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8 agosto 2020 6 08 /08 /agosto /2020 09:44

 

Pertenezco a una generación que comenzó a despertar a ese misterio cotidiano que era la condición femenina, por encima de los roles habituales. Lejos ya de la época de las primeras revolucionarias, de las sufragistas y el despertar de la mujer en otros países, en España en los sesenta comenzaba con grandes dificultades a surgir una conciencia del feminismo que enraizaba entre los jóvenes y era seguida con hostilidad y desprecio por nuestros mayores y por muchos jóvenes conservadores y tradicionalistas que en este país siempre han proliferado no sólo al abrigo de las clases medias y altas, sino entre los obreros y gente rural. La magia manipulada de la "revolución de las flores" hippy y de las universidades alzadas al conjuro del "Paris 68" y la imaginación al poder, del "debajo de los adoquines, la playa" o del "Dios ha muerto, Marx también y yo no sé dónde estoy" (una pintada que leí en un muro del Barrio Latino)...era una magia falsa, de mal ilusionista, que se le veía el truco, el artificio y la mentira. Las jóvenes de largos cabellos con coronas de flores silvestres, olor a patchulí y sexo fácil y consentido, volvían a las aulas universitarias a ser mejores estudiantes pero profesionales de segunda, por debajo de compañeros menos preparados, otras escogían el matrimonio como salida vital y algunas brillaban como gemas en sus respectivas profesiones pero sus logros eran disimulados entre los masculinos, cuando no abiertamente sofocados, titularizados por sus esposos o compañeros.

En "Hacia las estrellas" una novela de Mary Robinette, ese signo discriminatorio contra el sexo femenino y personas de color se contempla como un símbolo que rebasa la ficción para reflejar una realidad obstinada en la historia de nuestra cultura: la marginación o la desvalorización de la mujer o de otra raza, por el hecho de serlo, al margen de sus valores superiores literarios, poéticos, científicos...

Se podrían rastrear las influencias que Mary Robinette recibe de su entorno y de la historia cercana o, en todo caso, el lector mínimamente informado las descubre, por ejemplo, en la película de 2016 "Hidden Figures" ("Figuras ocultas"), dirigida por Theodora Melfi en la que se nos habla de, precisamente, la NASA y de tres científicas (reales) negras que trabajan en el empeño norteamericano por ganar la carrera espacial contra Rusia en los años sesenta  y que son sometidas a tratos discriminatorios e insultantes por sus superiores y compañeros masculinos.

Y más cercanamente, el libro de Sergio Erill "La ciencia oculta" donde se analiza el papel de una quincena de grandes investigadoras desplazadas e ignoradas, a pesar de sus cruciales descubrimientos científicos, como Lisa Meitner, pionera de la fisión nuclear, que quedó al margen del Nobel concedido a su compañero Otto Hahn. O Jocelyn Bell que describió el púlsar, hallazgo que capitalizó con un nobel su tutor de tesis Antony Hewish. Ni Einstein se libra de las sospechas de cierto tipo de fraude respecto a la colaboración que recibió de su esposa Mileva Maric, científica de renombre, y la importancia de ésta en los descubrimientos einstinianos. Solo tengamos en cuenta que sólo 18 científicas contra 572 hombres premiados hablan de unas diferencias numéricas que no se corresponden con la realidad de los trabajos científicos. Como dijo una de esas damas apartadas del éxito por razón de su sexo: "“Me pregunto si los diminutos átomos y núcleos, o los símbolos matemáticos, o las moléculas de ADN, tienen alguna preferencia por el trato masculino o femenino”.

No, en realidad se trata del llamado "Efecto Matilda" que consiste en la forma piramidal de los grupos de investigación, liderados por hombres generalmente. El que está arriba recibe los premios y se invisibiliza a las personas que están en la base, particularmente las mujeres, consideradas, a pesar de sus logros, piezas secundarias y casi de la "cuota" debida al sexo femenino. En algunos países, el color de la piel es otro punto menos.

La novela está bien narrada, con sus puntas y ribetes de ironía o mordacidad y sarcasmo cuando la situación lo requiere y, francamente, las vicisitudes del Elma York en la Coalición Aeroespacial Internacional para hacerse un hueco como astronauta a pesar de estar sobradamente preparada hace que el lector sonría algo perplejo y se va obligado a refrescar su memoria ya que la acción transcurre en 1952, tras el impacto de un meteorito en la costa Este de Estados Unidos (arrasando Washington y otras ciudades) que está precipitando el posible fin de la habitabilidad en la Tierra, por el cambio climático que se está produciendo.. Hay que buscar otro planeta que tenga posibilidades de vida y colonizarlo. La acción y los personajes van desarrollando el velo argumental pero, aquí entra el valor extra de esta novela, no se limita a describir la lucha contra reloj por unos objetivos vitales, sino que nos muestra la urdimbre desesperante y muy verosímil de los prejuicios sobre las mujeres, las religiones y las razas que van dificultando de forma absurda una misión que debía anular esos complejos negativos humanos. La novela es en ocasiones un bien argumentado canto en defensa de la tolerancia, la igualdad y la solidaridad entre los humanos como única forma viable de salvar nuestra existencia como género animal racional ( históricamente más bien irracional).
Evidentemente nuestra autora ha planteado bien sus elementos narrativos y ha dejado la puerta abierta para la serialización del argumento que ha quedado en un punto tan interesante (y tan alentador para las lectoras y los lectores pro feministas) que tenemos asegurados seguidores fieles para la o las siguientes novelas del ciclo (a los que tan aficionados son los escritores de ciencia-ficción) cuyo epígrafe común será, "La Astronauta". En cuanto a los aspectos filosóficos y especulativos de esta ucronía...no los hay. Es diversión pura, de calidad. Con una punta, interesante, de protesta y reivindicación por los derechos humanos.

