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30 agosto 2021 1 30 /08 /agosto /2021 14:44

LOGOI 215: ¿EXTINCIÓN?

Cada vez hay más voces de científicos, expertos en geología, botánica, bioquímica, biotecnología, zoología, climatólogos y economistas que claman por un mundo sostenible, ante la evidencia de que nuestra especie ha alterado el planeta desde su atmósfera al espacio exterior, desde la corteza terráquea hasta el fondo de los mares y dañado, ríos, lagunas y hábitats selváticas de especies. A finales del siglo XX se acuñó un término para esta era: Antropoceno. Características: una tendencia progresiva a la acumulación de gases de efecto invernadero que arrasa con el equilibrio climático y la salud de cuanto vive sobre la tierra, así como el consumo irresponsable de los recursos naturales. El Antropoceno podría ser la última era –la sexta extinción- de la especie humana, aunque quizá no del planeta, que se recuperará con el tiempo, como hizo en las cinco extinciones globales del pasado remoto.

Los limites de sostenibilidad del planeta enunciados por los científicos de todas las ramas interesadas han sido ampliamente rebasados: el equilibrio climático, la destrucción de la cobertura vegetal que garantizaba ese equilibrio, el aniquilamiento progresivo de la biodiversidad, la desaparición de ingentes cantidades de especies animales, la alteración de los flujos biogeoquímicos del fósforo y el nitrógeno, la aceleración del consumo de recursos primarios, el gasto de energía, crecimiento demográfico, deterioro de la biosfera y un capitalismo brutal atento al ciclo “consumo irresponsable-deterioro de la vida humana- beneficios crecientes”. ¿Cómo responde la humanidad y sus dirigentes a todo eso? Con una confianza ciega, suicida y estúpida en el redentor que nos salvará en el último minuto: la tecnología, la super heroína, vista de forma ilógica e irreal, que garantiza el progreso y el desarrollo incesante sin secuelas desagradables.

Mientras tanto, nadie admite que es un problema global que atañe a la supervivencia. Pocos parecen ver los nuevos caballos del apocalipsis: los Gobiernos,  manipulados por intereses económicos; la codicia de beneficios crecientes de una élite financiera; la ignorancia voluntaria de masas de población que o niegan los problemas reales o se resignan porque creen que no pueden hacer nada al respecto. ¿Cabe mayor desatino?

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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17 agosto 2021 2 17 /08 /agosto /2021 18:16

LOGOI 214: CORTESÍA

Michel de Montaigne, decía que aprender a ser cortés es algo necesario en la vida social y familiar. Y añadía “al igual que la gracia y la virtud, engendra mutua simpatía”. A través de los años uno aprende a saborear la certeza de esas palabras y aún añadiría que también es muy gratificante aprender a ser cortés con uno mismo. ¿Cuántas veces se regaña usted por algún error o unas palabras inoportunas? O siente fastidio o  indignación  ante cualquier falta de cortesía que alguien tiene con nosotros o con otros, delante nuestro.

Es problema muy actual: la pérdida de la cortesía como virtud social, la creciente e imparable ausencia de buenos modales, el aumento de la grosería, las palabras soeces, los malos modos y la ausencia total de delicadeza en el trato, sin que la edad, el sexo u otros factores de indefensión, tengan algún efecto suavizador o “exculpatorio” para la persona que pierde los estribos o simplemente abusa de su supuesta “razón” o “superioridad”, buscando el aniquilamiento moral, la vergüenza o la burla sobre otra persona...

Vivimos una época en la que el “tú” se impone por costumbre, las galanterías con el otro sexo son desdeñadas y sujeto de sospecha, la vejez estorba y en el mejor de los casos es ninguneada, el otro, el extranjero o el menesteroso, son como el “hombre sacer” (sin derechos) de los romanos o reflejos de la “vita nula” (sólo cuerpo) de Giorgio Agamben o Hanna Arendt, puros seres humanos sin atributos.

Hoy,  la mutua tolerancia y el respeto que deberían regir una sociedad pluralista, variada y globalizada, brillan por su ausencia. Anthony Grayling define la cortesía como “conjunto de costumbres, etiqueta, educación y rituales informales que facilitan nuestra interacción y nos proporcionan un estilo de vida en paz y mutua consideración”.

La desaparición de la cortesía nos hace la vida tan incómoda, insegura y ultrajante, que uno se indigna con la hipocresía social que instaura “tribunales públicos digitales” de una beata moralidad (nauseabunda, porque solo obliga a los otros) o permite libertades agresivas y destructivas en nombre de la “tolerancia” a jóvenes y adultos porque es una muestra de “libertad”. La pregunta clave es: ¿en nombre de qué razón se ha dejado de enseñar –y exigir- cortesía y buenos modales a los ciudadanos?

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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13 agosto 2021 5 13 /08 /agosto /2021 11:51

(Artículo publicado en "La Comarca" el 130821)

Procusto fue un personaje mitológico de segunda fila, hijo de Poseidón, que ejercía de amable y servicial posadero en el Ática y cortaba la cabeza o las extremidades al viajero según sus medidas rebasaban la de un lecho especialmente preparado, para que encajaran en él. Es el símbolo de la intolerancia hacia la diferencia. El rechazo agresivo a las ideas del otro. Todo se debe ajustar a lo que dice o piensa el que detenta el poder. La arbitrariedad de la tiranía. En ciencia se llama así a los que tratan de deformar la realidad para  hacer  que se ajuste a sus hipótesis. En España,  es el modelo que los sucesivos gobiernos han tratado de implementar en el sistema educativo. Igual que en Europa, América o Asia.

Decía el maestro George Steiner que “”una enseñanza de mala calidad es, casi literalmente, un asesinato”. Y un pensador científico tan poco sospechoso de parcialidad como Albert Einstein afirmaba que  “La escuela debe siempre plantearse como objetivo que el joven salga de ella con una personalidad armónica y no como un especialista… Lo primero debería ser, siempre, desarrollar la capacidad general para el pensamiento y el juicio independientes y no la adquisición de conocimientos especializados”.

