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28 enero 2019 1 28 /01 /enero /2019 15:53

"Sin pasear estaría muerto". Lo escribió el suizo de lengua alemana Robert Walser (1878-1956). Yo llevo desde mi adolescencia hasta hoy mismo pensando lo mismo, sin elaborarlo. Walser fue un poeta y un filósofo nato, un hombre que respiraba a través de la reflexión. No es muy conocido en el mundo popular de las letras o de la filosofía. Solía escribir microgramas, pequeñas reflexiones sobre lecturas, pensamientos sobre hechos de cada día, lo más cotidiano o lo más banal. Los "logoi" nacieron como una reacción mimética a los "propos" de Alain y a los "microgramas" de Walser. Fue respetado por talentos tan soberbios como Robert Musil ("El hombre sin atributos"), Herman Hesse ("Narciso y Godmundo"), Thomas Mann ("La  montaña mágica") o Franz Kafka ("La metamorfosis", "El proceso"). Su obra está editada por Siruela en España. Pero me interesa resaltar hoy "El paseo" (publicada en alemán en 1917). Como escribe Menchu Gutiérrez en el prólogo de la edición española de 2016: "Todo resplandece en los paseos de Walser, en los que se mezclan arrebatos y caídas, en los que las ideas se elevan y abisman con la más extraña naturalidad...Walser defiende las miniaturas de la cotidianidad... él dota de materialidad a los fantasmas sin cuerpo del camino y, a su vez, éstos lo animan a él y le dan forma...el amante del vagabundeo vuelve una y otra vez al camino, ese que se ve siempre como si fuera la primera vez". Walser sigue a los clásicos del "tempus capere" (aprovechar la ocasión). Un tiempo que hay que saber esperar tanto como no perder. Y es el tiempo que se hace camino. en el que coincido plenamente con el autor. Es ese momento que nunca es neutro ni indiferente, que lleva en sí la marca de la oportunidad, que te invita a percibirla, que se abre para que te adhieras, pues es cuando las cosas que te rodean en tu camino comienzan a ser lo que son. Por eso cada camino es distinto, aunque geográficamente sea el mismo. Como totalmente diferente es el camino de subida a la montaña del que sigues para descender de ella, aunque topológicamente se trate de la misma senda, así lo constatamos  todos los caminantes. Walser merece una lectura atenta. Y no se trata del "peri patós" de Aristóteles, el paseo reflexivo en compañía, dialogando sobre filosofía. Ni las sosegadas  caminatas por el Jardín epicúreo, ni el "flaneur" parisino de Baudelaire o de Balzac. El paseo de Walser es otra cosa, es una especie de comunión sensual, poética e intelectual con el complejo y variado medio ambiente  por donde pasa: "su cuidadosa mirada tiene que vagar y deslizarse por doquier, desinteresada y carente de egoísmo; tiene que ser siempre capaz de disolverse en la percepción y percepción de las cosas y ha de postergarse y olvidarse de sí mismo, sus quejas, necesidades o privaciones..." ¿Excesivo? Quizá si. Tal vez lo que más desconcierta al lector de hoy sea el estilo narrativo de Walser, su caótica sensibilidad aplicada a paletadas sobre el lienzo de la página, su tendencia a la disgresión disparatada, el surrealismo de las figuras que va mostrando y los diálogos y monólogos rebuscados y retóricos en los que se aprecia un cierto desequilibrio, una desmesura que recuerda al Nietzsche más desbordado o un Kafka sin la brida de su lucidez. No es un autor para cualquier lector. En cuanto al motivo central estrictamente, el pasear, el caminante,  atestiguo después de decenas de años de practicar esa forma de andar por senderos y montañas de toda España, que esa actividad es más que un deporte o una actividad saludable...es el reflejo activo de una forma de vida. -ALBERTO DÍAZ RUEDA

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24 enero 2019 4 24 /01 /enero /2019 10:29

No tiene sangre inglesa en las venas pero domina el idioma hasta tal punto que está escribiendo novelas de tanta valía que le llevaron a lograr el Premio nobel de Literatura. Su origen japonés no ha sido obstáculo para escribir una novela tan fuertemente british como "Lo que queda del día" donde sabe mostrarnos los recovecos más ocultos del talante británico en sus diferentes clases sociales y de crear a unos personajes dotados de una profundidad y una humanidad casi shakesperiana. Además del Nobel (2017) se ha llevado los prestigiosos Whitbread (por "Un artista del mundo flotante" o un Booker por "Lo que queda del día",

