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3 julio 2011 7 03 /07 /julio /2011 19:27

Midnight-in-Paris_cartel_peli.jpg

 

Bueno no llega a la infatuada tontería polícroma de "Vicky Cristina BARCELONA", esa postal juguetona e irrelevante que el gran Woody se sacó de la manga para ayudar a llenar el bolsillo, pero "Midnight in Paris" es como un juguete juvenil dedicado a otra ciudad-postal en el que además se nos juega con el tiempo y las grandes hombres del pasado reciente en torno a una cultura específicamente americana en París.

Me declaro admirador de W.A., aunque no fanático de su cine. Me parece entrañable ese hombrecito acomplejado e inteligente capaz de reirse de sí mismo mientras se cuestiona los grandes temas de la humanidad con la sonrisa traviesa y el ingenio de Groucho, el más inteligente y divertido de los Marx (incluído don Carlos y que me perdonen los puristas). Pero W.A. comienza a tener unnos años y como todo el mundo comienza a repetirse, a autoplagiarse y, lo que es peor, a tomarse en serio. Ya se que la edad no perdona y este Peter Pan judío debería dejar de mirarse en el espejo tramposo de su nostalgia y ponerse a la tarea de hacer algo distinto y no un poco más de lo mismo y un poco peor de lo habitual.

Hay un juego de desfachatez juvenil en esta última película de Woody. Sí juvenil, mi octogenario amigo. Una comedia romántica, con una pareja de norteamericanos que deambulan, sobre todo él, por el Paris de postal nostálgica de los años 2o y toda la parafernalia cultural de esa época, los desencuentros amorosos que esa actiutud escapista provoca y la presencia de los padres de ellas y unos amigos ridiculos, no acaba de interesarnos en ingún momento. Su rejuego cachondo con sus figuras literarias y artísticas de cartón-piedra, desde un improbable Hemingway que trata de hablar como sus libros y solo hace el ridículo, unos Zelda y Fitzgerald patéticos o un Lautrec y Gauguin que te sonrojan de verguenza ajena o una Gertrude Stein que te hace aullar de banalidad, tienen la desverguenza osada de un alumno de primera de una escuela de cine de segunda. Vamos, don Woody, déjese de pendejadas y no se hunda en lo fácil. Déjese de viajes turísticos, por ciudades hermosas, de personajes nacidos de su propio yo de hace unos decenios, con sus gestos y su verborrea sincopada e ingeniosa, haga una película que nos reconcilie con el autor de Manhattan, Anna y sus hermanas y tantas otras que siempre tenían una forma distinta y divertida de decirnos siempre lo mismo.

Esta película, interpretada por un Owen Wilson que nunca acaba de creerse que es Woody Allen, no nos convence de nada, ni siquiera de que es divertida. Y eso que hay que ser mucho Woody Allen para hacer que las cortas intervenciones de la bella Carla Bruni, la esposa del presidente Zarkozy, no nos resulten peligrosamente innecesarias y postizas. Oigan, si necesitan una dosis de W.A. recurran a la filmoteca de ese genio incomprendido en Estados Unidos que comienza a ser demasiado comprendido en Europa. Woody, estrújate las neuronas un poquito. Tu puedes.

 

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1 julio 2011 5 01 /07 /julio /2011 19:41

 

micmacsposter.jpg

Suena a chocolatina adolescente y parece un producto cutre manufacturado para amantes de lo "freake", algo comercial con poco gusto y ninguna pretensión. Pues se equivocan. A pesar del desafortunado título y el póster confuso y una promoción no demasiado atractiva, esta película francesa, interpretada por el Dani Boon de "Bienvenidos al norte" o "Nada que declarar", es una cinta divertida, bien realizada, imaginativa, llena de corrosivo humor y con una acttiud critica ante el armamentismo y los traficantes de armas en la estela de un comic con mala baba o una de esas diatribas humorísticas de buena ley pese a la factura aparentemente  casposa y exagerada, de trazo gordo y vulgar pero con segundas lecturas bastante ejemplares. "Micmacs, a tire-larigot", de Jean Pierre Jeunet ha tardado dos años en llegar a nuestras pantallas y lo ha hecho con discreción y como con mala conciencia de subproducto de serie b. Oigan, nada de eso. No se la pierdan, con su vestimenta de tebeo tremendista y estrafalario nos dice más verdades que nuestros periódicos más serios en forma de imagenes surrealistas y llenas de ingenio y humor.