El cultivo de la fantasía y la imaginación que preconizan las disciplinas humanísticas, está en la base de todo tipo de creatividad –incluidas la tecnológica y la científica- que es lo que en nuestro país se ha devaluado: nuestras raíces culturales, la lenguas clásicas, la filosofía, la literatura, la música y el arte. Por eso he calificado de “modelo Procusto”  nuestro depauperado sistema educativo que, desde la Logse, ha ido perdiendo capacidad y eficacia en sucesivos y fallidos programas que cada partido en el poder se ha empeñado en diseñar.

Pero hablemos de ese “modelo” en el mundo. ¿Qué es sino el “lecho de Procusto” el que se ofrece a los jóvenes en una sociedad que prima el dinero y el materialismo sobre otros valores?¿La expansión  de los miedos: contagio, miseria, desempleo, falta de horizontes y de esperanza?¿La “cultura” digital que une perversamente la información –viciada casi siempre- y un entretenimiento banal adictivo?¿La hipertrofia de medios informáticos en la enseñanza, el colonialismo digital que desprecia el esfuerzo, la falta de pensamiento crítico, la lectura no utilitarista y promueve una igualdad a la baja? ¿La burocratización del profesor, sustituido por la documentación y las referencias? ¿La gestión empresarial de la educación, de sus objetivos y programas, diseñando programas educativos para cubrir sus necesidades comerciales y financieras?

La economía globalizada, regida por una élite transnacional, es el poder que impone su lecho de Procusto al conocimiento (educación e investigación) y se está haciendo con el dominio de Escuelas, Universidades  y Gobiernos, ajustándolos a sus intereses, metafóricamente  cortando cabezas o brazos y piernas. Como se publicó en un periódico nacional hace unos días, firmado por profesores de Universidad, “Nadie rebate que el del conocimiento es un sector de la actividad económica que reporta beneficios a medio y largo plazos y que su nexo con la empresa es vital en la construcción de una economía moderna y sostenible”. ¿Un sector de la actividad económica? No. La economía es un sector del conocimiento, de la educación, de las actividades del hombre. Y ellos deben formar a esa persona que, entre otras actividades tendrá la “cura” el cuidado, de mejorar la economía, la política, la sociedad. Y depende de cómo eduquemos y formemos a ese ser humano así serán los demás sectores citados. Por tanto ¿qué es lo prioritario? La formación humanística de la persona. Por tanto ¿es eso lo que le interesa al poder global? No.

Si los griegos que diseñaron la “Paideia” como sistema educativo de los jóvenes o el mismísimo Kant (“Tan solo por la educación puede el hombre llegara ser hombre. El hombre no es más que lo que la educación hace de él”) levantaran la cabeza y vieran lo que, sin duda con el convencimiento de lo correcto (y de lo útil y necesario, que no siempre son sinónimos) se está haciendo con la educación en el mundo actual, a caballo de la tecnología y de los intereses empresariales, volverían a sus tumbas y rogarían a los dioses por una civilización que ha perdido sus más nobles raíces  y que aplica el “modelo Procusto”  a la educación.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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11 agosto 2021 3 11 /08 /agosto /2021 12:24

“ES LA ECONOMÍA, ESTÚPIDOS”

(Artículo publicado de ‘Heraldo deAragón’ el 100821)

Escribía nuestro Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, allá por los años 1330 o 1340 en su “Libro del Buen Amor”, «Como dize Aristótiles, cosa es verdadera, / el mundo por dos cosas trabaja: la primera, / por aver mantenencia; la otra cosa era / por aver juntamiento con fembra plazentera». Aquí nos vamos a referir a su “haber mantenimiento” o sustentamiento, es decir, al equilibrio económico de un país y de las necesidades de sus habitantes. La economía es la savia del árbol que sustenta nuestra civilización, nos guste o no. Nunca como hasta ahora el slogan interno de la campaña electoral de Clinton en el 92, “es la economía, estúpido” toma toda su grosera relevancia. En estos años veinte del siglo XXI las relaciones población-consumo y producción-degradación del sistema, sometidas al factor multiplicativo “crecimiento permanente”, arroja un resultado “alarmante” para los más optimistas y “desastroso” para lo informados.

Con el crecimiento codicioso del sistema económico capitalista está ocurriendo como con la pandemia. Se avisó de ambos peligros con bastante antelación. En los  años 70 y 80 hubo proclamas científicas sobre lo que podría ocurrir si no se cambiaba de rumbo, como el informe del Club de Roma. Pero a pesar de la seriedad de las amenazas a las que nos íbamos a enfrentar, a pesar del griterío de los medios, de los informes alarmantes, todo siguió igual: el crecimiento exponencial de la producción, el consumo y la degradación del ecosistema por sobreexplotación, la deslocalización de empresas en busca de mano de obra barata, el consumo irresponsable alentado.

Ya no es posible el desarrollo sostenible, pero en cambio se sigue manteniendo un desbordamiento insensato de búsqueda y adquisición de posibles fuentes de beneficios (deforestación, prospecciones de minerales en tierra y en el fondo del mar, agricultura invasiva, explotación desmesurada) sin ningún análisis previo de sus efectos nefastos a medio plazo. Se maximiza el beneficio en los mercados financieros y energéticos, a pesar de los serios avisos del sesgo suicida de mantener tal crecimiento expansionista y depredador. Los que dirigen esa élite financiera no se percatan todavía de que si la savia de la riqueza solo llega a las ramas más altas y escasas del árbol de la vida, éste se volverá cada vez más frágil en sus raíces y tronco, hasta colapsar y derrumbarse como leña muerta.

