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20 mayo 2019 1 20 /05 /mayo /2019 07:47

Ático de los libros me envía la "Guía para caminantes" de Tristan Gooley, el autor de la celebrada "Cómo leer el agua". A pesar de la frase que Gooley nos endilga ya de entrada "prefiero morir caminando que morir de aburrimiento leyendo libros sobre cómo andar de forma segura", lo cierto es que su libro "que trata de pistas y señales al aire libre y sobre el arte de predecir y deducir" nos enseña, precisamente, el arte de caminar sin morir en el intento y sin dejar de aprender cosas de la naturaleza y por tanto sin dejar ni un solo resquicio al aburrimiento y claro, sin olvidar reglas clarísimas y reiterativas...de seguridad.

Gooley nos enseña a distinguir las clases de suelos, a apreciar los patrones, formas y lineas de los paisajes, a no confiar ciegamente en los mapas, a aplicar las técnicas sherlockianas de observación y atención, a rastrear y distinguir huellas, a escoger las rutas adecuadas,  a leer los límites de campos y caminos, a percibir lo que nos cuentan los árboles o las plantas, hongos o líquenes sobre vientos, humedad, orientación o animales. Unamos a esto los datos para conocer los tipos de nubes y lo que nos anuncian, los cielos, la meteorología, el arco iris, las nieblas y las tormentas. También nos enseña a leer las estrellas y orientarnos gracias a ellas o a usar el sol o la luna como brújula o reloj. No podía faltar una generosa porción de  datos sobre los animales que podemos encontrar en nuestro caminar (siempre es bueno recordar las diferencias geográficas del lugar desde donde escribe, aunque el autor procura tener al lector al día de las localizaciones).

Además Gooley nos cuenta un apasionante viaje a Borneo en busca de la tribu de los dayak (más de 30 páginas fascinantes en dos partes). El libro se complementa con un capítulo "raro y extraordinario" (y no digo más, véase la pág. 362), un índice muy práctico "para dar tus primeros pasos" y cuatro apéndices, sobre cálculo de distancias, alturas y ángulos, sobre plantas, un calendario de meteoros y estrellas fugaces y un método para localizar el sur usando las estrellas o la luna. En suma, es un regalo de conocimientos para hacer más agradable y seguras las caminatas.

Gooley es un experimentado aventurero pero no es un escritor. Su prosa es pragmática y sencilla (lo cual no es lo mismo que simple). Aunque no es preciso ser escritor para comprobar que cuando uno se lanza a los caminos, el simple ejercicio de andar se convierte en una experiencia que, si uno está atento a sí mismo (y por tanto, se olvida del ego), provoca emociones, reflexiones, sensaciones, todas espoleadas por el paisaje, el silencio, la luz y el color, el sano ejercicio físico, el cansancio o el asombro y la belleza que la Naturaleza nos regala a manos llenas.

Especialmente interesante para caminantes de todo tipo son los apéndices del libro donde Gooley nos enseña métodos muy variados para calcular distancias, alturas y ángulos, algunos tipos de plantas de los caminos y bosques, las lluvias anuales de estrellas fugaces, un método fascinante para encontrar el sur, usando las estrellas o la luna...Y como guinda en la lista habitual de agradecimientos, Gooley se permite una jugosa observación. Os la anoto: "Ascender por una montaña es una metáfora más que decente para representar los desafíos más satisfactorios de la vida. Escribir este libro ha sido una tarea mucho más larga, difícil y agotadora de los planeado...sin embargo, ¿quién no ha iniciado deliberadamente una caminata más larga de lo que sería sensato?". Completamente de acuerdo, amigo Gooley.

FICHA

GUÍA PARA CAMINANTES.- Tristan Gooley.-Trad. Víctor Ruiz Aldana.-Ed. Ático de los libros.- págs. 448.- ISBN:9788417743055

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19 mayo 2019 7 19 /05 /mayo /2019 09:37

Desde su atípica "Historia de la Filosofía" a sus "Retratos de memoria" o su legendaria "Autobiografía" y su influyente "Principia Mathematica",  Bertrand Russell, matemático, filósofo, personaje público controvertido, pacifista, hombre de ideas claras y de actitudes impertinentes frente al poder, es para mí el paradigma del intelectual comprometido del siglo XX.