FICHA

HACIA LAS ESTRELLAS.- Mary Robinette Kowal.- Trad. Aitana Vega.- Oz editorial.- 401 págs.

 

 

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4 agosto 2020 2 04 /08 /agosto /2020 09:36

En el capítulo 16, versículo 16 del libro bíblico del "Apocalipsis" se nos anuncia el "fin de los tiempos" o del mundo que conocemos debido a guerras, catástrofes de todo tipo o plagas. Ese mito destructivo se ha evocado muchas veces en momentos puntuales de la historia, en épocas en los que las religiones  hegemónicas se disputaban el poder  contra monarcas autoritarios y  las identificaciones de los "malos"  dependía de cualquiera de las tres religiones monoteístas , cristianos, judíos y musulmanes. En nombre de esta amenaza global se han cometido las mayores barbaries, pero nunca ha llegado el fin del mundo. Eso no depende de nuestros actos como "los bichos más dañinos de la Naturaleza" (así nos llamaba Jonathan Swift; sí, el autor de "Gulliver") pero lo cierto es que podemos ayudar mucho y eficazmente, no a que llegue el fin del mundo, pero sí el exterminio del género humano. Lo cual sería una suerte para el planeta y los demás seres vivientes. Y una lamentable pérdida para la cultura y el arte, pero esos son bienes bastante devaluados.

Asumiendo el hecho de que hablamos de un libro "sagrado" y que eso lo convierte en asunto de creyentes y evidentemente  en una cuestión literaria y de fe y no en una hipótesis científica razonable, usamos el término "armagedón" de una forma simbólica, un tropo.  Nuestra existencia bajo el signo atroz de esta pandemia nos ha convertido en el escenario distópico de la mejor obra de ficción catastrofista que se ha escrito jamás, precisamente por su condición empírica mensurable y su imprevisibilidad pre y post factual. 

¿Podríamos justificar el uso de "Armagedón" para definir una situación como la presente, en la que se dan  elementos como éstos (sin aspirar a ser exhaustivos)?: a) falta de un liderazgo mundial y un exceso de líderes populistas y potencialmente destructivos a favor de fronteras y uso de la fuerza; b) no existe una información clara, unificada, fiable, eficaz, científica y real sobre la pandemia, sus efectos y la forma de luchar contra ella; c) respuesta popular: pesimismo, nihilismo, negacionismo, paranoia conspirativa servida por la Red, fake news interesadas y una incertidumbre creciente sobre las vacunas alimentada por grupúsculos marginales y el mimetismo gregario de los internautas; d)falta global de pensamiento crítico, la gente no piensa lo que cree; convencen los que hiper gesticulan y vociferan simplezas; e) la crisis económica no es una entelequia: es real y desorbitada y pocos gobiernos saben cómo afrontarla; f) la inconsciencia y falta de responsabilidad de líderes y pseudo políticos que persisten en sus "guerras particulares"  (por muy legítimas que sean) en lugar de hacer piña en lo que ahora importa... y se podría seguir hasta acabar con el abecedario..

 

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31 julio 2020 5 31 /07 /julio /2020 07:43

Hace cien años desaparecía Galdós del mundo de los vivos, en el número 7 de  la madrileña calle de Hilarión Eslava. Era el 4 de enero de 1920. Le acompañaba su "hija natural", María,  ya que Galdós nunca se casó". Murió a los 76 años, prácticamente ciego y con problemas económicos y estrecheces sorprendentes en un escritor tan prolífico y admirado. A su entierro oficial acudieron más de 30.000 personas, con notoria ausencia institucional. Había sido operado de cataratas dos veces, en 1911 y 1912. Un año después, y tal vez debido a una sífilis terciaria, perdió la vista casi totalmente. Su salud se resentía también por una fuerte arterioesclerosis e hipertensión. Cuando muere Galdós, como a veces pasa en este país de cainitas, algunos de sus colegas de pluma hicieron "leña del árbol caído".  El talante liberal y progresista del escritor retrasó mucho su admisión en la Academia, a la que accedió gracias al apoyo de dos escritores conservadores amigos suyos: Marcelino Menéndez Pelayo y José María Pereda. La Academia Sueca le eligió en 1912 para recibir el Premio Nobel de Literatura y por una de esas lamentables sinrazones que se dan en nuestro país, hubo una campaña conservadora y tradicionalista contra el escritor y se inundó a la Academia sueca de cientos de cartas y telegramas exigiendo que no se le diera el Premio, ya que era una persona “de ideas extremas y nocivas para la sociedad". La campaña alcanzó tal virulencia que el Jurado  sueco, atónito y escandalizado,  acabó por anular esa designación y nombró al poeta alemán Haupttmann. Al año siguiente, se repitió la miserable mascarada y nuevamente el Jurado sueco cedió en nombre en su lugar a Tagore. Muchos años después la Academia sueca reconoció ese ceder a manipulaciones políticas como un error histórico del que se sentían avergonzados.