Desde la escasez de materias primas, minerales estratégicos, componentes de los chips –su falta provocaría un “blackout” en la esencial área tecnológica —a los problemas del cambio climático, sequías como en el Brasil desforestado, incendios e inundaciones en otros países o el coronavirus cuya expansión sólo la evitaría la vacunación mundial, todavía lejana a pesar de algunos gestos solidarios…

Todos esos problemas tienen una relación directa o indirecta con la economía y la manera neoliberal de aplicarla. Y, por supuesto, con la actitud que siguen manteniendo casi todos los políticos de occidente: la de los tres monos que no oyen, no ven y no hablan de ello. Y conste que hay que valorar las medidas internacionales adoptadas por la UE y los Estados Unidos post-Trump. Pero…no es suficiente.

El neoliberalismo salvaje, muy vigoroso desde China a Rusia, Estados Unidos o Europa, tiene una lógica suicida de expansión: el cultivo del exceso –de  beneficios, de depredación, de acaparamiento, de codicia, de explotación humana- y por tanto ignoran la gravedad de los problemas y los avisos científicos y fácticos que están recibiendo. A cambio se extiende la lepra del racismo, la xenofobia, los serviles adeptos al poder y al dinero. No se trata de ideologías, aunque las evocan. Esa mayoría se limita a aplicar una praxis de supervivencia o como diría el Arcipreste, de “mantenencia”.

La política, en general, ignora todo lo que no es inmediato. Es cortoplacista. Sus miradas están desenfocadas, olvidan la dimensión del futuro por muy cercana que sea y el influjo que sobre él tiene el presente que realizamos. Un ejemplo: aquí y ahora, el de algunas empresas de energías renovables, las eólicas. No es un negocio de ecologismo, sino un negocio depredador en el que no hay ventajas reales para el mundo rural: se les paga en precario, se les devalúa el territorio y se exportan los beneficios, sin ni siquiera intentar equilibrar primero la relación producción-demanda. Y para contrarrestar todo esto, ya casi sólo nos queda la protesta pública y la de algunos medios que ven los peligros. Tan eficaces como los gritos en el desierto. En fin, como ven, todo acaba siendo  “haber mantenencia”. Lo malo es que sólo beneficia a los “Hunos” y no a la mayoría, los “otros”: usted, yo y nuestros congéneres planetarios, los que no pintamos nada en esta tragedia. Si acaso, el papel de víctima propiciatoria.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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10 agosto 2021 2 10 /08 /agosto /2021 10:27

Logoi 213

SOSIEGO VITAL

(Publicado en La Comarca el 100821)

Nietzsche, en su libro, “Humano, demasiado humano” nos aporta un párrafo profético (como tantos otros en la obra de este filósofo desdichado): “Por falta de sosiego, nuestra civilización desemboca en una nueva barbarie… por tanto, entre las correcciones necesarias que debe hacerse al carácter humano está el fortalecimiento en amplia medida del elemento contemplativo”.

Byung-Chul Han, el filósofo germano-coreano, lo cita en su libro “La sociedad del cansancio”. En esencia ambos pensadores, el clásico y el  actual, a pesar de más de un siglo de diferencia, coinciden en dos puntos clave: la agudización de una “barbarie” sistémica que se pondría de manifiesto tras las dos guerras mundiales - y las incontables parciales - del siglo XX y en un estilo de vida humana que se ha ido degradando paralelamente a la del planeta (mostrando una vez más que formamos parte de un Todo) y al sistema capitalista neoliberal que nos asfixia a la mayoría (menos a una minoría privilegiada y hegemónica). Bajando (o subiendo) al “nivel” del ser humano y su vida cotidiana, Nietzsche no hubiera imaginado nunca una situación de neoesclavismo voluntario, en la que vivimos con nuestro paralelo e irreal mundo digital.

Pero aún así las “recetas” de Nietzsche y Han  son semejantes: Hay que decir NO a las exigencias permanentes  de obedecer a los impulsos que se nos envían por todo tipo de medios, desde el consumo al acto o la respuesta. La vileza nace de esa incapacidad a rechazar el acelerado ritmo en nuestra vida cotidiana, en nuestro trabajo, en nuestras relaciones. La hiperactividad que nos exigen, paradójicamente, nos vuelve pasivos y acomodaticios a lo que se nos ordena. Hay que recurrir al sosiego, a la negatividad que implica detenerse y decir “ahora no”. Dejar un espacio a la reflexión, al silencio, a la meditación. Dice Nietzsche de los que no saben de sosiego: “su vida es rodar como una piedra sometida a la estupidez de la mecánica”.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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5 agosto 2021 4 05 /08 /agosto /2021 11:25

(Artículo publicado en la revista "Compromiso y Cultura", agosto de 2021

Paradójico, provocador, cultivador de interrogantes e inquietudes éticas, Zygmunt Bauman, junto con el coreano germano Byung-Chul Han, el alemán Peter Sloterdijk, el eslovaco Slavoj Zizek o el italiano Giorgio Agamben, forman la avanzadilla estimulante de la filosofía de nuestros tiempos “líquidos” (según la afortunada definición de Bauman). A partir del año 2000, año de publicación de Modernidad líquida, el filósofo polaco publica una serie de obras que resumen sus conceptos sobre la realidad que nos rodea: Amor líquido (2003), Vida líquida (2005) y Tiempos líquidos: vivir una época de incertidumbre (2007).

Para este pensador nacido en Polonia en 1925 y fallecido en Inglaterra en 2017 a los 91 años (en 2010 recibió el premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades junto a Alain Touraine), catedrático de Sociología en Varsovia, Tel Aviv, Leeds y Londres, la sociedad postmoderna ha sido un desafío y un acicate intelectual que le ha llevado a emitir diagnósticos y juicios críticos de nuestra “normalidad” anormal que han estimulado a filósofos, intelectuales y círculos culturales, además de atraer y educar el pensamiento crítico de un público lector cada vez más amplio en todo el mundo. Era una especie de “superstar” intelectual para la cultura joven alternativa. Un profeta de la “modernidad líquida”, el mundo precario con el que los jóvenes están ya sufriendo y que a las generaciones más veteranas nos ha desconcertado y desorientado.

