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28 noviembre 2021 7 28 /11 /noviembre /2021 12:59

EL “CAPITALVIRUS” CONTAGIA GLASGOW

(Reportaje publicado en “La Comarca” el 261121)

Creo que desde los tiempos de la Torre de Babel no ha habido mayor desacuerdo en una empresa humana común, como la vista en la COP 26 de Glasgow. Sólo que aquí no ha sido cuestión de idiomas diferentes sino de concepciones opuestas y enfrentadas sobre un solo y global problema: el cambio climático. Provocado, entre otras cosas, por la emisión de gases de efecto invernadero debido al uso de combustibles fósiles.  Analizando los debates habidos y las posturas de determinados países se llega a la conclusión de que cualquier tipo de diagnóstico del problema tiene que tener en cuentan la variante patológica del “capitalvirus” que ha hecho estragos en Glasgow. La Conferencia de las Partes o COP es el órgano supremo de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC). En ella, los jefes de Estado y de Gobierno, o en su nombre los ministros, toman decisiones para intentar mitigar los efectos de la crisis climática derivados de la acción humana. Eso es la teoría. Lo cierto es que la COP (deberían ser las siglas de “Coopera O Perece”) ha sido un teatro de marionetas de alcance mundial, rodeado de las marchas populares de protesta (más de 100.000 personas) los encadenamientos de científicos en el puente George V de Glasglow y los informes negacionistas o negocionistas amparados “científicamente”, contrapuestos a otros muy alarmantes de entidades científicas tan serias como el colectivo Scientist Rebellion o la famosa Climate Action Tracker que asegura que, aunque se aplicaran muchos de los acuerdos parciales, aún así rechazados por algunos países, la temperatura a final de siglo puede llegar a los 2,4 º C . Eso supondría la aparición de los nuevos Jinetes del Apocalipsis: la contaminación letal, el calor, la sequía, las inundaciones costeras, el hambre, pandemias, el estado bélico total ante las inmigraciones masivas, la escasez de agua potable y de alimentos… el Bosco y Brueghel como profetas de una realidad del horror. Y los despliegues cínicos de los “lobbyes” que se benefician del consumo de combustibles fósiles, con más poder efectivo en sus manos que  el conjunto de los países ricos.

Las medidas de “control” basadas en la  compraventa de derechos de emisión de tales gases o las por ahora utópicas tecnologías de “captura” de esos gases, se deberían desestimar por ineficaces. Incluyendo, por ejemplo, las controvertidas plantas de carbón que tienen sistemas para “almacenar” en el subsuelo sus gases residuales o los visionarios que hablan de un “casquete” de diamantes en torno al planeta que filtraría las emisiones solares). Estas parten de un principio evidente: mantener el uso de combustibles fósiles y la emisión de gases sobre todo en beneficio de países como Arabia Saudi, Brasil, Australia, EE.UU. India, China y Rusia, entre otros, que oscilan cínicamente entre el negacionismo y las fantasías de supuesto control. Y ante las evidencias de que el clima está mutando y ya empiezan a verse los efectos perniciosos, confían en un “deus ex machina” del futuro que lo solucionará todo en el último momento. Vamos, como el 7º de caballería de los western de antes.

No hace falta ser un Maquiavelo para percibir en pleno funcionamiento por los pasillos y salones, intervenciones, excusas y negaciones, incluso en los descafeinados “tratados” aprobados, los efectos perniciosos del “capitalvirus”, el poderoso caballero cuyo omnímodo bastón de mando dirige la ceguera internacional de muchos países, de toda la gama ideológica –eso en estos tiempos sólo tiene un valor testimonial-. Por aquí tenemos un dicho cuyo egoísmo, insolidaridad e ignorancia claman al cielo: “el que venga atrás que arree”. Pero ya no hay quien “venga atrás”. Las generaciones vivas son las que van a sufrir las consecuencias de la codicia de beneficios que no permite ver que tenemos una bomba de extinción programada sobre la mesa de la Humanidad.

Los acuerdos son escandalosamente hipócritas y obtusos respecto a la realidad: se pide con gran miramiento (no vayan a enfadarse los países que se lucran) que se eliminen “gradualmente” las emisiones de los combustibles fósiles y los subsidios (además las subvencionamos), se aconseja crear un fondo para compensar “pérdidas y daños” causados por los estragos climáticos  que van a llegar y, curiosamente, se mantiene “vivo” el objetivo de reducir el calentamiento global para no sobrepasar el 1,5 ºC. ¿Es una broma o es que la idiocia o idiotismo se ha apoderado del género humano? Es decir, se acepta la realidad de las crisis, pero se ajusta su percepción y contra medidas a los intereses de los países que se benefician de ella y se regatean compensaciones a los países en desarrollo que seguirán consumiendo y algunos produciendo en su territorio –beneficiando a los países ricos-  el mismo tipo de combustible fósil que nos lleva raudos a una crisis climática sin precedentes.

Se ha propuesto otra COP para el próximo año en Sharm el Sheij, ciudad balneario egipcia entre el desierto del Sinai y al Mar Rojo. Una elección que muestra la hipócrita inconsciencia de nuestros respetables –no respetados- mandamases. La COP 26 ha sido una tomadura de pelo y la 27 dará ocasión para que el Congreso se divierta. Total, sólo nos estamos jugando el futuro humano. ¿De qué nos sirve las buenas intenciones pactadas como que EE.UU. y China negocien la reducción de sus respectivas emisiones de esos gases (aunque ni Pekin, ni Moscú ni India han aceptado incluir al metano en esos pactos)? ¿O que 114 Estados acuerden acabar con la deforestación para el 2030 (quedará algún árbol  en el Amazonas para esa fecha)? ¿Saben que todo lo acordado en la COP26 no tiene carácter vinculante? ¿Recuerdan que en el 2014 ya se pactó terminar con la deforestación y no se ha hecho nada al respecto en los últimos 7 años? ¿Sabían que en el acuerdo final se cambió la frase “eliminación gradual” del uso del carbón, por el de “reducción progresiva”, gracias a presiones de algunos países encabezados por India?

No hay pactos globales, ni calendarios fijos de actuación, ni normativas de obligados cumplimientos, ni entidad internacional que los revise. Y mientras, en sólo once años,  tendremos encima la “tormenta perfecta” medioambiental. Las COP no hacen más que reducir al mínimo común denominador las disensiones entre los Estados. El tímido primer paso para reducir el uso y la extracción del carbón, el petróleo y el gas y los subsidios que hasta ahora lo protegían, en la realidad no es más que papel mojado, un mero apaciguamiento teórico sin medidas operativas. Llamar “documento histórico” a este fiasco político-administrativo internacional como hizo el vicepresidente de la Comisión, Frans Timmerman, es verdad, pero en un sentido opuesto al que le dio el insigne burócrata: es histórico en la medida que es tristemente histórica la oportunidad que se ha perdido de implementar una actitud operativa eficaz para terminar con una situación que los científicos declaran “código rojo para la Humanidad”. Los “estilos de vida insostenibles y patrones de consumo derrochadores” de los países ricos como acusaba, con razón,  el delegado de la India para justificar (sin razón) su propio uso abusivo del carbón, en las últimas horas de la prórroga de la Cumbre, fue una maniobra comprensible pero no justa ni pertinente.

Quizá va siendo hora de que los países ricos y los pobres lleguen a acuerdos económicos compensatorios justos y equilibrados que enfoquen la reducción drástica, progresiva y regulada de la emisión de gases invernadero, a través de un organismo internacional transparente con capacidad jurídica y ejecutiva global que responda de una política común anti-desastre climático, por encima de Gobiernos e ideologías. Lo cual, en este momento, es utópico, aunque posible en un futuro próximo.

Tras esta COP26, la decepción y los augurios nefastos se han disparado y la meta de no superar el umbral del 1,5ºC para fines de siglo, se presenta tan utópica e irrealizable como que exista un consenso que supere la brecha riqueza-pobreza y se acuerde unos fondos que compensen la desigualdad. Ya en 2020 en Paris se aprobó un fondo anual de 100.000 millones de dólares que nunca vio la luz. Ahora se ha pedido que en 2023 se ponga en marcha por fin tal fondo. El “capitalvirus” es inclemente, ya sea por exceso o por defecto. Y como el “coronavirus”, no entiende de fronteras, de Gobiernos o de entidades supranacionales. El “capitalismo verde” es un oxímoron. El culpable directo o directo de la situación es el capitalismo estructurado desde la Revolución Industrial hasta nuestros días,  que se disfraza de tecnología verde. El problema es el sistema de vida creado por el “capitalvirus”. Hay que cambiar el sistema. Y debe ser con una dinámica evolutiva y democrática, no revolucionaria…pero sí honesta, firme y solidaria.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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1 noviembre 2021 1 01 /11 /noviembre /2021 11:55

(Publicado en la revista “Compromiso y Cultura”, noviembre 2021)

El pensamiento griego lo señaló de una forma evidente: la idea de la belleza está vinculada con la idea de orden del “kosmos”. Desde Pitágoras, Anaxágoras o Sócrates, lo bello es la proporción, la armonía que preside el universo. Algo que despierta en los seres humanos el arrobo, la maravilla, un estado de contemplación que capta el orden y el equilibrio perfectos e indiferentes a la mirada del hombre, que están subyacentes a lo real en que estamos inmersos. Simone Weil afirmaba que cualquier artista genuino, escritor, poeta, escultor, pintor, músico o algunos científicos enamorados de su facultad de conocer los misterios que les rodean, han tenido en algún momento de sus vidas un contacto real, directo e inmediato con la belleza del mundo.  Un instante iniciático que ha influido en ellos de una forma esencial. Ya que en el macrocosmos del Universo destaca, por su paralelismo de complejidad, el microcosmos del cuerpo humano y de su increíble y fascinante cerebro (verdadero espejo holográfico del universo). Pues bien, tanto Caspar Henderson (“El mapa de las maravillas”), como  Camilla Pang (“Cómo ser humano”), ambos libros editados por Ático de los Libros, ilustran esta reflexión que vehicula la relación entre el mundo y la persona y lo hacen de una  forma que convierte en una fiesta intelectual la lectura alterna o consecutiva de estos libros.

