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14 abril 2011 4 14 /04 /abril /2011 19:35

ThumbnailCAN6F0MS.jpgEduardo Mendoza, nacido en 1943 –68 años—abogado, traductor de la ONU en los años 70 y escritor desde "La verdad sobre el caso Savolta" (1975) novela publicada recién muerto Franco y saludada como la primera novela de la nueva era política española, es, fundamentalmente un escritor paródico, imaginativo, guasón, irónico, socarrón, lleno de sentido del humor y dueño de un estilo literario muy correcto y elegante que se ajusta como un guante a las características de la mayoría de sus novelas: la parodia, el folletín como disfraz, la crítica certera vestida con humor y algo de compasión. Para abrir boca y antes de hablar de la novela que hoy nos ocupa, recomiendo a los lectores un aperitivo doble: léanse "Sin noticias de Gurb" y "El último trayecto de Horacio2", dos parodias de la ciencia ficción en las que el humor y una sana y demoledora crítica harán las delicias de cualquier lector. Después, dos parodias más de novela detectivesca y de misterio gótico, "El misterio de la cripta embrujada" y "El laberinto de las aceitunas". Por fin, le híncan el diente a "La ciudad de los prodigios" para, debidamente informados y risueños podamos leer su "Riña de gatos. Madrid 1936". Es decir, ya sabremos que es un escritor paródico, al que le gusta mezclar géneros escogiendo lo mejor y más divertido de cada uno de ellos: folletín, novela romántica, de misterio, policíaca, de terror, ciencia ficción, histórica y de humor.

 

 

La que nos ocupa, es una novela muy diferente a esa otra buena novela con el mismo ambiente y temática histórica, el "San Camilo, 1936" del injustamente olvidado Camilo José Cela. En la que tenemos ante los ojos, el escritor barcelonés se cambia de residencia y vuelve los ojos y la pluma hacia Madrid y no en cualquier momento, unos meses antes del comienzo de la guerra civil.

ThumbnailCA5H853G.jpgYa empezamos a ver a qué se debe el título de la novela. España como un escenario de riña de gatos. Seguramente Mendoza ha jugado, como a él le gusta hacerlo con las referencias cruzadas (y esto es una hipótesis) ya que su personaje central es un joven inglés Anthony Whitelands, experto en pintura española y concretamente en Velázquez y visitante asiduo de El Prado. Pues bien, desde 1986 se exhibe entre las obras de Goya un cartón para tapiz que se titula así. Y además es un cuadro de cuya autoría ha habido dudas y estuvo casi un siglo "archivado" en el sótano del museo con peligro de dañarse irremisiblemente. También la obra que debe autentificar el inglés, propiedad de un noble español relacionado con la derecha española, es un cuadro de dudosa autoría y que corre peligro de destrucción y no sólo por las humedades.

¿Qué es "Riña de gatos"? Pues bien es una novela ejemplar al modo cervantino y una novela picaresca al modo del Lazarillo o de Marcos de Obregón. Es una parodia disimulada de las novelas históricas y es una novela de acción y también de intriga, de aventuras y de espías, en ocasiones erótica y en otros momentos de una sutil y lúcida pedagogía artística, es un folletín de trasfondo histórico y una novelista romántica, un sainete irónico y una comedia de enredos. Como en las películas de Lubitch o de Billy Wilder, los personajes no hacen más que entrar y salir, confundiéndolo todo, cerrando y abriendo puertas, complicando las cosas hasta el límite. Pues bien, el inglés Antoñito, atractivo como Leslie Oswald, se enfrenta a falangistas y entre ellos al mismísimo José Antonio Primo de Rivera que, incluso, será su rival amoroso, y conoce y se inmiscuye entre los políticos más destacados del momento desde Alcalá Zamora a Manuel Azaña, sabrá de los militares y sus conspiraciones, es testigo de la detención y encarcelamiento de José Antonio, perseguido por policías y matones, es agredido y camina entre los gatos en riña sin enterarse demasiado de lo que está pasando, manipulado y zarandeado por unos y otros.

Nos pasea Mendoza, junto a su atribulado protagonista, ese testigo accidental de unos hechos históricos que le superan, que a la inquietud social y política añade otras de tipo amoroso y sexual, por las calles de Madrid, sus barrios principales de uno u otro signo, ejerciendo de un donjuanismo ligeramente asombrado e inocente, sujeto a los caprichos y bandazos de las mujeres, esa asignatura pendiente que vemos en muchas novelas de Mendoza: el género femenino, que le atrae y le inquieta, seres incomprensibles dotados de un atractivo y un misterio que lo llevan a mal traer desde el principio.

En resumen, la vista del inglés, del otro, del extranjero, no está llena de lucidez a la hora de analizar el laberinto español en Madrid 1936, está llena de pasión contagiada, de miedo, de ironía y de un humor cáustico a veces y otras refinado. Con una mezcla de géneros muy habitual en Mendoza, las aventuras del experto en arte en un Madrid convertido en la poza pestilente y agresiva donde riñen todos como gatos, es tan entretenida y sugestiva como si Groucho Marx en un rapto de seriedad quisiera intentar analizar el por qué del desastre español, meses antes de que se declare la guerra civil. Y el lector asiste a ese viaje, divertido y asombrado, sujeto a un bien hilvanado recurso literario que relaciona hechos y sorpresas para así ir de capítulo a capítulo, todos engarzados, como se sacan las cerezas de un cesto, hasta que da con el final, tras 427 páginas de lectura apasionante.

