde los jardines del Buen Retiro a las tabernas de Lavapiés, "lo mío no era un sueño de la modernidad sino un reencuentro con los mitos de la infancia. Era más feliz en la Cuesta de Moyano, entre libreros de viejo, que en los grandes almacenes de la Casa del Libro".
Cuando nuestro hombre vuelve a su Teruel como profesor ya se busca un Itzea (el caserío patrimonial de don Pío) en un pueblo de la zona y se cala la boina paradigmática del barojanismo, "un poco echada hacia atrás" y se convierte en "una prenda de andar por casa". Y cuenta "Había entrado en el tiempo barojiano, un mundo alejado del presente pero no referido a un pasado concreto".
Castellote acaba nostágico su delicioso librito confesando : "Ellos (las obras de Baroja) en rodo caso me protegen de la estupidez, me ayudan  a entender este mundo de cantamañanas en el que vivimos, a desconfiar de los mesías, de la literatura fácil y los oropeles gratuitos, a mantener viva la ternura como forma de conocimiento, pero también el juicio seco y el miedo al catarro." Y no queda más que suscribir su frase final "Baroja se expande como una forma de ser persona, de traducir la realidad a la imaginación".-
FICHA
LA BOINA DEL VIAJERO.- Antonio Castellote, Ipso Ediciones, «Baroja&Yo», 96 páginas.ISBN 9788494772931
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15 septiembre 2019 7 15 /09 /septiembre /2019 16:07

En el quinto y último libro de la voluminosa autobiografía de Leonard Woolf (el preferido de los editores españoles y único publicado en este país, pues contiene el luctuoso suceso de la muerte de su esposa, Virginia, la escritora genial que se suicidó el 28 de marzo de 1940 ahogándose en el río Ouse) el excelente memorialista, ensayista, político y editor, habla de su larga  vida en el último año de su existencia. Es un lúcido y dinámico anciano de 89 años y hace un repaso valiente e irónico sobre los males y los beneficios de la vejez. Y dice: "Creo haber disfrutado mucho con muchas cosas a lo largo de mi vida...". Y tras enumerar una lista epicúrea y sensata, añade: "Uno de los placeres que toda mi vida me ha parecido más fiable y al que no ha afectado el vampirismo de la senilidad es el placer de escribir" Y acaba: "Me gusta sentir en el cerebro el proceso de la composición, sentir como funciona la mente, como los pensamientos  se organizan en palabras y van apareciendo sobre el papel en blanco".

Cualquiera de las personas que me lea y sea un "lletraferit", palabra maravillosa en ese idioma elegante y poético que es el catalán (soy andaluz y he trabajado durante 40 años en labores de letras en Cataluña sin ningún problema y con muchas satisfacciones y respeto), es decir un individuo "herido" por la literatura en todas sus formas, las letras, firmaría sin dudarlo su apoyo a las palabras de Leonard. Desde que con 14 años terminé una novela sobre el antiguo Egipto (50 folios escrito a mano) una copia ingenua del estilo y los personajes de "Sinuhé, el Egipcio" de Mika Waltari, que devoré durante las vacaciones de verano a escondidas de mis padres, el gusanillo de  la escritura (y la lectura) se convirtieron en mis amigos inseparables  moldeando mi personalidad y mi manera de ser. Más de cinco décadas después mi asombro expectante ante el milagro de la creación literaria sigue tan fresco como antaño. He vivido como un escritor "lletraferit" y agradezco a Leonard el regalo de su sensible observación: tampoco en mí "el vampirismo de la senilidad" ha afectado el atemporal, revitalizante y entrañable placer de la escritura.

 

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12 septiembre 2019 4 12 /09 /septiembre /2019 09:11

En general procuro mantenerme apartado de los best-seller. No por un mal entendido elitismo o por el horaciano "Odi profanum vulgus et arceo". Respeto y apoyo el fenómeno best-seller, en definitiva es lectura y en grandes cantidades. Simplemente a estas alturas de la jugada vital prefiero seguir mi instinto literario (no siempre acertado, lo reconozco) y  no perder mi tiempo, cada vez más escaso, por un fenómeno estrechamente vinculado a las modas del momento ( a veces me repito que "Don Quijote" también fue un best seller en su época). Pero en Literatura, como en casi todo, nada está sentenciado de forma absoluta y el tiempo, ese buen doctor, puede cambiar un diagnóstico o introducir cambios en el juicio de una obra, sea best seller o minoritaria. En el caso de "La chica salvaje" , el juicio y la recomendación me vino a través de una amiga muy bien letrada. Le hice caso y acerté, porque ella acertó previamente.

"La chica salvaje" de Delia Owen, no es una obra policíaca, de intriga o de misterio. Hay un asesinato pero, en el fondo, nos importa poco quién es el asesino. Hay un argumento judicial y un proceso investigativo que enriquecen la dinámica argumental pero que también son secundarios. El hilo vital que sostiene la novela tiene que ver con aspectos, principios y cuestiones que rebasan esos cuadros argumentales y entran en la consideración de elementos humanos, de naturaleza, de poesía elemental, de filosofía de la existencia, de sentimientos y emociones suscitados por la belleza, el amor, la coherencia. Y hablo de esa coherencia esencial entre la persona, la protagonista, y el entorno natural, con la que se establece una vibración común que iguala al personaje con el agua, el bosque, las marismas de Carolina del Norte, las flores, los animales y de esa comunión surge un encanto literario que transporta al lector. De siempre he admirado a los llamados "escritores de la  Naturaleza", desde Whitman a Thoreau, Washington Irving, Nan Shepherd, Alice Herdan-Zuckmayer, Robert Seethaler, Paolo Cognetti.  Peter Metthiessen o John Burroughs, entre otros. Delia no les va a la zaga. 

