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19 abril 2018 4 19 /04 /abril /2018 08:43

Magnífica guía de las montañas que vale la pena conocer en la provincia de Zaragoza. No nos quedemos sólo en el Moncayo y alrededores. Hay muchísimo más y Alberto Martínez Embid (un viejo conocido entre los amantes de los libros de montañismo) y Eduardo Viñuales Cobos, bajo el sello de la guías montañeras SUA Edizioak, se han ocupado de reunirlas en un volumen muy bien editado.

Aquí son cien las subidas a otros tantos montes zaragozanos repartidos por toda la provincia (jamás hubiera pensado que los hay), sumando cabezos, peñas o colinas encrespadas, pero todo se va aclarando con el mapa frente a los ojos. Alta Zaragoza, Prepirineo,  la sierra del Moncayo que no es sólo la cumbre de San Miguel (2314m) donde dicen los antiguos que nacían los vientos asalvajados del cierzo, (diez excursiones se nos proponen desde Tarazona-Moncayo), el resto del Sistema Ibérico y las lindes del valle del Ebro. En general los autores nos proponen por estas zonas geográficas senderos fáciles, un poco arriscados a veces, pero sin dificultades notorias.

En definitiva no hay ambición de retos montañeros en este libro sino de gozosa y bella caminata, lugares de paz y sosiego para la vista y el espíritu, subidas cómodas en general que se abren a paisajes inesperados. Como aliciente par mí, que he subido tres veces al Moncayo, dos por el Santuario, me apetece conocer la subida de la cara oeste que desconozco y nos proponen los autores o la ascensión al Pico de Santo Domingo desde Longás  o la de San Caprasio en la sierra de Alcubierre (tres aconsejadas en el prólogo).

Las rutas propuestas están detalladas a la manera tradicional en este género, ficha práctica del lugar con apuntes complementarios de interés, desnivel, tiempo, grado de dificultad, consejos para la excursión, croquis de la ruta y fotografías (a lo que siempre hay que añadir, por prudencia -virtud esencial en el monte- un mapa o plano cartográfico detallado de la zona de los existentes en cualquier librería especializada: Serret de Vallderrobres tiene un buen fondo cartográfico). Un valor añadido nada baladí es la cantidad de sugerencias artísticas o arquitectónicas, arqueológicas, geológicas o paisajísticas que los autores han sembrado en la localización de sus excursiones.

Me ha gustado sobremanera el capítulo previo dedicado a "Consejos montañeros y excursionistas" , la claridad de los mapas y croquis y, para terminar, la lista de montes y sus alturas y localización. En suma: excelente y sorprendente guía para una provincia que no suele estar entre los objetivos montañeros de los que adoramos ese deporte.

FICHA

GUÍA DE MONTES DE ZARAGOZA.- 100 ascensiones.- Alberto Martínez Embid y Eduardo Viñuales Cobos.- SUA Edizioak.-303 págs.

 

 

 

 

 

 

FICHA

GUÍA DE MONTES DE ZARAGOZA.- 100 ascensiones.- Alberto Martínez Embid y Eduardo, Viñuales Cobos.- SUA Edizioak.- Pág. 308.-ISBN: 978-84-8216-661-2, PRECIO: 24,50 €
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16 abril 2018 1 16 /04 /abril /2018 08:28

Se trata de un libro tan borgiano que Borges podría presumir de haber "poseído" al polaco Stanislaw Lew con algunas de sus misteriosas artes esotéricas a fin de que éste lo pariera pensando que era totalmente suyo. "Vacío perfecto" es uno de los volúmenes de la trilogía "Biblioteca del siglo XXI" que integran dos títulos más, "Magnitud imaginaria" y "Golem XIV". Fue publicada originalmente en 1971, hace casi medio siglo y traducida hace diez años por Jaswiga Mauricio y prologada por Andrés Ibáñez, bajo el sello de Impedimenta.  La leo en su cuarta reimpresión (2017),  prueba de su éxito lector.

¿La cosa es para tanto? Pues depende del tipo de lector que acuda a ella, como es de cajón. Si se trata de un soñador iconoclasta, con sus puntas y ribetes surrealistas, amante de los libros "raros" y las irreverencias literarias, siga leyendo. Este será uno de sus libros de referencia.

Piense el lector que con este libro viene una entrada reservada para conocer una biblioteca muy especial: la de libros que habla sobre libros y que son autoreferentes en grado superlativo: libros inexistentes, reseñados por un crítico inexistente y con un contenido universal, imaginativo y transgresor que desafía el sentido común para adentrarse en las fantasías más desorbitadas que pueda tener el lector más fanático que adore los libros imposibles de escribir pero que están ahí, esperándole en las páginas de este libro. Es decir un libro de reseñas de libros imaginados por su autor, quien al mismo tiempo reseña su propio libro (éste que el lector tiene en las manos): léase el comienzo del libro, un texto a modo de prólogo -que se refiere a otro prólogo, el Autozoilo-escrito por alguien que dice no ser Stanislaw Lem, le critica un poco y acaba con una frase críptica que es un guiño al lector: "El único ardid que le queda todavía a Lem sería un contraataque: afirmar que no fui yo, el crítico, sino él mismo, el autor, quien escribió la presente reseña e incluirla, como un texto más en "Vacío perfecto".

Lem, que posee una formación científica, literaria, filosófica y cultural considerable, sufrió durante toda su vida (hasta su muerte  en 2006 a los 84 años de edad) todos los desequilibrios, persecuciones y problemas del siglo, desde los nazis hasta el comunismo más represivo. Todas esas circunstancias hacen de él un escritor original, distinto, un "avis rara" que cultiva el desafío de unir en su obra la metáfora literaria con el tecnicismo científico, con una abierta hostilidad ante cualquier hegemonía de ambas. El juego consiste en practicar lo imposible y desdeñar lo improbable, mostrando con una sonrisa de mago que el sueño de la razón engendra monstruos. Toda esa teoría de la nada, en cuanto inexistencia, subyuga al lector y acerca lo disparatado a lo probable utilizando el ingenio como un bisturí de la lógica. Sin embargo, todas las imposibilidades literarias que perpetra tienen un punto de burla casi invisible que desaparece debido al atractivo intrínseco que poseen, a su carencia absoluta de banalidad, a su desafiante originalidad. 

No entraré en el juego malicioso de Lem reseñando sus falsas reseñas. Los temas van surgiendo del sueño de la  razón y adoptan formas distintas, desde la novela vanguardista, a la enciclopedia obsesiva y monstruosa, desde cosmogonías disparatadas a propuestas científicas audaces que desaparecen en su vuelo de Icaro. Se trata de no permitir al lector olvidar que escribe el crítico no el autor, creando una beligerancia que de alguna forma zarandea al lector u mina su seguridad. Lem no es Borges y se preocupa mucho en establecer diferencias (no cualitativas, sino de intencionalidad). Lem da una vuelta de tuerca a su libro: pone en tela de juicio al propio libro y con él, la comprensión del lector, que termina no estando seguro si está leyendo una genial tomadura de pelo o forma parte de una broma literaria en la que el autor le ha metido como parte del pastel y trata de provocar en él un cambio de percepción no sólo sobre lo que lee sino sobre la incidencia de la literatura en la vida real. Como escribe un crítico con gran acierto: "La farsa se mezcla con la idea del libro reseñado y gana fuerza por cuanto emplea un discurso hegemónico con la intención de mostrar la comicidad de una poco auténtica seriedad a la hora de abordar ciertos temas".

