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28 febrero 2018 3 28 /02 /febrero /2018 10:59

Como diría mi viejo amigo Savater, Tom Sawyer  es el paradigma de la infancia recuperada. Quizá no tanto como Huck Finn, el otro gran personaje infantil del americano Mark Twain, pero también menos oscuro, más cercano al niño que seguramente fui y a los jóvenes que ahora tengan el buen gusto de leerlo. No se fíen de la aparente sencillez  de la narrativa, del estilo lineal, nada complejo de Twain en ete libro que no es "solo" un cuento para niños. Como "La isla del Tesoro" de Stevenson, algunas novelas de Verne o Dumas y, por supuesto Poe o Walter Scott, Tom Sawyer es una novela excelente, de un estilo sencillo pero no  simple, con ráfagas líricas nada ñoñas y un delicioso sentido de la travesura y de la -bastante compleja- psicología infantil. Hay una fuerza, una energía poderosa en el pulso narrativo de esta novela, arropada con una técnica literaria impecable. No conozco a nadie que la disfrutara en su infancia que, ya adulto e incluso anciano, no la requiera nuevamente alguna vez y, en secreto, trata de secar la humedad de sus ojos.

Samuel Langhorne Clemens, 1835-1910, (cuyo pseudónimo nació de un grito fluvial de medida de profundidad en el Mississippi, -Mark Twain, Marca Dos- donde se ganaría la vida como marinero en su juventud, sacaría jugo a Tom y le hizo salir como protagonista o invitado especial en cuatro novelas: Aventuras de Tom Sawyer, Aventuras de Huckleberry Finn , Tom Sawyer policía y Tom Sawyer en el extran­jero. Aunque sólo las  dos primeras dan una medida justa de la calidad de Twain. El mozalbete, un bribonzuelo listo como una ardilla, despierto  y audaz, mentiroso y romántico, es el prototipo del niño americano y por extensión y con algunas reservas de cualquier niño de su edad (como Guillermo Brown del inglés). Mucho menos asilvestrado que su amigo Huck Finn (este sí, un auténtico ejemplar de joven libre) Tom rompe las reglas pero no mucho, se enfrenta a dificultades pero siempre tiene una salida asegurada, inicia aventuras peligrosas pero sabe no estirar demasiado la situación y emplear el ingenio y la astucia.  Al contrario que Huck, intuye dónde está el recto camino de la madurez y el bienestar social.

Se suele definir esta novela como una narración iniciática, quizá dirigida a un público un poco más joven que "El guardián en el centeno" de Salinger. Tom, muestra su rebeldía y su protesta contra un mundo adulto rígido y encorsetado por normas y tradiciones no solo en sus acciones cotidianas en la escuela o en casa de Tía Polly, donde vive,  sino "inventando" aventuras que le den emoción a la existencia y para ello recurre a Huck, un "border line" social, con el que se propone un viaje a través del Mississippi. Será un viaje con peligros reales y los dos niños, auténticos "pícaros", regresarán a San Petersburgo, un discreto pueblito a orillas del gran río, el hogar, más ricos y maduros (relativamente: al final de la novela, Tom hace planes con Huck para llegar a ser grandes ladrones cuando sean adultos).

Así pues, amigos jóvenes y amigos adultos, no se pierdan "Las aventuras de Tom Sawyer" y las complementan con las de Huck Finn. Se divertirán, palabra.

FICHA

LAS AVENTURAS DE TOM SAWYER.- Mark Twain.-Trad. Aldo Berti.-ALMA ED. Clásicos ilustrados. pags. 255. ISBN: 9788415618744

 

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24 febrero 2018 6 24 /02 /febrero /2018 18:31

Proponer una nuevo paradigma de la ciencia y diseñar un mapa de la realidad que se ajusta a ese nuevo paradigma, es una tarea  notable. Desde que Thomas Kunh  acuñó el término en su "La estructura de las revoluciones científicas", sabemos que un paradigma es una constelación de supuestos metafísicos básicos, creencias, valores y técnicas, compartidos por los miembros de una comunidad académica. El científico Ervin Laszlo., viejo conocido de todos los que estudian y meditan en torno a la conciencia, un húngaro que está considerado como una autoridad mundial en la teoría general de sistemas, nos ofrece una visión del cosmos unitaria, sin fisuras y con el fundamento en una conciencia única y coherente. A esa conciencia única se le llamó en algunas culturas milenarias, el Tao, en otras más cercanas a nosotros el Uno, los religiosos le llaman Dios, el "elàn vital" del filósofo francés Bergson, el impulso contra-entrópico en el universo del biólogo Driesch que llamó "entelequia", la "sintropía" como fuerza que subyace en le evolución de sistemas coherentes o la "sintonía" de Teilhard de Chardin, el "éter" del físico del siglo XIX Jacques Fresnel, la "dimensión oculta del Universo según Giordano Bruno. Los diferentes sistemas espirituales y autores más o menos visionarios  intuyeron ya desde hace muchos siglos una visión coherente y unitaria del universo y el individuo en sintonía con él, que la ciencia contemporánea está confirmando a través de la física cuántica.

