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3 junio 2019 1 03 /06 /junio /2019 11:29

El sutil e irónico I. Berlin, ese pensador nacido en Letonia con el siglo XX y fallecido en Inglaterra en 1997 con 92 años de edad, se sirvió de una fábula  de Arquíloco, un poeta griego del siglo VII aC, en el que decía "muchas cosas sabe el zorro, pero el erizo sabe una sola y grande" para diferenciar a lo que calificaba de dos tipos de personas,  dos estereotipos más bien, entre los que apuntaba a filósofos, políticos, artistas o ciudadanos comunes y corrientes y los diferenciaba.¿Cuál era la característica que los diferenciaba? Los "erizos" sostienen una visión central y sistematizada de la vida. Creen en un principio ordenador y centrípeto que da sentido a la existencia. Es el caso de Dante o de Platón, de Nietzsche o de Proust, Marx o Freud. Su manera de pensar y actuar se vertebra sólidamente en torno a unas ideas capitales y coherentes, aunque cerradas y que se contentan consigo mismas, fiel y norma del acontecer.

Los "zorros" tienen una visión centrífuga de una realidad que por definición es dispersa y múltiple. El concepto de la existencia y la realidad no obedece a ninguna norma estable o coherencia estructurada, sino que respetan su diversidad dinámica. Los hechos pueden tener particularmente una coherencia, pero la totalidad, el Todo,  admite la contradicción y vive de ella, dispersándose en la multiplicidad y en un caos aparente, que es la forma como llamamos a un orden que no entendemos. Berlin ve a los zorros personificados en tipos como Aristóteles, Shakespeare. Goethe, Joyce o Balzac.

¿El cristianismo es al erizo lo que el taoísmo o el budismo es al zorro? Apuntando un poco más bajo, Berlin sugiere: "en todo erizo hay un fanático potencial; en todos los zorros hay un escéptico permanente".¿Séneca es un erizo? Su célebre frase: "Ducunt volentem fata, nolentem trahunt", (Los hados conducen a quien acata sus decisiones, a quien se resiste le arrastran), fue adoptada como lema por el filósofo e historiador alemán Oswald Spengler, autor de "La decadencia de occidente", publicado meses antes del Armisticio de la I Guerra, cuyo pesimismo cultural fue confirmado dramáticamente por la II Guerra Mundial y parece estar muy activo en nuestro siglo. ¿Vivimos en el siglo de los erizos? ¿Trump es un erizo? ALBERTO DÍAZ RUEDA

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1 junio 2019 6 01 /06 /junio /2019 07:48

 

La novela de frontera es un género originalmente concebido en Norteamérica y Canadá (aunque siguiendo la estela de Homero y su Ulises), como las novelas de carreteras y largos viajes en auto o las de pioneros avezados que se pierden por interminables llanuras o montañas agrestes en busca de fortuna, identidad o soledad absoluta Las tres novelas que hoy comentamos son de esa nacionalidad americana y paradigmas de esa pulsión de una raza relativamente joven que se lanzó a descubrir la vastedad de su mundo y a conquistarlo ya sea con el rifle o la biblia, el genocidio o el mestizaje, el capitalismo avanzado o el pragmatismo protestante más agudo. Sin embargo mi propuesta es más ambiciosa y menos localizada en el tópico USA. Hay muchos tipos de fronteras y tantos otros modos de enfocar el problema y la búsqueda. Me refiero a una frontera común, que tenemos marcada todos los seres humanos y tan sólo unos pocos se atreven a cruzar: la frontera interior. La que separa al Yo del Otro y la que nos defiende de lo Otro. Esa frontera también tiene sus libros paradigmáticos: "El viaje al fin de la noche" de Celine, "Bajo el volcán" de Lowry o "En busca del tiempo perdido" de Proust, por citar algunos de los más conocidos. Y es que los personajes y protagonistas de Dave Eggers, Sue Hubell o el mismísimo Washington Irving, Josie, la madre aventurera de Eggers, la propia Sue Hubell, modelo de "nature writing" o el testimonio valiente y desolador de Irving en la tierra de los guerreros  pawnis, no son muy diferentes a los de Celine, Lowry o Proust: sólo  cambia el escenario en el que se desenvuelven. Todos son seres fronterizos. 

En la novela de Dave Eggers, una "road-novel",  una madre de cuarenta años y sus dos hijos se suben a una auto caravana más bien destartalada a "buscarse la vida" por los grandes territorios salvajes de Alaska, donde el frío se mastica y el sobrevivir es una costosa obligación cotidiana. Josie, la protagonista de "Héroes de la frontera" es una mujer desencantada y harta de la mediocridad de una vida que no eligió y que no le da más que sinsabores. Y toma una decisión espartana: decide abandonarlo todo, coger a Paul y Ana, sus hijos, de ocho y cinco años y buscar en una tierra remota y salvaje el hilo que la conduzca a su satisfacción como persona.

