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23 agosto 2015 7 23 /08 /agosto /2015 16:34
Mr. Holmes

Hace falta ser un gran creador para atreverse a entrar en el aura de un personaje tan célebre y admirado como el detective creado por sir Arthur Conan Doyle, Sherlock Holmes. Hay que tener conocimiento suficiente de la historia del personaje, dotes creativas, humildad pues se trabaja con un personaje que forma parte del acervo cultural occidental y suerte en dar con un venero sin explotar. Integran legión los que han intentado afrontar el desafío. En el cine, desde Buster Keaton hasta Billy Wilder o en este tiempo Guy Ritchie en un doble nada desdeñable esfuerzo, han sido numerosos los directores que ha buscado en los rincones mas ocultos e improbables del mito (así los que le hacen compartir aventuras con Freud, Arsenio Lupin, Jack el destripador o H.G. Wells).

El último de la hornada es el norteamericano Bill Condon (que dirigió hace años una excelente cinta, "Dioses y monstruos", por cierto coprotagonizada por el mismo Ian McKellen que ahora le presta sus ojos acerados y el rostro inteligente y sarcástico a un anciano Holmes de 93 años) que no logra ponerse a la altura de los citados aunque pone interés y técnica artesanal en el intento. Se trata de una libre adaptación de la novela de Mitch Cullins "A slight trick of the mind", excelente narración donde el escritor nos propone los últimos años de Holmes, retirado en una granja de Sussex y dedicado al cuidado de las abejas, la apicultura. Es un anciano al que le traiciona su memoria y que se ve envuelto en un caso nuevo, que será el último, y los ecos de uno del pasado que concierne a un cliente japonés. Sin embargo lo importante de la narración es el aire epigonal, ligeramente patético que envuelven esos recuerdos y, como contraste, la relación del detective con un niño de doce años, hijo del ama de llaves que cuida de su hogar.

Holmes tratará de escribir el relato del caso último en el que se vio involucrado, así como de la mujer que lo protagoniza y de sus sentimientos hacia ella, entremezclado débilmente con un viaje a Japón --meses después de Hiroshima- donde se encuentra con uno de sus antiguos casos. Sin embargo una trama tan esperanzadora no logra sustantivarse a pesar de los esfuerzos interpretativos de Ian McKellen, realmente prodigioso y la buena labor de los dos secundarios, el niño y su madre. La vejez y el crepúsculo del mito, merecían un tratamiento más profundo, sombrío y dialéctico. Condon nos regala una estampa muy bien coloreada e interpretada que además edulcora de manera lastimosa el mensaje duro y desesperanzado de la novela.

Película modesta con un intérprete de lujo. Pero no. Este atildado caballero es interesante, pero no es Holmes. Quizá lo fue. Ya se sabe que la edad muy avanzada lo cambia todo. Será por eso.

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22 agosto 2015 6 22 /08 /agosto /2015 09:06
El secreto de Adaline

Está bien contada, es agradable de ver, no tiene el menor fundamento científico, es edulcorada, se queda en las hojitas de fuera del frondoso árbol temático que nada menos trata con uno de los anhelos imposibles del ser humano: vencer a la muerte, no envejecer, el elixir de la eterna juventud, aquí simbolizado en un rayo y un galimatías genético absurdo. Pero da igual, se trata de mostrarnos la enésima versión cinematográfica de la eterna juventud, sin la profundidad angustiosa de un Dorian Gray ni la crítica acerba y sarcástica de Jonathan Swift y su país de los inmortales.

Ambientación elegante, buena musica de fondo, un nivel técnico implecable, pero lo que podía haber sido un drama con enjundia y profundidad intelectual y humana queda en una desvaida historia anecdótica incluso menos lograda que el Benjamin Button que vive la vida al revés, de la vejez aparatosa a la juventud y la niñez. Lee Tolan Krieger dirige con oficio a los dos jovenes protagonistas Blake Lively y Michel Huisman, y se rinde a lo que salga con monstruos como Harrison Ford, Ellen Burstyn, Kathy Baker y Amanda Crew (po supuesto sale de fábula). El final está un poco forzado por exigencias del "happy end" que tantas películas ha desvalorizado. Esta es una de ellas.

