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27 diciembre 2011 2 27 /12 /diciembre /2011 08:56

No se trata de Leopoldo Bloom, no, sino de Harold Bloom. Ambos guardan ciertas similitudes. El personaje señero de Joyce es fornido, epicúreo, divertido, melancólico y sensual. Por lo que he podido colegir, el Harold Blomm, profesor universitario de literatura y autor de un pretencioso y discutible pero interesante "Canon" de la literatura del siglo XX, tiene muchos elementos que le acercan al protagonista de "Ulises".

En sus propias palabras, y bien que lo siento, la obra que leo ahora, fascinado por su erudición y agilidad mental, "Anatomía de la influencia" (Ed. Taurus) sería el "canto del cisne" del excelente ensayista, debido no solo a su avanzada edad, 82 años, sino a un muy precario estado de salud que le ha quitado más de veinte kilos de peso en un año y añadido unos cuantos años más de deterioro a su aspecto.

En esta obra, que es la culminación de su teoría literaria predilecta, la influencia que reciben los genios literarios de sus predecesores y el brillante rastreo en sus obras de las obras y el pensamiento de esos autores, muchas veces casi desconocidos o ignorados. En los años setenta escribió "La ansiedad de la influencia" cuyos principios y sugerencias desarrolla ampliamente  en esta "Anatomía". Bloom nos permite generosamente que bucemos en los criterios que ha defendido durante toda su brillante carrera de critico literario para considerar porqué una determinada obra u autor merece estar en el canon de los grandes y cuales son los elementos que permiten inferir que una obra es muy superior a las que le antecedieron en el escenario literario de una determinada epoca y, en algunos casos, pocos, de todas las épocas, caso de Shakespeare, el gran creador por antonomasia para Bloom (y para quien esto suscribe, punto que siempre me ha hecho estar al lado de Bloom, aunque le discuta otras aseveraciones canónicas).

Es precisamente el Bardo, junto con el poeta Walt Whitman, los dos polos en los que se basa Bloom para montar el armazon teórico de su libro que, por encima de su indudable erudición, a mi personalmente me fascina por lo que tiene de confesión vitalista genuina: el principio vivencial que le sirve para subtitular su libro: "la literatura como modo de vida", algo que he compartido desde que muy pequeño aprendi a descifrar las letras, casi de una forma mágica y solitaria, una ocupación que se revelaría algo esencial en mi vida (como de una forma evidente y visible le fue concedido también a Bloom, que tan brillantemente ha dado prueba de ello hasta el final de sus días, tal vez muy cercano ya.

Shakespeare (del que escribió su maravilloso libro "Shakespeare o la invención de lo humano") es uno de los centros evocativos del libro que nos ocupa, junto a Milton, Leopardi. D.H.Lawrence, Shelley. Joyce, Auden, Melville y por supuesto Whitman. Un libro evocador y delicioso.

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23 diciembre 2011 5 23 /12 /diciembre /2011 08:28

 

NOCHES-OSCURAS.jpgEn estos complicados tiempos, los libros -determinado tipo de libros- pueden sernos de considerable apoyo, consuelo, información básica, clave para ubicarnos o incentivo para el cambio. Y no me refiero a ese subgénero de libros con contenido más o menos psicológico que se llaman "de autoayuda". En realidad lo que les propongo es un racimo de títulos en los que se analiza de forma sencilla, clara y eficaz los escenarios contrastados de la vida humana, con sus cargas de tristeza, felicidad o hastío, estados de ánimo variables y circunstancias difíciles, proponiendo al tiempo un cambio de perspectiva, otra percepción de lo real. Y, en muchos casos, sugiriendo actitudes y comportamientos inspirados en la filosofía clásica o en milenarias técnicas espirituales que han demostrado su eficacia durante siglos.

Empezamos por "Las noches oscuras del alma", del terapeuta junguiano Thomas Moore, que nos ofrece una guía para convertir los momentos personales de crisis, del tipo que sea, en una ocasión inmejorable para crecer como personas cambiando la polaridad de la amargura y rencor en energía de transformación.

sabiduria.jpgLa profesora Mónica Cavallé con su "La sabiduría recobrada" nos recuerda que el sentido original de la filosofía no era la especulación teórica sino la búsqueda y propuesta de un camino pleno para vivir. Se trata de un método para cultivar la sabiduría, siendo la sabiduría la mejor herramienta para lograr el equilibrio y la armonía en la vida cotidiana.

