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15 septiembre 2019 7 15 /09 /septiembre /2019 16:07

En el quinto y último libro de la voluminosa autobiografía de Leonard Woolf (el preferido de los editores españoles y único publicado en este país, pues contiene el luctuoso suceso de la muerte de su esposa, Virginia, la escritora genial que se suicidó el 28 de marzo de 1940 ahogándose en el río Ouse) el excelente memorialista, ensayista, político y editor, habla de su larga  vida en el último año de su existencia. Es un lúcido y dinámico anciano de 89 años y hace un repaso valiente e irónico sobre los males y los beneficios de la vejez. Y dice: "Creo haber disfrutado mucho con muchas cosas a lo largo de mi vida...". Y tras enumerar una lista epicúrea y sensata, añade: "Uno de los placeres que toda mi vida me ha parecido más fiable y al que no ha afectado el vampirismo de la senilidad es el placer de escribir" Y acaba: "Me gusta sentir en el cerebro el proceso de la composición, sentir como funciona la mente, como los pensamientos  se organizan en palabras y van apareciendo sobre el papel en blanco".

Cualquiera de las personas que me lea y sea un "lletraferit", palabra maravillosa en ese idioma elegante y poético que es el catalán (soy andaluz y he trabajado durante 40 años en labores de letras en Cataluña sin ningún problema y con muchas satisfacciones y respeto), es decir un individuo "herido" por la literatura en todas sus formas, las letras, firmaría sin dudarlo su apoyo a las palabras de Leonard. Desde que con 14 años terminé una novela sobre el antiguo Egipto (50 folios escrito a mano) una copia ingenua del estilo y los personajes de "Sinuhé, el Egipcio" de Mika Waltari, que devoré durante las vacaciones de verano a escondidas de mis padres, el gusanillo de  la escritura (y la lectura) se convirtieron en mis amigos inseparables  moldeando mi personalidad y mi manera de ser. Más de cinco décadas después mi asombro expectante ante el milagro de la creación literaria sigue tan fresco como antaño. He vivido como un escritor "lletraferit" y agradezco a Leonard el regalo de su sensible observación: tampoco en mí "el vampirismo de la senilidad" ha afectado el atemporal, revitalizante y entrañable placer de la escritura.

 

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10 septiembre 2019 2 10 /09 /septiembre /2019 16:46

El movimiento utilitarista británico del siglo XIX que daría alas al empirismo y el pragmatismo como escuelas filosóficas opuestas al idealismo y que culminaría en el realismo de Moore y Russell en el  XX, tuvo como una de las figuras más importantes a Jeremy Bentham (1748-1832) : "Es bueno aquello que es útil para el mayor número de personas" o como decía el filósofo "aquello que resulta del cálculo entre el placer que genera una acción menos el sufrimiento que dicha acción produce en las personas involucradas en ella". Bentham era jurista y abominaba del sistema carcelario inglés que no había evolucionado desde el siglo XV como bien sabía su  coetáneo Dickens. Así que ideó uno nuevo basándose en sus ideas humanitarias: el objetivo no era solo castigar sino reeducar al criminal. Escribió El panóptico, sobre un nuevo tipo de prisión un nuevo tipo de prisión, más benigna que la vigente, que sería como “un molino en el que triturar a los pícaros hasta hacerlos honesto. Se trataba de edificar un círculo de varios pisos con celdas, en torno a un eje central de servicios y vigilancia en cuya cúspide estarían los observadores carcelarios con una visión directa sobre las celdas enrejadas de los presos (lo que llaman "la dictadura de la mirada"), con lo que con pocas personas se podía controlar todo el perímetro. Además los vigilantes de la torre podrían ver a todos los reclusos, pero estos no podrían verlo a él.  Con esto se lograba crear tal ansiedad en los presos que sabían que podían estar siendo observados en cualquier momento, que éstos se abstendrían de hacer barrabasadas, pues la alarma y el castigo serían inmediatos. Control y disciplina con poco gasto. El éxito del panóptico fue fulgurante y no solo en Inglaterra. En España, Barcelona fue la primera ciudad en construir entre 1881 y 1904 un edificio penitenciario con esas directrices, la Cárcel Modelo. La idea y su sentido práctico y útil, (y humanitario, el lema era "In severitas humanitas"), se extendió a otras instituciones como escuelas o fábricas, en las que un cierto grado de intimidación es preciso para que el conjunto funcione. En Madrid la de Carabanchel, construida por el régimen franquista en los años 40, copió y mejoró el diseño de la Modelo.

