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10 julio 2020 5 10 /07 /julio /2020 18:33

En un ensayo reciente, dedicado a analizar las revueltas sociales del siglo XXI , encontré una observación muy sagaz: "Lo que incita a hombres y mujeres a la rebelión no es el sueño de liberación de sus nietos, sino el recuerdo de sus antepasados oprimidos". Es una reflexión cínica pero realista que podría desmontar el pretexto pro-futuro de casi todas las revueltas socio políticas desde la revolución francesa, la rusa, la cubana, o incluso la norteamericana. Esos revolucionarios urbanos del siglo XXI, en su mayoría instalados en sociedades más o menos permisivas, más o menos democráticas, con un bienestar cercano y asequible con trabajo y tiempo, no se lanzan a las calles,  a menudo violentamente,  por el futuro de sus hijos o nietos, sino que reivindican a sus colegas que en el pasado, más o menos remoto, sufrieron determinadas opresiones por razón de sexo o de raza. Es un intento absurdo, casi demencial, de modificar la historia, a través de la condena y eliminación de obras de arte, literarias y figuras históricas, en su tiempo veneradas y hoy consideradas condenables y extinguibles por esta nueva Inquisición de lo supuestamente correcto. Lo que interesa es provocar cambios en las leyes y las costumbres que les aproveche a ellos mismos, aunque con un salto hacia el absurdo: la exclusión del pasado por decreto "moral". ¿Qué indica esto? Que las situaciones que denuncian han sido relativamente "normales" (no permisibles desde luego, siempre censurables) hasta épocas recientes o siguen ocurriendo. Pero piden algo sorprendente, no tanto que dejen de producirse, sino que lo que fue no conste más en nuestro legado histórico. Como si no hubiera ocurrido. En "1984" de George Orwell (en realidad Eric Arthur Blair), se instituye la neo-historia: cambiar la historia día a día para que se ajuste a lo "correcto" que ordena el Gran Inquisidor. Y así se derrumban estatuas y monumentos, condenan al ostracismo a actores o escritores del pasado o de los de ahora, los que aún viven, la mayoría ancianos, por algo que ocurrió supuestamente (o no) hace treinta o cincuenta años.

Resulta interesante comprender que tres de los movimientos sociales reivindicativos recientes en occidente, el "Me Too" de las actrices, el "BlackLivesMatter" de la negritud y el Movimiento en defensa de la comunidad gay, transexual y otras especialidades sexuales (LGTBIQ), parecen obedecer a una causa psicológico-social común -la creencia en la viabilidad operativa de una condena moral de épocas pasadas a partir de los cánones de la actual- que constituye en sí misma un síntoma alarmante de desequilibrio y confusión éticas del sistema político y de los ciudadanos: es como un virus global, una pandemia que empieza en las culturas occidentales y orientales del bienestar y que subyace bajo la mayoría de los regímenes y las ideologías, sin importar mucho su sesgo político. Desde la iconoclastia feroz y obsesiva ("comprensible" pero no razonable ni lógica) de los que destruyen monumentos, bustos y estatuas, hasta la  sexual "caza de brujos" o las exigencias  quizá respetables pero innecesariamente insólitas del colectivo LGTBIQ (lesbiana, gay, transexual, bisexual, intersexual, queer). Los tres movimientos articulan una demanda común: se pide atención, derechos, respeto y...venganza absurda del pasado. Parten de una falacia argumental: destruyamos el pasado porque así estamos justificados para cambiar el futuro. Se apoyan en causas admirables: la igualdad de sexos, el final del racismo, para a continuación perder su credibilidad y sus razones al destrozar monumentos a Cervantes  (Dios mío, sólo hace falta leer a don Miguel para ver cuán injusto es esto), Cristóbal Colón, tal vez a Mark Twain, a Nabokov, a Lawrence...crear una infantil pero pavorosa "mala conciencia" que prohíba películas como "Lo que el viento se llevó" o quizá "Matar un ruiseñor" o tal vez "Casablanca" por el pianista negro; arrojar a los leones de una crítica casi pornográfica a actores vetustos, cantantes de ópera o escritores y poetas que no trataron a negros, lesbianas, gays  o mujeres con el respeto debido; quizá se condene el Coliseo de Roma o la Gran Muralla o la Alhambra y la Mezquita de Córdoba porque hubo esclavos entre los operarios y se prohíba la lectura de Séneca, Marco Aurelio o Cicerón (¿por qué no "Las mil y una noches"?) por el uso de mujeres y esclavos de una manera poco respetuosa con los cánones del siglo XXI. 

Nadie discute la legitimidad de lo que defienden (y acusan) tales movimientos. Se discute y rechaza la banal, torticera, hipócrita y nada legítima barbarie destructiva, estúpida y contraproducente, que llega al exceso y como suele suceder alimenta  a los extremistas de todos los signos y banderías para desorientar y desequilibrar aún más una serena, lógica y razonable ética global social y política. Francamente, con la que está cayendo, todo esto parece no sólo banal sino estúpido e innecesario.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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9 julio 2020 4 09 /07 /julio /2020 11:49

La singularidad del título del excelente libro de Peter Brown es que la cita del Evangelio de San Lucas, en la que dice Jesús que "Es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja que entrar un rico en el reino de Dios", refleja de manera simbólica directa, el objetivo del libro: narrarnos de una forma altamente documentada y convincente el papel de la riqueza en la construcción del cristianismo en occidente desde el 350 al 550 d.C.

La historia que nos cuenta Brown de manera fascinante - más de mil páginas, casi siempre de una amenidad sorprendente- es la de un compromiso muy alejado de la advertencia de Jesús, según Lucas, claro. A través de una abrumadora documentación histórica y de una erudición llena de rigor y una ironía analítica a veces bastante divertida, se nos habla de cómo la Iglesia abre las manos y recibe, sin muchos problemas, las aportaciones de esos ricos cuyas fortunas engrosaban las arcas de la Iglesia a cambio de una promesa explícita de que alcanzarían al fin de sus vidas el privilegio de la Vida Eterna en el Paraíso cristiano.

