Overblog
Seguir este blog Administration + Create my blog
7 enero 2022 5 07 /01 /enero /2022 11:05

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "COMPROMISO Y CULTURA" enero de 2022

Me van a permitir empezar por el final. Escribir sobre límites éticos en nuestro mundo es zambullirte en la piscina del horror desde el trampolín de la torpe (des) política que nos alarma. El escenario lo conocemos: ya sea desde nuestra pobre, vocinglera, obcecada España hasta el confluencia en ruta de colisión de las grandes potencias nuevamente polarizadas: Rusia, China “et alii”, frente a Estados Unidos y la UE, ante la mirada impotente de cientos de países cargados de problemas propios y, en torno a todos, una crisis sistémica global servida en la bandeja de una pandemia por ahora incontrolable. Por tanto, entremos en el análisis de los paradójicos límites éticos, pero no antes de rescatar un principio básico –que suena utópico- y está presente en el ser humano. Aunque ignorado, podría ser un esperanzador “quizá” como final del artículo.

Dice Simone Weil, la malograda víctima de la política del desastre de la primera mitad del siglo XX, despedazada entre el fascismo español y el nazismo alemán: “Amar y ser amado no tiene otro efecto que hacer mutuamente más concreta la existencia”. Y Josep Mª Esquirol, agudo y brillante, apostilla : “Quien no cree en lo que ve, ni en lo que toca, ni en lo que siente y, sobre todo, quien no sabe hacer del otro el prójimo y el amigo, no va bien, ni está bien. Y no puede confiar en nada ni en nadie. No cree en nada o cree que todo es una especie de nada…en cambio quien cree en lo que toca, confía y cree también en lo que no puede tocar. Porque justo por la honda sencillez de lo concreto, quien mira lo más visible, ve lo invisible. Y quien cree en lo más creíble, cree en lo increíble”. Es la revolución del individuo contra la entropía del sistema: nuestra esperanza de futuro.

El libro de Michael J. Sandel, profesor de filosofía política en Harvard, “Lo que el dinero no puede comprar” nos pone en el carril principal de la autopista del desastre por la que circula el siglo XXI (casi copiando, con otros parámetros, el desconcierto, la codicia y la estupidez de la Humanidad en las mismas décadas del siglo pasado). Como entonces, hemos topado con el quevediano “Don Dinero”, ese poderoso caballero omnipresente sin patria, alma o rostro. En este libro llegamos a saber, con bastante tristeza pero abrumador realismo, que el número de cosas que no se pueden comprar con dinero en este mundo de hoy ha disminuido de forma radical respecto a las pretensiones éticas de otros tiempos. Pongamos como posible punto de referencia de valoración humanística, la revolución francesa y la americana y la Ilustración.

Sandel nos propone una divertida lista de las “nuevas” incursiones del dinero y el mercado contra antiguas nociones éticas y buenas costumbres afirmadas por la educación, la civilización y las religiones. Con un cinismo operativo que para sí hubieran querido Maquiavelo, Adam Smith o el Marqués de Sade, las supuestas “leyes del Mercado” han conseguido que hoy día con una buena cartera de billetes usted pueda conseguirse una celda mejor si debe ingresar en prisión, comidas especiales y una cierta vigilancia de su persona. Ustedes me dirán, “eso ha sido siempre” y lo van repetir en muchos de los ejemplos. Pero hay una diferencia sustancial: antes era una “mordida”, una corruptela de guardianes u oficiales: ahora está admitido “legalmente”, nadie protesta y nadie se queja. En algunas autopistas hay un carril especial para evitar atascos para servicios y seguridad, usted podrá circular por ellos pagando una tarifa. Si quiere emigrar a Estados Unidos  y tener permiso de residencia legal basta que invierta 500.000 dólares en una zona deprimida del país y crear al menos diez puestos de trabajo.  Si quiere cazar una  especie de animal protegida por peligro de extinción, sólo es cuestión de precio. Si está dispuesto a pagar de 1.500 a 25.000 dólares anuales a su médico especialista, tendrá su teléfono móvil personal y será atendido sin esperas o vendrá a su domicilio a atenderle. La admisión de un hijo suyo en una de las mejores universidades también tiene un precio para no pasar por el exigente tribunal de admisión. Hay empresas que pagan a personas sin trabajo para que hagan colas por usted para conseguir entradas para un espectáculo o en un espacio público donde solucionar cuestiones burocráticas, o políticas.  Puede comprar el seguro de vida de un anciano o un enfermo, pagará las cuotas mensuales mientras éste viva y obtenga los beneficios del seguro cuando fallezca. En ciertos parques recreativos, pagando un entrada mucho más cara, usted y su familia no tendrán que hacer cola alguna, entrarán directamente en la atracción. Si necesita una “madre de alquiler” a bajo precio hay empresas que se la consiguen en cualquier país en desarrollo. Si necesita popularidad con fines políticos o económicos ya tenemos empresas que le convierten en un “influencer” o en un popular candidato, a través de internet y los media. Hasta los Gobiernos admiten la proliferación de empresas de seguridad privadas para que cubran exigencias en lugares o situaciones donde la policía o el ejército no llegan.

Como escribe Sandel “vivimos en una época en que casi todo puede comprarse o venderse. A lo largo de las últimas tres décadas los mercados de valores han llegado a gobernar nuestras vidas como nunca antes lo habían hecho”.  Esa intromisión de los mercados y el pensamiento orientado a su predominio en aspectos regidos por normas éticas o de convivencia no mercantiles, es uno de los hechos que nos hacen cuestionarnos los límites éticos de nuestra cultura. En ella, instituciones como colegios, hospitales, prisiones o residencias se han convertido en privadas y lucrativas para fondos de inversión, afectando no sólo la calidad del servicio sino a los principios de igualdad y solidaridad social. Todas estas situaciones crean un substrato social en el que los ciudadanos comienzan a recelar e indignarse por dos cuestiones: la desigualdad y la corrupción que se generan con el patrón hegemónico del dinero como fuente de “derechos” y la gradual pérdida de valor intrínseco del Estado como garantía de la democrática igualdad. Hemos pasado de tener una sociedad de mercado a ser una sociedad de mercado. Eso está creando un enorme rencor en la población más desfavorecida y un vacío de justicia en el discurso público. Ya no hay interlocutor válido para un debate sobre los límites éticos del mercado, pues el discurso político carece de justificación operativa ética y moral y se ha convertido en pura gestión tecnocrática. En el libro, el lector es informado de cómo podríamos proteger ciertos bienes morales y cívicos a fin de que la codicia amoral de los mercados no pueda anularlos a cambio de dinero.

Precisamente el poeta polaco Adam Zagajewski en su “En defensa del fervor” nos propone una recuperación de los valores propios de nuestra cultura: la serenidad, la valentía, el pensamiento crítico, la belleza, el respeto, la solidaridad, la empatía con los otros  y una cierta seriedad metafísica que contrarreste los excesos de una vida limitada por el poder del dinero y el mercado. Zagajewski (nacido en Lwow en 1945) recibió el premio Princesa de Asturias de las Letras en 2017, aunque es uno de los ilustres semi desconocidos en nuestro país, poco dado a la poesía últimamente, (aunque la mayoría de sus obras han sido traducidas y publicadas aquí). Fue un destacado disidente del régimen comunista polaco, que prohibió su obra,. Estuvo exiliado desde 1982  en Alemania, Francia y Estados Unidos. Sus obra poética incluye: "Ir a Lviv" (1985), "Tierra de fuego" (1994) y "Retorno" (2003). Aparte de ensayos de gran calidad como el que comento y otro titulado "Solidaridad y soledad" (1968). Falleció en marzo del año pasado.