Para complementar estos dos enfoques psicológicos y filosóficos al arte de vivir, sugiero un libro que analiza una práctica que les puede cambiar la vida, una inestimable ayuda para vivir con plenitud en la realidad. Se trata de un pequeño libro de gran mensaje. "Un cerezo en el balcón" de Laia Montserrat. En él, la autora nos cuenta con detalle, claridad y de forma poética y sugestiva los rudimentos básicos para practicar el zen en el tráfago incesante de la vida del urbanita. ¿Y qué es el zen? Una práctica psico-física avalada por siglos de eficacia en la tradición espiritual de oriente (y desde mediados del siglo XX, en occidente). Los principios activos del zen, maravillosos en su simplicidad, están siendo aplicados con gran éxito, aparte de en la vida cotidiana de millones de personas en el mundo, en el mundo de los negocios y la empresa, el arte, el deporte y la comunicación.

gran-rio-consciencia.jpgEn ese mismo orden de conocimiento y para lectores ya informados sobre el zen, o una de sus variantes más lúcidas y disciplinadas, la meditación vipassana, recomiendo encarecidamente el nuevo libro del maestro Dhiravamsa, "El gran río de la consciencia", que publica la editorial "La liebre de marzo". Se trata de un gran volumen que recoge las enseñanzas del sabio maestro oriental que vive en Girona, pero también es un amplio documento real sobre las actividades y cursos de meditación que realizan los seguidores y discípulos del maestro en la tradición vipassana, o de la visión profunda. Es un libro que interesará también a los psicólogos (principalmente a los humanistas, junguianos y en general los transpersonales). Pero por encima de todo, la lectura de este volumen es un acicate muy sutil y eficaz para los que se embarcan en ese difícil pero gratificante viaje hacia la plenitud personal (que curiosamente deja de ser "personal" cuando por algún efímero instante se logra percibir), al encuentro -no la búsqueda- de eso que muchos han llamado la iluminación y que no suele ser más que la percepción personal e instransferible de nuestro auténtico lugar en el mundo, de nuestra interelación con todo lo que vive y de la existencia del "yo profundo" que es mucho más que la suma de nuestro cuerpo y nuestro espíritu, nuestra memoria y nuestro vulnerable e ignorante yo cotidiano.

 

 

 

Vale la pena que se auto regalen uno de estos libros, o los cuatro (siempre hay quien no sabe qué regalarnos por Navidad). Y que los lean con atención. Se llevarán una sorpresa.

 

FICHAS

LA SABIDURIA RECOBRADA. La filosofía como terapia. Mónica Cavallé.- Editorial Kairós.326 págs.

LAS NOCHES OSCURAS DEL ALMA. Thomas Moore. Ed. Urano.429 págs.

UN CEREZO EN EL BALCÓN. Laia Montserrat. Ed. Kairós.102 pág.

EL GRAN RIO DE LA CONSCIENCIA, Dhiravamsa, Ed. La liebre de marzo, 564 págs.

 

 

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22 diciembre 2011 4 22 /12 /diciembre /2011 08:08

He recibido de la editorial Kairós tres libros providenciales. Este hecho baladí, el envío de libros para reseña crítica, parece ajustarse a una de esas "casualidades" que superan la causalidad y obedecen a principios y leyes que desconocemos. Es el concepto que Jung acuñó como "sincronicidad", cuando unos hechos aparentemente casuales se ajustan de manera misteriosa y no buscada a una actitud o una búsqueda, facilitando las cosas de una forma sorprendente. Los tres libros recibidos cumplen esa cualidad "sincrónica". Uno de ellos, "La sabiduría recobrada" de Mónica Cavallé, habla de la filosofía perenne, es decir de aquella filosofía, fuera de los ambitos académicos y especulativos o doctrinales,  que tiene como objetivo aplicar el conocimiento de lo real, en uno mismo y en lo demás,  en busca de la plenitud, el equilibrio y la armonía en la propia vida: el camino hacia la sabiduría esencial, "un conocimiento indisociable de la experiencia cotidiana y que la transforma de raiz, un camino de liberación interior". El segundo, "Vivir con la sombra" de dos terapeutas junguianos, Connie Zweig y Steve Wolf, es una propuesta hacia el conocimiento y la iluminación del lado oscuro del alma, lo que Jung llamó "la sombra" y que es la raiz de muchas patologías y del sufrimiento interior del ser humano. Y el tercero, el más sencillo, breve y poético, es un pequeño manual ("Un cerezo en el balcón", de Laia Montserrat), sobre la práctica del zen en un terreno tan lleno de obstáculos para la práctica, cuando no hostil, la ciudad: la busca de la quietud y el silencio con una técnica milenaria que los japoneses han perfeccionado uniendo la sabiduría del taoísmo con el sentido práctico especulativo de las disciplinas espirituales y fisicas hindúes. Y la sincronicidad del hecho nace de que hace poco escribiendo un trabajo sobre "La historia secreta del psicoanálisis" de John Kerr, base de la película "Un método peligroso", se reavivó mi interés por Jung, al que estudié hace años, objeto de una fallida tesis doctoral y verdadera causa inmanente de que me dedicara primero al psicoanálisis y la terapia humanista y más tarde a un proceso espiritual en el que siempre estaré inmerso. Estos tres libros me están haciendo volver al pasado y me están permitiendo analizar de forma muy gratificante y creativa la dirección de mis proyectos literarios, incluida la novela en la que trabajo. Es como si, digamos, el "destino" me hubiese enviado los libros para hacer mi labor más rica y ajustada a mis deseos y necesidades, conscientes y algunos de ellos inconscientes. On verrà.

