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24 noviembre 2018 6 24 /11 /noviembre /2018 09:48

El libro del poeta y narrador ibicenco Vicente Valero (1963) ha sido una muy agradable sorpresa. Sujeto al hilo conductor de su afición al ajedrez y su tendencia lúdica a viajar, el autor sale de su retiro personal subyugado por las sombras literarias y filosóficas de cuatro escritores esenciales en el pasado siglo y finales del XIX, Nietzsche, Rilke, Kafka y Brecht. , cuyas estelas biográficas van formando entre sí un tapiz de cruces, desencuentros, casualidades y sincronicidades, entre los que Valero introduce su propia avidez de conocimiento y re-conocimientos. Cuatro viajes a lugares distintos de la geografía europea donde las sombras fantasmales de esos hombres han coincidido en algún momento, lugar , paisaje o circunstancia histórica que se imbrica en la propia, actual, del autor que vive ese "encuentro" como una búsqueda azarosa: Walter Benjamin en la localidad danesa de Svendborg (donde Benjamin y Brecht fueron fotografiados jugando una partida de ajedrez), cercana a Elsinor, el castillo de Hamlet, el príncipe condenado a la necesidad de pensar, quizá como trasunto del propio Valero. Kafka en Munich donde hace una lectura ¿premonitoria? de "En la colonia penitenciaria" quizá despertando la cercana presencia futura de Hitler y el nazismo. El Turin de Nietzsche donde la devastadora locura le alcanzaría y donde Valero gracias al ajedrez conoce a una pareja que le llevará a otras pistas y otras vivencias relacionadas con el entramado evocador y literario de su libro. O Rilke en Berg, cerca de Zurich, donde una serrería impidió que  el poeta acabara sus "Elegías de Duino".

Hay una entrecruce de rastros, aparecen y desaparecen otros autores de la época, Zweig, Kraus, en una época en la que el mundo está cambiando y preparándose para un Holocausto no sólo judío, sino humano, social y económico de extensión y profundidad inimaginables. Todo podría quedar en un exceso intelectual y cultural, pero Valero tiene la habilidad de poner una pieza esencial -él mismo- que relativiza la rigidez erudita que amenaza estos trabajos para convertirse en un libro de viajes de una persona común y muy informada, que ironiza sobre sus propios viajes y nos lleva a pie de calle por los lugares,  con una sencillez que desarma el fetichismo que esos grandes hombres suelen suscitar.  

Las reflexiones de Valero sobre ciertos aspectos de algunos de sus admirados autores logran una altura considerable, como la referida a  Benjamín sobre las altas expectativas sobre su obra en curso que este escritor solía  crear entre amigos y conocidos para implicarles  y comprometerles  en la importancia del trabajo y la necesidad de ayudarle a terminarlo "por razones superiores", o aquella más amplia referida a la tendencia de los creadores a buscar un refugio para realizar su trabajo supremo, a "encastillarse", y los obstáculos que el artista ha debido afrontar: "Y esa lista de obstáculos que todo artista ha anotado en su cuaderno de pérdidas...nos revela que la vida ha dado sus frutos...ha hecho lo que tenía que hacer, en perjuicio de la soledad creativa y la contemplación absoluta...esa amada monomanía de los artistas que no es la vida misma en sus formas naturales sino una violencia misteriosa y un poco patética que ejercemos, sin llegar a saber la razón,  contra el flujo potente y finito de la vida".

La habilidad del autor en dar una imagen discreta y rodearse de detalles cotidianos informales que incumben al ejercicio del viajar, equilibra la balanza con la seriedad de sus indagaciones y las descripciones de los lugares y las personas. Hay una simpática madurez estilística y narrativa en Valero que hacen interesante y divertida le lectura. La espontaneidad de los viajes, ese dejarse llevar por las circunstancias o el capricho, ese amoldarse estoico pero también epicúreo a lo que acontece, aumenta la delicia del lector, que termina asociando el juego del ajedrez y sus reglas y sus movimientos a la búsqueda de sombras legendarias en los lugares reales donde estuvieron en otro tiempo, cosa que Valero nos recuerda en ocasiones repetidas con la frase: "Como afirman los grandes maestros del ajedrez, hasta dónde te puede llevar la partida siempre es un misterio".

Valero es un "viajero real que desayuna, se baña, pasea, conduce o entabla conversaciones", pero su afán confesado es hacer un recorrido con las cartas marcadas por la literatura de una convulsa y crucial época, sacudida por el arte expresionista, el dadaísmo y las vanguardias, una visión secular del mundo en la que  Dios había muerto y había dejado un hueco para que se instalaran los totalitarismos, la guerra, la crueldad absoluta y la banalidad del mal. 

FICHA

DUELO DE ALFILES.- Vicente Valero. Periférica.163 págs. ISBN 9788416291717

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21 noviembre 2018 3 21 /11 /noviembre /2018 10:35

La escritora norteamericana Edith Wharton, 1862/1937, autora de la soberbia novela "La edad de la inocencia" (llevada al cine por Scorsese en 1993), además de una mujer desdichada (las poetisas y narradoras, lamentable y curiosamente, suelen tener biografías más tristes y dramáticas que sus colegas masculinos) fue una ensayista inteligente y sutil. El fenómeno de la lectura y las clases de lectores es cuestión que no escapa a su perspicacia. Les dedica un artículo largo en la North American Review,  en el número de octubre de 1903, con el título de "The Vice of Reading". El paso del tiempo ha matizado sus opiniones, como no podía ser de otra forma (en solo este siglo ha cambiado el mundo de la lectura, la edición y los lectores, más que en el tiempo pasado desde la aparición de la imprenta) pero no las han condenado al baúl de los recuerdos. Sigue habiendo lectores aquejados del "vicio" de la lectura y entre ellos hay clases, paradojas, exageraciones y hasta patologías. Como dice la Wharton ya en el comienzo: "Ningún vicio es más difícil de erradicar que el que se considera popularmente una virtud". Y más adelante entra en harina asegurando: "Hay algo peculiarmente agresivo en la actitud virtuosa del lector que lee por sentido del deber". Y añade: "la lectura volitiva -la que busca una utilidad, un reconocimiento, una hazaña intelectual, el incienso de los que admiran la cantidad de libros supuestamente leidos  sobre la cualidad intima de la lectura-  no es lectura, al igual que le erudición no es cultura". Y añade: la lectura verdadera es una acción refleja...el lector nato lee de forma tan natural como respira...cuanta más meritoria se considera la lectura más estéril se vuelve".