 

 

 

 

 

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6 abril 2011 3 06 /04 /abril /2011 13:13

secreto Pica 

 

 Un Picasso juvenil llega en 1898  a Horta de San Juan, a pasar una convalecencia de escarlatina en casa de un amigo. Dedica su tiempo a visitar los cercanos Ports, las agrestes montañas del lugar e incluso hace un ejercicio de vida adánica en una cueva. Al marcharse, presuntamente deja un cuadro como regalo a sus anfitriones. Se pierde la pista de ese cuadro y se alimentan todo tipo de especulaciones sobre su existencia y contenido. El periodista Leo Vidal, un personaje recurrente de Francesc Miralles –esta es la tercera novela de sus "aventuras"—es contratado para buscar pistas sobre ese misterio artístico.

Tomando como base la dudosa existencia de esa obra de arte tan codiciada, Frances Miralles, se embarca y lleva al lector a un viaje a las bellas tierras del sur catalán, fronterizas con el Matarraña aragonés y a la cercana isla de Buda en el Delta del Ebro. El relato de la búsqueda se complica con la curiosa aparición de una muchacha punk, peligrosa y un poco desequilibrada que no sabemos lo que busca y de otra joven, embarazadísima, y con una inquietante historia a su alrededor, que de una forma harto providencial ayudará a Leo Vidal en sus pesquisas.

Bueno, ya tienen ustedes armado el esqueleto de una novela sencilla, sin pretensiones, donde Francesc Miralles va desgranando su documentación sobre el famoso viaje del joven Picasso, algunas de las historias de su estancia adánica en una cueva de los Ports, cerca de Horta y su emblemática montaña triangular, un apunte de su discutible homosexualidad ocasional con un gitano y una trama que se desarrolla a base de pequeños golpes de efecto, a veces un poco excesivos ya que fuerzan el principio de verosimilitud. Pero bueno, el lector, sobre todo el de la zona donde se desarrolla la acción, reconocerá paisaje y gentes (divertido el "cameo", es decir la aparición y "actuación" con su nombre real, de Octavi Serret, el librero del Matarraña). En fin, una novela con la sola pretensión de divertir.

Miralles logró algunos exitos de ventas con obras como "Amor con minúsculas", "El zen de la empresa" "el Laberinto de la felicidad" o "La última respuesta", algunas en tándem con Alex Rovira. Este autor, de vida singular, viajero impenitente,  editor de libros de espiritualidad, músico ejerciente, muestra un olfato certero en la elección de sus argumentos, pero --al menos en esta ocasión-- "pincha" en la confección de sus componentes: el ritmo es desangelado, los personajes huecos, las circunstancias demasiado manipuladas y la resolución vaga y poco convincente. Escribir un thriller o una novela de acción y misterio, requiere más atención a la factura de los personajes, el ritmo (es como el montaje en el cine, si no es el adecuado a la acción el resultado es nefasto) y la dosificación de circunstancias, lo más verosímiles posible. Volveremos a Miralles pronto.

"El secreto de Picasso".-Francesc Miralles. Ed. Umbriel.251 páginas.

 

 

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31 marzo 2011 4 31 /03 /marzo /2011 09:01

Nos encontramos ante una  primera novela (al menos publicada). Nueve amigos se reúnen en un refugio de montaña veinticinco años después de su última cita. De pronto, en pleno reajuste de recuerdos, fobias, atracciones y antipatías, servidos a través de un diálogo a veces reiterativo, con bastantes tópicos, pero tan real como la vida misma en algunos ámbitos de todos conocidos, ya sean culebrones hispanos, reality show y grandes hermanos o el bar cheli de la esquina, hay un gran apagón y todo empieza a cambiar. A partir de ahí, desapariciones misteriosas, al estilo de “Diez Negritos” de Agatha Christie. Y sorpresas apocalípticas dosificadas al mejor estilo de las novelas o películas de terror  y supervivencia. ¿A qué género pertenece esta novela? A tenor de lo leído es un híbrido entre novela de misterio, de ciencia ficción y de realismo social y generacional.

Pero pasemos al autor, David Monteagudo, es  -o era- un obrero que ha trabajado en fábricas y talleres y ahora lo hace en una empresa de cajas de cartón ondulado, que a los 40 años (ahora tiene casi los 50)  afronta la llamada crisis de la madurez masculina planteándose un cambio radical de vida, prefiere dedicarse a escribir novelas antes que hacer lo habitual, buscarse una novia más joven o irse a recorrer mundo con cabellos largos y una guitarra.  Evidentemente no es tan fácil y debe haber elementos que vienen de antiguo en la psique de nuestro autor para pensar en algo tan poco rentable como suele ser la carrera literaria. Supongo que una gran afición a la lectura, al cine y a las telenovelas, no necesariamente por ese orden. Porque de esos elementos está llena la técnica literaria que se refleja en “FIN” la novela que hoy nos ocupa.

