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9 marzo 2016 3 09 /03 /marzo /2016 10:10
El discípulo de Gutemberg

Generalmente no soy aficionado a la novela histórica pese a sus indudables atractivos. En el caso del libro de la norteamericana Alix Christie me sentí atraído no sólo por el tema, Gutemberg, la invención de la imprenta y el nacimiento del libro como objeto popular que democratizaría la lectura, sino por la propia característica profesional de Alix, que fue impresora de oficio y aprendió cuanto hay que saber sobre linotipias, máquinas planas, cajas y tipos (elementos que también me son muy familiares y que no suelen ser conocidos por los escritores). "El discípulo de Gutenberg" noveliza no sólo la persona -poco conocida en profundidad-- del famoso inventor, con sus claros y bastantes oscuros, sino de su discípulo Peter Schöeffer, personaje fascinante del que no había oído hablar ni leído nada. Cosa injusta dado que fue el primer gran impresor del mundo, cabeza de una dinastía de impresores y editores.

Christie que aprendió el oficio de la impresión tipográfica en California, nos habla con competencia y habilidad de los elementos básicos del trabajo que desarrollan sus personajes. Es notable el trabajo de investigación que ha realizado sobre los dos personajes históricos, su época y sus circunstancias. La narración es un largo "flash-back" desde el año1485 en Alemania con la voz de Peter Schöeffer, años después del fallecimiento de Johann Gutenberg, que nos cuenta sus pesares tras haber sido acusado injustamente de robar la autoría del invento a Gutemberg causándole la miseria y la muerte . Schöeffer nos cuenta su historia personal desde antes de convertirse en aprendiz y discípulo de Gutemberg, cosa que hizo por indicación de su tío, mecenas del propio inventor y que tenía hacia éste bastante desconfianza.

Resulta singular comprobar la complejidad de figuras señeras de la historia que ésta nos suele presentar como sujetas y completas solo por el motivo de su fama, olvidando informar sobre las complejidades de carácter y comportamiento que dichas figuras suelen tener y que conforman la claroscura trastienda de sus vidas. La autora se limita a poner negro sobre blanco los acontecimientos, acercándonos a la vida cotidiana de la época y el lugar, sin analizar en demasía las psicologías de los personajes ni mostrarnos una creatividad literaria o poética en descripciones, reflexiones y diálogos que superen la línea formal e informativa que requiera la acción. Se lee con agrado y mantiene el interés permanente sin grandes destellos formales o literarios.

FICHA

EL DISCÍPULO DE GUTEMBERG.- Alix Christie.- Trad. Julia Osuna.- Ed. Roca.-398 págs. 19,90 euros.

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3 marzo 2016 4 03 /03 /marzo /2016 11:26
Vivir

Nuevo delicioso favor que la editorial Páginas de Espuma hace a los lectores en general y a los admiradores del genial Robert Louis Stevenson. A los dos libros anteriores dedicados a los viajes y a las cuestiones intra literarias de Stevenson se une ahora este "Vivir" donde se recogen los "ensayos personales y biográficos" (en realidad este subtítulo es casi una redundancia) del escritor escocés, que moriría absurdamente joven en Tahití, Samoa, convertido en una leyenda local, como "Tusitala", el narrador de historias. En estos días salió una primorosa edición de las tres obras, "Escribir", "Viajar" "Vivir" en un estuche al precio de 75 euros. Magnífico regalo para amantes de la lectura.

Este ensayo que ahora les comentamos es una mezcolanza con cierta coherencia temática, dividida en tres secciones, una dedicada a "La vida" donde se recogen recuerdos y vivencias de infancia y juventud del escritor. Una segunda parte dedicada a "Las personas", popurrí en el que Stevenson divaga sobre su familia, conocidos, los perros o los almirantes ingleses. El último, "Los recuerdos" es el más biográfico con el añadido de una larga y amena elucubración sobre la juventud efímera, la vejez y la muerte.

La precisión y puntillosa reflexión de Stevenson impregna estos escritos memorialísticos, en los que se evita el lugar común y el vicio de banalizar lo complejo o la pereza de recurrir a las obviedades. Es la energía intrínseca de Stevenson que se percibe incluso en las reflexiones intelectuales o filosóficas, sin abandonar la sencillez y claridad. Ya sabíamos que este narrador es un experto en delinear caracteres humanos y en mostrar su coherencia con el comportamiento de los personajes, pero aquí vemos esas virtudes literarias y psicológicas encarnarse en los personajes reales de los que nos habla.

Bello e interesante libro que requiere una lectura en calma y lo más dilatada posible, a fin de saborear el tempo peculiar que Stevenson ha logrado imprimir a su prosa y que constituye uno de sus más celebrados encantos.

