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22 enero 2019 2 22 /01 /enero /2019 09:03

Aristóteles señala en su "Ética a Nicómaco" que no es posible moverse, hacer algo, actuar, si no es en el tiempo. Paradójicamente sostiene que hay una actividad que es independiente del tiempo. Se trata del placer que, asegura, "lo que tiene lugar en el instante de placer es un todo completo". Todo movimiento progresa en el tiempo hacia un cierto fin que tomará la forma del objetivo buscado. Pero en el placer la forma se cumple en cuanto se ejercita, se obtiene el placer: no hay paso de la potencia al acto, el placer es el cumplimiento del acto en sí. Ya no se trata de un punto seguido por otros en la línea del tiempo, sino que el placer se cumple en sí mismo y es completo, está "fuera del tiempo". Y eso es así porque es una experiencia "total" en la que el sujeto no tiene en cuenta su extensión o su duración. Una vez cumplido el proceso del placer obtenido, se relaja la tensión, acaba la actividad y todo vuelve a ser envuelto por el tiempo. Vuelve a caer en la cadena del "instante" presente que sólo cobra sentido al relacionarse con otro instante perteneciente al pasado o al futuro más próximo.

Epicuro cifra en el placer el máximo anhelo del hombre. Pero no se trata de un placer vulgar, sujeto a la carnalidad y al exceso. El placer para los epicúreos es la vida buena desde un alma buena, comprensiva, sabia y tolerante. Entre uno y otros hay una considerable diferencia. Platón y los estoicos (y después el cristianismo) anteponen la disciplina que lleva al disfrute de la "eternidad" a los placeres que, para ellos, toman un aire pecaminoso y bastante hipócrita.

El punto de vista aristotélico permite una reflexión más libre, menos dogmática y enriquece el pensamiento filosófico (que respecto al tiempo, parece encogerse después de Agustin y Plotino). Y es que el placer, entendido por encima del sexo, los banquetes y las borracheras, la caza y otras actividades que halagan pasiones más bajas y oscuras, se convierte en el disfrute del arte, la amistad, el afecto sensual y respetuoso  a personas, arte, música y otras actividades que conciernen, por ejemplo, al deporte, la naturaleza, la cultura. Quién no ha podido comprobar en sí mismo esa "dispersión" del dogal del tiempo mientras escribía o leía una novela o una poesía, en una charla con un amigo querido, en tanto disfrutaba de un paseo por el bosque o escalaba una montaña? El placer es el cumplimiento del acto en sí. Aristóteles tenía razón. Y una nota jocosa: Aunque no se ajustó mucho a Aristóteles, nuestro buen Juan Ramón, Arcipreste de Hita, escribía en el siglo XIV: "Aristóteles dijo y es cosa verdadera//, que el hombre por dos cosas trabaja, la primera// es por el sustentamiento y la segunda era// por conseguir ayuntamiento con hembra placentera" 

-ALBERTO DÍAZ RUEDA

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19 enero 2019 6 19 /01 /enero /2019 10:31

Los filósofos griegos, Platón, Aristóteles, Epicteto, Epicuro, Pirrón, lo prescribían de una manera u otra, con fines y planteamientos distintos, pero con similitudes de fondo bastante evidentes. Ahora lo canta como una panacea el "mind-fulness" y todas las escuelas y "maestros" del supermercado espiritual: hay que practicar la atención plena. Es un modo de percepción que exige exactamente lo que se titula. No es fácil cambiar el "chip" que encadena la mente a la dispersión, a ensimismamientos circunstanciales, a la agitación mental permanente entreverada con momentos de estolidez o de simple tontería evocada por cualquier imagen sugestiva o deseo, un escenario mental que varía constantemente con el fluir de las cosas y los eventos.

Se nos aconseja que mantengamos la mirada atenta, aunque sin fijeza o crispación, sin esperar nada, dispuesta a entrar en la demora de la reflexión, en el oasis de la contemplación. Recuperar un poco la mirada inocente y la aguda percepción de un niño sano de corta edad al que todavía no hemos programado bajo directrices de intereses o correcciones "educativas". Una mente que se está formando y todavía está libre de los automatismos que más tarde y pronto les inocularemos con el mejor de los propósitos sin duda. (Es lo que hicieron con nosotros cuando éramos bebés).