No comentaré el cúmulo de circunstancias que le llevan a tomar esa decisión: forman parte del "aura mediocritas" de la existencia común y corriente en este siglo y en la sociedad de consumo en que vivimos la mayoría. Josie hace un balance de lo que tiene y comprende que tiene dos hijos magníficos y una vida por delante para reponerse de los trastazos recibidos y una oportunidad para mejorar su futuro, por muy lejana y difícil que parezca ser (y, sin duda, es, como se verá). Y, para terminar siempre habrá una copa de Chardonay para endulzar la espera o las frustraciones inevitables.

Las aventuras se suceden, unas agradables, las menos, y otras sumamente desafiantes y nos vamos dando cuenta de que Eggers conoce a los niños y su peculiar psicología, que siente una inmensa compasión por su protagonista y que es un escritor que ha hecho los deberes (es obvio que se ha pateado los lugares que la familia rodante de Josie va conociendo). Eggers tiene muy claro el otro lado del espejo heroico de los pioneros y hace pensar a Josie, durante el incansable y fatigoso tráfago diario de una madre joven y sola con dos niños pequeños:"Ser americano significa ser un vacío y un americano auténtico está vacío de verdad".

Novela  y personajes inolvidables. Una lectura enriquecedora, que acaba así: " Josie se descubrió sonriendo, consciente de que habían hecho lo que habían podido con lo que tenían, y de que habían encontrado alegría y un sentido a cada paso. Habían creado música histérica y se habían enfrentado a obstáculos formidables en este mundo y habían reido, y habían triunfado y habían sangrado, pero ahora estaban juntos, desnudos y calientes, y el fuego que tenían delante no se apagaría. Josie miró las caras ardientes de sus hijos y supo que estaban donde debían estar, que eran quienes debían ser". ¿Hay algo más americano y pionero que esto? Hemingway debe haber aplaudido al leer esto en el Paraiso de los plumíferos. Él , seguramente, lo hubiera escrito así mismo.

En cuanto a Sue Hubell, su historia es autobiográfica y complementa un libro anterior, "Un año en los bosques" (también editado por Errata Naturae) donde nos pone al corriente de un territorio mítico para los naturalistas norteamericanos, las montañas Ozarks, quizá un poco desnaturalizadas por las sucesivas invasiones de hippies, aventureros, profetas religiosos y buscadores espirituales. junto a ambiciosos gestores de los medios de comunicación y entretenimiento. Hubell nos cuenta en su libro las vivencias  y experiencias de su vida cotidiana en esa zona agreste, sus vecinos, las relaciones a veces disparatadas (¿quién quiere sentirse rodeado de ufólogos fanatizados por supuestos avistamientos?) que debe entablar para lograr equilibrar su forma de vida y contarnos también el por qué de su decisión de seguir allí y el precio que exige encontrar cierto placer profundo que el lector rastrea en las descripciones de Sue.

La protagonista,en solitario, tras el regreso "a la civilización" de su marido Paul, nos va contando --es una recopilación de artículos publicados en los setenta- la abrumadora  tarea que ha aceptado, entre labores campesinas de siembra y recolección, hasta los incontables panales en los  que las abejas van libando su miel: una tarea que apenas tiene algo que ver con su profesión, bibliotecaria -es bióloga de carrera pero no ejerció- y su vida anterior, una joven urbanita norteamericana, convertida en los sesenta en hippie de mediana edad que decide romper con la civilización industrial y el capitalismo avanzado para ejercer a tiempo completo de pionera en una tierra bastante salvaje donde uno tiene que ganarse a cada momento el derecho a sobrevivir y nada se te ofrece hecho. Compaginando las labores del campo con la escritura de artículos y libros, Sue Hubbell, es una persona interesante, valiente e inteligente y una escritora sugerente y sugestiva, deslumbrante de sencillez y generosidad, que nos permite comprender el lugar real que los humanos ocupamos en la naturaleza y la importancia esencial que esta Naturaleza, con mayúsculas, tiene para nuestra simple supervivencia y hasta qué punto imperdonable  estamos llegando en la explotación y destrucción de nuestro hábitat natural. Y con una sinceridad que resulta conmovedora, como cuando escribe: "la autosuficiencia campesina es un mito difundido por las revistas de moda". Y reconoce que "al ser humana tengo un tipo de mente que me permite reconocer que cuando manipulo y altero cualquier parte del círculo hay repercusiones en el conjunto" (como contaba en su primer libro). Como curiosidad, lean todo lo concerniente a la "guerra de la miel" que enfrentó a dos aislados Estados de la Unión a mediados del siglo XIX.

