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5 octubre 2019 6 05 /10 /octubre /2019 15:34

 

A finales de los 60 del pasado siglo, un científico británico, un bioquímico llamado James Lovelock, hoy día con 100 años cumplidos, doctor honoris causa de ocho universidades en todo el mundo, aventuró una hipótesis de trabajo fascinante que revolucionó nuestra percepción del hábitat físico en el que vivimos, el planeta Tierra, y sus elementos vivos y componentes inertes. La llamó la hipótesis Gaia, nombre con el que los griegos llamaban al planeta Tierra (Gea en latín), al que consideraban como una de las diosas primordiales del Olimpo. Según Lovelock, toda la vida existente en el planeta y la misma Tierra integran un organismo único, indivisible, en permanente autorregulación que crea una biosfera en la que se garantiza la viabilidad existencial. Como decían las pintadas en mayo del 68, “La Tierra es un ser vivo. Respétalo ”.

 “El aire no es solo un entorno para la vida, sino una parte de la vida misma…parece que la interacción entre la vida y el medio ambiente, del cual el aire, el mar, los árboles y los montes forman parte, es tan intensa en el sostenimiento del entorno, que se puede considerar que forman una entidad planetaria con capacidad para regular un estado de equilibrio, desde el clima a la composición química de ciertas interacciones que reducen la entropía  (tendencia natural a la destrucción) del planeta.”

El problema es que ese equilibrio se está rompiendo debido a las actividades humanas, como con la concentración atmosférica de bióxido de carbono, la quema de enormes masas de arbolado (Amazonas), las  radiaciones de microondas cada vez más potentes por el exceso de aparatos electrónicos y digitales, la sobrepoblación, etc. En 1987 Lovelock escribía: “Por robusta que sea Gaia, las condiciones de nuestra Tierra se están acercando al punto en que la vida misma no esté lejos de su fin”. Más de 30 años después, una de las instituciones científicas plurales  que velan por el planeta en su conjunto ha advertido que está a punto de superarse el punto crítico de la sostenibilidad ecológica de nuestro único hogar habitable.-ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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30 septiembre 2019 1 30 /09 /septiembre /2019 09:32

Los griegos clásicos, desde Isócrates (s.V aC), cultivaron la Paideia como modelo de educación para los niños y jóvenes. Platón alargó los contenidos con geometría y matemáticas, pero Isócrates basaba la Padieia en una transmisión de valores éticos y preparaba a sus pupilos en una combinación de gimnasia, hábitos saludables, conocimientos políticos, sobre la naturaleza (physis)  y prácticos(techné) que cubrían dos funciones esenciales: saber SER y saber HACER. Destacaba el cuidado de sí mismo y la atención a las relacione sociales basadas en la honestidad y el servicio, buscando formar a útiles dirigentes de la “polis”. Bastantes siglos más tarde, Kant, filósofo de la Ilustración, escribiría: "El hombre sólo puede ser hombre por la educación. No es nada más que lo que la educación hace de él".

Me preocupa la educación que se imparte en España. Creo en una Paideia  como norma educativa que tuviera como  objetivos --desde primaria y si me apuran,  el jardín de infancia- aprender a SER, enseñar principios éticos, respeto a la diversidad de los otros y amor a sí mismo y secundariamente con las demás asignaturas, enseñar a HACER. ¿Para cuándo un Pacto de Estado de todos los partidos sobre educación?  El poder político debe sacar las manos del ámbito de la educación. Es necesaria una cierta autonomía pedagógica y profesional en el mundo de la educación y  la cultura para  evitar que los intereses políticos, (así como el clientelismo y el enchufismo) entren en la educación como perros de caza olisqueando las presas y desconcertando a profesores y alumnos. Cesar Antonio Molina, escritor y ensayista, también ministro, mencionaba en un artículo "la lista de las ocho o nueve leyes de Educación, todas fracasadas, aprobadas y derogadas por el PP o el PSOE en sus rotaciones en el poder". ¿Cómo puede prosperar un proyecto nacional educativo con ese vaivén de "ideólogos", sujetos y clientes de los partidos políticos, por muy buenas intenciones que tengan? Saquen las manos del mundo educativo (y cultural) señores políticos y déjenlo en las manos de profesionales.

 

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28 septiembre 2019 6 28 /09 /septiembre /2019 09:27

Para celebrar el segundo aniversario de mi presencia en esta revista he decidido aparcar por un mes los sesudos temas que me han ocupado durante estos dos años y dedicar mis esfuerzos a abordar un tema de regalo para todos los lectores que me han acompañado: Sherlock Holmes, una criatura de fantasía literaria nacida de la egregia pluma de sir Arthur Conan Doyle,  que junto a su fiel amigo y comentarista, el doctor  J. Watson, han sembrado de placer y entretenimiento las mentes de millones de seres humanos desde que  a finales del siglo XIX (1887) apareciera en una revista londinense, en plena era victoriana, como primera entrega de una novela larga, “Estudio en escarlata”.

