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12 diciembre 2017 2 12 /12 /diciembre /2017 11:37
 

 
 
Brillante y ambicioso aunque algo espeso ensayo del profesor y crítico de cine Angel Quintana (1960) sobre la dialéctica entre el cine como arte y la realidad. Cómo en las "fábulas de lo visible" el cine  ha logrado imponerse  como un taumaturgo de la realidad, un creador de realidades paralelas a la "auténtica", si es que podemos llamarla así, aun sabiendo que no es adecuado ni posiblemente correcto.
Con un notable trabajo introductorio de tipo histórico dedicado a la "posición desfavorable y la posición privilegiada", Quintana nos introduce en un extenso análisis donde va desvelando los modelos de realismo usados en el siglo XIX que más tarde recogería el cine para su propio beneficio, la teoría del realismo a través del cine de André Bazin, Sigfried Kracauer y Pier Polo Pasolini, la subsiguiente apuesta del neorrealismo en un siglo agónico y bárbaro en el que la violencia bélica rompe ciertas estructuras y barreras quizá ingenuas del cine, la autoconciencia en la que entra cierto cine contemporáneo y un filosófico capítulo final dedicado a las imágenes como elementos de la "era de sospecha" y las vías de futuro de cierto tipo de cine que quizá nos lleve al regreso a la caverna platónica, mito en el que la labor del cine es garante de una cierta realidad que trascurre a espaldas de lo real pero frente a los absortos y manipulados espectadores. Con lo cual se cierne sobre nosotros una cierta amenaza de perder el contacto con la realidad, como les ocurre a los prisioneros del mito platónico, rodeados como ya casi lo estamos de unos escenarios virtuales, simulacros electrónicos de realidades paralelas más asequibles y manipulables que la "otra realidad" la que sucede tras las pantallas en las que nos abismamos. .
 
 Por tanto Quintana nos avisa de una posibilidad de realismo, tal como se vivió en el siglo XIX, trasplantado a nuestra época cibernética: "Frente a un universo cultural que de forma progresiva ha ido perdiendo su proyección en la realidad, la emergencia del realismo como actitud ética puede llegar a adquirir, en determinados campos de la cultura, una clara dimensión política como alternativa a la omnipresencia de la cultura del simulacro".

De ahí que la cultura de la imagen, cuna germinal del cine, la televisión, la realidad a pantallazo de móvil, reproducen un momento histórico y social en el que la vocación realista reedita las teorías  sobre la función de la cinematografía a niveles de abstracción parecidos a los que acontecieron en los sesenta y setenta del pasado siglo : una soberbia dinámica de creatividad y también de estupidez rimbombante.

Las teorías sobre el realismo llegan al cine, procedentes de la novela, nimbadas de prestigio y allí, como era de esperar adquieren la vaguedad teórica y la potencia plástica del medio. Quintana se enfrenta brava y sagazmente con las dificultades de articular de forma clara las diferencias y características del proceso realista en el cine, tan diferente según los autores e incluso según la nacionalidad de las películas.  Sin olvidar a los que cuando realizan sus películas se abstienen en absoluto de pretender un determinado tipo de realismo e incluso rechazan abiertamente el calificativo o se declaran enemigos de  los encorsetamientos teóricos a los que tan aficionados son los críticos y especialistas en cine.

Particularmente me ha encantado el ya citado estudio introductorio que Quintana realiza apoyándose  en dos películas históricas de considerable valía documental e histórico-político. Una es de 1903 y se titula "La recepción de S.M. Alfonso XIII en Barcelona", está realizada por un pionero español del cine, Segundo de Chomón que con su primitiva cámara intentó rodar los fastos de la presencia del Rey en Barcelona, desde el lugar del público, sin emplazamiento especial ninguno, con imágenes donde el objetivo real apenas si puede ser vislumbrado, con la cámara rodeada de personas asistentes a la ceremonia que era la primera en su vida que veían ese tipo de extraño aparato, entorpecían la visión y miraban directamente al objetivo muy sorprendidos (y estaban también atentos al personaje real y su séquito.) A esta presencia testimonial del cine en un acto público, ignorado y entorpecido, Quintana contrapone una situación diametralmente opuesta: el documental que la realizadora alemana Leni Riefensthal rodó para mayor loor y gloria del III Reich y su Führer. "El triunfo de la voluntad" fue rodado en el Congreso nacionalsocialista de Núremberg en 1934, con la presencia "estelar" de Hitler. Un acto pensado por primera vez en la historia en clave cinematográfica. La primera utilización del cine como elemento decisivo de propaganda política, con una escenografía y planificación absolutamente ajustadas a una intencionalidad política, plano a plano, imagen y sonido, ritmo y desarrollo. Fascinante (y alarmante).

En realidad "Fábulas de lo visible" es un trabajo que puede inscribirse en la línea de otras obras de Ángel Quintana, como las monografías dedicadas a Roberto Rossellini (1995), "El cine italiano 1942-1961. Del neorrealismo a la modernidad (1997)" y Jean Renoir (1998). En este caso su recorrido es más teórico y va desarrollando diferentes tópicos como el debate sobre el realismo en el arte ( Aristóteles, Gombrich o Auerbach), las relaciones entre la novela naturalista y realista y el cine, presentando un análisis de tres teóricos clásicos del realismo en el cine: Bazin, Kracauer y Pasolini. Más adelante enfoca un recorrido histórico, con cineastas y películas concretas en el cine, citando la postura de directores tan diversos como Rossellini, Rohmer, Straud y Huillet o Kiarostami, estableciendo las pautas que los diferencia del realismo al estilo de Hollywood.

Sus reflexiones  sobre el cine de los últimos años del cine, a los que define como la “era de la sospecha” , advierten sobre la digitalización de la imagen que subvierte la presencia real, usándola como elemento de información contextual que será manipulada en los procesos de postproducción. La imagen se desmaterializa y se convierte en realidad virtual, al estilo de "Matrix",  el símbolo platónico traducido al siglo XXI. Quintana reivindica el "cine   periférico" donde aún las películas se centran en ofrecernos imágenes  de una realidad constada por el espectador, sin "trampa ni cartón" digitales.

