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18 enero 2019 5 18 /01 /enero /2019 10:50

 

Supongo que, en definitiva, es una cuestión de marketing, maldita palabreja, y de vender el mayor número de ejemplares, así que decirnos que los dos principales figurones del comunismo legaron una herencia de millones de dólares o que en la pintura vaticana de Rafael de Sanzio sobre la "Escuela de Atenas" aparece una mujer (muy merecidamente: se trata de la filósofa Hipatia de Alejandría, a la que el cineasta Amenábar dedicó una bella película), o que los libros de Spinoza fueron quemados en Oxford y algunos otros chismorreos que no afectan lo más mínimo la enjundia de los filósofos que se pasean por este libro de título ligeramente guasón pero, gracias a las musas,  bien escrito por un profesor de filosofía competente que además escribe sobre cine y tiene una visión decididamente iconoclasta de los filósofos  (incluido él mismo, por su obra lo comprenderéis).

Bromas aparte y dejando de lado los chismorreos más o menos interesantes, las aportaciones pedagógicas están bien servidas, con un prólogo bastante bueno sobre el valor de la filosofía (que deja de manifiesto su dedicatoria que habla de sus alumnos y el camino de enseñanza de la materia que ha sido "duro, difícil, doloroso y divertido"). El libro está dividido en nueve capítulos, dotados todos ellos de una "conclusión " que resume lo narrado y de una bibliografía que resulta amena y oportuna para los que quieran ampliar conocimientos.

Como él mismo dice en su prólogo denunciando el abuso de asignaturas instrumentales y el desprecio a las Humanísticas, como la filosofía y la ética, "renunciar a la memoria y a la reflexión supone considerar que necesitamos ingenieros pero no ciudadanos, técnicos pero no personas" ya que "si algo ha demostrado  la filosofía en sus tres mil años de existencia es que precisamente es la materia que mejor combina el pensamiento crítico con las herramientas para procesarlo, además de constituir el paradigma del siglo XXI: la Tercera Cultura que combinando la tecnología y las Humanidades supere el caduco -y falso- antagonismo entre las ciencias y las letras". De hecho, como sabe cualquier estudioso de la historia filosófica, en un principio la episteme (el conocimiento) era el producto de la unión entre la tecné y el logos (palabra que no sólo significa , palabra, razón, sino también número y contar). Y que datos recientes extraidos de analisis educacionales  del Educational Testing Service, organización internacional que evalúa la efectividad de la enseñanza de diversas asignaturas para alcanzar altos niveles de razonamiento cuantitativo, escritura analítica y razonamiento verbal, la filosofía es la que más destaca en razón instrumental, indispensable para el desarrollo, aplicación y control (la razón ética) de la tecnología para que nos nos desnaturalice como seres humanos.

Pero terminemos  con el preámbulo y demos cuenta sucinta del contenido (cuyo análisis y/o disfrute es cosa del lector), yo me limita a recomendar la lectura que, en eso tiene razón el autor, es básicamente complementaria a lo que sería un recorrido habitual por la historia de la filosofía. Santiago Navajas (Occam sería feliz si supiera que hay un profesor de filosofía con ese apellido) empieza con el final de la filosofía clásica grecolatina por la acción demoledora del cristianismo fanático (que hicieron con esa cultura magnífica lo que los fanáticos musulmanes están haciendo hoy día con culturas como la mesopotámica, egipcia, siria y otras de Asia y Oriente Medio). A través de la vida y obra de Santa Teresa de Jesús, Navajas nos habla del feminismo en épocas de barbarie masculina. Poniendo frente a frente a Juan de Mariana y Hobbes nos habla del Estado y su poder omnímodo, germen del actual. De ahí dalta a Marx y Enhels y al supuesto fin del capitalismo, cuyos estertores estamos aún viviendo. Kant, Cassirer y Heidegger nos introducen en el germanismo-prusianismo, en el nazismo y la II Guerra MUndial. El capítulo 6 se vuelve hispano, Pla, Gaziel, la Segunda República, los controvertidos papeles de Ortega y Unamuno.  En el 7, la cosa se vuelve metafísica y sale Dios a colación, la religión, la ciencia y el arte. En el 8º sale el aborto a la palestra de la reflexión guiada por Navajas que aprovecha la ocasión para citar la película "Gattaca", muy bien escogida para ilustrar la controversia del papel de la genética actual en el diseño de los bebés del futuro y dónde está la ética que corresponde. Y acaba el entretenido viaje con diversos conceptos e hipótesis de ciencia ficción que pronto dejarán de ser para convertirse en opciones de vida, dejando en el aire cuestiones muy serias como la identidad personal el relativismo sobre el conocimiento, la naturaleza de la realidad, la inteligencia artificial y sus limites ("una cosa es ganar al ajedrez a una persona y otra muy diferente comprender lo que significa ganar") .

Lo mejor que puedo decir de este libro es que Navajas ha conseguido como quería Ortega, que el pensador -en este caso es escritor filosófico- además de profundo, se también cortés. Es decir, claro".

FICHA.

LO QUE NO ESTABA EN MI LIBRO DE HISTORIA DE LA FILOSOFÍA.- Santiago Navajas.- Ed. Almuzara.-309 págs. 17,95 euros. Ed. Almuzara.- ISBN 9788417044794

 

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13 enero 2019 7 13 /01 /enero /2019 10:59

En esta ocasión, primero vi la película. Robert Redford y Jane Fonda, los dos abueletes, aunque muy en forma, hacen un papel digno, sin llegar en ningún momento al lucimiento pero tampoco al histrionismo. Luego, más tarde, cuando leí la novela comprendí que con una historia como esa no se podía hacer ningún tipo de exageraciones. Es una novela contenida, que discurre suavemente, que se vuelve dramática con mesura, dolor con sordina, sin aspavientos. Es la historia de dos personas mayores, viudos ambos. Addie y Louis viven solos, tienen sus rutinas, amigos circunstanciales, sin demasiada intimidad con nadie. Hacen su vida apaciblemente, sujeta a ese pequeño pero permanente acontecimiento de levantarse cada mañana y disfrutar del milagro de la vida en el otoño de sus existencias. El entorno es el de una ciudad de provincias en el profundo sur norteamericano, conservador, puritano y en algunos momentos chismoso y retrógrado.

Es Addie quien da el primer paso. Con ese sentido común femenino que supera los obstáculos más recalcitrantes, aparece una noche en la puerta de la casa de Louis, un viejo conocido, y le propone que duerman juntos, sin connotaciones sexuales, simplemente por el placer de sentir al lado de alguien en las noches, cuando la soledad se hace más acre e incómoda. Los dos ancianos están de muy buen ver, son inteligentes y discretos. La  carencia afectiva es evidente en ambos, tienen hijos mayores y arrastran los pequeños -o grandes y larvados- problemas en la relación con sus hijos,  que suelen aparecer en las familias. 

Pero, claro, están viviendo en un pueblo donde todos se conocen y muchos no tienen mejor cosa que hacer que estar pendientes de lo que hacen o no hacen los demás. Naturalmente las idas y venidas de Louis no pasan inadvertidas y comienzan los chismorreos, hasta que estos llegan a los oidos de los hijos de ambos. Mientras la hija de Louis entiende todo e incluso hace migas con Addie, el hijo de Addie se niega a aceptar esa relación, por motivos "morales" que incluye el "mal ejemplo" que los dos  ancianos dan a su propio hijo, el nieto de Addie (prescindiendo del hecho de que el niño está más a gusto con los dos abuelos que con su propio padre , arrasado y desequilibrado por su matrimonio roto).

