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24 julio 2018 2 24 /07 /julio /2018 08:24

El escritor H.P. Lovecraft tiene inesperadas y poco conocidas (excepto para los fanáticos) redes de admiradores. Es un escritor de culto en el universo underground y entre los aficionados al terror y el misterio llamados "góticos". Y también, claro está, entre los devoradores de cómics y novelas gráficas de terror. Es de ese tipo de escritores que logran crear un mundo propio, como Poe, Carroll o Dickens (aunque, a mi parecer, Lovecraft se encuentra a otro nivel como comparable con esos genios literarios).

La editorial Alma (de la que ya reseñamos Tom Sawyer y los relatos de Poe), ha editado con gusto y esmero este clásico norteamericano, cercano a Poe aunque a considerable distancia cualitativa menor, con unas ilustraciones muy "ad hoc", aunque de nuevo echamos de menos unas páginas de comentario que sitúen al autor en su contexto histórico, social y en la historia de la literatura. Siguiendo la escuela de Poe (que murió 40 años antes de que naciera nuestro autor) su estilo es de una sencillez, lógica y coherencia que tienen el efecto paradójico de  aumentar la sensación de horror ante lo que relata. Es un maestro del terror más en la estela de "Otra vuelta de tuerca" de Henry James. Además crea la mitología propia de los relatos de una oscura deidad, Cthulhu donde auna un tipo de horror cósmico esotérico con elementos de ciencia ficción.

Se puede asegurar que el lector que entre en el mundo de Cthulhu no lo abandonará jamás, formará parte de ese, delicioso en el fondo, imaginario del terror donde figuran Drácula, el Hombre Lobo, Frankenstein y otras criaturas de la noche.

LA LLAMADA DE CTHULHU y EL SER EN EL UMBRAL.- H.P. Lovecraft.- Trda. José Álvaro Garrido.- Ilustr. John Coulhart.-92 págs. Alma editorial. ISBN 9788415618683

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19 julio 2018 4 19 /07 /julio /2018 08:30

La editorial Cátedra publicó este libro en 1984 en su colección Teorema. Llevo años con él y me ha proporcionado horas de intenso placer indagatorio y especulativo. De hecho ha entrenado mi mente en los placeres de la lógica y lo ha hecho jugando con personajes de un libro adorado por mí, "Alicia en el País de las Maravillas" de Lewis Carroll, un supuesto "libro para niños" que Disney banalizó hasta extremos inauditos y que hay que leer al menos diez veces en la vida para disfrutar cada  vez más con él.

Como dice el genial matemático  Martin Gardner (que murió en 2010 a los 95 años) que ya había editado el libro de Alicia con anotaciones lógico matemáticas, autor de la introducción al libro de Smullyan, (que falleció a los 97 años en febrero del pasado año) este tipo plurivalente "es un conglomerado único de personalidades: filósofo, lógico, matemático, músico, mago, humorista, escritor y creador de maravillosos acertijos parodiando obras de la literatura popular". Y añade: "todo este libro está plagado de juegos de palabras carrollianos, problemas lógicos y metalógicos y oscuras paradojas filosóficas". Y advierte "nadie puede leer este libro...sin plantearse aún más el misterio del ser, de dificultad de distinguir lo verdadero de lo falso o lo irreal de lo real".

Smullyan, llamado el "Gandalf de las matemáticas", publicó más de treinta libros entre acertijos, obras técnicas, libros de ajedrez, de los cuales hay trece traducidos al castellano. El que les comento todavía se encuentra en librerías de segunda mano y el amigo Serret os lo encuentra seguro. No os lo perdáis. No es un libro para leer de seguido (sería imposible para una persona de conocimientos básicos en lógica) pero garantizo momentos de deslumbrado estupor y diversión sana (es como tomar vitaminas para el cerebro).

Los problemas que plantea, basados en "Alicia" y sus personajes, merecen dedicarles nuestra atención y sagacidad. Como muestra un botón. A priori, partimos de la base de que los locos mienten siempre y los cuerdos dicen la verdad:
-"Fíjate -dijo la Duquesa- en la Oruga y Bill, el Lagarto. La Oruga cree que los dos están locos".-¿Cuál de ellos está realmente loco?- preguntó Alicia.-...Te he dado suficiente información para que deduzcas la respuesta- contestó la Duquesa.

¿Cuál es la verdad? ¿Están ambos locos? Si la Oruga fuera cuerda, sería falso que ella y el Lagarto están locos. Por consiguiente la Oruga debe estar loca. Como está loca su creencia es equivocada, así que no es verdad que ambos estén locos. De modo que el Lagarto debe ser cuerdo y la Oruga está loca. ¿Fácil deducción? No se confíen. Tengo un amigo matemático al que le costó meses descifrar algunos de estos acertijos. Y todos tienen explicación lógica.

Busquen el libro y diviértanse. Alimento para el cerebro. Un consejo, enfréntense a las adivinanzas con una libreta y un lápiz en las manos.

FICHA

ALICIA EN EL PAÍS DE LAS ADIVINANZAS.- Raymond Smullyan.- Ed. Cátedra. Trad. Montserrat Millán.-207 págs.

