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24 abril 2021 6 24 /04 /abril /2021 12:05

Logoi  197

GROCIO

Publicado en La Comarca 200421

¿Qué opinan ustedes de la idea de que las relaciones internacionales deberían estar fundadas sobre unas normas morales de respeto a la Humanidad? ¿Que resulta dañino para todos y sobre todo para el Estado que la promulga, la política de “nosotros primero”? ¿Que debería ser de exigible cumplimiento en el mundo que en determinadas circunstancias –como la presente pandemia, sin ir más lejos- se implemente una obligación de ayuda material transnacional? ¿Que todas las naciones tienen deberes relacionados con la admisión e integración de los migrantes, exiliados y desplazados por causas bélicas, de desastres naturales, hambrunas o epidemias? ¿Que del concepto mismo de humanidad se desprenden deberes estrictos de ayuda material, no sólo en el contexto interno sino en el conjunto de las naciones? ¿Que debe existir un compromiso interno en cada país por la redistribución material de los recursos propios, evitando la miseria, sobre todo en los ámbitos de la salud y la educación de todos los ciudadanos? ¿Que todas las naciones civilizadas comparten un deber común de protección de sus entornos naturales?¿Que el sujeto fundamental de justicia moral y política es el individuo, que goza de ciertos derechos sea cual sea el lugar que le haya tocado vivir? ¿Que el respeto  por la Humanidad, combinado con el concepto básico de que el mundo es, en cierto sentido, el hogar común de todos nosotros, entraña la obligación de facilitar el sustento preciso para la vida humana a aquellos que están en situación desesperada? ¿Que ningún grupo étnico o religioso puede ser objeto de un trato negativo aduciendo esas diferencias?

Todas estas ideas expuestas tienen una respetable antigüedad, cuatro siglos, aunque sorprende su idoneidad y conveniencia con los tiempos actuales. Su autor fue Hugo Grocio (1583-1645), uno de los fundadores del Derecho internacional.

Yo añadiría una más: ¿Que como  seres humanos en pleno siglo XXI y con el conjunto de conocimientos y técnicas de que se disponen sobre las formas de vida de animales y vegetales, tendríamos que reformular el concepto de justicia respecto a todos los seres sintientes del planeta (Aristóteles ya situaba a aquéllos al nivel básico de los seres humanos,  que compartían una explicación común del movimiento basado en  el deseo y la cognición)?

¿Opinan que todo esto será siempre una utopía?

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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13 abril 2021 2 13 /04 /abril /2021 16:03

Logoi 196

LUCIÉRNAGAS

Hace unos días mantenía una reunión. Ante mí, dos ingenieros jóvenes que no se conocían entre sí. La cuestión, técnica, que tratábamos, no viene al caso. Pero sí el conocimiento, la buena voluntad, la sinergia entre ellos, la ecuanimidad, la generosidad que ambos  ponían sobre la mesa, al margen de posibles y legítimos intereses propios. Allí se trataba de dar el mejor servicio posible, la mejor solución a un problema de un pueblo pequeño y algo olvidado por los poderes. De pronto me di cuenta de que me hallaba ante esa metáfora que Annah Arendt, María Zambrano, Passolini o el filósofo francés Didi-Huberman habían usado en repetidas ocasiones  para nombrar a esas personas fugaces, intermitentes, casi siempre anónimas, que a pesar del medio ambiente dominado por la codicia, la insolidaridad, la ignorancia y a menudo la barbarie, llevan en sí una suave y limpia luz como testimonio de actitudes y comportamientos a contracorriente respecto al caos ético habitual, las llamaban “luciérnagas”. Esos dos jóvenes- como otros pocos semejantes- eran seres íntegros. Eran como “resplandores del contrapoder”, lucecitas que iluminan las oscuridades del mundo.

En mi larga vida profesional he conocido algunas “luciérnagas”. En los últimos tiempos he visto muy pocas. Pensaba en el libro, optimista, de Didi Huberman, “Supervivencia de las luciérnagas”. En Annah Arendt y su muy meritoria esperanza de que siempre habrá alguna de esas personas en los momentos duros. Las  portadoras de una luz que suaviza las tinieblas de la época. Personas que cumplen su deber sin aspavientos, su cometido con puntillosa corrección, que no reclaman reconocimiento y tienen la suma delicadeza de pensar que los demás también lo hacen, a pesar de las abrumadoras pruebas en contrario. Lo normal es lo opuesto, personas que siempre están con la queja de lo mucho que trabajan o la exigencia de que se les reconozca todo lo que hacen y cuya propia valía sobredimensionan, que creen su deber poner obstáculos y que presumen de un largo historial que sólo ellos valoran. ¿Las reconocen? Son legión.

