Overblog
Seguir este blog Administration + Create my blog
25 diciembre 2018 2 25 /12 /diciembre /2018 10:55

Claudio Magris dedica un pequeño ensayo a una gran cuestión social, política, personal, filosófica e histórica: el secreto. Decía Voltaire que "el que revela el secreto de otros pasa por traidor y el que revela el secreto propio, pasa por imbécil." Pero eso no obsta para que el secreto esté rodeado de un extraño poder de fascinación: basta leer la palabra y ya tenemos nuestra atención dirigida y cautivada (y manipulada, seguramente). Hay una mórbida sugestión por los secretos (sobre todo los de los demás) y una ambivalente sensación, entre el rechazo y el temor, por los nuestros (junto a un difícil de explicar deseo por compartirlo como forma de lograr la valoración del otro). Freud lo convirtió en el buque insignia del psicoanálisis y Magris  ha sacado el concepto a la plaza pública virtual del siglo XXI como lo que es: una bomba con la mecha encendida en una Red de redes que parece alimentarse con ellos y que han provocado, provocan y provocarán dramas y tragedias que encantarían a Shakespeare o a Platón, pero que aterrorizan a cualquier  hijo de vecino de este siglo tecnológico que se nos ha ido de las manos.

Desde los "fake news", a las mentiras o los niveles de conspiraciones con fines políticos o económicos o simplemente delictivos comunes, los rumores, la maledicencias van sembrando una sombría y ambivalente nube tóxica que halaga los instintos más bajos de la audiencia global, creando una subespecie pérfida y patológica que se alimenta a sí misma y a la que la mayoría contribuye a aumentar. La antigua exigencia profesional de la constatación y el contraste de las fuentes de la noticia ha pasado al olvido. El filósofo Francis Bacon en el siglo XVII, lo dijo con claridad de proverbio: "difama que algo queda", la chafardería contagiosa va haciendo de la verdad un animal exótico sembrando de víctimas su recorrido y su existencia corta pero ponzoñosa (corta en las noticias del día pero no en el archivo social de las reputaciones: que le pregunten al pobre Morgan  Freeman, un actor de lo más serio y probo de Hollywood, objeto de un fraude periodístico creado por una irresponsable que se cree periodista). Nunca en toda la historia humana ha habido tantos medios y posibilidades de desvelar secretos, inventar noticias y atacar o destruir reputaciones.

No hay una intención ensayística profunda en este conjunto de reflexiones en torno al secreto. Magris picotea  en la cuestión y va dejando elementos para que el lector reflexione por sí mismo. No se trata de una hermenéutica del secreto sino más bien una fenomenología apoyada en ejemplos y autores varios (Marías, Chesterton, Singer), dada su proximidad con la literatura y el cine o, como en el caso del secreto de confesión, el autor saca a colación la eficacia de algunos blindajes o custodias eficaces.

Una cita de Chesterton sirve a Magris para preguntarse sobre la necesidad de desvelar algún tipo de secretos, por su falta de importancia o, en el polo opuesto, por los efectos dañinos innecesarios que podrían suponer su revelación. Como en "La Gaviota" de Chejov, también se platea la problemática de los secretos entre las parejas y la absurda necesidad de revelarlos que suponen más daño que lo que el propio secreto ocultaba. Y se pregunta al respecto sin la transparencia total es conveniente o si hay pequeñas zonas propias en las que conviene mantener la opacidad. Y de ahí carga contra “…el sofisticado crecimiento tecnológico de los medios de comunicación (que) permite violaciones de la elemental vida privada cada vez más inquietantes, en una espiral de comunicación global que se convierte en expropiación de la persona, voyerismo disfrazado de ciencia, de investigación social, de denuncia política, de chismorreo pseudocultural”.

Y más adelante añade: "Cada vez es más difícil conciliar la defensa de la persona con las crecientes intromisiones abusivas y la exposición a la luz pública de toda intimidad, similar a la picota de otros tiempos, con la lucha por desenmascarar los secretos, es decir los engaños y los crímenes que envenenan más y más la sociedad, el Estado, la vida de la comunidad. Hay una intimidad que debería ser inviolable, más aún en la época del nudismo psicológico y del registro universal de masas".

FICHA

EL SECRETO Y NO.- Claudio Magris.- Trad. Pilar González. 50 págs. Cuadernos Anagrama.ISBN 9788433916129

Compartir este post
Repost0
22 diciembre 2018 6 22 /12 /diciembre /2018 09:58

La palabra estrés procede del latín "stringo", apretar, comprimir, estrechar, contraer, mermar, conmover el ánimo. Es la enfermedad de nuestro tiempo, como la neurosis fue la del siglo XX, según Freud. El estrés en una forma de neurosis en realidad. Es cuando el "tener" somete al individuo a todas sus exigencias para llevarle a la "felicidad". En realidad le lleva a la frustración, al desánimo y a arrastrar una cadena pesadísima (recuerden la del fantasma del señor Marley, en el Cuento de Navidad de Dickens) formada por la necesidad insaciable de dinero, propiedades, cosas, personas, poder. Ya que el tener. como es bien sabido, es aquello en lo que se pierde el ser. 