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20 diciembre 2011 2 20 /12 /diciembre /2011 12:02

Mientras circulo por las dificultades de mi novela, de mi "work in progress" (¿o debería decir "word in progress"?) dedico parte de mi  agobiado tiempo en escribir reseñas de cine y libros para el periódico y para mi blog. ¿Deber? No. Placer. Esa mala conciencia de trabajador de toda la vida de no dar "puntada sin hilo", incluso en mi retirada vida del mundanal ruido. Ahora estoy incurso en la lectura de varios libros con un denominador común, autores de estas tierras en las que me siento tranquilo y feliz, todo el círculo comarcal que, con el centro en los Puertos de Beceite,  recoge tierras de Cataluña --La Franja, la Terra Alta, el Ebre-- y Aragón, el Matarraña. Así leo a Baltasar Casanova ("Salabror de riu"), Manel Ollé ("Micalet Verderol", "Macianet"), Silvestre Hernández ("El manuscrit de Wadi Al-Abmar" y "Aigües tèrboles") Jesús M. Tibau ("In un cop de vent..."), Asun Velilla ("Secretos del Matarraña") y Francisco Javier Aguirre, ("Los duendes del Matarraña" y "Tirana memoria"). Para mi es un gozoso descubrimiento palpar esa corriente caudalosa --que yo creía subterránea-- de la dinámica literaria que enriquece estas tierras. Mi amigo Serret --Octavio I, césar de los libros-- me ha proporcionado datos y libros de las gentes que tan bien sabe cuidar en su librería. Volveremos en más ocasiones a estos temas. No sólo es justo...es necesario. Cuidemos la cultura del libro, forma parte del espíritu de la tierra.

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16 diciembre 2011 5 16 /12 /diciembre /2011 08:55

psico3.jpg

Se llamaba Sabine Spielrein y a principios del siglo XX era una joven judía de casi 18 años cuando llegó a la clínica psiquiátrica de Burghölzli en Zurich. Atractiva y muy inteligente, aquejada de una psicosis histérica, Sabine se convirtió en una de las pacientes (muy especial, ya que terminó siendo su amante) de un también joven médico psiquiatra suizo llamado Ernest Jung y más tarde, discípula de otro gran médico austriaco judío llamado Sigmund Freud, creador del psicoanálisis, una técnica terapéutica que se caracterizaba por un método basado en la "cura por la palabra". Esta mujer sensible y educada fue una indiscutible inspiración para Freud (y para Jung), aunque jamás se le reconocieron públicamente sus méritos, no sólo por ninguno de los  grandes pioneros del psicoanálisis sino por toda la cohorte de adoradores con la que se rodearon ambos en un pacto de silencio que duró hasta que en 1977 apareció una caja de documentos personales en el Palacio Wilson de Ginebra pertenecientes a una psiquiatra judía que había sido incinerada por los nazis. Se trataba de Sabine Spielrein y en la caja habia unos diarios y parte de la correspondencia que mantuvo con Jung y con Freud. El papel decisivo de Sabine en muchos de los tópicos psicoanalíticos de Freud quedó al descubierto, por ejemplo, en la hipótesis de Sabine sobre la relación entre la sexualidad y la muerte, que Freud utilizaría para su tópico Eros-Tánatos, así como el poco edificante papel de ambos hombres en la vida de la joven judía y el ninguneo al que sometieron a su figura.

La reciente película de David Cronenberg "Un método peligroso" muestra con gran eficacia y coherencia muchos de los elementos biográficos, algunos muy poco conocidos, que interesaron las relaciones triangulares entre Jung, Sabine y Freud (por cierto este último volvió a tener algo semejante más tarde, otro amor igualmente platónico, rivalizando por Lou Andreas-Salomé con Nietzche y el poeta Paul Reed).