Medio siglo de investigaciones que llevaron a Lazlo en 1993 a proponer una ciencia unificada de la materia, la vida y la mente en "El cosmos creativo" (): "Las cosas que existen y suceden en el mundo están mucho más estrechamente relacionadas de lo que es capaz de aceptar la corriente dominante de la ciencia. Hay un factor de conexión en todos los dominios de la  naturaleza, tanto el físico y el biológico como en el cognitivo". En 2008 analizaba en "El cambio cuántico" () las diferentes vías de contacto y posible transformación que la nueva ciencia, el paradigma emergente, podría provocar en el sistema social, geopolítico, medioambiental, tecnológico y humano individual, haciendo hincapié en una evolución desde el individuo hacia la sociedad. Transitar del mecanicismo y el materialismo científico y social hacia una visión del mundo multidisciplinar, tal como nos proponían tradiciones milenarias espirituales. Y en 2012 bautizaba ese nuevo paradigma tantas veces anunciado y demostrado,  como "Akáshico".En su libro "El paradigma akáshico",  en el que sintetizaba al fin la espiritualidad con la ciencia en el concepto de "Akasha", paradigma basado en la interacción no local y la coherencia sistémica, que abraza la totalidad en la naturaleza con importantes implicaciones para la vida humana. Ya que nuestro mundo -al nivel cuántico- es un mundo entrelazado, un mundo de interacciones universales, no locales. Los antiguos "rishis" (sabios) de las tradiciones yóguicas llamaban "akasha" al "sutil  fondo en relación al que todo el universo material se hace perceptible", elemento esencial del cosmos, fundamento de los cuatro elementos básicos: agua, fuego, tierra y aire.Genera e interconecta todas las cosas y conserva la información que han generado. El la red del mundo y su memoria. Y resume: la existencia de las cosas no es una ilusión, pero si lo es su carácter separado. Es un tipo de inteligencia total, espíritu o "programa" del mundo que lo hace inteligible y coherente.

Y, por fin, en 2016, Laszlo sugiere un nuevo mapa del cosmos y la conciencia, como resultado coherente de su recorrido intelectual, científico y vital. En "La naturaleza de la realidad" (), Laszlo hace un compendio de conceptos científicos, filosóficos y espirituales o metafísicos que estructuran un nuevo paradigma en el que se superan las dicotomías clásicas  del cuerpo y la mente, el espíritu o la materia y el ser o la nada, el vacío, el no ser. Todo forma parte de un ciclo infinito de existencia que se despliega más allá del espacio-tiempo. El nuevo concepto de la realidad, bajo la óptica de los asombrosos descubrimientos de la física cuántica, percibe la interconexión de todas las cosas del universo. L a realidad fundamental no es materia, sino energía y las leyes de la naturaleza no son normas de interacción mecánica sino "algoritmos" que codifican patrones de energía en forma de onda. Y en consecuencia, los seres humanos co-evolucionamos con todas las cosas que nos rodean (tanto si no nos lo creemos o no nos gusta o no lo percibimos).  El alcance inconcebible del nuevo paradigma que nos propone la ciencia (o una parte de ella, muy osada) nos hace pensar en aquella frase de Einstein: "Hay dos maneras de vivir: como si nada fuera un milagro o como si todo fuera un milagro". De forma intuitiva, filosófica y poética durante mi larga vida he terminado creyendo -sin necesidad de que la ciencia me lo corrobore- que todo lo que me rodea, incluso yo mismo, somos "milagrosos". Y cuanto más estudio la conciencia y me acerco a la Naturaleza, esa  intuición se convierte con clara determinación en una "creencia". 

El paradigma emergente de Laszlo recoge perspectivas tan sugestivas como la teoría del holomovimiento de Davis Bohm, el modelo holográfico del cerebro de Karl Pribram, la teoría de los campos morfogenéticos de Rupert Sheldrake, las teorías disipativas de Ilya Prigogine y los hallazgos terapéuticos de la psicología profunda y la transpersonal...entre otras y las integra en una teoría comprehensiva del campo de información universal , una "teoría del todo", el sueño de los grandes científicos desde Einstein a Stephen Hawking (aunque éste la cuestionó tras analizar el teorema de Gödel). Para Lazlo la conciencia no es un producto neurológico del cerebro, sino una parte esencial de la existencia del universo que, simplemente, se "localiza" en cada individuo como  una manifestación más del campo de información global que es la conciencia unificada. Y ella es una inteligencia en acción que coordina los grupos de vibración que aparecen como fenómenos tipo objeto y tipo mente. Se trata de vibraciones de baja frecuencia (las de alta frecuencia son estados de alta excitación focalizada) que tienen mayor alcance y duración y permiten el contacto y la comunicación. Justamente el tipo de vibraciones que se alcanzan en estados profundos de meditación, oración, goce estético o amor incondicional.

 

 

 

 

 

FICHA

  • Traducción:
  • Agustín López Tobajas y María Tabuyo
  • ISBN: 9788499885773
  • Páginas: 360, 17,31 €
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21 febrero 2018 3 21 /02 /febrero /2018 08:28

Lo que el hombre es, su manera de vivir, incluso de pensar, se decide en la oficina del estómago. No de una forma directa, sino de manera lenta y progresiva (a no ser que nos enfrentemos a una intoxicación alimentaria, por supuesto: entonces la cosa es rápida y a veces funesta. Somos lo que comemos, dicen los clásicos. Después de leer este libro, escrito por una persona conocedora del intríngulis de las industrias alimentarias, uno piensa que no es sorprendente la deriva patológica global de los ciudadanos del siglo XXI. El autor, Christophe Brusset, es un ingeniero francés que ha trabajado durante más de veinte años en la industria agroalimentaria en empresas de toda Europa, Estados Unidos y Canadá. Viene pues del centro neurálgico de la civilización occidental, pero dada la globalización, con relaciones intensas con mercados, proveedores y empresas del ámbito repartidas por todo el mundo. Se supone que sabe muy bien de lo que habla. Nos desvela las manipulaciones, errores, engaños, estafas y horrores que ponen en cuestión gran parte de la alimentación que consumimos. Nuestra salud está en peligro y lleva años estándolo, hasta el punto que uno piensa si no será ese, junto con la contaminación, las guerras y el estrés caótico de la vida actual, los cuatro nuevos jinetes del apocalipsis. como dice el autor: "Hoy en día muere más gente por comer demasiado y mal que por no comer suficiente".