"Cuando fuimos huérfanos" es una novela híbrida que comienza como una narración de detectives, se va convirtiendo en una novela bélica y acaba siendo un experimento literario en el que la psicología y los sentimientos de los personajes van hipnotizando al lector en una acción -y reflexión- de un dinamismo y un talento descriptivo excelentes. El protagonista es un detective que intenta conocer el paradero de sus padres en un docudrama bélico que nace tras el nacimiento del protagonista , Christopher Banks, en Shangai a comienzos de siglo. Su padre trabajaba para una empresa británica que siguiendo la política colonialista de Inglaterra estaba envenenando China con el mercado del opio. La desaparición misteriosa de sus padres cuando el niño tenía nueve años, lleva a éste a un internado en Inglaterra. La narración arranca en 1930, cuando Banks ya trabaja como detective y se ha labrado una gran reputación. Llega a Shangai en los momentos previos a la guerra con las amenazadora presencia japonesa en la colonia británica.  Una vez allí se enfrenta a una situación caótica y pre-bélica y las escasas pistas de que dispone están basadas en recuerdos y la manipulación de la propia memoria. Compañeros de estudios, uno de ellos japonés, débiles recuerdos que el narrador -el detective en primera persona- no logra estructurar de una forma coherente. Las implicaciones psicológicas de todo lo que le rodea, el momento duro de la confrontación chino-japonesa, la necesidad de tomar partido, son elementos que van aumentando la complejidad de la trama que deja de ser la de una novela de género para convertirse en una novela de alta literatura.

La historia. a pesar de una cierta ingenuidad nostálgica y familiar del protagonista, se ve inundada por el asfixiante clima de corrupción que desde que llega a Shangai va envolviendo al detective. No hay héroes, Banks es un muñeco trágico que va  mostrando la orfandad en la que vive, de sus padres, de sus amigos, del pasado en la ciudad y de la propia Shangai que se convierte en un escenario del Bosco. No hay salidas. Solo un desarrollo perturbador y un final triste y sin posible redención. Un drama personal que es la tragedia de una época. Y una brillante obra de Kazuo Ishiguro, en la que ,con un poco de cuidado, se pueden percibir ciertos detalles que nos recuerdan el origen del escritor, mucho más que en ninguna otra de las novelas que he leído de él.

FICHA

CUANDO FUIMOS HUÉRFANOS.- Kazuo Ishiguro.- Trad. Jesús Zulaika. Anagrama, 2001. 404 págs, 
 

 

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13 enero 2019 7 13 /01 /enero /2019 10:59

En esta ocasión, primero vi la película. Robert Redford y Jane Fonda, los dos abueletes, aunque muy en forma, hacen un papel digno, sin llegar en ningún momento al lucimiento pero tampoco al histrionismo. Luego, más tarde, cuando leí la novela comprendí que con una historia como esa no se podía hacer ningún tipo de exageraciones. Es una novela contenida, que discurre suavemente, que se vuelve dramática con mesura, dolor con sordina, sin aspavientos. Es la historia de dos personas mayores, viudos ambos. Addie y Louis viven solos, tienen sus rutinas, amigos circunstanciales, sin demasiada intimidad con nadie. Hacen su vida apaciblemente, sujeta a ese pequeño pero permanente acontecimiento de levantarse cada mañana y disfrutar del milagro de la vida en el otoño de sus existencias. El entorno es el de una ciudad de provincias en el profundo sur norteamericano, conservador, puritano y en algunos momentos chismoso y retrógrado.

Es Addie quien da el primer paso. Con ese sentido común femenino que supera los obstáculos más recalcitrantes, aparece una noche en la puerta de la casa de Louis, un viejo conocido, y le propone que duerman juntos, sin connotaciones sexuales, simplemente por el placer de sentir al lado de alguien en las noches, cuando la soledad se hace más acre e incómoda. Los dos ancianos están de muy buen ver, son inteligentes y discretos. La  carencia afectiva es evidente en ambos, tienen hijos mayores y arrastran los pequeños -o grandes y larvados- problemas en la relación con sus hijos,  que suelen aparecer en las familias. 

Pero, claro, están viviendo en un pueblo donde todos se conocen y muchos no tienen mejor cosa que hacer que estar pendientes de lo que hacen o no hacen los demás. Naturalmente las idas y venidas de Louis no pasan inadvertidas y comienzan los chismorreos, hasta que estos llegan a los oidos de los hijos de ambos. Mientras la hija de Louis entiende todo e incluso hace migas con Addie, el hijo de Addie se niega a aceptar esa relación, por motivos "morales" que incluye el "mal ejemplo" que los dos  ancianos dan a su propio hijo, el nieto de Addie (prescindiendo del hecho de que el niño está más a gusto con los dos abuelos que con su propio padre , arrasado y desequilibrado por su matrimonio roto).

En fin, no les cuento más. La hipocresía puritana del pequeño pueblo, pero sobre todo la cerrazón igualmente hipócrita del hijo de Addie, son elementos contra los que es difícil luchar. La novela es ágil, irónica y llena de amabilidad humana. Se publicó póstumamente ya que Kent Haruf murió de un ataque cardíaco. Es una novela triste y deliciosa que deja pensativo al lector después de leerla de un tirón. Los diálogos son vivos y al mismo tiempo te envuelven con su precisión y falta de adornos, escuetos, sencillos y directos. Ya el inicio es prometedor, cuando Addie le dice a Louis: "Me preguntaba si querrías venir alguna vez a casa a dormir conmigo". Él se queda asombrado y pensativo. "No dices nada. ¿Te he dejado sin respiración", dice ella. "No estoy hablando de sexo...yo hablo de acostarse calentitos, acompañados...las noches son lo peor, ¿no crees?". 