En realidad Cronenberg  y su guionista Christopher Hampton no sólo se basaron en su obra de teatro de 2002 The Talking Cure, sino principalmente en la obra que hoy recomendamos, "La historia secreta del psicoanálisis: Jung, Freud Y Sabine Spielrein" (titulo en España de "A dangerous method", que edita Editorial Crítica) del psicoanalista norteamericano John Kerr.

Se trata de un volumen apasionante y no sólo para los entendidos o estudiosos del psicoanálisis: para cualquier persona que desee conocer uno de los momentos estelares de la cultura del siglo XX en dos de sus figuras esenciales. Curiosamente se da una de esas coincidencias que tanto fascinaban a Jung (e irritaban a Freud) a las que llamaba "sincronicidad" y  les daba un sentido especial, medio esotérico: coincidiendo con la película, aparece una biografía de Jung, editada por Kairós, escrita por Jean Jaques Antiner, "Jung o la experiencia de lo sagrado" donde abunda en este episodio que les comentamos.

Pero en esencia casi todos los citados beben de la obra de John Kerr que además ofrece un aporte documental y un análisis histórico, biográfico y psicológico de las tres personas y su medio ambiente, de sus ambiciones, sueños, errores y mezquindades que me parecen de un interés superior. La visión humana que nos ofrece Kerr de la grandeza de Freud, a la que no restan méritos su vanidad, su obcecación en su propia grandeza, sus "préstamos" de ideas de otros, sus propias represiones, su enorme soberbia, sus problemas íntimos, su avidez económica y sus complejos de raza, suponen  en conjunto un reflejo mucho más generoso y honesto que el, por ejemplo,  ofrecido por un francés Michel Onfray en su "Freud. El crepúsculo de un ídolo" donde trata de machacar al pensador judío con una virulencia que repele al final (aunque no se le puede negar su empeño documental, hay demasiado sesgos de inquina casi personal pero sobre todo intelectual: en realidad Onfray me parece un pigmeo subido al hombro de un gigante para intentar sacarle los ojos).

Volvamos pues al modélico libro de John Kerr, donde el lector interesado encontrará muchos de los detalles poco conocidos de Freud y Jung a pesar de las abundantes biografías anterior y los trabajos de los freudianos y junguianos, algunos de ellos empeñados en mostrar a sus ídolos de la manera más generosa y manipulada posible. Con esta lectura, tan fascinante, el lector comprenderá completamente los episodios oscuros que deja perfilados la película citada y se sentirá atraido ante el complejo mundo intelectual, sensual y humano que rodeó el nacimiento del psicoanálisis entre la Viena finisecular y  el Zurich de los primeros años de ese trágico siglo tan esencial y revolucionario que fue el pasado XX.

Y asi, aunque le presencia de la joven judía resulta un elemento detonador en el principio de la relación de Jung con Freud, resulta anecdótica dentro de una trayectoria entre estos dos gigantes, que empieza entre recelos y una cierta desconfianza mutua, sigue con una doble y mutua fascinación y acaba con una ruptura provocada no tanto por el desvio de Jung hacia un cierto misticismo oscurantista (en realidad siempre presente en la atormentada personalidad de Jung, desde su infancia) cuanto por el choque inevitable entre dos auténticas "vedettes" de la psicología y la competencia feroz de cara a una posteridad  y grandeza, que ambos intuían que se consolidaría con los años.

En el libro de Kerr asistimos, fascinados por la documentación historiográfica y biográfica aportada, a un despliegue de las ideas de ambos pensadores, sus coincidencias y sus enormes diferencias, con una forma de exposición bastante didáctica que en ningun momento resulta oscura para el lector aunque algunos de los conceptos son bastante áridos y requieren una formación anterior. Incluso ante esos conceptos oscuros, el estilo de Kerr logra dilucidarlos con una prosa eficiente y clarificadora.

Datos como el "informe Billinsky" (sobre la presunta relación intima incestuosa entre Freud y su cuñada Martha, hermana de su esposa) ofrecen una inesperada aclaración sobre los motivos de Freud (tras la ruptura) para callar publicamente ante la confesión de Jung de que habia tenido una relación sexual con su paciente Sabine. También añade datos interesantes sobre el controvertido célebre viaje de los dos psiquiatras a Nueva York. 