Camila Pang. Doctora en Bioquímica y especialista en bio informática translacional, podría ser el paradigma viviente de esa característica del ser humano que le abre las puertas al conocimiento: la facultad de asombrarse, buscar con insaciable curiosidad el porqué de las cosas y en ese intenso camino llegar a sentir la maravilla del mundo y del propio ser. ¿Por qué el paradigma? Porque Camilla padece desde niña un trastorno del espectro autista (TEA), trastorno por déficit  de atención e hiperactividad (TDAH), trastorno de ansiedad generalizada (TAG), trastorno de procesamiento sensorial (TPS) y el Síndrome de Asperger que como ella misma dice en su libro. “es una forma de autismo altamente funcional que te hace demasiado normal para ser autista y demasiado rara para ser neuro- típicamente normal”. Vive a caballo entre dos mundos diferentes. Pues bien, este prodigio de criatura ha ganado con 28 años el premio de la Royal Society Scientific Book, siendo el científico/a más joven y la primera “neuro- divergente” que lo ha recibido.

Esta inglesa de origen asiático ha usado el modelo de funcionamiento informático para analizar las actitudes, impulsos, razonamientos y comportamientos humanos, añadiendo a este análisis la mirada desde la alteridad, la extrañeza como acicate para vernos como realmente somos los humanos. Podría ser la privilegiada mirada de un “entomólogo marciano” que está abierto a todo conocimiento sin condicionantes previos sobre una especie que le es familiar, pero a la que no puede, biológica y psicológicamente, entender (y de la que está separada emocionalmente, por falta de un código compartido con ella, debido a sus propias alteraciones neurológicas).

Esa visión innovadora de la doctora Pang tiene un efecto sorprendente en el lector no aquejado de esos trastornos. Los esfuerzos que la autora hace por explicarse-nos lo que percibe nos enriquece y nos sorprende: tras leer el libro sentimos una maravillada sorpresa por la visión de ciertas complejidades nuestras para las que no teníamos una perspectiva tan nueva y reveladora.

Los capítulos dedicados a explicarnos lo que son las proteínas y su funcionamiento, el aprendizaje automático y sus claves o el comportamiento humano, con sus conflictos y perplejidades, o las relaciones humanas y las exigencias de la cortesía y las emociones, observados a través de la lente de la química molecular, constituyen una grata entrada a la Cueva de las Maravillas.

Las limitaciones relacionales que la autora sufre le permite ofrecernos una información valiosa sobre las tácticas utilizadas por ella para impedir  que el “ruido sensitivo”, los déficits de atención o los excesos emocionales logren desencajar las situaciones que vivimos. Paradójicamente resultan útiles y adecuados para los que nos consideramos “normales”. Más de 30 años de ejercer la psicología hacen que sonría con escepticismo ante esa palabra (y comprender y admirar intensamente a la autora).

La doctora Pang dedica su libro a su madre y también “a todas las demás mamás, cuidadores y padres, que tienen a alguien a quien quieren entender. Y también una carta de amor a la ciencia, para resaltar cómo la comprensión y el apoyo pueden cambiar la vida de alguien”.

Es un libro que podría considerarse un “manual de instrucciones” para relacionarse con las personas del entorno propio creado por una neurodivergente, lo cual lo hace utilísimo para cualquiera que se tome la molestia de no dar por sentadas muchas creencias y analice sin prisas y sin agobios la realidad que subyace en las convenciones sociales y personales. Si además añado que es divulgación científica escrita con un delicioso e irónico sentido del humor, con una amabilidad enternecedora y, ahí está la clave, con una sensación la maravilla que somos y nos rodea. Todo ello escrito por una mujer joven que define sus limitaciones psico neurológicas de esta manera: “tener autismo es como jugar a un videojuego sin el mando, cocinar sin sartenes ni utensilios o tocar música sin las notas”. Es como una brújula para orientarnos en la selva montañosa de las relaciones, el amor, la amistad, los compañeros de trabajo, los jefes y los desconocidos…y además divertirnos con ello.

Caspar Anderson es un escritor y periodista británico, veterano, optimista y bien informado, multipremiado y conocido por sus libros y artículos de análisis político y divulgación científica.  Con “El mapa de las maravillas”, Henderson lleva a su máxima expresión esa sensación gratificante y creativa que consiste en estar, de forma abierta y susceptible, inspirado por la maravilla de la existencia cotidiana, del mundo en que vivimos y del cuerpo que habitamos.

Pero Henderson en su libro no se limita a ofrecernos ejemplos y pruebas de esas maravillas constantes, también nos revela la necesidad de “activar” la sensación y la humildad en la mirada: “a menudo las maravillas han dejado de asombrarnos por tenerlas tan vistas”. Y añade: “se trata de prestar atención, de estar alerta, como cuando un perro oye un ruido lejano y levanta las orejas”. Es la demanda de la “atención plena” que sugieren los filósofos griegos o las disciplinas budistas, como el zen o el vedanta.

Los grandes poetas y los científicos de elite, saben de qué hablamos cuando hablamos de maravillarse. Henderson nos sugiere que el asombrarse es una habilidad que se debe cultivar, dado su incalculable valor para reafirmar nuestra humanidad y nuestro amor a la vida. Para ello propone un entretenido y asombroso viaje por los arcanos y misterios de la filosofía, la biología, la astronomía, la zoología, la geología, la religión, el arte, la tecnología y la ciencia, con un objetivo común: dejarnos absortos por el asombro, viajar con la maravilla en los ojos y en el espíritu. Comprender a través de la lectura la naturaleza exquisita del asombro y su fuerza catalizadora a través de la “simples” preguntas: ¿“qué es”, “por qué”, “cómo” “dónde”, “para qué”…? Tener ojos de bebé, curiosidad de niño, paciencia activa de artesano manual y persistencia analítica de enamorado del mundo.

Este autor nos lleva a explorar las maravillas tanto del mundo real como del imaginario activo de las culturas medievales y también esos que desde la antigüedad alimentaban la narrativa de lo prodigioso, esfinges de mirada letal, mantícoras, polifemos desmesurados, sirenas sedientas de sangre, dragones destructivos. También provoca la reflexión de que los logros asombrosos de nuestra tecnología pertenecen al mismo orden de lo extraordinario de las leyendas y sueños de la imaginación. Hace solo un siglo ni los escritores de distopías o los utópicos llegaron a proponer escenarios como el actual mundo digital. Y, al mismo tiempo, las maravillas del futuro están acercándose a pasos agigantados, empezando por las capacidades de nuestro propio cerebro, al cual estamos empezando a conocer y dibujan un mañana asombroso y posiblemente más complejo de lo que esperamos. ¿Cómo imaginar el potencial de los mil billones de conexiones que puede llegar a activar un cerebro humano?

Y permítanme que les diga que nos quedamos cortos: Henderson nos recuerda que no sólo la complejidad del cerebro es inabarcable, sino que debemos contar con que todo el cuerpo humano y sus células están interconectadas potencialmente con el entorno y forman una conexión cerebro-cuerpo-medio ambiente que confirma la intuición de las filosofías primeras y muchas disciplinas espirituales de la pertenencia y unión entre todos los seres vivientes del planeta. La leyenda de Gaia parece confirmarse: todos formamos parte de una misma entidad. A ver si dejamos de asolar al planeta, pues si lo matamos, morimos.

Nuestro autor nos sirve en bandeja una reflexión al respecto: “el objetivo de pensar sobre el futuro es cambiar cómo actuamos en el presente”. Estamos bajando demasiado rápido por un tobogán de maravillas que nos conduce a una situación inimaginable ya que, a tenor de lo que vemos y sabemos en el día de hoy, los avances tecnológicos van a transformar la existencia humana tal como la hemos conocido en los últimos siglos. Debemos preguntarnos si los avances tecnológicos que nos esperan estarán coordinados con un avance semejante en nuestra inteligencia y comprensión, en nuestra solidaridad y prudencia, en la hermandad de género entre los humanos,, sin divisiones de color, raza, educación, sexo o riqueza.