Aquí, escondida tras una trama novelesca, se encuentra una novelista primeriza de unos setenta años que ha dedicado su vida a la ciencia, licenciada en zoología y doctora en etología, ha vivido en África durante 23 años y ha escrito libros sobre sus "experiencias entre elefantes y leones". Pero por lo visto necesitaba elaborar algo más que experiencias personales, sentimientos, vivencias íntimas y emociones causadas por la soledad: la comunión que a veces se produce entre las personas y la Naturaleza que las rodea y envuelve, las condiciona, las protege y las amenaza. Y de eso trata "La chica salvaje", donde además se desarrolla una descripción psicológica soberbia de un desarrollo y un proceso de maduración de una chiquilla a una mujer, una persona muy singular, solitaria y aislada, fuerte y vulnerable, de una sensibilidad exquisita pero también una superviviente nata. La protagonista de la novela de Owen, Kya, podría ser un trasunto novelesco de la propia autora, un reflejo especular transformado por la literatura y la poesía, de una mujer que vive sola en un rancho del norte de Estados Unidos, junto a la frontera canadiense. La soledad, el orgullo, la fuerza esencial de la supervivencia y las emociones identitarias femeninas son los hilos que mueven la acción de la novela entre un lirismo y una mirada franca y desinhibida de las flaquezas y vicios humanos que recuerdan los escenarios y las gentes de "Matar un ruiseñor" de Harper Lee (el racismo está presente en la novela a través de uno de los amigos de Kya, un hombre mayor afroamericano: estamos en los años 50 y 60). Delia Owens ha reinventado el mito del "buen salvaje" en su versión de una "enfant sauvage" que por su edad se libra de las limitaciones de todo tipo y principalmente mentales y lingüísticas que tuvieron los históricos niños salvajes criados en condiciones subhumanas (mitos de Tarzán y el Wogli  de "El libro de la selva" de Kipling).

La pequeña Kya Clark, abandonada por su madre y hermanos ante de los diez años, con un padre bebedor que no tardará en desaparecer de su vida, rechazada por las gentes del lugar, una chica salvaje en suma, que aprende a vivir y sobrevivir en la Naturaleza primaria de las marismas y a través de una inteligencia vivaz sobredimensionada por las necesidades y carencias, logra convertirse en una naturalista y bióloga experta a través de la observación y la experiencia en referencia a la flora y fauna de su entorno. Son interesantes los paralelismos que Kya establece entre la etología animal y la de los humanos (sobre todo en cuestiones como el sexo, el apareamiento y los rituales de seducción y también en la caza y la ausencia de crueldad y gratuidad en los llamados "animales salvajes") hasta el punto de hacernos dudar sobre la adecuación de nuestra especie a lo que es "natural" y de quien merece mejor el adjetivo de "salvaje".

Leamos: "Se imaginó dando un paso tras otro dentro del espumeante mar, hundiéndose en la quietud bajo las olas, los mechones de su pelo flotando suspendidos como acuarelas negras en el pálido mar azul, sus brazos y largos dedos flotando hacia el brillo luminoso de la superficie. Sus sueños de escapar, aunque fuera mediante la muerte, la elevaban hacia la luz. El tentador y brillante premio de la paz que estaría fuera de su alcance hasta que su cuerpo descendiera al fondo para posarse en el lóbrego silencio. A salvo. "¿Quién decide la hora de morir?" (pág.291)

Suficiente como aperitivo. Una novela excelente, un libro para guardar y releer páginas escogidas, de vez en cuando.

FICHA

LA CHICA SALVAJE.- Delia Owens.-Trad. Lorenzo F. Díaz.- Ático de los Libros.- 373 págs. 

 

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10 septiembre 2019 2 10 /09 /septiembre /2019 16:46

El movimiento utilitarista británico del siglo XIX que daría alas al empirismo y el pragmatismo como escuelas filosóficas opuestas al idealismo y que culminaría en el realismo de Moore y Russell en el  XX, tuvo como una de las figuras más importantes a Jeremy Bentham (1748-1832) : "Es bueno aquello que es útil para el mayor número de personas" o como decía el filósofo "aquello que resulta del cálculo entre el placer que genera una acción menos el sufrimiento que dicha acción produce en las personas involucradas en ella". Bentham era jurista y abominaba del sistema carcelario inglés que no había evolucionado desde el siglo XV como bien sabía su  coetáneo Dickens. Así que ideó uno nuevo basándose en sus ideas humanitarias: el objetivo no era solo castigar sino reeducar al criminal. Escribió El panóptico, sobre un nuevo tipo de prisión un nuevo tipo de prisión, más benigna que la vigente, que sería como “un molino en el que triturar a los pícaros hasta hacerlos honesto. Se trataba de edificar un círculo de varios pisos con celdas, en torno a un eje central de servicios y vigilancia en cuya cúspide estarían los observadores carcelarios con una visión directa sobre las celdas enrejadas de los presos (lo que llaman "la dictadura de la mirada"), con lo que con pocas personas se podía controlar todo el perímetro. Además los vigilantes de la torre podrían ver a todos los reclusos, pero estos no podrían verlo a él.  Con esto se lograba crear tal ansiedad en los presos que sabían que podían estar siendo observados en cualquier momento, que éstos se abstendrían de hacer barrabasadas, pues la alarma y el castigo serían inmediatos. Control y disciplina con poco gasto. El éxito del panóptico fue fulgurante y no solo en Inglaterra. En España, Barcelona fue la primera ciudad en construir entre 1881 y 1904 un edificio penitenciario con esas directrices, la Cárcel Modelo. La idea y su sentido práctico y útil, (y humanitario, el lema era "In severitas humanitas"), se extendió a otras instituciones como escuelas o fábricas, en las que un cierto grado de intimidación es preciso para que el conjunto funcione. En Madrid la de Carabanchel, construida por el régimen franquista en los años 40, copió y mejoró el diseño de la Modelo.

