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10 noviembre 2019 7 10 /11 /noviembre /2019 08:46

Sapere Aude, atrévete a saber, atrévete a pensar, atrévete a usar tu propia razón. Fue el lema de los hombres sabios --y osados para su época: el siglo XVIII--  de la Ilustración. La emplea Kant en su obra "¿qué es la Ilustración?, aunque su origen se remonta a una epístola de Horacio,  poeta satírico y filósofo epicúreo  romano del siglo I aC. Entre los objetivos que se plantean los Ilustrados en el llamado Siglo de las Luces está el uso y predominio de la Razón en los asuntos humanos, la tendencia hacia el Progreso y la Ciencia y un Humanismo que engloba el amor a la Naturaleza, la libertad y la búsqueda de la felicidad para todos los hombres. Han pasado tres siglos de la aparición de aquellos seres iluminados que vivían en una dictadura secular de monarcas absolutos y revoluciones sangrientas (como la francesa de 1789). ¿Diría usted lector que se ha conseguido en algún momento los sueños de aquellos ilustrados? Steven Pinker, el ensayista, cree que sí. No suficiente en ninguno de los casos, no firme y mantenido; con bastantes deformaciones, carencias y manipulaciones en su totalidad. Pero hay algo que ha quedado claro:

El atrévete a pensar por tí mismo es la clave filósofica de nuestro tiempo. Es clara y contundente. No demos nada por hecho o por resuelto. Vamos a cuestionar si lo que nos "venden" como verdades realmente lo son. En un mundo digital donde las "fakes news" son el pan nuestro de cada día, donde todo el mundo miente de alguna forma y en cierta medida, según los intereses del momento, hay que exigir a nuestra mente: atrévete a razonar, a cuestionar lo que te cuentan e incluso lo que ves en televisión, periódicos y radio, atrévete a intentar aplicar la lógica, la honestidad, la bondad a los argumentos que emplean para justificar lo que sabes intuitivamente que es injustificable. Tenemos la libertad de pensar por nosotros mismos. Parece una labor ingente, pesada e ingrata. Pero es lo único que certifica nuestra humanidad y nuestro derecho a ser libres y tratar de hacer un mundo más justo y si no más feliz, menos desdichado y cruel. Siempre existe un momento clave en el que nuestra intuición y nuestra integridad -caso de que nos hayan enseñado a tenerlas- nos dicen: te están engañando. Párate, no sigas. Detente y piensa. Atrévete a pensar. Y luego actúa o deja de hacerlo. No aumentemos con nuestra acción o nuestra inhibición la terrible injusticia de nuestro mundo.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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5 noviembre 2019 2 05 /11 /noviembre /2019 17:54

Harold Bloom, profesor de Humanidades de la Universidad de Yale durante más de sesenta años, ha muerto con 89 años -tres dias después de impartir la que sería su ultima clase, en pleno uso de sus  enormes facultades, su gigantesca erudición y su tajante y provocadora actitud crítica. Como Mr. Chipps, el  protagonista de la novela del mismo título de James Hilton, profesor británico de entre guerras, ha dejado memoria de su bien hacer en varias generaciones de estudiantes. Con Bloom desaparece una determinada ortodoxia crítica que se ha mantenido fiel a sí misma, dominando a los clásicos y haciendo una labor crítica magnífica y exigente que sabía ver entre el grano y la paja en la ceremonia de la confusión editorial de hoy. En contra de lo banal, de la vulgarización de la lectura, pero atento al lector común, Bloom ha arremetido, a lo largo de su larga vida, contra casi todos los ismos y la invasión interdisciplinar en la crítica literaria, sobre todo la escuela psicologista y la sociológica. Su "Canon" le valió ataques de todos lados y el ser considerado una especie de "condottiero" de la ortodoxia crítica. Nos decía lo que había que leer y por qué. Consideraba a Shakespeare como el "creador" de lo humano y a Cervantes como el segundo de a bordo. Más de 40 libros publicados, monografías, artículos y prólogos dan fe de su laboriosidad y dedicación. Este vástago de una humilde familia judía del Bronx neoyorquino era capaz de recitar los sonetos de Shakespeare de uno en uno y repetir la primera página de un centenar de novelas clásicas. Bromeaba con sus alumnos de su portentosa memoria, afirmando que era un legado mental de uno de sus antepasados cabalistas. Sus enemigos, los tenía abundantes y buenos (como él mismo reconocía), le acusaban de oscurantismo y excentricidad. Les contestó con un brillantísimo libro sobre los poetas ingleses románticos y un ensayo personal "La ansiedad de la influencia". Para mí fue un punto de referencia en mi labor como crítico desde sus primeras obras y en particular sentí cierta complicidad cuando arremetió contra "la escuela del resentimiento", aquellos escritores, ensayistas e intelectuales que arrinconaban a los clásicos en aras de las "nuevas" teorías culturales, segadas y colaterales, para los que un análisis de una escuela de diseño de moda era tan valioso como un  análisis de la poesía de  Blake o Shelley y su reflejo en las formas modernas de la espiritualidad. Adios, Mr. Bloom, le echaremos de menos,

