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15 junio 2021 2 15 /06 /junio /2021 09:47

Logoi 205

ECOSOFÍA

(Publicado en La Comarca 150621)

Se llama “Ecosofía” a la manera de conocer, entender y convivir con la compleja red interactiva de vida que cubre el planeta. Así la definió Raimon Pannikar un erudito filósofo de las religiones que había vivido en la India durante decenios y vestía como Ghandi (y en ciertos temas pensaba y hablaba como él). Le conocí ya casi al final de su vida en su residencia de Tavertet, un pueblito de la comarca de Osona, en las Guilleríes, rodeado de montañas escarpadas, valles deliciosos, cascadas (la del Molí Bernat es muy bella) un pantano y precipicios (o “cingles”) por doquier. El mejor lugar para empaparse de ecosofía.

El término proviene de dos palabras griegas, el prefijo “eco” que es “oikos” (casa, hogar) y “sofía” que significa sabiduría. Por tanto la palabra “ecología”, es un entramado de relaciones razonables y lógicas para la supervivencia de nuestro hogar; economía, viene de “nomos” que es la regla para gobernar y administrar el hogar e impedir la ruina. En estos conceptos con el prefijo eco, oikos, es esencial saber que no tienen sólo el significado de  hogar familiar, ni de pueblos, provincias o países: el Hogar al que se refieren es nuestra Tierra, el conjunto de seres vivos y aparentemente no vivos que constituyen los tres reinos de la Naturaleza que estudiábamos de niños, el animal, el vegetal y el mineral. La física cuántica ha diluido las fronteras entre lo que consideramos “vivo” o no. La neurología y la psicología biológica terminaron con la exclusividad humana de lo que llamamos inteligencia. Y la filosofía y las ciencias naturales nos han demostrado (cosas que se sabía desde muchos siglos a.C. y aún saben en algunos –y ya casi desaparecidos- pueblos llamados “primitivos”) que todos los seres vivos formamos parte de un Todo y que nuestras acciones tienen efectos que afectan a ese todo, de los que no somos los monarcas absolutos, sino una parte minúscula, vulnerable y estúpida que está provocando una crisis total en el planeta. Y eso es justamente lo que la Ecosofía trata de evitar, aunque sin suficientes poder, medios, ni proyección mediática para cambiar las cosas. Y así estamos.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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10 junio 2021 4 10 /06 /junio /2021 09:05

(ARTÍCULO PUBLICADO EN LA COMARCA EL 080621)

En este país cainita no aprendemos. Mande el
que mande. Por mucho que prometan, las llamadas
izquierdas y las derechas acaban comiendo
en el mismo pesebre. Así ha sido siempre, aunque
nos vistan la mona con ropaje "democrático"
del siglo XXI. El desarrollismo franquista se alimentó
de embalses y pantanos, esquilmando a
pueblos enteros en pro de algunos intereses ajenos
a la población llana, que a menudo carecían
de luz eléctrica. Aquellas miserias pasaron y favorecieron
otros grandes planes de progreso que
hicieron más ricos a los muy ricos y a una nueva
pequeña burguesía, al alto funcionariado y los
poderes locales. Algo de riqueza se repartía, pero
hasta un cierto nivel. El país prosperaba y hasta la
gente del común se pudo comprar un 600 y
mandar a los hijos a la Universidad. Luego vino el
blackout de la banca y los fondos financieros y
los chicos no saben qué hacer con sus títulos, los
jóvenes viven en precario y a los abuelos les amenazan
las pensiones. Pero el neoliberalismo no se
detiene y logra dar con otra mina de oro (para
ellos) y discretamente penosa para los del pueblo
a secas, los parques eólicos. Ya no los echan de
sus casas para anegar sus tierras, ahora se conforman
con llenar el territorio de aspas giratorias,
comprando terrenos vacíos (por mala gestión
del mundo rural y la economía agraria, ay, tan necesaria)
y prometiendo lo que por lógica capitalista
no cumplirán. Y salen testaferros que alaban
el "progreso" y la necesidad -lógica- de energías
limpias, acogidos por los políticos como maná
del cielo. Como muestra, al país se le somete a
otro inicuo abuso en forma de "regulación" de los
horarios de uso energético. Eso mientras se publican
falacias como la de que los parques eólicos
van a dar trabajo y riqueza a las zonas donde se
instalen. Se crean asociaciones y se alzan los vecinos
(menos los que reciben las pocas monedas
del soborno capitalista: pan para hoy, hambre para
mañana), ecologistas y montañeros, empresas
turísticas y economistas enterados, y se
arremete como Quijotes contra gigantes disfrazados
de molinos de viento. Salvas de pólvora:
humo y ruido. Por parte oficial, oscurantismo y
normas simplificadas a favor de las empresas. A
estas lo único que les importa es la cantidad y
frecuencia del viento. Se compra a precio de saldo
o se amenaza con la expropiación. Y así vamos.
* Alberto Díaz Rueda