Por eso la presencia de “luciérnagas” en nuestra existencia es la única razón para esperar que el género humano pueda superar, de forma correcta, las actuales dificultades que comprometen su futuro.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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7 abril 2021 3 07 /04 /abril /2021 16:15

Logoi 195

PESTES

“Lo que ha sucedido, vuelve a suceder; y lo que antes se ha hecho es lo que se hará. No hay nada nuevo bajo el sol.” Eso dice el Eclesiastés en la Vulgata antigua. Si unimos esa frase a la de Cicerón “El mundo está lleno de necios”, tendremos una radiografía filosófica exacta de la pandemia del Covid 19. Por supuesto con chocantes semejanzas –al margen de los cambios tecnológicos de nuestros días-  con la gripe española del 1918, (justo un siglo antes), la peste de Londres de 1665 (descrita años después por Daniel Defoe), la peste negra o bubónica de 1347, otra del mismo tipo en 1885, la gripe asiática de 1957, la de Hong Kong de 1968, la del Sida de los 70 (que aún sigue activa aunque muy controlada), el ébola en los 80, la del primer coronavirus SARS en 2002, la gripe porcina de 2009 y el MERS de 2012 (otra variante de coronavirus).

Estos flagelos humanos han provocado la creación de obras maestras literarias e infinidad de tratados de todo tipo  sobre los diferentes aspectos médicos, filosóficos, sociales, éticos, psicológicos, costumbristas, estadísticos, patológicos e históricos. En esas pandemias hay una coincidencia: en general comienzan siendo negadas y lo que es aún peor, ignoradas y de alguna manera, “desafiadas” con actitudes inicuas y temerarias.

Y hay una semejanza en las reacciones de las personas, las autoridades, los medios de información, los bulos y noticias falsas, el negacionismo y la proliferación de sujetos y entidades que sacan provecho económico. En esos escenarios parecidos, hay una constante: la dicotomía entre unos  que sufren la enfermedad y mueren o quedan afectados de por vida, los que se libran y acaban generando una especie de actitud de alivio y de “no era para tanto” con olvido creciente de lo ocurrido y una minoría que trabaja por combatirla y por ayudar a todo el mundo, desde los hospitales a los laboratorios, a proveer alimentos y transportarlos, vigilar y controlar la vida desbaratada y tratar de restañar las heridas económicas, laborales, sociales y familiares que se han producido.

A tenor de lo escrito, lean “Aragón 1918. La gripe española. Crónica de un desastre olvidado”, del historiador Luis Antonio Palacio Pilacés. (Ed. Comuniter). Sorprendente

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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30 marzo 2021 2 30 /03 /marzo /2021 10:14

LOGOI 194

HAMBRE

(publicado en La Comarca 300321)

Una noticia perdida en un “suelto” de Internacional de un periódico de gran tirada, me ha dejado triste y pensativo. Como el lejano llanto de un niño en un silencio nocturno. Un informe urgente de la FAO y de la PMA (Programa mundial de alimentos) sobre la amenaza cercana de una hambruna que puede causar millones de muertos. Recordé una noticia corta de semejante “calado” sobre una extraña enfermedad surgida en una ciudad industrial de China, Wuhan. Era en diciembre de 2019. Este  informe también ha suscitado escasa atención. La  historia de los desastres suele repetirse cuando prestamos poco interés en sus comienzos. Es como si pensáramos, “Bastante tenemos con ese recalcitrante coronavirus”.