El despliegue de maravillas que hace Henderson en las 476 páginas de su libro dejan un sabor extraordinario en nuestra sensibilidad, pero también un interrogante que podría ser angustioso: ¿el ser humano tiene un papel principal y respetable en este drama de la existencia futura? ¿La tecnología será nuestra aliada o terminaremos perdiendo el protagonismo en un mundo regido por máquinas y cerebros electrónicos?¿El planeta podrá resistir las exigencias de explotación que garantizan el nivel tecnológico? La bibliografía -50 páginas- de la que hace gala nuestro autor responde a las claras de su laboriosidad y documentación. Y el talante positivo y optimista de sus reflexiones hacen de la lectura un placer añadido. Pero a pesar de eso, quizá no sea ocioso repetir la cita de otro autor que Henderson nos propone (pág. 348) y que demuestra su prudencia y cautela: “No vemos la que nos viene encima. Probablemente tampoco lo veríamos aunque lo intentásemos. Los efectos de los grandes cambios suelen estar más allá de nuestro poder de percepción. Incluso sobrepasan nuestra imaginación”. Y para terminar, dejemos libre un pensamiento relacionado con la maravilla del ser y del mundo: “la desesperanza es a menudo prematura”. Quizá estemos propiciando la formación de un modelo humano basado en la igualdad, la solidaridad y la fraternidad. Henderson termina su libro con una frase que suscribo: “cantad la canción de la vida”.

FICHAS

CÓMO SER HUMANO.-Lo que la ciencia nos enseña sobre la vida, el amor y las relaciones.- Camilla Pang.- Trad. Elena González García.- 274 págs.- Ático de los libros.

EL MAPA DE LAS MARAVILLAS.- Caspar Henderson.- Trad. Claudia Casanova.-476 págs.-Ático de los libros

 

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29 octubre 2021 5 29 /10 /octubre /2021 09:45

PANDORA  EN GLASGOW

(Publicado en “La Comarca” 291021)

Más de 120 jefes de Estado y de Gobierno es reúnen en Glasgow la semana que viene (Conferencia COP26), nadie sabe si para tratar de arreglar las cosas del desbarajuste climático o para confesar que la caja –o ánfora más bien-  de Pandora ya está abierta y que sólo quedan dos alternativas: o trabajamos juntos para poner algo más que parches donde la cosa esté peor (limitar el calentamiento a 1,5º) o cada uno tira por donde quiera (casos de Rusia, Brasil, México, Australia o Indonesia) y que algún dios o diablo recoja los restos del planeta antes de que acabe este siglo.

Todo empezó con Prometeo, que robó el fuego para darlo a los hombres con gran disgusto de Zeus, el dios jefe. Para castigarle, Zeus ordenó a Hefestos, el dios de la forja y la metalurgia, que creara la primera mujer, Pandora. La dio en matrimonio al hermano de Prometeo y como regalo de bodas un ánfora sellada con la orden expresa de no abrirla hasta que él diera permiso. Preveía la curiosidad de Pandora (¿recuerdan a Eva y la fruta prohibida?) que no tardó en abrir el ánfora y liberar su contenido: todos los males, desde la enfermedad hasta la muerte, mas la peste, la guerra y los desastres naturales. En el ánfora sólo quedó la esperanza.

Este mito refleja de forma escalofriante lo que ocurre hoy día con la llamada “emergencia climática”. Los excesos del capitalismo salvaje – beneficio creciente a costa del aumento salvaje de la producción y el consumo--, nacido a partir de la Revolución Industrial, está esquilmando los recursos naturales y provocando una contaminación letal en el planeta. La “caja” de Pandora la abrimos entre todos los humanos, a pesar de los avisos de los científicos y de constatar el aumento de las catástrofes naturales.

Inundaciones brutales en Asia y Europa occidental, incendios en todas partes, alzas de las temperaturas, pandemias globalizadas, deforestaciones que causan la desaparición de especies y el agravamiento de los problemas sanitarios y ecológicos, aumento de la acidez de los océanos, impacto sobre la pesca, deshielo de los lugares polares que causará el aumento del nivel de mar, la pérdida ingente de agua potable y el vertido de más metano en la atmósfera, sequías inclementes, reducción de las cosechas y extensión de las hambrunas que están devastando muchos países africanos (con la consiguiente exacerbación de las inmigraciones masivas).

En menos de 30 años, si no ponemos remedio, se sobrepasarán los 2º grados C de aumento de la temperatura asociada a la actividad humana y el escenario catastrófico planetario resultante superará las visiones del Bosco o de Pieter Brueghel, el Viejo.

De la COP26 sólo debería salir la declaración (bien justificada) de un estado de emergencia climática global, mejor y más eficaz que la de la pandemia. Y ya no basta con una declaración de intenciones, como la de Paris, ni la concienciación social y política: ¡medidas contundentes y coordinadas en todo el mundo (a pesar del rechazo de Rusia, países árabes del Golfo y otros vendedores de CO2)! Teniendo en cuenta que ya hay tantos gases de efecto invernadero en la atmósfera que aun si se redujera la emisión a cero, hasta mediados de siglo la temperatura global no empezará a revertir. Y eso sólo si en los próximos ocho años se reduce el CO2 a la mitad.

La caja de Pandora abierta por la actividad humana ya está mostrando su veneno: nuevas enfermedades, olas de calor alternando con sequías o inundaciones imposibles de prever. Comienza una década prodigiosa: el fin gradual e inevitable  o que la humilde esperanza del fondo de la vasija de Pandora, salga a luchar con sensatez y perseverancia. La ONU dice: “sobrepasar las metas marcadas nos conduce a un mundo inestable y a un sufrimiento sin fin”. Más claro…

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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11 octubre 2021 1 11 /10 /octubre /2021 17:41

(Trabajo publicado en la revista "Compromiso y Cultura")

Los intelectuales europeos ante la eclosión de las dictaduras fascistas

 

“La tradición de los oprimidos nos enseña que el “estado de excepción” en el cual vivimos es la regla. Debemos ajustarnos a un concepto de historia que se corresponda con este hecho”. Walter Benjamin (Berlín 1892-Porbou 1940) escribe esa frase en la primera mitad del más sangriento siglo de la historia, el XX, pocos meses antes de suicidarse en España y unas horas antes de recibir el permiso de estancia en el país. Un siglo en el que tantas cosas, costumbres, ideas, formas de vida, empezarían a desaparecer. A la espera de la misma época del siglo actual, donde quedarían barridas para no volver jamás.

La hipótesis que planteo en el presente artículo es que la serpiente de los totalitarismos, los fascismos, los racismos y la intolerancia agresiva  alimentó su huevo mefítico en esa época y ha eclosionado nuevamente en la nuestra. Estamos viviendo unos tiempos sombríos en los que las diversas crisis sistémicas, de las que luego hablaremos, se ha unido a otra crisis moral sin precedentes en nuestra civilización: un individualismo feroz carcomido por una identidad personal cada vez más diluida, vigilada y manipulada. Situación que ya se apuntaba desde el final de los años veinte del pasado siglo y ahora agravada por la inseguridad que crea el nuevo mundo digital y las tecnologías emergentes. Creo que de aquellas tempestades vienen los huracanes de hoy y las amenazas contra un mañana cada vez más indeterminado y azaroso. Y lo refrendo con dos libros fascinantes escritos por el mismo autor: Wolfram Eilenberger, filósofo y escritor alemán que hizo sus estudios en Heidelberg y Zúrich. Columnista del “Die Zei” berlinés, autor de varios libros de filosofía e historia cultural, entre los que han destacado “Tiempo de magos”  y “El fuego de la libertad”, traducidos en todo occidente.

¿Conocen la paradoja de que las épocas de violencia global y crisis económica generan avances  y logros culturales más valiosos que en los tiempos de prosperidad y paz? El ejemplo que más se cita es el de la República de Weimar, un polvorín con esplendores culturales que acabó arrasado entre la I y la II Guerra mundial, generando una violencia jamás vista. De la lectura de las citadas obras de Eilenberger, no se desprende una certificación de la paradoja sino una prueba clara de que casi todos los filósofos, escritores y analistas importantes de la época, denunciaban directa o indirectamente en sus obras que se estaba fraguando el triunfo de la barbarie fascista con hechos y elementos sociales, políticos y económicos que favorecían la expansión de un pensamiento hegemónico basado en la represión, el adoctrinamiento, el racismo y el hundimiento de la ética, la solidaridad y la dignidad humanas. Weimar, la República española derrotada, los surgimientos de dictaduras y líderes como Hitler, Mussolini, Stalin, surgieron de las condiciones socioeconómicas y políticas de entre los años 20 y los 30 del siglo XX y causaron desastres que se extendieron años más tarde con otros como Mao, Idi Amin, o Pol Pot.  A partir del 2008 hasta el momento,  podría parecer que las crisis habidas no tienen semejanza alguna con las actuales, pero obedecen a la misma trágica dinámica del deterioro constante de los principios y valores que mantienen a la serpiente dormida en su huevo. Hasta que llega el chispazo que rompe la cáscara y permite, en poco tiempo, a la serpiente de la degradación humana volver a imperar.

