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9 junio 2020 2 09 /06 /junio /2020 08:10

Dar un repasito a nuestro Baltasar Gracián de vez en cuando es tarea placentera y bastante juiciosa. Si uno le lee en clave de lo que acontece con la "desescalada" de la pandemia en España (en otros países sigue tan rutilante, como con los negacionistas brasileños y norteamericanos de Bolsonaro y Trump) y las alegrías que provoca en cierto personal las artificiales "fases" que, debería recordarse, son medidas legales y políticas (bajo presión económica) no límites sanitarios reales. Alrededor de 7 millones de contagios y 400.000 muertos en todo el mundo, dos millones de contagios en EE.UU. y creciendo, más de 100.000 muertos y 700.000 casos en Brasil con 37.000 muertos (aquí el juego político de las fases no ocultan que hemos sufrido 250.000 casos y más de 27.000 muertos). Pero en esta hecatombe que empezó hace seis meses y tres en España, lo único que hemos aprendido es a tener prisa por salir, entre acusaciones ridículas a los confinamientos y una fratricida lucha de egos y sillones entre los políticos.

Señores, el virus SARS-CoV-2 sigue siendo un letal desconocido para nosotros. No habrá una vacuna efectiva hasta fin de año (con mucha suerte) y aún no sabemos si  los que han sido inbfectados adquieren una inmunidad y si esa es temporal o permanente, ignoramos qué carga viral es precisa para provocar síntomas leves o graves, no estamos seguros si la lógica biológica de que se agrave con la edad y las dolencias previas es excluyente para otras edades y estados de salud y tampoco sabemos si los niños y los jóvenes asintomáticos contagian el virus como los adultos, y tales asintomáticos de todas las edades SI pueden contagiar, ya que por el momento ignoramos el número de asintomáticos (potenciales contagiadores) porque es imposible por el momento detectarlos y controlarlos. Se desvanece la seguridad absurda de que el calor y el verano lo frena y lo hace desaparecer. Se olvidan de que los paises cálidos del planeta también están en plena fase de contagios, como Brasil e India. Los virólogos no hacen predicciones porque no tienen ni idea de lo que hará el virus. No se sabe si mutará y mucho menos que si lo hace (costumbre habitual de los SARS) circulará en versiones menos agresivas. La inmunidad masiva por contagio es un futurible que de entrada se descarta. 

Por lo tanto, preocuparnos si debemos abrir las piscinas o no, si debemos propiciar que todo vuelva a esa "nueva normalidad" que es una necedad terminológica, que la gente pueda hacer sus sagradas vacaciones y que se trasladen masivamente a los pueblos, es comprensible desde un punto de vista económico y social, siempre manteniendo las medidas y las cautelas (como si eso fuera posible de forma mínimamente razonable)...pero no reflejamos aquello que decía Gracián: "Algunos hacen mucho caso de lo que importa poco y poco caso de lo que importa mucho". O, "La Prudencia entra con gran tiento en los grandes problemas. Con la ayuda de la Cautela va abriendo camino para pasar sin peligro" O, "Para los revenidos no hay malas contingencias, ni para los preparados hay aprietos".

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14 enero 2020 2 14 /01 /enero /2020 11:10

En estos tiempos en que cualquier cafre sin pizca de sentido común, ante micrófonos y cámaras,  opina sobre lo “insoportable” de cualquier tema político (casi siempre nacionalista)  y amenaza con una guerra como “solución” llevaría al sujeto ante un juez que le condenara por un delito de lesa estupidez inconsciente. Y como castigo y escarmiento le hiciera leer en jornadas de ocho horas la novela de Henri Barbusse que recibió el Premio Goncourt el año de gracia de 1916, en plena I Guerra Mundial, la conflagración que “debía poner fin a todas las guerras”: “Le Feu” (“El Fuego, diario de un pelotón de infantería”). Esa lectura debía ser complementada con “Tempestades de acero” de Ernst Jünger,  con “Abajo las armas” de Bertha von Suttner, “Sin  novedad en el frente” de Erich Maria Remarque y como postre “Adios a las armas”, la más floja de todas, pero con el sello Hemingway.