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1 junio 2021 2 01 /06 /junio /2021 07:15

LOGOI 203

DIÁLOGO PLURAL

(publicado en La Comarca el 1 de junio 2021)

Escribió Machado: “En España no se dialoga  porque nadie pregunta como no sea para responderse a sí mismo. Queremos estar a la vuelta de todo sin haber ido a ninguna parte. Somos esencialmente paletos”. Creemos dialogar mucho porque multiplicamos hasta el agobio la comunicación digital, sin conseguir en absoluto aumentar la capacidad de compartir y menos de comprender. Creamos globos de relación supuestamente confortables sólo para los que  “piensan” como “nosotros”, cuando en realidad se trata de los que siguen unas ideas avaladas por el “influencer” político de moda. El desbordante potencial de los datos y la subsiguiente manipulación para que se ajusten a determinados intereses, mas  la proliferación de las noticias falsas y los bulos, convierten este tiempo en una época de total incertidumbre. Lo malo es que la incertidumbre, que es intranquilizadora pero también podría ser creativa y provocadora de cambios, está mutando en una fuerza negativa que provoca, en política, la confrontación, generalmente violenta y cortoplacista. Y en la sociedad la exclusión del contrario, su demonización y por tanto la imposibilidad de diálogo. La globalización es contrarrestada por los nacionalismos cada vez más excluyentes y los populismos maniqueos. Todo es más global en estos días, desde la salud a la economía o esa dinámica de la miseria y la necesidad que escenifican los refugiados, pero lo único que parece prevalecer es el contagio hegemónico de las ideas que excluyen y crean anatemas por razones políticas, de raza, sexo, nacionalidad, economía precaria o país de origen.

Estas exclusiones nos llevan a un rumbo de colisión global con desafíos tan candentes como las pandemias, los efectos del cambio climático o el recrudecimiento, vía “hackers” de la inseguridad digital (que puede causar un “blockout” digital global que nos lance de regreso a la edad media). Sólo queda un camino: aceptar el pluralismo mundial y su gestión a través del diálogo paritario. Pluralismo y diálogo para afrontar la crisis global de manera efectiva.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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24 abril 2021 6 24 /04 /abril /2021 12:05

Logoi  197

GROCIO

Publicado en La Comarca 200421

¿Qué opinan ustedes de la idea de que las relaciones internacionales deberían estar fundadas sobre unas normas morales de respeto a la Humanidad? ¿Que resulta dañino para todos y sobre todo para el Estado que la promulga, la política de “nosotros primero”? ¿Que debería ser de exigible cumplimiento en el mundo que en determinadas circunstancias –como la presente pandemia, sin ir más lejos- se implemente una obligación de ayuda material transnacional? ¿Que todas las naciones tienen deberes relacionados con la admisión e integración de los migrantes, exiliados y desplazados por causas bélicas, de desastres naturales, hambrunas o epidemias? ¿Que del concepto mismo de humanidad se desprenden deberes estrictos de ayuda material, no sólo en el contexto interno sino en el conjunto de las naciones? ¿Que debe existir un compromiso interno en cada país por la redistribución material de los recursos propios, evitando la miseria, sobre todo en los ámbitos de la salud y la educación de todos los ciudadanos? ¿Que todas las naciones civilizadas comparten un deber común de protección de sus entornos naturales?¿Que el sujeto fundamental de justicia moral y política es el individuo, que goza de ciertos derechos sea cual sea el lugar que le haya tocado vivir? ¿Que el respeto  por la Humanidad, combinado con el concepto básico de que el mundo es, en cierto sentido, el hogar común de todos nosotros, entraña la obligación de facilitar el sustento preciso para la vida humana a aquellos que están en situación desesperada? ¿Que ningún grupo étnico o religioso puede ser objeto de un trato negativo aduciendo esas diferencias?

