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3 abril 2011 7 03 /04 /abril /2011 13:40

Érase un país que quería progresar y decidió apostar por el gasto irresponsable, por vivir por encima de las posibilidades, por insuflar gas a burbujas lujosas, desde la inmobiliaria a la del automóvil o la suntuosidad del despilfarro innecesario, en vacaciones a plazos o electrodomésticos de última generación. Los bancos amparaban el dislate y ellos mismos se lanzaron al enriquecimiento feroz, excesos de primas a sus ejecutivos, incontención en gestión de recursos, en inversiones millonarias, en codicia en el préstamo fácil, y a todo ello sumando malas prácticas públicas y privadas y corrupción generalizada en la relación mutuamente beneficiosa con una  parte de la clase política, también enfocada en el despilfarro.

Así pues el escenario estaba preparado para que interviniera la dura contundencia de la realidad, tan obstinada como la ley de la gravedad con los objetos que caen: una burbuja inmobiliaria absolutamente demencial, endeudamiento de las familias con créditos muy superiores a lo que eran capaces de pagar, los bancos atrapados por la mezcla de la mala gestión, la barra libre de créditos, la corrupción y las ampliaciones exageradas de volumen empresarial, más una clase financiera absolutamente irresponsable, jaleada por las agencias de rating. En 2008 se produce en Estados Unidos el colapso de Lehman Brothers y el pistoletazo de salida a la crisis que aún cabalga apocalipticamente por todo occidente. ¿Quién es responsable de esa crisis? Por supuesto los ciudadanos lo son en parte, no en vano se dejaron engañar por la supuestas facilidades crediticias. Pero ¿ quién montó el engaño, además de los políticos que debieron ser más cautos y no dejarse también atraer por el dinero fácil, la plata dulce que decían los argentinos antes de sucumbir a los corralitos y regresar casi a la edad media económica? Pues justamente los bancos y la clase financiera. Esos que ahora creen haber superado el bache y vuelven a hablar de beneficios para repartir, bonus, sueldos millonarios, incentivos. Ayudados por las agencias de calificación, tipo Woody's (lobo feroz de los Gobiernos en apuros, léase Portugal, Irlanda o nosotros, sin ir más lejos)  que cuanto más se equivoquen  y más problemas  y ruina causen, más ganan, mejores dividendos reparten entre sus analistas ejecutivos y más alta es su calificación. Y todo ello a pesar de que una institución tan respetable como el Congreso de los Estados Unidos ha dicho al respecto de la actual crisis "Concluimos que los fallos de las agencias de calificación creditica fueron engranajes esenciales en la maquinaria de la destrucción financiera". No logro entender por qué no se controla desde la ONU o el Banco Mundial u otra instancia internacional  sus actividades y sus intereses espurios.

¿Adivinan cómo se llama ese país de fábula tan inmerso en una crisis como la esbozada? ¿España? Pues sí, también, pero no. No escribo hoy de España, sino de Islandia. ¿Por qué? Por una razón esencial, que marca la diferencia entre España e Islandia. Los islandeses han  exigido responsabilidades  penales a algunos de sus banqueros, financieros  y políticos y los hacen corresponsables de la mayoría de los desafueros cometidos en esos círculos de poder. Además han creado nuevos controles para evitar que pueda volver a suceder una debacle semejante y exigen una mayor profesionalidad a la función bacaria. La cárcel podría alojar  a algunos de esos delincuentes de camisa de seda. Pues por eso querría ser islandés.

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28 marzo 2011 1 28 /03 /marzo /2011 19:31

No es una ficha más del dominó revolucionario árabe. No es Libia, donde Gadafi lucha una guerra imposible contra su propio pueblo, ni Egipto, ni Túnez, ni por supuesto Yemen, Argelia, Marruecos o Jordania. Es Siria, de la que Kissinger, el célebre secretario de Estado de Richard Nixon, dijo hace casi cuatro décadas, "en la región más conflictiva del mundo -–Israel-Libano-Arabia Saudí-Irak- Irán y Siria— no se puede hacer la guerra sin contar con Egipto, ni se puede lograr la paz sin contar con Siria". La región sigue siendo la más conflictiva, semilla de todos los males que acongojan al siglo XXI, desde el terrorismo islámico exportado al resto del mundo, hasta la permanente inseguridad contagiosa que rodea la mera existencia del estado de Israel y las amenazas iraníes. Egipto ya no es la llave de ninguna amenaza bélica, pero Siria sigue siendo una pieza esencial en el damero político de toda esa zona.

150-3456000-http___d_yimg_com_i_ng_ne_efe_20110328_15_21579.jpgCuando el pasado día 15 se declaró el "día de la ira" en Siria, una protesta convocada a través de Facebook, en la que los sirios se unían a las revueltas de los países cercanos y exigían cambios políticos y económicos en un país dominado por una minoría alauita, la familia del desaparecido Hafez el Asad, ahora dirigida por uno de sus hijos, Bashar el Asad y el partido Baas (Partido Socialista de la revolución árabe), la noticia –y el desarrollo sangriento posterior de las protestas—alarmaron a las cancillerías de todo occidente, empezando por Estados Unidos, y pusieron en alerta roja a Israel.