FICHA

VIVIR.- Robert Louis Stevenson.- Traducción de Amelia Pérez de Villar.-Ed. Páginas de Espuma.- 396 págs.25 euros.- ISBN 9788483931899

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2 marzo 2016 3 02 /03 /marzo /2016 17:26
La inmortalidad del cangrejo

Santiago Rodríguez Santerbás nacido en Burgos en 1937, cuenta con una considerable obra literaria, inició su actividad creadora con varios relatos cortos entre los que se pueden mencionar: “Jorobita”,“Los perros muertos”, “El camino de las sirenas”, “La muerte bien temperada”, “Valdedios”, “Román y yo”; es autor también de una obra teatral “La doncella y el unicornio”,y de tres novelas: “Tres pastiches victorianos”, “La vuelta al mundo en ochenta días” y “La inmortalidad del cangrejo”. Ha desarrollado una importante labor traductora de obras ensayísticas y narrativas de autores ingleses (Virginia Woolf, R.L. Stevenson,.), y franceses; en su faceta periodística ha colaborado con los periódicos “El Norte de Castilla” y “Diario de Burgos” y en la revista “Triunfo”, donde realizaba trabajos de crítica artística, musical y literaria, en los que puso de manifiesto su solido conocimiento de las materias que trataba (fundamentalmente musicales y literarias), y unas dotes excepcionales para la crítica.

La inmortalidad del cangrejo es un relato narrado en primera persona por su protagonista principal, un joven profesor de geografía e historia de un instituto de enseñanza media de una ciudad de provincias, que no se nombra en ningún momento, pero que por los datos que va dando se desprende que se trata de la ciudad natal del autor, Burgos. El protagonista pertenece a una peculiar familia (Hontanar) que se caracteriza por la longevidad de sus miembros, así convive con un tío octogenario, una tía-abuela que sobrepasa los 115 años de edad, un abuelo que sobrepasa los 113 años, continuando viviendo y con bastante vitalidad, dados sus constantes viajes, su bisabuelo que cuenta con casi 150 años. El antecedente y más longevo de la estirpe de los Hontanar es D. Pedro de Hontanar, quien fue capitán de tropa de D. Juan Ponce de León, según se dice en la novela, cuando este fue despojado de su cargo de Gobernador de Puerto Rico, consiguió permiso del rey para llevar a cabo una expedición en busca de la isla de Biminí, donde decían los indios que se encontraba la fuente de la eterna juventud, el antepasado Hontanar había participado en aquellas expediciones, y aunque no descubrió la peculiar fuente en sus primeras tentativas, posteriormente después de ser apresado por los indios, debió obtener los beneficios de ella, pues se narran hechos de él que ponen de manifiesto que vivió más de 250 años, y se puede constatar en su propia lápida existente en la iglesia de San Miguel cercana a la residencia familiar.

Estos hechos que han sido dados por ciertos por la historia durante varios siglos, dado que estaban incluidos en el libro “Historia General y Natural de las Indias” (1516) de Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés, quien afirma que los indios engañaron a Ponce de León con la leyenda de la fuente de la eterna juventud, cuyas aguas poseían la cualidad de rejuvenecer a los indios viejos y devolverles la fuerza y pujanza de su juventud. Según el historiador J. Michael Francis de la Universidad de Florida del Sur, St. Petesburg, se trató de una invención de Oviedo, enemigo personal de Ponce de León, y con ella quería hacer pasar a este por un loco e insensato estúpido. Francis ha demostrado que no existen documentos, contratos, cartas ni relación alguna del conquistador español Ponce de León que hagan mención a la leyenda de la fuente de la eterna juventud. Lo que realmente ocurrió fue que Ponce de León aceptó la renuncia de su cargo de gobernador de Puerto Rico en 1511, después de varios años de disputas con los partidarios de Diego de Colón, y posteriormente el rey le ofreció la isla de Biminí situada según se creía en el archipiélago de las Bermudas, pero con la condición de que fuese el mismo quien encabezase la expedición; Ponce de León se dirigía a aquellas islas entonces desconocidas, y por error desembarcó en la Florida.

El libro trata el tema de la eterna juventud de la que gozan los miembros de la familia Hontanar, lo que da pie a las extravagantes teorías sobre las causas que provocan tal fenómeno, a las que el tío Camilo se dedica con gran ahínco. Así con ayuda de numerosas fuentes elabora su teoría sobre la situación definitiva de la fuente de la eterna juventud; y otra sobre los beneficios que sobre la familia está produciendo el cangrejo que se encuentra representado en el escudo heráldico familiar, animal que ha sido asociado por algunas culturas con los ritos para la obtención de la lluvia; o como símbolo del signo zodiacal de Cáncer (primero de los signos acuáticos), siendo por tanto la fuente de la vida que se esconde bajo su caparazón.

En el caso de los Hontanar esta perenne juventud les había sido dada, no se trata por tanto del mito de Fausto desarrollado por Chistopher Marlowe en 1592, aunque existen otros antecedentes literarios, y posteriormente por Goethe en los años 1806 (primera parte), y 1832 (segunda parte); ambos casos con algunas variantes tratan de la cuestión ética del hombre frente a su Creador, de la lucha constante que debe mantener la conciencia humana entre el bien y el mal, así el doctor Faustus decide vender su alma al diablo con el objetivo de obtener la sabiduría infinita, incluso por encima de la que posee el creador, decidiéndose por el camino del mal.