Todas estas ideas expuestas tienen una respetable antigüedad, cuatro siglos, aunque sorprende su idoneidad y conveniencia con los tiempos actuales. Su autor fue Hugo Grocio (1583-1645), uno de los fundadores del Derecho internacional.

Yo añadiría una más: ¿Que como  seres humanos en pleno siglo XXI y con el conjunto de conocimientos y técnicas de que se disponen sobre las formas de vida de animales y vegetales, tendríamos que reformular el concepto de justicia respecto a todos los seres sintientes del planeta (Aristóteles ya situaba a aquéllos al nivel básico de los seres humanos,  que compartían una explicación común del movimiento basado en  el deseo y la cognición)?

¿Opinan que todo esto será siempre una utopía?

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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13 abril 2021 2 13 /04 /abril /2021 16:03

Logoi 196

LUCIÉRNAGAS

Hace unos días mantenía una reunión. Ante mí, dos ingenieros jóvenes que no se conocían entre sí. La cuestión, técnica, que tratábamos, no viene al caso. Pero sí el conocimiento, la buena voluntad, la sinergia entre ellos, la ecuanimidad, la generosidad que ambos  ponían sobre la mesa, al margen de posibles y legítimos intereses propios. Allí se trataba de dar el mejor servicio posible, la mejor solución a un problema de un pueblo pequeño y algo olvidado por los poderes. De pronto me di cuenta de que me hallaba ante esa metáfora que Annah Arendt, María Zambrano, Passolini o el filósofo francés Didi-Huberman habían usado en repetidas ocasiones  para nombrar a esas personas fugaces, intermitentes, casi siempre anónimas, que a pesar del medio ambiente dominado por la codicia, la insolidaridad, la ignorancia y a menudo la barbarie, llevan en sí una suave y limpia luz como testimonio de actitudes y comportamientos a contracorriente respecto al caos ético habitual, las llamaban “luciérnagas”. Esos dos jóvenes- como otros pocos semejantes- eran seres íntegros. Eran como “resplandores del contrapoder”, lucecitas que iluminan las oscuridades del mundo.

En mi larga vida profesional he conocido algunas “luciérnagas”. En los últimos tiempos he visto muy pocas. Pensaba en el libro, optimista, de Didi Huberman, “Supervivencia de las luciérnagas”. En Annah Arendt y su muy meritoria esperanza de que siempre habrá alguna de esas personas en los momentos duros. Las  portadoras de una luz que suaviza las tinieblas de la época. Personas que cumplen su deber sin aspavientos, su cometido con puntillosa corrección, que no reclaman reconocimiento y tienen la suma delicadeza de pensar que los demás también lo hacen, a pesar de las abrumadoras pruebas en contrario. Lo normal es lo opuesto, personas que siempre están con la queja de lo mucho que trabajan o la exigencia de que se les reconozca todo lo que hacen y cuya propia valía sobredimensionan, que creen su deber poner obstáculos y que presumen de un largo historial que sólo ellos valoran. ¿Las reconocen? Son legión.