FICHA

FÁBULAS DE LO VISIBLE.- El cine como creador de realidades. Ángel Quintana.  312 págs. Ed. El Acantilado.- ISBN: 9788495359841

 

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9 diciembre 2017 6 09 /12 /diciembre /2017 09:45

Aurora Bertrana es una de las contadas mujeres que, sin duda gracias a una situación familiar bastante privilegiada, logró destacar y marcar época en unos tiempos, los años veinte del pasado siglo, en los que el género femenino comenzaba a alzar la cabeza orgullosamente, pero aún sometido a la férrea estructura de la cultura preponderante masculina. La Bertrana pertenecía a esa escasa fracción femenina que rompía los asfixiantes moldes del estereotipo tradicional  de lo que "debía ser" una mujer y cuáles eran sus funciones aceptables, siempre bajo el dominio del hombre.

La obra original "Paradisos oceànics" fue publicada por la editorial catalana Proa en 1930. Fue un libro que se convirtió en un éxito casi inmediato, no sólo por el exotismo de lo que contaba, un viaje por la Polinesia francesa desde 1926 a 1929, sino por el hecho de que su autor era una mujer y que las ideas, opiniones y retratos que ofrecía eran inusitadamente rompedores para la pacata, super católica  e hipertrofiada cultura de la sociedad española de aquellos tiempos (sobre todo en el aspecto tabú de la sexualidad y, válgame Dios, de la libertad femenina al respecto). Una sociedad, como la describía Aurora, en la que las mujeres podrían escoger al hombre que las deseara y tener cuantos hijos pudiera con cualquiera de ellos, pues para aquella cultura los hijos eran un capital común que todo el mundo cuidaba y quería: ahí es nada, estaba comprometido el futuro de la tribu. Los antropólogos ya sabrían de estas cosas a través de los estudios de  Malinowski  y de  Radcliffe-Brown (más tarde, Margaret Mead y Levy Strauss) pero eso era en el restringido ámbito universitario (en España decididamente minoritario y clasista en esos años)

 A finales de  los "felices" 20 Aurora Bertrana enviaba crónicas periodísticas de excelente valor literario desde Oceanía hacia España. Tenía treinta y cuatro años, literaria y filosóficamente madura y totalmente fascinada por la asombrosa cultura humana de aquellos lugares paradisíacos. Era un auténtico rito de paso en su existencia, el ascenso a una cultura superior desde el punto de vista humanístico y el sello de su libertad como mujer y de su independencia del forzado estatus que la sociedad de su tiempo reservaba a las mujeres de su clase social. Era hija del escritor Prudenci Bertrana (que no era para su hija un prodigio de liberalidad e inteligencia progresista, más bien todo lo contrario) y la familia era un remedo de las de aquellos hidalgos pobres de los que habla nuestra literatura clásica, Baroja o Galdós, una familia de posibles venida a menos por mala gestión de bienes heredados. .

Había recibido una excelente cultura musical y completó sus estudios de violoncello en la Escuela de Música de Barcelona bajo la protección de la escritora y militante del feminismo Carmen Karr. Se ganaba la vida tocando con un terceto de señoritas que actuaba de madrugada en locales de la Diagonal,  además de dar clases de música y lectura catalana en el Instituto de Cultura. En Suiza logró cierto éxito al crear la orquesta ‘Jazz Women’, la primera jazz band formada íntegramente por mujeres. Fue en Ginebra donde conoció a un ingeniero industrial que pertenecía a una familia pudiente, Denys Choffat, con el que se casó en 1925. Con él viajaría a Polinesia - después de conocer Martinica y Panamá- donde él debía trabajar en el montaje de una central eléctrica y ella se dedicaría a estudiar las costumbres locales que plasmaría en sus artículos para la revista "D'Ací i d'Allà" y posteriormente en el libro que hoy disfrutamos.

Más tarde publicaría, ya en Barcelona, "Peikea, princesa caníbal" y "L'illa perduda" (escrita en colaboración con su padre). En 1936 publicó un libro sobre "El Marroc sensual i fanátic". En 1938 --dada su militancia izquierdista republicana- nuestra autora hubo de exiliarse (Suiza y Francia) -su marido prefirió pasarse a la zona franquista- y regresó a España en 1949 por razones familiares. Murió en Berga en 1974 tras publicar varios libros más, novelas, biografía de su padre y memorias (entre ellos la novela "Vent de grop" cuya versión cinematográfica fue protagonizada por Joan Manuel Serrat).

La personalísima  edición de Rata ofrece ese aspecto de  trabajo artesanal en común, ese "sabor" a algo bien diseñado, cuidado en sus menores detalles, un producto realizado con sensibilidad e inteligencia: aquél tipo de obras que Aristóteles consideraba dignas de la gran exigencia de perfección  que apuntaba en su "Ética para Nicomaco" como precisa para el hombre de virtud, la busca de la excelencia. Como asegura Oriol Ponsatí en la introducción: "Todo desde el diseño hasta el cuidado en la selección de textos, imágenes y paratextos, nos permite afirmar sin duda  alguna que -esta edición- es el mejor lugar donde podía ir a parar nuestra viajera oceánica el año 2017".

También la semblanza biográfica que nos ofrece Mar Abad ("una mujer libre") tiene desperdicio, sobre todo algunas de las frases que esta autora dedica a su biografiada con un desgarro literario de lo más divertido. Por ejemplo: "En aquella época, los minúsculos deditos de las niñas traían inscrito un destino: fregar, coser y guisar para un marido y unos hijos. Y en sus pezoncitos, tan tiernos como la acuarela rosa, aguardaba el sino de amamantar". La edición se enriquece además con un capítulo inédito en castellano (la traducción se debe a la novelista Jenn Díaz) que apareció en las "Memories fins al 1935" y donde la Bertrana comenta con gracejo e ironía la acogida que tuvo sus "Paraísos" en 1930. El libro nos ofrece también una selección de fotografías de la autora que aparecieron en las ediciones catalana y castellana de1930 y 1933.

Un libro, pues, para disfrutar y también para pensar sobre la situación de la mujer en la sociedad española de aquellos tiempos (la anécdota de la cita con Gregorio Marañón es categórica). Como es delicioso y poco corriente que Iolanda Batallé, la editora, nos diga en la solapa de contraportada: "Lee este libro porque, a pesar de todo, el mundo sigue siendo aún el lugar luminoso, abierto e inocente que aquí se describe". Sumamente improbable, pero hermoso.