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21 agosto 2015 5 21 /08 /agosto /2015 08:26
Una temporada para silbar

Reconozco que me encantan los relatos que narran ritos de iniciación, esa difícil época vital llena de estímulos, desafíos, desengaños, temores y sentimientos que van dejando huella en nuestros recuerdos más preciados o los más dolorosos: me refiero al rito de paso de la niñez a la juventud. Uno de los escritores que más me han encantado --arrastrado a su lectura hasta el final, sería más adecuado decir-- es un virtual desconocido para mí, el norteamericano Ivan Doig que muríó an abril de este año meses antes de cumplir los 76. Pertenecía a una familia de gran jeros y colonos de origen escocés y su novelística se enriquece constantemente con los paisajes, personas y formas de vivir de su tierra natal, en la agreste Montana estadounidense. Creo que estea misma editorial ha publicado otra novela "Verano en English Creek" del mismo autor y también se han publicado, en otras editoriales supongo, Me voy con vosotros para siempre, Allá lejos y tiempo atrás, La selva, y La gloria de mi padre.

"Una temporada para silbar" saca a colación la existencia en uno de esos lugares de granjas cercanas y aisladas, tierras de labor y una sola escuela desvencijada que apenas cumple su labor condicoonada por la lejanía de los hogares (los niños deben ir a caballo a la escuela), la dura meteorología y la desconfianza de los campesinos hacia la cultura y los libros. El novelista, de una envidiable habilidad para describir personajes rudos pero entrañables o francamente cómicos u odiosos, nos narra la vida de una familia de granjeros de Montana a principios del siglo XX. El padre, Oliver, viudo y los tres hijos Paul, de 13 años (de una despierta inteligencia), y sus hermanos pequeños Damon y Toby. Las continuas y exigentes labores de mantenimiento de la granja y los campos no le hace descuidar el atender a sus hijos y a la casa, por lo que el tema de la cocina se convierte en un problema que sufren todos con resignación. Así que deciden contestar a un anuncio en el que se ofrece un ama de llaves que afirma no saber cocinar, "pero que tampoco muerde" y es capaz de llevar adelante una casa con todo lo que requiere. La anunciante acepta el empleo que le ofrecen y pide el dinero suficiente para poder trasladarse a Montana ya que vive en el otro estremo del gigantesco país. Aquí entra la decidida y hermosa Rose, que se declara viuda reciente, y su hermano. Dos figuras que revolucionarán la región, una en el ámbito de la familia de Oliver y sus hijos y, el otro, Morris, un atildado y culto dandy lo hará con el resto del pequeño mundo de la zona pues pasará a ejercer --de una forma inolvidable--el papel de maestro de escuela y de mentor del joven Paul.

Humor a raudales y ternura sin concesiones al sentimentalismo, todo tan rudo, sincero y algo brutal como la existencia de todos ellos, la trama mantiene al lector pegado al libro, siempre interesado, a veces intrigado, otras conmovido y otras aterrado. Las descripciones de las clases que da Morris forman una estructura paralela con la vida doméstica de los hijos de Oliver, a cual más divertida. Un solo profesor para alumnos de diferentes edades crea una dinámica fascinante que contiene momentos tan espectaculraes en emoción y habilidad narrativa como la celebración del paso del cometa Halley o la visita del inspector escolar que podría cerrrar la escuela si algo sale mal.

El narrador es Paul ya anciano que rememora el curso 1910 en aquella escuela y nos hace una descripción escrupulosa y atenta, con momentos de gran ternura y con apuntes de una poesía natural de gran belleza, en la que la nostalgia es como una bocanada de aire fresco sobre unos tiempos bastante heroicos, difíciles pero dotados de enormes valores. En toda la novela se van percibiendo los ecos de las novelas de Mark Twain (al que el autor rinde un homenaje recordando que murió el año del paso del cometa, 1910, y que había nacido 75 años antes cuando el Halley hacía otra visita, fiel a sus citas longevas) y del canto a la naturaleza de Thoreau. Francamente recomendable.