Nuestro autor nos dice que una de las maneras con  las que uno puede renovar los lazos éticos que le deberían vincular al mundo,  es “desvelar el misterio que cubre con un tupido velo las cosas más importantes, el tiempo, el amor, el mal, la belleza y la trascendencia”. Y aceptar el grado de estimulante inseguridad que nos produce el convivir con el misterio y con la seguridad de que no hay una sola metáfora acertada para salvar a esta civilización perdida en la dialéctica del ser y el tener. En la selva de la oferta y la demanda, los límites éticos se difuminan porque es así como lo hemos aceptado inconscientemente por comodidad, interés o placer: cada vez que decimos “si” al control que va implícito con algunos “servicios” que nos proporcionan y sin los cuales la vida cotidiana sería menos cómoda y más complicada. El principio del fin fue cuando todos consideramos lógico y aceptable el aserto de que nada es gratis. De una forma u otra hay que pagar por todo lo que nuestra civilización nos proporciona (y sin lo que ya no sabemos vivir). Aunque, A.Z. nos recuerda que deberíamos evitar “conclusiones ideológicas globales que ya no están al amparo de ninguna clase de sentido del humor ni de dudas sobre la propia clarividencia”. El velo de las cosas sobre el futuro no se ha levantado y cualquier predicción es un exceso narrativo. Por ello nuestro autor nos regala una reflexión que puede poner punto final a este trabajo: “Sabemos o adivinamos que la modernidad (el estado actual de nuestra sociedad) no debe combatirse (porque nadie la vencerá) sino que achacándole muchas cosas y por más que nos indignen algunas de sus facetas menos inteligentes, debemos corregirla, completarla, mejorarla, enriquecerla, debemos hablarle. La modernidad está en nuestro interior, en nuestros adentros, y ya es demasiado tarde para limitarnos a criticarla desde fuera”. Por ello resulta evidente que una actitud intransigente, desprovista de sentido común y de humor indulgente no nos ayudará a vivir en este mundo ridículo, cruel e imperfecto.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

FICHAS

HUMANO, MÁS HUMANO.- Josep Mª Esquirol.- Ed. Acantilado.-173 págs.

LO QUE EL DINERO NO PUEDE COMPRAR.- Michael J. Sandel.- Trad. Joaquín Chamorro.- Edit. Penguin, Random House. 253 págs

EN DEFENSA DEL FERVOR. Adam Zagajewski.- Trad. A.Rubió y J. Slawomirski.- E. Acantilado.214 págs.

Compartir este post
Repost0
3 diciembre 2021 5 03 /12 /diciembre /2021 19:32

LA PARÁBOLA DEL METAVERSO

(Publicado en La Comarca, el 031221 )

En el Génesis del Metaverso, hubo un primer momento en el que el metadios, en la vida real llamado Mark Zurckberg, miró en torno suyo y se dolía del estado en que veía a los hombres y mujeres en el  llamado mundo real. Todos sometidos a trabajos y obligaciones que eran muy superiores a sus fuerzas, semi esclavizados por deseos injertados y necesidades ilusorias, bajo cielos grises y aires contaminados, con sus panteones de dioses muertos o dormidos, bajo la férrea tiranía del poder dictatorial de un neocapitalismo salvaje…El metadios se compadeció  de esa humanidad abocada al desastre final y dijo “nazca la luz y la luz se hizo”. Se iluminaron las pantallas de todo el mundo y de la luz digital nació el metaverso. Una palabra que no había surgido de la mente privilegiada de MZ, sino de un escritor de ciencia ficción que en 1992 inventó la palabra para su novela “Snow Crash”. Pero, sigamos con la parábola.

Tras un casco/gafas de realidad virtual,  en la gran pantalla inmersiva, aparecieron las verdes campiñas, el cielo azul, el baile sosegado de las nubes, las calles ordenadas y limpias iluminadas por el sol, sin sombra de contaminación y, junto al árbol de la ciencia (antes llamado del bien y del mal), dos seres perfectos, hermosos, plenos y felices porque habían superado el dolor, la enfermedad y la muerte. Los avatares. Los había de todas clases, colores, razas, sexos y parasexos. Eran libres y gozaban de plena disponibilidad para trabajar, jugar, relacionarse sensualmente, comprar y consumir artículos digitales. Con sus almas de chips y sus apariencias transformables a golpe de “click”, el ser humano del siglo XXI podía olvidarse de la humillante historia de ser el animal más depredador e inmisericorde de la auténtica Creación. Había nacido su gemelo digital. A partir de ahí se escribiría otra historia. Y el metadios se frotó las manos de puro placer, aunque en el fondo de su cerebro nació la sombra de la duda: ¿habrá siempre energía para alimentar su metaverso?

Pero esa es otra cuestión. La que nos preocupa es, como siempre, la respuesta a la pregunta clásica: “cui prodest?”, es decir, “¿a quién beneficia?”. El sector de las empresas “tech” globales ya está babeando con la simple estimación primeriza de sus ganancias. Los 2.800 millones de usuarios del imperio de Facebook y aliados, suponen el mayor mercado de clientes que ha existido jamás. Y están en alza. Los consultores de Fondos e Inversiones estiman a la baja un negocio global de 700.000 millones de euros para el 2024. ¿Beneficiados? Desde los expertos informáticos, a los que diseñen y fabriquen el hardware que va a precisar la nueva tecnología (trajes, sensores, casos y gafas), pasando por los grupos publicitarios que promocionan tantos objetos físicos como virtuales y los especuladores de las monedas digitales… hasta Microsoft se ha apuntado al metaverso y va a crear uno dedicado únicamente a las empresas, donde se trabajará en proyectos comunes y se intercambiarán archivos técnicos y financieros.

Sigamos con la parábola. Ríanse ustedes del Gran Hermano del“1984” de Orwell y de los opresivos mundos creados por la ciencia ficción distópica, tipo “Matrix” o “Los juegos del hambre” (me viene el recuerdo de “El mundo feliz” de Huxley): con la llegada del Metaverso, el Olimpoverso estará repleto de dioses y diosecillos que reducirán a una broma infantil a los caprichosos dioses greco-romanos. En principio lo sabrán todo, absolutamente, de nosotros. Y colmarán su insaciable codicia, no con un cabritillo asado, sino con el negocio añadido de vender nuestros datos al mejor postor o cederlos a los Gobiernos a cambio de que hagan la vista gorda en otros asuntos.

Uno se pregunta qué es lo que buscan los multimillonarios que forman el Olimpo. M.Zuckerberg (Meta-Facebook, Whatsapp, Instagram), Bill Gates (Microsoft), Larry Page (Youtube, Google) Elon Musk (Tesla), etc. ¿Más dinero? No lo creo. Buscan lo mismo que todos los “dioses” han buscado desde que se adoró al primero de ellos en las cavernas: el poder absoluto ejercido de una forma lo más absoluta posible. Y la aceptación y vasallaje de los infelices y vulnerables “clientes”. Señores, vamos apañados.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

Compartir este post
Repost0
28 noviembre 2021 7 28 /11 /noviembre /2021 12:59

EL “CAPITALVIRUS” CONTAGIA GLASGOW

(Reportaje publicado en “La Comarca” el 261121)

Creo que desde los tiempos de la Torre de Babel no ha habido mayor desacuerdo en una empresa humana común, como la vista en la COP 26 de Glasgow. Sólo que aquí no ha sido cuestión de idiomas diferentes sino de concepciones opuestas y enfrentadas sobre un solo y global problema: el cambio climático. Provocado, entre otras cosas, por la emisión de gases de efecto invernadero debido al uso de combustibles fósiles.  Analizando los debates habidos y las posturas de determinados países se llega a la conclusión de que cualquier tipo de diagnóstico del problema tiene que tener en cuentan la variante patológica del “capitalvirus” que ha hecho estragos en Glasgow. La Conferencia de las Partes o COP es el órgano supremo de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC). En ella, los jefes de Estado y de Gobierno, o en su nombre los ministros, toman decisiones para intentar mitigar los efectos de la crisis climática derivados de la acción humana. Eso es la teoría. Lo cierto es que la COP (deberían ser las siglas de “Coopera O Perece”) ha sido un teatro de marionetas de alcance mundial, rodeado de las marchas populares de protesta (más de 100.000 personas) los encadenamientos de científicos en el puente George V de Glasglow y los informes negacionistas o negocionistas amparados “científicamente”, contrapuestos a otros muy alarmantes de entidades científicas tan serias como el colectivo Scientist Rebellion o la famosa Climate Action Tracker que asegura que, aunque se aplicaran muchos de los acuerdos parciales, aún así rechazados por algunos países, la temperatura a final de siglo puede llegar a los 2,4 º C . Eso supondría la aparición de los nuevos Jinetes del Apocalipsis: la contaminación letal, el calor, la sequía, las inundaciones costeras, el hambre, pandemias, el estado bélico total ante las inmigraciones masivas, la escasez de agua potable y de alimentos… el Bosco y Brueghel como profetas de una realidad del horror. Y los despliegues cínicos de los “lobbyes” que se benefician del consumo de combustibles fósiles, con más poder efectivo en sus manos que  el conjunto de los países ricos.