Russell fue un aristócrata con tendencias socialistas e igualitarias, sensible (casi se desmaya cuando en su juventud un compañero de estudios le recitó de improviso unos versos de Blake), inteligente pero no dogmático (cambió varias veces de parecer sobre diversos temas y  lo reconoció paladinamente), activo admirador de las mujeres y a la vez defensor de sus derechos y se relacionó con  la flor y nata de la inteligencia británica de finales del XIX y principios del XX: desde Keynes a Lytton Strachey, de Wittgenstein a Moore o Crompton Davies o el grupo de Bloomsbury. Liberal, laborista, pacifista a ultranza, antihegeliano, admirador de la Revolución rusa y tras visitar Rusia enemigo radical del comunismo, pasó algunos meses en la cárcel a raíz de la I Guerra y en los años 60. Dicen que sus libros ya no se venden y que es un intelectual activista de un modelo periclitado, arcaico y obsoleto.

¡Por Dios que me espanta tanta estupidez! En estos tiempos en que los intelectuales tratan de criticar lo político desde la barrera, cuando no aceptan sinecuras de este o aquél partido; que los mismos políticos forman una "vasta colonia parasitaria" (en palabras de Antonio Machado: ha llovido desde entonces, pero sigue siendo actual) en la que no florece ninguna cabeza realmente amueblada humanísticamente hablando; un tiempo en que la política ha dejado de ser el aristotélico arte de lo posible, para pasar a ser el arte de lo que beneficia a unos por encima de los demás, a un determinado partido o a un supuesto líder. Volvamos a leer a Russell o, mejor, aprendamos de la honestidad, la entereza y el valor que mostró ese nonagenario Lord hasta el último día de su vida, defendiendo causas nobles y humanas, a veces equivocadas, pero siempre dando la cara y dispuesto a rectificar si le demostraban que estaba cometiendo un error. Y, por cierto, para los que le califican de antigualla: parece ser que el lenguaje simbólico en las matemáticas de Russell y Whitehead, fue el germen de los sistemas linguísticos de los ordenadores y también de Internet.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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18 mayo 2019 6 18 /05 /mayo /2019 09:42

Dicen que Dave Eggers sigue los pasos de Kerouac o del Richard Ford de "Canadá" debido a esta "road-novel" en que una madre de cuarenta años y sus dos hijos se suben a una auto caravana más bien destartalada a "buscarse la vida" por los grandes territorios salvajes de Alaska, donde el frío se mastica y el sobrevivir es una costosa obligación cotidiana.

Creo que eso es quedarse en la superficie de esta novela existencialista, en el sentido filosófico del término. Eggers es un escritor comprometido con la existencia, la propia y la de muchos desamparados, niños y adolescentes sobre todo, con la calidad problemática que en las sociedades avanzadas provoca crisis galopantes y, por último, en defensa de los grandes espacios de este planeta en los que uno puede llegar a recuperar el sentido de la vida,  a través del esfuerzo continuado, el sacrificio, la falta de comodidades y la belleza inmaculada y peligrosa de la vida poco menos que salvaje.

Josie, la protagonista de "Héroes de la frontera" es una mujer desencantada y harta de la mediocridad de una vida que no eligió y que no le da más que sinsabores. Y toma una decisión espartana: decide abandonarlo todo, coger a Paul y Ana, sus hijos, de ocho y cinco años y buscar en una tierra remota y salvaje el hilo que la conduzca a su satisfacción como persona.

No comentaré el cúmulo de circunstancias que le llevan a tomar esa decisión: forman parte del "aura mediocritas" de la existencia común y corriente en este siglo y en la sociedad de consumo en que vivimos la mayoría. Josie hace un balance de lo que tiene y comprende que tiene dos hijos magníficos y una viDa por delante para reponerse de los trastazos recibidos y una oportunidad para mejorar su futuro, por muy lejana y difícil que parezca ser (y, sin duda, es, como se verá). Y, para terminar siempre habrá una copa de Chardonay para endulzar la espera o las frustraciones inevitables.

Para Josie ha quedado claro que la vida que tiene no es la adecuada y que la "verdadera" vida está esperándola, a ella y a sus hijos, en otro lugar. Portanto, adelante, vamos a intentar encontrar ese lugar y ¿por qué no, Alaska? Alli vive su hermanastra Sam, en un lugar remoto llamado Homer. Pero, bueno, las cosas se tuercen o no y el camino se vuelve existencia y en el camino está la vida. A menudo es mejor el camino que la posada como escribió Cervantes. . Una vida rutera, ruda y difícil, pero,emocionante y en ocasiones, de un estimulante adrenalítico, en el pequeño universo bamboleante de una casa rodante "en la que los platos tintinean".