La novela, como decíamos, comienza con un planteamiento al estilo de las películas u obras de teatro de reencuentros. Desde un punto de vista psicológico-social, todos los tópicos  de ese tipo de obras están presentes: los recuerdos de cómo eran los amigos en tiempos juveniles, los comentarios más o menos inocentes sobre los cambios que se observan, sobre el efecto de la vida en cada uno de ellos, en su apariencia y en su aspecto social externo (las señales del éxito o el fracaso, siquiera económico)  la constatación muy temprana de que en el fondo no se ha cambiado tanto, el renacimiento de viejas rencillas…

Pero en este universo aparentemente previsible surge un hecho, el apagón,  que lo trastoca todo: es un elemento crecientemente intranquilizador, amenazante, que viene de fuera, del exterior y del que jamás tendremos una visión clara. Es decir, el miedo a lo desconocido,  a una desaparición física en un contexto de apocalipsis que se va presintiendo más o menos desde la mitad de la novela. La gradual desaparición de los amigos, la presencia fantasmal, llena de presagios y culpabilidad del único amigo del grupo que aparentemente no acudió a la cita –Andrés, el Profeta—al que la culpabilidad por algo que le hicieron todos, da poderes enormes, el ambiente ominoso, hermético, asfixiante, a plena luz del día, los elementos colaterales que van dando una imagen de desastre y terror que parece desmentir la presunta normalidad de un día de campo entre viejos amigos…todo ello van agarrando al lector, en una creciente presión,  para dejarlo sin respiro en un final a lo M.Night Syamalan, la serie “Perdidos” o Alejandro Amenábar (quien, previsiblemente,  ha comprado los derechos de la novela para llevarla al cine).Fin-190x300

Y ahí está el mérito de la novela. Su capacidad para convertir al lector en un adicto a la busca del final. Es un excelente germen para un guión de cine o una obra de teatro. De hecho los diálogos tienen la inmediatez y a veces la banalidad de los telefilmes al uso y las descripciones dan de continuo el esquema y la forma de las acotaciones que sitúan la escena en los guiones de cine o teatro. Así pues, no se trata, como dijeron algunos, de un sucesor de Cormac  McCarthy, el autor de “La carretera” entre otras obras, (ni muchísimo menos), sino de un escritor hábil, con una primera novela que ha dado en la diana y que tiene algunos defectos, pero que muestra sin lugar a dudas las maneras de un escritor eficaz.

Hay muchas trampas literarias en el transcurso del relato, algunas escenas innecesarias, como la charla xenofóbica de dos de los viejos amigos, diálogos simples, reiterativos, innecesarios, banales, demasiada puntuación  a final de frase (recurso de escritor principiante), tópicos y clichés en los personajes, descripciones flojas, un final abierto que no convence…

Pero en cambio el lector constatará la fuerza y el agarre de un argumento que funciona  a base de golpes de efecto, no todos muy  logrados pero que conforman una atmósfera de angustia, de peligro mortal y de destrucción en un ambiente cotidiano y aparentemente pacífico y seguro, que me recuerda mucho a la película de Buñuel “El ángel exterminador”.  El tipo de personajes, a pesar de su topicidad o tal vez  por eso mismo, crean un efecto especular en el lector que se ve reflejado a si mismo y a amigos y conocidos  en ese grupo variopinto pero irremediablemente superficial y banal. Como en “Perdidos”, los personajes se enfrentan a extrañas e imprevisibles circunstancias que atañen a la misma supervivencia y en ese proceso de lucha muestran sus auténticos caracteres, sus debilidades, egoísmos y a veces su generosidad y entrega.

Jaume Vallcorba, el alma mater de la editorial Acantilado, ha apostado por un longseller con un sentido de la astucia digo de otro tipo de editores. Las novelas de David Monteagudo (hace poco salió Marcos Montes, una novela corta también de corte más o menos realista-fantástico, al estilo de Sánchez Piñol) parecen algo distinto en el catálogo de excelencias de “Acantilado”. Quizá Vallcorba ha sabido ver más lejos de lo que ha publicado de DM y se nos escapa algo. Y es que hay un punto que nadie puede negar a “Fin”: su lectura engancha al lector. Y eso significa un boca-oreja muy rentable. Nueve ediciones (o reimpresiones, que no queda claro y es cosa distinta) en un año, lo confirman.  Si David Monteagudo se aplica, quizá supere la condición de globo sonda desde el punto de vista literario.

 

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30 marzo 2011 3 30 /03 /marzo /2011 19:54

Nueve amigos se reúnen en un refugio de montaña veinticinco años después de su última cita. David Monteagudo, un escritor de raza que nace como tal a los cuarenta años, comienza su novela con un planteamiento al estilo de las películas u obras de teatro de reencuentros. Desde un punto de vista psicológico-social, todos los tópicos de ese tipo de obras están presentes: los recuerdos de cómo eran los amigos, los comentarios más o menos inocentes sobre los cambios que se observan, sobre el efecto de la vida en cada uno de ellos, en su apariencia y en su aspecto social externo (las señales del éxito o el fracaso, siquiera económico) la constatación muy temprana de que en el fondo no se ha cambiado tanto, el renacimiento de viejas rencillas, la presencia fantasmal de un amigo ausente al que se le hizo una mala jugada y planea amenazadoramente sobre todos ellos…

Pero en este universo aparentemente previsible surge un hecho que lo trastoca todo: es un elemento intranquilizador, ominoso, que viene de fuera, del exterior y del que jamás tendremos una visión clara. Es decir, el miedo a lo desconocido, a un apocalipsis nunca esperado y que se va presintiendo más o menos desde la mitad de la novela. La gradual desaparición de los amigos, la presencia fantasmal, llena de presagios y culpabilidad del único amigo del grupo que aparentemente no acudió a la cita, el ambiente ominoso de signo apocalíptico a plena luz del día, los elementos colaterales que van dando una imagen de desastre y terror que parece desmentir la presunta normalidad de un día de campo entre viejos amigos…todo ello va agarrando al lector para dejarlo sin respiro en un final a lo M.Night Syamalan, la serie "Perdidos" o Alejandro Amenábar (quien, previsiblemente, ha comprado los derechos de la novela para llevarla al cine).