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2 noviembre 2019 6 02 /11 /noviembre /2019 17:36

A veces en la práctica psicológica uno tiene "insigths" o intuiciones que años más tarde los avances neurocientíficos corroboran (aunque sea más frecuente que la ciencia los falsee). Pero mi creencia, entonces sin fundamento científico, de que el global deterioro cognitivo que la edad producía en el cerebro era una falacia, fue confirmada por la neurología muchos años más tarde de que yo abandonara la Universidad. La plasticidad del cerebro demostraba que las neuronas no morían implacablemente en la vejez, sino que, en cierta forma, se podía alargar e incrementar su vida útil si las personas no dejan de ejercitar su cerebro, desde hacer crucigramas a aprender idiomas o subir montañas, dedicar tiempo a cocinar, jardinería o informática, hacer senderismo en grupo o formar parte de una escuela de baile o de profesor voluntario para niños inmigrantes.

Además, tomen nota las empresas, desestimar la experiencia de los empleados mayores es un error. Se ha descubierto en técnicas de resolución de problemas que los cerebros de esas personas -no de todas, sólo los que no han dejado de ejercitar su cerebro- da con soluciones mucho mas rápido y eficazmente que los jóvenes, debido a la  capacidad de sus cerebros de saltar pasos intermedios del proceso de búsqueda aprovechando circuitos de memoria que recuerdan problemas semejantes en el pasado. Como dijo el neurobiólogo alemán Martin Korte, "las neuronas resisten más el deterioro cuanto más se usen".

Así que los mayores de 50 años apunten: nada de multitareas, una sola cada vez y con la máxima concentración; pierdan el miedo a fracasar, eso entorpece el éxito y además, uno aprende mucho más de los errores; almacenamos mejor la información si la leemos en un libro, no en pantallas, y tomamos notas o gráficos a mano,la memoria visual es mas eficaz. Escuchar música o aprender a tocar un instrumento, jugar al ajedrez, relacionarte  y darle toda la marcha posible al cerebro. Les auguro una vejez activa.-

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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29 octubre 2019 2 29 /10 /octubre /2019 21:16

...SED HORA INCERTA. La muerte es el final seguro de todos los seres, sólo la hora en la que se presenta es incierta. Una máxima latina que deja clara la vulnerabilidad del ser humano. Por eso es absurdo vivir temiéndola hasta extremos obsesivos, como nos cuenta el excelente escritor Julian Barnes, en su libro "Nada que temer", donde exorcizó sus permanentes temores con su fresco sentido del humor. Desde Séneca a Marco Aurelio o Cicerón y Epicuro, Kierkegaard, Wittgenstein o Nietzche, incluso un optimista campechano como Montaigne o unos pesimistas como Schopenhauer o Heidegger, consideraban que una de las funciones de la vida es prepararse para la muerte.