Con un sentido de la narrativa cinematográfica que para si quisieran muchos directores más consagrados, Jeunett  ("Amelie" o la genial "Delicatessen") nos habla de u n pringado con mala suerte que debe sus desgracias a la explosión de una mina antipersona (en su padre) y de una bala perdida (en él) y se encuentra un día enfrente de los edificios de las corporaciones que fabrican las armas que le han deshecho la vida. Si al pringado (magnifico Dani Boon) se le junta toda una compañía de seres estrafalarios, marginales y entrañables que viven en y de los residuos de la gran ciudad (literalmente) y están dotados de habilidades sorprendentes y desternillantes, pues ya tenemos la comedia construida, gags magníficos, un ritmo sabiamente mantenido y una realización que borda el preciosismo. Oigan, me lo he pasado de rechupete. Parece una película surgida de la Ealing de los cincuenta, sólo nos falta Alec Guinnes, o una secuela de los Monthy Python con tanta  o más cómica agresividad.

La venganza del bueno de Boon, con su bala alojada en el cerebro y sus compañeros inenarrables contra los fabricantes de la mina que le dejó huérfano y de la bala que tiene en su cabeza, es de lo más cachondo e imaginativo que he visto en mucho tiempo. Por supuesto dentro de las limitaciones del género y sin pedir peras al olmo. Es una pelicula de humor y de critica cómica de una realidad nada divertida y cumple perfectamente su función: divertir, entretener y dejar un cierto poso de crítica humanística al patético  y trágico absurdo armamentista. Nada más y nada menos. El reparto, impecable, y el rejuego del director con la realidad francesa del momento incluido Sarkozy, implacable. Vayan a verla antes de que desaparezca de las carteleras.

 

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29 junio 2011 3 29 /06 /junio /2011 18:37

 

dark.jpg

Dirigida por Alex Provas, uno de los grandes innovadores del cine con  el denostado (injustamente) "estilo MTV" en los ochenta y noventa, muestra en esta película que el avanzadísimo estilo cinematográfico de la televisión no sólo producía videoclips con valores planos que no fueran los de la imagen, sino que eran capaces de vestir un argumento con imágenes de impacto, llenas de imaginación y sensibilidad.

El "Dark City", una película que quedó lamentablemente relegada a la serie B, Provas es capaz de alertar nuestra inteligencia y proponer dentro del género de la ciencia ficción una historia y unas ideas que no desmerecen el de otras joyas como "Blade Runner" o "2001, una odisea espacial", por citar solo dos de ese género, es decir una película con poca prensa y mejor respeto de los que aman el cine. Eso ya lo consiguió con una obra anterior "The Crow" ("El Cuervo" a la que aupó la muerte prematura de su intérprete Brandon Lee, pero que aparte de eso tenía suficientes merecimientos para ser aplaudida y formar parte de las ell cine de primera categoría.

Cuatro años después, en 1998, Provas da a luz esta "Dark City" donde no sólo mejora el tratamiento de la atmósfera gótico-orínica de la anterior sino que nos sumerge en una historia obsesiva y estremecedora que el espectador haría bien en disfrutar al menos dos veces para empaparse de lo que dice y de lo que sugiere entre lineas, ambas cosas servidas con unas imágenes impactantes, (a las que sin duda deben mucho la serie de los Matrix).

¿Cual es la idea fuente de la que surge la apasionante historia que nos cuenta?: ¿qué es lo que forma nuestra personalidad? ¿Son los recuerdos los que nos hacen ser como somos? Si se fijan hay una relación directa con la novela de Philip S.Dick, "Sueñan los androides con ovejas eléctricas" que todo el mundo conoce como Blade Runner. Son los recuerdos -falsos, injertados- lo más preciado de los replicantes, eso les da una sensación y un sentido a su corta e intensa vida. Pues bien en Dark City, los "malos" buscan la esencia de los seres humanos, la razón de su diferencia, de su capacidad de sobrevivencia y para ello usan los recuerdos. Y no les digo más.Un ambiente de novela negra americana es el inicio sombrío de la película, un asesinato, un presunto asesino que no recuerda nada y un misterioro doctor que le dice que hay mucho más de lo que parece y que todos están en peligro. El actor Rufus Sewell con su inquietate estrabismo y Kieffer Sutterland apenas reconocible en su papel de un doctor Mengele atenazado entre el miedo a los extraños y el deseo de ayudar a los humanos, verdaderas marionetas de los extraterrestres, forman una pareja eficaz, que se unirán para desbaratar los manipuladores planes de los extraños en la aún más extraña ciudad, cuyas transformaciones a voluntad de los dominadores resultan de una plasticidad inolvidable (copiadas hasta la saciedad en el cine y la publicidad más recientes). John Hurt en un sobrio y matizado papel de policía y Jennifer Connely como esposa de Murdoch, completan un elenco en estado de gracia, dando una calidad extra a una película que debió tener mejor recorrido.