Las medidas de “control” basadas en la  compraventa de derechos de emisión de tales gases o las por ahora utópicas tecnologías de “captura” de esos gases, se deberían desestimar por ineficaces. Incluyendo, por ejemplo, las controvertidas plantas de carbón que tienen sistemas para “almacenar” en el subsuelo sus gases residuales o los visionarios que hablan de un “casquete” de diamantes en torno al planeta que filtraría las emisiones solares). Estas parten de un principio evidente: mantener el uso de combustibles fósiles y la emisión de gases sobre todo en beneficio de países como Arabia Saudi, Brasil, Australia, EE.UU. India, China y Rusia, entre otros, que oscilan cínicamente entre el negacionismo y las fantasías de supuesto control. Y ante las evidencias de que el clima está mutando y ya empiezan a verse los efectos perniciosos, confían en un “deus ex machina” del futuro que lo solucionará todo en el último momento. Vamos, como el 7º de caballería de los western de antes.

No hace falta ser un Maquiavelo para percibir en pleno funcionamiento por los pasillos y salones, intervenciones, excusas y negaciones, incluso en los descafeinados “tratados” aprobados, los efectos perniciosos del “capitalvirus”, el poderoso caballero cuyo omnímodo bastón de mando dirige la ceguera internacional de muchos países, de toda la gama ideológica –eso en estos tiempos sólo tiene un valor testimonial-. Por aquí tenemos un dicho cuyo egoísmo, insolidaridad e ignorancia claman al cielo: “el que venga atrás que arree”. Pero ya no hay quien “venga atrás”. Las generaciones vivas son las que van a sufrir las consecuencias de la codicia de beneficios que no permite ver que tenemos una bomba de extinción programada sobre la mesa de la Humanidad.

Los acuerdos son escandalosamente hipócritas y obtusos respecto a la realidad: se pide con gran miramiento (no vayan a enfadarse los países que se lucran) que se eliminen “gradualmente” las emisiones de los combustibles fósiles y los subsidios (además las subvencionamos), se aconseja crear un fondo para compensar “pérdidas y daños” causados por los estragos climáticos  que van a llegar y, curiosamente, se mantiene “vivo” el objetivo de reducir el calentamiento global para no sobrepasar el 1,5 ºC. ¿Es una broma o es que la idiocia o idiotismo se ha apoderado del género humano? Es decir, se acepta la realidad de las crisis, pero se ajusta su percepción y contra medidas a los intereses de los países que se benefician de ella y se regatean compensaciones a los países en desarrollo que seguirán consumiendo y algunos produciendo en su territorio –beneficiando a los países ricos-  el mismo tipo de combustible fósil que nos lleva raudos a una crisis climática sin precedentes.

Se ha propuesto otra COP para el próximo año en Sharm el Sheij, ciudad balneario egipcia entre el desierto del Sinai y al Mar Rojo. Una elección que muestra la hipócrita inconsciencia de nuestros respetables –no respetados- mandamases. La COP 26 ha sido una tomadura de pelo y la 27 dará ocasión para que el Congreso se divierta. Total, sólo nos estamos jugando el futuro humano. ¿De qué nos sirve las buenas intenciones pactadas como que EE.UU. y China negocien la reducción de sus respectivas emisiones de esos gases (aunque ni Pekin, ni Moscú ni India han aceptado incluir al metano en esos pactos)? ¿O que 114 Estados acuerden acabar con la deforestación para el 2030 (quedará algún árbol  en el Amazonas para esa fecha)? ¿Saben que todo lo acordado en la COP26 no tiene carácter vinculante? ¿Recuerdan que en el 2014 ya se pactó terminar con la deforestación y no se ha hecho nada al respecto en los últimos 7 años? ¿Sabían que en el acuerdo final se cambió la frase “eliminación gradual” del uso del carbón, por el de “reducción progresiva”, gracias a presiones de algunos países encabezados por India?

No hay pactos globales, ni calendarios fijos de actuación, ni normativas de obligados cumplimientos, ni entidad internacional que los revise. Y mientras, en sólo once años,  tendremos encima la “tormenta perfecta” medioambiental. Las COP no hacen más que reducir al mínimo común denominador las disensiones entre los Estados. El tímido primer paso para reducir el uso y la extracción del carbón, el petróleo y el gas y los subsidios que hasta ahora lo protegían, en la realidad no es más que papel mojado, un mero apaciguamiento teórico sin medidas operativas. Llamar “documento histórico” a este fiasco político-administrativo internacional como hizo el vicepresidente de la Comisión, Frans Timmerman, es verdad, pero en un sentido opuesto al que le dio el insigne burócrata: es histórico en la medida que es tristemente histórica la oportunidad que se ha perdido de implementar una actitud operativa eficaz para terminar con una situación que los científicos declaran “código rojo para la Humanidad”. Los “estilos de vida insostenibles y patrones de consumo derrochadores” de los países ricos como acusaba, con razón,  el delegado de la India para justificar (sin razón) su propio uso abusivo del carbón, en las últimas horas de la prórroga de la Cumbre, fue una maniobra comprensible pero no justa ni pertinente.

Quizá va siendo hora de que los países ricos y los pobres lleguen a acuerdos económicos compensatorios justos y equilibrados que enfoquen la reducción drástica, progresiva y regulada de la emisión de gases invernadero, a través de un organismo internacional transparente con capacidad jurídica y ejecutiva global que responda de una política común anti-desastre climático, por encima de Gobiernos e ideologías. Lo cual, en este momento, es utópico, aunque posible en un futuro próximo.

Tras esta COP26, la decepción y los augurios nefastos se han disparado y la meta de no superar el umbral del 1,5ºC para fines de siglo, se presenta tan utópica e irrealizable como que exista un consenso que supere la brecha riqueza-pobreza y se acuerde unos fondos que compensen la desigualdad. Ya en 2020 en Paris se aprobó un fondo anual de 100.000 millones de dólares que nunca vio la luz. Ahora se ha pedido que en 2023 se ponga en marcha por fin tal fondo. El “capitalvirus” es inclemente, ya sea por exceso o por defecto. Y como el “coronavirus”, no entiende de fronteras, de Gobiernos o de entidades supranacionales. El “capitalismo verde” es un oxímoron. El culpable directo o directo de la situación es el capitalismo estructurado desde la Revolución Industrial hasta nuestros días,  que se disfraza de tecnología verde. El problema es el sistema de vida creado por el “capitalvirus”. Hay que cambiar el sistema. Y debe ser con una dinámica evolutiva y democrática, no revolucionaria…pero sí honesta, firme y solidaria.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

Compartir este post
Repost0
1 noviembre 2021 1 01 /11 /noviembre /2021 11:55

(Publicado en la revista “Compromiso y Cultura”, noviembre 2021)

El pensamiento griego lo señaló de una forma evidente: la idea de la belleza está vinculada con la idea de orden del “kosmos”. Desde Pitágoras, Anaxágoras o Sócrates, lo bello es la proporción, la armonía que preside el universo. Algo que despierta en los seres humanos el arrobo, la maravilla, un estado de contemplación que capta el orden y el equilibrio perfectos e indiferentes a la mirada del hombre, que están subyacentes a lo real en que estamos inmersos. Simone Weil afirmaba que cualquier artista genuino, escritor, poeta, escultor, pintor, músico o algunos científicos enamorados de su facultad de conocer los misterios que les rodean, han tenido en algún momento de sus vidas un contacto real, directo e inmediato con la belleza del mundo.  Un instante iniciático que ha influido en ellos de una forma esencial. Ya que en el macrocosmos del Universo destaca, por su paralelismo de complejidad, el microcosmos del cuerpo humano y de su increíble y fascinante cerebro (verdadero espejo holográfico del universo). Pues bien, tanto Caspar Henderson (“El mapa de las maravillas”), como  Camilla Pang (“Cómo ser humano”), ambos libros editados por Ático de los Libros, ilustran esta reflexión que vehicula la relación entre el mundo y la persona y lo hacen de una  forma que convierte en una fiesta intelectual la lectura alterna o consecutiva de estos libros.

Camila Pang. Doctora en Bioquímica y especialista en bio informática translacional, podría ser el paradigma viviente de esa característica del ser humano que le abre las puertas al conocimiento: la facultad de asombrarse, buscar con insaciable curiosidad el porqué de las cosas y en ese intenso camino llegar a sentir la maravilla del mundo y del propio ser. ¿Por qué el paradigma? Porque Camilla padece desde niña un trastorno del espectro autista (TEA), trastorno por déficit  de atención e hiperactividad (TDAH), trastorno de ansiedad generalizada (TAG), trastorno de procesamiento sensorial (TPS) y el Síndrome de Asperger que como ella misma dice en su libro. “es una forma de autismo altamente funcional que te hace demasiado normal para ser autista y demasiado rara para ser neuro- típicamente normal”. Vive a caballo entre dos mundos diferentes. Pues bien, este prodigio de criatura ha ganado con 28 años el premio de la Royal Society Scientific Book, siendo el científico/a más joven y la primera “neuro- divergente” que lo ha recibido.