Deberíamos pensar en un poco en estas desafiantes y  discutibles afirmaciones, trasladando la reflexión, por supuesto, a nuestro tiempo. No es una reflexión inútil u obsoleta. ¿Qué tipo de lecturas suele usted efectuar? ¿Tiene alguna razón de ser en el siglo XXI el sujeto que se escuda tras una nutrida biblioteca sin conocer realmente la mayor parte de los títulos que atesora? ¿Es que ser un lector "vicioso" tiene algún tipo de reconocimiento social todavía? El hábito de confundir el juicio moral con el intelectual, o la amoralidad con la inmoralidad en las lecturas  ¿no debería evitarse con distinguir entre la tendencia general de un libro -su valor técnico e imaginativo global- y sus elementos meramente episódicos? Hace cien años se condenaba el "Ulises" de Joyce o la "Lolita" de Nabokov por razones morales. Estas cosas ya no ocurren. Pero ahora la mayoría de los lectores-espectadores ha perdido la sutilidad ética y se pierden por el "otro" extremo. Ignoran donde están los límites. Han perdido los puntos de referencia, la escala de valores. Por eso es difícil encontrar una obra -de ficción-- que tenga el sabor a "clásico" que tenían algunas pocas en otras épocas. Entre otras razones porque el lector "mecánico" convive con críticos "mecánicos" y los juicios y análisis que recibe tienen tan poca sustancia como sus propias opiniones. La "doxa" (opinión) reina sobre la "episteme" (conocimiento) y ambas ignoran a la "sophia" (sabiduría).

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15 noviembre 2018 4 15 /11 /noviembre /2018 09:29

Hay algunos libros en los que la relación entre  la calidad del texto y el tamaño del libro, número de páginas o volumen son inversamente proporcionales. Es el caso de este mini ensayo, "El vicio de  la lectura" que casi parece un artículo largo.  Fue escrito por la norteamericana Edith Wharton premio Pullitzer y primera mujer doctor honoris causa en Harvard, a la que conocía exclusivamente como novelista, francamente buena aunque por razones inexplicables de escaso éxito actual (vivió a caballo entre los siglos XIX y XX) a pesar de un estilo depurado, muy superior a los que hoy abundan incluso  entre los mejores del ramo y una inteligencia y agudeza que me recuerdan a la de la malograda Iris Murdoch.

La entonces atrevida hipótesis de trabajo de la Wharton (lo publicó en 1903) era que la amplia socialización educativa, la difusión de la cultura y el acceso de las masas a los libros y las bibliotecas, inmediatamente considerada como un instrumento de mejora social y laboral, por tanto económica, había fomentado la  creación y propagación de un nuevo vicio: el de la lectura. Con ese germen tan activo no tardaría en aparecer la enfermedad correspondiente y lógica epidemia: los lectores de textos-basura, los calificados como "lectores mecánicos" (porque leen "mecánicamente"). Eso provocó un enorme aumento de publicación de libros y consecuentemente un aumento brutal de la literatura basura y del lector consumidor de esos bodrios. Los cuales, debido de su ingente número se convirtió en un peligro evidente para la buena literatura. ¿Qué escritor, por bueno que sea, no prefiere publicar un libro mediocre o medio malo por cientos de miles de ejemplares que uno muy  bueno que compran algunos cientos de lectores desperdigados?

Y como con agudeza (suena a Wilde) nos recuerda la autora, "Ningún vicio es más difícil de  erradicar como aquellos que popularmente se consideran virtudes" Aunque la autora hila más fino y recuerda que los presuntos frutos que teóricamente produce la lectura en las personas, su vida y sus obras, no dependen de la lectura en sí, sino de la clase de libro y autores que lees, como tampoco depende de la cantidad sino de la calidad y aún más, no de lo grande que sea tu biblioteca personal sino del número de libros que lees realmente (seguramente la Wharton esto no llegó a conocerlo, pero recuerden ustedes aquellas editoriales que vendían colecciones enteras para la decoración "de estatus" de algunas casas de la clase media y media-alta. Cito: La providencia nos proporciona innumerables autores cuya misión obvia consiste en proteger a la literatura de los estragos de los tontos. El lector mecánico se convierte en un peligro para las letras sólo cuando osa pastar en prados que no son los que le están predestinados.

El análisis del tema se completa con marcar las diferencias notables entre el lector "mecánico" y el lector nato, la compulsividad agresiva de aquél frente a la naturalidad de éste que, en última instancia, suele establecer una suerte de "diálogo" con el autor y de ese diálogo, en el mejor de los casos, sale un enriquecimiento personal. 

El que esos lectores no natos, se pasen al "lado serio" de la literatura (generalmente por esnobismo), preocupa a la autora porque, con la osadía de la ignorancia, pueden llegar a dañarla al opinar sobre ella, dada la democratización de la opinión pública que da oídos a todo el mundo. Y con cierto elitismo escribe: "Es probable que si sólo leyeran los que saben leer, sólo producirían libros los que saben escribir". 

En estos tiempos, la obrita de Wharton queda ya en líneas generales algo obsoleta, los problemas son otros. Pero aún es apreciable la finura en el análisis de los tipos de lectores y sus motivaciones. Aunque fuese solo por eso, resulta un placer útil leerla. 

FICHA

EL VICIO DE LA LECTURA.- Editorial José J. de Olañeta. Traducción de Abel Vidal. Encuadernado en rústica con solapas, tiene 48 páginas.

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2 noviembre 2018 5 02 /11 /noviembre /2018 10:13

El israelí Yuval Noah Harari, que acaba de cumplir cuarenta años, tiene la  loable ambición de mostrarnos en tres libros el nacimiento, desarrollo, auge y supuestamente declive y deterioro progresivo y cuasi apocalíptico de ese género o especie animal absurda, destructiva, genial, desdichada, patética aunque poética, ridícula y tan cruel como enternecedora que conforma al ser humano, el espécimen más letal de este planeta  tan hermoso como destruido y esquilmado que llamamos Tierra.