El cliché de cine de detectives en una trama negra, en una ciudad oscura y amenazadora dan idea de la calidad del diseño de producción, muy superior al elogiado de Gotam City, con un uso moderado de efectos especiales que en ningun momento se hacen inecesarios o gratuitos.

Aunque parezca una redundacia, Dark City no es solo una buena pelicula de ciencia ficción, es una pelicula de ideas y se centra en algo tan esencial como qué cosa es la identidad humana y cuales son los elementos que la conforman.

A mi entender Dark City cumple la misión más necesaria  de la CF, la de constituir un espejo distorsionado pero real de nuestros problemas psicológicos y sociales mas acuciantes .

Sugiero una busca por los anaqueles de los mejores dvdclubs, hay una versión del director que podría ser definitiva. Una pelicula para que forme parte de nuestra videoteca más preciada.

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22 junio 2011 3 22 /06 /junio /2011 16:48

incendies-pic-b.jpgLa podía haber escrito Esquilo, o Sófocles o Eurípides...o Teeneesse Williams. Pero no, es la obra de un dramaturgo canadiense de origen libanés llamado Wajdi Mouawad. Aunque no se trata de teatro filmado, sino de cine puro y de una calidad tal que eleva el listón de las mejores películas del año. Dirigida por el director canadiense Denis Villeneuve, "Incendies" es cine denso, profundamente humano, trágico sin estridencias ni truculencias, realista, austero, con una cámara que pasa del movimiento sincopado de un reportaje de guerra a la morosidad y delicadeza, a la sensibilidad fílmica de un Bergson.

La historia nos la cuentan con una estructura de capitulos centrados en los protagonistas y un encadenamiento alternado de pasado y presente que va hilándose entre sí con la perfección de un tapiz que sólo al final nos permitirá tener la visión de conjunto de una historia llena de sangre, odio, dolor, perdón, sufrimiento, amor e indignación.

La historia comienza con la muerte en Canadá,  de Nawal, una extraordinaria Lubna Azabal, que fallece tras un episodio ignorado que la deja catatónica y ocurre en una piscina pública. La historia nos mostrará al final el porqué de ese episodio y esa muerte, cerrando con un broche trágico e inesperado un drama angustioso pero austero y contenido que deja al espectador amarrado a su asiento durante más de dos horas.

Pues bien, Nawal deja a sus dos hijos gemelos, Jeanne (magnífica Melissa Desromeaux-Poulin) y su hermano Simon (Maxim Gaudette, muy por detras de las dos actrices), el encargo testamentario de entregar dos cartas, una al padre desaparecido y la otra a un hermano de quien jamas habian sabido su existencia. Para ello deberán ir a Líbano (aunque nunca se nos dice dónde se centra la acción) aún lleno de cicatrices tras la guerra civil que enfrentó a cristianos y musulmanes y las posteriores  en las que intervinieron todos los piases que invadieron Libano, empezando por los sirios.

Los diferentes capitulos nos van mostrando la vida de Nawal, obligada a abandonar su aldea tras tener un hijo ilegítimo y su pesadilla personal en el país sometido a una de las últimas guerras fanáticas de religión, con asesinatos, barbarie, venganzas y atrocidades por ambos lados.

Sin embargo es preferible que no ahondemos más en la trama. Esta película se merece la máxima discreción. El perfecto guión, del mismo director, va desgranando la auténtica valía de Nawal, su terrible via crucis personal a la busca del hijo perdido y la camara nos ofrece unas imagenes de una crudeza y crueldad insólitas pero con una contención y una  serenidad que hace apreciar al espectador el horror que ve, sin obligarle a desviar la vista.