 

 

 

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17 julio 2018 2 17 /07 /julio /2018 08:22

Leer la introducción de Jordi Ibáñez a este libro da una idea aproximada, aunque sorprendente, del estado complejo y trabajoso de la recopilación de los escritos salvados del gran pensador alemán, que se suicidó en Port Bou durante la segunda guerra mundial debido a un cúmulo desdichado de malentendidos y graves temores de Benjamín (que temía como tantos otros intelectuales judíos de la época caer en manos de la Gestapo: recuerden el caso también  lamentable de Stefan Zweig que hemos comentado en estas pàginas  en varias ocasiones). Ibáñez Fanés es uno de los prologuistas escogidos, el profesor de la Pompeu Fabra ha escrito un texto para acompañar las traducciones (“revisadas y anotadas”) hechas entre 1971 y 1975 por Jesús Aguirre (histórico director editorial de Taurus) y por Roberto Blatt en 1991.

En todo caso y salvando el aparente caos de los textos recopilados cabe esperar según los estudiosos de la obra de Benjamín que la presente antología (primera que se publica en nuestro país) recoja los textos fundamentales que fueron saliendo a través de los años en cuatro volúmenes de "Iluminaciones" y un par de los "Discursos interrumpidos". El libro que Taurus nos ofrece tiene el interés enorme de dar a conocer a uno de los críticos culturales "más originales e indispensables del siglo XX". Quizá uno de los pensadores más urbanitas que han existido, con su fascinanción por las grandes ciudades (especialmente Paris) y el papel del artista que se se convierte en un "flaneur" (paseante sin puntos de llegada) como Baudelaire y alimenta su creatividad con la fugaz y continuamente cambiante ciudad, en una dialéctica marxista donde las calles, los pasajes, la arquitectura entren en relación con la revolución humana que levanta adoquines o construye barricadas.

Conocer las reflexiones que el inteligente y minucioso pensador -un experto bobliófilo, especializado en libros infantiles-  realiza sobre figuras como Charles Baudelaire, Marcel Proust, Franz Kafka o Bertold Brecht y sus respectivas obras, es un alimento intelectual de primer orden, sin duda. A Baudelaire le interpreta en clave política y lo considera como "el poeta destructor de la banalidad de la vida moderna capitalista". Sorprende en el desarrollo del pensamiento crítico de Benjamín las páginas lúcidas que dedica a la traducción como forma y estilo literario. Y dentro de su adscripción al momento técnicamente revolucionario que ya anunciaba sus adelantos, la hipótesis crítica que vincula las facilidades de reproducción de las obras de arte con la esencia de su valor como tal  y el cambio que supone frante al observador el hecho de la fácil adquisibilidad de una copia técnicamente perfecta. Para ello, Benjamín, nos habla de una acuarela, "Angelus novus" (comprada por el pensador en 1920) como símbolo emblemático de su manera de percibir el arte como algo irrepetible.Para Benjamin el arte es contemplado desde una perspectiva materialista pero también espiritual y trascendente: el arte en como una lanzadera simbólica que sirve de puente con el pasado. Pero ese símbolo está en transición en el siglo XX ya que  la reproductibilidad técnica ocupa un lugar propio de los procedimientos artísticos y a consecuencia de ello se está transformando la percepción estética y amentado exponencialmente el poder de la imagen en sí. Frente a esto (la fotografía) hay algo que se mantiene irreductible, el aura de la obra de arte que procede del pasado y la tradición. Y ese aura produce la  fascinación del observador y justifica el valor único de la obra. 

El estilo de Benjamín, complejo, lleno de vueltas y revueltas persiguiendo la claridad de la idea expuesta, en unos textos de exigente lucidez, es lo que suele reivindicar el carácter sagrado del lenguaje- es un desafío para cualquier traductor. Como Wittgenstein es aficionado a un estilo cuajado de citas (ver su "Libro de los Pasajes") creando una especie de mosaico de textos. Un escritor tan pulcro y puntilloso como Coetzee escribió al respecto: "Su método característico, ­entrar en un tema en ángulo, avanzar paso a paso de una recapitulación perfectamente lograda a la siguiente­ es tan instantáneamente reconocible como inimitable, ya que requiere un agudo intelecto, un aprendizaje ligeramente gastado, y un estilo de prosa que, una vez que dejó de pensar en sí mismo como el doctor Benjamin, se convirtió en una maravilla de precisión y concisión." Absolutamente de acuerdo incluso en la indirecta a la pedantería intelectual de Benjamín que proclama en 1934, en plena persecución nazi de los artistas no afectos a Hitler que los artistas son "los nuevos rebeldes de la historia" y se se autoproclama portavoz de la "vanguardia artística más radical", ya que "el siglo XX y la guerra ha borrado la capacidad de narrar, se presciende del pasado y se alimenta una nueva forma de barbarie".

En ese contexto aún es posible la "iluminación". No es un término espiritual o religioso para Benjamín. La iluminación la crea la imagen tratada y analizada -aunque sin dejar de rechazar la reproducción en serie de la imagen como unempobrecimiento estético y una perdida de valor cultural- cuyos elementos no reductibles producen en la sesibilidad del artista una especie de revelación que apunta hacia la reconversión del tiempo histórico (en el que Benjamín insiste en el papel de la memoria y el olvido y en la manipulación de la historia por parte de los vencedores y el olvido por los vencidos).

