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9 enero 2020 4 09 /01 /enero /2020 08:42

Stephen Greenblatt es un profesor de Humanidades norteamericano, que ejerce en la Universidad de Harvard, autor de varios libros y entre ellos dos que me han fascinado. Uno fue premio Pulitzer en 2012 "El Giro" y otro, "El Tirano. Shakespeare y la política" publicado en 2018 y traducido hace unos meses en España.. En el primero habla del descubrimiento de un humanista italiano en 1417 del único ejemplar existente del "De rerum natura" el poema filosófico epicúreo de Lucrecio (s.I a.C.). En "El tirano" nos habla de los tiranos que Shakespeare refleja en sus obras más importantes y del método "de "ángulo oblicuo" que usaba el escritor para reflejar los dramas políticos de su propia época y no perecer en el intento: escogiendo a los tiranos en épocas pasadas, "al menos un siglo entero de distancia entre él y los acontecimientos que describía". Creo que Greenblatt ha usado el mismo "ángulo oblicuo" para describir ciertas actitudes políticas de algunos líderes de nuestra época, usando a los personajes de Shakespeare. 

Supongo que a los tiranos de hoy, sin ir muy lejos Greenblatt tiene uno en casa, les cuesta tanto como a los del pasado reconocerse en los retratos objetivos que los describen, pero ya se sabe que suelen estar rodeados de gentes muy serviciales que resaltarían ciertos parecidos enojosos. No tengo noticia de que el autor haya recibido algún "tuits" firmado por el inquilino de la Casa Blanca o por el de Downing Street, pero después de leer el capítulo dedicado a John Cade, uno le enviaría un mensaje al profesor de Harvard advirtiéndole que no bajara la guardia. Los consejeros del presidente y los del primer ministro británico, "esas larvas de la cosa pública" podrían aconsejarles la lectura de ese capítulo dedicado al "populismo fraudulento". Cade fue un personaje real que vivió en 1504 y que dirigió una revuelta popular (orquestada desde el poder) dueño de una oratoria salvaje y demagógica. Como cuenta, Greenblatt "el populacho es perfectamente consciente de que Cade es un mentiroso, pero por venal, cruel y egoísta que sea, es capaz de articular lo que sueñan las masas: romper todos los acuerdos, cancelar todas las deudas y desmantelar las instituciones existentes que no sean útiles para sus objetivos", "apoyándose en su indiferencia por la verdad, en su desvergüenza y en una seguridad en sí mismo sobredimensionada, el demagogo bocazas va adentrándose en una fantasía".

Ninguno de los dos líderes políticos es propiamente un tirano. Nuestra época ha diluído los excesos de poder en su retórica democrática, con lo que precisan cierto apoyo popular y tienen establecidos frenos institucionales. Aún así, esas dos y otras muchas figuras políticas que conciernen a demasiados países en este desorientado mundo del siglo XXI, tienen en el pasado reflejos alarmantemente semejantes.

Greenblatt nos habla en su libro de instituciones muy firmes en el ámbito político y económico, de líderes políticos con un poder inmenso y al tiempo nos informa del caos reinante, en el que el rencor y los intereses partidistas se imponen, la miseria económica se extiende por el país, haciendo que surjan actitudes populistas que encienden el desorden y la violencia en las calles bajo banderías y eslóganes que son mentiras evidentes pero que todos aceptan como verdades. ¿Nos está hablando del siglo XXI, de hoy mismo?No, señores. Está haciendo referencia a la Inglaterra de la reina Isabel I y ese autor-reportero es el mismísimo William Shakespeare. Nuestro autor juega con los espejos del pasado y el presente y usa las palabras del Bardo para mostrarnos a Trump y a otros individuos ensoberbecidos por el poder que están llevando a sus países y muchos de los demás a situaciones de guerra latente. 

Analizando a Ricardo III o a Macbeth, las razones psicológicas, infantiles, sexuales, narcisistas y los temores llevados a las mentiras más tortuosas y a un populismo violento y delirante que están en la psicopatología de esos personajes tienen un reflejo que produce estupor en personas totalitarias y sin pudor que dominan las políticas de sus países y amenazan a los que tienen alrededor. Greenblatt se pregunta, como Shakespeare en su tiempo:  "¿cómo es posible que alguien que gobierna a través de la violencia, no para defender los intereses de su pueblo sino por motivos propios, irracionales o malvados, consiga mantenerse en el poder”.

Y esboza una respuesta: La gente vive de una forma tan insegura y tan lejos de la comodidad económica y social que necesita creer en las mentiras de alguien que les promete un cambio a mejor y que les señala a los "auténticos" culpables de su situación (que nunca es el Gobierno del tirano) con los enemigos del líder carismático, ya sean raciales, los judíos, los negros, los asiáticos o los árabes, como económicos, el capitalismo salvaje o los separatistas o el terrorismo de los desahuciados y los sin techo o los inmigrantes.