Lineas cortas, repletas de diálogos breves pero intensos, pocas descripciones, leves apuntes sobre los demás personajes de la novela, centrada constantemente en la pareja que busca la perfección y belleza de una relación desinteresada en la que también aparece el sexo pero más como ternura inteligente que como pasión. Breve como el paso de una  estrella fugaz, pero con una belleza narrativa basada en los buenos sentimientos, el respeto y un cariño que nace de la comprensión. Poco más de cien páginas que se leen como bebiéndolas de un trago dulce, picante y un fondo amargo pero lúcido.

Kent Haruf ha escrito otras cinco novelas sobre pueblos pequeños  y gentes  de la región de Colorado, donde nació. Recibió varios premios y galardones y en febrero de 2014, se le diagnosticó una grave enfermedad terminal con escasas posibilidades de supervivencia. Dedicó sus últimas fuerzas a escribir esta novela. Poco después de corregir las últimas pruebas, falleció. Tenía 71 años. 

Nosotros en la noche.-Kent Haruf.-Random House Editorial.-Traducción de Cruz Rodríguez Juiz.-130 Páginas.-16,90 €.- ISBN 9788439731856

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7 enero 2019 1 07 /01 /enero /2019 09:28

 La última novela de la autora francesa de origen argelino Kaouther Adimi, Nuestras riquezas (Nos richesses, 2017; Libros del Asteroide,  2018), es un libro ingenuo y realista lleno de monstruos y héroes, que nos habla del amor a los libros y de la brutal injusticia y desmesurada violencia de la situación política histórica de un país que ha pasado medio siglo sumido en una guerra sin fin, aunque en algunos años larvada y en otros sumergida en una orgía de sangre inocente, primero por motivos políticos, la independencia argelina de la "madre patria" Francia (raramente se ha visto una "madre" tan cruel, desalmada y estúpida) y después por el fanatismo religioso musulmán, las "fraternales" matanzas de los integristas argelinos sobre su propio pueblo.

Ese es el escenario de fondo de una historia triste y plácida: el oasis de una librería en pleno centro de las kashba de Argel, en el número 2 bis de la céntrica calle Hamani, antes Charras, donde aún existe hoy una librería de préstamo y venta de libros en francés y árabe, " Las Verdaderas Riquezas", como la novela homónima de Jean Giono. La historia se nos cuenta a tres niveles narrativos. Desde el diario de Edmond Charlot (basado en documentos reales), que la abrió en 1936, a las vivencias del joven que va a vaciarla de libros para que se abra allí una tienda de buñuelos en el siglo XXI (afortunadamente esa parte es ficción, la libreria existe aún), pasando como en las tragedias griegas por una voz anónima coral que podría pertenecer al pueblo argelino. Charlot fue un hombre renacentista en pleno siglo XX. Librero y editor pero sobre todo talentoso descubridor de escritores en ciernes,  como Albert Camus, Jules Roy, Saint-Exupery, André Gide y Emmanuel Roblès. De hecho fue el primer editor de Camus, con la publicación de una pieza teatral "Revuelta en Asturias" y fue encarcelado por haber editado a Gertrude Stein cuando Petain reinaba en Vichy. Bernanos, Rilke y Garcia Lorca, también fueron publicados por Charlot entre milagros y fatigas por la falta de papel o tinta durante la guerra. 

Charlot es un editor atípico en un sentido: no parece que la rentabilidad sea un criterio importante en su elección de autores y libros para publicar. Como él mismo escribe en su diario: "yo no persigo la coherencia, sino que publico sobre todo aquello que me gusta, y únicamente libros que me siento capaz de defender. Mi compromiso tiene que ser absoluto. Así es como yo concibo mi trabajo. El escritor tiene que escribir, el editor tiene que dar vida a los libros. No veo límites a esta idea. La literatura es demasiado importante como para no dedicarle todo mi tiempo”.

Evidentemente y por muchos motivos, algunos de los cuales se desprenden de lo que se nos cuenta en la novela -basada en hechos reales, como está de moda en el cine de hoy- este editor es uno de esos héroes que en ningún momento cree serlo. ¿Y los monstruos? La represión francesa contra la liberación argelina, los inicuos asesinatos en masa de manifestantes argelinos pacíficos, en pleno Paris (1961), los horrores que sacudían las calles de Argel y de otras ciudades del país, la abominable "cruzada" intregrista que asoló al campesinado argelino durante los ochenta y noventa, la corrupción y desidia de los sucesivos gobiernos argelinos y sus dirigentes, que ahogaron los sueños de libertad y progreso de los ciudadanos...

"Un hombre que lee vale por dos", se lee en árabe y en francés en un cartel  colocado en el escaparate de "Les vraies  richesses". El editor Charlot vale por muchos hombres, en realidad simboliza a un pueblo martirizado, el franco-argelino. Los últimos capítulos fechados en Paris y Argel en 1961, son el epítome de la narración. Ante los escombros de su segunda librería, destruída por una bomba anónima francesa "por ser simpatizante de los argelinos", un periodista le pregunta a Charlot sobre su amigo Camus y al final le pide "su receta" para los futuros escritores. Y ese hombre lúcido responde: "Compre una mesa corriente, con cajón y cerradura. Cierre el cajón y tire la llave. Cada día escriba tres hojas de papel y las desliza por la la ranura del cajón, sin releerlas. Al año tendrá novecientas hojas. En ese momento llega su turno."

