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27 octubre 2018 6 27 /10 /octubre /2018 12:22

Lo cultural, la cultura, es un activo comercial más en el universo mediático en el que mal vivimos. La tecnología la ha convertido en una sirvienta fiel (como lo fuera hace siglos la Filosofía  para la Teología). Por eso la casual lectura de un artículo de Ortega y Gasset (año 1929) me ha irritado un poco las meninges culturales que hace tiempo tengo  en continua e irritante frustración. Escribía Ortega (tan discutible como respetable único filósofo conocido en Europa, junto a Unamuno, en el erial hispano de entonces) hace algo más de noventa años : "Paralelamente a este olvido de lo cultural se ha mostrado un gran desdén hacia lo clásico: es muy frecuente entre nosotros la creencia de que a la palabra "clasicismo" no corresponde realidad alguna y que es apta, a lo sumo, para fáciles ampliaciones de una retórica extemporánea...sin embargo tras ese vocablo alienta místicamente la realidad más granada y plenaria, pues tengo a lo clásico, no sólo por el embrión de la cultura, sino por el sentido perenne de ella." Y añade "el progreso, sea el que fuere, en civilización (se refiere al progreso técnico), supondrá siempre al cabo ...un progreso en cultura con el que sopesar la solidez de tal "civilización".

¿No estamos olvidando algo tan lógico como la necesidad de equilibrar los excesos estresantes de una civilización mega tecnológica con la serenidad refrescante y llena de sentido de sus clásicos? 

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26 octubre 2018 5 26 /10 /octubre /2018 09:28
A pesar de su lamentable título en español (en una traducción por otra parte excelente de Isidoro Reguera) el ensayo del sólido filósofo alemán es una versión sugestiva aunque más compleja y difícil de descifrar en ocasiones que la del francés Pierre Hadot sobre "La filosofía como forma de vida" o la de François Jullien "Filosofía del vivir" y bastante alejada de esa otra obra maestra de la filosofía considerada como el "arte y ejercicio de la vida buena" que es el libro de Martha Nussbaum "La terapia del deseo: teoría y práctica en le ética helenística".
El libro es la transcripción, remodelada, de una conferencia en la universidad alemana de Tubinga  que Peter Sloterdijk pronunciada en 2009. El texto se publicará en 2011 (también es el año de esta traducción) al calor de la publicación de otra obra de este autor "Has de cambiar tu vida", cuyo texto servirá de motivo e inspiración para la ampliación de aquella conferencia y por tanto del presente libro.
El estilo de Sloterdijk es ampuloso y algo complicado, difícil para un no versado en filosofía, pero curiosamente claro y contundente cuando pone en su sitio a determinadas figuras de su época dorada de joven iconoclasta y provocador (aquí se despacha a gusto con el "vendido" Sartre, la siniestra desfachatez de Lukacs en su apoyo al genocidio ruso y otras figuras-iconos de una cultura del desafío y el extravío.
La "muerte aparente epistémica de los sabios" es presentada como una vía de conocimiento por nuestro autor, basándose en una "famosa sentencia de Sócrates", según la cual "de lo que se trata para el verdaderos amante de la sabiduría es de estar, ya en vida,  tan muerto como sea posible...pues sólo los muertos gozan del privilegio de contemplar cada a cara las verdades del más allá". Citas a la askesis (ascesis) griega, auténticos ejercicios espirituales, propugnados también por Nietzsche, autor alabado o Hanna Arendt,  autora poco menos que reducida a una teórica sin relevancia .
Sloterdijk, se inclina por una visión de la vida como activa y dinámica "destreza artística", equiparándose a los antiguos sistemas de "autotransformación ética", al estilo de la "epoché" o "suspensión de juicio" de Pirrón y sus escépticos con unas gotas de estoicismo y un grano de cinismo, para configurar una postura de   distanciamiento de lo cotidiano en un planteamiento filosófico que con Edmund Husserl y su concepto contemplativo del mundo, hasta Heidegger y su enfoque de la vida como ejercicio para la muerte, justificara una postura auténtica del pensador ante la existencia. Y así la "metanoia" de los antiguos estoicos y epicúreos se convierte en el pedante palabro marxista "antropotécnica".
No se puede dudar que Sloterdijk es un escritor erudito que trata de ser brillante  y se olvida la la elemental cortesía del buen filósofo: ser claro. Aunque, en ocasiones sus reflexiones logran conmocionar al lector y hacerle leer una y otra vez determinados párrafos. Nadie debe tener prisa para leer a Sloterdijk, ni siquiera en un libro como este que, no lo olvidemos, fue creado para ser escuchado. 
El tema esencial que anuda y desnuda el autor es una reflexión sobre el dualismo entre vida activa y vida contemplativa, cuestión que ha sido básica entre una mayoría amplia de filósofos de todos los tiempos, excepto en el pasado siglo y en lo que llevamos del actual. A pesar del obvio interés que la cuestión desierta en los lectores no profesionales de filosofía  y la creciente afición humanística por la filosofías orientales, tipo zen, taoísmo o budismo.
L a cuestión del observador independiente y puro (que ha interesado también a la física cuántica) y su ambición por una existencia auténtica (e inútil para la cultura tecnocrática actual), es la que responde al título y empeño del libro: una "muerte aparente" que esconde una vida dedicada a la reflexión. Tal como nos lo pinta Sloterdijk una utopía que desde Husserl a Nietzsche o  el existencialismo, desde Jaspers a Heidegger, todas las  escuelas psicologistas o critico-analíticas ha sido desdeñada por irrelevante en esta época.
A pesar de ello,  citamos: "Sigue existiendo en muchas partes un profundo avenimiento entre ascesis y cultura discursiva, por más que los arrebatos metafísicos de antes ya no se consideren dignos de crédito. Incluso hoy, a pesar de numerosos desarrollos problemáticos, la filosofía y las ciencias pueden cultivarse como noble ejercicio de la vida consciente, aunque, efectivamente, el angelismo ingenuo haya agotado ya su papel. Los fieles actores de la vida en las profesiones teóricas testimonian con su ejemplo diario que entre la muerte y la vulgaridad ha de haber todavía una tercera opción. ¿Y quién puede excluir que el ángel de la teoría no cruce de vez en cuando el espacio? ¿Quién podría permanecer fiel al oficio del pensar, si no hubiera momentos ocasionales que nos permiten adivinar de lejos qué sucedió con Sócrates cuando se quedó parado en el portal a la escucha de sus voces interiores?"
Apunto al lector las reflexiones contenidas en las págs. 64 y siguientes, cuando el autor habla de la última frase de Sócrates antes de morir,  pidiéndole a uno de sus discípulos que no olvide  "pagar el gallo que deben a Asclepio" : "con esa promesa de acción de gracias, el sabio moribundo da a entender que tenía que agradecer  a lo celeste la curación de la madre de todas las enfermedades, la enfermedad de la vida". Y añade: Platón...hace aparecer la nueva disciplina de la filosofía como un "ars moriendi" Esa leve negación del mundo y la vida  a favor de ciertos ideales metafísicos (que el cristianismo convertiría en doctrina) hace emerger, escribe Sloterdijk, "la era de la conciencia desgraciada", de l que aún no hemos salido. 
 