En realidad el panóptico es extrapolable al entramado de cámaras públicas de vigilancia, drones espía y de control de tráfico y sobre todo a la Red digital que ha superado los sueños de Bentham y del Gran Hermano ("1984" de Orwell) llevando su Ojo vigilante y de una curiosidad malsana a todos los ámbitos incluso los más personales e íntimos del ciudadano. Con una característica asombrosa: con el beneplácito de los propios vigilados, que son desposeídos de sus más ocultas intimidades. A cambio del "plato de lentejas" (bíblico), en forma de cómodos accesos a la comunicación, la gestión y la diversión,  el ciudadano de la actual sociedad digital se ha entregado atado de pies y manos (legalmente: aceptamos sin leerlas las condiciones de uso de las empresas como Google, Facebook y otras) a un mercadeo de sus datos e intimidades más personales, financieras, laborales, sanitarias y lúdicas como jamás en toda la historia de la Humanidad se había permitido. De hecho se han efectuado sangrientas revoluciones por cuestiones de valor semejante a las citadas. Ahora lo aceptamos todo en un progreso de orden geométrico que socava nuestras libertades más preciadas. Zygmunt Bauman ("Vigilancia líquida", 2013), Byumg-Chul Han ("Psicopolítica", 2019), Alessandro Baricco ("The Game", 2018) y Seth Stephens-Davidowitz ("Todo el mundo miente", 2019), han tratado sagaz y adecuadamente los hechos, creando en cierta opinión pública (bastante minoritaria) la lógica alarma y denuncias consiguientes (vox clamantis in deserto), ante la indiferencia o la hostilidad de la clase política (lo cual era de esperar: ¿cómo hacer buenos cestos de esos mimbres?).

El "ábrete sésamo" de la sociedad digital y su nueva forma de control se llama "Big Data" que es la estructura operativa de la nueva "filosofía" emergente, el "dataísmo" que, como su nombre indica, es la capacidad de acumular, clasificar, manipular y usar ingentes cantidades de datos de todos los que tengan un ordenador personal, un móvil o una simple conexión cifrada con su nombre a la Red de redes, Internet. Y tampoco se trata de una filosofía o ideología, pertenece a todas y no es ninguna. El Big Data es un sistema operativo de control con  muchas cabezas y ningún rostro, al que alimentamos con cada "click" que hacemos, dejando un rastro de datos que nos identifica  de inmediato, conoce nuestros deseos, carencias, defectos, ambiciones y proyectos. No sólo nos define sino que puede manipularnos a placer..de quien pague. La empresa Acxiom, norteamericana, promete a las empresas o grupos políticos que contratan sus servicios "les ofrecemos una visión de 360º sobre sus clientes" (o posibles votantes). ¿Quiere hace una prueba simple?  Entre en Google y teclee en su ordenador, "imprentas" en una localidad cualquiera.  En pocos segundos ya tendrá anuncios de todas las que quiera, aparte de las que le proporciona el buscador. El algoritmo asociado a esa actividad le vincula a usted por un tiempo a las ofertas de imprentas. Y tiene una memoria excelente. Las imprentas formarán parte de su "ficha digital" junto a todas las cosas o ítems que usted vaya solicitando.  Añada usted el contenido de sus mensajes, sms, o escritos personales.  De ahí viene la "visión de 360º de su persona, actividades y preferencias. Esto es el panóptico digital.  Saben lo que usted hace en todo momento, siempre que esté conectado. Y lo estamos en cada momento de nuestra vida cotidiana. Su cínico lema es la transparencia. La de usted, la nuestra, no la de "ellos". Las implicaciones políticas son alarmantes. Las sociales, personales, filosóficas...devastadoras. Las personas nos convertimos en procesados activos de información sobre la vida de cada uno de nosotros. Los algoritmos  inteligentes pueden llegar a predecir comportamientos...el ciudadano se convierte  en un consumidor identificado y manipulable. Si Betham levantara la cabeza se horrorizaría y volvería a sumirse en el vacío de su tumba. Lo peor es que los usuarios, las ciudadanos, no sólo no les asusta todo esto sino que lo olvidan a cambio del "plato de lentejas" del universo digital. Estamos avisados...y aviados.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