En fin, no les cuento más. La hipocresía puritana del pequeño pueblo, pero sobre todo la cerrazón igualmente hipócrita del hijo de Addie, son elementos contra los que es difícil luchar. La novela es ágil, irónica y llena de amabilidad humana. Se publicó póstumamente ya que Kent Haruf murió de un ataque cardíaco. Es una novela triste y deliciosa que deja pensativo al lector después de leerla de un tirón. Los diálogos son vivos y al mismo tiempo te envuelven con su precisión y falta de adornos, escuetos, sencillos y directos. Ya el inicio es prometedor, cuando Addie le dice a Louis: "Me preguntaba si querrías venir alguna vez a casa a dormir conmigo". Él se queda asombrado y pensativo. "No dices nada. ¿Te he dejado sin respiración", dice ella. "No estoy hablando de sexo...yo hablo de acostarse calentitos, acompañados...las noches son lo peor, ¿no crees?". 

Lineas cortas, repletas de diálogos breves pero intensos, pocas descripciones, leves apuntes sobre los demás personajes de la novela, centrada constantemente en la pareja que busca la perfección y belleza de una relación desinteresada en la que también aparece el sexo pero más como ternura inteligente que como pasión. Breve como el paso de una  estrella fugaz, pero con una belleza narrativa basada en los buenos sentimientos, el respeto y un cariño que nace de la comprensión. Poco más de cien páginas que se leen como bebiéndolas de un trago dulce, picante y un fondo amargo pero lúcido.

Kent Haruf ha escrito otras cinco novelas sobre pueblos pequeños  y gentes  de la región de Colorado, donde nació. Recibió varios premios y galardones y en febrero de 2014, se le diagnosticó una grave enfermedad terminal con escasas posibilidades de supervivencia. Dedicó sus últimas fuerzas a escribir esta novela. Poco después de corregir las últimas pruebas, falleció. Tenía 71 años. 

Nosotros en la noche.-Kent Haruf.-Random House Editorial.-Traducción de Cruz Rodríguez Juiz.-130 Páginas.-16,90 €.- ISBN 9788439731856

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12 enero 2019 6 12 /01 /enero /2019 10:45

El escritor ruso Leon Tosltoi, en uno de sus panfletos políticos, de los que en los últimos años de su vida se dedicó a escribir con profusión, narra una de las historias de "Las mil y una noches" a fin de ilustrar las relaciones perversas que se suelen establecer entre los gobiernos y los gobernados. Describe a un viajero que por azares del destino llega a una isla desierta. En ella encuentra a un viejo desvalido y tullido que le ruega que lo cargue sobre sus hombros para ayudarle a cruzar un arroyo. El viajero, compadecido, lo hace y cuando llega a la orilla opuesta el viejo le va pidiendo que siga llevándolo para aprovisionarse de frutos y una vez en su cabaña le deje allí en lugar seguro. El viajero lo hace y va notando que el viejo ha cerrado con sus piernas un fuerte dogal en torno a su cuello y su tono lloroso va convirtiéndose en órdenes de mal tono. Cuando intenta dejar al viejo y obligarle a bajar de su cuello, éste se niega y lo convierte en su esclavo, amenazándole con ahogarle. Dejando al margen la exageración irreal de la anécdota, Tolstoi la convierte en metáfora. En ella, el líder, el jefe, el tirano, los que gobiernan y mandan, han logrado que el pueblo (con sus votos, en una democracia)  les permitan gobernar de la misma manera que el viejo con el viajero, subido a sus hombros y atenazándoles por el cuello con las necesidades de la vida. Y a base de disciplina fortalecer su poder y privar de la "cualidad más importante de su naturaleza, la razón libre" a sus gobernados. Más adelante Tolstoi cita al escritor alemán Heinrich Schmitt: "Los gobiernos que justifican su existencia por la seguridad relativa que proporcionan a sus súbditos son comparables al bandido calabrés que prometía a los viajeros que encontrarían libre el camino si les pagaba un tributo". Con una diferencia sustancial: el bandido robaba a los ricos y los gobiernos despojan preferentemente a los pobres y favorecen a los ricos que, a su vez, les apoyan y aseguran su mandato. ¿Simple? Suena a cuento capcioso para adoctrinar a gente sencilla e inocente. La época en que Tolstoi escribió su panfleto dista mucho de la nuestra. Pero, en el fondo, ahí donde anidan ciertas verdades incómodas y también bastante simples, lo que se dice reverbera, vibra con un realismo molesto y más si aplicamos el cuento a intereses no sólo económicos y políticos, sino también sociales, nacionalistas, racistas, religiosos, de psicología de masas, de burocracia entorpecedora, de fiscalidad abrumadora. ¿Es el sino del hombre tener siempre sobre sus espaldas a un tirano de muchos rostros? El problema es encontrar una solución justa y equitativa que establezca mecanismos de control para convertir los gobiernos en gestores honestos  y eficientes para los intereses de la comunidad. Y eso Tolstoi no lograba concebirlo, sino con modelos de resistencia pacífica y fórmulas vinculadas al decrecimiento y la economía sostenible, algo absolutamente utópico en nuestra época. Quizá sea un sueño imposible, minado desde que nace por un virus congénito al ser humano: la ambición codiciosa e insaciable pavoneándose en el territorio de la ignorancia y la visceralidad más irracional. Para obtener ejemplos, pongan un telediario o lean un periódico. Es plena actualidad.-ALBERTO DÍAZ RUEDA

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10 enero 2019 4 10 /01 /enero /2019 10:03

Un filósofo francés especializado en la cultura china puede aportar, de hecho lo ha hecho y lo hace, una visión comparada y mutuamente enriquecedora entre la filosofía occidental (incluida su contemporánea desviación hacia ámbitos más propios de la linguística, la priscología  o la neurología)  y la oriental encarnada en clásicos taoístas, confucianos y budistas.

De Jullien hemos trabajado sus excelentes libros "Un sabio no tiene ideas", "Filosofía del vivir", "Nutrir la vida" y "De la esencia o del desnudo". Pero es quizá en el que hoy comentamos donde Jullien muestra más a las claras su objetivo de inyectar un reactivo filosófico oriental en el seno de la filosofía occidental. Para ello Jullien recurre a nuestros clásicos preconizando una especie de retroalimentación de los taoístas y los confucianos en el escenario de la filosofía occidental desde los clásicos greco latinos de todas las escuelas a Agustín, Spinoza, Hegel o Heidegger. Para ello aporta una crítica constructiva a la esclerotización de la filosofía en occidente y toma como ejemplo básico la cuestión del "Tiempo", cuestionando no sólo las ideas básicas que desde Aristóteles ha alimentado la cultura filosófica de occidente, sino la propia esencia de la filosofía sus objetivos y sus compromisos históricos -con la Iglesia, por ejemplo-  que ha separado la noción de sabiduría  (banalizándola como refranero y sentido común) de la filosofía como saber unido a la forma de vivir. Jullien acude a los grandes maestros taoístas y budistas, evitando con habilidad enfangarnos en el etnocentrismo o ese exotismo barato de los libros de autoayuda y,  mucho menos, en un relativismo cultural sin valor alguno.. Con habilidad, Jullien no compara las dos tradiciones  filosóficas sino que busca elementos y perspectivas que engarcen entre ellas una apertura para los filósofos occidentales de muchas de la nociones filosóficas que han constituido una barrera imposible de derribar y obligando a los filósofos  a rodear el tema, cuando los grandes maestros orientales lo tenían resuelto simplemente porque no lo consideraban un problema (por ejemplo: el tiempo).

