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29 julio 2019 1 29 /07 /julio /2019 17:15

Lo dijo Quinto Horacio Flaco el plácido poeta romano que vivió la Roma conflictiva y angustiada del asesinato de Julio César y el advenimiento de Cesar Augusto: "Nullius in verba", es decir no te fíes de las palabras, no es suficiente para llegar al conocimiento, a la verdad. Acuñaría otras breves frases con más fortuna: "Carpe diem", "Aprovecha el día que vives (aunque poca gente sabe el final de la frase, "quan minimum credula postero", fiate lo menos posible del mañana") o "Beatus ille" que es una alabanza de la vida rural.

Horacio profesaba las doctrinas filosóficas de Epicuro aunque su "Nullius in verba" tenía sabor escéptico, incluso cínico. Esa desconfianza ante la palabra evoca desde las sombras de la antiguedad las teorías de Wittgenstein, Heidegger, Russell o Carnap y más cercanamente al poeta, en el siglo XVII, al lema de la Royal Society y las exigencias epistemológicas de la Ilustración que exigían a la ciencia que las hipótesis científicas tenían que ser comprobadas empíricamente, no bastaba con las palabras . La importancia del lenguaje en la filosofía  y en la psicología contemporáneas (desde Freud a Jung o Lacan) plantean problemas de método y de conocimiento que aún no han sido resueltosde manera satisfactoria,

En la vida social y de relación, en la laboral o la política, la palabra es una entelequia con dos caras como Jano. Una es la que emana de la evidencia de las palabras como comunicación básica. Y la otra cara, la demoníaca, es la que muestra la relatividad del valor de las palabras, de su cariz estratégico de mentira interesada, de doblez, de falsedad, de subterfugio. Como decía Spinoza, con las palabras, "caute" (cautela). Y nuestro Gracián, "Te arrepentirás más veces de lo que dices que de lo que callas". Los griegos desconfiaban de la "doxa" (opinión) y apoyaban la "episteme" (conocimiento). Creo que con las palabras uno debe estar siempre atento al contexto en el que se pronuncian y ajustarlas a ls circunstancias del momento que uno vive. Y como norma básica, desconfiar de ellas, es decir "nullius in verba", y pasarlas a todas por el cedazo del pensamiento crítico. ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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23 julio 2019 2 23 /07 /julio /2019 09:14

Pensando amargamente en la sideral distancia entre los escenarios político-sociales de esos soñadores y la triste y quijotesca realidad, dióme en meditar en torno a figuras como Platón, Ortega y Gasset, Unamuno o Labordeta, por dar una nota local y cercana, aunque Sócrates y Aristóteles ( y muchos otros que mencionar no quiero) también tuvieron sus más y sus menos con la brecha insalvable entre la teoría política y la vida real.

Pero por hoy quedémonos en el eximio Platón, idealista donde los haya cuya filosofía fracasaría ( y responsable de algunos males psicológico-morales del individuo, sobre todo a partir de la versión religiosa de su filosofía:  Nietzsche definió el cristianismo como "platonismo para la plebe"). Pero también es el autor de " La República" donde a través del diálogo nos muestra sus ideas sobre el orden político, la metafísica transmutada en normas para el gobierno de la polis o ciudad, es decir, el Estado. El estableció tres estamentos sociales: comerciantes, guerreros y gobernantes (o filósofos). Establecía una meritocracia basada en el conocimiento y defendía la idea de que un Estado gobernado por filósofos estaba libre de la lacra de la corrupción. La piedra de toque de la posible aplicación de las ideas platónicas a la política práctica tuvo unos resultados desastrosos para el propio Platón que realizó tres viajes a Sicilia con la finalidad de instruir al tirano Dionisio I y luego a su hijo en las artes de la política aristocrática e idealista. Del primero de los viajes salió escoltado por una nave de guerra y vendido como esclavo en Egina (rescatado "in extremis" por el también filósofo Aniceris de Cirene). Con Dionisio II también terminó de forma abrupta y poco amistosa. Quedaba claro que la filosofía (no sólo la platónica) no se lleva bien con la política práctica de cada día.

Me pregunto y tal vez dentro de un tiempo sea capaz de responderme, ahora desde luego sólo especulo, qué es lo que tiene el "poder", --siquiera sea en la minúscula medida de lo que alguien llamaba con acre humor "lo municipal y espeso", ámbito con el que me voy relacionando-- para transformar la percepción de sí mismos en algunos que lo ostentan. Hasta el punto que dicho "poder" crea una especie de "falso contexto" en el que el sujeto (etimológicamente, el que no puede moverse libremente) parece olvidar el sentido de la ética universal  (lo que es bueno, correcto, bello), si es que alguna vez la ha conocido, para regirse por otra "ética" circunstancial  dirigida a objetivos pragmáticos (no necesariamente malos, pero sí limitados por los propios intereses). Sin ni siquiera tener en cuenta el kantiano "imperativo categórico": lo ético es lo aceptado como tal por todos. Lean: "Obra sólo según aquella máxima por la cual puedas querer que al mismo tiempo se convierta en ley universal".Volveremos a este tema.- ALBERTO DIAZ RUEDA