Fin-190x300.jpgY ahí está el mérito de la novela. Su capacidad para convertir al lector en un adicto a la busca del final. Es un excelente germen para un guión de cine o una obra de teatro. De hecho los diálogos tienen la inmediatez y a veces la banalidad de los telefilmes al uso y las descripciones dan de continuo el esquema y la forma de las acotaciones que sitúan la escena en los guiones de cine o teatro. Así pues, no se trata, como dijeron algunos, de un sucesor de Cormac McCarthy (ni muchísimo menos), sino de un escritor hábil, con una primera novela (publicada, tiene escritas muchas otras) que ha dado en la diana a pesar de tener muchos defectos formales y que tiene algunos tópicos no muy bien resueltos con la técnica aun no depurada del autor, pero que muestra sin lugar a dudas las maneras de un escritor eficaz que podria dar mucho más de sí. Lo veremos. Espero.

 

Ficha: "Fin", David Monteagudo, editorial Acantilado.352 pags.19€

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22 marzo 2011 2 22 /03 /marzo /2011 19:27

CALIGRAFIA DE LOS SUEÑOS.-

No es un tratado psicoanalítico sobre el significado de los sueños, sino una historia en clave autobiográfica donde Marsé recupera el nervio, la potencia descriptiva, el ambiente y la ternura de los personajes de sus mejores obras.

En este caso se podría hablar también de una novela iniciática, sobre un adolescente, Ringo, que como Marsé fue adoptado, que también fue pianista frustrado en su niñez,  aprendiz de joyero y repartidor en un colmado y que amaba los libros, la lectura y, al fin, la escritura por encima de todas las cosas.

La trama argumental es simple: Ringo, convaleciente de un accidente en la joyería, donde pierde un dedo, vive un momento crucial entre sus sueños y la desolada realidad de la Barcelona de la inmediata postguerra, los años oscuros de la miseria, la sobrevivencia a cualquier precio, el miedo, la soledad, la represión política y social, los años oscuros de la dictadura de Franco en su momento más fuerte y represivo, con una subterránea oposición que no pasaba de la retórica del emboscado y la omnipresencia de la policía y la represión.timthumb.png

Ringo ya no podrá ser concertista de piano, su gran sueño y se debate en trabajos de supervivencia, hace torrefacto de café en un piso clandestino por las noches y malvive con su familia adoptiva, con un padre dedicado a limpiar de ratas cines e industrias (pero resistente antifranquista en la clandestinidad) y una madre empleada de recurso en un hospital, por la que siente una veneración enorme.

Durante el día, adormilado y expectante, pasa las mañanas en la mesa de bar Rosales, de doña Paquita, en el barrio de Gracia-Guinardó, donde conoce a una vecina Vicky, Victoria Mir, fachendosa rubia dedicada a los masajes, a su hija Violeta, no muy agraciada jovencita con maneras y cuerpo de vampiresa y al señor Alonso, exfutbolista, cojo elegante, cincuentón amable y atractivo con el que la señora Mir tiene una historia de amor que acaba mal. Es ahí donde comienza la historia, en el intento de suicidio absurdo, patético e irreal de dicha excesiva señora, que se tiende en las vías de un tranvía que ya no existe.

Sin embargo, la trama nos llevará lenta y fatalmente, con un tempo tan obsesivo y adormilado como la vida del barrio en el que ocurre, a la formación de un cuarteto dramático entre Ringo, las dos mujeres y el maduro conquistador. El leith motiv, una carta que debe escribir el señor Alonso y que durante toda la novela provocará la espera desesperada de la señora Mir y la intervención de Ringo por un motivo casual pero determinante.

Vemos el proceso de maduración de Ringo, sus sueños, sus temores, sus ambiciones, su rebeldía ante una realidad mezquina, su nacimiento al deseo sexual personificado en Violeta, su toma de conciencia como persona…un trayecto progresivo al que el lector asiste con entusiasmo, hacia un desenlace paradójico y triste que, no obstante, deja la puerta abierta a la esperanza de Ringo en un futuro mejor.

Para mí es la mejor, más mordaz y más tierna de las últimas novelas de Marsé. Es la obra de un Proust de barrio, menos elegante, delicado e histérico, pero igual de sensible, que nos brinda un capítulo más de su visión del mundo de sus más jóvenes años, del tiempo y la sociedad de una época sombría de nuestro pasado. Un reencuentro con los escenarios más queridos y eficaces del escritor, lo que convierte esta novela en una especie de capítulo adjunto a otras de sus novelas con esta temática del recuerdo, de una memoria lesionada por las patrañas y los embustes, por los sueños irrealizables y la mezquina realidad.

La señora Mir y su búsqueda patética de la felicidad, tiene la fuerza y la humanidad doliente de la Blanche de “Un tranvía llamado deseo” de Teenesse Williams, el clásico del teatro norteamericano, que muchos recordarán en la interpretación de Vivien Leigh, con Marlon Brando. Un personaje inolvidable creado por la pluma tosca, lírica en ocasiones, siempre ajustada de un Marsé en estado de gracia.