¿Qué es lo que simboliza Sherlock Holmes y justifica su inclusión en estas páginas? Borges escribió del popular detective: "Pensar de tarde en tarde en Sherlock es una de las buenas costumbres que me quedan. La muerte y la siesta son otras".  Como “lletraferit” y amante de los libros, este personaje es el paradigma de héroe literario y el símbolo de la juventud eterna que brinda a sus admiradores incondicionales, proporciona a sus seguidores una constante revitalización literaria emocional. Es un símbolo cultural de alta calidad literaria que tiene la característica de ser un producto popular, de masas, sin abandonar su excelencia. Puedes decantarte hacia la filosofía o la teoría política, la gastronomía o la pesca del salmón, pero cada relectura de Sherlock te envía  espiritualmente a esa “eternidad” que disfruta el que se limita a vivir el presente y ejerce su memoria afectiva sobre algo entrañable que está a salvo del desgaste del tiempo. Es lo que deseo y vaticino para los que “despierten” al sortilegio de Holmes a través de estas páginas o para el que se sienta estimulado a volver a leerle. Y hay otro elemento oportuno: el compromiso del personaje y de su autor a defender unos valores de tipo ético y social que son un ejemplo para los lectores de cualquier  época y sospecho que mucho más para la nuestra, bastante "desajustada" en moralidad tanto pública como privada: la defensa a ultranza del inocente y del débil, el respeto a las mujeres, la educación, el afán  y la curiosidad de conocer el mundo y las personas, la humildad, el humor, la templanza (dejando aparte cierta afición de Sherlock, cuando no tenía casos que resolver) y la fidelidad a la amistad, la libertad  y  la justicia, hasta la muerte si es preciso. Cultura y compromiso. Sigamos con Holmes.

Aparte del "Canon" holmesianos, las cuatro novelas largas y los 56 relatos, debidos a la pluma de Conan Doyle, hay más de tres centenares (y me quedo corto) de novelas escritas por otros autores en los más variados idiomas, ("pastiches" les llaman los aficionados) que respetando las características y los personajes principales del "Canon" dan vida a múltiples y peregrinas aventuras del inmortal Sherlock. Entre esos autores hay firmas muy conocidas, incluso académicos, de todas las nacionalidades imaginables, españoles, franceses, ingleses, norteamericanos, un nepalí, rusos, canadienses o sudafricanos que abordan el corpus literario del escocés sir Arthur con todas las variedades de posibilidades creativas, desde aprovechar el famoso "hiato" de la supuesta muerte de Sherlock en las cataratas de Reichenbach en mortal abrazo con Moriarty, el archienemigo, "la mente criminal más grande de todos los tiempos" haciendo ir a Sherlock, por ejemplo a ayudar al Dalai Lama al Tibet, ahondar en la infancia del detective o leer las memorias de Mary Watson, la primera esposa del doctor , escritas por el académico francés Jean Dutour o, recalar en una de las obras más completas sobre la vida del detective, "Sherlock Holmes de Baker Street", escrita por un holmesiano de lujo, W.S. Baring-Gould, cuya imaginación corre pareja con la Conan Doyle y nos desvela todas las preguntas que un holmesiano devoto puede hacerse sobre la vida y aventuras del personaje. Con la habilidad de integrar en los "hiatos" de la vida del S.H.de Doyle las "aportaciones" de destacados autores posteriores.  Además de añadir una impagable "cronología" de la vida de los principales personajes encuadradas en los eventos reales históricos y una considerable lista de libros de y sobre S.H. (circunscrito al ámbito en inglés, por supuesto).

La Sociedad de los Irregulares de Baker Street (nombre que el Sherlock del Canon da a un grupo de golfillos de la calle que le ayudan a "tener ojos y oídos" en todas las callejas londinenses) es un Club británico existente en la realidad que vela por el mantenimiento del "Canon" y a su vez enriquecen la vastísima biblioteca sobre el "detective consultor" más famoso del planeta, que no cesa de crecer año tras año. Y eso sin contar con  las emisiones de radio, obras de teatro, series de televisión y películas, imposible de controlar por su profusión casi vírica. Junto con los periódicos y revistas dedicadas al personaje, como "The Baker Street Journal", los estudios universitarios y las tesis doctorales. Y por supuesto los Clubs privados "Sherlock Holmes" repartidos por todo el mundo. Cualquier motor de búsqueda de Internet da de entrada más de un millón de resultados sólo con teclear ese mágico nombre.

Cualquier lector amante de los novelas detectivescas, de misterio o las de "serie negra" haría bien en proveerse de los libros del "Canon", por supuesto, en primer lugar. A ellos les recomiendo los tres grandes tomos publicados en castellano, en los que se recogen las novelas: "Estudio en escarlata" (1887), "El signo de los cuatro" (1890), "El sabueso de los Baskerville" (1901-1902) y "El valle del terror" (1914 y 1915). Y los relatos reunidos en cinco grupos, "Las aventuras de Sherlock Holmes" (1891-1892), "Las memorias de S.H." (1892-1893), "El regreso de S.H." (1903-1904), "Su último saludo" (1908-1913) y "El archivo de S.H." !1921-1913). Los tres volúmenes están  dirigidos por  Leslie S. Klinger, una autoridad en el universo holmesiano. Se trata de una edición ilustrada y anotada enriquecida con un enorme aporte de información y documentación en notas que van nutriendo sin cesar la lectura de las novelas en sí, (dando noticia fidedigna de las correspondencias reales e históricas de los lugares y hechos de ficción). Has sido editados por Ediciones Akal.