Escritor

 

 

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8 septiembre 2019 7 08 /09 /septiembre /2019 09:06

 

No quisiera abundar en los varapalos, más o menos interesados, que ha recibido el presidente del Gobierno español por otra de sus reiteradas faltas de puntualidad hacia una figura emblemática (aunque cuestionada por algunos) como el Rey Felipe que, no lo olvidemos es el Jefe del Estado. Los Estados permanecen y los Gobiernos pasan. Cuando Sánchez comete una imperdonable descortesía con el Rey, lo hace con el Estado que simboliza. Y España ¿no es la supuesta meta de los proyectos políticos del señor Sánchez? Seguramente la impuntualidad no es el mayor de los defectos políticos del líder socialista pero es de los más lamentables y fáciles de evitar. Quizá al presidente le convendría invitar al filósofo Kant a La Moncloa para entender de qué estamos hablando cuando hablamos de puntualidad. El sabio de Könisberg era tan puntual que los ciudadanos que se cruzaban con él cuando salía a pasear cada mañana ponían sus relojes en hora al verle. Eso sería una anécdota sugerente para Sánchez y podría aprender también la prioridad ética en la vida y aquél imperativo categórico que sugería que debías obrar de tal manera que tus actos pudieran constituirse en reglas universales de comportamiento. O en sus palabras: “Obra sólo según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que se torne ley universal".

En nuestro país el comportamiento impuntual del político citado no llama mucho la atención, porque aquí la puntualidad es un mal hábito socialmente aceptado. Muchas personas son impuntuales en todos los órdenes de la vida, laboral, personal, social. Y no solo no lo consideran un error, una irresponsabilidad y un insulto a las personas que les esperan. Es como una gracieta de la que se puede presumir, donde la ignorancia se da la mano con una obscena villanía. Incluso se creen aquéllo de que las "personas de importancia no esperan, se hacen esperar". Cuando una de esas personas te roba tu tiempo en la espera, realizan un hurto impune que no tiene arreglo, ni sustitución, ni devolución. Muchos ni se disculpan o si lo hacen son tan banales y risibles que más bien son un insulto añadido. Kant, señor Sánchez, opinaba que el espacio y el tiempo son formas "a priori" de la sensibilidad. Quizá a la suya le convendría recordar a este filósofo y replantearse la necesidad de dar ejemplo a todo un país de que es capaz de ser puntual. Todos ganaríamos mucho y usted más que nosotros. Y, por cierto , ni soy monárquico ni estoy en contra del partido y la supuesta ideología que usted profesa. Fue Luis XIV, precisamente un Borbón, quien dijo que la "puntualidad es deber de caballeros, cortesía de reyes, hábito de gente de valor y costumbre de personas bien educadas"? Pues eso.