Tanto en “Tiempo de Magos” (La gran década de la Filosofía 1919-1929) como en “El fuego de la libertad” (El refugio de la filosofía en tiempos sombríos, 1933-1943), Eilenberger nos dibuja a través de la vidas y obras de los ocho pensadores  que ha escogido como analistas de esos momentos históricos, en los que casi todo el mundo podía ver a través de la membrana transparente del huevo de  serpiente, a una indefensa culebrilla, sin prever que una vez eclosione el huevo, la pequeña criatura se transforma en un monstruo capaz de devorar el mundo. El paralelismo existente entre los parámetros negativos éticos de aquéllas épocas con las actuales es lo que la lectura de estos libros nos permite comprobar. Existe un patrón que se repite a través de la historia y que genera violencia, destrucción y sufrimiento: cuando las penurias de unos y la codicia de otros causan el envilecimiento del hombre por el hombre, se olvida la igualdad entre los humanos y renace la fatal dialéctica del amo y el esclavo.

Dividido en ocho  partes y un epílogo, las 383 págs. de “Tiempo de magos”, nos llevan en cortos y enigmáticos y siempre atractivos epígrafes de “mago” a “mago” de la filosofía,  empezando por el misterioso “Ha llegado Dios” que es como califica John Maynard Keines su encuentro con Ludwig Wittgenstein en el Cambridge de 1929. Un genio nacido en Viena, dado a repentinos accesos de ira y con una mente especulativa  y un carácter duro,  desdeñoso, depresivo y distante que se había adueñado del “Círculo de los Apóstoles”, un club estudiantil, al que pertenecían por ejemplo Russell, Moore y otros, deslumbrando a todas esas grandes mentes. “Lo místico no es cómo sea el mundo, sino que el mundo sea” o “De lo que no se puede hablar es mejor callar”.

El “Tractatus lógico-philosoficus” se consideraba a la altura de la Ética demostrada según el orden geométrico” de Spinoza, la “Investigación sobre  el entendimiento humano” de Hume o la “Crítica de la razón pura” de Kant.

Los cuatro pensadores analizados en este libro, Luwig Wittgenstein,  Walter Benjamin, Martin  Heidegger  y Ernst Cassirer, son altamente creativos, impertinentes y revolucionarios. Forman una extraña conjunción mágica del pensamiento especulativo. Son centroeuropeos, tres alemanes y un austríaco y han vivido una época convulsa con la  República de Weimar, la I Guerra Mundial, la llegada del nazismo y la II Guerra mundial. Nuestro autor va intercalando las cuatro historias separadas en capítulos donde de forma simpática e ilustrativa nos define las posturas y actividades de sus biografiados. Por ejemplo empieza en 1919, el año en que "el doctor Benjamin huye de su padre, el subteniente Wittgenstein comete un suicidio económico, el profesor auxiliar Heidegger abandona la fe y monsieur  Cassirer trabaja en el tranvía para inspirarse".

Los cuatro pensadores parecen buscar una respuesta adecuada y moderna a la pregunta de Kant, ¿Qué es el hombre"  y llegar en su análisis a muy distintas conclusiones. Y es aquí en lo que Eilenberger logra su mejor acierto: hacernos inteligibles las difíciles ideas y planteamientos del oscuro Heiddeger, del místico Wittgenstein o del brillante pero enigmático Benjamin y, por supuesto, del casi olvidado Cassirer que tuvo la genialidad apenas reconocida de usar el lenguaje y los símbolos para dar su versión de lo que es la naturaleza humana.

Pero cuando el lector acaba el libro esas cuatro figuras con sus trayectorias vitales tan distintas y sus caracteres antagónicos comparten una terrible sensación: la de la futilidad de la pregunta kantiana en los tiempos convulsos en los que viven, que debe plantearse de otra manera: ¿Por qué lo que hace el hombre no define al hombre sino lo destruye? La tragedia de Benjamin, los errores culpables de Heidegger, el hermetismo acusador de Wittgenstein y el refugio erudito en el silencio de Cassirer, prefiguran la denuncia no escrita de todos hacia el huevo de la serpiente donde se cuestiona la versión humana del hombre.

Todo ese mensaje queda más estructurado en “El fuego de la libertad”, libro en el que Eilenberger sigue el esquema argumental y estilístico de su libro anterior y nos narra la vida, trabajos, sufrimientos y fortaleza de cuatro grandes pensadoras ante el horror de otra de las épocas más lamentables de la historia de la Humanidad, el decenio de 1933 a 1943: Simone de Beauvoir, Simone Veil, la norteamericana Ayn Rand y Hanna Arendt, combatientes de la resistencia, refugiadas judías, mujeres comprometidas con la dignidad del ser humano por encima de su sexo, su religión o sus ideas políticas. En ellas, a pesar de las diferencias,  reluce el principio de la filosofía como compañera vital, una decisión que acarrea muchos sinsabores en un mundo donde el pensar ha sido reducido a obedecer, callar y ocultarse, bajo el caos de la agresividad del fascismo, nazismo y comunismo.

Junto a tanta desesperanza y temores, las cuatro mujeres dan prueba de una energía y una enorme combatividad, incluso la novelista  judía nacionalizada norteamericana Ayn Rand, autora de “El manantial”, cuyo mensaje roza el individualismo más feroz y una crítica al altruismo– una moral de esclavos-- y el patriotismo, como las lacras que permiten los fascismos, se empeña en luchar por la dignidad del hombre, su libertad y su resiliencia  indomable. Y Hanna Arendt cita a su maestro Jaspers para contraponer al estado oscuro de los tiempos, la potencialidad del ser humano en la busca de una vida más digna y libre, en particular a base de la relación y el cuidado a los demás.

En la sugestiva narración de la agitada existencia cotidiana de esas cuatro mujeres, tres de ellas judías - por tanto con la triple marginación de ser mujer, judía e intelectual-, vuelve a surgir en el ánimo del fascinado lector una sensación semejante a la que producía la lectura del otro libro. Ese extraño “dejà vu” en el que la angustia, inseguridad, falta de esperanza en un cambio positivo, la percepción de la tragedia como algo posible e incluso inmediato, la acritud enorme por tener que callar cuando uno quiere gritar a pleno pulmón su indignación (y su miedo), la miseria, falta de recursos y sobre todo la total indefensión y la ausencia absoluta de principios y valores de la civilización humana, presupone un espejo en el que, aún no, pero quizá en un tiempo relativamente corto, nos veamos reflejados. Es la eclosión del huevo de la serpiente que se está incubando por fuerzas muy conscientes de su poder bárbaramente hegemónico y despiadado.

Fuerzas, las del poder capitalista neoliberal, ciego ante las consecuencias de su codicia desmedida, que en esta ocasión tienen mayor alcance y letalidad que las del fascismo, nazismo  y estalinismo de los 30, 40 y 50 del pasado siglo: en esta ocasión también está comprometido el futuro del planeta. Y eso no lo advirtieron, ni siquiera previeron, los ocho grandes pensadores, hombres y mujeres, que analiza Eilenberger en sus dos buenos libros.

Ninguno de ellos vaticinó que habría una época en que se darían los elementos para una “tormenta perfecta” planetaria, la colusión de ocho crisis al mismo tiempo, entrelazadas entre sí: la climática, la energética, la de materias primas, la del agua y los alimentos, la de la bio-diversidad  y su consecuencia, la liberación de plagas y la sobrepoblación y su resultado, las emigraciones desatadas de personas desesperadas en trance de sobrevivir. ¿Comprenden por qué  hay que evitar que la serpiente salga del huevo? Un pensamiento hegemónico de signo totalitario y fascista sería en esta situación como tratar de apagar las llamas de un incendio con chorros de petróleo.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

FICHA

TIEMPO DE MAGOS.- Wolfram Eilenberger - Ed. Taurus.- 383 págs.- 22,90 EUROS.- ISBN 9788430622085

 EL FUEGO DE LA LIBERTAD.- Wolfram Eilenberger Trad. ambos por Joaquín Chamorro.- 377 págs.-Ed Taurus. 22,90 euros.ISBN 9788430623884

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24 septiembre 2021 5 24 /09 /septiembre /2021 16:51

LA VERGÜENZA DE EOLO

Si Eolo, el dormido Señor de los Vientos, levantara la cabeza y viera lo que, en tierras aragonesas del río Matarraña, ciertas empresas pretenden perpetrar, volvería a encerrar a sus vientos –los ‘anemoi’-- en la cueva donde los gobierna como caballos alados. Ahí es nada, pretender coronar los montes de la comarca con altísimas torres de largos brazos giratorios, cual Briareos encolerizados. Ni un soplo de viento para ellos.

