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29 febrero 2020 6 29 /02 /febrero /2020 19:05

La decadencia del mundo clásico, aquella riqueza literaria, poética, teatral, científica y sobre todo filosófica tal como jamás han visto los siglos pasados ni tampoco lo verán los venideros -valorándola con los límites de rigor habida cuenta de la época en que fue concebida-- nos fue escamoteada, manipulada, pervertida o simplemente destruida por un cataclismo cultural, espiritual y filosófico que se disfrazó de religión hegemónica y se convirtió en un poder rival y a  menudo superior a los poderes reinantes. La fanática influencia de la "fe verdadera", un oxímoron absurdo, no hay fe verdadera ni falsa sino solo fe, ya que para serlo está implícita la creencia en la verdad de lo que crees : La llegada del cristianismo cambió la limitada tolerancia que había servido como argamasa de cohesión entre los pueblos de la Grecia clásica y la menos trascendente y original cultura romana, convirtiendo su mensaje de amor universal en una brutal y despiadada tiranía del pensamiento y la acción que preconizaba el exterminio total de todos los que no se sometieran a los dogmas de la "única fe verdadera". Se instauró un fanatismo del terror y fueron derribados altares y templos, destruidas obras insignes de arte, quemados millones de pergaminos y tablillas de extraordinarias obras filosóficas, literarias y científicas con el bárbaro afán de borrar incluso la memoria de aquellas maravillas producidas por la inteligencia y la sensibilidad humanas. O al menos eso es lo que nos cuentan dos de los autores que hemos leído, aunque no creo que estén muy lejos de la verdad, a tenor de lo que sabemos por la historia y la propia experiencia.

Decía Jonathan Swift -sí, el autor de los "Viajes de Gulliver"- que el ser humano era el bichito más letal que ha producido la Naturaleza. Pero es que también es reiterativo y brutalmente tenaz en sus errores: miren a su alrededor en este mundo del siglo XXI (ya no les digo en el XX, en el que se superó con creces la estúpida estulticia humana) y verán como seguimos como entonces, fieles al ciego fanatismo destructor por razones "religiosas". Los tres libros que les recomiendo abundan en una divertida, informada, sorprendente y eficaz crítica de los hechos y circunstancias que provocaron la pérdida y el redescubrimiento de nuestra esplendorosa cultura clásica. 

"La edad de la penumbra" de Catherine Nixey,(quizá el más periodístico y parcial de los tres), "El giro" de Stephen Greenblatt y "La ruta de conocimiento" de Violet Moller, son los tres volúmenes que, sentados en un buen sillón orejero, con una  copa al alcance de la mano y una buena pipa de aromático tabaco inglés (perdonen los puristas de la salud: una pipa al año no hace daño y una al mes tampoco es un traspiés) nos pueden proporcionar uno de esos grandes placeres peculiares que sólo emanan de la lectura y de la paz y el conocimiento que nos proporciona.

Empecemos por el mejor, a mi juicio, de los tres. "La ruta del conocimiento" de la profesora de Historia en Oxford,  Violet Moller, es una brillante y entretenida singladura por los mares del conocimiento, en concreto de determinadas ideas germinales del mundo clásico que desaparecieron por unos siglos de ocultismo cultural y volvieron a ser "descubiertas" tras un periodo de oscuridad y silencio. Un ejemplo de esa suerte de "redescubrimientos" se refleja en la historia que nos cuenta el gran Stephen Greenblatt con su obra sobre el descubrimiento  en el siglo XV del manuscrito de Lucrecio "De rerum natura", escrito en el siglo I dC. Pero el libro de Moller se decanta por el conocimiento científico para narrarnos -con la fuerza de una obra de ficción- los enrevesados y caprichosos caminos que tomaron las ideas de tres protocientóficos de la actualidad : Euclides, Galeno y Ptolomeo. Es un viaje de más de mil años en el que recorremos de la mano sagaz de Violet Moller los centros de conocimiento de épocas lejanas y los hombres y monarcas que hicieron posible que se preservara las grandes ideas de esos hombres legendarios.

Tiene un valor añadido este libro de Moller: la confirmación de la hermandad profunda entre culturas, el hecho sugestivo de la conexión entre la cultura islámica y la cristiana., como un alegato contra el afán de desdeñar a una para elevar la otra. Desde la Alejandría del siglo VI, al Bagdad del siglo IX, las hispanas Córdoba y Toledo y los grandes centros del Renacimiento italiano como Venecia o Palermo, queda de manifiesto la capilaridad cultural que no entiende de confesiones religiosas y que es una demostración palmaria de lo que podríamos poner como argamasa de unión entre los países: la cultura antes y por encima de la religión. ¿No les ponen los dientes largos este párrafo del libro: "Alejandría se hallaba situada en el centro de una gran red de ciudades, Atenas, Pérgamo, Rodas, Antioquía y Éfeso, Roma y Constantinopla. Los libros y los eruditos se movían libremente entre ellas, en el pujante mercado de las ideas"?

"El Giro" es un libro asombroso  de investigación sobre el descubrimiento de la obra filosófica de Lucrecio, "De rerum natura", (Sobre la naturaleza de las cosas) escrita en verso, no muy fácil de leer pero que en palabras de Greenblatt "muchas de las afirmaciones y argumentos que se hacen en la obra constituyen los cimientos sobre los que se ha construido la vida moderna".  Para los amantes del latín, leer los hexámetros en los que está escrita, seis versos sin rima, al estilo de Virgilio y Ovidio, a lo largo de siete mil cuatrocientos versos, es sin duda un placer que en las traducciones nos está vedado a los que no dominamos ese idioma básico de nuestra cultura (a pesar de buenos traductores, como Agustín García Calvo en español). "El poema, nos cuenta Greenblatt, "combina momentos de intensa hermosura lírica, meditaciones filosóficas sobre la  religión, el placer y la muerte y complejas teorías sobre el mundo físico, la evolución social humana, los peligros y alegrías del sexo y la naturaleza de la enfermedad" (algunos comentaristas cristiano difundieron que Lucrecio había enloquecido debido a un filtro amoroso).