Los maestros del pensar greco-latinos, los filósofos que proponen "la vida buena" (tan alejada de la "buena vida") los venerables pensadores taoístas o zen, vienen a coincidir más o menos en una "fórmula" muy sugestiva, proponen una manera de ser, un estilo de vida, un comportamiento que suena a utópico e irrealizable en nuestra afanosa cultura de la técnica envolvente y el consumo histérico, el "otium"escaso y mal considerado y la filosofía convertida en pragmatismo atado a la cuenta de resultados. La sugerencia está recomendada para el sujeto estresado por una existencia configurada como fuente de problemas y necesidades insaciables. Haciendo uso del sincretismo entre los maestros citados, cito a un pensador chino del siglo III a.C. Lo resumía así:

"Debemos ser como un espejo/que acoge pero no retiene/refleja todo lo que pasa/y lo deja pasar sin apegarse./Ni rechaza ni guarda para sí;/todo aparece y desaparece/sin que él fije nada./Su facultad se ejerce indefinidamente/pero nunca sale dañado."

¿Difícil de entender? No tanto. Piense en alguno de sus más persistentes problemas. La "falta de tiempo", por ejemplo. La amistad o el amor. La familia o el sexo compulsivo. Hay donde elegir.

Compartir este post
Repost0
19 diciembre 2018 3 19 /12 /diciembre /2018 10:13

En un libro de entrevistas a Picasso publicado en Francia en 1998 se hablaba del arte, de su arte naturalmente, y de sus características como creador. En un momento dado, comentó: "Cada ser posee la misma  cantidad de energía. La persona promedio malgasta la que tiene de mil maneras. Yo canalizo mis fuerzas en una sola dirección: la pintura y por ella sacrifico el resto, a usted y a todos, incluso a mí". Aunque podamos objetar algunas cosas sobre ese comentario, lo cierto es que muestra un determinación absoluta que sin duda es el origen o la semilla de la dinámica, incansable, creatividad del genial malagueño. Picasso, comentaba Marie-Laure Bernadac, una de las entrevistadoras, podía trabajar tres o cuatro horas seguidas sin hacer ningún gesto suprefluo. A la pregunta de si eso no le producía cansancio o rigidez, respondió: "No. Cuando trabajo, dejo mi cuerpo en la puerta, como los musulmanes dejan el calzado antes de entrar en la mezquita. En ese estado el cuerpo existe de manera vegetativa...por ello, los pintores en general, vivimos tanto tiempo". Picasso confirmaba a su manera y seguramente sin tener mucha información sobre el taoísmo, lo que los maestros chinos, en concreto Zuangzi, llaman la "vía del no desgaste". Y pone como ejemplo al bailarín que hace su danza perfecta precisamente porque todos sus gestos se imponen a él con la exactitud fluyente de lo natural: el bailarín -o Picasso- se hace completamente permeable a su arte, sin que pueda discernir separación o escisión entre el cuerpo y el espíritu o la energía que lo domina con la lógica pura de su realización espontánea. Al olvidar las reglas, el procedimiento, el tiempo, el lugar o su circunstancia, el artista cumple en sí mismo su misión y crea la obra de arte. ¿Podríamos aspirar a vivir nuestra existencia cotidiana con un enfoque semejante? Es decir preservar nuestra vitalidad interior para aquello que consideremos esencial evitando "toda persecución de un objetivo y búsqueda de una finalidad", simplemente viviendo lo que acontece tal como ocurre y, como dirían los estoicos, aceptando que las cosas ocurran tal como ocurren, sin interferir y mucho menos oponernos.

Compartir este post
Repost0
14 diciembre 2018 5 14 /12 /diciembre /2018 09:22

La búsqueda de la excelencia en el propio comportamiento, en la acción, las ideas y la vida de la persona,  fue uno de los objetivos filosóficos de dos grandes escuelas de la Grecia antigua, los epicúreos y los estoicos. Dejaremos a un lado por esta vez todo lo que Platón y Aristóteles apuntaron y los budistas y los taoístas escribieron al respecto. En esta ocasión recurro a un clásico de los nuestros. A un aragonés universal que se llamó Baltasar Gracián y  engalanó con su prosa toda la primera mitad del siglo XVII (1601-1658). ¿Y el motivo que me  llevó a reflexionar sobre ello? La escasa calidad humana e intelectual de la mayoría de nuestros auto considerados "políticos" y la situación crítica a la que nos están empujando. Y, por favor, no se crean que hablo sólo de los españoles (que están en uno de los lugares más altos de corrupción e ineficacia del ranking europeo, y son datos al alcance de cualquier aficionado a las hemerotecas o simplemente a leer diarios o ver los informativos), en general me refiero a la clase política (con excepciones; pocas, pero existen) de este mundo globalizado que se ha olvidado de globalizar también la ética personal y política como una de las exigencias básicas de todo el que se dedique a gestionar la cosa pública.