 
FICHA "Muerte aparente en el pensar. Sobre la filosofía y la ciencia como ejercicio", Peter Sloterdijk, Traducción: Isidoro Reguera. Ediciones Siruela, 132 páginas, ISBN: 9788498418279
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24 octubre 2018 3 24 /10 /octubre /2018 09:32

Dicen que Sócrates sugería, creo que con un poco de exceso retórico, que una vida sin reflexión era una vida echada a perder. Por eso cada día uno trata de cuestionarse ciertas dudas que la existencia cotidiana, las noticias, los comentarios de otros y los libros nos ponen sobre el tapete de lo inmediato. Hoy me he parado a pesar en ciertas insinuaciones que pone en página el xinólogo François Jullien:  desde que se puede prescindir de la ansiosa búsqueda de la  verdad (¿de cuál verdad?) si tenemos la suficiente congruencia entre lo que Es y lo que pensamos si es verdadero o falso. O, más adelante, percatarnos que no hay nada que decir de las cosas, que con las palabras no sólo dificultamos su natural proceso, sino que deformamos su esencia, las disfrazamos o las escondemos tras una cortina de conceptos. Y para redondear la trinidad de negaciones, verdad, palabra, en tercer lugar, dudar también de las ideas, no sólo porque nos distancian de la cosa en sí, de lo que es, sino que con ellas fijamos, codificamos y enturbiamos sus contenidos, volviéndolos conceptos parciales que dentro de la idea quedan constreñidos a desenvolverse en una sola dirección, hacia una sola posibilidad. Verdad, palabra e idea, para uno de esos maestros chinos escondidos tras nombres ancestrales, exigen un respeto total basado en la libertad de elegir lo más oportuno y adecuado para cada circunstancia. Y, ESO REQUIERE REFLEXIÓN, ¿NO ES CIERTO?