FICHA

EL TIRANO.- Shakespeare  y la política.- Stephen Greenblatt, - Ed Alfabeto.- Pags. 252

 

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25 diciembre 2019 3 25 /12 /diciembre /2019 20:25

Nuestro Quevedo lo decía de paladina manera: "Poderoso caballero es don Dinero" y aunque no podía ni siquiera soñar hasta dónde podía llegar las habituales redes de corrupción ni, por supuesto, que siglos más tarde se convertiría la cleptocracia de los poderosos en un "arte global" tan complejo y bien articulado "legalmente" que crearía un mundo paralelo global --  "en la sombra", "0nline", "virtual"--,  al mundo real, un país  literalmente utópico, es decir sin lugar físico, donde el dinero defraudado, robado o hecho desaparecer, permanecía fuera de control y circulación y seguro, a disposición de sus dueños, politicos dictatoriales, ladrones de guante blanco, defraudadores, cárteles de la droga, mafiosos. Hablamos de "Money Land", el país del dinero, donde van a parar trillones de dólares u otras monedas con un Banco Central detrás, más o menos serio. No tiene ninguna localización geográfica aunque suele emergen aquí o allá en los llamados paraísos fiscales. Es el gran club de los mega ricos, protegidos por grandes abogados y astutos economistas y respaldados de forma oficiosa por los grandes banqueros del mundo, dando la espalda generalmente al hecho  vinculado a esas grandes sumas de su procedencia dudosa y inmoral cuando no abiertamente delictiva y manchada con el sufrimiento, el hambre y la pobreza de millones de personas de los países esquilmados  por los que detentan el poder. Comprobamos con temor y temblor que nuestros adelantos técnicos no han servido para controlar esa escoria humana sino que les ha hecho más invulnerables, más codiciosos y desalmados y muchísimo más ricos. 

Bullough hace un trabajo asombroso y nos muestra a través de entrevistas -a veces rechazadas pero nunca justificadas éticamente- con banqueros y empresarios cómo el actual sistema financiero se ha convertido en un servicio que continuamente roza la ilegalidad y está a disposición de los que tienen el dinero, siguiendo el ejemplo de muchos políticos y gobernantes en todo el mundo. Es una red tan compleja, ambigua, poderosa e incontrolable como internet pero con un objetivo tejido de injusticia y corrupción. Y así nos vamos enterando del sistema perverso gracias al cual los recursos de muchos países, ya sea africanos , asiáticos o del este europeo (para no señalar más ejemplos cercanos) se transfieren desde determinados órganos o personas de poder político a lugares que "blanquean " el dinero, lo hacen "legal" y se invierte en países ricos. Bullough sugiere ciertos sistemas para desactivar ese proceso en algún punto de la cadena. Quizá en el ámbito de los compañías "offshore", de los fondos fiduciarios o de fideocomisos o de los paraísos fiscales con celoso secreto de identidades o muchas de esss 10 millones de empresas creadas como "hombres de paja", del pasado, escudos de anonimato hoy, para ocultar los haberes de miles de individuos pertenecientes a la "crème" de Money Land. Algo que como defiende "The Economist" "no es necesariamente ilegal" y "existen razones respetables" para algunas empresas que buscan países donde invertir. Esa es la paradoja: usar los huecos y carencias de las leyes para favorecer acciones y objetivos que no tendrían posibilidades con unas leyes más justas con los principios de igualdad, legalidad y contribución fiscal. Ya que, como dice este autor, "El dinero fluye libremente a través de las fronteras, pero las leyes no".

FICHA

MONEY LAND.-Oliver Bullough.- Trad.Joan Eloi Roca.- Principal de los Libros.-389 págs.

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22 diciembre 2019 7 22 /12 /diciembre /2019 19:11

Durante mi infancia en Marruecos, en la época del Protectorado español, donde mi padre ocupaba un cargo oficial, viví una profunda amistad con una familia judía que residía en una casa aledaña a la nuestra. Era una pareja de mediana edad que no tenían hijos y para los que poco a poco me convertí en un invitado especial (principalmente para la mujer, una dama elegante de gestos suaves y voz musical con acento francés). Ella me fue contando detalles sobre su cultura, sus creencias, su amor a los libros y a la Palabra, entendida como un vínculo con lo divino que hay en nuestro interior. No se si a mi corta edad entendía lo que me contaba,  pero lo cierto es que dejó en mí un poso de curiosidad insaciable por el mundo de los judíos, su cerrada cultura endogámica y la dinámica inteligencia de sus planteamientos. Ella me enseñó a leer de una manera distinta a la que aprendí en el colegio y me facilitó algunas claves para entender la manera de vivir judía. Después, ya en España, tuve amigos judíos en el Colegio y la Universidad y hubo un fácil y cómplice entendimiento con la mayoría, a pesar de que siempre llegaba a un punto donde aparecían los obstáculos de "la diferencia".

