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21 julio 2016 4 21 /07 /julio /2016 09:07
El impresor de Venecia

Disfrazada argumentalmente bajo el intento de un personaje de escribir una biografía hagiográfica sobre el gran impresor veneciano del siglo XVI Aldo Manuzio, el escritor y editor Javier Azpeitia (Madrid, 1962) que había jugado anteriormente con personajes literarios históricos como Quevedo, Mesalina o Ariadna, nos brinda una novela de buen nivel cultural y cierto interés literario.

Azpeitia ha sido editor de narrativa y antólogo de poesía barroca, y da clases de escritura y edición. En relación con esta novela hay que resaltar que Azpeitia que fue comisario de la muestra que la Biblioteca Nacional dedicó hace poco a Aldo Manuzio, justamente el personaje que ha convertido en elemento clave de su libro. Con unos planteamientos sencillos y personajes un tanto retóricos (los diálogos no es lo más conseguido de este escritor) nos aporta una semblanza de Manuzio que a edad ya avanzada se estableció en Venecia y se asoció con otro gran personaje de la historia naciente de la imprenta, Andrea Torresani, con quien emparentó al casarse con su hija Maria. Esto se nos narrará como una investigación biográfica del hijo putativo del impresor, Paolo. A partir de un comienzo casi tópico con una frase memorable "Entre la diversidad de tipos que conforman la especie humana, uno de los más peculiares es el de que renuncian a vivir el mundo para leerlo", Azpeitia va desgranando los elementos biográficos que revelan cuestiones, hechos y comportamientos turbios. Siguiendo a una pluralidad de voces narradoras y un estilo que mezcla narración, confesiones y cartas, Azpeitia logra impulsar su novela histórica con una ambición compleja resuelta de manera correcta. Nombres como los Medici, Pico della Miradola, Erasmo, Savonarola, Tiziano... van surgiendo en este retrato renacentista, mientras el autor nos da noticia de usos y costumbres venecianos del siglo XVI . Como suele ocurrir en la narrativa histórica, ay, tan en boga, se baraja la intriga con la violencia o el sexo, aventuras, misterios y mucha acción para equilibrar los discursos retóricos y los diálogos (literariamente mejora el estilo de Azpeitia en los monólogos), amén del exceso de información. El autor aprovecha para fustigar los fanatismos, echa su cuarto a espadas por el sexo libre de cadenas religiosas y manifiesta su admiración por el epicureísmo y el disfrute de la vida. Eso sí, sin olvidar el amor a la cultura y a los libros (la novela es una oda a la belleza y necesidad de la lectura). No en vano Aldo Manuzio, no sólo alcanzó algunos de los hitos de la edición moderna: la cursiva, el libro de bolsillo, la edición bilingüe en páginas enfrentadas, sino que se esforzó en recuperar el saber clásico en obras de los “paganos prohibidos” Lucrecio y Epicuro, de Aristóteles, Aristófanes, Tucídides… que fueron elementos clave en el Renacimiento. En resumen, una buena novela histórica de un autor ambicioso.

FICHA

El impresor de Venecia. Javier Azpeitia. Tusquets. Barcelona, 2016. 352 páginas. 19 euros

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20 julio 2016 3 20 /07 /julio /2016 09:17
Las zapatillas rojas

Entrañable película de danza dirigida por el británico Michael Powell (1905-1990) y del húngaro Emeric Pressburger (1902-1988), que también firman el guión, basado en un cuento infantil (sic)de Andersen y en elementos de la vida del bailarín y empresario ruso Sergei P. Diaghilev (1872-1929), fundador de los Ballets Rusos. Este clásico del cine se rodó en escenarios operísticos y urbanos reales de Londres (Royal Opera House, The Mercury Theatre), Paris (Opera National de Paris, estación ferrocarril de Lyon), Gers (Villa Leopolda, Francia) y Mónaco (Hotel de Paris, estación ferroviaria de Montecarlo) y algunas escenas en los ingleses de Pinewood Studios.En la edición de 1948 se lleva los Oscar de dirección artística y el de banda sonora.