FICHA

PARAÍSOS OCEÁNICOS.- Aurora Bertrana.- Editorial :Rata_.-299 págs. Ilustraciones de la autora.

 

 

 

 

 

 

 

   

 

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7 diciembre 2017 4 07 /12 /diciembre /2017 09:43

Nueva novela de ese escritor todo terreno, viejo periodista y compañero de largas noches de charlas literarias y políticas, Fernando Martínez Laínez. Se trata de la primera novela de una trilogía -La senda de los Tercios- en la que anda metido este incansable grafómano. Fernando que comenzó con la novela negra antes de que, incluso, llevara ese nombre de género, por allá por los setenta, creo recordar, la ha dado caña también a libros sobre política internacional, aunque con el tiempo ha ido decantándose por trabajos sobre divulgación histórica y, en fin, compagina ese menester con novelas de otro género en continuo auge desde hace más de dos décadas. "Las lanzas" pertenece por derecho propio a esa fascinación por la historia y concretamente la de nuestro país, que embarga a este escritor.

Se trata de la primera novela de una trilogía en la que se narra en una mezcla osada de historia y ficción los hechos de la legendaria guerra de Flandes (con las campañas de Ostende, Frisia y Breda) que acabó de hundir en la miseria a la España imperial, pese a algunos efímeros destellos de gloria. A través de monólogos encabezados por el nombre del personaje que cuenta su versión de los hechos, en un juego literario de narradores que van apareciendo o se escudan en la tercera persona, evitando el narrador omnisciente, FML se apoya en dos personajes más destacados, el soldado Alonso de Montenegro, con el que FML nos narra la vida del soldado "a ras de tierra" con sus miserias y valores y para el sector más alto y encumbrado, que no efectivo, el general Ambrosio Spínola y en un orden menor a su hermano Federico Spínola (uno de los atrevidos visionarios, el último fue Hitler, que se había planteado invadir Inglaterra).

Nuestro autor se saca del bolsillo argumental personajes reales históricos, debidamente documentados, desde Rubens a Velázquez, algunos literatos de postín y sobre todo gente de armas con "pedigrí", como ya hacía en sus ensayos históricos, "Banderas lejanas", "Una pica en Flandes" y "Tercios de España", sin olvidar su novela anterior, "El náufrago de la Gran Armada". Y es que Fernando tiene una especial querencia por esa época imperial de nuestro país y una patriótica indignación por lo que considera "una especie de olvido" de los españoles de la grandeza y servidumbre de una época irrepetible pero fascinante. Y especialmente el papel de los Tercios, que es el protagonista simbólico de esta novela y de la trilogía aún en período de incubación. Es una tarea quijotesca la de FML. Como quijotesca y desproporcionada fue la guerra de Flandes para España. Hay una cierta relación simbólica especular entre aquéllos trágicos eventos y la pasión literaria de FML por reivindicar su honor e hidalguía. Al estilo del cuadro velazqueño, que en la novela tiene un notable protagonismo.

Desde el despropósito, amañado por intereses de otras naciones, de la famosa "Leyenda negra" (que siempre han alimentado los propios españoles) hasta un enfoque de la historia que huya de las visiones generales y nos informe de la acciones, temores y deseos del soldado o de las íntimas razones de las actitudes de otros personajes importantes, FML trata de ajustarse a la objetividad histórica sin renegar de la subjetividad novelesca, evitando al tiempo las reiteraciones en episodios de pura acción, de capa y espada, arcabuzazos y cañones.

Una novela que, sin dejar de ser ficción, trata de respetar lo que algunos llaman, con bastante impropiedad y osadía, la "verdad histórica". Desconfío de ese aparente oxímoron. Creo que Fernando, también. Y así nos dice en su "nota" al final del libro: "con esta novela...he querido contribuir a recuperar la memoria histórica de personajes que deberían formar parte del acervo popular de nuestro mejor pálpito colectivo, a pesar del esperpento de la Leyenda Negra y la siniestra sombra inquisitorial que tanto daño nos han hecho como pueblo...Esto unido a las feroces pugnas domésticas y la enfermiza tendencia tribal al fraccionamiento y la división ha eclipsado nuestra imagen en el mundo...". En fin, se puede decir más alto, pero no más claro.

FICHA

LAS LANZAS.- La senda de los Tercios.- Fernando Martínez Laínez.- Ed. B.- 604 págs. ISBN 9788466661249

 

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5 diciembre 2017 2 05 /12 /diciembre /2017 09:13

He aquí uno de los libros más interesantes y sugestivos de Alan Watts, el llamado filósofo gurú de la contra cultura de los mediados del siglo XX, un inglés afincado en California que mostró - a veces de forma excesiva pero  siempre con jovialidad y optimismo- el camino oriental de la filosofía y la espiritualidad a dos o tres generaciones de jóvenes descontentos y desorientados en todo occidente. Watts no se corta un pelo para definirnos ya desde el prefacio su objetivo: una exploración de un tabú humano "tan poco reconocido como poderoso" es decir la tácita conspiración de nuestra cultura para ignorar quiénes o qué somos realmente como individuos y como género. Y la tesis es, aún hoy, revolucionaria, imagínense en 1972: "la sensación general que tenemos los seres humanos de tener un ego separado y metido dentro de un saco de piel es una alucinación, que no  concuerda ni con la ciencia occidental ni con la sabiduría oriental". Y Watts confiesa con alegre ingenuidad y arrogancia: "este trabajo no  intenta ser ni un libro de texto, ni una introducción a la filosofía Vedanta... un ensayo de interfecundación entre Ciencia occidental y Sabiduría oriental".

Watts, siguiendo la línea de pensadores como Montaigne o Lao Tsé,  e incluso,  Wittgenstein, reivindica la capacidad  de asombro ante las cosas y los hechos que jalonan nuestra visión de la realidad, de la Naturaleza, del Cosmos y del cuerpo y la mente humanas.

La faceta visionaria de Watts queda de manifiesto junto a su finura de análisis cuando escribe: "existe la posibilidad de que la civilización resulte un perfecto éxito tecnológico...solo que a través de métodos que la mayoría encontrará equívocos, alarmantes y desorientadores...porque esos métodos está cambiando constantemente...podía resultar como un juego en el cual las reglas varían de continuo, aún antes de ser formuladas con claridad". Los últimos libros del coreano- alemán  Byung-Chul Han, ("La sociedad del cansancio", "El aroma del tiempo" y "En el enjambre") amplían esa genial observación de Watts en los primeros setenta (diez años antes de que se confirmara el protocolo creativo de internet).