En realidad el panóptico es extrapolable al entramado de cámaras públicas de vigilancia, drones espía y de control de tráfico y sobre todo a la Red digital que ha superado los sueños de Bentham y del Gran Hermano ("1984" de Orwell) llevando su Ojo vigilante y de una curiosidad malsana a todos los ámbitos incluso los más personales e íntimos del ciudadano. Con una característica asombrosa: con el beneplácito de los propios vigilados, que son desposeídos de sus más ocultas intimidades. A cambio del "plato de lentejas" (bíblico), en forma de cómodos accesos a la comunicación, la gestión y la diversión,  el ciudadano de la actual sociedad digital se ha entregado atado de pies y manos (legalmente: aceptamos sin leerlas las condiciones de uso de las empresas como Google, Facebook y otras) a un mercadeo de sus datos e intimidades más personales, financieras, laborales, sanitarias y lúdicas como jamás en toda la historia de la Humanidad se había permitido. De hecho se han efectuado sangrientas revoluciones por cuestiones de valor semejante a las citadas. Ahora lo aceptamos todo en un progreso de orden geométrico que socava nuestras libertades más preciadas. Zygmunt Bauman ("Vigilancia líquida", 2013), Byumg-Chul Han ("Psicopolítica", 2019), Alessandro Baricco ("The Game", 2018) y Seth Stephens-Davidowitz ("Todo el mundo miente", 2019), han tratado sagaz y adecuadamente los hechos, creando en cierta opinión pública (bastante minoritaria) la lógica alarma y denuncias consiguientes (vox clamantis in deserto), ante la indiferencia o la hostilidad de la clase política (lo cual era de esperar: ¿cómo hacer buenos cestos de esos mimbres?).

El "ábrete sésamo" de la sociedad digital y su nueva forma de control se llama "Big Data" que es la estructura operativa de la nueva "filosofía" emergente, el "dataísmo" que, como su nombre indica, es la capacidad de acumular, clasificar, manipular y usar ingentes cantidades de datos de todos los que tengan un ordenador personal, un móvil o una simple conexión cifrada con su nombre a la Red de redes, Internet. Y tampoco se trata de una filosofía o ideología, pertenece a todas y no es ninguna. El Big Data es un sistema operativo de control con  muchas cabezas y ningún rostro, al que alimentamos con cada "click" que hacemos, dejando un rastro de datos que nos identifica  de inmediato, conoce nuestros deseos, carencias, defectos, ambiciones y proyectos. No sólo nos define sino que puede manipularnos a placer..de quien pague. La empresa Acxiom, norteamericana, promete a las empresas o grupos políticos que contratan sus servicios "les ofrecemos una visión de 360º sobre sus clientes" (o posibles votantes). ¿Quiere hace una prueba simple?  Entre en Google y teclee en su ordenador, "imprentas" en una localidad cualquiera.  En pocos segundos ya tendrá anuncios de todas las que quiera, aparte de las que le proporciona el buscador. El algoritmo asociado a esa actividad le vincula a usted por un tiempo a las ofertas de imprentas. Y tiene una memoria excelente. Las imprentas formarán parte de su "ficha digital" junto a todas las cosas o ítems que usted vaya solicitando.  Añada usted el contenido de sus mensajes, sms, o escritos personales.  De ahí viene la "visión de 360º de su persona, actividades y preferencias. Esto es el panóptico digital.  Saben lo que usted hace en todo momento, siempre que esté conectado. Y lo estamos en cada momento de nuestra vida cotidiana. Su cínico lema es la transparencia. La de usted, la nuestra, no la de "ellos". Las implicaciones políticas son alarmantes. Las sociales, personales, filosóficas...devastadoras. Las personas nos convertimos en procesados activos de información sobre la vida de cada uno de nosotros. Los algoritmos  inteligentes pueden llegar a predecir comportamientos...el ciudadano se convierte  en un consumidor identificado y manipulable. Si Betham levantara la cabeza se horrorizaría y volvería a sumirse en el vacío de su tumba. Lo peor es que los usuarios, las ciudadanos, no sólo no les asusta todo esto sino que lo olvidan a cambio del "plato de lentejas" del universo digital. Estamos avisados...y aviados.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

Escritor

 

 

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8 septiembre 2019 7 08 /09 /septiembre /2019 09:06

 

No quisiera abundar en los varapalos, más o menos interesados, que ha recibido el presidente del Gobierno español por otra de sus reiteradas faltas de puntualidad hacia una figura emblemática (aunque cuestionada por algunos) como el Rey Felipe que, no lo olvidemos es el Jefe del Estado. Los Estados permanecen y los Gobiernos pasan. Cuando Sánchez comete una imperdonable descortesía con el Rey, lo hace con el Estado que simboliza. Y España ¿no es la supuesta meta de los proyectos políticos del señor Sánchez? Seguramente la impuntualidad no es el mayor de los defectos políticos del líder socialista pero es de los más lamentables y fáciles de evitar. Quizá al presidente le convendría invitar al filósofo Kant a La Moncloa para entender de qué estamos hablando cuando hablamos de puntualidad. El sabio de Könisberg era tan puntual que los ciudadanos que se cruzaban con él cuando salía a pasear cada mañana ponían sus relojes en hora al verle. Eso sería una anécdota sugerente para Sánchez y podría aprender también la prioridad ética en la vida y aquél imperativo categórico que sugería que debías obrar de tal manera que tus actos pudieran constituirse en reglas universales de comportamiento. O en sus palabras: “Obra sólo según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que se torne ley universal".