Esta inglesa de origen asiático ha usado el modelo de funcionamiento informático para analizar las actitudes, impulsos, razonamientos y comportamientos humanos, añadiendo a este análisis la mirada desde la alteridad, la extrañeza como acicate para vernos como realmente somos los humanos. Podría ser la privilegiada mirada de un “entomólogo marciano” que está abierto a todo conocimiento sin condicionantes previos sobre una especie que le es familiar, pero a la que no puede, biológica y psicológicamente, entender (y de la que está separada emocionalmente, por falta de un código compartido con ella, debido a sus propias alteraciones neurológicas).

Esa visión innovadora de la doctora Pang tiene un efecto sorprendente en el lector no aquejado de esos trastornos. Los esfuerzos que la autora hace por explicarse-nos lo que percibe nos enriquece y nos sorprende: tras leer el libro sentimos una maravillada sorpresa por la visión de ciertas complejidades nuestras para las que no teníamos una perspectiva tan nueva y reveladora.

Los capítulos dedicados a explicarnos lo que son las proteínas y su funcionamiento, el aprendizaje automático y sus claves o el comportamiento humano, con sus conflictos y perplejidades, o las relaciones humanas y las exigencias de la cortesía y las emociones, observados a través de la lente de la química molecular, constituyen una grata entrada a la Cueva de las Maravillas.

Las limitaciones relacionales que la autora sufre le permite ofrecernos una información valiosa sobre las tácticas utilizadas por ella para impedir  que el “ruido sensitivo”, los déficits de atención o los excesos emocionales logren desencajar las situaciones que vivimos. Paradójicamente resultan útiles y adecuados para los que nos consideramos “normales”. Más de 30 años de ejercer la psicología hacen que sonría con escepticismo ante esa palabra (y comprender y admirar intensamente a la autora).

La doctora Pang dedica su libro a su madre y también “a todas las demás mamás, cuidadores y padres, que tienen a alguien a quien quieren entender. Y también una carta de amor a la ciencia, para resaltar cómo la comprensión y el apoyo pueden cambiar la vida de alguien”.

Es un libro que podría considerarse un “manual de instrucciones” para relacionarse con las personas del entorno propio creado por una neurodivergente, lo cual lo hace utilísimo para cualquiera que se tome la molestia de no dar por sentadas muchas creencias y analice sin prisas y sin agobios la realidad que subyace en las convenciones sociales y personales. Si además añado que es divulgación científica escrita con un delicioso e irónico sentido del humor, con una amabilidad enternecedora y, ahí está la clave, con una sensación la maravilla que somos y nos rodea. Todo ello escrito por una mujer joven que define sus limitaciones psico neurológicas de esta manera: “tener autismo es como jugar a un videojuego sin el mando, cocinar sin sartenes ni utensilios o tocar música sin las notas”. Es como una brújula para orientarnos en la selva montañosa de las relaciones, el amor, la amistad, los compañeros de trabajo, los jefes y los desconocidos…y además divertirnos con ello.

Caspar Anderson es un escritor y periodista británico, veterano, optimista y bien informado, multipremiado y conocido por sus libros y artículos de análisis político y divulgación científica.  Con “El mapa de las maravillas”, Henderson lleva a su máxima expresión esa sensación gratificante y creativa que consiste en estar, de forma abierta y susceptible, inspirado por la maravilla de la existencia cotidiana, del mundo en que vivimos y del cuerpo que habitamos.

Pero Henderson en su libro no se limita a ofrecernos ejemplos y pruebas de esas maravillas constantes, también nos revela la necesidad de “activar” la sensación y la humildad en la mirada: “a menudo las maravillas han dejado de asombrarnos por tenerlas tan vistas”. Y añade: “se trata de prestar atención, de estar alerta, como cuando un perro oye un ruido lejano y levanta las orejas”. Es la demanda de la “atención plena” que sugieren los filósofos griegos o las disciplinas budistas, como el zen o el vedanta.

Los grandes poetas y los científicos de elite, saben de qué hablamos cuando hablamos de maravillarse. Henderson nos sugiere que el asombrarse es una habilidad que se debe cultivar, dado su incalculable valor para reafirmar nuestra humanidad y nuestro amor a la vida. Para ello propone un entretenido y asombroso viaje por los arcanos y misterios de la filosofía, la biología, la astronomía, la zoología, la geología, la religión, el arte, la tecnología y la ciencia, con un objetivo común: dejarnos absortos por el asombro, viajar con la maravilla en los ojos y en el espíritu. Comprender a través de la lectura la naturaleza exquisita del asombro y su fuerza catalizadora a través de la “simples” preguntas: ¿“qué es”, “por qué”, “cómo” “dónde”, “para qué”…? Tener ojos de bebé, curiosidad de niño, paciencia activa de artesano manual y persistencia analítica de enamorado del mundo.

Este autor nos lleva a explorar las maravillas tanto del mundo real como del imaginario activo de las culturas medievales y también esos que desde la antigüedad alimentaban la narrativa de lo prodigioso, esfinges de mirada letal, mantícoras, polifemos desmesurados, sirenas sedientas de sangre, dragones destructivos. También provoca la reflexión de que los logros asombrosos de nuestra tecnología pertenecen al mismo orden de lo extraordinario de las leyendas y sueños de la imaginación. Hace solo un siglo ni los escritores de distopías o los utópicos llegaron a proponer escenarios como el actual mundo digital. Y, al mismo tiempo, las maravillas del futuro están acercándose a pasos agigantados, empezando por las capacidades de nuestro propio cerebro, al cual estamos empezando a conocer y dibujan un mañana asombroso y posiblemente más complejo de lo que esperamos. ¿Cómo imaginar el potencial de los mil billones de conexiones que puede llegar a activar un cerebro humano?

Y permítanme que les diga que nos quedamos cortos: Henderson nos recuerda que no sólo la complejidad del cerebro es inabarcable, sino que debemos contar con que todo el cuerpo humano y sus células están interconectadas potencialmente con el entorno y forman una conexión cerebro-cuerpo-medio ambiente que confirma la intuición de las filosofías primeras y muchas disciplinas espirituales de la pertenencia y unión entre todos los seres vivientes del planeta. La leyenda de Gaia parece confirmarse: todos formamos parte de una misma entidad. A ver si dejamos de asolar al planeta, pues si lo matamos, morimos.

Nuestro autor nos sirve en bandeja una reflexión al respecto: “el objetivo de pensar sobre el futuro es cambiar cómo actuamos en el presente”. Estamos bajando demasiado rápido por un tobogán de maravillas que nos conduce a una situación inimaginable ya que, a tenor de lo que vemos y sabemos en el día de hoy, los avances tecnológicos van a transformar la existencia humana tal como la hemos conocido en los últimos siglos. Debemos preguntarnos si los avances tecnológicos que nos esperan estarán coordinados con un avance semejante en nuestra inteligencia y comprensión, en nuestra solidaridad y prudencia, en la hermandad de género entre los humanos,, sin divisiones de color, raza, educación, sexo o riqueza.

El despliegue de maravillas que hace Henderson en las 476 páginas de su libro dejan un sabor extraordinario en nuestra sensibilidad, pero también un interrogante que podría ser angustioso: ¿el ser humano tiene un papel principal y respetable en este drama de la existencia futura? ¿La tecnología será nuestra aliada o terminaremos perdiendo el protagonismo en un mundo regido por máquinas y cerebros electrónicos?¿El planeta podrá resistir las exigencias de explotación que garantizan el nivel tecnológico? La bibliografía -50 páginas- de la que hace gala nuestro autor responde a las claras de su laboriosidad y documentación. Y el talante positivo y optimista de sus reflexiones hacen de la lectura un placer añadido. Pero a pesar de eso, quizá no sea ocioso repetir la cita de otro autor que Henderson nos propone (pág. 348) y que demuestra su prudencia y cautela: “No vemos la que nos viene encima. Probablemente tampoco lo veríamos aunque lo intentásemos. Los efectos de los grandes cambios suelen estar más allá de nuestro poder de percepción. Incluso sobrepasan nuestra imaginación”. Y para terminar, dejemos libre un pensamiento relacionado con la maravilla del ser y del mundo: “la desesperanza es a menudo prematura”. Quizá estemos propiciando la formación de un modelo humano basado en la igualdad, la solidaridad y la fraternidad. Henderson termina su libro con una frase que suscribo: “cantad la canción de la vida”.