Por cierto, ¿nadie se ha atrevido a corregir el "poner la oreja" que Marsé desliza dos o tres veces en su texto? Quiza un "prestar atención" o cualquier sinónimo activo, huubiera mantenido la ortoxia expresiva de la que suele hacer gala el escritor.

 

 

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17 marzo 2011 4 17 /03 /marzo /2011 15:41

38749_1_EstrategiaOK.jpgEsta mañana, en la radio, he titulado mi análisis de "La estrategia del agua" de Lorenzo Silva como una muestra de la "estrategia de la cebolla" aplicada a la novela policíaca.  Este autor, uno de los más coherentes y habilidosos en el panorama español de la novela negra, sigue en su nueva obra un procedimiento táctico similar al que va despojando las capas de una cebolla, para llegar a su corazón. Silva nos dice desde el principio que lo que su personaje central, el brigada Bevilacqua, de la Guardia Civil (y su compañera incombustible, la cabo y próxima sargento Virginia Chamorro, tienen entre manos, es un asesinato, aparentemente inexplicable: un hombre sin relieves públicos ni conflictos privados en la zona oscura de la sociedad --quitando un divorcio difícil-- despachado de dos tiros en la nuca por un evidente profesional. Inexplicable, a no ser...y aqui Silva comienza a sacar, capa tras capa, las complejidades que rodean el caso, paseándonos por un magnificamente narrado escenario técnico policial de las investigaciones, el mundo no menos complejo de los jueces y los técnicos judiciales que rodean estos casos luctuosos (magnifico retrato de una psicóloga) y todo ello aderezado por un golpe de efecto: sabemos o sospechamos desde el principio de la novela quién puede ser el asesino, no el material, pero si quien está detrás. Pero Lorenzo Silva logra que no nos despeguemos de sus páginas, simplemente fascinados con la dinámica que se establece entre el brigada y la futura sargento, su pareja via Benemérita y un guardia nuevo, Juan, Joan, Arnau (la guasa autonómica es levemente impertinente) que ha sido asignado al equipo.

Después de presentarnos a la pareja en "El lejano país de los estanques", escrita en 1995 y publicada en 1998 por Destino y de dar el campanazo con "El alquimista impaciente", premio Nadal 2000 (llevada al cine por Patricia Ferrerira), Silva nos va permitiendo ver cómo Bevilacqua (Vila para los mas allegados) y Chamorro maduran, se endurecen, se vuelven escépticos  pero al mismo tiempo ganan en profundidad, tolerancia (atemperada por una saludable mala leche) y un desencanto que les da "bouquet" como los buenos vinos. Son cinco novelas, cinco, más un libro de relatos "Nadie vale más que otro", para disfrutar del tándem de "picolos", que como ya ocurrió con el añorado "Plinio" de Francisco García Pavon (también editado por Destino allá por los setenta),  jefe de la policía municipal de Tomelloso metido a Sherlock Holmes rural, nos familiariza y acerca humanamente a nuestros policías, los del país.

Abusa un poco Silva del desgarro medio cheli de los diálogos y de unas durezas un poco impostadas y previsibles en el brigada y en algunos personajes, pero está todo ello inmerso en un caldo de cultivo tan verosímil (y reconocible), la variopinta y casi siempre bastante casposa realidad española, que el lector --la inmensa mayoría, buenas y corrientes personas,  como usted o como yo-- se siente inmerso en una especie de reality show

con cierto humor, algo de dureza descriptiva y ningún compromiso espúreo.

Déjenme reproducirles la definición que Silva hace de su pareja de investigadores: "son representantes de esa gente que se levanta cada mañana a hacer su trabajo, con alguna conciencia del deber,algun deseo de ayudar a los demás y el prurito de cumplir decentemente con su cometido, aunque no les paguen mucho, aunque sirvan a un sistema de justicia imperfecto y aunque no hubieran soñado de pequeños estar donde están. Un hombre y una mujer honrados y pundonorosos que tienen fallos como tu y como yo, pero que como tu y como yo intentan mantener la dignidad. Nada más y nada menos".

Bienvenida pues la nueva obra de Silva, no sólo por ser un nuevo caso de su pareja benemérita, por cierto basada en un asesinato real, ocurrido en marzo de 2007 en Cienpozuelos (Madrid) , sino,  sea dicho con redoble de tambores de excelencia, porque Lorenzo Silva es, creo, el primer autor español que pone a disposición de los lectores el conjunto de su obra a precios muy asequibles en formato de e-book (y sin el código DRM, anticopia). Es la via de los libros en un cercano futuro. En cuanto la industria editorial se percate que poner una obra para descarga en libro electrónico por 22 euros, por ejemplo, cuando en formato papel vale 25, es mucho más que un error, es una estupidez. Felicitación pues a Silva y al sello que permite esta experiencia, Destino. Es obvio que Silva es sumamente coherente: en algún sitio recuerda con agradecimiento los libros en ediciones baratas que tanto le ayudaron en su formación. Ahora lucha por hacer que los lectores tengan fácil y económico acceso a toda su obra. Es una medida inteligente.