Las aventuras se suceden, unas agradables, las menos y otras sumamente desafiantes y nos vamos dando cuenta de que Eggers conoce a los niños y su peculiar psicología, que siente una inmensa compasión por su protagonista y que es un escritor que ha hecho los deberes (es obvio que se ha pateado los lugares que la familia rodante de Josie va conociendo).

Que como dice el propio autor, esta novela es una especie de homenaje a los pioneros norteamericanos, por ese afán creativo y audaz de colonizar un mundo agreste, hermoso y sin piedad hasta convertirlo en un hogar, pues bueno.  Aunque Eggers tiene muy claro el otro lado del espejo heroico de los pioneros y hace pensar a Josie, durante el incansable y fatigoso tráfago diario de una madre joven y sola con dos niños pequeños:"Ser americano significa ser un vacío y un americano auténtico está vacío de verdad".

Una vida "dura, salvaje y sencilla" es la que espera a estos héroes de la frontera. No tanto de una frontera geográfica, sino de una forma o estilo de vida que da la espalda a las comodidades, conformidades y frustraciones que la paranoica vida de las grandes ciudades ha forjado como una cadena alrededor del cuello de los ciudadanos.

Novela  y personajes inolvidables. Una lectura enriquecedora, que acaba así: " Josie se descubrió sonriendo, consciente de que habían hecho lo que habían podido con lo que tenían, y de que habían encontrado alegría y un sentido a cada paso. Habían creado música histérica y se habían enfrentado a obstáculos formidables en este mundo y habían reido, y habían triunfado y habían sangrado, pero ahora estaban juntos, desnudos y calientes, y el fuego que tenían delante no se apagaría. Josie miró las caras ardientes de sus hijos y supo que estaban donde debían estar, que eran quienes debían ser". ¿Hay algo más americano y pionero que esto? Hemingway debe haber aplaudido al leer esto en el Paraiso de los plumíferos. Él , seguramente, lo hubiera escrito así mismo.

 HÉROES DE LA FRONTERA.-Dave Eggers.- Ed. Random House.- Trad. Cruz Rodriguez.- 357 págs. 22,90 euros. ISBN 9788439733041


 

 
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17 mayo 2019 5 17 /05 /mayo /2019 09:11

Alguien dijo que ni las parejas ni los pueblos felices tienen historia. No estoy de acuerdo con el aserto, ni con los que consideran que la felicidad, el bienestar y la satisfacción de vivir no tienen nada que hacer ante las ansias de conocimiento, de explorar nuevas vías al saber, de investigar hasta el agotamiento, de los estudiosos y científicos fanatizados por logros casi imposibles. La exploración, la búsqueda de lo nuevo, de lo que uno cree que debería ser, suele ir precedido de una gran insatisfacción ante lo que es. La inquietud, la preocupación, la ansiedad, incluso la obcecación y el sacrificio, son elementos al parecer adscritos a los grandes pensadores y creadores, ya sean científicos, literatos o artistas. 

El neurocientífico Goldberg asegura estadísticamente que "los trastornos bipolares y los ataques de depresión son comunes en muchos de los grandes escritores, científicos y exploradores". Y otros psicólogos han estudiado la delgada línea roja que separa la genialidad de la locura para concluir que "el trastorno maníaco-depresivo es la 'llave del genio'. Y se cita como ejemplo a Van Gogh, Beethoven, Dickens, Byron, Larra, Lewis Carroll, Schuman, Miguel Ángel, Poe, Baudelaire, Newton, Wittgenstein, Stefan Zweig, Virginia Wolf, por un lado, Hitler, Stalin, Churchill, Mao, NIxon, por otro. Y la lista es mucho más larga... Por lo visto, la conclusión es que los "rasgos afectivos negativos", formas leves de depresión y trastorno bipolar correlacionan con la capacidad creativa...y evolucionan en consonancia con las circunstancias personales del "genio".

Francamente dudo que eso sea totalmente verdad. No niego que hay muchos "genios" que podrían formar parte de ese equipo de desquiciados. Pero habría que redefinir y acotar el contenido y la aplicación de la palabra "genio". Y no presuponer que "genio" significa "persona dotada de sabiduría". Los genios son especialistas en una determinada rama del saber tecnológico o artístico y no se les puede pedir igual capacidad en el resto de los saberes humanos. Son "genios" en tal o cual rama de la ciencia o las artes. Y aprendices de las demás, como todos los demás humanos "normales". En cuanto a las "manías" están repartidas muy equitativamente en la población, genios incluidos. Y puestos a la labor, también habría que redefinir la palabra "sabiduría", muy devaluada últimamente.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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16 mayo 2019 4 16 /05 /mayo /2019 07:17

Henry Hardy es el nombre del magnífico editor y experto e Isaiah Berlin que durante los últimos años ha reunido y editado la extensa obra no publicada del excepcional intelectual y ensayista histórico y político, fallecido en 1997.  "El sentido de la realidad" fue el elemento básico de una conferencia pronunciada en 1953 en un colegio universitario norteamericano. Los siguientes ocho trabajos publicados en este libro pertenecen a conferencias y encargos repartido por revistas, actos presenciales o televisados en Europa, Asia, Canadá y los EE.UU.