Durante los siguientes sesenta o setenta años Galdós sólo es pieza de fascinación, agrado y exquisitez literaria para una minoría de "lletraferits" que se asombran del ninguneo que se le brinda desde los llamados "cenáculos" literarios, con la belicosa censura de Juan Benet (que se atrevió a decir con su dogmatismo habitual: "el culto a Galdós es una desgracia nacional") y algún otro, igualmente "perspicaz". La siguiente generación desde Muñoz Molina a  Trapiello, Almudena Grandes y creo que Javier Marías, supo hacer justicia.

Sin embargo el aparato crítico y erudito tanto español como extranjero nunca dejó de dar  a luz obras críticas, ensayos  y comentarios laudatorios en los que se va reivindicando cada vez con mayor firmeza la figura de este escritor , al que malas lenguas, concretamente la de Valle Inclán, en "Luces de Bohemia" hace que uno de sus personajes se refiera a Galdós con la frase "don Benito, el garbancero" tratando de significar con ello que era un escritor anacrónico, de mesa camilla y brasero, que tenía la popularidad exagerada y efímera de folletinistas al estilo de "El caballero audaz" y otros singulares plumíferos del dislate y la desmesura, como Manuel Fernández y González o Ramón Ortega y Frías. Sin embargo en el transcurso de las décadas finales del siglo XX y el nuevo siglo, la figura de Galdós va tomando una importancia y tamaño literario más acorde con su valía indiscutible.

Baso este escrito en la última biografía aparecida del autor canario, debida a Yolanda Arencibia y editada por Tusquets, aunque he aprovechado los tres tomos del clásico José E. Montesinos que editó Castalia en 1972, el volumen del hispanista norteamericano Douglas M. Rogers "El escritor y la crítica" editado por Taurus, la "Vida de Galdós" de Pedro Ortiz-Armengol en Biblioteca de bolsillo y "El Madrid de Galdós" un insólito libro de varios autores que nos describe el Madrid que amó y vivió Galdós.

Arencibia equilibra la indudable admiración de la autora por su paisano (es catedrática de la Universidad de  Las Palmas, dirige los Anales Galdosianos y la cátedra dedicada al escritor) con una indagación bastante intensa y completa de documentos, libros y referencias anotadas en las 25 páginas de bibliografía y en los apéndices e índice onomástico que enriquecen el libro. El Galdós que aparece en estas páginas está a años luz del "garbancero" provinciano y de estrechos límites que nos pintaban sus detractores (¿envidia?¿celos literarios?). Es un hombre comprometido con el "zeitgeist" de su tiempo, informado y apasionado por Europa, gran lector, viajero, epicúreo degustador de la buena mesa, el mejor vino y el trato y compañía con damas de considerable valía. La correspondencia que mantuvo con su célebre amante Emilia Pardo Bazán (de las que sólo nos quedan las cartas de ella, él era sumamente  discreto y pidió a la escritora gallega que se las devolviera) nos hablan de un hombre que sabía despertar pasiones, aunque sabía mantenerse fiel a su principio spinoziano de la cautela. Galdós tuvo muchas relaciones amorosas, desde la adolescencia (con su prima peruana Sisita) hasta la modelo Lorenza Cobián, prudente y celoso de su privacidad, con un inconmovible "perfil modesto" que, como suele suceder, enaltecía su figura intelectual y humana. Se llamaba a sí mismo "jornalero de las letras". Era el hombre de la palabra justa y el adjetivo exacto, de talante silencioso y como adusto, pero lleno de bondad y tolerancia. Pero también una persona de una variedad intelectual y artística asombrosa: fue novelista, político, periodista, dramaturgo, ensayista, músico, pintor y un dibujante excelente... 

Con mucha sutileza Arencibia nos recuerda las palabras que uno de los grandes personajes de Galdós, Gabriel, en los "Episodios Nacionales", al final de la serie dice de sí mismo: "Soy hombre práctico en la vida y religioso en mi conciencia. La vida fue mi escuela y la desgracia mi maestra. Todo lo aprendí y todo lo tuve". Y la biógrafa añade: estas son palabras que podría haber adoptado su creador, Galdós. Los vaivenes en la vida personal de Galdós, desdichas y alegrías, quedan reflejadas en la frase de uno de los protagonistas de "La campaña del Maestrazgo": "espinas sufrimos, espinas tenemos, y el que crea que no las tiene y se duela de que le pinchen, es tonto de remate". La popularidad de sus obras tiene un reflejo en el cine, un arte temprano en vida de Galdós, que él no pudo conocer por su ceguera. Desde el cine mudo con adaptaciones de “La Duda” en 1916 y en Hollywood una de "Doña Perfecta" en 2018. "El abuelo", por ejemplo tuvo versiones fílmicas en México en 1943, en Argentina en 1951 y en España con Garci en 1998, "Marianela" en 1940 y 1972, "Fortunata y Jacinta" en 1969,, "Tristana"  y "Viridiana" de Buñuel en los 70, "Tormento" de Olea en 1974 y "Doña perfecta" de Ardavin en 1977. También en los 70, TVE  adaptó una decena de obras de Galdós, aún visibles por internet.

Durante casi sesenta años de creación literaria Galdós insufló magistralmente vida a un mundo de ficción coherente, universal y variopinto. Ello confiere a su obra, como dice su biógrafa,  "atemporalidad, universalidad y eternidad". Y de su actualidad es ejemplo su propio lema personal, "Ars, Natura, Veritas" que tantos intelectuales han adoptado. El libro de Arencibia recibió el Premio Comillas de Historia y Biografía de este año y el jurado lo justifica recordando que Galdós  "refleja en su vasta producción la mejor tradición del liberalismo español y, mediante unos personajes inolvidables, lanza una mirada compasiva y humana sobre la vida y sociedad de su tiempo y también del nuestro". 