Por eso la presencia de “luciérnagas” en nuestra existencia es la única razón para esperar que el género humano pueda superar, de forma correcta, las actuales dificultades que comprometen su futuro.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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7 abril 2021 3 07 /04 /abril /2021 16:15

Logoi 195

PESTES

“Lo que ha sucedido, vuelve a suceder; y lo que antes se ha hecho es lo que se hará. No hay nada nuevo bajo el sol.” Eso dice el Eclesiastés en la Vulgata antigua. Si unimos esa frase a la de Cicerón “El mundo está lleno de necios”, tendremos una radiografía filosófica exacta de la pandemia del Covid 19. Por supuesto con chocantes semejanzas –al margen de los cambios tecnológicos de nuestros días-  con la gripe española del 1918, (justo un siglo antes), la peste de Londres de 1665 (descrita años después por Daniel Defoe), la peste negra o bubónica de 1347, otra del mismo tipo en 1885, la gripe asiática de 1957, la de Hong Kong de 1968, la del Sida de los 70 (que aún sigue activa aunque muy controlada), el ébola en los 80, la del primer coronavirus SARS en 2002, la gripe porcina de 2009 y el MERS de 2012 (otra variante de coronavirus).

Estos flagelos humanos han provocado la creación de obras maestras literarias e infinidad de tratados de todo tipo  sobre los diferentes aspectos médicos, filosóficos, sociales, éticos, psicológicos, costumbristas, estadísticos, patológicos e históricos. En esas pandemias hay una coincidencia: en general comienzan siendo negadas y lo que es aún peor, ignoradas y de alguna manera, “desafiadas” con actitudes inicuas y temerarias.

Y hay una semejanza en las reacciones de las personas, las autoridades, los medios de información, los bulos y noticias falsas, el negacionismo y la proliferación de sujetos y entidades que sacan provecho económico. En esos escenarios parecidos, hay una constante: la dicotomía entre unos  que sufren la enfermedad y mueren o quedan afectados de por vida, los que se libran y acaban generando una especie de actitud de alivio y de “no era para tanto” con olvido creciente de lo ocurrido y una minoría que trabaja por combatirla y por ayudar a todo el mundo, desde los hospitales a los laboratorios, a proveer alimentos y transportarlos, vigilar y controlar la vida desbaratada y tratar de restañar las heridas económicas, laborales, sociales y familiares que se han producido.

A tenor de lo escrito, lean “Aragón 1918. La gripe española. Crónica de un desastre olvidado”, del historiador Luis Antonio Palacio Pilacés. (Ed. Comuniter). Sorprendente

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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30 marzo 2021 2 30 /03 /marzo /2021 10:14

LOGOI 194

HAMBRE

(publicado en La Comarca 300321)

Una noticia perdida en un “suelto” de Internacional de un periódico de gran tirada, me ha dejado triste y pensativo. Como el lejano llanto de un niño en un silencio nocturno. Un informe urgente de la FAO y de la PMA (Programa mundial de alimentos) sobre la amenaza cercana de una hambruna que puede causar millones de muertos. Recordé una noticia corta de semejante “calado” sobre una extraña enfermedad surgida en una ciudad industrial de China, Wuhan. Era en diciembre de 2019. Este  informe también ha suscitado escasa atención. La  historia de los desastres suele repetirse cuando prestamos poco interés en sus comienzos. Es como si pensáramos, “Bastante tenemos con ese recalcitrante coronavirus”.

Pero el corto texto es claro y causa desazón. Casi treinta países en total, en tierras africanas, asiáticas e incluso en el Caribe, están cruzando ya la línea roja de la hambruna. La misma pandemia que nos aflige (a ellos más, que no tienen vacunas) unida a factores climáticos extremos, guerras locales, gobiernos corruptos, una plaga de langosta migratoria que atacará en abril y mayo las cosechas de Angola, Botswana, Namibia, Zambia y Zimbabwe. Mas la sequía y los desórdenes climáticos extremos que acompañan a La Niña (el enfriamiento de las corrientes profundas en el Pacífico) que afectará a otros países desde Yemen a Sudán, Siria, Líbano o Afganistán, crean una especie de “tormenta perfecta” en países del submundo que suelen etiquetarse como “Hunger Hotspots”, puntos calientes del hambre.