En nuestro país el comportamiento impuntual del político citado no llama mucho la atención, porque aquí la puntualidad es un mal hábito socialmente aceptado. Muchas personas son impuntuales en todos los órdenes de la vida, laboral, personal, social. Y no solo no lo consideran un error, una irresponsabilidad y un insulto a las personas que les esperan. Es como una gracieta de la que se puede presumir, donde la ignorancia se da la mano con una obscena villanía. Incluso se creen aquéllo de que las "personas de importancia no esperan, se hacen esperar". Cuando una de esas personas te roba tu tiempo en la espera, realizan un hurto impune que no tiene arreglo, ni sustitución, ni devolución. Muchos ni se disculpan o si lo hacen son tan banales y risibles que más bien son un insulto añadido. Kant, señor Sánchez, opinaba que el espacio y el tiempo son formas "a priori" de la sensibilidad. Quizá a la suya le convendría recordar a este filósofo y replantearse la necesidad de dar ejemplo a todo un país de que es capaz de ser puntual. Todos ganaríamos mucho y usted más que nosotros. Y, por cierto , ni soy monárquico ni estoy en contra del partido y la supuesta ideología que usted profesa. Fue Luis XIV, precisamente un Borbón, quien dijo que la "puntualidad es deber de caballeros, cortesía de reyes, hábito de gente de valor y costumbre de personas bien educadas"? Pues eso.

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7 septiembre 2019 6 07 /09 /septiembre /2019 09:06

La editorial bilbaína Sua Edizioak, de rancia raigambre editora en libros de montaña y senderismo, ha enfocado su atención librera sobre las tierras aragonesas, tras cubrir de forma brillante el conjunto de los Pirineos, la cordillera cantábrica, Galicia y otras ubicaciones no sólo de montaña, senderismo, travesías o escaladas, más de un millar de títulos en catálogo que hacen las delicias de cualquier deportista de montaña y senderos que se precie. 

Por razones de cercanía me voy a limitar a glosar algunos de los títulos que la citada editorial ha dedicado a Aragón. Lo primero a destacar es la calidad de la impresión y la ligereza de la presentación, con un papel excelente, una tipografía clara y unas fotografía que alcanzan en muchos momentos la excelencia. Los textos tienen la sencillez y la justeza expresiva de este tipo de volúmenes y se ajustan como un guante a su cometido principal, guiar e informar al lector del periplo que han comenzado y apoyando las ilustraciones hacerle partícipe de la belleza de los lugares que visita en su caminar. Mapas y croquis con detalles logísticos y topo geográficos esenciales hacen viable y agradable la excursión.

Los autores que he tenido el placer de leer en sus excursiones y propuestas son Marta Montmany  ("Vías Verdes" y "Rincones que te sorprenderán"), Alberto Martínez Embid,  ("Excursiones a nacederos") que ya conocía de otros libros montañeros y sigue subiendo su cota de calidad y Eduardo Viñuales, también conocido de antiguo, que nos deleita con un bellísimo e informado volumen en el que los bosques son protagonistas sorprendentes. Especial mención a algunos datos que han enriquecido muchísimo mi percepción de los árboles y los bosques: como por  ejemplo la existencia en Daroca del árbol más grande de Aragón,  o las sabinas centenarias de Monterde de Albarracin,  o la sorprendente defensa de la procesionaria del pino que ha aclarado muchas ideas negativas sobre el curioso bicho (una oruga en hileras movientes que se transforma en mariposa nocturna).

Excedería en mucho el tamaño de este comentario si pudiera cantar las maravillas que estos tres esforzados montañeros nos ofrecen en esa colección de libros que ha editado Sua.  Creo que estos libros deberían formar parte de la biblioteca escogida de cualquier senderista o montañero aragonés. Por muy versado y trabajado que esté en las salidas y travesías de nuestro bello  y variado Aragón, me apuesto lo que sea en que algún punto, algún dato o alguna propuesta les sorprenderá por su novedad y belleza. Por tanto, no se la pierdan.  Empiecen por el título que deseen y completenla. Es un tesoro bibliográfico que les enriquecerá desde la simple lectura a la práctica andariega. Palabra.

FICHAS

RINCONES QUE TE SORPRENDERÁN Y GUÍA DE VÍAS VERDES, CAMINOS NATURALES Y OTROS SENDEROS.- Ambos de Marta Montmany.

EXCURSIONES A NACEDEROS.-Alberto Martinez Embid. y RUTAS POR LOS BOSQUES MÁS BELLOS.- Eduardo Viñuales. Todos en Editorial Sua Edizioak

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6 septiembre 2019 5 06 /09 /septiembre /2019 18:08

"La muerte de Virginia" es el nombre que los intereses editoriales -es decir los que atañen a la venta del libro- han destacado ocultando una realidad biográfica mucho más compleja y bastante más rica que las circunstancias del suicidio de Virginia Woolf, que ya conocemos todos los aficionados a la literatura inglesa. De hecho en España se publicó en los años setenta un corto volumen con el fragmento de las memorias y comentarios del marido de Virginia, Leonard Woolf (1880-1969), relativos al hecho, ocurrido en el rio Ouse en mazo de 1941.