FICHA

ILUMINACIONES.- Walter Benjamin.- Traducción: Roberto Blatt y Jesús Aguirre.- Ed. Taurus.-Clásicos Radicales.- 480 páginas, 19,90 euros.ISBN 978-84-306-1938-2

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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14 julio 2018 6 14 /07 /julio /2018 07:14

Me llamó la atención el título del libro. El doctor Portuondo, médico psiquiatra y psicoanalista cubano en el exilio español (pertenecía a la clase  económica e intelectual que no gustaba al régimen cubano de Castro) dirigía el "Instituto Internacional de Psicología", en un amplio piso de la calle Mandri o alguna paralela a ésta. A principios de los noventa yo estudiaba en la mortecina, cognitivo-conductista y nada innovadora Facultad de Piscología de Barcelona y buscaba algo de heterodoxia psicoanalítica que completara mis estudios. Me llegó alguna noticia sobre Portuondo, un tipo estrafalario, estridente y teatral que supuraba psicoanálisis por los cuatro costados y además un experto en el test de Rorschach, con casi treinta obras de Rorschach psicoanalítico y el llamado "psicoanálisis directo" que se realizaba a psicóticos (un auténtico disparate clínico defendido a capa y espada por Portuondo y su mentor, el norteamericano Rosen) para el que era preciso ser un judoka experto o un cruce entre karateka y bulldog. o un buen boxeador como Portuondo).

Bromas aparte, Portuondo era un psicoanalista rudo y directo, intuitivo, socarrón, histriónico y fascinante. O al menos, lo era como profesor. Sus frases lapidarias, provocativas y burlonas eran la comidilla de cuantos hacíamos sus cursos. Yo hice los cuatro, con tesina final y un "doctorado" de nulo valor oficial. Mis compañeros de Facultad de admiraban y de desternillaban, a partes iguales, cuando les contaba las divertidas clases de Portuondo. De hecho propuse en la Facultad que le llamaran para dar una clase magistral a los alumnos del último curso (que habíamos estudiado una descafeinada  y aséptica asignatura sobre el Psicoanálisis y sus diferentes tendencias) cosa que me fue radicalmente negada.

Y ahora hablemos de esta "novela" con "derivas ficticias" como dice el autor, Carlo Padial, que se ha atrevido a poner al doctor como título con el subtítulo genérico de "Mis días de psicoanálisis con un sabio desquiciado". Más bien debería haber sido, "Mis días desquiciados con un sabio y patético psicoanalista". Padial se pasó cinco años de terapia con Portuondo, viaje alucinante que narra en el libro y que acabó  con la muerte del doctor. en el 2005.

Creo que esta "novela" le hace un flaco favor a la memoria del doctor Portuondo, aunque no se le puede negar a Padial que ha reflejado bastante fielmente los decires, gestos e idiosincrasia externa del doctor cubano, un ser absolutamente amargado por la añoranza de su tierra y la nostalgia de un pasado que no volvería jamás. El bastante noble patetismo de esa figura fagocitada por los desastres de la política cubana y la no menos desastrosa economía personal, queda difuminado por el indudable patetismo personal y psicológico de Padial (o al menos la versión que él nos facilita). La sorprendente sopa de letras que se nos ofrece tiene la facultad hipnótica de provocar alguna sonrisa, dos o tres carcajadas y un general estado de "Dios mio, este chico está muy mal". Ese (reconocible) floreo verbal escatológico de Portuondo (con el que adornaba sus clases provocando estupor y jolgorio a partes iguales) solía ajustarse al diagnóstico psicoanalítico de la persona al que se lo dirigía con una exactitud asombrosa aunque hilarante. Por ejemplo, en la primera mitad del libro le espeta a Padial: "Aprende a no comer mierda. Con eso tendrías mucho ganado. Dejarías de ser un enano comemierda"

El autor nos ofrece una imagen a lo Woody Allen, pero un Woody bastante cutre, mucho más desquiciado y de un patetismo casposo que sobresalta un poco. Pero, al mismo tiempo, bastante divertido, surrealista y chocante. Las "confesiones" personales de Padial oscilan entre lo humorístico y lo francamente penoso. Si en estas páginas se refleja la cosmovisión del autor en aquellos años de diván, solo cabe desearle que las cosas se hayan equilibrado un poco. Al menos el libro parece haber llegado a una segunda edición. Me queda la sospecha de la intencionalidad de Padial, no sobre la figura de Portuonodo, que no es analizado "hacia dentro" sino expuesta a través de sus palabras, sus lingotazos de whisky y sus arranques. Me refiero a si nuestro autor no ha querido en realidad realizar una parodia de los libros de autoayuda o las pseudoterapias  espiritualistas.

Quizá lo más auténtico del libro sean las ultimas entrevistas de Padial con un Portuondo ya muy enfermo que sabe que se está muriendo y vive en clave de nostalgia sus últimos días, pero la deriva del narrador hacia su propio infierno acaba desnutriendo esas páginas. En alguna parte he leído que Padial dice:  "Al final, yo soy el centro de la broma, por muy crítico y sarcástico que sea. Odio al cómico que se posiciona fuera. Me ha costado horrores incorporarlo. Ahora soy un detective privado de mí mismo. Las cosas que me angustian son el material con el que hago las cosas. Cosas horribles pero que, al final, te hacen crecer. Portuondo me ayudó mucho a llevar eso en la dirección correcta, reforzó mi Yo para enfrentarme a ello, pese a que sigo siendo un neurótico terrible".