Si reflexionamos sobre ello o si algún evento dramático o trágico hace que muera alguien a quien apreciamos o amamos, que fallezca de manera inesperada, fulminante, nos damos cuenta de que la esencia de la muerte que conocemos es que es la muerte del Otro. De un otro en el tenemos depositados sentimientos o emociones que nos vinculan estrechamente. De nuestra propia muerte, generalmente no nos enteramos. Mientras tenemos un ápice de vida, apostamos inconscientemente por ella, aunque veamos muy cercano el fin. Algunos incluso llegan a desearlo. Como decía Epicuro "cuando la muerte está, tú no estás; cuando tú estás, la muerte no está". No hay contacto posible entre, sea lo que fuere,  tu identidad mental, cerebral, espiritual y la muerte. Cuando ella aparece, todo lo que conforma tu Ser desaparece: con todo el respeto para los que piensan o creen en una "superación" de la muerte con la supervivencia eterna del "alma". Queda el cuerpo, que en ese mismo instante comienza con creciente intensidad un proceso de descomposición. La entropía, segunda ley de la termodinámica, afecta a todo lo que existe, incluido por supuesto ese "bípedo sin plumas y hablante" que es el ser humano.

Algún poeta romántico o ciertos novelistas góticos han elaborado trabajos de muy diferente calidad sobre la presencia de la  muerte en la vida humana. En ellos se  barajan imágenes y símbolos de lo más variado. Hay culturas que mantienen con ella una relación justa y equilibrada e incluso la saludan y le dan la bienvenida alegre y confiada. El cristianismo, cuyo símbolo máximo es un hombre muerto en la cruz, ha lanzado anatemas terribles contra la muerte, a pesar de creer en la Vida Eterna. Lo cierto es que esa evidencia potencial nos acompaña desde el momento del nacimiento y forma una segunda naturaleza esquiva y no visible junto a nuestro cuerpo, como una sombra inapreciable pero esencial. Conviene pues entender claramente que forma parte de nuestro Ser, según una ley absoluta de la Naturaleza. En tanto "eres", la muerte es la otra cara de tu ser. Vive bien y serenamente el que acepta esa doble vertiente de su persona. 

 

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5 octubre 2019 6 05 /10 /octubre /2019 15:34

 

A finales de los 60 del pasado siglo, un científico británico, un bioquímico llamado James Lovelock, hoy día con 100 años cumplidos, doctor honoris causa de ocho universidades en todo el mundo, aventuró una hipótesis de trabajo fascinante que revolucionó nuestra percepción del hábitat físico en el que vivimos, el planeta Tierra, y sus elementos vivos y componentes inertes. La llamó la hipótesis Gaia, nombre con el que los griegos llamaban al planeta Tierra (Gea en latín), al que consideraban como una de las diosas primordiales del Olimpo. Según Lovelock, toda la vida existente en el planeta y la misma Tierra integran un organismo único, indivisible, en permanente autorregulación que crea una biosfera en la que se garantiza la viabilidad existencial. Como decían las pintadas en mayo del 68, “La Tierra es un ser vivo. Respétalo ”.

 “El aire no es solo un entorno para la vida, sino una parte de la vida misma…parece que la interacción entre la vida y el medio ambiente, del cual el aire, el mar, los árboles y los montes forman parte, es tan intensa en el sostenimiento del entorno, que se puede considerar que forman una entidad planetaria con capacidad para regular un estado de equilibrio, desde el clima a la composición química de ciertas interacciones que reducen la entropía  (tendencia natural a la destrucción) del planeta.”

