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20 marzo 2019 3 20 /03 /marzo /2019 10:21

Creo que fue Alan Watts quien mencionó en uno de sus libros la "ley del esfuerzo invertido" o "ley de la retrocesión". Este filósofo popular norteamericano de los sesenta recurre a Lao Tsé para explicarla: "los que se justifican no convencen; para conocer la verdad, uno debe liberarse del conocimiento; y que no hay nada más poderoso y creativo que el vacío, al que los hombres temen y tratan de evitar". Otros maestros taoístas, admirables amantes de la Naturaleza y la lógica de lo Real, nos recuerdan que "cuando tratas de permanecer en la superficie del agua te hundes, pero cuando tratas de sumergirte, flotas. Cuando porfías en retener el aliento, lo pierdes."

Pensemos en la profunda lección que nos brindan estas aparentes paradojas, oximorones con guiños lógicos.Cuando pretendemos imponernos, intervenir o manipular el curso de las cosas, los hechos naturales, las circunstancias que nos envuelven, rompemos un ritmo o un orden que no comprendemos.  No se trata de recurrir al quietismo o la indiferencia estoica. A veces nuestros inseguros pasos en pos de la seguridad, agravan la situación. Cuando reconocemos que la esencia de la inseguridad no es responsabilidad nuestra, la cordura nos insinúa que debemos reconocer, aceptar la inseguridad para encontrar el equilibrio. Si caes en un río tumultuoso,  no trates de luchar contra sus aguas embravecidas, déjate llevar, limítate a evitar las piedras o los troncos por donde te lleva el río.  

El arte de sobrevivir podría enseñarnos a desconfiar de ese  descuido o indiferencia frente a las situaciones que nos superan y aún más de recurrir a las "soluciones" del pasado, las "fórmulas" de lo conocido. Ante la avalancha de situaciones nuevas y estresantes la mejor actitud es abrir tu mente y volverte receptivo con lo que ocurre, sensibilizarte a cada  momento que aparece, olvidando el temor a lo nuevo. Amoldarte como el agua a todo, sorteando obstáculos y fluyendo cuando no los hay. La naturaleza ha dado al organismo humano uno de los poderes de adaptación más eficaces para el dolor y el sufrimiento, ya sea físico o psíquico. Pero a condición de que no luches contra ellos, de que detengas la obsesión rabiosa por hacerlos desaparecer. Según la ley de retrocesión, tu batalla violenta contra el dolor y el sufrimiento no es lo correcto. La auténtica "batalla" consiste en afrontarlos con aceptación, relajación y confianza. No es fácil, pero acaba por funcionar y aumenta los niveles autocurativos.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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19 marzo 2019 2 19 /03 /marzo /2019 10:52

Malcom Bradbury era un profesor universitario, ensayista y novelista que obtuvo bastantes éxitos a partir de los años sesenta, tras un primer estudio crítico sobre la obra de Evelyn Waugh. Nació en una familia humilde de Sheffield en 1932 y murió en diciembre del 2000. El brillante y entretenido libro que comentamos nació de la colaboración de Bradbury con un programa cultural de una emisora londinense de televisión, a finales de los ochenta,(cuyo título fue después el del libro) en el que se analizó la incidencia de la Modernidad en la cultura, la sociedad, el arte y la literatura, las formas de pensar, los hábitos y convenciones y hasta la estructura del yo y el potencial del lenguaje a través de diez escritores que pertenecieron a la época que va desde finales del siglo XIX hasta el comienzo de la II Guerra Mundial. En concreto hablamos de Joyce, Proust, Eliot, Ibsen, Viriginia Woolf, Kafka, Dostoievsky, Pirandello, Thomas Mann y  Joseph Conrad. Este libro fue escrito con los materiales y documentación preparados para el programa y ampliado con las reflexiones propias del autor.

Especialmente interesante es la introducción escrita por Bradbury sobre en qué consiste la Modernidad, su relación con los eventos políticos y sociales  en los que estuvo envuelta, sus principales figuras (empezando por el poeta Ezra Pound, cuyo "hagas lo que hagas, que sea nuevo" dirigido a todos los artistas de la época fue un detonante para poetas, escritores, dramaturgos, pintores y escultores) y los desafíos que se plantearon en una época histórica muy revuelta que encubaba el huevo de serpiente de la Gran Guerra (que sólo sería la Primera).