De entre todos los pastiches les recomiendo la reciente "Arte en la sangre" de Bonnie Mac Bris, el citado libro de Barning-Gould, "Los años perdidos de Sherlock Holmes" del nepalí Jamyang Norbu (donde se nos cuenta qué hizo el detective tra su "muerte" en Reichenbang)  y "Mr. Holmes" de Mitch Cullin, de la que se ha realizado una brillante película y nos cuenta la vejez de Holmes como apicultor en un rincón de la costa británica ("murió" a los 103 años -gracias a la jalea real de sus abejas- frente a los acantilados de Dover, sentado en un banco, al anochecer) Y para saciar  las múltiples dudas que uno va atesorando en sus visitas al mundo sherlockiano, les sugiero una divertida e ilustrativa "guía elemental", escrita por Daniel Smith.

En cuanto a las películas, seleccionaré unas cuantas desde la primera de 1900, Sherlock Holmes Baffled  o The Hound of the Baskervilles (El perro de los Baskerville) de1939, o ya en color , The Private Life of Sherlock Holmes (1970), la serie de tv. Las aventuras de Sherlock Holmes (1984), Young Sherlock Holmes (El secreto de la pirámide) de1985; de "El perro de los Baskerville" hay cerca de 24 versiones en cine, el Sherlock Holmes  de 2009, las dos películas de Guy Richtie  de 2011 y 2014, la serie de tv. "Elementary" , las tres películas "Sherlock" para tv.y Mr. Holmes  de 2015.

Holmes es para la cultura popular un fenómeno que sobrepasó con creces las intenciones y expectativas de su creador y de los lectores coetáneos de sir Arthur. ¿Cuál es el misterio de su longevidad y vigor? ¿La poco racional nostalgia de una época pasada? No lo creo. Las versiones modernizadas a dia de hoy siguen manteniendo el frescor y la adicción al personaje. Hay algo en Sherlock que alimenta los secretos canales inconscientes de la simbología humana. Quizá sea el reflejo especular de un arquetipo universal de estilo junguiano: la probidad, entereza, valor, estoicismo, amor y respeto a la vida y a los seres vivos, nobleza, vulnerabilidad contenida, ingenio, amabilidad y fuerza. Todo junto en un ser humano física e intelectualmente atractivo y...misterioso.

 

FICHAS

LOS RELATOS  Y NOVELAS DE SHERLOCK HOLMES.- Tres tomos anotados.- Arthur Conan Doyle.- Editorial Akal.- Colección Grandes Libros. Editor Leslie S. Klinger. Traductor Lucía Márquez de la Plata.- Precio del pack 163 euros.- ISBN 978-84-460-4267-9 

ARTE EN LA SANGRE. Bonnie MacBird.-Trad. Carlos Ramos. Harper Collins.- 267 págs. 17 euros.-ISBN9788416502103

SHERLOCK HOLMES DE BAKER STREET.- W.S. Baring-Gould, Ed Valdemar, El Club Diógenes, 453 págs.

LOS AÑOS PERDIDOS DE SHERLOCK HOLMES, Jamyang Norbu, Ed, Acantilado, 325 págs.

MR.HOLMES.- Mitch Cullin.- Trad. Eva González.- Roca Editorial.-282 págs. 19 euros

EL MUNDO DE SHERLOCK HOLMES.-GUIA ELEMENTAL.- Daniel Smith. Edimat. Ilustrado, 224 págs.14,95 euros

 

 

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26 septiembre 2019 4 26 /09 /septiembre /2019 09:20

Kant escribe sobre las pretensiones de la metafísica dogmática que pretende hablarnos de lo absoluto a través de razonamientos e imágenes meramente discursivos, una voluntad imposible que trata de volar alto con las alas del intelecto, razón e inteligencia, en cuestiones donde manda lo inefable, donde sólo las intuiciones pueden intentar el acercamiento a conceptos no asequibles a la comprensión racional: sólo posible en la física o la matemática o las ciencias naturales. Para ilustrar esa imposibilidad, visible con los ojos de la razón crítica, Kant crea una metáfora brillante: "Sueña la paloma, al sentir la resistencia del aire sobre las alas, volar en el vacío".

Nuestro Antonio Machado hace decir a su heterónimo Juan de Mairena, "existe una paloma lírica que suele eliminar el tiempo para mejor elevarse a lo eterno y que, como la kantiana, ignora la ley de su propio vuelo". En la política española de hoy mismo, hay líderes y asalariados de la parasitaria grey, que tratan de emular a la paloma kantiana, ignorando la ley del vuelo político: argumentos y declaraciones se suceden ante los medios de comunicación que refuerzan la absurda imagen de nuestra nación en estos momentos, un batir frenético de alas llenas de retórica superflua y auto conmiserativa en un entorno vacío de esperanza, harto de promesas equívocas, huérfano de honestidad y amor al servicio público. ¿Qué fatal desenlace tiene el vuelo de esa paloma política española, que ha cambiado el viento sustentador de los hechos, las necesidades y los proyectos nacionales, por el vacío especular de los egoísmos y los clientelismos de nuestros mal llamados"políticos"? "Quosque tandem abutere, (aquí va el nombre del político que uno desee, hay donde escoger) patientia nostra?" Es decir, ¿hasta cuándo vais a abusar de nuestra paciencia, políticos españoles?