Este libro mereció el Pullitzer de 2012 y un año antes el National Book Award. Resulta asombrosa la odisea del humanista italiano Poggio Bracciolini  que en 1417 descubrió en un remoto monasterio alemán un antiguo manuscrito del "De rerum natura", tal vez el único ejemplar que quedaba de la celosa persecución y destrucción de la obra en manos cristianas. Tal vez como compensación crítica de esa  malintencionada purga, la mitad del libro la dedica su autor a hablarnos de las licenciosa vida de la Curia romana y de algunos Papas, De la página 161 a la 175 el lector puede hacerse una idea de los principios básicos que defiende Lucrecio en su obra. Tanto las notas como la bibliografía empleada muestran claramente el rigor y la solidez documental de esta excelente obra.

En cuanto a "La edad de la penumbra" de Catherine Nixey, historiadora dedicada al periodismo de divulgación, es una obra que sintoniza perfectamente con las otras dos de una forma tan oportuna como crítica. Nixey pega un buen varapalo al cristianismo con cierto redentismo provocador  no exento de humor. Lo cierto es que el sarcasmo de la autora tiene un efecto dinamizante en el lector que, si ha  seguido mi propuesta de lectura consecutiva  (si ese lector existe, le agradecería que me enviara un email a través de este revista) apreciará las concomitancias de los tres libros y los tres estilos totalmente diferentes. Y, de entre los tres, éste se llevaría la palma en protestas de la Iglesia ante algunos comentarios e informaciones. Pero, prescindiendo de las críticas institucionales, las imágenes que nos brinda la autora de la forma de vida de los cristianos de los siglos anteriores al reconocimiento del cristianismo como "religión oficial" del Imperio, desmiente toda la iconografía tan cara a la religión romana por excelencia, cuyo poder llegaría a alcanzar nuestro siglo y tiene visos de seguir, aunque en cierta forma "tocada" por una forma de vivir absolutamente distinta a la de todos los pasados siglos de su "era".

 FICHAS

LA RUTA DEL CONOCIMIENTO.- Violet Moller.- Trad.  Teófilo de Lozoya y  Juan Rabasseda.- Ed. Taurus.-382 págs.-23,90 euros-

EL GIRO.- Stephen Greenblatt.-Trad. Lozoya y Rabasseda.- Ed. Crítica.- 318 págs. 19,90 euros.-

LA EDAD DE LA PENUMBRA.-Catherine Nixey. Trad. Ramón González Ferris.-318 págs. 22,90 euros.

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8 febrero 2020 6 08 /02 /febrero /2020 11:08

A punto de cumplir los 91 años, el profesor George Steiner, ha fallecido en su residencia de Cambridge el día 3 de febrero de este año 2020. Paradigma del intelectual europeo, ensayista, filósofo, crítico y teórico de la historia de la literatura, con una educación profunda en inglés, francés y alemán, ha escrito un gran número de libros, infinidad de artículos y fue un conferenciante ágil y lúcido. Siempre le he leído con interés y aprovechamiento. En homenaje a su memoria volveré a actualizar antiguos artículos míos sobre sus obras y añadiré mis últimas lecturas. 

Leer este libro, en realidad transcripción de un diálogo radiofónico mantenido por George Steiner con el periodista Antoine Spire en 1997 , es un placer pleno de sugerencias y revelaciones inteligentes. El nonagenario ensayista se mantiene tan vivaz hoy como en el momento de la entrevista y se expresa con una contundencia y claridad  de un joven. La charla repasa y valora los agónicos acontecimientos del atroz siglo XX: las dos guerras mundiales, los totalitarismos, los gulags, los campos de la muerte nazis. El análisis se hace bajo un denominador común, una cultura, la europea, que antes de 1914 ofrecía una visión optimista de progreso y paz gracias al optimismo de la razón que nos habían legado los grandes de la Ilustración desde los siglos precedentes. Pero los logros y sueños de los ilustrados no pudieron evitar la eclosión de la barbarie hasta unos límites jamás vividos por la humanidad.

Son once capítulos breves y de estilo coloquial donde Spire, uno de los mejores periodistas culturales de finales de siglo, no se corta un pelo en preguntar con incisivo descaro a un Steiner que da en todo momento la muestra de su talento, su portentosa cultura y su legendaria contundencia y a veces mal genio (hay un momento durante las entrevistas en que le espeta a Spire que le deje hablar o da por terminada la sesión). El primer capítulo "Premonición del padre" nos ofrece interesantes datos sobre los años de formación de Steiner, hijo de judíos, cuya familia huye a Francia y Estados Unidos para escapar de Hitler, lo que supuso para Steiner dominar tres lenguas con lo que favoreció una característica del pensador que siempre ha valorado: sentirse verdaderamente cosmopolita, en el auténtico sentido griego de la palabra: ciudadano del planeta.

En otros capítulos se debaten cuestiones como la presencia o muerte de Dios y las consecuencias filosóficas y literarias de esa ausencia. Excelentes las consideraciones de Steiner sobre Heiddeger ("el más grande de los pensadores y el más pequeño de los hombres") y Hanna Arendt (donde el joven entrevistador se muestra menos comprensivo que Steiner), sobre el  discutible Sartre; el "club del que no se dimite" (es decir el ser judío); su repudio a ciertas formas de "cultura" popular como el rap o el heavy metal y, en fin, a un cierto agostamiento de la imaginación humana y la narrativa (cosa rechazada con vehemencia por Spire), un pesimismo sobre la humanidad que Steiner objetiviza en la labor corrosiva del fundamentalismo.