El tema sirve al autor para reflexionar sobre las posturas que adoptan los distintos miembros de la familia Hontanar ante el hecho insólito de la eterna juventud; así algunos de ellos aceptan su destino y aprovechan su longevidad para dedicarse a desarrollar sus estudios y habilidades, como es el caso del abuelo Félix y el tío Camilo: el primero en su condición de músico puede dedicar todo el tiempo necesario a sus composiciones musicales, las cuales como en el caso de la opera sobre el Doctor Faustus, gozan de la característica de reunir diversos estilos musicales dado el largo periodo de tiempo que ha dedicado a su composición; y el segundo dedica todos sus esfuerzos intelectuales en descubrir la causa de la anomalía que afecta a la familia; mientras que otros como el bisabuelo Guillermo y la tía abuela Margot sienten la necesidad de demostrar, cada uno a su modo, que se encuentran en los años de mocedad y desarrollan incesantemente actos que son más propios de tal condición.

Por su parte el protagonista principal tras una reflexión sobre el fenómeno, lo encuentra más un problema que una ventaja, y rechaza esa falsa experiencia de la eterna juventud, pues considera que lo que realmente caracteriza el estado juvenil, más que el cuerpo físico no se deteriore con el paso del tiempo, es la inexperiencia ante las distintas situaciones que nos van dando en la vida; inexperiencia que perdemos precisamente con el poso que nos van dejando los distintas vivencias; y así lo expresa: “No quiero ser eternamente joven. Si pronuncié esas palabras, esa súplica negativa a nadie dirigida, fue porque, desde hacía años, sabía que no es lo mismo ser joven que poseer una juventud efectiva, pero artificial. Ser joven era gozar de la inexperiencia y sufrir por ella, descubrir día a día las perturbadoras primicias del bien y del mal, presentir que todo lo que sucediera habría de ser absolutamente nuevo, y que, una vez acaecido, no volvería jamás a repetirse, porque la repetición equivalía a la madurez, a la experiencia, al desencanto y a la muerte”.

La lectura se hace ágil pese a que el lenguaje en ocasiones resulta un poco rebuscado, no obstante, el autor domina los recursos literarios para conseguir un mayor realismo y dinamismo de la acción descrita, como es el caso de la utilización de las onomatopeyas en el improvisado concierto de las seis carracas y dos matracas: toc, toc, crrac, crrac; toc, toc, crrac, crrac. Ese mismo recurso es utilizado en las entrevistas del protagonista con el director del instituto para profundizar en su apariencia física, el constante palmoteo mientras habla: clap, clap.

Max

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La pena de ver que se acaba.- Por Blanca Doble.

La inmortalidad del cangrejo aborda el tema de la longevidad impuesta a una familia y la distinta reacción de cada uno de sus miembros. Así, mientras el bisabuelo Guillermo viaja sin parar en casa salvo un día al año, el día de su propio cumpleaños, en pos no se sabe bien de qué, el tío Camilo se queda quieto en la casona familiar buscando una razón que justifique esa extraña anomalía familiar que consiste en que todos los miembros de la familia cumplan un montón de años conservando una apariencia juvenil. El abuelo Félix dedica todo su tiempo a escribir música, en concreto una ópera sobre el mito de Fausto, en la cual hay influencias musicales de todas las épocas que ha vivido su autor. Por su parte, la tía abuela Margarita se limita a ver pasar los años disfrutando del pipermín y ocasionalmente del champán (en Nochevieja) mientras trata de seducir y a veces lo consigue a jovencitos de los que podría ser abuela. Sarastro, el gato coetáneo de las guerras napoleónicas, y también afectado por la extraña singularidad familiar, lleva su vida de gato normal y corriente.

El narrador, joven de 45 años, que decide dejar de dar clases en un instituto de enseñanza media para dedicarse al consumo, si no desenfrenado al menos excesivo, de cosas que realmente no le hacen falta, va contándonos la vida familiar a lo largo de un año, de una nochevieja a otra, de una forma desenfadada y pormenorizada, con un punto de humor estupefacto al contemplar la singular vida tanto de los normales como de los longevos.

La novela es literatura en estado puro que se lee de un tirón porque las peripecias de cada uno de los personajes son interesantes y además están muy bien contadas. Cuando la novela acaba te quedas con ganas de más, de mucho más, tanto que necesito buscar más obras del autor para seguir leyéndole. Y esto tiene su mérito pues es un tipo de redacción en que los párrafos de 7 o más páginas no son raros, lo que normalmente configura una narrativa densa y difícil. Pero no es el caso. Es ágil y fácil de leer.

¿Qué nos quiere decir Santerbás con esta novela? Para mí trata de un tema profundo: las distintas maneras de reaccionar ante la vida que tenemos los seres humanos, cómo la vivimos cada cuál y qué responsabilidad tomamos. Hay gente que siempre va de un lado a otro, con prisa, sin llegar nunca a ningún sitio porque quizá huye de algo a lo que no se quiere enfrentar. Su vida se malgasta, no es capaz de vivirla, sino de huirle. Hay otros que consagran con mejor o peor fortuna todo su tiempo a una idea, un quehacer, una obsesión. Los hay también que pretenden ser jóvenes siempre y lo que suelen hacer es el ridículo, pues realmente la juventud se identifica con la capacidad de asombro que el vivir, lamentablemente, hace ir perdiendo. Hay quien no se siente nunca satisfecho de su vida y en lugar de encauzar ese sentimiento hacia quehaceres más gratificantes o útiles, sienten tan enorme vacío que caen en una depresión o ponen fin a su vida. Y así podríamos identificar a muchos más tipos humanos. Esta vida es como un zoo, hay de todo y podemos verlo si somos capaces de sentarnos a mirar.