FICHA

UNA TEMPORADA PARA SILBAR.-Ivan Doig.- Trad. de Juan Tafur. Libros del Asteroide.- 349 págs.

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20 agosto 2015 4 20 /08 /agosto /2015 09:36
Luna en Brasil

Sensible, bella y malograda película que nos narra una estancia de la poetisa Elizabeth Bishop en Brasil, donde intimará con una arquitecta magnífica de es país (la autora del proyecto del parque de la playa de Río de Janeiro) Lota Macedo Soares. La acción transcurre en los años 50 y la desfripción de una relación lesbiana entre personas de esa categoría en el Brasil de aquellos años --en plena dictadura militar- es una delicada orfebrería de detalles. Fue una relación colosal y ardiente que se mantuvo tempestuosamente durante casi 15 años, hasta el momento del desencuentro y la tragedia. El respeto por el arte, ya se poesía o arquitectura de gran creatividad, es permanente en el dibujo de los personajes, sus diálogos y las dificultades que deben afrontar, pero todo con amabilidad, modestia y falta de vigor. El director Bruno Barreto consigue un producto muy completo, desde el contenido, a ambientación, exteriores, música, actrices...pero desabrido y sin fuerza.

La moraleja de la cinta es sencilla: Todo viene y, con la misma facilidad, se va. Y a pesar de todo, la vida sigue. Y las pérdidas, de la clase que sean, pueden convertirse en oportunidades para crecer y seguir adelante. El drama de esa relación se devalúa progresivamente para llegar en muchos momentos a rozar el melodrama tipo historieta sudamericana para la televisión.
Miranda Otto y Glória Pires tratan de ajustarse a unos personajes que les vienen grandes, pero lo hacen con cierta audacia y honestidad. No así la tercera en discordia, Tracy Middendorf, que no acaba de convencer ni siquiera a sí misma. Amor, deseo de posesión, dependencia, orgullo malsano, destructividad: es un argumento y una historia dignas de un director más profundo, un retorcido inglés como el autor de "The Servant", Joseph Losey. Barreto sólo puede aspirar al aprobado por las buenas intenciones, un recatamiento y una timidez expresiva que sólo es el dedo que apunta a la Luna.

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19 agosto 2015 3 19 /08 /agosto /2015 09:31
En tercera persona

Paul Haguis el director y guionista de películas como "Crash" o "En el valle de Elah" trata de mantener el listón con desigual resultado al ofrecernos "En tercera persona". El fragmentario guión va jugando al gato y al ratón con el espectador hasta que este cae en la cuenta de que de todas las historias que nos cuentan sólo hay una sola verdadera, la del escritor en mal momento creativo que trata de sobreponerse a la muerte de su hijo (en la cual ha tenido cierto papel de falta de cuidado y por tanto vive obsesionado con la culpa y los remordimientos). Una vez el espectador acepta que la creatividad del escritor es responsable de esaas historias el asunto se ordena hasta cierto punto. El novelista, premio Pullitzer en horas bajas, está como siempre muy dignamente encarnado por Liam Neeson, con secundarios tan soberbios como Adrian Brody, James Franco o Giancarlo Giannini, sin contar las damas, entre ellas unas impecable Olivia Wilde y Kim Bassinger, la historia acaba armándose de sentido al final con unos "sfumato" de secuencias algo infantiles.

Se trata de una hiperfragmentada película con tres variaciones de una historia semejante donde solo cambian los papeles y se mantienen, ojo, unos detalles constantes para "dar pistas" al asombrado espectador, los niños muertos, las vocecitas susurrando "mírame", los padres autoculpabilizados, madre o padre según la historia, sufrimientos y culpa, incluso un incesto para completar el cuadro desconcertante, sin llegar a cerrarse casi ninguno de ellos, porque el telefono suena a deshora o al director se le pasa dar más consistencia a la historia del pobre Brody que se pasa su trozo de película en absoluto desconcierto.