La sociedad, el amor, el trabajo, la familia con el adjetivo “líquido” a continuación  se ha convertido en el modelo operativo que nos atañe a todos y en todas partes. Tiene un carácter efímero, mudable, sin un rumbo, designio, valor o principio determinados, ya que la misma estructura social es “líquida”, va cogiendo la forma del recipiente que momentáneamente la contiene con una precariedad e indefinición constantes. El trabajo o el matrimonio que duraba toda nuestra vida ha desaparecido de los modelos actuales, todo lo que nos rodea cambia a un ritmo difícil de seguir y se crea una ansiedad generalizada por el temor a quedar rebasados,  u relegados, por unos avances y exigencias socio económicas de las que ya no tenemos puntos de referencia, mientras se nos bombardea continuamente por mensajes de consumo y por la rapidísima caducidad de los objetos que adquirimos de forma compulsiva, apremiados por una publicidad agresiva. La realidad líquida de Bauman provoca una ruptura con todo lo antes fijado, instituones y estructuras. En el pasado, la vida estaba prediseñada por cada persona, quien tenía que seguir los patrones establecidos para tomar las decisiones adecuadas para conseguir sus objetivos. En la modernidad, las personas se han desprendido de esos patrones, que han perdido vigencia. Cada uno se ve obligado a admitir la ambigüedad para determinar sus decisiones y forma de vida en una sociedad cambiante, individualista y de valores efímeros en campos antes más sólidos y definidos, el amor, el trabajo o la educación.

Todo cobra una nueva perspectiva dada la velocidad de los cambios. La existencia es un proceso continuo de nuevos comienzos y de incesantes finales, nos resulta más fácil librarnos de las cosas que adquirirlas (ya sea una relación o un ordenador que inicia su fatal deterioro). El tiempo de la modernidad sólida y el progreso coherente, que empezó tras la revolución francesa ha terminado: el tiempo de las inmensas fábricas y los miles de empleo que generaban, en términos de vida  individual que se incluían en una serie de hitos progresivos de mejora hacia un futuro esperanzador se ha diluido en los últimos 30 años. Ya no creemos que haya soluciones definitivas para nada. Y además nos han adoctrinado para que no nos guste la idea de duración. Y eso esconde una falacia tan demoledora como la de que “cualquier tiempo pasado fue mejor”: somos conscientes de que todo cambia vertiginosamente y tenemos miedo de fijar algo para siempre. Vivimos en una inseguridad líquida. La condición de “precario” ya no es privativa de los vagabundos, los mendigos y los parados eternos. Ahora la clase media ya no ve un futuro seguro frente a ella. Bauman  reflexiona: “Desde hace varios siglos se cree que la educación podía restablecer la igualdad de oportunidades. Ahora, el 51% de los jóvenes titulados universitarios están en el paro y los que tienen trabajo, tienen un empleo muy por debajo de sus cualificaciones. Los grandes cambios de la historia nunca llegaron de los pobres de solemnidad, sino de la frustración de gentes con grandes expectativas que nunca llegaron".

En el privado campo del amor, Bauman, es implacable: el miedo al compromiso, los rollos de una noche, los desengaños  son algo corriente para muchos jóvenes y personas y maduras. Este tipo de relaciones  (como las creadas a través de las redes sociales) son las que dan nombre a su concepto de amor líquido. No se quiere a una supuesta libertad emocional y se cambia de relación como quien cambia de traje en una sucesión de nuevos comienzos con breves e indoloros finales. Breves episodios en los que priva la búsqueda del beneficio personal. Cuando una pareja deja de ser rentable, se deja de lado y se busca una nueva. Las personas parecen no querer ataduras ni en las relaciones amorosas ni en las laborales. ¿O es que son “convencidas” de que no pueden ni deben, pues los cambios siempre son para mejor” (falacia evidente que todo el mundo parece aceptar).

Quizá sólo un 1% de la población mundial no tiene temor alguno al futuro. Existe el temor generalizado de que vamos a convertirnos en desecho de una sociedad dominada por el consumo compulsivo que va expulsando de forma inexorable a quienes no pueden mantener al ritmo que exige. Somos participantes en un gigantesco juego de la silla vacía:  todos corremos sin podernos detener y en un momento dado la rueda se detiene por algo y el que queda fuera del corro de sillas ocupadas, debe abandonar el juego. Hasta el siguiente en que, fatalmente, alguien se quedará sin silla. Y eso  incumbe a casi todas las clases sociales, menos unos pocos. Decía Bauman  que nunca habíamos sido tan libres, pero tampoco tan impotentes para cambiar nada.  Sólo hay que ver cómo las llamadas “revoluciones sociales” de los últimos años han sido anuladas y absorbidas, desde la primavera árabe a las del 15M (“es emocional, le falta pensamiento”, dijo Bauman)  o las juveniles en diversos países. Tampoco los partidos políticos se ha librado de la banalización e inutilidad de sus programas, atenazados en un piélago de corrupciones y de pérdida de confianza de los ciudadanos y manipulación capitalista neoliberal internacionales, sin líderes conocidos o programas de actuación transparentes. Como asegura Bauman: “Todos sufrimos ahora más que en cualquier otro momento la falta absoluta de agentes, de instituciones colectivas capaces de actuar efectivamente.”