Los grandes temas que Berlin, con su sorprendente erudición y lucidez van desde la revolución romántica como una de las crisis fundamentales del pensamiento moderno, el marxismo y el socialismo en el marco de la industrialización y el desarrollo científico y tecnológico que llega a nuestros días. Defiende la importancia de la educación y la cultura y su básica necesidad adyacente de libertad de expresión. Muy en sintonía con la actualidad también, Berlin reflexiona sobre la filosofía y su papel capital en el desarrollo político, pues como asegura en el texto correspondiente:  «La filosofía es el arma más segura y profiláctica, pues toda su historia es una advertencia contra la creencia de que hay preguntas permanentes y soluciones finales».

Lo más impresionante del alcance las reflexiones de Berlin es que sus apuntes sobre temas como el nacionalismo, el racismo o el fanatismo religioso no sólo se han revelado muy pertinentes sino que podrían  ser utilizados en editoriales periodísticas de plena actualidad, ya que sus conjeturas y reflexiones se han revelado absolutamente reales y significativas en el día de hoy. Así su mirada del nacionalismo y los fanatismos "religiosos", esos "patológicos y narcisistas" complejos sociales público que se basan en una creencia absurda e irracional en la superioridad ilimitada de determinados nacionalismos y credos sobre otras sociedades aledañas (y por consiguiente el derecho "sagrado" a luchar por todos los medios lícitos o no, pacíficos pero casi siempre violentos, por lograr los propios objetivos, generalmente proyecciones irreales de una superioridad inexistente).

El lector hará bien en detenerse, por ejemplo, en "El compromiso artístico, un legado ruso" , pero dados los problemas políticos actuales en nuestro país, yo aconsejaría un detenido análisis de los dos últimos trabajos del libro: "Kant como un origen desconocido del nacionalismo" y "Tagore y la conciencia de nacionalidad".

 El primero parte de una premisa que parece muy alejada del "saludable internacionalismo, racional, liberal" del gran maestro de Königsberg, ya que incluso en sus formas moderadas el nacionalismo "brota del sentimiento más que de la razón": "el lenguaje utilizado para describirlo suele ser romántico o, en casos extremos, violento, irracional, agresivo; y especialmente en nuestro propio siglo (el XX, en el nuestro se ha corregido y aumentado) propenso a desembocar en la opresión cruel y destructiva y finalmente, en masacres espantosas". Nada parece más alejado, pues, del racionalismo sereno de Kant. Este defiende" la autonomía de una nación o sociedad, fines en sí mismas en sus formas socializadas (ideas que Kant lanzó originariamente sólo como teoría ética) se mezclaron con las doctrinas explosivas de Herder y Rousseau y formaron una masa crítica que a su debido tiempo conduciría a explosiones terribles." Kant no hubiera imaginado jamás que esas ideas se desarrollarían de forma patológica en el siglo XX y XXI. Para Kant el nacionalismo era "la conciencia de independencia de una nación en un estado patológico de inflamación: el resultado de heridas producidas por alguine o algo en los sentimientos naturales de una sociedad o por barreras artificiales impuestas a su desarrollo normal".

En el  ensayo siguiente y último, aprovechando la figura del poeta hindú R. Tagore y su defensa razonable pero serena del nacionalismo en la India (que no complacía ni a hindúes ni a británicos),  Berlin hace una definición razonable de éste: "brota de un sentido ultrajado y herido de dignidad humana, del deseo de reconocimiento...una de las mayores fuerzas que impulsan la historia humana". Y añade "Puede adquirir formas espantosas, pero no es en sí mismo un sentimiento artificial o repulsivo"

 

FICHA

«El sentido de la realidad». Isaiah Berlin.-Ensayo. Taurus, 2017. 400 páginas. 19,86 euros. Trad. Pedro Cifuentes. ISBN 9788430618569

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14 mayo 2019 2 14 /05 /mayo /2019 19:30

Sherry Turkle es una psicóloga que ha dedicado los últimos 20 años a estudiar los efectos de los medios tecnológicos de comunicación interpersonal. Para ella la tecnología online está provocando una huida relacional hacia la pérdida de la conversación cara a cara, lo cual produce efectos perniciosos  ya que "la conversación es la base de la democracia y los negocios, sustenta la empatía y es básica para la amistad, el amor, el aprendizaje y la productividad". Los últimos trabajos de esta científica cognitiva se basan en una serie de encuestas realizadas durante un período de cinco años en  diferentes escenarios, desde al ámbito laboral y educativo al familiar y sentimental.