Lo cierto es que la mayoría de las historias "reseñadas" con ironía y desapego, tienen una potencia narrativa tremenda, desde la creación de una absurda corte francesa de Versalles del siglo XVII, en un país sudamericano, por una colonia de nazis huidos de la Alemania vencida, que viven y visten como entonces y hablan un alemán al que llaman "francés", hasta la empresa dedicada a diseñar la vida de sus clientes en toda su complejidad o la sociedad en la que la tecnología permite a los usuarios modificar a su antojo las obras maestras literarias o el proyecto de silenciar la creatividad humana en un mundo superpoblado de objetos e ideas o la búsqueda científica de genios a la carta, o un mundo donde se producen seres racionales de forma artificial, o el fin del deseo de sexo en la Humanidad debido a una especie de virus, trasplantado a la gastronomía, o la soberbia "Nueva Cosmogonía" donde un Nobel de Física nos persuade que las leyes físicas del Universo son parte de un gran juego cósmico. Quince libros que seducen al lector y terminan por hacernos dudar de su inexistencia.

Ahí está el mérito de esta obra inigualable (e indispensable) .

 

FICHA:

Vacío Perfecto. Biblioteca del Siglo XXI.- Stanislaw Lem.- Editorial: Impedimenta.-328 PAGS.-ISBN: 978-84-936550-4-4.-Precio: 21,95 €

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14 abril 2018 6 14 /04 /abril /2018 08:44

Miguel Díez es un veterano profesor de literatura que desde la experiencia pedagógica ha querido legar a sus colegas más jóvenes ese elemento tan difícil de adquirir -y transmitir- que es la sabiduría literaria (más que el conocimiento), partiendo de la creencia, algo ingenua, de que el amor a los libros se puede enseñar de una forma tan simple como mostrando ejemplos de trabajos literarios de calidad. El amor a los libros y a la literatura en particular es de proceso tan complejo en sí mismo que uno termina volviéndose algo escéptico sobre su enseñanza, aunque no por ello deja de aplaudir y dar la bienvenida a libros como el  que les comento.

Formulada en plan de "carta abierta a un antiguo alumno, hoy profesor" nuestro autor (cuarenta años de pupitres y alumnos) se duele de que los viejos métodos de enseñanza -aunque nada perfectos- eran más adecuados, pertinentes y lógicos y eficaces que los actuales, en las que las humanidades (con un notable defecto de enfoque e insensatos criterios de las autoridades pertinentes) se han convertido en una de las inefables  "marías"  -léase un elemento superfluo, trivial, inútil- de la enseñanza. Como apostilla Díez "una enseñanza tan desnortada e ineficaz que a nadie satisface y de la que todos nos quejamos". Y defiende que "la lectura de buenos textos, de buena literatura es el mejor remedio, el antídoto contra la simplificación y la depauperación  del habla y la escritura de los jóvenes y, en consecuencia, contra la jibarización de su pensamiento".

Es este un libro complejo que admite muchos tipos de lectura, que utiliza la pedagogía del ejemplo y que propone caminos para que todas las partes en conflicto, alumnos, profesores, familias, instituciones y Estado, comprendan la necesidad ineludible, esencial, de proteger e implementar la enseñanza del elemento clave que define nuestra humanidad: la palabra y su florecimiento en narrativa, poesía, pensamiento...

No es pues un libro de memorias polvorientas y nostálgicas de un viejo profesor, ni un ensayo pedagógico agorero y pesimista, ni siquiera un panfleto erudito sobre la catástrofe educativa de nuestro país en particular y de los tiempos de la cibernética en general. Después de algunos apuntes críticos muy razonables (quizá no tan eficaces como desearíamos) nuestro viejo profesor abre las puertas a una inmensa muestra antológica que proporciona material de calidad buceando en la lírica, poesía o cancionero, en la narrativa desde la tradicional, fábulas y mitos, hasta los mejores cuentos y las novelas más fascinantes (muchas de ellas poco conocidas). Letras de Luis Eduardo Aute o Joaquín Sabina y Serrat, de Dylan o la Báez, de Emily Dickinson o T.S. Eliot o Valiente y Cesar Vallejo. Textos breves, brillantes, a menudo comentados por escritores y ensayistas de primera línea. En narrativa, relatos breves, pinceladas  de obras y autores sin orden cronológico alguno, desde Ray Bradbury a  Borges, de Millás a Böll, de Max Aub a Papini, de Kafka a Cortázar...

No hay una estructura visible de conjunto. La obra comparte el aparente caos de los blogs de estos tiempos (de hecho su cuna es el blog del autor). Todo se  desarrolla siguiendo el objetivo de no interponer plan pedagógico alguno, sólo ofrecer en estado puro la riqueza asombrosa de lo literario. Por tanto es cosa del lector encontrar el hilo de Ariadna de un sentido que, siempre, será el que el lector considere adecuado para sí mismo o para el momento. Es un libro de cabecera que permite el calado circunstancial, el encuentro fortuito, la sorpresa. Bueno, hay un poco de caos estructural (por ejemplo en olvidarse de apuntar quién tradujo un determinado poema inglés o escandinavo) y algunas citas poco necesarias o listas insatisfactorias (como casi todas las listas: el canon literario nunca es definitivo o incontestable). Como saben bien los amigos del zen, hay que saber apreciar las imperfecciones no buscadas. La curiosa espontaneidad de Miguel Díez nos hace disculpar las evidentes fallas, nos dejamos arrastrar por su entusiasmo. Ni el libro muestra cómo se enseña a nadie a leer en clase, ni resulta ser unas memorias personales o profesionales, pero tiene un encanto difícil de evaluar.

FICHA

CÓMO ENSEÑAR A LEER EN CLASE.- Memorias de un viejo profesor.- Miguel Díez R.-    Colección Reino de Cordelia.-Páginas: 688.-Formato: 17 x 21 rústica con cuadernillos cosidos al hilo.-Precio: 26,95 €.-ISBN-13: 978-84-16968-14-5

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12 abril 2018 4 12 /04 /abril /2018 12:24

"Y ahora, lector curioso,  comparte conmigo estas inspiraciones. No descarto que alguna te salve la vida". Así acaba  la introducción del prólogo de su libro "Los inspiradores...etc" mi viejo compañero  vanguardista de trabajos más o menos  forzados, Víctor Amela. Tras "navegar océanos de tiempo y espacio en la estela de 99 seres humanos que vivieron y soñaron" Víctor nos relata con su chispeante prosa habitual algo de la vida de esas personalidades tan variadas y nos cuenta los elementos líricos, filosóficos o intelectuales que le impresionaron y que juzga, con criterio propio, que harán un efecto positivo en el lector  muy semejante al que él mismo obtuvo en su periplo libresco. Exageraciones líricas y retóricas aparte, el libro se lee con afición y gusto, como el que prueba un muestrario de sus platos favoritos.