Y sólo quedan aquella frases lapidarias: "¡Cuando la bestia ruge, la razón tiembla!", "Yo te miraré con tus ojos, y tú me mirarás con los míos." "Atrévete a vivir, cabrón, atrévete a pensar por ti mismo" "El mundo entero está en esta mano. Ciérrala. No tengas miedo, pendejo, se te escapará igual". "Hay que aprender a vivir con el desatino. Es la sal de la vida"."Los que crean la revolución no son los hombres, son los hijos de una madre insatisfecha" "La mujer es más inteligente que el hombre a nivel biológico e instintivo. Sin comprometerse además!" "Me dices, mi hijo no me come. Es que no te traga, mujer, por eso te rechaza" "Nunca hagas terapia sin cobrar. Ellos deben pagar y tu aprender de ellos"

Descansa en paz, viejo profesor Portuondo. Animo Padial, ha sido un buen intento.

FICHA

DOCTOR PORTUONDO.- Carlo Padial.-269 págs. Blackiebooks.- ISBN 9788417059439

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12 julio 2018 4 12 /07 /julio /2018 07:07

Cerca de la mística montañera, aunque tocada con la varita de la realidad más áspera y dura, está "Toda una vida" de Robert Setthaler en la que se nos narra la existencia azarosa e intensa de Andreas Egger, un chiquillo de cuatro años abandonado por su madre y recogido por su brutal tío en una aldea perdida de los Alpes a principios del pasado siglo. El progreso llega a las montañas con sus ambivalentes cambios y el niño se hace hombre a base de rudo estoicismo, fuerza física y capacidad de sacrificio y de trabajo. Pero hay algo que no cambia pese a ese progreso (simbolizado por la construcción de teleféricos para deportistas en los valles y la violación técnica y humana de la montañas vírgenes): su relación casi simbiótica con los montes.. Allí Andreas encuentra el amor y allí lo pierde tras un alud (descrito de una forma excelente ,pág.64) y se va convirtiendo en un anciano fuerte y solitario que se arroba con las puestas de sol y la estoica maravilla de la leche recién ordeñada y los productos de la tierra. Novela de una belleza desgarradora que se afirma en los sentimientos y los defectos humanos con una serena comprensión. Como muestra vean el  sereno balance que Andreas hace  de su vida: "Que él supiera no cargaba con ninguna culpa digna de mención y nunca había caído en las tentaciones del mundo: las borracheras, la prostitución o la gula. Había construido una casa, había dormido en infinidad de camas, establos, rampas de carga y unas cuantas noches incluso en una caja de madera. Había amado. Y se había hecho una idea de hasta dónde podía llevar el amor...nunca se había visto en el apuro de creer en Dios y la muerte no le daba miedo...podía mirar atrás sin lamentos, con una media sonrisa y un gran asombro" (pág.133).

La humildad de las vivencias de Andreas no lo hacen menos interesante sino más entrañable humanamente hablando. El personaje, en su cerrazón y elementalidad aparente, se nos escapa. No hay un dibujo psicológico del personaje sino un relato de sus obras y motivaciones. El lector puede quedar satisfecho pues un hombre es lo que reflejan sus acciones y actitudes, en definitiva.  Del calado popular del libro da fe ese millón larga de copias vendidas y el hecho de haber sido traducido a todos los idiomas importantes. Quizá la moraleja principal del libro, el gancho perfecto que fascina al lector sea la irrelevancia plena de vitalidad y de amor a la naturaleza que se desprende de sus páginas con total sinceridad y con ramalazos de bellísima, concisa y ascética naturalidad lírica y filosófica.

Recomendable, casi, como libro terapéutico contra el agobio del urbanita desasosegado que se hacina en las mastodónticas ciudades y en un sistema de vida enloquecido.

FICHA

TODA UNA VIDA.- Robert Seethaler.-Trad. Ana Guelbenzu.-Ed. Salamandra.139 págs. ISBN 9788498388152

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10 julio 2018 2 10 /07 /julio /2018 07:01

Una acomodada familia judía de artistas e intelectuales (con dos hijas pequeñas), el dramaturgo alemán Carl Zuckmayer (autor entre muchas otras obras célebres en su tiempo del guión cinematográfico de "El ángel azul", protagonizado por Marlene Dietrich) y la actriz austriaca Alice Herdan (fallecida a los noventa años en 1991), se ven obligados a expatriarse de Alemania con llegada de los nazis al poder. Dejan atrás una posición desahogada y un círculo de amigos tales como Bertolt Brecht, Alma Mahler o Stefan Zweig. Ni Austria ni Suiza les dan suficientes garantías de supervivencia y dan el salto del Atlántico y el salto a una vida enteramente distinta. Se van a una granja montañesa en el estado de Vermont (Estados Unidos), situada en un paraje de las Green Mountains, donde la nieve los aislaba durante seis meses al año.

Más que un relato novelesco y de aventuras de supervivencia en la Naturaleza, este libro es un testimonio, sin pretensiones literarias, pero auténtico y emocionante, que nos narra la vida de dos artistas e intelectuales que pasan del bullicio y el resplandor de los cabarets y los cenáculos literarios berlineses a ganarse, en el sentido más real de la palabra,  la vida criando patos, gansos, cabras, cerdos y gallinas, arando el campo y cuidando el huerto y vendiendo o trocando  a sus vecinos los productos naturales. En un libro de metanoia (transformación interior) de dos personas llenas de valor, fortaleza, inventiva y sentido profundo de la ética de la vida y el trabajo. Para mayor goce del lector, la autora es un ejemplo de sentido común, humor, sentido del sacrificio, humildad y ausencia total de rencor o autocompasión.