En el volumen que hoy comentamos (el último de los que forman la autobiografía de Leonard) la muerte de la escritora es relatada de un modo recatado, sensato, sensible y nada emocional, acotando los elementos de probabilidades o conjeturas inevitables en estos casos a los mas obvios: la enfermedad mental de Virginia que le causaba brutales depresiones (Leonard habla también de otros síntomas) y la amenaza no menos brutal y extrema de un posible desembarco nazi en las Islas Británicas. Una posibilidad lógica que aterrorizaba a los intelectuales del Grupo de Bloombsbury (algunos de ellos judíos, como el mismo Leonard) hasta el punto de que el recurso del suicidio se había comentado entre ellos).

Sin embargo, para mí, el valor de este libro estriba precisamente en darnos a conocer al hombre, y sus facetas de intelectual, político, al editor de éxito, al pensador inteligente, al prosista de elegante e irónico estilo, sencillo, claro y a veces amablemente sarcástico. Pensamiento de izquierda civilizada y muy ética, sujeto a una educación algo puritana pero llena de humor y de amor ala vida y sus placeres, al estilo epicúreo, medido, equilibrado y apartado de los excesos. Su visión de los asuntos públicos y de la política de su país y la europea es lúcida y desencantada (escribe este libro un año antes de morir) y para él no ha mejorado con el tiempo sino al contrario. En las últimas páginas confiesa: “cuando considero todos estos hechos del mundo de hoy (la guerra de Vietnam, el maoísmo, la torpeza de tantos políticos) siento un agudo dolor, compuesto, creo, de decepción, horror, incomodidad y repugnancia.”  Llega a decir que cuando se trata con políticos, hay que tratar con buen número de “estúpidos”. Pero lo que más me ha agradado es su defensa bizarra de la ancianidad, tras la que sostiene que lo mejor de su vida ha sido su dedicación a la escritura y su tarea de editor en Hogarth Press. Es la  Editorial que fundan Virginia y él en 1917, que edita a muchos amigos o cercanos, entre ellos, por ejemplo, la primera edición europea de The wasted land de Eliot en 1923. En 1946 tras la guerra convierte su editorial en una filial de Chatto &Windus y sigue publicando con lo mismos criterios personales de calidad.

La lucidez pesimista de Leonard pone el broche final a una vida intensa y gratificante en todos los ámbitos donde trabajó y vivió: el personal, el literario, el editorial, el intelectual, el político. Pero se despide con una queja que hoy más que nunca resulta profética: "el hombre está destruyendo ciegamente la civilización en nombre de la civilización". Suena casi a Bertrand Russell, su formidable amigo.

FICHA

LA MUERTE DE VIRGINIA.- Leonard Woolf.- Trad. Miguel Temprano.- Lumen.- ISBN 9788426419682

 

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4 septiembre 2019 3 04 /09 /septiembre /2019 18:16

La nueva religión de la sociedad digital se llama "dataísmo". La suma astronómica de datos procedentes de nuestra interacción continua con el mundo digital, que son capaces de manejar, analizar y aplicar las computadoras (y las muy interesadas empresas privadas que las manejan) y ofrecen una información sobre todos nosotros, los sujetos (etimológicamente "sujeto" es alguien que está atado, limitada su libertad de movimientos) que usamos y abusamos de cuanto ofrece la Red de redes, las más de las veces de forma gratuita, cual anzuelos de cautividad futura. Lo saben todo sobre nosotros, nuestros gustos, carencias, deseos, vicios "ocultos", esperanzas y sueños, sentimientos, afectos y pasiones. Cada "click" es un eslabón más de la cadena que nos une a un Poder omnímodo que se impone no por la represión y la violencia, sino en la amable forma de un solucionador de problemas, de una enciclopedia al gusto, de un comprensivo cómplice, de un complaciente colega a disposición de nuestros caprichos las 24 horas de cada día, todas las semanas, todos los meses y los años.

Ante lo visto, no hay hipocresía más  inútil y bochornosa que las tan cacareadas leyes de protección de datos, una nueva forma contributiva vestida de escandalizada preocupación por la seguridad de nuestros datos personales. ¿Están de broma o creen que somos todos tontos? Mas bien lo segundo. Lo malo es que tienen razón. La noticia del espionaje global de Google ha pasado bastante inadvertida y en silencio, como si fuera una anécdota trivial, con la total impunidad desafiante de la poderosa empresa norteamericana y el encogimiento de hombros, bovino e hipnotizado, de los usuarios. En los años de hierro de las dictaduras, fascismo, comunismo, filofascismo franquista, el dramaturgo y filósofo alemán Bertold Brecht escribió: "No aceptéis los hechos como cosa natural. Porque en tiempos de desorden, de confusión organizada, de humanidad deshumanizada, nada debe parecer natural. Nada debe parecer imposible de cambiar".

Aquí en Teruel y su casi deshabitada provincia deberíamos aplicarnos la divisa de que no podemos ni queremos aceptar que todo siga igual porque el sempiterno contexto político y social "es el que es y nadie lo puede cambiar". Si la historia nos ha enseñado algo es que las cosas, los contextos y circunstancias no dejan de cambiar, mal que les pese a los que mandan en ese momento. Y aquí es donde cierro el círculo de este mensaje: aprovechemos las posibilidades del dataísmo para hacer virales nuestros sueños y reivindicaciones. Por ahora es la otra cara de la nueva "religión". Por el momento la operativa generadora digital puede cambiar de polarización y objetivo. Es un llamamiento a las asociaciones que luchan por demostrar que Teruel existe. Y un guiño a los micromunicipios (menos de 500 habitantes) para generar una campaña permanente de "agit-prop" digital que nos vuelva a colocar en el mapa  (antes de que fenezcamos de "muerte antinatural"). 