Quizá se debería analizar la cuestión recurriendo a la metáfora de las sillas que diseñó con ingenio el filósofo de la naturaleza Thoreau: la conversación con nosotros mismos, el soliloquio,  de una silla, la de dos sillas cuando tenemos un interlocutor o las tres sillas cuando interviene una motivación digamos social o laboral. Por ello Turkle propone que la nueva e invasiva forma de comunicación mediante la nueva tecnología, sea la cuarta silla. Uno recuerda  la dura moraleja de la película "Her", (2013, dirigida por Spike Jonce y protagonizada por un genial Joaquin Phoenix) en la que el protagonista se relaciona amorosamente con un programa informático interactivo e inteligente.

Los adolescentes se pasan horas ante las pantallas de sus móviles, tablets u ordenadores. Son incapaces de permitirse la libertad de aburrirse e imaginar juegos y actividades que les diviertan. Sus hermanos mayores, universitarios,  suelen mostrarse mucho menos empáticos de lo que era normal en los años que mis hijos o yo asistíamos a la universidad. Dirán ustedes, encogiéndose de hombros, "eso es normal. Eran otros tiempos". ¿Están seguros? ¿Creen que humanamente hablando, los deseos, pasiones, frustraciones y carencias de los jóvenes universitarios de 18 a 23 años eran tan diferentes a los de ahora? ¿O solo ha cambiado la forma de satisfacerlas, remediarlas o soportarlas? Turkle nos informa que un 20 % de jóvenes entre 18 y 30 años contesta al móvil y mensajea mientras mantiene relaciones sexuales; 9 de cada 10 estudiantes envía mensajes en plena clase escolar; el 80 % duerme con sus móviles y la mitad de éstos no desconecta nunca. Es la cuarta silla de Turkle que nos está llevando a estar más cómodos con las máquinas que con las personas ya que "tratamos a las máquinas como si fueran casi personas y tratamos a los seres humanos como si fueran máquinas" (vean "Her" y reflexionen en ustedes,  al margen de la anécdota fílmica).- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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13 mayo 2019 1 13 /05 /mayo /2019 15:43

 

Bertrand Russell es uno de los grandes maestros filosóficos del siglo XX. Sus aportaciones a las matemáticas, el positivismo lógico y la divulgación filosófica son la joya de la corona de una vida que en sí misma es un ejemplo filosófico y humanístico. Controvertido, provocador, humilde y arrogante, inteligente, sensible y pertinaz, defendió sus opiniones y posturas con una enorme honestidad a un precio, a veces elevado (estuvo dos veces en prisión por sus posiciones públicas de crítica política).

Desde su atípica y genial "Historia de la Filosofía" a sus "Retratos de memoria" o su legendaria "Autobiografía" y su influyente "Principia Mathematica",  Bertrand Russell, matemático, filósofo, personaje público controvertido, pacifista, hombre de ideas claras y de actitudes impertinentes frente al poder, es para mí el paradigma del intelectual comprometido del siglo XX.

Russell fue un aristócrata con tendencias socialistas e igualitarias, sensible (casi se desmaya cuando en su juventud un compañero de estudios le recitó de improviso unos versos de Blake), inteligente pero no dogmático (cambió varias veces de parecer sobre diversos temas y  lo reconoció paladinamente), activo admirador de las mujeres y a la vez defensor de sus derechos y se relacionó con  la flor y nata de la inteligencia británica de finales del XIX y principios del XX: desde Keynes a Lytton Strachey, de Wittgenstein a Moore o Crompton Davies o el grupo de Bloomsbury. Liberal, laborista, pacifista a ultranza, antihegeliano, admirador de la Revolución rusa y tras visitar Rusia enemigo radical del comunismo, pasó algunos meses en la cárcel a raíz de la I Guerra y en los años 60. Dicen que sus libros ya no se venden y que es un intelectual activista de un modelo periclitado, arcaico y obsoleto.