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20 octubre 2018 6 20 /10 /octubre /2018 08:59

Los filósofos taoístas nos hablan de la importancia de captar lo esencial en las cosas, las palabras, las actitudes, las personas, los libros. Aunque como decía Saint Exupery "lo esencial es invisible para los ojos", es gratificante tomarse el trabajo de buscarlo y después ofrecerlo, aunque uno se equivoque confundiendo a veces el rábano con las hojas, el entusiasmo pedagógico le vuelva hiperbólico o la impulse a consideraciones o reflexiones al menos discutibles. Pues bien, eso es lo que ocurre con Ramón Ayllón, un profesor de filosofía que también tiene un excelente gusto literario. En su libro “Tal vez soñar", tan hamletiano él, aborda la carga filosófica que existe en la gran literatura (que en el fondo es una redundancia, ya que ambas disciplinas tienen el mismo objeto de estudio. el ser humano, sus pensamientos y acciones, en estrecha hermandad también con la psicología: sólo difieren en el estilo y el objetivo: el conocimiento o el placer . En una introducción breve y pedagógica y 15 capítulos con una tema y obra literaria específica, Ayllón se acerca a interesantes cuestiones de rancia exigencia filosófica a través de grandes obras literarias.

Manejo la primera edición de este ameno libro (2009) y supongo -y deseo- que ya debe haber algunas más en el mercado. Es un excelente y entretenido manual introductorio a ciertos asuntos filosóficos usando la enganche sugestivo de autores, personajes y argumentos de obras que forman parte del legado literario de  la Humanidad, aunque ni son todas las que están ni están todas las que son. Pero eso forma parte de la libertad y el genio del autor y en eso no hay quien se deba inmiscuir.

Desde el ilustre Ulises, "hombre de mil ardides" que Homero destacó en la "Odisea" tras habrrle dado un importante papel secundario en la Iliada , pasando por el bueno de Alonso Quijano y su esquizofrenia esencialmente literaria, por el pragmático Robinsón (modelo del anglosajón colonialista y práctico) o la ternura del pequeño niño rubio de las estrellas, el ,horror de la vida malograda de Ana Frank, a los cerdos (nazis) de la granja en la que los animales se rebelan de una tiranía para caer en otra peor. Encarnar una reflexión sobre el mal en "El señor de las moscas" y otra sobre el bien en "El señor de los anillos", me parece malgastar dos cuestiones esenciales en filosofía (y en la vida, que es lo mismo) en dos obras complejas y de valor literario dispar (me resisto a aceptar la analogía de valor que Ayllón  establece entre la obra de Tolkien (a la que admiro profundamente) con la Odisea de Homero (que es uno de los pilares básicos de la cultura humana). Para ilustrar la filosofía de Nietzsche (tan manipulada en los 30 y 40 del pasado siglo por los psicópatas de la cruz gamada) Ayllón nos introduce en Dostoievski y su "Crimen y castigo" y en "El lobo de mar" de Jack London. Bueno. Aunque me gusta más la referencia al libro de Lipovetsky, "El crepúsculo del deber" como ejemplo de la desvinculación con la moral de nuestra época (quizá el tema tenga relación, pero yerra un poco en colocarlo en un libro cuyo objetivo operativo se vincula a las grandes obras literarias). Shakespeare entra en liza a través de Hamlet para referirse a la cuestión inevitable de la muerte y Dostoievsky vuelve al escenario para otra de las inevitables constantes humanas: la existencia de Dios. Sin cuestionarlo en absoluto, como crítico y lector, me ha sorprendido la inclusión del caso de Etty Hillesum como elemento de análisis de la amistad y el amor o la de Delibes como ejemplo de las bondades de la institución familiar.
Suscribo la opinión que leí en alguna parte sobre este libro : "Por eso, y por infinidad de pequeños detalles que salpican el texto en casi todas sus páginas, ésta es una obra para discutir con ella, para charlar y debatir, para corroborar ideas o para refutarlas, para discrepar o para mostrar la mayor de las conformidades. En suma, una obra para convertir algunos de los más grandes libros de la historia literaria en objeto de reflexión constante y fértil."

 Y en eso estamos totalmente de acuerdo. Esa es la  función y el valor de estas obras meta literarias  en las que no "se hace" literatura sino que se piensa y se filosofa sobre libros de tal manera que atraen al lector que no los conoce, a hacerlo desde un conocimiento previo que enriquece sin ninguna duda la propia lectura.

