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24 noviembre 2018 6 24 /11 /noviembre /2018 09:48

El libro del poeta y narrador ibicenco Vicente Valero (1963) ha sido una muy agradable sorpresa. Sujeto al hilo conductor de su afición al ajedrez y su tendencia lúdica a viajar, el autor sale de su retiro personal subyugado por las sombras literarias y filosóficas de cuatro escritores esenciales en el pasado siglo y finales del XIX, Nietzsche, Rilke, Kafka y Brecht. , cuyas estelas biográficas van formando entre sí un tapiz de cruces, desencuentros, casualidades y sincronicidades, entre los que Valero introduce su propia avidez de conocimiento y re-conocimientos. Cuatro viajes a lugares distintos de la geografía europea donde las sombras fantasmales de esos hombres han coincidido en algún momento, lugar , paisaje o circunstancia histórica que se imbrica en la propia, actual, del autor que vive ese "encuentro" como una búsqueda azarosa: Walter Benjamin en la localidad danesa de Svendborg (donde Benjamin y Brecht fueron fotografiados jugando una partida de ajedrez), cercana a Elsinor, el castillo de Hamlet, el príncipe condenado a la necesidad de pensar, quizá como trasunto del propio Valero. Kafka en Munich donde hace una lectura ¿premonitoria? de "En la colonia penitenciaria" quizá despertando la cercana presencia futura de Hitler y el nazismo. El Turin de Nietzsche donde la devastadora locura le alcanzaría y donde Valero gracias al ajedrez conoce a una pareja que le llevará a otras pistas y otras vivencias relacionadas con el entramado evocador y literario de su libro. O Rilke en Berg, cerca de Zurich, donde una serrería impidió que  el poeta acabara sus "Elegías de Duino".

Hay una entrecruce de rastros, aparecen y desaparecen otros autores de la época, Zweig, Kraus, en una época en la que el mundo está cambiando y preparándose para un Holocausto no sólo judío, sino humano, social y económico de extensión y profundidad inimaginables. Todo podría quedar en un exceso intelectual y cultural, pero Valero tiene la habilidad de poner una pieza esencial -él mismo- que relativiza la rigidez erudita que amenaza estos trabajos para convertirse en un libro de viajes de una persona común y muy informada, que ironiza sobre sus propios viajes y nos lleva a pie de calle por los lugares,  con una sencillez que desarma el fetichismo que esos grandes hombres suelen suscitar.  

Las reflexiones de Valero sobre ciertos aspectos de algunos de sus admirados autores logran una altura considerable, como la referida a  Benjamín sobre las altas expectativas sobre su obra en curso que este escritor solía  crear entre amigos y conocidos para implicarles  y comprometerles  en la importancia del trabajo y la necesidad de ayudarle a terminarlo "por razones superiores", o aquella más amplia referida a la tendencia de los creadores a buscar un refugio para realizar su trabajo supremo, a "encastillarse", y los obstáculos que el artista ha debido afrontar: "Y esa lista de obstáculos que todo artista ha anotado en su cuaderno de pérdidas...nos revela que la vida ha dado sus frutos...ha hecho lo que tenía que hacer, en perjuicio de la soledad creativa y la contemplación absoluta...esa amada monomanía de los artistas que no es la vida misma en sus formas naturales sino una violencia misteriosa y un poco patética que ejercemos, sin llegar a saber la razón,  contra el flujo potente y finito de la vida".

La habilidad del autor en dar una imagen discreta y rodearse de detalles cotidianos informales que incumben al ejercicio del viajar, equilibra la balanza con la seriedad de sus indagaciones y las descripciones de los lugares y las personas. Hay una simpática madurez estilística y narrativa en Valero que hacen interesante y divertida le lectura. La espontaneidad de los viajes, ese dejarse llevar por las circunstancias o el capricho, ese amoldarse estoico pero también epicúreo a lo que acontece, aumenta la delicia del lector, que termina asociando el juego del ajedrez y sus reglas y sus movimientos a la búsqueda de sombras legendarias en los lugares reales donde estuvieron en otro tiempo, cosa que Valero nos recuerda en ocasiones repetidas con la frase: "Como afirman los grandes maestros del ajedrez, hasta dónde te puede llevar la partida siempre es un misterio".