Con "Sapiens. De animales a dioses" (2014) o "Homo deus. Breve historia del mañana" (2016) a "21 lecciones para el siglo XXI" (2108) Yuval no sólo ha conseguido hacerse razonablemente rico y ser bastante conocido en los medios informativos y académicos de todo el mundo occidental y tolerablemente  aceptado -con una sonrisa escéptica y algo irritada que se reserva a los "chicos traviesos"- por el estamento científico, sino que está conmoviendo y alertando conciencias por todo el mundo lector que se lee sus entretenidos mamotretos de centenares de páginas.

En un  principio este artículo iba a tratar sobre el último libro de Noha, confrontado   con el de Steven Pinker, "En defensa de la ilustración". Dos libros recién editados. Best sellers por una vez justificadísimos. Los dos nos hablan del mundo que tenemos y por lógica empírica del que nos viene ya. Pero YA. En realidad vivimos en este mismo momento bajo sus parámetros  tecnológicos, sociales, económicos, políticos y amorales. Ya han desaparecido, obsoletas, costumbres consolidadas durante siglos (algunas detestables sin  duda) y desde la cuna a la tumba se va diseñando un ser humano sutilmente diferente, distinto, extraño, que se amolda o trata de hacerlo a cambios que les afectan desde la familia a las relaciones sentimentales, las emociones o las formas de ganarnos la vida, divertirnos, pelearnos o situarnos frente  al futuro. La historia no ha muerto, como aventuró Fukuyama, ha  perdido su sentido.

Dado el interés y la envergadura de estos libros, he decidido optar por una  solución salomónica. Le dedicaré un artículo a cada uno de ellos por separado. Dado que mi conclusión, absolutamente personal y por tanto no solo discutible sino rechazable, es que la gente de las generaciones próximas a la mía, por delante y por detrás, seguramente apoyarán la broma imposible y marxista (sector Groucho) de que paren el mundo para "bajarse en la próxima" y seguir que todo siga su curso hacia la entropía, he preferido aligerar tal visión oscura con un próximo artículo en que hablaré del discutible pero razonable optimismo de Pinker. Y todo eso no por una visión apocalíptica sino filosófica: los que soñamos en la "vida buena" de epicúreos y estoicos, estamos fuera de lugar. Pero ustedes, la gente joven del siglo XXI serán los pioneros de un mundo nuevo, quizá mejor-es mi deseo más ferviente: tengo nietos- que el resto de la bastante lamentable historia anterior. Y ese es el otro aspecto de la cuestión. Más bien la cara oscura de la Luna. La posibilidad, no probable pero tampoco imposible, de que la vida y el ser humano tomen un sesgo inesperado que evite el apocalipsis que la lógica de la historia nos propone. La dialéctica está servida.

Yuval Hoha forma parte de una especie intelectual casi extinta que es la de los "ilustrados radicales", ya que no sólo defiende de los valores de la Ilustración que Kant en 1784 definía como "los principios básicos de la razón, la ciencia, el humanismo (y la libertad) y el progreso que harán salir a la humanidad de su autoculpable inmadurez", sino que a diferencia de grandes ilustrados como Locke, Voltaire o el mismo Kant, defiende esos valores hasta sus últimas manifestaciones, ya sea la homosexualidad, el catolicismo, el islamismo, los ateos y la libertad de conciencia. Más cercano a Spinoza que a esos otros y judío como él no muy aceptable por su comunidad debido a sus opiniones, nuestro autor nos ofrece la cara y la cruz del ser humano en tres tiempos, su pasado de primate dotado de la "chispa" divina enredada en sus neuronas, un posible, quizá probable, futuro en el que la chispa es tecnológica y las neuronas chips y seremos cualquier cosa impensable entre la IA y la Scf y un "presente" que si la neurofilosofía y la física cuánticas no nos engañan es una entelequia temporal, algo que ya no existe proyectándose en una existencia en movimiento permanente cuyo destino inescrutable va adaptándose como puede a un progreso que posee su propia dinámica incontrolable (aunque los ilusos mortales piensen que saben lo que hacen y hacia dónde van). 

Harari nos dice al principio de su obra:"En esta obra mi plan es global. Observo las principales fuerzas  que modelan las sociedades del mundo y que es probable que influyan en nuestro planeta como un todo. El cambio climático quizá esté muy lejos de las preocupaciones de la gente que se encuentra en una emergencia de vida o muerte, pero puede que al final haga que los suburbios de Bombay sean inhabitables, que envíe nuevas y enormes oleadas de refugiados a través del Mediterráneo y que conduzca a una crisis global de la atención sanitaria”. Y de inmediato nos pregunta: "Qué implica el ascenso de Donald Trump? ¿Qué podemos hacer con la epidemia de noticias falsas? ¿Ha vuelto Dios? ¿Se aproxima una nueva Guerra Mundial?¿Qué civilización domina el  mundo, Occidente China o Japón, el Islam?¿Porqué está en crisis la democracia liberal? ¿Tendría que Europa abrir las puertas a los inmigrantes?¿Puede el liberalismo resolver los problemas de la desigualdad y el cambio climático?¿Qué debemos hacer con respecto al terrorismo?...

Más adelante asegura: "En su forma actual la democracia no sobrevivirá a la fusión de la  biotecnología y la infotecnología. O bien se reinventa a sí misma de una forma radicalmente nueva o bien los humanos acabarán viviendo esclavizados por dictaduras digitales." Y no hay ni ideologías, ni mentes, ni  mucho menos pueblos "elegidos" que puedan dar soluciones a estos problemas. Ni siquiera el suyo, del que puntualiza (un capítulo lúcido, el 12, que disgustará a Jerusalén:  el judaísmo “desempeñó sólo un papel modesto en los anales de nuestra especie” y realza su carácter esencialmente tribal en comparación a las religiones mundiales: islamismo, budismo, cristianismo. Aunque no ignora los indudables logros culturales y científicos de su mismo grupo etno-religioso (los judíos son el 0,2% de la población mundial, pero más del 25% de los premios Nobel de Física, Fisiología o Medicina), los atribuye a individuos concretos, no al “judaísmo” como tradición cultural suprema.