Eso es el "desideratum", pero pasemos al momento actual, ya adultos y casi irremediablemente estropeados por una cultura invasiva administrada desde la familia más cercana, a la sociedad y naturalmente al Estado. ¿Es posible recuperar la mirada inocente? A los que ya transitan por los senderos espirituales de la búsqueda, les diría que sí es posible, aunque no fácil y que es muy probable que se extravíen más de una vez. Pero creo que con conciencia clara de sí y con el afán de la excelencia como bandera, se puede uno acercar a esa sabiduría inaccesible en su totalidad pero visible en su propio proceso (que no tiene fin o mejor lo tiene en el fin del sujeto). 

Búscate en el vacío pleno y silencioso de tu propio cuerpo, la mente ensimismada, la respiración profunda (como dicen los maestros zen: hay que respirar "desde los talones"). Sin proyectos, esperanzas ni deseos. La atención plena te devuelve al silencio rítmico del corazón, como un anticipo de la sabiduría, entre la armonía y la serenidad, en el fiel de la balanza que oscila entre la oportunidad del estar y la disponibilidad del Ser, equilibrada la pulsión del Tener (eso de lo que Gabriel Marcel decía: "el tener  nos hace ser lo que no queremos ser", cercano a esa amabilidad sin cálculo que abre el camino a la ternura como tendencia natural hacia el Otro. No es necesario el discurso, la palabra, el Logos. De lo que no se puede hablar es mejor callar. Vive con la sutilidad de la excelencia como acicate: una linea roja vertical que atraviesa y une en un sólo ente a tu cerebro, tu mente, el cuerpo que lo acoge y se planta en la tierra apuntando hacia el Universo. Un ente esencial y inefable, invisible a nuestros ojos y a nuestra sofisticada tecnología. La puerta a las estrellas.-ALBERTO DÍAZ RUEDA

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18 enero 2019 5 18 /01 /enero /2019 10:50

 

Supongo que, en definitiva, es una cuestión de marketing, maldita palabreja, y de vender el mayor número de ejemplares, así que decirnos que los dos principales figurones del comunismo legaron una herencia de millones de dólares o que en la pintura vaticana de Rafael de Sanzio sobre la "Escuela de Atenas" aparece una mujer (muy merecidamente: se trata de la filósofa Hipatia de Alejandría, a la que el cineasta Amenábar dedicó una bella película), o que los libros de Spinoza fueron quemados en Oxford y algunos otros chismorreos que no afectan lo más mínimo la enjundia de los filósofos que se pasean por este libro de título ligeramente guasón pero, gracias a las musas,  bien escrito por un profesor de filosofía competente que además escribe sobre cine y tiene una visión decididamente iconoclasta de los filósofos  (incluido él mismo, por su obra lo comprenderéis).

Bromas aparte y dejando de lado los chismorreos más o menos interesantes, las aportaciones pedagógicas están bien servidas, con un prólogo bastante bueno sobre el valor de la filosofía (que deja de manifiesto su dedicatoria que habla de sus alumnos y el camino de enseñanza de la materia que ha sido "duro, difícil, doloroso y divertido"). El libro está dividido en nueve capítulos, dotados todos ellos de una "conclusión " que resume lo narrado y de una bibliografía que resulta amena y oportuna para los que quieran ampliar conocimientos.

Como él mismo dice en su prólogo denunciando el abuso de asignaturas instrumentales y el desprecio a las Humanísticas, como la filosofía y la ética, "renunciar a la memoria y a la reflexión supone considerar que necesitamos ingenieros pero no ciudadanos, técnicos pero no personas" ya que "si algo ha demostrado  la filosofía en sus tres mil años de existencia es que precisamente es la materia que mejor combina el pensamiento crítico con las herramientas para procesarlo, además de constituir el paradigma del siglo XXI: la Tercera Cultura que combinando la tecnología y las Humanidades supere el caduco -y falso- antagonismo entre las ciencias y las letras". De hecho, como sabe cualquier estudioso de la historia filosófica, en un principio la episteme (el conocimiento) era el producto de la unión entre la tecné y el logos (palabra que no sólo significa , palabra, razón, sino también número y contar). Y que datos recientes extraidos de analisis educacionales  del Educational Testing Service, organización internacional que evalúa la efectividad de la enseñanza de diversas asignaturas para alcanzar altos niveles de razonamiento cuantitativo, escritura analítica y razonamiento verbal, la filosofía es la que más destaca en razón instrumental, indispensable para el desarrollo, aplicación y control (la razón ética) de la tecnología para que nos nos desnaturalice como seres humanos.