En el poder desde 1963 (fecha que empezó el estado de excepción, hasta hoy mismo) los baasistas se aliaron con la minoría alauí, rama del chiismo (un 11% de la población siria), hasta el golpe de estado de 1970 que llevó al poder a el Asad, quien gobernaría sujetando con mano de hierro a la mayoría suní del país (un 70%), con el apoyo y la simpatía del Irak de Sadam Hussein (también del Baas) y el Irán del ayatollah Jomeiny y sucesores.

Más de un centenar de muertos repartidos por ciudades como Deraa (donde empezó la represión), Tafas, Latakia o el mismo Damasco, están poniendo al régimen de Bachar el Asad contra las cuerdas y alarmando a todos los países de occidente y a los que comparten el destino sirio por la fuerte implantación del régimen en sus existencias. Me refiero evidentemente a Libano, cuya historia está imbricada de manera intensa con los sirios, una presencia militar permanente en el país mediterráneo desde 1991. Siria está también tras Hezbolá (organización chií financiada por Irán) poder actual dominante en Libano y tras Hamás. Este papel clave en la política de oriente Medio lo ha mantenido Siria desde hace décadas, moviendo sus piezas con astucia y sin comprometerse realmente con nadie (incluso estaría dispuesta a acercarse a Israel si éste le devolviera los altos del Golán, la estratégica región que les fue arrebatada en la guerra de 1967).

¿Qué efecto podría tener en todo el avispero de la zona si cayera el régimen de la familia El Assad, un régimen de poder tribal basado en el poder y la corrupción (aunque no tan elevados como en Tunez o en Egipto).? La señora Clinton ha dejado las cosas muy claras. No confundan a Siria con los otros países árabes sometidos a las revoluciones populares, ha insinuado. "Ni pensar en intervenciones militares como las de Libia". Hasta Israel, enemigo acérrimo de loos Assad, que vería con buenos ojos la caída del eje Teherán-Beirut-Damasco, en realidad no parece preferir que el régimen baasista caiga. Suena un poco a aquello que también dijo Kissinger (aunque refiriéndose a América Latina): "es un hijo de puta, si, pero es nuestro hijo de puta". Cuestión de intereses no de principios.

Todo el sistema policial de seguridad y el Ejército, están en manos de la minoría alauí, con el apoyo de otras minorías como los drusos y los cristianos, mientras el dinero y las empresas importantes, lo están de la burguesía suní, que ha prosperado tras las privatizaciones de los últimos años. Bachar el Asad está tratando de repartir más esa riqueza, aumenta los salarios de los funcionarios, insinúa cambios políticos y trata de minimizar el reguero de muertos echando la culpa a "bandas armadas extranjeras disfrazadas de soldados y policías", prometiendo investigaciones y castigos.

La situación no es fácil de resolver. Si sigue la represión y las víctimas, pueda estallar la bomba. Si cede, deberá medir las concesiones o a la larga también se hundirá. Y los manifestantes tienen un refugio en las mezquitas (de hecho un enorme número de muertos fue en un ataque a la mezquita Al Omari, en Damasco) lo que pone los pelos de punta a todos los países que contemplan con inquietud como se desmorona el centro neurálgico del avispero de Oriente Medio. El pragmatismo del régimen sirio que oscila a su conveniencia de un lado para el otro, sunies o chiitas, palestinos o israelíes, resulta preferible a un régimen islámico más en la zona (con Irán afilando sus uñas). Difícil problema.

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22 marzo 2011 2 22 /03 /marzo /2011 10:14

En japonés hay un verbo "gambarimasu" que significa más o menos "perseverar en el trabajo, dar lo mejor de cada uno en beneficio de los demás". Desde el viernes 11 de marzo, a partir de las 14,46 horas (hora japonesa), es uno de los verbos más utilizados en esas islas, en el conjunto social de un país sometido a un terremoto de magnitud 9 en la escala de Richter, un tsunami apocalíptico a continuación y a partir del sábado 15, a las 15,36 horas tras la explosión del reactor 2 de la central nuclear de Fukushima, una alerta total por posibles irradiaciones radiactivas en una secuencia progresivamente destructiva que ha afectado a tres reactores más y en uno de ellos, el 4, un posible desastre de fusión nuclear que podría invadir la atmósfera con una carga letal de consecuencias imprevisibles. Más de 8.000 muertos y de 2.000 heridos, 12.000 desaparecidos y 600.000 evacuados, por el momento, en un desastre que parece tener una capacidad demoníaca de auto superación.