Como tal selección personal, la lista de los 99 (observen la astucia fenicia de este siempre joven periodista, ni cien, ni noventa...¡99!) cumple a rajatabla el "dictum" quevediano: "ni son todos los que están, ni están todos los que son". Pero si Víctor logra que este compendio de citas y aportes biográficos, muy galanamente servidos por la pluma hábil del autor, provoque en las personas que lo lean el deseo ardiente de leer a los autores evocados...¡miel sobre hojuelas!, el libro estará justificado (como si eso hiciera alguna falta en estos tiempos) y cumplirá la misión esencial subyacente en todos cuantos empuñamos la pluma (metafóricamente): promocionar la lectura. En todo caso, este es el primer libro de éste género metaliterario de análisis de autores conocidos que ya en el mismo título indica sus límites y alcances: los del propio autor. Se trata de escritores y artistas que inspiran a Víctor Amela. Es de una franqueza deliciosa.

Víctor es un periodista dinámico que ejerce esporádicamente de escritor con un éxito notable (en ambos cometidos). Además es una persona agradable, generosa, dotada de un sentido prodigioso de la empatía y un comunicador nato. Es un paseo a través de 219 páginas por un heterogéneo, variopinto e híbrido muestrario de personalidades, desde los clásicos más gloriosos, Buda, Jesucristo, Lao Tsé, a los más universales, Homero, Epicteto y Epicuro, Pitágoras, Heráclito, Marco Aurelio, Pericles u Ovidio, a los medievales y modernos, Austen, Montaigne, Boccaccio, Diderot, Goethe, Pascal, Moro, Lluch, Melville, Shakespeare, Stevenson, Kant, Tolstoi y a los de ayer mismo, Saint-Exupery, Wilde, Jung, Cioran, Chesterton, Huxley, Asimov  y "tantti altri". Con algunos curiosos añadidos como Pepin Bello, Buñuel, Dalí (todos estos, compañeros en la republicana Residencia de Estudiantes madrileña). Newton, Kübler-Ross, Coco Chanel, Frida Kahlo o Gauguin.

FICHA

LOS INSPIRADORES DE AMELA.- Sabiduría esencial de todos los tiempos.- Libros de Vanguardia.227 págs. ISBN 9788416372478

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10 abril 2018 2 10 /04 /abril /2018 08:19

El cuarto tomo de los "Episodios de una guerra interminable" de Almudena Grandes ya va triunfando en las librerías de todo el país. Confesa galdosiana, Almudena sólo ha seguido de lejos el magisterio de don Benito, cosa que, por supuesto, es lógica dada la diferencia de época, de cultura y de persona. Donde sí coinciden es en la ambición literaria y el diseño de estructura de los Episodios y en una concepción de la historia narrada desde la gente común, "los de abajo". En cuanto a los resultados, eso es harina de otro costal y no entraremos en ello dadas las diferencias apuntadas.

Nuestra autora recoge hitos fácticos e históricos, reales, personas que han existido y  suelen ser conocidas o muy conocidas y las rodean de personajes ficticios que, con mayor o menor fortuna, van engastándose en los eventos históricos, añadiendo la verosimilitud de los apuntes, pequeños detalles y datos  de la época al nivel del ciudadano de a pie, logrando de esta forma dar una pátina de cercanía y realismo a esos tiempos pasados y revueltos. En "Los pacientes del doctor García" volvemos a los bombardeos sobre Madrid y a un hospital de sangre donde trabaja uno de los protagonistas de la novela. Luego la trama se irá alargando por la postguerra española y la guerra mundial. La derrota de los nazis y la huida de muchos jerarcas hitlerianos a España, Argentina y otros países  engrosan los capítulos muy gráficamente intitulados "Procesos infecciosos" y "Tumores infiltrados", para acabar por los setenta entre Francia, Estados Unidos, Argentina (golpe de Estado militar) y Madrid.

La trama se desarrolla, como es habitual en la Grandes, con un dinamismo endiablado y la soltura que cabe suponer a una escritura de tan larga andadura. Sus personajes van y vienen, se cruzan, aparecen algunos que ya conocemos de otras novelas de los "Episodios", otros de refilón porque "pasaban por el lugar de los hechos" y el lector si se confunde o agobia sobre quién es quién, tiene una lista al final del libro de lo más explicativa. En ella la autora consigna a las personas reales que figuran en la novela (en cursiva) junto a los personajes ficticios. Para el curioso comentarista o lector ensimismado la autora nos facilita una "Nota sobre Guillermo" donde nos hace el "making off" de su novela, cosa que resulta muy interesante y nos muestra el revés de la trama y los esfuerzos, considerables, de la Grandes  para escribir esta novela de largo aliento (casi cuatro años de trabajo). Me sigue desconcertando los cambios bruscos de tiempo en la narración, pasando del presente al pasado sin solución de continuidad. Supongo que los lectores atentos o los fans de Almudena lo deben encontrar muy osado e interesante, pero exige Almudena a sus lectores un plus de atención y agilidad mental bastante alto. En fin, parece que no afecta demasiado a los miles de fanáticos de esta autora.

No hay confusión alguna en los elementos que integran la trama. Para mayor claridad la autora va jalonando los capítulos con breves piezas informativas sobre los hechos y personas reales que entran en la estructura argumental. Hay personajes reales, como Clara Staufer,  amiga de Pilar Primo de Rivera, que tiene un protagonismo especial en esta novela debido a su carácter de puente clandestino entre los mas de 800 criminales de guerra nazis refugiados y las autoridades franquistas. Fue la única mujer que figuró en la Lista de los 104 reclamados en 1947 por el Consejo de Control Aliado al ministro de Asuntos Exteriores, Alberto Martín-Artajo. Franco no entregó a ninguno, incluidos el croata Ante Pavelic o el belga León Degrelle, de las SS (al que Hitler saludaba como si fuera hijo suyo). Algunos de los hechos reales narrados en la novela resultan sorprendentes y tan poco conocidos que uno se admira del "músculo investigador" de la Grandes (como el papel de un oscuro empresario alemán en la ayuda de Hitler a Franco, días después del golpe militar).

La vertiente de novela de espías (se trataba de demostrar internacionalmente la ayuda y cobijo del régimen franquista a los nazis) una trama orquestada por dos personas reales, Negrín, presidente de la República española en el exilio y el embajador Pablo Azcárate , podría haber sucedido, pero nuestra autora la convierte en una trama novelesca que involucra a dos personajes de la novela, el médico que da título a la obra y un diplomático, Manuel Arroyo (que van turnándose en salvar la vida uno al otro). Todo conforma un gran fresco --toda la serie de los Episodios, lo es- con el que Almudena Grandes está formulando un poderoso alegato literario a favor de la República y sus valores. Como la presencia del médico canadiense (real) Norman Bethune, creador de los bancos de sangre, que salvó miles vidas de milicianos en el frente de Madrid y en otros, gracias a su sistema de conservar la sangre para transfusiones y es  un desconocido para el gran público. O la movilización de los estudiantes contra el régimen, decapitada con brutal eficacia por la policía franquista.