Respecto a ese enigmático episodio recomiendo la lectura de una novela,  "La interpretación del asesinato", un thriller psicológico escrito por un jurista norteamericano, Jed Rubenfeld (Editorial Anagrama).  En esa novela apasionante se nos narra la llegada de Freud y sus discipulos a Nueva York, una ciudad en constante cambio en la que se están levantando los primeros rascacielos y existe un dinamismo político, financiero y social en el que todo cabe, desde la corrupción hasta el crimen, junto a la ambición y las grandes ideas materializadas por un vigor y una potencia social sin precedentes. A través de dos personajes clave, un joven doctor fascinado con las ideas de Freud (y con las obras de Shakespeare, de hecho el fantasma de Hamlet circula por tola la trama de una manera muy original) y un detective de la policía con mente abierta y analítica (una especie de tosco Sherlock Holmes mezclado con el inspector Colombo) se investiga la atroz muerte de una joven en la que están relacionados canallas de lujo y grandes personalidades de la vida política y económica de la ciudad. Freud prestará su ayuda para esclarecer el caso y también Jung, creándose una situación en la que, segun el novelista, estallarán las diferencias entre los dos hasta la ruptura, no por discreta y ocultada, menos definitiva. Divertido pastiche nada histórico que puede complementar, por el lado de la diversión, la lectura del libro de Kerr.

En resumen éste último es un ensayo exahustivo, desmitificador, honesto y muy bien documentado que se lee como una novela y que no puede faltar en la bilioteca de toda persona que quiera estar informada sobre una de las ideas más revolucionarias de la historia; el psicoanálisis. Junto con Marx, Darwin y Copérnico, Freud, (aun  reconociendo todas las debilidades del hombre y el pensador),y en menor medida Jung, ostentan el corpus de ideas esenciales que integran al hombre civilizado de hoy en día.

 

 

 

FICHAS:

"La historia secreta del psicoanálisis", John Kerr, Ed. Critica, colec.Drakontos, 543 págs.

 

"Freud. El crepusculo de un ídolo", Michel Onfray. Ed. Taurus. 504 págs.

 

"Jung, o la experiencia de lo sagrado", Jean Jacques Antiner, Ed. Kairós.

 

"La interpretación del asesinato", Jed Rubenfeld, Editorial Anagrama

 

 


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12 diciembre 2011 1 12 /12 /diciembre /2011 13:28

La visita que en agosto de 1909 hiciera Freud y algunos de sus discípulos, entre ellos Jung, a Nueva York con el fin de dar unas conferencias  en Massachusetts (Worcester) y el misterioso rechazo que el fundador del psicoanálisis mantuvo desde entonces contra los "salvajes" norteamericanos, ha sido causa de muchas interpretaciones. Ahora la película de Cronesberg "Un método peligroso" ha traido a la actualidad cultural aquella visita y su relación con el fin de la amistad entre Freud y Jung, el primer cisma del psicoanálisis. Pero también ha tenido un efecto en  mí, ya que en mis lecturas en torno al libro capital que Kerr escribió con el mismo titulo (en el que se basa la pelicula) he dado con una lectura de hace tres o cuatro años que en su día me apasionó: "La interpretación del asesinato", un thriller psicológico escrito por un jurista norteamericano Jed Rubenfeld.

En esa novela apasionante se nos narra la llegada de Freud y sus discipulos a Nueva York, una ciudad en constante cambio en la que se están levantando los primeros rascacielos y existe un dinamismo político, financiero y social en el que todo cabe, desde la corrupción hasta el crimen, junto a la ambición y las grandes ideas materializadas por un vigor y una potencia social sin precedentes. A través de dos personajes clave, un joven doctor fascinado con las ideas de Freud (y con las obras de Shakespeare, de hecho el fantasma de Hamlet circula por tola la trama de una manera muy original) y un detective de la policía con mente abierta y analítica (una especie de tosco Sherlock Holmes mezclado con el inspector Colombo) se investiga la atroz muerte de una joven en la que están relacionados canallas de lujo y grandes personalidades de la vida política y económica de la ciudad. Freud prestará su ayuda para esclarecer el caso y también Jung, creándose una situación en la que, segun el novelista, estallarán las diferencias entre los dos hasta la ruptura, no por discreta y ocultada, menos definitiva. Novela recomendable que revisitaré cuando logre un poco de tiempo extra (curioso lamento para un "jubilata", pero así son las cosas)

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9 diciembre 2011 5 09 /12 /diciembre /2011 16:36