El fenómeno de la cultura (donde Spire acusa a Steiner de elitismo y este se defiende haciendo un democrático homenaje a la indefinición del término "alta cultura" expresando que a nadie se le puede imponer el gusto por lo que como tal se considera (Platón,Mozart, Bach, Shakespeare  o Cervantes) y asegura: "¿Con qué derecho puede uno obligar a un ser humano a alzar el listón de sus gozos y sus gustos? Yo sostengo que ser profesor es arrogarse este derecho"

FICHA
George Steiner en diálogo con Antoine Spire, La barbarie de la ignorancia, Taller-y traducción de Mario Muchnik, Madrid 1999.

 

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29 enero 2020 3 29 /01 /enero /2020 19:21

En estos tiempos en que cualquier cafre sin pizca de sentido común, ante micrófonos y cámaras,  opina sobre lo “insoportable” de cualquier tema político (casi siempre nacionalista)  y amenaza con la guerra como “solución”, llevaría al sujeto ante un juez que le condenara por un delito de lesa estupidez inconsciente. Y como castigo y escarmiento le haría leer en jornadas de ocho horas la novela de Henri Barbusse que recibió el Premio Goncourt el año de gracia de 1916, en plena I Guerra Mundial, la conflagración que “debía poner fin a todas las guerras”: “Le Feu” (“El Fuego, diario de un pelotón de infantería”). El lugar de lectura sería una réplica de una trinchera de la cruel y devastadora guerra, fiel reproducción de las originales: como describe Barbusse, un lugar donde todo hedor, suciedad, peligro, horror, angustia, temor y desolación tienen su asiento, un lugar infernal con barro hasta las rodillas, bombardeos continuos, asaltos a la bayoneta, disparos de francotiradores, hambre, ratas, piojos, despojos humanos, histeria, estupidez de los mandos, corrupción de la elite militar, sin pertrechos, suministros, armamento y munición escasos y órdenes suicidas: todo el asco y la desesperación humanas en un  espacio  estrecho, excavado en el barro a 1,50 m de altura,  repleto de hombres desnutridos y salvajes, luchando por la supervivencia como locos debatiéndose entre el ruido y la furia.

He leído “El fuego” de Henri Barbusse con el corazón en un puño. Y por esas coincidencias que Jung llamaba “sincronicidades” he leído en mis repasos diarios de prensa a varios, sí varios, individuos situados en el poder en diversos países, que proferían referencias irresponsables y necias sobre la “posibilidad” de entrar en una de las guerras que en muchas partes del mundo actual hacen antesala de la idiotez humana. Por favor, ustedes, los que detentan el poder, los que pueden tomar medidas, hagan una criba de semejantes botarates y enciérrenlos unos días en un escenario bélico como el que les he comentado. Que comprueben en persona lo que preconizan.

El Fuego, una de las novelas antibelicistas más notables de la historia de la literatura, es fruto de la experiencia personal del poeta, novelista y soldado de infantería en la Gran Guerra, Henri Barbusse. Galardonada con el Premio Goncourt, la novela obtuvo un gran éxito en su época, convirtiendo a su autor en un personaje de gran popularidad. Redactada con una brutalidad desconcertante, narra las vicisitudes de un grupo de soldados que soportan una guerra que no desean y que nada tienen que ganar con ella. Tras El Fuego, la obra de Barbusse estuvo guiada por motivos políticos y sociales. Fundador del movimiento y la revista Clarté (Claridad), su nombre estuvo vinculado a los intelectuales que reclamaban el fin de las guerras en un mundo más justo: Anatole France, Léon Blum, Francis Carco, Romain Rolland, Jules Romains, etc.En 1923 se afilió al Partido Comunista francés. Bolchevique contumaz, murió en un hospital moscovita en agosto de 1935. Una enorme muchedumbre acudió a recibir y acompañar el cadáver hasta el cementerio parisino del Père Lachaise.

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22 enero 2020 3 22 /01 /enero /2020 19:17

Y para cerrar este trabajo nada mejor que "La biblioteca en llamas", el fascinante ensayo-reportaje periodístico de Susan Orlean que parece sintonizar con las referencias de los dos autores anteriores a la bibliotecas devoradas por el fuego, a los "autos de fe" inquisitoriales, a los nazis y sus bárbaras hogueras, a las obscenas y vandálicas destrucciones de bibliotecas y libros por los fanáticos religiosos de todos los tiempos. La autora (con una novela anterior en su haber que es una joya de sensibilidad y narrativa sugestiva y documentada: "El ladrón de orquídeas") aplica su delicada visión hacia lo humano en esta indagación que le llevó más de una década y que rescató del olvido un hecho que casi todo el mundo ha olvidado: el incendio de la Biblioteca Pública de Los Ángeles, el 29 de abril de 1986.

Es un libro que recoge el horror y la desolación de la biblioteca de Alejandría y de otras de la antigüedad o de las perpetradas en nuestros tiempos (Sarajevo, por ejemplo) nos habla de la destrucción en Los Ángeles de 400.000 libros convertidos en ceniza o de los daños irreparables de otros 700.000, durante siete horas de infierno. Fue un holocausto cultural premeditado que quedó eclipsado porque, coincidencias pavorosas, el mismo día se produjo el accidente nuclear de Chernobyl. El subtítulo del libro es de una claridad llamativa: "Historia de un millón de libros quemados y del hombre que encendió la cerilla".