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4 septiembre 2019 3 04 /09 /septiembre /2019 18:16

La nueva religión de la sociedad digital se llama "dataísmo". La suma astronómica de datos procedentes de nuestra interacción continua con el mundo digital, que son capaces de manejar, analizar y aplicar las computadoras (y las muy interesadas empresas privadas que las manejan) y ofrecen una información sobre todos nosotros, los sujetos (etimológicamente "sujeto" es alguien que está atado, limitada su libertad de movimientos) que usamos y abusamos de cuanto ofrece la Red de redes, las más de las veces de forma gratuita, cual anzuelos de cautividad futura. Lo saben todo sobre nosotros, nuestros gustos, carencias, deseos, vicios "ocultos", esperanzas y sueños, sentimientos, afectos y pasiones. Cada "click" es un eslabón más de la cadena que nos une a un Poder omnímodo que se impone no por la represión y la violencia, sino en la amable forma de un solucionador de problemas, de una enciclopedia al gusto, de un comprensivo cómplice, de un complaciente colega a disposición de nuestros caprichos las 24 horas de cada día, todas las semanas, todos los meses y los años.

Ante lo visto, no hay hipocresía más  inútil y bochornosa que las tan cacareadas leyes de protección de datos, una nueva forma contributiva vestida de escandalizada preocupación por la seguridad de nuestros datos personales. ¿Están de broma o creen que somos todos tontos? Mas bien lo segundo. Lo malo es que tienen razón. La noticia del espionaje global de Google ha pasado bastante inadvertida y en silencio, como si fuera una anécdota trivial, con la total impunidad desafiante de la poderosa empresa norteamericana y el encogimiento de hombros, bovino e hipnotizado, de los usuarios. En los años de hierro de las dictaduras, fascismo, comunismo, filofascismo franquista, el dramaturgo y filósofo alemán Bertold Brecht escribió: "No aceptéis los hechos como cosa natural. Porque en tiempos de desorden, de confusión organizada, de humanidad deshumanizada, nada debe parecer natural. Nada debe parecer imposible de cambiar".

Aquí en Teruel y su casi deshabitada provincia deberíamos aplicarnos la divisa de que no podemos ni queremos aceptar que todo siga igual porque el sempiterno contexto político y social "es el que es y nadie lo puede cambiar". Si la historia nos ha enseñado algo es que las cosas, los contextos y circunstancias no dejan de cambiar, mal que les pese a los que mandan en ese momento. Y aquí es donde cierro el círculo de este mensaje: aprovechemos las posibilidades del dataísmo para hacer virales nuestros sueños y reivindicaciones. Por ahora es la otra cara de la nueva "religión". Por el momento la operativa generadora digital puede cambiar de polarización y objetivo. Es un llamamiento a las asociaciones que luchan por demostrar que Teruel existe. Y un guiño a los micromunicipios (menos de 500 habitantes) para generar una campaña permanente de "agit-prop" digital que nos vuelva a colocar en el mapa  (antes de que fenezcamos de "muerte antinatural"). 

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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26 agosto 2019 1 26 /08 /agosto /2019 18:10

La Asociación para Niños con Cáncer, ASPANOA, ha estado por aquí. Las personas que hemos tenido contactos con el cáncer, y en concreto en niños, conocemos ese universo de sufrimiento. Y también, de repentinas iluminaciones y catarsis de generosidad y empatía.  Decía Susan Sontag  (fallecida de cáncer en 2004) que la enfermedad es el lado oscuro de la vida.  A todos, al nacer, nos otorgan una doble ciudadanía, la del reino de los sanos y el de los enfermos. Tarde o temprano cada uno se ve obligado a identificarse, al menos por un tiempo, como ciudadano del lugar oscuro. En el caso de los enfermos de cáncer, la enfermedad entra sin llamar, se vive como una invasión despiadada y secreta, bajo un nombre oprobioso, tabú. Aunque esa visión agónica del cáncer se va aclarando, en cuanto conocemos mejor  su  origen y forma de desarrollo y su tratamiento comienza a ser eficaz como lo fueron los de otras enfermedades tabú, la tuberculosis o el sida.

