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3 abril 2020 5 03 /04 /abril /2020 10:31

A pesar de que el título de la novela era un poco disuasorio para el niño culturalmente machista que era yo con ocho o nueve años, mi bulimia lectora me hizo entrar en el confortable mundo femenino de la escritora estadounidense Louisa May Alcott . Había sido publicada en 1868  y nos contaba la vida cuatro niñas que viven la Guerra Civil en los Estados Unidos como fondo de su vida familiar y se convierten en mujeres. La cuestión era un poco sospechosa incluso para mi lecturamanía (me calzaba hasta los prospectos de los medicamentos y el periódico local). Parece que la señora Alcott narraba sus propias  experiencias infantiles y el texto rezumaba autenticidad y gracia por los cuatro costados, a pesar de los añadidos y recortes de la traducción que leí. La he vuelto a leer en una edición actual  y la volví a disfrutar. En mi infancia seguí  con "Hombrecitos" . Esta ya no me gustó tanto, ni tampoco "Aquellas mujercitas"  publicada años después sobre la madurez de las divertidas damitas que yo amé.

Fue escrita por Alcott en dos meses de intenso trabajo y tuvo tanto éxito que, como con Conan Doyle y su Sherlock Holmes, la autora se vio obligada a escribir las continuaciones que he comentado y un par más que no leí.¿Cuál fue el secreto de Alcott y su primera obra? La total negativa de la autora a escribir una cursilada. En la novela no hay ñoñerías ni concesiones a la ortodoxia femenina de la época. Sobre todo el personaje de Jo, pero también la madre y el ambiente general de la familia es una revolucionaria y osada declaración de inteligencia femenina (recuerden que en esa época las feministas eran apaleadas por la policía en las calles de muchas ciudades europeas) de libertad de criterio y de orgullo de género. Es más una guía de crecimiento personal femenino y una nueva y sólida ética de comportamiento de la mujer, fuera de las sujeciones y represiones a las que estaban obligadas por la sociedad finisecular. Hay quien ve en ella un trasunto casi literal de "El progreso del peregrino" de John Bunyan . Como no he leído ese libro alegórico, aunque lo conozco, me libraré muy mucho de hacer comentarios al respecto. Quede esto aquí como una sugerencia al lector generoso de que dedique un poco de su tiempo a leer la novela citada, si es posible antes que "Mujercitas".

Que nadie se llame a engaño. "Mujercitas es recomendable para cualquier lector culto que desee conocer una novela que encandiló a escritoras de la categoría de  Simone de Beauvoir, Ursula K. Le Guin, la autora de Harry Potter, Carson McCullers o  Zaddie Smith. Y como ocurre con los clásicos, en cada lectura y relectura que haces recibes un mensaje distinto y complementario. Es una fuente de sugerencia y placer.

 

FICHA

MUJERCITAS.-Luisa M. Alcott. Ed. Anaya. TRad. Almudena Lería, Ilustrador Enrique Flores.-ISBN9788466793155

 

 

 

 

 

 

 

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18 marzo 2020 3 18 /03 /marzo /2020 19:10

El cubano José Carlos Somoza ha dado una excelente vuelta de tuerca al casi género literario que conforma la legión de escritores que a la sombra de sir Arthur Conan Doyle y su criatura Sherlock Holmes han puesto su granito de arena narrativo al gran monumento rocoso de las novelas basadas en el genial detective y su no menos grande creador.

“Estudio en negro” (guiño al “Estudio en rojo” nombre de la primera novela de Sherlock) es más que un buen “pastiche” literario. Es una novela con derecho propio que combina con sabiduría los personajes históricos reales—el doctor Conan Doyle—con un presunto antecedente real de Holmes, un tal señor X , paciente en una clínica para caballeros adinerados. La narradora es una enfermera de dicha clínica Anne McCarey que se hará cargo de los cuidados del mentalmente perturbado señorX, que al margen de su presunta patología tiene una inteligencia deductiva a la altura de Holmes.

Con esos tres personajes básicos, Conan Doyle, el señor X y la enfermera McCarey y una buena tropa de secundarios dibujados con esmero por Somoza, se monta ese gran guiñol, a veces excesivo (la trama conspirativa de los Diez) en el que resalta la habilidad de Somoza para los golpes de efecto en los giros imprevistos de la acción, su respeto por el Canon holmesiano y el excelente retrato psicológico que nos brinda de la enfermera McCarey y su dura relación amorosa con un borracho agresivo y su curiosa fascinación por el desdichado aunque inteligentísimo señor X. Los asesinatos de varios mendigos y un niño que tienen lugar cerca de la clínica sirven a Somoza como excelente pretexto para brindarnos un retrato inmisericorde de la hipócrita y depravada sociedad victoriana y de los barrios bajos de Portsmouth.

Quizá Somoza podría haber refrenado su inclinación morbosa hacia los golpes de efecto e imitar el sabio equilibrio de Conan Doyle para evitar exageraciones innecesarias al final del recorrido novelesco.  Pero, en fin, eso es cuestión de gustos.

 

FICHA

ESTUDIO EN NEGRO.- José Carlos Somoza- 391 págs.-Ed. Espasa.-19,90 euros

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10 marzo 2020 2 10 /03 /marzo /2020 17:33

 

El maestro Le Carré nos la juega bien en su última novela “Un hombre decente”. Empezando por el título que no se justifica hasta que estamos a punto de terminar con la novela. Después, la extraordinaria elegancia de la “puesta en escena”. Un asunto menor para el que despliega todo un fascinante mundo de observaciones inteligentes, irónicas, a veces sarcásticas y siempre divertidas.