Muchos Ayuntamientos, empresas, instituciones culturales y turísticas, vecinos, claman en desierto. Algunas Administraciones apoyan el negocio de las eólicas en estas tierras, justificándose con leyes y con plazos abusivos para la parte que protesta y a la que se daña, a pesar del dudoso respeto de los proyectos básicos o anteproyectos de las empresas a dichas exigencias legales. Da la impresión, por las prisas, de que todo está aprobado de antemano. Los proyectos presentados están afectados de improvisaciones, desajustes, falsedades, defectos técnicos y de forma, pero es tal la seguridad sospechosa que los ampara que incluso se reconoce con desfachatez que aún no hay un estudio fiable de los vientos de las zonas afectadas y valoran en un 25 % la incertidumbre de los datos utilizados (a falta de datos de medición utilizan “mástiles virtuales” y aplican la misma incertidumbre a los 4 parques), sin garantías de que los modelos de aerogeneradores sean los adecuados.

En la trinchera de enfrente, los preocupados vecinos tratan de organizarse, afrontar el vía crucis de las alegaciones, apremiadas por un plazo abusivamente corto (el día 8 de octubre, fecha máxima), tratar de que se respete su “Carta del Paisaje”, documento comarcal que comprometía a todos en defender la pureza de estos lugares que van a ser mancillados,  causando la pérdida irreparable de un paisaje extraordinario, la fauna  (muchos elementos de ella protegidos por ley), la  vegetación, sembrados y caminos. Y los daños a personas, que no han sido evaluados en su totalidad (ruidos, campos de alta tensión).

La táctica ha sido elemental: divide y vencerás. Despierta la codicia de unos pocos y promete mucho aunque falsamente: puestos de trabajo, regalías municipales o descuentos en las facturas de la luz. Siguen la dinámica de plantear, impulsar, cobrar beneficios y después… ya veremos. Hay una alta probabilidad incumplir las directivas europeas contrarias a un desarrollo a costa del medio ambiente.

¿Qué es preciso para despertar al señor de los vientos (símbolo del Estado) para que imponga una amplia moratoria con estudios serios, participación de técnicos, científicos y Universidades, en los que se analicen los proyectos básicos de esas empresas, constatando que se cumplen las más elementales exigencias del principio de la Prudencia: si el despliegue es necesario y para quién; si son inevitables o sustituibles por otras energías alternativas menos dañinas a este territorio; si se cumplen los requisitos técnicos exigibles en proyectos de tales magnitudes; si no se conculcan instrumentos jurídicos locales (plenos municipales en contra), nacionales o directrices europeas que defienden los elementos singulares y patrimoniales propios del territorio; implementar otro estudio de impacto medioambiental que refrende (o no) al que ya existe y que tenga en cuenta los daños turísticos y humanos que estos desmesurados despliegues de parques eólicos pueden causar, y causan. Y no como en otras zonas del país donde se aplicó la norma de primero actúa y luego que protesten. Es decir, lo que se llama la desvergüenza inadmisible de los intereses creados.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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18 septiembre 2021 6 18 /09 /septiembre /2021 08:59
  

 Lo cierto es que es el primer libro que leo de Santiago Alba (aunque adoro sus artículos en la revista digital CTXT) y me ha sorprendido no tanto la erudición que muestra sin exageraciones y de manera atinada, sino la frescura y el garbo de su estilo (en la carrera de larga duración de un ensayo voluminoso), que comienza siendo un poco dramático e incluso trágico y poco a poco va dejando percibir su irónico sentido del humor que equilibra la balanza. Su autodisciplina de lectura del librote intenso y desmesurado (del antropólogo Stephen Jay Gould) y su sillón de orejas, tiene ecos en la sensibilidad de cualquier lector que se precie (yo mismo sin ir más lejos) y el armazón que ingenia para usarlo como estructura operativa de su propio libro, es de una calidad  de muy alto nivel. Oigan, les confieso que he disfrutado con su lectura. Y, además, he aprendido.

En nuestra hiper tecnificada y digitalizada sociedad estamos perdiendo la conciencia de tener un cuerpo (excepto cuando las necesidades cotidianas, una enfermedad o un  accidente nos lo recuerda dolorosamente) pero aún así,  la estrafalaria vida cotidiana y nuestras costumbres nuevas de relacionarnos, móvil, ordenador, teletrabajo, enseñanza virtual, están sitiando el sentido de la corporalidad, con lo que, de una forma u otra, nos dice Santiago, estamos constantemente huyendo de nuestro propio cuerpo.

Pero el libro que les recomiendo no se queda en lo obvio, en una queja razonable sobre algo nefasto, sino que ahonda en algo más profundo: la delgada linea que separa nuestra percepción del cuerpo como algo desnudo, debil y vulnerable, como carne, un regreso a los tiempos en que eramos la comida preferida de ciertos depredadores. El concepto de ciertas religiones, prefiero no señalar, a que el cuerpo es algo sucio, frágil, problemático (ellas dirían pecaminoso)  y la presa inevitable de ese horror siempre negado al que llamamos muerte ( a no ser que se convierta "milagrosamente" en la puerta a una "vida mejor") han configurado un rechazo que parece sintonizar perfectamente con el doble mensaje de nuestra civilización:  el cuerpo sólo como consumo deseable aunque efímero y el cuerpo como problema. Dos obsesiones  lo complementan: la velocidad, todo más rápido, más huidizo  y la salud como negocio global para los pudientes. El resto del mundo, inmigrantes, pobres, multitudes castigadas por los jinetes del Apocalipsis, son dígitos, imágenes olvidadas tras el último telediario, "vita nuda", cuerpos sin derechos, desnudos y olvidados de inmediato.

El bagaje de referencias bibliográficas, de lecturas y reflexiones a su estímulo  es abrumador (lea el lector la "Bibliografía caprichosamente razonada" que se nos ofrece al finalizar la lectura y se descubre que el sardónico humor, le erudición, la ironía, el sarcasmo y la inteligencia del autor corre parejas a su honestidad como pensador y su habilidad, casi mágica, de estimular las neuronas el lector hasta límites notables. Cito para ello a un colega  que resume en su opinión sobre el libro muy semejantes parámetros a los que yo he disfrutado. En homenaje a mi colega y al autor del libro, añado esta nota  ajena pero que suscribo como propia: " Veremos temas como esa ya referida obsesión por clasificar y etiquetar, la velocidad, el dolor, la vergüenza, la compasión, el tratamiento de la metamorfosis como rebelión ante las etiquetas… la permanente huida de nosotros mismos, la expansión al universo de Internet sin la que ya parece que no se sostiene nuestra civilización, la prevalencia de la imagen sobre la realidad y lo material. Muy interesante también esa digresión entre imaginación y fantasía, el significado del mito de Ícaro, la fantasía del mundo “masculino” en contraposición a la corporalidad e imaginación del mundo “femenino”… ciencia, política, psicología, historia, mitología… este ensayo filosófico es un “batiburrillo” donde parece caber cualquier cosa y donde se puede apreciar una y otra vez la capacidad de la filosofía para extenderse como una ameba por los más dispares temas, sin perder de vista naturalmente el motivo principal del libro." 

El estilo, insisto, coloquial pero ameno, correcto y enjundioso, como siguiendo el célebre consejo (entre periodistas) de un personaje de El Quijote, "llaneza muchacho, no te encumbres que toda afectación es mala" . Y para terminar una cita del libro:"Relatamos con el cuerpo, queremos con el cuerpo, cuidamos con el cuerpo y por eso es tan peligrosa la huida hacia la velocidad y la imagen. Pero relatamos con la nacionalidad, odiamos y matamos con la nacionalidad (o con la identidad religiosa) y por eso son también peligrosos los relatos encarnados en los Plurales Comunes". -Pues eso, adelante Santiago, !y abre España!

FICHA

SER (O NO SER) UN CUERPO.- Santiago Alba Rico.- Ed. Seix Barral





 

 
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5 septiembre 2021 7 05 /09 /septiembre /2021 16:07

ALEGACIONES  EÓLICAS

(ARTICULO PUBLICADO EN LA COMARCA 030921)

Parece que la batalla de don Quijote contra los molinos ha sido ganada por esos “gigantes” con la fea y ávida cara del capital y los fondos buitre. Se exigen unas alegaciones que, después de todas las campañas habidas en nuestra tierra, suena a tomadura de pelo. Pero es una norma jurídica que no se puede ignorar, aunque nos lanza un doble mensaje: el proceso legal de adjudicación está en marcha; y, como suele suceder, el efecto de tales alegaciones está en relación inversa con la importancia de los que se lucrarán con los parques eólicos. Cuanto más poder tienen los que proponen, menos valor tienen las alegaciones. ¿Y los poderes públicos y políticos? Actuarán como puedan y quieran, pero son gestos retóricos de cara a la galería, vacíos de operatividad. Habrá molinos en el horizonte. O no. Aún no estamos  vencidos.

Las empresas energéticas se ajustan al síndrome neoliberal del beneficio a cualquier precio, las falacias informativas y el consumismo desatado. Naomi  Klein decía que “el mercado alimenta su avidez insaciable de crecimiento, redefiniendo como “productos comerciales”, susceptibles de compraventa, sectores enteros que siempre se consideraron parte del dominio público, como el aire sano, el viento, el sol, el agua, la tierra, la fauna y la flora, los bosques y los ríos, en suma, el paisaje, el entorno natural. Para ello lanza mensajes demagógicos cubriendo su piel de lobo con el disfraz del ecologismo y la lucha contra el cambio climático.

