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14 junio 2019 5 14 /06 /junio /2019 09:30

Hacía tiempo que no disfrutaba tanto con un libro de historia de la filosofía como con "Tiempo de magos" del filósofo y periodista Wolfram Eilenberger que ha logrado la hazaña de escribir una especie de "Vidas Paralelas" no sobre emperadores o filósofos romanos y griegos, sino con grandes filósofos de nuestro ayer más cercano, la por él bautizada "gran década de la filosofía", de 1919 a 1929. Diez años prodigiosos en los que las vidas y los acontecimientos personales e intelectuales de cuatro pensadores de primera fila, Ludwig Wittgenstein, Walter Benjamin, Martin Heiddegger y Ernst Cassirer, marcaron de una forma indeleble, decisiva, la especulación filosófica, social y científica de todo el siglo XX y se extiende sobre el XXI.

La gracia del libro estriba en la habilidad con la que el autor va engarzando las vidas de estos cuatro hombres,con sus penurias, vacilaciones, contradicciones, logros e ideas, tejiendo un tapiz que tiene la virtud de mostrar de una forma sencilla y atractiva los entrecruzamientos de los cuatro. No sólo en el entorno geográfico y político social a los que pertenecen por vivir en la misma época y países cercanos entre sí, sino en la esencia conceptual de sus ideas, todas ellas  (quizá con la excepción del muy ortodoxo Cassirer), de tan difícil sustantación y definibilidad que resulta una hazaña intelectual hacerlas digeribles al lector. Como elementos hábiles de hacer amena la lectura, Eilenberger escoge anécdotas vitales -muchas de ellas bastante poco conocidas- que van perfilando las figuras de estos pensadores tan controvertido como Heiddegger,  tan contradictorio y desdichado como Benjamin, o el difícil trato con el autista genial y no menos desdichado, Wittgenstein.

Destaco la anécdota del examen de doctorado de Wittgenstein en la Universidad de Cambrige en 1929, ante un tribunal formado por los filósofos Bertrand Russell y G.E. Moore, entre otros. Un cuarentón Wittgenstein que sólo había publicado una obra (que nadie había entendido) y que trabajaba como maestro de escuela tras haber rechazado su herencia, una fortuna extraordinaria, se presenta ante el tribunal, se niega a dar demasiadas explicaciones de sus ideas y ante sus asombrados jueces se levanta, da unos golpecitos amistosos en los hombros a Russell y Moore y les espeta: "No se preocupen, sé que jamás lo entenderán". Evidentemente fue aprobado. No por la soberbia un poco cómoda y excesiva de la frase sino porque todos los examinadores de forma unánime sabían que estaban ante un genio irrefutable.

Los cuatro pensadores analizados en este libro son altamente creativos, impertinentes y revolucionarios. Forman una extraña conjunción mágica del pensamiento especulativo. Son centroeuropeos, tres alemanes y un austríaco y han vivido una época convulsa con la  República de Weimar, la I Guerra Mundial, la llegada del nazismo y la II Guerra mundial. Nuestro autor va intercalando las cuatro historias separadas en capítulos donde de forma simpática e ilustrativa nos define las posturas y actividades de sus biografiados. Por ejemplo empieza en 1919, el año en que "el doctor Benjamin huye de su padre, el subteniente Wittgenstein comete un suicidio económico, el profesor auxiliar Heidegger abandona la fe y monsieur Cassirer trabaja en el tranvía para inspirarse".

Los cuatro pensadores parecen buscar una respuesta adecuada y moderna a la pregunta de Kant, ¿Qué es el hombre"  y llegar en su análisis a muy distintas conclusiones. Y es aquí en lo que Eilenberger logra su mejor acierto: hacernos inteligibles las difíciles ideas y planteamientos del oscuro Heiddeger, del místico Wittgenstein o del brillante pero enigmático Benjamin y, por supuesto, del olvidado Cassirer que tuvo la genialidad apenas reconocida de usar el lenguaje y los símbolos para dar su versión de lo que es la naturaleza humana.

Nos dice brillantemente Eilenberg: "Era previsible que la vieja pregunta de Kant acerca del hombre condujera, según se asumiera la respuesta de Cassirer o la de Heidegger, a dos ideales completamente opuestos de evolución cultural y política, tomar partido por una humanidad con iguales derechos formada por todos los seres que utilizan los signos [Cassirer] se oponía al coraje elitista de ser auténtico [Heidegger]; la esperanza de una domesticación civilizadora de las profundas angustias del hombre se enfrentaba a la exigencia de exponerse radicalmente a ellas; el compromiso con el pluralismo y la diversidad de las formas culturales contradecía el presentimiento de una inevitable pérdida de la individualidad en esa sobreabundancia; la continuidad moderadora se oponía a una voluntad de ruptura total y de nuevo comienzo".

Desde el  Tractatus logico-philosophicus, de Wittgenstein, a La filosofía de las formas simbólicas, de Cassirer, o el "Ser y tiempo" de Heidegger, o las ideas dinámicas aunque caóticas de Benjamin, son convertidas por nuestro autor en las raíces nutricias de la filosofía del siglo XX. Y lo explica en una entrevista: “Los cuatro son los padres fundadores de las escuelas que aún dominan la discusión: Heidegger, del existencialismo, la hermenéutica y la deconstrucción; Benjamin, de la teoría crítica y la Escuela de Fráncfort. Wittgenstein, de la filosofía analítica. Y creo que los estudios culturales no serían lo mismo sin Cassirer”.

Es este un libro apasionante no sólo para los estudiantes y lectores de filosofía, sino para cualquier lector que sienta curiosidad por la historia de las ideas  que han modificado y condicionado el siglo en el que vivimos.

FICHA

TIEMPO DE MAGOS.- Wolfram Eilenberger- Tra. Joaquín Chamorro.- Ed. Taurus.- 383 págs.- 22,90 EUROS.- ISBN 9788430622085

 

 

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3 junio 2019 1 03 /06 /junio /2019 11:29

El sutil e irónico I. Berlin, ese pensador nacido en Letonia con el siglo XX y fallecido en Inglaterra en 1997 con 92 años de edad, se sirvió de una fábula  de Arquíloco, un poeta griego del siglo VII aC, en el que decía "muchas cosas sabe el zorro, pero el erizo sabe una sola y grande" para diferenciar a lo que calificaba de dos tipos de personas,  dos estereotipos más bien, entre los que apuntaba a filósofos, políticos, artistas o ciudadanos comunes y corrientes y los diferenciaba.¿Cuál era la característica que los diferenciaba? Los "erizos" sostienen una visión central y sistematizada de la vida. Creen en un principio ordenador y centrípeto que da sentido a la existencia. Es el caso de Dante o de Platón, de Nietzsche o de Proust, Marx o Freud. Su manera de pensar y actuar se vertebra sólidamente en torno a unas ideas capitales y coherentes, aunque cerradas y que se contentan consigo mismas, fiel y norma del acontecer.