Es decir tratar aquellos temas, como el citado, a los que la filosofía occidental ha convertido en aporías, cuando en China están resueltos porque el contexto cultural ni siquiera los ha tenido en cuenta como tales. En China no hay conceptos ni modelos teóricos de pensamiento, sus ideas están formuladas intuitivamente y se ajustan a un modelo de vida, sin necesidad de esquematizarlas. El pensamiento clásico chino está concebido como el desarrollo de un proceso y de la interacción de los sujetos en tal proceso, ni concibe la Polis como objetivo que supera al individuo o la dicotomía de la libertad y la esclavitud. No hay debate político y tampoco es pertinente debatir sobre la conciencia y el individuo sometido a una interioridad donde le fustiga la culpa por unas faltas casi ontológicas (que en occidente constituyen la herencia griega y hebraica alimentando el contenido de la filosofía desde Platón). Es un proceso continuo en el pensamiento oriental que desde la idea de la transformación constante (uno de los libros capitales de la filosofía china es el I Ching o libro de los cambios) y de la acción o no-acción (wu wei) que se debe ajustar a una estrategia cuya lógica y coherencia el pensador ha de descubrir en cada ocasión. Y se resume en una actitud  de adaptación al cambio de las cosas como actitud básica del hombre sabio.

El Sabio es, pues, el paradigma del filósofo desde el punto de vista chino. Y es un estratega que sabe combinar la virtud con la eficacia, pues ha madurado un espíritu moral, que no sigue normas o principios ajenos a él (al contrario que el imperativo categórico de Kant) y actúa espontáneamente cuando llega el momento adecuado y las circunstancias son favorables, actualizando su fundamento moral, una forma de provecho que siempre está a favor de los otros, no de sí mismo El sabio capta la vida como un proceso que madura y sabe aprovechar las consecuencias más favorables. Ese proceso nos lleva al tiempo, en el que los sabios chinos no ver el proceso conjugativo del pasado, presente y  futuro, sino se plantea las cosas y su devenir en términos que tiene en cuenta la duración y no el acontecimiento. Y así el envejecimiento no es un necesario síntoma de degradación sino un elemento más del proceso de vivir, como la muerte no es una brutal ruptura sino una consecuencia más de vivir (aquí podemos ver una de las muchas analogías que hay entre los dos sistemas de pensamiento, los estoicos y los epicúreos tenían sobre la muerte una actitud semejante.)

Para argumentar y exponer los elementos de la filosofía china que podrían servir para madurar el pensamiento occidental en algunos términos, Jullien recurre a su erudito conocimiento de los clásicos chinos, Confucio, Mencio, Sun Zu y su "Arte de la guerra", Lao Zi o Chuang Tse y el citado I Ching.

En resumen un libro francamente sugerente y sugestivo que nos desvela ideas y cuestiones enfocadas desde un punto de vista integrador que no sólo interesará los estudiosos y amantes de la filosofía, sino al lector común que comenzará a descubrir que hay un tipo de filosofía y filósofos que ofrecen estrategias de gran ingenio para afrontar muchos de los problemas que nos causa la forma de vida que se impone en occidente. Y eso es así, aunque nos separen de ellos más de veinte siglos, porque bajo el barniz prepotente de la cultura y la tecnología occidentales, se esconde el mismo primate  sujeto a instintos y deseos que inventó la lanza, el arco, la agricultura, la rueda y la Polis (la ciudad) y las leyes para tratar de sobrevivir por encima y aprovechándose de los demás animales (incluidos sus congéneres).

DEL TIEMPO, ELEMENTOS DE UNA FILOSOFÍA DEL VIVIR.- François Jullien.-Trad. Miguel Lancho.- Arena Libros.- 184 págs. ISBN9788495897305

 

 

 

 

 

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18 diciembre 2018 2 18 /12 /diciembre /2018 09:15

Cervantes y "Don Quijote" es a los libros de caballerías lo que el guionista y escritor norteamericano William Golldman y "La princesa prometida" es a las novelas y  películas de "grandes aventuras y amores verdaderos". El primero usa  a Cide Hamete Benengelí, un escritor morisco, "arábigo y manchego", como supuesto autor de la obra y Goldman se inventa a un escritor norteamericano de ascendencia nórdica -en realidad nacido en "Florín", un reino fantástico- llamado S. Morgenstern . Cervantes busca compañero  y amada para su caballero de la Triste Figura y Goldman se conforma con dos compañeros para su héroe Westley (que tiene una muy bella figura): Fezzic el gigante e Iñigo Montoya, un espadachin  español ("guiño" de Goldman al lector avisado) y por supuesto una Bella princesa, la más hermosa de mundo, (llamada absurda o irónicamente Buttercup, "pastelito" en castellano) que en realidad ni siquiera es de sangre real (es de origen campesino, como el héroe, una  lechera). Pero donde Cervantes lleva su fantasía a estrellarse continuamente con una realidad sórdida, Goldman lleva su hiperbólica y desmesurada irrealidad novelesca a superarse a sí misma en una escalada de imposibles en franco desafío a lo posible, trufada toda ella de la realidad, entre bromas y veras, del propio Goldman. Don Quijote y Sancho cabalgan por una Mancha casi documental y los héroes de nuestra historia corren sus increíbles aventuras por un supuesto reino de "Florin, que se extendía entre Suecia y Alemania. Por supuesto "antes de que formara Europa". En un caso, el cervantino, los "malos" son reales y circunstanciales o imaginados e inexistentes; en nuestra novela, el malo es el príncipe de Florín, llamado Humperdinck, un psicópata que "tenía la forma de barril...pecho enorme de barril y muslos poderosos abarrilados, pesaba cerca de ciento veinte kilos y caminaba de costado como un cangrejo" y su hombre de confianza, otro psicópata llamado conde Rugen, cuyo mayor placer era estudiar los efectos del dolor en todo ser viviente, tenía seis dedos en la mano derecha, maestro espadachín y pieza importante en esta original "novela" pues es el sujeto que asesinó al padre de Iñigo Montoya (que era un fabricante de espadas extraordinarias) y causa la obsesión de Iñigo por encontrarse con él y matarlo (la frase "Me llamo Iñigo Montoya; tú mataste a mi padre; prepárate a morir" se repite bastantes veces en la novela, cada vez que Iñigo tiene ocasión de decirla...y son muchas). Y por fin, si en Cervantes el concepto clave es la dialéctica ficción-realidad, aquí es realidad-ficción- realidad ficcionada, más complejo y considerablemente más irónico, sarcástico y juguetón (aunque, como pueden suponer pertenecen a dos niveles literarios distintos y aquí acaban las comparaciones, similitudes e influencias del gran Cervantes en el divertidísimo e inteligente William Goldman). Por último, aunque no menos importante, el concepto ético que domina esta rara novela es "La vida no es justa, nunca lo ha sido y nunca lo será" con lo que redunda un poco en lo que piensa el lector de "El Quijote" cuando el Caballero pasa las de Caín en nombre de su "Amor Verdadero", para acabar además muriéndose de tristeza con el cuerpo apaleado y todo su mundo reducido a una "locura" objeto de burla.