La historia de "la mujer que canta" (para no escuchar los gritos de otras mujeres torturadas en la cárcel, sólo por ser cristianas o musulmanas, que mas da, por ser amigas de otros o enemigas o indiferentes: hay quien escribió que las guerras son siempre más crueles para con las mujeres) y su historia de entereza y valor se nos cuenta con precisión de entomólogo, dejando al espectador que se conmueva sin acritud, sin cargar las tintas, con una camara que parece empequeñecerse para no mostrar mas de lo necesario. En la paciente y magnifica  búsqueda e investigación los gemelos descubren que...bien, no les digo más.

Sólo que logran cumplir el último deseo de su madre, encontrar al padre desaparecido y al hermano ignorado. Y con ello, como dice Nawal, "se rompe el hilo de la ira" y se deja entrar al perdón y al amor.

Gran película.

  

 

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16 junio 2011 4 16 /06 /junio /2011 11:14

Kids-Are-Right-b.jpg"Los chicos están bien", dirigida por Lisa Chodolenko, e interpretada por Julianne Moore y Annete Bening como la pareja de lesbianas que tienen un hijo cada una concebidos gracias a un anonimo donante de esperma (el mismo para las dos, un excelente Mark Ruffalo) es una cinta agradable, sincera, que trata de un asunto que podria convertirse en melodrama barato con una delicadeza y una contención magistrales.

Pues es el caso de que el  chico (16 años, un adolescente algo desorientado)) le pide a su hermana (de 18, más madura e inteligente) que investigue quién es el padre biológico de los dos. Cosa posible siempre que el donante acepte la identificación, cosa que Ruffalo hace algo preocupado pero lleno de curiosidad). La joven, reticente al principio, decide hacerlo y aquí empieza una trama que roza en cada momento el desastre pero se va resolviendo con lógica, humanidad y generosidad. No hay tremendismo, ni insistencias maniqueas, ni juicios disfrazados en la descripción de la vida matrimonial de las dos lesbianas y sus actitudes ante sus hijos. La música de la compositora canadiense Joni Mitchell va subrayando los momentos y el dibujo de los personajes, la insegura pero vital Mooore y la intelectualizada y dura Bening, subrayando el amor entre ellas con tal carga de normalidad, sentimientos y diferencias (salvadas gracias al afecto y a la costumbre) que uno acaba aceptando los roles femeninos reflejando los roles de la pareja heterosecual, sin reticencia alguna (no porque los sostenga el espectador sino porque no lo hace extraño la directora en ningún momento). Película de mujeres contada con sensibilidad y respeto.
Chodolenko dirige con acierto y seguridad y convierte un melodrama con toques de comedia, en el que vibra en algun momento las claves personales de la directora (lesbiana también), en una película con aroma a verdad, a la real vida cotidiana de dos mujeres  de media edad que tratan de revitalizar permanentemente su proyecto de pareja, a pesar de los errores, las manías y alguna que otra traición sexual, todo como un espejo en el que sus dos hijos pueden encontrar respuestas a sus propias vidas.Es decir, levanta melodramas con toques de comedia para apuntalar indisimulados ajustes de cuentas trufados con aromas autobiográficos. 
El donante-padre, a pesar de su bondad, su naturalidad y su simpatía, es el detonante que conmoverá hasta sus cimientos la existencia plácida y ortodoxa de la pareja femenina y sus dos hijos, cuyos roles están marcados con habilidad: la Bening es el "macho" dominante, autoritario, seguro de sí mismo y la Moore sucumbe ante ese poder, pero se rebela y lo hace de una manera no buscada pero brutal: entablando una relación con el donante.
Es una película de personajes, de caracteres, con actores que lo son de verdad y convincentes. Por eso el final debe seguir la tónica seria y lógica del tipo de pareja que nos han descrito. No se trata de un revival de "Mamma mia", aquí la comedia deja su lugar a la tristeza y la resignación.  Hay que aceptar lo que hay y seguir adelante, con ese perdón que nunca es completo y la sensación de que no vale la pena enfrentarse a la disolución de un vínculo que les conviene a todos. ¿Amarga? No, real y sincera.