El lugar de lectura sería una réplica de una trinchera de la cruel y devastadora guerra, fiel reproducción de las originales: como describe Barbusse, un lugar donde todo hedor, suciedad, peligro, horror, angustia, temor y desolación tienen su asiento, un lugar infernal con barro hasta las rodillas, bombardeos continuos, asaltos a la bayoneta, disparos de francotiradoes, hambre, ratas, piojos, despojos humanos, histeria, estupidez de los mandos, corrupción de la elite militar, sin pertrechos, suministros, armamento y munición escasos y órdenes suicidas: todo el asco y la desesperación humanas en un  espacio  estrecho, excavado en el barro a 1,50 m de altura,  repleto de hombres desnutridos y salvajes, luchando por la supervivencia como locos debatiéndose entre el ruido y la furia.

He leído “El fuego” de Henri Barbusse con el corazón en un puño. Y por esas coincidencias que Jung llamaba “sincronicidades” he leído en mis repasos diarios de prensa a varios, sí varios, individuos situados en el poder en diversos países, que proferían referencias irresponsables y necias sobre la “posibilidad” de entrar en una de las guerras que en muchas partes del mundo actual hacen antesala de la idiotez humana. Por favor, ustedes, los que detentan el poder, los que pueden tomar medidas, hagan una criba de semejantes botarates y enciérrenlos unos días en un escenario bélico como el que les he comentado. Antibelicismo literario en vena y condiciones “reales” que reproduzcan el horror para su escarmiento. Sin llegar a herirlos, por supuesto, pero sometidos a los horrores ambientales y físicos de una trinchera de la primera –o la segunda- guerra mundial. O de Vietnam, algún país africano, Sarajevo… se puede escoger en todos los continentes. Que comprueben en persona lo que preconizan.

 

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1 enero 2020 3 01 /01 /enero /2020 10:21

 Va para diez años que he ido ensartando textos míos en el collar de Indra literario de la Librería Serret. Artículos sobre escritores y novelas, críticas literarias, filosofía y costumbrismo, espiritualidad y arte, senderismo y amor a la naturaleza, bajo dos constantes intensamente respetadas: el amor a los libros y el respeto al pensamiento crítico. Con una ética operativa esencial que concernía al respeto al Otro, sea quien fuera y a la honestidad de exposición. Hace algo más de un año iba dejando caer en el regazo virtual de esta web fraternal las migajas orientativas de mis "logoi", marcando quizá un camino en el bosque de los libros y del pensamiento que tiene que ver con esa ética a la que antes me refería. Pequeñas píldoras de pensamiento que planteaban un modesto punto de reflexión. Una de ellas es este texto que dedico a ese "milagro" cultural que ha sido la Librería Serret en esta comarca del Matarraña. Durante diez años he sido huésped bien tratado, mimado diría yo, de esta web y en ese tiempo no ha habido barrera ideológica, política, religiosa o social que no haya cuestionado y siempre me he sentido libre para hacerlo, desde el respeto por supuesto.  
Para mí, la Librería Serret ha sido un símbolo  de concordia, inquietud cultural y resonancia entre dos lenguas diferentes pero no necesariamente enfrentadas: el catalán y el castellano, dos ramas de un mismo árbol lingüístico. Es, si ustedes me apuran, el punto de confluencia enriquecedor: tanto monta, monta tanto. Dos lenguas unidas por un efecto de ósmosis, ¿qué sentido tiene imponer jerarquías donde sólo debería existir el placer etéreo de complementarse y apoyar el mutuo enriquecimiento? La cultura con mayúsculas no implica conflicto sino  suma; no división, sino multiplicación de efectos y frutos. Durante diez años he reseñado autores catalanes, castellanos, ingleses y americanos, franceses o portugueses e italianos, turcos o sudamericanos, australianos o japoneses, gallegos o vascos...a todos les une la literatura, el ensayo o la filosofía. Las traducciones son la cortesía de las editoriales, aunque cuando he podido he leído a franceses, portugueses, catalanes o gallegos en sus respetados y amados idiomas, con más dificultad a los ingleses...¿a alguno de ustedes se les ha ocurrido discriminar a un autor por el idioma en el que escribe? Si no conocen lo suficiente ese idioma, han recurrido a traducciones y no por ella han amado menos a esos autores, ¿no es cierto? No hay absurdo más hiriente que establecer jerarquías de valor entre los idiomas o basar el detritus de la mala política en banderías idiomáticas. Por eso se me antoja que la Librería Serret puede considerarse un símbolo de lo que defiendo: el amor por la cultura en sí, está por encima de cualquier evaluación político-social de las lenguas ( en este caso castellano y catalán, enfrentadas artificial y mezquinamente en recuerdo de épocas pasadas que afectaron por igual a unos y otros habitantes de este país). 
Octavio, amigo, vas a navegar por otros mares y harás diferentes singladuras, nada alejadas del mundo de la cultura. Te deseo buena fortuna y un éxito al menos tan generoso y elocuente como el que has obtenido con tu librería. Fraternidad de lenguas, hermanamiento cultural...¿por qué habría de parecer utópico pensar en que algún día viviremos una unión sin reticencias basada en la igualdad y el respeto? Tu lo has practicado desde hace muchos años...y somos legión los que te aplaudimos y apreciamos por ello. Hasta siempre, Librería Serret.