A través de la amena lectura de este libro de ensayos literarios uno descubre la importancia que las ideas y presupuestos de la Modernidad -en realidad fue un cambio de paradigma social, artístico y humano- tuvieron no sólo en sí mismos sino como preludio a los cambios que vendrían después del horror global de la II GM. El arte como desafío al orden establecido, a las costumbres tradicionales y encorsetadoras y a una forma de concebir el mundo que se haría añicos con los movimientos de liberación, el Manifiesto Comunista de Marx y Engels 1848), la emergencia del nuevo proletariado industrial que hacía temblar en sus cimientos a la sociedad burguesa por la visión revolucionaria, materialista y secular de la historia  que se estaba llevando a cabo. Y añadiendo en 1859 la publicación de "El origen de las especies" de Darwin, que socavó , junto a Freud, hasta la soberbia y la seguridad del hombre ante el resto de la Creación y sobre sí mismo.

En este contexto, Malcom nos presenta al protagonista de "Muerte en Venecia" de Mann, el escritor Gustav von Aschenbach y nos recuerda una frase de la novela donde se habla "de la necesidad que el artista experimenta de conocimiento peligroso, de presión creadora sobre sí mismo para abandonar las normas...y transgredirlas". Y eso es lo que todos y cada uno del resto de esos creadores analizados por Bradbury,  logró con su obra. Como Proust, Pound o Joyce que provocaron una capital transformación de las formas, el espíritu y la naturaleza de la poesía y la narrativa. Y de aquella polvareda, el actual lodazal, donde como siempre crecen nenúfares entre el barro. Fue Nietszche quien dijo proféticamente (en el siglo XIX): "los hombres modernos son los hijos de un periodo fragmentado, pluralista, enfermo y espectral". Y ni siquiera soñó que a ese desequilibrio metafísico se uniría el ácido de las nuevas tecnologías  que está dando el golpe de gracia a toda esa modernidad que Bradbury nos cuenta, provocando ya más nostalgia que admiración.

Y es que la lectura de este libro, además de hacernos desear volver a leer o empezar a leer a esos autores, nos da una lección actualísima sobre el movimiento cultural como dinámica del cambio de paradigma (no sólo la ciencia tiene ese poder). Si Ibsen nos dice "no hay pensamiento alguno que dure hoy más de veinte años" en su "Un enemigo del pueblo", escrito a finales de 1800, para significar esa movilidad destructiva de la modernez artística, ¿se imaginan la cara que pondría al ver que la vida media de cualquier producto cultural o tecnológico en nuestros días no pasa de dos semanas? O la frase de Virginia Woolf cuando escribía emocionada, "alrededor de 1910 , el carácter humano cambió de pronto" o los comentarios a los efectos "terminales" de la I Guerra Mundial, cuando D.H. Lawrence afirmaba "El mundo concluyó en 1915". Da un poco de vértigo comprobar la aceleración suicida de nuestro mundo actual comparado con aquél que evoca este libro a través de unos escritores que suman inteligencia, conocimiento, sensibilidad y genio creativo. Evidentemente la importancia literaria de esos diez autores es muy distinta y variada. El paso del tiempo, aun respetándolos, ha cribado el papel que han tenido en la Historia de la Cultura. Y así, Proust y Joyce, acompañados  quizá por Kafka y Eliot, están por encima de Mann, Woolf y Dostoievsky y todos estos siguen siendo más actuales que Pirandello, Ibsen y Conrad. Aún así vale la pena leerlos a todos pues cumplen los requisitos básicos de haber sido, en su época, detonantes muy activos de todos los cambios que hemos visto.

FICHA

EL MUNDO MODERNO.-DIEZ GRANDES ESCRITORES.- Malcom Bradbury.- Trad. Marco Aurelio Galmarini. Edhasa. 325 págs. ISBN 9788435014380

 

 

 

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18 marzo 2019 1 18 /03 /marzo /2019 10:41