Los "zorros" tienen una visión centrífuga de una realidad que por definición es dispersa y múltiple. El concepto de la existencia y la realidad no obedece a ninguna norma estable o coherencia estructurada, sino que respetan su diversidad dinámica. Los hechos pueden tener particularmente una coherencia, pero la totalidad, el Todo,  admite la contradicción y vive de ella, dispersándose en la multiplicidad y en un caos aparente, que es la forma como llamamos a un orden que no entendemos. Berlin ve a los zorros personificados en tipos como Aristóteles, Shakespeare. Goethe, Joyce o Balzac.

¿El cristianismo es al erizo lo que el taoísmo o el budismo es al zorro? Apuntando un poco más bajo, Berlin sugiere: "en todo erizo hay un fanático potencial; en todos los zorros hay un escéptico permanente".¿Séneca es un erizo? Su célebre frase: "Ducunt volentem fata, nolentem trahunt", (Los hados conducen a quien acata sus decisiones, a quien se resiste le arrastran), fue adoptada como lema por el filósofo e historiador alemán Oswald Spengler, autor de "La decadencia de occidente", publicado meses antes del Armisticio de la I Guerra, cuyo pesimismo cultural fue confirmado dramáticamente por la II Guerra Mundial y parece estar muy activo en nuestro siglo. ¿Vivimos en el siglo de los erizos? ¿Trump es un erizo? ALBERTO DÍAZ RUEDA

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1 junio 2019 6 01 /06 /junio /2019 07:48

 

La novela de frontera es un género originalmente concebido en Norteamérica y Canadá (aunque siguiendo la estela de Homero y su Ulises), como las novelas de carreteras y largos viajes en auto o las de pioneros avezados que se pierden por interminables llanuras o montañas agrestes en busca de fortuna, identidad o soledad absoluta Las tres novelas que hoy comentamos son de esa nacionalidad americana y paradigmas de esa pulsión de una raza relativamente joven que se lanzó a descubrir la vastedad de su mundo y a conquistarlo ya sea con el rifle o la biblia, el genocidio o el mestizaje, el capitalismo avanzado o el pragmatismo protestante más agudo. Sin embargo mi propuesta es más ambiciosa y menos localizada en el tópico USA. Hay muchos tipos de fronteras y tantos otros modos de enfocar el problema y la búsqueda. Me refiero a una frontera común, que tenemos marcada todos los seres humanos y tan sólo unos pocos se atreven a cruzar: la frontera interior. La que separa al Yo del Otro y la que nos defiende de lo Otro. Esa frontera también tiene sus libros paradigmáticos: "El viaje al fin de la noche" de Celine, "Bajo el volcán" de Lowry o "En busca del tiempo perdido" de Proust, por citar algunos de los más conocidos. Y es que los personajes y protagonistas de Dave Eggers, Sue Hubell o el mismísimo Washington Irving, Josie, la madre aventurera de Eggers, la propia Sue Hubell, modelo de "nature writing" o el testimonio valiente y desolador de Irving en la tierra de los guerreros  pawnis, no son muy diferentes a los de Celine, Lowry o Proust: sólo  cambia el escenario en el que se desenvuelven. Todos son seres fronterizos. 

En la novela de Dave Eggers, una "road-novel",  una madre de cuarenta años y sus dos hijos se suben a una auto caravana más bien destartalada a "buscarse la vida" por los grandes territorios salvajes de Alaska, donde el frío se mastica y el sobrevivir es una costosa obligación cotidiana. Josie, la protagonista de "Héroes de la frontera" es una mujer desencantada y harta de la mediocridad de una vida que no eligió y que no le da más que sinsabores. Y toma una decisión espartana: decide abandonarlo todo, coger a Paul y Ana, sus hijos, de ocho y cinco años y buscar en una tierra remota y salvaje el hilo que la conduzca a su satisfacción como persona.

No comentaré el cúmulo de circunstancias que le llevan a tomar esa decisión: forman parte del "aura mediocritas" de la existencia común y corriente en este siglo y en la sociedad de consumo en que vivimos la mayoría. Josie hace un balance de lo que tiene y comprende que tiene dos hijos magníficos y una vida por delante para reponerse de los trastazos recibidos y una oportunidad para mejorar su futuro, por muy lejana y difícil que parezca ser (y, sin duda, es, como se verá). Y, para terminar siempre habrá una copa de Chardonay para endulzar la espera o las frustraciones inevitables.

Las aventuras se suceden, unas agradables, las menos, y otras sumamente desafiantes y nos vamos dando cuenta de que Eggers conoce a los niños y su peculiar psicología, que siente una inmensa compasión por su protagonista y que es un escritor que ha hecho los deberes (es obvio que se ha pateado los lugares que la familia rodante de Josie va conociendo). Eggers tiene muy claro el otro lado del espejo heroico de los pioneros y hace pensar a Josie, durante el incansable y fatigoso tráfago diario de una madre joven y sola con dos niños pequeños:"Ser americano significa ser un vacío y un americano auténtico está vacío de verdad".

Novela  y personajes inolvidables. Una lectura enriquecedora, que acaba así: " Josie se descubrió sonriendo, consciente de que habían hecho lo que habían podido con lo que tenían, y de que habían encontrado alegría y un sentido a cada paso. Habían creado música histérica y se habían enfrentado a obstáculos formidables en este mundo y habían reido, y habían triunfado y habían sangrado, pero ahora estaban juntos, desnudos y calientes, y el fuego que tenían delante no se apagaría. Josie miró las caras ardientes de sus hijos y supo que estaban donde debían estar, que eran quienes debían ser". ¿Hay algo más americano y pionero que esto? Hemingway debe haber aplaudido al leer esto en el Paraiso de los plumíferos. Él , seguramente, lo hubiera escrito así mismo.