Las violaciones de las leyes y reglamentos alimentarios en todo el mundo parece ser cosa habitual, los "agujeros" legales por donde se cuelan productos químicos son tan grandes como inoperantes los supuestos controles que se realizan sobre productos, elementos químicos, industrias de transformación y envasado...en suma en todo el proceso que lleva del producto en sí mismo hasta le mesa del consumidor y su estómago. Las prácticas fraudulentas forman parte de la práctica cotidiana de dicha industria, bien asesorada de abogados para cercenar inmediatamente cualquier intento de desvelar el rostro tramposo de un Mago de Oz potencialmente letal, bien protegido por una opacidad maliciosa y una ley del silencio corporativa.

El panorama que nos desvela Brusset es como un tapiz de trapacería, inconciencia, irresponsabilidad, fraude criminal y estupidez peligrosa: lasaña que contenía carne de caballo vendida como carne de buey, té verde chino con restos de pesticidas, azafrán español que se cultiva en Irán, mermeladas de la fruta que usted quiera sin rastros de la fruta en cuestión, guindilla india en la que se encuentran habitualmente excrementos de ratón, leche infantil china contaminada con melanina (sustancia tóxica que aumenta el índice de proteínas para llegar al tope que se exige), miel turca con azúcar industrial líquido, pimentón ionizado en Sudáfrica… un auténtico patio de Monipodio donde todas las granujerías y cambalaches tienen su asiento. La lectura de este libro escandaliza y nos convence...porque es cosa de simple sentido común. Los millones de kilos de "finas hierbas de las Provenza" es imposible que sean de allí (como los carísimos puros habanos que se venden en todo el mundo es imposible racionalmente que se produzcan en la isla de Cuba). Por eso uno se cree el resultado del análisis que nos proporciona Brusset: el tomillo es de Marruecos, la albahaca y la mejorana de Egipto, el romero de Túnez...

Se engaña en el peso, en las fechas de caducidad, se alteran las características del producto, se falsifica información, se usa masivamente aditivos, supuestamente autorizados, con los que se alteran sabor y color, conservar, para reducir calorías, para que brille más, para que cruja, etc. Únanse a estos los colorantes, los aromatizadores (muchos de ellos atiborrados de pesticidas) o los envases de cartón reciclado (altamente cancerígenos).

Bueno, dejémoslo aquí. Aún tiemblo de horror al pensar en los peligros alimenticios a los que estamos expuestos. Por tanto tomen buena nota de los consejos que reparte el amigo Brusset  (me pregunto qué precio pagará ese ingeniero por su libro de denuncia) y traten de paliar en lo posible tales peligros, ay, tan evidentes y cotidianos. Como escribe este autor: "no confíes en nadie, mantente atento y, sobre todo, ¡sé exigente! Eres tú quien, frente a los estantes de las tiendas, decide comprar o no lo que le presentan. Utiliza ese poder para lograr cambiar las cosas".

 

FICHA

¡Cómo puedes comer eso!.- Christophe Brusset.- Trad. Palmira Feixas.- Ed. Península, 2017.-19,90 €.- ISBN 9788499425801.



 

 

 

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17 febrero 2018 6 17 /02 /febrero /2018 08:15

¡Ahí es nada! !Treinta y cinco obras literarias para descubrir el mundo! Descubrir al novelista agazapado tras su paisaje, contando lo que él escribió desde el lugar donde vivió el acto creativo, comentando las páginas clásicas a través de la visita, el paseo, la observación, el paladeo de los lugares que esos genios habitaron, donde sufrieron, se enamoraron, persiguieron quimeras o se hundieron en la dura realidad. Ese es el empeño coordinado por Pedro García Martín con la excelente -encantadora diría yo- ilustración y diseño de Agustín Comotto y Tono Cristófol. El volumen, editado por Nordica Libros, es uno de esos objetos literarios que uno atesora en su biblioteca y hojea de vez en cuando encandilándose con lo que allí se nos narra, que no es más que la llamada a la nostalgia de la primera vez que deambulamos por el Combray de Proust, la Florencia de Dante, el Londres de Sherlock Holmes y el doctor Watson, la colombiana Arataca de García Márquez, el Amiens de Verne, el Madrid de Cervantes (a la Argamasilla de don Quijote), la Venecia de Marco Polo, el Dublín de Joyce (siguiendo los pasos del judío Bloom), la India imperial de Kipling, la Praga de Kafka, la Lisboa entrañable de Pessoa.

Se trataba de dibujar "una suerte de Imago Mundi de la literatura universal, trufada claro está de los mapas adecuados a cada autor y su obra  siguiendo dos criterios : "que sean libros incontestables para la abrumadora parte de la crítica y que estén repartidos por los ámbitos culturales del mundo. Después cada clásico es presentado por un escritor afín a su contexto creativo, para de seguido ser ilustrado por un mapa que refleja en dibujos el discurrir de su argumento".