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13 junio 2011 1 13 /06 /junio /2011 10:47

La sensación que le queda a uno al ver esta película es que los franceses de entre los treinta y los cuarenta, ejecutivos, bien situados, guapos y confortables, son un desastre que rozan el encefalograma emocional plano. La llamada "crisis de los treinta" (o de los 40 o de los 50), ha alentado una generación de "adultescentes" aquejados del complejo de Peter Pan que pretenden poner puertas al campo del envejecimiento y la degradación fisica, oponiéndole una suerte de degradación mental y sentimental permanente. Lo malo es que ese fenómeno no sólo compete a los franceses sino a los occidentales en general de esta cultura de la gratificación inmediata y el escaso esfuerzo. Nada de creatividad, vivir con comodidades y atormentarse con estupideces coyunturales o coñunterales. "Pequeñas mentiras sin importancia", dirigida por Guillaume Canet (que tiene 33 años) e interpretado por un elenco de actores más o menos en ese arco de edad y que compiten en ser el más egoísta, frívolo o histérico o desconcertado, constituye un modelo de ese cine "adultescente" que los americanos ya inauguraron hace años con éxito de taquilla y rechazo crítico serio a tal muestra de desconcierto creativo. pequenas-mentiras-sin-importancia_cartelCuadrado.jpg

Ese grupo de personas embarcadas en unas vacaciones en común mientras que uno de los grandes amigos del grupo está hospitalizado casi en coma por un accidente y está muriéndose, muestra a las claras el bagaje moral de los integrantes del absurdo grupo. No hay maduración de nadie a pesar de los sinsabores y pruebas que viven y todo suena a broma tragicómica que dan más ganas de llorar que de identificarse (aunque sea lo segundo lo que más ocurre dada la globalización generacional en occidente).

Lo unico que salvamos es la fuerza descriptiva del plano secuencia con el que empieza la película (el del accidente del joven motorista, definido por unas imágenes que nos muestran cómo es y cómo vive antes de ser arrollado por un camión).

Con una estructura emparentada en peliculones de la garra de "Reencuentro" o de "Los amigos de Peter", en ambas un grupo de amigos galvanizados por la muerte de uno de ellos o por la declaración de enfermedad grave, sida, en la de Kenneth Branagh, "Pequeñas mentiras sin importancia", (Petits mouchoirs") ha constituido un exito en Francia y en otros paises, como aquí. Lo cual en su síntoma de algo preocupante: la falta de espíritu crítico de la mayoría de esos encantados y emocionados espectadores, seguramente cercanos o incursos en ese arco de una generación perdida por falta de una escala de valores eficaz.

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12 junio 2011 7 12 /06 /junio /2011 08:39

de-dioses-y-hombres-cartel.jpgDirigida por Xavier Beauvois, con guión del propio director y de Etienne Comar, "Des hommes et des dieux" , interpretada por, entre otros,  Lambert Wilson, como el padre abad, Jacques Herlin, Xavier Maly, el monje que ya no oye ni su propia voz vocacional y un increíble Michael Lonsdale, cada vez más dueño de su arte y su magnética presencia, como el monje médico, se conforma como una película fuera de lo habitual, como así lo entendió el Jurado de Cannes que la premió  y que está teniendo una trayectoria impresionante en Francia y muy intensa en España (gracias sobre todo al boca-oreja y a una critica rendida ante su calidad).

Se nos cuenta una historia real, la vida de una pequeña comunidad religiosa cisterciense de Thibirine en el Atlas argelino en 1996, meses antes de ser asesinada --quizá-- por los fanáticos islamistas del GIA, en una de las épocas más duras y sangrientas de ese pobre país del Mogreb. Pero lo que cuenta aquí no es la dialéctica del fanatismo religioso, de la injusticia, de la iniquidad de una matanza sobre personas dedicadas a la oración y al servicio del mísero pueblo cercano al monasterio, ni el enfrentamiento de dos modos de entender la vida o la religión o la tolerancia, ni de una pretendida venganza de ciertos argelinos contra el pasado brutal colonialismo francés en Argelia...

Nada de eso, en eso está cifrada la fuerza conmovedora de esta película, se nos cuenta la vida sencilla de oración, cánticos religiosos, silencio, labores de huerto, estudio y lectura, ayuda médica a una legión de humildes argelinos para los que la presencia de los monjes era una garantía de paz, en un tiempo en que nadie vivía en paz en Argelia.