Valero es un "viajero real que desayuna, se baña, pasea, conduce o entabla conversaciones", pero su afán confesado es hacer un recorrido con las cartas marcadas por la literatura de una convulsa y crucial época, sacudida por el arte expresionista, el dadaísmo y las vanguardias, una visión secular del mundo en la que  Dios había muerto y había dejado un hueco para que se instalaran los totalitarismos, la guerra, la crueldad absoluta y la banalidad del mal. 

FICHA

DUELO DE ALFILES.- Vicente Valero. Periférica.163 págs. ISBN 9788416291717

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21 noviembre 2018 3 21 /11 /noviembre /2018 10:35

La escritora norteamericana Edith Wharton, 1862/1937, autora de la soberbia novela "La edad de la inocencia" (llevada al cine por Scorsese en 1993), además de una mujer desdichada (las poetisas y narradoras, lamentable y curiosamente, suelen tener biografías más tristes y dramáticas que sus colegas masculinos) fue una ensayista inteligente y sutil. El fenómeno de la lectura y las clases de lectores es cuestión que no escapa a su perspicacia. Les dedica un artículo largo en la North American Review,  en el número de octubre de 1903, con el título de "The Vice of Reading". El paso del tiempo ha matizado sus opiniones, como no podía ser de otra forma (en solo este siglo ha cambiado el mundo de la lectura, la edición y los lectores, más que en el tiempo pasado desde la aparición de la imprenta) pero no las han condenado al baúl de los recuerdos. Sigue habiendo lectores aquejados del "vicio" de la lectura y entre ellos hay clases, paradojas, exageraciones y hasta patologías. Como dice la Wharton ya en el comienzo: "Ningún vicio es más difícil de erradicar que el que se considera popularmente una virtud". Y más adelante entra en harina asegurando: "Hay algo peculiarmente agresivo en la actitud virtuosa del lector que lee por sentido del deber". Y añade: "la lectura volitiva -la que busca una utilidad, un reconocimiento, una hazaña intelectual, el incienso de los que admiran la cantidad de libros supuestamente leidos  sobre la cualidad intima de la lectura-  no es lectura, al igual que le erudición no es cultura". Y añade: la lectura verdadera es una acción refleja...el lector nato lee de forma tan natural como respira...cuanta más meritoria se considera la lectura más estéril se vuelve".

Deberíamos pensar en un poco en estas desafiantes y  discutibles afirmaciones, trasladando la reflexión, por supuesto, a nuestro tiempo. No es una reflexión inútil u obsoleta. ¿Qué tipo de lecturas suele usted efectuar? ¿Tiene alguna razón de ser en el siglo XXI el sujeto que se escuda tras una nutrida biblioteca sin conocer realmente la mayor parte de los títulos que atesora? ¿Es que ser un lector "vicioso" tiene algún tipo de reconocimiento social todavía? El hábito de confundir el juicio moral con el intelectual, o la amoralidad con la inmoralidad en las lecturas  ¿no debería evitarse con distinguir entre la tendencia general de un libro -su valor técnico e imaginativo global- y sus elementos meramente episódicos? Hace cien años se condenaba el "Ulises" de Joyce o la "Lolita" de Nabokov por razones morales. Estas cosas ya no ocurren. Pero ahora la mayoría de los lectores-espectadores ha perdido la sutilidad ética y se pierden por el "otro" extremo. Ignoran donde están los límites. Han perdido los puntos de referencia, la escala de valores. Por eso es difícil encontrar una obra -de ficción-- que tenga el sabor a "clásico" que tenían algunas pocas en otras épocas. Entre otras razones porque el lector "mecánico" convive con críticos "mecánicos" y los juicios y análisis que recibe tienen tan poca sustancia como sus propias opiniones. La "doxa" (opinión) reina sobre la "episteme" (conocimiento) y ambas ignoran a la "sophia" (sabiduría).

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20 noviembre 2018 2 20 /11 /noviembre /2018 09:32

A partir del siglo XVIII surge un movimiento filosófico, social, político y humanista que barre radicalmente con el oscurantismo y el dogmatismo de raíz religiosa del pasado: es la Ilustración y sus ideales, la razón, la ciencia, el humanismo y el progreso. Hay quien considera que en el siglo XXI los ideales de la Ilustración han sido masacrados y tergiversados o manipulados por los medios de  pseudo comunicación tecnocrática y globalizada. El libro que hoy les comento y recomiendo encarecidamente: "Historia reciente de la verdad", apuesta y argumenta en ese sentido de forma convincente. El científico Steven Pinker, por el contrario hace una defensa optimista de un futuro regido de verdad por esos valores. Dejamos Pinker para otro día y analizamos el mensaje crítico, desolador y documentado de Roberto Blatt, un pensador uruguayo con formación filosófica y experto en medios de comunicación.