La dinámica de fuerzas entre el duro y genial empresario ruso de ballet clásico, Boris Lermontov , una joven bailarina, Victoria “Vicky” Page, y un joven compositor y director de orquesta, Julian Craster, para preservar a la bailarina de los "riesgos" del amor para su carrera, provoca el desenlace trágico de la historia. La conjunción entre la historia de las zapatillas rojas y el triángulo de pasiones entre las tres personas en aras de sacrificarlo todo por la pureza del arte, está magníficamente hilvanada. La ejecución del ballet que da nombre a la película, son 13 minutos fascinantes de excelente baile. Música y drama se entrecruzan con fluidez, coherencia y sin discontinuidades, haciendo que los números de ballet se integren de forma espontánea en el argumento, cosa poco habitual en los filmes musicales, pero que a partir de esa fecha influiría en otros clásicos del cine musical. Otro valor es el realismo con que nos describe el mundo del ballet y del teatro visto desde dentro. La interpretación de Anton Walbrook como empresario es magnífica. Moira Shearer, la bailarina, está a la altura del primero. La banda sonora, de Brian Easdale es una afortunada mezcla de partituras arquestales dramáticas y modernas, combinadas con insertos de música clásica, como “El lago de los cisnes” (Tchaikovsky), “Las sílfides” (Liszt), “La tienda fantástica” (Rossini) y otros. Realmente es una delicia revisitar este clásico.

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18 julio 2016 1 18 /07 /julio /2016 17:58
Conversaciones con Schopenhauer

Érase una vez un filósofo arisco, feo, gruñón, vehemente, pícaro, pesimista, misántropo y misógino. Arthur Schopenhauer no se casó, ni tuvo hijos --intentó hacerlo pero eligió a deshora, él cuarentón y ella que apenas llegaba a los 16 años-- vivió la mitad de su vida recluido en su casa de Fráncfort, dedicado a cuidar y ensalzar su ego hasta límites patéticos, observando una rutina monástica de paseos, comidas y cenas en el restaurante de un hotel, presumiendo de altivez y soledad afectiva, cuidado por su ama de llaves y sirvienta para todo y obsesionado con su perro de lanas al que llamaba "hombre" para insultarlo y respondía al nombre hindú de Atman o alma del universo. El Buda de Frankfurt que luchó toda su vida por ser reconocido como gran filósofo y lo logró en los últimos 20 años de su existencia, lo que le volvió tratable y locuaz.

"Conversaciones con Schopenhauer" (Acantilado), recopila una amplísima selección de charlas, testimonios y recuerdos de primera mano, obra selecta de Luis Fernando Moreno Claros, uno de los mayores especialista en lengua castellana del arisco filósofo alemán y autor de una excelente biografía sobre él. Un poco reiterativa pero indudablemente interesante esta recopilación se ve enriquecida por un extenso prólogo de Moreno Claros, absolutamente imprescindible para entender la prolija y contradictoria figura del pensador del pesimismo, su obras y su vida. El compilador ha tenido acceso a documentos originales y aunque ofrece muchos bastante conocidos en algún caso añade elementos de juicio y reflexión a los datos que se tienen de la formación del filósofo, sus coqueteos con Platón y Kant principalmente, pero también de Aristóteles, Leibniz, Spinoza y los utilitaristas ingleses, dándonos noticia amplia de la influencia que el pensamiento hindú y en general el oriental tendría en la obra y el pensamiento (no tanto en su vida personal) de Schopenhauer. La austeridad y eliminación del deseo, el rechazo al ego y a la individualidad, la aceptación de la muerte y otros asuntos de esa índole cuajan en muchas páginas de este autor. En ellas se refleja también el amor a la música y a la pintura (que nos acerca a lo universal en la contemplación y el olvido de sí) , en especial Rossini y Mozart, hasta evidenciar la conexión entre el pensador y la filosofía griega clásica (estoicos y cínicos) trufada de reflexiones sobre los Vedas y el budismo.