Entre párrafos de amor a la naturaleza, las montañas, el trabajo exigente, el contacto con los animales, surge de vez en cuando la referencia a los apuros, los obstáculos, los errores cometidos en la gestión de sus vidas en ese entorno absolutamente nuevo para ambos. Y ahí es donde surge la entereza y la saludable solidez de espíritu y carácter de Alice y su humor estoico sin dejarse tentar por la fácil nostalgia o la amargura y el odio hacia los que provocaron el dramático cambio.

Como escribe Alice : “La granja es a la vez un refugio literal y un refugio metafórico, donde la locura y la brutalidad de un mundo trastornado no pueden tocarnos, porque estamos lejos de todo, dependemos de nosotros mismos y estamos profundamente comprometidos con nuestras responsabilidades. Nuestro trabajo es nuestro tesoro, el paisaje es nuestro hogar”. Y su marido comienza el libro con un poema dedicado a la granja: "El altos prados, pero de bosques rodeada/ te mantienes firme a pesar del viento y la lluvia/ como si estuvieras encadenada al cielo./Me diste en América, un hogar./ Con manos laceradas aprendí a cuidarte/tu chimenea cargué con leña vieja/Y mientras la luna crecía y menguaba/ viví en paz con los animales, la primavera y el árbol..."

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7 julio 2018 6 07 /07 /julio /2018 08:12

En "La alta ruta", el suizo Maurice Chappaz (Lausana 1916, fallecido en 2009), nos habla de una ruta alpina mítica, la que conecta Chamonix con Zermatt, una durísima prueba que circula por glaciares y cumbres inhóspitas: es una narración deportiva muy personal y al mismo tiempo descriptiva (y a veces lírica) en cuanto a la interrelación del hombre con un entorno montañero bellísimo y hostil. Redactada en un estilo de frases cortas, algo surrealistas entreverado con largas descripciones del lugar o del propio narrador y sus sensaciones (el subjetivismo narrativo de Chappaz es, en algún momento, abrumador).

Son experiencias de un montañero-esquiador experimentado, ese tipo de persona, hombre o mujer que encuentra tal cúmulo de gratificaciones en la alta montaña que el asombroso y permanente activo de cansancio, frío, ansiedad, miedo, soledad, peligro, desastres potenciales ya sean naturales o inducidos, no logra enturbiar la serena y exultante sensación de vivir la experiencia, al precio que se deba pagar.

Chappaz nos lo cuenta de una forma tan apasionante que uno, que es montañero aunque más modesto,  siente vibrar todas las cuerdas sensibles de su amor por las cumbres y su mirada detallista, a veces con un exceso lírico, logra reverberar en nuestro espíritu que ya conoce momentos parecidos, aunque seguramente no lo expresaría de ese modo. A menudo es proclive a las frases cortas, cargadas de significados pero un poco complejas. Me pierdo un poco en las sensaciones del esquiador Chappaz (yo soy caminante y sólo he probado las raquetas) pero en el fondo vienen a ser las mismas emociones: "Un bosque se seca al sol; la tempestad lo zarandeó hace dos días; lo mojado del humus, de las cortezas, el santo sudario húmedo de los troncos negros se disipa. La tibieza me amordaza...¡pero el olor de savia del bosque es más carnal que el de las fogatas de leña...los perfumes se empañan, se impregnan de las huellas de los animales, pájaros, corzos, urogallos, liebres...el animal, lo invisible reemplaza al dios" (pág.145)".

Y antes escribe: " A través del solemne y bellísimo vacío de los glaciares, un universo lunar nevado, atravesado por la solead del esquiador o el alpinistas que tan bien conoce el vértigo y la embriaguez del esfuerzo". Había oído hablar de este libro a mis amigos de montaña. Se publicó en los 70  y pasó más o menos inadvertido para el gran público (no para el mundo de montaña)  y en los 90 en una editorial parisina que le dio el empujón definitivo. Aquí lo publica Impedimenta en 2017. Sabía que el autor, Chappaz, hizo aquél recorrido y escribió el libro a modo de auto terapia tras la guerra (que le había convertido en una especie de vagabundo de todas las cimas alcanzables en cualquier continente). Un personaje mítico entre los que aman las cumbres, pues no está considerado de la elite alpinista, ni busca ningún tipo de reconocimiento en ese campo. Es...Chappaz.

 

 

FICHA

 

LA ALTA RUTA.- Maurice Chappaz.- Trad. Rafael José Díaz.- 158 págs. Ed. Periférica.-ISBN 9788316291588

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5 julio 2018 4 05 /07 /julio /2018 08:52

Deliciosa e intensa novela iniciática, una "bildungroman" llena de pasión en la que se verán ilustrados y por supuesto concernidos todos aquellos que aman las montañas, los paseos por el bosque de sus altas laderas, el agotador pero gratificante asalto a la cumbre, la calma sobrehumana de sus roquedales, el silencio del pico asaltado de nubes, los tortuosos senderos, las "grimpadas" con el alma en vilo, el corzo o el rebeco apenas entrevisto, la suicida bajada súbita de la cabra salvaje por una pared vertical...todo ese mundo fascinante y que debe ser respetado tanto como amado, pues es un paraíso ambivalente que puede mostrar su cara infernal en el momento menos esperado.