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17 julio 2019 3 17 /07 /julio /2019 08:44

Decía Aristóteles que el hombre es un "zoon politikon", es decir, un animal político y también social. Para el filósofo, la política es la ciencia práctica suprema, un área de conocimiento que tiene como objetivo básico el bien de la "polis" o ciudad-estado. Y la herramienta esencial es la ética. Cada hombre es como una rama del gran árbol que es el Estado, por lo que la ética individual debe estar sustanciada por la ética del Estado y sus dirigentes. Simple y claro...aunque quizá utópico, ¿no les parece? Desde el idealista Platón al muy cínico y pragmático Maquiavelo o a nuestro escéptico y realista  Baltasar Gracián, la figura del político ha sido objeto de amplias especulaciones.

Echemos un cuarto a espadas sobre el tapete del juego político: pienso que en política y entre los políticos la ética se escribe con H. El político de la Grecia y la Roma clásicas tenía como exigencia personal el respeto a la "areté", la "virtus" latina, la virtud, la acción correcta y desinteresada. Y su objetivo era la "aristós" o la excelencia en su trabajo y proyectos. Yo apuntaría, como elementos básicos, para nuestra época más práctica (y banal) las tres "H": Honestidad, Humildad y Humor. Exigibles a todos los que profesan la política (al hacerse “profesional” la política ha entrado en terreno éticamente pantanoso) en sus actitudes y comportamientos. Como a los emperadores romanos, al político de turno, en su toma de posesión, le debería acompañar un secretario o un jefe de negociado con muchos quinquenios en su haber, susurrándole al oído, "el poder es efímero, la ética, eterna", En nuestros tiempos supuestamente democráticos, el poder político es una falacia con obsolescencia programada. Humor y humildad preparan el camino y facilitan la andadura. Y para aplicarlo todo hace falta inteligencia y sentido común (decía nuestro Gracián, "más vale un grano de buen sentido que montañas de inteligencia"). En muchos casos la Honestidad es sustituida por la Holganza ética, la Humildad por el Histrionismo y el Humor por la Histeria. El problema es que, como todo el mundo sabe, la H es muda.-ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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12 julio 2019 5 12 /07 /julio /2019 09:37

Para el pensador polaco Zygmunt Bauman  ( 1925/2017) vivimos en una sociedad posmoderna que tiene características "líquidas"  ya que en ella "las condiciones de actuación de sus miembros cambian antes de que las formas de actuar se consoliden en unos hábitos y en una rutina determinadas". Ese tipo de sociedad refuerza constantemente un estilo de vida incapaz de mantener una forma o un modo de vivir determinados durante mucho tiempo. Como escribe Bauman "los logros individuales --en esta sociedad moderna líquida- no pueden solidificarse en bienes duraderos porque los activos se convierten en pasivos y las capacidades en discapacidades en un abrir y cerrar de ojos". ¿Dónde nos va a llevar esto? Bauman  tiene la honestidad de afirmar "ninguna estimación de la evolución futura de esta sociedad líquida y sus individuos poder ser considerada plena y verdaderamente fiables", ya que "la extrapolación de hechos del pasado con el objeto de predecir tendencias futuras no deja de ser una práctica cada vez más arriesgada y ....engañosa".

Esta lúcida reflexión parece dejarnos con las manos atadas respecto a ese futuro hipotético. Por lo que se precisa una actuación en el presente. Y un cambio de percepción que garantice esa actuación. Sólo tenemos una posibilidad fáctica: terminar con la ignorancia política y con la inactividad subsiguiente. ¿Quienes se aprovechan de esos dos elementos?: los extremismos fanatizados que recurren al sustrato emocional, las bajas pasiones y el miedo de los individuos para, sin permitir la reflexión crítica, crear fuentes de presión ciudadana a favor de las políticas irracionales y viscerales. A través de la ignorancia y la incertidumbre, deliberada y emocionalmente cultivadas se ata de pies y manos a la democracia con sus propias leyes y creencias. Dice Bauman: "Necesitamos la educación permanente para tener opciones entre las que elegir". Y la educación política permitiría crear condiciones de vida y formación que pongan a nuestro alcance y posibilidades tales opciones. Vuelve a ser necesaria e inevitable la educación política en esta sociedad "líquida" en la que lo único que permanece "sólido" es el fanatismo político o religioso.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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2 julio 2019 2 02 /07 /julio /2019 15:34

Isaiah Berlín es uno de los grandes pensadores liberales del siglo XX y tal vez uno de los menos conocidos fuera de los ámbitos académicos y políticos. Nació en Letonia en 1909 y murió en Inglaterra en 1997. Algunas de sus ideas han sido capitales para la teoría política de los últimos veinte años, así sus "Dos conceptos de libertad", en la que desarrolla su sutil distinción entre libertad positiva, reflejada en la ley y en la auto realización del individuo, defendida por algunos filósofos de la Ilustración y antiliberales tipo Fichte o Rousseau , que darían lugar a un concepto autoritario de la libertad y el surgimiento de ideologías totalitarias) y libertad negativa (ausencia de barreras y obstáculos en el ejercicio de la libertad política sea cual fuere su signo). 