FICHA

LOS PACIENTES DEL DOCTOR GARCÍA.- Almudena Grandes,. Tusquets Editores.-768 págs.-22,90 €.- ISBN 9788490664322

 

 

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8 abril 2018 7 08 /04 /abril /2018 08:17

Empecemos por asegurar que Javier Traité es un cachondo inveterado e irreverente, con un léxico de armas tomar y una escatología burda y faltona a prueba de bombas. Lo segundo que uno nota muy pronto es que el impío autor sabe literatura por un tubo y que ha leído, no es un solapillas (ni un meapilas). Y lo tercero, y acabo, es que se ha limitado a autores más o menos canónicos (de canon, no en vano habla de "los grandes clásicos") y se ha guardado mucho de dirigir el estilete a escritores del momento en que vivimos y que se creen ya "clásicos" (salvando a Cela, claro está y a Marcial Lafuente Estefanía). Con ello, se libra del sanbenito y el ostracismo con los que el llamado mundo cultural galardona a los que como Victor Moreno (ya citado en esta y otras páginas mías) se atreve con ironía, un poco más elegante pero no menos cáustica, a guiar al lector por los vericuetos egoicos de la literatura patria. Por cierto, la diatriba contra los empeños "pedagógicos" de hacer leer el Quijote a los niños goza de todas mis simpatías (y soy un lector reincidente e inmoderado de la obra de Cervantes que, a mis años, aún me despierta carcajadas y reflexiones).

Me encanta la falta de inhibición y el sentido del humor de los que Traité hace gala en su recorrido universal por la literatura, desde la épica de Gilgamesh (Traité debería leer, y el lector también, el "Gigamesh" que Stanislaw Lem se saca de la manga en "Vacío perfecto") al gran Shakespeare (cuya autoría debería corresponder a Marlowe, según nuestro autor), pasando por Sterne (que liquida con unas graciosas muestras de surrealismo tipográfico), o define la inacabada "El hombre sin atributos" de Robert Musil como "la historia de un vago que no sabe qué hacer con su tiempo libre", y expresa su admiración por Celine, del que, muy en su papel, Traité destaca la impagable frase siguiente de su "Viaje al fin de la noche": "Os lo aseguro, buenas y pobres gentes, gilipollas, infelices, baqueteados por la vida, de sollados, siempre empapados en sudor, os aviso: cuando a los grandes de este mundo les da por amaros, es que van a convertiros en carne de cañón".

En fin ¿qué les voy a contar? El viaje que nos propone Traité es una divertida gamberrada literaria con sus puntos y ribetes de razón y sentido común. Definir "Los viajes de Gulliver" como "un clásico de la mala leche y la ironía en forma de cuento de aventuras" puede  parecer algo soez e insolente, pero tiene más razón que un santo. O que "los escritores del Siglo de Oro español se caracterizaron por ser en una mayoría unos golfos de cuidado" parece un tanto simplista, pero un repaso a nuestros grandes autores deja la observación en su justa medida. Comparto su admiración por Maupassant y suscribo su "estaba loco, el cabrón, pero era un genio al menos para todo aquello que no fuera suicidarse" o por Poe, Stevenson, Conan Doyle o Chesterton e incluso Agatha Christie, Zweig, o Wells.  Y comparto también la sospecha sobre la extraña y banal muerte de Zola tras haberse convertido en la conciencia humana de Francia y azote del Estado. Me divierte la sinceridad de Traité que se atreve a apostillar "Con Moby Dick me pasa lo mismo que con "Guerra y paz". Aún no he sido capaz de decidir si me fascina o me aburre". Algo, querido amigo, que resolvemos muchos con la frase: es una obra fascinante a la que le sobran algunas páginas. Y suscribo también el juicio demoledor sobre el tan alabado como poco leído "Finnegan's Wake" de James Joyce que "no se lo leyó ni el mismo autor al acabarlo y debía estar borracho cuando se le ocurrió"

Con Traité me ha ocurrido lo mismo que con su compañero de "torciderías" Luis Soravilla: estimo que estos trabajos desenfadados y volterianos pueden enfadar a unos pocos pero satisfacer a la mayoría de los lectores por dos razones: una, el tono y el estilo con los que escriben estos dos autores atraen a muchísima gente (poco expertos en literatura o filosofía entre ellos, casi seguro) pero los temas y escritores que citan acaban por ser atractivos y uno tiende a buscar algunas de sus obras. Dos, estudiantes y profesores se enriquecen tras la lectura con razones para hacer más interesantes sus estudios o enseñanzas.
Clásico, pues, no es sinónimo de aburrido y como reza el subtítulo del libro, cuando lo leas descubrirás "los grandes clásicos como nunca te los han contado", solamente recurriendo, como hace Traité (y Soravilla) a desmitificar sin banalizar a los grandes escritores y sus obras más o menos "maestras". Y, en el fondo, lo que ambos nos dicen es "lee, por favor". No lo que te "vendan" los mal llamados críticos, reseñistas, gacetilleros o solapistas (de solapa) sino lo que te salga de las neuronas, el capricho o la intuición (o la recomendación de aquel amigo tan cachondo que no respeta a santón literario alguno y suele tener un buen criterio). Quizá lo esencial que marca la diferencia es que lo que lees no te deje indiferente. Te deje huella, en suma, cuando has cerrado el libro al final.

FICHA

HISTORIA TORCIDA DE LA LITERATURA.- Javier Traité.- Ed. Principal de los Libros.- 311 págs.- ISBN 9788416223879

 

 

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6 abril 2018 5 06 /04 /abril /2018 07:11

Caso de que no recuerden la trama de la obra teatral de Ibsen “Un enemigo del pueblo”, háganme el favor de entrar en Internet y mirar en la Wikipedia de qué va la cosa. Así, si les digo que el protagonista es tan “enemigo” de ese pueblo, (donde los intereses económicos mandan sobre los éticos o de salud pública) como Víctor Moreno es un “enemigo” del pueblo de la literatura y la lectura, los escritores, editores y los libros en general, entenderán el meollo de lo que viene a continuación.

Todo podría empezar con una cita que este autor navarro, Víctor Moreno, (escritor y profesor de literatura) aborrecido por algunos de sus lectores  y admirado por muchos más (entre ellos el firmante de estas líneas) coloca en la contraportada del primer libro suyo que tuve el gozo de leer (1). "...en última esencia quien elige la crítica se denuncia a sí mismo: suele ser hombre de orden, que ama las reglas, que nada le emociona tanto como la validez universal de un principio, la infalibilidad de una doctrina, la sacralización de un nombre o la eternización de un valor: esto es, todo aquello contra lo que la cultura (tal vez la única actividad del hombre que lo pone todo en entredicho y, en principio, nada debe respetar) ha luchado siempre". La frasecita se atribuye a  Juan Benet y la antecede en el mismo lugar la admonición : (Este libro...) "no se trata de un análisis sistemático y riguroso sino de un acercamiento a las maneras y modos con que algunos críticos realizan su sacerdotal tarea...escritos contra quienes se consideran guardianes de la 'buena, verdadera y responsable crítica' y, más aún, de la 'auténtica y legítima literatura'".