¡Por Dios que me espanta tanta estupidez! En estos tiempos en que los intelectuales tratan de criticar lo político desde la barrera, cuando no aceptan sinecuras de este o aquél partido; que los mismos políticos forman una "vasta colonia parasitaria" (en palabras de Antonio Machado: ha llovido desde entonces, pero sigue siendo actual) en la que no florece ninguna cabeza realmente amueblada humanísticamente hablando; un tiempo en que la política ha dejado de ser el aristotélico arte de lo posible, para pasar a ser el arte de lo que beneficia a unos por encima de los demás, a un determinado partido o a un supuesto líder. Volvamos a leer a Russell o, mejor, aprendamos de la honestidad, la entereza y el valor que mostró ese nonagenario Lord hasta el último día de su vida, defendiendo causas nobles y humanas, a veces equivocadas, pero siempre dando la cara y dispuesto a rectificar si le demostraban que estaba cometiendo un error. Y, por cierto, para los que le califican de obsoleto: parece ser que el lenguaje simbólico en las matemáticas de Russell y Whitehead, fue el germen de los sistemas linguísticos de los ordenadores y también de Internet.

"Retratos de memoria y otros ensayos", editado en 1956 y traducido en España en 1976, seis años después de la muerte de Russell, con 98 años, es una recopilación de artículos con contenido muy variado, aunque abundan los autobiográficos, ya sean sobre la evolución de sus pensamientos personales, como la  remembranza de los amigos de juventud y de diversas acciones emprendidas por el activísimo filósofo. Y así disfrutamos de ciertas confesiones sobre sus tempranas elecciones de estudios como las matemáticas y la filosofía, así como reflexiones agudas y sugestivas sobre temas como el camino a la felicidad, su rechazo vehemente al comunismo a pesar de haber saludado la revolución bolchevique como un acto de libertad o  su lucha perenne para evitar la destrucción de la humanidad en una guerra con misiles nucleares o el pacifismo que tantos problemas le supuso en la II Guerra Mundial y contra la de Corea o Vietnam.

Todo ello servido con una prosa elegante aunque combativa, mucha ironía y un encanto superior debido a la humildad, la clase y el desenfado con el que trata tanto a las  grandes personalidades de su tiempo,  como a los grandes temas. Como dijo Stefan Kanfer: "La filosofía se ocupa de dos clases de temas: las cuestiones resolubles que son triviales, y las importantes que no tienen solución.” En sus retratos hay personajes a los que enaltece (Shaw, Wells), uno al que admira (Conrad), otro que la despierta cariño (Whitehead), alguno al que desprecia sin perderle el respeto (D. H. Lawrence) y uno por el que muestra una sarcástica indiferencia (Santayana). Pero, eso sí, justifica sus sentimientos con honestidad y sencillez, aceptando la posibilidad de estar en un error.

Agudamente habla del talento literario y espeta: “Un estilo carece de calidad si no es la expresión íntima y casi involuntaria de la personalidad de un escritor y, aun entonces, sólo tiene calidad, si la personalidad del escritor vale la pena de ser expresada.”, frase que se le podría aplicar, sin dudarlo.

De verdad, léanlo. Refrescará sus neuronas.

FICHA

RETRATOS DE MEMORIA Y OTROS ENSAYOS.- Bertrand Russell.-Trad. Manuel Suárez.- Alianza Editorial, 1976.- ISBN 8420616206.

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11 mayo 2019 6 11 /05 /mayo /2019 19:18

El fascismo y sus "valores" no acabaron con las derrotas de la II Guerra Mundial, han vivido unos años con vigor y astucia en las catacumbas de lo social y lo político para ir inflitrándose sin cesar en la vida pública, en las costumbres, en la sociedad e incluso en las obras de intelectuales, periodistas y artistas supuestamente democráticos, en los programas de radio o televisión, en libros y películas. Hace años que ya dan la cara y van reorganizando sus filas, a menudo con el disfraz político de un partido teóricamente inmerso en la democracia parlamentaria o tras de una forma subliminal, manifestándose en forma de nacionalismos extremos, protestas laborales o sindicales, estados de opinión (y acción) sobre la inmigración, el feminismo o la homosexualidad. Occidente está girando hacia la derecha más extremista. Personalmente opino que todo demócrata de nuevo o viejo cuño tiene un fascista en la barriga. La mayoría, justo es decirlo, logran confinarlo en los bajos, aunque a veces salga en la forma grosera de "¡por mis coj....!". Es como si el autoritarismo y el irracionalismo bailaran cogidos de la mano al son de la Marsellesa. ¿Forma parte de nuestros genes, decantados éstos a su vez por siglos donde no había más opciones simbólicas que la Iglesia, el Ejército o la Tierra? Un filósofo norteamericano, Jason Stanley, afirma que las sociedades resentidas y victimistas son un excelente caldo de cultivo para el fascismo o cualquier otro ismo destructivo. Ya sea por nacionalismos exasperados y anquilosados, por diferencias ricos-pobres inmovilizadas o reivindicaciones de género o color de la piel que se agudizan en lugar de desaparecer, por la globalización que aumenta las corrientes inmigratorias, por la criminal irresponsabilidad financiera  que nunca es castigada,  (ejemplo, la UE rescatando a la Banca que provocó la última crisis económica)... todos tenemos algún supuesto motivo de resentimiento.