Pero terminemos  con el preámbulo y demos cuenta sucinta del contenido (cuyo análisis y/o disfrute es cosa del lector), yo me limita a recomendar la lectura que, en eso tiene razón el autor, es básicamente complementaria a lo que sería un recorrido habitual por la historia de la filosofía. Santiago Navajas (Occam sería feliz si supiera que hay un profesor de filosofía con ese apellido) empieza con el final de la filosofía clásica grecolatina por la acción demoledora del cristianismo fanático (que hicieron con esa cultura magnífica lo que los fanáticos musulmanes están haciendo hoy día con culturas como la mesopotámica, egipcia, siria y otras de Asia y Oriente Medio). A través de la vida y obra de Santa Teresa de Jesús, Navajas nos habla del feminismo en épocas de barbarie masculina. Poniendo frente a frente a Juan de Mariana y Hobbes nos habla del Estado y su poder omnímodo, germen del actual. De ahí dalta a Marx y Enhels y al supuesto fin del capitalismo, cuyos estertores estamos aún viviendo. Kant, Cassirer y Heidegger nos introducen en el germanismo-prusianismo, en el nazismo y la II Guerra MUndial. El capítulo 6 se vuelve hispano, Pla, Gaziel, la Segunda República, los controvertidos papeles de Ortega y Unamuno.  En el 7, la cosa se vuelve metafísica y sale Dios a colación, la religión, la ciencia y el arte. En el 8º sale el aborto a la palestra de la reflexión guiada por Navajas que aprovecha la ocasión para citar la película "Gattaca", muy bien escogida para ilustrar la controversia del papel de la genética actual en el diseño de los bebés del futuro y dónde está la ética que corresponde. Y acaba el entretenido viaje con diversos conceptos e hipótesis de ciencia ficción que pronto dejarán de ser para convertirse en opciones de vida, dejando en el aire cuestiones muy serias como la identidad personal el relativismo sobre el conocimiento, la naturaleza de la realidad, la inteligencia artificial y sus limites ("una cosa es ganar al ajedrez a una persona y otra muy diferente comprender lo que significa ganar") .

Lo mejor que puedo decir de este libro es que Navajas ha conseguido como quería Ortega, que el pensador -en este caso es escritor filosófico- además de profundo, se también cortés. Es decir, claro".

FICHA.

LO QUE NO ESTABA EN MI LIBRO DE HISTORIA DE LA FILOSOFÍA.- Santiago Navajas.- Ed. Almuzara.-309 págs. 17,95 euros. Ed. Almuzara.- ISBN 9788417044794

 

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16 enero 2019 3 16 /01 /enero /2019 09:46

El poeta japonés del siglo XVII, Matsuo Basho, logró elevar el arte de la escritura de "haikus" hasta una de sus más brillantes expresiones técnica y poética de todos los tiempos. El haiku es un poema muy breve (un total de 17 sílabas, en tres versos de 5,7, 5 sílabas, respectivamente) que trata con una muy elegante finura y concisión temas que tienen relación con  la Naturaleza, el cambio de estaciones, árboles, ríos, nubes, animales, la luna y las estrellas. El efecto fulgurante y profundo que producen en la sensibilidad del poeta, refleja muy brevemente una visión o vivencia quintaesenciada, sin adornos, adjetivos inútiles y ninguna retórica. Es como una instantánea fotográfica o pictórica, el esbozo súbito de una experiencia artística.

Basho dice: "El corazón deja que todo acontezca/hacia allí o hacia aquí/ como el sauce." Eso es todo. El lector paladea esas palabras (que en japonés cumple las leyes de métrica) y permite que las imágenes penetren en su silencio íntimo.En su mente y su imaginación se crea una imagen mental que es inmediatamente respondida por asociaciones de la memoria y la sensibilidad del lector. Y así, al conjuro de esas palabras, aparentemente inconexas, caprichosas, se re-produce, como en un relámpago, una respuesta personal que emana de una fuente escondida en  nuestro interior. El corazón se abre a lo que acontece, libremente, sin juicios o valoraciones, sin buscar doctrina o sistema, sin tratar de definir o encuadrar, al conjuro simple y mágico de las palabras y lo que evocan. Detén los relojes, el tiempo es un pliegue entre un acontecimiento y otro, y encuentra un corazón que admite la demora. Y lo que acontece entra y sale, de aquí para allá, ante la serena pasividad del observador que despierta sus  sentidos como el sauce mueve sus ramas susurrantes. Desaparece el agobio y la prisa, lo que "hay que hacer" deviene sombra, no es el momento, la vanidad o la ambición no tienen cabida. Dejo que corazón decida la acción o la espera y si es la primera no ha de atenderse a la ganancia o el placer que puede producir, sólo si se ajusta a lo "correcto" en la naturaleza. Y si es lo segundo, gana la belleza ritual del silencio, el gesto amable y un poco distante. El sujeto pasea junto al río y contempla las ramas del sauce que ceden sin forzarse al suave viento del sur y le siguen a su capricho; ha dejado en un rincón la fusta del deseo o los grilletes de los intereses. Te sientes libre de tu propia férula impuesta por la educación o la costumbre, atiendes lo auténtico, lo bello, lo bueno. Todo respira paz y en lo alto, el azul del cielo se ve turbado brevemente por el paso de dos perezosas nubes que se van deshilachando, y si miro hacia el suelo contemplo con arrobo el paso incesante de una fila de hormigas afanosas que resaltan sobre la tierra parda como un fino trazo realizado por el pincel de un artista.