Como reacción a ese optimismo utópico de la Ilustración, una vez lograda la relativización de los dogmatismos religiosos, las situaciones políticas y sociales se mantenían tan lejos de los ideales ilustrados que los pensadores decidieron atenerse a la realidad objetiva común. Nacerían el utilitarismo inglés, el pragmatismo norteamericano y el racionalismo postkantiano hasta desembocar en Heidegger y el existencialismo. Triunfaba una posibilista  postura: el realismo que defendía la verdad supuestamente objetiva, profana, laica, universal y ponía en otro nivel aparte a la sagrada. De la degradación de la primera, nacería en nuestros días de los"post", la "posverdad" que es una forma "in" de llamar a una "casi mentira" circunstancial y sometida al dominio de los intereses de quienes la ostentan. Una entelequia que a través de los medios de comunicación globalizados (la Red  de redes) se convertía en la doctrina no de una élite iluminada, sino a representar la realidad de una mayoría social creciente.

La deformación y manipulación de la verdad tienen una larga historia pero a nivel estatal comenzó a ser conocida tras la Revolución rusa que dio un sesgo político  la "verdad" como instrumento del poder.En el siglo XX cualquier aficionado a la historia tiene un campo de investigación jugosamente amplio para seguirle la pista a los falsos rumores, noticias manipuladas, propaganda descaradamente errónea, desinformación en suma que hizo decir a alguien "en una guerra, la primera víctima suele ser la verdad". Ahora podríamos decir: en la supuesta "paz" del siglo XXI  la primera y más importante causa de desequilibrio y de conflicto se llama "posverdad". 

Pasen y vean, señores. Desde las elecciones norteamericanas a la absurda y ridícula fantasía nacionalista alicorta del "procés" en Cataluña, tienen la misma relación verdad-mentira, por ejemplo, que el famoso caso de Los Protocolos de los Sabios de Sión, cuyo origen es un libelo antinapoleónico de la policía secreta del zar de Rusia, que luego,sirvió de excusa para hilvanar un "complot mundial judío". Las "teorías de conspiración" son trágicamente el pan de cada día en el caos global de las redes, donde hay  "espacios" donde se niega la redondez de la tierra, el heliocentrismo, la matanza nazi de judíos o las verdades científicas más demostradas, incluida la llegada del hombre a la Luna, o las diferencias de inteligencia según el color de la piel o el sexo.

Paradójicamente,  la tecnología no ha facilitado la llegada de una democracia global  basada en información verídica y contrastada, universalmente accesible, con medios para comprobar las que evidencias existen y están al alcance de todos. Ha sido la puerta de entrada de una tendencia universal a la creación de falsedades y su inmediata difusión, a pesar de la falta de lógica o de simple sentido común de la mayoría de ellas.

Tampoco la práctica política ha salido ganando. Desde la elección de representantes a través de votaciones anónimas a los plebiscitos tipo l referéndum, "los votantes suelen expresar sus posiciones personales más extremas, subconscientes o secretas, con un regusto vengativo". Como dijo un clásico: Cuando un burro es votado por una mayoría para  el cargo de caballo de carreras, el triunfo electoral no le convierte en caballo de carreras".

Blatt advierte de que hemos entrado en un virtual libre mercado de la verdad en el que "la verdad, en lugar de ser el resultado de testimonios contrastados, se convierte en el veredicto de un referendo constante de audiencia" (resulta sugerente el párrafo que dedica a ciertas empresas que venden los "me gusta" de facebook  de manera que una determinada persona, un artista, un intelectual, un libro o una película, se puede convertir en un "fenómeno viral" por unos pocos cientos de euros).  Medios de comunicación y agencias de publicidad y promoción digital, van convirtiendo las mentiras o falsedades en verdades incontrastables según los intereses que convenga destacar. Las posibilidades de seguimiento y manipulación del individuo a través de algoritmos identificativos ya empieza a tener una literatura de denuncia aunque con poca proyección resolutiva (el caso del autor israelí Noah Yuval Harari, es un ejemplo de crítica que, de momento, solo queda en eso).