FICHAS

CÓMO SER HUMANO.-Lo que la ciencia nos enseña sobre la vida, el amor y las relaciones.- Camilla Pang.- Trad. Elena González García.- 274 págs.- Ático de los libros.

EL MAPA DE LAS MARAVILLAS.- Caspar Henderson.- Trad. Claudia Casanova.-476 págs.-Ático de los libros

 

Compartir este post
Repost0
29 octubre 2021 5 29 /10 /octubre /2021 09:45

PANDORA  EN GLASGOW

(Publicado en “La Comarca” 291021)

Más de 120 jefes de Estado y de Gobierno es reúnen en Glasgow la semana que viene (Conferencia COP26), nadie sabe si para tratar de arreglar las cosas del desbarajuste climático o para confesar que la caja –o ánfora más bien-  de Pandora ya está abierta y que sólo quedan dos alternativas: o trabajamos juntos para poner algo más que parches donde la cosa esté peor (limitar el calentamiento a 1,5º) o cada uno tira por donde quiera (casos de Rusia, Brasil, México, Australia o Indonesia) y que algún dios o diablo recoja los restos del planeta antes de que acabe este siglo.

Todo empezó con Prometeo, que robó el fuego para darlo a los hombres con gran disgusto de Zeus, el dios jefe. Para castigarle, Zeus ordenó a Hefestos, el dios de la forja y la metalurgia, que creara la primera mujer, Pandora. La dio en matrimonio al hermano de Prometeo y como regalo de bodas un ánfora sellada con la orden expresa de no abrirla hasta que él diera permiso. Preveía la curiosidad de Pandora (¿recuerdan a Eva y la fruta prohibida?) que no tardó en abrir el ánfora y liberar su contenido: todos los males, desde la enfermedad hasta la muerte, mas la peste, la guerra y los desastres naturales. En el ánfora sólo quedó la esperanza.

Este mito refleja de forma escalofriante lo que ocurre hoy día con la llamada “emergencia climática”. Los excesos del capitalismo salvaje – beneficio creciente a costa del aumento salvaje de la producción y el consumo--, nacido a partir de la Revolución Industrial, está esquilmando los recursos naturales y provocando una contaminación letal en el planeta. La “caja” de Pandora la abrimos entre todos los humanos, a pesar de los avisos de los científicos y de constatar el aumento de las catástrofes naturales.

Inundaciones brutales en Asia y Europa occidental, incendios en todas partes, alzas de las temperaturas, pandemias globalizadas, deforestaciones que causan la desaparición de especies y el agravamiento de los problemas sanitarios y ecológicos, aumento de la acidez de los océanos, impacto sobre la pesca, deshielo de los lugares polares que causará el aumento del nivel de mar, la pérdida ingente de agua potable y el vertido de más metano en la atmósfera, sequías inclementes, reducción de las cosechas y extensión de las hambrunas que están devastando muchos países africanos (con la consiguiente exacerbación de las inmigraciones masivas).

En menos de 30 años, si no ponemos remedio, se sobrepasarán los 2º grados C de aumento de la temperatura asociada a la actividad humana y el escenario catastrófico planetario resultante superará las visiones del Bosco o de Pieter Brueghel, el Viejo.

De la COP26 sólo debería salir la declaración (bien justificada) de un estado de emergencia climática global, mejor y más eficaz que la de la pandemia. Y ya no basta con una declaración de intenciones, como la de Paris, ni la concienciación social y política: ¡medidas contundentes y coordinadas en todo el mundo (a pesar del rechazo de Rusia, países árabes del Golfo y otros vendedores de CO2)! Teniendo en cuenta que ya hay tantos gases de efecto invernadero en la atmósfera que aun si se redujera la emisión a cero, hasta mediados de siglo la temperatura global no empezará a revertir. Y eso sólo si en los próximos ocho años se reduce el CO2 a la mitad.

La caja de Pandora abierta por la actividad humana ya está mostrando su veneno: nuevas enfermedades, olas de calor alternando con sequías o inundaciones imposibles de prever. Comienza una década prodigiosa: el fin gradual e inevitable  o que la humilde esperanza del fondo de la vasija de Pandora, salga a luchar con sensatez y perseverancia. La ONU dice: “sobrepasar las metas marcadas nos conduce a un mundo inestable y a un sufrimiento sin fin”. Más claro…

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

Compartir este post
Repost0
3 octubre 2021 7 03 /10 /octubre /2021 15:46

“CAPERUCITA VERDE” Y EL LOBO

Publicado en La Comarca el 01102021

Desde siempre la luz - y lo que ella facilita- ha sido una necesidad y un derecho fundamentales. Los creyentes la ensalzan como una  de las creaciones taumatúrgicas del Hacedor, los poderosos la protegen con sus leyes, los seres humanos dependemos de ella y las compañías eléctricas utilizan su Nombre en vano (la luz no se hace si no pagáis más)  para extorsionar a los ciudadanos con la indiferencia o la hipócrita beligerancia de algunos políticos al uso,  quizá futuros usuarios de las “puertas rotatorias”. Montaigne nos aleccionaba: “la política no puede reducirse a la moral…pero tampoco puede someterla ni abolirla”. Nadie pide ya honestidad a la política, ya que por definición la política busca el poder, no la honestidad. Es patente en el asunto de la brutal subida del recibo de la luz en plena crisis sistémica (la unión de varias crisis sectoriales convergentes: petróleo y gas, climática, financiera, sanitaria, laboral, etc.) Más de tres meses de desgaste político para los que están en el poder y para una oposición vocinglera que de hecho está tan involucrada en este tsunami energético social como sus “compañeros” de las trincheras de enfrente en el Congreso. Aunque ahora abanderan el anatema contra el Gobierno, la memoria histórica los pone en un lugar semejante. Parece que hace falta recordar que empezó Felipe González a privatizar y que Aznar terminó de hacer un corral privado con la privatización de Endesa y la declaración del libre mercado, que se nos vendió como una ventaja para el consumidor.

A partir de ese momento hemos vivido momentos de incertidumbre e irritación con el dichoso recibo de la luz, para acabar pagando una de las tarifas más altas de Europa (donde, por otro lado, hay 50 millones de hogares en pobreza energética. En 2016 se anuló en España por el TS el bono social, que abarataba la luz para las clases más desfavorecidas, gracias a un recurso de EON España y Endesa (el lobo disfrazado de Caperucita Verde se merienda a la abuelita y a los cazadores).

 Pero de pronto, el 14 de setiembre pasado, el mago de “sanchOz” se saca un osado conejo de la chistera con su talante triunfalista de costumbre: que las eléctricas asuman su cuota de responsabilidad en esta ruinosa subida. Los palacios y chalets de lujo temblaron y las colmenas de los arrabales y los pisitos de la clase media baja resplandecieron de estupor. A cambio, el lobo de los kilovatios, sacándose el disfraz de Caperucita Verde, amenaza con cerrar las nucleares (lo cual en sí mismo debería ser un delito contra la estabilidad energética de la sociedad, a la altura psicológica de un acto de terrorismo, y una barbaridad técnica). La maniobra del Gobierno podría suponer –caso de que se lleve a cabo- un trasvase de unos 3.000 millones de euros del oligopolio eléctrico y gracias a ello un 30% menos en el recibo de la luz que pagamos cada ciudadano Una medida excepcional que puede, o no, ser renovada.

Se está creando un momento muy especial, gracias a la concatenación de crisis: la oportunidad de que la coalición en el Gobierno sea coherente y blinde, como bien público que es, la energía eléctrica y sus precios. No como Noruega, que es un ejemplo difícil de seguir, pero sí convertir el sector por ley (nacional o comunitaria –art.5 de la directiva 944/2019- ) en un ente público “tal como lo exige el interés general”. Pero esto, bien lo sabemos, es una utopía política y económica en nuestra sufrida España. Y más si pedimos transparencia total al sector intervenido. Solo hay que ver la reacción casi episcopal de la ministra del ramo, pidiéndole al lobo que sea bueno y deje de dar dentelladas por “empatía social”. “Caperucita verde” no puede ir contra su naturaleza. Y su naturaleza es depredadora, en el nombre sacrosanto del beneficio. Lo contrario es pedir peras al olmo.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

Compartir este post
Repost0
27 septiembre 2021 1 27 /09 /septiembre /2021 11:54

Zygmunt Bauman (1925-2017) era un sociólogo polaco con sesenta libros publicados, teórico del concepto de “sociedad líquida”, un modelo que se destruye, se difumina y se construye contantemente en un sistema de límites que varían, se amoldan a lo que sea preciso y se extienden o desaparecen como el agua. La metáfora no recoge los aspectos positivos de la liquidez sino su variabilidad y fugacidad. Bauman ha escrito sobre la vida, el amor, la sociedad, la modernidad y la cultura líquida. Así definió el concepto: la sociedad es líquida cuando las condiciones de actuación de sus miembros cambian antes de que las formas de actuar se consoliden en unos hábitos y rutinas determinados…no puede mantener su forma ni su rumbo durante mucho tiempo…con lo que ninguna estimación de su evolución futura puede ser considerada fiable.