Claro que un "camello" en arameo (la lengua usada por Jesús, según se cree, traducida al griego por Lucas) no sólo se refiere al resistente animal jorobado, sino también un tipo de soga de gran grosor. La Iglesia (administradora y manipuladora del mensaje fundacional cristiano que se atribuye  a una figura más simbólica que real, Jesús de Nazaret) es experta en deshilachar complejos mensajes en forma de soga para hacerlos pasar por el ojo literal de una aguja, si conviene a sus intereses. Ya que al final de la cita del camello y la aguja, el mensaje hiperbólico de advertencia se convierte en un mensaje conciliador al añadir Jesús (según el apóstol)  que "nada hay imposible para Dios".

A través de la labor de Pablo  de  Tarso o San Ambrosio, según Brown, el cristianismo logró que su interpretación de la realidad se convirtiera en una realidad hegemónica en el contexto social y cultural en la época  hasta su hundimiento a mediados del siglo VI.  Y hay una constante, un hilo conductor del trabajo apostólico de la época, la riqueza como ayuda operativa. El concepto de riqueza había ido cambiando desde los orígenes ascéticos y de renuncia, de amor a la pobreza y enaltecimiento de la humildad material, al concepto prevalente  y utilitarista de que la riqueza no es una condena en cuanto tal sino un don divino que puede apuntar a un fin espiritual: mantener la hegemonía de la Iglesia . Los teólogos de la Iglesia buscaron una fórmula conciliadora que ayudara a promover en los siglos V y VI d.C. una ampliación  de la riqueza de la Iglesia, administrada por la clase clerical que, como intercambio ante el pueblo, se sometía voluntariamente a una serie de aparentes obligaciones y renuncias  (vestimenta, abstención sexual, ritualización de la vida,  supuesta "pobreza", encierros monacales...).

Brown logra mantenernos gozosamente interesados en la voluminosa obra ya que no se limita a conseguir el logro básico de una historiografía positivista (de moda durante el final del siglo XX) mostrándonos su versión de lo que "efectivamente pasó" sino que amplía las aportaciones de los "documenta et monumenta", es decir los textos y los vestigios de la arqueología  a base de una visión intuitiva, especulativa y profundamente racional que se vuelve activa interpretación (cosa mal vista por los padres de la historiografía moderna), pero que en esencia hace más plausible y considerablemente más divertido el texto resultante.

Pero que nadie suponga que eso resta fortaleza y racionalidad histórica lo que se nos cuenta, Brown procesa y analiza un ingente caudal de datos y todo tipo de referencias de múltiples y contrastadas fuentes sobre la vida cotidiana, el pensamiento, la historia social, el arte, el lenguaje  y la crítica religiosa de los primeros siglos de la era cristiana, desde Constantino hasta el siglo V y VI, ya en plena edad media.

La idea base de esta obra trata de explicar por qué a partir de una determinada época, las personas con riquezas se convierten en donantes voluntarios de sus riquezas a cambio de un lugar en el cielo y crean la base económica que asegura el poder terrenal a la Iglesia (más que la idealizada eliminación de la pobreza y la miseria que buscaban los primeros padres cristianos). A partir de ese momento de largo recorrido histórico se ponen las bases del occidente cristiano y de la Europa medieval.  A través de los textos de Agustín, Ambrosio y Jerónimo, el historiador analiza la paulatina influencia de ideas como la renuncia a la riqueza, la virtud de la pobreza, la limosna o la caridad, que fueron popularizándose entre los estamentos más modestos del Imperio en crisis hasta desbancar a las antiguas formas de filantropía tan arraigadas en el mundo romano.

FICHA

Por el ojo de una aguja. Peter Brown. Traducción de Agustina Luengo. Acantilado, 2016. 1.232 páginas. 48 euros

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7 julio 2020 2 07 /07 /julio /2020 09:44

Está claro que no aprendemos de la historia. O no tanto como deberíamos. Seguimos anclados en la dialéctica de las dicotomías. Bueno y malo. Bello y feo. Progres y fachas. Humilde y prepotente. Inteligente y estúpido. La experiencia y la psicología nos dicen que a lo largo de la vida, o en el simple curso de un solo día, podemos transitar por uno de los dos extremos alternativamente sin que nuestro mundo se desgarre por falta de coherencia.

A pesar de lo que sufrimos en el siglo XX y de lo que nos aflige en estos "felices 20" del siglo XXI, observamos un recrudecimiento de las polarizaciones políticas hacia los extremos del espectro: da igual el nombre que les pongamos o las siglas o las pretendidas ideologías.Todo se reduce (y soy consciente de estar simplificando, para entender mejor a qué nos enfrentamos) a quienes viven y medran en torno al Dinero y a los que en roman paladino se llama "la puta base", con sus desconcertados políticos, sus supuestas mejoras de vida y sus ingenuas expectativas de futuro, gente que cree en el progreso y la igualdad (aunque a menudo no lo parece). 

El Club de los ricos  posee legiones de servidores fieles y fanáticos que creen que vivirán mejor  a la sombra del poder y del dinero y les da igual si es en forma de dictadura, democracia neoliberal o populismo de porra y pistola.  Ellos viven en una torticera imitación de la Caverna de Platón, dirigidos desde las alturas por "dioses" (las grandes corporaciones), trileros disfrazados de políticos y altos funcionarios. Debajo, la masa,  los de la fuerza bruta, contundente y vociferante, sentados en los bancos, mirando hacia una pared donde se reflejan las sombras de lo real, símbolos y títeres que hablan de Patria, seguridad, armas, peligros y amenazas, falacias ecologistas y el subsiguiente negacionismo. Las sombras les conminan a creer que no hay una forma de vida mejor que la que tienen y que deben defenderla lo más duramente posible. Y en eso están, a pesar de datos, números y pruebas.