Pero lo más importante que Watts va aportando al lector se sustancia en reflexiones que van espigando un discurso del alcance profético: "Nosotros no venimos a este mundo, más bien le salimos, le crecemos como las hojas a un árbol", "Siempre estamos conquistando la naturaleza, el espacio, las montañas, los desiertos, las bacterias o los insectos, en lugar de aprender a cooperar con ellos en un orden armónico...la agresiva pretensión de conquistar ignora la interdependencia básica de todas las cosas y eventos" "Nuestra propia piel no es un escudo ante el mundo exterior sino un puente".

Esa profunda identidad -no aceptada- del ser humano y el Universo conforma el Tabú más importante cuya no superación puede significar el fín de nuestro mundo. Watts nos ofrece la sabiduría del Vedanta y los Upanishads (cuyos pasajes más antiguos son de siglo VII aC, ojo al dato, Tales y la escuela de Mileto, cuna de la filosofía griega, es del siglo VI)  como formulario para un cambio de forma de pensar que nos acerque a "nuestra verdadera naturaleza". Y lo sorprendente -y aterrador- no es que Watts nos alerte de las posibilidades negativas que van a acarrear la incoherencia entre los cambios tecnológicos y la escasa evolución de la psique humana como parte de un Todo ecológico, sino que  acierta tanto en su diagnóstico como en su pronóstico, como si poseyera un acceso privilegiado al futuro (nuestro presente).

Para Watts somos un auténtico fraude, un fracaso evolutivo y nos dice: "El alivio de enviar a paseo a Dios nos duró poco...fue reemplazado por el Idipta Cósmico y la gente comenzó a sentirse más estrangulada por el universo que nunca...se reforzó la soledad y desvinculación   de un ego separado, concebido como un mecanismo mental". En vez de considerar como Watts enfatiza que "el alma no está en el cuerpo, sino el cuerpo en el alma, y ésta es la red entera de relaciones y procesos que forman su medio ambiente, aparte del cual, usted no es nada". Usted es Esto, dice Watts y como un maestro zen suelta una enorme carcajada.

A pesar de algunas páginas de un misticismo difícil de seguir y ciertas reflexiones un tanto exageradas y de coherencia hipotética (nunca sabremos si es cosa de la traducción o del hervor del pensamiento de Watts), lo cierto es que este antiguo ensayo de este gurú de los sesenta y setenta tiene una fuerza y una actualidad notables. Vale la pena buscarlo (hay numerosas reediciones posteriores de la propia Kairós) y leerlo sin falta.

FICHA

EL LIBRO DEL TABÚ.-Alan Watts.- Trad. Rolando Hanglin.- Ed. Kairós.- 1972.- Págs. 161

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3 diciembre 2017 7 03 /12 /diciembre /2017 11:01

Pierre Hadot ya nos deslumbró con "Plotino o la simplicidad en la mirada" y más tarde con "La ciudadela interior". El libro que hoy comentamos, "La filosofía como forma de vida" es el resumen de unas conversaciones que mantuvo el pensador francés con Jeannie Carlier y Arnold I. Davidson, dos filósofos universitarios y el segundo traductor al inglés de la obra de Hadot. Una de las cuestiones más reveladoras en este libro es la convicción de Hadot de que hay que entender la filosofía antigua, más que como un serie de sistemas y estructuras de pensamiento, como la verbalización de una sistema, una forma, un estilo de vida, en suma, una manera de vivir. Y aduce de una manera bastante comprobable la característica de "oralidad" de los libros de los principales filósofos de aquélla época dorada, desde Platón hasta Epicuro, Epicteto o Marco Aurelio, Pirrón o Anaximandro, Jenofonte o los pitagóricos. Eran más unos manuales recordatorios para uso de alumnos y discípulos aconsejándoles cambios en su forma de vivir, que doctrinas, conjuntos de teorías abstractas para uso de eruditos y estudiosos de historia de la filosofía.

Hadot sugiere que esos libros eran los textos preparatorios para unos auténticos "ejercicios espirituales" (los griegos usaron esa expresión con bastante antelación al cristianismo y otras religiones que acabaron monopolizándola para sus intereses pedagógicos y doctrinales) con los que el iniciado iba logrando alcanzar ciertos cambios en pos de la "vida buena" y la moralidad de lo correcto. Cualquier estudioso de la filosofía antigua terminará percatándose que en el entramado de los libros clásicos hay una urdimbre bastante clara y explícita de prácticas y ejercicios destinados a mostrar el camino al lector de un estilo de vivir coherente con los principios que se han tratado de demostrar en el texto.

Esta brillante y seguramente cierta hipótesis de trabajo  de Hadot, profesor del prestigioso College de France, le  fue inspirada, (¡sorpresa para el estudioso de filosofía!) a finales de los 50, por las lecturas que realizó de un semidesconocido Ludwig Wittgenstein (1889-1951). Con gran habilidad Hadot analiza la famosa frase del pensador alemán al final de su "Tractatus" (1921) "De lo que no se puede hablar, mejor es callarse", y la relación que este mismo autor revolucionario descubrió entre los "juegos de lenguaje" y las formas de vida (expuestas en sus "Investigaciones filosóficas", para diseñar un planteamiento filosófico que va desde la "sabiduría silenciosa" a la aplicación del escepticismo pirrónico con su "suspensión de juicio" ante cualquier valoración, es decir, "dejar de lado la filosofía y adentrarse en la sabiduría", actitudes que sin duda simplifican la vida y sugieren una forma más cómoda de vivir. Evitando "los juegos de lenguaje" que  los filósofos difícilmente pueden evitar por la imbricación permanente del discurso filosófico en tales juegos. Por ello los textos de los filósofos antiguos no deben leerse aislándolos de sus contextos históricos, sociales y las condiciones de sus vidas cotidianas. Y ello redunda en el carácter de prácticos "manuales de ejercicios espirituales".