Ritmo irregular, personajes bien construidos pero vacíos, una cierta propensión al drama fuera de resgistro y algunos excesos innecesarios de cara a una galería que le encante el morbo.
Sigue Haggis apelando al esquema que le dio el éxito en "Crash", las historias diferentes que van entrecruzándose, como las neuronas de las cabezas de los personajes que transitan siempre senderos espinosos cuando no trágicos..
Las historias van desenrollándose en Nueva York, Roma y Paris, de forma entrecortada con saltos de guión que confunden al espectador y que sólo buscan añadir intriga a algo que no acaba de funcionar, pese a su ambición creativa.

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17 agosto 2015 1 17 /08 /agosto /2015 09:08
El cuento de un tonel

Hablar de Jonathan Swift es hablar de "Los viajes de Gulliver", de ese malentendido literario y cultural que durante siglos ha recluido el demoledor y divertido libro en los estantes de libros para niños, es hablar del maestro de la sátira, del ingenio, del estilo sarcástico, irónico, cáustico, profundamente culto y razonable, del adjetivo incisivo, del razonamiento mordaz, de la censura llenade humor, del libelo hiriente o la diatriba desternillantes, de las moralejas desazonantes y las metáforas brillantes, de la intransigencia hacia la estupidez, la falta de honestidad, la injusticia, la beatería y la hipocresía. Hablamos de una obra capital, mejor de un autor capital y esencial del siglo XVIII que proyecta su paradójica validez hasta el siglo XXI y tal vez más allá,

Pues bien, "El cuento de un tonel" y su codicilo, "La batalla de los libros" son dos `parábolas, dos alegorías feroces contra las instituciones del saber, política y religión, y por otro, una crítica inmisericorde contra las supuestas bases de la modernidad. Con prólogo, traducción y notas de Cristóbal Serra, la excelente edición de l editor José J. de Olañeta, nos llega con todos los aditamentos de la edición original según se estilaba en aquellos tiempos, formado por interminables --que no innecesarios-- escritos de defensa del autor, dedicatoria del librero, carta del librero al lector y una irónica dedicatoria del autor a la posteridad. Prefacio, introducciones, las disgresiones que se suceden entre los capítulos de la narración propiamente dicha, una disertación sobre la locura, -- uno de los capítulos más acerbos y demoledores de la obra, superutilizado como cita--, la conclusión y, por fin, la siguiente obra, "La batalla de los libros". De todo este complejo "corpus" literario", lo primero que uno aprende es a no considerarlos "impertinentes" (su pertinencia es el humor ácido y corrosivo que desprende la pluma de Swift) y lo segundo es que el libro es indispensable y absurdamente actual.

Desde el principio el Cuento de un Tonel provoca al lector, incluso dudando sarcásticamente de las capacidades de éste, añadiendo que “el Ingenio es el Don más noble y provechoso de la Naturaleza humana, así también el Humor es el más agradable, por lo tanto, quienes no seentreguen a ninguno, estarán expuestos a los Azotes de ambos”. Desde la ironía y la sátira, Swift trata de dejar a un lado el Clasicismo del siglo XVII y dar paso a la Ilustración en el XVIII. Con gran sarcasmo Swift da a entender que lo insigne en el individuo moderno radica en apagar las luces de lo antiguo (mientras él mismo muestra su interés y arrobo por las Sátiras de Horacio, la falsa Historia verídica de Luciano, de Erasmo, sin olvidar a Rabelais, Montaigne o Cervantes).

Esta obra fue compuesta entre 1694 y 1697 y publicada en 1704. La parte narrativa es una alegoría sobre tres hermanos: Peter, Martin y Jack, que representan cada una de las ramas de la religión cristiana en Occidente. El primer hermano, Peter (por San Pedro) prefigura a la iglesia católica. Jack (por Calvino, pero también por Jack de Leyden) representa a la iglesia protestante y sus ramas, baptistas, presbiterianos, cuáqueros, mennonitas, y las iglesias carismáticas. El tercer hermano, Martin, el mediano, obtiene su nombre de Martín Lutero), y representa la 'vía media' de la Iglesia de Inglaterra. Los hermanos han heredado tres magníficas capas (símbolos de la práctica religiosa) de parte de su padre ( Dios), y conservan su testamento (la Biblia) para guiarse. "Por mucho que el testamento represente la Biblia y las capas la práctica de la cristiandad, la alegoría tiende a ser una apología por la negación de la Iglesia de Inglaterra a alterar su práctica en concordancia con las demandas puritanas y su continua resistencia a alinearse con la Iglesia Católica". Se trata de una parodia gigantesca sobre la vida religiosa y las Iglesias institucionalizadas, su corrupción y su alejamiento de los principios éticos que deberían informar la práctica en las religiones establecidas, en donde Swift no deja títere con cabeza y su afán ridiculizador alcanza cotas hiperbólicas.