El libro es un canto al laicismo y al humanismo secular. Hasta los respetados principios de la Ilustración libertad, justicia e igualdad, podrían resultar anticuados en un mundo en el que “las biotecnologías podrían cambiar la naturaleza misma del género humano, y por tanto están mezcladas con las creencias éticas y religiosas más profundas de las personas…aunque lográramos evitar la guerra nuclear y el desastre ecológico, la gente tiene opiniones muy diferentes acerca del uso de la biogenética (o una ignorancia casi total la mayoría) y la IA para mejorar a los seres humanos o crear nuevas formas de vida. Si la humanidad no consigue concebir e impartir globalmente reglas éticas generales, aceptadas, supervisadas y controladas, se abrirá la veda a los presuntos doctores Frankenstein que crea el poder de las nuevas técnicas biológicas”. (Pág 144)

Como alivio a este anorama citaré una opinión menos radical, la del editor de la revista MIT Technology Review, “Estamos muy lejos del momento en que una inteligencia artificial sea capaz de entender el mundo sin una base previa de datos”.  Aunque como remata Noah "El peligro es que si invertimos demasiado en desarrollar la IA y demasiado poco en desarrollar y promover la conciencia humana, la sofisticada inteligencia de los ordenadores solo servirá para fortalecer la estupidez natural de los humanos".

Y ahí el autor hurga en la llaga: "“La estupidez humana es una de las fuerzas más importantes de la historia, pero a veces tendemos a pasarla por alto…políticos, generales y eruditos ven el mundo como una gran partida de ajedrez, en la que cada movimiento obedece a meticulosos cálculos racionales. Podría ser así…hasta cierto punto. Pocos dirigentes en la historia se han vuelto locos y se han   puesto a mover piezas aleatoriamente (aunque los ha habido). La mayoría creen tener razones lógicas para mover sus piezas en un momento dado. El problema es que el mundo es mucho más complejo que un tablero de ajedrez y la racionalidad humana no llega a entender bien esas diferencias, ni las complejas variables que no obedecen reglas de juego. De ahí que incluso líderes racionales y lógicos acaben haciendo cosas muy estúpidas y dañinas. No hay dios ni ley de la naturaleza que nos proteja de la estupidez humana” “ pag. 202

Me ha gustado su defensa de la UE como experimento orientado a una sociedad global basada en la democracia, los mercados libres, la paz y los derechos humanos que podría compensarse, con un " Un "patriotismo benigno”, pero lejos del aislacionismo nacionalista, podría ser al menos una etapa intermedia antes de alcanzar soluciones verdaderamente globales. Aunque Harari teme que lo que llama “disrupción tecnológica”, vinculada a los hallazgos de la neurociencia y la revolución de la tecnología informacional, esté desfondando nuestros amados principios  sobre la libre elección de los votantes (incluso sobre el libre albedrío), y sobre la eficacia del gobierno ilustrado. "“La fusión de la biotecnología y la infotecnología es una amenaza para la libertad y la igualdad humanas. Cualquier solución al reto tecnológico tiene que pasar por la cooperación global. Pero los nacionalismos, las religiones y las culturas dividen a la humanidad y hacen imposible tal cooperación “(pag. 105)

Por ello el apoyo a una perspectiva laica de la existencia es otro de los logros de este autor: se trata de un ideal, un compromiso global con la Verdad, la Compasión, la Igualdad, la Libertad, el valor para luchar contra la opresión y la tiranía y la responsabilidad humana, de cada uno de nosotros, sobre nuestros actos y nuestro futuro y la capacidad de admitir nuestros errores y puntos ciegos (la “sombra” de nuestra humanidad) y la resolución de enmendarlos sin buscar paranoicamente entes, naciones o personas a las que responsabilizar.

Ya que, nos recuerda, Intentamos negar la complejidad del mundo en que vivimos de varias maneras: minimizar los conflictos reduciéndolos a la lucha entre buenos y malos, centrarse en una historia o relato conmovedora como explicación para juzgar, montar teorías conspiratorias que explican “todo el problema”, un grupo de millonarios de elite, la CIA, los francmasones o los nazis ocultos o los Sabios de Sion y, por fin, crear un dogma y un jefe omnisciente que nos sacará del lío. Ya la tenemos armada.

Para suavizar el mensaje tan duro sobre lo que es nuestros mundo, sugiere una forma distintta de enfocar la educación de nuestros hijos:  “en las escuelas deberían dedicarse a enseñar las cuatro “ces”: pensamiento crítico, comunicación, colaboración y creatividad". Se tendría que dar menos importancia a las habilidades técnicas y hacer hincapié en las habilidades de uso general para la vida, capacidad de gestionar los cambios, de aprender nuevas cosas y de mantener el equilibrio mental un una situación tan continuamente estresante, es decir reinventarnos otra vez como seres humanos, con un sistema de valores básicos y principios éticos. Para tener éxito en esa tarea tan abrumadora deberás volver a aceptar el consejo más antiguo y repetido por los filósofos y la sabiduría: conócete a ti mismo. Y deja de creer en los cuentos que las religiones y los nacionalismos se inventaron y no dejan de repetir. Simplemente recuerda que todo cambia sin cesar, que nada tiene una esencia perdurable y que nada es completamente satisfactorio. Ya en ese camino (un aire fresco a sabiduría budista es expande por las páginas finales del libro) Noah nos sorprende dedicando el capítulo final a la meditación. Una práctica personal para una revolución global. Sin no cambia la persona, el ser humano individual, ninguna revolución  tendrá éxito. Y esto es una verdad universal.

Libro, pues, para leer sin prisas, subrayar y reflexionar detenidamente en algunos parágrafos, aunque otros nos parezcan alarmistas, exagerados o utópicos. Hay mucha verdad y mucho sentido común (e información bastante fidedigna) en estas páginas. No se lo pierdan.

FICHA

21 LECCIONES PARA EL SIGLO XXI.- Yuval Noah Harari.- Trad. Joandomenec Ros.- 399 págs.- Ed. Debate, PVP 21,90 e. 

 

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30 octubre 2018 2 30 /10 /octubre /2018 13:24

Excelentemente editado por Errata Naturae (a la que sólo falta añadir un pequeño prólogo sobre la personalidad, vida y obras del autor, algo un poco más serio y  enjundioso que la simple solapilla de portada). Este conjunto de pequeños ensayos del norteamericano John Burroughs (1837-1921) hará las delicias de todos los que aman la Naturaleza en estado puro, sin envasar en paquetes turísticos, sin invasiones de ecólogos tecnocráticos, gente que, como anuncia el título del libro y del primer ensayo, conocen y practican "el arte de ver las cosas", técnica natural que cualquier   lector de los filósofos clásicos griegos y latinos ya ha aprendido si ha digerido bien lo estudiado.