Considero que es una buena novela e invito a leerla a cualquier lector.

Blanca Doble

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“Si jeunesse savait, … (Por Pi)

...si vieillesse pouvait”, es un antiguo aforismo francés, cuya segunda parte resucitó no hace mucho Doris Lessing como título de una de sus últimas novelas. Y en él me ha hecho pensar la lectura de esta curiosa novelita de Santiago R. Santerbás, pues lo que podríamos llamar la idea descollante de la misma, que Max consigna en cita literal al final de su comentario, es precisamente lo contrario de lo que ese aforismo un tanto melancólico expresa.

En resumen, la experiencia de la vida (de los acontecimientos que nos suceden en ella) nos da un conocimiento de las cosas, pero este conocimiento, este “tener las ideas (relativamente) claras” nos llega tarde, cuando por vejez, carente de la energía y del tiempo por delante que tiene la juventud, uno ya no puede aplicarlas a su propia vida.

El mito de la eterna (o al menos muy prolongada) juventud, que yo no confundiría con la inmortalidad, tendría, precisamente, la virtud de poder llegar con plenas fuerzas a esa experiencia de las cosas que da el paso del tiempo, no por sí mismo (hay viejos que son tan asnos como en su adolescencia), sino por las sucesivas pruebas de ensayo-error que suelen constituir el aprendizaje práctico y que precisan de un tiempo que, por otra parte, nos envejece. Y al decir eso me refiero no a que nos salgan canas o tengamos achaques físicos, sino a que las facultades intelectuales se deterioran, el empuje vital se desinfla, etc…

En ese sentido, estoy bastante en desacuerdo con las palabras del protagonista que, al parecer, querría ser joven pero siempre inexperto, ir descubriendo siempre como novedad las cosas, etc… Es ese un pensamiento tal vez original (un tanto excéntrico, diría yo), pero superficial. Es verdad que el descubrimiento de algo, esa“primera vez que” tiene un cierto encanto sentimental, pero en conjunto (y visto desde la edad provecta) la juventud incluye una colección de gansadas y tonterías que, de haber sabido (si jeunesse savait) nos habríamos ahorrado sin ningún perjuicio. Ahora bien, si para cuando logramos una relativa y siempre precaria madurez resulta que ya no tenemos el empuje y, sobre todo, el tiempo por delante, para desarrollar nuestro conocimiento práctico, se comprende el tono melancólico del aforismo antes citado. Cuando ya empiezas a saber, resulta que ya no puedes. Y lo que es peor, ves como otros jovencitos inexpertos se disponen, con el mismo entusiasmo y la misma falta de juicio que en su día nos aquejó, a repetir los mismos errores en los que incurrimos (cuando no otros peores). Si vieillesse pouvait

He tildado de superficial la idea del protagonista y quizá me precipito. Pues cabe que el mismo nos esté haciendo ver (por el revés de la trama, como si dijéramos) que la juventud conlleva, además de sus virtudes, sus defectos, que sin eso no es juventud y que ese statusde la familia Hontanar no es sino una especie de limbo irreal que se aparta de la vida tal como es (¿tal como debe ser?).

Pero, claro, esa irrealidad es el presupuesto de la ficción que se nos presenta, y lo que se deduciría de la conclusión que saca el protagonista es que la vida está muy bien como es, en realidad, y que cualquier anhelo de inmortalidad, sobre ser irreal, es un remedio peor que la enfermedad que pretende combatir. Una conclusión más que tradicional, pedestre, para la cual no hacían falta las alforjas de esta ficción, por lo demás bien trabada.

Por eso el planteamiento de la novela me parece equivocado y el suicidio del protagonista una solución superficial, como me parece bastante superficial la actividad de esos lozanos vejestrios que se entregan a los placeres juveniles sin más, desmintiendo así, en la práctica, el pensamiento del protagonista, o haciéndolo compatible con el disfrute en una forma que no se nos revela.

Cierto, la novela está bien escrita, acredita la cultura del autor, mantiene un hilillo de fina ironía a lo largo de su curso, pero, más allá de lo antedicho, no tiene nada que decir al lector, y nada dice.

No sé si en el fondo de esto hay un deseo de escribir sin tener nada que contar. Nada realmente interesante. Que no tiene por qué ser una historia, menos aún “la” Historia, sino algo realmente personal que suscite eco en quien lo lee.

Y ese defecto no se subsana porque el libro esté bien escrito, sea simpático, tenga ribetes de originalidad o esté adornado con cultura de cierta calidad. Con eso, la novela no pasa de ser un divertimento tenue, que no se hace pesado por su corta duración, pero que aporta poco al lector. Incluso como diversión.

Pi

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2 marzo 2016 3 02 /03 /marzo /2016 16:43
Reina del desierto

Todo falla en este biopic sobre la legendaria Gertrude Bell, la llamada "Lawrence de Arabia femenina" con afán de simplificar ya que en la realidad consiguió algo que Lawrence nunca logró, la confianza imperecedera de los beduinos de todas las tribus, sin la forzada traición a sus intereses que T.E. Lawrence no pudo evitar.