En esa dualidad dialéctica entre los de la caverna y los progres se dibuja hoy una desventaja estratégica para éstos últimos, los de "la izquierda". El problema es que no se trata de compartimentos estancos (nunca lo han sido) pues hay filtraciones circunstanciales de uno al otro lado, junto a la irrebatible realidad de que el Dinero o el Capital (y sus organismos, Davos, Banco Mundial, FMI...) ya está infiltrados en el supuesto poder político progresista. La desventaja estriba en que los representantes descarados de la Caverna global, Trump, Bolsonaro en Brasil, Putin en Rusia, Modi en la India, Orban en Hungría, Netanyahu en Israel y tantos otros, llevan trajes democráticos y agitan banderas populistas y nacionalistas excluyentes...se comunican entre sí, forman alianzas mas o menos secretas, intercambian información, técnicas y métodos más o menos inspirados por el gurú de Trump, Steve Bannon, que busca formar una Internacional derechista, nacionalista, de inspiración judeocristiana, en torno a un modelo capitalista salvaje con disfraz neoliberal y partidarios del autoritarismo y la violencia del "si no estás conmigo, estás contra mí".

¿Y la progresía? Dividida hasta la atomización, manipulada por el Capital, errática y con una ineficacia operativa complicada por la mala conciencia histórica de la incoherencia. Creo que desde la Ilustración y los intentos frustrados de Marx, Lenin, Trotsky y Willy Brandt, la llamada "izquierda humanista" se ha diluído en la confusión de las siglas, los nombres y los caudillistas de circunstancias. No hay unidad, programa común, objetivos claros y viables...el poder y el dinero ha corrompido por doquier.

Mientras tanto el mundo se desboca: pandemia, crisis económica, calentamiento global, la UE en fratricida enfrentamiento, desastre medio ambiental, contaminación, brechas crecientes entre clases, razas, credos y niveles de renta...en ese escenario de inseguridad y precariedad, la Caverna impone sus suicidas criterios uniformes y cientos de millones de personas les rinden pleitesía. Son tantos que los zarpazos del negado virus, no les hacen mella.

Una frase del Fausto de Goethe y una noticia leída en la prensa me han dado un poco de esperanza en este incierto escenario: "Merecer la libertad y la vida es algo que debe conquistarse de nuevo cada día...En esta conquista recibe la vida el sentido que sólo el hombre es capaz de darle, y en eso consiste no su felicidad, pero si la dignidad que le es característica". Y la noticia es la, por el momento, débil articulación de una Internacional Progresista de todo el arco político de izquierdas, partidaria de un "New Deal Global", de coordinar la cooperación internacional por medio de una política de expansión fiscal y la reactivación económica mundial, condonación de la deuda de los países pobres, adoptar un modelo sostenible de crecimiento, mundializar la Sanidad, dedicar fondos del FMI, el BM y nacionales a promover el cambio de modelo energético (una economía de emisión O en CO2) y la preservación medioambiental . En dicha Internacional hay intelectuales como Naomi Klein o el lingüista Chomsky, políticos como el inteligente ex ministro griego, Yanis Varufakis, economistas como la hindú Jayati Gosh o la primera ministra de Islandia Katrin Jacobsduttir, entre otros... Hace falta que les apoyemos...los "otros" ya están organizados.

 

 

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3 julio 2020 5 03 /07 /julio /2020 15:58

En psicología, uno de los índices diagnósticos que se analiza en ciertas estructuras de personalidades con características  poco o deficientemente equilibradas, es su mayor o menor tolerancia de la frustración. Es un problema complejo ya que sus elementos causales son muy variados y se les supone procedencias que tienen relación con la educación recibida, el trato familiar (de donde procede el infravalorado "aprendizaje vicario": la influencia ejemplarizadora de las creencias y comportamientos de la familia y el entorno en el individuo), la situación política del país donde vive el sujeto, las costumbres sociales, el nivel económico, la religión o la propia madurez psíquica e intelectual de la persona.

Por ejemplo a los niños menores de diez años con problemas de comportamiento  se les puede someter a un sencillo test nada invasivo: El psicólogo muestra al niño un tarro lleno de caramelos y le dice: "Puedes coger uno. Pero escucha, Si  ahora no coges ninguno  y esperas a que acabe esta entrevista y te vayas, te dejaré coger cuatro como regalo de despedida. Si coges uno ahora sólo tendrás ese."Muchos niños no pueden esperar y cogen el caramelo (y más tarde, al terminar la entrevista se enfadan porque el psicólogo no les permite coger ninguno más). Curiosamente muchos padres tampoco llevan bien el test, consideran que es una refinada muestra de sadismo y que todo eso no demuestra nada porque "los niños son niños, ya se sabe". La tolerancia a la frustración de un deseo que requiere inmediatez de gratificación, es uno de los indicativos psicológicos de una cierta madurez mental de comportamiento.

Admitir que nuestros deseos no siempre pueden tener una inmediata gratificación y que es preciso comprenderlo para no provocar consecuencias negativas no solo en nosotros sino en nuestro entorno, es lo que nuestros abuelos llamaban "lección de vida". La intolerancia a la frustración de nuestros deseos es un indicativo claro de que se trata de un individuo relacionalmente inmaduro y cuando es una característica sistémica en una sociedad  dada, es el síntoma flagrante de una defectuosa educación familiar y pública que puede afectar y afecta al país entero. La exigencia de un cortoplacismo permanente en nuestra satisfacciones, al precio que sea, pero siempre de la forma más inmediata posible sin tener en cuenta posibles circunstancias objetivas que lo desaconsejan, denota una sociedad en la que el beneficio propio y el precio han sustituido a la valoración intrínseca, a la razón y al bien común.

