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12 febrero 2020 3 12 /02 /febrero /2020 12:48

En homenaje a Steiner, fallecido en febrero de 2020, publico esta reseña escrita el pasado año.

El maestro George Steiner (nacido en Paris en 1929 y a punto de cumplir 90 años) es uno de los pensadores más lúcidos y complejos  del siglo XX y aún colea en el actual aunque ya, a sus 89 años, no se prodiga tanto (no hace muchos meses reseñamos una suerte de ensayos semi biográficos que me llamaron la atención por su consistencia y su osadía conceptual) debido a su perfecta y resistente mala salud. Filósofo contestatario en todo momento, autor incansable, figura discutida e impertinente en  Princeton, Stanford, Ginebra o Cambridge. Steiner es hijo de judíos vieneses refugiados del nazismo en París y luego en  Nueva York y mantiene una curiosa no-práctica del judaísmo que resulta muy combativa y también crítica. Con mucho humor e ironía define al judío como un hombre que lee los libros con un lápiz en la mano porque piensa que los puede escribir mejor. En 2001 recibió el premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades donde se resaltaba su talante polémico y su defensa de lo universal y global contra los nacionalismos y las fronteras, no en vano es un políglota que domina inglés, francés, alemán e italiano, sin contar las "leguas muertas" (tan rabiosamente vivas en la cultura occidental, el latín y el griego).

 

Desde los presocráticos a Celan, el repaso de la cultura de Occidente que nos ofrece Steiner es de una erudición y una amenidad sobresalientes. La sagacidad intelectual de este autor nos lleva a disfrutar de la magia literaria que emanaba de algunos filósofos, como Hegel con su dialéctica amo-esclavo (una metáfora literaria con valor de símbolo), la visión compleja y humanísima que nos ofrece Platon de Sócrates, la fuerza creativa literaria de Marx, la profundidad filosófica y psicológica de Dostoievsky o Tolstoi. Es la suya una erudición amigable, vivida y experimentada en persona. Se lee  sus obras como si se tratara de una charla privilegiada con un erudito sin vanidad y dotado de claridad y osadía crítica.
"El silencio de los libros", publicado en 2005 en la revista "Esprit" y por Siruela en 2011 (con el añadido de un enjundioso trabajo breve de Michel Crépu sobre la lectura "Ese vicio todavía impune") hace un corto pero jugoso recorrido sobre la historia del libro partiendo provocativamente del predominio de la oralidad en la cultura tradicional  ("la oralidad aspira a la verdad, a la honradez de corregirse uno mismo, a la democracia") y de la superioridad de la música como lenguaje fundamental para comunicar sentimientos y significados ("la mayor parte de la Humanidad no lee libros, pero canta y danza").
 Steiner da un zurriagazo (merecido) a la enseñanza actual donde se desdeña la oralidad -principal origen de la lectura: al principio, en la edad media, se leía siempre en voz alta y se aprendían los textos para ser recitados para un público iletrado- y se sacrifica la memoria (sustituyen el saber de memoria...por un caleidoscopio de saberes siempre efímeros". No podía faltar un sopapo (también merecido) a la Iglesia católica "cuya historia sangrienta de censura de libros y destrucción física de libros y autores recorre como un ardiente hilo rojo toda la historia del catolicismo romano".
Nos recuerda las corrientes contestatarías que enfrentan cultura libresca con el vitalismo y la naturaleza, desde Rousseau a Goethe hasta Emerson o Wordsworth (" el hálito de un bosque en primavera vale mucho más que toda la erudición libresca"), Blake, Thoreau o D.H. Lawrence. Y también la vertiente "pastoral" que razona sobre la cuestión "de qué sirven los libros a la humanidad  doliente" (y más adelante sobre la cultísima Alemania en la que triunfa el salvajismo irracional de los nazis). O la barbarie de todas las censuras que llevan a las hogueras a los libros y a menudo a sus autores (como profetizó Heine en 1821) y se extienden hasta nuestros días (desde las "listas" de McCarthy hasta el incendio de la biblioteca de Sarajevo).
Hay mucho pesimismo en las visiones apocalípticas del libro que tiene Steiner, pero también algo de sana hipocresía, ya que ante el deseo de leer y el aumento de posibilidades de lectura, Steiner acaba repitiendo los versos de Cátulo, "Oh, Musa, déjanos vivir un siglo o dos más".
Ese pesimismo profético que parece anatematizar el futuro de los libros y del que nuestro octogenario nos da muestra, está muy lejos de concretarse en una amenaza real (de momento). Su nuestro informadísimo ensayista insistiera un poco más )o simplemente actualizara su texto) vería que el libro impreso goza de una extraordinaria mala salud. Cierto que han desaparecido librerías emblemáticas, pero por doquier nacen y se reproducen pequeñas librerías que parecen mantener muy vivo el fuego eterno.  Así sea.
 