En cuanto a Sue Hubell, su historia es autobiográfica y complementa un libro anterior, "Un año en los bosques" (también editado por Errata Naturae) donde nos pone al corriente de un territorio mítico para los naturalistas norteamericanos, las montañas Ozarks, quizá un poco desnaturalizadas por las sucesivas invasiones de hippies, aventureros, profetas religiosos y buscadores espirituales. junto a ambiciosos gestores de los medios de comunicación y entretenimiento. Hubell nos cuenta en su libro las vivencias  y experiencias de su vida cotidiana en esa zona agreste, sus vecinos, las relaciones a veces disparatadas (¿quién quiere sentirse rodeado de ufólogos fanatizados por supuestos avistamientos?) que debe entablar para lograr equilibrar su forma de vida y contarnos también el por qué de su decisión de seguir allí y el precio que exige encontrar cierto placer profundo que el lector rastrea en las descripciones de Sue.

La protagonista,en solitario, tras el regreso "a la civilización" de su marido Paul, nos va contando --es una recopilación de artículos publicados en los setenta- la abrumadora  tarea que ha aceptado, entre labores campesinas de siembra y recolección, hasta los incontables panales en los  que las abejas van libando su miel: una tarea que apenas tiene algo que ver con su profesión, bibliotecaria -es bióloga de carrera pero no ejerció- y su vida anterior, una joven urbanita norteamericana, convertida en los sesenta en hippie de mediana edad que decide romper con la civilización industrial y el capitalismo avanzado para ejercer a tiempo completo de pionera en una tierra bastante salvaje donde uno tiene que ganarse a cada momento el derecho a sobrevivir y nada se te ofrece hecho. Compaginando las labores del campo con la escritura de artículos y libros, Sue Hubbell, es una persona interesante, valiente e inteligente y una escritora sugerente y sugestiva, deslumbrante de sencillez y generosidad, que nos permite comprender el lugar real que los humanos ocupamos en la naturaleza y la importancia esencial que esta Naturaleza, con mayúsculas, tiene para nuestra simple supervivencia y hasta qué punto imperdonable  estamos llegando en la explotación y destrucción de nuestro hábitat natural. Y con una sinceridad que resulta conmovedora, como cuando escribe: "la autosuficiencia campesina es un mito difundido por las revistas de moda". Y reconoce que "al ser humana tengo un tipo de mente que me permite reconocer que cuando manipulo y altero cualquier parte del círculo hay repercusiones en el conjunto" (como contaba en su primer libro). Como curiosidad, lean todo lo concerniente a la "guerra de la miel" que enfrentó a dos aislados Estados de la Unión a mediados del siglo XIX.

El libro de Washington Irving es más un reportaje naturalista y político que un libro de viajes o de aventuras en plena naturaleza entre caballos salvajes y bisontes por los valles que forman los caudalosos ríos norteamericanos Red, Arkansas y Canadian. Irving forma parte de una comisión oficial del Gobierno norteamericano a principios del siglo XIX para negociar con los indios por las tierras de caza de éstos, lugares en disputa entre las diferentes tribus (osages, creeks o pawnis). Se trata de un viaje a caballo, siguiendo las costumbres viajeras de los cazadores profesionales, durmiendo en el suelo sobre pieles de oso y viviendo de lña caza con algunos "lujos" como el café, harina o azúcar y sal. Irving no cuestiona la necesidad de la caza -el libro abunda en escenas de caza muy emocionales-  pero trata de racionalizar su uso y reclama un cuidado y un respeto por los animales salvajes que no eran de ese siglo pero si de su genio personal y filosófico-literario. Y cuando por fin se ve más o menos obligado a empuñar el rifle y abatir un bisonte "no podía dejar de sentir una gran tristeza por el pobre animal que se desangraba a mis pies".

Por otra parte, en el mensaje de Irving, hay un análisis de la  soledad atronadora y el silencio imposible de esos lugares ajenos a la presencia humana y otro , muy contradictorio, de la vida de los indios, la dureza e inseguridad de sus existencias, los aspectos más "crueles" (para un observador "civilizado") de una cultura de la supervivencia y la conexión animista con la  Naturaleza. Y así se contrapone el exuberante amor a la naturaleza que pisa con la tristeza y el pesar por la condición humana de los indios, tan compleja, sencilla e integrada con el territorio y la deplorable amenaza que para esa cultura de alto valor supone la intención gubernamental de dominarla y aniquilarla.

Un viaje de un mes por territorios inexplorados por el hombre blanco, da para mucho a la imaginación y dotes de observación de un escritor cosmopolita como Irving, cuyo amor por culturas distintas a la propia ya había quedado demostrada (por ejemplo por la española, Irving pasó una temporada viviendo en los palacios del Generalife en la Alhambra semiabandonada de principios del siglo XIX).

 

FICHAS

 HÉROES DE LA FRONTERA.-Dave Eggers.- Ed. Random House.- Trad. Cruz Rodriguez.- 357 págs. 22,90 euros. ISBN 9788439733041

DESDE ESTA COLINA.-Sue Hubbell.-Traducción de Carmen Torres y Laura Naranjo.-Errata Naturae.- 243 PÁGS.   ISBN: 9788416544769 

LA FRONTERA SALVAJE.-Washington Irving.-Trad. Manuel Peinado Lorca.- 302 págs. ED. Errata Naturae.-ISBN : 9788416544608    

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16 mayo 2019 4 16 /05 /mayo /2019 07:17

Henry Hardy es el nombre del magnífico editor y experto e Isaiah Berlin que durante los últimos años ha reunido y editado la extensa obra no publicada del excepcional intelectual y ensayista histórico y político, fallecido en 1997.  "El sentido de la realidad" fue el elemento básico de una conferencia pronunciada en 1953 en un colegio universitario norteamericano. Los siguientes ocho trabajos publicados en este libro pertenecen a conferencias y encargos repartido por revistas, actos presenciales o televisados en Europa, Asia, Canadá y los EE.UU.

Los grandes temas que Berlin, con su sorprendente erudición y lucidez van desde la revolución romántica como una de las crisis fundamentales del pensamiento moderno, el marxismo y el socialismo en el marco de la industrialización y el desarrollo científico y tecnológico que llega a nuestros días. Defiende la importancia de la educación y la cultura y su básica necesidad adyacente de libertad de expresión. Muy en sintonía con la actualidad también, Berlin reflexiona sobre la filosofía y su papel capital en el desarrollo político, pues como asegura en el texto correspondiente:  «La filosofía es el arma más segura y profiláctica, pues toda su historia es una advertencia contra la creencia de que hay preguntas permanentes y soluciones finales».