Para ello Susan Orlean nos ofrece un libro ameba que se extiende, se fagocita, lanza sus pedúnculos hacia otros temas relacionados directa o indirectamente con el incendio, nos cuenta historias sobre la ciudad o sobre cuestiones científicas relacionadas con el fuego y el papel. Y como una Borges reencarnada, nos habla de su amor intenso hacia las bibliotecas:  “La biblioteca es una reserva de narraciones y también una reserva para toda la gente que viene aquí a buscarlas. Es donde podemos entrever la inmortalidad. En la biblioteca podemos vivir para siempre” Y "Todas las cosas que van mal en el mundo parecen verse derrotadas por la sencilla promesa innombrada de las bibliotecas".

Pero el lector va a ser prácticamente "secuestrado" por el interés de la lectura gracias a la habilidad de Susan para entresacar temas laterales que atraen tanto como el principal, la autoría del incendio. Y así gozará con el ingenioso método para salvar los libros que quedaron empapados por el agua: estuvieron dos años congelados, con lo que se evitó que el moho y la descomposición provocada por el agua destruyera totalmente los volúmenes. Al terminar el plazo de congelación los libros  estaban listos "para ser descongelados, secados, fumigados, clasificados, limpiados y recuperados". Los ingenieros de la empresa aeroespacial McDonell se ofrecieron para intentar secar unos 20.000 libros en una cámara de simulación espacial y otras empresas los secaron por deshumidificación. Pero donde la historia de esta autora toma caracteres de gran novela es en su hábil y paciente tratamiento del laberinto legal que se armó en torno al principal sospechoso, Harry Peak, un mentiroso compulsivo que daba historia contradictorias de sus actos cada vez que declaraba. Fue imposible confirmar su autoría y Peak terminó demandando a la ciudad de Los Ángeles y sus bomberos por casi 20 millones de dólares por supuestos abusos de autoridad y daños a su imagen y Los Angeles demandó a Peak por casi treinta millones por los daños inferidos a la biblioteca, gastos de bomberos y agua utilizada. El dramático y sorprendente final del caso Peak lo dejo pendiente de la curiosidad del lector. No hay que hacer "spoiler" de un libro tan laborioso.

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18 enero 2020 6 18 /01 /enero /2020 19:11

El libro de Manguel es una suerte de coda cordial al de la Vallejo. Aunque hay páginas que resuenan con lo leído en "El junco", principalmente la parte II y la III, cuando disecciona con habilidad y humor los componentes de las páginas del libro o la materia que lo compone a través de los siglos (interesante la reflexión sobre el humilde punto) o los avatares de autores, las falsificaciones (en especial la del poema "Instantes" que fue atribuido falazmente a Borges y se vende impreso en las camisetas de medio mundo de habla castellana, pág 145). Es un conjunto algo caótico de artículos publicados en revistas que, como suele suceder en estos casos, cojea un poco en coherencia e interés. Manguel usa a algunos clásicos,  Lewis Carroll y Alicia, Pinocho o Crusoe, para ilustrar sus capítulos (deliciosos los dibujos tradicionales de John Teniel dibujando a Alicia y sus personajes) y hace algunas consideraciones de aguda intuición política como : "Para llegar más lejos y más profundo, para tener el coraje de enfrentarnos a nuestros temores y dudas y secretos ocultos. Para cuestionar el funcionamiento de la sociedad respecto de nosotros mismos y del mundo, necesitamos aprender a leer de otra manera, de forma distinta, que nos permita aprender a pensar". (pag. 55). O esta otra cita tan oportuna: "en un mundo en el que el valor monetario es la medida de todas las cosas, las obras de arte que no ofrecen en sí mismas una gratificación financiera inmediata, que requieren procedimientos largos y difíciles, que no pueden ser definidas mediante etiquetas o bytes de sonido, y que no generan beneficios comerciales a través de complejos vericuetos estéticos, éticos o filosóficos, deben ser descartadas o, al menos, recibir muy poca atención... Bajo la evaluación común del valor económico, todos los otros valores se desdibujan o desaparecen. (págs. 26-27).El libro de Alberto Manguel, el crítico, novelista y ensayista argentino tiene una doble ventaja: es la obra de un erudito que sabe contar porque sabe leer y es un amante inveterado de los libros que suspira por las grande bibliotecas y tiene la sensibilidad suficiente para reconocer que "los libros que amamos se convierten en nuestra cartografía". Manguel  consigue en su "Nuevo elogio de la locura" que un grupo más bien incoherente de artículos se comporte con la expresiva y audaz alegría literaria de los personajes de "Alicia en el País de las Maravillas" y se ajuste a un hilo conductor invisible pero evidente que nos llevan desde lo que distingue a los lectores ideales de los que no lo son, el ana´lisis del libro como objeto mágico, desde la singularidad del punto a la historia de la impresión, desde la piedra a la arcilla, el cuero, la piel, la vitela, el pergamino o el papel. De ahí a el valor y el precio de los libros, las falsificaciones y un repaso adeterminados escritores desde Julio Verne y la biblioteca de 12.000 volúmenes del capitán Nemo, a Stevenson y Conan Doyle y sus vidas complementarias, la sabiduría de Yehuda Elberg, la obra "El viento en los sauces" de Grahame, los jardines de Cirus Connolly, para empezar una rápida pérdida de coherencia con el resto de la obra, concerniendo a los  capítulos dedicados a nuestro Cercas y sus "Soldados de Salamina",  Van Gogh,  Gaudí  y Cándido, donde se cierra el libro sin pena ni gloria.