FICHA

NUESTRAS RIQUEZAS.-Kaouther Adimi.- Trad. Manuel Arranz.  Ed. Libros del Asteroide.-181 págs. ISBN 9788417007607

 

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30 diciembre 2018 7 30 /12 /diciembre /2018 10:12

Creo que esta es una "buena novela" para rememorar los casi diez años años que llevo colaborando con Octavio Serret , los cincuenta años que llevo escribiendo reseñas literarias en múltiples medios de comunicación escrita o radiofónica y, "last but not least" (por último pero no menos importante) porque en este libro se reúne, sino magistralmente, sí de forma digna e interesante, la filosofía de amor al libro y a la lectura que he defendido toda mi vida en mi profesión y en mi actitud e ideología personal.

Laurence Cossé, autora de "La buena novela" (de editorial Impedimenta), es una escritora y periodista francesa de 68 años autora de varios libros, aunque creo que este fue el primero traducido a nuestro idioma (en 2009). Ha trabajado para "Le Quotidien de Paris" y para la emisora de radio "France Culture".

Nuevamente, como en "La librería ambulante" de Christopher Morley, "La librería de las nuevas oportunidades" de Anjali Banerjee, "La mujer de arena" de Rabih Alameddine y algunas otras de encantador recuerdo, un autor se atreve a mostrarnos el alma escondida de un tipo de librero maravilloso: la persona que se hace librero porque ama los libros, los lee, los conoce y alimenta su vida con ellos, más allá de las circunstancias del oficio y de las notorias dificultades que ese singular negocio padece en estos tiempos difíciles para la cultura en general y para el libro en particular.

Realmente "La buena novela" es una excelente novela y además un libro muy bien editado y que como suele ocurrir con los libros de Impedimenta, con una portada atractiva y una traducción intachable, en este caso de Isabel González-Gallarza.  

En la novela asistimos a la creación de una librería en París cuyo nombre da título al libro. Es un establecimiento peculiar y, de alguna forma, refleja el sueño no confesado de la mayoría de los lectores de raza, es decir de las personas que no saben concebir mejor uso para sus manos que sostener un libro e ir pasando las  hojas morosamente mientras el alma fascinada del lector se pierde en lo que nos cuentan esas páginas: esa librería sólo venderá buenas novelas (y para no meterse en problemas, cualquier otra que le sea reclamada por un cliente, ejemplar que ellos pedirán al distribuidor y venderán bajo encargo). El fondo editorial quedará constituido por obras maestras recomendadas por un comité secreto de ocho grandes novelistas que facilitan en principio sendas listas de 600 novelas cada uno y luego irán añadiendo las que estimen oportuno de entre las que vayan surgiendo.

La genial idea comienza teniendo un enorme éxito (¿quién no ha soñado con una librería así?) pero muy pronto va concitando rechazo e incluso agresividad de grupos y entidades que acusan a los promotores (Van, un joven librero obsesionado con los libros y la lectura y Francesca una seductora mujer de fortuna, perteneciente a la clase alta francesa) de elitismo, desprecio cultural y manipulación facistoide. La broma literaria de la autora se extiende a la divertida reseña de los periódicos y revistas franceses, con sus nombres visiblemente semejantes a los reales.

Comienza como una novela de misterio: asistimos a tres atentados contra tres personas de las que no sabemos casi nada, más adelante nos iremos enterando que se trata de tres miembros del secreto comité que selecciona las obras maestras para la librería. La historia se nos cuenta a través de un narrador que se mantiene en el anonimato, aunque va dejando pistas de su cercanía a Van y se nos informa de la génesis y desarrollo de la librería a través de una larga exposición que hacen Van y Francesca a un funcionario de la policía judicial al que piden ayuda para evitar más atentados.

Evidentemente hay muchos elementos de intriga, humor crítico e información sobre las novelas y los autores que integran el fondo editorial de la librería, un acercamiento lúcido a los pros y los contras de una idea tan revolucionaria y un ritmo literario fascinante que se basa en los pocos personajes que llevan la trama, Van, Francesca y Anis, un triángulo amoroso que tiene la complejidad y el encanto de los clásicos de los que se nos habla continuamente. En resumen, es una de esas novelas que se lee de un tirón y deja un rastro de "daños colaterales" en algunos lectores: notas sobre los libros que uno se tiene que comprar y leer. Libro para amantes de la novela, para editores y libreros enamorados del objeto de sus oficios y para todo aquel que, simplemente, quiera pasar un buen rato.

 

FICHA: LA BUENA NOVELA.- Laurence Cossé.-Ed. Impedimenta. 23,95 euros. 416 págs.