Tal vez uno de los elementos más indignantes de la crítica de Blatt sea el referente a la reciente crisis económica, una gran manipulación que sólo ha afectado a la las clases mas desfavorecidas y a la clase media, ya que a diferencia del crash del 29 , "ninguno de los cargos responsables la ha sufrido», más bien se han enriquecido aún más frente a una población que pierde el trabajo y los ahorros.  Una crisis que "nos ha conducido a  una conjunción de lo peor del capitalismo y del comunismo: se liberaliza lo que es rentable pero requiere una arriesgada inversión especulativa y, en caso de fracaso, se socializan las pérdidas».

Bien, léanlo. Pero antes, conviene recordar unas palabras de Blatt como resumen de su libro "Lo que está claro para mí es que estamos en un momento de transición y que no es un buen momento para la verdad en ninguna de sus versiones". Pero, "... ante el caos, la gente se siente desamparada y tiene la necesidad de, como mínimo, consolarse entendiendo que hay alguien que maneja todo esto. En función de las aversiones de cada cual, se le delega a un enemigo concreto la responsabilidad de todos los males del mundo... Hay muchos candidatos a ser el malo de la película, pero necesitamos un malo de la película, entre otras cosas para darle fuerza a la narrativa" que es la forma como percibimos la realidad, ya que si la percibiéramos en su totalidad no sabríamos cómo reaccionar, inundados por millones de  referencias sensoriales  al mismo tiempo. Por eso lo simplificamos todo en una narración, un conjunto de correlaciones que se generan en nuestra mente"...

FICHA

HISTORIA RECIENTE DE LA VERDAD.- Roberto Blatt.- Ed. Turner, Minor. 126 págs. 9,99 euros.- ISBN 9788417141639

 

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17 noviembre 2018 6 17 /11 /noviembre /2018 12:00

El maléfico rumor está emparentado con la "posverdad", es decir la mentira elevada a verdad por aquello de que una falsedad divulgada por cien  personas  en un día, se agota pronto, pero una divulgada y leida por miles o millones de personas  durante dos semanas, se convierte en  una verdad que no necesita pruebas (véanse los trabajos de ciertos medios de comunicación y  vividores de la política  -que no políticos, en el sentido noble y aristotélico de la palabra- en la llamada "cuestión catalana").  El soberbio Shakespeare cuya lucidez humanística parece ganar solidez con los siglos, dice esto sobre el rumor en "Enrique IV":  "...es una flauta donde soplan los recelos, las sospechas, las conjeturas, y tan sencilla y fácil de tocar para ese monstruo...de cabezas innúmeras, la multitud, eternamente discordante y bullidora, puede hacerla resonar...y las lenguas del rumor llevan consigo los dulces consuelos de las mentiras, peores que las verdaderas desgracias". Por favor, apliquemos un poco de honestidad, lucidez y sentido común al casi desconocido arte de negociar en política. No alimentemos la decadencia ética de este triste y desorientado país que va careciendo cada vez más de conciencia cívica. 

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15 noviembre 2018 4 15 /11 /noviembre /2018 09:29

Hay algunos libros en los que la relación entre  la calidad del texto y el tamaño del libro, número de páginas o volumen son inversamente proporcionales. Es el caso de este mini ensayo, "El vicio de  la lectura" que casi parece un artículo largo.  Fue escrito por la norteamericana Edith Wharton premio Pullitzer y primera mujer doctor honoris causa en Harvard, a la que conocía exclusivamente como novelista, francamente buena aunque por razones inexplicables de escaso éxito actual (vivió a caballo entre los siglos XIX y XX) a pesar de un estilo depurado, muy superior a los que hoy abundan incluso  entre los mejores del ramo y una inteligencia y agudeza que me recuerdan a la de la malograda Iris Murdoch.