Creo que conviene al género humano -individuos y países- hacer un "reset"de nuestras convicciones políticas y socio-económicas. Despojar a los conceptos del exceso de corrupción y engaño que los ha desnaturalizado. Definir nuestros verdaderos problemas antes de hablar de "soluciones" corrompidas por "ideologías". Y luego aplicar la buena fe y el sentido común, esos dos parias expulsados de cualquier política habitual, para pactar el remedio para las problemas más urgentes. Mientras no se haga algo así, Hitler, Stalin, Pol Pot, ...y "e tanti altri" deben estar rugiendo de satisfacción en los infiernos.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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10 mayo 2019 5 10 /05 /mayo /2019 07:41

Un libro sobre Ortega y Gasset siempre es bienvenido aunque, como en este caso, sea una especie de reactivo emocional y filosófico hacia y contra los que han analizado desde la dureza (aunque también desde la propia honestidad, se supone) la figura controvertida pero inapelable y señera del mayor pensador que tuvo el país en aquellos años sombríos de la República y la Guerra Civil. Sin embargo, y digámoslo ya al principio, el gran error, a mi parecer, de Agapito Maestre, es  el tono agresivo,suspicaz y sarcástico con el que defiende al gran maestro que, sin duda, fue Ortega y a sus discípulos. Ni Ortega dejó de filosofar  de forma creativa desde 1932, ni fue un "maestro en el erial", pues tuvo discípulos de bastante calado filosófico;  siempre teniendo en cuenta de que hablamos de un país, España, que  suele descuidar a sus filósofos y desprecia cuanto ignora, es decir a la filosofía desde el Instituto a la Universidad, como una opción profesional sin utilidad alguna excepto para enquistarse en la enseñanza, una sub especie funcionarial de poco provecho público.

Si partimos de esa triste realidad, mucho más grave en los tiempos de Ortega que ahora, una  época que desde los años ochenta tras la masificación universitaria en la que --todavía-- existe cierta displicencia conmiserativa hacia el joven que decide estudiar filosofía. El "y eso para qué sirve" se lo he oído pronunciar ante el hijo "descarriado" a padres que son a su vez universitarios, médicos, jueces o ingenieros. Pues bien esa es la circunstancia en la que vive este libro de Agapito Maestre. Y bien sabemos que si no salvamos la circunstancia no se salva el "yo". Por tanto dejemos en paz todo ese historial de agravios que el autor despliega en defensa de Ortega. Realmente Ortega no lo necesita. De alguna manera está por encima y el tiempo se encargará de dejarlo de manifiesto, si no lo está haciendo ya.

Toda la primera parte del libro es una ampliación de las treinta y pico de defensa orteguiana de la introducción. La segunda nos muestra las opciones éticas de un Ortega que usa el silencio como discurso contra el idealismo y la revolución y la tercera habla de la "Segunda Navegación" de la filosofía de Ortega que apunta alto y lejos sobre la circunstancia española, mostrando "desde dentro" de su filosofía el alcance de su legado a las nuevas generaciones: la idea de un Estado-Nación, "una España democrática de seres humanos libres e iguales ante la ley.... en el espacio supranacional de la Unión Europea", en palabras de Maestre

El lector de este libro podrá estar o no de acuerdo con Maestre, pero sin duda admirará la entrega y pasión con la que el autor va desgranando el universo orteguiano repartiendo bastonazos a derecha o a izquierda en defensa de la pureza del texto ( como la eliminación de la expresión "la modernidad nace de la cristiandad" en la nueva edición de las OC de Ortega (tomo VIII, pág. 698).