Los taoístas lo tienen claro, el "ahoraquí" es la mejor píldora que el inestable ser humano puede tomar para llegar a blindarse contra el desequilibrio, la falta de armonía y la inseguridad, Se trata del principio activo de una planta mítica que crece cerca de la raíz del tiempo, donde el sensato naturalista y poeta griego Hesíodo situaba la génesis de los Trabajos y los Días. Bien, hasta aquí el mito. "En estas cosas hay un significado profundo/ pero cuando nos disponemos a expresarlo/De súbito olvidamos las palabras". Aquí entra la tradición mística que, sorprendentemente, parece un eco de la zona silenciosa donde muchos grandes filósofos y todos los místicos de cualquier religión coinciden. La transformación de la mente humana consiste en conocer y sentir que el mundo y tú formáis una unidad orgánica. Mientras el yo se considere un ente separado de todo lo demás, único y cerrado en sí mismo, todo esto no son más que palabras. El lenguaje que constituye la barrera, el velo espeso que nos oculta la realidad, nos miente a nosotros mismos y manipula las relaciones humanas. Quizá no estamos aún preparados para que las mentes se abran y vean. Tal vez nunca lo estemos y la humanidad seguirá debatiéndose sobre un planeta esquilmado como lo hace un loco sobre un escenario lleno de ruido y de furia. Suena a sermón de la profanada psicología y de las religiones cómplices y responsables de la mayoría de los horrores que el género humano ha causado y sufrido. Y sin embargo, reflexionar sobre esto lleva a muchas personas a cambiar su modo de percibir la vida y los resultados son prácticos, útiles, sencillamente eficaces. Esa minoría encuentra un sentido a su existencia y se abstiene de causar daño a nada y a nadie. Puesto que intuyen su pertenencia a ese todo que une el mundo físico en su totalidad, hombres, animales, árboles, agua, plantas y las montañas, los océanos y los ríos y los bosques, en una armonía existencial que se está dañando cada día de forma irremisible porque estamos demasiado ocupados en explotar el todo en beneficio propio. El primer paso es humilde y parece banal: sé consciente del "ahoraquí" unos segundos, unos minutos cada día.  Que la experiencia que vives y tú seáis lo mismo. No hay separación. Todo transcurre efímeramente en el "ahoraquí". Cada instante es único e irrepetible. Aprende a vivirlo. Parece poca cosa: la voluntad de hacerlo y el conocimiento de lo que haces y por qué lo haces. Lo demás...vendrá por añadidura.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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16 marzo 2019 6 16 /03 /marzo /2019 10:20

Observen con atención y cierto disimulo a las personas que les rodean, en el trabajo, por las calles, en el deporte, a las salidas de los coles o en sus actitudes cuando el hijo/a  juega un partido de fútbol o de básquet. ¿No les recuerdan  los síntomas del TDA (trastorno por déficit de atención) a nivel global?  Decía Ortega hace más de 70 años: “ Casi todo el mundo está alterado, y en la alteración el hombre pierde su atributo más esencial: la posibilidad de medi­tar, de recogerse dentro de sí mismo y precisarse qué es lo que cree, lo que de ver­dad estima y lo que de verdad detesta: el poder de ensimismarse.” Pero Ortega nos dice que la técnica  “es la que lo permite.” Hoy es justamente la técnica la que, con efecto paradójico, nos roba tanto la atención que nos impide ensimismarnos al modo orteguiano y  produce más bien un fenómeno de dispersión. Los psiquiatras le llaman “síndrome de despolarización atentiva”, ya que la atención tiene tantos polos de atracción que pierde la capacidad  de atender a una sola cosa y así comprenderla y gestionarla. Un investigador italiano nos informa que los seres humanos tenemos menos capacidad de concentración que los peces de colores. Los humanos perdemos hoy la concentración al cabo de cinco segundos -en el año 2000 eran doce- mientras que en  los peces de colores el promedio es de nueve segundos. Kant pensaba  que el trabajo intelectual disciplinado (o físico), el silencio y la soledad ocasional disminuyen  el peligro de acabar envidiando a los peces de colores. El parloteo incesante de la tele, el móvil, los ordenadores,  acompañados por los ruidos ciudadanos, familiares o sociales, es el caldo de cultivo de nuestro TDA global.  Otro científico ha demostrado que la contaminación acústica es tan dañina como la atmosférica. El ruido debilita el sistema inmune, agrava enfermedades como el Parkinson, la demencia o la esclerosis múltiple e incrementa la mortalidad por causas respiratorias, cardiovasculares y diabetes. Debemos aprender a ensimismarnos, de espaldas a las pantallas. –ALBERTO DÍAZ RUEDA

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14 marzo 2019 4 14 /03 /marzo /2019 10:56

Cuando terminaba Psicología, allá por los ochenta, en la Facultad de Barcelona,  comencé a interesarme por la llamada Psicología Profunda, deudora de Jung. Leí los libros de Abraham Maslow, que editaba Kairós, si no me equivoco (al igual que el que comento hoy, de mi admirado Alan Watts, el gurú de hippylandia) y me encantó la metáfora de la pirámide que englobaba una jerarquía muy razonable de las necesidades perentoria que el hombre ha de respetar para realizarse como persona y como individuo. Recuerdo que la seguridad era la segunda después de las necesidades básicas de supervivencia física. La seguridad era la primera necesidad que rebasaba el ámbito físico y se internaba en el psicológico. Era quizá una necesidad en la frontera de lo físico y lo psíquico. Es un hecho neurológico evidente que la sensación de inseguridad activa las hormonas y los neurotransmisores del estrés.