Mi corazón está abierto a todo lo que ocurre en este lento latir del mundo, con la expresión de maravilla que quizá surja del niño pequeño que todos tenemos escondido bajo fardos de acontecimientos, banalidades, penas y nostalgias. Escribo en mi libreta de notas: "comprender lo que es, sin porfiar; una fuente inagotable es la plenitud de cuanto existe; de aquí para allá, atento a lo que acontece". Como dice el estoico: "No desees que no ocurra lo que ocurre; más bien desea que lo que ocurre, ocurra como ocurre."-ALBERTO DÍAZ RUEDA

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12 enero 2019 6 12 /01 /enero /2019 10:45

El escritor ruso Leon Tosltoi, en uno de sus panfletos políticos, de los que en los últimos años de su vida se dedicó a escribir con profusión, narra una de las historias de "Las mil y una noches" a fin de ilustrar las relaciones perversas que se suelen establecer entre los gobiernos y los gobernados. Describe a un viajero que por azares del destino llega a una isla desierta. En ella encuentra a un viejo desvalido y tullido que le ruega que lo cargue sobre sus hombros para ayudarle a cruzar un arroyo. El viajero, compadecido, lo hace y cuando llega a la orilla opuesta el viejo le va pidiendo que siga llevándolo para aprovisionarse de frutos y una vez en su cabaña le deje allí en lugar seguro. El viajero lo hace y va notando que el viejo ha cerrado con sus piernas un fuerte dogal en torno a su cuello y su tono lloroso va convirtiéndose en órdenes de mal tono. Cuando intenta dejar al viejo y obligarle a bajar de su cuello, éste se niega y lo convierte en su esclavo, amenazándole con ahogarle. Dejando al margen la exageración irreal de la anécdota, Tolstoi la convierte en metáfora. En ella, el líder, el jefe, el tirano, los que gobiernan y mandan, han logrado que el pueblo (con sus votos, en una democracia)  les permitan gobernar de la misma manera que el viejo con el viajero, subido a sus hombros y atenazándoles por el cuello con las necesidades de la vida. Y a base de disciplina fortalecer su poder y privar de la "cualidad más importante de su naturaleza, la razón libre" a sus gobernados. Más adelante Tolstoi cita al escritor alemán Heinrich Schmitt: "Los gobiernos que justifican su existencia por la seguridad relativa que proporcionan a sus súbditos son comparables al bandido calabrés que prometía a los viajeros que encontrarían libre el camino si les pagaba un tributo". Con una diferencia sustancial: el bandido robaba a los ricos y los gobiernos despojan preferentemente a los pobres y favorecen a los ricos que, a su vez, les apoyan y aseguran su mandato. ¿Simple? Suena a cuento capcioso para adoctrinar a gente sencilla e inocente. La época en que Tolstoi escribió su panfleto dista mucho de la nuestra. Pero, en el fondo, ahí donde anidan ciertas verdades incómodas y también bastante simples, lo que se dice reverbera, vibra con un realismo molesto y más si aplicamos el cuento a intereses no sólo económicos y políticos, sino también sociales, nacionalistas, racistas, religiosos, de psicología de masas, de burocracia entorpecedora, de fiscalidad abrumadora. ¿Es el sino del hombre tener siempre sobre sus espaldas a un tirano de muchos rostros? El problema es encontrar una solución justa y equitativa que establezca mecanismos de control para convertir los gobiernos en gestores honestos  y eficientes para los intereses de la comunidad. Y eso Tolstoi no lograba concebirlo, sino con modelos de resistencia pacífica y fórmulas vinculadas al decrecimiento y la economía sostenible, algo absolutamente utópico en nuestra época. Quizá sea un sueño imposible, minado desde que nace por un virus congénito al ser humano: la ambición codiciosa e insaciable pavoneándose en el territorio de la ignorancia y la visceralidad más irracional. Para obtener ejemplos, pongan un telediario o lean un periódico. Es plena actualidad.-ALBERTO DÍAZ RUEDA