Por tanto la cultura de nuestra sociedad de consumidores se convierte en un almacén de productos previstos para el consumo, cada uno compitiendo por la cambiante y dispersa atención de los futuros consumidores. Sólo por un momento que está limitado por la obsolescencia programada de todos los productos en oferta. Y esta oferta no solo se refiere sólo a objetos sino a personas, relaciones, mundo laboral… Mientras la  tecnología lo rige todo, incluyendo las relaciones interpersonales. Valores, principios  y costumbres abandonan las viejas y seguras tradiciones sin ofrecer nada sólido, fiable y duradero a cambio. Solo interesa el cambio, la satisfacción inmediata de los deseos, la cosificación de todo: “cosas” pronto en desuso, a la espera de otras que sólo son distintas por ser “nuevas”. Eso nos lleva a una sociedad de incertidumbres, sin valores, que agrava la inseguridad por la globalización de los problemas: movimientos migratorios, eventual escasez de determinados productos, exceso de explotación y de desperdicio, precariedad laboral, agudización de las desigualdades. Lo único que importa es la “libertad” y la satisfacción individuales. Los grupos, partidos y asociaciones  ya no buscan el bien común, sino en el beneficio personal enmascarado por el fanatismo grupal. El verdadero Estado es Don Dinero: cada vez es más volátil, líquido y conceptual: No hay nada que lo respalde. Ya se está convirtiendo en dinero virtual, el bitcoin, un paraíso para los hackers y un desastre para la economía.

El libro que les recomiendo es una fascinante recopilación de conversaciones con el periodista y filósofo Peter Haffner, realizadas entre febrero de 2014 y abril de 2016. Bauman fallecería menos de un año después de su última entrevista. En ellas destaca la crítica irónica y el contundente sarcasmo humorístico del pensador polaco que desgranaría a través de las charlas desde su concepto de lo líquido aplicado a múltiples elementos de la existencia humana a la banalización de la vida humana, los racismos y la eclosión de ideologías que cultivan el odio al diferente, al otro, chivos expiatorios del radical descontento e inseguridad de las individuos y sus sociedades.

No hay reseña válida para glosar este libro tan rico en ideas. Por eso les dejo algunas perlas como aperitivo para una lectura más completa y paladeada. "Las ideas nacen como herejía, se transforman en ortodoxia y terminan siendo superstición". "El consumo es una característica de los individuos, el consumismo lo es de la sociedad. En la sociedad consumista la capacidad de querer y desear se separa de los individuos. Se cosifica, es una fuerza ajena a ellos. Resulta casi imposible resistirse  a ella, porque nos somete a todos. Y el deseo de satisfacer todas esas necesidades se convierte en una adicción". "Ni el Estado ni el mercado están capacitados para corregir los daños que han causado. Un mercado sin control es peligroso y el Estado es impotente. El problema principal es saber quién podrá hacer lo que hay que hacer. Controlarlos a ambos". "Todo fluye, los problemas transitan entre los países, se originan de forma extraterritorial y no pueden ser contenidos por leyes y normas locales. Cualquier empresario puede deslocalizar sus fábricas y su dinero y desplazarse donde la ganancia es mayor" "Quien busca la verdad no se mete en política. En la política no se busca la verdad sino el poder. Y todo cuanto sirve para lograr esa meta es bueno. No hay otra política".

Acabamos. Una última recomendación: lean este libro de entrevistas con una libreta y una pluma en la mano. Las "perlas" que surgen de la mente de Bauman son dignas de ser ensartadas en un collar de sabiduría práctica y de crítica socio política.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

FICHA

VIVIR EN TIEMPOS TURBULENTOS.- Zygmunt Bauman y Peter Haffner.- Trad. Lorena Silos. 205 págs. Ed. Tusquets

Compartir este post
Repost0
24 septiembre 2021 5 24 /09 /septiembre /2021 16:51

LA VERGÜENZA DE EOLO

Si Eolo, el dormido Señor de los Vientos, levantara la cabeza y viera lo que, en tierras aragonesas del río Matarraña, ciertas empresas pretenden perpetrar, volvería a encerrar a sus vientos –los ‘anemoi’-- en la cueva donde los gobierna como caballos alados. Ahí es nada, pretender coronar los montes de la comarca con altísimas torres de largos brazos giratorios, cual Briareos encolerizados. Ni un soplo de viento para ellos.

Muchos Ayuntamientos, empresas, instituciones culturales y turísticas, vecinos, claman en desierto. Algunas Administraciones apoyan el negocio de las eólicas en estas tierras, justificándose con leyes y con plazos abusivos para la parte que protesta y a la que se daña, a pesar del dudoso respeto de los proyectos básicos o anteproyectos de las empresas a dichas exigencias legales. Da la impresión, por las prisas, de que todo está aprobado de antemano. Los proyectos presentados están afectados de improvisaciones, desajustes, falsedades, defectos técnicos y de forma, pero es tal la seguridad sospechosa que los ampara que incluso se reconoce con desfachatez que aún no hay un estudio fiable de los vientos de las zonas afectadas y valoran en un 25 % la incertidumbre de los datos utilizados (a falta de datos de medición utilizan “mástiles virtuales” y aplican la misma incertidumbre a los 4 parques), sin garantías de que los modelos de aerogeneradores sean los adecuados.

En la trinchera de enfrente, los preocupados vecinos tratan de organizarse, afrontar el vía crucis de las alegaciones, apremiadas por un plazo abusivamente corto (el día 8 de octubre, fecha máxima), tratar de que se respete su “Carta del Paisaje”, documento comarcal que comprometía a todos en defender la pureza de estos lugares que van a ser mancillados,  causando la pérdida irreparable de un paisaje extraordinario, la fauna  (muchos elementos de ella protegidos por ley), la  vegetación, sembrados y caminos. Y los daños a personas, que no han sido evaluados en su totalidad (ruidos, campos de alta tensión).

La táctica ha sido elemental: divide y vencerás. Despierta la codicia de unos pocos y promete mucho aunque falsamente: puestos de trabajo, regalías municipales o descuentos en las facturas de la luz. Siguen la dinámica de plantear, impulsar, cobrar beneficios y después… ya veremos. Hay una alta probabilidad incumplir las directivas europeas contrarias a un desarrollo a costa del medio ambiente.

¿Qué es preciso para despertar al señor de los vientos (símbolo del Estado) para que imponga una amplia moratoria con estudios serios, participación de técnicos, científicos y Universidades, en los que se analicen los proyectos básicos de esas empresas, constatando que se cumplen las más elementales exigencias del principio de la Prudencia: si el despliegue es necesario y para quién; si son inevitables o sustituibles por otras energías alternativas menos dañinas a este territorio; si se cumplen los requisitos técnicos exigibles en proyectos de tales magnitudes; si no se conculcan instrumentos jurídicos locales (plenos municipales en contra), nacionales o directrices europeas que defienden los elementos singulares y patrimoniales propios del territorio; implementar otro estudio de impacto medioambiental que refrende (o no) al que ya existe y que tenga en cuenta los daños turísticos y humanos que estos desmesurados despliegues de parques eólicos pueden causar, y causan. Y no como en otras zonas del país donde se aplicó la norma de primero actúa y luego que protesten. Es decir, lo que se llama la desvergüenza inadmisible de los intereses creados.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

Compartir este post
Repost0
5 septiembre 2021 7 05 /09 /septiembre /2021 16:07

ALEGACIONES  EÓLICAS

(ARTICULO PUBLICADO EN LA COMARCA 030921)

Parece que la batalla de don Quijote contra los molinos ha sido ganada por esos “gigantes” con la fea y ávida cara del capital y los fondos buitre. Se exigen unas alegaciones que, después de todas las campañas habidas en nuestra tierra, suena a tomadura de pelo. Pero es una norma jurídica que no se puede ignorar, aunque nos lanza un doble mensaje: el proceso legal de adjudicación está en marcha; y, como suele suceder, el efecto de tales alegaciones está en relación inversa con la importancia de los que se lucrarán con los parques eólicos. Cuanto más poder tienen los que proponen, menos valor tienen las alegaciones. ¿Y los poderes públicos y políticos? Actuarán como puedan y quieran, pero son gestos retóricos de cara a la galería, vacíos de operatividad. Habrá molinos en el horizonte. O no. Aún no estamos  vencidos.