Es el problema de los libros constituidos por artículos y pequeños ensayos separados en el tiempo y que el afán editorial (o del autor) reúne en una gavilla heterodoxa que va perdiendo fuerza (tal vez si pensamos en la metáfora del escritor y la edad en que escribió cada trabajo se podría seguir un sesgo de decadencia de vigor creativo. No obstante y a pesar de ese defecto de ritmo y cadencia que he percibido (y puedo estar errado) lo cierto es que las dos terceras partes del libro son fascinantes, entretenidas y sugestivas. La "breve aclaración"  que Manguel nos ofrece como introducción es brillante y nos aclara el porqué del titulo elegido, sobre el "Stutitiae Laus", subtítulo del libro que publicó Erasmo en 1509 dedicado a su amigo Thomas Moro con el título: "Moriae Encomiun" , que se puede traducir como "Elogio a Moro" tanto como "Elogio a la locura". Un poco después en el Prólogo, Manguel muestra sus cartas: está jugando con los naipes del Sobrerero Loco, de la Liebre de Marzo, del Gato y abre cada capítulo con los maravillosos dibujos de la edición inglesa del libro de Lewis Carroll. Y nos dice: "Hoy, a la mesa del Sombrerero Loco no se sientan las criaturas imaginarias con las que encontró Alicia, sino seres dolorosamente reales: los herederos de Cortés (que mandó fundir un tesoro increíble de joyas para hacer lingotes de oro) que reducen toda la creación a palos y piedras, los mercaderes para los que la única medida de valor es la de la ganancia financiera y la manera más segura de obtener mayores beneficios es la disminución del nivel intelectual del público, los que lo convierten todo en una mercancía vendible...los propagandistas de trilladas virtudes y creadores de falsas necesidades...los revolucionarios para quienes no puede haber purificación sin destrucción y los dirigentes políticos para quienes la riqueza y el poder son prueba de corrección y autoridad moral" (pág. 32).

Y también en la pág.55 : "Para llegar más lejos y más profundo, para tener el coraje de enfrentarnos a nuestros temores y dudas y secretos ocultos. Para cuestionar el funcionamiento de la sociedad respecto de nosotros mismos y del mundo, necesitamos aprender a leer de otra manera, de forma distinta, que nos permita aprender a pensar". Y tiene más razón que un santo cuando apostilla "Si aceptamos… la prioridad de los valores económicos, cambiamos nuestra relación con todas las actividades creativas. Si la ganancia financiera es el objetivo final, entonces lo que buscamos es cierta especie de perfección: la producción de artefactos que puedan convertirse fácilmente en dinero. Es decir, en un mundo en el que el valor monetario es la medida de todas las cosas, las obras de arte que no ofrecen en sí mismas una gratificación financiera inmediata, que requieren procedimientos largos y difíciles, que no pueden ser definidas mediante etiquetas o bytes de sonido, y que no generan beneficios comerciales a través de complejos vericuetos estéticos, éticos o filosóficos, deben ser descartadas o, al menos, recibir muy poca atención". Este libro fue publicado en 2006. Catorce años más tarde estas palabras resultan proféticas. No hemos mejorado.

 

FICHA

NUEVO ELOGIO DE LA LOCURA.- Alberto Manguel.-Ed. Lumen.-238 págs.

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16 enero 2020 4 16 /01 /enero /2020 19:23

Tiene Irene Vallejo dos virtudes capitales en lo que al libro que comento se refiere: se ha convertido en una Sherezade sin peligro de muerte, sino en función de la dinámica de la vida, el cambio y el testigo del cambio en el mundo de los libros. Ella que nos habla de comienzo oral de la narración -el ser humano está estructurado a través de las historias que le han contado- del germen  de los libros, el aliento de la palabra y el ritmo del narrador conectando con el del oyente. Por lo tanto nos habla con el encanto de un narrador oral popular, por ejemplo, de las desmesuras de los Ptolomeos y de la paradigmática biblioteca de Alejandría y como otra Hipatia se identifica con la magia primordial del amor al conocimiento, del que los libros son un medio y un fin. Esa virtud generadora es la que impulsa en un diálogo permanente a Irene con su lector. Nos lleva en cada capítulo a compartir el relato de su caminar y cuando lo acaba deja la semilla para obligarnos a seguir por los avatares del siguiente, mezclando nombres, historias, entrando de vez en cuando en persona en el escenario para cautivarnos mejor.

La segunda virtud es la amenidad documental, la curiosidad profunda hacia los orígenes de una pasión enriquecedora y absorbente por la lectura, como lo son las grandes pasiones. ¿Por qué leemos? ¿Dónde nace esa necesidad? ¿Por qué los libros son "el más asombroso de los inventos humanos", según Borges y según todos los buenos lectores que en el mundo han sido y son  (y serán, no les quepa duda alguna). Irene Vallejo ha logrado con su magnífico libro una hazaña singular: ha contado, con algunas reiteraciones, lo que otros muchos han escrito ya en sesudos o agradables ensayos, pero lo hace de una manera tan amena y tan coherente con la línea maestra de su libro que configura el amor a los libros y a la narración, que consigue atraer al más remiso de los lectores que podría bostezar o abandonar obras de mayor calado intelectual o erudito. Es la Ortega y Gasset de la metaliteratura, es decir una ingeniosa y entretenida vulgarizadora de la historia de la escritura y la lectura, como Ortega (demasiado injustamente) fue considerado respecto a la filosofía. La Vallejo nos cuenta de una forma atractiva e impecablemente escrita que quizá sembró en sí misma la idea de escribir el libro cuando hojeaba un pergamino de Petrarca: "Me impresionó la belleza y la regularidad de la escritora trazada por una mano experta. Vi los rastros del tiempo, esas páginas salpicadas de manchas amarillentas como las manos pecosas  de mi abuelo. Tal vez el impulso de escribir este ensayo nació entonces, al calor de aquel libro de Petrarca que susurraba como una suave hoguera". 