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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1 septiembre 2019 7 01 /09 /septiembre /2019 18:13

Artículo publicado en "El Heraldo de Aragón", julio 2019

 

Laputa (en inglés) es el nombre de la isla aérea o flotante que visitó Samuel Gulliver en su tercer viaje, según su confidente y relator Jonathan Swift (1667-1745), deán irlandés de aguda y mordaz pluma que ya había asombrado e indignado a los ingleses de su tiempo, a caballo entre los siglos XVII y el XVIII. “Mi reconciliación con la especie (humana) en general no sería tan difícil si se contentaran sólo con los vicios e insensateces que la Naturaleza les ha otorgado”. Es obvio que no es así, por lo que Swift se pasó toda la vida indignado y lo demostró en todas sus obras. Principalmente en “Los viajes de Gulliver”, que la historia literaria con gran sarcasmo o miopía convirtió en un libro infantil. Swift, como buen clérigo de la época, amaba la gloria y el poder, el dinero y al género femenino en su versión más variada. Y para demostrarlo se apañó para participar él mismo en los mismos vicios e insensateces que denunciaba, aunque sin dejar de reconocerlo con irónico e incisivo cinismo.

Swift, admirador de “El Quijote”, conocía el español y sabía el significado de la palabra utilizada, por lo que algunos sesudos eruditos de la Academia de Lagado han informado a sus colegas españoles que, en realidad Swift , se refería a un supuesto viaje a España y concretamente Al reino de Aragón, a la sazón bajo la corona que portaba el rey Felipe IV (V de Castilla) que en 1707 derogó los fueros de Aragón, abolió el Consejo y unió el reino al de Castilla.

Laputa es una isla relativamente pequeña que gracias a una base de diamante flota en el espacio usando un gigantesco imán. Ese artilugio les permite a sus habitantes (la Corte, el poder, el funcionariado real y político) dirigir sus movimientos sobre el territorio de Balnibarbi (extenso país y único en el mundo cuya composición mineral responde al influjo magnético de la isla), con lo que dominan tiránicamente a los ciudadanos que viven abajo. Dicen los analistas que Swift simbolizaba a la corte de Madrid y el poder satélite de Zaragoza como integrantes de Laputa. Balnibarri sería el entero territorio español.

André Maurois dijo de “Los viajes…” que es “el libro más severo que la Humanidad haya escrito sobre la Humanidad”. Disfrazado de libro infantil, Swift ha podido sortear inquisiciones, santos oficios y censuras varias. Una relectura actual del libro, principalmente del Tercer viaje de Gulliver, aplicada a la hipótesis de  que nos concierne, pretendería que los españoles no hemos evolucionado mucho en lo esencial. Todo esto viene a cuento del soberbio espectáculo del más zafio guiñol que la clase política española, sin excepción de partido alguno, está dando a la ciudadanía (responsable en cierta forma de la situación, por  haberles votado) y al resto del mundo supuestamente democrático. Pongamos unos ejemplos: ¿Qué diría Gulliver si viera cómo en Laputa, (en este caso, Aragón) están dispuestos -con suma generosidad- a destinar 5 millones de euros de unas arcas con un agujero de 349 millones según la Cámara de Cuentas, para celebrar nuevas elecciones autonómicas a fin de salir del "apuro" electoral que los sesudos políticos se ven incapaces de resolver? Y no sólo contentos con eso, para demostrar su buena voluntad se suben las subvenciones a los grupos (que aún no han empezado a trabajar) y todos los parlamentarios cobran su primera nómina aunque en esencia todos están en paro técnico, forma nueva de llamar a la ineptitud. O, siguiendo con los despropósitos, no autorizar el desbloqueo de fondos para terminar de una vez los hospitales de Teruel y Alcañiz. Sin hablar de la falta de criterios y unanimidad precisos para que los 25 supuestos representantes de Aragón en las Cortes Generales (con sus generosos estipendios) hagan valer una voz firme y clara sobre el abandono político-práctico en que se tiene al Teruel que apenas existe. Habría más ejemplos y quizá de más enjundia, pero sigamos. Swift,  describe a los cortesanos políticos de Laputa, incluido el monarca (en nuestro caso más bien el presidente o primer ministro) tan atareados en sus cavilaciones sobre sus intereses que no escuchan ni hablan a los demás y cuando es menester, un criado denominado “golpeador”,  les frota suavemente unos pequeños globos de intestino animal atados a un extremo de un corto palito, en los labios si deben hablar o en los oídos si deben escuchar (y en los ojos, si deben dejar de mirar y así no enterarse de lo que  conviene no saber). Con esos elementos los políticos siguen sus propias inclinaciones e intereses, ajenos e indiferentes al interés general del pueblo que abajo espera sus decisiones y acuerdos. Eso sí, no tienen ninguna prisa en resolver nada puesto que sus estipendios y propiedades están aseguradas mientras vivan. Lo que no aclara Swift es si a los golpeadores les paga el partido o están a sueldo del interesado (pese a que creo que habla de ciertos parentescos entre ellos).

 Siguiendo con los “paralelismos” políticos que aventuraban los académicos entre el gobierno de Laputa y la política española, recordaban un párrafo del capítulo VI del citado libro de Gulliver en el que se prohibía como “muy negativo” para la Administración que se eligiera a los jefes de Gobierno “en razón de su sabiduría, capacidad y virtud”, que los ministros actuaran “a favor del bien público”, que se recompensara “el mérito, el talento eminente, los servicios distinguidos”, que no se les ocurriera “poner sus intereses sobre la misma base que los del pueblo”, que se olvidaran de “elegir para los cargos públicos a las personas cualificadas para ejercerlos”, entre otras muchas cosas extravagantes e irracionales pensadas para el arte de dirigir una nación. Es decir, lo “normal” es que se haga precisamente lo contrario. Pienso que en estos puntos quizá se exagera en tal semejanza y Swift pensaba más en otras naciones.