Las empresas energéticas se ajustan al síndrome neoliberal del beneficio a cualquier precio, las falacias informativas y el consumismo desatado. Naomi  Klein decía que “el mercado alimenta su avidez insaciable de crecimiento, redefiniendo como “productos comerciales”, susceptibles de compraventa, sectores enteros que siempre se consideraron parte del dominio público, como el aire sano, el viento, el sol, el agua, la tierra, la fauna y la flora, los bosques y los ríos, en suma, el paisaje, el entorno natural. Para ello lanza mensajes demagógicos cubriendo su piel de lobo con el disfraz del ecologismo y la lucha contra el cambio climático.

Llegados a este punto, la pregunta es: ¿Qué debemos hacer? Hay que evitar que, como en tantos otros asuntos, la lógica depredadora del capital (“Capital Energy” se llama la empresa) se imponga a los intereses de los ciudadanos, ante la impotencia o la complicidad política. Parafraseo una cita de Lenin a nuestro caso. “La conciencia política de la lucha antiproyectos eólicos en la Comarca no se le puede proponer al ciudadano más que desde el exterior, desde fuera de los intereses económicos y las relaciones entre cierto sector público y el capital”. Propongamos  una respuesta activa:

El hecho: el BOE somete el 27 de agosto (en pleno periodo estival en la Administración) a información pública, los parques eólicos Arlo: el Argestes de 96 MW en La Fresneda, Fórnoles, La Portellada y Ráfales y su infraestructura de evacuación que afecta también a Valdetormo, Valjunquera y Mazaleon;  el Arlo de 102MW en Maella, Valdeagorfa; el Paucali en Maella y Mazaleón; el Céfiro de 196 MW en Mazaleon, Valdetormo, Valjunquera, La Fresneda y Fórnoles, cuyas infaestructuras de evacuación se ubica también en Calaceite, Maella y pueblos de Tarragona.

En total 84 aerogeneradores de 6 MW de potencia nominal, 115 m. de altura de buje y 176 m. de diámetro de rotor. Torres de más de 200 m. emplazadas en las zonas más elevadas y visibles del Matarraña y Bajo Aragón.  Plazo de alegaciones hasta el 5 de octubre.

La respuesta: Movilizar en una acción común a la Plataforma en Defensa de los Paisajes de Teruel, a todos los municipios afectados, más los solidarios, y a los agentes y empresarios locales.

--Promover la firma de los ciudadanos a las alegaciones, en todos los pueblos y ciudades de la zona: recordando a los interesados que las promesas empresariales de puestos de trabajo, repercusión positiva en el coste de la energía y tecnología y estructuras no dañinas con el territorio, no se sostienen. Se ha visto  en otros territorios. Aportar datos.

--Usar la pionera “Carta del paisaje” (surgida de la Universidad de Zaragoza), las exigencias de la Red Natura 2000  y otras figuras de protección ambiental como los planes de protección de especies protegidas (águila, azor, perdicera), como base de un apoyo universitario y científico que respalde la negativa contra esos proyectos.

--Exponer la inexactitud en temas como la topografía inadecuada utilizada - 1.5000-, el destino de la energía –se cita a Cataluña—, la falta de precisión en la definición de elementos del proyecto como son las zanjas de evacuación para la media tensión que suponen una agresión enorme al territorio y el superávit existente en energía en estos momentos en Aragón, que hace inexplicable tales proyectos, a no ser que se pretenda especular con ellos.

Conclusión: vamos a alegar en el mísero plazo que se ha dado (30 días hábiles) que se detenga el cómputo operativo de instalación de los parques por masiva y unánime oposición de personas y entidades que viven y trabajan en el territorio.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

Compartir este post
Repost0
2 septiembre 2021 4 02 /09 /septiembre /2021 15:55

Entérense ustedes: vivimos en el Antropoceno, nombrecito popularizado – que no creado-  por el holandés Paul Crutzen, Nobel de Química a principios del 2000, con el que definía la época en la que las actividades y la codicia del hombre comenzaron a provocar cambios geofísicos, climáticos y ecológicos a nivel planetario.

Cada vez hay más voces de científicos, periodistas, biólogos, ingenieros, expertos en geología, botánica, filósofos y políticos honestos, asociaciones de defensa de la naturaleza, bioquímicos, incluso expertos en biotecnología, medicina, geógrafos, paleontólogos, biocientíficos en zoología terrestre y marina, ornitología, climatólogos y economistas no abducidos por el sistema o personas de diversos oficios y profesiones que ansían un mundo sostenible, que consideran que nuestra especie ha alterado el planeta desde su atmósfera al espacio exterior más próximo, desde la corteza terráquea hasta el fondo de los mares existentes y dañado ríos, lagunas y hábitats marinos en toda nuestra superficie e incluso sectores explotados de las profundidades de la tierra. El Antropoceno (de “antropos”, hombre y “kainos”, actual) debería ser conocido como “Antropoidioceno”  ya que la especie más abundante de homínidos vivientes siguen los pasos de sus congéneres más activos desde el principio de los tiempos: los idiotas. Es un tipo de naturaleza humana proclive a hacer consciente o inconscientemente todo el daño posible a sus semejantes, al entorno y  a sí mismos, pudorosamente investidos de “principios” religiosos, económico-codiciosos, tradiciones absurdas cuajadas de hipocresía y prejuicios, intereses bastardos o nacionalistas, “progresismo” mal entendido, fanatismos varios y pura y supina estupidez, a veces con el sello de la “ciencia” reinante, que conjuntamente han causado una tendencia progresiva e imparable de acumulación de desastres progresivos  con efectos dañinos para el equilibrio climático y la salud de cuanto vive sobre la tierra, así como el irreversible daño que el consumo irresponsable de los recursos naturales está provocando en el hábitat natural. El Antropoidioceno podría ser la última era de la especie humana, aunque seguramente no del planeta, que podrá recuperarse con el tiempo como lo hizo en las cinco extinciones globales del pasado remoto.

Para ilustrar este duro y punzante discurso y sin ánimo de ser apocalíptico, de entre la abundancia pesimista de libros científicos o de divulgación publicados desde los años 90, les recomiendo la lectura de dos libros actuales, ambos de la misma autora: “LA SEXTA EXTINCIÓN” Y “BAJO UN CIELO BLANCO”, debidos a la pluma de una periodista norteamericana especializada en temas científicos, Elizabeth Kolbert. Lo hago no sólo con el ánimo de mostrarles una vez más la peligrosa deriva de estos asuntos que a todos nos conciernen- de la que tienen abundantes pruebas en artículos y filmaciones en diarios y televisión o internet- sino porque la Kolbert nos da “una de cal y otra de arena” en estos libros. El primero es demoledor por su denuncia histórica y el segundo es una búsqueda periodística, honesta y valiente, de razones por las que cabe un rayo de esperanza en este negro futuro que nos devora de forma progresiva.

Los científicos definen las extinciones en masa  como eventos que eliminan “una fracción significativa de la biota (biosfera) del mundo en un periodo de tiempo geológicamente insignificante” (desde un punto de vista de la existencia humana).  Como dice Michael Benton, un paleontólogo que ha estudiado algunas de las cinco extinciones  globales anteriores, “la historia de la vida  consiste en largos periodos de aburrimiento ocasionalmente interrumpidos por el pánico”. Según el último informe de la Plataforma Intergubernamental de la ONU sobre el Cambio Climático (IPCC), estamos navegando a plena vela hacia uno de esos momentos de pánico, el sexto para ser exactos. En las “Cinco Grandes” extinciones anteriores, desaparecieron casi todas las especies vivas del planeta, animales, vegetales, desde el más humilde escarabajo hasta los diplodocus o mastodonte. El hombre no había aparecido, lo cual fue de agradecer, ya que en lugar de durar cada era millones de años en el sistema de conteo humano, con el hombre y a las vistas de esta presumible sexta extinción que nos amenaza y la velocidad de crucero que lleva, el planeta habría contabilizado mucho más de seis o, simplemente, no existiría como lugar habitable.