Si extrapolamos el esquema de la intolerancia a la frustración a algunos episodios ocurridos desde que se desató la pandemia llegaremos a una conclusión preocupante: vivimos en una sociedad con una cantidad asombrosa de personas que presentan claros síntomas de ese problema de percepción y de reflexión. Nos ceñiremos a una parte de esa masa, bastante universal, me temo, de la que sacamos a los niños y a los jóvenes hasta los veinte años, quizá porque en ellos esa intolerancia es más disculpable gracias a la educación y el ejemplo que han recibido de sus mayores y de los medios de distracción, tele, películas e internet. Pasemos a los que engrosan la supuesta edad adulta hasta los que rozan los setenta. Observen: desde los negacionistas a los que temían al virus, pero pasaban de confinamiento o de medidas sanitarias, la enorme cantidad de denuncias policiales contra la violación de tales medidas, y cuando se levantó el estado de alarma, la escapada multitudinaria del "todos fuera de casa" en unos  días en los que se han celebrado fiestas sin reparos, aglomeraciones en zonas de baños, protestas contra Ayuntamientos de pueblos invadidos porque no se han abierto las piscinas, absoluta dejadez en mantener las distancias físicas y en llevar adecuadamente las mascarillas. Y aún queda agosto y setiembre y la OMS se desgañita pidiendo prudencia.

A pesar de la interminable información que se facilita de los efectos catastróficos de la pandemia en el mundo, en España y en Aragón,  que prueba que no "hemos superado ya" el problema, esa gran masa contestataria considera que sería intolerable que se les prohibiera la inmediata gratificación de sus "derechos" a divertirse, relacionarse, bañarse o viajar y desparramarse en alegres grupos reivindicativos por una Naturaleza que estaba empezando a regenerarse. No parece inquietarles lo más mínimo que están favoreciendo la aparición de "rebrotes" que podrían llegar a provocar nuevos confinamientos (con letales consecuencias en las personas y también en la economía). Para esa masa no reflexiva, "ya han sufrido suficiente" con los meses de encierro obligado y "se merecen" desquitarse al precio que sea. Como el niño del test y sus padres, todo lo que evita eso es una prueba de sadismo innecesario. Enseñamos a los niños la intolerancia a la frustración y alimentamos una cadena que termina convirtiéndose en una conducta social "aceptable". Y los que no la siguen o la tratan de evitar, son de inmediato tildados de "fascistas", "alarmistas" o siervos de oscuras maquinaciones del poder político y el capital.

Unos poderes ocultos que son los culpables de "frustrar" las legítimas aspiraciones lúdico-recreativas de un personal engañado y explotado que padece los errores de un mundo siniestro que sólo vela por sus propios intereses. Y aquí se produce la paradoja:  los "intolerantes" a la frustración no soportan verse aleccionados por los "tolerantes" que tratan de devolver la "normalidad" al ciudadano a base de pedirles que sean prudentes, razonables y solidarios. Y si sacan la autoridad, ante la evidente indiferencia de esa gente a las normas, es que "vivimos en una dictadura". Por favor, el SARS-CoV-2 ha matado a más de medio millón de personas en el mundo y ha contagiado a más de diez millones. No es algo que no les concierne. Lo demás es una ridícula pataleta de niños mal educados.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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2 julio 2020 4 02 /07 /julio /2020 18:56

El historiador inglés Tom Holland con su obra “Dominio” (2020) y su colega, el irlandés Peter Brown, con “Por el ojo de una aguja” (2016), abordan desde ópticas diferentes pero complementarias y algunas semejantes, el nacimiento de un nuevo paradigma religioso, social y económico: la desaparición de la cosmovisión de la cultura grecolatina y sus influencias orientales y la eclosión de un fenómeno, en principio localmente enraizado en Oriente Medio, pero que se expandiría de una forma asombrosa gracias a vehicularse a través del imperio, romano, al principio en oposición, violentamente rechazada, para más tarde, poco antes de la caída y desmembramiento del Imperio, convertirse paradójicamente en una desoladora, inclemente, codiciosa y cruel maquinaria de poder: la Iglesia cristiana, con una vocación irreprimible de expansión. Y de aquellas cañas estas lanzas. El cristianismo fue el huevo de la serpiente del poder político y militar, a veces en connivencia con él y a veces dominándolos a todos bajo un mismo yugo “espiritual” con sólidas bases financieras y militares y el entramado fantasioso y falaz del premio o castigo en la “otra vida”.

Es muy difícil comprender la historia de occidente e incluso la mundial de  los últimos dos mil y pico años sin tener muy claros los fundamentos históricos que dieron carácter y peculiaridades específicas a unas culturas relacionadas dialécticamente con dos elementos que parecen dispares y que, sin embargo, la historia ha convertido en elementos fijos de un proceso cambiante: Dios y el Dinero o, para ser más exactos, el uso del dinero como fundamento del Poder y la utilización del pretexto de una supuesta vía preferente hacia Dios, la Iglesia cristiana, en sus múltiples manifestaciones. ¿Cómo se unen esos dos elementos tan radicalmente diferentes y pertenecientes a dos niveles conceptuales y existenciales distintos? Sencillamente, como una y otra vez nos demuestran Holland y  Brown, a través del “matrimonio del Cielo (Dios) con el Infierno (Dinero)”, como diría el poeta y visionario inglés William Blake. Blake escribiría en su libro, “las prisiones son construidas con las piedras de la Ley, los burdeles con los ladrillos de la Religión”. Para Blake, existía una relación dinámica entre un Cielo pleno de leyes y directrices morales y un Infierno donde las energías más creativas campan libremente.” La tentación de analizar comparativamente la obra de Blake con las dos obras que nos ocupan es grande, pero por motivos de espacio debe ser rechazada. Invito al lector a hacerlo una vez leído el presente artículo.

Los libros que nos ocupan tienen el foco motor en la codicia como elemento dinamizador de la historia de los pueblos en sí y de las relaciones internacionales que van, a través de la codicia, gestionando unos patrones de poder que van cambiando circunstancialmente pero que en esencia responden a tres elementos básicos: la sal y las especies, el hierro, el oro, el petróleo en tiempos modernos y el auge contemporáneo del oro nuevamente (según mi amigo Iván, un erudito búlgaro doblado en agricultor ecológico). La iglesia gestiona con gran habilidad el más permanente de esos elementos en la geoeconomía histórica: el oro. Y aquí es donde Peter Brown y Tom Holland van desarrollando sus argumentos.