Pues bien en este escenario de una brutalidad que anonada, los japoneses aplican el "gambarimasu" sin cesar, se atienen a una disciplina ordenada, llena de entereza, hacen colas para recibir ayuda, se muestran solidarios entre ellos, no hay casos de pillaje o saqueos, ni de pánico o caos, los comerciantes siguen manteniendo los mismos precios en sus productos, ayudan a los soldados y funcionarios que tratan de ordenar el rescate de personas, la evacuación de ancianos y niños, la recogida de cadáveres, el reparto de alimentos y agua…en una actitud social que es el asombro internacional.5528927106_a55b04fc29.jpg

Parece como si el espíritu del "bushido", los principios del código ético del samurái, que es una de las razones de la recuperación japonesa tras el desastre de la II Guerra Mundial, un entramado de reglas en las que el afán de servicio, la honestidad, el sentido del honor, la disciplina, el respeto al otro y a la jerarquía, el trabajo como servicio (influencia también del confucionismo), se hubieran activado. Y eso produce ejemplos tan radiantes como el caso de esos 50 operarios, técnicos, ingenieros y bomberos que se quedaron, no sabemos si voluntariamente, pero no me sorprendería, en los reactores dañados tras el tsunami y las explosiones de hidrógeno, para ir bombeando de cualquier manera agua de mar para evitar que la falta de refrigeración agravara el desastre nuclear previsible. A esos 50 se añadieron otras personas más hasta conformar un grupo de 180 héroes cuyo trabajo quizá en estos momentos esté evitando ese holocausto y cuya salud estará gravemente afectada.

Un ejemplo envidiable el de este pueblo sometido a un triple castigo de una dureza impresionante. Lástima que el gobierno de Naotu Kan y los líderes políticos en general se escuden quizá en ese "silencio, disimulo y cortesía ante los problemas, de cara al público" e informan poco y mal o, se produzcan casos de estupidez malsana, como el gobernador de Tokio, Shintaro Ishihara, que se atrevió a decir que el tsunami "es un castigo divino". No dan la talla.

Fukushima, Tree Mille Islands (Harrisburg, 1979), Chernobil (Ucrania 1986) (sin contar, claro está, Hirsohima y Nagasaki), muestran la cara menos amable de la cuestión nuclear. Pero ese es un debate que, por respeto a Japón, deberíamos aplazar para cuando nuestra ayuda al sufrido pueblo japonés ya no sea necesaria. Mientras tanto, "Gambaru Nihon", es decir, "ánimo Japón, da lo mejor de ti, persevera en esa actitud valiente y responsable". Ojalá nos enseñes a hacerlo. El mundo lo necesita (y nosotros, perdónenme, en particular).

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15 marzo 2011 2 15 /03 /marzo /2011 08:35

Aunque no lo crea, lector, esto nos afecta a todos. Afectará el poder adquisitivo de sus euros, quizá a su empleo, a los precios y a sus deudas. Lea y tiemble después de haber leído, como decía La Codorniz. El jueves pasado, la agencia de calificación Moody’s rebajó en un peldaño la solvencia de la deuda española, desde AA1 a AA2, pues asegura que la recapitalización de las cajas de ahorro costará al menos 50.000 millones, anticipándose en unas horas a un informe del Banco de España (una entidad bastante fiable internacionalmente por la seriedad de sus apreciaciones) que estimaba que el fondo que necesitaba ese sector de la banca española como garantía para su recuperación era de muchísimo menos, 15.143 millones. Por su parte, la agencia Fitch, lo cifró en 38.000 millones. ¿Cuáles son los baremos, los análisis, las estimaciones en las que se basan Moody’s o Fitch, para emitir un dictamen de futuro que tiene tan graves consecuencias sobre un país y, en definitiva, sus ciudadanos? No se sabe, no se contesta. Un inversor serio e imparcial que analizara las fuentes del Banco de España y las comparara con las de Moody’s, seguramente se asombraría de la diferencia cualitativa que existe a favor del Banco español.

 Moody’s fue creada a comienzos del siglo XX y su ámbito de actuación era el mercado de bonos financieros norteamericano. A partir de los 50 comenzó a expandirse junto con el colonialismo económico y cultural de la gran potencia. En este siglo, más de cien países dependen de su humor (siempre interesado) y sus decisiones (no siempre interesantes y acertadas, caso Canadá y la crisis asiática en los 90 o las subprime y bonos basura hace unos años y otros asuntos poco claros que ahora no recuerdo). Estas firmas de rating trabajan en la calificación de la fiabilidad de entidades comerciales y gubernamentales. Estas calificaciones que son reflejadas por un código de tres letras no siempre son acertadas, alguna vez están amañadas o desvirtuadas, siempre obedecen a intereses financieros, comerciales o políticos de difícil categorización. Tres A mayúsculas, es la calificación de máxima seguridad, mínimo riesgo, para un Gobierno o una entidad (en los setenta la triple A era una organización terrorista de extrema derecha, -la Alianza Anticomunista Argentina-qué cómica coincidencia).

La importancia y supuesta credibilidad de esta agencia hace que un simple anuncio sobre una rebaja futura o real de su calificación provoca un gran impacto político y económico, hace tambalear las Bolsas, sacude los Gobiernos y entierra a las entidades (o las salva). Y para complicar las cosas no está solo ella en el ámbito financiero de occidente, también meten su cuchara en el puchero revuelto Fitch Ratings y Standard& Poor’s. En octubre de 2010 se apeó a España de su triple A, el reconocimiento a la seriedad de los cambios que estaba haciendo el Gobierno (con bastante pesar de la sociedad española, que es quien suele pagar los platos rotos y la cuenta) con lo que agudiza por contagio la falta de confianza en el sistema monetario europeo y encarece la financiación de la deuda. No soy un experto en economía, desde luego, pero llevo muchas décadas analizando cuestiones que atañen a la política internacional y los problemas de macropolítica financiera y económica no me son ajenos. La experiencia me dicta que en estos casos de oscura racionalidad, recuerde la tragedia de Eurípides, Medea, cuando tras viéndose forzada ésta a asesinar a sus hijos, exclama en su defensa: "Quid prodest scelus, is fecit". Es decir: "Aquel al que favorece el crimen es quien lo ha cometido". Pues eso, cuando leo las actuaciones de Moody’s, y de las otras agencias me pregunto lo mismo siguiendo a Medea, ¿a quién favorecen las calificaciones negativas –a veces también las positivas que no son realistas- de estas agencias de opinión con tan poderosos efectos?