Otra de sus ideas críticas se refería al nacionalismo y presentaba a Kant como origen desconocido del nacionalismo.  Kant parte de una premisa que parece muy alejada de su "saludable internacionalismo, racional, liberal", ya que incluso en sus formas moderadas, el nacionalismo "brota del sentimiento más que de la razón": "el lenguaje utilizado para describirlo suele ser romántico o, en casos extremos, violento, irracional, agresivo”. Así es especialmente en el siglo XX , propenso a desembocar en una opresión  destructiva . La autonomía de una nación o sociedad, fines en sí misma, en sus formas socializadas (ideas que Kant lanzó sólo como teoría ética) fueron integradas en las radicales ideas de  Herder y Rousseau para formar un explosivo mensaje político que a su debido tiempo conduciría a terribles excesos. Kant no hubiera imaginado jamás que esas ideas se desarrollarían de forma brutal en el siglo XX y XXI , a pesar de que opinaba que el nacionalismo era "la conciencia de independencia de una nación en un estado patológico de inflamación: el resultado de heridas producidas por alguien o algo en los sentimientos naturales de una sociedad o por barreras artificiales impuestas a su desarrollo normal".

Respecto a Tagore y su defensa razonable pero serena del nacionalismo en la India (que no complacía ni a hindúes ni a británicos),  Berlin hace una definición razonable de éste: "brota de un sentido ultrajado y herido de dignidad humana, del deseo de reconocimiento...una de las mayores fuerzas que impulsan la historia humana". Y añade "Puede adquirir formas espantosas, pero no es en sí mismo un sentimiento artificial o repulsivo".

Algunos políticos deberían leer a Berlin cuando nos hablan de libertad, a fin de delimitar con claridad a qué libertad se refieren y dicen defender. Y analizar a este autor cuando anatematizan el nacionalismo, sin pararse a pensar en el trasfondo dañado de los nacionalistas. Si comprendemos eso, quizá podría haber diálogo y no dos monólogos enquistados.-ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

 

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1 julio 2019 1 01 /07 /julio /2019 18:20

Las I y II Guerras Mundiales constituyen dos de las mayores atrocidades cometidas por el ser humano en el supuesto nombre de Dios, el Honor, la Patria, la Libertad y... paradójica y cínicamente, la Paz y el Progreso. Entre los miles de libros publicados sobre los dos conflictos mundiales, hay que desechar los obviamente tendenciosos, los triunfalistas y los revanchistas. Pero también ha habido historiadores que han tratado de ser objetivos, han tenido acceso a mejor información (conforme pasan los años es posible el acceso a determinadas fuentes, antes cerradas) y tienen una percepción más cercana a los elementos reales de la contienda. En realidad los historiadores de ambas catástrofes tratan de encontrar razones y justificaciones causales, políticas, económicas, sociales y a veces dan con sesgos informativos inesperados, loo que aumenta la riqueza documental y permiten una visión histórica no tan alejada de lo que realmente ocurrió (cuyos detalles y complejidad jamás serán entendidos y conocidos). Lo cierto es que algunos, los que dejan entrar un sentido ético básico por la rendija de los hechos y los datos, acaban  admitiendo, en general, que las dos sangrientas y destructivas contiendas mundiales se basaron en último término, como siempre, en la salvaje, bárbara, pulsión codiciosa y genocida que embarga a menudo en nuestra historia  al ser humano sin distinción de credo, cultura, raza o nacionalidad. 

Pero al margen de estas consideraciones filosóficas y éticas, lo cierto es que los dos libros que hoy recomendamos, debidos al historiador británico James Holland, "El auge de Alemania" (La II Guerra Mundial en occidente, 1939-1941) y "El contraataque aliado" (La II Guerra Mundial...1941-1943) logran dar una idea más amplia y pormenorizada (aunque no definitiva en modo alguno) aportando algunos datos interesantes y un recto sentido común en la valoración de los hechos, incluso enfatizando la deriva que suelen tomar los historiadores desde los años clásicos en que se objetaba: "la historia la escriben los vencedores" y el "Vae victis" (Ay de los vencidos) legendaria frase del jefe de los galos al arrojar su espada a la balanza donde se estaba depositando el oro con el que los romanos se hacían pagar la retirada de los guerreros supervivientes del campo de batalla.