La entonces atrevida hipótesis de trabajo de la Wharton (lo publicó en 1903) era que la amplia socialización educativa, la difusión de la cultura y el acceso de las masas a los libros y las bibliotecas, inmediatamente considerada como un instrumento de mejora social y laboral, por tanto económica, había fomentado la  creación y propagación de un nuevo vicio: el de la lectura. Con ese germen tan activo no tardaría en aparecer la enfermedad correspondiente y lógica epidemia: los lectores de textos-basura, los calificados como "lectores mecánicos" (porque leen "mecánicamente"). Eso provocó un enorme aumento de publicación de libros y consecuentemente un aumento brutal de la literatura basura y del lector consumidor de esos bodrios. Los cuales, debido de su ingente número se convirtió en un peligro evidente para la buena literatura. ¿Qué escritor, por bueno que sea, no prefiere publicar un libro mediocre o medio malo por cientos de miles de ejemplares que uno muy  bueno que compran algunos cientos de lectores desperdigados?

Y como con agudeza (suena a Wilde) nos recuerda la autora, "Ningún vicio es más difícil de  erradicar como aquellos que popularmente se consideran virtudes" Aunque la autora hila más fino y recuerda que los presuntos frutos que teóricamente produce la lectura en las personas, su vida y sus obras, no dependen de la lectura en sí, sino de la clase de libro y autores que lees, como tampoco depende de la cantidad sino de la calidad y aún más, no de lo grande que sea tu biblioteca personal sino del número de libros que lees realmente (seguramente la Wharton esto no llegó a conocerlo, pero recuerden ustedes aquellas editoriales que vendían colecciones enteras para la decoración "de estatus" de algunas casas de la clase media y media-alta. Cito: La providencia nos proporciona innumerables autores cuya misión obvia consiste en proteger a la literatura de los estragos de los tontos. El lector mecánico se convierte en un peligro para las letras sólo cuando osa pastar en prados que no son los que le están predestinados.

El análisis del tema se completa con marcar las diferencias notables entre el lector "mecánico" y el lector nato, la compulsividad agresiva de aquél frente a la naturalidad de éste que, en última instancia, suele establecer una suerte de "diálogo" con el autor y de ese diálogo, en el mejor de los casos, sale un enriquecimiento personal. 

El que esos lectores no natos, se pasen al "lado serio" de la literatura (generalmente por esnobismo), preocupa a la autora porque, con la osadía de la ignorancia, pueden llegar a dañarla al opinar sobre ella, dada la democratización de la opinión pública que da oídos a todo el mundo. Y con cierto elitismo escribe: "Es probable que si sólo leyeran los que saben leer, sólo producirían libros los que saben escribir". 

En estos tiempos, la obrita de Wharton queda ya en líneas generales algo obsoleta, los problemas son otros. Pero aún es apreciable la finura en el análisis de los tipos de lectores y sus motivaciones. Aunque fuese solo por eso, resulta un placer útil leerla. 

FICHA

EL VICIO DE LA LECTURA.- Editorial José J. de Olañeta. Traducción de Abel Vidal. Encuadernado en rústica con solapas, tiene 48 páginas.

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13 noviembre 2018 2 13 /11 /noviembre /2018 09:12

Encontré el libro de Alain "Sobre la felicidad" (Alianza de bolsillo) el día que cumplí 20 años, paseando por la librería del Drugstore del Paseo de Gracia. Estuve toda la noche leyéndolo y por la mañana, medio dormido, asistí en la Facultad a la clase de Filosofía del Derecho y escuché a don Enrique Luño Peña, el cátedro, citando a Lucrecio, "De rerum natura", Platón, Hobbes y Hegel, pero, de pasada, mencionó a un  filósofo francés de segunda fila, Alain, al que definió como un "maestro del sentido común" que, como todo el mundo sabe desde que lo dijo Jaime Balmes, es el menos común de los sentidos.  En aquella época no había oído hablar de la "sincronicidad" de Jung, así que me pareció una curiosa y prometedora coincidencia. Alain escribía ensayos diminutos, de una  o dos páginas sobre todo tipo de temas y era adorado por los universitarios franceses que no paraban de romperse las narices mutuamente a causa de Sartre y Camus, mientras las cosas se iban poniendo tan feas en Francia que propiciaría el estallido de mayo del 68.