Irene logra hacernos partícipes de una conversación íntima con sus lecturas, sus opiniones , sus vivencias (como en la página 242 y siguientes cuando nos habla del acoso escolar que sufrió de una forma estoica)  o cuando (pág.183) se dirige directamente al lector para " sugerirle un alto en el camino a fin de hablar de otra historia". Las referencias continuas a otros autores (entrañable la de Helene Hanff y su "Charing Cross Road, 84"), citas textuales y guiños literarios convierten la lectura de este libro en un sugestivo paseo por la literatura y la historia de los libros y la escritura, la "peligrosa" profesión de  los libreros, la hábil transposición entre junco y canon (vara de medir y lista de libros sobresalientes de una época), sin olvidar los interrogantes que plantea la era digital. Pero siempre acaba con una defensa numantina:"Los libros tienen voz y hablan salvando épocas y vidas. Las librerías son esos territorios mágicos donde, en un acto de inspiración, escuchamos los ecos suaves y chisporroteantes de la memoria desconocida. (p. 315). O en la 401: "Somos los únicos animales que fabulan, que ahuyentan la oscuridad con cuentos, que gracias a los relatos aprenden a convivir con el caos, que avivan los rescoldos de las hogueras con el aire de sus palabras, que recorren largas distancias para llevar sus historias a los extraños. Y cuando compartimos los mismos relatos, dejamos de ser extraños". 

Irene da fin a su hipnotizante libro acogiendo en su epílogo la anécdota germinal de un grupo de bibliotecarias amazonas que en el primer tercio del siglo pasado cabalgaba por las trochas de los Apalaches norteamericanos llevando en sus alforjas libros para las granjas aisladas y los pueblos escondidos de Kentucky (y nos da el dato enternecedor que el titulo más demandado por esas gentes olvidadas fue "Robinson Crusoe"). Y nos dice, universalizando la anécdota: "de alguna forma misteriosa y espontánea, el amor por los libros forjó una cadena invisible de gente que sin conocerse, ha salvado el tesoro de los mejores relatos, sueños y pensamientos a lo largo del tiempo"... "Gente común cuyos nombres en muchos casos no registra la historia...la pasión callada de tantos seres humanos unidos por esa misteriosa lealtad". Hacia los libros, la lectura, "personas que lucharon por nosotros, por los rostros nebulosos del futuro". Como has hecho tú, Irene, con este libro.

FICHA

EL INFINITO EN UN JUNCO. Irene Vallejo.- Ed. Siruela.448 páginas.-23,99 euros.

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14 enero 2020 2 14 /01 /enero /2020 11:10

En estos tiempos en que cualquier cafre sin pizca de sentido común, ante micrófonos y cámaras,  opina sobre lo “insoportable” de cualquier tema político (casi siempre nacionalista)  y amenaza con una guerra como “solución” llevaría al sujeto ante un juez que le condenara por un delito de lesa estupidez inconsciente. Y como castigo y escarmiento le hiciera leer en jornadas de ocho horas la novela de Henri Barbusse que recibió el Premio Goncourt el año de gracia de 1916, en plena I Guerra Mundial, la conflagración que “debía poner fin a todas las guerras”: “Le Feu” (“El Fuego, diario de un pelotón de infantería”). Esa lectura debía ser complementada con “Tempestades de acero” de Ernst Jünger,  con “Abajo las armas” de Bertha von Suttner, “Sin  novedad en el frente” de Erich Maria Remarque y como postre “Adios a las armas”, la más floja de todas, pero con el sello Hemingway.

El lugar de lectura sería una réplica de una trinchera de la cruel y devastadora guerra, fiel reproducción de las originales: como describe Barbusse, un lugar donde todo hedor, suciedad, peligro, horror, angustia, temor y desolación tienen su asiento, un lugar infernal con barro hasta las rodillas, bombardeos continuos, asaltos a la bayoneta, disparos de francotiradoes, hambre, ratas, piojos, despojos humanos, histeria, estupidez de los mandos, corrupción de la elite militar, sin pertrechos, suministros, armamento y munición escasos y órdenes suicidas: todo el asco y la desesperación humanas en un  espacio  estrecho, excavado en el barro a 1,50 m de altura,  repleto de hombres desnutridos y salvajes, luchando por la supervivencia como locos debatiéndose entre el ruido y la furia.

He leído “El fuego” de Henri Barbusse con el corazón en un puño. Y por esas coincidencias que Jung llamaba “sincronicidades” he leído en mis repasos diarios de prensa a varios, sí varios, individuos situados en el poder en diversos países, que proferían referencias irresponsables y necias sobre la “posibilidad” de entrar en una de las guerras que en muchas partes del mundo actual hacen antesala de la idiotez humana. Por favor, ustedes, los que detentan el poder, los que pueden tomar medidas, hagan una criba de semejantes botarates y enciérrenlos unos días en un escenario bélico como el que les he comentado. Antibelicismo literario en vena y condiciones “reales” que reproduzcan el horror para su escarmiento. Sin llegar a herirlos, por supuesto, pero sometidos a los horrores ambientales y físicos de una trinchera de la primera –o la segunda- guerra mundial. O de Vietnam, algún país africano, Sarajevo… se puede escoger en todos los continentes. Que comprueben en persona lo que preconizan.