Se nos cuentan los temores, las dudas, la debilidad y la fortaleza interior de unos hombres que se plantean abandonar, marcharse a Francia, pero deciden al final quedarse todos no porque su labor sea esencial --no hay ninguna labor religiosa proyectada al pueblo, sino sólo de ayuda médica, apoyo moral, comunión con sus costumbres y respeto a sus creencias-- sino porque es su trabajo, es la misión aceptada por todos cuando su vocación les llevó allí. Deben estar junto a los argelinos a los que respetan y quieren y no piensan dejarse amilanar por fusiles, pistolas y cuchillos. Por eso no importa, nunca se supo, si fueron degollados tras su secuestro por una facción del GIA o por soldados del ejército argelino disfrazados de extremistas, lo que importa es que murieron de acuerdo con su fe y con su entereza de hombres espirituales.

Y hay otra razón para hacer de esta película una bellísima página del cine: el tratamiento que el director ha sabido dar a la banda sonora, el silencio, los ruidos de la lluvia, los pájaros o el viento y coronándolo todo, los cánticos de los monjes. Hay dos secuencias que me han parecido tan impactantes y recordables como para formar parte de nuestro bagaje interior (y no sólo cinematográfico): la de los monjes cantando enlazados entre sí, aterrorizados por el fragoroso ruido de un helicóptero militar detenido en su vuelo amenazante sobre el monasterio y la bellísima secuencia, casi al final de la cinta, cuando se produce una suerte de "Última cena" en la que los monjes beben el vino que les lleva el monje médico, un alectrizante Londsale,  todos bajo el presentimiento de que todo está a punto de terminar  y se entroniza en la sala la música "profana" de un casette con las notas de Tchaikovsky (que el monje ha puesto en marcha para la "celebración",  y la cámara se pasea morosamente por los rostros emocionados y llenos de aceptación dramática de cada uno de ellos.

Una película para no perdersela y también para perderse un poco en ella y en su mensaje humano. No político, social o religioso: humano  y si acaso espiritual. Por eso quizá la película habla de hombres y de dioses en el original francés (en España se ha traducido cambiando el orden, prefiero no sospechar por qué, dejémoslo en tontería). 

  

 

 

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9 junio 2011 4 09 /06 /junio /2011 14:47

Asombrosa película australiana de una desarmante ambiguedad genérica. Parece una película ecológica, pero es también una cinta de amor y de soledad, roza suavemente el género de terror y se queda en una película de sentimientos, de afectos y emociones, en una cinta que defiende la familia y sus vínculos y nos habla de respeto, de celos, de nostalgias, de inocencia y de aquellas cosas inexplicables que la vida puede proporcionar de vez en cuando y que dan un sentido a la existencia.

El argumento es simple: una familia, padres jóvenes, cuatro niños desde un joven de 15 años, otro de doce, una niña de ocho, Simone--la auténtica protagonista--y otro chico de dos. La desgracia se abate sobre la familia bastante feliz, el padre muere de un infarto.

La descripción de la soledad, el desamparo, la angustia y el sufrimiento de la mujer, una magnífica Charlotte Gainsbourg (si, la hija de Jane Birkin y Serge Gainsbourg) que borda su papel, el abandono depresivo en el que se hunde mientras los cuatros niños se defienden como pueden y sobreviven con cierto orden y comprensión del dolor de su madre, ocupa un buen tercio de película, en la que la sensibilidad muy femenina de la directora del filme, Julie Bertucelli, nos muestra de una forma serena y sin estridencias el dramático duelo que libra la mujer.

Poco a poco nos va presentando la relación que se establece entre la el-arbol.jpgpequeña huérfana Simone (muy apegada al padre fallecido) y el enorme árbol que extiende sus ramas sobre la casa y la rodea con sus raíces. La niña asegura que su padre le habla a través del árbol, al que Simone adora y  entre cuyas ramas se esconde cada día. Poco a poco el protagonismo del árbol crece en la psique de la niña y en la imagen y el desarrollo de la película. Con gran maestría la directora evita las connotaciones mágicas o telúricas que el tema ofrece y gracias a Dios no hay voces ni sonidos raros, sólo el viento entre las ramas, los pájaros, la hermosa naturaleza que les rodea.

La fuerza vital de Simone, que habla a su madre del árbol y de las voces que cree escuchar, es entendida como lo que seguramente es, la forma del duelo que la niña vive, como la depresión y el abandono es el de la madre y poco a poco todo se apacigua. Pero el comienzo del cambio en la madre, la normalidad de la existencia de una mujer joven, vuelve a añadir un elemento revulsivo a la trama: nace otro amor. Es entonces cuando la Bertucelli se permite un detalle que roza el género del misterio o del terror, una rama del arbol destruye practicamente, al derrumbarse, la habitación de matrimonio justo la noche en que la mujer ha consentido en iniciar un romance con su joven jefe. Sólo la niña habla de intencionalidad y la madre duda.