Y es precisamente esa característica del pueblo judío, que ha construido su identidad mediante el amor al Libro, a los libros, la lectura, la discusión, la enseñanza y la obligatoriedad de estructurar eso en la educación de los hijos por sus padres, en la cohesión de la familia con lazos de ese tipo, lo que constituye la principal fascinación que me ha provocado esta etnia. Convertir en señal de identidad de un pueblo algo como la íntima y secular relación entre la persona y las palabras, un principio vital articulado en mi propia vida como individuo fascinado por los libros, me parece algo asombroso.

Amos Oz en un ensayo titulado "Los judíos y las palabras" dice que en el interior de cada judío hay una biblioteca, salvo para aquellos que han desdeñado sus raíces y asimilado otras culturas. La pasión por saber, por interpretar, convierte "al mundo entero en un texto" y no es casual que la mayoría de grandes cerebros de la historia de la humanidad, en la ciencia, las artes, la filosofía o la literatura, hayan sido judíos. El judaísmo avala la búsqueda incansable del conocimiento y la verdad, aunque siga habiendo temas pendientes como el sometimiento de la mujer, la prepotencia patriarcal, la tradicional verbosidad compensatoria judía, la actitud ante el sexo o el sentido oscuro del humor (Woody Allen o Groucho Marx) y el complejo permanente y profundo de culpabilidad (Freud). Los judíos no deberían ser el Otro, el Forastero por antonomasia, sino unos hermanos a los que no hemos aprendido a amar, a entender o a conocer (aunque tampoco ellos han sabido propiciar ese acercamiento). El judío es la asignatura pendiente de la Humanidad. Lo malo es que parece que ellos también lo creen así, aunque por razones diametralmente opuestas. En realidad son el gran Malentendido de la historia.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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20 diciembre 2019 5 20 /12 /diciembre /2019 18:29

Si ustedes creen que la novela costumbrista, crítica, satírica, sarcástica y virulenta de la época victoriana tiene sus más altos referentes en Thackeray y Dickens, Kingsley, Meredith o George Eliot, Lewis Carroll, Oscar Wilde o Stevenson, Wilkie Collins, las hermanas Brontë, Conan Doyle  o Samuel Butler -autores bastante traducidos al español- se sentirán algo alarmados con los criterios que animan a nuestras editoriales a traducir a autores del pasado, cuando lean a Anthony Trollope. ¿Por qué diablos a casi nadie se le ha ocurrido traducir antes  a este prolífico inglés victoriano? Ático de los Libros ha resuelto esa manifiesta injusticia literaria.Trollope, compuso casi medio centenar de novelas - sin contar los cuentos, biografías y libros de viajes-, vendió su arte durante medio siglo conun éxito envidiable y luego comenzó unos altibajos que no han cesado desde entonces a pesar de las versiones en cine, televisión y radio de sus obras. Aunque a fuer de verdadero, Trollope ha sido leído sin cesar por los británicos, incluso en nuestros días donde más de un  lector ha visto en su  "El mundo en que vivimos" una profecía de la situación económica y social que vivimos y sobre todo del desierto moral que la sustenta.

Como suele acontecer, los padres de Trollope dejaron una huella y una influencia en el devenir del escritor: desde su padre, abogado poco hábil y sin suerte que trajo la miseria a su familia hasta su madre, Frances,  emprendedora e imaginativa, que sacó a la familia de apuros gracias a su pasión por escribir novelas donde satirizaba el poder y las bases sociales impregnadas de mezquindad y deshonestidad. Ella sería la figura esencial que fructificaría en su tercer hijo, Anthony, marcando su futuro.  Empleado de Correos y casado y con dos hijos (ambos escritores más tarde) comenzó a escribir una serie de seis novelas, el llamado ciclo de las Crónicas de Barsetshire (que le permitieron dejar su empleo). La segunda serie que emprendió, los Palliser, muy críticas con la vida política, tuvieron mucho éxito aunque no le permitieron como deseaba, paradójicamente, entrar en la política.

El escritor demuestra un enorme sentido del humor satírico cuando es  capaz de definir un diario de su tiempo con estas palabras: "El diario desarrollaba sus tareas con un asombroso aire de omnisciencia, y a menudo adornado con una ignorancia a duras penas superada por su arrogancia". O esta otra aplicada a los "principios" de su editor: "Un periódico que desee prosperar jamás debe perder el espacio de sus columnas y agotar a  sus lectores elogiando nada. Las alabanzas son invariablemente aburridas".

Se la ha considerado una de las cien mejores novelas en lengua inglesa. Es, sin duda, un clásico de los que uno atesora en su mente y en su biblioteca. Por eso puede considerarse un ejemplo literario- reducido al ambiente victoriano ingles-  de lo que estamos viviendo en la actual situación económica mundial, regida como en la novela por la corrupción, la falta de ética y una codicia impresionante, narrado eso sí con una enorme solidez intelectual a la altura de su sentido del humor.