El problema es que ese equilibrio se está rompiendo debido a las actividades humanas, como con la concentración atmosférica de bióxido de carbono, la quema de enormes masas de arbolado (Amazonas), las  radiaciones de microondas cada vez más potentes por el exceso de aparatos electrónicos y digitales, la sobrepoblación, etc. En 1987 Lovelock escribía: “Por robusta que sea Gaia, las condiciones de nuestra Tierra se están acercando al punto en que la vida misma no esté lejos de su fin”. Más de 30 años después, una de las instituciones científicas plurales  que velan por el planeta en su conjunto ha advertido que está a punto de superarse el punto crítico de la sostenibilidad ecológica de nuestro único hogar habitable.-ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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30 septiembre 2019 1 30 /09 /septiembre /2019 09:32

Los griegos clásicos, desde Isócrates (s.V aC), cultivaron la Paideia como modelo de educación para los niños y jóvenes. Platón alargó los contenidos con geometría y matemáticas, pero Isócrates basaba la Padieia en una transmisión de valores éticos y preparaba a sus pupilos en una combinación de gimnasia, hábitos saludables, conocimientos políticos, sobre la naturaleza (physis)  y prácticos(techné) que cubrían dos funciones esenciales: saber SER y saber HACER. Destacaba el cuidado de sí mismo y la atención a las relacione sociales basadas en la honestidad y el servicio, buscando formar a útiles dirigentes de la “polis”. Bastantes siglos más tarde, Kant, filósofo de la Ilustración, escribiría: "El hombre sólo puede ser hombre por la educación. No es nada más que lo que la educación hace de él".

Me preocupa la educación que se imparte en España. Creo en una Paideia  como norma educativa que tuviera como  objetivos --desde primaria y si me apuran,  el jardín de infancia- aprender a SER, enseñar principios éticos, respeto a la diversidad de los otros y amor a sí mismo y secundariamente con las demás asignaturas, enseñar a HACER. ¿Para cuándo un Pacto de Estado de todos los partidos sobre educación?  El poder político debe sacar las manos del ámbito de la educación. Es necesaria una cierta autonomía pedagógica y profesional en el mundo de la educación y  la cultura para  evitar que los intereses políticos, (así como el clientelismo y el enchufismo) entren en la educación como perros de caza olisqueando las presas y desconcertando a profesores y alumnos. Cesar Antonio Molina, escritor y ensayista, también ministro, mencionaba en un artículo "la lista de las ocho o nueve leyes de Educación, todas fracasadas, aprobadas y derogadas por el PP o el PSOE en sus rotaciones en el poder". ¿Cómo puede prosperar un proyecto nacional educativo con ese vaivén de "ideólogos", sujetos y clientes de los partidos políticos, por muy buenas intenciones que tengan? Saquen las manos del mundo educativo (y cultural) señores políticos y déjenlo en las manos de profesionales.

 

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26 septiembre 2019 4 26 /09 /septiembre /2019 09:20

Kant escribe sobre las pretensiones de la metafísica dogmática que pretende hablarnos de lo absoluto a través de razonamientos e imágenes meramente discursivos, una voluntad imposible que trata de volar alto con las alas del intelecto, razón e inteligencia, en cuestiones donde manda lo inefable, donde sólo las intuiciones pueden intentar el acercamiento a conceptos no asequibles a la comprensión racional: sólo posible en la física o la matemática o las ciencias naturales. Para ilustrar esa imposibilidad, visible con los ojos de la razón crítica, Kant crea una metáfora brillante: "Sueña la paloma, al sentir la resistencia del aire sobre las alas, volar en el vacío".

Nuestro Antonio Machado hace decir a su heterónimo Juan de Mairena, "existe una paloma lírica que suele eliminar el tiempo para mejor elevarse a lo eterno y que, como la kantiana, ignora la ley de su propio vuelo". En la política española de hoy mismo, hay líderes y asalariados de la parasitaria grey, que tratan de emular a la paloma kantiana, ignorando la ley del vuelo político: argumentos y declaraciones se suceden ante los medios de comunicación que refuerzan la absurda imagen de nuestra nación en estos momentos, un batir frenético de alas llenas de retórica superflua y auto conmiserativa en un entorno vacío de esperanza, harto de promesas equívocas, huérfano de honestidad y amor al servicio público. ¿Qué fatal desenlace tiene el vuelo de esa paloma política española, que ha cambiado el viento sustentador de los hechos, las necesidades y los proyectos nacionales, por el vacío especular de los egoísmos y los clientelismos de nuestros mal llamados"políticos"? "Quosque tandem abutere, (aquí va el nombre del político que uno desee, hay donde escoger) patientia nostra?" Es decir, ¿hasta cuándo vais a abusar de nuestra paciencia, políticos españoles?