Y eso se extiende al espejismo de los que creen que las redes sociales pueden sostener la democratización del sistema y ser efectivas para el cambio. Bauman las consideraba una mentira: "El diálogo real no es hablar con gente que piensa lo mismo que tú. Las redes sociales no enseñan a dialogar porque es tan fácil evitar la controversia… Mucha gente usa las redes sociales no para unir, no para ampliar sus horizontes, sino al contrario, para encerrarse en lo que llamo zonas de confort, donde el único sonido que oyen es el eco de su voz, donde lo único que ven son los reflejos de su propia cara. Las redes son muy útiles, dan servicios muy placenteros, pero son una trampa". Los últimos años han demostrado que los “radicales” que pretenden montar una revolución a través de las redes sólo logran extender lo que los americanos llaman “Shit storms” (tormentas de mierda). Las redes y su carácter fuido y volátil no pueden configurar un discurso público ya que son incontrolables, inestables, efímeras. Tal vez en un futuro improbable pero posible el “precariado” de Guy Standing, (precario más proletario) se convierta en una clase socio-política que tome conciencia de sí y ataque al nudo del problema: la minoría que domina financieramente el mundo.

Bauman pensaba que el precariado es un producto de la “globalización negativa”, como la erradicación de fábricas básicas y su traslado a ciertos países de obra de mano barata que ahora dominan el mercado. Es un síntoma más de la modernidad líquida: un periodo en el que se eliminarían los temores del pasado hacia la inseguridad, la miseria, la enfermedad y la violencia: tendríamos el control de nuestras vidas. Pero no ha sido así. Las primeras muestras de los desastres naturales que acarrea el cambio climático, el miedo al terrorismo, a la inseguridad ciudadana, al vandalismo o el exceso autoritario respaldado por las fuerzas de seguridad, la precariedad del trabajo, las bolsas de miseria, los levantamientos populares de los desfavorecidos,, las invasiones de inmigrantes, el terror al otro, al extranjero. Como decía Jacques Attali ya padecemos el “complejo del Titanic”: el hundimiento del sistema bajo la melodía de un vals interpretado por músicos que saben que van a morir ahogados.

Bauman nos previene contra un mundo sobresaturado de información. Y también debemos aprender a preparar a las próximas generaciones para vivir en ese galimatías deformativo. La crisis económica  de 2008 que mostró la debilidad de las  instituciones financieras y las economías de medio mundo,  cambió la forma de pensar de muchos jóvenes.  Los buenos estudios ya no derivaban en buenos trabajos. Los que  consiguen trabajo, tienen que reinventarse cada poco tiempo y afrontar nuevos retos constantemente. … La mayoría de los licenciados universitarios están trabajando en puestos muy por debajo de su formación y otros muchos ni siquiera han podido entrar en el mercado laboral.

En una entrevista, el filósofo y sociólogo polaco Zygmunt Bauman, dijo: “En la ética tradicional era necesario obedecer las reglas. La moral postmoderna, en cambio, exige que cada uno asuma la responsabilidad de sus actos. El hombre se convierte en un vagabundo y tiene que decidir lo que está bien o lo que está mal. Eso sería lo adecuado si las relaciones interpersonales no estuvieran definidas por el consumismo. Estar ahí para el otro, la conducta moral, nunca tiene un propósito. No se trata de obtener un beneficio, la admiración de otros o la aprobación pública. En cuestiones morales no existe la obligación, porque la conducta moral requiere que actuemos con libertad. Solo cuando un comportamiento no es calculado, sino espontáneo e indeliberado, un acto de humanidad, es un comportamiento moral. Saber tomar una decisión correcta, sino también una incorrecta, es el mejor terreno para la moral”.

Pero al mismo tiempo esa ética debe enfrentarse a un mundo donde rige el consumismo más recalcítrante diseñado no para satisfacer los deseos de los consumidores sino para incitar el cambio constante a deseos siempre nuevos y la caducidad de los antiguos, como un sello de valía y de que “perteneces” a una “elite” social que está por encima de la precariedad reinante. Esa falta de  símbolos fijos y duraderos en la existencia crea una angustia constante que modela un ciudadano-tipo incapaz de ver las cosas como realmente son y, al tiempo, azotado por la inseguridad existencial, la precariedad y la falta de valores permanentes. El pronóstico de semejante sociedad no es precisamente halagüeño. ¿Podremos llegar a controlar todo este desbarajuste que define la sociedad actual? Esa es la pregunta que Bauman se hace y que, por el momento, nadie ha llegado a contestar.

FICHAS

VIVIR EN TIEMPOS TURBULENTOS.-Zygmunt Bauman. Conversaciones con Peter Haffner.- Trad. Lorena Silos. Ed. Tusquets.Págs. 205

VIDA LÍQUIDA.-Zygmunt Bauman.-TRad. Albino Santos.- Paidós. 205 págs.

AMOR LÍQUIDO.-Zygmunt Bauman.- Fondo de Cultura Económica.-Trad. Mirta Rosemberg.-201 págs.

 

 

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3 agosto 2021 2 03 /08 /agosto /2021 11:44

Rafael Feito, Catedrático de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, es una persona cualificada para entrar en el espinoso, esencial y descuidado tema de la educación escolar en España. Su título, tan provocativo y original, destaca ya en principio una idea clave: la escuela que tenemos en este siglo no es la que tendría que ser, es el residuo del pasado (en el que tampoco fue la más adecuada) y es, por supuesto, un fracaso en su necesario ajuste con la nueva sociedad y el nuevo mercado de trabajo para el que la escuela debería preparar de forma eficaz.

Particularmente en España, con ocho Leyes de Educación turnándose desde 1980, según quién estuviera en el poder, desde UCD al Psoe o el PP, definir qué cosa es la enseñanza escolar, sus medios, sus fines y objetivos y su forma de ajustarse a los cambios sociales, técnicos y económicos, se convierte en un problema lógico insoluble e insalubre. Feito Alonso, hombre curtido en mil "batallas"- libros, artículos, informes, conferencias- sobre la temática educacional nos revela un talante analítico pirroniano (escéptico) cuando no abiertamente estoico o cínico, según los hechos comentados. El diagnóstico del experto sobre nuestro sistema educativo, aún pendiente de salir del sepulcro del Cid, apegado a fórmulas obsoletas y viejas tradiciones memorísticas que no tienen cabida en un siglo tecnológico donde todo está al alcance de un teclado y el problema a resolver no es la falta de información, sino su exceso unido a un omnipresente defecto de fiabilidad. Y eso que, prudentemente, Feito deja para mejor ocasión el mundo universitario, donde las cosas no brillan precisamente por su eficacia y adecuación.