Lo más impresionante del alcance las reflexiones de Berlin es que sus apuntes sobre temas como el nacionalismo, el racismo o el fanatismo religioso no sólo se han revelado muy pertinentes sino que podrían  ser utilizados en editoriales periodísticas de plena actualidad, ya que sus conjeturas y reflexiones se han revelado absolutamente reales y significativas en el día de hoy. Así su mirada del nacionalismo y los fanatismos "religiosos", esos "patológicos y narcisistas" complejos sociales público que se basan en una creencia absurda e irracional en la superioridad ilimitada de determinados nacionalismos y credos sobre otras sociedades aledañas (y por consiguiente el derecho "sagrado" a luchar por todos los medios lícitos o no, pacíficos pero casi siempre violentos, por lograr los propios objetivos, generalmente proyecciones irreales de una superioridad inexistente).

El lector hará bien en detenerse, por ejemplo, en "El compromiso artístico, un legado ruso" , pero dados los problemas políticos actuales en nuestro país, yo aconsejaría un detenido análisis de los dos últimos trabajos del libro: "Kant como un origen desconocido del nacionalismo" y "Tagore y la conciencia de nacionalidad".

 El primero parte de una premisa que parece muy alejada del "saludable internacionalismo, racional, liberal" del gran maestro de Königsberg, ya que incluso en sus formas moderadas el nacionalismo "brota del sentimiento más que de la razón": "el lenguaje utilizado para describirlo suele ser romántico o, en casos extremos, violento, irracional, agresivo; y especialmente en nuestro propio siglo (el XX, en el nuestro se ha corregido y aumentado) propenso a desembocar en la opresión cruel y destructiva y finalmente, en masacres espantosas". Nada parece más alejado, pues, del racionalismo sereno de Kant. Este defiende" la autonomía de una nación o sociedad, fines en sí mismas en sus formas socializadas (ideas que Kant lanzó originariamente sólo como teoría ética) se mezclaron con las doctrinas explosivas de Herder y Rousseau y formaron una masa crítica que a su debido tiempo conduciría a explosiones terribles." Kant no hubiera imaginado jamás que esas ideas se desarrollarían de forma patológica en el siglo XX y XXI. Para Kant el nacionalismo era "la conciencia de independencia de una nación en un estado patológico de inflamación: el resultado de heridas producidas por alguine o algo en los sentimientos naturales de una sociedad o por barreras artificiales impuestas a su desarrollo normal".

En el  ensayo siguiente y último, aprovechando la figura del poeta hindú R. Tagore y su defensa razonable pero serena del nacionalismo en la India (que no complacía ni a hindúes ni a británicos),  Berlin hace una definición razonable de éste: "brota de un sentido ultrajado y herido de dignidad humana, del deseo de reconocimiento...una de las mayores fuerzas que impulsan la historia humana". Y añade "Puede adquirir formas espantosas, pero no es en sí mismo un sentimiento artificial o repulsivo"

 

FICHA

«El sentido de la realidad». Isaiah Berlin.-Ensayo. Taurus, 2017. 400 páginas. 19,86 euros. Trad. Pedro Cifuentes. ISBN 9788430618569

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13 mayo 2019 1 13 /05 /mayo /2019 15:43

 

Bertrand Russell es uno de los grandes maestros filosóficos del siglo XX. Sus aportaciones a las matemáticas, el positivismo lógico y la divulgación filosófica son la joya de la corona de una vida que en sí misma es un ejemplo filosófico y humanístico. Controvertido, provocador, humilde y arrogante, inteligente, sensible y pertinaz, defendió sus opiniones y posturas con una enorme honestidad a un precio, a veces elevado (estuvo dos veces en prisión por sus posiciones públicas de crítica política).

Desde su atípica y genial "Historia de la Filosofía" a sus "Retratos de memoria" o su legendaria "Autobiografía" y su influyente "Principia Mathematica",  Bertrand Russell, matemático, filósofo, personaje público controvertido, pacifista, hombre de ideas claras y de actitudes impertinentes frente al poder, es para mí el paradigma del intelectual comprometido del siglo XX.

Russell fue un aristócrata con tendencias socialistas e igualitarias, sensible (casi se desmaya cuando en su juventud un compañero de estudios le recitó de improviso unos versos de Blake), inteligente pero no dogmático (cambió varias veces de parecer sobre diversos temas y  lo reconoció paladinamente), activo admirador de las mujeres y a la vez defensor de sus derechos y se relacionó con  la flor y nata de la inteligencia británica de finales del XIX y principios del XX: desde Keynes a Lytton Strachey, de Wittgenstein a Moore o Crompton Davies o el grupo de Bloomsbury. Liberal, laborista, pacifista a ultranza, antihegeliano, admirador de la Revolución rusa y tras visitar Rusia enemigo radical del comunismo, pasó algunos meses en la cárcel a raíz de la I Guerra y en los años 60. Dicen que sus libros ya no se venden y que es un intelectual activista de un modelo periclitado, arcaico y obsoleto.

¡Por Dios que me espanta tanta estupidez! En estos tiempos en que los intelectuales tratan de criticar lo político desde la barrera, cuando no aceptan sinecuras de este o aquél partido; que los mismos políticos forman una "vasta colonia parasitaria" (en palabras de Antonio Machado: ha llovido desde entonces, pero sigue siendo actual) en la que no florece ninguna cabeza realmente amueblada humanísticamente hablando; un tiempo en que la política ha dejado de ser el aristotélico arte de lo posible, para pasar a ser el arte de lo que beneficia a unos por encima de los demás, a un determinado partido o a un supuesto líder. Volvamos a leer a Russell o, mejor, aprendamos de la honestidad, la entereza y el valor que mostró ese nonagenario Lord hasta el último día de su vida, defendiendo causas nobles y humanas, a veces equivocadas, pero siempre dando la cara y dispuesto a rectificar si le demostraban que estaba cometiendo un error. Y, por cierto, para los que le califican de obsoleto: parece ser que el lenguaje simbólico en las matemáticas de Russell y Whitehead, fue el germen de los sistemas linguísticos de los ordenadores y también de Internet.