En cuanto a "La batlla de los libros", la preocupación alegórica del autor resta potencia vitriólica a su pluma y deja fluir una poco habitual pedantería. Aún así el "Relato completo y verídico de la batalla librada el viernes último entre los libros antiguos y los libros modernos en le Biblioteaca de Saint-James", merece una lectura atenta, aunque estorben la innumerables citas eruditas del autor. Es una toma de partido de Swift a favor de sir William Temple en un debate público sobre la disputa entre el saber antiguo y el moderno. La replica de sir W.W. Wotton, en contra de los autores clásicos provoca esa "Batalla" que Swift escribió para criticar la postura de Wotton y, en el fondo, la existencia de la polémica.

FICHA

EL CUENTO DE UN TÓNEL.- Jonathan Swift.- Trad. notas y prólogo de Cristóbal Serra.- José J. de Olañeta editor. 201 págs.-19 euros.

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16 agosto 2015 7 16 /08 /agosto /2015 14:25
Lío en Broadway

Peter Bogdanovich es un sólido constructor de comedias al viejo estilo de los Wilder, Howard Hawks. Lubitsch, o Edwards, rozándoles en calidad al menos en alguna ocasión, pero habitualmente un escalón por debajo. Junto a Woody Allen es uno de los pocos clásicos que sobrevive de vez en cuando soltándonos alguna que otra película deliciosa rodeada de otras para pasar el rato y poco más. En los 70 nos brindaba películas como ‘La última película’, ‘¿Qué me pasa Doctor?’ o ‘Luna de papel’.

Ahora estamos ante una comedia ligera rodada al más puro estilo clásico de líos y enredos, en la que Bogdanovich echa mano de la vis cómica de sus actores y les deja desmadrarse en alguna ocasión tratando de mantener bien encauzada la trama y con notable sentido del ritmo. Toda su ambición es lograr que el espectador suelte la carcajada de vez en cuando y no abandone la sonrisa durante toda la proyección. Si con usted lo ha consigo, bravo. Al menos uno capta lo bien que se lo pasan rodando todos los acores y actrices del elenco, con especial mención a Rhys Ifans, Imogen Poots y a Jennifer Aniston, como una psiquiatra absolutamente neurótica con tendencias paranoides que protagoniza las secuencias más disparatadas de la comedia. Owen Wilson cumple con su papel protagonista de liadísimo y absurdo director de comedias, Will Forte como el autor y un inspiradísimo George Morfogen como investigador privado al estilo Clousseau pero en plan desternillante mayordomo anciano inglés tropezando con todo. Buena música de Edward Shearmur y un homenaje entrañable a Lubitchs y su "El pecado de Cluny Brown" de donde Bogdanovich obtiene la frase recurrente de su película "echar ardillas a las nueces". Para mayor diversión y sorpres, Michael Shanon y Quentin Tarantino hacen sendos cameos.


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14 agosto 2015 5 14 /08 /agosto /2015 14:08
Un plan perfecto

Una cinta más de robos imposibles, uno de los subgéneros temáticos más socorridos desde los "Misión Imposible" a la serie de Clooney sobre el remake de "La pandilla de los Once" (Oceans Eleven) o clásicos tan magníficos como el trepidante enredo que monta una flotilla de "Minis", conducidos por Charlize Teron, Statman o Werderberg. El sueco Alain Darborg no llega a tales cotas de sofisticación pero consigue armar un producto digno con secuencias bastante logradas, en clave humorísitca o sentimental, sin grandes desmelenes argumentales --es bastante plano el guión-- y con algunos retos a la credibilidad (en el que incurren casi todos pero lo disimulan mejor). No convence demasiado pero al menos entretiene.