El estilo dialectal, sencillo, claro y irónicamente obvio de Alan Watts, nos conduce con su habilidad habitual  a través de un análisis de la era de la ansiedad en la que vivimos ( y Watts hablaba de los cincuenta del pasado siglo, imagínense si pudiera vernos por un agujerito del cielo de los filósofos: pediría que lo sellaran de nuevo a perpetuidad), naturalmente del tiempo y los cambios y desazones que causa su inevitable flujo, de la sabiduría del cuerpo y de ese paso adelante mental que supone tener conciencia del mundo que nos rodea, de las cosas y de toda una serie de reflexiones conducentes a apreciar el aquí y el ahora, a transformar nuestra vida y a ejercer en la existencia un tipo de ética constructiva, una moralidad creativa que Watts nos razona a través de las palabras de San Agustín: "Ama y haz lo que quieras", unas relaciones con otras personas lejos del utilitarismo habitual o de las motivaciones que manipulan el altruismo y la generosidad que debían guiar nuestras relaciones.

Watts lo tiene claro y así nos lo dice: la seguridad es una ilusión, una sombra, un equívoco. En un segundo nos puede cambiar la vida, parcial o totalmente. En un segundo ocurre algo que nos saca literalmente de nuestro mundo ficticio de cómodas seguridades. ¿Hay solución a ésto? Watts nos dice "relájate y goza del momento". Cuanto más te resistas más te va a doler. Eso además de una norma sanitaria, es psicológica y neurológica. Acepta la inseguridad como un elemento más de la existencia y vívela sin angustiarte,: habrá cambios, pero ¿quién dice que será para peor? ¿Quién puede asegurarlo? Cuando tienes unos añitos te acostumbras a relativizar las cosas que ocurren. Muchos eventos que parecen de entrada nefastos , a la larga muestran un rostro creativo y positivo y fueron el comienzo de algo nuevo y bueno. "Ver que no es razonable preocuparse no evita la preocupación; antes bien, uno se preocupa más al constatar que no es razonable" Por tanto, Watts y Spinoza coinciden: "Abre los  ojos, experimenta que eres parte de lo que existe, esa acción tan sencilla te transformará ya que muestra a través de la comprensión y la vida que muchos de nuestros problemas más desconcertantes son pura ilusión""El temor, el dolor, el pesar y el hastío seguirán siendo problemas si no los comprendemos, pero comprenderlos requiere una mente única y no dividida. Tu y la experiencia que vives sois la misma cosa. No estáis divididos"".

Le seguridad es el apego al pasado, ya lo sabemos. A lo conocido. Es un condicionamiento que te cierra puertas y ventanas y te estrecha la vida, cuando no te amarga. No puedes vivir apegándote al pasado, reflexiona. Las soluciones y remedios de antaño no suelen ser eficaces hogaño. En el mundo en que vivimos, nos diría Watts si aún viviera, la evolución viaja en jet y los  humanos seguimos avanzando a pie. Hemos de acostumbrarnos a lo nuevo, lo desconocido, lo inesperado que suele ser incierto por definición. Para ello hay que abrir nuevos caminos y amoldarse a los cambios (o ser arrasados por ellos). Las nuevas generaciones amarían a Watts. Ellos, ustedes, saben de qué hablo: un mundo en el que el cambio es un motor programado para buscar la excelencia. Aunque, realmente, nadie sabe adónde vamos a parar, en qué dirección nos movemos. Y como dice el chiste: ¿Habrá taxi para volver? Quizá al final de nuestro camino descubramos algo que sabíamos desde el primer paso: la sabiduría de vivir consiste en aceptar la inseguridad como algo inevitable y amoldarnos a ella.

Como dice Watts, "...sólo nos parece la vida llena de significado cuando hemos visto que carece de propósito y sólo conocemos el "misterio del universo" cuando estamos convencidos de que no sabemos nada sobre él". La distancia cronológica que separa este texto de la actualidad (unos 70 años) no afecta ni un ápice a su pertinencia a las vacilaciones y defectos sociales y personales que seguimos manteniendo hoy con una obstinación rayana en la estulticia. Y sus mensaje siguen siendo útiles y sabios: "cuando dejamos de ver que nuestra vida es cambio, nos enfrentamos a nosotros mismos... la única manera de hacer que el cambio tenga sentido consiste en sumergirse en él, moverse con él, participar en el baile".