En nuestro país y en nuestro Aragón la clase política olvida la frase de Ortega: “no basta con ver las cosas, es menester pensarlas". Nuestros políticos ven los problemas pero no piensan en ellos, sino a pesar de ellos. Sus adscripciones obligadas al ideario circunstancial del partido (y al general de la presunta ideología que defienden) les impiden percatarse de que el momento pide consenso y negociación en lo que hay que ceder y en lo que se puede ganar. En la política del país, lo primero es el ego del sujeto de poder  y su partido, después las circunstancias. Y dejan a un lado la advertencia orteguiana:   si no salvan esas circunstancias (la situación política, económica y social del país entero), no se salvarán ellos (ni sus partidos). Y lo que es aún peor: ni el pueblo español, auténtica víctima propiciatoria de este dislate.

En otro lugar, Gulliver recibe el juicio apodíctico del monarca del país de los gigantes: “De nada de lo que  habéis dicho (sobre la raza humana) resulta que entre vosotros sea precisa perfección alguna para aspirar a posición ninguna; ni mucho menos que los hombres sean ennoblecidos en atención a sus virtudes…ni los jueces por su integridad, ni los senadores por su amor a la patria, ni los consejeros por su sabiduría…”.  Podría parecer “excesivo e hiperbólico” que los académicos de Lagado pretendan que Swift se basó en la naturaleza de la política y los políticos en los territorios españoles de aquellos siglos en los que floreció la Ilustración. Y casi “insultante” que pretendan aplicar esos dislates a nuestra época. ¿Ustedes qué opinan?

ALBERTO DÍAZ RUEDA, Escritor y periodista. Alcalde de La Torre del Compte.

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31 agosto 2019 6 31 /08 /agosto /2019 15:32

No es posible hacer una radiografía de la España vacua, de la Hispania vacía y despoblada, de ese horror desequilibrado que hemos creado entre todos los pobladores de estas entristecidas dos Españas (la poblada en demasía y la despoblada en exceso), sumando errores de geografía humana y social,  economía,  política -o lo que se entiende por eso en estos tiempos desnortados-, unidos a la falta de ética y  a un mínimo sentido de futuro. O si es posible, pero inútil. Cuando no se reconoce que se cometen errores no es posible encontrar soluciones. 

La despoblación es el cáncer del territorio. En España es una sangría constante que empezó a mitad del siglo pasado y va desertizando humana y grográficamente una superficie que se acerca a la mitad de la del país entero y verdadero. Más de 4.000 pueblos corren peligro de desaparecer en poco tiempo, dejando voces sin eco, presencias fantasmales y un estruendo sordo e intermitente de piedras, muros y tejados en una ruina progresiva. Por ello he buceado en librerías y catálogos buscando otras voces, otros ámbitos, en los que escritores, periodistas, poetas presten el nervio vivo de su imaginación, su voz, su creatividad doliente, a esta inicua decadencia, estertor y muerte de una España que nunca deberíamos dejar morir.

Aunque no enterremos todavía a la España vacua. Gracias a libros como los del profesor y antropólogo Javier Arruga, publicados los tres por Mira Editores : "En el país de los Cucutes" (2010) donde nos descubre que también existen los Monegros; "Primavera en la Guarguera" (2012)un soberbio viaje a pie por el Prepirineo, los Pirineos  que no son de postal, los aniquilados, los de la sierra de Guara y las tierras a orillas de Guarga, a los pies del Monrepós, un mundo deshabitado que lucha con uñas y dientes para sobrevivir: y "Montes Universales, gentes universales" (2018), en el que Javier se patea el "Teruel  resiste" del Matarraña y más allá pasando por Libros, Jabaloyas, Tremedal, Ródenas y Ojos Negros. Dios que buen vasallo sería Javier Arruga "si hobiera buen señor". En cualquier otro país que se estime culto, estos libros de Arruga serían de lectura obligatoria en las escuelas. ¿No queréis una política operativa para luchar contra la despoblación? Pues afrontar el problema desde la óptica de estos libros y otros semejantes que mostramos aquí repartiéndolos por las Cortes para que sus ociosas (y bien pagadas) señorías se pusieran a la labor. La prosa contundente, imaginativa y sencilla cuanto clara de Javier puede servir para comentario político y la temática que analiza con gracejo y cierta mala leche justificada para abrir debates bien animados en el hemiciclo. Lástima que no haya más Labordetas que animaran el cotarro. Y todo eso a pesar del estilo algo gamberro de Arruga, sus  recursos escatológicos y el tono coloquial que conforma una narración de colegas y pasotas. Porque es divertido y dice verdades como puños, sin recurrir a retórica filosófica, antropológica o ensayística, sino a diálogos a la brava y reflexiones algo surrealistas. 

Déjenme repetirles una dedicatoria que este autor nos endilga al principio de su último libro de la trilogía aragonesa:"Y es que este libro (salvando el subconsciente) no parte de ninguna otra cita que la huella de mis pies, de ninguna otra fuente que las de agua y de ningún otro autor que la gente que me iba encontrando, de manera que las citas, las fuentes o los autores te los encontrarás, queridos lectores o lectoras, dentro del libro, a partir de esta página...Así que venga, comienza a caminar. acompáñame, conócelos a todos ellos y disfruta como yo lo he hecho". ¡Y a fe mía que lo consigue! Son tres libros que configuran una potente visión de ese Aragón que alguien describió como "Polvo, niebla, viento y sol". Por alusiones (quien esto firma es residente en esa Comarca) transcribo lo que Arruga escribe sobre el Matarraña (en chapurreau Matarranya): "Adiós río Matarraña, espina dorsal y asófago de este Mediterráneo sin mar, es este lugar exquisito, privilegiado y un tanto esnob, como solo para conocedores, coleccionistas y espíritus selectos. Que no se corra la voz...que vendrán horteras y constructores con su scorts". Me temo, amigo, que ya se ha corrido la voz.