Paolo Cognetti escribe la historia de Pietro, un chico de ciudad, que descubre la montaña gracias a la apasionada afición de sus padres hacia la naturaleza y en particular las montañas y los bosques. En los ascensos sigue a su padre montañero fanático y compensatorio de una vida de oficina que odiaba. Como nos cuenta Pietro-Paolo,  su padre tenía "reglas escuetas y claras: la primera adoptar un ritmo y mantenerlo sin detenerse; la segunda, no hablar; la tercera, ante un cruce, elegir siempre el camino que asciende". El niño conocerá a Bruno, hijo de un albañil de la zona donde veranea, tienen once años los dos y este será el contrapunto natural de la pasión paterna, algo dura y desmedida. La mezcla de ambos creará en Paolo-Pietro el enorme amor a las montañas y el mundo rural junto a las gentes que lo recorren y habitan. Se convierte en un canto a la amistad como vínculo sagrado, fortalecido por la propia montaña.  Como dice en "El  muchacho silvestre", un libro anterior que es casi el ensayo previo, el cuaderno de notas de "Las ocho montañas": "En torno no había más que bosque, los prados y aquellos restos abandonados; en el horizonte, las montañas que cierran el Valle de Aosta al sur, hacia el Gran Paradiso; y luego una fuente excavada en un tronco, los restos de un murete en piedra seca, un torrente borboteaba. Aquello iba a ser mi mundo..." Ese lenguaje austero y poético a menudo se vuelve directo y práctico: "encontraba una virtud elástica en las rocas, que no absorbían el paso como la tierra o la hierba, sino que devolvían a las piernas su propia fuerza, brindaban al cuerpo el impulso para continuar".

Por esta novela  -no es autobiográfica, dice el autor- Cognetti ha sido galardonado con el Premio Strega 2017 y al mismo tiempo la versión de lectores jóvenes del mismo premio coincidencia muy significativa por lo que tiene este libro de novela iniciática. Un replanteamiento de la propia vida que no es complaciente ni idílica con la vida en la montaña, sino realista y al mismo tiempo de una conciencia ecológica cada vez más atenta y combativa: "En Nepal van a la montaña sagrada y dan vueltas, no suben. Ellos prefieren abrazarla" y no están contagiados por la obsesión de conquistar cumbres (algo que Pietro rechaza de su padre). Como dijo con humor en alguna parte: "Para la Naturaleza sería una fiesta si se extinguiera el hombre".

¿Qué montañero no ha sentido una o varias veces sensaciones como ésta, que describe nuestro autor en la pág. 137: "Cuando subía me gustaba parar un minuto en la orilla del lago...el sol que iluminaba las cumbres del Grenon, aún no había llegado a la cuenca y el lago conservaba algo nocturno, como un cielo que todavía no ha oscurecido pero tampoco aclarado. No recordaba bien porqué me había alejado de la montaña, ni qué había amado cuando había dejado de amarla a ella, pero tenía la sensación, cuando cada mañana emprendía su ascenso, de que nos estábamos reconciliando". O cuando el protagonista sube al Himalaya para hacer un reportaje y ante la extrañeza del medio ambiente tan distinto del de los Alpes,  piensa: "Y sin embargo me sentía en casa. También aquí, me dije, donde acaba el bosque y no hay sino praderas y pedregales, estoy encasa. Es la cota a la que pertenezco y en la que me encuentro bien." (Pág.177).

Pues bien este libro pertenece a la cota en la que muchos nos sentimos bien. Por eso lo recomiendo.

FICHA

LAS OCHO MONTAÑAS.- Paolo Cognetti.- TRad, de César Palma. Literatura Random House.- 239 págs. 17,90 euros. ISBN 9788439734123

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3 julio 2018 2 03 /07 /julio /2018 08:17

El fundamento conceptual del magnífico libro del ensayista, poeta y músico Ramón Andrés (Pamplona, 1955) está sucintamente expuesto en una frase del sugerente y sugestivo trabajo introductorio del autor en su antología de místicos, principalmente españoles de los siglos XVI y XVII: "una veta profunda sostiene la espiritualidad de la mayor parte de las culturas...una analogía de creencias aunque expresadas de forma distinta...las "mentes espirituales apoyadas en algún sistema, sea platónico, cristiano o hindú, difieren sólo por puro accidente histórico...y se transforman y mudan para, de nuevo, aparecer bajo una nueva forma y propuesta en las corrientes filosóficas y religiosas contemporáneas" (pág. 59).

Quizá este trabajo de Ramón Andrés que él titula muy poéticamente "de los modos de decir en silencio" sea, a la postre, para el lector de hoy lo más significativo y jugoso de este libro, "No sufrir compañía" (título lleno de ecos poéticos, por cierto, la segunda  de "Las condiciones del pájaro solitario" referido por San Juan de la Cruz). Este estudio por sí solo da cumplida cuenta a lector de lo que le ofrece la subsiguiente antología de textos, veinte autores egregios con fragmentos ilustrativos de sus obras donde se destaca la necesidad y auxilio que el silencio constituye para el trabajo del espíritu. De tal forma que el lector lee de buen grado y fascinado la prosa precisa y a menudo poética del autor de un solo tirón y guarda para lecturas sucesivas, más pacientes y con ánimo placentero las de Juan de Valdés (que también escribiría el soberbio "Diálogo de la lengua"), Francisco de Osuna, Luis de Granada, Teresa de Jesús, Luis de León, Juan de la Cruz o Miguel de Molinos, entre otros.