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10 enero 2019 4 10 /01 /enero /2019 10:03

Un filósofo francés especializado en la cultura china puede aportar, de hecho lo ha hecho y lo hace, una visión comparada y mutuamente enriquecedora entre la filosofía occidental (incluida su contemporánea desviación hacia ámbitos más propios de la linguística, la priscología  o la neurología)  y la oriental encarnada en clásicos taoístas, confucianos y budistas.

De Jullien hemos trabajado sus excelentes libros "Un sabio no tiene ideas", "Filosofía del vivir", "Nutrir la vida" y "De la esencia o del desnudo". Pero es quizá en el que hoy comentamos donde Jullien muestra más a las claras su objetivo de inyectar un reactivo filosófico oriental en el seno de la filosofía occidental. Para ello Jullien recurre a nuestros clásicos preconizando una especie de retroalimentación de los taoístas y los confucianos en el escenario de la filosofía occidental desde los clásicos greco latinos de todas las escuelas a Agustín, Spinoza, Hegel o Heidegger. Para ello aporta una crítica constructiva a la esclerotización de la filosofía en occidente y toma como ejemplo básico la cuestión del "Tiempo", cuestionando no sólo las ideas básicas que desde Aristóteles ha alimentado la cultura filosófica de occidente, sino la propia esencia de la filosofía sus objetivos y sus compromisos históricos -con la Iglesia, por ejemplo-  que ha separado la noción de sabiduría  (banalizándola como refranero y sentido común) de la filosofía como saber unido a la forma de vivir. Jullien acude a los grandes maestros taoístas y budistas, evitando con habilidad enfangarnos en el etnocentrismo o ese exotismo barato de los libros de autoayuda y,  mucho menos, en un relativismo cultural sin valor alguno.. Con habilidad, Jullien no compara las dos tradiciones  filosóficas sino que busca elementos y perspectivas que engarcen entre ellas una apertura para los filósofos occidentales de muchas de la nociones filosóficas que han constituido una barrera imposible de derribar y obligando a los filósofos  a rodear el tema, cuando los grandes maestros orientales lo tenían resuelto simplemente porque no lo consideraban un problema (por ejemplo: el tiempo).

Es decir tratar aquellos temas, como el citado, a los que la filosofía occidental ha convertido en aporías, cuando en China están resueltos porque el contexto cultural ni siquiera los ha tenido en cuenta como tales. En China no hay conceptos ni modelos teóricos de pensamiento, sus ideas están formuladas intuitivamente y se ajustan a un modelo de vida, sin necesidad de esquematizarlas. El pensamiento clásico chino está concebido como el desarrollo de un proceso y de la interacción de los sujetos en tal proceso, ni concibe la Polis como objetivo que supera al individuo o la dicotomía de la libertad y la esclavitud. No hay debate político y tampoco es pertinente debatir sobre la conciencia y el individuo sometido a una interioridad donde le fustiga la culpa por unas faltas casi ontológicas (que en occidente constituyen la herencia griega y hebraica alimentando el contenido de la filosofía desde Platón). Es un proceso continuo en el pensamiento oriental que desde la idea de la transformación constante (uno de los libros capitales de la filosofía china es el I Ching o libro de los cambios) y de la acción o no-acción (wu wei) que se debe ajustar a una estrategia cuya lógica y coherencia el pensador ha de descubrir en cada ocasión. Y se resume en una actitud  de adaptación al cambio de las cosas como actitud básica del hombre sabio.