FICHA

TAL VEZ SOÑAR.- José Ramón Ayllón.-Ed. Ariel. ISBN 9788434488168

 

(*) Editorial Ariel, Barcelona, 2014, 3ªedición, 136 páginas

 

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17 octubre 2018 3 17 /10 /octubre /2018 09:21

Parece que fue Churchill quien aseveró que la democracia era el peor sistema político que existía, una vez descartados todos los demás. Y un antiguo demócrata ateniense de la época de  Pericles comentó con gracia: Un asno que reciba el suficiente numero de votos para ser el caballo de raza gobernante, nunca dejará de ser un asno aunque reciba el cetro del poder. Reflexiono tras haber leído en alguna parte unas declaraciones de una eminencia en biología (y en sentido común) Richard Dawkins que ante el resultado de la consulta sobre el Brexit aseguró que "nunca se le hubiera debido pedir a la mayoría de la opinión pública británica (él incluido) que votara sobre el tema en referéndum, porque muy pocos debían tener los conocimientos suficientes de economía y ciencia política". Así que la gente en general vota por lo que siente ( o los interesados les hacen sentir) más que por lo que saben (que los interesados manipulan, ocultan o simplemente mienten). Y si se trata de emociones y sentimientos, ni Einstein ni Hawkins serían mejores votantes que usted o yo. Y si además gestionamos problemas políticos con visceralidad, vamos aviados. Holmes lo dijo claramente (o no): si quieres conocer quiénes son los autores del crimen, busca a quiénes beneficia. Y no me refiero sólo al Brexit . ¿Hay solución? Larga y compleja. Aunque para comenzar se puede probar con hacer obligatorio bajo pena de ostracismo, algo simple y muy devaluado: honestidad pública y privada. Como ven, algo casi imposible.

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15 octubre 2018 1 15 /10 /octubre /2018 09:33

Dicen algunos  historiadores que un sentido básico de la  democracia moderna se basa en el principio planteado por Abraham Lincoln de que “puedes engañar a  toda la gente en algún momento y a algunas personas todo el tiempo, pero no puedes engañar a toda la gente todo el tiempo”. Si un gobierno  es corrupto y demagógico y no logra mejorar la vida de la gente, sino más bien pone en peligro los logros democráticos vigentes en ese momento, creía Lincoln, un número suficiente  de ciudadanos acabarán por darse cuenta y lucharán por cambiarlo. Tal vez en el siglo XIX  lo que sostenía el asesinado presidente de Estados Unidos  tenía cierto sentido. Pero traten de aplicar esa ingeniosa fórmula a los tiempos actuales. ¿Ustedes se imaginan lo que los omnipresentes medios de comunicación y manipulación pueden hacer para  impedir que los ciudadanos se percaten de cómo y por qué les están engañando? ¿han seguido de cerca la impostura global -quiero decir, desde los dos polos del problema- de cierto proceso político planteado como conflicto en nuestro país? Es un ejemplo flagrante  de lo que ahora se llama "posverdad" (neologismo que encubre la palabra "mentira"), un engendro pseudo filosófico que hace posible aquello de que "una mentira repetida el suficiente número de veces y por el suficiente número de personas acaba siendo una verdad". Y esto no es política-ficción o teoría conspirativa. Recuerden simplemente cómo en el nazismo, "la machacona repetición de un concepto brutal e inhumano produce bajo un régimen cercano al totalitarismo de la clase que sea, un consenso social aprobatorio, fanático y compulsivo". Y ahora sumen, dos partes "convencidas" de que "el otro" es un enemigo despreciable, más otras dos, formadas por la manipulación y los intereses inconfesables de cada uno, dan un cuatro imposible de cuadrar. ¿O NO?

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13 octubre 2018 6 13 /10 /octubre /2018 09:20

Nietzsche acabó con las certezas cartesianas del cogito y los ideales de la Ilustración, convenientemente ayudado por los otros dos maestros de la sospecha: Freud y Marx.  Pensamiento  y razón no sostenían ya la certeza del sujeto. La relación  entre el pensar y ese sujeto que ejerce la función se revelaba como una más de las ficciones de la mente. El in-dividuo (no divisible, uno) es una suma de sensaciones, ilusiones, memoria, inconsciente, sociedad,  una multiplicidad de presiones e influencias  mentales  que no permiten sostener la conciencia de sí con un fundamento empírico. No es posible un  saber verdadero  sobre el sí mismo, que se convierte en un variable constructo interpretativo. El filósofo francés Paul Ricoeur opone el sí mismo al yo operativo  o sujeto agente. Y el sujeto hablante al que se narra a sí mismo. Y añade  al sujeto moral que es responsable de los actos y sus consecuencias. Todo gravita en torno a la conciencia, esa  instancia ¿cerebral?, ¿trascendente? Que a estas alturas trae locos a filósofos  y científicos, como en el  pasado siglo fue la existencia del alma y desde  la infancia de la humanidad, la existencia de Dios. ¿No será todo esto la entelequia de un sujeto cuántico aletorio que emana de la multiplicidad fenoménica de un Todo que no podemos concebir y mucho menos comprender? 10,10.2018