Uno se siente muy cercano a ese silencio que reclama el autor para sí mismo, para "pensar desde un orden", aunque "haya perdido prestigio y presencia en la modernidad...ya que no es productivo, ni cuantificable". Cita a Kierkegaard cuando hace del sonido terapia para rodos los males del mundo y propone en lugar del budismo zen o el mindfulness, lanzarse al prado sereno y fructífero de la mística española. Es curiosa esa pasión de silencio en un músico e historiador de la música. Y deja ver su vena mística cuando nos dice que "la no presencia del lenguaje deja la identidad en vilo" y es el silencio "un mirador que permite captar toda la amplitud de nuestro límite y sin embargo no padecerlo como línea última".

El desapego, la atención plena, la absorción por el silencio y la contemplación, la meditación, el ejercicio libre de una inteligencia enriquecida por los baños de silencio, la austeridad y el aislamiento (que ya preconizaban los estoicos, escépticos, cínicos y epicúreos griegos)  todo lo que nos proponen los místicos y que ahora Ramón Andrés, supongo que desde su propia práctica (espiritual, no religiosa), nos compila con el regalo de su hermoso y añorado castellano clásico.

Hay insospechados ecos de Wittgenstein y Heidegger en la inteligente, poética y provocativa presentación que el autor hace de su compilación de textos, pero creo que sería un error leer el libro en clave filosófica o lógico racionalista. Aquí se habla de la otra cara del alma, la parte oculta, el lugar donde florece la poesía y la mística y la imposibilidad de la lógica, nuestra lógica.

Un guiño al lector, empiece la lectura con un repaso a las definiciones de silencio de ciertos ilustres pensadores (págs. 16 y 17), medítelas un rato las que considere más cercanas a sí mismo, y luego vaya al principio del libro y disfrútelo.

FICHA

NO SUFRIR COMPAÑÍA.- Ramón Andrés.- Ed. Acantilado. ISBN 9788492649426.

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30 junio 2018 6 30 /06 /junio /2018 08:30

El agua fue nuestro tema de reflexión y alarma en anteriores artículos de este blog. Analicé tres libros que enfocaban la cuestión esencial para la supervivencia de cambiar nuestras actitudes y percepciones hacia el agua como elemento vital que la naturaleza nos proporciona generosamente y que estamos dilapidando de una forma vergonzante y suicida. En esta ocasión he reunido tres títulos dispares, entre narrativa y ensayo autobiográfico, en los que el motivo básico es la montaña. Otro legado que, dada nuestra forma de entender el desarrollo y el progreso, el deporte y el ocio, el consumismo y la falta de respeto e ignorancia, corre un evidente peligro. Y que, como en el caso del agua, su mala gestión y los intereses económicos invasivos están causando daños irreparables a  nuestro entorno ecológico.

La falta de conciencia que existe sobre el hecho, científicamente demostrado, de la interrelación entre todos los seres vivientes, animales y vegetales, nos hace cosificar y usar con criterios utilitaristas a animales, árboles, lagos, ríos y montañas, manipulando los entornos y creando con ánimo especulativo desequilibrios ecológicos (cuyos efectos perniciosos ya comienzan a ser noticia de cada día y aún así no somos globalmente conscientes del mal que hacemos). Somos parte de ese entorno, no sus propietarios, aunque nos comportamos como  inicuos explotadores inconscientes del delicado equilibrio natural que rompemos de acuerdo con nuestra desmesurada avidez.

Tres hombres han escrito sendos libros sobre la montaña: no desde un punto de vista deportivo, competitivo o no (las fotos y películas de larguísimas y sinuosas colas de alpinistas de todo el mundo tratando de subir al Everest con agencias de "todo pagado", han herido la sensibilidad de miles de montañeros que aman y respetan la soledad y el silencio de las altas cumbres) sino desde el corazón, la experiencia íntima, el dolor y el sufrimiento y ese amor y respeto que es el sello distintivo en el que nos reconocemos unos y otros y que llega directo a nuestros corazones. El italiano Paolo Cognetti, autor de "Las ocho montañas" (Random House), el suizo Maurice Chappaz con "La alta ruta" (Periférica) y el austríaco Robert Seethaler con "Toda una vida" (Salamandra), son los tres escritores que convocamos para leer sus historias y vivencias. Todas regidas por un elemento común: la montaña, su belleza, sus exigencias, sus peligros y su poderoso atractivo, características todas en peligro de deterioro progresivo.

Paolo Cognetti escribe la historia de Pietro, un chico de ciudad, que descubre la montaña gracias a la apasionada afición de sus padres hacia la naturaleza y en particular las montañas y los bosques. En los ascensos sigue a su padre montañero fanático y compensatorio de una vida de oficina que odiaba. Como nos cuenta Pietro-Paolo,  su padre tenía "reglas escuetas y claras: la primera adoptar un ritmo y mantenerlo sin detenerse; la segunda, no hablar; la tercera, ante un cruce, elegir siempre el camino que asciende". El niño conocerá a Bruno, hijo de un albañil de la zona donde veranea, tienen once años los dos y este será el contrapunto natural de la pasión paterna, algo dura y desmedida. La mezcla de ambos creará en Paolo-Pietro el enorme amor a las montañas y el mundo rural junto a las gentes que lo recorren y habitan. Se convierte en un canto a la amistad como vínculo sagrado, fortalecido por la propia montaña.  Como dice en "El  muchacho silvestre", un libro anterior que es casi el ensayo previo, el cuaderno de notas de "Las ocho montañas": "En torno no había más que bosque, los prados y aquellos restos abandonados; en el horizonte, las montañas que cierran el Valle de Aosta al sur, hacia el Gran Paradiso; y luego una fuente excavada en un tronco, los restos de un murete en piedra seca, un torrente borboteaba. Aquello iba a ser mi mundo..." Ese lenguaje austero y poético a menudo se vuelve directo y práctico: "encontraba una virtud elástica en las rocas, que no absorbían el paso como la tierra o la hierba, sino que devolvían a las piernas su propia fuerza, brindaban al cuerpo el impulso para continuar".