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22 diciembre 2019 7 22 /12 /diciembre /2019 19:11

Durante mi infancia en Marruecos, en la época del Protectorado español, donde mi padre ocupaba un cargo oficial, viví una profunda amistad con una familia judía que residía en una casa aledaña a la nuestra. Era una pareja de mediana edad que no tenían hijos y para los que poco a poco me convertí en un invitado especial (principalmente para la mujer, una dama elegante de gestos suaves y voz musical con acento francés). Ella me fue contando detalles sobre su cultura, sus creencias, su amor a los libros y a la Palabra, entendida como un vínculo con lo divino que hay en nuestro interior. No se si a mi corta edad entendía lo que me contaba,  pero lo cierto es que dejó en mí un poso de curiosidad insaciable por el mundo de los judíos, su cerrada cultura endogámica y la dinámica inteligencia de sus planteamientos. Ella me enseñó a leer de una manera distinta a la que aprendí en el colegio y me facilitó algunas claves para entender la manera de vivir judía. Después, ya en España, tuve amigos judíos en el Colegio y la Universidad y hubo un fácil y cómplice entendimiento con la mayoría, a pesar de que siempre llegaba a un punto donde aparecían los obstáculos de "la diferencia".

Y es precisamente esa característica del pueblo judío, que ha construido su identidad mediante el amor al Libro, a los libros, la lectura, la discusión, la enseñanza y la obligatoriedad de estructurar eso en la educación de los hijos por sus padres, en la cohesión de la familia con lazos de ese tipo, lo que constituye la principal fascinación que me ha provocado esta etnia. Convertir en señal de identidad de un pueblo algo como la íntima y secular relación entre la persona y las palabras, un principio vital articulado en mi propia vida como individuo fascinado por los libros, me parece algo asombroso.

Amos Oz en un ensayo titulado "Los judíos y las palabras" dice que en el interior de cada judío hay una biblioteca, salvo para aquellos que han desdeñado sus raíces y asimilado otras culturas. La pasión por saber, por interpretar, convierte "al mundo entero en un texto" y no es casual que la mayoría de grandes cerebros de la historia de la humanidad, en la ciencia, las artes, la filosofía o la literatura, hayan sido judíos. El judaísmo avala la búsqueda incansable del conocimiento y la verdad, aunque siga habiendo temas pendientes como el sometimiento de la mujer, la prepotencia patriarcal, la tradicional verbosidad compensatoria judía, la actitud ante el sexo o el sentido oscuro del humor (Woody Allen o Groucho Marx) y el complejo permanente y profundo de culpabilidad (Freud). Los judíos no deberían ser el Otro, el Forastero por antonomasia, sino unos hermanos a los que no hemos aprendido a amar, a entender o a conocer (aunque tampoco ellos han sabido propiciar ese acercamiento). El judío es la asignatura pendiente de la Humanidad. Lo malo es que parece que ellos también lo creen así, aunque por razones diametralmente opuestas. En realidad son el gran Malentendido de la historia.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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18 diciembre 2019 3 18 /12 /diciembre /2019 18:01

Esas banderías facinerosas que campan por las calles catalanas, escudadas tras los derechos que protege el Gobierno que tildan de "fascista", han perpetrado dos "heroicidades" más: quemar ejemplares de la Constitución y la bandera de nuestro país (que es utilizada de forma partidista desde hace muchos años, siendo como es un símbolo de todos y no sólo de unos cuantos). Los partidarios del "peor es mejor" con despacho en la Generalitat se deben sentir orgullosos por los actos de esa turba de neo-oligofrénicos que con esa quema de símbolos superiores del país al que jurídicamente pertenecen están favoreciendo la eclosión de fascismos retrógrados: cada una de las hojas del texto constitucional lanzado a la hoguera supone, seguramente, más de un millar de votos a la ultraderecha y, al tiempo, un insulto inicuo al resto de los ciudadanos de este país, entre ellos muchos catalanes.