Para placer del lector, Le Carré inserta en la trama, la vida y milagros de un veterano agente del servicio secreto británico, la elite de los espías, una bomba de tiempo enmascarada en un personaje neutro, bastante inocente, cuyo comportamiento y decisiones es la parte menos creíble o verosímil de una novela que irradia naturalidad y perspicacia por los cuatro costados.

El lector avisado de las filias y fobias del anciano pero vitalista y enérgico novelista, disfrutará también con las lanzadas que propina por doquier Le Carré a sus “bète noire”, Trump y Putin, con las que difícilmente estaría en desacuerdo este comentarista. Y sobre todo al “Brexit” contra el que Le Carré ha tenido frases contundentemente críticas.

Diálogos sugestivos, irónicos y profundamente “british”, notas deliciosas sobre el ambiente familiar del protagonista-narrador y un tono descriptivo del entorno del veterano agente donde apenas queda nostalgia y sí una cierta decepción triste que suele empañar la vida profesional y personal de los seres humanos cuando están llegando al final.

La maestría de Le Carré es rotunda y evidente. Juega con el lector con cartas marcadas, insinúa, adelanta y retrocede sin dejar caer la pieza que oculta, hasta que  al final cierra el círculo que abrió en el primer capítulo y que explicará en un trepidante “flash back” hasta llevarnos a un final que intuímos pero que no esperamos.

Léalo y disfrute con la hábil narrativa del escritor inglés que ha heredado las maneras y la aguda sensibilidad literaria y psicológica de Graham Greene.

El otro punto a disfrutar en este libro es el conocimiento político que muestra Le Carré y su atinada valoración novelesca al poner como tema clave que mueve las decisiones e intereses del antagonista de la trama una “operación encubierta angloamericana ya en estado de planificación con el doble objetivo de socavar las instituciones socialdemócratas de la Unión Europea y desmantelar su sistema de aranceles internacionales. En la era posterior al Brexit, Gran Bretaña estará desesperada por incrementar su comercio con Norteamérica. Y los Estados Unidos lo aceptará sólo si Londres accede a una operación encubierta conjunta para hacerse con funcionarios, parlamentarios y periodistas de la UE, mediante la persuasión pero sin excluir el soborno ni el chantaje. Y también para divulgar noticias falsas a gran escala con el objeto de agravar las diferencias existentes entre estados miembros de la Unión” (esta novela se ha publicado un año antes de entrar en vigor el “Brexit”). A Johnson y a TRump,les debe haber fastidiado esta novela. En el supuesto improbable de que sean lectores de Le Carré.

 

FICHA

UN HOMBRE DECENTE.- John Le Carré.- Traducción Benito Gómez Ibáñez.- Ed. Planeta.-367 págs.-21,50

 

 

 

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29 enero 2020 3 29 /01 /enero /2020 19:21

En estos tiempos en que cualquier cafre sin pizca de sentido común, ante micrófonos y cámaras,  opina sobre lo “insoportable” de cualquier tema político (casi siempre nacionalista)  y amenaza con la guerra como “solución”, llevaría al sujeto ante un juez que le condenara por un delito de lesa estupidez inconsciente. Y como castigo y escarmiento le haría leer en jornadas de ocho horas la novela de Henri Barbusse que recibió el Premio Goncourt el año de gracia de 1916, en plena I Guerra Mundial, la conflagración que “debía poner fin a todas las guerras”: “Le Feu” (“El Fuego, diario de un pelotón de infantería”). El lugar de lectura sería una réplica de una trinchera de la cruel y devastadora guerra, fiel reproducción de las originales: como describe Barbusse, un lugar donde todo hedor, suciedad, peligro, horror, angustia, temor y desolación tienen su asiento, un lugar infernal con barro hasta las rodillas, bombardeos continuos, asaltos a la bayoneta, disparos de francotiradores, hambre, ratas, piojos, despojos humanos, histeria, estupidez de los mandos, corrupción de la elite militar, sin pertrechos, suministros, armamento y munición escasos y órdenes suicidas: todo el asco y la desesperación humanas en un  espacio  estrecho, excavado en el barro a 1,50 m de altura,  repleto de hombres desnutridos y salvajes, luchando por la supervivencia como locos debatiéndose entre el ruido y la furia.

He leído “El fuego” de Henri Barbusse con el corazón en un puño. Y por esas coincidencias que Jung llamaba “sincronicidades” he leído en mis repasos diarios de prensa a varios, sí varios, individuos situados en el poder en diversos países, que proferían referencias irresponsables y necias sobre la “posibilidad” de entrar en una de las guerras que en muchas partes del mundo actual hacen antesala de la idiotez humana. Por favor, ustedes, los que detentan el poder, los que pueden tomar medidas, hagan una criba de semejantes botarates y enciérrenlos unos días en un escenario bélico como el que les he comentado. Que comprueben en persona lo que preconizan.