Alain, pseudónimo de Emile-Auguste Chartier se llevó la peor parte del siglo XX,  murió en 1951, con 83 años., periodista, profesor, pacifista, tras una labor docente muy destacada en la que enseñó a alumnos que luego serían más conocidos que él (Raymond Aron y Simone Weil entre otros), qué es el pensar y cómo se practica, más que la historia de la filosofía y los sistemas de los grandes del pensamiento. Y les sugirió que ningún motivo más adecuado para ejercitar su pensamiento que tratar de estar satisfechos con lo que hacen, piensan y dicen y sobre todo con lo que acaece y les preocupa: si tiene solución, para qué preocuparse, piensa en encontrarla. Y si no tiene solución, para qué preocuparse, piensa en protegerte y buscar el mal menor. Para Alain los problemas tienen dos asas por donde agarrarlos, es insensato hacerlo por el asa que te hace daño. Y aconsejaba con una sonrisa de complicidad: "observad que en la vida los cambios no tienen fin. Algunas veces para mal. Eso no debe entristeceros, pues la tristeza engendra tristeza, la tensión y el rechazo agravan los males: si os quejáis del destino aniquiláis la esperanza de mejora espontánea y además acabáis con dolor de estómago o de cabeza. Hay que ser bueno y paciente con uno mismo ya que a menudo el curso de las cosas depende de la primera actitud que adoptáis."

Alain era una especie de Epicteto injertado en Epicuro y hermanado con Sócrates y Pirrón. Para mi fue un maestro y una inspiración. 

 

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12 noviembre 2018 1 12 /11 /noviembre /2018 10:31

Peter Wohlleben ha escrito un libro con un título poco afortunado es español. Tiene mucha más categoría que un simple manual de "¿Cómo caminar por los bosques sin meter la pata y pasándolo bien?" (a pesar de que hay consejos y observaciones que son bastante localistas  y suelen circunscribirse al entorno geográfico donde este guardia forestal alemán ejerce su oficio) y se trasluce en el texto un amor profundo por el medio natural y unos conocimientos igualmente profundos sobre los árboles, los riachuelos, el monte, ese mundo  esencial al que deberíamos volver con la suficiente periodicidad como para curarnos de los abundantes males que nuestra civilización tecnocrática  nos inocula en nuestros organismos. 

En los bosques prevalece una vida compleja y variada de la que apenas tenemos noticia por mucho que acostumbremos a pasearnos por ellos. Desde que existe una suerte de "comunicación" entre los árboles, de señales que convenientemente interpretadas nos hablan de las carencias y  necesidades de árboles en concreto, de pruebas evidentes de que los árboles se ayudan entre  sí en caso de necesidad. Todo ello fue objeto del primer libro (La vida secreta de los árboles) de este biólogo que hizo renacer esa técnica, ahora de moda nuevamente, de aumentar y apreciar las virtudes "curativas" que la cercanía y convivencia con los árboles ofrece  a los seres humano. En "El bosque. Instrucciones de uso", Peter nos acompaña a un virtual pasea por los bosques y nos susurra todos esos secretos detalles que nos enriquecen y dan un sentido profundamente holístico, muy gratificante, a nuestras relaciones con el medio ambiente natural. Desde principios básicos de orientación "natural" (que suelen ser bastante conocidos por montañeros y senderistas) hasta distinguir tipos y clases de árboles, arbustos, matorrales, flores y animales habituales en los  bosques europeos (a través de las huellas y residuos que van dejando) buscar las madrigueras y saber  las horas más convenientes o la manera de colocarnos para no alarmarlos y poder disfrutar de su estimulante presencia.

El lector acaba contagiándose del espíritu naturalista de Peter y va recibiendo información variada y bastante original de las distintas especies de árboles (por ejemplo el futuro problemático de fresnos y olmos debido al fenómeno humano de la globalización: un hongo procedente de Asia está arruinando colonias enteras de fresnos y olmos en Europa).. También nos aconseja cómo vestir y calzar según la época del año en que estemos (incluso nos habla de cómo llevar a pasear a los niños por el bosque. Unos párrafos curiosos son los que dedica a una especie de "chicle" de resina que producen ciertas coníferas).

Sorprende la problemática de la tala de bosques, de la industria maderera o de la venta al por menor de leña y los trucos y estafas mas o menos legales que se cometen en el peso y  en la calidad de la madera (que debe esperar dos años después de cortada para que sea apta para la chimenea).

En fin, un libro que nos da una información que enriquece sin duda el placer valioso que uno recibe al pasear por los bosques.