A partir de ahí las cosas se complican...pero eso ya pertenece al debido secreto de respeto que todo critico ha de mantener. Solo asegurarles que la directora no se permite más deslices del tipo apuntado y que todo se desarrolla "dentro de este mundo" entre personas normales, buenas y llenas de vida.

Hay calor en esas vidas, en la historia, en la forma de contarla. Imagenes de una belleza impactante y detalles en secuencias que indican una maestría fílmica en la directora: apúntense ese ramo de flores moribundo por falta de riego en el contexto en que verán la imagen. Es un resumen exacto de lo que estarán viendo en ese momento.

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8 junio 2011 3 08 /06 /junio /2011 18:59

xmen-.jpgReconozco que no he seguido la saga de los X-Men, los superhéroes mutantes nunca me han atraido y su estética de comic me cansa, me he quedado con "Up" o con "W-allee" y tanto los Panda kung Fu como los demás especímenes surgidos al calor de los dibujos siempre me han dejado frío. Sin embargo en esta ocasión, esta "precuela" (lamentable palabro) de la historia de los mutantes me fue recomendada por un cinéfilo en que confío. Dirigida por Matthew Vaughn y solventemente interpretada -a pesar de los disfraces rígidos que les impone el guión- por el añorado intérprete de "Expiación", James Mcaboy y Michael Fassbender en el papel de "Magneto" y un Kevin Bacon como convincente "malo" filonazi, la cinta convence, entretiene y hace pensar en algún momento (sin más, no hay que pedir peras al olmo).

La historia que nace en los sesenta, en plena crisis de los misiles rusos en Cuba, (con imágenes documentales en blanco y negro de Kennedy y la ONU con el vociferante Kruschev) manipula la historia para meter el deus et maquina de los mutantes. La historia de Fassbender con su infancia en un campo de concentración nazi donde descubren sus poderes, la raiz del mal luchando contra el bien, pero sobre todo el estigma del diferente, del bicho raro, del desdeñado o temido  y por consiguiente odiado ser mutante va impregnando la acción en la que vivimos el drama personal y la escisión psicológica que supone la diferencia ante la "normalidad". Esta es la trama esencial de la película, a pesar del despliegue apoteósico de efectos especiales y de la rudimentaria psicología de unos personajes que con la excepción de Fasbender (Magneto) caminan por el filo de la navaja entre el ansia de ser como los demás y el orgullo satánico del poder (que puede ser desactivado por el afán de servicio y ayuda que ostenta el profesor X  -el mentor de todo el grupo-) y la pulsión de la venganza. Como dice "Magneto" en una frase decisiva "la paz --con los humanos-- nunca fue una opción".

El clima ominoso y apocalíptico de la guerra nuclear (en aquellos sesenta nació y desde esos días no hemos podido desembarazarnos de ella) entonces entre rusos y americanos, hoy la cosa se ha diversificado, es uno de los aciertos de la película, aunque queda desdibujado en su final de comic y se convierte en anécdota que justificará seguramente más "precuelas", "secuelas" y caprichos varios que darán buen taquillaje. Las secuencias tienen el sello  y el sabor de los mejores 007 e incluso tenemos un malo a la altura del Dr. No o de Spectra. La delgada linea que separa la venganza de la similitud (recuerden los métodos que utilizan algunas vícitmas de los nazis) nos muestra el peligro que supone la falta de una ética clara en el ser humano, el bicho más conflictivo de la creación. "Magneto" acaba en el lado oscuro y arrastra con su fascinación.

Electrizante película que se ve como un tebeo animado pero que esconde en su interior varias preguntas de calado. Un poco como el juego shakespiriano que se lleva Kenneth Branagh con su "Thor". Los aficionados a los superhéroes están de enhorabuena.