El libro de Washington Irving es más un reportaje naturalista y político que un libro de viajes o de aventuras en plena naturaleza entre caballos salvajes y bisontes por los valles que forman los caudalosos ríos norteamericanos Red, Arkansas y Canadian. Irving forma parte de una comisión oficial del Gobierno norteamericano a principios del siglo XIX para negociar con los indios por las tierras de caza de éstos, lugares en disputa entre las diferentes tribus (osages, creeks o pawnis). Se trata de un viaje a caballo, siguiendo las costumbres viajeras de los cazadores profesionales, durmiendo en el suelo sobre pieles de oso y viviendo de lña caza con algunos "lujos" como el café, harina o azúcar y sal. Irving no cuestiona la necesidad de la caza -el libro abunda en escenas de caza muy emocionales-  pero trata de racionalizar su uso y reclama un cuidado y un respeto por los animales salvajes que no eran de ese siglo pero si de su genio personal y filosófico-literario. Y cuando por fin se ve más o menos obligado a empuñar el rifle y abatir un bisonte "no podía dejar de sentir una gran tristeza por el pobre animal que se desangraba a mis pies".

Por otra parte, en el mensaje de Irving, hay un análisis de la  soledad atronadora y el silencio imposible de esos lugares ajenos a la presencia humana y otro , muy contradictorio, de la vida de los indios, la dureza e inseguridad de sus existencias, los aspectos más "crueles" (para un observador "civilizado") de una cultura de la supervivencia y la conexión animista con la  Naturaleza. Y así se contrapone el exuberante amor a la naturaleza que pisa con la tristeza y el pesar por la condición humana de los indios, tan compleja, sencilla e integrada con el territorio y la deplorable amenaza que para esa cultura de alto valor supone la intención gubernamental de dominarla y aniquilarla.

Un viaje de un mes por territorios inexplorados por el hombre blanco, da para mucho a la imaginación y dotes de observación de un escritor cosmopolita como Irving, cuyo amor por culturas distintas a la propia ya había quedado demostrada (por ejemplo por la española, Irving pasó una temporada viviendo en los palacios del Generalife en la Alhambra semiabandonada de principios del siglo XIX).

 

FICHAS

 HÉROES DE LA FRONTERA.-Dave Eggers.- Ed. Random House.- Trad. Cruz Rodriguez.- 357 págs. 22,90 euros. ISBN 9788439733041

DESDE ESTA COLINA.-Sue Hubbell.-Traducción de Carmen Torres y Laura Naranjo.-Errata Naturae.- 243 PÁGS.   ISBN: 9788416544769 

LA FRONTERA SALVAJE.-Washington Irving.-Trad. Manuel Peinado Lorca.- 302 págs. ED. Errata Naturae.-ISBN : 9788416544608    

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31 mayo 2019 5 31 /05 /mayo /2019 09:44

Como dice la autora de este libro sugestivo y sugerente, "Una no descubre su potencial de jardinera hasta que no dispone de un espacio,propio para cultivar, aunque sólo sea una humilde maceta". Penélope Lively nos invita a hacer un recorrido meticuloso por el arte de la jardinería, en sí misma y como metáfora literaria y social ("hoy el requisito de una reforma sería un pedazo mínimo de tierra donde una persona pudiese plantar algo, lo que fuera, hundir las manos en la tierra y desafiar el tiempo". Y para enfatizar ese amor a la tierra, dice "cultivamos para mañana y aun para después. Cultivamos con expectación y esa es la razón de que resulte tan estimulante. Cuando se practica la jardinería, una deja de estar atrapada en el aquí y el ahora: piensa en el ayer y en el mañana...forjas tus esperanzas y tus planes para el año siguiente...y en mi caso está además la sensación de perpetuo asombro que me producen ese frenesí por medrar, la tenacidad de la vida vegetal, el dictado imparable de las estaciones". Y acaba diciéndonos: "el jardín es una entidad viva, con su propia agenda, sobre la que ejerces el control sólo hasta cierto punto".

Si ama usted los jardines, este es un libro muy indicado para usted. En él se analiza la esencia paradisíaca del concepto de jardín (no sólo el Jardín del Paraíso, el Edén) como lugar donde es posible sentir el placer de la contemplación y el descanso, lugar de sabiduría y de meditación en el entorno natural. Y para los que aman también la literatura, el libro de la señora Lively, una octogenaria muy activa, es una oportunidad para relacionar a escritores y poetas con los jardines y comprobar hasta qué punto fue una fuente de inspiración para ellos (y ellas), ya sean jardines reales o ficticios. Los seis apartados del libro van analizando temáticas relacionadas con los jardines de una forma directa o indirecta: el jardin como metáfora entre la realidad y la ficción, las dinámicas modas de los jardines según las épocas, orden o desorden en los diseños, la relación de poder entre los jardineros y las plantas, los diferentes estilos que marcan el desarrollo de los jardines, los aspectos variables del campo o la ciudad respecto a los espacios ajardinados, terrazas, macetas, patios interiores, parcelitas en las afueras... y las historias más o menos míticas o reales, desde los jardines colgantes de Babilonia a los de Pompeya, los jardines romanos en Britania, los huertos medicinales en los monasterios medievales, los jardines victorianos, los artistas que buscaban inspiración para sus cuadros en los jardines desde Monet a Manet, Gauguin, Klee, Munch o Van Gogh.