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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10 septiembre 2019 2 10 /09 /septiembre /2019 16:46

El movimiento utilitarista británico del siglo XIX que daría alas al empirismo y el pragmatismo como escuelas filosóficas opuestas al idealismo y que culminaría en el realismo de Moore y Russell en el  XX, tuvo como una de las figuras más importantes a Jeremy Bentham (1748-1832) : "Es bueno aquello que es útil para el mayor número de personas" o como decía el filósofo "aquello que resulta del cálculo entre el placer que genera una acción menos el sufrimiento que dicha acción produce en las personas involucradas en ella". Bentham era jurista y abominaba del sistema carcelario inglés que no había evolucionado desde el siglo XV como bien sabía su  coetáneo Dickens. Así que ideó uno nuevo basándose en sus ideas humanitarias: el objetivo no era solo castigar sino reeducar al criminal. Escribió El panóptico, sobre un nuevo tipo de prisión un nuevo tipo de prisión, más benigna que la vigente, que sería como “un molino en el que triturar a los pícaros hasta hacerlos honesto. Se trataba de edificar un círculo de varios pisos con celdas, en torno a un eje central de servicios y vigilancia en cuya cúspide estarían los observadores carcelarios con una visión directa sobre las celdas enrejadas de los presos (lo que llaman "la dictadura de la mirada"), con lo que con pocas personas se podía controlar todo el perímetro. Además los vigilantes de la torre podrían ver a todos los reclusos, pero estos no podrían verlo a él.  Con esto se lograba crear tal ansiedad en los presos que sabían que podían estar siendo observados en cualquier momento, que éstos se abstendrían de hacer barrabasadas, pues la alarma y el castigo serían inmediatos. Control y disciplina con poco gasto. El éxito del panóptico fue fulgurante y no solo en Inglaterra. En España, Barcelona fue la primera ciudad en construir entre 1881 y 1904 un edificio penitenciario con esas directrices, la Cárcel Modelo. La idea y su sentido práctico y útil, (y humanitario, el lema era "In severitas humanitas"), se extendió a otras instituciones como escuelas o fábricas, en las que un cierto grado de intimidación es preciso para que el conjunto funcione. En Madrid la de Carabanchel, construida por el régimen franquista en los años 40, copió y mejoró el diseño de la Modelo.

En realidad el panóptico es extrapolable al entramado de cámaras públicas de vigilancia, drones espía y de control de tráfico y sobre todo a la Red digital que ha superado los sueños de Bentham y del Gran Hermano ("1984" de Orwell) llevando su Ojo vigilante y de una curiosidad malsana a todos los ámbitos incluso los más personales e íntimos del ciudadano. Con una característica asombrosa: con el beneplácito de los propios vigilados, que son desposeídos de sus más ocultas intimidades. A cambio del "plato de lentejas" (bíblico), en forma de cómodos accesos a la comunicación, la gestión y la diversión,  el ciudadano de la actual sociedad digital se ha entregado atado de pies y manos (legalmente: aceptamos sin leerlas las condiciones de uso de las empresas como Google, Facebook y otras) a un mercadeo de sus datos e intimidades más personales, financieras, laborales, sanitarias y lúdicas como jamás en toda la historia de la Humanidad se había permitido. De hecho se han efectuado sangrientas revoluciones por cuestiones de valor semejante a las citadas. Ahora lo aceptamos todo en un progreso de orden geométrico que socava nuestras libertades más preciadas. Zygmunt Bauman ("Vigilancia líquida", 2013), Byumg-Chul Han ("Psicopolítica", 2019), Alessandro Baricco ("The Game", 2018) y Seth Stephens-Davidowitz ("Todo el mundo miente", 2019), han tratado sagaz y adecuadamente los hechos, creando en cierta opinión pública (bastante minoritaria) la lógica alarma y denuncias consiguientes (vox clamantis in deserto), ante la indiferencia o la hostilidad de la clase política (lo cual era de esperar: ¿cómo hacer buenos cestos de esos mimbres?).