 

 

 

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18 diciembre 2018 2 18 /12 /diciembre /2018 09:15

Cervantes y "Don Quijote" es a los libros de caballerías lo que el guionista y escritor norteamericano William Golldman y "La princesa prometida" es a las novelas y  películas de "grandes aventuras y amores verdaderos". El primero usa  a Cide Hamete Benengelí, un escritor morisco, "arábigo y manchego", como supuesto autor de la obra y Goldman se inventa a un escritor norteamericano de ascendencia nórdica -en realidad nacido en "Florín", un reino fantástico- llamado S. Morgenstern . Cervantes busca compañero  y amada para su caballero de la Triste Figura y Goldman se conforma con dos compañeros para su héroe Westley (que tiene una muy bella figura): Fezzic el gigante e Iñigo Montoya, un espadachin  español ("guiño" de Goldman al lector avisado) y por supuesto una Bella princesa, la más hermosa de mundo, (llamada absurda o irónicamente Buttercup, "pastelito" en castellano) que en realidad ni siquiera es de sangre real (es de origen campesino, como el héroe, una  lechera). Pero donde Cervantes lleva su fantasía a estrellarse continuamente con una realidad sórdida, Goldman lleva su hiperbólica y desmesurada irrealidad novelesca a superarse a sí misma en una escalada de imposibles en franco desafío a lo posible, trufada toda ella de la realidad, entre bromas y veras, del propio Goldman. Don Quijote y Sancho cabalgan por una Mancha casi documental y los héroes de nuestra historia corren sus increíbles aventuras por un supuesto reino de "Florin, que se extendía entre Suecia y Alemania. Por supuesto "antes de que formara Europa". En un caso, el cervantino, los "malos" son reales y circunstanciales o imaginados e inexistentes; en nuestra novela, el malo es el príncipe de Florín, llamado Humperdinck, un psicópata que "tenía la forma de barril...pecho enorme de barril y muslos poderosos abarrilados, pesaba cerca de ciento veinte kilos y caminaba de costado como un cangrejo" y su hombre de confianza, otro psicópata llamado conde Rugen, cuyo mayor placer era estudiar los efectos del dolor en todo ser viviente, tenía seis dedos en la mano derecha, maestro espadachín y pieza importante en esta original "novela" pues es el sujeto que asesinó al padre de Iñigo Montoya (que era un fabricante de espadas extraordinarias) y causa la obsesión de Iñigo por encontrarse con él y matarlo (la frase "Me llamo Iñigo Montoya; tú mataste a mi padre; prepárate a morir" se repite bastantes veces en la novela, cada vez que Iñigo tiene ocasión de decirla...y son muchas). Y por fin, si en Cervantes el concepto clave es la dialéctica ficción-realidad, aquí es realidad-ficción- realidad ficcionada, más complejo y considerablemente más irónico, sarcástico y juguetón (aunque, como pueden suponer pertenecen a dos niveles literarios distintos y aquí acaban las comparaciones, similitudes e influencias del gran Cervantes en el divertidísimo e inteligente William Goldman). Por último, aunque no menos importante, el concepto ético que domina esta rara novela es "La vida no es justa, nunca lo ha sido y nunca lo será" con lo que redunda un poco en lo que piensa el lector de "El Quijote" cuando el Caballero pasa las de Caín en nombre de su "Amor Verdadero", para acabar además muriéndose de tristeza con el cuerpo apaleado y todo su mundo reducido a una "locura" objeto de burla.

Otra característica que rinde homenaje a la excelencia literaria es el recurso a la oralidad como base para la narración. De abuelos a padres y de estos a hijos, "La princesa prometida" va siendo leída a niños atentos, entusiasmados y reacios a que les den gato por liebre. Por tanto en el libro se entrecruzan varios niveles: el del narrador primigenio, Morgenstern, el del "compilador" y "sintetizador" del largo original, Goldman y el del hijo que fue Goldman o el del propio "hijo" de éste, un gordito que será redimido por el ejemplo de Swazenegger  (en la vida real Goldman tuvo dos hijas, pero SI les leyó la historia de la Princesa que estaba escribiendo) y, naturalmente, las "morcillas" o intevenciones continuas de Goldman en sus funciones de "re-escritor" que nos habla de su propia vida, sus problemas legales "con los herederos" de Morgenstern, su propia mujer, Helen, una conocida psiquiatra (creo que invención del escritor, ya que su esposa no era psiquiatra ni se llamaba Helen), sus guiones de cine (entre ellos, dos premiados por sendos Oscar, "Dos hombres y un destino" y "Todos los hombres del presidente" y otros grandes éxitos como "Misery" de Stephen King (que pasa a ser personaje de este libro), "Marathon Man", basada en una novela suya, y otras muchas, una brillante carrera truncada por la Parca el pasado 17 de noviembre. Y, sobre todo, destaquemos el humor y la desternillante ironía con que Goldman nos va contando los cortes y supresiones de páginas que hace al original de M. porque son aburridas y ya las hizo un su día el padre o abuelo que leía dicho original ("como en Moby Dick hay que saltarse las aburridas páginas sobre los detalles de la caza de ballenas", dice W.G.).