La corrupción financiera que denuncia Trollope está a la altura de un mundo social mezquino, inclemente y deshonesto en el que los intereses propios priman sobre cualquier otra consideración. Políticos, financieros, escritores o poetas, caballeros sin dote o muchachas casaderas sometidas al escrutinio económico, convertidas en elementos bursátiles. Todo descrito con una ironía elegante y un sarcasmo hiriente, ya sea en los entresijos de los pensamientos de los personajes y su inconcebible falta de moralidad o el vergonzante juego de sobornos, manipulaciones o engaños en el que damas y caballeros de todos los niveles plantean sus ofrecimientos al mejor postor. Uno cree ver a los magnates de la City o de Wall Street en estos personajes arrogantes, pendencieros y mezquinos, para los que lo único válido es el dinero y el único objetivo acumular codiciosamente sus activos aunque sea sobre el cadáver de sus seres más cercanos.

No les cuento más. No deseo hacer un "spoiler" literario de una novela que merece ser leída hasta el final entre el asombro por la galanura narrativa del autor, la vergüenza por el realismo de lo narrado tan visible en nuestra propia sociedad, el placer de la lectura y el reconocimiento hacia una obra que roza la excelencia imperecedera de los grandes clásicos, sin dejar por ello de ser una de las mejores y más acertadas críticas del capitalismo que nos ahoga en el siglo XXI.

FICHA

EL MUNDO EN QUE VIVIMOS.- Anthony Trollope.- Traducción (excelente) de Claudia Casanova.- Ático de los Libros.- 854 págs.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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3 diciembre 2019 2 03 /12 /diciembre /2019 18:25

Creo que deberíamos estudiar más a los griegos. Pienso que muchas de las respuestas a los problemas de la actualidad se encuentran en obras escritas hace más de dos mil años. Sólo es preciso percatarse de que todo ha cambiado en nuestro entorno desde aquellos tiempos arcaicos,  pero hay algo que se mantiene casi idéntico bajo el barniz de la modernidad y la virtualidad: las pasiones, deseos y carencias del animal humano, enterrados en el cerebro reptiliano que aún conservamos, rodeado de las circunvalaciones mágicas del neocórtex, esa maravilla gris cuyo funcionamiento aún no entendemos del todo pero ya intentamos replicarlo en la IA.

La palabra griega carácter describía la figura o el rostro grabado en las monedas o la figura alegórica grabada en piedra de una u otra cualidad humana, el heroísmo, la bondad, la ira. Para nosotros la palabra ha tomado el significado opuesto. Es ese algo que distingue a una persona de otra, mientras para los griegos es una característica que compartimos en algún momento. El problema es que ahora vemos cada cosa por separado, individualidades, y los griegos (como los chinos taoístas y los budistas) veían cada cosa como partes de un todo. 

La profesora norteamericana de origen alemán Edith Hamilton (1867,-1963) ponía un ejemplo al respecto: los templos griegos y las catedrales en la edad media. Los primeros eran colocados en un punto elevado y hermoso de la naturaleza, rodeados por la belleza natural, bosques y rocas, cielo y mar. Los cristianos hundían sus iglesias y catedrales en el centro de la ciudad, rodeadas de casuchas y barrios miserables. Eso sí, lanzando sus torres y campanarios hacia el cielo, como símbolo del poder único de la Iglesia  y de su carácter sagrado, "celestial". El pensamiento, la lengua y la literatura griega hace una apelación a nuestros tiempos: "El florecimiento del genio en Grecia se debió al inmenso ímpetu recibido cuando la claridad y el poder del pensamiento se añadieron a una gran fuerza espiritual de tipo filosófico" ¿Cuál era esa fuerza? "Una ausencia de lucha, de crispación, un poder reconciliador, algo agradable y sereno que el mundo no ha vuelto a ver desde entonces". Algo de eso nos iría bien...

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30 noviembre 2019 6 30 /11 /noviembre /2019 20:27

Libros como "Factfulness" de Hans Roosling, como "Todo el mundo miente" de Seth Stephens, "The Game" de Baricco, "En el enjambre" y "Psicopolítica" del filósofo japonés de habla alemana Byung-Chul Han, sin contar los del israelí  Yuval Noah Harari, "Sapiens", Homo Deus" y las "21 lecciones para el siglo XXI", están tratando de mentalizar directa o indirectamente a los habitantes de este problemático planeta de que  nuestra actual forma de vida tiene muchos elementos deficitarios –psicológicos, sociales, económicos, tecnológicos - que aceptamos con indiferencia pero que van a tener un coste realmente elevado y que va a cambiar nuestra existencia y no siempre para bien.

Pero es en "El planeta inhóspito" de David Wallace-Wells donde se nos trata de demostrar que debido a ese estilo de vida hemos rebasado con creces las posibilidades auto curativas de la Tierra y comenzamos a adentrarnos en el caos, con consecuencias destructivas y daños irreparables a cuestiones tan vitales como el medio ambiente, clima y naturaleza: inundaciones y sequías, hambrunas y pérdida de tierra cultivable, oleadas de calor con efectos letales sobre los seres vivos, emigraciones masivas, violencia subsiguiente, guerras de supervivencia por el agua potable, los alimentos básicos, la seguridad, las epidemias, enfermedades respiratorias, de la piel y envenenamientos causados por el exceso de metano y CO2 en la atmósfera contaminada. Eso sin contar con un aumento del nivel del mar que inundará ciudades de millones de habitantes con su correlato de muertes, enfermedades y caos emigratorio. ¿Exageraciones de la ciencia? ¿Alarmismo injustificado de apocalípticos a sueldo de quién sabe qué oscuros intereses?