 Escribía Gracián y debería ser pregunta de examen obligatoria para el alto funcionariado español: "Las cualidades personales deben superar las obligaciones del cargo y no al revés. Por elevado que sea el puesto hay que demostrar que la persona es superior". Bastaría citar al emperador Marco Aurelio que llegó al cargo, por razones familiares, pero se empeñó toda su vida en vivir conforme a las leyes de la excelencia ética, en sus funciones y en su comportamiento personal. "Gracián configuró sus ideales de héroe, político, discreto, agudo y prudente en el terreno de las ideas y en el de la acción...que aspiraban a la excelencia...en todos los órdenes del saber y del obrar", nos dice Aurora Egido. A pesar de "las tremendas dificultades que suponía el logro de la excelencia estética y moral en un mundo plagado de obstáculos y regido por necios". ¿Les suena a algo conocido aquél mundo del siglo XVII? ¿O más bien deberíamos clamar como en "El Rey Lear" de Shakespeare: "Es la epidemia de la época: una civilización de ciegos guiada por unos locos".

 

Compartir este post
Repost0
12 diciembre 2018 3 12 /12 /diciembre /2018 10:38

En sus "Meditaciones de El Quijote", Ortega, sólo diez páginas después de comenzar su prólogo dedicado al "Lector...", escribe la que muchos consideran la frase emblemática del discutido y admirado filósofo español (para comprender esta valoración lean ustedes el magnífico "Ortega, el maestro en el erial" de mi colega Gregorio Morán). "Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo". Y aclara "es decir, buscar el sentido de lo que nos rodea". Leyendo estos días a Jullien me he acordado de esta frase orteguiana que la mayoría de la gente convierte sólo en el yo y su circunstancia como señas de identidad. El filósofo francés desconfía del empeño en buscarle un sentido a la vida. La vida -el conjunto de las circunstancias- no tiene sentido en sí misma. Y tampoco es algo absurdo, un "sinsentido". Lo propio de la vida es que escapa a sí misma: Si nos apegamos a las circunstancias nos perdemos el vivir puro y simple. Zuang-zi, el maestro taoísta, lo dice "Quien mata la vida no muere, quien vive-vive, no vive". Y no se trata, como dice el evangelio de  San Juan de que "El que ama su vida la perderá/y el que aborrece su vida en este mundo/para vida eterna la guardará". No. Esa es la versión cristiana  y sirve sólo para quienes tienen fe en esa creencia religiosa. El sentido taoísta del vivir nos dice que el que se esfuerza pierde su fuerza  y aún más claro, "basta que uno no busque ser grande y admirado para que puedas llegar a lograr esa grandeza". Es la espontaneidad natural de las cosas que uno no debe intentar encauzar, sino "flotar" con ellas y dejarse llevar por su cauce. Por eso Zuang Zi, 23 siglos antes que Ortega y tres antes de Cristo, no enfocaba la vida como un ego enfrascado en salvarse a sí con su circunstancia o en desdeñar la vida "de aquí" para lograr la vida "de allá", sino decía: "no estudiad lo que es la vida (punto de vista del conocimiento), ni tampoco estudiar cómo vivir (punto de vista de la moral), sino aprender a desplegar y preservar la capacidad de vida de la que estáis pertrechados y llevarla a su plena forma". ¿Difícil de entender? Quizá sí, pero piensa en ello.

Compartir este post
Repost0
10 diciembre 2018 1 10 /12 /diciembre /2018 10:23

Publicada hace 13 años, "Nutrir la vida" que tiene el subtítulo de "Más allá de la felicidad", no ha perdido ni un ápice de su lucidez y de su oportunidad filosófica. Su autor, Francois Jullien, viejo conocido nuestro, es uno de los sinólogos más preparados y sagaces de la amplia nómina de universitarios franceses especializados en la ancestral cultura china.

De Jullien hemos visto su "Un sabio no tiene ideas" y su "Filosofía del vivir" y nos queda pendiente "Del Tiempo" y  "De la esencia o del desnudo". De las tres leídas, quizá la más esclarecedora para mí  y  para el estudioso de la filosofía oriental y sus ecos e influencias en la occidental, sea la que hoy recomendamos. En "Nutrir la vida. Más allá de la felicidad", Jullien  usa un estilo cuyo listón de esfuerzo preciso para leerlo con aplicación y eficacia es muy superior al que exige un Pierre Hadot,  aunque no tan complejo como el de Giorgio Colli, hablando de eruditos en filosofía clásica oriental y occidental (sin duda lo justifica la complejidad y esfuerzo que exigen  las traducciones del chino o del griego antiguo al francés o italiano y luego a nuestra lengua).

