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10 mayo 2019 5 10 /05 /mayo /2019 07:41

Un libro sobre Ortega y Gasset siempre es bienvenido aunque, como en este caso, sea una especie de reactivo emocional y filosófico hacia y contra los que han analizado desde la dureza (aunque también desde la propia honestidad, se supone) la figura controvertida pero inapelable y señera del mayor pensador que tuvo el país en aquellos años sombríos de la República y la Guerra Civil. Sin embargo, y digámoslo ya al principio, el gran error, a mi parecer, de Agapito Maestre, es  el tono agresivo,suspicaz y sarcástico con el que defiende al gran maestro que, sin duda, fue Ortega y a sus discípulos. Ni Ortega dejó de filosofar  de forma creativa desde 1932, ni fue un "maestro en el erial", pues tuvo discípulos de bastante calado filosófico;  siempre teniendo en cuenta de que hablamos de un país, España, que  suele descuidar a sus filósofos y desprecia cuanto ignora, es decir a la filosofía desde el Instituto a la Universidad, como una opción profesional sin utilidad alguna excepto para enquistarse en la enseñanza, una sub especie funcionarial de poco provecho público.

Si partimos de esa triste realidad, mucho más grave en los tiempos de Ortega que ahora, una  época que desde los años ochenta tras la masificación universitaria en la que --todavía-- existe cierta displicencia conmiserativa hacia el joven que decide estudiar filosofía. El "y eso para qué sirve" se lo he oído pronunciar ante el hijo "descarriado" a padres que son a su vez universitarios, médicos, jueces o ingenieros. Pues bien esa es la circunstancia en la que vive este libro de Agapito Maestre. Y bien sabemos que si no salvamos la circunstancia no se salva el "yo". Por tanto dejemos en paz todo ese historial de agravios que el autor despliega en defensa de Ortega. Realmente Ortega no lo necesita. De alguna manera está por encima y el tiempo se encargará de dejarlo de manifiesto, si no lo está haciendo ya.

Toda la primera parte del libro es una ampliación de las treinta y pico de defensa orteguiana de la introducción. La segunda nos muestra las opciones éticas de un Ortega que usa el silencio como discurso contra el idealismo y la revolución y la tercera habla de la "Segunda Navegación" de la filosofía de Ortega que apunta alto y lejos sobre la circunstancia española, mostrando "desde dentro" de su filosofía el alcance de su legado a las nuevas generaciones: la idea de un Estado-Nación, "una España democrática de seres humanos libres e iguales ante la ley.... en el espacio supranacional de la Unión Europea", en palabras de Maestre

El lector de este libro podrá estar o no de acuerdo con Maestre, pero sin duda admirará la entrega y pasión con la que el autor va desgranando el universo orteguiano repartiendo bastonazos a derecha o a izquierda en defensa de la pureza del texto ( como la eliminación de la expresión "la modernidad nace de la cristiandad" en la nueva edición de las OC de Ortega (tomo VIII, pág. 698).

Maestre cita a José Gaos que habla del método de escritura de Ortega de "idear escribiendo o escribir ideando". Pues ese es precisamente el estilo conceptual que elige Maestre en su libro para analizar a su admirado biografiado. Como Ortega en las "Meditaciones de El Quijote" habla de  su trabajo que "no es filosofía, que es ciencia. Son simplemente unos ensayos. Y el ensayo es la ciencia, menos la prueba explícita". Maestre ha escrito un ensayo sobre el maestro Ortega, que no es filosofía, ni ciencia, pero si la prueba explícita del alcance y valor de este maestro. Y así cumple su cometido y el lector lo agradece pues llena sus páginas de  un hervor vital, una ansiedad admirativa, una "filosofía en vilo" que, aunque no estemos siempre de acuerdo con ello, nos atrae e interesa siempre.

He disfrutado este libro de Maestre como disfruté, al otro extremo del espectro el de Gregorio Morán, "El maestro en el erial", y opino que tanto el uno como el otro se complementan, pues nos muestran, a su pesar, la esencia contradictoria, sagaz, inteligente y humanísima, de un pensador que filosofó un paso por detrás de la genialidad y un paso por delante de la pedagogía, constituyendo en sí mismo la directriz básica de la filosofía: vivir cotidianamente como filósofo y persona de forma coherente con lo que se predica.