FICHA

LA SABIDURÍA DE LA INSEGURIDAD.- Alan Watts.- Trad. Jorge Fibla. Ed. Kairós.-150 págs. ISBN 9788472452800

 

 

 

 

 

 

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12 marzo 2019 2 12 /03 /marzo /2019 10:54

Siempre necesitas a un Otro, real, imaginario, externo o introyectado, para conocerte a tí mismo. Tus análisis precisan referencias comparativas y estimativas, a veces de forma consciente y a menudo inconsciente. Y lo mismo ocurre con tus percepciones y con el motor de tus deseos o de tus rechazos. En tu vida cotidiana casi todo lo que haces tiene una motivación inconsciente de alteridad, La alteridad es inevitable y generalmente ignorada,cuando no negada de forma sistemática.

Necesitamos a un Otro para llegar a tener cierta conciencia de cómo somos y en alguna medida de qué somos. El psicoanálisis y la psicología profunda han trabajado la alteridad a veces con notable acierto y otras veces auxiliándose de la mitología. Freud nos habló, y utilizó en sus argumentos de técnica analítica, el mito ancestral del ser completo en la noche de la humanidad, un ser que unía en sí los dos sexos, dos cuerpos completos, uno de cada sexo, unidos por la espalda. Su completud perfecta les hizo soberbios y se declararon iguales a los dioses. Estos, indignados (recuerden que los dioses ancestrales, sobre todo los griegos y romanos, tenían los mismos defectos que los hombres, corregidos y aumentados, pero con muchísimo más poder) decidieron dividirlos y hacerlos dos individuos "distintos", separándolos y mezclándolos con otras mitades por todo el mundo. Es el cuento de la media naranja y su corolario, la dificultad de encontrar la "tuya".

Pero el mito, el símbolo, la metáfora y la metonimia reflejan una realidad palmaria: el Otro está siempre dentro de nuestra mente, lo formamos en cierta forma,para permitirnos ejercer el proceso incesante de vivir: son puntos de referencias que nos sirven de orientación y nos minimizan la sensación de soledad y abandono. El Otro es la otra cara de la moneda del ser. De tal manera que como en el mito, el Otro sigue formando parte del Uno que crees ser y como te representas a tí mismo y ante los demás. Y aun siendo un Otro es un Uno con el sí mismo que cada uno somos.

En nuestro psiquismo, en nuestra mente, en el inconsciente, somos capaces de sentir desde las variabilidades  del deseo sexual, hasta mantener actitudes y comportamientos que inciden en parámetros que tradicional y equivocada o simplificadoramente asignamos de forma arbitraria a uno u otro sexo (causándonos a veces rechazos que nos ha codificado la tradición o los tabúes cultuales y sociales). La mayoría de nuestros pensamientos, actos, deseos o pulsiones, siempre reflejan, si los analizas sin prejuicios, una referencia más o menos insconciente al Otro que habita en nuestro interior, tan escondido que sólo cuando llegas a un cierto grado de madurez y neutralidad lúcida logras vislumbrar la sombra de su alteridad, Su reconocimiento total por nuestra parte supondría un enorme avance en la madurez psíquica de la especie. Piénsenlo. Sólo los médicos y psicólogos que saben o intuyen esta realidad psíquica perciben la enorme cantidad de patologías y problemas psicológico-somáticos que podríamos evitar progresando hacia esa "unión" alegórica, simplemente reconociendo la  alteridad consustancial de nuestro psiquismo.-ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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10 marzo 2019 7 10 /03 /marzo /2019 08:50

Se trata de breve ensayo de Hannah Arendt , hasta ahora desconocido, al menos en versión española. La ensayista judía, discípula y amiga íntima del  filósofo de historial nazi, Heiddegger, es suficientemente conocida, por la valentía y audacia de su pensamiento y por sus opiniones controvertidas.  Arendt escribió mucho y su pensamiento político, social e histórico resultan bastante difícil de ser encuadrados en una determinada corriente, leemos textos conservadores y otros de izquierda extrema, otros conformistas y algunos revolucionarios cuando no abiertamente polémicos como el de "Eichman en Jerusalén. Un estudio sobre la banalidad del mal".

En el ámbito judío, este libro provocó contra la Arendt una radical y dura campaña de rechazo y descrédito, repitiéndose el "caso Spinoza", aunque por motivos distintos y sin que hubiera una interdicción religiosa, aunque sí social,  como tuvo que sufrir el gran filósofo del siglo XVII. La semejanza estriba en las actitudes ambos pensadores judíos, la valentía y honestidad con la que defendieron sus ideas y sobre todo la libertad de exponerlas. Los judíos no toleraron que criticara el secuestro ilegal de Eichmann en Argentina por los servicios secretos israelíes, la formación de un tribunal poco imparcial y, sobre todo, ver en Eichmann no tanto un sádico sino un pobre hombre que se limitó a obedecer órdenes. Desde Arendt, dicha idea de banalidad o frivolidad de tales individuos,  sin disminuir la responsabilidad de sus actos horribles, hace hincapié en  la estupidez malévola y rutinaria de tipos sin inteligencia moral que escudan su estulticia tras el sello de "obediencia a las órdenes recibidas".