"La princesa prometida", publicada originalmente en 1973, con versión cinematográfica de 1987,  es una joya de la metaliteratura, llena de un humor a ratos de brocha gorda, tipo Tom Sharpe o Rabelais, o de sarcástica sutileza como Wodehouse, Mark Twain, Waigh o Sterne, es decir un humor más británico que yanqui. Desde la nota del editor recomendando al lector que se salte las dos introducciones del autor (la primera en el 25º aniversario de la novela y la segunda en el 30º)   y vaya a la página 45 para ver de qué va la cosa, hasta la guasa de signo superlativo que destilan las dos introducciones, paeando por la descripción de los cortes que Goldman hizo al original de Morgenstern, hasta los problemas del "compilador" en su intento de escribir una continuación de "La Princesa prometida" que llevaría por título "El bebé de Buttercup" y que los editores habían decidido encargar a Stephen King porque vende más libros que Goldman, pasando por las casi treinta páginas que se adjuntan de dicha continuación (con los comentarios agudamente sarcásticos del autor), el lector queda bien servido, aunque apenado porque ya sabe que NO LEERÁ dicha continuación en forma de libro, por fallecimiento del autor.

Este artefacto  literario que, como la película (dirigida por Bob Reiner), se ha convertido en un libro de culto para entendidos o avisados lectores y cinéfagos (parece ser que hay millones repartidos por todo occidente), debería ser objeto de una oferta librera peculiar: un pack que contuviera el libro y también un dvd con la película. La imaginativa editorial, "Ático del los libros" podría apuntarse un tanto superior al que ya tiene por haber publicado esta magnífica edición que tengo en mis manos.

Por cierto, para que quede constancia de la rara erudición (y no sólo en las cosas del reino de Florín) de Goldman, parece ser que el nombre de Simon Morgenstern, el "genuino autor" de "La princesa..." es un homenaje al creador del término literario de origen alemán "bildungsroman", es decir, "novela de iniciación" como el "Werther" de Goethe o "Las afinidades electivas", "La isla del Tesoro" de Stevenson, o "El artista adolescente" de Joyce. Su nombre: Johann Karl Simon Morgenstern. 

Pero todo este artículo suena demasiado a literatura seria, así que me detengo y les conmino a leer una novela que trata dinámica, divertidamente, emocionante y también de forma arrolladoramente sugestiva, asuntos tales como: "esgrima, lucha, tortura, venenos, amor verdadero, odio, venganza, gigantes, cazadores, hombres malos, hombres buenos, las damas más hermosas, serpientes, arañas, bestias de toda clase y aspecto, dolor, muerte, valientes, cobardes, forzudos, persecuciones, fugas, mentiras, verdades, pasión y milagros." Y no dejaréis la lectura hasta saber "¿qué fue de la hermosa Buttercup y del pobre Westley, y de Iñigo, el más grandes espadachín de la historia mundial? ¿Cuan fuerte era en realidad Fezzik? ¿Tenía límites la crueldad de Vizzini, el siciliano o la del príncipe  de Florín o la de su esbirro  el conde que tenía seis dedos en la mano derecha y había matado al padre de Iñigo?"

En fin, disfruten leyendo y si pueden háganse con la película. Les garantizo que cualquier lector que se "enganche" a esta novela acabará formando parte de un selecto club mundial, con sede en Florín, ese país enredado en uno de los pliegues de la vieja Europa. Y compartirá con millones de amigos una frase emblemática que los distingue a todos y cada uno del resto del mundo: "Me llamo Iñigo Montoya: tú mataste a mi padre, prepárate a morir".

FICHA

LA PRINCESA PROMETIDA.- William Goldman.- Trad. de Celia Filipetto.- 390 págs. Ed. Ático de los Libros.- ISBN 9788416222636

 

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15 diciembre 2018 6 15 /12 /diciembre /2018 09:11

Hace algún tiempo les hablé ya de Iris Murdoch, una narradora y ensayista anglo-irlandesa, profesora de literatura en un colegio de Oxford y alumna de Wittgenstein, de una inteligencia novelesca y una sensibilidad literaria bastante fuera de lo común. Una película soberbia titulada "Iris" nos hablaba de su genialidad y del cruel desenlace de su vida, privada por el alzheimer de su libre y avasalladora personalidad creativa.

Pasada la treintena Murdoch publicó su primera novela "Bajo la red" con un éxito fulgurante que años después le valió el juicio lisonjero de la revista "Time" de considerar dicha novela una de las 100 mejores novelas publicadas en inglés en el siglo XX. Personalmente discrepo de ese juicio aún considerándola una buena novela (como suelo rechazar esa obstinación de algunos de hacer "listas" de valor literario o artístico en base a...su propio y personal criterio). 

Iris Murdoch  fue una mujer particularmente brillante con n una narrativa a la altura de su inteligencia y de su personalidad renovadora, desafiante y anticonvencional, llena de un sentido de la ironía y el humor que, como en esta historia, llega a extremos hilarantes. Su capacidad de crear personajes por corrientes y creíbles al mismo tiempo, de escribir diálogos de una sonriente profundidad que arrastran al lector o de imaginar situaciones surrealistas dentro de la comicidad más inesperada. Tiene las características ideales para encarnarse en un escenario o en una película: dinamismo, sensibilidad, inteligencia y humor. 

Las venturas y sobre todo desventuras de Jake Donaghue, un escritor  en horas bajas que malvive como traductor, parece convertirse en una especie de parodia del "Ulises" de Joyce mezclado con la picardía, la desverguenza y el talento picaresco de un Tom Jone. Las relciones del protagonista con una antigua novia Anna y su hermana, Sadie, junto a la presencia de su amigo Hugo, un filósofo tan perdido como él pero capaz de tener ideas que Jake se apresura a apropiarse para sus propios intereses. Londres se convierte en la contrafigura de Jake, una especie de laberinto infernal que proporciona a la Murdoch la excusa para mostrarnos la endemoniada Corte de los Milagros que es la capital inglesa de mediados del siglo XX. Un don Quijote patético y encajador de rechazos, acompañado por su Sancho donQuijote (el primo lejano, Finn) que es su contrafigura. 