Dirige un director un poco excesivo, Werner Herzog, que ha facturado excelentes documentales y unas películas inclasificables pero memorables, como "Fitzcarraldo" o "Aguirre, la cólera de Dios". Aquí se ha lucido el alemán. Desde la dirección de actores, al guión, el ritmo, sin olvidar a los actores (una Kidman imposible, un Robert Pattison encarnando a un ridículo Lawrence, y unos cuantos minutos de un James Franco muy poco convincente en su papel, aunque es que lo hace mejor de los tres) y la música. Se salva la dirección artística y la técnica, la fotografía y poco más.

La historiadora, arqueóloga y exploradora británica Gertrude Bell merecía una semblanza más juiciosa, un guión no ya mejor, cosa fácil, sino tan excelente como fue esa mujer, una adelanta de su sexo durante los años 20 del pasado siglo, una viajera que cruzó el desierto y buscó las tribus de beduinos con indudable peligro de su vida, por el a punto de extinguirse imperio Otomano, poco dados todos ellos a considerar como algo más que objeto a una mujer. En lugar de un nervioso y atento testimonio biográfico todo se queda en un melodrama caduco y a veces cursi, de lo menos auténtico y revelador. Lamentable puesta en escena emocional y sólo bella en sus aspectos de exteriores y la fotogenia impresionante del desierto... calidad técnica suficiente para un documental pero puro adorno en una ficción.

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29 febrero 2016 1 29 /02 /febrero /2016 16:03
Tres pastiches victorianos: Santerbás

He aquí una buena triada de historias victorianas, escritas por un escritor español prácticamente desconocido hoy día, tiempo de infieles, y que en la década de los ochenta del siglo pasado llamó la atención de una cierta crítica por la gozosa imaginación mimética del autor, su sentido del humor y su indudable erudición literaria. Se trata de Santiago R. Santerbás un escritor burgalés a punto de cumplir los ochenta si es que aún alienta (cosa que le deseo). Le dediqué una encomiástica reseña en "La Vanguardia", otra para la red de periódicos de provincias Colpisa y una última que fue a hacer las Américas de manos del servicio de la agencia EFE por todos los periódicos hispanos del continente sur.

Dickens, Lewis Carroll y mi admirado Conan Doyle, fueron los escritores objeto de los "pastiches" de Santerbás, realizados con un estilo irreprochable que hubiera encantado a esos genios si hubieran estado vivos.Y no sólo eso, este polígrafo S.R.S. se atrevió -y con gracia también-- a imitar a los ilustradores ingleses "Phiz", Tenniel y Pager, que dibujaron los personajes de esa tríada asombrosa que nos legó el país de la reina Victoria. Y para rematar la broma literaria, Santerbás se inventa supuestos juicios críticos de eruditos de la época de los tres escritores.

Créanme si les digo que la lectura de "Tres pastiches victorianos" es una delicia que justifica las dificultades indudables que existen para encontrar algún ejemplar. Si hay algún editor entre mis lectores les conmino a buscar a ese escritor o sus descendientes para reeditar no sólo esta obra que cito sino también otras dos del mismo autor y del mismo jaez y parecida valía: "La vuelta al mundo en ochenta mundos" y "La inmortalidad del cangrejo", editadas en aquellos lejanos días por la editorial Hiperión.

Este culterano autor, presente en la entonces llamada "escuela de la berza" mesetaria (que trataba de inventar mundos magníficos para superar la pobreza del mundo propio de la España de los años 50,60 y 70), había merecido de Miguel Delibes una definición de lo más lisonjera : "es un hábil administrador de palabras, un joven maestro de economía literaria" vaticinando para él un lugar propio en el Parnaso de la literatura del siglo. No ha sido así pero no por falta de calidad.

Las tres falsas novelas que el lector podrá degustar son atribuidas con gran aparato de supuestas erudiciones a Dickens "El último viaje de Mr. Picwick" (ahí es nada), a Lewis Carroll "Aventuras de Alicia en la cámara oscura" y a Conan Doyle, "Las aventuras del quinteto inacabado" (de lo mejor que he leído en la literatura sherlockiana). Con una imitación estilística soberbia y una justeza en el modelo narrativo, Santerbás, consigue el objetivo buscado: que el lector acepte "in mente" que esas tres novelas fueron escritas por los famosos y disfrute del "engaño".

FICHA

TRES PASTICHES VICTORIANOS.- Santiago R. Santerbás.- Ed. Hiperión, 1981.-195 págs.

Sirva esta tardía reseña para reivindicar al escritor y su obra.

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25 febrero 2016 4 25 /02 /febrero /2016 19:30
Libros, buquinistas y bibliotecas

"Nada hay que se parezca más a lo antiguo que lo verdaderamente nuevo. Nada hay tan parecido a lo nuevo como lo verdaderamente malo" (pág.57), con esta audaz reflexión y otras muchas igual o más agudas nos deleita Azorín, el recio escritor castellano-valenciano que ha sido ninguneado por la supuesta intelligentzia literaria de nuestros desnortados días (como a Baroja o, ay, a Galdós) tildándolos de casposos representantes de una narrativa "anticuada" y obsoleta. "Qué ásperas, rigurosas, violentas, a veces son las costumbres literarias en España", se queja Azorín (José Martínez Ruiz -Monóvar, Alicante 1873-Mdris 1967) en la página 47, en un artículo publicado en 1929. Lo cierto es que no parece que hayamos cambiado mucho, aunque, eso sí, de seguro se escribe mucho peor.