La característica más notable de esta Sexta extinción, nos dice Kolbert es que el hombre es el único y casi total responsable Lo que constituye un aporte de humildad y pesar es el conteo de especies que la autora nos pone sobre la mesa, aniquiladas por el depredador progreso humano, principalmente desde el siglo XVIII. A finales de ese siglo James Watt diseña una nueva máquina de vapor que abre las puertas a la era de la industrialización, al uso abusivo de los combustibles sólidos y la emisión de dióxido de carbono (CO2) unido a la destrucción del mundo vegetal causado por la cadena “producción excesiva-consumo irresponsable”, que provoca la ruina de ecosistemas vegetales (uno de los factores que reducían el índice de calentamiento global). En cada capítulo de su primer libro, Kolbert, nos habla de la desaparición de alguna especie emblemática como el alce gigante, el mastodonte americano, los dinosaurios, los corales de la Gran Barrera (un mundo de especies en sí mismo): en total, para finales de este siglo,  el 50% de la especies que existían en el planeta (en un pronóstico optimista, dados los últimos datos sobre la situación de la emergencia climática). Como dijo el ecólogo Paul Ehrlich: “al empujar a otras especies a la extinción, la Humanidad está cortando la rama que la sostiene”.

En “Bajo un cielo blanco”, Kolbert da un giro copernicano a su trabajo y nos habla de los esfuerzos que los hombres y su alta tecnología están haciendo no sólo para preservar ciertas especies en peligro de extinción sino para tratar de frenar o incluso revertir el proceso suicida en el que estamos metidos.

A pesar de ese planteamiento optimista, la autora tiene una visión realista de la situación: los 8.000 millones de humanos sobre la Tierra no sólo somos demasiados, en términos de equilibrio vital ecológico, sino que somos una enorme fuerza destructiva para cualquier otra especie que habita el planeta y el propio ecosistema de éste, con lo cual se está produciendo una respuesta tan o más destructiva que la nuestra y que nos afectará de lleno.

Sin embargo el libro es una narración periodística de los viajes y entrevistas que la autora ha realizado por todo el mundo, en los ámbitos científicos, para hablarnos de las especies que tratamos de preservar por todos los medios cuando ya están a punto de extinguirse. Y así nos habla del pez más raro del mundo que sólo existe en pleno desierto de Mojave; de la Gran Barrera de los corales, arrecifes que están muriendo y cuya desaparición alterará brutalmente la vida en los océanos; de la labor titánica de unos ingenieros islandeses que están convirtiendo el CO2 en piedras, mineralizándolo al inyectarlo en rocas volcánicas submarinas; O un estudio sobre la plantación en todo el planeta de billones de árboles. Un billón de árboles logra absorber doscientos gigatones (una gigatonelada son mil millones de toneladas) de carbono de la atmósfera; la geoingeniería solar que propone esparcir en la estratosfera una cantidad inimaginable de partículas reflectivas de diamante que cubrirían la tierra, provocando no sólo que llegara menos luz a la tierra y mucho menos calor, lo que bajaría las temperaturas en el planeta y nos rodearía un cielo blanco: se acabarían los maravillosos amaneceres y puestas de sol. Un mundo de sombras permanentes, como en “Blade Runner” o en “Matrix”; Y en fin experimentos de ingeniería genética para manipular el mundo a favor de la supervivencia, en un paradójico ciclo que trataría de recomponer todo aquello que hemos destruido.

La pregunta clave, a pesar de la cada vez más precaria postura de los negacionistas contra el cambio climático, es: ¿Por qué seguimos negándonos a ver y apreciar lo que está ocurriendo y lo que va a ocurrir? ¿Por qué en el fondo de nuestra mente lo seguimos considerando una exageración, casi una “fake news” creada por una ciencia conspiratoria y vendida a ocultos intereses? Paradójicamente es que en el fondo de nuestra mente tenemos una fe ciega en unas fuerzas, héroes o descubrimientos, en una tecnología capaz de revertir los errores cometidos con el toque mágico de un invento salvador y que nos permitiría seguir en la senda del progreso y el desarrollo que no cesan de prometer los muchos demagogos populistas que están actuando en el mundo.

Somos incapaces de ver los intereses que sacan ganancias ingentes de esta situación aplicando grandes presiones mediáticas para adormecer nuestro espíritu crítico, colonizando nuestras mentalidades con promesas de consumo incesante, comodidades y distracciones.

No nos creemos a los expertos que nos advierten que la huella ecológica humana (huella es sinónimo de destrucción) ya sobrepasa en un 50% la capacidad regenerativa y de absorción del planeta y que el 80 % de la población mundial vive en países donde se ha roto el equilibrio ecológico y la huella supera a la capacidad de regeneración. Y si esto es a nivel individual, la situación no mejora al nivel de los Estados y las sociedades del mundo. Aún no se ha declarado el estado de urgencia mundial en el que todos los países estén obligados a trabajar juntos para salvar el planeta, nuestro hábitat de vida. Y nadie ha pensado y propuesto tal cosa. Seguimos, globalmente creyendo en el hada madrina de la Tecnología. En que su varita mágica va a detener los huracanes, las inundaciones, los fuegos, las sequías, el hambre, la sed, las grandes inmigraciones, la violencia de guerras y levantamientos populares en un mundo cada vez más clasista, insolidario, racista y violento.

En nuestra época los humanos hemos transformado de manera directa más de la mitad de las tierras emergidas y no heladas del planeta (unos 70 millones de km2) y de manera indirecta el resto. Hemos embalsado o desviado la mayoría de los ríos, otros se han secado. Nuestros sistemas de megacultivos y abonos globales, han fijado más nitrógeno que todos los ecosistemas y los aviones, coches y plantas de energía emiten unas cien veces más dióxido de carbono que todos los volcanes juntos. Hay veintidos veces más biomasa en forma de seres humanos y animales domesticados que todo el resto de los vertebrados de la Tierra. Y en cuanto a los mares, el calentamiento de las aguas, la acidificación de los océanos (por la emisión de combustibles sólidos), los deshielos, las subidas del nivel de las aguas y la paradójica desertificación están agudizándose día a día. Desde los tiempos de Watt la temperatura media global ha subido a 1,1ºc. La fusión de los hielos de la Antártida se ha multiplicado por tres desde 1990. El umbral de la catástrofe planetaria es que la temperatura media global suba a 2º. Y esto puede ocurrir a finales de los 30 de este siglo.

 Deberíamos recordar la frase de Einstein: “”No podemos resolver nuestros problemas con la misma forma de pensar que usamos para crearlos”. Hay que cambiar el paradigma. Si seguirnos actuando como si el mundo fuera de nuestra propiedad y sus recursos inextinguibles, la lectura de lo que nos ocurre no tiene ningún valor práctico. Parece que no absorbemos realidades como que en nuestros días las tasas de de extinción de especies son cientos o miles de veces más rápidas que las denominadas del tiempo geológico. Las pérdidas se extienden por todos los continentes, los océanos y todos los grupos taxonómicos. De hecho es mucho más fácil arruinar un ecosistema que mantenerlo.

En las últimas palabras de su libro sobre la Sexta Extinción, nuestra autora deja esta sensata, y me temo que premonitoria, frase: “En este momento estamos decidiendo, sin realmente quererlo,  qué vías evolutivas permanecerán abiertas y cuáles se cerrarán para siempre. Ninguna otra criatura ha conseguido algo así y por desgracia este será nuestro legado más duradero. La Sexta Extinción seguirá determinando el curso de la vida mucho tiempo después de que todo lo que alguna vez alguien haya escrito o pintado o esculpido o construido haya sido reducido a polvo y una ratas gigantes (los animales posiblemente más preparados para sobrevivir, a base de ingenio y crueldad) hayan heredado (o no) la Tierra”.

ALBERTO DIAZ RUEDA

 

FICHAS

LA SEXTA EXTINCIÓN. Una historia nada natural. Ed Crítica,  337 págs. //BAJO UN CIELO BLANCO. Cómo los humanos estamos creando la Naturaleza del futuro. Ed. Crítica.-212 págs.- Ambas de la misma autora, Elizabeth Kolbert y el mismo traductor Joan Lluís Riera

 

 

Compartir este post
Repost0

Présentation

  • : El blog de diariodemimochila.over-blog.es
  • : Ventana abierta al mundo de la cultura en general, de los libros en particular, mas un poco de filosofía, otra pizca de psicología y psicoanálisis, unas notas de cine o teatro y, para desengrasar, rutas senderistas y subidas montañeras.
  • Contacto

Recherche

Liens