"Retratos de memoria y otros ensayos", editado en 1956 y traducido en España en 1976, seis años después de la muerte de Russell, con 98 años, es una recopilación de artículos con contenido muy variado, aunque abundan los autobiográficos, ya sean sobre la evolución de sus pensamientos personales, como la  remembranza de los amigos de juventud y de diversas acciones emprendidas por el activísimo filósofo. Y así disfrutamos de ciertas confesiones sobre sus tempranas elecciones de estudios como las matemáticas y la filosofía, así como reflexiones agudas y sugestivas sobre temas como el camino a la felicidad, su rechazo vehemente al comunismo a pesar de haber saludado la revolución bolchevique como un acto de libertad o  su lucha perenne para evitar la destrucción de la humanidad en una guerra con misiles nucleares o el pacifismo que tantos problemas le supuso en la II Guerra Mundial y contra la de Corea o Vietnam.

Todo ello servido con una prosa elegante aunque combativa, mucha ironía y un encanto superior debido a la humildad, la clase y el desenfado con el que trata tanto a las  grandes personalidades de su tiempo,  como a los grandes temas. Como dijo Stefan Kanfer: "La filosofía se ocupa de dos clases de temas: las cuestiones resolubles que son triviales, y las importantes que no tienen solución.” En sus retratos hay personajes a los que enaltece (Shaw, Wells), uno al que admira (Conrad), otro que la despierta cariño (Whitehead), alguno al que desprecia sin perderle el respeto (D. H. Lawrence) y uno por el que muestra una sarcástica indiferencia (Santayana). Pero, eso sí, justifica sus sentimientos con honestidad y sencillez, aceptando la posibilidad de estar en un error.

Agudamente habla del talento literario y espeta: “Un estilo carece de calidad si no es la expresión íntima y casi involuntaria de la personalidad de un escritor y, aun entonces, sólo tiene calidad, si la personalidad del escritor vale la pena de ser expresada.”, frase que se le podría aplicar, sin dudarlo.

De verdad, léanlo. Refrescará sus neuronas.

FICHA

RETRATOS DE MEMORIA Y OTROS ENSAYOS.- Bertrand Russell.-Trad. Manuel Suárez.- Alianza Editorial, 1976.- ISBN 8420616206.

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10 mayo 2019 5 10 /05 /mayo /2019 07:41

Un libro sobre Ortega y Gasset siempre es bienvenido aunque, como en este caso, sea una especie de reactivo emocional y filosófico hacia y contra los que han analizado desde la dureza (aunque también desde la propia honestidad, se supone) la figura controvertida pero inapelable y señera del mayor pensador que tuvo el país en aquellos años sombríos de la República y la Guerra Civil. Sin embargo, y digámoslo ya al principio, el gran error, a mi parecer, de Agapito Maestre, es  el tono agresivo,suspicaz y sarcástico con el que defiende al gran maestro que, sin duda, fue Ortega y a sus discípulos. Ni Ortega dejó de filosofar  de forma creativa desde 1932, ni fue un "maestro en el erial", pues tuvo discípulos de bastante calado filosófico;  siempre teniendo en cuenta de que hablamos de un país, España, que  suele descuidar a sus filósofos y desprecia cuanto ignora, es decir a la filosofía desde el Instituto a la Universidad, como una opción profesional sin utilidad alguna excepto para enquistarse en la enseñanza, una sub especie funcionarial de poco provecho público.

Si partimos de esa triste realidad, mucho más grave en los tiempos de Ortega que ahora, una  época que desde los años ochenta tras la masificación universitaria en la que --todavía-- existe cierta displicencia conmiserativa hacia el joven que decide estudiar filosofía. El "y eso para qué sirve" se lo he oído pronunciar ante el hijo "descarriado" a padres que son a su vez universitarios, médicos, jueces o ingenieros. Pues bien esa es la circunstancia en la que vive este libro de Agapito Maestre. Y bien sabemos que si no salvamos la circunstancia no se salva el "yo". Por tanto dejemos en paz todo ese historial de agravios que el autor despliega en defensa de Ortega. Realmente Ortega no lo necesita. De alguna manera está por encima y el tiempo se encargará de dejarlo de manifiesto, si no lo está haciendo ya.

Toda la primera parte del libro es una ampliación de las treinta y pico de defensa orteguiana de la introducción. La segunda nos muestra las opciones éticas de un Ortega que usa el silencio como discurso contra el idealismo y la revolución y la tercera habla de la "Segunda Navegación" de la filosofía de Ortega que apunta alto y lejos sobre la circunstancia española, mostrando "desde dentro" de su filosofía el alcance de su legado a las nuevas generaciones: la idea de un Estado-Nación, "una España democrática de seres humanos libres e iguales ante la ley.... en el espacio supranacional de la Unión Europea", en palabras de Maestre

El lector de este libro podrá estar o no de acuerdo con Maestre, pero sin duda admirará la entrega y pasión con la que el autor va desgranando el universo orteguiano repartiendo bastonazos a derecha o a izquierda en defensa de la pureza del texto ( como la eliminación de la expresión "la modernidad nace de la cristiandad" en la nueva edición de las OC de Ortega (tomo VIII, pág. 698).

Maestre cita a José Gaos que habla del método de escritura de Ortega de "idear escribiendo o escribir ideando". Pues ese es precisamente el estilo conceptual que elige Maestre en su libro para analizar a su admirado biografiado. Como Ortega en las "Meditaciones de El Quijote" habla de  su trabajo que "no es filosofía, que es ciencia. Son simplemente unos ensayos. Y el ensayo es la ciencia, menos la prueba explícita". Maestre ha escrito un ensayo sobre el maestro Ortega, que no es filosofía, ni ciencia, pero si la prueba explícita del alcance y valor de este maestro. Y así cumple su cometido y el lector lo agradece pues llena sus páginas de  un hervor vital, una ansiedad admirativa, una "filosofía en vilo" que, aunque no estemos siempre de acuerdo con ello, nos atrae e interesa siempre.

He disfrutado este libro de Maestre como disfruté, al otro extremo del espectro el de Gregorio Morán, "El maestro en el erial", y opino que tanto el uno como el otro se complementan, pues nos muestran, a su pesar, la esencia contradictoria, sagaz, inteligente y humanísima, de un pensador que filosofó un paso por detrás de la genialidad y un paso por delante de la pedagogía, constituyendo en sí mismo la directriz básica de la filosofía: vivir cotidianamente como filósofo y persona de forma coherente con lo que se predica.