Otra característica que rinde homenaje a la excelencia literaria es el recurso a la oralidad como base para la narración. De abuelos a padres y de estos a hijos, "La princesa prometida" va siendo leída a niños atentos, entusiasmados y reacios a que les den gato por liebre. Por tanto en el libro se entrecruzan varios niveles: el del narrador primigenio, Morgenstern, el del "compilador" y "sintetizador" del largo original, Goldman y el del hijo que fue Goldman o el del propio "hijo" de éste, un gordito que será redimido por el ejemplo de Swazenegger  (en la vida real Goldman tuvo dos hijas, pero SI les leyó la historia de la Princesa que estaba escribiendo) y, naturalmente, las "morcillas" o intevenciones continuas de Goldman en sus funciones de "re-escritor" que nos habla de su propia vida, sus problemas legales "con los herederos" de Morgenstern, su propia mujer, Helen, una conocida psiquiatra (creo que invención del escritor, ya que su esposa no era psiquiatra ni se llamaba Helen), sus guiones de cine (entre ellos, dos premiados por sendos Oscar, "Dos hombres y un destino" y "Todos los hombres del presidente" y otros grandes éxitos como "Misery" de Stephen King (que pasa a ser personaje de este libro), "Marathon Man", basada en una novela suya, y otras muchas, una brillante carrera truncada por la Parca el pasado 17 de noviembre. Y, sobre todo, destaquemos el humor y la desternillante ironía con que Goldman nos va contando los cortes y supresiones de páginas que hace al original de M. porque son aburridas y ya las hizo un su día el padre o abuelo que leía dicho original ("como en Moby Dick hay que saltarse las aburridas páginas sobre los detalles de la caza de ballenas", dice W.G.).

"La princesa prometida", publicada originalmente en 1973, con versión cinematográfica de 1987,  es una joya de la metaliteratura, llena de un humor a ratos de brocha gorda, tipo Tom Sharpe o Rabelais, o de sarcástica sutileza como Wodehouse, Mark Twain, Waigh o Sterne, es decir un humor más británico que yanqui. Desde la nota del editor recomendando al lector que se salte las dos introducciones del autor (la primera en el 25º aniversario de la novela y la segunda en el 30º)   y vaya a la página 45 para ver de qué va la cosa, hasta la guasa de signo superlativo que destilan las dos introducciones, paeando por la descripción de los cortes que Goldman hizo al original de Morgenstern, hasta los problemas del "compilador" en su intento de escribir una continuación de "La Princesa prometida" que llevaría por título "El bebé de Buttercup" y que los editores habían decidido encargar a Stephen King porque vende más libros que Goldman, pasando por las casi treinta páginas que se adjuntan de dicha continuación (con los comentarios agudamente sarcásticos del autor), el lector queda bien servido, aunque apenado porque ya sabe que NO LEERÁ dicha continuación en forma de libro, por fallecimiento del autor.

Este artefacto  literario que, como la película (dirigida por Bob Reiner), se ha convertido en un libro de culto para entendidos o avisados lectores y cinéfagos (parece ser que hay millones repartidos por todo occidente), debería ser objeto de una oferta librera peculiar: un pack que contuviera el libro y también un dvd con la película. La imaginativa editorial, "Ático del los libros" podría apuntarse un tanto superior al que ya tiene por haber publicado esta magnífica edición que tengo en mis manos.

Por cierto, para que quede constancia de la rara erudición (y no sólo en las cosas del reino de Florín) de Goldman, parece ser que el nombre de Simon Morgenstern, el "genuino autor" de "La princesa..." es un homenaje al creador del término literario de origen alemán "bildungsroman", es decir, "novela de iniciación" como el "Werther" de Goethe o "Las afinidades electivas", "La isla del Tesoro" de Stevenson, o "El artista adolescente" de Joyce. Su nombre: Johann Karl Simon Morgenstern. 

Pero todo este artículo suena demasiado a literatura seria, así que me detengo y les conmino a leer una novela que trata dinámica, divertidamente, emocionante y también de forma arrolladoramente sugestiva, asuntos tales como: "esgrima, lucha, tortura, venenos, amor verdadero, odio, venganza, gigantes, cazadores, hombres malos, hombres buenos, las damas más hermosas, serpientes, arañas, bestias de toda clase y aspecto, dolor, muerte, valientes, cobardes, forzudos, persecuciones, fugas, mentiras, verdades, pasión y milagros." Y no dejaréis la lectura hasta saber "¿qué fue de la hermosa Buttercup y del pobre Westley, y de Iñigo, el más grandes espadachín de la historia mundial? ¿Cuan fuerte era en realidad Fezzik? ¿Tenía límites la crueldad de Vizzini, el siciliano o la del príncipe  de Florín o la de su esbirro  el conde que tenía seis dedos en la mano derecha y había matado al padre de Iñigo?"

En fin, disfruten leyendo y si pueden háganse con la película. Les garantizo que cualquier lector que se "enganche" a esta novela acabará formando parte de un selecto club mundial, con sede en Florín, ese país enredado en uno de los pliegues de la vieja Europa. Y compartirá con millones de amigos una frase emblemática que los distingue a todos y cada uno del resto del mundo: "Me llamo Iñigo Montoya: tú mataste a mi padre, prepárate a morir".

FICHA

LA PRINCESA PROMETIDA.- William Goldman.- Trad. de Celia Filipetto.- 390 págs. Ed. Ático de los Libros.- ISBN 9788416222636

 

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15 diciembre 2018 6 15 /12 /diciembre /2018 09:11

Hace algún tiempo les hablé ya de Iris Murdoch, una narradora y ensayista anglo-irlandesa, profesora de literatura en un colegio de Oxford y alumna de Wittgenstein, de una inteligencia novelesca y una sensibilidad literaria bastante fuera de lo común. Una película soberbia titulada "Iris" nos hablaba de su genialidad y del cruel desenlace de su vida, privada por el alzheimer de su libre y avasalladora personalidad creativa.

Pasada la treintena Murdoch publicó su primera novela "Bajo la red" con un éxito fulgurante que años después le valió el juicio lisonjero de la revista "Time" de considerar dicha novela una de las 100 mejores novelas publicadas en inglés en el siglo XX. Personalmente discrepo de ese juicio aún considerándola una buena novela (como suelo rechazar esa obstinación de algunos de hacer "listas" de valor literario o artístico en base a...su propio y personal criterio). 

Iris Murdoch  fue una mujer particularmente brillante con n una narrativa a la altura de su inteligencia y de su personalidad renovadora, desafiante y anticonvencional, llena de un sentido de la ironía y el humor que, como en esta historia, llega a extremos hilarantes. Su capacidad de crear personajes por corrientes y creíbles al mismo tiempo, de escribir diálogos de una sonriente profundidad que arrastran al lector o de imaginar situaciones surrealistas dentro de la comicidad más inesperada. Tiene las características ideales para encarnarse en un escenario o en una película: dinamismo, sensibilidad, inteligencia y humor. 