Llegados a este punto, la pregunta es: ¿Qué debemos hacer? Hay que evitar que, como en tantos otros asuntos, la lógica depredadora del capital (“Capital Energy” se llama la empresa) se imponga a los intereses de los ciudadanos, ante la impotencia o la complicidad política. Parafraseo una cita de Lenin a nuestro caso. “La conciencia política de la lucha antiproyectos eólicos en la Comarca no se le puede proponer al ciudadano más que desde el exterior, desde fuera de los intereses económicos y las relaciones entre cierto sector público y el capital”. Propongamos  una respuesta activa:

El hecho: el BOE somete el 27 de agosto (en pleno periodo estival en la Administración) a información pública, los parques eólicos Arlo: el Argestes de 96 MW en La Fresneda, Fórnoles, La Portellada y Ráfales y su infraestructura de evacuación que afecta también a Valdetormo, Valjunquera y Mazaleon;  el Arlo de 102MW en Maella, Valdeagorfa; el Paucali en Maella y Mazaleón; el Céfiro de 196 MW en Mazaleon, Valdetormo, Valjunquera, La Fresneda y Fórnoles, cuyas infaestructuras de evacuación se ubica también en Calaceite, Maella y pueblos de Tarragona.

En total 84 aerogeneradores de 6 MW de potencia nominal, 115 m. de altura de buje y 176 m. de diámetro de rotor. Torres de más de 200 m. emplazadas en las zonas más elevadas y visibles del Matarraña y Bajo Aragón.  Plazo de alegaciones hasta el 5 de octubre.

La respuesta: Movilizar en una acción común a la Plataforma en Defensa de los Paisajes de Teruel, a todos los municipios afectados, más los solidarios, y a los agentes y empresarios locales.

--Promover la firma de los ciudadanos a las alegaciones, en todos los pueblos y ciudades de la zona: recordando a los interesados que las promesas empresariales de puestos de trabajo, repercusión positiva en el coste de la energía y tecnología y estructuras no dañinas con el territorio, no se sostienen. Se ha visto  en otros territorios. Aportar datos.

--Usar la pionera “Carta del paisaje” (surgida de la Universidad de Zaragoza), las exigencias de la Red Natura 2000  y otras figuras de protección ambiental como los planes de protección de especies protegidas (águila, azor, perdicera), como base de un apoyo universitario y científico que respalde la negativa contra esos proyectos.

--Exponer la inexactitud en temas como la topografía inadecuada utilizada - 1.5000-, el destino de la energía –se cita a Cataluña—, la falta de precisión en la definición de elementos del proyecto como son las zanjas de evacuación para la media tensión que suponen una agresión enorme al territorio y el superávit existente en energía en estos momentos en Aragón, que hace inexplicable tales proyectos, a no ser que se pretenda especular con ellos.

Conclusión: vamos a alegar en el mísero plazo que se ha dado (30 días hábiles) que se detenga el cómputo operativo de instalación de los parques por masiva y unánime oposición de personas y entidades que viven y trabajan en el territorio.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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2 septiembre 2021 4 02 /09 /septiembre /2021 15:55

Entérense ustedes: vivimos en el Antropoceno, nombrecito popularizado – que no creado-  por el holandés Paul Crutzen, Nobel de Química a principios del 2000, con el que definía la época en la que las actividades y la codicia del hombre comenzaron a provocar cambios geofísicos, climáticos y ecológicos a nivel planetario.

Cada vez hay más voces de científicos, periodistas, biólogos, ingenieros, expertos en geología, botánica, filósofos y políticos honestos, asociaciones de defensa de la naturaleza, bioquímicos, incluso expertos en biotecnología, medicina, geógrafos, paleontólogos, biocientíficos en zoología terrestre y marina, ornitología, climatólogos y economistas no abducidos por el sistema o personas de diversos oficios y profesiones que ansían un mundo sostenible, que consideran que nuestra especie ha alterado el planeta desde su atmósfera al espacio exterior más próximo, desde la corteza terráquea hasta el fondo de los mares existentes y dañado ríos, lagunas y hábitats marinos en toda nuestra superficie e incluso sectores explotados de las profundidades de la tierra. El Antropoceno (de “antropos”, hombre y “kainos”, actual) debería ser conocido como “Antropoidioceno”  ya que la especie más abundante de homínidos vivientes siguen los pasos de sus congéneres más activos desde el principio de los tiempos: los idiotas. Es un tipo de naturaleza humana proclive a hacer consciente o inconscientemente todo el daño posible a sus semejantes, al entorno y  a sí mismos, pudorosamente investidos de “principios” religiosos, económico-codiciosos, tradiciones absurdas cuajadas de hipocresía y prejuicios, intereses bastardos o nacionalistas, “progresismo” mal entendido, fanatismos varios y pura y supina estupidez, a veces con el sello de la “ciencia” reinante, que conjuntamente han causado una tendencia progresiva e imparable de acumulación de desastres progresivos  con efectos dañinos para el equilibrio climático y la salud de cuanto vive sobre la tierra, así como el irreversible daño que el consumo irresponsable de los recursos naturales está provocando en el hábitat natural. El Antropoidioceno podría ser la última era de la especie humana, aunque seguramente no del planeta, que podrá recuperarse con el tiempo como lo hizo en las cinco extinciones globales del pasado remoto.

Para ilustrar este duro y punzante discurso y sin ánimo de ser apocalíptico, de entre la abundancia pesimista de libros científicos o de divulgación publicados desde los años 90, les recomiendo la lectura de dos libros actuales, ambos de la misma autora: “LA SEXTA EXTINCIÓN” Y “BAJO UN CIELO BLANCO”, debidos a la pluma de una periodista norteamericana especializada en temas científicos, Elizabeth Kolbert. Lo hago no sólo con el ánimo de mostrarles una vez más la peligrosa deriva de estos asuntos que a todos nos conciernen- de la que tienen abundantes pruebas en artículos y filmaciones en diarios y televisión o internet- sino porque la Kolbert nos da “una de cal y otra de arena” en estos libros. El primero es demoledor por su denuncia histórica y el segundo es una búsqueda periodística, honesta y valiente, de razones por las que cabe un rayo de esperanza en este negro futuro que nos devora de forma progresiva.

Los científicos definen las extinciones en masa  como eventos que eliminan “una fracción significativa de la biota (biosfera) del mundo en un periodo de tiempo geológicamente insignificante” (desde un punto de vista de la existencia humana).  Como dice Michael Benton, un paleontólogo que ha estudiado algunas de las cinco extinciones  globales anteriores, “la historia de la vida  consiste en largos periodos de aburrimiento ocasionalmente interrumpidos por el pánico”. Según el último informe de la Plataforma Intergubernamental de la ONU sobre el Cambio Climático (IPCC), estamos navegando a plena vela hacia uno de esos momentos de pánico, el sexto para ser exactos. En las “Cinco Grandes” extinciones anteriores, desaparecieron casi todas las especies vivas del planeta, animales, vegetales, desde el más humilde escarabajo hasta los diplodocus o mastodonte. El hombre no había aparecido, lo cual fue de agradecer, ya que en lugar de durar cada era millones de años en el sistema de conteo humano, con el hombre y a las vistas de esta presumible sexta extinción que nos amenaza y la velocidad de crucero que lleva, el planeta habría contabilizado mucho más de seis o, simplemente, no existiría como lugar habitable.

La característica más notable de esta Sexta extinción, nos dice Kolbert es que el hombre es el único y casi total responsable Lo que constituye un aporte de humildad y pesar es el conteo de especies que la autora nos pone sobre la mesa, aniquiladas por el depredador progreso humano, principalmente desde el siglo XVIII. A finales de ese siglo James Watt diseña una nueva máquina de vapor que abre las puertas a la era de la industrialización, al uso abusivo de los combustibles sólidos y la emisión de dióxido de carbono (CO2) unido a la destrucción del mundo vegetal causado por la cadena “producción excesiva-consumo irresponsable”, que provoca la ruina de ecosistemas vegetales (uno de los factores que reducían el índice de calentamiento global). En cada capítulo de su primer libro, Kolbert, nos habla de la desaparición de alguna especie emblemática como el alce gigante, el mastodonte americano, los dinosaurios, los corales de la Gran Barrera (un mundo de especies en sí mismo): en total, para finales de este siglo,  el 50% de la especies que existían en el planeta (en un pronóstico optimista, dados los últimos datos sobre la situación de la emergencia climática). Como dijo el ecólogo Paul Ehrlich: “al empujar a otras especies a la extinción, la Humanidad está cortando la rama que la sostiene”.

En “Bajo un cielo blanco”, Kolbert da un giro copernicano a su trabajo y nos habla de los esfuerzos que los hombres y su alta tecnología están haciendo no sólo para preservar ciertas especies en peligro de extinción sino para tratar de frenar o incluso revertir el proceso suicida en el que estamos metidos.

A pesar de ese planteamiento optimista, la autora tiene una visión realista de la situación: los 8.000 millones de humanos sobre la Tierra no sólo somos demasiados, en términos de equilibrio vital ecológico, sino que somos una enorme fuerza destructiva para cualquier otra especie que habita el planeta y el propio ecosistema de éste, con lo cual se está produciendo una respuesta tan o más destructiva que la nuestra y que nos afectará de lleno.