 En tiempos de euforia económica no se apuren, avalarán las aventuras financieras (con resultados a veces devastadores) y en tiempo de penuria se ensañan con los países más débiles y afectados. En el caso de España, en plena sequía crediticia, las decisiones y opiniones de Moody´s podrían favorecer la especulación de ciertos fondos y retardar gravosamente la recuperación española, debilitar el euro y afectar a países con dificultades más serias como Grecia, Portugal e Irlanda. ¿A quién favorece esa prepotencia calificadora de Moody’s? ¿Ciertos Gobiernos, grupos de presión, empresas especulativas? En vísperas de la reunión de ministros de economía de la UE y de la visita de la ministra Salgado a la reserva federal de Estados Unidos, la decisión –opinión- de Moody’s ha hecho un flaco favor a la economía española, ya que con peor rating la deuda será más cara y más difícil de refinanciar y se dificultará la concesión de créditos, eso sin mencionar en el daño a la confianza de los mercados en España. Y para ampliar la campaña de descrédito, la agencia ha rebajado también la solvencia de Cataluña (la peor nota de todas) Castilla-La Mancha, Murcia y Valencia y también la de la ciudad de Barcelona. Lo dicho, “Quid prodest?”.

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9 marzo 2011 3 09 /03 /marzo /2011 15:57

-GaddafiEn 1926, don Ramón del Valle Inclán dio a luz su novela “Tirano Banderas” donde nos muestra la faz de un tirano, un dictador cruel, codicioso e inhumano al que, harto de sus tropelías, acaba derrocando su pueblo. En 1993 Luis Garcia Sanchez estrena una película sobre la novela, con Gian Maria Volonté como protagonista. Al recordar el rostro impasible, duro, animalizado del dictador Banderas, me ha venido a la mente Muamar el Gadafi, el déspota libio atrincherado en Trípoli, imagen acartonada y brutal de todos los excesos del poder (con la tolerancia y el vasallaje, hasta hace muy poco, de los gobiernos de los países más “desarrollados” de occidente, para nuestra histórica vergüenza).

Los sátrapas del poder absoluto, de la brutalidad omnímoda, han florecido en la historia como las setas venenosas. Y la literatura, espejo de la vida, se ha hecho eco de esas personalidades patológicas en las que toda crueldad y abuso están presentes.  A bote pronto uno recuerda a Roa Bastos y a su “Yo, el Supremo”, “El otoño del patriarca” de García Márquez, “La fiesta del chivo” de Vargas Llosa, “El recurso del método”  y “El reino de este mundo” de Alejo Carpentier, los retratos esbozados por Carlos Fuentes en “Terra Nostra”, “El señor presidente” de Miguel Ángel Asturias, “La novela de Perón” de Tomás Eloy Martínez, “Autobiografía del general Franco” del gran Manolo Vázquez Montalbán, “Dinossauri excelentíssimo” (sobre Salazar) de José Cardoso Pires, “El General” de Severo Sarduy o “La brizna de paja en el viento” de Rómulo Gallegos… Y esto solo con personajes que hablan castellano o portugués. No abundemos en los que desde el terror y la vergüenza han narrado vidas semejantes a las de Amin, Mubarak, Ben Alí, Stalin, Hitler, Mussolini, los sanguinarios tiranos africanos, asiáticos, chinos…

Juan Goytisolo se preguntaba en un artículo reciente sobre el proceso mental de uno de esos especímenes a la hora de la caída, del derrocamiento, de su muerte por la furia vindicativa de su propio pueblo.

Yo creo que la emoción más poderosa que debe atenazar esos cerebros (alguno brillante, aunque herido por la maldad) es la sorpresa, la punzante sensación de “injusticia”, la de “inocencia” vejada, el despecho, la incredulidad, el ansia de venganza sobre los desagradecidos súbditos... Les puede parecer increíble, pero posiblemente se acerca a la realidad.

 

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7 marzo 2011 1 07 /03 /marzo /2011 19:21

En 1973 el director Richard Fleischer elaboró una película que había de convertirse en un clásico de la mal llamada ciencia-ficción: “Soylent Green”, interpretada por Charlton Heston. Nos narraba una terrible historia ambientada en un futuro lejano entonces (2022) pero no tanto para nosotros. Transcurría en la ciudad de Nueva York azotada por una sobrepoblación angustiosa, escasez de alimentos, contaminación atmosférica y un cambio climático brutal, ausencia  de agua, sequía permanente, violencia social y falta de vivienda, de materias primas, y de empleo, toda una humanidad en estado de miseria bajo un estado omnipotente, férreo, policial, corrupto, incapaz de aliviar las necesidades, ocupado en la represión interna y la protección de una minoría poderosa –la cleptocracia de unos pocos, sustentada por las fuerzas del orden compradas a bajo precio y un funcionariado con algunos privilegios- que vive en los protegidos guettos amurallados.