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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15 septiembre 2019 7 15 /09 /septiembre /2019 16:07

En el quinto y último libro de la voluminosa autobiografía de Leonard Woolf (el preferido de los editores españoles y único publicado en este país, pues contiene el luctuoso suceso de la muerte de su esposa, Virginia, la escritora genial que se suicidó el 28 de marzo de 1940 ahogándose en el río Ouse) el excelente memorialista, ensayista, político y editor, habla de su larga  vida en el último año de su existencia. Es un lúcido y dinámico anciano de 89 años y hace un repaso valiente e irónico sobre los males y los beneficios de la vejez. Y dice: "Creo haber disfrutado mucho con muchas cosas a lo largo de mi vida...". Y tras enumerar una lista epicúrea y sensata, añade: "Uno de los placeres que toda mi vida me ha parecido más fiable y al que no ha afectado el vampirismo de la senilidad es el placer de escribir" Y acaba: "Me gusta sentir en el cerebro el proceso de la composición, sentir como funciona la mente, como los pensamientos  se organizan en palabras y van apareciendo sobre el papel en blanco".

Cualquiera de las personas que me lea y sea un "lletraferit", palabra maravillosa en ese idioma elegante y poético que es el catalán (soy andaluz y he trabajado durante 40 años en labores de letras en Cataluña sin ningún problema y con muchas satisfacciones y respeto), es decir un individuo "herido" por la literatura en todas sus formas, las letras, firmaría sin dudarlo su apoyo a las palabras de Leonard. Desde que con 14 años terminé una novela sobre el antiguo Egipto (50 folios escrito a mano) una copia ingenua del estilo y los personajes de "Sinuhé, el Egipcio" de Mika Waltari, que devoré durante las vacaciones de verano a escondidas de mis padres, el gusanillo de  la escritura (y la lectura) se convirtieron en mis amigos inseparables  moldeando mi personalidad y mi manera de ser. Más de cinco décadas después mi asombro expectante ante el milagro de la creación literaria sigue tan fresco como antaño. He vivido como un escritor "lletraferit" y agradezco a Leonard el regalo de su sensible observación: tampoco en mí "el vampirismo de la senilidad" ha afectado el atemporal, revitalizante y entrañable placer de la escritura.

 

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10 septiembre 2019 2 10 /09 /septiembre /2019 16:46

El movimiento utilitarista británico del siglo XIX que daría alas al empirismo y el pragmatismo como escuelas filosóficas opuestas al idealismo y que culminaría en el realismo de Moore y Russell en el  XX, tuvo como una de las figuras más importantes a Jeremy Bentham (1748-1832) : "Es bueno aquello que es útil para el mayor número de personas" o como decía el filósofo "aquello que resulta del cálculo entre el placer que genera una acción menos el sufrimiento que dicha acción produce en las personas involucradas en ella". Bentham era jurista y abominaba del sistema carcelario inglés que no había evolucionado desde el siglo XV como bien sabía su  coetáneo Dickens. Así que ideó uno nuevo basándose en sus ideas humanitarias: el objetivo no era solo castigar sino reeducar al criminal. Escribió El panóptico, sobre un nuevo tipo de prisión un nuevo tipo de prisión, más benigna que la vigente, que sería como “un molino en el que triturar a los pícaros hasta hacerlos honesto. Se trataba de edificar un círculo de varios pisos con celdas, en torno a un eje central de servicios y vigilancia en cuya cúspide estarían los observadores carcelarios con una visión directa sobre las celdas enrejadas de los presos (lo que llaman "la dictadura de la mirada"), con lo que con pocas personas se podía controlar todo el perímetro. Además los vigilantes de la torre podrían ver a todos los reclusos, pero estos no podrían verlo a él.  Con esto se lograba crear tal ansiedad en los presos que sabían que podían estar siendo observados en cualquier momento, que éstos se abstendrían de hacer barrabasadas, pues la alarma y el castigo serían inmediatos. Control y disciplina con poco gasto. El éxito del panóptico fue fulgurante y no solo en Inglaterra. En España, Barcelona fue la primera ciudad en construir entre 1881 y 1904 un edificio penitenciario con esas directrices, la Cárcel Modelo. La idea y su sentido práctico y útil, (y humanitario, el lema era "In severitas humanitas"), se extendió a otras instituciones como escuelas o fábricas, en las que un cierto grado de intimidación es preciso para que el conjunto funcione. En Madrid la de Carabanchel, construida por el régimen franquista en los años 40, copió y mejoró el diseño de la Modelo.