Como recuerda Hadot no eran sólo ejercicios intelectuales con finalidades éticas, sino que eran "una serie de prácticas destinadas a transformar el yo a fin de que alcance un nivel superior y una perspectiva universal". Y apara ello son ejercicios holísticos, es decir, no sólo referentes  a mejoras psíquicas e intelectuales, sino que entendía también de cuestiones como vida sana, ejercicios, alimentación correcta, cuidado del cuerpo en la ingesta de alimentos y bebidas, una actividad incesante de introspección: crear una suerte de escultura de sí, "esculpir tu propia estatua" decía Plotino (en el que coincidían en muchos aspectos los platónicos, estoicos, epicúreos, cínicos, escépticos, aristotélicos o neoplatónicos, pese a sus fuertes diferencias). 

Para ellos, la filosofía no era solo teoría o discurso, era una manera determinada de vivir, "una opción existencial y una distinta y coherente visión del mundo". Y así, para los epicúreos de nada servía la filosofía si no lograba curar el alma y transformar al individuo en su relación con los otros o con el cosmos. Para ello decían, se debía prescindir de los deseos innecesarios, optando más bien por los necesarios y por la moderación del placer.  Los estoicos -muy prácticos y generadores de máximas excelentes para recordarnos cómo realizar la "vida buena"- se preocupaban de mantener una "terapia de las pasiones", pues consideran que son las pasiones las que hacen desdichado al hombre. Se trata de enseñar al hombre a distinguir entre lo que depende de él y lo que no. Ante lo primero, trabajo honesto y fortaleza, ante lo segundo indiferencia y aguante resignado.También para Epicteto y Cicerón la filosofía es una especie de medicina del espíritu que posee su propia terapia para sanar al hombre.

Hadot nos recuerda que la consolidación del cristianismo y su logro de ser convertida "religión de Estado" cambió radicalmente -y no para bien- la situación de la filosofía (pasó a ser una "sierva" de la Teología) y, lo que tan grave como eso, separó la filosofía de la vida, el ejercicio  de la filosofía como "arte de vivir" Tendrían que pasar lo siglos hasta llegar a Montaigne, Bacon, Pascal o Erasmo de Rotterdam para volver a recuperar la mirada estoica y epicúreos sobre una filosofía con poderes salutíferos para el alma y el cuerpo.

La tradición de la vida filosófica no ha muerto desde entonces y la encontramos en Kant, en Nietzche y entre los más cercanos en Onfray, María Zambrano o Peter Sloterdijk y, en cierta forma, en Wittgenstein. Hador insiste en que hay que rescatar la sabia vital de la filosofía, volver a los "ejercicios espirituales" como los diseñaban los estoicos o los epicúreos y escépticos, apuntar a esa "conciencia cósmica" de la que hablan Bergson y otros, buscar ese ideal de  perfección humana y progreso espiritual que nos inserta en un esquema evolutivo que concierne a toda la humanidad. Sin olvidar, por supuesto, en qué mundo vivimos, la importancia de la geopolítica, los movimientos sociales, la globalización informática y los radicales cambios de costumbres y creencias que con gran velocidad se  están produciendo bajo las nuevas tecnologías. Nunca como hoy es tan necesaria la filosofía, único "noray" al que se puede asegurar el desarbolado navío de la humanidad telemática. Hora de vivir como personas, hora de pensar. ¿Cuál es la mejor herramienta del pensar? La filosofía.

 

FICHA

LA FILOSOFÍA COMO FORMA DE VIDA.- Pierre Hadot.- Trad. María Cucurella.- Alpha Decay.-266 págs.-29,50 euros.- ISBN 9788493654016


 


 

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1 diciembre 2017 5 01 /12 /diciembre /2017 09:11

Adentrarse en el universo propio de una poeta como la norteamericana Emily Dickinson es una experiencia compleja que puede ser tanto enriquecedora como algo inquietante. La personalidad de esa mujer que nació en 1830 y murió 55 años más tarde, en1886, tras una vida singular, solitaria, profundamente sensible, con atisbos paranoides, de enorme lucidez y con una gran capacidad para ahondar en su estricto y reconcentrado mundo interior. Pasó los tres últimos años de su vida sin salir de su habitación, escribiendo sus poemas y luchando contra todos los fantasmas internos que poblaban su vida. Las figuras de su padre sobre todo, de su pasiva madre, de su hermano y, como apoyo, de su hermana, son los únicos contactos con el Otro, salvando algunos admiradores a los que nunca recibió y un religioso casado al que creía amar y que salió de su vida apresuradamente. Padecía el mal de Brigth, una entonces incurable enfermedad nefrítica que acabó con su vida entre tremendos dolores.

A su muerte, su hermana Vinnie descubrió 40 volúmenes de poesías, encuadernados y cosidos esmeradamente por la poeta durante su reclusión voluntaria. Los 800 poemas inéditos (sólo publicó cinco poemas en vida y lo hizo anónimamente) y sobre todo sus cartas dan la medida de una inteligencia notable, de una gran creatividad y de una impecable técnica que hicieron enmudecer a los críticos que consideraban a las mujeres meritorias aprendices de la literatura y la poesía, a pesar de algunas escasas damas que podían compararse a los varones en magisterio literario y prestigio. Avis raras, a las que tuvieron que añadir a la Dickinson.

Nuestra poeta había sufrido los rigores de la educación calvinista y desde muy temprano se opuso con todas sus fuerzas contra las limitaciones que marcaba para las mujeres, pero no pudo evitar la exigente dedicación servil a la religión y a la idea de Dios, que conformó un drama interior que nunca pudo superar.. Fue lectora entusiasta de Thoreau, Hawthorne, Stowe y el escritor Samuel Boswell con el que mantuvo una notable correspondencia. Sin dejar por  ello de frecuentar a Shakespeare,  las hermanas Brontë,  Dickens, George Eliot o Elizabeth Barrett Browning.  La extraña vocación casi mística de la poeta la empujó a una solución radical, vivir en el aislamiento de su cada familiar y su habitación, protegida por la fortuna y la comprensión de su padre y el apoyo de sus hermanos.

Sus poemas tienen un sesgo intelectual y experimental que no alteran en lo más mínimo la enorme carga de sensibilidad, sensualidad y musicalidad poética, emotividad  y capacidad de evocar sensaciones e imágenes con un ritmo perfecto y un lenguaje exacto, conciso y brillante, que la revelan como una de las grandes poetas de todos los tiempos.