 Aún hay temores profundos y no racionales, pero las mejoras en los tratamientos, nuevas estrategias de cura, un enfoque de precisión sobre los tumores y diagnósticos personalizados que mejoran la calidad de vida de los enfermos, van normalizando el carácter del cáncer como enfermedad. Ya no es algo vergonzoso que hay que ocultar, sino una dolencia grave que se afronta sin buscar responsables. Y ya se pierden los usos sociales que tildaban al cáncer no como una mera enfermedad, sino un enemigo diabólico al que hay que “bombardear” con radioterapia, “matar” sus células cancerosas y soportar las “devastadores” efectos de la quimioterapia. Metáforas bélicas que agudizaban lo malévolo de la palabra. Nunca es inocente el concepto de enfermedad, ni las metáforas que usamos. Y  el cáncer se utilizaba como metáfora de todo lo desagradable, violento o criminal del mundo político, económico o social.  Con el cáncer infantil hemos de aprender a recurrir a una solidaridad total, entrañable, a un lenguaje que siembre sonrisas en el corazón, complicidad y a veces silencio, con las emociones embridadas y reforzadas la energía y la com-pasión, es decir, la pasión compartida por la esperanza sencilla de vivir.- Alberto Díaz Rueda

 

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23 agosto 2019 5 23 /08 /agosto /2019 19:01

Dicen los científicos que el clima es el resultado no predecible de una compleja interacción de procesos no lineales de la que emergen propiedades caóticas que rompen cualquier supuesta relación causa-efecto. En román paladino: por el momento no tenemos medios suficientes -y tal vez nunca los tengamos-- capaces de hacer predicciones exactas en el clima. Sin embargo si es posible captar ciertas constantes no cíclicas: el aumento de las olas de calor en intensidad y duración. En nuestras ciudades del occidente neo capitalista, neo liberal y neo digital, combatimos las olas de calor aumentando el número de aparatos de aire acondicionado -- uno de cuyos efectos menos conocidos es que aumenta proporcionalmente al frío que producen, un efecto calor que va al exterior--  haciendo aún más infernales las temperaturas de las grandes ciudades. Estas ya reciben el calor de los motores de combustión, el calor reflejado del sol por las grandes superficies acristaladas, el efecto invernadero de las capas de contaminación ambiental...

Para contrarrestar el exceso de calor, bebemos más agua fría y otras bebidas variadas y nos vamos en masa a darnos un chapuzón en las piscinas, donde algunos bañistas aprovechan para vaciar el exceso de líquidos, seguramente sin saber que el ácido úrico de la orina al mezclarse con el cloro del agua produce un compuesto químico llamado cloruro de cianógeno que se usa para las bombas de gas lacrimógeno  (aunque la dosis mínimas de orina y de cloro para producirlo son muy altas y no es posible que se den en una piscina normalmente cuidada). Lo que si hace esa mezcla poco adecuada es propiciar irritaciones en las vías respiratorias. Si después del baño siente  pequeñas dificultades respiratorias, sospeche que ha habido excesos mingitorios en su piscina. 

Y una advertencia estrechamente relacionada con el patrón ecológico, a unir a las dos anteriores: el pasado 29 de julio, según la "Global Footprint Network" (un centro de investigación internacional que evalúa el comportamiento destructivo de la humanidad respecto al planeta y sus recursos), ya estamos en números rojos respecto al presupuesto global de consumo de recursos para este año 2019. El planeta no da abasto. A poco más que la mitad del año ya comenzamos a consumir por encima de lo "presupuestado", creando una deuda sobre el total previsible de recursos, cuyas consecuencias no podemos conjeturar. La exigencia humana sobre los recursos del planeta está comprometiendo seriamente su capacidad de regeneración. El director  de ese organismo declaró --según un reportaje de "La Vanguardia"-- que "la humanidad está usando la naturaleza 1,75 veces más rápido de lo que los sistemas de nuestro planeta permiten recuperarse...estamos agotando el capital de nuestro planeta y comprometiendo aún más su futura capacidad de regenerarse". ¿Que hemos de cambiar para frenar este proceso suicida? El cínico príncipe de Lampedusa decía en "El Gatopardo""es preciso que todo cambie para que todo siga igual". No. Es preciso que cambiemos la mayoría de nuestros hábitos de consumo para que algo mejore en el planeta. Y eso, ¿es mucho pedir?