Desde el legendario poema de Gilgamesh (del 1.400 a.C.) y la Biblia o la Odisea de Homero ( que comenta el maestro García Gual). la Eneida de Virgilio con texto de Luis Alberto de Cuenca, un "lletraferit" impenitente, a "Las mil y una noches" (con el erudito Alberto Manguel), "El libro de las Maravillas" de Marco Polo o "La Divina Comedia" y "El Decamerón" (Pedro García Martin), pasando por "El Quijote " (con Julio Llamazares al timón), el "Werther" de Goethe (Fernando Aramburu), "Moby Dick" de Melville (de la mano de Andrés Barba), los poemas de "Hojas de Hierba" de Whitman, el patriarca de la libertad made in USA, el Tolstoi de "Guerra y Paz" o el Ibsen de "Casa de muñecas"; recalando en la India de la formidable "El hombre que pudo reinar" de Kipling (Ignacio Peyró) o su sucesor directo, el polaco Joseph Conrad que escribió un inglés irreprochable y creativo (glosado por Juan Marqués) hasta Julio Verne  o Sherlock (este ultimo bajo la batuta nuevamente de Luis Alberto de Cuenca que, me consta, es otro de los fanáticos de S.H. entre los que me cuento). Para el mundo del siglo XX, la lista es nutrida y variada, Selma Lagerlof, Proust, Joyce, Hasek, Neruda, Kafka, Pessoa, Borges, Guimarães Rosa, García Márquez, el Nobel nigeriano Wole Soyinka, Octavio Paz y la Nobel sudafricana Nadine Gordimer.

Aportación original, sorprendente e ilustrativa son los "mapas" o infografías de aspectos relacionados con el autor y la obra del que se trata, desde la ruta penosa de regreso a Itaca de Ulises de la Odisea, a los viajes de Marco Polo, las libros salvados o quemados en el auto de fe del "donoso escrutinio" del cura y el barbero del Quijote, el periplo egipcio de Sinuhé (no el de Mika Waltari, sino el anónimo del 1947 a.C.), el esquema cartográfico florentino del Dante o del "Decamerón" , un mapa de negocios de los italianos de la Toscana de entonces, el imperio español del siglo XVII para ilustrar al inquieto Cervantes o la Europa del Sacro Imperio de Goethe, los países nórdicos de Elias Lonnrot para ilustrar su "Kalevala" y los Estados Unidos del siglo XIX para el Melville de la ballena asesina (con un mapa sobre la persecución del Pequod y el encuentro fatal con Moby Dick, el Imperio ruso pre revolucionario de Tolstoi o del de los "Viajes Extraordinarios" de Verne...En fin, amigo lector, un florilegio de incitaciones a la lectura.

Por cierto no quisiera pasar la ocasión de reivindicar a Santiago Rodriguez Santerbás, autor del delicioso "Tres pastiches victorianos" (cosa que también hace Luis Alberto de Cuenca en su texto sobre Holmes de este libro) en el que escribe un relato apócrifo de Holmes y Watson que hará las delicias de los fanáticos holmesianos que no lo conozcan. El libro que tuve el honor de reseñar allá por los 80 en "La Vanguardia", lo publicó Hiperión y aun se puede encontrar por Internet si uno busca bien. S.R.Santerbás es un escritor fascinante injustamente olvidado. Valgan estas líneas en honor suyo y pobre reparación de lo que le debemos los lectores.

En resumen y volviendo al "Atlas": es un libro para tener y también para quedar estupendamente regalándolo. Palabra.

FICHA

ATLAS DE LITERATURA UNIVERSAL.- VV.AA., coordinados por Pedro García Martín.- Diseño e ilustraciones de Agustín Comotto y Tono Cristófol. Editado por Nordica Libros.-145 págs.-29,50€.- ISBN9788416830831

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14 febrero 2018 3 14 /02 /febrero /2018 18:13

De vez en cuando los norteamericanos imbuidos por su manía del Readers Digest, es decir darlo todo mascado y casi digerido para no entorpecer la difícil lectura de los cautos lectores, dan con un acierto que, si logra superar las cribas de los lectores europeos desconfiados ante el "pildorismo" yanqui, sorprende un poco por superar el listón de la simple banalidad y está lejos del despropósito lleno de suficiencia de sabiduría de almanaque. Este es el caso con el irritante título del libro que hoy comento: "El libro esencial de la Loca Sabiduría", que suena a prepotente broma pesada del espiritualismo tipo supermercado que se da en ese admirable país (a pesar de todo, principalmente de su presidente). Lo cierto es que, básicamente, es un libro de divulgación filosófica con un juguetón sentido del humor y una desfachatez de lo más divertido. Prefiero no adelantarles nada sobre el  autor (un tipo que dice ser budista) y les sugiero la adquisición de este libro para utilizarlo terapéuticamente  en esas jornadas en las que todo parece ir de mal a peor. Uno de los consabidos juicios sobre el libro que los editores ponen en la contraportada (en este caso en el interior), firmados por personalidades más o menos conocidas asegura que el libro es "el eslabón perdido entre la meditación sentada y el monólogo de pie". ¡Suculento comentario! Tras leerlo, entre sonrisas y un poco de bochorno, yo creo más bien que si es el "eslabón perdido" de algo es de una reencarnación absurda de Diógenes el cínico entrecruzado con Groucho Marx.

Lo cierto es que "Scoop" -apodo profesional del autor-  no engaña a nadie. Ya su primera cita deja las cosas en su sitio: "Las cosas no son lo que parecen. Tampoco son algo distinto" (Lankavatara Sutra). Y a continuación nos espeta: "considero este libro como un excelente manual de supervivencia" (sic). Y añade:..."su mensaje (aunque muchos negarán que lo tenga) es que todos estamos juntos en este momento de la historia y que la respuesta más apropiada que podemos darnos unos a otros es la compasión y compartir la risa".

El espigado de citas es lo mejor del libro y el entramado entre ellas está lleno de humor y de sentido común, con lo que a mi entender queda justificado que no haya recomendado tirarlo directamente a la papelera (o dejarlo en un banco del parque) sino leerlo de vez en cuando, anotándose algunas de las reflexiones que nos propone. Una de las que mas me ha divertido es de Arthur Koestler y reza: "La evolución del cerebro no sólo excedió las necesidades del hombre prehistórico sino que es el único ejemplo en el que la evolución proporcionó a una especie un órgano que no  sabe cómo utilizar". Poco científico pero irónicamente brillante.