El "ábrete sésamo" de la sociedad digital y su nueva forma de control se llama "Big Data" que es la estructura operativa de la nueva "filosofía" emergente, el "dataísmo" que, como su nombre indica, es la capacidad de acumular, clasificar, manipular y usar ingentes cantidades de datos de todos los que tengan un ordenador personal, un móvil o una simple conexión cifrada con su nombre a la Red de redes, Internet. Y tampoco se trata de una filosofía o ideología, pertenece a todas y no es ninguna. El Big Data es un sistema operativo de control con  muchas cabezas y ningún rostro, al que alimentamos con cada "click" que hacemos, dejando un rastro de datos que nos identifica  de inmediato, conoce nuestros deseos, carencias, defectos, ambiciones y proyectos. No sólo nos define sino que puede manipularnos a placer..de quien pague. La empresa Acxiom, norteamericana, promete a las empresas o grupos políticos que contratan sus servicios "les ofrecemos una visión de 360º sobre sus clientes" (o posibles votantes). ¿Quiere hace una prueba simple?  Entre en Google y teclee en su ordenador, "imprentas" en una localidad cualquiera.  En pocos segundos ya tendrá anuncios de todas las que quiera, aparte de las que le proporciona el buscador. El algoritmo asociado a esa actividad le vincula a usted por un tiempo a las ofertas de imprentas. Y tiene una memoria excelente. Las imprentas formarán parte de su "ficha digital" junto a todas las cosas o ítems que usted vaya solicitando.  Añada usted el contenido de sus mensajes, sms, o escritos personales.  De ahí viene la "visión de 360º de su persona, actividades y preferencias. Esto es el panóptico digital.  Saben lo que usted hace en todo momento, siempre que esté conectado. Y lo estamos en cada momento de nuestra vida cotidiana. Su cínico lema es la transparencia. La de usted, la nuestra, no la de "ellos". Las implicaciones políticas son alarmantes. Las sociales, personales, filosóficas...devastadoras. Las personas nos convertimos en procesados activos de información sobre la vida de cada uno de nosotros. Los algoritmos  inteligentes pueden llegar a predecir comportamientos...el ciudadano se convierte  en un consumidor identificado y manipulable. Si Betham levantara la cabeza se horrorizaría y volvería a sumirse en el vacío de su tumba. Lo peor es que los usuarios, las ciudadanos, no sólo no les asusta todo esto sino que lo olvidan a cambio del "plato de lentejas" del universo digital. Estamos avisados...y aviados.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

Escritor

 

 

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8 septiembre 2019 7 08 /09 /septiembre /2019 09:06

 

No quisiera abundar en los varapalos, más o menos interesados, que ha recibido el presidente del Gobierno español por otra de sus reiteradas faltas de puntualidad hacia una figura emblemática (aunque cuestionada por algunos) como el Rey Felipe que, no lo olvidemos es el Jefe del Estado. Los Estados permanecen y los Gobiernos pasan. Cuando Sánchez comete una imperdonable descortesía con el Rey, lo hace con el Estado que simboliza. Y España ¿no es la supuesta meta de los proyectos políticos del señor Sánchez? Seguramente la impuntualidad no es el mayor de los defectos políticos del líder socialista pero es de los más lamentables y fáciles de evitar. Quizá al presidente le convendría invitar al filósofo Kant a La Moncloa para entender de qué estamos hablando cuando hablamos de puntualidad. El sabio de Könisberg era tan puntual que los ciudadanos que se cruzaban con él cuando salía a pasear cada mañana ponían sus relojes en hora al verle. Eso sería una anécdota sugerente para Sánchez y podría aprender también la prioridad ética en la vida y aquél imperativo categórico que sugería que debías obrar de tal manera que tus actos pudieran constituirse en reglas universales de comportamiento. O en sus palabras: “Obra sólo según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que se torne ley universal".

En nuestro país el comportamiento impuntual del político citado no llama mucho la atención, porque aquí la puntualidad es un mal hábito socialmente aceptado. Muchas personas son impuntuales en todos los órdenes de la vida, laboral, personal, social. Y no solo no lo consideran un error, una irresponsabilidad y un insulto a las personas que les esperan. Es como una gracieta de la que se puede presumir, donde la ignorancia se da la mano con una obscena villanía. Incluso se creen aquéllo de que las "personas de importancia no esperan, se hacen esperar". Cuando una de esas personas te roba tu tiempo en la espera, realizan un hurto impune que no tiene arreglo, ni sustitución, ni devolución. Muchos ni se disculpan o si lo hacen son tan banales y risibles que más bien son un insulto añadido. Kant, señor Sánchez, opinaba que el espacio y el tiempo son formas "a priori" de la sensibilidad. Quizá a la suya le convendría recordar a este filósofo y replantearse la necesidad de dar ejemplo a todo un país de que es capaz de ser puntual. Todos ganaríamos mucho y usted más que nosotros. Y, por cierto , ni soy monárquico ni estoy en contra del partido y la supuesta ideología que usted profesa. Fue Luis XIV, precisamente un Borbón, quien dijo que la "puntualidad es deber de caballeros, cortesía de reyes, hábito de gente de valor y costumbre de personas bien educadas"? Pues eso.

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4 septiembre 2019 3 04 /09 /septiembre /2019 18:16

La nueva religión de la sociedad digital se llama "dataísmo". La suma astronómica de datos procedentes de nuestra interacción continua con el mundo digital, que son capaces de manejar, analizar y aplicar las computadoras (y las muy interesadas empresas privadas que las manejan) y ofrecen una información sobre todos nosotros, los sujetos (etimológicamente "sujeto" es alguien que está atado, limitada su libertad de movimientos) que usamos y abusamos de cuanto ofrece la Red de redes, las más de las veces de forma gratuita, cual anzuelos de cautividad futura. Lo saben todo sobre nosotros, nuestros gustos, carencias, deseos, vicios "ocultos", esperanzas y sueños, sentimientos, afectos y pasiones. Cada "click" es un eslabón más de la cadena que nos une a un Poder omnímodo que se impone no por la represión y la violencia, sino en la amable forma de un solucionador de problemas, de una enciclopedia al gusto, de un comprensivo cómplice, de un complaciente colega a disposición de nuestros caprichos las 24 horas de cada día, todas las semanas, todos los meses y los años.