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10 octubre 2018 3 10 /10 /octubre /2018 09:16

El "como si..." tiene una respetable antigüedad filosófica... casi se ha convertido en algo banal, una fórmula elusiva, acomodaticia, timorata, fraudulenta. La han utilizado algunos cerebros santificados, griegos ilustres, razonables ilustrados  o esperanzados renacentistas, modernos que entierran a Dios o ilustres orientales que transitan por senderos taoístas, zen o vedantas. Hasta humildes "don nadies" que sueñan, viven y callan, azotados por circunstancias políticas o económicas o sociales desaprensivas o tecnologías invasivas e inexcrutables que acaban dictando y manipulando sus necesidades más básicas y sus deseos más profundos. Y un dia como tantos, reposan bajo la tierra. Como todos. Los humanos descubrimos muy pronto el "como si...". Desde que aprendimos a pensar y a relacionarnos. Y vivimos como si viviéramos de verdad, o amamos como si supiéramos lo que es el amor y trabajamos como si el trabajo nos liberara y no fuera una condena en el polo opuesto de lo que nos gustaría hacer, y nos sentimos felices o desdichados como si la felicidad fuera un logro y no un ejercicio...Y, simplemente somos, como si conociéramos nuestra verdadera naturaleza. ¿Qué ocurriría si elimináramos el "como si" de nuestra existencia?  ¿Sin dioses ni gurús a los que recurrir, sin verdadero amor o amistad o lealtad, enfrentados al dilema de ser auténticos o no ser? Como diría un amigo muy querido, "mejor no hacerse demasiadas preguntas y, menos, tan profundas". Y es que, a lo mejor, habría que hacer algo al respecto...

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6 octubre 2018 6 06 /10 /octubre /2018 07:51

David Bohm, físico teórico de fama mundial, uno de los adalides del nuevo paradigma científico que nació de la física cuántica, argumentaba hace muchos años que si Hegel sostenía que el pensamiento era lo fundamental y que la naturaleza era la mente mostrándose a sí misma, mientras que Marx creía que la materia es lo esencial y la conciencia era la materia reflejándose a sí misma, a su entender ambos erraban ya que ni la materia ni la  mente son lo fundamental, sino que lo es algo desconocido que podríamos llamar base profunda o implicada. un orden inmanente que subyace a todo lo que existe. ¿Dios?, ¿el Uno de Parmérides? ¿el "elán vital" de Bergson? "¿la energía primordial del Vedanta? Lo trascendente se cuela desde la Filosofía y la Espiritualidad hasta el aséptico mundo de los laboratorios cuánticos. Sócrates se miraría el ombligo y con una sarcástica sonrisa preguntaría: "¿Conciencia, materia, naturaleza, orden implicado, inmanencia, quarks, ciencia cuántica? ¿Alguien podría contestarme a la simple cuestión de qué debemos hacer para que el hombre deje de ser la criatura más desdichada, violenta, temerosa, destructiva e insatisfecha de la creación? ¿No estaremos poniendo el carro delante del caballo?" ¿Ha mejorado nuestro mundo tecnológico del siglo XXI es sus esenciales aspectos humanos? ¿No estaremos convirtiendo la tecnología como instrumento en una forma de dictadura sobre un mundo sin ética?  ¿Es Trump el arquetipo del orden implicado que va a liderar el nuevo mundo que ya llega?

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5 octubre 2018 5 05 /10 /octubre /2018 09:00

Si consideramos la eternidad no como una duración ilimitada de tiempo, sino como la atemporalidad, la persona que vive intensa y plenamente el instante presente, el ahora inmediato y único,  vive la eternidad. Eso dijo más o menos el inteligente y desdichado  Wittgenstein. Por tanto si lográramos percibir el presente como un simple proceso atemporal sin fin en sí mismo  (aunque lógicamente finito para nuestro organismo, cuyo término cuando se produzca, es solo un evento sin importancia en un proceso  que  sigue su curso con o sin nosotros) todo se relativiza, ves la eternidad  que subyace en el transcurrir incesante de la vida. Por tanto comprendes que el momento que vives no tiene precio: tiene un valor inmenso. Mejor que lo disfrutes, en el amplio sentido del término. Para ello empieza por preguntarte si lo que haces por ti y por las personas a las que amas es lo adecuado, correcto, óptimo, no de cara a una expectativa irreal de un futuro inexistente o siguiendo las órdenes subliminales de un pasado que tampoco existe. Piensa.

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