Nuestro autor no se anda con chiquitas cuando nos dice: "La loca sabiduría siempre ha sospechado que el mundo no es lo que parece ser. Los  santos y los sabios llevan siglos intentando decírnoslo a través de los lenguajes del misticismo y la poesía. Ahora los científicos contemporáneos están diciendo lo mismo en términos de física, biología y astronomía." Y como coda final para convencerles de que hagan con un ejemplar, les adjunto otra cita ajena del bueno de Scoop (que  en castellano se puede traducir "Noticia bomba", como la novela de Evelyn Waugh, un humorista inglés masculino, pese al nombre). Esta es de un maestro tibetano de meditación y dice: "Como todas las cosas no son sino una aparición, perfectas siendo lo que son, sin tener nada que ver con el bien y el mal, con la aceptación ni con el rechazo, uno puede muy bien estallar en carcajadas". Pues eso.

FICHA

EL LIBRO ESENCIAL DE LA LOCA SABIDURÍA.- Wes "Scoop" Nisker.-Trad. Blanca González.- Ed. Gaia.-217 págs.-10 €.- ISBN:9788484451921

 

 

 

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11 febrero 2018 7 11 /02 /febrero /2018 09:40

El cineasta y guionista Ari Folman y el ilustrador David Polonsky han hecho un buen trabajo. Se trataba de un reto no sólo artístico o literario sino también emocional, ya que su adaptación gráfica de El diario de Ana Frank,  un libro de un simbolismo profundo no solo para la etnia judía sino para todo el mundo civilizado que abominó de la barbarie nazi. Fue un documento estremecedor de la capacidad de supervivencia del ser humano bajo las condiciones más adversas y crueles y un testimonio enternecedor de las experiencias de una jovencita, casi una niña, bajo la inicua t sádica persecución  nazi de los judíos y los crímenes inhumanos que se cometieron en una de las épocas más aciagas de la historia europea.

El encanto del libro es considerable dada la original e inteligente y sensible personalidad de Ana, cuyo fin en el campo de Bergen-Belsen, sólo un mes antes de que fuera liberado por tropas inglesas (12 de abril de 1945), da un carácter testimonial trágico a las vivencias de la niña en "La casa de atrás", como llamaba a un anexo del edificio de la empresa del padre de Ana en Asterdam. Se trataba de una estrecha casa de dos pisos y un desván, a la que se accedía a través de una puerta secreta, oculta por una estantería en uno de los despachos de la empresa. Allí estuvieron encerrados los cuatro miembros de la familia Frank, tres de la familia Van Daan y un dentista llamado Albert Dusel.. En total ocho personas, contando tres jóvenes y cuatro adultos convivieron durante casi dos años y medio hasta que fueron delatados y detenidos por la Gestapo el 4 de agosto de 1944 y deportados a Auschwitz. Todos, excepto Otto, el padre de Ana, morirían en diversos campos. Otto Frank publicó el Diario que escribió su hija dos años después de terminar la guerra. Dado su éxito mundial, Otto creó una Fundación con fines benéficos y educativos, que lleva el nombre de su hija y es la actual propietaria de los derechos de publicación.

Los autores de esta versión gráfica (de una calidad extraordinaria) citan una frase del historiador Alvin Rosenfeld, "es muy probable que haya más gente familiarizada con la época nazi a través de la figura de Ana Frank que a través de ninguna otra figura del periodo, con la posible excepción del propio Adolf Hitler". Quizá un poco exagerado, pero bastante posible. El trabajo de Folman y Polonsky ha sido laborioso, original y muy sugestivo. Evidentemente ha habido que seleccionar y condensar el texto original con la exigencia de ser lo más fiel posible a la obra. Se trataba de combinar las anotaciones del diario para poder tocar los temas que trató Ana. Los autores han logrado secuenciar esos temas a veces de forma gráfica sencilla y abarcadora  como la página que muestra con dibujos secuenciales los problemas que causaban a la niña las comparaciones con su hermana mayor. Temas como el hambre, la figura de la señora Van Daan  o la vecindad insoportable en la habitación de Ana con el dentista Albert, los miedos y pesadillas de la niña o su imaginada "relación" sentimental con Peter, el hijo de los Van Daan. Todo ello servido con unos textos de una madurez, ternura, inteligencia crítica, impensables en una jovencita de catorce o quince años que soñaba con ser escritora y, sin sospecharlo, estaba escribiendo un libro formidable. Los autores de la novela gráfica han tenido el acierto de respetar de vez en cuando, sobre todo al final, los textos originales (en páginas donde desaparece el dibujo y queda el fragmento textual)  que muestran una calidad literaria extraordinaria 

FICHA

EL DIARIO DE ANNE FRANK.- Ari Folman y David Polonsky (guionista e ilustrador).- NOvela gráfica.-156 págs.-14,95€.-De Bolsillo.-Penguin Random House.- ISBN 9788466340564

 

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8 febrero 2018 4 08 /02 /febrero /2018 10:00

Interesante ejemplo de tratado filosófico para eruditos o profesores con párrafos brillantes e ideas como destellos, pero en general, un texto difícil, perdedor y que reclama a gritos dos o más lecturas para comprender el estilo de Colli, el gran Giorgio, que fiel a la moda de los sesenta y setenta (que casi hunden la filosofía en el purgatorio de una minoría absoluta) oscurece voluntariamente, al parecer, lo que pretende decir en una formulación críptica que recuerda al más difícil Wittgenstein y, aún más semejante a Colli, al gran Heráclito, filósofo griego arcaico, al que en su tiempo llamaban "el Oscuro".