Ante lo visto, no hay hipocresía más  inútil y bochornosa que las tan cacareadas leyes de protección de datos, una nueva forma contributiva vestida de escandalizada preocupación por la seguridad de nuestros datos personales. ¿Están de broma o creen que somos todos tontos? Mas bien lo segundo. Lo malo es que tienen razón. La noticia del espionaje global de Google ha pasado bastante inadvertida y en silencio, como si fuera una anécdota trivial, con la total impunidad desafiante de la poderosa empresa norteamericana y el encogimiento de hombros, bovino e hipnotizado, de los usuarios. En los años de hierro de las dictaduras, fascismo, comunismo, filofascismo franquista, el dramaturgo y filósofo alemán Bertold Brecht escribió: "No aceptéis los hechos como cosa natural. Porque en tiempos de desorden, de confusión organizada, de humanidad deshumanizada, nada debe parecer natural. Nada debe parecer imposible de cambiar".

Aquí en Teruel y su casi deshabitada provincia deberíamos aplicarnos la divisa de que no podemos ni queremos aceptar que todo siga igual porque el sempiterno contexto político y social "es el que es y nadie lo puede cambiar". Si la historia nos ha enseñado algo es que las cosas, los contextos y circunstancias no dejan de cambiar, mal que les pese a los que mandan en ese momento. Y aquí es donde cierro el círculo de este mensaje: aprovechemos las posibilidades del dataísmo para hacer virales nuestros sueños y reivindicaciones. Por ahora es la otra cara de la nueva "religión". Por el momento la operativa generadora digital puede cambiar de polarización y objetivo. Es un llamamiento a las asociaciones que luchan por demostrar que Teruel existe. Y un guiño a los micromunicipios (menos de 500 habitantes) para generar una campaña permanente de "agit-prop" digital que nos vuelva a colocar en el mapa  (antes de que fenezcamos de "muerte antinatural"). 

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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1 septiembre 2019 7 01 /09 /septiembre /2019 18:13

Artículo publicado en "El Heraldo de Aragón", julio 2019

 

Laputa (en inglés) es el nombre de la isla aérea o flotante que visitó Samuel Gulliver en su tercer viaje, según su confidente y relator Jonathan Swift (1667-1745), deán irlandés de aguda y mordaz pluma que ya había asombrado e indignado a los ingleses de su tiempo, a caballo entre los siglos XVII y el XVIII. “Mi reconciliación con la especie (humana) en general no sería tan difícil si se contentaran sólo con los vicios e insensateces que la Naturaleza les ha otorgado”. Es obvio que no es así, por lo que Swift se pasó toda la vida indignado y lo demostró en todas sus obras. Principalmente en “Los viajes de Gulliver”, que la historia literaria con gran sarcasmo o miopía convirtió en un libro infantil. Swift, como buen clérigo de la época, amaba la gloria y el poder, el dinero y al género femenino en su versión más variada. Y para demostrarlo se apañó para participar él mismo en los mismos vicios e insensateces que denunciaba, aunque sin dejar de reconocerlo con irónico e incisivo cinismo.

Swift, admirador de “El Quijote”, conocía el español y sabía el significado de la palabra utilizada, por lo que algunos sesudos eruditos de la Academia de Lagado han informado a sus colegas españoles que, en realidad Swift , se refería a un supuesto viaje a España y concretamente Al reino de Aragón, a la sazón bajo la corona que portaba el rey Felipe IV (V de Castilla) que en 1707 derogó los fueros de Aragón, abolió el Consejo y unió el reino al de Castilla.

Laputa es una isla relativamente pequeña que gracias a una base de diamante flota en el espacio usando un gigantesco imán. Ese artilugio les permite a sus habitantes (la Corte, el poder, el funcionariado real y político) dirigir sus movimientos sobre el territorio de Balnibarbi (extenso país y único en el mundo cuya composición mineral responde al influjo magnético de la isla), con lo que dominan tiránicamente a los ciudadanos que viven abajo. Dicen los analistas que Swift simbolizaba a la corte de Madrid y el poder satélite de Zaragoza como integrantes de Laputa. Balnibarri sería el entero territorio español.