Para terminar un apunte personal: me ha encantado el guiño de Silva-Bevilacqua cuando nos cita a Epicteto (filósofo estoico, esclavo liberto)  y a Sun Tzu ( "El arte de la guerra") entre los libros del asesinado como clave para entender el carácter y comportamiento del pobre sujeto. Al fin y al cabo,  el titulo de la novela proviene del texto taoísta. Para terminar, les regalo por divertida la autodefinición que el brigada hace en otro paraje del libro: "tengo un hijo, una macrohipoteca y un microsueldo". ¿No le sienten mucho más cercano? Resuena con la mayoría de nosotros, ¿a que si? 

 

 

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14 marzo 2011 1 14 /03 /marzo /2011 18:01

_joaquin_ibarz-_en_una_tranquila_plaza_de_huesca_b066582b.jpgComo del rayo se me ha muerto Quim Ibarz, a quien tanto quería. Bueno, uno va acumulando años y en ese recorrido, cuando es largo y nutrido, se acumulan amigos, enemigos, amores, desencuentros, hallazgos rutilantes y decepciones tristes. Quim fue un hallazgo . Le  conocí nada más entrar en La Vanguardia, pues fue nombrado corresponsal en América Latina siendo yo jefe de sección de Internacional. Viejo Quim, compañero del alma, compañero, cuántas veces hablamos por teléfono, tu siempre al quite de la noticia, yo muy a menudo teniendo que hacer el incómodo papel de administrador de espacios. "Quim, muchacho, no tengo más hueco que dos columnitas en la tres". Protestabas, Quim. " Alberto, ésto es importante, créeme" y es que para ti todo tu trabajo, ese amor profundo por la profesión, por la verdad, por la justicia, era importante. Y en todo caso, tu lo hacías importante.

En verano aparecías por la redacción y Miriam preparaba una comida fraternal donde todos escuchábamos tu palabra apasionada, siempre apasionada,  aunque disfrazada bajo un tono de voz ligeramente nasal, amable y como indiferente, con destellos de un sentido del humor seco y honesto.

No formaba parte yo de tu grupo más íntimo. Ambos nos respetábamos y había afecto y simpatía, me hablabas de tus colecciones y de tu casa en México, de tus hoteles preferidos en Nicaragua o El Salvador (donde fui con la APE en una comisión de vigilancia de las elecciones) y de que no tenías pensado jubilarte jamás porque el periodismo (como para otro clásico, Tomás Alcoverro) era tu vida y el sentido de tu existencia, como la carrera de las armas y la clerical, "imprime carácter". Me fascinaba tu energía explosiva, paradójicamente calmosa al estilo más "cuate" y viví con angustia algunos de los episodios negativos en los que te obligaron a meterte.

Para mi, Quim, eres -siempre lo serás- un periodista de referencia, un gran amigo y una mejor persona todavía, cosa que escondías con una retranca y un pudor personal que te alejaba de los muchas vedettes que hay en nuestro "oficio de cafres", en definición de otros dos clásicos desaparecidos, José Casán y el gran Carrero, "Barin", maño como tu.

Ahora te dejo, Quim, ya te veo inquieto por marchar. Se que estás deseoso de pulsar tu nuevo destino entre las buenas almas de la buena gente. Afilas tus dotes de observación, esa mirada mitad guasona y mitad analizadora, lúcida y libre de compromisos con nada y con nadie, vas a prepararte para enviarnos tu primera crónica desde el cielo. Y llegará antes de la hora de cierre. Tal vez en forma de puesta de sol, de flor fuera de temporada, de lluvia en el desierto, de buena acción anónima. Estoy seguro de que descansas en paz.

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8 marzo 2011 2 08 /03 /marzo /2011 18:43

"La Pastora" fue un personaje real, hijo/a de estas tierras, un fruto circunstancial de épocas de opresión y miseria, un drama humano que se convirtió en tragedia violenta, enquistada en las sombras y claros de una contienda fratricida y cruel. Un personaje digno de encarnar en la serie goyesca de los desastres de la guerra. La escritora Alicia Giménez Bartlett la ha llevado a la actualidad literaria más candente. "Donde nadie te encuentre", título del último premio Nadal, nos cuenta la vida compleja de este hombre/mujer, patético hermafrodita que perteneció al maquis en la postguerra empujada por la violencia ciega que arrasó aquél tiempo y este país.

A través de la peripecia investigadora de un psiquiatra francés y un periodista barcelonés, entreverada la acción con un monólogo de la propia Teresa Pla Meseguer, llamada "La Pastora" como nom de guerre, (y Florenci, al final, convertida en hombre), se nos muestra de una forma ágil y eficaz el pasado y la existencia real del personaje, complejo, contradictorio y vulnerable a pesar de su brutalidad defensiva. Es en ese retrato íntimo que rezuma dolor, inocencia y soledad, donde está la baza principal de la novela de Gimenez Bartlett. dondenadieteencuentre.jpg

Dedica la escritora su libro a José Calvo, cuyo "La Pastora, del monte al mito" (siete ediciones lleva desde su aparición en julio de 2009) es el mejor estudio existente sobre la vida y obra de la popular maquis, tan temida en otros tiempos y tan perseguida en aquellos y hasta hace poco.

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 Pero, sin embargo, hay otro precedente literario, además del de Calvo. Se trata de la novela de Manuel Villar Raso "La Pastora, el maquis hermafrodita", publicada en 1977, en editorial Albia,  por el novelista soriano afincado en Granada. Y en 2003 reeditada por una editorial granadina con el título "La bella hermafrodita".