Pero el corto texto es claro y causa desazón. Casi treinta países en total, en tierras africanas, asiáticas e incluso en el Caribe, están cruzando ya la línea roja de la hambruna. La misma pandemia que nos aflige (a ellos más, que no tienen vacunas) unida a factores climáticos extremos, guerras locales, gobiernos corruptos, una plaga de langosta migratoria que atacará en abril y mayo las cosechas de Angola, Botswana, Namibia, Zambia y Zimbabwe. Mas la sequía y los desórdenes climáticos extremos que acompañan a La Niña (el enfriamiento de las corrientes profundas en el Pacífico) que afectará a otros países desde Yemen a Sudán, Siria, Líbano o Afganistán, crean una especie de “tormenta perfecta” en países del submundo que suelen etiquetarse como “Hunger Hotspots”, puntos calientes del hambre.

Ver morir en torno tuyo a niños, mujeres, ancianos por inanición es una experiencia que ni los más curtidos reporteros o los miembros de las ONG que están “in situ”, pueden olvidar jamás. En esas personas hay esa paciente desidia que produce la debilidad y la falta de esperanza. Los testigos occidentales que tratan de ayudar pero carecen de suficientes medios, no pueden superar la durísima contradicción ética entre su experiencia del exceso de consumo, de las residuos y sobras alimentarias lanzadas a la basura, frente a esa realidad dolorosa de seres humanos muriendo por falta de lo más esencial.

Como dijo Voltaire, “Yo no sé que será eso de la vida eterna, pero la vida de aquí es una maldita broma”.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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23 marzo 2021 2 23 /03 /marzo /2021 12:47

LOGOI  193

“LETRASADOS”

Publicado en La Comarca 230321

“Letrasado”, dícese del analfabeto vertical, del producto de una educación en el cual ha prevalecido el pragmatismo del empleo futuro, la preponderancia de los estudios tecnológicos del TIC (informática y comunicación) ingenierías… de una Educación secundaria y universitaria basada en las recetas neoliberales de gestión y estudios de mercado. Los letrasados forman parte de una crisis que, como el Guadiana, tiene una gran parte de su recorrido invisible, por debajo de la crisis pandémica sanitaria, la económica, la social, la xenófoba, la racista, la de género. Allá en las profundidades de la crisis global sistémica, está la crisis educacional que influye en todas las demás de una manera subrepticia y encubierta.

La CRUE de las Universidades españolas, el organismo que las interrelaciona con el Gobierno, recomienda que se “limiten las titulaciones y plazas de aquéllas enseñanzas que registran baja inserción laboral” (Humanidades tienen un 51,5% de inserción en la S.S., por 84,6 de informáticas y 80,2 de ingenierías). Como escribía Martha Nussbaum sobre la relación entre educación y la crisis de la democracia: “en la medida en que se recorta el presupuesto asignado a las disciplinas humanísticas, se produce una grave erosión en las cualidades esenciales para la vida misma de la democracia”.

El declive de las Humanidades en la educación viene de lejos. Ya Ortega pedía que se  considerara como obligatorias asignaturas humanísticas clave (ética por ejemplo) desde el instituto a la Universidad, al margen de la carrera que se cursara. Es este un problema complejo de difícil comprensión y gestión. La enseñanza a todos los niveles comienza a ser un fiel reflejo de los postulados de crecimiento-consumo del neoliberalismo salvaje (el mismo que está hundiendo al sistema democrático y arrasando al planeta): todo está sujeto a un objetivo de rentabilidad inmediata. Los “letrasados” ignoran la escala de valores y los principios que deberían regir las relaciones con los demás e incluso la manera óptima de gestionar la propia vida. Ya hay una generación muy consciente de sus derechos -y los exige agresivamente-  pero no tanto de sus deberes y obligaciones o del respeto a las ideas ajenas, la solidaridad como norma y la aceptación de que mi libertad limita con la libertad del otro.

La educación es uno de los pilares del futuro.