Cuando murió, a los 83 años, las cosas en su tierra y menos en el resto del mundo aún no se habían puesto tan alarmantes como ahora. Sus libros inspiraron al movimiento civil de conservación de la Naturaleza en su país (lo que ha evitado, incidentalmente, que mantuviera genialmente en casi todo el gran país  y  más en Canadá) y debería ser de lectura obligatoria en todos los institutos de enseñanza media españoles.

Sin llegar a igualar la fama de Henry David Thoreau (aunque a mí en particular me parece mucho más "auténtico") nuestro autor es, como nos recuerdan sus editores y en palabras del poeta Walt Whitman "el genuino hombre de los bosques, el único nativo entre los árboles". Fue "The Grand Old Man of Nature" para todo el país, en el que su popularidad era continuamente alimentada por ensayos naturalistas, -"Wake-Robin", el primero, apareció en 1871- y literarios de una riqueza descriptiva y científico divulgativa asombrosa. Lamentablemente, después de su muerte (falleció durante un viaje en tren) fue decayendo su fama, lo cual hace esta "recuperación" de estos editores doblemente valiosa, aunque algunos de los planteamientos y juicios parezcan obsoletos. Para mi siguen teniendo encanto...natural.

Las raíces filosóficos de muchos de estos ensayos dejan ver la cercanía de nuestro autor con el mundo dinámico y peculiar de su mentor intelectual, Ralph Waldo Emerson.  Su nombre corona una de las cumbres de las tres montañas que forman la "cordillera Burroughs" en forma de placa con una frase suya de amor a la belleza de la Tierra en su conjunto.

Pero no se equivoquen, aunque Emerson llamara a Burroughs "un granjero alerta e inquisitivo...todo curiosidad y atención" (¡menudo piropo!) el tipo no tenía nada de simple, banal o tosco. Era agudo como una flecha y sutil como una flor silvestre.  Aquilaten esta observación espigada de su ensayo "Una perspectiva sobre la vida": "...compartir la gran vida soleada y dichosa de la Tierra...y ser capaz de ver que la falta, el pesar y el sufrimiento del mundo son una parte  necesaria del curso natural, una fase de la ley de crecimiento y desarrollo que recorre el universo, amarga en su aplicación personal, pero iluminadora desde la perspectiva de la vida en su conjunto. Sin muerte y decadencia, ¿cómo iba a continuar la vida?". Estoicismo de alta calidad. El elegante Marco Aurelio hubiera firmado sin pensarlo estas líneas clarividentes.

Para mí, Burroughs, es el presidente supremo de la "Orden de los caminantes" una mística andariega de la que me siento miembro honorífico desde que en mi adolescencia me perdía por los montes de Collcerola. Y de ese placer lleno de esfuerzo sano, dotes de observación y disfrute ambiental (mas respeto a todo lo que vive, animal o planta, hasta las piedras) están llenos estos 16 ensayos reunidos en este libro.

Déjenme añadir esta cita, aunque todo el mundo lo haga: “Si tuviera que señalar los tres recursos más preciados de la vida, diría que son los libros, los amigos y la naturaleza; y el más magnífico de todos ellos, al menos el más constante y el que siempre está a mano, es la naturaleza… una mina inagotable de aquello que conmueve el corazón, atrae a la mente y dispara la imaginación. Salud para el cuerpo, estímulo para el intelecto y alegría para el alma”.

En un viaje a Inglaterra y Escocia, Burroughs es capaz de caminar decenas de kilómetros diarios y dedicar 34 páginas del libro para escuchar el canto del ruiseñor o investigar durante semanas los comportamientos sociales de arañas, abejas o serpientes, así como de todo tipo de pájaros, a los que conoce por sus trinos. Eso hace un poco difíciles de digerir muchas páginas de este libro debido al menos en mi caso a mis escasos conocimientos sobre biología animal, sobre fitología y las 300.000 especies del Reino Vegetal y otras ciencias naturales. Sin embargo, es tan transparente el amor de este hombre por la Naturaleza y su mirada tan limpia, atenta e inteligente, que el placer de leerle supera su inconsciente  complejidad de fanático naturalista.

FICHA

EL ARTE DE VER LAS COSAS.- John Burroughs.- Trad. Ana González Hortelano.- Ed. Errata Naturae.- 323 págs. ISBN 9788416544851

 

 

 

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20 octubre 2018 6 20 /10 /octubre /2018 08:59

Los filósofos taoístas nos hablan de la importancia de captar lo esencial en las cosas, las palabras, las actitudes, las personas, los libros. Aunque como decía Saint Exupery "lo esencial es invisible para los ojos", es gratificante tomarse el trabajo de buscarlo y después ofrecerlo, aunque uno se equivoque confundiendo a veces el rábano con las hojas, el entusiasmo pedagógico le vuelva hiperbólico o la impulse a consideraciones o reflexiones al menos discutibles. Pues bien, eso es lo que ocurre con Ramón Ayllón, un profesor de filosofía que también tiene un excelente gusto literario. En su libro “Tal vez soñar", tan hamletiano él, aborda la carga filosófica que existe en la gran literatura (que en el fondo es una redundancia, ya que ambas disciplinas tienen el mismo objeto de estudio. el ser humano, sus pensamientos y acciones, en estrecha hermandad también con la psicología: sólo difieren en el estilo y el objetivo: el conocimiento o el placer . En una introducción breve y pedagógica y 15 capítulos con una tema y obra literaria específica, Ayllón se acerca a interesantes cuestiones de rancia exigencia filosófica a través de grandes obras literarias.

Manejo la primera edición de este ameno libro (2009) y supongo -y deseo- que ya debe haber algunas más en el mercado. Es un excelente y entretenido manual introductorio a ciertos asuntos filosóficos usando la enganche sugestivo de autores, personajes y argumentos de obras que forman parte del legado literario de  la Humanidad, aunque ni son todas las que están ni están todas las que son. Pero eso forma parte de la libertad y el genio del autor y en eso no hay quien se deba inmiscuir.