 

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9 enero 2020 4 09 /01 /enero /2020 08:42

Stephen Greenblatt es un profesor de Humanidades norteamericano, que ejerce en la Universidad de Harvard, autor de varios libros y entre ellos dos que me han fascinado. Uno fue premio Pulitzer en 2012 "El Giro" y otro, "El Tirano. Shakespeare y la política" publicado en 2018 y traducido hace unos meses en España.. En el primero habla del descubrimiento de un humanista italiano en 1417 del único ejemplar existente del "De rerum natura" el poema filosófico epicúreo de Lucrecio (s.I a.C.). En "El tirano" nos habla de los tiranos que Shakespeare refleja en sus obras más importantes y del método "de "ángulo oblicuo" que usaba el escritor para reflejar los dramas políticos de su propia época y no perecer en el intento: escogiendo a los tiranos en épocas pasadas, "al menos un siglo entero de distancia entre él y los acontecimientos que describía". Creo que Greenblatt ha usado el mismo "ángulo oblicuo" para describir ciertas actitudes políticas de algunos líderes de nuestra época, usando a los personajes de Shakespeare. 

Supongo que a los tiranos de hoy, sin ir muy lejos Greenblatt tiene uno en casa, les cuesta tanto como a los del pasado reconocerse en los retratos objetivos que los describen, pero ya se sabe que suelen estar rodeados de gentes muy serviciales que resaltarían ciertos parecidos enojosos. No tengo noticia de que el autor haya recibido algún "tuits" firmado por el inquilino de la Casa Blanca o por el de Downing Street, pero después de leer el capítulo dedicado a John Cade, uno le enviaría un mensaje al profesor de Harvard advirtiéndole que no bajara la guardia. Los consejeros del presidente y los del primer ministro británico, "esas larvas de la cosa pública" podrían aconsejarles la lectura de ese capítulo dedicado al "populismo fraudulento". Cade fue un personaje real que vivió en 1504 y que dirigió una revuelta popular (orquestada desde el poder) dueño de una oratoria salvaje y demagógica. Como cuenta, Greenblatt "el populacho es perfectamente consciente de que Cade es un mentiroso, pero por venal, cruel y egoísta que sea, es capaz de articular lo que sueñan las masas: romper todos los acuerdos, cancelar todas las deudas y desmantelar las instituciones existentes que no sean útiles para sus objetivos", "apoyándose en su indiferencia por la verdad, en su desvergüenza y en una seguridad en sí mismo sobredimensionada, el demagogo bocazas va adentrándose en una fantasía".

Ninguno de los dos líderes políticos es propiamente un tirano. Nuestra época ha diluído los excesos de poder en su retórica democrática, con lo que precisan cierto apoyo popular y tienen establecidos frenos institucionales. Aún así, esas dos y otras muchas figuras políticas que conciernen a demasiados países en este desorientado mundo del siglo XXI, tienen en el pasado reflejos alarmantemente semejantes.

Greenblatt nos habla en su libro de instituciones muy firmes en el ámbito político y económico, de líderes políticos con un poder inmenso y al tiempo nos informa del caos reinante, en el que el rencor y los intereses partidistas se imponen, la miseria económica se extiende por el país, haciendo que surjan actitudes populistas que encienden el desorden y la violencia en las calles bajo banderías y eslóganes que son mentiras evidentes pero que todos aceptan como verdades. ¿Nos está hablando del siglo XXI, de hoy mismo?No, señores. Está haciendo referencia a la Inglaterra de la reina Isabel I y ese autor-reportero es el mismísimo William Shakespeare. Nuestro autor juega con los espejos del pasado y el presente y usa las palabras del Bardo para mostrarnos a Trump y a otros individuos ensoberbecidos por el poder que están llevando a sus países y muchos de los demás a situaciones de guerra latente. 

Analizando a Ricardo III o a Macbeth, las razones psicológicas, infantiles, sexuales, narcisistas y los temores llevados a las mentiras más tortuosas y a un populismo violento y delirante que están en la psicopatología de esos personajes tienen un reflejo que produce estupor en personas totalitarias y sin pudor que dominan las políticas de sus países y amenazan a los que tienen alrededor. Greenblatt se pregunta, como Shakespeare en su tiempo:  "¿cómo es posible que alguien que gobierna a través de la violencia, no para defender los intereses de su pueblo sino por motivos propios, irracionales o malvados, consiga mantenerse en el poder”.

Y esboza una respuesta: La gente vive de una forma tan insegura y tan lejos de la comodidad económica y social que necesita creer en las mentiras de alguien que les promete un cambio a mejor y que les señala a los "auténticos" culpables de su situación (que nunca es el Gobierno del tirano) con los enemigos del líder carismático, ya sean raciales, los judíos, los negros, los asiáticos o los árabes, como económicos, el capitalismo salvaje o los separatistas o el terrorismo de los desahuciados y los sin techo o los inmigrantes.

FICHA

EL TIRANO.- Shakespeare  y la política.- Stephen Greenblatt, - Ed Alfabeto.- Pags. 252

 

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25 diciembre 2019 3 25 /12 /diciembre /2019 20:25