El Fuego, una de las novelas antibelicistas más notables de la historia de la literatura, es fruto de la experiencia personal del poeta, novelista y soldado de infantería en la Gran Guerra, Henri Barbusse. Galardonada con el Premio Goncourt, la novela obtuvo un gran éxito en su época, convirtiendo a su autor en un personaje de gran popularidad. Redactada con una brutalidad desconcertante, narra las vicisitudes de un grupo de soldados que soportan una guerra que no desean y que nada tienen que ganar con ella. Tras El Fuego, la obra de Barbusse estuvo guiada por motivos políticos y sociales. Fundador del movimiento y la revista Clarté (Claridad), su nombre estuvo vinculado a los intelectuales que reclamaban el fin de las guerras en un mundo más justo: Anatole France, Léon Blum, Francis Carco, Romain Rolland, Jules Romains, etc.En 1923 se afilió al Partido Comunista francés. Bolchevique contumaz, murió en un hospital moscovita en agosto de 1935. Una enorme muchedumbre acudió a recibir y acompañar el cadáver hasta el cementerio parisino del Père Lachaise.

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24 enero 2020 5 24 /01 /enero /2020 11:17

A los que leen mucho se les seca el cerebro; la lectura obligatoria es la única manera de enseñar a amar a los libros; los que tienen grandes bibliotecas son unos presumidos, basta con preguntarles si se los han leído todos; la lectura es una forma de compensar la falta de simpatía personal, los defectos psicológicos y la timidez patológica; los libros van a dejar de existir muy pronto, son anticuados, ocupan espacio, crían polvo y bichitos, alimentan las esperanzas vanas de los jóvenes y la nostalgia de los viejos; la Galaxia Gutemberg ha expirado, ahora es tiempo de lo digital, los ebooks, las imágenes y las series; ya se sabe, una imagen vale más que mil palabras; el placer de la lectura no existe, es un invento de los escritores, los editores y los libreros: en realidad es un negocio turbio que crea adicciones sin utilidad alguna...

¿Les suena toda esta retahíla de insensateces? Algunas las hemos oído en el cole, el instituto y hasta en la Universidad. Como dice Alejandro Zambra en su irónico libro "No leer", "es un milagro que hayamos sobrevivido a todo eso y  a la impresión subyacente de que leer es la cosa más aburrida del mundo".  Yo no creo en el fin del libro como tampoco creo en que desaparezca la estúpida malevolencia humana, ni la corrupción política, ni los abusos de sexo, raza y posición social en esta Humanidad paradójica que también nos brinda genio artístico, bondad profunda, solidaridad anónima y una fuerza espiritual sin adjetivos que lleva a algunas personas a superar con sus actos los baremos de egoísmo y crueldad que son tristemente habituales en el mundo.

Los libros que hoy les recomiendo han sido escogidos como argumentos efectivos de la razón básica de mi rechazo a considerar la lectura con fines utilitaristas y pragmáticos: ni los libros son la panacea de nada, no nos curan pero tampoco nos enferman, ni nos hacen mas sabios pero tampoco mas estúpidos, no son instrumentos del diablo y tampoco de los dioses, puesto que constituyen el invento más efectivo de la historia para comunicar ideas, conservarlas y difundirlas. El mensaje del libro es neutro en sí mismo, son palabras escritas. Es el lector quien toma partido, actúa, tergiversa o magnifica, crea un íncubo en su cabeza o trasmite errores o iluminación a los demás. Es un objeto inocente. Cuando alguien empieza a quemar libros está anunciando que puede a llegar a quemar personas. Para hablarnos de todo esto he escogido, "El infinito en un junco" de Irene Vallejo, recibido como el Santo Grial de la lectura por algunos hiperbólicos reseñistas; "La biblioteca en llamas", de ambición más modesta pero modélica realización informativa, obra de una periodista del New Yorker, Susan Orlean; y uno de los libros del ameno ensayista argentino-canadiense Alberto Manguel, "Nuevo elogio de la locura", donde se nos ofrece unas "Notas para la definición del lector ideal", que pueden ser el epílogo de este trabajo. 

Irene Vallejo ha logrado con su magnífico libro una hazaña singular: ha dicho, con bastantes reiteraciones, lo que otros muchos han escrito ya en sesudos o agradables ensayos, pero lo hace de una manera tan amena y tan coherente con la línea maestra de su libro que configura el amor a los libros y a la narración, que consigue atraer al más remiso de los lectores que podría bostezar o abandonar obras de mayor calado intelectual o erudito. Es la Ortega y Gasset de la metaliteratura, es decir una ingeniosa y entretenida vulgarizadora de la historia de la escritura y la lectura, como Ortega (un poco injustamente) fue considerado respecto a la filosofía. La Vallejo nos cuenta de una forma atractiva e impecablemente escrita que quizá sembró la idea de escribir el libro cuando hojeaba un pergamino de Petrarca: "Me impresionó la belleza y la regularidad de la escritora trazada por una mano experta. Vi los rastros del tiempo, esas páginas salpicadas de manchas amarillentas como las manos pecosas  de mi abuelo. Tal vez el impulso de escribir este ensayo nació entonces, al calor de aquel libro de Petrarca que susurraba como una suave hoguera". 