Holland que ha hecho de la historia y concretamente de la II GM,  una lucrativa profesión multimedia (documentales para la tv.), emplea una excelente prosa y una convincente documentación en desmontar algunos mitos creados por las potencias vencedoras sobre el potencial bélico nazi (más o menos insinuados por otros historiadores  más cercanos a los hechos bélicos y que se mantenían menos fagocitados por la propaganda aliada). Conforme uno va adentrándose en la respetable densidad de estos libros atraído por el enfoque más atento a la realidad logística y operativa de los contendientes que a las grandes lineas de la teoría estratégica, política, táctica, se va comprendiendo que el ejército alemán no era el dechado de perfección de movimientos y mecanización. Mas bien al contrario, Holland demuestra que si alguien podía presumir de logística mecanizada eran los aliados, principalmente tras la entrada de EE.UU. en el conflicto.

Tampoco la épica redentora de la Inglaterra enfrentándose cual David y su honda a un Goliat pertrechado hasta los dientes y rodeado de aviones, tanques y divisiones que se movían por el tablero bélico como corceles árabes, respondía a la realidad, sino al montaje escénico que los aliados y particularmente Londres se montó para motivar al pueblo inglés y a los países de Europa ocupados. Los alemanes no eran, ni con mucho, esa prodigiosa máquina de invadir, bien engrasada, de uniformes relucientes y armas definitivas. Su logística tenía enormes fallos y carencias y como se vio en Stalingrado y otras batallas, el nivel carencial de los soldados y la falta de camiones, aviones y tanques fue respoonsable de bastante de las derrotas y en definitiva de las retiradas alemanas. Además, como nos recuerda Holland la Gran Bretaña no estaba sola, tenía a toda la Commonwealth, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, India y Sudáfrica aportando hombres, material y alimentos.

Holland demuestra que no debemos dejarnos influir por los megadatos de movimientos de tropas, "cuanto más soldados participan en una batalla más eficiencia se pierde" y apostar por algo que ya en nuestros días es evidente: hay que potenciar la tecnología y la mecanización, o como se resumía de un modo algo duro: "más acero y menos carne". En 1940 nos dice Holland, los británicos eran la única potencia mecanizada al 100%, por 47  soldados por vehículo motorizado en Alemania. Según nuestro autor la derrota de Alemania estaba clara en el horizonte de 1941 (en diciembre los aliados se robustecen con la entrada de Rusia y Norteamérica) y fue definitiva tras la batalla de Stalingrado en 1943. La única posibilidad nazi era haber conseguido la bomba atómica, pero Hitler se decidió por los cohetes como alternativa (que solo sirvieron para aterrorizar a la población londinense) ya que la tecnología nuclear estaba en mantillas en Alemania.

Tanto el primer tomo como el segundo destacan por la dinámica redacción, el ritmo endiablado, la riqueza de aportaciones documentales y personales testificativas, la bien fundamentada descripción de los escenarios y los contextos y circunstancias de los hechos narrados. Pero el lector no debe esperar revelaciones espectaculares sobre aspectos que aún hoy siguen encerrados bajo el manto del enigma o de las hipótesis novelescas, aunque disfrute de un acopio documental en muchos casos más exacto y pertinente respecto a lo ya publicado desde el fin de la guerra. Como no se cansa de repetir  Holland, los hechos se ven de distinta manera cuando reflejas la "economía material" de los contendientes:  “Es entonces cuando te das cuenta que Alemania no estaba preparada para la guerra. No tenía acceso al Atlántico, no tenía colonias o reservas de petróleo, ni acero ni reservas de comida suficiente… Los estadounidenses y los británicos tenían recursos de sobra y ganaron el conflicto construyendo tanques y armamentos las 24 horas del día todos las semanas del año”.

En el segundo tomo, "El contraataque aliado", éstos toman la iniciativa bélica y los enfrentamientos adquieren un sesgo distinto, Dunkerque queda en la memoria como un incomprensible fallo de Hitler y la entrada de Rusia y Estados Unidos  en el escenario dará la vuelta a la situación y acelerará la derrota nazi. Aqui Holland desmonta con argumentos la creencia que estimaba Rusia (a partir de la Operación Barbarroja)  como la clave de esa derrota y propone otros escenarios como elementos decisivos en el cambio de sesgo de la guerra, como la batalla del Atlántico con la derrota de los submarinos alemanes (tras el desciframiento de la máquina Enigma y el avance tecnológico en radares) y la campaña del norte de Africa que infligió un daño irreparable a la moral militar nazi.

Nuevamente Holland echa mano de un apabullante muestrario de personal militar y civil, testigos y participantes en los hechos, cuyos testimonios dan una riqueza y amenidad a la narración que por sí mismas elevan el valor de estos volúmenes de meros libros de historia a documentales en los que se nos ofrece el contexto humano, social, económico y civil, de hechos históricos bien conocidos que quedan insertos en una visión panorámica más completa y ganan en complejidad y poder informativo.