Esta novela picaresca inglesa del pasado siglo tiene, como sus homólogas hispanas, inglesas o francesas una profunda amargura soterrada bajo el brillante manto de humor, sarcasmo e ironía. Con un elemento añadido nada desdeñable:  las frases de estilo filosófico y lingüístico que van espolvoreándose aquí y allá (y que es una de las características de este autora). Como muestra un botón que resume filosóficamente las peripecias del protagonista: "Toda teorización es una huida. Debe dirigirnos la situación en sí, y eso es inexpresablemente concreto. Desde luego, es algo a lo que nunca podemos acercarnos lo bastante, por mucho que intentemos, por así decirlo, meternos bajo la red". ¿De qué red habla Iris y su personaje? Del lenguaje, por supuesto.

como vemos en este otro fragmento de diálogo entre Jake y Hugo: "Hay situaciones que no se pueden desenredar nunca-dijo Hugo- tienes que dejarlas a un lado. Tu problema, Jack,  es que quieres comprenderlo todo con empatía y no puede ser. Uno debe andar a trompicones aunque se equivoque. La verdad reside ahí.

-Oh, al infierno la verdad... Las acciones no mienten; las palabras siempre...pero ya veo que todo ha sido una alucinación." (pág. 311)

Y más adelante: "¿Cuándo conocemos a un ser humano? Tal vez sólo cuando uno ha comprobado la imposibilidad de conocerlo y ha renunciado al deseo de ello y al final ni siquiera siente su necesidad. Pero lo que uno consigue ya no es conocimiento, es simplemente una especie de coexistencia; y esa es también una de las máscaras del amor". (pág. 325)

Fallecida en 1999, con 80 años, Iris Murdoch, tal vez por la calidad intelectual y literaria de su narrativa y también  gracias a los empeños de su compañero durante la mitad de su vida, el crítico literario John Bayley, que publicó dos maravillosos libros sobre la escritora, Elegía a Iris (1999) como Iris y sus amigos (2000), editados en Alianza, parece vivir un auténtico renacimiento en el interés del público lector. 

FICHA:

BAJO LA RED.- Iris Murdoch. Traductores: Javier Alfaya y Barbara McShane.  Editorial: Impedimenta.- 345 págs. ISBN: 9788417115890

 

 
 
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7 diciembre 2018 5 07 /12 /diciembre /2018 10:26

El novelista británico, Aldous Huxley, 1894-1963, injustamente medio olvidado en estos tiempos, publicó varias novelas más o menos utópicas o distópicas, como, entre otras, "Un mundo feliz", "Las puertas de la percepción", "Mono y esencia" y un año antes de morir, "La isla" donde creaba un mundo que era el reverso de su utópico y futurista "Mundo feliz" que lo era todo menos feliz. En esta novela postrera Huxley aboga por un optimismo filosófico influenciado por la sabiduría oriental y la que llamó "filosofía perenne". No entraremos en el análisis de la obra o de sus mensajes, sino sólo en una anécdota que estimo esclarecedora para nuestros días marcados por la inseguridad en casi todos los ámbitos de la vida humana. El periodista Will Farnaby, protagonista de la novela naufraga cerca de la ficticia isla de Pali en el Pacífico. Una isla de prohibido acceso donde se encuentra una comunidad de personas regidas por unas normas muy peculiares. Pero sólo quiero destacar para la reflexión del día de hoy, la, presencia ya en las primeras páginas de un   enorme pájaro negro "parecido a un grajo" que sobrevolaba y se posaba cerca del náufrago, maltrecho, tumbado en la hierba del bosque y modulaba perfectamente con un tono "alto, nasal y monocorde", una voz inhumana, dos mensajes: "¡Atención, atención!" y  "en una frase canturreada, do, sol, do: "¡Ahora y aquí, muchachos!", ¡Ahora y aquí, muchachos!". Una niña que aparece por allí, de unos diez años, le explica al náufrago el misterio de las frases que el pájaro no cesa de repetir, como otros muchos, por toda la isla: "Eso es lo que uno siempre olvida, ¿no es así? Quiero decir, uno olvida  prestar atención a lo que sucede. Y eso equivale a no estar ahora y aquí".