FICHA

EL BOSQUE, INSTRUCCIONES DE USO.- Peter Wohlleben. Trad. Sergio Pawlowsky.- Ed Obelisco.-201 págs. 12 EUROS.-ISBN 97884911138336

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10 noviembre 2018 6 10 /11 /noviembre /2018 08:05

Michel Onfray habla en "La escultura de sí" de ciertos principios de comportamiento que ya analizaban Diógenes, Epicuro, Marco Aurelio, Pirrón o Epicteto. Prescindiendo de los elementos desgranados por este combativo filósofo francés, quiero centrarme en una reflexión sobre un "territorio ético totalmente al margen de la supuestas virtudes cristianas de la renuncia y el sacrificio" que en ese texto se hace referido al sujeto pensante.  Yo quiero adentrarme en el reflejo especular del "otro". Un otro que hace suyos los principios y prácticas autoaplicadas para esa "escultura de sí" pero las enfoca, de una forma altruista y desinteresada en otra persona. Es decir aquellas personas  escasas -aunque seguramente todos habremos conocido una o dos en el curso de nuestra vida- que dedican una gran parte de su energía personal en cuidar a otras personas, cercanas o no  a ellas mismas. Cuidar en el sentido amplio de "cura" de cuerpo y alma. Y no hablo de cuidadores por "obligación", ya sean a sueldo -alguno también hay de esa clase especial- ni  de los que se sienten constreñidos por razones legales, profesionales, de parentesco, de religión (obsérvese que no hablo de ética), de costumbre, de herencia familiar, de patología compensatoria, sino de personas que hacen ofrenda de sus cuidados, ocasionales o continuos, sin esperar recompensa, agradecimiento ni reconocimiento  alguno. Son personas de gran energía interior que la encauzan hacia una vía altruista y generosa. He comprobado empíricamente que toda esa energía empleada les alimenta a ellos mismos, más tarde o más temprano, en forma de  una gratificación raramente visible y no mensurable. Un observador paciente y atento -si tiene la fortuna de asistir al trabajo de uno de esos cuidadores durante el tiempo suficiente (a veces es la esposa o marido de alguien, una hermana/o, una vecina/o o una amiga/o, incluso un simple conocido/a ocasional) comprueba cómo esa persona  de la que "emana" esa facultad de saber cuidar a otro, va acumulando en sí misma --como si los recibiera "en reciprocidad"-- los efectos salutíferos y psicosomáticos  del ejercicio de la "vida buena" de la que hablaban los filósofos antiguos citados: equilibrio psicológico, bienestar, sensación de alegría, vigor y energía. He estado buscando las razones científicas que podrían "demostrar" esa interacción entre la acción gratuita y bondadosa y los beneficios personales que recibe el sujeto de la acción, sin buscarlos, ni desearlos. La única condición "sine qua non" para que ese "trasvase" se produzca es que sea un acción espontáneamente generosa y altruista. Ya he renunciado a esa indagación escéptica de las posibles causas del fenómeno. Acepto lo que he visto como admito aquellos fenómenos de la física cuántica que hasta hace poco tiempo eran considerados terreno de la magia, la fantaciencia o la espiritualidad.

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8 noviembre 2018 4 08 /11 /noviembre /2018 12:34

No es un poeta, ni un profeta;no es un científico ni un narrador de ciencia ficción. Es una naturalista activo, es decir un hijo de los bosques, las montañas y los lagos. Es un caminante incansable, un observador atento y un pensador clarividente. Se llama John Burroughs (EE.UU. (1837-1921),  y los párrafos que hoy les ofrezco como reflexión fueron escritos poco después de la I GM, en un breve periodo de ensueño y utopía, en el que su voz sonaba demasiado alarmante. 

"...uno no puede sino imaginarse la Tierra en el curso de unos pocos siglos más (sic) como una naranja exprimida. Nuestra civilización es tremendamente costosa en relación con todos sus recursos naturales; cien años de vida moderna agotan sus reservas más que un milenio de vida en la antigüedad. El carbón y el petróleo estarán prácticamente consumidos en breve; toda la riqueza mineral, gravemente mermada; la fertilidad del suelo habrá sido arrastrada al mar por el drenaje de las ciudades; los animales salvajes estarán casi extintos; los grandes bosques primitivos desaparecidos...¡qué cerca de la quiebra estará el planeta".