El Sabio es, pues, el paradigma del filósofo desde el punto de vista chino. Y es un estratega que sabe combinar la virtud con la eficacia, pues ha madurado un espíritu moral, que no sigue normas o principios ajenos a él (al contrario que el imperativo categórico de Kant) y actúa espontáneamente cuando llega el momento adecuado y las circunstancias son favorables, actualizando su fundamento moral, una forma de provecho que siempre está a favor de los otros, no de sí mismo El sabio capta la vida como un proceso que madura y sabe aprovechar las consecuencias más favorables. Ese proceso nos lleva al tiempo, en el que los sabios chinos no ver el proceso conjugativo del pasado, presente y  futuro, sino se plantea las cosas y su devenir en términos que tiene en cuenta la duración y no el acontecimiento. Y así el envejecimiento no es un necesario síntoma de degradación sino un elemento más del proceso de vivir, como la muerte no es una brutal ruptura sino una consecuencia más de vivir (aquí podemos ver una de las muchas analogías que hay entre los dos sistemas de pensamiento, los estoicos y los epicúreos tenían sobre la muerte una actitud semejante.)

Para argumentar y exponer los elementos de la filosofía china que podrían servir para madurar el pensamiento occidental en algunos términos, Jullien recurre a su erudito conocimiento de los clásicos chinos, Confucio, Mencio, Sun Zu y su "Arte de la guerra", Lao Zi o Chuang Tse y el citado I Ching.

En resumen un libro francamente sugerente y sugestivo que nos desvela ideas y cuestiones enfocadas desde un punto de vista integrador que no sólo interesará los estudiosos y amantes de la filosofía, sino al lector común que comenzará a descubrir que hay un tipo de filosofía y filósofos que ofrecen estrategias de gran ingenio para afrontar muchos de los problemas que nos causa la forma de vida que se impone en occidente. Y eso es así, aunque nos separen de ellos más de veinte siglos, porque bajo el barniz prepotente de la cultura y la tecnología occidentales, se esconde el mismo primate  sujeto a instintos y deseos que inventó la lanza, el arco, la agricultura, la rueda y la Polis (la ciudad) y las leyes para tratar de sobrevivir por encima y aprovechándose de los demás animales (incluidos sus congéneres).

DEL TIEMPO, ELEMENTOS DE UNA FILOSOFÍA DEL VIVIR.- François Jullien.-Trad. Miguel Lancho.- Arena Libros.- 184 págs. ISBN9788495897305

 

 

 

 

 

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8 enero 2019 2 08 /01 /enero /2019 12:28

Está ahí "dentro", detrás de todas las ideas, convicciones, conocimientos, recuerdos, continuamente recreándose, un juego de espejos donde el ego manipula sin cesar, en el que vivimos perpetuamente perdidos y engañados, protegidos por un muro de confortables "certezas". Detrás de todo eso, la hojarasca de la existencia, hay una instancia pura, intocable, fiel a su mismidad, que no interviene ante tu ceguera, tus errores, entusiasmos o deseos, que no juzga, no toma partido, pero al tiempo constituye el mayor apoyo, la máxima seguridad posibles: aunque para ello tienes que "sintonizar" con ella, tienes que dar con la "frecuencia" que emite.

Es el "noray" de tu existencia, el faro de tu inteligencia, es una "parte" de ti, tu yo metafísico, la parte eterna de una eternidad que vibra con ella, pero no te busca ni por supuesto te protege de nada, está ahí sólo si la descubres, en el silencio, la quietud de la mente y el desasimiento de la voluntad; te da la fortaleza y la sabiduría de la que procede y de la que forma parte. Es el nivel noble y eterno que ha quedado como prendido de tus neuronas y en cada fibra de tu cuerpo (renuente a cualquier medio técnico de localización) desde el momento de tu concepción y nacimiento, oculto más allá de tu mente. Podemos dar un nombre antropomórfico a esa entidad, el "testigo" o espiritual, el "alma" y no disponemos de medios tecnológicos para dar constancia empírica de él o demostrar su analogía profunda con algo que subyace a la conciencia y que de alguna forma ignota está "conectado", "vibra", gracias a una suerte de energía universal que engloba todo lo que existe. Bergson lo llamaba "elàn vital" -una fuerza o impulso hipotético- y algunos filósofos desde Epicuro a Wittgenstein, determinados científicos cuánticos, los místicos espirituales en oriente y occidente (al margen de cualquier religión) y muchos poetas creen en esa energía primordial, una creencia posible a través, entre otras posibilidades, de ese "conocimiento" interno que se conoce como "intuición". Investigar sobre la conciencia humana y esa maravilla universal que es el cerebro, ha llevado a muchos a un "encuentro" con ese inexplicable "algo" que se resiste a las definiciones y limitaciones del lenguaje, a la racionalidad del pensamiento y al empirismo científico. Y es que, como dice el dubitativo Hamlet a su amigo:  "Hay más cosas en el cielo y la tierra, Horacio, que las soñadas en tu filosofía".