El libro La libertad de ser libres, escrito a  finales de los 60  fue publicado póstumamente. Tiene un epílogo de Thomas Meyer y una amplia bibliografía y las traducciones al castellano de muchas de sus obras. Las cuarenta y pico páginas de este breve ensayo , estudian el concepto de revolución, las formas en que se produce históricamente y  la relación que este dramático hecho histórico tiene con un elemento básico de la humanidad: la necesidad esencial de libertad que el hombre tiene y que debe defender, creando un proceso revolucionario cuyo objetivo inexcusable es la libertad.  Las revoluciones políticas tienen su idiosincrasia propia, condiciones y características que son distintas a los cambios de paradigma de las revoluciones científicas.

Etimológicamente,  la revolución se define con una vuelta al principio, dar la vuelta sobre sí mismo como en un círculo. Lo cual no es lo indicado en las revoluciones políticas que suelen romper con lo antiguo para imponer algo nuevo. La libertad se equipara, según Isaiah Berlin, a la libertad negativa o repudio de lo anterior; y a la positiva, que hace que  la libertad influya en nuestra vida y la manera distinta de vivirla. Y ahí es donde la historia hace sus propios ensayos e interpretaciones: hay una gran diferencia entre la Revolución Francesa y la de Estados Unidos. La primera acaba con el Terror y la segunda con una cierta idea de la nueva libertad y los derechos de igualdad ciudadana (con defectos: los esclavos negros). Generadas por minorías ilustradas los que se aprovechan del vacío de poder , suelen desembocar en manipulaciones y abusos  que sin volver aparentemente a la situación anterior vcrean otras paralelas y tan destructivas como las que sustituyeron (¿recuerdan las "revoluciones" que manipularon Hitler o Stalin?). "Las revoluciones parten de cero si son tales. Y dice Arendt "Como nosotros, que somos lanzados al mundo desde la nada. Y desde ahí nos construimos con los demás. Cómo lo hagamos depende de nosotros. Es siempre una esperanza en unos seres que estamos dotados con la capacidad de recordar y actuar".

FICHA

LA LIBERTAD DE SER LIBRES.- Hannah Arendt.- Trad. Teófilo de Lozoya y Juan Rabasseda.- 87 págs.14,90 euros.- Taurus ediciones. ISBN 9788430622313

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8 marzo 2019 5 08 /03 /marzo /2019 10:57

Creo que lo leí en el brillante y camaleónico Steiner (don Jorge) y me dejó pensativo, como suele sucederme con este pensador judío octogenario. Hablaba del "miedo a la erosión" del logos, de la palabra y la razón, por su uso excesivo, banal, reiterativo y fraudulento muy a menudo (si tienen dudas, naveguen por internet, repasen los diarios o escuchen a los tertulianos y locutores de cualquier cadena de radio o televisión, por supuesto sin olvidar a la denigrante clase política). Y es que vivir hoy supone estar cubierto por un griterío permanente, un caudal que emite obsesivamente imágenes con moticvos manipulados, juicios, suposiciones, falsas "verdades", hipótesis fantasiosas sobre el hombre y el mundo...descuidando lo importante: preparar al hombre para pensar por sí mismo.

La victoria pírrica de la letra, la palabra, sobre el espíritu , se refleja en la literatura en los escritos de Karl Kraus o de Hofmmansthal ("La Carta de lord Chandos"), en tanto la derrota de la palabra y la evolución del silencio como posibilidad de comprensión y armonía, lo vemos reflejado en Wittgenstein o en "La muerte de Virgiio" de Hermann Broch (por citar cuatro autores contemporáneos en la estimulante Viena de entre guerras). Ellos analizan los límites de la palabra, su complejidad, su ambivalencia, sus fraudes y sus hallazgos, añadiendo sus efectos filosóficos y literarios. Hasta hace pocos años, entre los psicólogos sólo los cognitivos-positivistas y los psicoanalistas lacanianos comprendieron la importancia de la lingüística en el análisis de las motivaciones, actitudes y comportamientos de las personas. Ahora la situación es muy distinta. Encuadradas dentro de la lingüística, las más diversas disciplinas devuelven a la palabra su poder pero no para dejar que nos aniquile sino para llegar a controlarla a través del conocimiento. Y como conclusión cito a Steiner: "Mientras no podamos devolver a las palabras, en nuestros periódicos, en nuestras leyes y en nuestros actos políticos y personales, algún grado de exigencia de claridad y seriedad en su significado, más irá nuestra vida acercándose al caos."