Señores, no. Los estudios que se van haciendo públicos con cuentagotas para no “alarmar innecesariamente” a la población dan cifras escalofriantes y generan una serie de reacciones en contra y argumentos basados en posibilidades remotas o probabilidades fantásticas, en suma, en el “pensamiento mágico” según el cual si pensamos en que algo malo no debe ocurrir, gracias a una serie de fuerzas oscuras e irracionales eso no ocurrirá, aunque la realidad nos esté demostrando cada día que ese “algo” va deteriorándose en la dirección equivocada, un proceso que muy probablemente lleva al suicidio colectivo.

Toda una civilización, la nuestra, va a pagar de forma brutal la disparidad existente entre su desarrollo tecnológico, su enorme gasto de energía y su falta de previsión y control sobre las consecuencias de sus acciones. Tenemos datos incuestionables sobre las causas del cambio climático y de las consecuencias, así como de las incertidumbres, probabilidades y escenarios que van a crearse y éstos no necesitan llegar a los puntos más graves, sólo con seguir la dinámica ya emprendida serán considerables en un lapso de tiempo abrumadoramente corto. Seguramente antes de que los ancianos de hoy lleguen a desaparecer por completo. Ni la esperanza “mágica” en que ese lapso de tiempo sea enorme, casi un ciclo de cientos de años, hasta que la tecnología logrará frenar y resolver los problemas más acuciantes o que la naturaleza logrará imponer su legendaria supervivencia (ignorando en este caso la segunda ley de la termodinámica, la de la entropía), que todo sea un mal sueño provocado por el alarmismo de unos cuantos (argumento que raya en la estupidez) o que alguien tenga un plan B (un planeta milagroso al alcance de los supervivientes), los oscurantistas defensores del “no pasa nada” se asemejan a los ciudadanos  romanos de Pompeya y Herculano que, el 24 de octubre del año 79 dC,  aunque veían la actividad excesiva del Vesubio seguían con sus quehaceres y diversiones, suponiendo que “como en otras ocasiones, todo quedaría en humaredas y algunos temblores” como nos cuenta Plinio el Joven. Allí fueron 5.000 muertos. ¿Cuántos serán en todo nuestro planeta? ¿Por qué nadie piensa que nuestra “normalidad” cada vez es menos “normal”? Como dice David Wallace, en este momento “ya hemos causado tanta devastación a sabiendas como en los siglos de nuestra ignorancia”.

Piensen que fue en 1992 cuando se publicó el informe  pionero en la denuncia, “Earth in the Balance” -un éxito popular internacional que,  a pesar de ello, fue considerado “alarmista” por muchos científicos y sobre todo por los trust petrolíferos de todo el mundo e intereses adyacentes--, sobre el vertido de gases invernadero en la atmósfera y sus efectos destructivos. Desde 1992 hasta hoy mismo, la quema de combustibles fósiles ha aumentado en una medida equiparable a los gases vertidos a la atmósfera desde la revolución industrial del siglo XIX  hasta 1992. Y seguimos haciéndolo a una velocidad progresiva y totalmente irresponsable. Esto es algo que atañe a la supervivencia de la raza humana.  En 2006 se difundió el documental del vicepresidente norteamericano Al Gore “Una verdad incómoda”, insistiendo en que los elementos del caos, los cuatro jinetes de apocalipsis ya cabalgan en forma de calor creciente, rotación de inundaciones y sequías, aumento del nivel del mar, hambrunas, incendios imparables. ¿Fechas? Olvidémonos de las posibles y quedémonos con las probables. Se suponen unos 2 metros de subida del nivel del mar, con inundaciones continuas anuales en diversos puntos del planeta, para antes del 2100. Desde al año 2000 hasta hoy ese nivel ha subido más de 5 milímetros en progresión continua. ¿Más datos? Ya mueren más de 10.000 personas a diario en todo el mundo debido a la contaminación atmosférica. El magnífico y preocupante libro de David Wallace-Wells hace un duro recorrido por “los elementos del caos” que nos amenazan: muerte por calor, hambruna, incendios, falta de agua, océanos moribundos, aire irrespirable, plagas, colapso económico…

Las macrocifras son impensables críticamente para la mayoría de las mentes humanas, (como nos cuentan Rosling en FactFulness” o Seth Stephens en “Todo el mundo miente”) pocos sabe asumir y comprender las consecuencias a largo plazo de nuestras acciones contra la Naturaleza, con tal de mantener nuestro estilo de vida basado en una cultura del despilfarro. Los recursos y bienes del planeta son limitados y nuestra forma de vida (la de los países “desarrollados”) no es una forma de progreso sino una forma de degeneración planetaria. A partir de ahora, aseguran algunos calificados de “agoreros”, cada generación sucesiva vivirá peor que la anterior. ¿Necesita probarse tal aserto? Miren ustedes a su alrededor. Pero eso sí, David Wallace nos recuerda cómo proliferan los relatos, películas, series, novelas y ensayos sobre lo que se está gestando. Y nos advierte sobre “la Iglesia de la tecnología” en la que hay millones de creyentes que extrapolan los avances habidos en la creencia de que todo el caos que viene será evitado o paliado por la “tecnología del futuro”. Si escoges como camino una vía de tren y te viene una locomotora encima, no puedes esperar a que la tecnología haga subterránea o aérea la vía férrea, tienes que apartarte del erróneo camino escogido.