Sin duda apreciarán que es una obra eminentemente británica, inglesa, con ese encanto añejo, irónico y lleno de humor que tiene la autora cuando nos habla del jardin de su infancia en las afueras de El Cairo y de los sucesivos que fue cuidando a través de su larga vida (ha cumplido 86 años). Su erudición botánica es un reto para cualquier aficionado y un motivo de asombro para los legos (entre los que me encuentro). Además de una jardinera asombrosa, Lively es autora de libros infantiles y a partir de 1977, de novelas para adultos (premio Booker en 1985). Desde 2012 es Dama Comendadora de la Orden del Imperio británico.

FICHA

VIDA EN EL JARDÍN.- Penélope Lively.- pp: 224.- Editorial: IMPEDIMENTA,.ISBN: 9788417553050.-Traductor: ALICIA FRIEYRO GUTIÉRREZ

 

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30 mayo 2019 4 30 /05 /mayo /2019 09:51

Mi viejo amigo y compañero de "La Vanguardia", Antoni Puigverd, se quejaba de los debates previos a las últimas elecciones y decía de ellos que son la "definitiva futbolización de la política". Y no el fútbol de la Champions, que también, sino el de las liguillas de los colegios con los padres de los pequeños jugadores convertidos en energúmenos. Como el niño del cuento que ve desnudo al rey y lo proclama ante el silencio o la vergüenza de la corte, Antoni decía que el espectáculo de la política "ha perdido conexión con la realidad social y carece de sentido de Estado". Los políticos han perdido el sentido de la corrección pública, de la contención ética, en suma de la buena educación. Diré más, es la vida pública la que se ha achabacanado y, por tanto, tenemos los políticos que nos merecemos. Escribía Ortega a principios del pasado siglo: "Quienes rompen las reglas de la buena educación se quedan sin gozar la fruición delicadísima de ejercitar íntegramente sus energías dentro de ellas... Divino juego civil de la buena educación...¡Deleite noble y señor el de vivir dentro de las reglas quebrantables, sin quebrantarlas!". Ha llovido mucho desde entonces pero parece que lo publicó ayer.

En el fondo todo es una cuestión de respeto. Olvidamos demasiadas veces que los dones, derechos y deberes de la democracia, no son dádivas graciosas sino conquistas en ejercicio permanente. Escribió Goethe: "Lo que se hereda de los mayores, hay que conquistarlo para poseerlo".  Si queremos una política digna y unos políticos acordes con el "ethos" del momento (la moral auténtica, efectiva y espontánea que informa cada vida y cada nación) hemos de establecer el respeto como norma básica  de la relación política. El respeto es la referencia ética de la buena educación. Y esta es imprescindible, en la política y en la sociedad.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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28 mayo 2019 2 28 /05 /mayo /2019 08:52

La editorial Periférica se ha sacado un as escondido de la manga: una poco conocida novela corta del prolífico Charles Dickens. Volver de vez en cuando a Dickens se me antoja una medida de salud mental y estético-literaria. En este caso se trata de una obra menor del gran novelista, pero no por ello menos interesante. La maestría y agudeza del escritor se justifican ya por las primeras páginas. Los dos primeros capítulos empiezan por la frase "Ocurrió de este modo". Unas cuantas líneas nos muestran la irónica facilidad para engatusar al lector. El "capítulo tercero", empieza: "No pretendo contarlo todo directamente: lo desvelaré, mejor, poco a poco..." Eh, voilá, ya ha sacado el conejo narrativo de la chistera y el lector, como en vida de él, su público oyente, guarda silencio arrobado y pendiente de sus palabras. El mago popular, en el amplio sentido de la palabra, es decir emanado y con la autoridad que le da ser del pueblo llano, nos contará la historia de George Silverman, sus comienzos lúgubres y menesterosos, su relación con el cínico Hermano Hawkyard, su "tutor" y esos bandazos del destino, casi siempre miserable, al que tan acostumbrados nos tiene Dickens, aunque permita de vez en cuando, efímeramente, que un cálido rayo del sol mitigue la soledad y desdicha del héroe. La narración en primera persona permite a Dickens hacer gala de sus múltiples registros creativos y personajes y desdichas van desfilando de la mano poderosa y firme del escritor.