Los datos biográficos de Schopenhauer, su juventud viajera y acomodada, sus enfrentamientos con su madre, su sentido utilitarista de la existencia, sus estudios de ciencia, medicina y humanidades, su carrera filosófica, sus obras y la lucha por el éxito --primero en la Universidad, donde no lo logró- y después en la filosofía, que fue tardío pero esplendoroso. Sus tratos con Goethe y su odio contra Hegel jalonan la suerte y destino de sus obras, desde "Sobre la cuádruple raíz del principio de razón suficiente" que le acercó al primero (al que luego le separó la vanidad exagerada de su ego, frente el no menos exagerado ego goethiano) y "El mundo como voluntad y representación" que escribió con el ánimo de romper con la "sarta de tonterías oscuras" hegelianas" y salvar a la filosofía alemana del marasmo pretencioso e inane de Hegel y demás profesores. Y, por fin "Parerga y Paralipómena" el libro que le lanzó a la fama, una miscelánea voluntariamente popular, clara y sencilla, llena de aforismos de fácil entender y mejor recordar.

Como nota bene: Schopenhauer tuvo el buen gusto literario de admirar a los autores del Siglo de Oro español y manifestar su entrega a Baltasar Gracián, cuyo "Oráculo manual y arte de la prudencia" tradujo al alemán.

Para terminar y como epítome del libro, cito esta frase del filósofo : “ No olvide nunca estas últimas palabras mías: el problema no es el del bien, es el del mal. Desconfíe usted de las metafísicas dulzarronas. Una filosofía a través de cuyas páginas no se oigan los sollozos, los gemidos, el rechinar de dientes y el formidable estruendo de la carnicería recíproca y universal no es una filosofía".

FICHA

CONVERSACIONES CON ARTHUR SCHOPENHAUER.- Luis Fernando Moreno Clarós, compila , traduce y prologa. 362 págs. Ed. Acantilado.-ISBN 9788416011834

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16 julio 2016 6 16 /07 /julio /2016 11:12
Primavera en Normandía

Comedia francesa con el inevitable Fabrice Luchini con su gesto habitual de avinagramiento producido por el exceso de dientes para una boca pequeña, esta vez sujeto-objeto de una obsesión literaria y una cierta dificultad relacional y sentimental. Ser un forofo de "Madame Bovary" y tener una hermosa y sensual vecina llamada Gemma Bovery, puede excitar la imaginación de cualquiera y más si es un panadero de exquisiteces reciclado. Comedia algo desmadrada que coquetea con el drama y acaba enfangada en él y dejando entrar a la tragedia, se contempla con agrado, inquietud y diversión.

Siempre me pregunto por las mentes brillantes que titulan en español las películas extranjeras acumulando arbitrariedades. Esta "Primavera en Normandía" es una de ellas. El trágico personaje creado por Flaubert a finales del siglo XIX , justamente ambientándo la novela en la zona donde se rueda la película, rebasa sin duda las convencionales fronteras que separa a la comedia de costumbres del drama amoroso o la tragedia. La mirada crítica a la burguesía rural francesa es uno de los aciertos de la película de Anne Fontaine, que saca buen partido de la campiña francesa, las pequeñas villas o la gastronomía local, más que a la pomposidad trivial de la vida de la clase acomodada huida de París para ejercer señorío impostado en provincias., La protagonista femenina, Gemma Arterton, sensual y bella como la heroína de Flaubert es uno de los valores de l filme. El resto de intérpretes también hace un buen trabajo. Especialmente atinado es el reflejo del sensual mundo de sabores y olores que impregna la película. Está basada en la novela gráfica de Posy Simmonds. Agradable conexión cine-literatura por partida doble, bien atendida y llena de referencias tratadas con respeto y buen gusto.

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14 julio 2016 4 14 /07 /julio /2016 12:10
Capitán Kóblic

Previsible e irregular drama rural encuadrado en los tiempos de la dictadura argentina (los setenta) y de los espantosos "vuelos de la muerte" con los que los militares se deshacían de los presos políticos lanzándolos vivos desde aviones en vuelo sobre el mar. Con Ricardo Darín como piloto militar que deserta por motivos de conciencia y va a esconderse en un remoto lugar de la Pampa se arma un drama en el que en contra de lo que parecía el asunto político se convierte casi en un McGuffin, un pretexto, para contarnos una historia deslavazada y vacilante con un amor fulminante y unos personajes atrabiliarios en torno al pobre Darín. Quizá sea una de las películas que menos me convencen del gran actor argentino, todo el tiempo con cara de irle mal del estómago y sujeto a un guión poco convincente y enfocado en la mala catadura del malo y en un ambiente que trata de parecerse al de "Sólo ante el peligro" incluido duelo final, al que solo le faltaba la música de Morricone.