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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19 agosto 2019 1 19 /08 /agosto /2019 07:18

El talón de Aquiles de la democracia parlamentaria, los populismos y sus emboscados, los fascismos ultraderechistas (o ultras de izquierda; como suele suceder no hay muchas diferencias), nos están comenzando a asediar, escudándose en el juego más o menos libre que permite la tolerancia democrática. Justamente en estos tiempos de globalización digital (que tiene su propia problemática y no precisamente banal) el populismo está adquiriendo fuerza y osadía. Los nacionalismos se enrocan con una miopía que nace del olvido de la historia reciente, el sangriento siglo XX. Hemos ignorado la rápida expansión de unas ideologías basadas en la violencia, en la falta de ética y en los egoísmos y mezquindades de una sociedad que ha olvidado sus errores y achaca todos los males a un "otro", una comunidad que puede estar en el seno de esa sociedad o en el país vecino, cediendo al azuzar demagógico de líderes obsesionados por el poder (absoluto). Hay que reivindicar la fórmula de los ilustrados, "sapere aude!" (atrévete a saber) y transformarla en otra "cogito aude...tu ipse!" (atrévete a pensar...por tí mismo). ¿Desde cuándo el latín es una lengua muerta? En filosofía política está claro que no.

 Nos enfrentamos a dos tipos no antagónicos de tiranía. Una, la que está viniendo del futuro inmediato, de hoy mismo, con un nuevo caballo de potencial apocalipsis: la revolución digital, los big data, los big deal, el data mining que es la exploración y manipulación de los datos personales  de los ciudadanos, cedidos por ellos mismos, sin coacción alguna, a ritmo de “clicks” en el ordenador. Leímos en Chul Han o en Seth Stephens o, quizá en Freud: “La incapacidad de ser libres es la incapacidad de actuar sobre el mecanismo voluntad-deseo-creencia-razón de manera tal que se pueda gozar de la imparcialidad del pensamiento racional”.

Sin pensamiento crítico racional no hay libertad. Y ese tipo de pensamiento es el que anula de entrada el segundo tipo de tiranía, los populismos. Iris Murdoch denunciaba a esos  líderes y sus partidos, una maquinaria visceral y primaria que impide a los ciudadanos “ser libres, es decir, existir sensatamente sin miedos y percibir lo que es real” El pensador norteamericano Timothy Snyder propone veinte ideas para luchas contra los totalitarismos, desde evitar la obediencia anticipatoria, el apoyo a la pluralidad de partidos y elecciones democráticas, cero tolerancia contra los símbolos fascistas, ética profesional sin concesiones, hasta distanciarte de las neolenguas digitales, expresarte bien, leer libros para equilibrar la influencia de Internet, ser celoso de tu vida privada y atreverse a ser valiente para defender la libertad, entre otras medidas y actitudes que conciernen a todos. La tiranía se apoya en la indiferencia y el encogimiento de hombros de la gente asustada.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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17 agosto 2019 6 17 /08 /agosto /2019 10:51

"Feedback" es un término inglés que significa "retroalimentación" y más específicamente en la teoría de la comunicación "devolución de una señal de recibo al emisor". Quiere decirse que cuando alguien envía un mensaje del tipo que sea, es una norma básica de educación, eficacia operativa, a veces exigencia legal y de lógica comunicativa, que el que recibe tal mensaje emita (feedback) una señal que muestre que lo ha recibido. Luego queda  al arbitrio de dicho receptor si sólo contesta con un "recibido" o enriquece la respuesta con otras consideraciones. Todo esto suena a lógico y a muestra natural de una cierta educación cívica. Pues, habitualmente no es así. Tal vez contagiados por la burocracia funcionarial de las administraciones públicas, se está consolidando el "silencio administrativo" --una aberración de la lógica operativa-- como práctica habitual entre particulares y empresas privadas.