Pero también se nos ofrecen elementos de juicio que elevan el interés que nos produce el texto de Holland, como las indecisiones de Montgomery en el norte de Africa que permitió huir y reorganizarse a los nazis bajo el mando de Rommel, aunque éste acabaría siendo derrotado. O las fluctuaciones en la batalla del Atlántico con los U-Boote alemanes y las reticencias norteamericanas a coordinar el modo de lucha. Aspecto que cambiaría radicalmente por varios motivos, la tecnología de comunicaciones cifradas y los radares, unido a la producción asombrosa norteamericana de material y embarcaciones (los barcos Liberty como ejemplo, que se construían en pocos días cada unidad).

Al terminar la lectura de estos libros, uno se percata de que en las guerras la primera víctima es la verdad y el arma principal es la falsa información, los fake news, los mitos, las exageraciones interesadas y muchas veces la falta de sentido común y el exceso de ego militar o político. ¿Simplicidad?  No. Pura lógica operacional tal como la define Holland: "los medios y la logística necesarios para lograr que la estrategia y la táctica consigan sus objetivos". Ni Alemania era la invencible némesis de los ejércitos, ni Inglaterra era una figura desdeñable y solitaria, ni los aliados supieron oponer un frente coherente y ajustado. Los egos de algunos generales y políticos aliados entorpecieron e hicieron peligrar la derrota de los nazis que, afortunadamente, también estaban sobrados de egos, con el ego patológico de Hitler en primer término (debería analizarse hasta qué punto la vanidad mesiánica de Hitler no fue una ayuda inapreciable para la victoria aliada). Habrá que esperar  el tercer tomo.

FICHAS

EL AUGE DE ALEMANIA.- James Holland.-La II GM en occidente, 1939-1941.- 885 págs. Trad. Emilio Muñiz.- Ed. Ático de los libros.- ISBN 9788416222629

EL CONTRAATAQUE  ALIADO.- La II GM en occidente, 1941-1943.- James Holland.-Trad. Joan Eloi Roca.- 928 págs. Ed. Ático de los Libos.- 39,90 euros.- ISBN 9788417743017

 

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30 junio 2019 7 30 /06 /junio /2019 16:23

El noruego Edvard Moser recibió el premio Nobel de Fisiología por su participación en la localización del GPS biológico que los seres humanos tienen en la red neuronal de la corteza entorrinal del cerebro. Parece ser que todos nacemos con un complejo sistema de navegación (aunque las diferencias en su calidad depende, como es lógico suponer, del uso que hacemos de él y de otros factores como la salud cerebral, el entorno en que vivimos y el género de actividades a las que nos dedicamos. La entrevista que se publica en las páginas científicas de una revista incide en el poder de almacenamiento de información del cerebro humano (casi 100.000 millones de neuronas, cada una con 10.000 conexiones con otras). Tras mencionar la esencial ayuda que la Inteligencia Artificial (IA) ofrece en el análisis de datos y la facultad de aprendizaje automático (machine learning) de los ordenadores (aquí se desliza una frase que ya nos pone en guardia), Moser dice "a menudo más allá de nuestra comprensión".

El periodista no parece captar ninguna alarma y pregunta cómo debemos afrontar el vertiginoso desarrollo de la IA. Moser, responde: "La IA realiza muchas tareas, antes exclusivas de los humanos, de una forma más rápida y perfecta, como reconocimiento de rostros o objetos y creación y percepción del lenguaje". Y añade: "La pregunta que tenemos que hacernos...es si las máquinas conseguirán la inteligencia general que les permita ser capaces de tomar sus propias decisiones. Obviamente, esto plantea problemas éticos: debemos estudiar los límites y cómo establecerlos antes de que la IA tome las decisiones por nosotros"

Y aquí se plantea una curiosa disyuntiva: está claro que el estudio de los límites está en manos de los científicos. Pero el cómo establecerlos, y cuándo, está en manos de los políticos y de sus congéneres en la sombra, los líderes financieros (ambos a su vez dominan el brazo armado de las naciones, los militares). Como decía Graham Greene, el "factor humano" es la incógnita en cualquier ecuación política, económica, social o conflictual. Y ese es el factor más inestable, imprevisible y letal del planeta. ¿Schopenhauer, Nietzsche o Voltaire volverían los ojos esperanzados hacia la IA? Quizá un escenario distópico tipo Huxley, Wells o "Matrix" esté esperándonos en una cercana encrucijada global: cuando alguien decida permitir que la IA siga su marcha hacia el poder de decidir en lugar de los humanos. O al contrario, decida limitar ese poder a temas operativos. Aquí planteamos una cuestión de ética, pero también de supervivencia.- ALBERTO DIAZ RUEDA

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17 junio 2019 1 17 /06 /junio /2019 09:58

Zygmunt Bauman, sociólogo polaco que falleció en enero de 2017, se hizo sumamente popular por la desnuda brillantez de su crítica rotunda al modelo de sociedad en que vivimos y, sobre todo, en la amenazante y progresiva degradación que ese modelo comporta. La originalidad de este pensador estriba en su uso del término "líquido", una definición compleja de estado, aplicada al modo de vida, el amor, la economía y otras actividades sociales y humanas (en muchos casos rozando conceptos filosóficos de Russell, Marcuse, Althusser, Habermas, Adorno, Fromm y Huxley entre otros).