La débil recreación onírica de la conciencia agitada del piloto no acaban de convencer para justificar la trama. Como el encuentro con la muchacha amancebada tampoco resulta bien narrado. Buenas actuaciones del malo, Óscar Martínez, el comisario de policía, corrupto y medio psicótico y de la heroína, la española Inma Cuesta. La dirección de Borenstein es tan vacilante como el guión, muy lejos de su magnífica "Un cuento chino".

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13 julio 2016 3 13 /07 /julio /2016 16:41
El ruido del tiempo

Con un comienzo de excelente factura literaria (recuerda un poco a un Chejov) el gran Julian Barnes, uno de los cinco exquisitos británicos que nacieron alrededor de los cincuenta, Amis, Swift, Lodge, Mc Ewan, comienza su última novela, "El ruido del tiempo". Como Amis o McEwan, Barnes bucea en la historia europea reciente, la segunda guerra mundial, más que en la lado nazi o aliado como Amis y Mc Ewan, en la zona rusa y concretamente en la URSS dirigida con mano de hierro y ausencia de escrúpulos por el dictador Stalin.

Con su tendencia a profundizar en los dilemas éticos (y estéticos) de los hombres bajo la ominosa sombra de una dictadura letal, Barnes se mete -y nos ayuda a hacerlo - en la piel y la mente de un artista singular, Dmitri Shostakóvich (San Petersburgo, 1906-Moscú, 1975), compositor y pianista al principio mimado por el régimen que con el estreno en 1934 de su ópera "Lady Macbeth en Mtsensk" , incurriría en el caprichoso y paranoico rechazo --sin razones o explicaciones- de Stalin, que esperaba una triunfal loa a su propia figura o al régimen galvanizado y cruel que él detentaba y no entendió en ningún momento la música del compositor. El artículo aparecido después del estreno en Pravda, el órgano de propaganda de Stalin, titulado “Caos en vez de música”, donde se le acusaba de ser un ejemplo de arte decadente y contrarrevolucionario.

A partir de ahí, ante la ciega brutalidad burocrática del régimen (Barnes nos regala páginas angustiosas donde late la sinrazón y el agobio de un Kafka), Shostakóvich debió afrontar la alternativa de tantos de sus colegas y artistas de todos los géneros, ser un mártir o un equilibrista entregado y temeroso para sobrevivir. Comienzan las penalidades y los miedos profundos de compositor (que solía dormir vestido y con una maleta preparada para cualquier "viaje" con la policía secreta. Durante años, el pusilánime artista, trató de plegarse a todas las exigencias indirectas del régimen, esperando continuamente la visita nocturna de la muerte y dudando sobre la pertinencia de un suicidio.

En "Nada que temer" y alguna que otra obrita menor, Barnes ha confesado de forma clara su temor patológico a la muerte y esta novela me parece un homenaje a un hombre que, de alguna manera, parece un trasunto suyo, seguramente más justificado por razones externas. La elección entre la dignidad o la supervivencia, no es fácil ni siquiera sobre el papel. Shostakóvich ni siquiera tenía la posibilidad del silencio ya que, conocedor de la patología del dictador y, por contagio, de sus fieles -tan aterrorizados por la vesanía de Stalin como el propio compositor- sabía que dejar de escribir música sería considerado también alta traición. Por ello se avino a repudiar su ópera y a componer una obra que reflejara la alegría y libertad de la Rusia revolucionaria.