Irene logra hacernos partícipes de una conversación íntima con ella, sus lecturas, sus opiniones , sus vivencias (como en la página 242 y siguientes cuando nos habla del acoso escolar que sufrió de una forma estoica)  o cuando (pág.183) se dirige directamente al lector para " sugerirle un alto en el camino a fin de hablar de otra historia". Las referencias continuas a otros autores (entrañable la de Helene Hanft y su "Charing Cross Road, 84"), citas textuales y guiños literarios convierten la lectura de este libro en un sugestivo paseo por la literatura y la historia de los libros y la escritura, la "peligrosa" profesión de  los libreros, la hábil trasposición entre junco y canon (vara de medir y lista de libros sobresalientes de una época), sin olvidar los interrogantes que plantea la era digital. Pero siempre acaba con una defensa numantina:"Los libros tienen voz y hablan salvando épocas y vidas. Las librerías son esos territorios mágicos donde, en un acto de inspiración, escuchamos los ecos suaves y chisporroteantes de la memoria desconocida. (p. 315). O en la 401: "Somos los únicos animales que fabulan, que ahuyentan la oscuridad con cuentos, que gracias a los relatos aprenden a convivir con el caos, que avivan los rescoldos de las hogueras con el aire de sus palabras, que recorren largas distancias para llevar sus historias a los extraños. Y cuando compartimos los mismos relatos, dejamos de ser extraños". 

El libro de Manguel es una suerte de coda cordial al de la Vallejo. Aunque hay páginas que resuenan con lo leído en "El junco", principalmente la parte II y la III, cuando disecciona con habilidad y humor los componentes de las páginas del libro o la materia que lo compone a través de los siglos (interesante la reflexión sobre el humilde punto) o los avatares de autores, las falsificaciones (en especial la del poema "Instantes" que fue atribuido falazmente a Borges y se vende impreso en las camisetas de medio mundo de habla castellana, pág 145). Es un conjunto algo caótico de artículos publicados en revistas que, como suele suceder en estos casos, cojea un poco en coherencia e interés. Manguel usa a algunos clásicos,  Lewis Carroll y Alicia, Pinocho o Crusoe, para ilustrar sus capítulos (deliciosos los dibujos tradicionales de John Teniel dibujando a Alicia y sus personajes) y hace algunas consideraciones de aguda intuición política como : "Para llegar más lejos y más profundo, para tener el coraje de enfrentarnos a nuestros temores y dudas y secretos ocultos. Para cuestionar el funcionamiento de la sociedad respecto de nosotros mismos y del mundo, necesitamos aprender a leer de otra manera, de forma distinta, que nos permita aprender a pensar". (pag. 55). O esta otra cita tan oportuna: "en un mundo en el que el valor monetario es la medida de todas las cosas, las obras de arte que no ofrecen en sí mismas una gratificación financiera inmediata, que requieren procedimientos largos y difíciles, que no pueden ser definidas mediante etiquetas o bytes de sonido, y que no generan beneficios comerciales a través de complejos vericuetos estéticos, éticos o filosóficos, deben ser descartadas o, al menos, recibir muy poca atención... Bajo la evaluación común del valor económico, todos los otros valores se desdibujan o desaparecen. (págs. 26-27).

Y para cerrar este trabajo nada mejor que "La biblioteca en llamas", el fascinante ensayo-reportaje periodístico de Susan Orlean que parece sintonizar con las referencias de los dos autores anteriores a la bibliotecas devoradas por el fuego, a los "autos de fe" inquisitoriales, a los nazis y sus bárbaras hogueras, a las obscenas y vandálicas destrucciones de bibliotecas y libros por los fanáticos religiosos de todos los tiempos. La autora (con una novela anterior en su haber que es una joya de sensibilidad y narrativa sugestiva y documentada: "El ladrón de orquídeas") aplica su delicada visión hacia lo humano en esta indagación que le llevó más de una década y que rescató del olvido un hecho que casi todo el mundo ha olvidado: el incendio de la Biblioteca Pública de Los Ángeles, el 29 de abril de 1986.

Es un libro que recoge el horror y la desolación de la biblioteca de Alejandría y de otras de la antigüedad o de las perpetradas en nuestros tiempos (Sarajevo, por ejemplo) nos habla de la destrucción en Los Ángeles de 400.000 libros convertidos en ceniza o de los daños irreparables de otros 700.000, durante siete horas de infierno. Fue un holocausto cultural premeditado que quedó eclipsado porque, coincidencias pavorosas, el mismo día se produjo el accidente nuclear de Chernobyl. El subtítulo del libro es de una claridad llamativa: "Historia de un millón de libros quemados y del hombre que encendió la cerilla".

Para ello Susan Orlean nos ofrece un libro ameba que se extiende, se fagocita, lanza sus pedúnculos hacia otros temas relacionados directa o indirectamente con el incendio, nos cuenta historias sobre la ciudad o sobre cuestiones científicas relacionadas con el fuego y el papel. Y como una Borges reencarnada, nos habla de su amor intenso hacia las bibliotecas:  “La biblioteca es una reserva de narraciones y también una reserva para toda la gente que viene aquí a buscarlas. Es donde podemos entrever la inmortalidad. En la biblioteca podemos vivir para siempre” Y "Todas las cosas que van mal en el mundo parecen verse derrotadas por la sencilla promesa innombrada de las bibliotecas".