El reparto cumple dentro de la falta de relieve psicológico y de carácter, desde el líder, poco caroismático, a la bella ladrona o el alcohólico con pasado turbio que forman el grupo. La ejecución del atraco flojea bastante y el final parece cogido con pinzas para justificar la cosa.

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13 agosto 2015 4 13 /08 /agosto /2015 09:02
EL AROMA DEL TIEMPO

He aquí uno de los ensayos más interesantes que he leído en el último trimestre. El autor, el sudcoreano Byung-Chul Han, nacido en Seul en 1959, ha desarrollado su vida universitaria en Alemania, país en el que brilla como uno de los especialistas más sólidos en la filosofía de Heidegger. Ejerce como profesor de Filosofía en la Universidad de Berlín y ha publicado una decena de títulos sobre la filosofía crítica aplicada a la sociedad occidental actual, sobre cuestiones como la transparencia comunicativa, el cansancio de una cultura como fórmula vital, la influencia del erotismo en la estructura psicosocial y los desafíos y fracasos de la psicopolítica.

El tiempo es una de las constantes, muchas veces conflictivas, con las que nos enfrentamos a diario. Las esrtimaciones de tiempo subjetivo, del paso acelerado del tiempo, de los estiramientos cada vez más frecuentes de las sensaciones temporales, de la visión personal de la propia existencia, van creando una telaraña de misterio y confusión sobre esa constante vital que no sabemos ni tal sólo aprender a conocer y mucho menos a controlar (ni tal vez sepamos hacerlo nunca). Vivimos dominados por la sensación de la vida se acelera, del paso vertiginoso del tiempo en espiral creciente, influidos por el tipo de vida y la presión inmediatista de las nuevas tecnologías, cuando en realidad nos dice Han, esta sensación es consecuencia de que el tiempo da tumbos sin sentido, se va produciendo -en nuetra propia vida cotidiana- una “atomización” del tiempo. Gracias a ella, nos vemos constreñidos a una secuencia atropellada de acontecimientos, fugaces, efímeros, siguiendo la feroz dinámica de los montajes cinematográficos de acción sin puntos de referencia --como en el pasado- una secuencia tremporal y estacional de acontecimientos y rituales que siempre han colocado una estructura morosa y sin cambios esenciales del tiempo que nos servía de guía.

Como dice Han, la ausencia de esos ritos, esas fechas festivas, nos convierte en meros pasajeros de un viaje cada vez más acelerado y más privado de sentido. “Cuando ya no es posible determinar qué tiene importancia, todo pierde importancia”. No existe ya esa compensación del tiempo histórico, en el que el pasado y el futuro estaban imbricados en puntos de refencia tan dúctiles pero inamovibles como las estaciones meteorológicas. El presente carece de sustancia debido a su permanente transición y cambio, todo queda prontamente obsoleto y el hombre se aturde en esa búsqueda de los nuevo e inmediato, que no tarda en tornarse vacío y desechable. Es un mundo que las seguridades y la tradición ha dejado su sitio a la información, un caudal constante, "una concentración de acontecimientos, informaciones e imágenes, que no tienen aroma, que hace imposible la demora. Ante un veloz encadenamiento de fragmentos que pasan fugaces por la retina sin lograr una atención duradera, padeciendo un envejecimiento acelerado, convirtiéndose en pasado al instante en un presente que se reduce a picos de actualidad, a un simple fenómeno temporal". Y este fenómeno nos deja llenos de inquietud, confusión y desorientación.