Pero no limitándose a “reconstruir  lo que pasó” (lo cual en el fondo roza la conjetura a pesar de documentos y testimonios, como lo es argumentar sobre un previsible futuro) sino a plantear razonables especulaciones que articulan lo documental y  lo “monumental” (los vestigios arqueológicos) que provocan una interpretación de los hechos que parecen dar validez a las consecuencias que conocemos. Se recrea el pasado y se hurga en las diversas interpretaciones que nos ofrecen los datos y las referencias de otros historiadores. Todo es material de construcción.

Holland nos narra la historia de una compleja fascinación por el cristianismo en toda Europa como forma de vida religiosa, manera de vivir y enriquecerse, acceso al poder y a la dominación: en las familias tradicionales hasta hace relativamente poco tiempo en Europa los hijos se repartían en base a la primogenitura: el primer hijo, el “hereu”, el heredero de hacienda, hogar y familia. El segundo, la carrera eclesiástica, el tercero al Ejército y los demás, si podían, al funcionariado. Pero de todos ellos el que más influencia tenía en el arco social era sin duda, el eclesiástico: el cristianismo forma parte de la sedimentación cultural, social, política y económica de la historia de Europa, como un impulso o dinámica revolucionaria y evolutiva. Como apunta en su libro, es fácil hallar las huellas cristianas en el lenguaje popular, el culto, los prejuicios sociales y costumbres y por activa o pasiva, a favor o en contra en las obras de sus mentes más ilustres. Holland apunta con acierto que la cruz, la muerte humillante y atroz de Jesucristo, se convirtió por los siglos en el símbolo máximo y eficaz de los débiles contra los fuertes y “una de las razones por las que el mensaje del cristianismo tiene tanta fuerza”.

La característica más asombrosa del cristianismo y una de las razones de su poder y significación, es su enorme vocación sincrética desprejuiciada, expansiva y ambiciosa, cómo fue asimilando, disfrazando, manipulando los más antiguos y diversos aportes religiosos, simbólicos, filosóficos y lingüísticos en una extraordinaria labor de siglos para configurar un corpus doctrinal cada vez más inflexible y normativo, represor y enfocado en su absoluta potencia a un solo objetivo: el poder y la riqueza, que son las dos caras del mismo “Dios”. Holland nos lleva desde la Grecia asediada por los persas, las religiones de origen asiático en la Roma y la Jerusalén o la Alejandría de los primeros siglos cristianos, de la solidificación del poder  cristiano, las guerras de religión,  de Cruzadas y Herejes en la Edad Media hasta la modernidad, los conflictos sociales y políticos del siglo XIX y XX,  y The Beatles, “El señor de los Anillos”…para confesar casi al final de su libro que “la revolución cristiana tuvo lugar, sobre todo, en el regazo y junto a las rodillas de las mujeres”. La educación legendaria y constante de las madres sobre sus hijos y la aquiescencia de los padres que sabían reconocer dónde estaba el poder en la tierra y la salvación de sus almas, según esas otras madres, las suyas, les habían enseñado. Como asegura el autor,  “No somos conscientes de que la mayoría de las palabras que empleamos están cristianizadas de base. Cuando nos referimos al judaísmo, pocos saben que es un concepto creado por los cristianos en el siglo II. Antes de eso no existía una religión en sí llamada judaísmo, pues los propios judíos no tenían un sentimiento de pertenencia a una misma religión. Había algunos que creían en un Dios únicamente de Israel y otros que hablaban de un Dios que lo había creado todo... Judaísmo y cristianismo, no son padre e hijo, sino más bien hermanos.

Holland desmonta también el mito de la oscura Edad Media. Muy al contrario, pregona y no sin argumentos que es un término creado por la Reforma protestante y manipulado por la Ilustración para cargarlo de connotaciones negativas. Para el autor, “No hubo un decrecimiento de la cultura. Tenemos la construcción de las grandes catedrales, como la de Santiago, y tenemos a grandes escritores como Dante. La Europa de la Edad Media fue la primera gran civilización de nuestro mundo y de donde surgieron las demás. La actual Europa no es heredera de Roma y Grecia, sino de la Europa medieval. Occidente nació entonces”. ¿Y cuál fue el instrumento de esa cultura? La iglesia, con sus construcciones, sus monasterios, sus copistas y sus “falsos mártires” (según Holland, Galileo no fue condenado por la Inquisición por su teoría del heliocentrismo sino por otras razones más debidas a cuestiones de rivalidades de poder.

Holland. que es un provocador nato, sostiene que no hay un declive desl cristianismo, sino que “vivimos una etapa de oro del cristianismo”, aunque no en Europa aparentemente (lo cierto es que parece que el cristianismo sigue vivo aunque sea “a la contra” y de forma inconsciente en las costumbres y los ritos, valores e ideas preconcebidas. En algún sitio Holland tiene la osadía de comparar al cristianismo con el coronavirus, “Empieza en un lugar muy concreto, muta y se extiende a todo el mundo”. Lo cierto es que es una metáfora bastante exacta.

En cuanto a “Por el ojo de una aguja”,  es un ejemplo brillante de un tipo de estudio histórico que muestra detalladamente lo que fue un determinado pasado y al tiempo interpreta dichos datos con una decidida voluntad de darle un sentido coherente que pueda integrarse en una visión conjunta del momento histórico estudiado. Son más de mil páginas en las que Peter Brown nos abruma con datos de todo tipo, interpretaciones eruditas y artísticas de la dinámica de expansión y dominio que sigue el cristianismo desde la conversión de Constantino y el comienzo en el siglo XV de  la llamada Edad Media. Coincide con Holland en que fue la época en que se gestó lo que llamamos Occidente.