Especialmente emotivo es el Epílogo del libro en el que se nos muestra al Galdós ya anciano, aquejado de mala salud que visita el monumento que el escultor Victorio Macho le había dedicado y debía colocarse en los jardines del Retiro.  Es el año 1919, la obra había sido sufragada por suscripción popular y se había logrado la suma de 12.000 pesetas, un dineral para la época. Se inauguraría en 20 de enero de ese año. Por entonces está ciego pero preside el acto y pasa los dedos por el rostro de piedra, su rostro. Se emociona. Ese año su mala salud de hierro parece entrar en una etapa final. Galdós se encierra en sus recuerdos, habla poco y se deja cuidar por sus amigos, recibe visitas y acaba muriendo el 3 de enero.de 1920. El Ayuntamiento de Madrid hace un homenaje de cuerpo presente para que los madrileños, a los que tan bien describió y amó Galdós, se pudieran despedir de él.

Para el  que esto firma, que ahora ha emprendido la segunda lectura de "Los episodios nacionales", más de cuarenta años después de la primera, Galdós fue siempre un  modelo inalcanzable desde el punto de vista literario, pero muy cercano desde el ideológico y social. Como él, siempre he creído que "la educación es la herramienta más eficaz para acometer cualquier transformación social". Y que "el porvenir debe construirse con pedagogía y no con violencia".

ALBERTO DÍAZ  RUEDA

FICHA

GALDÓS, UNA BIOGRAFÍA.- Yolanda Arencibia (XXXII Premio Comillas). Ed. Tusquets.-861 págs.

 

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30 julio 2020 4 30 /07 /julio /2020 11:39

Ya en el siglo XXI las protestas feministas comenzaron a tomar una curiosa imagen simbólica, vagamente aterradora: la televisión había entrado a saco en la novela distópica de Margaret Atwood "El cuento de la criada" y nos había mostrado una civilización en la que las mujeres estaban reducidas a instrumentos y despojadas de cualquier referencia humana que no fuera su sexo y los limitados pero contundentes  usos que sus cuerpos ofrecían. Las feministas aparecían vestidas con amplios sayales rojos y en la cabeza una especie de toca monjil blanca con alas amplias. Así las describía  la novela y las mostraba la serie.

Lo que los aficionados a la ciencia ficción clásica sabíamos es que la  escritora canadiense describía en clave sus  sensaciones y proyecciones imaginativas ante el horror social y político de la Rusia posterior a Stalin pero igualmente sofocante que podía vislumbrar desde su refugio literario en Berlin occidental y sus visitas a otros países tras el Telón de Acero. Como Orwell y como Huxley y otros clásicos, la Atwood puso en su enfoque los regímenes totalitarios de la clase o ideología que fuesen, pues todos tienen un punto en común: el desprecio total hacia la dignidad del ser humano, por encima de sexo, color, raza o nación.  Y en el caso del "Cuento" de la mujer, reducida a la condición de "hembra fértil".

Lo más angustioso de la novela es la sensación que te va creando de posibilidad. "Eso aquí, en este país, en esta época, no puede pasar" nos decimos. Pero nos equivocamos. Como ha ocurrido con el Covid, todo puede  pasar y las reacciones humanas suelen ser lamentables por lo desastrosamente previsibles. La República de Gilead es una reedición del puritanismo norteamericano del siglo XVII que, cuando Atwood escribía su novela, en 1984, parecía imposible de reeditar...Imagínense con Trump en el poder una legislatura más.

La maestría de la autora es visible aunque sutil. Empieza por negar los datos habituales al lector. Este entra de golpe en la narración y vive en primera persona una existencia que parece una pesadilla, en un país que poco a poco va intuyendo y en una época post apocalíptica de la que no se nos fan detalles. Es la cultura sobreviviente a un acontecimiento que ha cambiado brutalmente la historia conocida. Fanatismo religioso, moral del poder, el abuso y la utilidad. Necesidad de reproducción humana pues el Horror ha dejada diezmada a la población. Como suele ocurrir eso supone la instauración de la dictadura total y la reproducción fiel de los niveles sociales. El poder y la riqueza a un lado, en medio la fuerza física, los vigilantes y el resto, el pueblo base, los que trabajan,  los explotados. Entre ellos una fracción aún más ruinmente explotada: las mujeres fértiles (los índices de fertilidad del país cayeron en picado debido a la contaminación: otro de los aciertos de Atwood que casi pronostica las apariciones de pandemias).

Criadas, tías (con su vestimenta marrón) esposas (vestidas de virginal azul, ya que son estériles) o las marthas, enmascaradas en un verde pálido, limpian y cocinan para los que mandan y para mayor sadismo puritano masculino las no-mujeres y econoesposas, las primeras de pasado pecaminoso que han sido torturadas y desterradas del país y las segundas, con trajes a franjas, son las mujeres de hombres pobres destinadas  a servicios de bajo nivel. Es el universo femenino de la República. El masculino tiene sus funciones limitadas oor el poder y la actividad, desde los comandantes, vestidos de negro, los que detentan el poder supremo, los ángeles, servidores operativos y burocráticos, los guardianes, matones y cuidadores del orden público y los "ojos de Dios" una especie de servicio secreto y de espionaje que vela, como la Inquisición, por eliminar a los "infieles".