Ver morir en torno tuyo a niños, mujeres, ancianos por inanición es una experiencia que ni los más curtidos reporteros o los miembros de las ONG que están “in situ”, pueden olvidar jamás. En esas personas hay esa paciente desidia que produce la debilidad y la falta de esperanza. Los testigos occidentales que tratan de ayudar pero carecen de suficientes medios, no pueden superar la durísima contradicción ética entre su experiencia del exceso de consumo, de las residuos y sobras alimentarias lanzadas a la basura, frente a esa realidad dolorosa de seres humanos muriendo por falta de lo más esencial.

Como dijo Voltaire, “Yo no sé que será eso de la vida eterna, pero la vida de aquí es una maldita broma”.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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23 marzo 2021 2 23 /03 /marzo /2021 12:47

LOGOI  193

“LETRASADOS”

Publicado en La Comarca 230321

“Letrasado”, dícese del analfabeto vertical, del producto de una educación en el cual ha prevalecido el pragmatismo del empleo futuro, la preponderancia de los estudios tecnológicos del TIC (informática y comunicación) ingenierías… de una Educación secundaria y universitaria basada en las recetas neoliberales de gestión y estudios de mercado. Los letrasados forman parte de una crisis que, como el Guadiana, tiene una gran parte de su recorrido invisible, por debajo de la crisis pandémica sanitaria, la económica, la social, la xenófoba, la racista, la de género. Allá en las profundidades de la crisis global sistémica, está la crisis educacional que influye en todas las demás de una manera subrepticia y encubierta.

La CRUE de las Universidades españolas, el organismo que las interrelaciona con el Gobierno, recomienda que se “limiten las titulaciones y plazas de aquéllas enseñanzas que registran baja inserción laboral” (Humanidades tienen un 51,5% de inserción en la S.S., por 84,6 de informáticas y 80,2 de ingenierías). Como escribía Martha Nussbaum sobre la relación entre educación y la crisis de la democracia: “en la medida en que se recorta el presupuesto asignado a las disciplinas humanísticas, se produce una grave erosión en las cualidades esenciales para la vida misma de la democracia”.

El declive de las Humanidades en la educación viene de lejos. Ya Ortega pedía que se  considerara como obligatorias asignaturas humanísticas clave (ética por ejemplo) desde el instituto a la Universidad, al margen de la carrera que se cursara. Es este un problema complejo de difícil comprensión y gestión. La enseñanza a todos los niveles comienza a ser un fiel reflejo de los postulados de crecimiento-consumo del neoliberalismo salvaje (el mismo que está hundiendo al sistema democrático y arrasando al planeta): todo está sujeto a un objetivo de rentabilidad inmediata. Los “letrasados” ignoran la escala de valores y los principios que deberían regir las relaciones con los demás e incluso la manera óptima de gestionar la propia vida. Ya hay una generación muy consciente de sus derechos -y los exige agresivamente-  pero no tanto de sus deberes y obligaciones o del respeto a las ideas ajenas, la solidaridad como norma y la aceptación de que mi libertad limita con la libertad del otro.

La educación es uno de los pilares del futuro.