Desde el ilustre Ulises, "hombre de mil ardides" que Homero destacó en la "Odisea" tras habrrle dado un importante papel secundario en la Iliada , pasando por el bueno de Alonso Quijano y su esquizofrenia esencialmente literaria, por el pragmático Robinsón (modelo del anglosajón colonialista y práctico) o la ternura del pequeño niño rubio de las estrellas, el ,horror de la vida malograda de Ana Frank, a los cerdos (nazis) de la granja en la que los animales se rebelan de una tiranía para caer en otra peor. Encarnar una reflexión sobre el mal en "El señor de las moscas" y otra sobre el bien en "El señor de los anillos", me parece malgastar dos cuestiones esenciales en filosofía (y en la vida, que es lo mismo) en dos obras complejas y de valor literario dispar (me resisto a aceptar la analogía de valor que Ayllón  establece entre la obra de Tolkien (a la que admiro profundamente) con la Odisea de Homero (que es uno de los pilares básicos de la cultura humana). Para ilustrar la filosofía de Nietzsche (tan manipulada en los 30 y 40 del pasado siglo por los psicópatas de la cruz gamada) Ayllón nos introduce en Dostoievski y su "Crimen y castigo" y en "El lobo de mar" de Jack London. Bueno. Aunque me gusta más la referencia al libro de Lipovetsky, "El crepúsculo del deber" como ejemplo de la desvinculación con la moral de nuestra época (quizá el tema tenga relación, pero yerra un poco en colocarlo en un libro cuyo objetivo operativo se vincula a las grandes obras literarias). Shakespeare entra en liza a través de Hamlet para referirse a la cuestión inevitable de la muerte y Dostoievsky vuelve al escenario para otra de las inevitables constantes humanas: la existencia de Dios. Sin cuestionarlo en absoluto, como crítico y lector, me ha sorprendido la inclusión del caso de Etty Hillesum como elemento de análisis de la amistad y el amor o la de Delibes como ejemplo de las bondades de la institución familiar.
Suscribo la opinión que leí en alguna parte sobre este libro : "Por eso, y por infinidad de pequeños detalles que salpican el texto en casi todas sus páginas, ésta es una obra para discutir con ella, para charlar y debatir, para corroborar ideas o para refutarlas, para discrepar o para mostrar la mayor de las conformidades. En suma, una obra para convertir algunos de los más grandes libros de la historia literaria en objeto de reflexión constante y fértil."

 Y en eso estamos totalmente de acuerdo. Esa es la  función y el valor de estas obras meta literarias  en las que no "se hace" literatura sino que se piensa y se filosofa sobre libros de tal manera que atraen al lector que no los conoce, a hacerlo desde un conocimiento previo que enriquece sin ninguna duda la propia lectura.

FICHA

TAL VEZ SOÑAR.- José Ramón Ayllón.-Ed. Ariel. ISBN 9788434488168

 

(*) Editorial Ariel, Barcelona, 2014, 3ªedición, 136 páginas

 

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14 octubre 2018 7 14 /10 /octubre /2018 09:37

"Alicia en el País de las Maravillas" cumplió 150 años de vida en  2015. Unos treinta  años antes, el escritor norteamericano David Slavitt, en los ochenta del pasado siglo publicó un libro sobre el viaje a Alicia Lidell, la niña que inspiró la Alicia de Carroll, realizó a Estados Unidos en 1932 para recibir un homenaje debido al aniversario de las primeras ediciones del mágico libro. Una octogenaria Alicia Hergreaves (apellido de su marido) recibe con estoica amabilidad el doctorado  honoris causa en letras por la Universidad de Columbia de Nueva York.

Durante esa estancia en tierras americanas, la anciana, acompañada por su hijo Caryl y su hermana Rhoda, negociarán la venta del manuscrito de la obra que el reverendo Charles Lutvidge Dodgson, llamado Lewis Carroll para la Literatura Universal, profesor en el Christ Church de Oxford de donde era decano el doctor Lidell, padre de Alicia. E manuscrito estaba dedicado a ella por el autor y su valor era incalculable, es decir, absurdamente elevado. Con sa bios y habilidosos  saltos argumentales entre 1932, 1926 y 1928, Slavitt desgrana una serie de elementos y eventos que afectan a los principales personajes del drama, la misma Alicia -una figura de inteligente inocencia- su hijo, débil y algo disoluto y sobre todo los fantasmas del escritor pedófilo Dodgson-Carroll, el odio del decano Lidell y el esposo de Alicia contra su figura, de las dos hermanas Lidell que posaron para Carroll y los testimonios de dos mujeres que en su niñez habían sido "objetos de arte placentero" para el tímido, genial y pervertido escritor.

Pese  que la novela se lee con cierto placer y a uno  le cuesta imaginar a la  circunspecta Alicia octogenaria con la niña inocente que retratara y pintara Dogdson, algo en mi se niega a aceptar la especulación literaria que cnvierte a Carroll en una especie de Mr. Hyde pedófilo y a la vivaz e inteligente Alicia como  una anciana consumida por un complejo obsesivo de silencio y autoengaño sobre remotos acontecimientos que su hermana Edith, siendo ambas niñas, delató consumida de celos por la preferencia de Dodgson/Carroll por Alicia, a la madre y provocó el odio eterno y el rechazo del decano Liddell y más tarde del marido de Alicia, Heargreaves, arrastrando ambos toda la vida las dudas sobre  lo que realmente ocurrió entre el reverendo tímido y las dos niñas. 

M e quedo con los tres  últimos versos que el conejo blanco (quizá el propio Carroll) dedicó a Alicia:: "esto  deberá ser un secreto que todo el mundo ignore menos tu y yo"). Y también con el pensamiento que  Slavitt pone en la mente de la Alicia anciana: "Ella amaba a Carroll. Lo adoraba; no había llegado a recobrarse completamente de su perdida irreparable...aquél hombre asustadizo, nervioso, adorable; el hombre que más y  durante más tiempo había amado". Eso no son los pensamientos de una mujer adulta recordando a un hombre que presuntamente había abusado de ella siendo niña. Señor Slavitt, "mejor no meneallo"

Y como curiosidad sobre el pseudónimo de Dogson, copio: "Su nombre completo era Charles Lutwidge Dodgson. Para crear el pseudónimo, tomó "Charles Lutwidge", y lo transformó al latín, dando como resultado "Ludovicus Carolus". De nuevo, tomó el nombre latino y lo adaptó otra vez al inglés, dando como resultado el Lewis Carroll que todos conocemos."