Y lo complemento con la frase de Wittgenstein:  "el significado de una palabra no es sólo su uso en el lenguaje, sino lo que podemos hacer con ella en la vida".-ALBERTO DÍAZ RUEDA

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6 marzo 2019 3 06 /03 /marzo /2019 09:48

 En su capital obra "Etica", el gran filósofo Baruch Spinoza -mediados del siglo XVII- hace un par de afirmaciones, entre otras,  que le valieron su expulsión "eterna" -un "herem"- de la Comunidad judía y no sirvió de nada el paso de los siglos: ya que en 1953 David Ben Gurion propusiera inútilmente  a Spinoza como uno de los "padres" del nuevo Estado judío, ni que en 2015 una serie de personalidades judías de las ciencias y las artes pidieran al gran rabino de Ámsterdam que levantara el edicto contra Spinoza. ¿Que mensajes emitió la obra de Spinoza para que alimentaran un odio "eterno" contra él de sus hermanos de religión (más bien de etnia, Spinoza nunca fue practicante judío)? 

Aparte de su concepción de Dios, tan alejado del Dios hebraico y del cristiano, "Dios es Todo" y "Tu formas parte de Dios", un Dios cósmico que no castiga ni atiende los ruegos de los hombres, hizo observaciones tan sagaces pero comprometedoras como "El odio de las naciones  es lo más adecuado para la conservación de los judíos; eso es lo que ha demostrado la historia y la experiencia". Las persecuciones han reforzado el sentimiento identitario judío. Y en otro lugar escribe: "Dios no muestra hacia los judíos exigencia particular alguna y les pide unicamente que observen la ley natural que obliga a todos los mortales". Así que rechaza el tópico judío del "pueblo elegido por Dios" y denuncia que se usan las persecuciones con retro-utilidad identitaria: nos persiguen, luego sufrimos y ese sufrimiento justifica cualquier reacción por dura que sea: forma de victimismo justificativo de hechos atroces que no ocurre solo entre los judíos, sino entre muy distintas etnias, desde los alemanes (época nazi), a los negros  americanos, al feminismo o la homofobia extremos, o los asuntos nacionalistas de muchos países desde los bosnios y serbios a los catalanes o los vascos y en el otro lado del espectro a los ultras violentos y descerebrados que crecen al amparo de las crisis.  

Spinoza escribió una obra compleja de difícil lectura y de alcance revolucionario para la época, de tal manera que se le considera un precursor de la Ilustración y un antecedente filósofo de las democracias modernas, un psicólogo que inspiraría a Freud, Heiddeger o Wittgenstein, un pionero en la exégesis y análisis de libros sagrados como la Biblia y al tiempo un inspirador de la filología, la sociología y el estudio de la etnias, un pre psicólogo iniciático que supo promover una filosofía de vida fundamentada en la alegría y el deseo como motor de la persona, un deseo despenalizado y al tiempo controlado por una ética comprensiva y tolerante pero también clara y humanamente firme.

El libro es un hallazgo para el lector no muy informado de cuestiones filosóficas de alto nivel y un recordatorio de una claridad apabullante para los que han estudiado o trabajan en filosofía. Como prueba un botón: "Carta sobre la tolerancia" publicado en 1689 se anticipa un siglo a las ideas de Voltaire, Kant y la Ilustración y defiende ideas tan del momento -actual- como la necesidad del pacto social, la igualdad de los ciudadanos ante la ley y el derecho a la libertad de creencias (Sin duda Locke sacaría muchas de sus brillantes ideas de una lectura quizá clandestina del libro de Spinoza que ,como todos los suyos, eran objeto de persecución y ostracismo social.

A ello añadamos los aspectos éticos y psicológicos "avant la lettre" sobre el imperio de las pasiones en los individuos y en las masas, la interesada confusión doctrinaria contra los deseos, que desde Platón y los estoicos envenenaba una de las fuerzas más poderosas del ser humano...siempre que se la sepa encarrilar. La necesidad política y social de una buena educación desde la infancia para formar ciudadanos responsables que acatan las leyes por razón y no por miedo al castigo. Una enseñanza basada tanto en la adquisición de conocimientos generales como en la enseñanza de la convivencia, la tolerancia, el conocimiento de sí mismos y el desarrollo de la razón (cuántos políticos actuales deberían hacer profesión de fe de esto.