Aún ante la contundencia de esas cifras, de las investigaciones que las confirman y sobre todo los testarudos hechos, los negacionistas siguen asegurando que todo es exageración, como los que aún siguen opinando que la tierra es plana a pesar de las evidencias de Elcano o Magallanes hace 500 años  o de las imágenes espaciales. Este tipo de francotiradores contra el sentido común siempre ha existido y sigue habiendo personas con un nivel de credulidad asombroso. Lo inconcebible es que siguen determinando las acciones políticas (solo cuando se unen a intereses espurios, claro). De ahí la pertinencia de una frase pronunciada en una conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático: “El lento arrastrar de pies de las políticas ambientales de muchos países nos lastra a todos, al resto del planeta, porque cada uno de nosotros impone algo de sufrimiento sobre nuestros yos futuros cada vez que cogemos un coche, subimos a un avión, mantenemos un nivel de vida basado en el consumo irresponsable, desperdiciamos el agua, tiramos miles de toneladas de alimentos a la basura…o nos  abstenemos en unas elecciones para exigir políticamente que tomemos todos conciencia del peligro que nos amenaza”.

Reflexionen sobre la breve parte IV, “El principio antrópico” que empieza con la frase “…no sólo es una crisis ecológica sino una apuesta de altísimo riesgo sobre la legitimidad y la validez de la ciencia…es una apuesta que la ciencia solo puede ganar si pierde. Y si la ciencia gana la apuesta, de poco nos va a servir, ni a ella, ni a nosotros. Perdemos todos, todo el planeta.

El planeta inhóspito. David Wallace-Wells. Traducción de Marcos Pérez Sánchez. Debate, 2019. 348 páginas. 22,90 euros.

 

 

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27 noviembre 2019 3 27 /11 /noviembre /2019 18:40

La editorial Rasmia, en su colección Tríadas, está editando unos libritos bilingües con textos breves de autores reconocidos, traducciones excelentes y temáticas de interés superlativo. Se trata, como se trasluce en el título de la colección, de textos que están vinculados temáticamente entre sí, pero también con unos discursos complementarios  que parecen perseguir objetivos semejantes como es el caso en  este primer volumen dedicado a la guerra, o mejor, contra las guerras.

Comienza con dos escogidas citas de Mary Shelley y Paul Valery y cierra el libro con una no menos jugosa de Arthur Schnitzler. Les adjunto la de Valery ("La guerra es una masacre entre gentes que no se conocen para provecho de gentes que si se conocen pero no se masacran") y la  de Schnitzler ("El diccionario de la guerra lo han hecho los dimploáticos, los militares y los gobernantes. Deberían corregirlo los que regresan de las trincheras, las viudas, los huçerfanos, los médicos y los poetas".

La introducción (sin firmar) es el más actual, claro y directo de los textos que nos acompañan en la lectura de este librito de poco más de 100 páginas, la mitad de las cuales son en inglés y la otra mitad sus traducciones al castellano (de Vicente Abella y Santiago Gallego). Son tres textos de Vernon Lee (pseudónimo de una mujer, Violet Page) escritora británica nacida en Francia que vivió a caballo del siglo XIX y el XX y tuvo una obra extensa de novelas, ensayos y libros de viaje y una fama discreta por sus relatos de fantasmas y su afán polemizador en ensayos y artículos. Aquí nos ofrece un relato simbólico, "El ballet de las naciones" en el que a través de figuras tales como La Muerte, Satán, la Valentía, el Honor, la Crueldad, el Hambre, la Ciencia, el Odio, la Rapiña, la Hambruna, la Codicia, el Heroísmo, la Sospecha, el Asesinato y las danzantes-naciones, configuran una danza macabra, desmesurada y sangrienta, un apocalipsis de violencia, cinismo y destrucción con el que la autora trata de reflejar el caos de horror que fue la I Guerra Mundial. El relato ha quedado quizá algo obsoleto para nuestra época, con su abuso de la siniestra  pantomima algo ingenua de las alegorías y los símbolos. 