Maestre cita a José Gaos que habla del método de escritura de Ortega de "idear escribiendo o escribir ideando". Pues ese es precisamente el estilo conceptual que elige Maestre en su libro para analizar a su admirado biografiado. Como Ortega en las "Meditaciones de El Quijote" habla de  su trabajo que "no es filosofía, que es ciencia. Son simplemente unos ensayos. Y el ensayo es la ciencia, menos la prueba explícita". Maestre ha escrito un ensayo sobre el maestro Ortega, que no es filosofía, ni ciencia, pero si la prueba explícita del alcance y valor de este maestro. Y así cumple su cometido y el lector lo agradece pues llena sus páginas de  un hervor vital, una ansiedad admirativa, una "filosofía en vilo" que, aunque no estemos siempre de acuerdo con ello, nos atrae e interesa siempre.

He disfrutado este libro de Maestre como disfruté, al otro extremo del espectro el de Gregorio Morán, "El maestro en el erial", y opino que tanto el uno como el otro se complementan, pues nos muestran, a su pesar, la esencia contradictoria, sagaz, inteligente y humanísima, de un pensador que filosofó un paso por detrás de la genialidad y un paso por delante de la pedagogía, constituyendo en sí mismo la directriz básica de la filosofía: vivir cotidianamente como filósofo y persona de forma coherente con lo que se predica.

FICHA

ORTEGA Y GASSET, EL GRAN MAESTRO.-Agapito Maestre.- Ed. Almuzara.- 475 págs. -25 euros.- ISBN 9788417558178

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8 mayo 2019 3 08 /05 /mayo /2019 09:08

Steve Pinker es un conocido ensayista norteamericano que ha merecido el honor de encabezar con dos de sus libros las listas de más vendidos de los principales diarios del país y del extranjero y también del significativo detalle del magnate Bill Gates de regalar un ejemplar del último a todos los estudiantes de Nueva York que se graduaran en 2018, el año de su publicación. Se trata de "En defensa de la ilustración", donde Pinker hace un optimista esfuerzo por reformular los ideales de la Ilustración, razón, ciencia, humanidad y progreso (siglo XVIII) en el lenguaje y los conceptos del siglo XXI. Desde el "Atrévete a saber" kantiano que lleva a la humanidad "a abandonar su" auto culpable madurez", pasando por los logros del progreso en  materia de esperanza de vida, salud, sustento, igualdad en el reparto de la riqueza, medio ambiente, paz, seguridad urbana y personal, neutralización del terrorismo, derechos democráticos para todos, aumento del conocimiento y la tecnología, calidad de vida creciente y una tendencia a la búsqueda de la felicidad a pesar de la amenazas existenciales del propio progreso (que proliferan como los pececitos que acompañan a los tiburones para nutrirse con los despojos de la actividad alimentaria del escualo).

El poeta, político e historiador británico Thomas Macaulay escribió en 1830 "No podemos demostrar de manera incontestable que están en un error los que nos dicen que la sociedad ha llegado a un punto de inflexión, que ya hemos conocido nuestros mejores días. Pero eso es lo que decían antes de nosotros y con la misma razón aparente...¿En qué principios se basan quienes defienden que, cuando no vemos más que mejoras en el pasado, sólo podemos esperar que las cosas empeoren a partir de ahora".  Hagamos un voto de esperanza y leamos con optimismo los abundantes datos que nos ofrece Pinker. Pensamos: "Así que no hay para rasgarse las vestiduras, a pesar de lo que está cayendo". Apagamos el telediario y arrojamos el periódico a la papelera: una especie de "baño de purificación moral". Así nos damos todo un seráfico fin de semana.

El lunes uno sale a la calle y comienza a ser bombardeado por noticias y evidencias,  abre los ojos y ve algunas pruebas de que, en efecto, hay algunos cambios buenos en el mundo, comparados con los dos últimos siglos. Aplicar el principio ilustrado de que "el uso de la razón y la compasión fomenta el florecimiento humano" es irreprochable. Pero pronto nos damos cuenta de que es un poco utópico: basta con ver qué poco razonables y compasivos es, en todas partes, una activa minoría que tiene la voz cantante. Los demás, la mayoría, oscilan entre los papeles de víctima, de arrogante indiferencia, de pasotismo, de colaboración o de ignorancia culpable (mirar hacia otro lado) y, por supuesto, de receptores de una mala o manipulada información. Pero esto es, justamente, el punto de vista habitual en un comentarista del estado del mundo en que vive, a base de las informaciones a las que accede. Hay que leer a los que defienden que eso no es todo, que hay pruebas también de que aquellos nobles y honorables valores siguen funcionando. Pero la realidad es muy obstinada. Sólo queda una salida: volvamos a la "epoché" escéptica. Sigamos a Pirrón cuando nos sugiere que suspendamos todo juicio, que observemos con distanciamiento y una vez veamos claro, optemos por la actitud más justa.-ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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