Dejando a un lado las evidentes exageraciones literarias y pidiendo disculpas al lector por el tono apocalíptico, déjenme apuntarles ciertos hechos y datos muy actuales que evocan una lamentable familiaridad con la ficción que les he narrado.

Estamos en un momento crítico en el que el petróleo está en límites históricos de alza de precios y el BCE habla de subir los tipos de interés  para combatir la inflación (que produce ese aumento energético, vinculado a la geopolítica en Oriente Medio y Africa del norte) con lo que podemos apostar que la recuperación económica en países con problemas como España se frenará e incluso retrocederá. Además los alimentos se han encarecido y vivimos épocas de desajuste climático que llevan desde la pertinaz sequía a las inundaciones de proporciones bíblicas en Australia, por ejemplo, y otros países.

  mahatma-gandhi

¿Cuál es la situación general?  Estamos en medio de una crisis alimentaria mundial (la segunda desde 2006), otra de materias primas, una tercera energética y  otra de exceso de población (7.000 millones de habitantes del planeta, más del doble de personas que pisaban la tierra en los  “felices sesenta”). El mundo está alcanzando límites globales en el uso y abuso de recursos, el régimen de crecimiento de los países emergentes China, India y algunos de África, llega al 7% contra el 2% de los países desarrollados: en menos de 20 años se duplicará el crecimiento  (y el gasto subsiguiente) y está demostrado que, si no ponemos remedio, el planeta que nos sustenta no podrá, físicamente, tolerar ese crecimiento. Mientras tanto el cambio climático (tan manipulado como el lobo del pastor bromista, que acaba siendo profético, “que viene el lobo”),  inexistente para muchos,  está mostrando obstinadamente sus garras: sequías (como la de la antigua Unión Soviética y partes de China que están propiciando una crisis del trigo o, mucho más cerca, la que pone en peligro las cosechas de cereales de Aragón)  e inundaciones, como las de Brasil y Australia. Todo lo anterior está provocando un encarecimiento constante del precio de los alimentos (encarecimiento en torno al 30 % en 2010). Según un informe de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) en enero se alcanzó un máximo histórico en los precios alimentarios, por séptimo mes consecutivo. “Nos encontramos en los límites más altos desde que la FAO empezó a controlar los precios de los alimentos en 1990”, dice el informe.

Hace unas semanas llamé “la revolución del pan” a las revueltas árabes desde Túnez a Egipto en esta columna, otros la adjetivan “de la dignidad” o “de los jóvenes 2.0”. En realidad estamos hablando de lo mismo. El pan, el hambre, el empleo que compra ese pan, la dignidad del empleo y del pan ganado, no robado o donado.  La pregunta del millón no es por qué se han producido esas revueltas, sino por qué precisamente ahora.

Decía Gandhi que la Tierra tiene  suficientes recursos para alimentar a todos sus habitantes, pero no lo suficiente para satisfacer la avaricia de todos. Y este es el problema: no sabemos poner límites a la avaricia de unos pocos frente a la necesidad de la mayoría. Esto es lo que alimenta la desesperación y justifica la revolución. El primer mandamiento del siglo XXI es aprender – y enseñar - a combatir la codicia humana con el ejercicio de la cooperación. Y solo lo haremos cuando comprendamos que la barca que se hunde es la nuestra, la de todos, aunque nos creamos a salvo. Sin ánimo de ser agoreros, ¿estamos seguros que el desquiciado mundo de “Soylent Green” es sólo una ficción sin fundamento?

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1 marzo 2011 2 01 /03 /marzo /2011 15:07

Woody Allen definía la comedia como la ecuación entre la tragedia y el tiempo. La comedia del garrotazo, la tarta en la cara y los caídas chistosas, los fantoches ridículos y los malos grotescos ridiculizados, es el resultado del tiempo aplicado a una realidad nada risueña, plagada de sangre, dolor, lágrimas y humillaciones.

El viernes pasado la 2 de TVE emitió un documental histórico de Frank Capra, el célebre director norteamericano de comedias, en el que bajo pedido del Gobierno de los EE.UU. se trataba de convencer a los militares del país de las razones que justificaban la entrada de Washington en la Segunda Guerra Mundial en Europa. En la película se nos mostraban archivos de imágenes de gestos, actitudes públicas y discursos de Mussolini, Hitler y los jerifaltes del Japón imperialista. Me sorprendí tratando de evitar las carcajadas. Pero el contexto era ominoso. Lo cómico nacía de la distancia y de la seguridad de saber que habían sido enviados al muladar de la historia.