La palabra iniquidad significa una acción o acto realizado con maldad, abuso, injusticia, infamia o ignominia. Algo contrario no sólo a las leyes positivas del país sino a la ética del resto de los españoles. Encaja con otro concepto, el de anomia, que es una perturbación psicológica que afecta a una persona o a un grupo, que les hace rechazar las normas o convenciones de la  sociedad en la que viven y les hace ignorar y transgredir las leyes y el conjunto de reglas que regulan la convivencia pacífica.

Hay una frase de Steiner que parece definir la situación actual en la querida y atribulada Cataluña: "ninguna mentira es tan burda que no pueda expresarse tercamente, ninguna crueldad tan abyecta que no encuentre disculpa en la charlatanería del historicismo...el lenguaje de la política se ha contaminado de oscuridad y locura". Steiner, desde luego, no se refería a todas las manipulaciones  y falsedades del "procés", ni a la excusa de agravios históricos empleada absurdamente por la propaganda historicista del independentismo... pero lo cierto es que la frase parece ajustarse a esos hechos.

ALBERTO DÍAZ RUEDA, Escritor

 

 

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3 diciembre 2019 2 03 /12 /diciembre /2019 18:25

Creo que deberíamos estudiar más a los griegos. Pienso que muchas de las respuestas a los problemas de la actualidad se encuentran en obras escritas hace más de dos mil años. Sólo es preciso percatarse de que todo ha cambiado en nuestro entorno desde aquellos tiempos arcaicos,  pero hay algo que se mantiene casi idéntico bajo el barniz de la modernidad y la virtualidad: las pasiones, deseos y carencias del animal humano, enterrados en el cerebro reptiliano que aún conservamos, rodeado de las circunvalaciones mágicas del neocórtex, esa maravilla gris cuyo funcionamiento aún no entendemos del todo pero ya intentamos replicarlo en la IA.

La palabra griega carácter describía la figura o el rostro grabado en las monedas o la figura alegórica grabada en piedra de una u otra cualidad humana, el heroísmo, la bondad, la ira. Para nosotros la palabra ha tomado el significado opuesto. Es ese algo que distingue a una persona de otra, mientras para los griegos es una característica que compartimos en algún momento. El problema es que ahora vemos cada cosa por separado, individualidades, y los griegos (como los chinos taoístas y los budistas) veían cada cosa como partes de un todo. 

La profesora norteamericana de origen alemán Edith Hamilton (1867,-1963) ponía un ejemplo al respecto: los templos griegos y las catedrales en la edad media. Los primeros eran colocados en un punto elevado y hermoso de la naturaleza, rodeados por la belleza natural, bosques y rocas, cielo y mar. Los cristianos hundían sus iglesias y catedrales en el centro de la ciudad, rodeadas de casuchas y barrios miserables. Eso sí, lanzando sus torres y campanarios hacia el cielo, como símbolo del poder único de la Iglesia  y de su carácter sagrado, "celestial". El pensamiento, la lengua y la literatura griega hace una apelación a nuestros tiempos: "El florecimiento del genio en Grecia se debió al inmenso ímpetu recibido cuando la claridad y el poder del pensamiento se añadieron a una gran fuerza espiritual de tipo filosófico" ¿Cuál era esa fuerza? "Una ausencia de lucha, de crispación, un poder reconciliador, algo agradable y sereno que el mundo no ha vuelto a ver desde entonces". Algo de eso nos iría bien...

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29 noviembre 2019 5 29 /11 /noviembre /2019 15:51