Por otra parte la singularidad de la percepción de la vida y el individuo, de la sabiduría enraizada en el pueblo chino a través de maestros legendarios como Lao Tsé o Zuang Zi, Confucio o el budismo chan (zen), dio frutos tempranos de gran vigor intelectual y energís espiritual, que Jullien desgrana a partir del concepto que el segundo de los maestros citados más arriba denominó "nutrir la vida". Sus comentarios enriquecen a cualquier lector que lea con paciencia y sin ideas preconcebidas, tal como quiere Zuang Zi, sin buscar eso llamado felicidad, sin pretender objetivo alguno, sin finalidad, sólo conectando con la calma y la serenidad del "qi" de la energía primordial de la que disponemos (y malgastamos los humanos) todos los seres vivos.

No es este lugar para analizar los diferentes puntos que glosa el erudito francés, desde las técnicas para nutrir el cuerpo y superar la dicotomía del alma en la operación, recordarnos que el apego a la vida se vuelve contra ella, cómo encontrar la fuente de la energía (que no nos pertenece) que circula por la linea vertical del cuerpo desde el vientre a la nuca, para nutrirla y reforzarnos con ella...Jullien, muy en sintonía, con nuestra época nos habla del estrés (palabra que procede del latín "stringere" que significa apretar, comprimir, ahogar) y de las técnicas de moda para reequilibrar a la persona afectada, la psicología profunda, el estoicismo, el zen, la meditación, la relajación, para al final recordarnos lo esencial que se esconde en el pensamiento de los maestros chinos taoístas (tan perseguidos y olvidados en la actual China): la posibilidad que tenemos todos de seguir un proceso no-filosófico, ni utilitarista o pragmático, pero profundamente sabio que se da de bofetadas con la manera occidental -trasplantada ya a oriente- de considerar la vida como un objetivo de progreso, consumo y distracción.

Sólo como muestra o "aperitivo", les recuerdo dos ejemplos activos de lo que nos falta para seguir la "vida buena" que Jullien explicita al final de su libro. El primero es el concepto de "flotar" o "Fluir" como estilo de vida ante los acontecimientos y vivencias que nos salen continuamente al paso. Y dos, tratar de ser como el hombre sabio sabe ser, como un espejo:

"Acoge pero no retiene/

refleja todo lo que pasa/

y lo deja pasar sin apegarse./

Ni rechaza ni guarda para sí/

todo aparece y desaparece/

sin que él fije nada./

Su facultad se ejerce indefinidamente/

sin nunca salir dañado."

Si esto no les parece una tontería banal y saben leer la sabiduría que destila, no se pierdan este libro. Si no es así, olvídense del tema.

FICHA

NUTRIR LA VIDA.-Más allá de la felicidad.- François Jullien.- Trad. Margarita Polo.- Ed. Katz.-239 págs.- ISBN 9788496859067

Compartir este post
Repost0
8 diciembre 2018 6 08 /12 /diciembre /2018 10:30

José J. de Olañeta, ese editor que publica libritos deliciosos, de pequeño tamaño pero gran interés, ha sacado la segunda edición del ensayo que Harry Oldmeadow dedicó a analizar las figuras convergentes de Mircea Eliade, el rumano especializado en historia de las religiones y de Carl G. Jung, el psicólogo suizo, seguidor díscolo y rebelde de Sigmund Freud, en el que la psicología profunda se unía a un profundo espiritualismo que estaba en la raiz de los esenciales desacuerdos con el genio del psicoanálisis.

El librito se subtitula "Reflexiones sobre el lugar del mito, la religión y la ciencia en su obra". Nos ilustra sobre la vida y la obra de Eliade y su encuentro con Jung a partir de las conferencias Eranos, congresos de estudiosos y pensadores sobre la  psicología, las religiones y la espiritualidad, organizadas por Jung. Eliade acudió desde 1950 hasta 1962. Las inquietudes intelectuales y espirituales de ambos hombres eran muy coincidentes, principalmente en el análisis de la naturaleza de las experiencias místicas. Durante esas conversaciones Eliade destaca no sólo la deriva mística de Jung, sino el rechazo y la crítica hacia el establishment científico que le desautoriza e ironiza sobre su obra y su práctica espiritualista. Esoterismo, alquimia, misticismo oriental, chamanismo, los sueños y las  patologías de la civilización moderna, son algunos de los temas en los que los dos pensadores solían converger o se respetaban mutuamente en sus divergencias (sobre todo en lo que concernía a la preeminencia de la cultura europea de Jung sobre cualquier otra, mientras que Eliade se habia decantado casi desde el principio por oriente). Para Jung el "primitivismo" de Eliade era una cuestión antropológica aceptable, en tanto el suizo cultivaba un sincretismo en el que la base sólida, la cultura básica que "admitía" o se "enriquecía" de las orientales era la cultura europea y su  "firme y racional" identidad histórica.