La deliciosa edición que hoy les recomiendo, "Morí por la belleza", un pequeño poemario de la colección "Poesía portátil" con 69 páginas, con el sello Random House y traducción de Carlos Pujol, puede servir como aperitivo y acicate para emprender mayores lecturas. El poema que da nombre al libro, dice:

"Morí por la Belleza, pero apenas/ ahormada en la tumba,/otro murió por la Verdad, y estaba/ en un lugar contiguo.

Me preguntó en voz baja: ¿De qué has muerto?/dije: Por la Belleza/Pues yo por la Verdad. Y son lo mismo/Añadió: hermanos somos.

Así como parientes que se encuentran/de noche, conversamos./Hasta que el musgo nos llegó a los labios/ y cubrió nuestros nombres."

Y ahora algún otro menos  melancólico:

"No hay ninguna fragata como un libro/ para llevarnos a lejanas tierras/ni hay caballos mejores que una página/de piafante poesía./ Pueden hacer el viaje los más pobres,/no se pagan portazgos/porque no  necesita casi nada/ la carroza que lleva el alma humana".

"Que tan solo hay Amor/ es cuanto del Amor ahora sabemos;/y eso basta, porque lo que se lleva/ tiene que ser proporcionado al surco"

FICHA

MORÍ POR LA BELLEZA.- Emily Dickinson.- Trad. Carlos Pujol. Ed. Random House.- 69 pags.  4,90 euros.- ISBN 9788439733614
 

 

 

 

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30 noviembre 2017 4 30 /11 /noviembre /2017 10:44

 

Nórdica libros publica una delicia indispensable para los lectores amantes de los gatos y francamente aconsejable para los que se emocionan y runrunean satisfechos como gatos leyendo la poesía del gran T.S. Eliot, uno de los grandes (cuya poesía, por cierto, en muchas ocasiones exige un alto grado cultural en sus lectores, pero gratifica de sobras  el esfuerzo). Eliot además fue dramaturgo y un crítico perspicaz e inteligente. Norteamericano de nacimiento se nacionalizó inglés en 1927. Cuarenta años más tarde se le concedería el premio Nobel de Literatura por su extraordinaria e innovadora obra poética, principalmente "Tierra Baldía" y "Cuatro Cuartetos". Sus contactos con la filosofía budista se perciben acá y allá en sus poemas y en algunas sentencias de una sencillez prodigiosa.

En cuanto a "El libro de los gatos sensatos...", constituye una divertida broma literaria. La irónica y sarcástica elocuencia de Eliot crea un universo gatuno que fascinará al lector, no sólo a  los niños a los que parece estar dirigido el texto, sobre todo a los adultos por la cómica perspicacia con la que se nos muestran los distintos tipos de gatos. Por tanto, es un libro delicioso no sólo por su humor, sino por su agudo sentido de la observación y el conocimiento lleno de afecto que muestra el poeta por el mundo de los gatos y su a veces misterioso comportamiento. El libro fue publicado en 1939 y tuvo tanto éxito que el músico y compositor Andrew Lloyd Weber, se basó en él para componer "Cats" una comedia musical que lleva decenios  representándose en todo el mundo.

El trabajo del traductor, Juan Bonilla, ha sido riguroso e imaginativo (cualidades que necesitan de entrada todos los que se atreven a traducir a Eliot) y los grabados y dibujos de Edward Gorey están a la altura de los textos y tienen un carácter muy especial entre lo oscuro y lo irónico. La edición incluye la versión inglesa para que los que conocen la lengua valoren el trabajo de Bonilla.

Como aperitivo os cito algunos de los versos:

"Ponerle nombre a un gato, no te asombres/es cosa complicada y no banal/...pero es que un gato ha de tener tres nombres/...sólo el gato conoce el tercer nombre/y nunca lo dirá a ningún hombre/por mucho que lo mimen con mil besos."

"...qué gato tan especial/ pues siempre hará/lo que quiera sin más/ y contra eso qué se puede hacer"

Cuando escribe sobre el gato Macavity, nos cuenta: Macavity es el rey,/ incluida la de la gravedad no respeta jamás ninguna ley/cuando levita se hace faquir ante nuestra mirada/y llegados a la escena del crimen de Macavity no se sabe nada/puedes buscarlo en sótanos o en nubes de almohada,/pero repito una y otra vez, de Macavity no se sabe nada"

Y en "Modo en el que hay que dirigirse a los gatos":  ...Los has visto jugando, también en sus faenas/y ya te has aprendido sus nombres hace rato,/cuáles son sus costumbres, sus dichas y sus penas/ ¿pero cómo debemos dirigirnos a un gato?/...Lo principal es no caer en el gran yerro/y recordar que un gato no es un perro"

Diversión garantizada.

FICHA

EL LIBRO DE LOS GATOS SENSATOS DE LA  VIEJA ZARIGÜELLA.- T.S. Eliot.- Grabados de Edward Gorey.-Trad. Juan Bonilla. Nordicalibros.- 109 págs.- ISBN 9788416830787

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27 noviembre 2017 1 27 /11 /noviembre /2017 10:34

Mi descubrimiento de Sándor Márai (1900-1989) fue hijo de una afortunada  casualidad: una compañera de la sección de Internacional de "La Vanguardia", donde a la sazón trabajaba, se dejó olvidado "El último encuentro" sobre mi mesa. Esa misma tarde me enviaron con urgencia a cubrir la primera visita de la ministra sueca de Exteriores al presidente español. En el Puente Aéreo con Madrid devoré el libro y lo llevaba encima durante la recepción a la prensa cuando saludé a la ministra. Ella  miró la portada del libro que yo llevaba en la mano izquierda y me dijo en inglés: "¿Sandor Márai? Un desdichado hombre y un grandísimo escritor". Me quedé estupefacto y sólo acerté a esbozar una tímida sonrisa.  Chencho Arias, el diplomático español que hacía las presentaciones, al pasar junto a mí me guiñó un ojo y me susurró "Los de La Vanguardia siempre dando la nota. Luego me cuentas algo de ese escritor".