En realidad el panóptico es extrapolable al entramado de cámaras públicas de vigilancia, drones espía y de control de tráfico y sobre todo a la Red digital que ha superado los sueños de Bentham y del Gran Hermano ("1984" de Orwell) llevando su Ojo vigilante y de una curiosidad malsana a todos los ámbitos incluso los más personales e íntimos del ciudadano. Con una característica asombrosa: con el beneplácito de los propios vigilados, que son desposeídos de sus más ocultas intimidades. A cambio del "plato de lentejas" (bíblico), en forma de cómodos accesos a la comunicación, la gestión y la diversión,  el ciudadano de la actual sociedad digital se ha entregado atado de pies y manos (legalmente: aceptamos sin leerlas las condiciones de uso de las empresas como Google, Facebook y otras) a un mercadeo de sus datos e intimidades más personales, financieras, laborales, sanitarias y lúdicas como jamás en toda la historia de la Humanidad se había permitido. De hecho se han efectuado sangrientas revoluciones por cuestiones de valor semejante a las citadas. Ahora lo aceptamos todo en un progreso de orden geométrico que socava nuestras libertades más preciadas. Zygmunt Bauman ("Vigilancia líquida", 2013), Byumg-Chul Han ("Psicopolítica", 2019), Alessandro Baricco ("The Game", 2018) y Seth Stephens-Davidowitz ("Todo el mundo miente", 2019), han tratado sagaz y adecuadamente los hechos, creando en cierta opinión pública (bastante minoritaria) la lógica alarma y denuncias consiguientes (vox clamantis in deserto), ante la indiferencia o la hostilidad de la clase política (lo cual era de esperar: ¿cómo hacer buenos cestos de esos mimbres?).

El "ábrete sésamo" de la sociedad digital y su nueva forma de control se llama "Big Data" que es la estructura operativa de la nueva "filosofía" emergente, el "dataísmo" que, como su nombre indica, es la capacidad de acumular, clasificar, manipular y usar ingentes cantidades de datos de todos los que tengan un ordenador personal, un móvil o una simple conexión cifrada con su nombre a la Red de redes, Internet. Y tampoco se trata de una filosofía o ideología, pertenece a todas y no es ninguna. El Big Data es un sistema operativo de control con  muchas cabezas y ningún rostro, al que alimentamos con cada "click" que hacemos, dejando un rastro de datos que nos identifica  de inmediato, conoce nuestros deseos, carencias, defectos, ambiciones y proyectos. No sólo nos define sino que puede manipularnos a placer..de quien pague. La empresa Acxiom, norteamericana, promete a las empresas o grupos políticos que contratan sus servicios "les ofrecemos una visión de 360º sobre sus clientes" (o posibles votantes). ¿Quiere hace una prueba simple?  Entre en Google y teclee en su ordenador, "imprentas" en una localidad cualquiera.  En pocos segundos ya tendrá anuncios de todas las que quiera, aparte de las que le proporciona el buscador. El algoritmo asociado a esa actividad le vincula a usted por un tiempo a las ofertas de imprentas. Y tiene una memoria excelente. Las imprentas formarán parte de su "ficha digital" junto a todas las cosas o ítems que usted vaya solicitando.  Añada usted el contenido de sus mensajes, sms, o escritos personales.  De ahí viene la "visión de 360º de su persona, actividades y preferencias. Esto es el panóptico digital.  Saben lo que usted hace en todo momento, siempre que esté conectado. Y lo estamos en cada momento de nuestra vida cotidiana. Su cínico lema es la transparencia. La de usted, la nuestra, no la de "ellos". Las implicaciones políticas son alarmantes. Las sociales, personales, filosóficas...devastadoras. Las personas nos convertimos en procesados activos de información sobre la vida de cada uno de nosotros. Los algoritmos  inteligentes pueden llegar a predecir comportamientos...el ciudadano se convierte  en un consumidor identificado y manipulable. Si Betham levantara la cabeza se horrorizaría y volvería a sumirse en el vacío de su tumba. Lo peor es que los usuarios, las ciudadanos, no sólo no les asusta todo esto sino que lo olvidan a cambio del "plato de lentejas" del universo digital. Estamos avisados...y aviados.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