Sin embargo el libro es una narración periodística de los viajes y entrevistas que la autora ha realizado por todo el mundo, en los ámbitos científicos, para hablarnos de las especies que tratamos de preservar por todos los medios cuando ya están a punto de extinguirse. Y así nos habla del pez más raro del mundo que sólo existe en pleno desierto de Mojave; de la Gran Barrera de los corales, arrecifes que están muriendo y cuya desaparición alterará brutalmente la vida en los océanos; de la labor titánica de unos ingenieros islandeses que están convirtiendo el CO2 en piedras, mineralizándolo al inyectarlo en rocas volcánicas submarinas; O un estudio sobre la plantación en todo el planeta de billones de árboles. Un billón de árboles logra absorber doscientos gigatones (una gigatonelada son mil millones de toneladas) de carbono de la atmósfera; la geoingeniería solar que propone esparcir en la estratosfera una cantidad inimaginable de partículas reflectivas de diamante que cubrirían la tierra, provocando no sólo que llegara menos luz a la tierra y mucho menos calor, lo que bajaría las temperaturas en el planeta y nos rodearía un cielo blanco: se acabarían los maravillosos amaneceres y puestas de sol. Un mundo de sombras permanentes, como en “Blade Runner” o en “Matrix”; Y en fin experimentos de ingeniería genética para manipular el mundo a favor de la supervivencia, en un paradójico ciclo que trataría de recomponer todo aquello que hemos destruido.

La pregunta clave, a pesar de la cada vez más precaria postura de los negacionistas contra el cambio climático, es: ¿Por qué seguimos negándonos a ver y apreciar lo que está ocurriendo y lo que va a ocurrir? ¿Por qué en el fondo de nuestra mente lo seguimos considerando una exageración, casi una “fake news” creada por una ciencia conspiratoria y vendida a ocultos intereses? Paradójicamente es que en el fondo de nuestra mente tenemos una fe ciega en unas fuerzas, héroes o descubrimientos, en una tecnología capaz de revertir los errores cometidos con el toque mágico de un invento salvador y que nos permitiría seguir en la senda del progreso y el desarrollo que no cesan de prometer los muchos demagogos populistas que están actuando en el mundo.

Somos incapaces de ver los intereses que sacan ganancias ingentes de esta situación aplicando grandes presiones mediáticas para adormecer nuestro espíritu crítico, colonizando nuestras mentalidades con promesas de consumo incesante, comodidades y distracciones.

No nos creemos a los expertos que nos advierten que la huella ecológica humana (huella es sinónimo de destrucción) ya sobrepasa en un 50% la capacidad regenerativa y de absorción del planeta y que el 80 % de la población mundial vive en países donde se ha roto el equilibrio ecológico y la huella supera a la capacidad de regeneración. Y si esto es a nivel individual, la situación no mejora al nivel de los Estados y las sociedades del mundo. Aún no se ha declarado el estado de urgencia mundial en el que todos los países estén obligados a trabajar juntos para salvar el planeta, nuestro hábitat de vida. Y nadie ha pensado y propuesto tal cosa. Seguimos, globalmente creyendo en el hada madrina de la Tecnología. En que su varita mágica va a detener los huracanes, las inundaciones, los fuegos, las sequías, el hambre, la sed, las grandes inmigraciones, la violencia de guerras y levantamientos populares en un mundo cada vez más clasista, insolidario, racista y violento.

En nuestra época los humanos hemos transformado de manera directa más de la mitad de las tierras emergidas y no heladas del planeta (unos 70 millones de km2) y de manera indirecta el resto. Hemos embalsado o desviado la mayoría de los ríos, otros se han secado. Nuestros sistemas de megacultivos y abonos globales, han fijado más nitrógeno que todos los ecosistemas y los aviones, coches y plantas de energía emiten unas cien veces más dióxido de carbono que todos los volcanes juntos. Hay veintidos veces más biomasa en forma de seres humanos y animales domesticados que todo el resto de los vertebrados de la Tierra. Y en cuanto a los mares, el calentamiento de las aguas, la acidificación de los océanos (por la emisión de combustibles sólidos), los deshielos, las subidas del nivel de las aguas y la paradójica desertificación están agudizándose día a día. Desde los tiempos de Watt la temperatura media global ha subido a 1,1ºc. La fusión de los hielos de la Antártida se ha multiplicado por tres desde 1990. El umbral de la catástrofe planetaria es que la temperatura media global suba a 2º. Y esto puede ocurrir a finales de los 30 de este siglo.

 Deberíamos recordar la frase de Einstein: “”No podemos resolver nuestros problemas con la misma forma de pensar que usamos para crearlos”. Hay que cambiar el paradigma. Si seguirnos actuando como si el mundo fuera de nuestra propiedad y sus recursos inextinguibles, la lectura de lo que nos ocurre no tiene ningún valor práctico. Parece que no absorbemos realidades como que en nuestros días las tasas de de extinción de especies son cientos o miles de veces más rápidas que las denominadas del tiempo geológico. Las pérdidas se extienden por todos los continentes, los océanos y todos los grupos taxonómicos. De hecho es mucho más fácil arruinar un ecosistema que mantenerlo.

En las últimas palabras de su libro sobre la Sexta Extinción, nuestra autora deja esta sensata, y me temo que premonitoria, frase: “En este momento estamos decidiendo, sin realmente quererlo,  qué vías evolutivas permanecerán abiertas y cuáles se cerrarán para siempre. Ninguna otra criatura ha conseguido algo así y por desgracia este será nuestro legado más duradero. La Sexta Extinción seguirá determinando el curso de la vida mucho tiempo después de que todo lo que alguna vez alguien haya escrito o pintado o esculpido o construido haya sido reducido a polvo y una ratas gigantes (los animales posiblemente más preparados para sobrevivir, a base de ingenio y crueldad) hayan heredado (o no) la Tierra”.

ALBERTO DIAZ RUEDA

 

FICHAS

LA SEXTA EXTINCIÓN. Una historia nada natural. Ed Crítica,  337 págs. //BAJO UN CIELO BLANCO. Cómo los humanos estamos creando la Naturaleza del futuro. Ed. Crítica.-212 págs.- Ambas de la misma autora, Elizabeth Kolbert y el mismo traductor Joan Lluís Riera

 

 

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30 julio 2021 5 30 /07 /julio /2021 17:22

UN NEGACIONISTA EN MI TÉ

Publicado en La Comarca el 30-07-21

Es difícil de creer: el sábado en Barcelona me cayó un negacionista en mi té. Quiero decir que estaba tomándome un té en una terraza cuando me invadió una manifestación antivacunas y un joven bien vestido con melena, sombrero blanco con un ancla dorada bordada y barbas bien cuidadas se acercó a darme unos panfletos, tropezó con la acera y vino a aterrizar sobre mi mesa derribando mi té.

-Usted perdone, caballero. ¡Qué torpeza!-me sonrió con elegante aplomo.

En mis oídos retumbaba la voz de un tipo armado con megáfono: “¡Vacunas, Genocidio, Libertad!”, lo cual era vociferado coral y desafinadamente por una muchedumbre no muy numerosa pero enérgica y festiva. “¡Dejen en paz a nuestros hijos! No les llenen de miedo a sus compañeros, les están traumatizando. Tienen que jugar juntos. ¡Dictadura, no! ¡No a la especulación sanitaria! No hay pandemia, es la dictadura de la razón y de la ciencia vendida. ¡No al golpe de Estado 3.0!”. El negacionista invasor sonreía y me tendía amablemente un par de hojas impresas.

--Oiga, usted parece un joven educado. ¿Se cree todo lo que grita ese individuo?

--Oh, sí, naturalmente. ¿Usted, no? –con un  gesto me pidió permiso para sentarse frente a mí, mirando con visible ironía mi mascarilla.

--Pues no mucho, ¿sabe? Acabo de leer que los contagios en residencias de mayores se disparan y ya llevan 600 casos en esta semana, la mayoría en Cataluña y Aragón. Que se aleja la posibilidad de conseguir la inmunidad  de grupo. Que China y Rusia niegan la efectividad de las vacunas que no proceden de ellos. Que en Francia protestan contra la vacunación… ¿no ha habido ya suficientes víctimas?

Miró con desprecio mi  periódico. “La mayoría de la prensa y la tele y la radio, forman parte del complot: el del sacrosanto imperio de la razón, la ciencia y sus expertos, la nueva religión”.

--¿El imperio de la razón? Ojalá fuera verdad. Perdóneme, pero a mí me parece bastante irracional todo lo que están diciendo todos ustedes.