Desde entonces seguí la pista de los libros (publicados por Salamandra, aunque un par de ellos lo fueron en los cincuenta por Plaza Janés, sin eco alguno) de este maravilloso escritor intimista., inteligente y melancólico, que acabaría suicidándose tras la muerte de su esposa, en la soledad  del exilio, no sin legar a la posteridad un patético y estremecedor diario cuya última página cerró unos meses antes de morir. Me sorprendió encontrar ciertas similitudes con Stefan Zweig, no sólo por su escogida forma de morir, sino en el talante desesperado y nostálgico de una prosa dedicada a unos tiempos, sociedad y costumbres que las dos grandes guerras mundiales relegaron al olvido. Todo ello narrado con pulcritud crítica en sus tres obras de no ficción: Confesiones de un burgués, ¡Tierra, tierra!, y Diarios, 1984-1989.

La gaviota tiene algunas de las virtudes estilísticas y argumentales del mejor Márai, pero no logra mantener la tensión dramática ni el redondo resolverse de la trama, ni sus diálogos o descripciones están a la altura elevada de muchos de sus otros títulos. Apareció en Hungría en  1943, en plena Segunda Guerra Mundial, y refleja en la ficción el delicadísimo momento histórico que se vivía en el país (y en el resto del mundo). Márai describe con cierta modosa acritud la decisión del gobierno de su país de apoyar a los nazis y las consecuencias dilatadas en el tiempo y en el desastre que tal medida ocasionó: el dominio soviético del país, que tardaría décadas en desaparecer no sin arruinar la parte más viva de la cultura húngara y estancarla en la mediocridad (una de sus víctimas fue, precisamente Márai).
En La gaviota, Márai vuelve a recurrir al tópico del encuentro entre hombre y mujer cuyos diálogos, con apuntes leves pero magistrales del entorno no sólo personal sino sobre todo social y político de las dos personas, entre las que va surgiendo sentimientos y emociones íntimas que con tan notable habilidad hilvana nuestro autor. En torno a la pareja un mundo se desmorona, con sus valores y debilidades, su hermosa apariencia y sus carencias y diferencias insalvables de clase.
 
Márai, en la mayoría de sus libros es una evidencia, pertenecía a la alta burguesía del país, con todos los signos diferenciales de cultura y lujo que hacía de esa privilegiada clase los habitantes de un mundo de arte selecto, conciertos, mansiones, cultura internacional. Una clase dotada también de acceso al poder a través de altos funcionarios o profesionales seleccionados (como el protagonista de la novela) , cuyo trabajo muchas veces afectaba el futuro y la seguridad económica y vital de millones de personas . Como su protagonista, Márai  (al igual que no muy lejos de Hungría, Stefan Zweig) se convirtió involuntariamente en uno de los elementos residuales de un mundo que cambiaba dramáticamente. Ambos estaban condenados a desaparecer, aunque a cambio, nos ha quedado la maravillosa obra de ambos. 
La trama de La gaviota nos presenta a un alto funcionario estatal en Hungría que acaba de redactar una declaración que será de una trágica importancia para el país. Se trata de un hombre en la mitad del recorrido de la vida, culto y honorable, que ha escrito angustiado esa orden que alterará la vida de millones de personas. Esa misma noche recibe una inesperada visita de una mujer joven y bella que, curiosamente tiene un gran parecido con la única mujer amada por el protagonista en el pasado... Márai ha armado el dispositivo. Con su mezcla misteriosa de audacia y respeto a las formas, la pareja que se acaba de conocer deciden pasar la velada juntos asistiendo a la ópera, precisamente una obra de Verdi, "Un ballo in maschera" (no es casual esa elección que Márai hace, como el lector verá conforme se desarrolla la trama).
El paso del tiempo, la llegada de la vejez, el amor y las huellas indelebles que deja en la memoria de las personas, todo ello alimentando el misterio de la presencia de la muchacha y en torno a ese misterio la sensación amarga de un fin de época y de que comienza algo, un violento cambio global, de imprevisibles consecuencias. Sin embargo la ambición argumental de Márai tiene un precio alto que se deja sentir en la dificultad de mantener la tensión y sobre todo la calidad de la atención discursiva, el lector se desorienta, se sorprende de detectar ciertas banalidades, algo cansino en el relato que afecta tanto a lo que se nos cuenta como a lo que sentimos. La trama no acaba de cerrar las puertas y ventanas que el autor ha abierto y muchas sendas se pierden. Uno cierra el libro con algo de desilusión. Pero hay un punto positivo a tener en cuenta: existen los suficientes elementos de la maestría de Márai como para justificar su lectura, a condición de no compararla con "Último encuentro", "La herencia de Ezster", "La extraña" o "Divorcio en Buda". Quien está acostumbrado  a que Sandor Márai le regale una rosa en cada libro, no debe quejarse de que en éste sólo sea una margarita.
 
FICHA
LA GAVIOTA.-Sándor Márai.- Trad. Mária Szijj y J.M.González.- Ed. Salamandra.-187 págs. ISBN 9788498383577
 

 

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24 noviembre 2017 5 24 /11 /noviembre /2017 10:30

Bergson ha pasado a la Historia de la Filosofía por su heroico intento de dar una explicación filosófica a los fenómenos que se producen en la realidad y a la realidad misma, muy en sintonía con el cientifismo y pragmatismo imperante a finales del XIX y principios del XX. El intento -un glorioso fracaso aún no superado- de explicar toda la realidad de una forma científica encontró en Bergson un defensor...hasta cierto punto. Ya que para Bergson (y por ello ha sido criticado y excluido de los grandes indiscutibles de la Filosofía) existen y existirán siempre determinados ámbitos para los que no existen explicaciones ni apenas conocimiento empírico. Me refiero claro está a la faceta espiritual o trascendente (tan vilmente usurpada y anatematizada por las religiones, singularmente la católica).

Tampoco las llamadas ciencias del comportamiento, la psicología o la neuropsicología entre otras, (incluido el psicoanálisis, con excepciones notables como Jung, por ejemplo) pasaban de limitarse a una cierto reglar de algunos aspectos de comportamiento, la conducta o la personalidad (en esos días triunfaba el conductismo en psicología) pero era imposible llegar a la "esencia" del ser, la razón profunda de lo específicamente humano. Con lo que Bergson no tardó en dar el paso lógico siguiente: extender tal impotencia del Logos para comprender qué cosa es la realidad y sus manifestaciones, prescindiendo de la obviedad de los parámetros de medida y análisis de los objetos. La realidad no era sólo un problema de la física, la química, la biología, la geología...también, y sobre todo, era metafísica pura. Justamente las reflexiones de Bergson sobre ese interminable debate forman el nudo argumental del presente libro. De las nueve lecciones que aporta el volumen, las cuatro primeras la hacen a modo de introducción a la filosofía, las dos siguientes de estética (impartidas en el curso 1887-1888 en Clermont-Ferrand) y las tres últimas sobre metafísica pertenecen a cursos dados en el Liceo Henri IV, a partir de 1893.