Las venturas y sobre todo desventuras de Jake Donaghue, un escritor  en horas bajas que malvive como traductor, parece convertirse en una especie de parodia del "Ulises" de Joyce mezclado con la picardía, la desverguenza y el talento picaresco de un Tom Jone. Las relciones del protagonista con una antigua novia Anna y su hermana, Sadie, junto a la presencia de su amigo Hugo, un filósofo tan perdido como él pero capaz de tener ideas que Jake se apresura a apropiarse para sus propios intereses. Londres se convierte en la contrafigura de Jake, una especie de laberinto infernal que proporciona a la Murdoch la excusa para mostrarnos la endemoniada Corte de los Milagros que es la capital inglesa de mediados del siglo XX. Un don Quijote patético y encajador de rechazos, acompañado por su Sancho donQuijote (el primo lejano, Finn) que es su contrafigura. 

Esta novela picaresca inglesa del pasado siglo tiene, como sus homólogas hispanas, inglesas o francesas una profunda amargura soterrada bajo el brillante manto de humor, sarcasmo e ironía. Con un elemento añadido nada desdeñable:  las frases de estilo filosófico y lingüístico que van espolvoreándose aquí y allá (y que es una de las características de este autora). Como muestra un botón que resume filosóficamente las peripecias del protagonista: "Toda teorización es una huida. Debe dirigirnos la situación en sí, y eso es inexpresablemente concreto. Desde luego, es algo a lo que nunca podemos acercarnos lo bastante, por mucho que intentemos, por así decirlo, meternos bajo la red". ¿De qué red habla Iris y su personaje? Del lenguaje, por supuesto.

como vemos en este otro fragmento de diálogo entre Jake y Hugo: "Hay situaciones que no se pueden desenredar nunca-dijo Hugo- tienes que dejarlas a un lado. Tu problema, Jack,  es que quieres comprenderlo todo con empatía y no puede ser. Uno debe andar a trompicones aunque se equivoque. La verdad reside ahí.

-Oh, al infierno la verdad... Las acciones no mienten; las palabras siempre...pero ya veo que todo ha sido una alucinación." (pág. 311)

Y más adelante: "¿Cuándo conocemos a un ser humano? Tal vez sólo cuando uno ha comprobado la imposibilidad de conocerlo y ha renunciado al deseo de ello y al final ni siquiera siente su necesidad. Pero lo que uno consigue ya no es conocimiento, es simplemente una especie de coexistencia; y esa es también una de las máscaras del amor". (pág. 325)

Fallecida en 1999, con 80 años, Iris Murdoch, tal vez por la calidad intelectual y literaria de su narrativa y también  gracias a los empeños de su compañero durante la mitad de su vida, el crítico literario John Bayley, que publicó dos maravillosos libros sobre la escritora, Elegía a Iris (1999) como Iris y sus amigos (2000), editados en Alianza, parece vivir un auténtico renacimiento en el interés del público lector. 

FICHA:

BAJO LA RED.- Iris Murdoch. Traductores: Javier Alfaya y Barbara McShane.  Editorial: Impedimenta.- 345 págs. ISBN: 9788417115890

 

 
 
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28 noviembre 2018 3 28 /11 /noviembre /2018 13:58

Parece ser que la edición que poseo de esta novela está descatalogada. La buena noticia es que ha salido una nueva edición en la editorial Salamandra, aunque no tengo datos de ella o de la traducción. La de Sandra Campos para RBA es bastante buena. También me  gustó la portada, que fue uno de los motivos por los que adquirí el libro en 2009 (había desaparecido, antes de leerlo,  en uno de esos traslados de bibliotecas donde se pierden o extravían misteriosamente algunos ejemplares. Este ha aparecido (¿casualmente?) en uno de los estantes dedicados a libros de viajes. La reciente aparición de una película basada en la novela me recordó que ese llamativo título yo lo conocía y fue el motor de búsqueda del libro en las dos bibliotecas de las que dispongo en dos ciudades distintas.

“La Sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernesy”  es una delicia literaria que recuerda por el género de narrativa -epistolar- a "84 Charing Cross Road" el libro de la norteamericana Helene Hanff que también tuvo una modélica versión para el cine en la película de 1987 "La carta final" (interpretada por Anthony Hopkins y Anne Brancoft) pero que no llega a superar la magia de la novela.

No conozco aún la película de "La sociedad literaria..." pero la novela la he devorado en unas horas, a pesar de las dificultades lógicas que supone la narrativa epistolar. Hay más coincidencias: las autoras, Mary Ann Shaffer y Annie Barrows son norteamericanas, libreras y editoras (como Helene Hanff, que además era traductora) y sus temáticas respectivas se refieren a Inglaterra y en la misma época más o menos, en torno a la segunda guerra mundial. Y mientras "84 Charing Cross Road" habla de una librería dedicada a la venta de libros antiguos y a una lectora compulsiva de clásicos ingleses, la que hoy nos ocupa habla de una escritora inglesa que de forma casual entabla relación con algunos habitantes de una de las islas inglesas del Canal de la Mancha,  Guernsey, frente a las costas francesas, que fue ocupada por los nazis.

Del curioso nombre de la sociedad literaria inglesa nacida bajo la ocupación nazi de las islas del Canal y de los avatares que la acompañan, algunos bastante trágicos, no les contaré nada para salvaguardar la previsibles y placenteras sorpresas que tendrán. La descripción de los personajes, principalmente de los lugareños, y la habilidad de presentar cartas cortas pero muy llenas de contenidos y observaciones agudas, hacen de la lectura un placer sin fisuras. Punto destacado para mí es la ética descripción que atañe a algunos -pocos- de los soldados alemanes cuyo comportamiento con la población civil mostraba una humanidad (peligrosa para ellos mismos)  de la que  como sabemos, carecía la gran mayoría de los nazis.

Los libros y unos determinados autores son los que dan contenido a ambos libros (más eruditos los de la primera y más populares pero también clásicos los de "La sociedad literaria...". Así leeremos cosas divertidas sobre lecturas de Wilkie Collins,  las hermanas Bronte,  Wilde o Charles Lamb, e incluso de  clásicos  romanos como Séneca o Cátulo.

La primera carta que leemos es de Juliet, la protagonista de la historia, fechada el 8 de enero de 1946, y dirigida a Sydney Stark, su amigo y editor. Desde aquí ya comenzamos a vislumbrar la ironía y el  fresco y sencillo humor que dominan el estilo de la novela, con unos detalles  sobre la vida cotidiana en Londres (y más tarde en la isla) recién acabada la guerra, con todas las dificultades e incomodidades y carencias que eran parte de la normalidad en esos días. El azar -un hombre de la isla compró de segunda mano un libro de Lamb que perteneció a Juliet, donde está su dirección y le escribe para que le ayude a conseguir una biografía de ese ensayista galés que murió tres años antes de empezar la época victoriana- es el motor que alimenta el desarrollo de una correspondencia que cada vez involucra a más personas y de donde sale la anécdota de la sociedad literaria y con ello, el deseo de Juliet de escribir un libro sobre los detalles y circunstancias --algunos muy divertidos y otros muy dramáticos-- de lo que ocurrió durante la guerra.