El autor encadena los temas de una forma crecientemente interesante: Una escuela para la sociedad del conocimiento; el currículum; las metodologías; los deberes; las evaluaciones externas; los itinerarios educativos; el profesorado; las familias; los tiempos escolares; la democracia y la participación. Después de un varapalo de lógica impecable para cada uno de los apartados, no deje el lector de devorar las seis páginas finales, unidas bajo el epígrafe de  “Conclusiones”.

La cuestión es tan compleja que nuestro autor debe dejar a un lado aspectos del tema educativo, del profesorado, la segregación  escolar o la autonomía de los centros, para centrarse en los que considera elementos fundamentales para propiciar una suerte de cambio futuro con más justeza. Apunto que se debería enviar un ejemplar de este libro al político que lidere el Ministerio, sólo para dar ideas y poder reconocer errores:lo cual sería una misión imposible donde las haya, pero deseable y justa)

Sin llegar a ser un documento técnico que aporte un abordaje sistemático y profundo de los asuntos tratados, se presentan estudios y datos que consolidan un análisis que destaca por su sencillez y claridad y actúa a modo de estímulo para la reflexión. Sencillez y claridad que podrían ser muy eficaces en los infatuados cerebros de los políticos de turno. No es un aporte científico, sino una serie de propuestas e ideas del autor basadas en criterios de independencia crítica y sentido común basado en la observación y la experiencia educativas. Y son propuestas e intenciones dirigidas a lograr una regeneración profunda de los modos y sistemas de enseñanza y de sus objetivos (al margen del problema de la mercantilización educativa y las deformaciones interesadas que la tecnología imprime a la formación). Principalmente a la adecuación a los nuevos tiempos y exigencias. Y si el engranaje burocrático de la escuela y el profesorado pueden adaptarse a tales exigencias.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

FICHA

¿QUÉ HACE UNA ESCUELA COMO TÚ EN UN SIGLO COMO ESTE?.- Rafael Feito Alonso.- 269 págs. Ed. CATARATA

 

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3 agosto 2021 2 03 /08 /agosto /2021 10:16
LOGOI 213
 
OBCECACIÓN
 
(publicado en La Comarca 030821)
Cuesta entender la obcecación que padecemos en este tiempo incierto, con algunas excepciones loables que inciden poco en la situación. España es un país que muestra en sus actuaciones públicas y privadas un elevado grado de insensatez, imprevisión, inconciencia, terquedad e ignorancia. La pandemia ha evidenciado no sólo la falta de calidad operativa de nuestros gobernantes, incluida la oposición, sino de nuestras autoridades sanitarias. Sin olvidar una gran falta de sentido común y de realismo en una parte de la población. Hemos vuelto a cometer los errores del pasado verano, a pesar de que la obstinada enfermedad siga produciendo contagios, secuelas y muertes. La vacunación se mantiene y eso nos da la excusa para que nadie nos prive de fiestas, saraos, botellones y turismo de masas.
Pero esa obcecación en negar la realidad y querer ver en su lugar lo que quisiéramos que fuese; esa intolerancia infantil hacia la frustración de nuestros deseos y preferencias, aunque el precio sea un mal común; esa individualidad entronizada en el egoísmo y justificada por la permisividad; esa tendencia a considerar como verdad absoluta e indiscutible una mentira o una falacia repetida un gran número de veces; esas incongruencias de lógica, realismo y oportunidad que está llevando la cuestión entre “Cataluña y España” a otro callejón sin salida; esa improvisaciones en la política exterior, ya sea Cuba, Marruecos o Estados Unidos; esas incoherencias triunfalistas en la cuestión de los fondos europeos, como si fueran la herencia del tío rico y no tuviéramos que devolverlos, mientras las Comunidades se disputan los favores y las grandes empresas se frotan las manos como los Bancos en 2008…
Vivimos en el reino de Oz, con un falso mago prometiendo maravillas, escondido tras una cortina de inexistente progreso, obcecados todos en persistir en un camino que nos lleva al ahogo de las instituciones, los partidos y el pueblo.
¿Hay alguna solución para evitar este desbarajuste nacional? Quizá sí. Con un replanteamiento radical de la acción política: pacto nacional de todos los partidos, incluidos los virreyes de las Comunidades, sus acólitos y sus intereses particulares. Junto con drásticas medidas económicas solidarias e igualitarias. Todos, política, economía, sociedad, remando juntos en la misma dirección: salvar al país, que es salvarnos a nosotros mismos.- ALBERTO DÍAZ RUEDA
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30 julio 2021 5 30 /07 /julio /2021 17:22

UN NEGACIONISTA EN MI TÉ

Publicado en La Comarca el 30-07-21

Es difícil de creer: el sábado en Barcelona me cayó un negacionista en mi té. Quiero decir que estaba tomándome un té en una terraza cuando me invadió una manifestación antivacunas y un joven bien vestido con melena, sombrero blanco con un ancla dorada bordada y barbas bien cuidadas se acercó a darme unos panfletos, tropezó con la acera y vino a aterrizar sobre mi mesa derribando mi té.

-Usted perdone, caballero. ¡Qué torpeza!-me sonrió con elegante aplomo.

En mis oídos retumbaba la voz de un tipo armado con megáfono: “¡Vacunas, Genocidio, Libertad!”, lo cual era vociferado coral y desafinadamente por una muchedumbre no muy numerosa pero enérgica y festiva. “¡Dejen en paz a nuestros hijos! No les llenen de miedo a sus compañeros, les están traumatizando. Tienen que jugar juntos. ¡Dictadura, no! ¡No a la especulación sanitaria! No hay pandemia, es la dictadura de la razón y de la ciencia vendida. ¡No al golpe de Estado 3.0!”. El negacionista invasor sonreía y me tendía amablemente un par de hojas impresas.