André Maurois dijo de “Los viajes…” que es “el libro más severo que la Humanidad haya escrito sobre la Humanidad”. Disfrazado de libro infantil, Swift ha podido sortear inquisiciones, santos oficios y censuras varias. Una relectura actual del libro, principalmente del Tercer viaje de Gulliver, aplicada a la hipótesis de  que nos concierne, pretendería que los españoles no hemos evolucionado mucho en lo esencial. Todo esto viene a cuento del soberbio espectáculo del más zafio guiñol que la clase política española, sin excepción de partido alguno, está dando a la ciudadanía (responsable en cierta forma de la situación, por  haberles votado) y al resto del mundo supuestamente democrático. Pongamos unos ejemplos: ¿Qué diría Gulliver si viera cómo en Laputa, (en este caso, Aragón) están dispuestos -con suma generosidad- a destinar 5 millones de euros de unas arcas con un agujero de 349 millones según la Cámara de Cuentas, para celebrar nuevas elecciones autonómicas a fin de salir del "apuro" electoral que los sesudos políticos se ven incapaces de resolver? Y no sólo contentos con eso, para demostrar su buena voluntad se suben las subvenciones a los grupos (que aún no han empezado a trabajar) y todos los parlamentarios cobran su primera nómina aunque en esencia todos están en paro técnico, forma nueva de llamar a la ineptitud. O, siguiendo con los despropósitos, no autorizar el desbloqueo de fondos para terminar de una vez los hospitales de Teruel y Alcañiz. Sin hablar de la falta de criterios y unanimidad precisos para que los 25 supuestos representantes de Aragón en las Cortes Generales (con sus generosos estipendios) hagan valer una voz firme y clara sobre el abandono político-práctico en que se tiene al Teruel que apenas existe. Habría más ejemplos y quizá de más enjundia, pero sigamos. Swift,  describe a los cortesanos políticos de Laputa, incluido el monarca (en nuestro caso más bien el presidente o primer ministro) tan atareados en sus cavilaciones sobre sus intereses que no escuchan ni hablan a los demás y cuando es menester, un criado denominado “golpeador”,  les frota suavemente unos pequeños globos de intestino animal atados a un extremo de un corto palito, en los labios si deben hablar o en los oídos si deben escuchar (y en los ojos, si deben dejar de mirar y así no enterarse de lo que  conviene no saber). Con esos elementos los políticos siguen sus propias inclinaciones e intereses, ajenos e indiferentes al interés general del pueblo que abajo espera sus decisiones y acuerdos. Eso sí, no tienen ninguna prisa en resolver nada puesto que sus estipendios y propiedades están aseguradas mientras vivan. Lo que no aclara Swift es si a los golpeadores les paga el partido o están a sueldo del interesado (pese a que creo que habla de ciertos parentescos entre ellos).

 Siguiendo con los “paralelismos” políticos que aventuraban los académicos entre el gobierno de Laputa y la política española, recordaban un párrafo del capítulo VI del citado libro de Gulliver en el que se prohibía como “muy negativo” para la Administración que se eligiera a los jefes de Gobierno “en razón de su sabiduría, capacidad y virtud”, que los ministros actuaran “a favor del bien público”, que se recompensara “el mérito, el talento eminente, los servicios distinguidos”, que no se les ocurriera “poner sus intereses sobre la misma base que los del pueblo”, que se olvidaran de “elegir para los cargos públicos a las personas cualificadas para ejercerlos”, entre otras muchas cosas extravagantes e irracionales pensadas para el arte de dirigir una nación. Es decir, lo “normal” es que se haga precisamente lo contrario. Pienso que en estos puntos quizá se exagera en tal semejanza y Swift pensaba más en otras naciones.

En nuestro país y en nuestro Aragón la clase política olvida la frase de Ortega: “no basta con ver las cosas, es menester pensarlas". Nuestros políticos ven los problemas pero no piensan en ellos, sino a pesar de ellos. Sus adscripciones obligadas al ideario circunstancial del partido (y al general de la presunta ideología que defienden) les impiden percatarse de que el momento pide consenso y negociación en lo que hay que ceder y en lo que se puede ganar. En la política del país, lo primero es el ego del sujeto de poder  y su partido, después las circunstancias. Y dejan a un lado la advertencia orteguiana:   si no salvan esas circunstancias (la situación política, económica y social del país entero), no se salvarán ellos (ni sus partidos). Y lo que es aún peor: ni el pueblo español, auténtica víctima propiciatoria de este dislate.

En otro lugar, Gulliver recibe el juicio apodíctico del monarca del país de los gigantes: “De nada de lo que  habéis dicho (sobre la raza humana) resulta que entre vosotros sea precisa perfección alguna para aspirar a posición ninguna; ni mucho menos que los hombres sean ennoblecidos en atención a sus virtudes…ni los jueces por su integridad, ni los senadores por su amor a la patria, ni los consejeros por su sabiduría…”.  Podría parecer “excesivo e hiperbólico” que los académicos de Lagado pretendan que Swift se basó en la naturaleza de la política y los políticos en los territorios españoles de aquellos siglos en los que floreció la Ilustración. Y casi “insultante” que pretendan aplicar esos dislates a nuestra época. ¿Ustedes qué opinan?

ALBERTO DÍAZ RUEDA, Escritor y periodista. Alcalde de La Torre del Compte.

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28 agosto 2019 3 28 /08 /agosto /2019 07:43

Leer a José Luis Melero es una delicia. Al menos por cuatro razones básicas: escribe bien; es un bibliófilo amante de la literatura y la poesía: es un aragonés que ejerce su amor al terruño de todas las formas posibles: desde sus autores, conocidos o desconocidos, su pasión por Zaragoza, su amor por sus colores futbolísticos, por la jota y por las tradiciones y, lost but not least,  parecer ser una persona buena y también una buena persona y practica esa bondad clásica de los eruditos que tienen, además de sus pasiones y lealtades propias de su pasión vital, amigos, tertulias, familia y afán de servicio.