Pero el lector va a ser prácticamente "secuestrado" por el interés de la lectura gracias a la habilidad de Susan para entresacar temas laterales que atraen tanto como el principal, la autoría del incendio. Y así gozará con el ingenioso método para salvar los libros que quedaron empapados por el agua: estuvieron dos años congelados, con lo que se evitó que el moho y la descomposición provocada por el agua destruyera totalmente los volúmenes. Al terminar el plazo de congelación los libros  estaban listos "para ser descongelados, secados, fumigados, clasificados, limpiados y recuperados". Los ingenieros de la empresa aeroespacial McDonell se ofrecieron para intentar secar unos 20.000 libros en una cámara de simulación espacial y otras empresas los secaron por deshumidificación. Pero donde la historia de esta autora toma caracteres de gran novela es en su hábil y paciente tratamiento del laberinto legal que se armó en torno al principal sospechoso, Harry Peak, un mentiroso compulsivo que daba historia contradictorias de sus actos cada vez que declaraba. Fue imposible confirmar su autoría y Peak terminó demandando a la ciudad de Los Ángeles y sus bomberos por casi 20 millones de dólares por supuestos abusos de autoridad y daños a su imagen y Los Angeles demandó a Peak por casi treinta millones por los daños inferidos a la biblioteca, gastos de bomberos y agua utilizada. El dramático y sorprendente final del caso Peak lo dejo pendiente de la curiosidad del lector. No hay que hacer "spoiler" de un libro tan laborioso.

 

 

FICHAS

EL INFINITO EN UN JUNCO.- Irene Vallejo.- Siruela. 452 páginas, 24,95 euros

LA BIBLIOTECA EN LLAMAS.- Susan Orlean.Trad. Juan Trejo.-Planeta. .-398 págs.

NUEVO ELOGIO DE LA LOCURA.- Alberto Manguel.- Ed Lumen. 238 págs.

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18 enero 2020 6 18 /01 /enero /2020 19:11

El libro de Manguel es una suerte de coda cordial al de la Vallejo. Aunque hay páginas que resuenan con lo leído en "El junco", principalmente la parte II y la III, cuando disecciona con habilidad y humor los componentes de las páginas del libro o la materia que lo compone a través de los siglos (interesante la reflexión sobre el humilde punto) o los avatares de autores, las falsificaciones (en especial la del poema "Instantes" que fue atribuido falazmente a Borges y se vende impreso en las camisetas de medio mundo de habla castellana, pág 145). Es un conjunto algo caótico de artículos publicados en revistas que, como suele suceder en estos casos, cojea un poco en coherencia e interés. Manguel usa a algunos clásicos,  Lewis Carroll y Alicia, Pinocho o Crusoe, para ilustrar sus capítulos (deliciosos los dibujos tradicionales de John Teniel dibujando a Alicia y sus personajes) y hace algunas consideraciones de aguda intuición política como : "Para llegar más lejos y más profundo, para tener el coraje de enfrentarnos a nuestros temores y dudas y secretos ocultos. Para cuestionar el funcionamiento de la sociedad respecto de nosotros mismos y del mundo, necesitamos aprender a leer de otra manera, de forma distinta, que nos permita aprender a pensar". (pag. 55). O esta otra cita tan oportuna: "en un mundo en el que el valor monetario es la medida de todas las cosas, las obras de arte que no ofrecen en sí mismas una gratificación financiera inmediata, que requieren procedimientos largos y difíciles, que no pueden ser definidas mediante etiquetas o bytes de sonido, y que no generan beneficios comerciales a través de complejos vericuetos estéticos, éticos o filosóficos, deben ser descartadas o, al menos, recibir muy poca atención... Bajo la evaluación común del valor económico, todos los otros valores se desdibujan o desaparecen. (págs. 26-27).El libro de Alberto Manguel, el crítico, novelista y ensayista argentino tiene una doble ventaja: es la obra de un erudito que sabe contar porque sabe leer y es un amante inveterado de los libros que suspira por las grande bibliotecas y tiene la sensibilidad suficiente para reconocer que "los libros que amamos se convierten en nuestra cartografía". Manguel  consigue en su "Nuevo elogio de la locura" que un grupo más bien incoherente de artículos se comporte con la expresiva y audaz alegría literaria de los personajes de "Alicia en el País de las Maravillas" y se ajuste a un hilo conductor invisible pero evidente que nos llevan desde lo que distingue a los lectores ideales de los que no lo son, el ana´lisis del libro como objeto mágico, desde la singularidad del punto a la historia de la impresión, desde la piedra a la arcilla, el cuero, la piel, la vitela, el pergamino o el papel. De ahí a el valor y el precio de los libros, las falsificaciones y un repaso adeterminados escritores desde Julio Verne y la biblioteca de 12.000 volúmenes del capitán Nemo, a Stevenson y Conan Doyle y sus vidas complementarias, la sabiduría de Yehuda Elberg, la obra "El viento en los sauces" de Grahame, los jardines de Cirus Connolly, para empezar una rápida pérdida de coherencia con el resto de la obra, concerniendo a los  capítulos dedicados a nuestro Cercas y sus "Soldados de Salamina",  Van Gogh,  Gaudí  y Cándido, donde se cierra el libro sin pena ni gloria.