FICHA

ORTEGA Y GASSET, EL GRAN MAESTRO.-Agapito Maestre.- Ed. Almuzara.- 475 págs. -25 euros.- ISBN 9788417558178

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7 mayo 2019 2 07 /05 /mayo /2019 09:12

Bertrand Russell, el filósofo más marchoso del siglo XX, en sus "Retratos de memoria" habla de H.G. Wells, el "hombre con atributos" del pícaro y divertido David Lodge.  Nos habla de la sociedad de discusiones bautizadas como "Los Coeficientes" donde bastantes figuras intelectuales del momento alimentaban sus ganas de polémica inteligente. Russell no coincidí con la mayor parte de los asistentes, excepto con Wells, que compartían su rechazo al imperialismo británico y a la posibilidad de una guerra contra Alemania y de hecho de todas las guerras. Una relación más íntima y familiar se reveló como un fracaso a pesar de ser ambos partidarios del amor libre. Hace algunos  juicios severos sobre Wells, como "su valor reside más bien en la cantidad que en la calidad de lo que hace, aunque en algunas calidades roza la excelencia...y en que es un liberador del pensamiento y de la imaginación...aunque sea demasiado sensible a la opinión del público lector".

¿Coincide esto con la visión que nos ofrece David Lodge de Wells? En general, sí. Aunque nuestro autor incide especialmente en los aspectos amatorios y sexuales de Wells y en los encajes de bolillos éticos  y contradicciones personales que estuvo barajando durante toda su productiva vida, tan compleja y variada como su vida íntima. Murió a los 80 años y más o menos por esas fechas, un Wells ya envejecido y gruñón, Lodge nos introduce en su vida y a través de una hábil licencia literaria va recorriendo los pasadizos del pasado a través de una entrevista que se hace Wells a sí mismo en sus momentos de reflexión o de alelamiento, según quien los defina.  El autor de obras tan señeras como La guerra de los mundos, El hombre invisible o La máquina del tiempo, moriría el 13 de agosto de 1946 en Londres, respetado como autor de ficción futurista (entonces nadie la llamaba ciencia ficción) y novelas de muy sensible contenido social, sexual y moral, donde defendía posturas sociales y familiares que las dos guerras mundiales certificarían a su favor, aunque escandalizaron en su tiempo, como el amor libre y consensuado, en el que siempre se vio apoyado, en la teoría y en la práctica, por otro intelectual libidinoso, el citado Russell. En el aspecto político, Wells fue un izquierdista militante, formando parte de la Sociedad Fabiana, donde se preconizaba la aplicación de las ideas socialistas de una forma progresiva e incesante.

La figura que Lodge nos dibuja de Wells es ligeramente dramática, con un medido patetismo que no oculta la amargura del escritor por ver cómo se hacían realidad sus peores premoniciones sobre la barbarie de la guerra mundial y el desarrollo armamentístico de las grandes potencias. El escenario psicológico del personaje Wells es doblemente triste y lamentable, ya que Wells se siente olvidado y ha dejado de mantener sus más caras creencias: todo es fútil, cruel e innecesario. Y cuando Wells mira hacia dentro el balance tampoco es halagüeño: las mujeres han sido el norte y el sur de su vida, en la eterna búsqueda de su Alma-Sombra: Jane, Isabel von Arnim,  Amber Reeves, Rosamund, Rebecca West (H.G. es "un jaguar en la cama"), Moura y muchas otras…, todas fueron en su momento imprescindibles, tal vez la encarnación de su ideal, para luego deshacerse en el pasado como humo, a veces inspiradoras, a veces retorcidas, taimadas, astutas. De ahí el  juego ligeramente escabroso que Lodge hace del título: el hombre con atributos (una palabra polisémica que tiene una acepción claramente sexual:los atributos masculinos) que, inocentemente, pensé establecía una relación temática con la obra de Musil "El hombre sin atributos", una de las grandes obras del siglo XX y que se refiere a otro tipo de "atributos", ,la identidad, la libertad y la capacidad de dar un sentido a la propia vida.

A través de los calados en el complejo pasado íntimo, social y literario de Wells realizados por su "otro yo" es donde Lodge logra afinar su irónica pluma, permitiéndose reflexiones de una punzante inteligencia que alcanza detalles especialmente lúcidos en la forma en la que "su Wells" asume y justifica sus propias contradicciones en la relación entre sus supuestas creencias e ideologías y el aspecto de aplicación práctica, de coherencia, que son exigibles en un hombre de su talento.

Me he sentido más cómodo con la magnífica biografía novelada que Lodge escribió sobre Henry James, "¡El autor!¡el autor!", por cierto amigo de Wells y al mismo tiempo víctima paródiada en uno de sus libros. Cuando Wells se ponía sardónico podía ser muy cruel: definió a James "como un hipopótamo intentando recoger un guisante en un rincón de su estudio". Con Wells, Lodge no llega a ese tipo de burla imaginativa pero deja que los hechos biográficos hablen  por sí solos con un sentido algo sarcástico del realismo. El mismo Wells en su sesgada autobiografía definió la historia de sus relaciones sentimentales como "una historia de codicia, tonterías y grandes expectativas". 

 

 

FICHA

EL HOMBRE CON ATRIBUTOS.- David Lodge.- Trad. Mariano Peyrou.- Impedimenta.-593 págs. ISBN 9788417553029

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