Quevedo, Jovellanos, Larra o, sobre todo, Gracián, podrían firmar no sólo esas líneas sino todo el contenido de los siete libros, siete, que les voy a presentar, por su mensaje y por su estilo, por su mala uva y su ironía, pero sobre todo, por su humor, a menudo cáustico y la traviesa oportunidad de sus citas textuales, debidamente fechadas y con su lugar de publicación en cursivas. En algunas páginas, entre risotadas, me he representado a Víctor (al que no tengo el gusto de conocer personalmente) como una especie de Guillermo Brown crecidito dotado de un muy inglés arsenal  jocoso heredado directamente de Jonathan Swift, cuyas descripciones de las sociedades humanas (inglesas desde luego, aunque extrapolables a las hispanas) y sus pretensiones (recuerden a Gullliver en al pais de los houyhnhnms  o a los académicos e inventores de la gran Academia de Lagado en la isla flotante de Laputa) alcanzan resonancias críticas que vemos reproducidas en casi todos los libros que hoy les comento, desde los círculos de escritores, críticos, poetas y algunos editores hasta los políticos y sus desvergüenzas aireadas y un soplamocos  de carácter descomunal -marca de la casa Moreno- a las religiones en general y muy en particular a la católica y romana aposentada desde hace siglos en nuestro país y a sus más egregios representantes (7).

 

 Una mirada lúcida, crítica, a veces sarcástica, alguna vez compasiva; una voz que clama en el desierto contra la hipocresía literaria, la fullería, el mal hacer, los rebuscamientos, engolamientos y cursilerías, el amiguismo y, en esencia, contra aquellos autores y obras que traicionan el mandamiento básico: escribe y que lo que publicas sea lo más auténtico posible, seduzca, divierta, sugiera y deje en el lector una cierta semilla de pasión por persistir en la lectura como ejercicio de placer o de conocimiento (da lo mismo que se trate de una propuesta filosófica, una búsqueda científica, un paseo por los sentimientos y las pasiones, un repaso claro y lúcido a lo que ocurrió o lo que puede llegar a ocurrir), que lo que leas pueda ser una clave sencilla y correcta que mejore, siquiera sea en un átomo, tu existencia (aunque este deseo, en el que yo creo hasta cierto punto, es fustigado corrosivamente por Víctor Moreno, que considera que la lectura en sí, no hace mejor a nadie). (4).

Víctor analiza con bastante acritud muchas veces, a determinados críticos y autores de los que considera que olvidan el ejercicio honesto de su oficio o se conforman con pasar el listón de la mediocridad. En "De brumas y de veras" que leí hace muchos años, en el siglo pasado, pone la mirada de halcón en los escritos de gentes memorables (algunos han desaparecido con la cruz por delante, otros han prosperado o se han dedicado a otros menesteres) del alcance y prosapia de Ignacio Echeverría, Andrés Trapiello, Panero, Luis A. de Villena, Cela, Goytisolo, Muñoz Molina, Saramago, Molina Foix, Leopoldo Azancot, Jaime Siles, Rafael Conte, Martínez Sarrión, García Posada (quizá la mayor "bète noir" de este fustigador de vocablos), Darío Villanueva, Santos Sanz, García Nieto o Pere Gimferrer entre otros. Detrás de estos nombres circulaba el poder y la gloria de las instituciones editoriales o políticas. Confieso que yo mismo (entonces escribía reseñas literarias en "La Vanguardia") estuve buscando mi nombre mientras leía y me juré que si  lo encontraba me acercaría a la localidad navarra de Alesués-Villafranca a invitar a comer o a tomar unos vinos a Víctor Moreno. Este látigo de herejes es, en realidad, un regalo de los dioses y las musas: nos obliga a cuantos empuñamos la pluma (o tecleamos ante un ordenata) de una manera pública y más o menos notoria,  a centrarnos en nuestro oficio y a buscar la "aristós", la excelencia, que debiera ser el propósito de toda persona honesta digna de ese nombre.

Para que no quede lugar a dudas (o a demandas por libelo) nuestro autor se toma la molestia de insertar en sus páginas reproducciones fotográficas de las páginas de diarios y revistas donde aparecen las declaraciones  y los comentarios imputados a dichas "personalidades", con la fecha bien clara, tal como se publicaron. En  "Fuera de lugar" (3) escrito 15 años más tarde, la nómina de celebridades se amplía (aunque hay "repes" que indican una verdad lamentable: la gente que prefiere ignorar sus propios fallos están condenados a perpetrarlos aún mayores) a Antonio Gamineda, Umbral y "Jeremías" Muñoz Molina, Carmen Rigalt,  José Antonio Marina ("profesor de filosofía, que no filósofo"), Suso de Toro, Félix de Azúa, Jorge Martínez Reverte, Elvira Lindo, Soledad Puértolas, Vidal-Beneyto, Antonio Gala, Pérez Reverte, etc. En el último capítulo del libro, Moreno publica unas necrológicas de los autores que habían fallecido entre bromas y veras: Greene, Celaya, Benet (cuyo "Volverás a Región" tanto hizo sufrir a Víctor), Donoso, Cela o Isaac Montero, entre otros. Tenga en cuenta el lector que para Moreno la necrológica es "un género ideal para revelar no la soledad en la que se quedan los muertos, sino la inmediata estupidez que asola y pasma a los  vivos". Y, "los críticos, metidos a necrólogos, muestran casi siempre una especial tendencia a la uniformidad en los ditirambos y sarcasmos acerca del amigo o enemigo que se va".

Tanto en "La manía de leer" (2) como en "Metáforas de la lectura" (4) Víctor Moreno se nos vuelve socrático y aplica cinismo y escepticismo a raudales. Las campañas de "fomento de la lectura" y el abuso de frases como "Quien no lee no piensa", "Quien no lee no puede ser libre" o las milagrosas consecuencias psico somáticas e incluso éticas y místicas de los libros, el poder transformador de la lectura y todos los tópicos que se endilgan por un "quítame allá esas pajas" ponen "estupendo" a nuestro autor. Y así, cuando se habla de la presunta influencia que los libros ejercen sobre los lectores nos dice muy juiciosamente: "Habría que empezar por investigar si tal influencia existe. Si es real y no una petición de principio y un deseo...de qué estamos hablando cuando decimos influencia...y saber quién es esa persona lectora, influenciable e influenciada;  conocer por qué lee, cómo llega a leer lo que lee y qué efecto tiene en ella la lectura y, sobre todo, qué hace con los libros que lee, y que dice leer, aunque nunca diga cómo los lee".