.El autor nos muestra la ruptura de Jung y Freud (que aseguraba no poder aceptar la "indeferencia de Jung hacia la lógica científica") y la casi total toma de partido por el lado de Freud de la comunidad científica (que no tardaría tampoco en colocar a Freud en un cesto diferente pero en el mismo container de los "misticos, ocultistas, simbolistas" donde anteriormente colocaran a Jung).

Una vez colocadas ambas figuras en el contexto histórico intelectual que les corresponde, el autor acaba su análisis con una mirada en perspectiva de la importancia de ambos hombres, a los que se coloca en una suerte de "humanismo con atavíos cuasireligiosos", para terminar haciendo una encendida defensa de su importancia: "El hecho de que no puedan estar --ambos-- a la altura de las pretensiones de sus admiradores más exagerados no es ninguna razón para rechazar o ignorar su obra, que posee una riqueza y una profundidad que raras veces encontramos entre los autodenominados sabios de nuestro tiempo". Y añade: "Deberiamos estar agradecidos a Jung y Eliade por rescatar sus disciplinas respectivas de las garras de los materialistas y sus cómplices, y por sus intentos de salvar el aparente abismo que existe entre la religión tradicional y la ciencia moderna".

MIRCEA ELIADE Y CARL G.JUNG.-Harry Oldmeadow. Trad. Esteve Serra.José J. de Olañeta, Editor.85 págs. 9788497167772

Compartir este post
Repost0
7 diciembre 2018 5 07 /12 /diciembre /2018 10:26

El novelista británico, Aldous Huxley, 1894-1963, injustamente medio olvidado en estos tiempos, publicó varias novelas más o menos utópicas o distópicas, como, entre otras, "Un mundo feliz", "Las puertas de la percepción", "Mono y esencia" y un año antes de morir, "La isla" donde creaba un mundo que era el reverso de su utópico y futurista "Mundo feliz" que lo era todo menos feliz. En esta novela postrera Huxley aboga por un optimismo filosófico influenciado por la sabiduría oriental y la que llamó "filosofía perenne". No entraremos en el análisis de la obra o de sus mensajes, sino sólo en una anécdota que estimo esclarecedora para nuestros días marcados por la inseguridad en casi todos los ámbitos de la vida humana. El periodista Will Farnaby, protagonista de la novela naufraga cerca de la ficticia isla de Pali en el Pacífico. Una isla de prohibido acceso donde se encuentra una comunidad de personas regidas por unas normas muy peculiares. Pero sólo quiero destacar para la reflexión del día de hoy, la, presencia ya en las primeras páginas de un   enorme pájaro negro "parecido a un grajo" que sobrevolaba y se posaba cerca del náufrago, maltrecho, tumbado en la hierba del bosque y modulaba perfectamente con un tono "alto, nasal y monocorde", una voz inhumana, dos mensajes: "¡Atención, atención!" y  "en una frase canturreada, do, sol, do: "¡Ahora y aquí, muchachos!", ¡Ahora y aquí, muchachos!". Una niña que aparece por allí, de unos diez años, le explica al náufrago el misterio de las frases que el pájaro no cesa de repetir, como otros muchos, por toda la isla: "Eso es lo que uno siempre olvida, ¿no es así? Quiero decir, uno olvida  prestar atención a lo que sucede. Y eso equivale a no estar ahora y aquí".

Prescindamos ahora de la novela y la moralina filosófico-oriental del autor. Atengámonos a las exhortaciones del pájaro: Atención y Ahora y Aquí. Sólo haga la prueba. Son dos amonestaciones claras y tajantes. Presta atención plena a lo que haces, ahora y aquí, descartando el murmullo de la mente, lo que te dice que vas a hacer a continuación después de leer esto, los resabios del ayer, los proyectos de mañana. Nada de eso existe. Mira a tu alrededor sin pensar en nada, sólo atento a lo que tienes en tu entorno, a tu cuerpo, sentado, respirando, míralo todo lentamente con atención absoluta, escucha los ruidos sin identificarlos, sólo escucha, siente tus manos, tu cuello tenso por la lectura, el movimiento de tu pecho al respirar, no nombres lo que ves, sólo mira como si fuera la primera vez que ves dónde y cómo estás, sin definir ni juzgar ni comparar, sordo a la memoria y olvidadizo de lo que fue y desinteresado de lo que será. Atento a la atención, estable y abierto a este aquí y ahora completamente vivo, dinámico, indiferente, sin historia ni emociones, sólo la sensación indescriptible de estar vivo. Si lo haces bien, te sorprenderás profundamente. Si no es así, reflexiona seriamente en ello. Te puede cambiar la vida.