Y por otra parte, si usas la mente para "descubrir" esa forma de energía ¿qué vas a encontrar sino otro producto de la mente?. Es una reflexión que hago a menudo. Aunque silencies la mente y sea tu organismo el que a través de la respiración, la quietud, la concentración, entrara en un estado alterado de conciencia e hiciera posible tal conexión, ¿no sería a través de los sentidos y la conciencia profunda como la interpretarías o "tomaras conciencia" de ella? Parece un camino sin salida...racional. En todo caso, recordemos al poeta Thomas Carlyle: "Es una pena que hayamos perdido la capacidad de oir a nuestra alma...en realidad, deberíamos ir de nuevo en su búsqueda o peores cosas nos ocurrirán".-alberto díaz rueda

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4 enero 2019 5 04 /01 /enero /2019 10:25

Parece ser que en este país desdichado seguimos tratando de hacer reformas en la educación primaria y secundaria. Mientras, la Universidad las ha sufrido en los últimos años de una forma "ajustada a las necesidades laborales" pervirtiendo de esa manera "pragmática" el auténtico objetivo de esa gloriosa institución académica que se va muriendo de utilitarismo, endogamia y auto satisfacción cada vez más onerosa para los alumnos (en todos los sentidos). Decía Kant que "el hombre no es otra cosa sino lo que la educación hace de él". Hace cuarenta años cuando yo frecuentaba las aulas universitarias (en tres Facultades, Derecho, Filosofía y Letras y Psicología) el fenómeno de la masificación universitaria estaba naciendo y los planes de estudios tenían casi los mismos defectos que habían adornado a la Universidad española desde el siglo XVIII y XIX. Después se produjeron varias "reformas" , a cual peor, que iba alimentando el círculo vicioso de alumnos desatendidos y con enseñanza y objetivos equivocados, alumnos que luego eran profesores y mantenían la mayoría de los defectos academicistas que tuvo la generación profesoral anterior.

Las actuales "reformas" en el ciclo de secundaria (esta vez en base a niveles de "competencia"), a las que he tenido cierto acceso a través de profesores de instituto, siguen la pauta de los últimos treinta años, apoyándose en "unas terminologías absolutamente pedantescas y vacías; y tras las que se esfuma, se disimula y se maltrata cualquier empeño pedagógico verdadero".  Y añado: "Lo que hay que esperar de un profesor es que en primer lugar forme en sus oyentes al hombre de entendimiento, después al de la razón y, por último, al sabio. Tal proceder tiene la ventaja de que si el alumno no llega al último peldaño, como suele ocurrir normalmente, ...se habrá convertido en alguien más experimentado e inteligente. Si (como suele suceder) se invierte el método, como si el alumno "pescase" una especie de razón, antes de que se le forme el entendimiento y arrastrase una ciencia prestada que está como pegada y no ha ido naciendo en él. De esta manera su capacidad intelectual se hace todavía mucho más estéril y, al mismo tiempo, por la alucinación de poseer sabiduría, se corrompe todavía más"...."En una palabra, no se debe enseñar pensamientos, sino enseñar a pensar. Al alumno no hay que transportarle sino dirigirle, si es que tenemos la intención de que en el futuro sea capaz de caminar por sí mismo". El texto entrecomillado pertenece a Kant y fue publicado en  1765. (¡!)

Pero conozcamos un texto de principios del siglo XX que apuntaba un error que ahora ya se ha consolidado. Pertenece a un ensayo de Walter Benjamín: "Al orientar desde un principio a los estudiantes hacia fine profesionales, se deja, necesariamente, escapar, como algo estimulador, el poder inmediato de la creación (...) La misteriosa tiranía de la idea de profesión es la más profunda de estas falsificaciones. Lo que tiene de mas terrible es que todas ellas llegan al centro de la vida creadora, aniquinándola (...) Desde que la vida de los estudiantes está sometida a la idea de utilidad y de profesión, semejante idea excluye la ciencia, porque no se trata de consagrarse a un saber que aleja del camino de la seguridad burguesa". 