Antes que Freud, Spinoza nos hablará de las fuentes causales "no conocidas" de la mayoría de las acciones humanas y preconizará la investigación sobre la persona antes de juzgar y condenar por lo que han hecho. Cuando a Freud le preguntaron, en 1931, por qué no reconocía su deuda con Spinoza, dijo: "No hay motivo alguno para que mencionase explícitamente su nombre, ya que he construido mis hipótesis a partir del clima que él creó, más que a partir de un estudio de su obra". Como dicen en mi tierra, eso es "marear la perdiz". Y antes que Krishnamurti, Gandhi y otro iluminados, Spinoza advirtió que la única manera de cambiar el mundo en que vivimos es cambiando nosotros mismos primero. Y todos, desde el primero al último ciudadano de cualquier país. En su "Ética" Spinoza nos regala una guía de transformación interior de una sencillez y claridad apabullantes. Frederic Lenoir ha sabido entresacarla y exponerla en este libro que realmente podría "iluminar nuestra vida" si nos aplicáramos a ello. Lo único malo de este libro es que va a contagiar a los gurúes de la autoayuda y el mensaje spinoziano será banalizado, masticado y predigerido en cómodas cápsulas para uso rápido y superficial.

Téngase en cuenta que uno de los temas tratados por Spinoza es el de los afectos y las emociones (el neurocientífico Antonio Damasio tiene un libro maravilloso sobre el tema, dedicado a Spinoza de quien se confiesa admirador total). Para Spinoza "Todos los afectos son expresiones particulares del deseo, y serán una modalidad de la alegría si aumentan nuestra capacidad de obrar o de la tristeza si la disminuyen". Pero "los mecanismos que producen nuestros afectos a menudo nos resultan oscuros: no tenemos conciencia de las causas profundas que hacen que seamos celosos, amantes, odiosos, misericordiosos o desesperados. Sufrimos nuestra afectividad, cuando sería necesario afirmarla.". Para Spinoza  "el motor del cambio es el deseo", no la razón o la voluntad. Genial.

FICHA

EL MILAGRO SPINOZA. Fréderic Lenoir.- Trad. Ana Herrera.- Ed. Ariel. 166 págs.-18,90 euros. ISBN 9788434429666

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4 marzo 2019 1 04 /03 /marzo /2019 10:38

Estamos colonizados, tiranizados, embebidos, e hipnotizados por las imágenes. Y mientras crece nuestra capacidad para soportar el diluvio en colores vivos y sonido estereofónico, disminuye nuestra libertad de criterio, la capacidad de reflexionar sobre lo que vemos y nos cuentan. Móviles, tablets, televisores, ordenadores vomitando incesantemente informaciones sin contrastar, opiniones, rumores, las fake news,: van corrompiendo nuestra mente y manipulando la realidad, la falta de distancia entre el hecho y el observador nos aturde y perdemos la capacidad de pensar. Terminamos, sin percatarnos, por pensar lo contrario de lo que creemos. Imágenes y discursos nos disfrazan la realidad con los trajes de lentejuelas de los payasos del interés, el egoísmo, la mezquindad y el poder oculto. Hay que tener a la gente ensordecida por el ruido catódico. El mensaje es lo de menos, hay que mantener el “ruido” de las imágenes que nos sirve la nueva tecnología, sin tiempo para reflexionar, sin elementos en los que pensar: todo previamente masticado y edulcorado o bien picante o amargo, para que nos lo comamos a gusto aunque no se digiera fácilmente y nos estropee el sistema orgánico-psíquico.

En un mundo de progresiva y creciente corrupción, se han perdido los principios y valores que marcaban la bondad de un acto o la pertinencia de unas palabras sometidas a la ansiedad de la ganancia económica: el patrón oro  en sus múltiples formas; pero la corrupción más grave no es esa, sino como denunciaba proféticamente hace años un filósofo español nonagenario, “la corrupción de la mente” del ciudadano, una degeneración ética que empieza a afectar sin duda al cerebro “distorsionando, desorientando y dislocando a nuestras inermes neuronas”.

Nunca en toda la historia de la Humanidad el ejercicio del libre pensar corre un peligro tan grave y profundo, mientras los hilos de la trama del imperio de las neodemocracias  tecnológicas y el anonimato de un poder no nacido en las urnas, se escudan tras las sombras del “ruido” de los medios, Cauces estructurados y omnívoros de “comunicación, información y control” que emanan de nuestros artilugios personales, (que se han tornado indispensables  y tiránicos) y nos transforman en indefensos sujetos manipulables.-ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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