--Oiga, usted parece un joven educado. ¿Se cree todo lo que grita ese individuo?

--Oh, sí, naturalmente. ¿Usted, no? –con un  gesto me pidió permiso para sentarse frente a mí, mirando con visible ironía mi mascarilla.

--Pues no mucho, ¿sabe? Acabo de leer que los contagios en residencias de mayores se disparan y ya llevan 600 casos en esta semana, la mayoría en Cataluña y Aragón. Que se aleja la posibilidad de conseguir la inmunidad  de grupo. Que China y Rusia niegan la efectividad de las vacunas que no proceden de ellos. Que en Francia protestan contra la vacunación… ¿no ha habido ya suficientes víctimas?

Miró con desprecio mi  periódico. “La mayoría de la prensa y la tele y la radio, forman parte del complot: el del sacrosanto imperio de la razón, la ciencia y sus expertos, la nueva religión”.

--¿El imperio de la razón? Ojalá fuera verdad. Perdóneme, pero a mí me parece bastante irracional todo lo que están diciendo todos ustedes.

Me miró con actitud condescendiente, como el que habla a un niño pequeño, obcecado y algo tonto. “Vamos a ver”, puso los codos sobre la mesa y se inclinó para que le oyera bien. Me ajusté la mascarilla. Tras un leve carraspeo, comenzó:

-No me negará que hay una deriva autoritaria del Estado, desde que se declaró el supuesto coronavirus. Confinamientos, toques de queda, control policial, desinformación, tests y vacunas obligatorias: esto es como el franquismo, el maoísmo camboyano, el estalinismo, el nazismo. Y todos como borregos aceptando el nuevo golpe de estado 3.0. Es una conspiración global del capital,  emboscado en el sector de la salud y la enfermedad, frente al que estamos alienados y aislados: la supuesta pandemia es una enfermedad creada por ese Capital que recoge los beneficios de la industria farmacéutica. Como ocurrió con los bancos en 2008. – se inclinó hacia mí con gesto conspirativo - “Es la estructuración del Imaginario occidental alrededor del principio de la abstracción racional y especulativa”.

--¿El Imaginario?-balbuceé, mientras se me bajaba la mascarilla por el estupor. Ante mi evidente ignorancia el joven me miró compasivamente.

--La Ciencia es la religión hegemónica, la cúspide del pensamiento racional y la supuesta poseedora de la Verdad: vivimos la cristalización de la ciencia, el capitalismo termoindustrial y los estados-nación. La pandemia es el pensamiento racional y el Imaginario occidental en acción. Nos tienen hipnotizados con datos de contagios, estadísticas, opiniones de expertos. Somos como animales de granja. Estamos sufriendo terrorismo psicológico de Estado.

Las primeras farolas se encendieron. Las calles eran un pandemónium de gritos coreados, bocinas, silbatos de policías de tráfico: la Ronda de San Pedro estaba colapsada. La gente observaba aburrida la marcha cansina de los manifestantes y proliferaba una cierta indiferencia, si acaso, gestos de indignado fastidio por “otra manifestación más”, y algunas expresiones de estupor o incomprensión. Mi interlocutor sonreía seráficamente, seguro de haber conquistado el bastión de la razón en su hipnotizado oyente, yo.

-¿Me ha entendido? –preguntó.

--Pues sí, le he entendido y estoy horrorizado.

--¿Verdad que es para estar preocupado?

--Pues, francamente, sí. Oiga, preciso una dosis urgente de sentido común y sensatez. Después de escuchar lo que me ha dicho, necesito neutralizar esas barbaridades. ¿No tiene inconveniente en dejarme solo?

Me miró con desprecio, se caló el sombrero náutico, levantóse y no hubo nada.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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30 julio 2021 5 30 /07 /julio /2021 09:30

Hay quien confunde cosmopolitismo con globalización. Un ciudadano global es el que pertenece al pandemonium interclasista de las personas que viven esta época y se adhiere a su país, cultura o religión como una segunda piel. No es lo mismo que un "kosmopolités", un ciudadano del mundo (según la definición del griego Diógenes, el cínico). El cosmopolitismo, según observadores superficiales, podría ser una característica de la élite neoliberal capitalista o de una forma de estructura financiera de inversiones y fondos buitre, sin nacionalidad ni bandera. Según otros comentaristas más sesgados políticamente podría ser la definición funcional de los que no pertenecen a ningún lugar, el hombre sacer, el sujeto que es nuda vida, carece de derechos y nutre el inframundo que se mantiene en los guetos raciales. Es una clase nacida en nuestro siglo que ya no es el proletariado, sino que está mucho más abajo, lejos del mundo obrero y la clase media-baja y más aún de la pequeña burguesía, cada día más empobrecida. Un inframundo en los barrios extraradiales de las grandes urbes que bulle a fuego lento esperando un desborde o, peor, un estallido.

El cosmopolitismo que profesamos algunos, es brillantemente analizado por Martha Nussbaum en el libro "La tradición cosmopolita". Comienza asegurando, al citar al filósofo del cinismo, Diógenes, que "es posible una política -o una aproximación moral a la política- centrada en la humanidad que compartimos, más que en las marcas del origen local, el estatus, la clase y el género que nos dividen". Esa minoría de pensadores digamos profesionales y gentes del común que comparten el noble vicio de pensar, utilizan la razón para desear y promover, en la medida de sus posibilidades, que las personas comiencen a comprender que sólo uniéndonos todos los humanos podemos dejar de degradarnos. Vivir bajo unas leyes consensuadas y basadas en la razón y el sentido común. Enfocar objetivos de sostenibles de la naturaleza, igualdad y solidaridad entre las personas, fuera de convenciones, clases e intereses particulares. Eso sería el principio para poder sobrevivir y progresar. Un sistema ligado al respeto al "kosmos",  por una libre elección moral,  sostenido por la justicia y la igualdad.