Por esta novela  -no es autobiográfica, dice el autor- Cognetti ha sido galardonado con el Premio Strega 2017 y al mismo tiempo la versión de lectores jóvenes del mismo premio coincidencia muy significativa por lo que tiene este libro de novela iniciática. Un replanteamiento de la propia vida que no es complaciente ni idílica con la vida en la montaña, sino realista y al mismo tiempo de una conciencia ecológica cada vez más atenta y combativa: "En Nepal van a la montaña sagrada y dan vueltas, no suben. Ellos prefieren abrazarla" y no están contagiados por la obsesión de conquistar cumbres (algo que Pietro rechaza de su padre). Como dijo con humor en alguna parte: "Para la Naturaleza sería una fiesta si se extinguiera el hombre".

Más cerca de la mística montañera está "Toda una vida" de Robert Setthaler en la que se nos narra la existencia azarosa e intensa de Andreas Egger, un chiquillo de cuatro años abandonado por su madre y recogido por su brutal tío en una aldea perdida de los Alpes a principios del pasado siglo. El progreso llega a las montañas con sus ambivalentes cambios y el niño se hace hombre a base de rudo estoicismo, fuerza física y capacidad de sacrificio y de trabajo. Pero hay algo que no cambia pese a ese progreso (simbolizado por la construcción de teleféricos para deportistas en los valles y la violación técnica y humana de la montañas vírgenes): su relación casi simbiótica con los montes.. Allí Andreas encuentra el amor y allí lo pierde tras un alud (descrito de una forma excelente ,pág.64) y se va convirtiendo en un anciano fuerte y solitario que se arroba con las puestas de sol y la estoica maravilla de la leche recién ordeñada y los productos de la tierra. Novela de una belleza desgarradora que se afirma en los sentimientos y los defectos humanos con una serena comprensión. Como muestra vean el  sereno balance que Andreas hace  de su vida: "Que él supiera no cargaba con ninguna culpa digna de mención y nunca había caído en las tentaciones del mundo: las borracheras, la prostitución o la gula. Había construido una casa, había dormido en infinidad de camas, establos, rampas de carga y unas cuantas noches incluso en una caja de madera. Había amado. Y se había hecho una idea de hasta dónde podía llevar el amor...nunca se había visto en el apuro de creer en Dios y la muerte no le daba miedo...podía mirar atrás sin lamentos, con una media sonrisa y un gran asombro" (pág.133).

En "La alta ruta", el suizo Maurice Chappaz (Lausana 1916, fallecido en 2009), nos habla de una ruta alpina mítica, la que conecta Chamonix con Zermatt, una durísima prueba que circula por glaciares y cumbres inhóspitas: es la más deportiva de las tres novelas que recomiendo y al mismo tiempo la más descriptiva en términos de interrelación del hombre con un entorno bellísimo y hostil. Es la novela del montañero-esquiador experimentado, ese tipo de persona, hombre o mujer que encuentra tal cúmulo de gratificaciones en la alta montaña que el asombroso y permanente activo de cansancio, frío, ansiedad, miedo, soledad, peligro, desastres potenciales ya sean naturales o inducidos, no logra enturbiar la serena y exultante sensación de vivir la experiencia, al precio que se deba pagar.  Y Chappaz nos lo cuenta de una forma tan apasionante que uno, que es montañero aunque más modesto,  siente vibrar todas las cuerdas sensibles de su amor por las cumbres y su mirada llena de poesía logra reverberar en nuestro espíritu que ya conoce momentos parecidos. A menudo el lirismo le hace proclive a las frases cortas, cargadas de significados pero un poco complejas. Me pierdo un poco en las sensaciones del esquiador Chappaz (yo soy caminante y sólo he probado las raquetas) pero en el fondo vienen a ser las mismas emociones: "Un bosque se seca al sol; la tempestad lo zarandeó hace dos días; lo mojado del humus, de las cortezas, el santo sudario húmedo de los troncos negros se disipa. La tibieza me amordaza...¡pero el olor de savia del bosque es más carnal que el de las fogatas de leña...los perfumes se empañan, se impregnan de las huellas de los animales, pájaros, corzos, urogallos, liebres...el animal, lo invisible reemplaza al dios" (pág.145)".

¡¡¡¡Por todos los dioses habidos y por haber, salvemos a las montañas de nuestros excesos prepotentes!!!!

FICHAS

LAS OCHO MONTAÑAS.- Paolo Cognetti.-Trad. César Palma.- Literatura Random House.- 17,90 euros.- 239 págs. ISBN 9788439734123

TODA UNA VIDA.- Robert Seethaler.- Trad.Ana Guelbenzu.-139 págs.- Ed. Salamandra.-ISBN 9788498388152

LA ALTA RUTA.- Maurice Chappaz.- Trad. Rafael José Díaz.- 158 págs. Ed. Periférica.-ISBN 9788316291588

 

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