Me miró con actitud condescendiente, como el que habla a un niño pequeño, obcecado y algo tonto. “Vamos a ver”, puso los codos sobre la mesa y se inclinó para que le oyera bien. Me ajusté la mascarilla. Tras un leve carraspeo, comenzó:

-No me negará que hay una deriva autoritaria del Estado, desde que se declaró el supuesto coronavirus. Confinamientos, toques de queda, control policial, desinformación, tests y vacunas obligatorias: esto es como el franquismo, el maoísmo camboyano, el estalinismo, el nazismo. Y todos como borregos aceptando el nuevo golpe de estado 3.0. Es una conspiración global del capital,  emboscado en el sector de la salud y la enfermedad, frente al que estamos alienados y aislados: la supuesta pandemia es una enfermedad creada por ese Capital que recoge los beneficios de la industria farmacéutica. Como ocurrió con los bancos en 2008. – se inclinó hacia mí con gesto conspirativo - “Es la estructuración del Imaginario occidental alrededor del principio de la abstracción racional y especulativa”.

--¿El Imaginario?-balbuceé, mientras se me bajaba la mascarilla por el estupor. Ante mi evidente ignorancia el joven me miró compasivamente.

--La Ciencia es la religión hegemónica, la cúspide del pensamiento racional y la supuesta poseedora de la Verdad: vivimos la cristalización de la ciencia, el capitalismo termoindustrial y los estados-nación. La pandemia es el pensamiento racional y el Imaginario occidental en acción. Nos tienen hipnotizados con datos de contagios, estadísticas, opiniones de expertos. Somos como animales de granja. Estamos sufriendo terrorismo psicológico de Estado.

Las primeras farolas se encendieron. Las calles eran un pandemónium de gritos coreados, bocinas, silbatos de policías de tráfico: la Ronda de San Pedro estaba colapsada. La gente observaba aburrida la marcha cansina de los manifestantes y proliferaba una cierta indiferencia, si acaso, gestos de indignado fastidio por “otra manifestación más”, y algunas expresiones de estupor o incomprensión. Mi interlocutor sonreía seráficamente, seguro de haber conquistado el bastión de la razón en su hipnotizado oyente, yo.

-¿Me ha entendido? –preguntó.

--Pues sí, le he entendido y estoy horrorizado.

--¿Verdad que es para estar preocupado?

--Pues, francamente, sí. Oiga, preciso una dosis urgente de sentido común y sensatez. Después de escuchar lo que me ha dicho, necesito neutralizar esas barbaridades. ¿No tiene inconveniente en dejarme solo?

Me miró con desprecio, se caló el sombrero náutico, levantóse y no hubo nada.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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13 junio 2021 7 13 /06 /junio /2021 16:05

La palabra ecosofía nos remite a las palabras griegas "oikos", casa, y "sophia", sabiduría. El término sugiere que debemos reconocer una sabiduría presente en nuestro oikos. Esta sabiduría, en nuestro tiempo y nuestra cultura capitalista ya nos es extraña pero se encuentra vigente en las cosmovisiones de pueblos indígenas escondidos en selvas y lugares lejanos y poco atractivos de momento para el turismo o la explotación de recursos. Esas cosmovisiones hoy toman fuerza como nuevos paradigmas de convivencia con la Tierra. En un transparente y sabio librito, editado por Fragmenta, el escritor y pensador Jordi Pigem nos presenta los textos que su mentor y amigo Raimon Panikkar (que no necesita presentación) escribió sobre la ecosofía, un término que une dos facetas del pensamiento básico humano hacia la excelencia: la sabiduría y la ecología. Se definió como LA MANERA DE CONOCER, ENTENDER Y CONVIVIR CON LA COMPLEJA RED INTERACTIVA DE VIDA QUE CUBRE LA TIERRA.

Nuestra cultura individualista y de ensalzamiento del sujeto nos ha arrastrado a la considerar el mundo como un objeto, un instrumento o una fuente de recursos explotables hasta la saciedad o la ruina. Con ello hemos provocado la trágica escisión
entre sujeto y objeto. Cualquier ciudadano de nuestros países ha perdido la noción del mundo como algo vivo y al que pertenecemos en régimen de igualdad. Como dice el filósofo germano-coreano Byung-Chul Han "uno solo se tiene a sí mismo, al pequeño, desamparado y pretencioso yo".

La ecosofía, según Panikkar, es la sabiduría del equilibrio entre los mundos de los dioses -lo trascendente- el de los hombres y el del Cosmos, tres dimensiones de la realidad. Y muy sabiamente propone: "Hay un habitar en el mundo que se caracteriza más en una actitud de pasividad que en una actividad de producir. Es un dejar-se-afectar. Este habitar propio de la consciencia temporal del ritmo del ser nos lleva a experimentar la relación sujeto-objeto de manera diferente a la escisión interno/externo que es como comúnmente
percibimos la realidad: El ritmo está fuera de mí, yo no lo invento. Sólo he de escuchar los latidos de lo real, y para escuchar debo callar, tengo que silenciar
mis egocentrismos. Más aún, tengo que ser puro. Además, el
ritmo también está dentro de mí. La recepción por parte mía es indispensable y mi
identificación es un requisito. No me es superpuesto
...De esta manera, la sabiduría es el ritmo natural de la vida y como tal, no se hace efectivo por la voluntad del ser humano, por el contrario hay que dejar que el fenómeno de la vida se haga sí mismo".

Y se hace en un momento irrepetible del tiempo, que no es circular o lineal, sino un instante radicalmente nuevo. La experiencia de tiempo presente tiene una gran fuerza simbólica para la ecosofía, pues significa cultivar la vida contemplativa.La vida contemplativa permite experimentar un tiempo de duración que nos sitúa en una habitar temporal en el mundo muy diferente a la vida agitada que llevamos hoy en día donde nos falta tiempo y nos falta ser. A esto se une el delito de la «sordera
del espíritu», que es «esta incapacidad para disfrutar del silencio, de la ausencia,
o incluso de la monotonía". Como como por ejemplo la incapacidad de experimentar
aquellos momentos contemplativos que surgen en nuestra relación con la naturaleza.

Para Panikkar no puede haber experiencia de sabiduría sin tomar consciencia que la Tierra es nuestra morada:: «Mientras no contemple cada pedazo de tierra como mi cuerpo, no sólo menosprecio a la tierra, sino que también menosprecio a mi cuerpo. ¡Aquí comienza el conocimiento!" Y para llegar a él no sólo es preciso el  diálogo disciplinar, pero, sobre todo, el diálogo intercultural e interreligioso.

Sugiero, pues, la lectura del libro “Ecosofía” que nos recuerda que formamos parte de una red de vida que nos rodea y alimenta de múltiples formas: la naturaleza, la biosfera. Como dice el prologuista Jordi Pigem, “si la célula sabe lo que hace, ¿qué nos impide ver que la Tierra sabe lo que hace”. Y es que “si queremos seguir en este mundo, tenemos que aprender  a hacer y ser de manera sostenible…no habrá verdadera sostenibilidad sin una transformación de la conciencia”.

 Spinoza y Panikkar comparten la misma manera de ver el mundo: “Deus sive Natura” (Dios o la naturaleza). Por tanto el respeto que los creyentes y los ateos inteligentes sienten por Dios, como símbolo o realidad espiritual, es exactamente el mismo que muchos profesamos por la Naturaleza, su conservación y preservación ante las atrocidades que nuestro sistema de vida  está cometiendo contra ella y sus cada vez más limitados recursos. La ecosofía es una “filosofía de la armonía o el equilibrio ecológicos”.

De ahí esta recomendación final: nuestra búsqueda del equilibrio personal no tiene sentido sin encuadrarla dentro de una filosofía que nos enseñe a “escuchar la Tierra” como decía Panikkar. Sostenemos que existe una “psique del cosmos” (tou pantos psyché) como ya proclamaba Plotino desde la Grecia clásica y que en el renacimiento se llamará “anima mundi” y arrebatará a los románticos. Hasta llegar a nuestros descreídos días en los que triunfa un tecno capitalismo que impulsa una nueva forma de explotar a las personas y al planeta. Panikkar cree que ese sistema depredador no llegará muy lejos. Si seguimos  contaminando el aire, el agua, la tierra y causando el desequilibrio climático.  La Tierra sobrevivirá y repondrá su equilibrio, pero el sistema - y quizá los humanos -no.”En la lucha contra la Tierra el hombre perderá, “ dice Panikkar.

Jordi Pigem recuerda el mensaje que un pueblo indígena de Canadá –posiblemente exterminado- envió  a los orgullosos conquistadores: “Solo cuando hayáis talado el último árbol, contaminado el último río y extinguido el último pez, os daréis cuenta de que el dinero no se puede comer”. Nuestra civilización podría ser como el rey Midas de la mitología griega que, gracias al dios Dionisios , adquirió el poder de convertir en oro cualquier cosa que tocara. Cuando Midas se dio cuenta que moriría de hambre y de sed y en absoluta soledad, ya que todo se transformaba en oro a su alrededor, rogó al dios que le librara de ese don. ¿Será tan sabio el sistema capitalista neoliberal? ¿O esperará a convertir en fuente de ganancias todo lo que en la Tierra nos permite vivir, hasta que sólo queden los fajos de billetes de banco, oro,  piedras preciosas, yates lujosos y palacios vacíos?

FICHA

ECOSOFÍA.-Raimon Panikkar. Ed. Jordi Pigem.- Fragmenta Editorial.93 págs

 

 

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