Dice Han: "la vida plena no puede ser sólo una enumeración de acontecimientos, la consecuencia de un “zapping” entre opciones vitales dominadas por un enorme nerviosismo". Y es que hemos peridod la facultad de percibir y apreciatr el "aroma del tiempo". Esa morosidad contemplativa que tan bien expone Proust en su "Busca del tiempo perdido". Leyendo a Proust en nuestra acelerada e insustancial época, ayuda a que el tiempo "recupere la duración, el aroma". Byung-Chul Han asevera, “lo bello no es el resplandor o la atracción fugaz, sino una persistencia, una fosforescencia de las cosas”. En esta nuestra época de las prisas, debido a su sucesión cinematográfica de presentes puntuales, no nos permite ningún acceso a lo bello o lo verdadero”. Todos estamos obsesionados en "no perdernos nada" de la vida, con lo que nos abocamos a perder lo esencial de la vida, es decir a perdernos todo. "Vivir más rápido también acaba muriendo más rápido", dice, dado que “la experiencia de la duración y no el número de vivencias hace que una vida sea plena”.

Es este un libro necesario para todos los que contemplan preocupados y con desagrado cómo este tipo de vida nos hace perder el sentido esencial del tiempo. El preciso volver a aprender y ejercitar el arte de demorarse, volver a encontrar la noción del tiempo como narración, para superar la fugacidad aparente del instante y la ausencia de un ritmo, como en el pasado- que daba sentido a la vida y a la muerte . Byung-Chul Han reflexiona en este ensayo sobre la crisis temporal contemporánea, en diálogo con Nietzsche y Heidegger. Vivimos lo que Han llama una "disincronía". la atomización y dispersión temporal. "Cada instante es igual al otro y no existe ni un ritmo ni un rumbo que dé sentido a la vida. El tiempo se escapa porque nada concluye, y todo, incluido uno mismo, se experimenta como efímero y fugaz." ¿Hay solución para esta veloz marcha hacia el sinsentido? Han lo tiene claro: «la crisis temporal solo se superará en el momento en que la vita activa, en plena crisis, acoja de nuevo la vita contemplativa en su seno.»

Un libro brillante, recomendable.

FICHA

EL AROMA DEL TIEMPO (Un ensayo filosófico sobre el arte de demorarse´).- Byung-Chul Han.- Trad. de Paula Kuffer.- Ed. Herder.- 12 euros

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12 agosto 2015 3 12 /08 /agosto /2015 07:03
One Chance (Mi oportunidad)

La vida real del cantante galés Paul Potts ha sido llevada al cine por David Frankel (que ya demostró sus notables aptitudes hacia la comedia dramática con "El diablo viste de Prada" o "Marley y yo"). Como saben los aficionados a YouTube, el citado Potts es un individuo de aspecto sólido y modesto que canta como los ángeles y que llegó al dominio público a través de un concurso de tv. para cazar talentos artísticos. El hombre, tal como nos cuenta de una forma dinámica y a veces reiterativa o morosa la película, no era un dechado de virtudes físicas o mentales, ni siquiera de suerte o fortuna, sino un joven mediocre, humilde, empleado en una tienda de venta de móviles y acomplejado por décadas de mala suerte, tendencia a los accidentes, persecuciones dolorosas en la infancia y adolescencia, un padre negativo y hosco y, como un amanecer de esperanza, una obsesión por la ópera y el don de una voz muy por encima de buena.

Secuencias como los ataques de sus condiscípulos, la relación con su novia o las vivencias en la Escuela de canto de Venecia con la presencia de su idolotrado Pavarotti, la caída en la vulgaridad de una vida adocenada y el salto a la fama gracias al apoyo de las unicas mujeres de su vida, su madre y su esposa, estructuran una película amable, con algunos buenos momentos y un desarrollo absolutamente previsible. Frankel ha estado atento a la fuerza inspiradora de esa vida "ejemplar" de la derrota hasta el éxito, sin añadir acidez, crítica o mala uva al retrato, sino más bien emotividad, algo sensiblera, y una honestidad que resulta ingenua pero que desarma.Gran interpretación de James Corden, convincente y tan sincera y veraz como era de esperar en una producción como esta. Bien rodadas las secuencias de canto., con interpretaciones bastante notables.Un Ceniciento o Patito Feo, con todos losaditamentos para integrar un pastel agradble de degustar: un sueño casi utópico, amigos fieles y enemigos malvados, injusticias y decepciones, ilusiones y frustraciones, la chica amada al fin conseguida y un poco más tarde, tras un fracaso, el éxito y un "the end" con música de Mozart por los canales de Venecia. Bueno. Vale.

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