Ello redunda en un enlentecimiento de la dinámica en los asuntos laborales, profesionales y particulares. En numerosos casos, en actitudes o acciones erróneas o problemas que podrían haber sido evitados con una simple respuesta. ¿Hay algún lector que no pueda exponer algún caso personal en el que la falta de feedback entre un emisor y un receptor no haya ocasionado consecuencias no positivas? ¿Aprendemos de esa casuística de la falta de "feedback? Parece ser que no. Muchos de los que han padecido ese silencio ominoso del que no da señales de vida a sus requerimientos, adoptan esa postura absurda y algo estúpida de "si ellos lo hacen, también yo", extendiendo la mancha resinosa de abulia y procrastinación (  Se trata de la tendencia y el resultado de procrastinar, es decir, de demorar, retardar o retrasar algo; RAE) por todo el tejido social. Ese es uno de los elementos que definen cierto tipo de sociedad que los tópicos del norte endilgan a los países del sur, no sin algo de razón. En todo caso, aquí en el sur de Europa, las escuelas de negocios de élite, enseñan a los futuros líderes de empresa a no ignorar las exigencias del feedback en sus comunicaciones y a huir como de la peste de procrastinar. No es difícil de aprender y es muy gratificante en resultados positivos.- ALBERTO DÍAZ RUEDA. 

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7 agosto 2019 3 07 /08 /agosto /2019 16:09

 Askesis es una palabra griega que designa un tipo de ejercicio filosófico y espiritual. Este implementa un proceso de pensamiento cuyo objetivo está relacionado con la mejora de la persona, de sus pensamientos y la correspondiente coherencia con sus acciones o actitudes. De ella procede la palabra latina Ascesis, que conformaba una serie de reglas y prácticas tendentes a liberar el espíritu y forjar un comportamiento virtuoso (de donde proviene el adjetivo ascético) con gran importancia en la vida religiosa desde la Alta Edad Media hasta prácticamente el siglo XXI.  En nuestros días el filósofo practicante, no el académico o meramente pedagógico o especulativo, se plantea su existencia y su pensamiento como una aventura espiritual, una apuesta radical que cuestiona todo tipo de creencias sociales, políticas o intelectuales, analizándolas por el rasero inclemente de la ética del ejercicio cotidiano, negándose a aceptar esa esclerosis de la filosofía que se conforma con el relativismo de la transgresión como mal menor.

Los griegos llevaron a la excelencia sus actitudes críticas ya sea con la radicalidad de los escépticos o los cínicos o la más equilibrada oposición de los estoicos o los epicúreos. Pero son las escuelas orientales filosóficas las que logran aunar con maestría la postura filosófica con la práctica política o social. La taoístas y confucionistas llevan a la vida cotidiana el sentido de la estrategia, la eficacia y una ética basada en la norma natural universal del proceso de la existencia.  Todo ello, a diferencia de los griegos, formulando ideas intuitivas sin establecer modelos teóricos de pensamiento, sino tácticas y estrategias de comportamiento  individual y social, aplicadas a un proceso permanente de devenir, regulado por una lógica que hay que descubrir y respetar.