George, el protagonista, es un anciano que se las sabe todas a la hora de narrar sus cuitas, desde niño, "un bobo salvaje, un cachorro sarnoso, un lobezno" (obsérvese el ritmo metafórico). Como el propio Dickens, George desde  el principio identifica la causa de todos sus pesares: "La única y poderosa causa de toda ruina que conocía: la pobreza". Para acabar después de conocer la traición, el desengaño, la soledad, de una forma bastante acostumbrada en este autor "Finalmente me ofrecieron un beneficio eclesiástico universitario en un  lugar remoto y desde allí escribo ahora mi declaración." Las cosas se han arreglado con el tiempo y la paciencia. Dickens no puede evitar la nota compasiva y sentimental que le caracteriza: "La escribo en verano, junto a la ventana abierta; delante de mí, el descanso del cementerio, última morada para corazones sanos, corazones heridos y corazones rotos". Y con la habitual coquetería de los finales dickensnianos: "La escribo para alivio de mi propia alma, sin adivinar si tendrá o no un lector alguna vez". Y, punto final. Dickens deja al lector consumido por la lectura casi hipnótica, como dice Rafael Reig en el epílogo. Es una pequeña obra de "bindungsroman", de aprendizaje o formación, o mejor de deformación, de la personalidad de un sujeto, como nuestro "Lazarillo" o "Las cuitas del joven Werther" o "El retrato del artista adolescente" de Joyce. Pero el antihéroe de Dickens no se parece a estos últimos. aunque algo a nuestro Lázaro de Tormes, pasado por la hipocresía religiosa puritana  del "caritativo" y ruin Hawkyard (cuyo apellido denota el halcón -hawk- cazador implacable y feroz). Coincido con Reig en el desasosiego que provoca el final de esta breve novela, en la que, una vez más, la sociedad y su cultura de represiones acaba con un individuo cuyo único "delito" era haber sido un niño "salvaje" abandonado y no querido.

 

 
 

 

Charles Dickens. La declaración de George Silverman, traducc. de Elena García de Paredes, epílogo de Rafael Reig, Cáceres, ed. Periférica, abril 2019, 73 págs, 16’50 euros. ISBN: 978-84-16291-76-2.

 

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25 mayo 2019 6 25 /05 /mayo /2019 09:40

En este siglo contradictorio donde la tecnología más increíble se da la mano con ignorantes minorías ancladas en el medievo por obra y gracia de unas particulares creencias o la globalización comunicativa y viajera de nuestras sociedades avanzadas se enfrenta a individuos e instituciones que defienden desde la rigurosa planicie terrestre hasta la existencia de mundos paralelos tipo Matrix o la dictadura de siniestras conjuras planetarias que convierten al ser humano en esclavos al servicio de intereses suprahumanos. ¿Están seguros de que como género hemos adelantado tanto? ¿No es más cierto que hay una disparidad evidente entre el avance tecnológico humano y los demonios y limitaciones de unas psiques ancladas en la mitología más oscura? 

Esta dicotomía resulta evidente cuando se nos informa que el movimiento mundial antivacunas (en uno de los efectos perversos de la globalización) ha logrado revertir el proceso de erradicación del sarampión: si hace doce años se logró reducir la enfermedad un 91 % en África y un 68% en el resto del mundo,  ahora la OMS denuncia que los casos de sarampión se han cuadriplicado en el planeta en el primer trimestre de este año en comparación con el mismo periodo, de 2018. La sintomatología de la infección vírica pasa desde una simple fiebre alta, manchas en la piel, sarpullidos por todo el cuerpo y tos, a infecciones en el sistema nervioso central, encefalitis, daños en la vista y en los oídos, neumonía, diarreas intensas e incluso la muerte. Es muy contagiosa entre los niños y se trasmite por vía aérea procedente de personas infectadas.

La eficacia de las vacunas está fuera de toda duda razonable. Como en el caso de las transfusiones de sangre, la oposición de ciertos individuos a las vacunas tiene su raíz en creencias más o menos irracionales que parecen trasplantadas de la Edad Media al siglo XXI. El problema no es sólo de unas determinadas familias sino de todo el entorno social en el que viven, en peligro a través del contagio.. Hay algo atávico en esa negación irracional a aceptar cuestiones avaladas por la ciencia, ya que sí aceptan otros aspectos de la tecnología científica, el uso de móviles o de internet, o de aviones y medios de transporte impensables en los tiempos en los que están ancladas la psicología oscurantista de esas personas.

Todo este asunto me recuerda cierta metáfora ingeniosa de Russell que describe con sarcasmo la fuerza de las creencias irracionales y los mecanismos usados para defenderlas:  "Si yo sugiriera que entre la Tierra y Marte hay una tetera de porcelana que gira alrededor del Sol en una órbita elíptica, nadie podría refutar mi aseveración, siempre que me cuidara de añadir que la tetera es demasiado pequeña como para ser vista aún por los telescopios más potentes. Pero si yo dijera que, puesto que mi aseveración no puede ser refutada, dudar de ella es de una presuntuosidad intolerable por parte de la razón humana, se pensaría con toda razón que estoy diciendo tonterías. Sin embargo, si la existencia de tal tetera se afirmara en libros antiguos, si se enseñara cada domingo como verdad sagrada, si se instalara en la mente de los niños en la escuela, la vacilación para creer en su existencia sería un signo de excentricidad, y quien dudara merecería la atención de un psiquiatra en un tiempo iluminado, o la del inquisidor en tiempos anteriores." . En lugar de tetera pongan... ¿se les ocurre algo? ​​​​​-ALBERTO DÍAZ RUEDA