La lectura de esta absorbente novela nos devuelve a una sensación que el Covid ha elevado a la categoría de convicción: la de la fragilidad y vulnerabilidad del ser humano. Y también algo aún más inquietante: la falta de solidaridad y cooperación entre las personas, que es la causa de que se instauren regímenes totalitarios que degradan a la mayor parte de la población pero permiten vivir con privilegios más o menos progresivos a otra parte de esos ciudadanos, con la excusa de una ideología o una creencia (políticas, raciales o religiosas) que los convierte en el bloque elegido por el poder para poder perpetuarse. 

Léanla ustedes. Hay mucho que aprender de ella y mucho que pensar tras su lectura. Luego, miran a su alrededor y verán como en muchos países de nuestro entorno (y también en algunos sectores del nuestro) las semillas espantosas de la ficción de "El cuento de la criada" pueden hacerse realidad.

FICHA

EL CUENTO DE LA CRIADA.- Margaret Atwood.- Trad.Elsa Mateo.- Ed. Salamandra.-412 págs.

 

 

 

 

 

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28 julio 2020 2 28 /07 /julio /2020 07:24

"Brother's fire" o "Friend's Fire" es el término con que las oficinas de prensa norteamericanas en Vietnam confesaban que se había producido un trágico error durante un combate y se había disparado contra los propios compañeros de filas. Es comprensible teniendo en cuenta la confusión, el ardor y el caos del combate o incluso en las incursiones aéreas con helicópteros y más con cazas, cuyos objetivos eran confusos por la distancia y la velocidad del ataque. Quizá las cifras conocidas años más tarde resultaban menos comprensibles: del 18 al 21% en la II Guerra  Mundial, 39% en Vietnam y 49% en la Guerra del Golfo. Estamos hablando de víctimas del propio ejército causadas por soldados que servían a la misma bandera.

Ustedes perdonen por ceder a la nada inocente costumbre de emplear términos bélicos para definir o describir la resistencia y las acciones que tratan de frenar a la pandemia. En este caso es más disculpable, porque no se trata de enardecer el "patriotismo bélico" en la "lucha" contra el Covid sino de utilizar un término, que es casi un oxímoron, para advertir sobre una estrategia social alarmante: la aceptación casi disculpatoria de que los jóvenes se lancen alegremente al "carpe diem" en peñas, reuniones privadas y botellones. "Todos hemos sido jóvenes", se dice comprensivamente.  Y es cierto. Pero es la primera vez en la historia de la Humanidad que se produce una pandemia de estas características. La historia de la Humanidad incluye la de los virus, bacterias y agentes patógenos que nos acompañan desde siempre y nos acompañarán. Pero es la primera vez que un virus se convierte en un azote mundial, a no ser que consideremos la guerra como un virus. Pues bien, queridos jóvenes, esto es el "fuego amigo". Cada botellón, fiestas sin mascarillas y con contactos físicos, reuniones multitudinarias al amor de la música y la alegría de vivir, sexo y rock and roll, es un ejercicio aplazado de "fuego amigo". ¿Las víctimas? Otros amigos, hermanos, padres, abuelos, vecinos. Todo gracias a mensajeros del virus, seguramente asintomáticos: son jóvenes y tienen las defensas a tope; algunos caen y la mayoría no... pero junto a esa mayoría "sana", indemne,  habitualmente viven otras personas. Y esos serán víctimas del "fuego amigo". No es una hipótesis de trabajo, es una realidad que está ocurriendo. Pensemos un poco. ¿Vale la pena? Nadie habla de represión, ni de autoritarismos, ni de multas o encierros...hablamos de sentido común y de solidaridad. ¿No ha servido de nada la lección de vulnerabilidad e indefensión que nos han dado, juntos, el virus y la incapacidad, ineficacia y torpeza de las mayoría de los Gobiernos para afrontarlo?

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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27 julio 2020 1 27 /07 /julio /2020 12:50

Mauro Corona es un artista italiano, de origen humilde, autodidacta. escultor y tallador en madera, ecologista "avant la lettre" y autor de un libro asombrosamente poético, con la sencillez de un Miguel Hernández y la profundidad inteligente y crítica de un T.S. Eliot, "Fantasmas de piedra". En ese magnífico libro narra su visita y estancia en una agreste aldea alpina, Erto. Este pueblo se se hizo tristemente célebre en 1963 -en él vivía Mauro, un niño de trece años-,  cuando el monte que dominaba el pueblo, llamado Toc, se derrumbó sobre un embalse y provocó un tsunami que barrió el pueblo del valle y lo convirtió en una ruina permanente por el que deambulaban los "fantasmas de piedra"  que años más tarde escribiría ese mismo niño, convertido en escritor y artista.

Mauro tiene allí su estudio y sus huertos, vive como un ermitaño autosuficiente y modela esculturas con éxito, lee y escribe, reflexiona y se mantiene informado de la trayectoria del mundo. Fruto de esa reflexión es esta parábola terrible que es "El fin del mundo equivocado". La sencillez del estilo de Mauro, sus críticas llenas de sentido común y lógica ambiental, dan a este libro una textura de historia oral, contada al amor de la lumbre junto a la chimenea en días de nevada durante las oscuras tardes de silencio y soledad.Aunque partiendo de una situación extrema y apocalíptica que se produce de inmediato, como ocurre en los relatos mágicos, Mauro equilibra la simpleza paradójica del inicio para mostrarnos de entrada que vamos a leer el apasionante desarrollo de una parábola y que no hay que pedir más explicaciones, datos o referencias. Aceptemos el punto de partida porque se basa en lo posible, no en lo probable. Ni falta que hace al lector. Todo se desarrolla como en una pesadilla realista. El comienzo hace posible la coherencia y ésta es plausible, creíble, convincente. Lo que nos interesa es el relato nada fantasioso de las consecuencias. Y ahí está el poder de este libro: nos pinta un mundo atroz de una forma convincente y coherente con el desastre que lo inicia: "Pongamos por caso que un día el mundo se despierta y descubre que se han agotado el petróleo, el carbón y la energía eléctrica."