El examen de algunas de las metáforas habituales sobre la lectura, que es una "aventura", una "conversación o diálogo", un "viaje", "una ventana abierta al mundo", "un espejo a lo largo del camino" (¿o eso es cosa de la novela?) "una forma de felicidad" o de pensar o una amistad verdadera, permite a  Moreno hacer gala de su muy acreditada y jocosa ironía, trufada de sentido común (y gracias a los dioses, de humor) y recordarnos una frase de Penac que viene al pelo: "el verbo "leer" no admite el imperativo" o a Steiner "Ni la gran lectura, ni la música, ni el arte han podido impedir la barbarie total. Han llegado a ser el ornamento de esa barbarie, si hay que decirlo todo". Y para que veamos por donde van los tiros, cita también a Schopenhauer: "La lectura no es más que un sucedáneo del pensamiento personal. Con ella deja uno que sea otro quien lleve las ideas propias a la otra orilla del pensamiento". No se trata de libros contra la lectura y los libros, eso sería un absurdo esencial, (en todo lo que escribe Moreno se desprende una evidente y reivindicativa pasión profunda por la lectura, sino ¿de qué tanto libro sobre lecturas?) sino contra el uso malicioso, torcido, maniqueo, de tópicos y fórmulas que enmascaran la manipulación del placer de leer (la necesidad, para algunas personas) con fines ajenos a la sencilla complejidad (y perdonen el oxímoron) de la lectura y de la confortable existencia de los libros.

Harina de otro costal son los libros de Víctor Moreno sobre  la religión, la cristiana y dentro de ella la católica. Aquí se nota la influencia de Bertrand Russell en Víctor (sobre todo de su libro "Por qué no soy cristiano"). Desde "El soborno del cielo" (6) en el que se nos pregunta de entrada, "¿en qué ha convertido al hombre la religión?". Y se nos da una respuesta contundente y luego razonada "ad libitum" durante 187  páginas: "como no me asiste la fe, sino los datos de la propia historia, me atrevo a decir que, globalmente, la religión ha constituido el más formidable bisturí para cercenar de cuajo todo tipo de tolerancia, de ciencia, de investigación, de libertad y, en consecuencia de responsabilidad. La religión ha castrado el intelecto y la sexualidad...ha constituido el fundamento de casi todas las conspiraciones habidas contra la inteligencia, contra la racionalidad, contra el progreso y contra la felicidad del género humano". En la misma línea nos habla de la blasfemia como "desorden social" (5). En cuanto a "Los obispos son peligrosos" , "Así en la tierra como en el cielo" (7), donde Víctor vuelve al "modus operandi" de los libros sobre literatura, se trata de más de setecientas páginas de comentarios jugosos (en el sentido vitriólico- jocoso del término) sobre las cosas que han llegado a decir y publicar purpurados como Rouco Varela, Martínez Camino, Cañizares, Osorio y muchos otros altos dignatarios de la Iglesia, respaldados por la reproducción textual y no manipulada de frases y razonamientos que han sido publicados en España por los medios de comunicación (nuevamente con fechas, orígenes y reproducciones fotográficas). Dada la trascendencia de los temas y sobre todo de las consecuencias y realidades que delata, la cosa no tiene tanta gracia como en el caso de críticos y escritores. Uno acaba tan acosado por la sensación de vergüenza ajena y de indignación, que la lectura requiere tiempo y periodos de abstinencia. Prefiero, pues, dejar los comentarios a estos tres libros para otra ocasión.

Leer a Víctor Moreno constituye un ejercicio saludable. Y una constatación: la suerte de este autor es que viva en este siglo (incluso a pesar de los pesares, en este país) y que haya tenido la habilidad y el juicio de "no inventarse nada". Por mucho menos que esto a Sócrates le prepararon un cóctel de cicuta, a Séneca le invitaron a cortarse las venas, a Spinoza le acuchillaron y ningunearon, a muchos les quemaron sus libros en la hoguera y a otros,  aprovecharon el fuego para meterlos dentro, a aquéllos los desterraron y a esos les ofrecieron vacaciones de lujo en un gulag o en un campo de exterminio. ¿Cuál es el precio que ha tenido que pagar Víctor por sus libros? Una conspiración de silencio. Para el gran público y los principales medios de comunicación, Víctor Moreno no existe. O quizá sí...

 

LIBROS INDISPENSABLES (con perdón)

(1)   DE BRUMAS Y DE VERAS.- La crítica literaria en los periódicos.- Ed.  Pamiela, 1994. 236 págs.

(2) LA MANÍA DE LEER.- 396 PÁGS. Ed. Caballo de Troya, 2009

(3) FUERA DE LUGAR.-Lo que hay que leer de críticos y escritores.-443 págs.-  Ed. Pamiela, 2009

(4) METÁFORAS DE LA LECTURA.- Ed. Lengua de trapo.-222 págs.-2005

(5) EL DESORDEN SOCIAL DE LA BLASFEMIA.- Ed. Upaingoa Erdaraz.- 123 págs. 2004

(6) EL SOBORNO DEL CIELO.- Ed. Pamiela.- 189 págs.-2005

(7)LOS OBISPOS SON PELIGROSOS.- Ed Pamiela. 733 págs.2010

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3 abril 2018 2 03 /04 /abril /2018 07:36

Por una de esas extrañas casualidades que la vida nos depara de vez en cuando (sincronicidades las llamaba Jung), la semana pasada les relataba los gozos y perplejidades que me causó la lectura de "La alta ruta" de Maurice Chappaz (Ed Periférica) y hoy, saltándose a la torera el orden preestablecido por mi mismo en mis lecturas y reseñas programadas (debido a haber olvidado el libro que hoy les comento en el asiento del coche y haber partido de viaje sin mi acostumbrada ración de lecturas) les voy a hablar de un libro "Toda una vida", de Robert Seethaler (ed. Salamandra) que sin ser semejantes en nada, coinciden ambos en un punto esencial: el amor a la alta montaña. Para el suizo Chappaz la alta ruta de Chamonix a Zematt es un episodio iniciático física y espiritualmente, para el austro-alemán Seethaler aquellos mismos parajes son parte básica de la biografía de su protagonista, Andreas Egger, un montañés cojo y silencioso que vive el  nacimiento del alpinismo desde principios del siglo XX hasta los años setenta, montando telesillas y teleféricos en cumbres vírgenes y soportando las miserias y crueldades de una vida dura, atravesada por la experiencia macabra del nazismo.

Un episodio parece unir como el cordel de un collar  los principales episodios de la vida de Andreas: cuando a los 21 años encontró a su vecino el cabrero Hannes, El Corneta, moribundo en la nieve, se lo cargó a la espalda en un armazón de madera para ovejas, se enfrentó a la ventisca para llevarlo al pueblo en un esfuerzo agotador y al resbalar y caer con su carga, se le escurrió el armazón con el enfermo que, ante su sorpresa se libró de las cuerdas que lo aseguraban y dando media vuelta, se perdió montaña arriba con una agilidad impropia de un moribundo, mientras Andreas le gritaba, incapaz de seguirle, que no podría escapar de la "Dama Fría", la muerte por mucho que corriera. Muchos años más tarde, cuando Andreas ya es viejo y ha pasado por muchas penalidades aunque sigue viviendo en la montaña que tanto amaba y que tanto daño le había hecho, unos excursionistas hallan en una hendidura de hielo eterno el cuerpo momificado del "Corneta", con una sonrisa en los labios.