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24 mayo 2019 5 24 /05 /mayo /2019 09:01

 

Es el caso de "La montaña viva"  de Nan Shepherd, hay una especie de paralelismo junguiano con "El tiempo de los regalos" de Patrick Leigh Fermor, unas sincronicidades curiosas que convierten a ambos libros (aparecidos en el mercado literario anglosajón en los setenta) en primos hermanos a pesar de la distinta repercusión y éxito (el de Fermor fue apoteósico) y más bien en el hecho de ser ambos libros excelentes y de pertenecer  a dos autores que intercalarían en sus vidas literarias unos larguísimos silencios entre los primeros títulos y sus correspondientes obras maestras.En el caso de Shepherd el "vacío" de cuarenta años se produce después de haber publicado tres novelas que la elevaron al pináculo literario inglés: prueba de ello, el hecho de que su efigie fue colocada en los billetes de cinco libras por el Banco de Escocia.  Como Fermor, Nan espera casi cuarenta años para publicar su nuevo libro en una edición limitada en Escocia y han de pasar más de treinta años para ser  reeditado y convertido en un "clásico" escondido  (2008, 27 años tras la muerte de la autora) que va creando adeptos y fanáticos de "La montaña viva". Fermor, por su parte, tarda otros tantos años en publicar la continuación de su viaje  a pie desde Rotterdam hasta Constatinopla, con una guerra mundial por en medio (y una novelesca participación de Fermor en ella, luchando como guerrillero contra los alemanes en Creta).

"La montaña viva" es una suerte de reflexión poética, deportiva y filosófica sobre esas montañas escocesas de los Cairngorms, que la autora ama desde niña y nos muestra desde dentro.En doce capítulos, dedicados a los elementos primarios de la montaña, aire, piedra, arboles, viento, agua, hielo, esta escritora --nacida en 1893 en una aldea del norte escocés, profesora de inglés en la Universidad de Aberdeen durante más de 40 años, fallecida en 1981-- nos hace una descripción íntima y .global, estética y naturalista, poética y literaria de la cordillera y las hondonadas que la cicatrizan, los elementos que la vivifican, la luz, los seres que la recorren, desde los insectos a las aves, una conjunción de vida que resplandece en las páginas de un libro apasionante (y no sigo con los adjetivos por respeto a Shepherd, que detestaba los  elogios y a los que la "ensalzaban en exceso").

 

Este libro fue escrito en los años 1940 durante el transcurso de la Segunda Guerra Mundial – la propia autora describía su escritura como “mi lugar secreto de tranquilidad”–, que apenas deja caer su sombra fatídica sobre las brillantes páginas del relato reflexivo de esta narradora y poeta, aunque se trasluce en forma de anécdota en las paginas 98 y 109. El manuscrito permaneció inédito hasta el año 1977.  Entre la guerra y esa fecha Nan se dedicó a caminar, escalar montañas y enseñar literatura inglesa a jóvenes damas escocesas. Tal como resume ella misma en el capítulo séptimo del libro: "He escrito sobre cosas inanimadas, la roca y el agua, el hielo y el sol, y podría parecer que no fuera éste un mundo vivo. Pero mi intención era llegar hasta las cosas vivas a través de las fuerzas que las crean, porque la montaña es única e indivisible, y la roca, la tierra, el agua y el aire no son más parte de ella que lo que crece en la tierra y respira el aire. Todos son aspectos de una sola entidad, la montaña viva. La roca que se desintegra, la lluvia que nutre, el sol que estimula, la semilla, la raíz, el ave: son todos uno...".

¿Cómo se puede definir, encuadrar, este libro. ¿A qué género pertenece? Historia natural, meditación zen, reflexión taoísta, paisajes y sensaciones, guía para montañeros o para ornitólogos, para amantes de las plantas y las flores, aves y rapaces. Como escribe Robert McFarlane, uno de los más conspicuos representantes de la nature writing del momento, "¿Se trata de un poema en prosa...una búsqueda geopoética, un panegírico de un lugar, filosofía del conocimiento, tratado práctico de taoísmo o un 'tránsito de amor' como lo definió la autora?" En el fondo, ¿qué más da? El punto está en que, como dice MacFarlane, este libro cambia un poco a quien lo lee, sobre todo si es montañero o caminante. Ella capta la esencia del paisaje con la claridad y contundencia anímica de un poeta, la belleza trascendente de la montaña como un místico y reflexiona sobre el cuerpo y el conocimiento como lo hace el filósofo francés de su tiempo, Maurice Merleau Ponty. No hay en la mirada de Nan Shepherd diferencias entre el cuerpo y la mente, en la sutil percepción de las texturas de las rocas o de los troncos, de la cambiante esencia dinámica del viento y del agua, y en la global interacción  de la vida silvestre con el escenario natural donde se desarrolla. Es una alianza entre conocimiento y sensibilidad van acorde.Y asegura: "el misticismo en sí tiene, para mí, un origen fisiológico".