"Un amor de Swann" es el nombre de la segunda parte del primer libro de "En busca del tiempo perdido", la obra maestra de Marcel Proust. La primera se titula "Combray" y narra la infancia de Marcel, sus veranos en la villa de Combray y las personas que entonces formaron parte de su vida, comenzando por su madre adorada, por su padre, autoritario y enigmático, por la inefable criada Françoise y por la abuela, verdadera educadora sentimental y cultural del sensible niño, así como por los amigos de sus padres entre los que destacaba el señor de Swann, delicado, extremadamente culto, aristocrático y al tiempo sencillo. En esta segunda parte, Proust retrocede a unos años antes de nacer él y nos relata a conciencia la vida de Swann y sobre todo su enloquecido amor por Odette de Crezy, una cortesana de vida más o menos licenciosa que acabará siendo la esposa de Swann ante el escándalo y rechazo de la sociedad a la que éste pertenece por nacimiento y fortuna.

En el fascinante retrato psicológico que Proust hace del proceso del enamoramiento de dos personas, del climax amoroso y del gradual desencanto y miserias de un amor acabado el lector asiste entre el asombro y la plenitud literaria a comentarios, observaciones y descripciones que, a mi parecer, se encuentran entre las páginas de más altura de la literatura amorosa de todos los tiempos.

En la acertada y valiosa traducción de Carlos Manzano, les adjunto un largo párrafo --a la peculiar manera proustiana-- que muestra la agudeza psicológica y humana del gran Marcel:

"De todos los modos como sobreviene el amor, de todos los agentes de diseminación del mal sagrado, uno de los más eficaces es...ese gran arranque de inquietud de que a veces somos presa. Entonces la suerte está echada: la persona con la que estamos en ese momento es aquella a quien amaremos. Ni siquiera es necesario que nos gustara hasta entonces más que otras o incluso tanto, sino sólo que nuestro gusto por ella se vuelva exclusivo. Y esa condición se cumple cuando a la búsqueda de los  placeres que su encanto nos brindaba substituye bruscamente en nosotros --en el momento en que ella nos falta-- una necesidad ávida cuyo objeto es esa persona misma, una necesidad absurda que resulta imposible de satisfacer y difícil de curar en razón de las leyes de este mundo: la insensata y dolorosa necesidad de poseerla".

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9 diciembre 2011 5 09 /12 /diciembre /2011 08:23

la-voz.jpg

 

No es, desde luego, una obra emblemática de la dormida voz de las mujeres del "otro bando" tras el final de la guerra civil española, pero es una novela muy digna, escrita con el corazón y que, mejor aún que la película, refleja el silencioso tormento de las mujeres de toda edad relacionadas con los vencidos y también con los vencedores. "La voz dormida" de la malograda poeta y novelista extremeña Dulce Chacón (1954-2003) puede considerarse representativa de la labor de autores que no vivieron la guerra pero que a través de referencias familiares o de propia y comprometida investigación han creado obras de denuncia literaria sobre una situación injusta y humillante, cuando no cruel e inhumana. Y no sólo hablo de las llamadas "individuas rojas", sino de las mujeres no significadas, por lo tanto pertenecientes a la mayoría femenina silenciosa, franquista o no, que vieron reducidos sus derechos por una ideología que preconizaba la figura de la resignada madre de familia y ama de casa ejemplar por encima de cualquier otra consideración, haciendo de las mujeres seres bajo la tutela casi permanente del varón, sea el padre o el marido. Con el advenimiento del franquismo la marcha de las mujeres hacia una plenitud de derechos que había comenzado con la República quedó frenada durante decenios.

Las obras de Dulce Chacón mantienen una tónica de apoyo, compasión y denuncia de la situación de los más débiles, pero con especial incidencia en las mujeres, ya sea contra el maltrato o a favor de la vida propia, el derecho a "la habitación propia" como diría Virginia Woolf, como en "Algún amor que no mate", "Cielos de barro" o "Háblame musa de aquél varón". En la obra que nos ocupa, la fuerza y dinamismo de los hechos, la economía de medios con que se expresa la voz narradora, la austeridad y concisión de la narración, hace de "La voz dormida" una novela de sentimientos desnudos, un libro donde la feminidad es un elemento permanente que envuelve al lector no sólo destacando la angustia de una situación sino creando un escenario desgraciadamente real, histórico, en el que la irritación y una cierta incredulidad ante tamaño desafuero provocan en el lector vergüenza y rechazo y el deseo vivo de que jamás vuelva a pasar este país por semejante horror.