FICHA

ALICIA A LOS 80.- David R. Slavitt.-224 págs.-Traducc. Carlos Milla. Ed, Laia. 9788476682838

 

 

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9 octubre 2018 2 09 /10 /octubre /2018 09:38

Hay al menos tres Le Carré. Uno, el sus primeras novelas en plena guerra ría y aledaños, que me entusiasmaron. Después tras la Caida del Muro, La Carré parecía haber cedido a las tentaciones de los best seller y las versiones cinematográficas y yo fui perdiendo interés. Creo haber percibido en alguna novela un desesperado intento de acercarse a la trascendencia literaria de Graham Greene, segundo periodo, y ahora, con la respetabilidad y la supuesta sabiduría que ofrece la edad como daño o regalo colateral, parece dejar de importarle la fama o el prestigio, la critica o la capitalización cinematográfica de sus  obras. Me vuelve a interesar (aunque nosiempre) y creo que el principio aislado y prematuro de la postrera etapa comenzó con "Un  espía perfecto", que es de 1986 y de la que la BBC perpetró una serie mediocre.

Un accidente doméstico, tan absurdo e inesperado como suelen serlo todos, me ha confinado al encierro monástico obligatorio. Aunque mi interés de lectura más exclusivo es la filosofía y su añorada e imposible meta, la sabiduría, el dolorido cuerpo me pedía a veces una frivolidad literaria banal que le apaciguara un poco. Rebuscando en mi biblioteca policíaca, dí con "Un espía perfecto" y la leí de un tirón durante dos días de sorprendido placer.

La capacidad de análisis del protagonista, sus sondeos biográficos, la figura del omnipotente padre, un estafador de altos vuelos y baja estofa, la banalidad política y económica y la pertinencia psicológica del doble juego del espía, la solidez de los personajes secundarios y la ironía, sarcasmo, instrospección, sutilidad, inocencia e inteligencia del narrador, aunada a la estupidez práctica y la cretina burocracia del mundo secretista, han constituido un deleite tan profundo como las mejores novelas de Maugham o de Greene o algunos maestros de la escuela americana.

No les cuento nada de las desventuras del atractivo, sugestivo e inteligente, Magnus Pym, ni de sus motivos para ejercer de agente doble, ni de su obsesión por escribir sus memorias antes del fin, ni  de sus "dos" padres prodigiosamente diseñados...léanla.

FICHA

UN ESPÍA PERFECTO.- John Le Carré.- Trad. Jaime Zulaika.- Págs 445.- Ed. Plaza Janés.

 

 

 

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4 octubre 2018 4 04 /10 /octubre /2018 11:03

Lo primero que me atrajo de este libro es la aparente disparidad entre los pensamientos y la figuras humanas y filosóficas de esos dos hombres. coetáneos pero tan radicalmente diferentes: era como comparar a un Sócrates o un Pitágoras con un Montaigne  o un Heidegger. Con concepciones y tradiciones filosóficas en polos opuestos, Ortega y Wittgenstein han dado ocasión desde el 2010 a una serie de eventos académicos que ha buceado en sus respectivas obras para encontrar inesperadas resonancias intelectuales (insisto: no hay constancia de que ninguno de ellos conociera la obra del otro) en cuestiones tales como los conceptos de creencia, la autenticidad, la estructura del yo o la controvertida praxis del quehacer del filósofo en la vida, de la utilidad empírica de su labor. Era como hermanar a Epicuro con Saussure. A pesar de que supuse que el libro, editado por una editorial tan poco sospechosa como Tecnos, era una de esas entelequias endogámicas universitarias, lo he leído con atención y con creciente interés. Y lo  recomiendo sin reservas a cualquier interesado en algunos de los dos pensadores por separado o especialmente si existiera un erudito curioso que  lo esté en ambos.

Los coordinadores del libro  (que integran nueve capítulos de distintos autores, incluidos ellos mismos) son dos profesores universitarios, Jaime de Salas de la Complutense madrileña y José María Ariso, de la Universidad de La Rioja, ambos con un nutrido historial académico de investigaciones y publicaciones sobre Ortega, Leibniz, Hume,  Bergson y Habermas, el primero, y libros de filosofía psicológica, teoría del conocimiento y filosofía contemporánea, el segundo.

La presencia de Ortega queda justificada en la recuperación académica que se viene produciendo en los últimos diez años de su legado filosófico y de la originalidad y calado  de su pensamiento. La de Wittgenstein por se una contrafigura filosófica que opone al modelo de Ortega empeñado en salvar su circunstancia al del vienés tratando de superar sus propios errores a través de delimitar el significado del lenguaje y llegando a analizar las creencias como condiciones reguladoras de la vida, punto en el que Ortega articula parte de su pensamiento, apuntándose algunas coincidencias entre la creencia orteguiana y la certeza de Wittgenstein.

 Como se apunta en el prólogo, también se apuntan diferencias notables entre las actitudes de los dos pensadores y sus diferentes articulaciones teóricas: "mientras el pensamiento de Ortega ...afronta una coyuntura histórica concreta (la española), la actividad filosófica de W. se concreta en un esfuerzo por entender el sentido del quehacer humano tal y como lo transmite el lenguaje sin pretender hacer diagnóstico alguno del momento histórico en el que vive".

Ariso en concreto, en su aportación, copara el "imperativo de autenticiad" en la propia postura que ambos autores estudiados esbozan, desde "llevar una vida irreprochable desde un unto de vista moral" en W. hasta el planteamiento  de Ortega de su autenticidad como elemento ya supuesto y que articula como punto de partida para indagar en la realidad. Esa disparidad queda reflejada  en el articulo de Sanfélix que estudia los dos conceptos de la Filosofía "como forma de vida" en los dos autores, desde la concepción casi mística de W. como invitación a una "retirada del mundo" y al "silencio" hasta la fórmula platónica y estoica de que la Filosofía "en última instancia" debe servir para integrarse en y reformar el mundo".