Prescindamos ahora de la novela y la moralina filosófico-oriental del autor. Atengámonos a las exhortaciones del pájaro: Atención y Ahora y Aquí. Sólo haga la prueba. Son dos amonestaciones claras y tajantes. Presta atención plena a lo que haces, ahora y aquí, descartando el murmullo de la mente, lo que te dice que vas a hacer a continuación después de leer esto, los resabios del ayer, los proyectos de mañana. Nada de eso existe. Mira a tu alrededor sin pensar en nada, sólo atento a lo que tienes en tu entorno, a tu cuerpo, sentado, respirando, míralo todo lentamente con atención absoluta, escucha los ruidos sin identificarlos, sólo escucha, siente tus manos, tu cuello tenso por la lectura, el movimiento de tu pecho al respirar, no nombres lo que ves, sólo mira como si fuera la primera vez que ves dónde y cómo estás, sin definir ni juzgar ni comparar, sordo a la memoria y olvidadizo de lo que fue y desinteresado de lo que será. Atento a la atención, estable y abierto a este aquí y ahora completamente vivo, dinámico, indiferente, sin historia ni emociones, sólo la sensación indescriptible de estar vivo. Si lo haces bien, te sorprenderás profundamente. Si no es así, reflexiona seriamente en ello. Te puede cambiar la vida.

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5 diciembre 2018 3 05 /12 /diciembre /2018 09:13
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28 noviembre 2018 3 28 /11 /noviembre /2018 13:58

Parece ser que la edición que poseo de esta novela está descatalogada. La buena noticia es que ha salido una nueva edición en la editorial Salamandra, aunque no tengo datos de ella o de la traducción. La de Sandra Campos para RBA es bastante buena. También me  gustó la portada, que fue uno de los motivos por los que adquirí el libro en 2009 (había desaparecido, antes de leerlo,  en uno de esos traslados de bibliotecas donde se pierden o extravían misteriosamente algunos ejemplares. Este ha aparecido (¿casualmente?) en uno de los estantes dedicados a libros de viajes. La reciente aparición de una película basada en la novela me recordó que ese llamativo título yo lo conocía y fue el motor de búsqueda del libro en las dos bibliotecas de las que dispongo en dos ciudades distintas.

“La Sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernesy”  es una delicia literaria que recuerda por el género de narrativa -epistolar- a "84 Charing Cross Road" el libro de la norteamericana Helene Hanff que también tuvo una modélica versión para el cine en la película de 1987 "La carta final" (interpretada por Anthony Hopkins y Anne Brancoft) pero que no llega a superar la magia de la novela.

No conozco aún la película de "La sociedad literaria..." pero la novela la he devorado en unas horas, a pesar de las dificultades lógicas que supone la narrativa epistolar. Hay más coincidencias: las autoras, Mary Ann Shaffer y Annie Barrows son norteamericanas, libreras y editoras (como Helene Hanff, que además era traductora) y sus temáticas respectivas se refieren a Inglaterra y en la misma época más o menos, en torno a la segunda guerra mundial. Y mientras "84 Charing Cross Road" habla de una librería dedicada a la venta de libros antiguos y a una lectora compulsiva de clásicos ingleses, la que hoy nos ocupa habla de una escritora inglesa que de forma casual entabla relación con algunos habitantes de una de las islas inglesas del Canal de la Mancha,  Guernsey, frente a las costas francesas, que fue ocupada por los nazis.

Del curioso nombre de la sociedad literaria inglesa nacida bajo la ocupación nazi de las islas del Canal y de los avatares que la acompañan, algunos bastante trágicos, no les contaré nada para salvaguardar la previsibles y placenteras sorpresas que tendrán. La descripción de los personajes, principalmente de los lugareños, y la habilidad de presentar cartas cortas pero muy llenas de contenidos y observaciones agudas, hacen de la lectura un placer sin fisuras. Punto destacado para mí es la ética descripción que atañe a algunos -pocos- de los soldados alemanes cuyo comportamiento con la población civil mostraba una humanidad (peligrosa para ellos mismos)  de la que  como sabemos, carecía la gran mayoría de los nazis.

Los libros y unos determinados autores son los que dan contenido a ambos libros (más eruditos los de la primera y más populares pero también clásicos los de "La sociedad literaria...". Así leeremos cosas divertidas sobre lecturas de Wilkie Collins,  las hermanas Bronte,  Wilde o Charles Lamb, e incluso de  clásicos  romanos como Séneca o Cátulo.

La primera carta que leemos es de Juliet, la protagonista de la historia, fechada el 8 de enero de 1946, y dirigida a Sydney Stark, su amigo y editor. Desde aquí ya comenzamos a vislumbrar la ironía y el  fresco y sencillo humor que dominan el estilo de la novela, con unos detalles  sobre la vida cotidiana en Londres (y más tarde en la isla) recién acabada la guerra, con todas las dificultades e incomodidades y carencias que eran parte de la normalidad en esos días. El azar -un hombre de la isla compró de segunda mano un libro de Lamb que perteneció a Juliet, donde está su dirección y le escribe para que le ayude a conseguir una biografía de ese ensayista galés que murió tres años antes de empezar la época victoriana- es el motor que alimenta el desarrollo de una correspondencia que cada vez involucra a más personas y de donde sale la anécdota de la sociedad literaria y con ello, el deseo de Juliet de escribir un libro sobre los detalles y circunstancias --algunos muy divertidos y otros muy dramáticos-- de lo que ocurrió durante la guerra.

FICHA

LA SOCIEDAD LITERARIA  Y EL PASTEL DE PIEL DE PATATA DE GUERSNEY.- MaryAnn Shaffer y Annie Barrows.- Tra. Sandra Campos. Ed. RBA. 303 págs. ISBN 9788498673951                                                                                  

 

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