Escribe : "Cuanto más se aprende de esta compleja interacción de suelo, altitud, clima y tejidos vivos de plantas e insectos...más profundo se hace el misterio. El conocimiento no disipa el misterio. La ciencia sólo añade el tiempo a la ecuación y le da una dimensión nueva".(pág. 124) Disfruten este libro. Creo que debería formar parte de la biblioteca de todo aficionado al senderismo, a las montañas y a los paseos y  caminatas en general.

FICHA

LA MONTAÑA VIVA.- Nan Shepherd.- Introducción de Robert MacFarlane. Traducción (excelente) de Silvia Moreno.- Ed. Errata Naturae.-189 págs. ISBN: 97884165944967

 

 

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22 mayo 2019 3 22 /05 /mayo /2019 07:47

León Felipe, uno de nuestros grandes poetas definido por el exilio, escribió hace muchos años: " Y he visto:/que la cuna del hombre la mecen con cuentos,/que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos,/que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,/que los huesos del hombre los entierran con cuentos,/y que el miedo del hombre.../ha inventado todos los cuentos." Viene a cuento este poemilla lúcido y amargo, por el delirante proceso inquisitorial de una conocida escuela barcelonesa de élite sobre los álbumes ilustrados de preescolar que los niños deben o no leer (0 más bien, mirar los dibujos y tratar de entender un texto básico) basados en cuentos infantiles tradicionales, desde Caperucita Roja a los Tres cerditos o Cenicienta. Todo en nombre de una "perspectiva de género" para evitar que la imaginación simbólica en desarrollo de los infantes se desarrolle a partir de estereotipos machistas y sexistas. 

Vladimir Propp (autor de "La morfología del cuento" y "Edipo a la luz del folklore"), Bruno Bettelheim (autor de "Psicoanálisis de los cuentos de hadas" y  Carl G.Jung, autor de "Psicología y simbólica del arquetipo", deben haberse removido, inquietos y avergonzados, en sus tumbas. El sentido común, también. Parece que nuestro país ha entronizado lo "políticamente correcto" sobre valores como la honestidad, la ética, la solidaridad y la sensatez. Es algo epidérmico pero que tiene buena prensa. Prohibir o manipular "Caperucita Roja" o "Cenicienta" en nombre de lo políticamente (e hipócritamente) correcto, es peor que un error, es una estupidez. El contenido simbólico de los cuentos infantiles tradicionales ha tenido un objetivo desde su ancestral nacimiento: crear en las mentes infantiles unos arquetipos que funcionan  a modo de semáforos psicológicos indicadores de peligro, engaño, esperanza, valor, honestidad, corrección, solidaridad...arquetipos que tras el crecimiento biológico se mantiene en el inconsciente adulto. Desnaturalizar este legado secular por el sexismo reivindicativo en forma de moda más que principio (de hecho la igualdad de sexos sigue estando bajo mínimos) se me antoja otro de esos "cuentos" que "taponan el llanto del hombre"...y de la mujer. El miedo del hombre no cesa de inventar cuentos...para justificarse, en beneficio de sí mismo, para maquillar la realidad o para ganar votos. Los "técnicos oficiales de enseñanza" que asesoran a esa escuela catalana tendrían que hacer un cursillo para aprender a distinguir "estereotipos" de "arquetipos". - ALBERTO DÍAZ RUEDA

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20 mayo 2019 1 20 /05 /mayo /2019 07:47

Ático de los libros me envía la "Guía para caminantes" de Tristan Gooley, el autor de la celebrada "Cómo leer el agua". A pesar de la frase que Gooley nos endilga ya de entrada "prefiero morir caminando que morir de aburrimiento leyendo libros sobre cómo andar de forma segura", lo cierto es que su libro "que trata de pistas y señales al aire libre y sobre el arte de predecir y deducir" nos enseña, precisamente, el arte de caminar sin morir en el intento y sin dejar de aprender cosas de la naturaleza y por tanto sin dejar ni un solo resquicio al aburrimiento y claro, sin olvidar reglas clarísimas y reiterativas...de seguridad.

Gooley nos enseña a distinguir las clases de suelos, a apreciar los patrones, formas y lineas de los paisajes, a no confiar ciegamente en los mapas, a aplicar las técnicas sherlockianas de observación y atención, a rastrear y distinguir huellas, a escoger las rutas adecuadas,  a leer los límites de campos y caminos, a percibir lo que nos cuentan los árboles o las plantas, hongos o líquenes sobre vientos, humedad, orientación o animales. Unamos a esto los datos para conocer los tipos de nubes y lo que nos anuncian, los cielos, la meteorología, el arco iris, las nieblas y las tormentas. También nos enseña a leer las estrellas y orientarnos gracias a ellas o a usar el sol o la luna como brújula o reloj. No podía faltar una generosa porción de  datos sobre los animales que podemos encontrar en nuestro caminar (siempre es bueno recordar las diferencias geográficas del lugar desde donde escribe, aunque el autor procura tener al lector al día de las localizaciones).