Una buena cantidad de las obras y autores que Melero comenta en "El tenedor de libros",  recopilación de muchas de sus columnas publicadas entre  2012 y 2015 en "El Heraldo de Aragón", no los conozco ni de oídas, pero me han enganchado los entusiasmos del comentarista y de los que si conozco y he leído me siento gratificado doblemente, no solo por coincidir en muchas de las apreciaciones y comentarios, sino por la novedad de algunos datos y anécdotas que desconocía sobre ellos. Como él mismo escribe (pág. 119) "Leer libro sobre libros es un placer onanista. Y una de las cosas que más nos gustan a los pervertidos". Pícaro comentario que suscribo totalmente, sin llegar a la amable erudición de Melero, por supuesto.

El lector tiene garantizado un extenso placer leyendo este libro y no voy a aguarle las expectativas desvelándoles algunas de las delicias que esconde. Un poco antes de la cita anterior, Melero escribe:  "...mis lectores, que por serlo tienen que ser a la fuerza amantes de los libros...saben muy bien qye unos libros nos llevan a otros y que cada día nos damos cuenta de todo lo mucho que ignoramos, de cuántos libros nos faltan por leer, de cuánto nos queda por aprender. Y que cuando vemos a alguien presumir de sabiduría, sabemos ipsofactamente  que estamos ante un perfecto botarate".

Presumo que Melero debe ser un "nefebilata", el cultismo de Ruben Darío, que define al hombre soñador, que anda siempre por las nubes, un Sócrates satirizado por Aristófanes por ese "defecto" que compartimos algunos. Esa característica de bonhomía que nos hace apreciar profundamente a gentes de pluma y libro como Jesús Marchamalo o Pepin Bello o los versos de César Vallejo, a despreciar los chismes de Marquerie sobre Antonio Machado o a ironizar sobre las necrologías, "uno de los géneros literarios más agradecidos, sobre todo si es uno quien la escribe y no el sujeto de la misma" o nos habla de su cameo en una película de David Trueba. En fin, una "silva de varia lección" dedicada a los libros raros y a los autores más o menos raros, realizada por un bibliófilo aragonés con simpatía y conocimientos sobrados. ¡Bien por José Luis!

FICHA

EL TENEDOR DE LIBROS.- José Luis Melero.- Ed. Xordica.  182 págs. ISBN 9788416461035

 

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23 agosto 2019 5 23 /08 /agosto /2019 19:01

Dicen los científicos que el clima es el resultado no predecible de una compleja interacción de procesos no lineales de la que emergen propiedades caóticas que rompen cualquier supuesta relación causa-efecto. En román paladino: por el momento no tenemos medios suficientes -y tal vez nunca los tengamos-- capaces de hacer predicciones exactas en el clima. Sin embargo si es posible captar ciertas constantes no cíclicas: el aumento de las olas de calor en intensidad y duración. En nuestras ciudades del occidente neo capitalista, neo liberal y neo digital, combatimos las olas de calor aumentando el número de aparatos de aire acondicionado -- uno de cuyos efectos menos conocidos es que aumenta proporcionalmente al frío que producen, un efecto calor que va al exterior--  haciendo aún más infernales las temperaturas de las grandes ciudades. Estas ya reciben el calor de los motores de combustión, el calor reflejado del sol por las grandes superficies acristaladas, el efecto invernadero de las capas de contaminación ambiental...

Para contrarrestar el exceso de calor, bebemos más agua fría y otras bebidas variadas y nos vamos en masa a darnos un chapuzón en las piscinas, donde algunos bañistas aprovechan para vaciar el exceso de líquidos, seguramente sin saber que el ácido úrico de la orina al mezclarse con el cloro del agua produce un compuesto químico llamado cloruro de cianógeno que se usa para las bombas de gas lacrimógeno  (aunque la dosis mínimas de orina y de cloro para producirlo son muy altas y no es posible que se den en una piscina normalmente cuidada). Lo que si hace esa mezcla poco adecuada es propiciar irritaciones en las vías respiratorias. Si después del baño siente  pequeñas dificultades respiratorias, sospeche que ha habido excesos mingitorios en su piscina. 

Y una advertencia estrechamente relacionada con el patrón ecológico, a unir a las dos anteriores: el pasado 29 de julio, según la "Global Footprint Network" (un centro de investigación internacional que evalúa el comportamiento destructivo de la humanidad respecto al planeta y sus recursos), ya estamos en números rojos respecto al presupuesto global de consumo de recursos para este año 2019. El planeta no da abasto. A poco más que la mitad del año ya comenzamos a consumir por encima de lo "presupuestado", creando una deuda sobre el total previsible de recursos, cuyas consecuencias no podemos conjeturar. La exigencia humana sobre los recursos del planeta está comprometiendo seriamente su capacidad de regeneración. El director  de ese organismo declaró --según un reportaje de "La Vanguardia"-- que "la humanidad está usando la naturaleza 1,75 veces más rápido de lo que los sistemas de nuestro planeta permiten recuperarse...estamos agotando el capital de nuestro planeta y comprometiendo aún más su futura capacidad de regenerarse". ¿Que hemos de cambiar para frenar este proceso suicida? El cínico príncipe de Lampedusa decía en "El Gatopardo""es preciso que todo cambie para que todo siga igual". No. Es preciso que cambiemos la mayoría de nuestros hábitos de consumo para que algo mejore en el planeta. Y eso, ¿es mucho pedir?

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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