A partir de ahí Brown sigue una pista distinta: la de las donaciones cristianas, realizadas durante una época en que el Imperio Romano de Occidente se caracterizaba por su opulencia. Allí nace, gracias a las donaciones de los ricos la acumulación de riquezas que todavía sostiene el inmenso poder económico y espiritual de la Iglesia. Nos cuenta que  la renunciación cristiana perseguía consumar una gigantesca transferencia de riqueza, del mundo al cielo.

Brown nos demuestra que la tan utilizada noción de la humanitas,  la conducta de una persona hacia otra por la razón de una naturaleza humana compartida, es una herencia cristiana y que esa idea está en el seno de las donaciones antiguas. De manera que no podían calificarse de limosnas sino como una acción de rango místico que aseguraba un privilegio en la otra vida.

Según Brown. La espiritualidad romana cambió con el influjo del cristianismo y con ella la noción de riqueza. Y la idea hegemónica de que el dinero y las posesiones debían supeditarse a una meta de tipo espiritual. Eso supuso el enriquecimiento de la Iglesia a consecuencia de las donaciones masivas. Para garantizar la administración de esas riquezas se gestó la aparición del clero como una clase sujeta a supuestas obligaciones (vida humilde y abstinencia sexual). Para fortalecer esa visión la Iglesia publicitó enormemente a los monjes, hombres y mujeres santos que se encerraban en condiciones de austeridad extrema en monasterios y conventos para rezar por la salvación de todos los seres humanos. (Todo ello con las excepciones de rigor que la Iglesia siempre ha disimulado y “comprendido”).

La idea clave de la Iglesia, dice Brown, es concebir la riqueza como un medio para la salvación y no sólo un excedente lujoso al modo romano, sólo que regida por principios morales, esa riqueza se volvió improductiva para tornarse en  pobreza.

A pesar del optimismo de Holland respecto al futuro del Cristianismo, la lectura de ambos libros deja en el lector, al menos así lo hizo en mi caso, una curiosa sensación de “ocasión perdida” de la historia del género humano de lograr una forma de cosmogonía socio cultural, política y económica basada en la “humanitas” que hubiese cambiado radicalmente la historia global de horrores permanentes que hemos producido y seguimos sufriendo.  Y eso cierra el círculo por donde habíamos empezado: la codicia, la crueldad, la soberbia y el orgullo del racismo, le tentación absoluta del poder absoluto, la estupidez agresiva del animal “dotado de razón”, los instintos más primarios y desalmados hicieron imposible una “teoría” religiosa que, como le ocurre al comunismo original con el que guarda ciertas semejanzas, podría haber salvado a la humanidad del desastre (dejando al margen la corrupción de la Iglesia que fue el comienzo del fin de una buena idea estropeada por una fea realidad).

ALBERTO DÍAZ RUEDA

Escritor

 

 

 

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30 junio 2020 2 30 /06 /junio /2020 18:17

Oportunidad perdida. Y de las que hacen historia. La gestión económico-política de la pandemia nos ha burlado de una de las pocas ventajas que podía haber tenido esta desgracia de casi todos. La de obligar a las grandes fortunas a que tributen de una forma más justa y solidaria de acuerdo con sus enormes ingresos. Una de las medidas prometidas por el Gobierno de izquierdas que, una vez más, ha dejado ver sus costuras neoliberales y de servicio al capitalismo, ha sido apeada limpiamente y con cierta discreción (aunque ahora ya no se ocultan, tienen la desvergüenza de los cínicos y de los que rara vez han dado un palo por debajo de un buen sueldo o sinecura) del programa político-económico para afrontar la crisis. Como en 2008, las grandes fortunas van a salir indemnes o enriquecidas de la crisis brutal que ya tenemos encima. Perdónenme, he sido de izquierdas desde la adolescencia y padezco el síndrome de la vergüenza ajena y la decepción idealista. Que no nos vuelvan a decir que Hacienda somos todos. Ahora que somos cada vez más pobres (y hay que ceñirse más fuerte el cinturón, con la que va a caer) resulta casi una afrenta que nos digan algunas fuentes bastante fiables que hay 190.000 millones de euros en paraísos fiscales  tras una serie de empresas y millonarios españoles y como alguien calculó, el 20 por ciento de los ciudadanos más  pudientes de nuestro país paga a Hacienda el mismo porcentaje impositivo que el 20 por ciento más necesitado: así que a un mileurista con familia ese porcentaje le supone llegar a fin de mes más que justito, si llega, en tanto para el rico es más o menos lo que le cuesta una cena con la secretaria de su socio.

La señora Calviño y el PSOE a través de su ministra de Hacienda (¡hace poco hablaba en estas páginas de mi esperanza hacia un poder femenino!, libre de la ceguera que imprime la testosterona! ) juegan a favor de una España millonaria, mientras que la iniciativa de UP naufraga y la Comisión parlamentaria para la Reconstrucción subvierte sus términos y se convierte en C.P. para la Sobre-Reinstauración de las grandes fortunas, tras una crisis que a muchos les ha enriquecido más y que al resto del pueblo español lo ha empobrecido hasta límites que están por ver.

Es preciso más dinero para las arcas públicas pero, por los clavos de Cristo como diría el clásico, dejen de sacarlo de donde casi no queda, las clases medias-bajas, las Pymes, las clase bajas-media,  el funcionariado de base, las profesiones liberales y pequeños autónomos o los jubilados que parecen sufrir una modalidad estatal más lenta pero semejante a la política de exterminio de la pandemia sobre los ancianos. El impuesto a las grandes fortunas supondría una inyección de 11.000 millones de euros a la Hacienda Pública y el impacto sobre dichas fortunas no provocaría ningún menoscabo serio a su potencialidad. Por favor, dejen de decir que Hacienda somos todos. Como en la distopía de Orwell, “todos somos iguales, pero unos más iguales que otros”.