Y así se forjó la esquizofrénica figura de un compositor que en la intimidad sufría la agonía del terror a la extinción y en público aplaudía el fervor revolucionario que simbolizaba el dictador de una manera omnímoda e implacable. Las bandas sonoras que compuso para la películas propagandística que agradaban a Stalin fueron premiadas y poco a poco recuperó el favor del dictador, aunque jamás dejó de padecer la paranoica y autodestructiva sensación de que, en cualquier momento y sin excusa alguna podía ser enviado a un gulag o desaparecer en cualquiera de las purgas que asolaban el país. Tras una Séptima Sinfonía que cantaba la defensa numantina rusa en Stalingrado, las siguientes sinfonía Octava y Novena volvieron a indisponerle con el cada vez más oscuro y demencial Stalin. Y volvieron las represalias y el terror. En esas páginas es donde brilla el estilo de Barnes, con toques líricos y reflexiones psicológicas de un realismo conmovedor, defendiendo a pesar de todo el insobornable talento creativo del compositor que sólo en su alma se sabía libre pero se sentía incapaz de implementar el grado de dignidad que hubiera requerido su autoafirmación. Ni siquiera tras la muerte de Stalin en 1953, Shostakóvich puso sacudirse de todas las limitaciones éticas y de comportamiento que el terror de décadas habían grabado a fuego en su persona. Como escribe Barnes, “La línea de la cobardía es la única que avanzaba recta y segura en su vida”.

Magnífica novela sobre la degradación moral de un hombre pusilánime y cobarde, al que nadie con dos dedos de frente y alguna experiencia puede condenar o juzgar en modo alguno. El heroísmo no es una exigencia humana sino un gesto de grandeza moral. Los que han vivido en regímenes totalitarios saben perfectamente el precio que se paga por mantener la dignidad. Y no todos están dispuestos a satisfacerlo. Pero, al menso, nos queda su música, reflexiona Barnes, y la grandeza de sus partituras estás por encima de los caprichos y crueldades de la historia.

FICHA

EL RUIDO DEL TIEMPO.- Julian Barnes. Trad. Jaime Zulaika.-199 págs. Ed. Anagrama. ISBN 9788433979551

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9 julio 2016 6 09 /07 /julio /2016 08:11
La práctica de la atención plena

He aquí un libro brillante y necesario. No solo por su temática, la atención plena, uno de los sistemas más renovadores sobre la aplicación de la mente a la mejora de la persona, sino por la calidad humana y científica del autor, la claridad y pertinencia de sus ideas, la amplitud de su información y el estilo sencillo, a veces poético y siempre eficaz de comunicar los elementos de la técnica y su práctica, así como los avales científicos que posee y las experiencias , propias y ajenas, que nos relata.

Jon Kabat- Zinn es un profesor de medicina norteamericano, formado en neurología y neuropsicología, que ha trabajado, con éxito visible, en integrar técnicas budistas milenarias de meditación con el fin de sobrellevar los estragos que el estrés causa en las personas y el sufrimiento de las enfermedades de todo tipo, restableciendo las prioridades del paciente, reorientando su energía y creando las condiciones mentales y físicas para recuperar la seguridad, el equilibrio y el bienestar. El secreto: "aprender a vivir en lo atemporal, fuente de consuelo y de la percepción clara de las mentiras en que vivimos --y que nos contamos y creemos-- para recuperar el equilibrio homeoestático entre la vida, la naturaleza, nuestro cuerpo y la mente. No se trata del típico y tópico libro de autoayuda, ni un recurso de cualquier misterioso gurú por arte de magia o hipnotismo, sino de un ensayo de categoría científica que sorprende y cautiva por su honestidad y claridad, en pro de una conciencia abierta y sin juicio instante tras instante.

No nos cuenta nada nuevo, sino que recoge el testimonio y la práctica de miles de participantes en esta técnica y nos ofrece esos testimonios, para después, con el respeto y la lucidez como herramientas, proponernos la posibilidad de acceder a la sencilla y revolucionaria práctica que ha ayudado a millones de personas: observar y percibir como vivimos nuestra vida en continuos momentos de inconsciencia, sin darnos cuenta de que lo hacemos, sujetos a pautas automáticas de pensamientos volátiles e innecesarios y en sentimientos fraudulentos e inestables. Ya que está demostrado que "cuanto más atención prestamos a la gradación de las cosas, más clara -y no al contrario- se torna nuestra mente. Y ello lo consigue la meditación.

Así es como esta autor define la meditación: "No tiene que ver con corregir, curar ni obtener nada. Y tampoco con un estado mental, porque trasciende todos los estados mentales, todas las opiniones y hasta todos los diagnósticos. La meditación consiste en descansar en la conciencia de lo que está sucediendo en el mismo momento en que sucede, sin alejarse de nada, por más molesto y doloroso que sea, por más que no queramos estar ahí y sin perseguir ni obsesionarnos tampoco con ninguna experiencia por más extraordinaria y placentera que sea y por más que no queramos que desaparezca" (página 548)

Hágase un favor, lector, lea este libro y permita que la atención plena entre en su vida. No se imagina el mundo que puede llegar a descubrir. Un mundo que, curiosamente, ha estado siempre junto a usted.