Por tanto el cosmopolitismo, cuya trayectoria analiza críticamente la Nussbaum, consiste en definirnos precisamente por lo que nos hace iguales –nuestra común humanidad– es decir por lo que somos, y no por lo que tenemos, algo que cada vez es más líquido, inseguro, amenazado y evanescente. Propone un mundo donde las jerarquías no las define el dinero, las propiedades, acciones o lugar social que escalamos, sino la colaboración y la solidaridad en el reto de salvar este mundo que agoniza en muchos aspectos. Y justamente uno de los aspectos más preocupantes de las reflexiones que nos propone Nussbaum es precisamente la "otra faz" del cosmopolitismo auténtico, los nacionalismo feroces, hegemónicos, de signo autoritario, racista, excluyente y violento que están surgiendo por todo el orbe. Una demonización del Otro, extranjeros, inmigrantes, minorías raciales o de sexo, como amenazas letales que hay que eliminar de la forma más radical y brutal posible. 

Ha llegado el momento de montar un contraataque. Sin embargo, el contraargumento no puede ser tecnocrático. Las estadísticas acerca del potencial de la globalización para aumentar el crecimiento no van a prevalecer. El argumento debe ser moral, y aquí es donde entra en juego el cosmopolitismo.A los populistas de izquierda les gusta sostener que defienden la igualdad. Pero, dado que el punto de partida de los liberales cosmopolitas es la igual dignidad de todos los seres humanos, su defensa de la igualdad puede ser tan vigorosa como la de cualquier otro. Ni los cínicos ni los estoicos griegos lo hicieron, pero partiendo con Cicerón y llegando hasta John Rawls, Amartya Sen y la propia Nussbaum, la tradición cosmopolita liberal hace hincapié en que la justicia requiere “deberes de ayuda material”. No basta con invocar el valor inherente de un niño pobre. Para que ese niño realice su potencial humano, se precisan algunos estándares básicos de igualdad en el acceso a la nutrición, la salud y la educación. La igualdad, entonces, no es enemiga de la libertad, sino su aliada. Es por ello que el liberalismo cosmopolita constituye un poderoso antídoto a la retórica populista de izquierda.

En contraste, los populistas de derecha afirman representar el amor a la patria. Pero, también en este ámbito los liberales cosmopolitas pueden derrotar a los populistas en su propio juego. Como lo señala Nussbaum, no hay conflicto entre el amor a la humanidad y el amor a la patria. Por el contrario, como lo sostiene en un libro anterior, Political Emotions [Emociones políticas], el amor a las tradiciones y a las instituciones democráticas de la patria es clave para mantenerlas estables, robustas y capaces de garantizar la igualdad de derechos y de dignidad para todos.La política moderna, de modo inevitable, tiende hacia la política identitaria. Lo que resta por decidir es a qué identidad nacional apelan los políticos. Los populistas de derecha apelan a una identidad basada en “la sangre y la tierra”. Los liberales, en contraste, no aman a su patria debido a un equivocado sentido de superioridad racial o étnica, sino porque ella representa valores universales nobles.

Ya en 1945, George Orwell explicó la diferencia entre nacionalismo y patriotismo: “Por ‘nacionalismo’… entiendo el hábito de identificarse con una sola nación u otra unidad, colocándola más allá del bien y del mal, y reconociendo como único deber la promoción de sus intereses… Por ‘patriotismo’ entiendo la devoción a un lugar y a un modo de vida en particular, que uno cree son los mejores del mundo, pero que no desea imponer a otros pueblos”. El nacionalismo es tóxico; el patriotismo no lo es. Y el mejor tipo de patriotismo es el que se basa en valores tan antiguos como la libertad, la dignidad y el respeto mutuo. ¿Por qué no llamarlo patriotismo liberal? Los liberales cosmopolitas son idealistas para quienes el amor a la patria comienza con un compromiso fundamental con la igual dignidad de todos los seres humanos. 

Sin  embargo actualmente pensadores como Eric A. Posner han demostrado que el cosmopolitismo internacional , el famoso gobierno mundial, tiene un enorme recorrido lleno de obstáculos para llegar a tener alguna posibilidad, ya que es del todo evidente que el funcionamiento de las entidades como las Naciones Unidos o la UE o el Tribunal Internacional de La Haya han conseguido pocos resultados positivos y prácticos. No gozan de confianza popular ni gubernamental. En conjunto sus intervenciones en los asuntos internos de las naciones han sido desacertadas.

Particularmente destacable es el último capítulo del .libro, en el que la autora nos habla de su teoría del "enfoque de las capacidades" que enfatiza la prioridad de los derechos individuales (cada individuo es un fin en sí mismo y no un simple medio para los fines de otro), la defensa  de la importancia moral de la nación y la paralela riqueza moral del ámbito internacional. Además abunda en el aspecto económico y social practico de los derechos morales, con  lo que no se puede separar  los deberes de justicia de los deberes de la ayuda material. Unido a la distribución de  los recursos multiusos como la renta y la riqueza de una forma justa y lo más igualitaria posible, en una sociedad donde las personas tengan libertades esenciales para poder elegir las cosas que valoran. Y Nussbaum preconiza un tipo de capacidad individual interna que leva añadidas las condiciones externas que llevan consigo la oportunidad de elegir. Propone diez capacidades humanas centrales que deben ser atendidas para posibilitar el desarrollo de esa política cosmopolita global que cambiaría al mundo. No entraremos en ellas, pero aconsejamos al lector que  se empeñe en analizar ese ultimo capítulo. Como Nussbaum preconiza en su última línea:"Las puertas de la ciudad cósmica deben estar abiertas para todos", y eso es lo que "La tradición cosmopolita" demuestra.

FICHA

LA TRADICIÓN COSMOPOLITA.-Martha Nussbaum.- Trad Albino Santos.-326 pÁGS. Ed. Paidós

 

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