Los taoístas dicen: no hay que forzar nada, no hay que controlar, es preciso seguir con atención la marcha de las cosas, aprovechar ese potencial, esa energía en transformación y adaptarte al curso y a la orientación de ese proceso, para actuar en el momento más favorable. Fundamentalmente actualizar nuestro potencial moral, madurarlo y permitir una acción espontánea y natural que se ajuste al proceso como un elemento más. El filósofo debe combinar la virtud (la ética, el altruismo, la generosidad) y la eficacia práctica. Lo importante es percatarte que la existencia es duración, proceso invisible, no acontecimiento ocasional e inquietante, lo nuevo, sino la persistencia de lo ordinario, el sereno proceso de las cosas que no necesitan ser forzadas. En ese proceso es posible inducir cambios lentos y profundos en los momentos favorables, que son más persistentes que las rupturas o enfrentamientos, los cuales sólo provocan antagonismos y rupturas del orden de las  cosas.- ALBERTO DÍAZ RUEDA 

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2 agosto 2019 5 02 /08 /agosto /2019 07:34

La tiránica, totalitaria e invasiva sociedad que imaginó George Orwell en su novela distópica "1984" (una crítica evidente al régimen soviético y al estalinismo, el nazismo y los fascismos vigentes en la época de su publicación, 1949) hizo populares términos como Big Brother, la Policía del pensamiento y la neolengua, el lenguaje transformado diariamente con fines represivos, la imagen permanente del rostro del lider absoluto en las pantallas de todos los hogares como símbolo de una vigilancia constante y la manipulación cotidiana de la información y del pasado a tenor del capricho del poder omnimodo (es una novela que debe mucho a un relato del ruso Zamiatin, "Nosotros", publicado casi treinta años antes). Curiosamente no sólo no ha perdido actualidad, sino que se ha agravado a extremos aberrantes, con una diferencia: en "1984" el sistema de poder obligaba y reprimía, en 2019 el poder está difuminado, se oculta en la seducción y el ciudadano se entrega con fruición a su obediencia y esclavitud con oropeles de consumismo, diversión  y comodidad

Como ocurrió con "Farenheit 451" de Ray Bradbury, con "Vivir", de Ayn Rand,  "Rebelión en la granja"de Orwell también o "El mundo feliz"  y "La isla" de Aldous Huxley y anterior a todas ellas, "Erewhon" de Samuel Butler, se nos dibujan mundos utópicos en los que esos autores proyectan sus ideas críticas con el estilo irónico, de un sarcasmo a veces brutal, a la manera de Jonathan Swift o la lógica poética y burlona de un Lewis Carroll. El mecanismo está claro: planteada una nueva idea  política o filosófica contemporánea al autor, sospechosa de ser dañina, éste la disecciona y hace una proyección lógica y coherente de sus consecuencias futuras si se aplica con toda su dureza y su falta de humanidad. Eran mundos futuros que reflejaban un pasado cercano (el de los autores) por mucho que se elevara en el tiempo, como los aparatos, la moral y el comportamiento de un "futurismo" inocente con las exageraciones estéticas o éticas de rigor.

Pero en nuestros días, eso ha cambiado de una forma sutil aunque dolorosamente evidente: el israelí Yuval Noah Harari ("Sapiens", "Homo deus" o "21 lecciones para el siglo XXI") o el filosofo coreano-aleman, Byung-Chul Han ("Psicopolítica" "En el enjambre", ) o el italiano Alessandro Baricco (con su reciente "The Game") no escriben de distopías, sino del deterioro progresivo de una realidad actual que sufrimos y conocemos bien, de las amenazas de unas tecnologías que van colocándose fuera del control humano pese a ser creación de científicos actuales, de una especie de ceguera complaciente de la población humana que va enredándose de forma voluntaria y hasta ávida en el nudo gordiano que nos rodea la garganta como especie de tal manera que el tajo de la espada de un utópico Alejandro nos cercenaría el cuello al tiempo que el dogal. Nunca como hasta ahora el salto imaginativo de las distopías ha sido tan peligroso, real y cómplice. Seguiremos con el tema, aunque somos "vox clamantis in deserto", mal que nos pese.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

 

 

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