El texto de Ambrose Bierce, un norteamericano del siglo XIX, periodista y escritor (autor del famoso "Diccionario del diablo" y otras obras de misterio y fantasía), que fue combatiente en la guerra de Secesión, es otra alegoría de los desastres de la guerra, también de una crudeza extrema, pero no comparable a la que ya nos han acostumbrado las películas y documentales actuales de los horrores bélicos y la violencia urbana, por lo que todo queda bañado de una curiosa sensación de pesadilla infantil. Las barbaridades angustiosas de Hitler, Pol Pot, Mao o Stalin, nos han vacunado contra ese horror bélico al que Bierce da el nombre de una de las más sangrientas batallas de la guerra que él vivió: "Chickamauga". La narración tiene  un aire parecido a la de Lee, aunque aquí se trata de mostrarnos esa desdicha sangrienta de la guerra a través de un niño, al que le gusta jugar a ser héroe y defender a la Patria.

Por fin, el tercer texto lo firma un clásico norteamericano, el gran Mark Twain,. Lo titula "La plegaria de la guerra" y son seis páginas de un tono grandilocuente donde el autor de "Tom Sawyer" le pasa factura irónica y sarcástica a las fuerzas y mitos de la guerra, a los intereses más o menos ocultos y a las mentiras adornadas que jalonan los conflictos bélicos amparados por el poder, la ocultación, la codicia, la estupidez y la crueldad con la que se manda a los hombres al matadero. Son tres relatos contra la plaga humana de la guerra, en los que se denuncia "el pueril ensalzamiento del valor y el  heroísmo, el mito del guerrero y del honor...la derrota de la sociedad y el género humanos, la victoria de las miserias, los odios, los miedos, los institnos homicidas y los intereses más oscuros...".

FICHA

GUERRA.- Vernon Lee, Ambrose Pierce y Mark Twain.- Trad. Vicente Abella y Santiago Gallego.- Ed. Rasmia.

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19 noviembre 2019 2 19 /11 /noviembre /2019 18:30

Ya en el prefacio, los autores, padre e hija (el novelista Amos Oz y la historiadora Fania Oz-Salzberger) nos avisan que lo que vamos a leer es un ensayo "especulativo, directo y ocasionalmente lúdico" sobre esa continuidad que ostenta la historia e identidad de los judíos como pueblo. Y esa continuidad tan peculiar no se basa ni en la etnia ni en la política principalmente, sino en una "transmisión intergeneracional de contenido verbal, basada en unos textos determinados". Y en la tradición judía, la crítica, la revisión, la polémica y la discusión están indisolublemente unidos a tales textos, la Biblia, la Torá, la Mishná y el Talmud.

Y es precisamente esa característica del pueblo judío, que ha construido su identidad mediante el amor al Libro, a los libros, la lectura, la discusión, la enseñanza y la obligatoriedad de estructurar eso en la educación de los hijos por sus padres, en la cohesión de la familia con lazos de ese tipo, lo que constituye la principal fascinación que me ha provocado este ensayo. Convertir en señal de identidad de un pueblo algo como la íntima y secular relación entre la persona y las palabras, un principio vital articulado en mi propia vida como individuo fascinado por los libros, me parece algo asombroso.

Este binomio de Oz, padre e hija, han mostrado la inaudita historia de su pueblo enroscado en los avatares de los libros sagrados, de la cultura religiosa, pero también de rigideces sociales y éticas férreas, una suerte de endogamia profunda con la que no parecen estar de acuerdo, pero que admiran y respetan pese a su ambivalencia e intransigencia (ambos se declaran "ateos del Libro"). Como ellos mismos escriben, en el interior de cada judío hay una biblioteca, salvo para aquellos que han desdeñado sus raíces y han asimilado otras culturas, otras existencias. Pero como en el budismo zen, lo esperanzador y vitalizador de esta forma de afrontar la vida, la de los judíos, consiste en su apertura hacia la discusión y la polémica, cuestionando a los maestros con entera libertad, buscando la propia verdad y garantizando una cierta innovación intelectual inextinguible. La pasión por saber, por interpretar, convierte "al mundo entero en un texto" y no es casual que la mayoría de grandes cerebros de la historia de la humanidad, en la ciencia, las artes, la fiilosofía o la literatura, hayan sido judíos. El judaísmo avala la busqueda incansable del conocimiento y la verdad. .Es este un libro agudo, inteligente, informado, irreverente y osado, en el que ningun tema delicado o difícil para la ortodoxia judía ha sido dejado de lado, desde el sometimiento de la mujer y la prepotencia de una sociedad patriarcal, a la tradicional verbosidad compensatoria judía, la actitud ante el sexo o el sentido oscuro del humor (Woody Allen o Groucho Marx) y el complejo permanente y profundo de culpabilidad (Freud). Amos y Fania muestran su agudeza cuando reclaman el talante itinerante del judío, morador de todos los paises, de todos los mundos, hombres de libros y de curiosidad y estudio, un trabajo en marcha que no excluye a nadie, ni a los gentiles cristianos ni a los musulmanes. Los judíos no deberían ser el Otro, el Forastero por antonomasia, sino unos hermanos a los que no hemos aprendido a amar, a entender o a conocer (aunque tampoco ellos han sabido propiciar ese acercamiento). El judío es la asignatura pendiente de la Humanidad. Lo malo es que parece que ellos también lo creen así, aunque por razones diametralmente opuestas. En realidad son el gran Malentendido de la historia.