ALBERTO DÍAZ RUEDA, escritor

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16 marzo 2021 2 16 /03 /marzo /2021 17:09
Logoi 192
TRUMPISMOS
(PUBLICADO EN LA COMARCA 160321)
El ejemplo político del ex presidente Trump (un peligro en hibernación: que nadie lo dé por acabado), su estúpida arrogancia, su desprecio hacia la ética o la solidaridad, su machismo o su odio racial, ha hecho germinar un vocablo “trumpismo” que designa una torpe, caótica y dictatorial forma de ejercer el poder. Una especie de Calígula, un Ubu rey ridículo en una poderosa nación a la que conducía hacia la desintegración y el aislamiento.
A través del análisis de la “cuestión catalana” desde los tiempos de Mas, hasta el cocinamiento surrealista del “referéndum” y del Procés y la legal, aunque inadecuada, dureza judicial, se llega a una conclusión deprimente: los catalanes carecen de una clase política eficaz y lógica, pero sus congéneres españoles no les van a la zaga. El empecinamiento poco realista de los primeros se corresponde con el que atenaza a muchos de los políticos españoles, ya sean del Gobierno o la oposición. Es una especie de trumpismo a tres bandas –Govern, Estado y extremistas- que genera posturas anquilosadas y silencios cómplices oficiales ante la barahúnda permanente de los extremos de ambas posturas hispano-catalanas, para placer y ganancia de voxeros, cuperos, antisistemas y “españolistas” cavernarios.
La nueva legislatura catalana está condenada al descrédito, la inacción y la violencia y a aumentar el ya considerable daño que sufre la imagen y realidad social de Cataluña. Y en tiempos de pandemia vírica, económica y social, es un suicidio colectivo de todo el país, en términos democráticos.
El estadista alemán del siglo XIX, Otto Von Bismarck, acuñó una frase memorable respecto a España: “Es el país más fuerte del mundo. Lleva siglos intentando destruirse a sí mismo y todavía no lo ha conseguido”. Quizá lo estamos logrando con el ciego egoísmo de todos
El tema de los políticos presos, no es banal. No se puede
creer a estas alturas que tomar la decisión de que salgan a la calle es una muestra de debilidad, ni se puede pretender según la cortoplacista visión independentista que sería un triunfo y la muestra evidente de que el Estado cede cuando uno se lanza al “cuanto peor sea todo, mejor para nosotros”. Es una postura tan inteligente como la de Trump o Bolsonaro respecto a la Covid. Nos estamos jugando el futuro de todo el país, empezando por Cataluña. La política se debería nutrir del sentido común.
ALBERTO DÍAZ RUEDA
Escritor
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2 marzo 2021 2 02 /03 /marzo /2021 09:24

Se dice que el hombre es uno de los pocos animales que tropiezan dos –o más- veces con la misma piedra. Vivimos en los medios e internet la misma fiebre reivindicativa que en Navidad abrió las puertas a la tercera ola de la Covid y que ahora apunta para Semana Santa una recuperación basada en la falacia de que la vacuna ya nos protege a todos (aunque estemos en este país, todavía, a mínimos de vacunados).

La sociedad ya está harta de estar harta; la economía y sobre todo los sectores afectados, entre ellos el turismo y el transporte, quieren salir del estado agónico al que les ha sometido la Covid. Es justo. El desconcierto y la falta de eficacia gubernamental también son responsables. Pero el virus sigue estando activo y campando a sus anchas. Bajan los contagios, es cierto, pero la Covid se replica en cepas nuevas, sin que exista garantía alguna de que incluso los vacunados estén exentos de la posibilidad de ser elementos activos de nuevos contagios.

El Consejo Europeo se da tres meses para dar luz verde global al llamado “pasaporte” de vacunación que avalará la libre circulación entre países. A propósito de esto me parece absurda la protesta de que eso sería discriminación para los que no lo poseen (¿es que el carnet de conducir discrimina a los que no lo tienen por edad o porque no pasan las pruebas?).

Pensemos con calma. ¿Hay alguien que considere lógico que se facilite el advenimiento de una cuarta ola de la  Covid porque “tenemos derecho a…”, “nadie nos puede prohibir que…”, “queremos  reunirnos con amigos y familiares”, “ya llevamos mascarillas, qué más quieren”, “estamos deprimidos”, “ni los políticos ni los científicos saben lo que hay que hacer”, ”son ataques a la libertad política o de expresión”… etc.?

Cualquier persona  sensata se sorprende cuando oye  a los que convocan manifestaciones políticas o de género (ojo con el próximo 8M) con las excusas, por ejemplo, de que el independentismo o los indiscutibles derechos de la mujer son justificaciones válidas. ¡Por favor! No dejemos de lado la cautela y la razón. Normalicemos nuestra vida poco a poco, con sentido común. Nos jugamos todo: ser responsables es el precio de nuestra libertad.