El libro fue escrito en 2010 y  publicado en 2012, (hace diez años que Mauro hizo su devastador análisis) y es asombrosa la perspicacia y observación certera de Corona en sus descripciones del caos. Siempre que no olvidemos que el escritor es un artista, no un filósofo o un ensayista o un científico. Lo que me empujó a traerles este libro a colación en estos momentos es, justamente, el paralelismo relativo pero deslumbrante que se establece entre el planeta agónico que nos describe Mauro y el mundo que conocimos a partir de enero de 2020 cuando se empezó a hablar del COVID19.  La lección que se deriva de la lectura de esta parábola distópica se puede resumir en el párrafo final del libro (página 174): "Hasta que el hombre no desaparezca del planeta, hará de todo y pondrá todo su empeño en procurar su mal y en estar mal. Y al final acabará extinguiéndose. Pero la culpa será solo suya. El hombre será el único ser viviente que se auto extinguirá por estupidez. Amén".

FICHA

EL FIN DEL MUNDO EQUIVOCADO.- Mauro Corona,.Trad. Álida Ares.-Ed. Altair. 174 págs.

 

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24 julio 2020 5 24 /07 /julio /2020 09:56

El "Encomio de la Estulticia", "Morias enkomion" en griego o "Elogio de la necedad" (o de la estupidez) en castellano, fue una polémica obra publicada en 1511 por el renacentista Erasmo de Rotterdam, amigo fiel de Tomas Moro (de hecho el título en griego se puede leer también como "Elogio a Moro"). Se trata de una obra retórica, irónica y humorística contra la corrupción y descrédito de la Iglesia católica y la sociedad de la época y fue pieza fundamental para impulsar la Reforma protestante. Por eso en su libro hace que los contenidos serios y críticos se presenten de una forma lúdica e ingeniosa para atraer a los lectores que, sin apenas advertirlo, los integrarán en sus mentes para que germinen en una indagación propia. 

Erasmo afirmaba que una cultura eficaz y valiosa se basa en establecer una pedagogía exigente, atractiva, rigurosa y basada en los valores esenciales del ser humano. Y la cultura es la única defensa que tenemos frente a la barbarie. Si a ello unimos su defensa de la paz y la tolerancia como instrumentos de una sociedad europea avanzada y progresista, se perfila la resonancia del erasmismo en la posible instauración de una Europa más justa y unida tras la pandemia.

¿Puede ser actual, eficaz, útil, provechosa una obra publicada en el siglo XVI? Invito al lector de La Comarca a que acceda a esta obra de Erasmo (está libremente disponible en Internet y en abundantes ediciones económicas) y comparta el pasmo y la interesante sorpresa de ver cómo se dibuja un retrato burlesco pero bastante exacto de muchos de los males sociales, políticos y económicos que nos afligen en esta era de "anormalidad progresiva" en los "felices 20" del siglo XXI. 

¿No se percibe la diosa "Moria", la insensatez, necedad y locura, en ese gobernante que está llevando a su comunidad al desastre sanitario pero sólo se ocupa de presentar demandas contra un monarca cesante y otro en ejercicio de una manera insensata e ilegal, cuando en su propia casa debe aceptar y justificar una corrupción mayor en un expresidente anterior y otros gobernantes que medraron bajo la misma bandera?

¿No se perciben las presencias del cortejo de Moria, Adulación, Molicie, Pereza y Codicia en bastantes de las actitudes y escándalos que van surgiendo de las filas de los políticos y los altos funcionarios? Si asisten a las sesiones del Congreso de Diputados, de algunos Gobiernos autonómicos o las obras de ciertas instituciones o empresas privadas o multinacionales, ¿no ven pasear muy ufanos entre ellos a los amigos de Moria, Philautias (el narcisismo), Leteo (el olvido de lo que hiciste mal y luego lo censuras en el contrario), Tryphe (la irreflexión, en el habla y el argumentar o peor en el insultar), Komos (la intemperancia en actos, palabras y obras)?

¿No hay un espejo deformante de la estupidez en esos grandes líderes de naciones extranjeras que aconsejan ignorar una pandemia a pesar de estar causando muertes incesantes? ¿Y los que recurren a juego sucio e invaden los espacios virtuales de otras naciones en defensa de intereses ocultos? ¿No se aplicaría el "Elogio a la estupidez" en esos ciudadanos que anteponen sus caprichos, diversiones y apetencias al respeto y seguimiento de las mínimas reglas de salud pública en tiempo de virus pandémico? Erasmo cree, con Sócrates, que la naturaleza tendente al mal en el hombre se debe a la ignorancia, la falta de instrucción y la inexistencia de valores éticos. Quizá sea, después de todo, un buen momento para releer a Erasmo. 