LOS JUDÍOS Y LAS PALABRAS.-Amos Oz y Fania Oz-Salzberger.- Traducción de Jacob Abecasís y Rhoda Enelde.- Siruela.-220 págs.19,95 euros.

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10 noviembre 2019 7 10 /11 /noviembre /2019 08:46

Sapere Aude, atrévete a saber, atrévete a pensar, atrévete a usar tu propia razón. Fue el lema de los hombres sabios --y osados para su época: el siglo XVIII--  de la Ilustración. La emplea Kant en su obra "¿qué es la Ilustración?, aunque su origen se remonta a una epístola de Horacio,  poeta satírico y filósofo epicúreo  romano del siglo I aC. Entre los objetivos que se plantean los Ilustrados en el llamado Siglo de las Luces está el uso y predominio de la Razón en los asuntos humanos, la tendencia hacia el Progreso y la Ciencia y un Humanismo que engloba el amor a la Naturaleza, la libertad y la búsqueda de la felicidad para todos los hombres. Han pasado tres siglos de la aparición de aquellos seres iluminados que vivían en una dictadura secular de monarcas absolutos y revoluciones sangrientas (como la francesa de 1789). ¿Diría usted lector que se ha conseguido en algún momento los sueños de aquellos ilustrados? Steven Pinker, el ensayista, cree que sí. No suficiente en ninguno de los casos, no firme y mantenido; con bastantes deformaciones, carencias y manipulaciones en su totalidad. Pero hay algo que ha quedado claro:

El atrévete a pensar por tí mismo es la clave filósofica de nuestro tiempo. Es clara y contundente. No demos nada por hecho o por resuelto. Vamos a cuestionar si lo que nos "venden" como verdades realmente lo son. En un mundo digital donde las "fakes news" son el pan nuestro de cada día, donde todo el mundo miente de alguna forma y en cierta medida, según los intereses del momento, hay que exigir a nuestra mente: atrévete a razonar, a cuestionar lo que te cuentan e incluso lo que ves en televisión, periódicos y radio, atrévete a intentar aplicar la lógica, la honestidad, la bondad a los argumentos que emplean para justificar lo que sabes intuitivamente que es injustificable. Tenemos la libertad de pensar por nosotros mismos. Parece una labor ingente, pesada e ingrata. Pero es lo único que certifica nuestra humanidad y nuestro derecho a ser libres y tratar de hacer un mundo más justo y si no más feliz, menos desdichado y cruel. Siempre existe un momento clave en el que nuestra intuición y nuestra integridad -caso de que nos hayan enseñado a tenerlas- nos dicen: te están engañando. Párate, no sigas. Detente y piensa. Atrévete a pensar. Y luego actúa o deja de hacerlo. No aumentemos con nuestra acción o nuestra inhibición la terrible injusticia de nuestro mundo.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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8 noviembre 2019 5 08 /11 /noviembre /2019 17:53

El periodista y escritor francés Jean Rolin, de 76 años, ha utilizado un pretexto  biográfico para seguir los pasos del célebre T.E.Lawrence (el llamado "Rey sin corona de Arabia" o "Lawrence de Arabia" inmortalizado popularmente más por la película de David Lean con un joven y teñido de rubio Peter O'Toole, que por su oscura y trepidante hazaña bélica junto a los árabes contra los turcos, en la I Guerra Mundial.

Se da la circunstancia de que Lawrence vivió en la localidad francesa de Dinard a finales del siglo XIX y a mediados del XX los hizo el autor de este libro, ambos a una edad infantil parecida. Rolin da esa razón como excusa para realizar un viaje de casi mil ochocientos kms semejante al que hizo Lawrence a los 21 para recorrer una ruta por los 35 castillos de los cruzados, la mayoría simples ruinas, que se extiende por Jordania, Palestina, Isarel, Libano y Siria hasta Turquía. Lawrence hará su tesis doctoral de ese relato en Oxford. Más de un siglo después, en 2017, Rolin, seguirá sus pasos, acompañado por un traductor y de vez en cuando por escoltas militares o del servicio secreto de Assad y nos cuenta las aventuras de Lawrence tal como él las relata en sus  libros y los de otros que escribieron sobre ellas, complementándolas con sus propias vivencias en unos territorios y una población que parece haberse mantenido en lo esencial tan miserable, peligrosa, hospitalaria a veces y violenta y mezquinamente codiciosa.

Aparte del recorrido en sí mismo, entre polvo, cascotes, ruina y la miseria de la población que acompaña a cualquier territorio en continua situación bélica, Rolin va incluyendo datos y fragmentos procedentes de los libros y la correspondencia del militar, escritor, arqueólogo y erudito británico que, al menos a mi, me han dado mucha información sobre la niñez, juventud y el tono íntimo de sus aventuras con aquellos árabes de principios del siglo XX, no tan alejados de los actuales.

FICHA

CRAC.- Jean Rolin. TRad. Manuel Arranz.-Libros de Asteroide.

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