 

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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23 febrero 2021 2 23 /02 /febrero /2021 11:16

(publicado en La Comarca 230221)

La detención de un rapero que habla con desparpajo de tiros en la nuca y esparce mierda rimada por todos lados, ha sido condenada por una parte del surrealista gobierno de España y sus pares catalanes. Algunos se atrevieron a calificar como “víctima” del sistema político (del que ellos mismos viven y muy bien) al susodicho tipo y censurar a la policía antidisturbios por hacer su trabajo ante hordas de jóvenes de la generación “no future” que no luchan por una ideología, sino por exceso de hormonas y sed de adrenalina y quizá beneficio propio. La supuesta causa es indiferente: el rapero, el procés, la pandemia o el paro juvenil. Se limitan a destrozar escaparates, saquear comercios, arrasar mobiliario urbano y apedrear policías. A éstos les han perdido el respeto,  envalentonados por complicidades políticas oficiales (como, en otra ocasión, la del nefasto Torra, “president”, alentando a los CDR para que “apretaran” en sus ataques).

Digamos que todo el mundo tiene el derecho a opinar, pero no todas las opiniones son respetables y aceptables legalmente. Las del rapero son de éstas. Cárcel quizá no, pero castigo legal, sí. A la sazón, oir al señor Echenique cantar loas por los “jóvenes antifascistas que luchan por la libertad de expresión”, al conseller de Interior Sámper de Junts , a la CUP e incluso a la Vilalta de ERC censurando la actitud de la policía ante la violencia demente de los manifestantes, en lugar de “mediar” (me gustaría ver a esa señora tratando de “mediar” ante un piquete de incendiarios), oírles comparar a esos bárbaros con los  manifestantes de los 70 contra la detención de Huertas Clavería o Vinader, me produce un escalofrío de indignación. Decir que si el PSOE no apoya el indulto a Hásel “será cómplice de uno de los mayores déficits de esta democracia” como publicó una colega en un medio respetable, ha superado mi paciencia. Señores, todo esto no tiene nada que ver con la libertad de expresión. Como dijo Séneca, “Qui prodest?” ¿Quiénes se benefician con estos ataques a la democracia desde su mismo seno? En España, Europa y más allá.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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16 febrero 2021 2 16 /02 /febrero /2021 10:26

(Publicado en La Comarca 160221)

Por razones familiares, desde mi infancia me he sentido conmovido por la condición fronteriza y la existencia “líquida”, casi “flotante”, del exiliado. Un exiliado es la versión política y cultural del inmigrante, arquetipo de la necesidad y el desarraigo por motivos de supervivencia. En ambos coincide en mayor o menor grado el elemento básico de lo inevitablemente necesario para vivir y el de la demanda permanente de identidad. En un mundo progresivamente poroso (y responsable, por causar la coerción que obliga a la persona al abandono de lo propio) los exiliados, y sus hermanos los inmigrantes, articulan una realidad que es un desafío ético, económico, político y social.

Leo “Una poética del exilio”, el brillante ensayo que la doctora en filosofía, Olga Amaris, dedica a los paralelismos vitales y conceptuales entre dos exiliadas históricas, Hannah Arendt y nuestra María Zambrano (Ed. Herder). El libro propone con su análisis de lo precario y las exigencias que definen el exilio, un motivo obligatorio de reflexión.

La enorme actualidad de la casuística del exilio y la inmigración en nuestros tiempos, están creando una necesidad filosófica y política, económica y social, que no deberíamos banalizar o convertir en simples campañas de buenas intenciones. Es un problema serio, candente y progresivo, que debe ser atendido de una forma inmediata y vinculante, no sólo por el Estado y las instituciones sino en el sentido moral de cada persona. Esta es una tarea que nos concierne a todos, puesto que es un problema tan global como la pandemia y deberíamos prepararnos para afrontarlo de una manera más eficaz y consciente y sobre todo solidaria de la que hemos usado en la lucha contra el virus.