Entre otros sinsentidos, falacias y paradojas del momento político y social, en Cataluña estamos viviendo un oxímoron casi cotidiano con absoluta impunidad crítica y con la indiferencia, aprobación o rechazo de toda la población, que parece no percatarse del absurdo despropósito en el que se ha convertido un legítimo sueño de mayor autonomía en un disparate basado en principios ilegales y sostenido con medios ilegales y violencia callejera, inexplicables en tal país y en tales ciudadanos históricos. Sin entrar en los excesos de los CDR (Cerebros Desahuciados Reprogramados, según un viejo amigo de Esquerra), lo del "Tsunami Democrático" es un retorcimiento de la lengua y el concepto, que sería cómico si no fuera trágico. Se trata de un oxímoron, según la RAE "combinación en una misma  estructura sintáctica de dos palabras o expresiones de significado opuesto que originan un nuevo sentido". Un tsunami, fenómeno climatológico devastador, por esencia no es algo democrático ya que "no ha sido elegido" por una mayoría de ciudadanos, sino impuesto de una forma inapelable y podríamos decir dictatorial.  Además de que caemos en una "falacia patética"  que es atribuir juicios humanos a un fenómeno natural. Los tsunamis no son ni democráticos ni fascistas. Es una combinación desastrosa y de efectos trágicos de varios fenómenos naturales. Llamar así a lo que algunos descerebrados hacen en Cataluña, (destruyo un país, ¿ para construir qué?) es una definición tan inconsciente como cruel.

Justamente esa es la manera que usan los exaltados para imponer al resto de la población catalana o foránea sus confusos argumentos de "legitimidad", que no de legalidad. Y no sólo a esa "mitad", siendo generosos, de catalanes funcionales (es decir los que viven y trabajan en Cataluña aunque no sean catalanes de nacimiento) sino también a una buena parte de militantes propios, (enardecidos por la obtusa gestión que se ha hecho del asunto por las dos partes implicadas), a los que se les aplica sin rubor ni vergüenza lo que he llamado "la falacia del traidor". Es decir, el "estás conmigo o estás contra mí"; el "si no apoyas la barbarie y la destrucción, eres un traidor";  o el "si cuestionas mis métodos es que eres un fascista". Paremos este absurdo alienado o seremos cómplices de él.

ALBERTO DÍAZ RUEDA, escritor

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26 noviembre 2019 2 26 /11 /noviembre /2019 15:53

Los CDR catalanes (como los llama un amigo barcelonés, "Cerebros Desequilibrados Reprogramados") están integrados por manadas de jóvenes, bandas violentas que hemos visto estos días en las calles catalanas. que están formadas por algunos jóvenes independentistas educados desde la infancia en un ideario sin fundamentos jurídicos ni históricos, rico en consignas esquemáticas, maniqueas y viscerales. Los grupos más violentos los integran tipos que se auto titulan “anarquistas” sin tener ni idea de esa ideología decimonónica o con la ateniense “secta del perro” –creada por Antístenes y Diógenes, (ambos del siglo IV aC)-  doctrinas cínicas que darían más tarde lugar, una vez depuradas de irracionalidad,  al estoicismo, al escepticismo y a Epicuro y su escuela. Todo esto es cultura y está lejos de esos individuos  que ignoran y resumen lo que hacen  con un primario “cuanto peor, mejor” y aprovechan la masa para destrozar e incendiar como catarsis de sus fracasos personales. Serían equiparables a los “homo sacer”, tipos considerados proscritos en la civitas romana o la polis griega, de la que eran desterrados,  despojados de sus derechos y condenados a vivir al margen de la sociedad civilizada, donde impera la ley y el trabajo. En principio la palabra "sacer" significa sagrado, pero en una segunda y mas popular acepción los romanos llamaban así a los desarraigados y réprobos que obedecían a los dioses "malos". Pero ahora hay otros “homo sacer” que abundan y provienen de las oleadas de inmigrantes que encerramos en campamentos precarios o los desterramos a la ilegalidad, de los jóvenes anti sistemas que aprovechan todas las ventajas que les da el sistema que dicen odiar, de los parias con carencias y sin escrúpulos, de filas de vagabundos profesionales que deambulan por toda Europa eludiendo tanto a la policía como a la posibilidad de trabajar. Al final los convertimos en responsables de todo lo malo que nos amenaza o que ya tenemos a las puertas de nuestras existencias más o menos seguras, cómodas o amables.