Escritor

 

 

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8 septiembre 2019 7 08 /09 /septiembre /2019 09:06

 

No quisiera abundar en los varapalos, más o menos interesados, que ha recibido el presidente del Gobierno español por otra de sus reiteradas faltas de puntualidad hacia una figura emblemática (aunque cuestionada por algunos) como el Rey Felipe que, no lo olvidemos es el Jefe del Estado. Los Estados permanecen y los Gobiernos pasan. Cuando Sánchez comete una imperdonable descortesía con el Rey, lo hace con el Estado que simboliza. Y España ¿no es la supuesta meta de los proyectos políticos del señor Sánchez? Seguramente la impuntualidad no es el mayor de los defectos políticos del líder socialista pero es de los más lamentables y fáciles de evitar. Quizá al presidente le convendría invitar al filósofo Kant a La Moncloa para entender de qué estamos hablando cuando hablamos de puntualidad. El sabio de Könisberg era tan puntual que los ciudadanos que se cruzaban con él cuando salía a pasear cada mañana ponían sus relojes en hora al verle. Eso sería una anécdota sugerente para Sánchez y podría aprender también la prioridad ética en la vida y aquél imperativo categórico que sugería que debías obrar de tal manera que tus actos pudieran constituirse en reglas universales de comportamiento. O en sus palabras: “Obra sólo según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que se torne ley universal".

En nuestro país el comportamiento impuntual del político citado no llama mucho la atención, porque aquí la puntualidad es un mal hábito socialmente aceptado. Muchas personas son impuntuales en todos los órdenes de la vida, laboral, personal, social. Y no solo no lo consideran un error, una irresponsabilidad y un insulto a las personas que les esperan. Es como una gracieta de la que se puede presumir, donde la ignorancia se da la mano con una obscena villanía. Incluso se creen aquéllo de que las "personas de importancia no esperan, se hacen esperar". Cuando una de esas personas te roba tu tiempo en la espera, realizan un hurto impune que no tiene arreglo, ni sustitución, ni devolución. Muchos ni se disculpan o si lo hacen son tan banales y risibles que más bien son un insulto añadido. Kant, señor Sánchez, opinaba que el espacio y el tiempo son formas "a priori" de la sensibilidad. Quizá a la suya le convendría recordar a este filósofo y replantearse la necesidad de dar ejemplo a todo un país de que es capaz de ser puntual. Todos ganaríamos mucho y usted más que nosotros. Y, por cierto , ni soy monárquico ni estoy en contra del partido y la supuesta ideología que usted profesa. Fue Luis XIV, precisamente un Borbón, quien dijo que la "puntualidad es deber de caballeros, cortesía de reyes, hábito de gente de valor y costumbre de personas bien educadas"? Pues eso.

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