Es el problema de los libros constituidos por artículos y pequeños ensayos separados en el tiempo y que el afán editorial (o del autor) reúne en una gavilla heterodoxa que va perdiendo fuerza (tal vez si pensamos en la metáfora del escritor y la edad en que escribió cada trabajo se podría seguir un sesgo de decadencia de vigor creativo. No obstante y a pesar de ese defecto de ritmo y cadencia que he percibido (y puedo estar errado) lo cierto es que las dos terceras partes del libro son fascinantes, entretenidas y sugestivas. La "breve aclaración"  que Manguel nos ofrece como introducción es brillante y nos aclara el porqué del titulo elegido, sobre el "Stutitiae Laus", subtítulo del libro que publicó Erasmo en 1509 dedicado a su amigo Thomas Moro con el título: "Moriae Encomiun" , que se puede traducir como "Elogio a Moro" tanto como "Elogio a la locura". Un poco después en el Prólogo, Manguel muestra sus cartas: está jugando con los naipes del Sobrerero Loco, de la Liebre de Marzo, del Gato y abre cada capítulo con los maravillosos dibujos de la edición inglesa del libro de Lewis Carroll. Y nos dice: "Hoy, a la mesa del Sombrerero Loco no se sientan las criaturas imaginarias con las que encontró Alicia, sino seres dolorosamente reales: los herederos de Cortés (que mandó fundir un tesoro increíble de joyas para hacer lingotes de oro) que reducen toda la creación a palos y piedras, los mercaderes para los que la única medida de valor es la de la ganancia financiera y la manera más segura de obtener mayores beneficios es la disminución del nivel intelectual del público, los que lo convierten todo en una mercancía vendible...los propagandistas de trilladas virtudes y creadores de falsas necesidades...los revolucionarios para quienes no puede haber purificación sin destrucción y los dirigentes políticos para quienes la riqueza y el poder son prueba de corrección y autoridad moral" (pág. 32).

Y también en la pág.55 : "Para llegar más lejos y más profundo, para tener el coraje de enfrentarnos a nuestros temores y dudas y secretos ocultos. Para cuestionar el funcionamiento de la sociedad respecto de nosotros mismos y del mundo, necesitamos aprender a leer de otra manera, de forma distinta, que nos permita aprender a pensar". Y tiene más razón que un santo cuando apostilla "Si aceptamos… la prioridad de los valores económicos, cambiamos nuestra relación con todas las actividades creativas. Si la ganancia financiera es el objetivo final, entonces lo que buscamos es cierta especie de perfección: la producción de artefactos que puedan convertirse fácilmente en dinero. Es decir, en un mundo en el que el valor monetario es la medida de todas las cosas, las obras de arte que no ofrecen en sí mismas una gratificación financiera inmediata, que requieren procedimientos largos y difíciles, que no pueden ser definidas mediante etiquetas o bytes de sonido, y que no generan beneficios comerciales a través de complejos vericuetos estéticos, éticos o filosóficos, deben ser descartadas o, al menos, recibir muy poca atención". Este libro fue publicado en 2006. Catorce años más tarde estas palabras resultan proféticas. No hemos mejorado.

 

FICHA

NUEVO ELOGIO DE LA LOCURA.- Alberto Manguel.-Ed. Lumen.-238 págs.

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9 enero 2020 4 09 /01 /enero /2020 08:42

Stephen Greenblatt es un profesor de Humanidades norteamericano, que ejerce en la Universidad de Harvard, autor de varios libros y entre ellos dos que me han fascinado. Uno fue premio Pulitzer en 2012 "El Giro" y otro, "El Tirano. Shakespeare y la política" publicado en 2018 y traducido hace unos meses en España.. En el primero habla del descubrimiento de un humanista italiano en 1417 del único ejemplar existente del "De rerum natura" el poema filosófico epicúreo de Lucrecio (s.I a.C.). En "El tirano" nos habla de los tiranos que Shakespeare refleja en sus obras más importantes y del método "de "ángulo oblicuo" que usaba el escritor para reflejar los dramas políticos de su propia época y no perecer en el intento: escogiendo a los tiranos en épocas pasadas, "al menos un siglo entero de distancia entre él y los acontecimientos que describía". Creo que Greenblatt ha usado el mismo "ángulo oblicuo" para describir ciertas actitudes políticas de algunos líderes de nuestra época, usando a los personajes de Shakespeare. 

Supongo que a los tiranos de hoy, sin ir muy lejos Greenblatt tiene uno en casa, les cuesta tanto como a los del pasado reconocerse en los retratos objetivos que los describen, pero ya se sabe que suelen estar rodeados de gentes muy serviciales que resaltarían ciertos parecidos enojosos. No tengo noticia de que el autor haya recibido algún "tuits" firmado por el inquilino de la Casa Blanca o por el de Downing Street, pero después de leer el capítulo dedicado a John Cade, uno le enviaría un mensaje al profesor de Harvard advirtiéndole que no bajara la guardia. Los consejeros del presidente y los del primer ministro británico, "esas larvas de la cosa pública" podrían aconsejarles la lectura de ese capítulo dedicado al "populismo fraudulento". Cade fue un personaje real que vivió en 1504 y que dirigió una revuelta popular (orquestada desde el poder) dueño de una oratoria salvaje y demagógica. Como cuenta, Greenblatt "el populacho es perfectamente consciente de que Cade es un mentiroso, pero por venal, cruel y egoísta que sea, es capaz de articular lo que sueñan las masas: romper todos los acuerdos, cancelar todas las deudas y desmantelar las instituciones existentes que no sean útiles para sus objetivos", "apoyándose en su indiferencia por la verdad, en su desvergüenza y en una seguridad en sí mismo sobredimensionada, el demagogo bocazas va adentrándose en una fantasía".

Ninguno de los dos líderes políticos es propiamente un tirano. Nuestra época ha diluído los excesos de poder en su retórica democrática, con lo que precisan cierto apoyo popular y tienen establecidos frenos institucionales. Aún así, esas dos y otras muchas figuras políticas que conciernen a demasiados países en este desorientado mundo del siglo XXI, tienen en el pasado reflejos alarmantemente semejantes.