El amor bloqueado por la guerra entre Hortensia y Felipe, con la prisión y fusilamiento de ella y el de su hermana Pepita por un maquis, Jaime, el "Chaqueta negra", al que conoce en sus labores de recadera entre Hortensia y su marido, un amor que debe esperar –y lo hace-- durante décadas a la vuelta del exilio y después de la cárcel, es el trasfondo sentimental que subyace en la novela. Aunque la verdadera protagonista es la situación femenina, la de las amigas, compañeras, novias o esposas de los vencidos (las de los "vencedores" y la mayoría silenciosa y apolítica, volvieron a la categoría de sumisas "reinas del hogar", por tanto en el fondo a una situación semejante a la de sus compañeras, bien que menos agresiva y cruel).

Por tanto la lectura de esta novela nos adentra en la vida de las mujeres españolas, las más desfavorecidas en un país especialmente atrasado. Recordemos que a principios del siglo XX, el 71% de las mujeres españolas eran analfabetas (por el 55% de hombres) y justo antes de la guerra la situación era de un 47% y un 37%. La República y el comienzo de la guerra dieron un efímero empujón a la mujer, cuya imagen –la miliciana, le enfermera—adquirió tintes heroicos y buscaron una igualdad con el hombre al menos en el aspecto icónico más que en el real. Por primera vez desde Agustina de Aragón, un puñado de mujeres se hicieron populares por hechos de armas, Lina Odena, Casilda Méndez o Rosario Sánchez, "la Dinamitera", aunque la mayoría acabaron realizando labores de cocina, sanitarias, correo, enlaces, asistencia social, educación, fábricas de munición, etc.

Sus compañeras del otro lado habían vuelto a ser piezas del sistema patriarcal tradicional que exigían los "nacionales". Familia, hogar y labores asistenciales y de "caridad" para las más favorecidas. Desde abril de 1937 con la Sección Femenina de Pilar Primo de Rivera ya se marcaban las pautas de conducta oficiales para las mujeres españolas en la que se entendía la feminidad como un campo cerrado y siempre subordinado al del hombre.

El fin de la guerra marcará un agravamiento de la situación femenina en el país. Ya que a la represión violenta que se desencadenó contra el bando vencido, en el caso de las mujeres se utilizó otra insidiosa y humillante, los rapados, violaciones, robos de hijos, extrañamientos sociales, malos tratos y medidas tan retorcidas como impedir a las viudas o huérfanas de caídos "rojos" que pudieran llevar luto por sus seres queridos y todas ellas ser reducidas a un estado de miseria extrema. De esa situación desesperada no suelen hablar los historiadores y apenas si hay rastros en los archivos. Por esta razón es tan importante que sean los novelistas, como Dulce Chacón, quienes aviven la memoria de aquéllas mujeres desdichadas que, con algunas pocas excepciones, sólo penaban el "delito" de tener relaciones de familia o sentimentales con los "vencidos". Por lo tanto no sólo padecían represalias vergonzantes por ser "rojas" sino también por ser mujeres. Es la patética "ejemplaridad" a la que tan aficionado era el régimen de Franco: debían ser borradas de la memoria, tras haber sido humilladas hasta extremos difícilmente imaginables.

La novela de Dulce Chacón acaba con el reencuentro de Pepita y Jaime, a la salida de éste de una reclusión de 19 años. La autora no adjetiva. Narra de forma telegráfica, contundente, austera, el encuentro entre esas personas. "¿Has esperado mucho tiempo?" le pregunta él, refiriéndose al retraso con el que en ese día han tardado en dejarle libre. "El que ha hecho falta" le contesta simplemente ella recogiendo todos los años que ha esperado, cuidando al hijo de su hermana, sola y paciente. Para dar una idea de la realidad documental que subyace tras la novela, Dulce Chacón nos habla de la Pepita real "cordobesa de ojos azulísimos" y nos revela que Jaime murió pocos años después, el 29 de abril de 1971, junto a ella, poco antes de que la policía fuera a buscarlo para encarcelarlo como "sospechoso habitual" y así evitar que se sumara a las manifestaciones del 1º de mayo. Ella recibirá a los policías, con su marido de cuerpo presente, con un lacónico: "Pasen y pueden llevárselo".

El resto de los "agradecimientos" de la autora forman un plantel en el que se suman algunos hombres, hijos y sobre todo abnegadas mujeres que sufrieron cárcel, humillaciones y represión, cuando no la muerte (se cita a las Trece Rosas, objeto ellas de un libro y también de una película) y testimonios obtenidos desde un miedo aún en estos tiempos real como el de "una mujer que no quiere que mencione su nombre ni el de su pueblo y que me pidió que cerrara la ventana antes de comenzar a hablar en voz baja" .