FICHA

LA SOCIEDAD LITERARIA  Y EL PASTEL DE PIEL DE PATATA DE GUERSNEY.- MaryAnn Shaffer y Annie Barrows.- Tra. Sandra Campos. Ed. RBA. 303 págs. ISBN 9788498673951                                                                                  

 

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24 noviembre 2018 6 24 /11 /noviembre /2018 09:48

El libro del poeta y narrador ibicenco Vicente Valero (1963) ha sido una muy agradable sorpresa. Sujeto al hilo conductor de su afición al ajedrez y su tendencia lúdica a viajar, el autor sale de su retiro personal subyugado por las sombras literarias y filosóficas de cuatro escritores esenciales en el pasado siglo y finales del XIX, Nietzsche, Rilke, Kafka y Brecht. , cuyas estelas biográficas van formando entre sí un tapiz de cruces, desencuentros, casualidades y sincronicidades, entre los que Valero introduce su propia avidez de conocimiento y re-conocimientos. Cuatro viajes a lugares distintos de la geografía europea donde las sombras fantasmales de esos hombres han coincidido en algún momento, lugar , paisaje o circunstancia histórica que se imbrica en la propia, actual, del autor que vive ese "encuentro" como una búsqueda azarosa: Walter Benjamin en la localidad danesa de Svendborg (donde Benjamin y Brecht fueron fotografiados jugando una partida de ajedrez), cercana a Elsinor, el castillo de Hamlet, el príncipe condenado a la necesidad de pensar, quizá como trasunto del propio Valero. Kafka en Munich donde hace una lectura ¿premonitoria? de "En la colonia penitenciaria" quizá despertando la cercana presencia futura de Hitler y el nazismo. El Turin de Nietzsche donde la devastadora locura le alcanzaría y donde Valero gracias al ajedrez conoce a una pareja que le llevará a otras pistas y otras vivencias relacionadas con el entramado evocador y literario de su libro. O Rilke en Berg, cerca de Zurich, donde una serrería impidió que  el poeta acabara sus "Elegías de Duino".

Hay una entrecruce de rastros, aparecen y desaparecen otros autores de la época, Zweig, Kraus, en una época en la que el mundo está cambiando y preparándose para un Holocausto no sólo judío, sino humano, social y económico de extensión y profundidad inimaginables. Todo podría quedar en un exceso intelectual y cultural, pero Valero tiene la habilidad de poner una pieza esencial -él mismo- que relativiza la rigidez erudita que amenaza estos trabajos para convertirse en un libro de viajes de una persona común y muy informada, que ironiza sobre sus propios viajes y nos lleva a pie de calle por los lugares,  con una sencillez que desarma el fetichismo que esos grandes hombres suelen suscitar.  

Las reflexiones de Valero sobre ciertos aspectos de algunos de sus admirados autores logran una altura considerable, como la referida a  Benjamín sobre las altas expectativas sobre su obra en curso que este escritor solía  crear entre amigos y conocidos para implicarles  y comprometerles  en la importancia del trabajo y la necesidad de ayudarle a terminarlo "por razones superiores", o aquella más amplia referida a la tendencia de los creadores a buscar un refugio para realizar su trabajo supremo, a "encastillarse", y los obstáculos que el artista ha debido afrontar: "Y esa lista de obstáculos que todo artista ha anotado en su cuaderno de pérdidas...nos revela que la vida ha dado sus frutos...ha hecho lo que tenía que hacer, en perjuicio de la soledad creativa y la contemplación absoluta...esa amada monomanía de los artistas que no es la vida misma en sus formas naturales sino una violencia misteriosa y un poco patética que ejercemos, sin llegar a saber la razón,  contra el flujo potente y finito de la vida".

La habilidad del autor en dar una imagen discreta y rodearse de detalles cotidianos informales que incumben al ejercicio del viajar, equilibra la balanza con la seriedad de sus indagaciones y las descripciones de los lugares y las personas. Hay una simpática madurez estilística y narrativa en Valero que hacen interesante y divertida le lectura. La espontaneidad de los viajes, ese dejarse llevar por las circunstancias o el capricho, ese amoldarse estoico pero también epicúreo a lo que acontece, aumenta la delicia del lector, que termina asociando el juego del ajedrez y sus reglas y sus movimientos a la búsqueda de sombras legendarias en los lugares reales donde estuvieron en otro tiempo, cosa que Valero nos recuerda en ocasiones repetidas con la frase: "Como afirman los grandes maestros del ajedrez, hasta dónde te puede llevar la partida siempre es un misterio".

Valero es un "viajero real que desayuna, se baña, pasea, conduce o entabla conversaciones", pero su afán confesado es hacer un recorrido con las cartas marcadas por la literatura de una convulsa y crucial época, sacudida por el arte expresionista, el dadaísmo y las vanguardias, una visión secular del mundo en la que  Dios había muerto y había dejado un hueco para que se instalaran los totalitarismos, la guerra, la crueldad absoluta y la banalidad del mal. 

FICHA

DUELO DE ALFILES.- Vicente Valero. Periférica.163 págs. ISBN 9788416291717

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15 noviembre 2018 4 15 /11 /noviembre /2018 09:29

Hay algunos libros en los que la relación entre  la calidad del texto y el tamaño del libro, número de páginas o volumen son inversamente proporcionales. Es el caso de este mini ensayo, "El vicio de  la lectura" que casi parece un artículo largo.  Fue escrito por la norteamericana Edith Wharton premio Pullitzer y primera mujer doctor honoris causa en Harvard, a la que conocía exclusivamente como novelista, francamente buena aunque por razones inexplicables de escaso éxito actual (vivió a caballo entre los siglos XIX y XX) a pesar de un estilo depurado, muy superior a los que hoy abundan incluso  entre los mejores del ramo y una inteligencia y agudeza que me recuerdan a la de la malograda Iris Murdoch.

La entonces atrevida hipótesis de trabajo de la Wharton (lo publicó en 1903) era que la amplia socialización educativa, la difusión de la cultura y el acceso de las masas a los libros y las bibliotecas, inmediatamente considerada como un instrumento de mejora social y laboral, por tanto económica, había fomentado la  creación y propagación de un nuevo vicio: el de la lectura. Con ese germen tan activo no tardaría en aparecer la enfermedad correspondiente y lógica epidemia: los lectores de textos-basura, los calificados como "lectores mecánicos" (porque leen "mecánicamente"). Eso provocó un enorme aumento de publicación de libros y consecuentemente un aumento brutal de la literatura basura y del lector consumidor de esos bodrios. Los cuales, debido de su ingente número se convirtió en un peligro evidente para la buena literatura. ¿Qué escritor, por bueno que sea, no prefiere publicar un libro mediocre o medio malo por cientos de miles de ejemplares que uno muy  bueno que compran algunos cientos de lectores desperdigados?