Compartir este post
Repost0
3 diciembre 2018 1 03 /12 /diciembre /2018 09:08

Desde los Pitagóricos y Sócrates a los epicúreos, de Marco Aurelio a Epicteto, de Wittgenstein a Kant, desde Foucault a Onfrey, pasando por Ortega, María Zambrano o Emilio Lledó y haciendo una parada en Unamuno, Nietzsche, Sloterdijk, Pierre Hadot  o François Jullien, incluidos Kierkegaard o Schopenhauer, en algún momento de todas estas lecturas, tan diferentes entre sí, a veces francamente opuestas o contradictorias, hay una mención al sí mismo, a la perentoriedad ética y pragmática del "Nosce te Ipsum" ("Conócete a tí mismo") y como  complemento dinámico esencial, la premisa conductual de que uno debe esculpir el propio si-mismo: es una obligación moral, es la coherencia absoluta con el pensamiento más noble de la filosofía que todos ellos practican. En todos, raramente a la misma edad o periodo de la vida, casi con preferencia cuando uno navega ya por los mares menos tormentosos de la madurez y la vejez se insinúa con la merma del vigor y la presencia aguda y maliciosa del cansancio y el escepticismo, en todos hay huellas del desaliento de saberse lejanos de los modelos que alguna vez ansiaron personificar. Sin hablar de filósofos, extendiéndonos a personas corrientes, aquéllas con una cierta lucidez y honestidad, las que buscan o ansían una "metanoia", un cambio interior, un retorno a un sí mismo original, equilibrado y sabio, se dan los mismos síntomas de desaliento pues dudan poder esculpir esas características en el cansado yo. Un yo que siente continuamente el pesar de no haber obrado en su vida hacia  la "aristós", la excelencia,  esa virtud ejecutiva que solo aparece tras la acción correcta y desinteresada. Es la nostalgia del ser que no es deudo de sus pasiones o de sus carencias, del ser que sólo supieron implementar, llevar a cabo, y en contadas ocasiones, los más afortunados.

Viene esta reflexión ante la sorprendente cita de unos versos de Quevedo que encabezan un capítulo de "El surco del tiempo" de Emilio Lledó: "Reina en ti propio, tú que reinar quieres//pues provincia mayor que el mundo eres". El jocoso don Francisco sabía usar el estilete estoico con la pericia de un cirujano de almas. El dominio de sí no es un juego de celda monástica o de torre filosófica. Es un desafío cotidiano...pero desmesurado, pues nuestra mente tiene la complejidad y la "extensión" de un mundo. Y al tiempo, es un empeño de lo más noble que anida en el ser humano.

Compartir este post
Repost0
1 diciembre 2018 6 01 /12 /diciembre /2018 13:21

 No es una persona perteneciente a un género híbrido surgido de una leyenda náutica . No es un cruce mágico entre una sirena ("sireno" en este caso) y un profesor de Oxford, o un arquetipo procedente de un lío entre Neptuno y Minerva; no se le intuye ninguna psicopatología obsesiva: es un tipo que tiene el aspecto informal de la escuela punk londinense de los 70 y la curiosidad biológica poética y científica de un Darwin mezclado con Jonathan Swift y Daniel Defoe, Blake, Melville y Poe. Se llama Philip Hoare y está loco por el mar. Y su locura es contagiosa. Lo muestran sus tres libros, desde "Leviatán",  pasando por el "El mar interior" y ahora "El alma del mar". Y en conjunto me ha deslumbrado la trilogía. No por sus conocimientos científicos, ni sus  lecturas y citas literarias que rozan la erudición, sino por algo que como viejo psicólogo y  literato valoro mucho y no suelo  encontrar: una pasión tan profunda y fundamentada, tan activa y dinámica, que parece haber llenado la existencia de este hombre y darle un sentido esencial :  la conexión casi filogenética con el mar. 

Como ya escribí en mi reseña sobre "El mar interior", Philip Hoare pertenece a esa estirpe de escritores aventureros y eruditos que Inglaterra regala al mundo, desde T.E. Lawrence a Patrick Leigh Fermor, pasando por Lawrence Durrell o Robert Louis Stevenson. Tocado también por el "regalo de Pan" (la homosexualidad), característica que comparte con otros escritores y poetas ( y lo menciono sólo por el plus de sensibilidad y delicadeza personal que se suele reflejar en sus textos), desde Wilde a Lawrence de Arabia, T.S. Eliot, Forster, Foucault, Wilfred Owen, D.H.Lawrence  y algunos más de sus autores citados en su trilogía. Ya en "Leviatán", la primera de estas obras dedicadas al mar citaba en el prólogo la anécdota de su "casi" nacimiento bajo el agua (su mamá visitó un submarino de la Armada un día antes de dar a luz, aunque los dolores de parto le sobrevinieron mientras estaba "bajo la línea de flotación" del mar). Es una nota que repite en "El alma del mar" para enfatizar el hecho de que su "horror a las profundidades" y al agua, incluso de una bañera, ha sido convertido en una pasión tan absorbente que le hace bañarse cada día del año en el mar, con buen tiempo o en pleno invierno bajo cero.
Me parece verle reflejado en su referencia a Shelley, que murió ahogado al naufragar su barco "Ariel" (escritas por el amigo íntimo de éste, Trelawny): " Shelley nunca floreció lejos del agua. Cuando se vio obligado a vivir en una ciudad, cada mañana, empujado por el mismo instinto que guía a las aves acuáticas, huía hasta el lago, el río o la playa más cercana y no regresaba al hogar hasta bien entrada la noche " (pág. 239). o también en sus eruditas e intencionadas elucubraciones  sobre las "pistas evidentes " que Melville dejó en su última obra (tenía setenta años) sobre el "bello marinero",  "Billy Bud", que Britten convirtió en ópera años después y es un símbolo gay de una belleza poética y dramática incontestable. (págs  405 y sgtes.).