A continuación del documental, en un telediario de esos que, por otra parte, te llenan de nostalgia ante los desaparecidos de Canal Plus y la CNN, se dedicaban bastantes minutos (no los suficientes) al apocalíptico y ridículo discurso de Gadafi, el autopretendido sucesor de Nasser y pseudo lider revolucionario del tercer mundo, desde la martirizada Trípoli, asegurando que sería el último mártir de la revolución de la yamahiriya, . Al contemplar su acartonado rostro, los cabellos ensortijados al mejor estilo Michael Jackson, la grosera bastedad de sus rasgos y sobre todo el contenido lamentable de su discurso deshilvanado y matonesco, comprendí el nexo de unión que le convertía en un hermano de clase de Hitler, Mussolini, Ceausescu, Idi Amin, y en primo hermano de Franco, Salazar, Mubarak o Ben Alí y pariente lejano pero íntimo de los dictadores de opereta y novela del castigado cono sur de America Latina.-Gaddafi.jpg

Chaplin en "El gran dictador" nos ofreció la clave del problema: esos fantoches del poder son verdaderos paradigmas de la Sombra, arquetipos del mal enrocados en las mas bajas pasiones y vicios de los seres humanos. Sólo el miedo, la represión y la fuerza bruta mantienen cerrada la opción del ridículo, el humor y la burla que cualquiera de esos payasos sangrientos provocaría en una sociedad más sana y más libre. Lo cierto de este razonamiento histórico nos lo garantiza la historia, el simple paso del tiempo.

Cuando las dictaduras caen, la de Túnez, la de Mubarak en Egipto, la próxima de Gaddafi, las que fueron en España o Portugal, en la Alemania nazi, en la Italia fascista, entre el ruido y la furia, aparecen los primeros vestigios del ridículo: la simple narración de los auténticas razones de tal existencia: el robo, la codicia, el poder absoluto como permiso para todo, el desprecio hacia el individuo, la humillación como síntoma de una enfermnedad del alma y la mente…todo encarnado en personajes de dudosa humanidad que siempre adolecen de histrionismo ridículo (los entorchados, los absurdos uniformes, capas y hopalandas carnavalescas llevadas con ánimo litúrgico) con gestos que nos harían silbar en un patio de butacas y discursos que podrían citarse en clases de psicopatología. Cleptócratas sanguinarios, de escasas luces en su mayoría, llenos de complejos sin resolver y de cuentas pendientes, uno se pregunta en definitiva en qué diablos estamos pensando cuando permitimos que seres así se conviertan en salvadores de la patria y defensores del ciudadano, siendo como es, obvio, que son justamente lo contrario.

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13 febrero 2011 7 13 /02 /febrero /2011 14:01

Estamos igualados con  Portugal y sólo un peldaño bajo Malta, pequeño país que ostenta el índice más alto de abandono escolar prematuro (un 36,8% sobre el 31,2% español). La media de la UE es de 14,4 %.

La sonrojante estadística refleja una de las causas a su vez de la altísima cifra de jóvenes parados o con subempleos de supervivencia. ¿Tan difícil es ver la dura realidad que estamos propiciando por múltiples razones (entre ellas el descuido social y una educación equivocada) y que perfilará el escenario socioeconómico de nuestro país en los próximos años? ¿Cuál es el proceso encadenado de causas y consecuencias al que estamos abocados?  Los ciudadanos con baja formación tienen un riesgo de pobreza altísimo (cuatro veces mayor a los titulados en FP o universitarios) y generan un enorme gasto  para el Estado que acabará alterando la política de subsidios por desempleo, simplemente por agotamiento económico. Al tiempo, la tónica de nuestra época es la exigencia cada vez mayor de una cualificación media o alta para cubrir los empleos (un 85% de todas las demandas según la Comisión europea).bibliotecas.jpg

No es preciso ser el agorero de tertulias de tele5 o el chistoso de turno en Intereconomía, para comprender que si no variamos estas tendencias --que la sociedad comienza a considerar un signo de los tiempos, cuando no es más que el resultado de la vaciedad de valores éticos de nuestra educación de niños y jóvenes-- el futuro de España como nación fuerte y socialmente equilibrada está en el alero de lo imposible. Y seguirá siendo así mientras se contabilice el dinero que se dedica a educación como un gasto en vez de hacerlo como una inversión de las más rentables que se puede permitir una nación.

Un estudio europeo de prospectiva social ha cuantificado durante 40 años de la vida de un individuo, en un millón de euros el gasto o también la falta de ganancia y el recurso a la ayuda pública, que le va a suponer el abandono temprano de los  estudios. Eso sin cuantificar las consecuencias negativas personales, psicológicas o sociales, que en uno u otro momento la falta de estudios y de cultura va a suponer en la vida del individuo. Realmente ¿saben los jóvenes lo que se están jugando cuando abandonan los libros?

¿Cuál es la situación aqui y ahora? La respuesta está en el tirón de orejas que la UE ha dado a España a causa de los recortes del gasto educativo. En este año el Estado y las Comunidades autónomas reducirán 1800 millones de euros las partidas destinadas a educación. Con esta reducción se frenan las medidas y recomendaciones que la UE ha hecho a España para paliar el problema.