No es pues, repito, "La voz dormida" la más significativa de las obras escritas sobre las mujeres durante y tras la guerra civil, pero es una novela a tener en cuenta y que puede dar sobre todo a los jóvenes, chicos y chicas, una idea de lo que fue, de un pasado vergonzante, una de las exigencias psicológicas que pueden ayudar a evitar un futuro semejante.

 

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6 diciembre 2011 2 06 /12 /diciembre /2011 10:17

Siempre he sostenido que no se debería hablar de una novela gay o de una novela lesbiana, sino de una novela buena o mala, divertida o aburrida, bien o mal escrita. Escudándose en el subgénero (entiéndase el prefijo "sub" como algo de orden y no de valía) de la narrativa con temática gay, homosexual, masculina o femenina, se perpetran bodrios más o menos infumables, que reciben el apoyo un poco culpable de muchos críticos o comentaristas, sólo porque son de esa temática o esos autores. Es un buenismo critico que trata de compensar las persecuciones y dictados censores del pasado. Me parece de una hipocresía bastante notable. E.M. Forster, uno de los más grandes escritores ingleses (país que ha dado grandes escritores que. además, era homosexuales) tuvo que esperar a dejar este mundo para permitir que se publicara su excelente "Maurice" (que, por cierto tampoco es de las mejores en el conjunto de su obra) donde la temática es descaradamente homosexual. Pero en casi todas sus novelas no hace falta ser un lince para rastrear  el gay perfume en muchos de sus personajes y a veces en el mismo narrador omnisciente. ¿Creen que eso es algo importante en sí mismo? ¿Se debe calificar mejor al Forster gay que al escondido en el armario? Por favor, hablemos de la bondad de una novela o de su falta de rigor o de su lenguaje bello y correcto o de un estilo vulgar y lleno de errores. El sexo no importa. Al menos para desequilibrar la balanza de los valores literarios. He leido reseñas sobre ciertas novelas escritas "in olor a Lesbos" o películas, donde parece atufar esa hipocresía compensadora. Seamos sencillamente sensatos. El palo que debe aguantar la vela del producto literario o cinematográfico no tiene nada que ver con el sexo que se glorifique en él, sino con el oficio en mostrárnoslo y la grandeza, belleza o pertinencia del resultado. Lo demás es ruido.

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2 diciembre 2011 5 02 /12 /diciembre /2011 08:57

Bernard Pivot, el un magnífico divulgador de los libros y la lectura, que dirigió hace años un programa modélico en la tele francesa que se llamó "Apostrophes" y fue el más seguido -y temido-- de la cultura del país vecino. Corrían los años 80 y yo me las ingeniaba para estar al tanto de lo que hacía Pivot. Me había suscrito a "Lire" y "Magazine Litteraire" y publicaba critica de libros en "La Vanguardia", un par de revistas literarias, como "Camp del Arpa" y "Libros" y se me encargó la critica para el servicio de Efe en Hispanoamérica. Por tanto, en menor escala que Pivot, claro, recibía ingentes cantidades de libros de las editoriales de nuestro país y tenía el problema de cualquier "lletraferit", los libros conquistaban todo el territorio hogareño, amenazando expulsarnos a todos de allí (a pesar de que en aquella epoca vivía con mi familia en un chalet de montaña en Cabrils, en pleno Maresme y disponía de casi 400 metros cuadrados para ir colocando mis libros). El otro dia en "Babelia" Pivot declaraba " hay que defenderse de los libros, si no controlas los flujos, te rindes, te acaban invadiendo y te arriesgas a perder a tu familia que, simplemente, renuncia". Algo parecido me ocurrió. Cuando llegó la hora de dejar aquella casa hube de organizar un "auto de fe" en el que miles de volúmenes fueron saqueados con mi permiso (y mi dolor) por amigos, vecinos y familiares. Y toda una montaña de ellos en el garaje quedaron para ser examinados por el comprador de la casa o lanzados a la basura. Horrible.

Ahora ya hay menos libros a mi alrededor, me he vuelto muy selectivo, casi celosamente selectivo y voy dando carta de naturaleza a aquellos libros que realmente forman parte de mi vida y deseo que sigan haciéndolo. Y he podido comprobar, con sorpresa, que apenas rebasan dos o tres centenares de titulos. Aunque eso no impide que cada semana nuevos reclutas de tinta y papel asedien mi repleto hogar, primero para entrar en él y luego, mirar si pueden superar el "donoso escrutinio" al que someto los ejemplares para decidir si formarán parte, o no, de la "áurea legión de honor".

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