Tanto en su "Leviatán", en el que el amor a las ballenas florece en un texto asombroso y un recorrido fascinante por la obra de Melville  y de otros escritores (desde la mismísima Biblia y su Jonás hasta Conrad. Thoreau o Hawthorne)  como las dos obras que le siguen,  son un pretexto literario para entrar en las experiencias personales de Hoare, que aprendió a nadar a los 29 años en una piscina y veinte años después lo hace rodeado de ballenas en las Azores, mientras hoy con 60 años se mete en el mar cada día desde hace diez años para nadar aunque sea rodeado de medusas o en una playa devastada por un huracán (experiencia que describe en el primer capítulo de "El alma del mar" y relaciona con "La Tempestad" de Shakespeare).

Hay algo tiernamente trágico en este escritor delgado, juvenil, amable y sonriente que parece muy lejano de la edad que tiene y muestra a través de sus experiencias personales que cuajan en su trilogía, una inesperada y admirable fortaleza personal. Es un T.E. Lawrence del mar, un "rey sin corona" de las profundidades marinas, que desprecia el dolor físico y todo lo subordina a un ideal que tiene que ver con el respeto al mar y a sus criaturas. En la trilogía, "un artefacto literario sobre animales, ideas y todo lo que me gusta"  (así definió su "Mar interior")  nos habla de sí mismo como un ejemplo más de los personajes que el mundo del mar ha cambiado e inspirado. Hay algo onírico en este libro (ya anunciado por los dos anteriores) que se despliega como un gigantesco tapiz oriental lleno de referencias literarias de hondo calado, Keats,  Shelley, el inevitable y sugestivo Shakespeare (que se refiere al océano más de 200 veces en sus obras), T.S. Eliot, Auden, Stevenson, Elizabeth Barret Browning, Conrad, Huxley, Thoreau, Iris Murdoch ("El mar, el mar"), la Wharton, Silvia Plath o Jack London, todos flotando en un ambiente glauco surcado por medusas iridiscentes, ballenas, delfines, gaviotas y cormoranes, gigantescas olas como en los dibujos japoneses, marinos y pescadores ahogados en un flotar perpetuo entre restos de naufragios, el  cadáver del almirante Nelson en un barril de brandy y la vigorosa anciana Pat de Groot , con sus dibujos de pájaros- "ella  misma parece un pájaro, con su mata de pelo plateado, sus intensos ojos castaños y sus altos pómulos"- y marinas, donde el tiempo parece congelado en tonos pastel, veinte páginas apasionadas dedicadas a Stephen Tennant (el "más brillante de los jóvenes brillantes" aristócratas ingleses) al que  Hoare dedicó una biografía en 1990...un tapiz mágico de prosa brillante a veces hiperbólica y siempre imaginativa que arrastra al lector a menudo a preguntarse qué diablos está leyendo, para a continuación olvidar la pregunta y seguir embrujado por esa larga canción de cuna que habla de tormentas y tempestades que arrasan puertos, diques y playas  "como una bestia rugiente que exigía su alimento", mareas que al bajar se llevan la vida de la gente (como dicen en "David Copperfield"), los cormoranes de Cape Cod y Provincetown, el  Titanic y el bello fin  de Isidor e Ida, una pareja anciana, los abuelos de Pat, que decidió ahogarse junto a 800 almas en el desastre, por no separarse. También nos habla, como en sueños, del disco de Roger Payne (1970) "Songs oh the Humpback Whale", que recogía la música de las ballenas o del rodaje del "Moby Dick" de Huston y del simbolismo oceánico de Kubrick y su "2001". Y de la ferocidad nívea de Bass Rock, una diminuta isla habitada por miles de cormoranes y albatros en la costa escocesa Y de los "sekies" criaturas híbridas entre pez y hombre.