El autor cree en los ciclos de creación, destrucción y recreación. Por tanto no parecía excesivamente alarmado por su propio vaticinio. Pero hay una "pequeña" diferencia: nadie de su época se esperaba la eclosión de un ritmo de cambio técnico y su correspondiente sesgo destructivo tan brutalmente rápido, intenso y global. Pensemos que ya estamos muy cerca de vivir en esa "naranja exprimida" que nos vaticinó hace cien años. Por cierto habrá que renovar el "contenido" filosófico del verbo "vivir" y comenzar a acuñar el de "sobrevivir".

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6 noviembre 2018 2 06 /11 /noviembre /2018 08:57

Leer al sinólogo francés François Jullien es una aventura intelectual dinamizadora. Su "Filosofía del vivir" ha sido en muchos  momentos no sólo un placer sino un desafío. Un poco menos oscuro que Giorgio Colli y un poco menos claro y diáfano que Pierre Hadot, por citar a  dos filósofos que coinciden en el amor. el respeto y la erudición en la filosofía clásica, Jullien presenta la interesante característica supletoria de su formación profunda en la filosofía china, sus conceptos y sus principios, desde el taoísmo al confucianismo pasando por Mencio y los budistas.

Vivir en el presente, en el "entre" que se origina entre dos sucesos consecutivos, negándonos a evitar la demora precisa para que el pensamiento compulse la situación y la elección de lo más correcto para uno (o simplemente asentarse en la epoché, la suspensión de juicio de los escépticos y dejar que la situación pase por sí misma) habitando ese espacio que se origina entre la vida y el pensamiento, ya que "todo comienza en el presente y en él termina", ese hacerse cargo de la presencia propia, forma parte del mensaje que encierra el libro de Jullien, en el que no se toma partido, se detiene uno o se da un paso atrás y luego contempla lo que ocurre. 

Jullien nos lleva por un recorrido en el que se opera una curiosa implicación  entre la filosofía griega y la sabiduría china sin desdeñar referencias a Nietzsche o Heidegger, Hegel y Husserl, hasta Proust (con el que comienza y acaba el libro), Agustin de Hipona o Montaigne como un caso especial de filósofo-puente entre las dos maneras de enfocar el pensamiento y la vida o más exactamente de reivindicar un arte de vivir basado en la filosofía.

Y es que la vida lo es todo, es el principio y el final del ser, en un rechazo total , al estilo de Nietzsche,  de la tendencia clásica a objetivar la vida a favor del pensamiento, superando también a Hegel con su "pensar la pura vida "pero subordinándola  a un Saber absoluto.  Jullien insiste en la superación de los opuestos a través de un saber vivir en el "entre", en una dialéctica donde los términos dialogan con sus opuestos, una oscilación que ya apuntaba en su obra "El sabio no tiene ideas", una postura ecléctica y serena que surge del pensamiento chino clásico. Y como dicen los maestros taoístas cuando uno de ve obligado por la circunstancia a elegir entre dos opciones, lo hace pero deja el espacio a la otra, tiene en cuenta su presencia, es dúctil, sensible, se acomoda, fluye, sin decantarse totalmente por y en nada. No hay completud monolítica y rígida, sino una incompletud dinámica y fluyente como lo es la existencia.

Y cito: "para  que el presente eclosione  hay que permitir a esa presencia tener lugar, dejar que se produzca un despertar...de hecho el presente será esa decisión, en virtud de la cual no desvío nada, no aplazo, sino que acepto esa abertura que se ha producido, y me atengo al carácter singular del momento, sin que ello suponga nada misterioso, mágico o trascendente".  Uno accede al presente y " permite la embriaguez del instante". Ya que el presente solo existe si asumimos lo que ocurre o, en el lado contrario, permitir la demora, dejar madurar las cosas, desarrollarse un proceso cuyo control que está fuera de nuestro alcance  y al tiempo, sin dejar de estar presente, inmerso en el continuum de la vida , un  movimiento fluctuante sin una finalidad determinada.

Una manera de vivir que busca la realización del sí mismo pero con una explícita renuncia a finalidades concretas, objetivos de conocimiento, que son espejismos del ego. Aunque el conocimiento deja de ser un fin en sí mismo y se enroca en una connivencia con el saber vital "tácito, no demasiado reflexivo ni explicable", una forma de saber armónica con el vivir, holística, la "cara oculta del conocimiento objetivo y digitalizado". 

FILOSOFÍA DEL VIVIR.-François Jullien.-Trad Elisenda Julibert.- ED. Octaedro. 188 páginas.-18 euros. ISBN 9788499212449

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