Y como con agudeza (suena a Wilde) nos recuerda la autora, "Ningún vicio es más difícil de  erradicar como aquellos que popularmente se consideran virtudes" Aunque la autora hila más fino y recuerda que los presuntos frutos que teóricamente produce la lectura en las personas, su vida y sus obras, no dependen de la lectura en sí, sino de la clase de libro y autores que lees, como tampoco depende de la cantidad sino de la calidad y aún más, no de lo grande que sea tu biblioteca personal sino del número de libros que lees realmente (seguramente la Wharton esto no llegó a conocerlo, pero recuerden ustedes aquellas editoriales que vendían colecciones enteras para la decoración "de estatus" de algunas casas de la clase media y media-alta. Cito: La providencia nos proporciona innumerables autores cuya misión obvia consiste en proteger a la literatura de los estragos de los tontos. El lector mecánico se convierte en un peligro para las letras sólo cuando osa pastar en prados que no son los que le están predestinados.

El análisis del tema se completa con marcar las diferencias notables entre el lector "mecánico" y el lector nato, la compulsividad agresiva de aquél frente a la naturalidad de éste que, en última instancia, suele establecer una suerte de "diálogo" con el autor y de ese diálogo, en el mejor de los casos, sale un enriquecimiento personal. 

El que esos lectores no natos, se pasen al "lado serio" de la literatura (generalmente por esnobismo), preocupa a la autora porque, con la osadía de la ignorancia, pueden llegar a dañarla al opinar sobre ella, dada la democratización de la opinión pública que da oídos a todo el mundo. Y con cierto elitismo escribe: "Es probable que si sólo leyeran los que saben leer, sólo producirían libros los que saben escribir". 

En estos tiempos, la obrita de Wharton queda ya en líneas generales algo obsoleta, los problemas son otros. Pero aún es apreciable la finura en el análisis de los tipos de lectores y sus motivaciones. Aunque fuese solo por eso, resulta un placer útil leerla. 

FICHA

EL VICIO DE LA LECTURA.- Editorial José J. de Olañeta. Traducción de Abel Vidal. Encuadernado en rústica con solapas, tiene 48 páginas.

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2 noviembre 2018 5 02 /11 /noviembre /2018 10:13

El israelí Yuval Noah Harari, que acaba de cumplir cuarenta años, tiene la  loable ambición de mostrarnos en tres libros el nacimiento, desarrollo, auge y supuestamente declive y deterioro progresivo y cuasi apocalíptico de ese género o especie animal absurda, destructiva, genial, desdichada, patética aunque poética, ridícula y tan cruel como enternecedora que conforma al ser humano, el espécimen más letal de este planeta  tan hermoso como destruido y esquilmado que llamamos Tierra.

Con "Sapiens. De animales a dioses" (2014) o "Homo deus. Breve historia del mañana" (2016) a "21 lecciones para el siglo XXI" (2108) Yuval no sólo ha conseguido hacerse razonablemente rico y ser bastante conocido en los medios informativos y académicos de todo el mundo occidental y tolerablemente  aceptado -con una sonrisa escéptica y algo irritada que se reserva a los "chicos traviesos"- por el estamento científico, sino que está conmoviendo y alertando conciencias por todo el mundo lector que se lee sus entretenidos mamotretos de centenares de páginas.

En un  principio este artículo iba a tratar sobre el último libro de Noha, confrontado   con el de Steven Pinker, "En defensa de la ilustración". Dos libros recién editados. Best sellers por una vez justificadísimos. Los dos nos hablan del mundo que tenemos y por lógica empírica del que nos viene ya. Pero YA. En realidad vivimos en este mismo momento bajo sus parámetros  tecnológicos, sociales, económicos, políticos y amorales. Ya han desaparecido, obsoletas, costumbres consolidadas durante siglos (algunas detestables sin  duda) y desde la cuna a la tumba se va diseñando un ser humano sutilmente diferente, distinto, extraño, que se amolda o trata de hacerlo a cambios que les afectan desde la familia a las relaciones sentimentales, las emociones o las formas de ganarnos la vida, divertirnos, pelearnos o situarnos frente  al futuro. La historia no ha muerto, como aventuró Fukuyama, ha  perdido su sentido.

Dado el interés y la envergadura de estos libros, he decidido optar por una  solución salomónica. Le dedicaré un artículo a cada uno de ellos por separado. Dado que mi conclusión, absolutamente personal y por tanto no solo discutible sino rechazable, es que la gente de las generaciones próximas a la mía, por delante y por detrás, seguramente apoyarán la broma imposible y marxista (sector Groucho) de que paren el mundo para "bajarse en la próxima" y seguir que todo siga su curso hacia la entropía, he preferido aligerar tal visión oscura con un próximo artículo en que hablaré del discutible pero razonable optimismo de Pinker. Y todo eso no por una visión apocalíptica sino filosófica: los que soñamos en la "vida buena" de epicúreos y estoicos, estamos fuera de lugar. Pero ustedes, la gente joven del siglo XXI serán los pioneros de un mundo nuevo, quizá mejor-es mi deseo más ferviente: tengo nietos- que el resto de la bastante lamentable historia anterior. Y ese es el otro aspecto de la cuestión. Más bien la cara oscura de la Luna. La posibilidad, no probable pero tampoco imposible, de que la vida y el ser humano tomen un sesgo inesperado que evite el apocalipsis que la lógica de la historia nos propone. La dialéctica está servida.

Yuval Hoha forma parte de una especie intelectual casi extinta que es la de los "ilustrados radicales", ya que no sólo defiende de los valores de la Ilustración que Kant en 1784 definía como "los principios básicos de la razón, la ciencia, el humanismo (y la libertad) y el progreso que harán salir a la humanidad de su autoculpable inmadurez", sino que a diferencia de grandes ilustrados como Locke, Voltaire o el mismo Kant, defiende esos valores hasta sus últimas manifestaciones, ya sea la homosexualidad, el catolicismo, el islamismo, los ateos y la libertad de conciencia. Más cercano a Spinoza que a esos otros y judío como él no muy aceptable por su comunidad debido a sus opiniones, nuestro autor nos ofrece la cara y la cruz del ser humano en tres tiempos, su pasado de primate dotado de la "chispa" divina enredada en sus neuronas, un posible, quizá probable, futuro en el que la chispa es tecnológica y las neuronas chips y seremos cualquier cosa impensable entre la IA y la Scf y un "presente" que si la neurofilosofía y la física cuánticas no nos engañan es una entelequia temporal, algo que ya no existe proyectándose en una existencia en movimiento permanente cuyo destino inescrutable va adaptándose como puede a un progreso que posee su propia dinámica incontrolable (aunque los ilusos mortales piensen que saben lo que hacen y hacia dónde van). 

Harari nos dice al principio de su obra:"En esta obra mi plan es global. Observo las principales fuerzas  que modelan las sociedades del mundo y que es probable que influyan en nuestro planeta como un todo. El cambio climático quizá esté muy lejos de las preocupaciones de la gente que se encuentra en una emergencia de vida o muerte, pero puede que al final haga que los suburbios de Bombay sean inhabitables, que envíe nuevas y enormes oleadas de refugiados a través del Mediterráneo y que conduzca a una crisis global de la atención sanitaria”. Y de inmediato nos pregunta: "Qué implica el ascenso de Donald Trump? ¿Qué podemos hacer con la epidemia de noticias falsas? ¿Ha vuelto Dios? ¿Se aproxima una nueva Guerra Mundial?¿Qué civilización domina el  mundo, Occidente China o Japón, el Islam?¿Porqué está en crisis la democracia liberal? ¿Tendría que Europa abrir las puertas a los inmigrantes?¿Puede el liberalismo resolver los problemas de la desigualdad y el cambio climático?¿Qué debemos hacer con respecto al terrorismo?...