FICHA

La practica de la atención plena.- Jon Zabat-Zinn.- Trad. David González.- Ed Kairós.- 610 págs.29,50 euros. ISBN:9788472456464

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8 julio 2016 5 08 /07 /julio /2016 17:16
Nunca es tarde

Lo cierto es que no está mal, aunque si lo que uno busca es ver a un Pacino superior o una historia dramática bien tensada, con diálogos inteligentes y eventos que te hacen pensar, mejor váyase a ver otra del viejo actor en la filmoteca. Todos actúan correctamente y la historia nos interesa de entrada, el viejo cantante que se ha abonado al éxito fácil, al estilo Sinatra aunque sin su altura de gigante, en el final de su carrera vital y profesional, que recibe una carta de John Lennon enviada en el inicio de su carrera, cuarenta años antes. Es tal el impacto anímico y psicológico que recibe que decide cambiar de vida y... bueno véanla, pero con los "peros" apuntados y la admonición: es una gran película frustrada (y frustrante). .Si uno quiere pasar un rato entretenido, sin ganas de pensar mucho, es recomendable. Además hay un grupo de actores en estado de gracia, Annette Bening, Jennifer Garner, Bobby Cannavale, o Christopher Plummer. Al Pacino se parodia de si mismo como lo hizo en "La sombra del actor".

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6 julio 2016 3 06 /07 /julio /2016 12:27
Dos buenos tipos