FICHA

ORTEGA Y GASSET, EL GRAN MAESTRO.-Agapito Maestre.- Ed. Almuzara.- 475 págs. -25 euros.- ISBN 9788417558178

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8 mayo 2019 3 08 /05 /mayo /2019 09:08

Steve Pinker es un conocido ensayista norteamericano que ha merecido el honor de encabezar con dos de sus libros las listas de más vendidos de los principales diarios del país y del extranjero y también del significativo detalle del magnate Bill Gates de regalar un ejemplar del último a todos los estudiantes de Nueva York que se graduaran en 2018, el año de su publicación. Se trata de "En defensa de la ilustración", donde Pinker hace un optimista esfuerzo por reformular los ideales de la Ilustración, razón, ciencia, humanidad y progreso (siglo XVIII) en el lenguaje y los conceptos del siglo XXI. Desde el "Atrévete a saber" kantiano que lleva a la humanidad "a abandonar su" auto culpable madurez", pasando por los logros del progreso en  materia de esperanza de vida, salud, sustento, igualdad en el reparto de la riqueza, medio ambiente, paz, seguridad urbana y personal, neutralización del terrorismo, derechos democráticos para todos, aumento del conocimiento y la tecnología, calidad de vida creciente y una tendencia a la búsqueda de la felicidad a pesar de la amenazas existenciales del propio progreso (que proliferan como los pececitos que acompañan a los tiburones para nutrirse con los despojos de la actividad alimentaria del escualo).

El poeta, político e historiador británico Thomas Macaulay escribió en 1830 "No podemos demostrar de manera incontestable que están en un error los que nos dicen que la sociedad ha llegado a un punto de inflexión, que ya hemos conocido nuestros mejores días. Pero eso es lo que decían antes de nosotros y con la misma razón aparente...¿En qué principios se basan quienes defienden que, cuando no vemos más que mejoras en el pasado, sólo podemos esperar que las cosas empeoren a partir de ahora".  Hagamos un voto de esperanza y leamos con optimismo los abundantes datos que nos ofrece Pinker. Pensamos: "Así que no hay para rasgarse las vestiduras, a pesar de lo que está cayendo". Apagamos el telediario y arrojamos el periódico a la papelera: una especie de "baño de purificación moral". Así nos damos todo un seráfico fin de semana.

El lunes uno sale a la calle y comienza a ser bombardeado por noticias y evidencias,  abre los ojos y ve algunas pruebas de que, en efecto, hay algunos cambios buenos en el mundo, comparados con los dos últimos siglos. Aplicar el principio ilustrado de que "el uso de la razón y la compasión fomenta el florecimiento humano" es irreprochable. Pero pronto nos damos cuenta de que es un poco utópico: basta con ver qué poco razonables y compasivos es, en todas partes, una activa minoría que tiene la voz cantante. Los demás, la mayoría, oscilan entre los papeles de víctima, de arrogante indiferencia, de pasotismo, de colaboración o de ignorancia culpable (mirar hacia otro lado) y, por supuesto, de receptores de una mala o manipulada información. Pero esto es, justamente, el punto de vista habitual en un comentarista del estado del mundo en que vive, a base de las informaciones a las que accede. Hay que leer a los que defienden que eso no es todo, que hay pruebas también de que aquellos nobles y honorables valores siguen funcionando. Pero la realidad es muy obstinada. Sólo queda una salida: volvamos a la "epoché" escéptica. Sigamos a Pirrón cuando nos sugiere que suspendamos todo juicio, que observemos con distanciamiento y una vez veamos claro, optemos por la actitud más justa.-ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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7 mayo 2019 2 07 /05 /mayo /2019 09:12

Bertrand Russell, el filósofo más marchoso del siglo XX, en sus "Retratos de memoria" habla de H.G. Wells, el "hombre con atributos" del pícaro y divertido David Lodge.  Nos habla de la sociedad de discusiones bautizadas como "Los Coeficientes" donde bastantes figuras intelectuales del momento alimentaban sus ganas de polémica inteligente. Russell no coincidí con la mayor parte de los asistentes, excepto con Wells, que compartían su rechazo al imperialismo británico y a la posibilidad de una guerra contra Alemania y de hecho de todas las guerras. Una relación más íntima y familiar se reveló como un fracaso a pesar de ser ambos partidarios del amor libre. Hace algunos  juicios severos sobre Wells, como "su valor reside más bien en la cantidad que en la calidad de lo que hace, aunque en algunas calidades roza la excelencia...y en que es un liberador del pensamiento y de la imaginación...aunque sea demasiado sensible a la opinión del público lector".

¿Coincide esto con la visión que nos ofrece David Lodge de Wells? En general, sí. Aunque nuestro autor incide especialmente en los aspectos amatorios y sexuales de Wells y en los encajes de bolillos éticos  y contradicciones personales que estuvo barajando durante toda su productiva vida, tan compleja y variada como su vida íntima. Murió a los 80 años y más o menos por esas fechas, un Wells ya envejecido y gruñón, Lodge nos introduce en su vida y a través de una hábil licencia literaria va recorriendo los pasadizos del pasado a través de una entrevista que se hace Wells a sí mismo en sus momentos de reflexión o de alelamiento, según quien los defina.  El autor de obras tan señeras como La guerra de los mundos, El hombre invisible o La máquina del tiempo, moriría el 13 de agosto de 1946 en Londres, respetado como autor de ficción futurista (entonces nadie la llamaba ciencia ficción) y novelas de muy sensible contenido social, sexual y moral, donde defendía posturas sociales y familiares que las dos guerras mundiales certificarían a su favor, aunque escandalizaron en su tiempo, como el amor libre y consensuado, en el que siempre se vio apoyado, en la teoría y en la práctica, por otro intelectual libidinoso, el citado Russell. En el aspecto político, Wells fue un izquierdista militante, formando parte de la Sociedad Fabiana, donde se preconizaba la aplicación de las ideas socialistas de una forma progresiva e incesante.