Más adelante (pág 215) Azorín apostilla, "La lectura no es lo mismo a los veinte años que a los sesenta. El joven lo lee todo. El anciano no lee sino lo que debe. El joven lo lee todo y de todo aprovecha poco. El anciano lee poco y de lo poco lo aprovecha todo"...lo grave es saber no lo que hay que leer, sino lo que "no ha de ser leído". Las perlas del modesto pero inteligente Azorin se suceden para pasmo y placer del lector.

La editorial Fórcola está recuperando textos no sólo de Azorín, sino de Camba, Pla, Gaziel. El que comentamos que lleva el subtítulo de "Crónicas de un transeúnte: Madrid-París", está editado por Francisco Fustar con prólogo del avispado Andrés Trapiello (en sí mismo una pieza muy agradable y con cierto sabor azorinesco), recoge cincuenta textos breves del enjuto autor de Monóvar, publicados en periódicos y revistas de España o Argentina, prólogos y capítulos de libros propios, con una temática común: los libros, las bibliotecas, las librerías, los editores, el placer de leer. Y todos ellos partiendo de la experiencia personal del autor, a modo de pequeñas confesiones de un lletraferit que nos contagia su amor profundo por los libros.

Dividido en cuatro partes: artículos sobre la edición y difusión del libro, las bibliotecas y su variedad, las librerías de viejo y las ferias del libro y, por último, “el complejo universo del lector y de la lectura”, el volumen nos deja un agradable regusto a la bella y eterna relación de la persona con los libros que lee, admira o critica. Como era de esperar (y debería no olvidarse) Azorín reivindica la lectura de los clásicos y la edición de calidad. El hecho de que el estilo y la relación de las situaciones culturales del momento en que vivió ya nos parezcan un tanto "pasadas de moda" es más un espejismo estético que un defecto. Tanto en la forma como en el fondo late una cualidad extraordinaria, la de una persona inteligente que refleja, a la par que su circunstancia histórica, un valor eterno, el conjunto de pensamiento, habilidad y conocimiento que lo convierte en un clásico. Y como todos ellos, los clásicos, ameno, ilustrativo y actualísimo.

FICHA

"Libros, buquinistas y bibliotecas" Ed.Fórcola. Madrid (2014). 240 págs. 21,50 €

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22 febrero 2016 1 22 /02 /febrero /2016 10:12
En peligro

El inglés Richard Hughes es un ilustre desconocido en nuestro país excepto para una minoría ilustrada que lo coloca a la altura de sus célebres contemporáneos, Ernest Hemingway, Faulkner o FitzGerald. ¿Es una exageración? En absoluto. Sólo hay que buscar en una librería su "Huracán en Jamaica" ( o encargarla, ya que hace tiempo que se editó) o apuntarse a "En peligro" que acaba de editarse. La primera obtuvo un éxito popular inesperado debido a la versión cinematográfica que Alexander Mackendrick hizo de la novela en 1965 con el título de "Viento en las velas" protagonizada por Antony Quinn y James Coburn. La visión realista y poco complaciente del mundo infantil interactuando con el mundo de los piratas muestra un narrador con una inteligencia compleja y un sentido de la ética nada adocenado. Con esta novela se adelantó una década a la mucho más famosa novela de William Holding "El señor de las moscas" que trata la misma temática conceptual.

En su segunda obra maestra --hubo mucha más producción notable, entre obras de teatro, libros para niños y una trilogía inconclusa que mostraba rasgos de maestría como las dos primeras obras- "En peligro", Hughes ya certificó su envidiable estilo. Al parecer la redacción de esta obra se debió a una apuesta realizada entre el escritor y otro amigos del gremio que certificaban que después de Melville, Stevenson y Conrad el género de novelas del mar ya no tenía futuro dada la seguridad de eficacia de los modernos navíos. Hughes aseguró que lo que faltaba es el aliento épico de un Homero para describir la energía del mar y que daba lo mismo si el navío era una trirreme romana, un barco fenicio o un ballenero de Nueva Escocia. Y para demostrarlo escribió "En peligro".

En ella Hughes logra igualar sino superar a los grandes autores del género. Su descripción de un ciclón tropical y sus efectos en el barco -un mercante a vapor- y su tripulación (pág. 25) es de las más apasionantes que he leído, incluyendo a los clásicos apuntados. Han tenido que pasar más de 70 años para que alguien se decidiera a traducir la novela al castellano (Damià Alou, gracias) y gracias también a Ediciones Gatopardo. Las vicisitudes del mercante Archimedes (basado al parecer en un suceso real) que tras cruzar el Canal de Panamá y adentrarse en el Pacífico se enfrentará a un huracán infernal llega a hipnotizar al lector. Raramente tiene uno la oportunidad feliz de saludar la aparición de una obra maestra poco o nada conocida por el gran público. Esta es una de ellas.