Un libro reciente, “La melancolía en tiempos de incertidumbre” de Joke J. Hermgen (Siruela) aclara un poco los elementos sociales y personales que definen las actitudes y comportamientos de los “homo sacer” de nuestro tiempo. Y nos señalan también el mecanismo socio psicológico que los convierte en “chivos expiatorios” de situaciones cuya causalidad y responsabilidad no tiene  nada que ver con ellos. ¿Quiénes son los auténticos responsables de que existan jóvenes sin pensamiento crítico, carnaza de manipuladores, que integran las masas violentas infiltradas de delincuentes comunes? ¿Quiénes son los que carecen de interés por una gestión inteligente y humanitaria de las oleadas de inmigrantes? Pensemos en ello.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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24 noviembre 2019 7 24 /11 /noviembre /2019 15:54

Dicen los expertos en climatología y en paleontología que los efectos de un cambio climático inducido por la civilización humana (por llamarla de alguna manera) gracias a las emisiones de CO2 no es un invento de científicos catastrofistas  e imaginativos autores de ciencia ficción, sino un proceso, ya casi ineludible, que se ha acelerado en los tres últimos decenios y que desmonta fácticamente los argumentos de los negacionistas (que abundan en las naciones más contaminadoras, precisamente) y de los optimistas que creen que se trata de un ciclo de larga duración que dará tiempo a que la tecnología encuentre alguna solución que nos permita seguir con un estilo de vida (reservado a una cierta parte de la población mundial: los demás no cuentan) que se ha caracterizado por su aptitud a la depredación y el despilfarro.

Cualquier observador obstinado, que trate de estar al tanto de la deriva negativa de nuestra civilización, se habrá percatado de que en los últimos quince o veinte años la miseria, la desertificación, las inundaciones y una explotación obtusa de los recursos están creando auténticas mareas de inmigrantes, - con el complemento de las "pequeñas guerras" locales y genocidas-- procedentes de sectores de Africa postsahariana, Latinoamérica, sudeste asiático, Oriente Medio y brotes en Europa y el Mediterráneo. El Banco Mundial cifra en 140 millones de refugiados en los próximos 30 años y la ONU hace una estimación de 200 millones. Eso en un planeta que no deja de ser esquilmado por un lado y sobrepoblado por la otra. ¿No estaremos siguiendo la "táctica del avestruz" que se define como  "actitud de quien trata de ignorar peligros o problemas" ? Ni los protocolos de Kioto en 1997 ni el de Paris en 2016 han logrado algún avance. ¿Todo son exageraciones? Alguien dijo: si descartamos lo imposible, lo que queda, por más improbable que parezca, es lo que va a suceder".- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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11 noviembre 2019 1 11 /11 /noviembre /2019 09:48

Los presocráticos griegos eran protocientíficos: la filosofía nace de la curiosidad de unos hombres que observaban constantemente los fenómenos naturales más comunes y trataban de encontrar causas y leyes que los rigieran. El libro clásico de Benjamin Farrington "Ciencia y filosofía en la antigüedad"nos cuenta con la fascinación de un relato homérico cómo pensadores de Egipto, Mesopotamia, Grecia y Roma desde los más remotos en el siglo VI a.C. crearon las bases sobre las que florecería la ciencia, buscando razones y desdeñando la fácil explicación de una serie de dioses de los que procedían los fenómenos y los controlaban. La curiosidad es había convertido en el primer motor de la ciencia. Después, mucho más tarde y hasta nuestros días viene la ambición de su utilidad práctica para generar el bienestar humano y sus infinitos e insaciables apetitos. Ahora parece que ese efecto secundario se ha convertido en el objetivo principal.

En un breve ensayo de Abraham Flexner, publicado en 1939, se advierte con notable premonición a los científicos: “Quería que quedara claro que la defensa de lo inútil [lo no ligado al afán de lucro] no atañe solo a escritores y humanistas, sino que es una lucha que concierne también a los científicos. El estado no puede renunciar a la ciencia básica en aras del beneficio. Las Universidades y Escuelas Técnicas Superiores cada vez se asemejan más a empresas de empleo y beneficios económicos y materiales". Y añade: "...a lo largo de la historia de la ciencia la mayoría de descubrimientos realmente importantes que al final se han probado beneficiosos para la humanidad se debían a hombres y mujeres que no se guiaron por el afán de ser útiles sino meramente por el deseo de satisfacer su curiosidad". Hace un recorrido por las obras y vidas de importantes científicos del pasado y advierte: "Cuanto menos se desvíen (los científicos) por consideraciones de utilidad inmediata, tanto más probable será que contribuyan al bienestar humano". Para finalizar con esta impagable frase:"Un poema, una sinfonía, una pintura, una verdad matemática, un nuevo hecho científico, todos ellos constituyen en sí mismos la única justificación que universidades, escuelas e institutos de investigación necesitan o requieren". ¿Hasta qué punto esto es cierto en el siglo XXI?

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