Si extrapolamos esta reflexión a nuestra tierra, quizá sea el momento de dar un toque de atención a nuestros políticos. Se acaban de aprobar los presupuestos comarcales (4,7 millones de euros) que aunque un 16 % menor de los fondos disponibles en 2010, con la inyección de ayudas para el Plan de Desarrollo Sostenible, se debería seguir apoyando --e incluso crear-- las actividades culturales e iniciativas de mentalización social educativas que, al nivel comarcal, palíen de alguna forma ese déficit educacional que amenaza a nuestros jóvenes. Y eso desde la promoción de la lectura y la familiarización con los libros, la cultura del teatro, el cine, la música, la formación en técnicas informáticas, hasta la promoción de los valores y principios éticos de la sociedad y el individuo. Charlas, conferencias, programas de radio y televisión con ambición cultural específica, encuentros, talleres de lectura, sociedades de defensa del paisaje, la naturaleza y el medio ambiente, promoción de técnicas de relajación y disciplinas meditativas...hay tanto por hacer, tanto que enseñar, tanto que compartir...

Decía el filósofo francés Alain Finkielkraut que "no hay ninguna garantía de que leer nos haga mejores", pero suele haber muchas más pruebas de que no leer y no estudiar nos hace más pobres...de sentimientos, de oportunidades, de comprensión, de proyectos, de ambiciones, de realismo y de ilusión. Cultivarnos (en cultura) mejora sustancialmente nuestro currículo laboral y nuestra vida. Mire a su alrededor y reflexione.

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6 febrero 2011 7 06 /02 /febrero /2011 18:15

Uno de  los últimos fenómenos editoriales del vecino país, Francia, no es una novela con modos de best seller, ni lo último del premio Nobel, ni la osadía de un joven autor que se pone de moda en los elitistas círculos literarios de la heterodoxia, no. El éxito que asombra a propios y extraños es obra de un anciano de 93 años, ex miembro de la resistencia contra la ocupación nazi (de los de verdad, no los fraudulentos), tiene una extensión de 32 páginas y el estilo, modo y maneras de un panfleto político de los que hacían furor en los “felices” setenta. Se titula Indigned vous!, cuesta tres euros y va dirigido a los jóvenes, a los que alecciona con contundencia pidiéndoles que digan 'basta' a la dejadez y la comodidad, a la aceptación de actitudes, comportamientos y modas sociales que preconizan el “¿para qué protestar?”, los “no vale la pena” y el socorrido “mientras llegue a fin de mes, lo demás no me concierne”.  Detrás de esa filosofía a la que se le endosa el epígrafe derrotista de “posibilismo” está la enmascarada pero visible y creciente tendencia social a aceptar la injusticia y la merma de las libertades como un “signo de los tiempos” y “algo inevitable”.

Ese “basta ya” que aconseja el autor del opúsculo, Stéphane Hessel, podría parecer una muestra más del buenismo retórico de la izquierda, que pone bellas palabras para adormecer la conciencia de la acción adecuada, si no estuviera avalado por los hechos revolucionarios y  espontáneos recientes en países tradicionalmente “atrasados” en materias sociales y políticas, como los del Mogreb. Ese “indignaos” de Hessel ha tenido su materialización inesperada y sorprendente en la revolución “del jazmín” que desde Túnez ha prendido como un reguero de pólvora en Egipto, Libia, Yemen, Arabia Saudí, Argelia y Marruecos, desbordando los límites del Magreb. Y así lo que empezó con una revuelta por el pan se ha transformado instantáneamente en una revolución social por la justicia y la libertad.

Decía Quevedo que las revoluciones sociales se hacen “por el huevo,  no por el fuero”. Pero en estos tiempos ya sabemos que empiezan por el “huevo” y terminan por el fuero. Es decir por el rechazo a una situación social insostenible en la que el fuero, la ley y el poder, avalaban y mantenían injustamente (por medio de la corrupción y la represión) a la falta  de “huevo”, es decir el trabajo y la justicia que permiten que el ser humano tenga cubiertas, mínimamente al menos,  la supervivencia y el disfrute de una vida digna. ¿Y qué es lo que hizo posible la gestión y el nacimiento del poder social de indignarse y decir basta? Pues una forma subsidiaria de “cultura”, la de los conocimientos y extensión de uso de los medios de la red social, internet, facebook, twitter, los iphone, los móviles, el youtube, las webs de información más o menos libre.

¿No les parece obvia la imbricación, las relaciones de causa-efecto, entre los elementos básicos cuya defensa apunta Hessel y todos los sujetos que deseen realmente la mejora de la situación social de los más desfavorecidos?

Y ese escenario se repite no sólo en el mal llamado Tercer Mundo, sino en los países industrializados, en los del club de los más ricos y poderosos, en los del círculo del euro. En todos, de manera más o menos evidente y notoria, se dan las circunstancias, muy enmascaradas por un supuesto bienestar económico y social egipto.jpgque, poco a poco, ya no es tal bienestar. Aquí mismo, basta con analizar la situación de los jóvenes, incluso la mayoría de los muy bien preparados, para ver cómo la desidia y corrupción políticas, la incuria de los que mantienen las estructuras financieras y bancarias y un pueblo cada vez menos culturalizado y más adormecido por unos usos sociales que premian la inmediatez de la ganancia, la falta de esfuerzo y una cultura de lo ramplón y lo escandaloso (véanse  muchos  programas de televisión y los personajes que encumbran ) agravan la crisis,  en lugar de proponer y exigir unas medidas que procuren una formación adecuada, unos salarios justos y una filosofía del esfuerzo y el trabajo.