No es objetivo de este trabajo analizar cada una de las excelentes aportaciones de especialistas como los dos coordinadores citados, ni las del resto: Vicente Sanfélix, Mariano Rodriguez (que compara la "creencia en el yo" de los dos autores), Mª del Carmen Paredes que habla de la creencia y forma de vida en los analizados, Rui Bertrand o Karsten  Schoellner que esbozan posibles aplicaciones actuales de determinados pensamientos de Ortega y W., Antoni Defez que presenta con gran originalidad el "problema de los animales desde un punto de vista ontológico en ambos y, para terminar el tema de las perspectivas etnológicas y antropológicas en Ortega y W. según Astrid Wagner y Ángeles  J.Perona.

FICHA

ORTEGA Y WITTGENSTEIN. eNSAYOS DE fILOSOFÍA  PRÁCTICA.- Jaime DE Salas y José Mª Ariso, coordinadores. Ed. Tecnos.-343 págs. ISBN 9788430971909

 

 

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28 septiembre 2018 5 28 /09 /septiembre /2018 17:33

Magnífico y esclarecedor libro de François Julien, filósofo y sinólogo francés de consolidado prestigio entre los especialistas en la cultura tradicional china, que presenta un revolucionario trabajo sobre las diferencias entre la filosofía y la sabiduría.

En el libro de  Renée Weber,"Diálogos con científicos y sabios" (La liebre de marzo) hallé una frase que podría compendiar el sentido definitivo del magnifico libro de Jullien. Dice así: "La filosofía...en su origen...buscaba la estructura profunda de las cosas...objeto que en los últimos siglos se ha convertido en estudio de la ciencia. La física, más próxima a la naturaleza, da la sensación de tratar con la estructura profunda de ésta, aunque años después descubrí que lo que  más se aproximaba a ella era el misticismo (la sabiduría esencial), por ser más abstracto y a la vez más interior que la ciencia y obsesionarse mas con la simplicidad y la unidad". Mas tarde cita una frase del físico Nobel Max Plank: " La ciencia no puede resolver el misterio final de la Naturaleza porque, en el último análisis, somos parte de la Naturaleza y por lo tanto parte del misterio que tratamos de descubrir".

Jullien, apoyándose en su extenso y profundo conocimiento de la sabiduría (que no filosofía) china nos da en su libro la clave que apunta las citas anteriores: no hay misterios que descubrir, hay que vivir gozosamente en el misterio, formando parte de él, porque no nos compete ni siquiera saber si tratamos con un misterio o con un caos natural y perfecto cuyo orden oculto no nos es dado conocer ni comprender. Por eso el sabio no tiene ideas, no tiene nada que decir de las cosas "ya que decir obstaculiza su proceso regulado (¿les suena a Wittgenstein?) y hay que desconfiar de las ideas porque no solo distancian sino que además, al fijar y codificar el pensamiento, lo vuelven definitivamente parcial y privan a la mente de su disponibilidad creativa...y la alejan del fondo de inmanencia que subyace en todo lo existente". Como decía Wittgenstein, "la idea ya está agotada, ya no vale par nada...es como el papel de plata, que ya no puede alisarse una vez que ha sido arrugado". Evidentemente estamos hablando de sabiduría, no de ciencia o de filosofía. Es decir de algo poco práctico o útil, que no se enseña en la Universidad y que está social y culturalmente devaluado en estos tiempos de voraz tecnología ingobernable. Solo se trata de algo que  nos enseña a vivir como seres humanos. Algo pues poco importante que consideramos caduco como frías cenizas del pasado  mas remoto.

Porque la sabiduría consiste  en no privilegiar ninguna idea sobre otra sino en mantenerlas a todas en el mismo plano, todas accesibles, sin que ninguna de ellas, al anteponerse, tape otra o le haga sombra; en definitiva, sin que ninguna quede sobre las demás, no estar en posesión de ninguna, ni prisionero de ella.

Y es  que cuando un de ellas nos posee en exclusiva todo lo pensable retrocede y ella nos envuelve en un círculo arbitrario que aprisiona  nuestra  libertad  creativa que excluye todo contacto con la riqueza de lo posible. .El punto de vista del sabio concierne a la totalidad. En este punto el amigo Jullien ya ha marcado las diferencias esenciales entre la filosofía, su ambición teórica, empírica y científica, su vocación sistemática, su  sueño estructural y la sobriedad y simplicidad estoica de la sabiduría, una actitud, una actividad "sub especie aeternitatis".
No interesa aquí entrar en esa brillante separación entre los métodos y objetivos de la filosofía, suficientemente reflejados en la misma  historia de la filosofía, ni debemos suponer que Jullien menosprecie en absoluto ese soberbio despliegue de esfuerzos, brillantez y genialidad, sencillamente se nos  pone en evidencia la diferencia, el amplio foso que las separa. No ha lugar el  debate o la discusión sobre prioridades o diferencia. Ambas cumplen objetivos distintos, aunque al principio parecían ser los mismos (filo-amigo,amante; sophia, sabiduría).
La sabiduría es ahistórica, ancestral y arcaica, nutre todas las tradiciones culturales del planeta, se mantiene un modesto rincón popular, detrás de proverbios y consejas del pensamiento, su sola mención despierta cierto sarcasmo valorativo, está al margen de cualquier uso, utilitarismo o academicismo y parece habitar los polvorientos rincones de bibliotecas poco visitadas y los gabinetes de estudio de unos pocos  eruditos u orientalistas que hacen un trabajo callado y sin relieve alguno en una sociedad que prima la formación técnica y el progreso tecnológico sobre la educación humanística y los valores y principios de la ética.

Como escribe Jullien, "mejor que buscar la verdad, es encontrar la congruencia...el sabio ve por dónde aparece la congruencia, su visión es armónica, en lugar de ver de manera fija, aferrándose a su punto de vista, su posición gira para responder eficazmente a cada situación y en ello encuentra la conformidad y la armonía con lo que es". Y añade: "la sabiduría consiste no en juzgar sino en comprender" (pág. 158).

¿Discutible?¿Revolucionario? ¿Provocador? ¿Difícil de entender bajo los criterios analíticos y pragmáticos de la actual forma de pensar? Sin duda. Sólo les he proporcionado una cata. El melón sigue entero, gustoso y provocador.

(Hay más en diariodemimochila.over-blog.es)

FICHA

UN SABIO NO TIENE IDEAS.- fRaNCOIS jULLIEN. Ed.Siruela.-Trad. A.Helene Suárez. 252 págs

 

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