Para Bauman vivimos en una sociedad posmoderna que tiene características "líquidas"  ya que en ella "las condiciones de actuación de sus miembros cambian antes de que las formas de actuar se consoliden en unos hábitos y en una rutina determinadas". Ese tipo de sociedad refuerza constantemente un estilo de vida incapaz de mantener una forma o un modo de vivir determinados durante mucho tiempo. Como escribe Bauman "los logros individuales --en esta sociedad moderna líquida- no pueden solidificarse en bienes duraderos porque los activos se convierten en pasivos y las capacidades en discapacidades en un abrir y cerrar de ojos". ¿Dónde nos va a llevar esto? Bauman  tiene la honestidad de afirmar "ninguna estimación de la evolución futura de esta sociedad líquida y sus individuos poder ser considerada plena y verdaderamente fiables", ya que "la extrapolación de hechos del pasado con el objeto de predecir tendencias futuras no deja de ser una práctica cada vez más arriesgada y ....engañosa".

¿Por qué es así? Basta que observen como en poco tiempo estamos más destinados a que nuestras posesiones, nuestros valores, nuestras actitudes, se escapen entre los dedos como si fuera agua. No hay ningún futuro certero, concreto, fiable, la celeridad de los cambios impide que nada se solidifique, ya que todos los futuros que puedan darse, serán reinventados una y otra vez en un bucle que no acaba nunca. Bauman nos muestra un mundo de desasosiego, de crisis vital, en el que nos da una visión diferente de lo que estamos viviendo. ¿Cuál es el propósito? Hacernos pensar en nuestra vida personal, en lo que está sucediendo, y en cómo vivir en relación con una sociedad, un mundo, una cultura que nos lleva justamente a perder nuestra identidad. 

En un mundo en el que la inmediatez, lo perecedero, es  lo que prima (cosa que aceptamos con la mayor inconsciencia) es preciso reflexionar, buscar, informarnos para poder entender el tipo de mundo que se nos presenta y tal vez hallar un estilo de vida que pueda minimizar los impactos negativos de la "vida líquida", un mundo de consumo, en el que aquello que consumimos está destinado a cambiar y desaparecer en poco tiempo. Y afirma: "...la vida líquida es una vida precaria y vivida en condiciones de incertidumbre constante"

En la actual Postmodernidad las personas pasan a ser regidas a un nivel planetario quedando el Estado reducido a ser un simple subalterno del mercado. Y en esta época socio histórica "la vida líquida consiste en la imposibilidad de solidificar los esfuerzos de la persona en algo tangible, esto es, el hombre postmoderno verá como su trabajo, sus amistades o su pareja están sometidos a procesos ininterrumpidos de cambio que no puede prever, ni siquiera alcanzar a entender".  Vivimos acosados por las dudas y la inseguridad, incluso en el ámbito del consumo regido por la obsolescencia programa de los productos y las novedades continuas de objetos sustitutorios con una vida efímera (observad los móviles).

Toda producto tiene fecha de caducidad. Hasta nosotros o nuestra vida de relación social o sentimental (facilidad para deshacer una relación amorosa que ya no nos aporta la necesaria dosis pasajera de felicidad).

No es fácil leer a Bauman. Pero sí es sumamente sugerente y tanto sus diagnosis como sus proyecciones son tan interesantes como  alarmantes, ya que ayuda a entender el mundo en el que vivimos. Como cuando nos habla del aglutinamiento paulatino de riqueza en muy pocas manos o la progresiva influencia de lo privado sobre lo público. "En las últimas décadas vemos como los espacios públicos (parques) en las ciudades se van sustituyendo cada vez más por espacios privados (centros comerciales)".  También, cómo no, nos habla de la "influencia que todo este proceso ha tenido en la educación con su vertiginosa obsolescencia y su rápida privatización".