La figura que Lodge nos dibuja de Wells es ligeramente dramática, con un medido patetismo que no oculta la amargura del escritor por ver cómo se hacían realidad sus peores premoniciones sobre la barbarie de la guerra mundial y el desarrollo armamentístico de las grandes potencias. El escenario psicológico del personaje Wells es doblemente triste y lamentable, ya que Wells se siente olvidado y ha dejado de mantener sus más caras creencias: todo es fútil, cruel e innecesario. Y cuando Wells mira hacia dentro el balance tampoco es halagüeño: las mujeres han sido el norte y el sur de su vida, en la eterna búsqueda de su Alma-Sombra: Jane, Isabel von Arnim,  Amber Reeves, Rosamund, Rebecca West (H.G. es "un jaguar en la cama"), Moura y muchas otras…, todas fueron en su momento imprescindibles, tal vez la encarnación de su ideal, para luego deshacerse en el pasado como humo, a veces inspiradoras, a veces retorcidas, taimadas, astutas. De ahí el  juego ligeramente escabroso que Lodge hace del título: el hombre con atributos (una palabra polisémica que tiene una acepción claramente sexual:los atributos masculinos) que, inocentemente, pensé establecía una relación temática con la obra de Musil "El hombre sin atributos", una de las grandes obras del siglo XX y que se refiere a otro tipo de "atributos", ,la identidad, la libertad y la capacidad de dar un sentido a la propia vida.

A través de los calados en el complejo pasado íntimo, social y literario de Wells realizados por su "otro yo" es donde Lodge logra afinar su irónica pluma, permitiéndose reflexiones de una punzante inteligencia que alcanza detalles especialmente lúcidos en la forma en la que "su Wells" asume y justifica sus propias contradicciones en la relación entre sus supuestas creencias e ideologías y el aspecto de aplicación práctica, de coherencia, que son exigibles en un hombre de su talento.

Me he sentido más cómodo con la magnífica biografía novelada que Lodge escribió sobre Henry James, "¡El autor!¡el autor!", por cierto amigo de Wells y al mismo tiempo víctima paródiada en uno de sus libros. Cuando Wells se ponía sardónico podía ser muy cruel: definió a James "como un hipopótamo intentando recoger un guisante en un rincón de su estudio". Con Wells, Lodge no llega a ese tipo de burla imaginativa pero deja que los hechos biográficos hablen  por sí solos con un sentido algo sarcástico del realismo. El mismo Wells en su sesgada autobiografía definió la historia de sus relaciones sentimentales como "una historia de codicia, tonterías y grandes expectativas". 

 

 

FICHA

EL HOMBRE CON ATRIBUTOS.- David Lodge.- Trad. Mariano Peyrou.- Impedimenta.-593 págs. ISBN 9788417553029

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23 abril 2019 2 23 /04 /abril /2019 08:54

Steven Pinker, el optimista ideólogo de los tiempos futuros hace en este libro una encendida defensa de cómo la razón, la ciencia, el humanismo y el progreso, valores de la Ilustración de los siglos XVII y XVIII no han perdido vigencia y pueden tener un papel decisivo en los difíciles tiempos que nos toca vivir, con un panorama tecnológico en constante cambio y una inestabilidad financiera y política que en el pasado siglo motivaron dos guerra mundiales y multitud de sangrientas guerras localizadas.

Pinker  se basa en la idea de que  aunque la vida humana nunca será  perfecta, siempre podemos mejorar en algunos de sus aspectos y para ello qué mejor receta que aplicar los principios básicos de la Ilustración que en el siglo XVIII llevó a una parte de la Humanidad a "un baño de purificación moral" como escribió Alfred North Whitehead: la razón, la ciencia, el humanismo y el progreso.

Pinker trata de convencernos de que tal vez ha llegado el momento dorado (a pesar del pesimismo o realismo de Freedman, autor de "La guerra futura") para que la Humanidad despegue de los temores, engaños y esclavitud de la Caverna platónica en la que nos ha metido el siglo XX. Como argumentos nos va ofreciendo estadísticas, gráficos, pruebas documentales donde se demuestra el aumento de esperanza de vida en casi todos los países del mundo, un abultado descenso de mortalidad por enfermedad acompañado de signos científicos esperanzadores de curación de flagelos como el cáncer, el Sida o las ETS, un nivel educativo creciente y la globalización de las nuevas tecnologías en el campo de la información, el ocio y la formación. Tal vez Pinker tiene demasiado focalizado el mundo occidental y el norteamericano y canadiense en especial, pero ello no quita interés al esfuerzo del autor por  ofrecernos motivos de esperanza en estos tiempos difíciles.

El optimismo de Pinker apuesta por una mayor mentalización de las sociedades y sugiere que los problemas del mundo, con nuestros medios y tecnologías, tienen solución y que hay que ponerse a ello. Para callar a los "augures de malas noticias" Pinker nos va desgranando citas y estadísticas de mejora mundial en ámbitos de cultura, ciencia, movimientos ciudadanos humanistas y como ejemplo recomienda una página web de periodismo económico, Quarz, que ofrece una lista de links de "buenas noticias” del año 2017 (cosa que nos parece relativista y un poco banal).

Son muchos los comentaristas políticos y sociales, e inclusos económicos que abogan por "volver al espíritu de la Ilustración", abjurado de los de un cierto romanticismo individualista que, en realidad, ya lleva años caduco ante las nuevas tecnologías y los cambios que están provocando en el género humano, desde los norteamericanos a los hindúes, de los rusos a los coreanos y a los chinos, de los ingleses a los suecos, de los alemanes a los andorranos, dejando como muestrario de desastres naturales y bélicos, hambrunas y demás flagelos (vergonzantes en pleno siglo XXI) al continente africano en general (según la ONU más de la mitad del total de las personas extremadamente pobres viven en cinco países africanos: República Centroafricana, Burundi, Republica Democratica del Congo, Liberia y Níger), con pocas y también muy occidentalizadas excepciones. En realidad el mundo está reventando por las costuras, agobiado por la corrupción generalizada, los nacionalismos violentos, las religiones fanatizadas, una economía inestable y sujeta al principio del caos y una Naturaleza planetaria que comienza a dar síntomas de estar a punto de soltar el lastre humano que le impide desarrollarse en paz, usando todas sus armas, sequías, inundaciones, huracanes, volcanes, contaminación y un amplio abanico de enfermedades inducidas probablemente  por el estilo de vida, por el abuso de uso de la tecnología o por las simples estulticia, codicia y maldad humanas. Y no es un problema de recursos que todavía más de 800 millones de personas mueran de hambre, sino de mala distribución de la riqueza: la Tierra produce con las nuevas tecnologías comida suficiente para todos los habitantes del planeta y aún más.