Shane Black dirige con considerables notas de humor (a veces se pasa) y de nostalgia a dos buenos actores, Russell Crowe y Ryan Gosling, en una comedia detectivesca del tipo "buddiy film", es decir película de colegas, generalmente una pareja de policías o detectives dentro de la tónica de las parejas humorísticas en el cine norteamericano desde Bud Abbot y Lou Costello, al Gordo y el Flaco -Stan Laurel y Oliver-, las parejas de detectives guaperas de los años setenta o los cómicos Jerry Lewis y Dean Martin, pasando por muchos más. Con una ambientación primorosa a la que no falta detalle, Black recrea el Los Angeles de finales de los setenta. En ese ambiente, un detective "oficial" y un matón por encargo, muy divertidamente recreados el primero por un Gosling absolutamente inédito y un Crowe retenido y eficaz, el tonto y el listo. La historia comienza con el aparente suicidio de la actriz porno Misty Mountains y se complica de manera absurda con elementos como una Fiscal del distrito interpretado por una rubia muy capacitada en este tipo de películas, Kim Bassinger, la industria porno y la del automóvil, matones por doquier y una jovencísima actriz que hace de sufrida hija adolescente de Gosling. Un caso complejo para un inútil descerebrado interpretado por Gosling y un matón sin muchas neuronas -pero más que las de su compañero- eficientemente interpretado por Crowe. Me gustaría arrancar con la sublime ambientación que le insufla el director al filme. Es ostensible que le guarda mucho respeto y mimo a esta época y a esta ciudad en especial. Es tanto el nivel de detalle que te transporta al ambiente de aquellas calles, garitos y fiestas. Los coches, looks y guiños al cine y a la cultura de los 70 son elementos que nutren a Dos buenos tipos de nostalgia y carisma. Por supuesto, como olvidarse de la banda sonora, que cuenta con artistas como Earth, Wind & Fire, Kool and The Gang, The Temptations o los Bee-Gees. Todos estos pequeños detalles funcionan como un perfecto engranaje para sacar a relucir la nostalgia del público. El guión elaborado por Shane Black con tremendo esmero y meticulosidad durante años es una auténtica joya, no tanto por su historia que quizá pueda resultar algo estereotipada sino por sus situaciones inolvidables e ingeniosos a la par que divertidos diálogos. Tampoco se olvida de darle cierta profundidad a sus personajes, sobretodo al de Ryan Gosling, cuyo arco narrativo fue el más completo de todos. Al término de la cinta, mientras los créditos finales salen y suena el tema “Love and Happiness” de Al Green, no pude evitar esbozar una sonrisa, evocando los mismos sentimientos a los cuales el propio Green dedica la canción. Pero, sin lugar a duda, lo que más brilla en esta historia son sus personajes especialmente el carismático dúo protagonista que pasan desde ya a ocupar un espacio entre los grandes. Sin embargo tampoco está exenta de errores y muchos de ellos vienen precisamente por lo ambiguo e impreciso de un guión que en ocasiones divaga mucho. Nada que no pueda pasarse por alto pero que probablemente haga que Dos buenos tipos no sea del gusto de todos. Es una historia tan atrevida que no gustará a los más puritanos pero, en mi opinión, ahí reside su mayor fortaleza. El director y guionista no tuvo reparos a la hora de plasmar su historia en el celuloide, no tuvo que ser políticamente correcto ya que tampoco pretende caer bien a todos. Habrá algunos que no entenderán su humor y habrá otros -entre los que me incluyo- que se lo pasarán en grande. Otro inconveniente que le encuentro es que no me pareció que el humor y el drama o la intriga estuvieran suficientemente balanceados y, aunque hay momentos profundos en la cinta, son tan aislados y están tan fuera de lugar que la balanza termina irremediablemente decantándose por la comedia. Pasando a las actuaciones de unos irreconocibles Crowe y Gosling que han sorprendido a propios y extraños con una relación de colegas, archiconocidos por encarnar a personajes dramáticos. Su tira y afloja, apoyado sobre el trabajo creativo de Shane Black, es perfecto y se agradece mucho en el apesadumbrado panorama cinematográfico actual. Es muy evidente que ambos actores están riéndose de sí mismos y de sus trayectorias profesionales, complementándose a las mil maravillas, como si de un dúo cómico se tratase. Pero, si bien el show les pertenece, hay un tercero en discordia que en ocasiones les hace sombra y no, no estoy hablando de Kim Basinger, cuyo peso en la cinta es prácticamente nulo. Estoy hablando de la hija de Holland March, una chiquilla muy entrometida con un intelecto y un desparpajo superior al de su padre. Entrañable y dulce interpretación de la joven Angourie Rice, la cual además cuenta con suficientes minutos para demostrar el talento que posee. Un nombre que oiremos mucho en el futuro, no me cabe duda. Continúo hablando de otro aspecto esencial como es el estilo de fotografía que, como no podría ser de otra forma, abunda en colores llamativos y está acompañado por unas tomas aéreas de L.A. que hacen su vez de homenaje a las películas de acción de los 80. Por último en el apartado musical, donde el Funk y la música Disco de los 70 cobran mayor peso, he de reconocer que habría preferido que fuera algo más variada y sorprendente. Muchos estarán de acuerdo en que aquella década supuso una revolución musical y pienso que un poco de Jimi Hendrix, Jefferson Airplane, Bob Dylan o incluso Carlos Santana habrían encajado muy bien con el tono desenfadado y psicodélico del filme y habrían aportado mayor diversidad a la que ya de por sí es una gran banda sonora. Sin duda alguna si tuviera que recomendar una película para estas vacaciones sería Dos buenos tipos, ya que ofrece el paquete completo; originalidad, una historia y unos personajes llenos de carisma, gran música y diversión a raudales en compañía de estos dos detectives “sui generis” ¿Estáis cansados del género de superhéroes? ¿Añoráis los viejos tiempos, cuando las películas no tenían miedo de arriesgar, de ser diferentes? Pues aquí viene un torbellino dispuesto a agitar la cartelera mundial, a reírse de la formalidad imperante y amenazar a todos los productores conservadores con el regreso de un estilo cuya única norma es ofrecer diversión desenfadada sin necesidad de grandes efectos especiales ni escenarios fastuosos