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

 

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21 julio 2020 2 21 /07 /julio /2020 19:04

Buscar siempre un culpable, mejor "de fuera"; nombrar una supuesta "amenaza exterior"; demonizar al Gobierno central con fines independentistas; designar "culpables" -sin derecho a réplica- a los de una ideología contraria; convertir a un virus en un ente demoníaco instrumentalizado por oscuras conspiraciones; ver cómo los órganos ejecutivos y legislativos de una nación y algunos diputados se comportan como "trileros" de bolsillos codiciosos, mientras los males se extienden y los ciudadanos se acostumbran a desconfiar y a medrar solo por sus propios intereses con la convicción de tener todos los derechos y pocas obligaciones aceptadas.  Mientras el SARS vuelve a manifestarse en 160 brotes nuevos en el territorio hispano, mientras la gente en Cataluña comprueba que la gestión de la Generalitat es aún más peligrosa que el virus en sí mismo, más errática que la que Torra denunciaba al principio mientras aseguraba que si tuviera el poder en "su" Comunidad no habría muertos. Y ahora no sabe cómo decirle a los barceloneses que tendrían que quedarse en casita. En el resto del país, los ciudadanos ven en la política el problema no la solución. Y, por su parte, siguen viviendo la falacia de la "nueva realidad" sin percatarse que son ellos mismos, los que se lanzan a las carreteras porque "nadie les puede fastidiar las vacaciones" después de lo que "han pasado". Esta inconsciencia es la gran aliada del virus.

Un amigo catalán (leridano a más señas) me ha enviado una foto clarividente: es en blanco y  negro, antigua, y muestra a un soldado -parece francés de la época de Argelia- que lleva en su espalda un burrito pequeño. Junto a él hay otros soldados que avanzan por una pradera llena de hierba y un texto comenta: "Igual así se entiende mejor el confinamiento: este soldado lleva un burro sobre sus hombros. No lo hace porque ama a los burros, sino porque el área está minada. Si el burro se mueve libremente hubiese hecho estallar las minas y todos hubieran muerto. Mantener controlados a los burros es vital en estas circunstancias". Aunque esos mismos covidiotas denuncien con envidiable simplicidad que son víctimas de una dictadura y los populistas o la derecha extrema les aplauda con tanta determinación que se olvidan de dar alguna idea mejor para evitar que el Covid vuelva a apoderarse del país. Todo esto suena a algo que no es nuevo: la dictadura del pánico. El miedo sin soluciones a la vista se convierte en pánico y es cuando cuando las personas pierden de vista la moderación, la solidaridad y la ecuanimidad, buscan "culpables mágicos" es decir responsables de todos los males, incluidos los que ellos producen.

La ensayista norteamericana Martha C. Nussbaum, en uno de sus ensayos antipopulistas más conocidos diagnostica el tipo de sociedades en los que los populismos triunfan, la democracia se hunde, aparecen los "salvadores de la patria" cuanto más intolerantes y estúpidos mejor. Y las gentes les siguen como rebaños de corderos destinados al matadero.¿ La alternativa? Hay que dar una oportunidad a la esperanza, la cooperación, la solidaridad y el esfuerzo de todos. Gobiernos de Unidad nacional y objetivos claros y firmes: la salvación del país y sus ciudadanos. Después hablaremos de política. Aunque esta es la verdadera política. Al modo aristotélico: la "areté", la virtud, la justicia, la igualdad como comportamiento del hombre que se dedica a la "polis" el gobierno de la ciudad, el "zoon politicon", el animal político.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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16 julio 2020 4 16 /07 /julio /2020 07:01

En 1882 el dramaturgo noruego Ibsen  estrena un nuevo y polémico drama: “Un enemigo del pueblo”. Antes había convulsionado a los públicos conservadores y victorianos de media Europa con “Espectros” o “Casa de muñecas”. El protagonista del “Enemigo…” es el Dr. Stockmann, un hombre vitalista, fuerte, de firmes convicciones que ejerce como jefe médico del balneario de la ciudad. Un mes antes de empezar la temporada de baños, en la que está cifrada todas las esperanzas económicas de la ciudad, el médico informa a las autoridades de que acaba de descubrir - y ha hecho confirmar por unos laboratorios de la capital- que las aguas del balneario están envenenadas por unos vertidos tóxicos y hay que cerrar el establecimiento y desviar los vertidos mefíticos para recuperar la bondad de esas aguas termales. Mantener el balneario abierto era más que una temeridad, era un crimen para los clientes del balneario. Cerrarlos y cambiar el sistema de tuberías y la fuente de procedencia, significa la ruina de algunos y el endeudamiento del pueblo.

A resultas de esa noticia todas las “fuerzas vivas” de la comunidad, encabezadas por el alcalde, celoso e infatuado hermano del doctor, el periódico local y los comerciantes y al final la población entera se unen en la repulsa al doctor al que nombran “el enemigo del pueblo”. ¿No les resulta familiar esa anécdota en estos tiempos de virus? La figura del martirizado profeta de la verdad, desde Sócrates, Jesús o el magnífico Jean de Florette de Marcel Pagnol, hasta el simbolismo -¡ay, tan reiterado! de “matar al mensajero”-, es una constante trágica de la recalcitrante estupidez humana en cuanto concierne al dinero,  el cargo funcionarial o político y la simple supervivencia que entra en liza con la rectitud de propósito, el altruismo, la honestidad o en suma eso tan devaluado que se llama ética. Dejando aparte las referencias teatrales o literarias, es obvio que  de un tiempo a esta parte, proliferan los “enemigos del pueblo”, no sólo en el escenario político sino en este guirigay que es la histérica e insultante vida pública española del momento.