Más adelante asegura: "En su forma actual la democracia no sobrevivirá a la fusión de la  biotecnología y la infotecnología. O bien se reinventa a sí misma de una forma radicalmente nueva o bien los humanos acabarán viviendo esclavizados por dictaduras digitales." Y no hay ni ideologías, ni mentes, ni  mucho menos pueblos "elegidos" que puedan dar soluciones a estos problemas. Ni siquiera el suyo, del que puntualiza (un capítulo lúcido, el 12, que disgustará a Jerusalén:  el judaísmo “desempeñó sólo un papel modesto en los anales de nuestra especie” y realza su carácter esencialmente tribal en comparación a las religiones mundiales: islamismo, budismo, cristianismo. Aunque no ignora los indudables logros culturales y científicos de su mismo grupo etno-religioso (los judíos son el 0,2% de la población mundial, pero más del 25% de los premios Nobel de Física, Fisiología o Medicina), los atribuye a individuos concretos, no al “judaísmo” como tradición cultural suprema.

El libro es un canto al laicismo y al humanismo secular. Hasta los respetados principios de la Ilustración libertad, justicia e igualdad, podrían resultar anticuados en un mundo en el que “las biotecnologías podrían cambiar la naturaleza misma del género humano, y por tanto están mezcladas con las creencias éticas y religiosas más profundas de las personas…aunque lográramos evitar la guerra nuclear y el desastre ecológico, la gente tiene opiniones muy diferentes acerca del uso de la biogenética (o una ignorancia casi total la mayoría) y la IA para mejorar a los seres humanos o crear nuevas formas de vida. Si la humanidad no consigue concebir e impartir globalmente reglas éticas generales, aceptadas, supervisadas y controladas, se abrirá la veda a los presuntos doctores Frankenstein que crea el poder de las nuevas técnicas biológicas”. (Pág 144)

Como alivio a este anorama citaré una opinión menos radical, la del editor de la revista MIT Technology Review, “Estamos muy lejos del momento en que una inteligencia artificial sea capaz de entender el mundo sin una base previa de datos”.  Aunque como remata Noah "El peligro es que si invertimos demasiado en desarrollar la IA y demasiado poco en desarrollar y promover la conciencia humana, la sofisticada inteligencia de los ordenadores solo servirá para fortalecer la estupidez natural de los humanos".

Y ahí el autor hurga en la llaga: "“La estupidez humana es una de las fuerzas más importantes de la historia, pero a veces tendemos a pasarla por alto…políticos, generales y eruditos ven el mundo como una gran partida de ajedrez, en la que cada movimiento obedece a meticulosos cálculos racionales. Podría ser así…hasta cierto punto. Pocos dirigentes en la historia se han vuelto locos y se han   puesto a mover piezas aleatoriamente (aunque los ha habido). La mayoría creen tener razones lógicas para mover sus piezas en un momento dado. El problema es que el mundo es mucho más complejo que un tablero de ajedrez y la racionalidad humana no llega a entender bien esas diferencias, ni las complejas variables que no obedecen reglas de juego. De ahí que incluso líderes racionales y lógicos acaben haciendo cosas muy estúpidas y dañinas. No hay dios ni ley de la naturaleza que nos proteja de la estupidez humana” “ pag. 202

Me ha gustado su defensa de la UE como experimento orientado a una sociedad global basada en la democracia, los mercados libres, la paz y los derechos humanos que podría compensarse, con un " Un "patriotismo benigno”, pero lejos del aislacionismo nacionalista, podría ser al menos una etapa intermedia antes de alcanzar soluciones verdaderamente globales. Aunque Harari teme que lo que llama “disrupción tecnológica”, vinculada a los hallazgos de la neurociencia y la revolución de la tecnología informacional, esté desfondando nuestros amados principios  sobre la libre elección de los votantes (incluso sobre el libre albedrío), y sobre la eficacia del gobierno ilustrado. "“La fusión de la biotecnología y la infotecnología es una amenaza para la libertad y la igualdad humanas. Cualquier solución al reto tecnológico tiene que pasar por la cooperación global. Pero los nacionalismos, las religiones y las culturas dividen a la humanidad y hacen imposible tal cooperación “(pag. 105)

Por ello el apoyo a una perspectiva laica de la existencia es otro de los logros de este autor: se trata de un ideal, un compromiso global con la Verdad, la Compasión, la Igualdad, la Libertad, el valor para luchar contra la opresión y la tiranía y la responsabilidad humana, de cada uno de nosotros, sobre nuestros actos y nuestro futuro y la capacidad de admitir nuestros errores y puntos ciegos (la “sombra” de nuestra humanidad) y la resolución de enmendarlos sin buscar paranoicamente entes, naciones o personas a las que responsabilizar.

Ya que, nos recuerda, Intentamos negar la complejidad del mundo en que vivimos de varias maneras: minimizar los conflictos reduciéndolos a la lucha entre buenos y malos, centrarse en una historia o relato conmovedora como explicación para juzgar, montar teorías conspiratorias que explican “todo el problema”, un grupo de millonarios de elite, la CIA, los francmasones o los nazis ocultos o los Sabios de Sion y, por fin, crear un dogma y un jefe omnisciente que nos sacará del lío. Ya la tenemos armada.

Para suavizar el mensaje tan duro sobre lo que es nuestros mundo, sugiere una forma distintta de enfocar la educación de nuestros hijos:  “en las escuelas deberían dedicarse a enseñar las cuatro “ces”: pensamiento crítico, comunicación, colaboración y creatividad". Se tendría que dar menos importancia a las habilidades técnicas y hacer hincapié en las habilidades de uso general para la vida, capacidad de gestionar los cambios, de aprender nuevas cosas y de mantener el equilibrio mental un una situación tan continuamente estresante, es decir reinventarnos otra vez como seres humanos, con un sistema de valores básicos y principios éticos. Para tener éxito en esa tarea tan abrumadora deberás volver a aceptar el consejo más antiguo y repetido por los filósofos y la sabiduría: conócete a ti mismo. Y deja de creer en los cuentos que las religiones y los nacionalismos se inventaron y no dejan de repetir. Simplemente recuerda que todo cambia sin cesar, que nada tiene una esencia perdurable y que nada es completamente satisfactorio. Ya en ese camino (un aire fresco a sabiduría budista es expande por las páginas finales del libro) Noah nos sorprende dedicando el capítulo final a la meditación. Una práctica personal para una revolución global. Sin no cambia la persona, el ser humano individual, ninguna revolución  tendrá éxito. Y esto es una verdad universal.

Libro, pues, para leer sin prisas, subrayar y reflexionar detenidamente en algunos parágrafos, aunque otros nos parezcan alarmistas, exagerados o utópicos. Hay mucha verdad y mucho sentido común (e información bastante fidedigna) en estas páginas. No se lo pierdan.

FICHA

21 LECCIONES PARA EL SIGLO XXI.- Yuval Noah Harari.- Trad. Joandomenec Ros.- 399 págs.- Ed. Debate, PVP 21,90 e. 

 

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