~~El homenaje a veces linda con la parodia… o quizás es que no haya mejor homenaje que una buena parodia. Aquí nos encontramos con una jugosa apoteosis a la estética entre cutre y pachanguera de los años setenta, entre luces de neón y música disco, entre fiestas con piscina y sirenas travestidas, peinados campanudos y pelis porno que podrían aún llamarse con retintín cine alternativo o independiente, violencia algo caótica y amor paterno filial. Cóctel de muchos y variados ingredientes que se puede degustar a sorbos o ingerir de una vez y disfrutar del subidón alucinógeno que proporciona sin por ello sentirse del todo culpable. Experimentar con la química son ecos contraculturales de la década precedente con coletazos de nubes sonrosadas y conspiraciones paranoicas del establishment tipo Escándalo Watergate o similares… Cine gamberro y sin complejos. Entretenimiento sin mala conciencia ni remordimientos. Puro divertimento chusco y bullanguero. Colores psicodélicos y sustancias psicotrópicas de variada índole. Una pareja dispar y ecléctica entre un joven detective privado pícaro – de cuestionables o inexistentes escrúpulos morales – y un matón fondón y resabiado – que no pasa su mejor momento profesional o quizás nunca lo tuvo – que tras un primer encontronazo algo desabrido acaban uniendo sus fuerzas en busca de una voluptuosa muchacha de rotundas curvas que quizás esté muerta o quizás guarde un secreto que convenga enterrar u ocultar, pero que en cualquier caso se convierte en un pretexto inmejorable para la desaforada trama de persecución, consecución y pérdida que se despliega ante nosotros de forma virtuosa y sin complejos, como las neumáticas mamellas de la estrella del porno que irrumpen en una nocturna y pacífica mansión suburbial. Encontrar el tono adecuado es la premisa ineludible de tan arriesgada propuesta, comedia intrascendente que bebe del pop, del camp y del cine comercial basura de aquellos años que festeja sin rubor, cultura mugrienta con minúsculas pero de reconocibles raíces pachangueras que algunos recordamos como ecos de una infancia pretérita y soterrada que nos recrea aquellos luminosos años del neón color melocotón y sabor a limones o cocos del caribe frondoso. El ejercicio de nostalgia tiene que ser férreo y milimétrico o yerra la diana por completo. Y en este caso existe el acierto de unos diálogos ingeniosos, unos actores entregados, una estética insuperable y un mundillo rancio, sinuoso y resbaladizo del todo adorable. Resuelto con solvencia, presentado con picardía, envuelto en celofán multicolor… Poco que objetar cuando el cine encuentra el equilibrio entre diversión y dispersión, entro locura y goce para ofrecer un suflé intrascendente pero entretenidísimo.Dos buenos tipos

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6 julio 2016 3 06 /07 /julio /2016 11:39
Bone Tomahawk

Magnífico western crepuscular, con un guión interesante y original (un poco exagerado y poco creíble, pero realista al fin) unas interpretaciones de lujo, una tensión tarantiniana llevada con excelente oficio, un desenlace inteligente y una ambientación, fotografía y diálogos de primera. "Suena" mucho a los "Los odiosos ocho" o "Django" de Tarantino, pero mantiene su propia personalidad. Excelente aunque puede disgustar a los que no gustan de la fantasía sangrienta y la casquería vomitiva, pese a que está bien medida y uno acaba aceptándola. Una mezcla de western y terror pocas veces intentada.

El director y escritor S. Craig Zahler presenta su ópera prima y vive Dios que apunta maneras y estilo. Ejemplar resultado de la unión de un bajo presupuesto y sentido de la libertad creativa, que parece haberse contagiado a los actores. Soberbia idea de un ritmo narrativo en el que las cosas ocurren despacio y en su momento. El secuestro de una joven doctora y el posterior rescate no deja de ser un tópico, la manera de resolverlo y los ingredientes utilizados es otra cosa. Desde los indios caníbales, al fugitivo, el pistolero remilgado y el cheriff con ayudante anciano (un guiño a esa pareja bastante corriente, en lugar de viejo, borracho, etc, ver el "Rio Bravo" de Hawks ) el marido de la secuestrada con una pierna rota, los personajes se pasan media película viajando por las praderas del oeste, a caballo o andando, con encuentros con bandidos mejicanos, como si de una road movie se tratara. Un Russell contenido se enfunda en el papel de sheriff, Matthew Fox de marido justiciero, y un grupo de secundarios que parecen pasarlo bomba con la película , exactamente como nosotros. La ambientación de primera a pesar de la escasez de dólares. Como de primera es la calificación a este filme. No se la pierda.

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