Hay autores y pensadores que pasan totalmente inadvertidos  en su propio tiempo o quedan reducidos al ámbito más bien estrecho de lo puramente académico. Es el caso de Giorgio Colli, cuya heterodoxia tiene el efecto paradójico de volver sus trabajos interesantes en el momento actual. Me refiero concretamente  a obras que últimamente están siendo recuperadas del fondo de los años 70 y se han convertido en trabajos sugestivos para los actuales pensadores del siglo XXI.: la que comentamos, Filosofía de la expresión,  y otras de la misma época, La naturaleza ama esconderse, Después de Nietzsche  y los tres tomos de La sabiduría griega. En ellas Colli se despega de los trabajos intelectuales de su tiempo sobre la filosofía griega y busca una aproximación a la "pureza" de planteamientos de la filosofía como práctica de vida, coincidiendo con Pierre Hadot y su escuela, que han marcado la deriva que defienden pensadores de ahora como Foucault, Onfray y Sloterdijk.

Muy cerca de muchas tesis lacanianas sobre la duplicidad del lenguaje, Colli percibe cómo el logos se transforma en un discurso escrito que relativiza la realidad, que traiciona su propia esencia, instituyendo un sistema significante que se aleja de lo inmediato, del contacto con la experiencia en sí. La frase de Whitehead que la tradición filosófica europea sólo es una serie de añadido a pie de página a la obra de Platón marca los límites que Colli pretende superar y paradójicamente propone una vuelta a los orígenes, un encuentro entre la "sophia" y la "filo-sophia", entre una supuesta estructura del saber y la práctica vital de ese saber.

Leer "Filosofía de la expresión" es, al menos para este comentarista, un reto algo irritante (aunque aleccionador, todo hay que decirlo).Colli carece de esa cortesía de los genios que consiste en expresarse con claridad y sencillez. Una innecesaria complejidad expositiva vuelve árido el texto aunque en principio uno esté predispuesto a comprender y a admirar. Una admiración justificada por el prólogo encomiástico de Miguel Morey (aunque éste también menciona la "aridez especulativa" del texto o de un "deliberado feísmo" de la prosa) que ruega al lector paciencia pues es como un rito de paso a la sabiduría ya que la "dificultad es parte del juego". Admiré el rigor en la edición crítica de los textos de los presocráticos griegos y la belleza expositiva de "La Naturaleza ama esconderse" pero disiento de Morey en considerar la "Filosofía de la expresión" una obra maestra. No obstante merece el esfuerzo de la lectura en muchas ocasiones. No de la "obligatoria relectura" que preconiza su (excelente) traductor.

Un poco me recuerda la admonición que el profesor Ignacio Izuzquiza hace en su magnífica "La filosofía como forma de vida" que, aunque no es del todo aplicable a Colli sí resume de forma contundente toda una tendencia especulativa de la filosofía contemporánea: "Algunas de las contribuciones significativas de la filosofía de nuestros días resultan prácticamente ilegibles e incomprensibles. Cultivan una falsa sutileza de lenguaje y de argumentación que desemboca en una sarta de incomprensibles y crípticas afirmaciones." Me quedo con el Colli de "La naturaleza ama esconderse" y los tres excelentes  tomos comentados de "La sabiduría griega" . Mis disculpas, amigo Morey.

FICHA

Filosofía de la expresión.- Giorgio Colli.-Trad. Miguel Morey.- Ed. Siruela.-279 págs. ISBN 9788478442706

 

 

 

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6 febrero 2018 2 06 /02 /febrero /2018 10:28

Ignacio Izuzquiza, catedrático de Filosofía de la Universidad de Zaragoza, ha escrito un libro complejo y sistemático con el mismo título que utilizó Pierre Hadot para el volumen dedicado a sus conversaciones filosóficas con Jeannie Carlier y Arnold I. Davidson, que editó Alpha Dekay hace unos años y que ya hemos comentado aquí junto a otros libros del gran pensador francés. Izuzquiza ha reconocido la deuda al principio de su libro, aunque no es sólo el título, también hay ecos de las reflexiones de Hadot en "La filosofía como forma de vida", editado por Síntesis en su colección dedicada a la Filosofía.

Sin embargo son dos libros radicalmente distintos. Este es el trrabajo de un filósofo en ejercicio que reflexiona en primera persona sobre la labor de filosofar, dejando respetuosamente a un lado las aportaciones de los grandes filósofos o con sucintas  referencias a tenor del pensamiento sistemático que va desgranando. Más que un volumen dedicado a la filosofía y a los filósofos es una propuesta de análisis de la propia materia del filosofar, del pensamiento esrtructurado en pos de un fin aclaratorio, examinando los problemas que plantea dicho riguroso examen de conceptos e ideas que van escalonándose en un programa que revela la urdimbre oculta de la herramienta del pensar y sus manifestaciones.

Como Izuzquiza muy bien dice: "mi ensayo incluye dos niveles de expresión: una expresión técnica que aborda problemas muy concretos que lleva mi argumentación a exponer análisis de conceptos de un modo intencionalmente elaborado, pero al mismo tiempo la consideración de una serie de temas generales que permiten conectar la filosofía con otras formas de actividad intelectual". Lo cierto es que el libro resalta algo espeso de lectura pero enormemente clarificador y sugerente. Es la obra de un filósofo crítico y lúcido que incluso se permite algunas dosis de indignación ante la praxis de determinados filósofos y las confusiones y excesos que generan (con enorme elegancia, el autor no da nombres, define tendencias). Particularmente me ha encantado una diatriba contra el ejercicio de la razón de una forma tan inicua que niega la posibilidad de una verdadera actividad racional  (págs. 154/155).