Mientras el país tiembla ante una casi bíblica maldición de ruina empresarial, miseria familiar, desempleo y desconcierto e ineficiencia ante las ayudas europeas y sus destinos preferentes, nuestra clase política ignora los llamamientos a la unidad y, de espaldas a la historia,  dan un mísero espectáculo de garrotas y marionetas vociferantes mientras se arremeten unos a otros colocando el baldón de “enemigo del pueblo” a cualquiera que trate de insinuar algo con sentido común, una medida honesta aunque impopular (en un país ya bastante dominado por el populismo más vulgar, vandálico e inculto). ¿Qué mal virus agresivo ha inundado nuestros televisores, algunos periódicos y la enloquecida trama hipnótica de los móviles y su constante derroche de bulos y campañas de una simpleza siempre violenta? Vivimos los tiempos de las “fake news”, de las falacias ignorantes, de los falsos profetas, de los líderes irrazonables y soberbios. No sólo en España, este país siempre desgarrado por el símbolo goyesco y grotesco de dos energúmenos atizándose con garrotas, en el resto del mundo (donde se genera un abominable genocidio en los sectores más pobres y desdichados de esos países) se produce el mismo fenómeno: grandes masas de personas y sus gerifaltes califican de “enemigos del pueblo” a otras grandes masas y sus líderes que, a su vez, devuelven el cumplido con palabras muy semejantes. Al margen de ese  panorama de horrores hay una mayoría silenciosa y  amedrentada (en todos y cada uno de los países del planeta) que parece resignada a ser pasto de bárbaros o carne de cañón. Parece que haya más “enemigos” que “pueblo”. Pero no es así. El pueblo de verdad no quiere ver enemigos por doquier sino soluciones a los problemas, remedios a las necesidades, sentido común y honestidad en sus gobernantes.

Los llamados “enemigos del pueblo” (no los que en verdad lo son) tienen una tipología bastante semejante sin que importe su procedencia. Se  ha  corrompido el concepto pero su esencia es la misma que en el teatro o la literatura clásicas: toda persona que trabaja por el bien común antes que por sus propios intereses (pues sabe que si se extiende el bien-común, formará parte de él) rechaza el corto-placismo populista pues entiende que las cosas precisan un tiempo de trabajo y sazón para prosperar, comprende las limitaciones temporales y cree en el trabajo honesto y el esfuerzo de todos (separando de entrada a los aprovechados, los vagos y los tramposos)…en suma, para no extendernos, admiten el principio ético como motor universal de las relaciones humanas. –

ALBERTO DÍAZ RUEDA, escritor y periodista

 

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14 julio 2020 2 14 /07 /julio /2020 11:59

Los anglosajones tienen una especial habilidad en crear expresiones claras, sencillas y contundentes que en inglés -idioma práctico y expresivo- suenan muy bien y al ser traducidas al español pierden parte de su "mordiente" popular y cotidiana. "Cancel culture" es una de ellas y muy actual. La traducción literal es "cancelar cultura" o "cultura de la cancelación". En el universo mediático de internet la "cancel culture" es la cancelación por asfixia, acoso y derribo de cualquier persona, idea, acto, pensamiento u obra de arte, literaria o filosófica en nombre de una corriente hegemónica que defiende ideas o colectivos que se consideran injustamente atacados en el momento actual y en el pasado, del más remoto al más cercano. Es decir, en base a la legitimidad de una postura defensiva sexual, de raza o credo. Se trata de auténticas campañas de desacreditación y humillación pública orquestadas desde colectivos con posturas legítimas pero con una praxis violenta y sin asomo de ética. Es semejante a las campañas de desinformación y "fake news", dirigidas por los rusos contra la Clinton y a favor de Trump o las que manipularon el "proces" en Cataluña. En estos momentos cualquier persona. monumento, institución o hecho histórico relacionado directa o indirectamente con algo que moleste a las feministas de MeToo o a los colectivos negros del BlackLivesMatter (o a TRump, a Putin, a Torra, Bolsonaro y otros personajes mediáticos del exceso), son objeto de las iras de los poderes oscuros de las Redes que se autoerigen en la "ortodoxia" y el victimismo vengativo.

Es lo que en castizo castellano se llamaba "poner en la picota", "colgar el sanbenito" y en la lengua del actual Imperio, someter al "online shaming" (vergüenza pública online"), arruinar una reputación o condenar sin derecho a réplica ni apelación en juicio virtual sumarísimo a cualquiera que sea considerado reo por la nueva Inquisición Mediática. Como decía una carta de intelectuales norteamericanos publicada hace unos días, empezamos a padecer la imposición de "un nuevo conjunto de actitudes morales y compromisos políticos que tienden a debilitar las normas de debate abierto y la tolerancia a favor de una supuesta hegemonía ideológica que utiliza el juego democrático para crecer y fortalecerse pero que es abiertamente antidemocrática, populista y autoritaria e impone un estilo propio de tipo dogmático y coercitivo". Estos son los mismos que en nombre de lo que ya no tiene remedio derriban estatuas, condenan obras de arte, queman libros y prohíben películas que, según ellos, justifican los atroces hechos que les hicieron formar sus grupos reivindicativos. Y, paradójicamente, colocándose con sus actos al mismo nivel ético de lo que denuncian. Todos los siglos del pasado han tenido su particular "caza de brujas". El XXI, siglo de la globalización, será el de las pandemias, ya sean víricas, climáticas o éticas. Francamente, no tenemos remedio.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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