FICHA

EN PELIGRO.- Richard Hughes.- Trad. Damià Alou.- Ed. Gatopardo- 217 págs.-20,95 euros

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19 febrero 2016 5 19 /02 /febrero /2016 09:52
En el enjambre

Byumg-Chul Han es un filósofo formado en Alemania donde trabaja como profesor en la Universidad de Berlín. Nació en Corea del Sur en 1959 y ha publicado una decena de libros, algunos con bastante éxito, convirtiéndose en una réplica actual de los "jóvenes airados" británicos de los 60. Sus obras son discutidas en los cenáculos jóvenes universitarios, atraídos por el inconformismo, la mirada crítica y el verbo sentencioso y provocador. Sus conceptos son radicales y se atreve a profetizar desastres con argumentos bastante válidos y convincentes.

Sus libros anteriores, "La sociedad del cansancio", "La sociedad de la transparencia" y "La agonía del Eros", nos ofrece una mirada dura pero sensata sobre los defectos de la sociedad actual y el cambio profundo que el ser humano está sufriendo a causa de las nuevas tecnologías. " En el enjambre", libro que comento y que salió en 2012 aunque la edición española es de 2014, este pensador provocador se ocupa a fondo y sin miramientos del mundo digital. Según Byung-Chul Han vivimos en el seno de un “enjambre digital” formado por individuos que han perdido su individualidad y cuyas manifestaciones propias se convierten en ruido. En cuanto a los modelos colectivos que nacen de las nuevas tecnologías digitales “son muy fugaces e inestables, como en los rebaños constituidos por los animales. Los caracteriza la volatilidad” (p. 29). Y añade "medios como blogs, Twitter o Facebook liquidan la mediación de la comunicación, la desmediatizan” (p. 33-34). Es un aserto que parece chocar contra nuestras concepciones intuitivas de esos medios, en los que la mediatización es bastante evidente… Las plataformas digitales modelan el consumo y las fórmulas de relación entre los usuarios, incluidos los movimientos de indignados, a los que desprecia y minimiza como simples "estados afectivos".

Con un estilo seco y claro, sentencioso y reiterativo, sin florituras ni retórica filosófica de ningún tipo, el profesor coreano suele citar a filósofos y pensadores más bien clásicos como Le Bon, Mc Luhan, Foucault o Bentham. Pero luego habla de "La rebelión de las masas" sin citar a Ortega y Gasset o de "Masas y poder" sin hacer mención a Elías Canetti, ¿olvido o ignorancia?

Los aparatos de silicio son detestados por Byung-Chul Han ya que "traen una nueva coacción, una nueva esclavitud. Nos explotan de manera más eficiente por cuanto, en virtud de su movilidad, transforman todo lugar en un puesto de trabajo y todo tiempo es un tiempo de trabajo. La libertad de la movilidad se trueca en la coacción fatal de tener que trabajar en todas partes” (p. 59). ..." Destruye el espacio público y agudiza el aislamiento del hombre” . Y es que "los medios actuales de comunicación fomentan la falta de vinculación, la arbitrariedad y el corto plazo" (p. 90). Es particularmente certero cuando nos advierte: "De los teléfonos inteligentes, que prometen más libertad, sale una coacción fatal, la coacción de la comunicación" (p. 59)

Pero Byung-Chul Han acierta en varias ocasiones como cuando escribe sobre las formas de "autoexplotación" laboral e intelectual, el "panóptico digital" y la hegemonía del pensamiento positivo y emocional y la acuciante falta de silencio que aturde y desnaturaliza al ciudadano de la sociedad digital. Un tipo de sociedad, la del rendimiento, que nos aísla. "En ella, el ciudadano se explota a si mismo hasta que se derrumba. Y desarrolla una auto agresividad que no pocas veces desemboca en el suicidio." (p. 76)

FICHA

EN EL ENJAMBRE.- Byung-Chul Han.-Herder.-109 págs.Trad. Raúl Gabás

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15 febrero 2016 1 15 /02 /febrero /2016 13:36
Kafka y Crumb

Entre novela gráfica y biografía ilustrada, el trabajo del escritor David Zane Mairowitz y del más popular dibujante de cómic del "underground" en los ochenta y noventa Robert Crumb, sobre la vida y la obra de Kafka resulta de lo más interesante y desafiante a la vez. Interesante porque el guionista --judío también él-- nos ofrece su versión heterodoxa de la vida y las fobias y manías de Kafka con plena comprensión empática de su carácter de judío crítico y auto flagelante. Desafiante por los dibujos duros y poco amables pero realistas de Crumb que, a mi parecer, sintonizan igualmente bien con el talante kafkiano. Tanto su versión -tipo Murnau- del ambiente de la Praga de principios del siglo XX, como de los símbolos e imágenes que pueblan el imaginario kafkiano, consigue una especie de resonancia emocional con la especial imaginería barroca de "El Proceso", "La Metamorfosis" o "La colonia penitenciaria"

El texto, muy crítico y al tiempo extrañamente conmovedor en algunos comentarios, como cuando protesta de la banalización que la cultura de masas ha perpetrado contra Kafka (los "carniceros de la cultura moderna" que han convertido a Kafka en un adjetivo), o como cuando advierte que las protestas de anti judaísmo del propio escritor no hacen más que corroborar su innegable talante judaico".