Por eso la lectura de un libro  como el de Steven Pinker resulta ser una especie de "baño de purificación moral" que podría tener algún efecto relevante si uno, al salir del baño, se encontrara en la vida cotidiana con algunas pruebas contundentes de que el mundo está cambiando para bien. La intención de aplicar el principio ilustrado de que "el uso de la razón y la compasión fomenta el florecimiento humano" es bienintencionada pero utópica: basta con ver qué poco razonables y compasivos son, en todas partes, una activa minoría que tiene la voz cantante. Los demás, la mayoría, oscilan entre el papel de víctima, de arrogante indiferencia, de pasotismo, de colaboración o de ignorancia culpable (mirar hacia otro lado) y, por supuesta, de mala o manipulada información. Pero esto es. justamente, el punto de vista habitual en un comentarista del estado del mundo en que vive, a base de las informaciones a las que accede. Hay que leer a los que defienden que eso no es todo, que hay pruebas también de que aquéllos nobles y honorables valores siguen funcionando.

 Y así Pinker hace un honorable esfuerzo por reformular los ideales de la Ilustración en el lenguaje y los conceptos del siglo XXI. Desde el "Atrévete a saber" kantiano que lleva a la humanidad "a la salida de su autoculpable madurez", pasando por los logros del progreso en  materia de esperanza de vida, salud, sustento, igualdad en el reparto de la riqueza, medio ambienta, paz, seguridad urbano y personal, neutralización del terrorismo, igualdad de derechos democráticos para todos, aumento del conocimiento y la tecnología, calidad de vida creciente y un derecho a la búsqueda de la felicidad a pesar de la amenazas existenciales del propio progreso que proliferan como los pececitos que acompañan a los tiburones para nutrirse con los despojos de la actividad alimentaria del escualo.

 Pero en sus últimos capítulos Pinker insiste: el progreso no es una utopía y disponemos de un margen para continuar progresando en el respeto de los principios de la Ilustración. Presenta  más de sesenta gráficos estadísticos que reflejan que el mundo se está convirtiendo en un lugar mejor (quizá por eso Pinker reclama un uso correcto y fidedigno de los datos que se publican). Y nos repite la frase del poeta, político e historiador británico Thomas Macaulay en 1830 "No podemos demostrar de manera incontestable que están en un error los que nos dicen que la sociedad ha llegado a un punto de inflexión, que ya hemos conocido nuestros mejores días. Pero eso es lo que decían antes de nosotros y con la misma razón aparente...¿En qué principios se basan quienes defienden que, cuando no vemos más que mejoras en el pasado, sólo podemos esperar que las cosas empeoren a partir de ahora".  

A pesar de todas las sospechas de excesos de optimismo, uno recomienda la lectura de este libro obstinadamente realista a pesar de todo. Estructurado en tres partes: la primera mostrando cuáles eran las ideas de la Ilustración, la segunda demostrando estadísticamente que funcionan ya y la tercera afrontando los grandes enemigos que estas ideas siguen existiendo y operando en el mundo de hoy, los populistas, los fundamentalistas y ciertos "factores de la cultura intelectual dominante": los defensores del paradigma apocalíptico, autoritaristas, tribalistas y fanáticos del pensamiento mágico (persuasión masiva de tipo emocional y patriotero, las movilizaciones populares con eslóganes venenosos y los memes virales que son difundidos y aceptados acríticamente por mayorías desmotivadas y líderes políticos descerebrados pero persuasivos dispensadores de la "banalidad del mal". 

Por tanto, vale la pena dedicar un tiempo, largo, son más de 700 páginas, a leer y razonar lo que se nos cuenta en este libro interesante y estimulante.

FICHA

EN DEFENSA DE LA ILUSTRACIÓN.- Steven Pinker.- Trad. Pablo Hermida Lazcano.- Ed. Paidós.- 763 págs. 32 euros.- ISBN 9788449334627

 

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18 abril 2019 4 18 /04 /abril /2019 17:16

Ramón Riba, el autor de la novela que comento, es amigo mío, o mejor, amigo literario, es decir casi "hermano de pluma": porque a ambos nos corre por las venas parecida fiebre por la escritura, la creación literaria, los libros. Solo hay una pequeña diferencia entre nosotros: yo me he dedicado a las letras desde mi primera juventud y Ramón lo hace a la madurez, después de transitar toda la vida por el mundo de los negocios (con bastante brillantez y provecho, por cierto). Y eso tiene mérito. Hay una gran voluntad, ahínco, trabajo, humildad, obstinación y sacrificio en este primer fruto de la fantasía y el ardor documental de Ramón. En su dedicatoria del libro a la familia, Ramón cifra en ocho años el arco de realización de la novela (¡y anuncia de pasada que es la primera de una trilogía!). Y como añadido inesperado, Ramón hace constar a su esposa, María Teresa, como co-autora de libro, aunque no aparece en la portada.

La novela propiamente dicha empieza veintitantas páginas después del comienzo del libro, ya que Ramón nos regala una divertida crónica de los antecedentes personales y familiares que motivaron un viaje a Turin para ver la "Sábana Santa", un encuentro que inspiraría a los Riba, marido y mujer, a escribir  la novela. Después va intercalando capítulos de momentos de la gestación de la novela entre los propios de la ficción, con una serie de personajes reales, amigos, conocidos, colaboradores, que le van ayudando en su tarea creativa, incluso enjuiciando o sugiriendo lo que sería mejor para la novela.

En realidad, tratándose de una primera novela, con las ingenuidades de rigor en el tratamiento de los personajes, diálogos y acotaciones más o menos literarias, "Ágoras Hípalo" tiene un doble valor inicial nada desdeñable:  la original añadidura del "work in progress" en el seno de la novela y el notorio afán narrativo de Ramón Riba (que me recuerda a los narradores tradicionales de antiguas culturas, creadores orales de mundos plenos de aventuras y sucesos maravillosos y mágicos).  La historia, "de los tiempos de Jesús" (en torno a la Sábana Santa) y los insertos que van aderezándola, tienen cierto ritmo y buscan descaradamente interesar al lector, cosa que logra a menudo.
No desvelaré detalles de ningún tipo y dejaré al gusto del lector la valoración de esta novela que siendo primeriza no debe, a mi juicio, ser analizada con rigor por el crítico. Aplaudo las facilidades que el autor da al lector, al añadir una lista de personajes, una síntesis de los dos elementos argumentales que se entrecruzan en la parte histórica, la de cinco familias que viven en Jerusalén en la época de Jesús y tendrán un papel determinante en la acción; y la de la tela de lino que luego cubrirá el cuerpo del Crucificado. 

Por tanto, ánimo Ramón Riba y sigue adelante con tu sueño literario. 

FICHA

ÁGORAS HÍPALO.- 

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