El libro se articula en cuatro capítulos: una descripción de lo que fue y es la filosofía; el segundo, muy bien estructurado, define los rasgos del filósofo; el tercero, tal vez el más complejo y laborioso defiende la necesidad de dotar a la filosofía actual de una teoría especulativa rigurosa; y el cuarto, que se ajusta al título del libro y su objetivo esencial, reivindica el valor actual de la filosofía para engranarse en las actividades del hombre del siglo XXI y cómo puede delinearse una vida orientada por la filosofía.

Es un libro excelente y de una excepcional validez para orientarse en el momento actual del apasionante mundo filosófico y ejercitarse en una práctica realmente transformadora. El lector ya informado, el amigo de la búsqueda de la sabiduría disfrutará con el "holograma de la filosofía" que nos propone el profesor Izuzquiza. Como ejemplo del rigor expositivo y la inteligencia del autor, les apunto los elementos del "mapa" de los aspectos que hay que tener en cuenta para entender la materia: 1, la seducción de lo obvio;2, la ausencia de todo objeto propio;3, la transparencia de la complejidad;4, el orgullo de la pregunta incesante; 5, el tratamiento del límite y la elaboración de un mundo elástico; 6, el trabajo de la diferencia.Si usted, amable lector, es capaz de aplicar estos puntos a lo que sabe o intuye de la filosofía, comprenderá sin más la validez especulativa y definitoria de este autor.

El lector se sentirá atraído sin remedio por la sutil lista de rasgos que definen esquemáticamente a un filósofo "como debe ser" (págs.213 y sgtes.) y por el brillante y casi místico análisis que el autor hace de la filosofía "como saber de soledades y silencios", desmenuzando esos dos conceptos en toda su enorme riqueza y las contradicciones y dificultades que comportan (págs.225 y sgtes.)

Con un estilo complejo y analítico, crítico y con ramalazos de expresiones poéticas o metáforas imaginativas, Izuzquiza acaba su libro con un epílogo y "una sonrisa irónica". Reconoce la circularidad de su empeño, "pues el silencio, la soledad y la reivindicación de una razón apasionada que guía la vida de un filósofo no es sino la conexión con ese triple espacio del que parte la filosofía: la seducción de lo obvio, la vaciedad de todo objeto propio y la reducción de la complejidad". Un ensayo "huérfano de citas eruditas que reconoce muchas influencias" que termina asegurando "la filosofía sigue siendo una bella diosa que responderá siempre con irónica sonrisa a quienes se atrevan a preguntar por su valor". Aunque, amigo Izuzquiza, será necesario algo más que sonrisas para "desasnar" a los que tienen el poder de marcar tendencias en nuestra educación secundaria y universitaria.

FICHA

LA FILOSOFÍA COMO FORMA DE VIDA.- Ignacio Izuzquiza.- Editorial Síntesis.-251 págs. ISBN 9788497563413

 

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4 febrero 2018 7 04 /02 /febrero /2018 10:20

Reconozco que el género de la novela gráfica no lo conozco mucho. Hace unos días leí y escribí sobre una adaptación al cómic del libro "El Diario de Anna Frank" realizada por dos jóvenes israelíes y quedé fascinado. En esta ocasión, a pesar del renombre "undreground" del escritor Hans Fallada (curiosamente vivió la misma época y el mismo país, la Alemania nazi, que la pobre niña judía) y de la calidad indudable de la adaptación y el dibujo de Jakob Hinrichs, no me he sentido tan complacido. Supongo que a los amantes del cómic, los trazos de aparente simplicidad, las composiciones surrealistas y el soberbio -hay que reconocerlo-- uso de los colores de Hinrichs les elevará al goce expresionista más selecto.

El argumento es el relato de un viaje al infierno, un patético caer en los "paraísos" de las drogas y el alcohol. Es una historia ya muy conocida en los anales literarios, la decadencia moral, los horrores y el sufrimiento de la persona que no puede -muchas veces tampoco desea- salir del círculo demoníaco y se deja invadir por la desesperación y el deseo profundo de autodestrucción y muerte. Sin embargo no acaba de quedar clara esa rápida caída  del próspero comerciante Erwin Sommer en el infierno. El autor y dibujante Hinrichs hace una original simbiosis entre la historia ficticia del comerciante y la biografía del escritor.Fallada escribió "El bebedor" durante una estancia de desintoxicación en un hospital (antesala de otro dedicado a aplicar la "eutanasia" a borrachos y drogadictos según las ansias de "pureza" racial del III Reich).

Unos datos sobre el autor, Jakob Hinrichs (1977), estudió ilustración en la Universidad de las Artes de Berlín y completó sus estudios en la Universidad de Bilbao. Actualmente vive en Berlín y desde 2007 trabaja para medios como The New York Times, The Guardian, The Washington Post, The Wall Street Journal, Reader’s Digest o L’Express. Su primera novela gráfica fue una adaptación de Relato soñado, la novela de Arthur Schnitzler.