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8 junio 2011 3 08 /06 /junio /2011 07:04

Un-toque-de-canela1_cartel_peli.jpgUna película griega de 2003, "Politiki koucina", estrenada en España con el título "Un toque de canela" y dirigida por el director y guionista griego Tassos Boulmitis, me pasó inadvertida en su momento y la he recuperado casualmente hace unos días tras su pase en una de las cadenas nacionales, sin las molestas interrupciones publicitarias y en el encanto inexpresable que da una tarde de relax, en la soledad del hogar, con un libro en las manos que dejó de interesarme ya desde las primeras escenas. Esa es la magia del cine: de pronto abre una caja de sorpresas en las que la delicadeza argumental, la gracia expositiva, unos actores desconocidos en estado de gracia y un afortunado tratamiento visual nos reconcilian de pronto con el mensaje básico del cine: permitirte abrir una ventana más en tu vida y llenar tu alma y tu sensibilidad de mensajes eternos, sin pretensiones, sin excesos, con la naturalidad y la belleza de las cosas cada día, de los dramas banales y tiernos de la gente, con la casi imperceptible perfección de los sentimientos y las emociones en estado puro.

Quizá, como casi siempre en este tipo de experiencias, hay un mensaje oculto que concierne a tu propia vida y que reverdece con las imágenes y lo que ocurre en la pantalla. La vida de una familia de griegos residentes en Estambul entre los años cincuenta y sesenta y la forma como los acontecimientos políticos, la guerra greco-turca a causa de Chipre, las deportaciones de los griegos de Turquía y la separación entre dos comunidades hermanas por motivos políticos ajenos a ellos, la dictadura de los coroneles griegos, van modelando los cambios a veces dramáticos en la familia protagonista. (Esta es la conexión, con mi propia vida: en los sesenta yo visité profesionalmente y viví  temporalmente en la apasionante Turquía de los sesenta y setenta). A este contexto externo se añade la perfecta definición de los personajes en la trama: una clásica familia griega cuya vida gira en torno al abuelo, una figura sólida y entrañable, comerciante de especies para cocinar que tiene una filosofía edonista de la vida, simple y eficaz: la cocina como motor de unión y como fuente de placer y de amor.

Estas películas gastronómicas, al estilo de "Como agua para chocolate" o "Deliciosa Martha" o "Julia y Julie" o "Chocolat"  tienen un poso de sabiduría nada desdeñable, que hacen de la vida un lugar más amable y reconfortante.

Se trata de una historia inicática que concierne al nieto de ese sabio anciano, cuya afición por la cocina y la labor de las especies va prestando a las imágenes una poesía y una fuerza poco común. El chico será un astrófísico de una universidad griega y nos narra su infancia, su amor de adolescencia y su vida de adulto, siempre con la sombra benéfica del abuelo  y sus consejos en su vida. Esta va siendo movida y conmovida por los cambios politicos y sociales pero hay una corriente subterránea que permanece, una especie de ética de la cocina que une al astrónomo con el gastrónomo en un maridaje perfecto.

La correspondencia entre las especies y las emociones y sentimientos que pueden despertar son un tratado de filosofía del sabor y la sensibilidad, alentada por imágenes y secuencias de una fuerza poética, incluso humorística de primer orden. Me sorprende que una película tan eficaz, bella y sencilla haya pasado poco menos que inadvertida. Quizá sea por esas mismas razones. La pimienta, dice el abuelo, es como el sol, está en todas partes, da calor y sienta bien a las comidas, la canela es como las mujeres, dulce y amarga a la vez, la sal es la vida, la tierra, la existencia y aunque nunca se ve está en todo lo que vive.

Las injusticias y atropellos que la situación política provoca en las sencillas gentes, la separación, el abuelo queda en Estambul y se ve incapaz de abandonar "la ciudad" por antonomasia, su amor por ella es demasiado grande, va impulsando una trama de renuncias y encuentros. Cuando el abuelo está muriéndose, el joven astrofísico que va a despedirle, reencuentra a su amor de niñez pero, como suele suceder en la vida, esta sigue su curso y parece impedir el final feliz, pero el director resuelve el nudo con una secuencia final magistral: ese universo recreado en la vieja tienda de especies abandonada, con algunas pizcas de sal, pimienta en fruto, pimentón, cardamomo, canela, ya que el joven astrónomo reune las piezas en una sola visión, un mensaje recibido en su infancia de parte del abuelo: estés donde estés, estés como estés, nunca olvides de mirar las estrellas, y el magia del cine permite que todo gire con pausada belleza, con perfecta sintonía, como un universo estrellado, un planetario natural, donde los planetas, las semillas y los rojos frutos de la pimienta, giran en un polvo estelar de harina, polvo y sal. Inolvidable. Recupérenla.

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