Las invasiones de población desarraigada que rompe fronteras en busca de su simple supervivencia, no es un fenómeno aislado a unos pocos países: concierne a toda la humanidad. Y si ignoramos esto, pagaremos el mismo precio terrible que le cuesta la Covid  al mundo, por la falta de solidaridad y colaboración entre los países y una acción común.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

LOGOI 188

EXILIO

Por razones familiares, desde mi infancia me he sentido conmovido por la condición fronteriza y la existencia “líquida”, casi “flotante”, del exiliado. Un exiliado es la versión política y cultural del inmigrante, arquetipo de la necesidad y el desarraigo por motivos de supervivencia. En ambos coincide en mayor o menor grado el elemento básico de lo inevitablemente necesario para vivir y el de la demanda permanente de identidad. En un mundo progresivamente poroso (y responsable, por causar la coerción que obliga a la persona al abandono de lo propio) los exiliados, y sus hermanos los inmigrantes, articulan una realidad que es un desafío ético, económico, político y social.

Leo “Una poética del exilio”, el brillante ensayo que la doctora en filosofía, Olga Amaris, dedica a los paralelismos vitales y conceptuales entre dos exiliadas históricas, Hannah Arendt y nuestra María Zambrano (Ed. Herder). El libro propone con su análisis de lo precario y las exigencias que definen el exilio, un motivo obligatorio de reflexión.

La enorme actualidad de la casuística del exilio y la inmigración en nuestros tiempos, están creando una necesidad filosófica y política, económica y social, que no deberíamos banalizar o convertir en simples campañas de buenas intenciones. Es un problema serio, candente y progresivo, que debe ser atendido de una forma inmediata y vinculante, no sólo por el Estado y las instituciones sino en el sentido moral de cada persona. Esta es una tarea que nos concierne a todos, puesto que es un problema tan global como la pandemia y deberíamos prepararnos para afrontarlo de una manera más eficaz y consciente y sobre todo solidaria de la que hemos usado en la lucha contra el virus.

Las invasiones de población desarraigada que rompe fronteras en busca de su simple supervivencia, no es un fenómeno aislado a unos pocos países: concierne a toda la humanidad. Y si ignoramos esto, pagaremos el mismo precio terrible que le cuesta la Covid  al mundo, por la falta de solidaridad y colaboración entre los países y una acción común.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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2 febrero 2021 2 02 /02 /febrero /2021 10:02

LOGOI 186

HISPANO VACUNAS

Hay vacunas españolas contra la Covid. Les iba siguiendo la pista en algunas informaciones de los medios, apuntes aislados, casi de hurtadillas. Y con logros contrastables, pero con pocos, precarios y mal pagados equipos y sin muchos apoyos financieros ni mediáticos, sobre todo tras la fase preclínica. Como dice uno de los jefes de equipo, “Los contratos inestables y temporales es la situación laboral común  de los científicos en España”. He leído, en la revista “El salto”, un buen reportaje sobre la cuestión. El CSIC tiene tres proyectos en desarrollo. La cobertura de la vacuna es aún  más amplia y segura que las que están en el mercado internacional (algo irregular) de las Pfizer, Moderna y AstraZeneca. Y con dos ventajas añadidas: no necesitan de temperaturas bajísimas para su transporte y, una de ellas, tampoco dosis doble. Sólo una empresa, por lo visto gallega, está preparada para fabricar vacunas en España. Se debería formar una red de empresas conectadas con laboratorios que cubrieran la demanda nacional y nos evitáramos los problemas derivados de la dependencia y el abastecimiento.

La situación es compleja y necesita soluciones globales. Apoyar la I+D, los laboratorios y crear un tejido productivo nacional de empresas dedicadas a la salud y quizá la existencia de una farmacia pública que mantuviera una sinergia inmediata entre demanda y producción. Además de organizaciones que apoyaran el proceso de experimentación en humanos en sus tres fases preceptivas. Y, por fin, el enfoque ideal sería que esa infraestructura de salud, investigación, farmacológica e industrial productiva y distributiva tuviera origen en nuestro país y estuviera en relación directa y recíproca con el resto de la UE. Una malla industrial y empresarial de salud para toda Europa sin distinciones y bajo un control colegiado entre los países europeos (con una ramificación también oficial sobre hospitales y clínicas públicos y privados y residencias de ancianos).

Se sabe que la crisis provocada por la pandemia viene de un pasado en la que fue detectada pero ignorada,  y amenaza nuestro futuro de forma reiterada y ya perceptible. Sólo una financiación, gestión y control europeo directo, coordinado con los organismos estatales, podría preservar la salud de los ciudadanos como bien común básico, sin barreras económicas, raciales o nacionalistas.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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