El entramado de referencias personales. literarias e históricas que están al dorso del tapiz y le dan sentido, va revelando detalles poco conocidos al lector, como la descripción de las tres levitas de marino que se conservan en un museo dedicado al almirante y a  su navío Victory en Porstmout. El texto circula como una corriente marina, una de esas gigantescas corrientes que atraviesan los océanos y los continentes, como la que aquí atraviesa tres libros que, en el fondo, son un solo libro, cuyo motivo central es el océano y sus criaturas. Esa corriente  está dirigida por una energía concreta, muy humana, algo narcisista, a veces histriónica, la del autor, que enfoca  su curiosa y ávida mirada hacia los variados aspectos de sus experiencias y lecturas sobre el tema central.  A veces la implicación entre ambas actividades es tan sutil que el lector puede desconcertarse, aunque la fuerza del texto le empuja inevitablemente más allá, página tras página, libro tras libro. Como cuando nos habla de su accidente con la bicicleta y su estancia en el hospital, "un lugar de transición: un estado suspendido entre máquinas que emiten pitidos y burocracia, en el que los cuerpos son más importantes que las personas" (incorregible narcisista, aporta fotos de una radiografía y de sus heridas junto a un ojo).

Capítulo aparte es el dedicado a la hambruna irlandesa (Hoare pertenece a una familia de origen irlandés que emigró para evitar esa tragedia nacional histórica minimizada por los ingleses) en la que el autor alcanza un brío narrativo dramático empeñado en imágenes biográficas de una gran plasticidad (como su interés por los vitrales de la iglesia -muy proustiano en el fondo- que narraban la pasión de Cristo y especialmente en la figura de un legionario romano dotado de unas "piernas morenas" que asomaban bajo su falda acorazada.)

La editora, Ático de los Libros, podría unir los tres volúmenes en uno de esos cofres de cartón de regalo para obras completas, como otros editores hicieron, por ejemplo, con el Cuarteto de Alejandría de Durrell o "El hombre sin atributos" de Musil o las novelas de Jeeves escritas por el inimitable Wodehouse . Un estuche dedicado al mar, quizá publicitado por una frase de Hoare en su último volumen: "La ubicuidad del mar...es en sí misma interplanetaria y nos conecta con las estrellas...es una nada llena de vida, hogar del 90 por ciento de la biomasa del planeta, que aporta el 60 por ciento del oxígeno que respiramos. Es nuestro sistema de soporte vital, nuestro gran útero. Siempre está rompiendo sus fronteras, dando y tomando constantemente. Es la encarnación de todas nuestras paradojas. Sin él no podríamos vivir, dentro de él moriríamos. Al mar no le importa". Y en otro lugar añade:  "El mar es también el lugar al que va a parar todo el mal que hacemos”.

En "El mar interior", también un libro inclasificable como sus dos hermanos,  donde oscila entre los géneros de la autobiografía, el libro de viajes y aventuras o el ensayo científico, Hoare nos muestra su amorosa erudición sobre ballenas, delfines, focas o todo tipo de pájaros, arrullados por los "gemidos del vagabundo mar" que siempre es el auténtico protagonista de sus libros. Hoare nos recuerda las teorías de Callum Roberts, Desmond Morris y Elaine Morgan que sostienen que somos "simios acuáticos" y que estando formados por un 50% de agua, "todos tenemos nuestro mar interior" y estamos más dotados para la natación y el buceo que para las carreras o el volar. Pero también deja espacio para una dura y dolorida crítica a la actuación depredadora humana respecto a especies que se han extinguido o están en peligro de ello.  Amenizados con dibujos y fotografías (muchas de ellas del propio autor como protagonista), los tres libros de Hoare  son un placer y un reto. No sólo nos informan y atrae nuestra curiosidad e interés, también nos alecciona y nos reclama amor y respeto a la naturaleza. 

El final de "El mar interior" podría cerrar el círculo entre los tres libros, cuando escribe: "Mi cuaderno de notas descansa en la mesita de noche de mi habitación. Allí está todo, invertido entre sus páginas: las postales y las hojas secas y los recibos que guardo, los pedazos de piel de ballena, los esbozos de plantas y animales desconocidos. En ausencia de todo lo demás, esto es mi hogar, mi vida entre espirales y tapas de cartón negro, el ancla que suelto en los mares por los que navego...Es hora de volver a casa "(pag 308).

FICHA

EL ALMA DEL MAR.- Philip Hoare. Traducción de Joan Eloi Roca. Ático de los Libros, 2018. 512 páginas. 22,50 euros

EL MAR INTERIOR.-Philip Hoare.-Traducción Joan Eloy Roca.-Ed. Ático de los Libros. 2013.-333 págs

LEVIATÁN.- Philip Hoare.- Trad. Joan Eloi Roca.-Ed. Ático de los libros, 2010.-510 págs.

Compartir este post
Repost0

Présentation

  • : El blog de diariodemimochila.over-blog.es
  • : Ventana abierta al mundo de la cultura en general, de los libros en particular, mas un poco de filosofía, otra pizca de psicología y psicoanálisis, unas notas de cine o teatro y, para desengrasar, rutas senderistas y subidas montañeras.
  • Contacto

Recherche

Liens