Greenblatt nos habla en su libro de instituciones muy firmes en el ámbito político y económico, de líderes políticos con un poder inmenso y al tiempo nos informa del caos reinante, en el que el rencor y los intereses partidistas se imponen, la miseria económica se extiende por el país, haciendo que surjan actitudes populistas que encienden el desorden y la violencia en las calles bajo banderías y eslóganes que son mentiras evidentes pero que todos aceptan como verdades. ¿Nos está hablando del siglo XXI, de hoy mismo?No, señores. Está haciendo referencia a la Inglaterra de la reina Isabel I y ese autor-reportero es el mismísimo William Shakespeare. Nuestro autor juega con los espejos del pasado y el presente y usa las palabras del Bardo para mostrarnos a Trump y a otros individuos ensoberbecidos por el poder que están llevando a sus países y muchos de los demás a situaciones de guerra latente. 

Analizando a Ricardo III o a Macbeth, las razones psicológicas, infantiles, sexuales, narcisistas y los temores llevados a las mentiras más tortuosas y a un populismo violento y delirante que están en la psicopatología de esos personajes tienen un reflejo que produce estupor en personas totalitarias y sin pudor que dominan las políticas de sus países y amenazan a los que tienen alrededor. Greenblatt se pregunta, como Shakespeare en su tiempo:  "¿cómo es posible que alguien que gobierna a través de la violencia, no para defender los intereses de su pueblo sino por motivos propios, irracionales o malvados, consiga mantenerse en el poder”.

Y esboza una respuesta: La gente vive de una forma tan insegura y tan lejos de la comodidad económica y social que necesita creer en las mentiras de alguien que les promete un cambio a mejor y que les señala a los "auténticos" culpables de su situación (que nunca es el Gobierno del tirano) con los enemigos del líder carismático, ya sean raciales, los judíos, los negros, los asiáticos o los árabes, como económicos, el capitalismo salvaje o los separatistas o el terrorismo de los desahuciados y los sin techo o los inmigrantes.

FICHA

EL TIRANO.- Shakespeare  y la política.- Stephen Greenblatt, - Ed Alfabeto.- Pags. 252

 

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20 diciembre 2019 5 20 /12 /diciembre /2019 18:29

Si ustedes creen que la novela costumbrista, crítica, satírica, sarcástica y virulenta de la época victoriana tiene sus más altos referentes en Thackeray y Dickens, Kingsley, Meredith o George Eliot, Lewis Carroll, Oscar Wilde o Stevenson, Wilkie Collins, las hermanas Brontë, Conan Doyle  o Samuel Butler -autores bastante traducidos al español- se sentirán algo alarmados con los criterios que animan a nuestras editoriales a traducir a autores del pasado, cuando lean a Anthony Trollope. ¿Por qué diablos a casi nadie se le ha ocurrido traducir antes  a este prolífico inglés victoriano? Ático de los Libros ha resuelto esa manifiesta injusticia literaria.Trollope, compuso casi medio centenar de novelas - sin contar los cuentos, biografías y libros de viajes-, vendió su arte durante medio siglo conun éxito envidiable y luego comenzó unos altibajos que no han cesado desde entonces a pesar de las versiones en cine, televisión y radio de sus obras. Aunque a fuer de verdadero, Trollope ha sido leído sin cesar por los británicos, incluso en nuestros días donde más de un  lector ha visto en su  "El mundo en que vivimos" una profecía de la situación económica y social que vivimos y sobre todo del desierto moral que la sustenta.

Como suele acontecer, los padres de Trollope dejaron una huella y una influencia en el devenir del escritor: desde su padre, abogado poco hábil y sin suerte que trajo la miseria a su familia hasta su madre, Frances,  emprendedora e imaginativa, que sacó a la familia de apuros gracias a su pasión por escribir novelas donde satirizaba el poder y las bases sociales impregnadas de mezquindad y deshonestidad. Ella sería la figura esencial que fructificaría en su tercer hijo, Anthony, marcando su futuro.  Empleado de Correos y casado y con dos hijos (ambos escritores más tarde) comenzó a escribir una serie de seis novelas, el llamado ciclo de las Crónicas de Barsetshire (que le permitieron dejar su empleo). La segunda serie que emprendió, los Palliser, muy críticas con la vida política, tuvieron mucho éxito aunque no le permitieron como deseaba, paradójicamente, entrar en la política.

El escritor demuestra un enorme sentido del humor satírico cuando es  capaz de definir un diario de su tiempo con estas palabras: "El diario desarrollaba sus tareas con un asombroso aire de omnisciencia, y a menudo adornado con una ignorancia a duras penas superada por su arrogancia". O esta otra aplicada a los "principios" de su editor: "Un periódico que desee prosperar jamás debe perder el espacio de sus columnas y agotar a  sus lectores elogiando nada. Las alabanzas son invariablemente aburridas".

Se la ha considerado una de las cien mejores novelas en lengua inglesa. Es, sin duda, un clásico de los que uno atesora en su mente y en su biblioteca. Por eso puede considerarse un ejemplo literario- reducido al ambiente victoriano ingles-  de lo que estamos viviendo en la actual situación económica mundial, regida como en la novela por la corrupción, la falta de ética y una codicia impresionante, narrado eso sí con una enorme solidez intelectual a la altura de su sentido del humor.