Las citas provienen del libro de Emilio Lledó "Sobre la educación" cuyo subtítulo reza: "La necesidad de la literatura y la vigencia de la Filosofía". Creo que es innecesario apuntar la sutileza de tales citas y la actualidad de problema que presenta.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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2 enero 2019 3 02 /01 /enero /2019 10:40

Hay quien sostiene que Francis Bacon, primer barón Verulam, primer vizconde de Saint Albans y canciller de Inglaterra ( 22 de enero de 1561- 9 de abril de 1626), fue el auténtico autor de las obras de Shakespeare. Yo no entro en esas hipótesis y suposiciones. Prefiero verlo como el verdadero profeta de la Ilustración, el sueño de la razón que se frustró en el siglo XVIII , un gran filósofo, político, abogado y escritor. Su pensamiento dio unos frutos imperecederos, como el empirismo filosófico y científico, una soberbia capacidad estructuralista que reorganizó el método de estudio científico apostando por el método inductivo y unas precisas bases de inferencia a partir de observaciones y experimentaciones (que son la génesis del actual método científico junto a las aportaciones de otros grandes de la época como  Copérnico, Kepler y Galileo Galilei).

Lo traigo a colación por unas frases suyas que acabo de leer,  cuya valoración y paradójico reflejo en el actual momento dejo a la consideración del lector. Bacon sometió todas las ramas del saber humano aceptadas en su tiempo a revisión, clasificándolas de acuerdo con la facultad de la mente (memoria, razón o imaginación) a la que pertenecían. Para él "la comprensión humana no es algo dado por sí, sino que recibe una infusión de la voluntad y de los afectos y se transmite mejor conservando la viveza de las emociones" (hipótesis que hasta finales del siglo XX no había aceptado la ciencia contemporánea). Pero donde más me ha sorprendido (recuerden que hablamos del siglo XVII) es cuando analiza el proceso mental del razonamiento y pone en guardia contra "los ídolos de la mente, las falacias, en las que los pensadores indisciplinados caen con más facilidad, ya que distorsionan la naturaleza humana; los "ídolos de la tribu" que suponen más orden del que existe en la naturaleza caótica; los "ídolos de la cueva encarceladora", es decir las idiosincrasias de las creencias y pasiones particulares; los "ídolos del mercado", el poder de las simples palabras para inducir la creencia en cosas inexistentes y los "ídolos del teatro", la adopción incondicional de los credos filosóficos y de las demostraciones engañosas. "Apartaos de tales ídolos, observad el mundo en vuestro derredor como es realmente y reflexionad sobre la mejor manera de transmitir la realidad tal como la experimentáis en cada fibra de vuestro ser".-alberto díaz rueda

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30 diciembre 2018 7 30 /12 /diciembre /2018 10:44

Una de las falacias pseudocientíficas que veo más repetidas en muchos ámbitos es el del supuesto uso máximo potencial del cerebro humano. Se habla de que sólo usamos, en el mejor de los casos, hasta algo más del 10% de la presumible capacidad operativa del cerebro. Cualquier neurólogo os dirá que bastaría enchufar vuestra cabeza a un escáner cerebral para comprobar cómo una actividad compleja que requiera dos o más sentidos, por ejemplo mantener una conversación con dos o más personas mientras consultáis libros o pantallas, o sea una interacción plural, enciende la imagen de vuestro cerebro como si fuera un árbol de navidad y si además, en lugar de en un despacho, vais caminando por la montaña, es decir una actividad motora, son escasas las zonas cerebrales que se mantienen "apagadas", aumentando mucho más si estáis inmersos en una tarea creativa o de aprendizaje.

En esto, como en otras cosas más banales, del quid está no tanto en la cantidad de espacio cerebral que se emplea sino en la cualidad de su uso. No es lo mismo ver una película en la tele que estudiar la resolución de problemas lógicos que nos plantea Lewis Carroll. La maleabilidad o plasticidad del cerebro es uno de las descubrimientos científicos más interesantes del siglo XX (cuando yo  estudiaba psicología en los 70, se decía que las neuronas cerebrales eran irremplazables y su muerte progresiva irremediable). Y el hecho comprobado, ya en este siglo, de que el ejercicio físico frecuente produce un enriquecimiento celular que afecta al hipocampo, una estructura cerebral responsable de la memoria  y por tanto del aprendizaje,   además de generar neurotransmisores como la dopamina y la serotonina que tienen mucho que ver con nuestras emociones y con su gestión, nos lleva a una curiosa conclusión: la clásica fórmula latina "mens sana in corpore sano" es más que un tópico para uso de escuelas y gimnasios. Era una intuición genial de un hecho científico que atañe a nuestro cerebro. Otra cosa es calibrar en qué consiste una mente sana y de qué sutiles maneras se interrelacionan el cerebro y el cuerpo. Pero eso merece otro espacio.-ALBERTO DÍAZ RUEDA

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