No se trata de pedir a los jóvenes, a la sociedad, que se indigne. La indignación por sí sola no da para mucho. Es flor de un día y de un gesto. Pidamos una educación eficiente, una educación social basada en principios éticos, una educación familiar e individual en la que vuelva a estar de moda el respeto, la urbanidad, la conciencia de que a los derechos exigibles se contraponen los deberes correspondientes. Y eso sería una gran revolución. Y entonces,  si no se dan los pasos adecuados, ¡indígnense y salgan a la calle!

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25 enero 2011 2 25 /01 /enero /2011 09:54

En 1973 salía un libro en inglés "For bread alone" traducción del gran Paul Bowles, el escritor inglés afincado en Marruecos, que años más tarde, en los 80, se publicaría en español y francés con el título "El pan desnudo". Estaba escrito por un joven marroquí natural del Riff, Mohamed Chukri, obligado a inmigrar de su aldea en las montañas a Tánger empujado por la desesperación y el hambre. En esos años se produciría una famosa "revuelta del pan" en la que la población más humilde del reino de Marruecos vencía su ancestral temor al régimen dictatorial del rey Hassan II y se echaba a las calles en protesta por la subida del precio del pan, cuando no lo habían hecho por otros motivos de tipo político o social.

Pues bien, de alguna manera, la revolución popular que ha terminado con el poder omnímodo del sátrapa Ben Alí en Túnez es, en el fondo, otra insurrección contra la falta del "pan", no como tal producto sino como símbolo de lo esencial, el respeto a la dignidad de la persona en Túnez, la falta demoledora de esperanza de una sociedad precaria atenazada entre el paro y la corrupción. La cleptocracia del régimen de Ben Alí (por cierto piropeado como "modélico" hace muy poco por el director general del FMI, Strauss-Khan) esquilmaba el país hasta límites grotescos, cosa no ignorada por Europa. La muerte del joven de 23 años Mohamed Buazizi, un licenciado en paro que se quemó a lo bonzo en protesta por la situación en que vivía él y miles de jóvenes semejantes, el pasado 17 de diciembre, fue el detonante,  no la razón única. La ola de indignación popular que provocó esa muerte fue estimulada y extendida por los internautas que clamaban por tomar las calles. Los tunecinos estaban hartos de la agobiante corrupción del gobierno, cuya cabeza más visible era la mujer del presidente y su familia, los Trabelsi; de la violencia represiva que mantenían los dirigentes y militantes del partido oficialista RCD, una milicia de matones impunes, más la ejercida por la policía y gendarmería, garantes del poder de Ben Alí, una máquina efectiva de delaciones y represión. Y en el fondo, un ejército debilitado a propósito que se mantenía al margen.

Pues bien, por un fenómeno espectacular, una suerte de revolución de a pie, o quizá diríamos mejor una revolución de blogs, móviles, internet, hombres y mujeres mantenían y avivaban la revuelta a base de Twitter, Facebook o Youtube. En 23 días el pueblo tunecino ha terminado con 23 años de dictadura, 5372660708_4b4aa6707a.jpgque se extiende desde Burguiba a Ben Alí. En la trastienda del hecho, el escenario es ocupado por la revuelta del pueblo en las calles, en parte conducida a posteriori por los cuadros y militantes sindicalistas de la UGT (Union General Tunecina de Trabajadores), el apoyo larvado del Ejército y una cierta implicación en la sombra de la embajada de EE.UU.  jugando la carta del cambio hacia una presunta democracia y sobre todo para debilitar el papel de Francia en la zona (cuya miopía diplomática es un asombro para los observadores).

Pero es el ciudadano desnudo, el hombre y la mujer de la calle, el auténtico protagonista de un cambio generado por un fenómeno espectacular: la superación del miedo. De vez en cuando en la historia se produce ese fenómeno en poblaciones sojuzgadas por el terror, la violencia y la miseria.  Ese "ya no podemos más" que genera el "basta ya" y es la semilla de una libertad ansiada. El problema es lo que ocurre después. Quién y cómo manipula la derrota del poder para arrogárselo de inmediato.  La posibilidad de contagio es tremenda dada la naturaleza de los regímenes árabes vecinos, desde Marruecos y Argelia hasta Libia o Egipto (donde comienza a extenderse el virus de la protesta ciudadana).  Vivimos otro ejemplo semejante a la "revolución de los claveles" en Portugal, la caida del muro de Berlin o la del Sha, o las de los regímenes corruptos y sanguinarios en todos los continentes, desde los años 60. En el fondo de todo está el "pan desnudo", la falta de lo esencial y la calle levantada en gritos y manifestaciones, aunque sea contra tanques y esbirros armados. El arma más poderosa es el ansia de pan y justicia. El problema es quién se apropia con la bandera de la rebelión y saca partido de ella. Y en el Magreb el islamismo acecha...

 

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