En cuanto a Hans Fallada, el escritor, fue un autor con bastante éxito en Alemania. Nació en 1893 en una familia burguesa de comerciantes y tuvo una vida difícil desde los comienzos ya que fue internado debido a su rebeldía y carácter violento (contra sí mismo) en instituciones psiquiátricas o prisiones. Practicó  oficios variados y ocasionales, campesino, periodista o contable, empleo éste que le llevó a la cárcel por malversación. Un posible cambio de fortuna le deparó el éxito de su novela "Pequeño hombre, ¿y ahora qué? " que incluso fue adaptada para el cine. Entonces (1933) el nazismo llegó al poder. Muchos de esos eventos biográficos los ha integrado Hinrichs en esta novela gráfica, por ejemplo el pacto suicida de Fallada con un amigo que se saldó con la muerte de éste y la culpa permanente del novelista. Fallada se negó a entrar en una institución nazi para los intelectuales y comenzó otro tipo de persecución. El escritor murió de sobredosis en 1947. No hace muchos meses pude ver en el cine una adaptación de su novela "Solo en Berlín", en la que una pareja madura cuyo hijo ha muerto en uno de los frentes abiertos por Hitler en toda Europa, le declara "su propia guerra" particular al dictador y su régimen, repartiendo por todo Berlín escritos contra los nazis y las muertes de jóvenes soldados alemanes por culpa de la locura de Hitler.

Fallada es como Zweig, Irene Nemirovsky, Joseph Roth o Sandor Marai uno de esos escritores cuyas obras toman un sesgo documental, histórico y crítico con la época en la que vivieron, cuando Europa perdió sus raíces y su elegancia para convertirse en el campo de pruebas de políticas nefastas. Curiosamente, el suicidio, directo o indirecto, fue la respuesta de la mayoría de estos escritores al final de una época brillante, la desesperanza y el surgimiento de las tinieblas.

FICHA

HANS FALLADA.-Novela gráfica de Jakob Hinrichs.- Ed. Maeva.-175 págs.- Trad.Marta Armengol.-  ISBN: 9788416690718

 

 
 

 

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2 febrero 2018 5 02 /02 /febrero /2018 07:40

John Cheever es uno de los grandes narradores que ha dado el siglo XX tan excesivo en todo lo que importa, desde el arte a la literatura, desde la maldad al belicisimo, desde las hambrunas a la ciencia o a la espiritualidad. Posiblemente sea uno de los mejores -y algo olvidados-- autores de relatos de un país pródigo en ellos, Estados Unidos. Un hombre marcado por el sello de la "diferencia" sexual en una época en la que esa característica producía sufrimiento y reprobación social. Su obra es un espejo que refleja la impotente amargura de un hombre demasiado sensible y vulnerable. Novelas, diarios y correspondencia forman un corpus coherente de una fuerza literaria singular que fue premiada con el Pullitzer y otros premios.

De Cheever recuerdo el impacto que produjo en mí la lectura de "El nadador" (hubo versión cinematográfica interpretada por Burt Lancaster) un relato en el que la acerba crítica del escritor nos pintaba el "paraíso" norteamericano de la clase media alta con un sarcasmo implacable que recordaba a la serie de "Conejo" de Updike o las obras de John Irving, Philip Roth o David Foster Wallace (aunque Cheever carece del sentido del humor cáustico de estos últimos).

Sin embargo en "Oh, esto parece el paraíso", considerada la obra testamental de Cheever (murió unos meses después de terminarla) hay un cambio de registro bastante importante, no sólo en la forma o estilo de narración, sino en el "espíritu emocional" del narrador, que parece escribir desde la paz interior, mimando sin juzgar a su protagonista, un hombre de cierta edad que trata de apurar los placeres, vigores y certezas de su juventud, pero sin la nostalgia dolorida del que no admite el final de todo. Aquí, el anciano Lemuel Sears se niega a aceptar las cosas que le disgustan (por ejemplo la  destrucción de un pequeño lago de su ciudad natal) y a dejar de intentar las que le gustan, el enamoramiento, el amor, el sexo, incluso si eso conlleva la ruptura  del algún tabú social (por ejemplo, la homosexualidad). Ese tema espinoso para nuestro autor (dada su condición de gay en una sociedad puritana) está resuelto sin recurrir a extremos como los que aparecen en otras novelas de Cheever (las dedicadas a la saga de los Wapshot), desde una vergonzante humorada hasta el rechazo interno y doloroso. Sears acepta con serenidad y sin aspavientos su historia con el joven Farragut.

Hay una placidez clásica en la historia de ese hombre viejo al que le gusta patinar sobre el lago helado de su pueblo. Y resulta estimulante ver con qué denuedo y firmeza lucha porque no conviertan su lago en un vertedero  (lo que esconde una especulación urbanística)y nos convence esa aptitud generosa del anciano hacia el amor, las mujeres y el descubrimiento de la homosexualidad. No hay nada cursi o vergonzoso en la narración. Sino, más bien, como nos anuncia la primera linea de la novela: "Esta es una historia para leer en la cama, en una vieja casa, en una noche de lluvia". Magistral. Con frases como "El y sus compañeros de patinaje parecían gozar de esa extraordinaria preocupación por la inocencia que absorbe a la gente en una playa antes de que caiga la noche".

No se trata de una dulce y nostálgica remembrabnza del pasado y el vigor de un anciano por defenderla. No. Es una historia verosímil, real y sus personajes tienen las sombras y las luces que uno espera encontrar en cualquier novela realista. Es la historia de los últimos ritos vitales de un hombre mayor, descritos con dignidad y sinceridad. Con sus últimos y casi inevitables fracasos sentimentales, el descubrimiento de otras opciones sexuales y una dura batalla legal contra los que contaminan el lago del pueblo. Pero el tono que usa Cheever es lo nuevo: hay naturalidad, aceptación y esperanza. Y en el estilo hay un sosegado lirismo. ¿No es Cheever? Si, en un Cheever que parece haber firmado la paz consigo mismo y que nos pinta un mundo duro y corrupto pero lo hace sin aspavientos, como iluminado por la misma luz que desprende el autor.

FICHA

OH, ESTO PARECE EL PARAÍSO!, John Cheever.- Trad. Maribel de Juan.- Ed. Debolsillo.-123 págs.- 9,95€,. isbn: 9788466342070


 

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