En cuanto a Crumb, el viejo maestro parece haberse divertido con toda esa parafernalia digna de diván de psicoanalista que suele asociarse al pobre y genial Kafka, la tendencia a la auto humillación, el terror a las autoridades secretas, el desencuentro con la ominosa -para él- figura paterna, su multifacetal complejo de culpa, su sexualidad reprimida, sus miedos eróticos, la hipocondría galopante, su necesidad de amar , su miedo a la responsabilidad, la escasa sociabilidad y sobre todo "la intrincada broma judía" como él llamaba al complejo malestar con el que articulaba su pertenencia a la tribu de Judá. Hay quien sugiere que la fascinación empática de Crumb por Kafka nace de ciertas similitudes de carácter y comportamiento.

El final del libro es un epítome de una de las tesis que sostiene David Zane: la manipulación del mensaje y la presencia kafkiana `para convertirlo en un objeto más de consumo, en una figura de marketing, en un reclamo turístico. Observer como en ese dibujo de una plaza de Praga llena de turistas hay un cartel al fondo donde un establecimiento con el nombre de "Mc Kafka" anuncia hamburguesas.

FICHA

KAFKA.-Robert Crumb (dibujos) y David Zane (guión).- Trad. Lorenzo Díaz.-Ed. La Cúpula.- 179 págs.-16,50 euros

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10 febrero 2016 3 10 /02 /febrero /2016 09:52
Los diarios de Emilio Renzi

El escritor argentino Ricardo Piglia también es aficionado de los heterónimos al modo de Pessoa, pero con más modestia (o egotismo) aprovecha sus propios nombres y apellidos para enmascararse tras un nombre, Emilio Renzi, que también le pertenece --Ricardo Emilio Piglia Renzi--, aunque no sea su principal "nom de guerre" literario. Deudor del "Artista adolescente" y del dietarismo, este autor lleva escribiendo diarios desde 1957 y fiel a todos los obsesos por registrar (-se) por escrito en su vida cotidiana, sus sueños y sus proyectos, sus inquietudes y sus flaquezas va consignando las innúmeras veces en que se planteó dejar de escribirlos. Como deja escritor, "No hay nada más ridículo que la pretensión de registrar la propia vida. Uno se convierte en un clow". Y asevera, "La suprema impostura está en el hecho mismo de escribir estos cuadernos. ¿Para quién los escribo? No creo que sea para mí y tampoco me gustaría que alguien los leyera" (pág. 58). Luego suaviza su insinceridad y añade "para escribir es preciso no sentirse acomodado en el mundo, es un escudo para afrontar la vida (y hablar de eso)" (pág.59).

Aún le quedan al lector trescientas páginas más en las que Piglia demuestra su cachazuda inteligencia y logra que el conteo interminable de sus avatares personales no resulten aburridos, reiterativos, plúmbeos o pretenciosos sin fundamento. Lecturas sin reposo (buenas, por cierto, entre otros, Albert Camus, Carlo Emilio Gadda, Malcolm Lowry, Cesare Pavese, Ernest Hemingway, Jorge Luis Borges, Dashiell Hammett , películas incesantes, amores, ensueños, amigos, charlas, alcohol, estudios, escrituras varias hasta la publicación del primer libros...esto es lo que conforma y embellece el primer tomo de las memorias de Piglia que él intitula "Años de formación". La ambición literaria, los encuentros y desencuentros en el mundo cultural bonaerense donde el muchacho de 17 años se abre camino a dentelladas, dirige revistas, hace traducciones, escribe relatos. "La novela de una vida" califica Piglia a sus memorias. Muestra un estilo brillante, lleno de destellos literarios, sin ninguna pretensión psicologista, resbalando por la superficie escabrosa del día a día, con sus frustraciones y desengaños, con la dureza y el encono del joven escritor que busca maestros y colegas, coquetea con el marxismo, la política estudiantil, los desenfrenos. Y como trasfondo la Argentina del peronismo y los milicos, las detenciones arbitrarias y un cierto aire de vulnerabilidad e inseguridad, aunque Piglia navega bastante suelto a pesar de su izquierdismo, obsesionado con su naturaleza esquiva de escritor a la que pretende formar, con numerosas reflexiones que podrían servir de brújula y acicate para los aficionados a escribir. También para los lectores familiarizados con la literatura hispanoamericana es una muestra impagable del mapa literario de aquellas tierras en los años sesenta, preludio del "boom" que viviríamos aquí.

Los lectores de Piglia esperaban sobre ascuas la aparición de los "Diarios", pues el novelista, con astuta deliberación, había hablado y escrito mucho de ellos (incluso publicó algún trozo) y en consecuencia creó una expectación muy favorable. Lo que tenemos no es un diario al uso, un registro iterativo de experiencias y vivencias, pensamientos fugaces e inmediatez cotidiana, Piglia reescribe e interviene creativamente, recoge las semillas escritas de su pasado y les da forma y un sentido coherente, una dirección: la formación de sí mismo como escritor contemplada desde el Piglia actual, con toda su experiencia y su categoría intelectual. Con ello nos desvela la razón del "Emilio Renzi" del título, ya que es una doble temporalidad la que nos ofrece: Piglia analiza y manipula los textos del joven Renzi, es decir leemos el diario de Piglia (Adulto) sobre su lectura de los diarios de Piglia (joven), al que nombra como Renzi.

FICHA

"Los diarios de Emilio Renzi. Años de formación". Ricardo Piglia. Anagrama. Barcelona, 2015. 360 páginas. 21,90 euros.

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