La corrupción financiera que denuncia Trollope está a la altura de un mundo social mezquino, inclemente y deshonesto en el que los intereses propios priman sobre cualquier otra consideración. Políticos, financieros, escritores o poetas, caballeros sin dote o muchachas casaderas sometidas al escrutinio económico, convertidas en elementos bursátiles. Todo descrito con una ironía elegante y un sarcasmo hiriente, ya sea en los entresijos de los pensamientos de los personajes y su inconcebible falta de moralidad o el vergonzante juego de sobornos, manipulaciones o engaños en el que damas y caballeros de todos los niveles plantean sus ofrecimientos al mejor postor. Uno cree ver a los magnates de la City o de Wall Street en estos personajes arrogantes, pendencieros y mezquinos, para los que lo único válido es el dinero y el único objetivo acumular codiciosamente sus activos aunque sea sobre el cadáver de sus seres más cercanos.

No les cuento más. No deseo hacer un "spoiler" literario de una novela que merece ser leída hasta el final entre el asombro por la galanura narrativa del autor, la vergüenza por el realismo de lo narrado tan visible en nuestra propia sociedad, el placer de la lectura y el reconocimiento hacia una obra que roza la excelencia imperecedera de los grandes clásicos, sin dejar por ello de ser una de las mejores y más acertadas críticas del capitalismo que nos ahoga en el siglo XXI.

FICHA

EL MUNDO EN QUE VIVIMOS.- Anthony Trollope.- Traducción (excelente) de Claudia Casanova.- Ático de los Libros.- 854 págs.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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11 diciembre 2019 3 11 /12 /diciembre /2019 16:17

Alan Bennett goza de una envidiable salud literaria. Es un autor indiscutiblemente british, con un don especial para la sátira, la crítica más o menos virulenta de la sociedad en la que vive (al estilo de un Swift o un reverendo Hodgson -Lewis Carroll-  o el menos conocido pero sobresaliente Anthony Trollope) y un fondo lejano pero real de conmiseración y compasiva bondad. Esta es una novela corta, anterior a "Una lectora poco común" o "La dama de la furgoneta". 

Bennett nos invita a asistir a una ceremonia fúnebre que oficia un cura presbiteriano con añoranzas católicas y un sutil sentido del humor que resalta por su natural una bonhomía estoica y unas sanas (y secretas)  tendencias epicúreas. El finado es un masajista apolíneo que es despedido por la "Crème" de la sociedad junto a elementos por lo menos discutibles y otros absolutamente reprobables. El lector podrá adivinar que el curioso ámbito social de los asistentes -hombres y mujeres- se corresponde a ciertas peculiaridades "profesionales" del masajista. Las descripciones y juicios del narrador omnisciente son un modelo de sarcasmo y habilidad crítica. El inopinado discurso de uno de los asistentes a la ceremonia, en cuyo desarrollo se deja caer la palabra "sida" provoca hilarantes resultados. Pero, en fin, no se cuento más. Solo una recomendación: léenla y disfruten.

FICHA

LA CEREMONIA DEL MASAJE.- Alan Bennett.- Trad. Jaime Zulaica.- Ed. Anagrama.118 págs.

 

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26 octubre 2019 6 26 /10 /octubre /2019 16:39

Amanda Cross es el pseudónimo de Carolyn Gold Heilbrun, una profesora norteamericana (1926-2003) dedicada entre otras labores a escribir novelas policíacas de alta calidad literaria. Tuvo un éxito considerable en los paises de habla inglesa y encantó a los lectores del Reino Unido pues lograba un estilo que parecía surgido de Oxford y Cambridge más que de los Estados Unidos (Harvard y Yale). En los sesenta y durante dos décadas más triunfó en un mercado difícil para el género por lo muy transitado. A España llegó con el nuevo siglo y desapareció demasiado pronto del mercado a pesar de la calidad de sus libros. Fue la primera profesora (de inglés, precisamente) aceptadas en la Universidad de Columbia. Sus obras más importantes publicadas en su país, fueron ensayos en defensa del feminismo y de la igualdad de derechos por razones de sexo.

"El caso James Joyce" es la primera que leo de esta autora y me ha gustado por varias razones, a pesar de que adolece de ciertas limitaciones en algunos aspectos literarios: las descripciones de lugares, ambientes y caracteres psicológicos no están a la altura de los diálogos, las referencias literarias y la inteligencia e ingenio de la trama Uno se queda con la sensación de que ha leído una obra de teatro más que una novela. Termina siendo más interesante las relaciones de los tres o cuatro personajes principales, sus diálogos y sus observaciones, que la autoría del crimen, así como el rebuscado sistema de descubrirlo. El placer más profundo se encuentra en las citas de grandes literatos y poetas ingleses, en las referencias a Joyce y un presunto manuscrito del que se origina el "Ulysses" , que tiene cierta relación con "Dublineses". LOs dos protagonistas principales, una profesora de media edad, Kate, y un fiscal de Nueva York, Reed Amhearst, que parece surgido de las páginas de Edith Wharton, Oscar Wilde o Forster, resultan los más creíbles y atractivos. Parece ser que seguirán siéndolo en obras sucesivas. Lo veremos.

FICHA

EL CASO DE JAMES JOYCE.- Amanda Cross.-272 páginas.-Punto de Lectura (2000).- ISBN: 978-8466301176

 

 

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