Este libro, que no llega  a ser un texto científico,  tampoco es un texto de divulgación, su lectura es exigente y sólida, aunque no nos agobia, si nos exige atención. Y una curiosidad: se trata de un texto publicado en 2005, creo. Su aterradora vigencia dice mucho en favor de Bauman y muy poco en favor de la inteligencia social humana del siglo XXI. Como cuando nos alerta analizando la sociedad norteamericana en unos términos extrapolables casi en su totalidad a nuestras democracias europeas:"...esa impotencia del electorado producida por la ignorancia, la incredulidad general en la eficacia del disenso frente al poder y la no implicación en la política, son capitales políticos necesitados y muy bien recibidos bien por un gobierno impaciente por librarse de las constricciones que una democracia más fuerte impuso sobre sus dirigentes. La dominación a través de una ignorancia y una incertidumbre deliberadamente cultivadas resulta más potente y económica que un gobierno fundamentado sobre un debate de los hechos y un esfuerzo persistente de acuerdo sobre la verdad y las formas menos arriesgadas  de proceder." Y termina con un diagnóstico certero: La ignorancia política se perpetúa a sí misma y junto con la inactividad da los medios con el que trenzar la cuerda que ata a la democracia de pies y manos. Por tanto, "necesitamos la educación permanente para tener opciones entre las que elegir. Pero la necesitamos aún más para promover las condiciones que permitan que esa elección esté a nuestro alcance y dentro de nuestras posibilidades".

 

FICHA

VIDA LIQUIDA.-Zygmunt Bauman.-Trad. Albino Santos.-Ed. Austral.-206 págs. ISBN 9788408040958

 

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14 junio 2019 5 14 /06 /junio /2019 09:30

Hacía tiempo que no disfrutaba tanto con un libro de historia de la filosofía como con "Tiempo de magos" del filósofo y periodista Wolfram Eilenberger que ha logrado la hazaña de escribir una especie de "Vidas Paralelas" no sobre emperadores o filósofos romanos y griegos, sino con grandes filósofos de nuestro ayer más cercano, la por él bautizada "gran década de la filosofía", de 1919 a 1929. Diez años prodigiosos en los que las vidas y los acontecimientos personales e intelectuales de cuatro pensadores de primera fila, Ludwig Wittgenstein, Walter Benjamin, Martin Heiddegger y Ernst Cassirer, marcaron de una forma indeleble, decisiva, la especulación filosófica, social y científica de todo el siglo XX y se extiende sobre el XXI.

La gracia del libro estriba en la habilidad con la que el autor va engarzando las vidas de estos cuatro hombres,con sus penurias, vacilaciones, contradicciones, logros e ideas, tejiendo un tapiz que tiene la virtud de mostrar de una forma sencilla y atractiva los entrecruzamientos de los cuatro. No sólo en el entorno geográfico y político social a los que pertenecen por vivir en la misma época y países cercanos entre sí, sino en la esencia conceptual de sus ideas, todas ellas  (quizá con la excepción del muy ortodoxo Cassirer), de tan difícil sustantación y definibilidad que resulta una hazaña intelectual hacerlas digeribles al lector. Como elementos hábiles de hacer amena la lectura, Eilenberger escoge anécdotas vitales -muchas de ellas bastante poco conocidas- que van perfilando las figuras de estos pensadores tan controvertido como Heiddegger,  tan contradictorio y desdichado como Benjamin, o el difícil trato con el autista genial y no menos desdichado, Wittgenstein.

Destaco la anécdota del examen de doctorado de Wittgenstein en la Universidad de Cambrige en 1929, ante un tribunal formado por los filósofos Bertrand Russell y G.E. Moore, entre otros. Un cuarentón Wittgenstein que sólo había publicado una obra (que nadie había entendido) y que trabajaba como maestro de escuela tras haber rechazado su herencia, una fortuna extraordinaria, se presenta ante el tribunal, se niega a dar demasiadas explicaciones de sus ideas y ante sus asombrados jueces se levanta, da unos golpecitos amistosos en los hombros a Russell y Moore y les espeta: "No se preocupen, sé que jamás lo entenderán". Evidentemente fue aprobado. No por la soberbia un poco cómoda y excesiva de la frase sino porque todos los examinadores de forma unánime sabían que estaban ante un genio irrefutable.

Los cuatro pensadores analizados en este libro son altamente creativos, impertinentes y revolucionarios. Forman una extraña conjunción mágica del pensamiento especulativo. Son centroeuropeos, tres alemanes y un austríaco y han vivido una época convulsa con la  República de Weimar, la I Guerra Mundial, la llegada del nazismo y la II Guerra mundial. Nuestro autor va intercalando las cuatro historias separadas en capítulos donde de forma simpática e ilustrativa nos define las posturas y actividades de sus biografiados. Por ejemplo empieza en 1919, el año en que "el doctor Benjamin huye de su padre, el subteniente Wittgenstein comete un suicidio económico, el profesor auxiliar Heidegger abandona la fe y monsieur Cassirer trabaja en el tranvía para inspirarse".