En otro orden de cosas, ha y que leer "Historias de nuestros pueblos"  (2013)  en el que José Antonio Adell y Celedonio García, docentes ambos y atletas de jóvenes, han paseado por las tres provincias aragonesas. En el tomo dedicado a Teruel (publicado por editorial Pirineo) hay una dedicatoria a las gentes de Teruel "que mantienen vivos sus pueblos y sus tradiciones para que el humor sea un vínculo de convivencia". Los dos geógrafos nos llevan a Jiloca, la sierra de Albarracín, Gúdar Javalambre, Maeztrazgo, Cuencas Mineras, Bajo Martín y Bajo Aragón y terminan en el Matarranya. Es un libro sencillo, documentado y simple que habla de dichos, canciones y chistes. Por él me he enterado que "Los de la Torre/ son uns torrats/no tenen oli/ i fan ballar als gats" Qué cosas. Parece que lo único que queda de aquellos versos populares es el exceso de gatos, más bien adormilados, que hay por las calles del pueblo.

Más enjundia y pertinencia tiene "Territorios abandonados. Paisajes y pueblos olvidados de Teruel" (2013) de Luis del Romero Renau y Antonio Valera Lozano, editado por la Diputación de Teruel, dos profesores universitarios que han hecho un trabajo bastante serio sobre la cuestión, aportando multitud de datos, fotografías, mapas y diagramas. Es uno de los libros más interesantes que he leido sobre la despoblación de Teruel. Como contrapeso a ese manual académico hay que rescatar el libro "Palabras mayores" (2015)de Emilio Gancedo (editado por Pepitas de calabaza, donde se nos describe "Un viaje por la memoria real". Es una libro lleno de sabia nortalgia, de acertados diálogos y de observaciones cargadas de una humanidad paciente y lúcida, la de las gentes mayores que  Gancedo entrevista y en las que late la fuerza, la pasión y el aguante de unas gentes que están desapareciendo como los lugares que habitaron a pesar de todos los inconvenientes, el hambre, el frío, la soledad y la supervivencia ganada a dentelladas contra una realidad casi inhumana. 

De la misma editorial consigno "Los últimos. Voces de la Laponia española" (2017), en el que Paco Cerdá, un periodista levantino, de pluma de inusual excelencia y concisión, dedica 163 electrizantes páginas a contarnos con pormenores que saben al detallismo de  un Azorin , la claridad y justeza expresiva de un Ortega y la ironía con retranca de un Baltasar Gracián, a contarnos decía, el periplo de 2.500 kms. por una parte semi desconocida de la España vacua, la  sarcásticamente llamada Laponia del sur, la Serranía Celtibérica, una tierra de nadie que presume de tener 1355 pueblos, entre la soledad, el polvo y el frío, repartidos entre las provincias de Guadalajara, Teruel, La Rioja, Burgos, Valencia, Cuenca, Zaragoza, Soria, Segovia y Castellón. Una suma de geografías locales inhóspitas con una latencia humana que roza los ocho habitantes por kilómetro cuadrado (con lo que nos llevamos el dudoso honor de ser uno de los lugares más despoblados de Europa). "Un etnocidio silencioso", clama el periodista que, en algunos momentos, se permite ramalazos de poesía triste y combativa al modo de León Felipe o Miguel Hernández: "esta tierra donde el silencio cabalga montañas y las voces infantiles quedaron afónicas el siglo pasado". Y apostilla: "una tierra... que profiere un mudo alarido contra su lenta y agónica despoblación".Como él mismo escribe casi al final hablando de las obras de un colega valenciano,  Cerdá define su propio libro: "...un canto etnológico, un apasionado obituario al territorio donde ahora habita el silencio espeso, la hierba y la maleza...y una constante letanía de piedras suicidas cuyo sordo ruido al caer nadie oye. Es la patria del olvido". 

Y para terminar, lost but not least, dos volúmenes corales, con numerosos autores reunidos bajo dos títulos emblemáticos: "Los que dejaron su tierra. Crónicas sobre la despoblación de Aragón. " (2018), editado por Libros.com y prologado por Luis Antonio Sáez Pérez (de la Universidad de Zaragoza, Cátedra de Despoblación y Creatividad. Y "Terra Vacua" (2018) un variopinto muestreo de relatos, editado por Comuniter, que recoge sesenta aportaciones seleccionadas tras un concurso de narraciones cortas (más 14 relatos más de escritores ya conocidos) con la temática de la despoblación, patrocinada por una Asociación Cultural y la Librería Serret. Ilustrado por las excelentes fotografías de Carlos Tundidor que también firma el prólogo.

FICHAS

1.- Javier Arruga; Primavera en la Guarguera; En el país de los cucutes; Montes Universales, gentes universales.- Editados los tres por Mira Ed. Sueños de tinta.

2.-Paco Cerdá: Los últimos, voces de la Laponia española/ Emilio Gancedo.-Palabras mayores. Un viaje por la memoria rural.- Editados ambos por Pepitas de Calabaza.

3.- Los que dejaron su tierra.- Varios autores. Ed. Libros.com.-/ Terra Vacua. Varios autores. Ed. Comuniter

4.- Territorios abandonados de Teruel.-Luis del Romero Renau y Antonio Valera.-Diputación de Teruel/ Historia de nuestros pueblos.- José Antonio Adell y Celedonio García. Ed. Pirineo

 

 

 

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