Hay días en los que después de leer la prensa e indagar sobre la actualidad, llego a una conclusión amarga y semejante a la que Ibsen hacía exclamar al íntegro Dr. Stockmann en “Un enemigo del pueblo”: “He descubierto que las raíces de nuestra vida moral están completamente podridas, que la base de nuestra sociedad está corrompida por la mentira”.-

ALBERTO DÍAZ RUEDA, escritor

 

 

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30 junio 2020 2 30 /06 /junio /2020 15:34

En psicología, uno de los índices diagnósticos que se analiza en ciertas estructuras de personalidades con características  poco o deficientemente equilibradas, es su mayor o menor tolerancia de la frustración. Es un problema complejo ya que sus elementos causales son muy variados y se les supone procedencias que tienen relación con la educación recibida, el trato familiar (de donde procede el infravalorado "aprendizaje vicario": la influencia ejemplarizadora de las creencias y comportamientos de la familia y el entorno en el individuo), la situación política del país donde vive el sujeto, las costumbres sociales, el nivel económico, la religión o la propia madurez psíquica e intelectual de la persona.

Por ejemplo a los niños menores de diez años con problemas de comportamiento  se les puede someter a un sencillo test nada invasivo: 

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23 junio 2020 2 23 /06 /junio /2020 09:46

Escribía el dramaturgo Bernard Shaw que “La libertad supone responsabilidad” y el filósofo H.G. Keyserling añadía: “La libertad y la ley sólo se mantienen en equilibro saludable cuando la libertad decide desde adentro limitarse a sí misma por la ley”. Entramos en la normalidad legal ciudadana. Pero hagámoslo con seso, con inteligencia y prudencia (para eso sirven los sesos).  Mientras, la prensa advierte de rebrotes del SARS-CoV-2 en países modélicos en la lucha antivirus: Alemania, China, Japón y Nueva Zelanda. En España, los contagios continúan al alza  con más de 50 fallecidos la pasada semana: llevamos ya más de 28.000 y superamos los 245.000 casos. Según la OMS el virus está acelerando de nuevo. El jueves hubo 150.000 contagios más en el mundo.

Se repiten por todos los medios las demandas a la responsabilidad personal. Muchas personas son conscientes de sus derechos pero parecen olvidar sus deberes y responsabilidades. Todas estas palabras se las lleva el viento. Cito un texto de un Colegio de Médicos: Queremos hacer un llamamiento al sentido común de las personas que han tomado esta libertad de movimientos como el fin de la pandemia…Infectarse con el coronavirus no es una simple gripe: después de fiebres altas, dolores de garganta y opresión en el pecho, llega lo peor, necesitas ventilación…a base de una intubación que se hace bajo anestesia general. Consiste en 2 a 3 semanas sin moverse… con un tubo en la boca hasta la tráquea, que te proporciona oxigeno a presión. No puedes hablar, ni comer, ni hacer nada. Estás sedado a causa de las molestias y el dolor…Durante el tiempo que el paciente precise la máquina para respirar debe estar en un coma inducido. En 20 días un paciente joven llega a tener una pérdida de masa muscular de un 40%, y una recuperación de 6 a 12 meses, asociada a traumatismos diversos… por esta razón las personas ancianas o frágiles no aguantan.” 

Y respecto a los jóvenes, se ha revelado una gran cantidad de asintomáticos. Si hay relajo en las medidas de distancia interpersonal y mascarillas corremos, todos, el peligro de un rebrote generalizado. Por tanto, recuerden, la falta de responsabilidad condena la libertad.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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18 junio 2020 4 18 /06 /junio /2020 09:22

Las plantas son seres vivos, sensibles e inteligentes. Lo dijo Darwin tras hablar del evolucionismo y hacer migas la prepotencia del hombre como "criatura creada y elegida por Dios como monarca absoluto de la Tierra y todo lo que el planeta contenía". A esto añadió Freud que tres hombres, entre ellos él mismo, habían casi aniquilado la soberbia humana:  Darwin que colocó al hombre como un eslabón más de la escala evolutiva de las  especies; Copérnico que anuló la presunta importancia cósmica de la Tierra, revelando que gravitaba en torno al Sol  y era un insignificante planeta;  y Freud  que aseguró que “ni siquiera conocemos nuestra propia mente  ni las causas inconscientes  de nuestro comportamiento". 

El neurobiólogo botánico Stefano Mancuso, autor de "Sensibilidad e inteligencia en el mundo vegetal" y de "El futuro es vegetal", nos ha aportado en sus libros una visión distinta, sorprendente y revolucionaria del potencial de las plantas y sus insólitas características. Hasta el punto de que aquellos filósofos y místicos que aseguraban intuitivamente que todos los seres vivos del planeta somos parte de una entidad común que en cada uno de los géneros, humanos, animales, plantas se manifestaba de una forma diferente. La soberbia y la ignorancia humana nos situaba en la cúspide de la creación, la punta de una pirámide vital, los "reyes" de la creación y todo lo que quedaba debajo nuestro debían ser objetos y servidores de la Humanidad, todos los animales no racionales y por supuestos los minerales y los elementos, agua, tierra, fuego, aire.