El trabajo de Manuel Villar, escritor de más de 50 títulos, con varios premios en su haber, provocó en su día bastantes problemas a los herederos de La Pastora que incluso llegaron a denunciarlo por falsedad (juicio sobreseído por el juez al estimar que el trabajo de Villar Raso era una novela y no un tratado de historia). La sobrina nieta de La Pastora me ha escrito para denunciar el trabajo de Villar Raso y calificar el de José Calvo como el más veraz y mejor documentado.

 

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22 febrero 2011 2 22 /02 /febrero /2011 12:16

Conocí a Fernando Martínez Laínez en Madrid, en la sede de la agencia Efe por los años setenta cumpliditos, él un treintañero inquieto, que volvía o iba como delegado de la Agencia  a Cuba. Nos encontramos gracias a mi compañera de entonces, Nana de Juan, que trabajaba en la Agencia también y que me anunció a su compañero con estas palabras o parecidas: "Sois bastante parecidos, él un poco mayor que tú, y también loco por la literatura y experto en política internacional".  Simpatizamos de inmediato, incluso nos parecíamos un poco físicamente, para gran regodeo de Nana. Hablamos y pronto surgió el tema de la literatura. Yo acababa de publicar un par de novelas y él sacaba a la luz una novela negra. Supo que me dedicaba también a la crítica literaria y me prometió enviarme un ejemplar de "Carne de trueque" para su reseña. Autor_lainez.jpg

Leí su novela y saludé con ella la aparición de uno de los primeros escritores españoles que escribía novela negra bastante genuina (en la época lo máximo que recuerdo en ese género eran las novelas de Plinio, jefe de la Guardia municipal de Tomelloso, que firmaba el castizo García Pavón).

Seguí más tarde la profusa y prolífica carrera literaria de Fernando,  (más de 50 libros), aunque no nos volvimos ni a ver ni a relacionarnos, a pesar de habernos cruzado, me consta, por esos mundos de Dios en labores periodísticas. Ahora por mediación del gran Octavi Serret (el Señor de los Libros en el Matarraña) recibo y leo "Los libros  de Plomo" que edita Martínez Roca. Y ha sido un buen reencuentro.

Se trata de un excelente thriller, sujeto a las reglas y convenciones del género. Se lee como si asistieras a una filmación mental de una novela de acción, pero con los añadidos extraliterales que surgen de una mente observadora y vivida y que hacen tan superior la lectura de una buena novela a la mayoría de los productos fílmicos, ya que la fuerza y la esencia de lo escrito sugiere elementos interesantes a tu propia mente en varios niveles más de los que activa la imagen y el sonido.

La historia que se nos cuenta, la existencia y el robo de unos Libros de Plomo con mensajes apocalípticos en una Granada llevada hasta el paroxismo y el caos por un terremoto inicial y por la toma de la Alhambra por un comando yihadista y la aparición de un "Mesías" del desastre con toda su tropa de fanáticos, crea una bipolaridad cristianos-musulmanes que se muestra tan  activa como en la época de las Cruzadas y también tan irremediablemente violenta. A todo esto añádase las sangrientas actividades de una especie de Jack el Destripador que va matando a diestro y siniestro con extrapolaciones pseudomísticas...Y ya tenemos un escenario en el que todo es posible.

La maestría de Fernando consiste en hilvanar con eficacia esa sopa atronadora y hacernos vivir dentro de la propia Granada, calle por calle, plaza por plaza, detalle a detalle (suculentas descripciones de lugares, bares típicos bien conocidos por los que bien conocen la ciudad, o rincones llenos de encanto, todos ellos atravesados por la vena de locura que infecta la ciudad.) La perfección de la trama, ya bastante compleja por si misma, se enriquece con la documentada habilidad del viejo periodista que es FML para ofrecernos datos sobre armamento nuclear ilegal, mafias rusas, agentes del CNI y todo el confuso pandemonium de la guerra oculta que libran los servicios secretos (llamados de inteligencia) con la plasticidad de un Le Carré, a la española y dicho sea esto sin juicios de valor negativos.

Los momentos dedicados a la profesión periodística, el delegado de la agencia Efe en Granada, o los usos y manías de la profesión en la central de Madrid, me han despertado una sonrisa de reconocimiento y, in mente, un ¡bravo Fernando!, por su cariñosa ironía y su estoica descripción del mundo de la "tribu" en palabras de un amigo común, el añorado Manu Leguineche.

El ritmo de la acción no desmaya, a pesar de la periodística aparición de "informes" oficiales o personales de jefes de policía o miembros del CNI, con los que se resume la situación de vez en cuando.

Los personajes, descritos con desparpajo y de forma clara y aséptica, de sus interrelaciones y sus intimidades, se ajustan a la estructura del género y permiten al lector situarse ante ellos y la acción, sin perder la pista.

La ambición temática de FML es enorme y sale de su cometido de forma brillante: aunar varias tramas paralelas y luego convergentes, en una novela donde se mezcla habilidosamente una trama de espías y de policías, con asesino ritual en marcha, una bellísima ciudad trastonada por el miedo y la violencia, un mensaje religioso que provoca el enfrentamiento fanático, la sombra ominosa de un estallido nuclear y en un mismo pote elementos -- a veces descritos de una forma hilarante-- de tipo político (hasta las mas altas instancias) social, religioso y profesional...crean en suma un libro que seduce y te obliga a marchar con él hasta la última página.