ALBERTO DÍAZ RUEDA, escritor

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16 marzo 2021 2 16 /03 /marzo /2021 17:09
Logoi 192
TRUMPISMOS
(PUBLICADO EN LA COMARCA 160321)
El ejemplo político del ex presidente Trump (un peligro en hibernación: que nadie lo dé por acabado), su estúpida arrogancia, su desprecio hacia la ética o la solidaridad, su machismo o su odio racial, ha hecho germinar un vocablo “trumpismo” que designa una torpe, caótica y dictatorial forma de ejercer el poder. Una especie de Calígula, un Ubu rey ridículo en una poderosa nación a la que conducía hacia la desintegración y el aislamiento.
A través del análisis de la “cuestión catalana” desde los tiempos de Mas, hasta el cocinamiento surrealista del “referéndum” y del Procés y la legal, aunque inadecuada, dureza judicial, se llega a una conclusión deprimente: los catalanes carecen de una clase política eficaz y lógica, pero sus congéneres españoles no les van a la zaga. El empecinamiento poco realista de los primeros se corresponde con el que atenaza a muchos de los políticos españoles, ya sean del Gobierno o la oposición. Es una especie de trumpismo a tres bandas –Govern, Estado y extremistas- que genera posturas anquilosadas y silencios cómplices oficiales ante la barahúnda permanente de los extremos de ambas posturas hispano-catalanas, para placer y ganancia de voxeros, cuperos, antisistemas y “españolistas” cavernarios.
La nueva legislatura catalana está condenada al descrédito, la inacción y la violencia y a aumentar el ya considerable daño que sufre la imagen y realidad social de Cataluña. Y en tiempos de pandemia vírica, económica y social, es un suicidio colectivo de todo el país, en términos democráticos.
El estadista alemán del siglo XIX, Otto Von Bismarck, acuñó una frase memorable respecto a España: “Es el país más fuerte del mundo. Lleva siglos intentando destruirse a sí mismo y todavía no lo ha conseguido”. Quizá lo estamos logrando con el ciego egoísmo de todos
El tema de los políticos presos, no es banal. No se puede
creer a estas alturas que tomar la decisión de que salgan a la calle es una muestra de debilidad, ni se puede pretender según la cortoplacista visión independentista que sería un triunfo y la muestra evidente de que el Estado cede cuando uno se lanza al “cuanto peor sea todo, mejor para nosotros”. Es una postura tan inteligente como la de Trump o Bolsonaro respecto a la Covid. Nos estamos jugando el futuro de todo el país, empezando por Cataluña. La política se debería nutrir del sentido común.
ALBERTO DÍAZ RUEDA
Escritor
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2 marzo 2021 2 02 /03 /marzo /2021 09:24

Se dice que el hombre es uno de los pocos animales que tropiezan dos –o más- veces con la misma piedra. Vivimos en los medios e internet la misma fiebre reivindicativa que en Navidad abrió las puertas a la tercera ola de la Covid y que ahora apunta para Semana Santa una recuperación basada en la falacia de que la vacuna ya nos protege a todos (aunque estemos en este país, todavía, a mínimos de vacunados).

La sociedad ya está harta de estar harta; la economía y sobre todo los sectores afectados, entre ellos el turismo y el transporte, quieren salir del estado agónico al que les ha sometido la Covid. Es justo. El desconcierto y la falta de eficacia gubernamental también son responsables. Pero el virus sigue estando activo y campando a sus anchas. Bajan los contagios, es cierto, pero la Covid se replica en cepas nuevas, sin que exista garantía alguna de que incluso los vacunados estén exentos de la posibilidad de ser elementos activos de nuevos contagios.

El Consejo Europeo se da tres meses para dar luz verde global al llamado “pasaporte” de vacunación que avalará la libre circulación entre países. A propósito de esto me parece absurda la protesta de que eso sería discriminación para los que no lo poseen (¿es que el carnet de conducir discrimina a los que no lo tienen por edad o porque no pasan las pruebas?).

Pensemos con calma. ¿Hay alguien que considere lógico que se facilite el advenimiento de una cuarta ola de la  Covid porque “tenemos derecho a…”, “nadie nos puede prohibir que…”, “queremos  reunirnos con amigos y familiares”, “ya llevamos mascarillas, qué más quieren”, “estamos deprimidos”, “ni los políticos ni los científicos saben lo que hay que hacer”, ”son ataques a la libertad política o de expresión”… etc.?

Cualquier persona  sensata se sorprende cuando oye  a los que convocan manifestaciones políticas o de género (ojo con el próximo 8M) con las excusas, por ejemplo, de que el independentismo o los indiscutibles derechos de la mujer son justificaciones válidas. ¡Por favor! No dejemos de lado la cautela y la razón. Normalicemos nuestra vida poco a poco, con sentido común. Nos jugamos todo: ser responsables es el precio de nuestra libertad.

 

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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