"Ninguna ciencia en particular, en efecto, supera la apariencia, el fenómeno, lo que aparece, y la metafísica tiene precisamente por objeto superar el fenómeno, buscar lo que existe detrás de él. Hay, pues, algo detrás del fenómeno, esto es lo que importa hacer ver a fin de probar que la metafísica no persigue vanas quimeras" (pág40). Bergson apuesta por la metafísica y esa tendencia de su pensamiento también se filtra en sus consideraciones sobre la belleza y el arte. Sin olvidar los tres  elementos esenciales de la realidad, sus tres dimensiones, el espacio, el tiempo y la materia. Sin embargo el pensador insiste en que la filosofía no debe prescindir de la disciplina científica, el propio filósofo debe estar versado en los datos científicos, pero debe dirigir su mirada hacia aquellos ámbitos de lo real que la ciencia no puede aprehender. Y esos ámbitos suelen ser percibidos por la mente del artista en su busca de la belleza, de lo bello. Pero Bergson avisa que ni Platón, ni Schelling, ni Schopenhauer, lograron acercarse a esa dimensión de la belleza, ese "algo más" que revela lo trascendente, aquello que no es posible señalar con las palabras, sólo con el espíritu…

Bergson asume esa dificultad de señalar ese "algo más" y propone un concepto cargado de significaciones nuevas, la "simpatía", esa vibración común con la cosa que aparece cuando nos acercamos a ella, que nos permite acercarnos a su esencia. Y aquí el filósofo se da la mano con el artista, y la belleza, lo bello, con la filosofía y su verdad. Pero hay una discontinuidad entre filósofo y artista. Sólo el primero se pregunta el cómo y el porqué. Por ello el filósofo digno de ese nombre tiene algo de artista y algo de científico.

Se trata de un librito importante para conocer el pensamiento del filósofo francés (por cierto, cuñado de Proust) sobre todo en los dos ámbitos que hemos citado, la metafísica y el análisis de lo real a través de sus tres dimensiones, espacio, tiempo y materia. Aquí los textos se hacen de más trabajosa lectura no por el texto en sí sino por la complejidad de los temas. En uno de ellos, el tiempo, Bergson mantiene tesis bastante originales y rechaza las teorías del momento (el citado Proust hizo uso del concepto bergsoniano del tiempo en su obra capital: "En busca del tiempo perdido") proponiendo una vivencia de tiempo interior como "duración", en la que el sujeto se zambulle, formando  parte del proceso, en el mismo presente, "simpatizando" con esa realidad que está "siendo" junto a nosotros. 

En cuanto a la materia, las preguntas de Bergson, realizadas en 1893, no lo olvidemos,  inquietan aun hoy a todos, filósofos y científicos, a pesar de que la física cuántica ha cambiado radicalmente la visión de la ciencia y la filosofía frente a ese misterio: "¿Existe alguna realidad extensa fuera de la mente o bien el mundo material se  reduce a la idea que tenemos de él?" o "¿Es posible producir las representaciones de la supuesta realidad en una conciencia encerrada en sí misma?" "¿Cómo es esa realidad a la que sólo podemos llegar por la "simpatía", más allá de la ciencia, auxiliándose con la estética".

Libro de compleja pero muy interesante y sugerente lectura.

 

FICHA

"Lecciones de estética y metafísica".- Henri Bergson.- Trad. María Tabuyo y Agustín López.- Siruela.-ISBN 9788498416411

 

 

 

 

 

 

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22 noviembre 2017 3 22 /11 /noviembre /2017 09:02

Un misterio de altos vuelosKerry Greenwood, es una abogada australiana que se dedica a la literatura de evasión con bastante ingenio y un encanto un poco anacrónico pero fascinante. Escribe novelas basadas en personajes femeninos dotados de un carácter emancipado, inteligente y bastante osado. Las  aventuras de su detective Phryne Fisher, una muchacha que pilota un biplano, conduce un Hispano Suiza, seduce a quien se propone y viste con una distinción enorme, han resultado tan atractivas para el público que se han convertido en una correspondiente serie televisiva e incluso se ha rodado un largometraje sobre su primera novela de la osada y divertida detective femenina.. Hay algo "retro" en este personaje encantador y también en el estilo de su creadora que , con bastante acierto, ha huido de nuestra difícil época actual y centra sus tramas en los años veinte del pasado siglo.

El título, entresacado del texto de una canción de Cole Porter, es el segundo de la colección dedicada a Phryne y comienza con el secuestro de una niña (con un hábil e irónico recuento de golosinas que me han recordado la afición de Guillermo Brown, el personaje estrella de Richmal Crompton.) El estilo guasón y algo sarcástico de la Greenwood le sienta como un guante a las reflexiones irreverentes de su personaje a la que se puede definir con la frase que le dedica una de sus clientes "Puede parecer demasiado moderna y liberal (fuma cigarrillos y bebe cócteles y creo que sabe pilotar un avión, pero tiene cerebro y buen fondo y le doy mi visto bueno sin ninguna duda". Precisamente esta historia tiene con ver con otro piloto y el inevitable asesinato. No hay ninguna acidez ni brutalidad excesiva en estos relatos, bien alejados de la novela negra tipo americano y más cercanas al estilo elegante y humorístico de un Chesterton o un Wilde.

Novela divertida y muy aconsejable para damas celosas de la superioridad de su género sobre el masculino. Nota bene: los hombres también lo pasarán muy bien con la elegante y un poco snob Phryne Fisher.

 

FICHA

Un misterio de altos vuelos.- Kerry Greenwood.-Trad. ESTHER CRUZ.- 2017.- Editorial: Siruela
Páginas: 224.- 17,05 euros.- ASIN: B06Y3M1R29

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