Los cuatro pensadores parecen buscar una respuesta adecuada y moderna a la pregunta de Kant, ¿Qué es el hombre"  y llegar en su análisis a muy distintas conclusiones. Y es aquí en lo que Eilenberger logra su mejor acierto: hacernos inteligibles las difíciles ideas y planteamientos del oscuro Heiddeger, del místico Wittgenstein o del brillante pero enigmático Benjamin y, por supuesto, del olvidado Cassirer que tuvo la genialidad apenas reconocida de usar el lenguaje y los símbolos para dar su versión de lo que es la naturaleza humana.

Nos dice brillantemente Eilenberg: "Era previsible que la vieja pregunta de Kant acerca del hombre condujera, según se asumiera la respuesta de Cassirer o la de Heidegger, a dos ideales completamente opuestos de evolución cultural y política, tomar partido por una humanidad con iguales derechos formada por todos los seres que utilizan los signos [Cassirer] se oponía al coraje elitista de ser auténtico [Heidegger]; la esperanza de una domesticación civilizadora de las profundas angustias del hombre se enfrentaba a la exigencia de exponerse radicalmente a ellas; el compromiso con el pluralismo y la diversidad de las formas culturales contradecía el presentimiento de una inevitable pérdida de la individualidad en esa sobreabundancia; la continuidad moderadora se oponía a una voluntad de ruptura total y de nuevo comienzo".

Desde el  Tractatus logico-philosophicus, de Wittgenstein, a La filosofía de las formas simbólicas, de Cassirer, o el "Ser y tiempo" de Heidegger, o las ideas dinámicas aunque caóticas de Benjamin, son convertidas por nuestro autor en las raíces nutricias de la filosofía del siglo XX. Y lo explica en una entrevista: “Los cuatro son los padres fundadores de las escuelas que aún dominan la discusión: Heidegger, del existencialismo, la hermenéutica y la deconstrucción; Benjamin, de la teoría crítica y la Escuela de Fráncfort. Wittgenstein, de la filosofía analítica. Y creo que los estudios culturales no serían lo mismo sin Cassirer”.

Es este un libro apasionante no sólo para los estudiantes y lectores de filosofía, sino para cualquier lector que sienta curiosidad por la historia de las ideas  que han modificado y condicionado el siglo en el que vivimos.

FICHA

TIEMPO DE MAGOS.- Wolfram Eilenberger- Tra. Joaquín Chamorro.- Ed. Taurus.- 383 págs.- 22,90 EUROS.- ISBN 9788430622085

 

 

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10 junio 2019 1 10 /06 /junio /2019 09:10

Uno de los grandes problemas de nuestro país, en esta hora precisa, es el de la educación. El desbarajuste político se refleja en un caos de procedimientos, sistemas, programas y propuestas (casi diez leyes de educación se han barajado entre PP y PSOE en la época "democrática"). Parece como si la estructura educativa desde el instituto a la universidad obedeciera las cambiantes mareas de la cosa política y con cada cambio de Gobierno se afanara el partido de turno en cambiar las cosas (y nunca para bien) y proponer e implementar cambios educativos de calado o superficiales que desconciertan al personal y nos van relegando en los análisis internacionales a los lugares más bajos de las clasificaciones de calidad educativa. Lo mismo pasa con la cultura y sus instituciones: el partido ganador trae su propia cantera de gentes a las que emplear y con ideas de renovación y cambio que casi nunca añaden algo cualitativo a lo ya existente, cambian y desbaratan los trabajos hechos o por realizar del anterior equipo. 

La educación parece ser una cuestión de segundo orden para los políticos. Kant nos decía: "El hombre solo puede ser hombre por la educación. No es nada más que lo que la educación hace de él". Y dirigido a las autoridades universitarias de Königsberg en el curso 1765-1766 proponía en su oferta del trabajo a realizar: "Al alumno no hay que transportarle sino dirigirle, si es que tenemos la intención de que en el futuro sea capaz de caminar por sí mismo: no se debe enseñar pensamiento, sino enseñar a pensar".

¿No va siendo hora de que se acuda a los pactos de Estado? ¿Hace falta una situación apocalíptica para que pueblo, políticos y banderías se unan en un esfuerzo común por resolver los problemas? La educación y la cultura, no son temas accesorios. Es la base, el humus, donde florecen y crecen, o no, las condiciones básicas para un futuro basado en el progreso, la libertad, la ciencia, la seguridad y la paz. En esas cuestiones capitales no deberían intervenir las ideologías que son, en palabras de J.L.Pardo, "las coartadas perfectas para que no tengamos que pensar...un catecismo donde se nos dice lo que hay que pensar para ahorrarnos ese ejercicio que tal vez nos llevara a no reconocer tal ideología como algo cercano a nosotros: toda ideología es pereza y simpatía". Por encima de ellas a la hora de entrar en la educación y la cultura debería primar siempre el mérito y la excelencia y no el nepotismo cultural (y en definitiva, lo que parecen olvidar los políticos, el progreso de un pueblo atontado en gran parte por los medios más o menos manipulados y la tecnología absorbente de los móviles e internet).- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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