Además Gooley nos cuenta un apasionante viaje a Borneo en busca de la tribu de los dayak (más de 30 páginas fascinantes en dos partes). El libro se complementa con un capítulo "raro y extraordinario" (y no digo más, véase la pág. 362), un índice muy práctico "para dar tus primeros pasos" y cuatro apéndices, sobre cálculo de distancias, alturas y ángulos, sobre plantas, un calendario de meteoros y estrellas fugaces y un método para localizar el sur usando las estrellas o la luna. En suma, es un regalo de conocimientos para hacer más agradable y seguras las caminatas.

Gooley es un experimentado aventurero pero no es un escritor. Su prosa es pragmática y sencilla (lo cual no es lo mismo que simple). Aunque no es preciso ser escritor para comprobar que cuando uno se lanza a los caminos, el simple ejercicio de andar se convierte en una experiencia que, si uno está atento a sí mismo (y por tanto, se olvida del ego), provoca emociones, reflexiones, sensaciones, todas espoleadas por el paisaje, el silencio, la luz y el color, el sano ejercicio físico, el cansancio o el asombro y la belleza que la Naturaleza nos regala a manos llenas.

Especialmente interesante para caminantes de todo tipo son los apéndices del libro donde Gooley nos enseña métodos muy variados para calcular distancias, alturas y ángulos, algunos tipos de plantas de los caminos y bosques, las lluvias anuales de estrellas fugaces, un método fascinante para encontrar el sur, usando las estrellas o la luna...Y como guinda en la lista habitual de agradecimientos, Gooley se permite una jugosa observación. Os la anoto: "Ascender por una montaña es una metáfora más que decente para representar los desafíos más satisfactorios de la vida. Escribir este libro ha sido una tarea mucho más larga, difícil y agotadora de los planeado...sin embargo, ¿quién no ha iniciado deliberadamente una caminata más larga de lo que sería sensato?". Completamente de acuerdo, amigo Gooley.

FICHA

GUÍA PARA CAMINANTES.- Tristan Gooley.-Trad. Víctor Ruiz Aldana.-Ed. Ático de los libros.- págs. 448.- ISBN:9788417743055

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19 mayo 2019 7 19 /05 /mayo /2019 09:37

Desde su atípica "Historia de la Filosofía" a sus "Retratos de memoria" o su legendaria "Autobiografía" y su influyente "Principia Mathematica",  Bertrand Russell, matemático, filósofo, personaje público controvertido, pacifista, hombre de ideas claras y de actitudes impertinentes frente al poder, es para mí el paradigma del intelectual comprometido del siglo XX.

Russell fue un aristócrata con tendencias socialistas e igualitarias, sensible (casi se desmaya cuando en su juventud un compañero de estudios le recitó de improviso unos versos de Blake), inteligente pero no dogmático (cambió varias veces de parecer sobre diversos temas y  lo reconoció paladinamente), activo admirador de las mujeres y a la vez defensor de sus derechos y se relacionó con  la flor y nata de la inteligencia británica de finales del XIX y principios del XX: desde Keynes a Lytton Strachey, de Wittgenstein a Moore o Crompton Davies o el grupo de Bloomsbury. Liberal, laborista, pacifista a ultranza, antihegeliano, admirador de la Revolución rusa y tras visitar Rusia enemigo radical del comunismo, pasó algunos meses en la cárcel a raíz de la I Guerra y en los años 60. Dicen que sus libros ya no se venden y que es un intelectual activista de un modelo periclitado, arcaico y obsoleto.

¡Por Dios que me espanta tanta estupidez! En estos tiempos en que los intelectuales tratan de criticar lo político desde la barrera, cuando no aceptan sinecuras de este o aquél partido; que los mismos políticos forman una "vasta colonia parasitaria" (en palabras de Antonio Machado: ha llovido desde entonces, pero sigue siendo actual) en la que no florece ninguna cabeza realmente amueblada humanísticamente hablando; un tiempo en que la política ha dejado de ser el aristotélico arte de lo posible, para pasar a ser el arte de lo que beneficia a unos por encima de los demás, a un determinado partido o a un supuesto líder. Volvamos a leer a Russell o, mejor, aprendamos de la honestidad, la entereza y el valor que mostró ese nonagenario Lord hasta el último día de su vida, defendiendo causas nobles y humanas, a veces equivocadas, pero siempre dando la cara y dispuesto a rectificar si le demostraban que estaba cometiendo un error. Y, por cierto, para los que le califican de antigualla: parece ser que el lenguaje simbólico en las matemáticas de Russell y Whitehead, fue el germen de los sistemas linguísticos de los ordenadores y también de Internet.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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