Nuestro Quevedo lo decía de paladina manera: "Poderoso caballero es don Dinero" y aunque no podía ni siquiera soñar hasta dónde podía llegar las habituales redes de corrupción ni, por supuesto, que siglos más tarde se convertiría la cleptocracia de los poderosos en un "arte global" tan complejo y bien articulado "legalmente" que crearía un mundo paralelo global --  "en la sombra", "0nline", "virtual"--,  al mundo real, un país  literalmente utópico, es decir sin lugar físico, donde el dinero defraudado, robado o hecho desaparecer, permanecía fuera de control y circulación y seguro, a disposición de sus dueños, politicos dictatoriales, ladrones de guante blanco, defraudadores, cárteles de la droga, mafiosos. Hablamos de "Money Land", el país del dinero, donde van a parar trillones de dólares u otras monedas con un Banco Central detrás, más o menos serio. No tiene ninguna localización geográfica aunque suele emergen aquí o allá en los llamados paraísos fiscales. Es el gran club de los mega ricos, protegidos por grandes abogados y astutos economistas y respaldados de forma oficiosa por los grandes banqueros del mundo, dando la espalda generalmente al hecho  vinculado a esas grandes sumas de su procedencia dudosa y inmoral cuando no abiertamente delictiva y manchada con el sufrimiento, el hambre y la pobreza de millones de personas de los países esquilmados  por los que detentan el poder. Comprobamos con temor y temblor que nuestros adelantos técnicos no han servido para controlar esa escoria humana sino que les ha hecho más invulnerables, más codiciosos y desalmados y muchísimo más ricos. 

Bullough hace un trabajo asombroso y nos muestra a través de entrevistas -a veces rechazadas pero nunca justificadas éticamente- con banqueros y empresarios cómo el actual sistema financiero se ha convertido en un servicio que continuamente roza la ilegalidad y está a disposición de los que tienen el dinero, siguiendo el ejemplo de muchos políticos y gobernantes en todo el mundo. Es una red tan compleja, ambigua, poderosa e incontrolable como internet pero con un objetivo tejido de injusticia y corrupción. Y así nos vamos enterando del sistema perverso gracias al cual los recursos de muchos países, ya sea africanos , asiáticos o del este europeo (para no señalar más ejemplos cercanos) se transfieren desde determinados órganos o personas de poder político a lugares que "blanquean " el dinero, lo hacen "legal" y se invierte en países ricos. Bullough sugiere ciertos sistemas para desactivar ese proceso en algún punto de la cadena. Quizá en el ámbito de los compañías "offshore", de los fondos fiduciarios o de fideocomisos o de los paraísos fiscales con celoso secreto de identidades o muchas de esss 10 millones de empresas creadas como "hombres de paja", del pasado, escudos de anonimato hoy, para ocultar los haberes de miles de individuos pertenecientes a la "crème" de Money Land. Algo que como defiende "The Economist" "no es necesariamente ilegal" y "existen razones respetables" para algunas empresas que buscan países donde invertir. Esa es la paradoja: usar los huecos y carencias de las leyes para favorecer acciones y objetivos que no tendrían posibilidades con unas leyes más justas con los principios de igualdad, legalidad y contribución fiscal. Ya que, como dice este autor, "El dinero fluye libremente a través de las fronteras, pero las leyes no".

FICHA

MONEY LAND.-Oliver Bullough.- Trad.Joan Eloi Roca.- Principal de los Libros.-389 págs.

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22 diciembre 2019 7 22 /12 /diciembre /2019 19:11

Durante mi infancia en Marruecos, en la época del Protectorado español, donde mi padre ocupaba un cargo oficial, viví una profunda amistad con una familia judía que residía en una casa aledaña a la nuestra. Era una pareja de mediana edad que no tenían hijos y para los que poco a poco me convertí en un invitado especial (principalmente para la mujer, una dama elegante de gestos suaves y voz musical con acento francés). Ella me fue contando detalles sobre su cultura, sus creencias, su amor a los libros y a la Palabra, entendida como un vínculo con lo divino que hay en nuestro interior. No se si a mi corta edad entendía lo que me contaba,  pero lo cierto es que dejó en mí un poso de curiosidad insaciable por el mundo de los judíos, su cerrada cultura endogámica y la dinámica inteligencia de sus planteamientos. Ella me enseñó a leer de una manera distinta a la que aprendí en el colegio y me facilitó algunas claves para entender la manera de vivir judía. Después, ya en España, tuve amigos judíos en el Colegio y la Universidad y hubo un fácil y cómplice entendimiento con la mayoría, a pesar de que siempre llegaba a un punto donde aparecían los obstáculos de "la diferencia".

Y es precisamente esa característica del pueblo judío, que ha construido su identidad mediante el amor al Libro, a los libros, la lectura, la discusión, la enseñanza y la obligatoriedad de estructurar eso en la educación de los hijos por sus padres, en la cohesión de la familia con lazos de ese tipo, lo que constituye la principal fascinación que me ha provocado esta etnia. Convertir en señal de identidad de un pueblo algo como la íntima y secular relación entre la persona y las palabras, un principio vital articulado en mi propia vida como individuo fascinado por los libros, me parece algo asombroso.

Amos Oz en un ensayo titulado "Los judíos y las palabras" dice que en el interior de cada judío hay una biblioteca, salvo para aquellos que han desdeñado sus raíces y asimilado otras culturas. La pasión por saber, por interpretar, convierte "al mundo entero en un texto" y no es casual que la mayoría de grandes cerebros de la historia de la humanidad, en la ciencia, las artes, la filosofía o la literatura, hayan sido judíos. El judaísmo avala la búsqueda incansable del conocimiento y la verdad, aunque siga habiendo temas pendientes como el sometimiento de la mujer, la prepotencia patriarcal, la tradicional verbosidad compensatoria judía, la actitud ante el sexo o el sentido oscuro del humor (Woody Allen o Groucho Marx) y el complejo permanente y profundo de culpabilidad (Freud). Los judíos no deberían ser el Otro, el Forastero por antonomasia, sino unos hermanos a los que no hemos aprendido a amar, a entender o a conocer (aunque tampoco ellos han sabido propiciar ese acercamiento). El judío es la asignatura pendiente de la Humanidad. Lo malo es que parece que ellos también lo creen así, aunque por razones diametralmente opuestas. En realidad son el gran Malentendido de la historia.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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