De niño Andreas Egger, huérfano, fue recogido por el cuñado de su madre ella, el cruel y "piadoso" granjero Kranzstocker, que desde los ocho años lo unció a un yugo de madera para bueyes, entre golpes con una vara de avellano en el trasero desnudo del chico para que tirara del yugo. Ese trato provocó la cojera de Egger, que aprendió a leer sin perder su talante, “pensaba despacio, hablaba despacio, caminaba despacio, pero cada pensamiento, cada palabra y cada paso que daba dejaban un rastro justo donde, a su juicio, debían dejarlo”. A los 18 años, con un cuerpo lisiado pero asombrosamente fuerte se enfrentó al granjero y se marchó de la casa. Trabajador infatigable y serio logró arrendar un terreno en un lugar solitario y hermoso de sus montañas, donde conocería brevemente el amor y la desdicha de perderlo de una forma épica y brutal. Vivió la Guerra mundial en el ejército alemán con una inocencia sin mácula, limitándose a seguir con su laboriosidad y terminando prisionero de los rusos en el Cáucaso. Tras ser liberado y volver  a sus valles, se hizo guía en las montañas para los turistas que empezaron a invadirlos. Andreas perdía la memoria al mismo ritmo interior pausado con el que perdió todos sus sueños. Fue entonces cuando apareció el cuerpo congelado de El Corneta.

Como Seethaler comenta (pág.128) "Como  todos los seres humanos, a lo largo de su vida había abrigado en su interior ilusiones y sueños. Algunos los había cumplido por sí mismo, otros le habían sido regalados. Muchos había permanecido inalcanzables, o so los había arrebatado cuando apenas los había logrado. Pero él seguía ahí". Y termina la narración con una bella reflexión: "Había amado y se había hecho una idea de hasta dónde podía llevar el amor...no recordaba de dónde era y últimamente no sabía adónde iba. Pero podía mirar atrás en el tiempo, a su vida, sin lamentos, con una media sonrisa y un gran asombro". El mismo que le provoca siempre la belleza, dura y formidable, de las montañas que le rodean.
 

FICHA

TODA UNA VIDA.- Robert Seethaler.- Trad. Ana Guelbenzu.- Ed. Salamandra.-139 págs.- ISBN: 9788498388152

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31 marzo 2018 6 31 /03 /marzo /2018 09:54

No había oído hablar de él. A pesar de ser montañero, de humildes cumbres, mis calados en la literatura alpina es breve y se ajusta a algunos clásicos (entre ellos el soberbio James Salter de "En solitario"). Pero el título "La alta ruta" y la sugestiva foto de portada y una apresurada lectura de los textos editoriales (a los que no suelo prestar demasiada atención, y perdonen) me atrajeron lo suficiente para investigar quién era ese Maurice Chappaz (fallecido con 93 años en 2009), un escritor dotado de una singular capacidad lírica y metafísica para describir sus caminatas.

Chappaz fue un hombre singular con una gran producción literaria en novelas, relatos y poesía, además de erigirse en defensor y paladín de la defensa ecológica de muchos rincones de su país. Viajero contumaz, montañista -que no alpinista- y vagabundo, propietario de viñedos, periodista, obrero en las obras de la gran presa de la Grande-Dixense  situada en el cantón de Valais, defensor a ulytrazan de la pureza natural del bosque de Finges, caminante fervoroso por países de Asia, América y Europa, me recuerda un poco la figura iconoclasta de dos escritores italianos que compartían con él una diversidad creativa extraordinaria y un amor a la tierra y a la montaña casi místico, el poeta y montañero  Erri de Luca, novelista, albañil, mecánico y revolucionario. Y también la del ermitaño Mauro Corona, escritor, alpinista y escultor italiano cuya novela-documento sobre su pueblo natal devastado por el desastre de la presa del Vajont, "Fantasmas de piedra" es una de las grandes novelas italianas del siglo XX.

La alta ruta  es una de las travesías montañeras los deportistas ya que conecta Chamonix con Zermatt a través de glaciares, un universo lunar nevado, apenas turbado por algún ocasional esquiador de fondo o el alpinista. Chappaz nos cuenta con un lirismo dramático y emocionante el esfuerzo que hace y el regalo de belleza , paz y desafío, el vértigo y la embriaguez del esfuerzo. Esa especie de obsesión silenciosa que acoge la subida permanente y fatigosa, cuando respirar cuesta un enorme esfuerzo y la mirada va bebiendo gota a gota la magnífica y a veces aterradora soledad y belleza de los parajes.  No se trata de engrosar una lista de logros ascendentes, de cumbres holladas, de gestas deportivas, no, de ningún modo. Aquí hay una suerte de viaje iniciático en el que el autor se reta as í mismo y se abre fatigosamente a el mundo de maravillas que le rodea. Desde el Mont Blanc hasta el Mont Rose, la  famosa travesía por los glaciares suizos es sobre todo una ruta mítica, un reto casi místico que, incluso, despierta elementos de un profundo erotismo, de una sensibilidad exacerbada.

Pero él confiesa en su introducción: "Mi amplia porción de fracaso, mi inexistencia en el alpinismo puro me permite escribir este libro" . Y añade: "Me limito a la travesía de los glaciares de abril a junio...cuento las tormentas...los pasos de altura...lo absoluto del desierto nevado con el completo olvido del punto de partida, el vertiginoso círculo de las cimas blancas..."mientras avanzo escribo con manchas de color, con gritos...según el dictado de un sentimiento interior inconfesable...la única razón de las ascensiones y de los amores: la dialéctica del Me persigo y huyo de mí".

Tal vez el desbocado y permanente lirismo de  Chappaz y su empeño en transformar su travesía en un relato iniciático interior, junto a su propensión a complejas metáforas y razonamientos profundos y algo herméticos, hace un poco difícil su lectura. A pesar de momentos delicados y certeros como cuando nos dice que al amanecer "todas las ramas de los árboles tienen esta mañana manguitos blancos" o cuando anuncia "parto con los esquís para escapar del trabajo. Sin explicaciones. La ciudad: el estruendo, la cancelación de mí mismo. Parto sin meta hacia lo que no tiene meta. Como un animal que retorna a sus ancestros". (pág.33) O cuando nos habla de otros alpinistas: "Aquellos que sin cesar lamen las montañas son únicamente pensativos y concisos. ¿Qué les produce esas arrugas?. Contra una puerta, los solitarios observan las nubes con una especie de huraña meditación".O canta la figura del guía en el refugio: "Los veo recibir a los cándidos sin manifestarles el mínimo desprecio y felicitar a los duros de las cimas sin la mínima envidia" (pág. 59). Si, pero hay que ir  leyendo con lupa para aislar momentos muy hermosos, inmersos en una exaltada narración subjetiva en la que a menudo el autor se  dirige a sí mismo. En la cima, "esquiamos...cantamos a la tirolesa en una danza final de adoración" Y se pregunta después lo que ha descubierto allí: "El exilio unido al edén" (pág. 141). Libro notable y excesivo. 