Como decíamos la historia y la ciencia sobre todo, se han encargado de bajarnos los humos a esta especie nuestra tan censurable y destructiva. Desde Newton a Galileo, desde Darwin a Einstein y las nuevas posibilidades cognitivas de las tecnologías  nos va mostrando la riqueza, variedad y enormes posibilidades de aprendizaje y progreso que existen en las tan desdeñadas otras especies y reinos naturales.¿Cómo es posible que ignoremos al mundo vegetal?  Debemos amar y cuidar a las plantas no sólo por el uso y beneficio que nos dan, sino por lo que podemos aprender de ellas. Son inspiradoras para la ingeniería, la medicina, el diseño y multitud de disciplinas, ya que muchas de sus técnicas  de supervivencia adaptativa pueden ser aplicadas a nuestra especie.  Proporcionan respuesta inteligente y eficaz a multitud de problemas y enfermedades a las que podríamos vencer si estudiáramos más el mundo vegetal. Por último nos ofrecen una inmensa despensa y farmacia no sólo en la tierra sino en el fondo de los mares.La última frase del libro dice: "...no perdamos la esperanza; antes o después habrá que cultivar el mar para producir comida, es inevitable" (pág. 236)

Lo que Mancuso y otros científicos como él están dándonos a conocer sobre el supuestamente  "inerte", "explotable" y"pasivo" mundo vegetal, da un giro copernicano según mi opinión a lo que deberían ser las relaciones humanas con ese mundo del cual sabemos tan pocas cosas y cuya existencia nos trae sin cuidado excepto por el lado utilitarista de su uso y disfrute. Está demostrado que hoy en día tres especies vegetales -el trigo, el maíz y el arroz- equivalen ellas solas a casi el 60 % de las calorías consumidas por la humanidad

Simplemente lean esto: "Imaginen un invento que genera energía gracias al sol a la vez que fija emisiones de carbono; que puede autoensamblarse usando un diseño modular y replicativo; que tiene un software de inteligencia distribuida sin un órgano de control central que pueda dañarse; un aparato, finalmente, que puede replicarse a sí mismo y que si se parte sigue funcionando y genera dos unidades funcionales. Este aparato sería el sueño de cualquier ingeniero... y ya está inventado. Se llama planta y hace cientos de millones de años que crece en la Tierra creando las condiciones adecuadas para la vida que conocemos. Respiramos gracias al oxígeno que producen los vegetales, la cadena alimentaria y todo lo que comemos tiene su base en ellos y hasta la energía fósil de la que dependemos fue producida por las plantas hace millones de años”, afirma Mancuso. “¿Cómo es posible entonces que prestemos tan poca atención al mundo vegetal? Deberíamos fijarnos en las plantas no sólo por los servicios que nos prestan, sino también por lo que podemos imitar y aprender de ellas. Son una fuente de conocimiento para la ingeniería, el diseño y multitud de disciplinas”, dice en una entrevista.

Y para que no tengamos dudas de esa potencia inspiradora de las plantas, incluso en el plano de la investigación espacial,  Mancuso nos habla de los "plantoides": "En vez de seguir enviando robots costosísimos, que se mueven despacio y exploran áreas pequeñas, enviaríamos miles de plantoides (prototipo de robot que copia las funciones habituales de una planta, ya en pruebas) que se propagarían por el espacio como si fueran semillas hasta cubrir una gran extensión de suelo y que, sin moverse, se comunicarían entre si y con la Tierra para ofrecernos una serie de datos sobre la composición del suelo tan cuantiosa y detallada que nos permitiría trazar mapas continentales." (pág. 48)

En el capítulo táctico y estratégico de las plantas es sorprendente lo que se nos cuenta en el capítulo dedicado al "arte de la manipulación" que las plantas emplean para utilizar a los  animales que se les acercan. Creo que, realmente, tenemos muchos que aprender de las plantas. Tomemos nota y difundamos este mensaje. 

FICHA

EL FUTURO ES VEGETAL.- Stefano Mancuso.- Galaxia Gutemberg.-237 págs.19,50 euros.-ISBN 9788417088170

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16 junio 2020 2 16 /06 /junio /2020 19:21

Hubo un tiempo en el que una parte de la Humanidad comprendió que era mejor vivir compartiendo que compitiendo, en el que la codicia dejó que prevaleciera la solidaridad y la compasión. Pero duró poco. Quizá un par de meses.  No se trataba de una revolución política, ni financiera, ni social, ni religiosa. Fue un momento mágico, imprevisible y lleno de inseguridad y temor: un virus local se extendió haciéndose global, la muerte pasó a ser un asunto que nos concernía a todos (en realidad siempre ha sido así, pero no queríamos darnos cuenta). Lo patético de la historia que les cuento es que no supimos entender que detrás del virus orgánico se hacía fuerte el virus sistémico, origen oculto del SARS-CoV-2. Ese es el culpable de que  no comprendiéramos que los verdaderos contagiados eran los negacionistas, los Trump, Bolsonaro, los chalecos amarillos italianos, los jóvenes cachorros del capitalismo salvaje que anteponen sus caprichos y diversiones a la propagación del virus, o el neoliberalismo que aspira a la dictadura del beneficio neto, que alienta el racismo, la desigualdad, la crisis económica basada en la explotación, la conversión del mundo en un panóptico digital que domine y controle a los individuos a cambio de una diaria ración de estupidez y mentiras, elaborada para ser emitida desde una omnipresente pantallita que los ciudadanos han incorporado a su persona como un miembro artificial de sus organismos. El virus sistémico no supone el fin del sistema que nos ha empujado a este caos sino su reforzamiento. Es el causante del suicidio climático, del arrase intencionado de especies de todo tipo por un beneficio calculado para ser efímero para los agentes del ecocidio y una fuente de riqueza para los pocos que controlan el mundo, una élite financiera absolutamente miope que no entiende que el agotamiento de recursos, medio ambiente y seres humanos y sociedades, es también el fin de todo su poder. En el fondo serán las últimas víctimas de un Magog creado por el hombre, un ente sistémico de perfecta eficiencia cuyo único defecto consiste en que es erróneo y por esa misma razón, letal para los humanos y para el planeta. La única razón que podría consolarnos a algunos es que este mismo planeta hermosísimo, agotado, arrasado y contaminado nos sobrevivirá. Y seguirá su larguísimo proceso vital hasta su inevitable fin que, cuando acontezca, al menos, habrán pasado eones de tiempo desde cuando se desembarazó del bichejo más cruel, magnífico, esplendoroso y destructivo que ha creado la Naturaleza: el ser humano. Para entonces todos seremos polvo y no importará mucho que volvamos a nuestro origen y nuestro destino: ser polvo de estrellas. Polvo enamorado, diría el poeta, enamorado del milagro de la Vida.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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