Enhorabuena, Fernando. Se nota además tu categoría y experiencia como guionista. ¿Para cuando una versión cinematográfica de tu novela? 

 

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20 febrero 2011 7 20 /02 /febrero /2011 11:14

Jaime Balmes, filósofo, teólogo, periodista, “príncipe de los apologistas modernos” según Pio XII, escribió en una de sus obras, “El criterio”, que  "lo más preciso de la razón humana es el sentido común" , a lo que habría que añadir (no sé si lo dijo el buen clérigo, pero se suele pensar que sí)  que resulta ser el menos común de los sentidos. Esto no sólo es  observable en la vida cotidiana de las buenas gentes sino sobre todo en los asuntos de Estado y Gobierno donde cabría esperar mayores dosis de ese sentido de la proporción, la eficacia y el equilibrio entre lo que hay que hacer y lo que se puede o no se debe hacer.

Viene esto a cuento con el llamado vicio de fumar al que médicos, intereses y modas han condenado a lo prohibido, lo censurable y lo mal visto. La demonización del pitillo, la pipa y el puro bajo el dictado de la salud y su prevención y defensa ha movido más tinta y papel, chats y discursos, tertulias y muestras de humor, talento, estupidez, procacidad y mala pata que el que más y el que menos comienza a estar hasta el colodrillo de tantas  memeces y exageraciones. Partiendo de la base poco discutible de sus aspectos sanitarios y médicos, confinando el uso a espacios privados o públicos autorizados, bajo una vigilancia éstos que no parezca el abuso de las brigadas de la Inquisición, se podría dejar el asunto reducido a sus justos límites,  sin desembocar en más excesos de los que se pretendía evitar.                                         

Desde la sugerencia de que cualquier ciudadano debe, DEBE, denunciar a la autoridad competente cualquier violación de la ley antitabaco en los lugares públicos (pronto también en casa, bajo la admonición de la comunidad de vecinos: ocurre ya en algunos edificios “modélicos” en Estados Unidos) hasta la idea peregrina de eliminar o manipular secuencias de películas clásicas donde alguien fume (para empezar, todo el cine negro norteamericano a hacer puñetas, así como muchas de las grandes películas clásicas de la historia del cine).

Lo último ha sido la posibilidad de denunciar a la compañía que está reponiendo el musical Hair en Barcelona, porque en escena los jóvenes airados de la revolución de las flores y el amor, se marcan unos supuestos “porros” como era tradicional en aquellos lejanos finales de los sesenta.

Oigan, ¿no les parece un poco salido de madre todo este asunto? ¿Por qué no establecer brigadas de defensores de las costumbres como esa iniciativa municipal de Lleida que ha reciclado a muchos jóvenes parados para formar unas brigadas de agentes especiales que deben denunciar los actos incívicos (de momento solo advierten,  pero no tardarán en aplicar sanciones, sino al tiempo)? tati2.jpg

Sugiero seria y  amablemente a los munícipes de nuestros pueblos y ciudades que armen brigadillas de salvadores del orden cívico y amonesten y sancionen a los que mean por cualquier esquina, pública y notoriamente, a  los que escupen en la calle, los que tiran papeles evitando pudorosamente las papeleras, los canes cagones enardecidos por sus amos, los que destrozan mobiliario urbano porque es divertido, los que gritan desaforadamente en las madrugadas porque están muy contentos y muy bebidos, los que rayan el coche para fastidiar al que lo ha comprado solo porque suponen que quizá tiene más dinero que ellos, los que queman rastrojos sin controlar dónde y cómo lo hacen y provocan incendios… y la lista da para mucho más de lo que sería prudente alargar.

Siguiendo con el absurdo desproporcionado entre lo que se pretende defender –la salud de todos—y lo que se lleva   a cabo –el exceso prohibitivo que se sale de las coordenadas del sentido común—podríamos prohibir también todas las películas y obras de teatro en las que hay crímenes, malos tratos, bebedores, drogadictos, jugadores y locos de furor y maldad (pobre Shakespeare, reducido a las bibliotecas secretas por ser declarado malhechor de la humanidad)…

Hay quien trató de borrarle a las imágenes del cómico francés Tati  (el de “Mi tio”) la pipa que invariablemente llevaba entre los labios, o eliminar el cigarrillo de Sartre o cambiar el pitillo del vaquero de comic Lucky Luke por una ramita, y tuvo que intervenir la Asamblea Nacional Francesa para evitar semejantes dislates. ¿Le  quitamos  la pipa a Sherlock Holmes o a Maigret, el puro a Churchill, el habano a Groucho, la fumata de la paz con los sioux a Gary Cooper, el narguilé al califa de Sherezade o al cienpies azul de Alicia?

Insisto, no estoy en contra de la prohibición de fumar en público y de lanzar ciertos anatemas contra ese vicio (por cierto,  quizá no tan dañino como el alcohol, ¿para cuándo una nueva ley seca, olvidándonos de lo que ocurrió en Estados Unidos?), pero, por favor, apliquemos un poco de sentido común a la prohibición…tati.jpg

Como muestra un botón: el Tribunal Supremo de la India revocó la prohibición de fumar en películas y programas de televisión y argumentó: “Es una realidad de la vida y cualquier tipo de censura en su representación violaría el derecho fundamental de la libertad de expresión”. Pues eso…

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