 

Cito su biografía: "Maurice Chappaz nació en Lausana en 1916 y falleció en Martigny, cantón del Valais, Suiza, el 15 de enero de 2009. Infancia entre Martigny y la abadía de Châble. Estudios de Letras. Durante la guerra entró en contacto con grandes escritores suizos de lengua francesa como Ramuz, Crisinel, Matthey o Roud. Conoció a su futura esposa, la novelista S. Corinna Bille, en 1942. Es a ella a quien evoca en el relato lírico Grandes journées de printemps (Grandes viajes de primavera, 1944). En esa difícil época Chappaz sufre una crisis tanto ética como estética, perceptible en el Testament du Haut-Rhône (Testamento del Alto Rhone, 1953). A partir de 1957 se estableció como viticultor en Veyras, convirtiéndose en un adalid de la defensa de las tradiciones campesinas de su país. En Portrait des Valaisans en légende et en vérité (Retrato de valisanos en leyenda y en realidad, 1965) y Le Match Valais-Judée (El partido valisano-judío, 1968) reconstruye, a través de leyendas y de anécdotas, un paraíso ya perdido por un progreso mal entendido.  A esta idea de defensa de los valores rurales se une una tendencia, en cierto modo nómada, presente en sus numerosos viajes a Italia, Laponia y Nepal. Tras un viaje a Rusia, el último con S. Corinna Bille, que falleció en 1979, pasó temporadas en Pekín y en el Líbano. Sus reflexiones sobre la muerte, iniciadas en 1966 con Office des morts (Oficio de muertos), se continúan en 1984, en À rire et à mourir (A reír y a morir), un relato en varias voces, en el que evoca a personajes desaparecidos. De 1987 es Le Livre de C., un devastador y bellísimo testimonio en recuerdo de Bille."

FICHA

LA ALTA RUTA.- Maurice Chappaz.- Trad.  Rafael-José Díaz.- E. Periférica.- 158 págs. 15,20 euros.- ISBN 9788416291588

 

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29 marzo 2018 4 29 /03 /marzo /2018 07:44

Los aficionados a la literatura victoriana, en su faceta detectivesca (antes no se llamaba "negro" a  ese género) estamos de enhorabuena con la colección que la benemérita Siruela dedica a "clásicos policiacos". Ya hemos comentado varios en estas páginas y en esta ocasión recomendamos al autor de "Asesinato en el laberinto", J.J. Connington, pseudónimo tras el que se escondía un profesor universitario de Química llamado Alfred Walter Stewart  (1880-1947). El talante científico de este entretenido novelista le da un carácter muy especial a sus personajes y sus tramas y la época en que vivió y escribió le hace contemporáneo de, ahí es nada, sir Arthur Conan Doyle (1859-1930) y su inmortal Holmes, casi un estereotipo, dotado de una sombra complementaria genial, el doctor Watson. En la novela de Connington, el protagonista es un jefe de policía, sir Clinton Driffield y su sombra de contraste es su amigo, "uno de esos afables caballeros del campo" , Wendower, "de Talgarth Grange", al que el policía suele llamar su "Escudero".

Ya la descripción de éste en las primeras páginas nos indica cuál va a ser su papel en las novelas de sir Clinton: "de conocerle de modo informal, fácilmente podría resultar una persona algo remilgada, de intelecto muy limitado e intereses aún más restringidos; sin embargo, tras esa fachada habitaba una mente bastante aguda que sentí un cierto placer ladino exagerando modos y maneras engañosos...era de todo menos tonto" (en el texto la traductora escribe un forzado "aunque le gustaba hacérselo"). Lo cierto es que hay algunos paralelismos literarios con las figuras de Doyle, aunque Watson está más perfilado y resulta más atractivo al lector que el "caballero rural" Wendower,  algunas de cuyas frases hacia sir Clinton rozan la impertinencia más antipática. Por cierto, Holmes y Watson son citados en varias ocasiones por el policía y su amigo como si fuera personas vivas y conocidas personalmente (aunque jubiladas, "se hizo entomólogo" dicen de Holmes) .

La trama se desarrolla en una finca rural en Whistlefield, dotada de un famoso laberinto vegetal cuyo recorrido está delimitado por altos setos que van configurando senderos sin salida o que regresan al punto de partida y cuyos vericuetos acaban conduciendo a dos centros distintos, con sus glorietas y bancos de descanso. Es en estos centros donde aparecen, asesinados con flechas impregnadas de curare, el dueño de la mansión, un personaje oscuro y muy rico debido a ocultas operaciones financieras y su hermano gemelo, un célebre abogado que está a punto de enviar a prisión  a otro oscuro millonario de actividades delictivas encubiertas  (asunto que será  el "MacGuffin" de la novela).

En el típico ambiente lujoso de la alta burguesía british rural, con chispeantes y entretenidos diálogos y una gama de personajes pintorescos --familia y amigos de los dos asesinados- la historia adquiere un ritmo endiablado tras la entrada en acción inmediata de los dos protagonistas, el jefe de policía y su amigo terrateniente, el "Escudero", más un oportunamente cercano doctor especializado en venenos. De inmediato se establece el juego de pistas, sospechosos y conjeturas, refrescadas por el humor: "Quedas al mando del Departamento de especulaciones, suposiciones y conjeturas de esta empresa, Escudero. Yo no soy mas que un humilde empleado de la sección Silencio y mutismo, dirección telegráfica: bocacerrada", le dice Clinton a su amigo. Las claves del asunto van siendo diseminadas aquí y allá por el meticuloso autor que, como suele suceder, nos las refrescará al final en el discurso aclaratorio típico.

Reconozco haber disfrutado bastante con la lectura, con alguna que otra agradable sorpresa al comprobar la inteligencia del escritor reflejada en algunas intervenciones de sir Clinton, como la de la página 156, "...a veces la mente humana está hecha para asumir conexiones que no existen en la naturaleza...tenemos un deseo instintivo de encontrar asociaciones entre grupos de fenómenos y a veces nos engañamos a nosotros mismos pensando que hay una relación cuando en realidad sólo se trata de un caso de simultaneidad". El lector aficionado al género disfrutará aún más con el diálogo y la disertación entre el policía y su escudero sobre los puntos básicos de toda investigación detectivesca policial (el capitulo 8, "Oportunidad, método y móvil"). En fin, no les digo nada más. Especialmente en este tipo de novelas, la discreción es una norma exigible para un crítico.

 

FICHA

ASESINATO EN EL LABERINTO.- J.J.Connington.-TRad. Esther Cruz.- Ed. Siruela.-264 págs.-ISBN 9788417308018

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