FICHA
EL SILENCIO DE LOS LIBROS.- George Steiner.- Trad. María Condor.- Ed. Siruela. 84 págs.  ISBN 9788498414257
 

 

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8 febrero 2020 6 08 /02 /febrero /2020 11:08

A punto de cumplir los 91 años, el profesor George Steiner, ha fallecido en su residencia de Cambridge el día 3 de febrero de este año 2020. Paradigma del intelectual europeo, ensayista, filósofo, crítico y teórico de la historia de la literatura, con una educación profunda en inglés, francés y alemán, ha escrito un gran número de libros, infinidad de artículos y fue un conferenciante ágil y lúcido. Siempre le he leído con interés y aprovechamiento. En homenaje a su memoria volveré a actualizar antiguos artículos míos sobre sus obras y añadiré mis últimas lecturas. 

Leer este libro, en realidad transcripción de un diálogo radiofónico mantenido por George Steiner con el periodista Antoine Spire en 1997 , es un placer pleno de sugerencias y revelaciones inteligentes. El nonagenario ensayista se mantiene tan vivaz hoy como en el momento de la entrevista y se expresa con una contundencia y claridad  de un joven. La charla repasa y valora los agónicos acontecimientos del atroz siglo XX: las dos guerras mundiales, los totalitarismos, los gulags, los campos de la muerte nazis. El análisis se hace bajo un denominador común, una cultura, la europea, que antes de 1914 ofrecía una visión optimista de progreso y paz gracias al optimismo de la razón que nos habían legado los grandes de la Ilustración desde los siglos precedentes. Pero los logros y sueños de los ilustrados no pudieron evitar la eclosión de la barbarie hasta unos límites jamás vividos por la humanidad.

Son once capítulos breves y de estilo coloquial donde Spire, uno de los mejores periodistas culturales de finales de siglo, no se corta un pelo en preguntar con incisivo descaro a un Steiner que da en todo momento la muestra de su talento, su portentosa cultura y su legendaria contundencia y a veces mal genio (hay un momento durante las entrevistas en que le espeta a Spire que le deje hablar o da por terminada la sesión). El primer capítulo "Premonición del padre" nos ofrece interesantes datos sobre los años de formación de Steiner, hijo de judíos, cuya familia huye a Francia y Estados Unidos para escapar de Hitler, lo que supuso para Steiner dominar tres lenguas con lo que favoreció una característica del pensador que siempre ha valorado: sentirse verdaderamente cosmopolita, en el auténtico sentido griego de la palabra: ciudadano del planeta.

En otros capítulos se debaten cuestiones como la presencia o muerte de Dios y las consecuencias filosóficas y literarias de esa ausencia. Excelentes las consideraciones de Steiner sobre Heiddeger ("el más grande de los pensadores y el más pequeño de los hombres") y Hanna Arendt (donde el joven entrevistador se muestra menos comprensivo que Steiner), sobre el  discutible Sartre; el "club del que no se dimite" (es decir el ser judío); su repudio a ciertas formas de "cultura" popular como el rap o el heavy metal y, en fin, a un cierto agostamiento de la imaginación humana y la narrativa (cosa rechazada con vehemencia por Spire), un pesimismo sobre la humanidad que Steiner objetiviza en la labor corrosiva del fundamentalismo.

El fenómeno de la cultura (donde Spire acusa a Steiner de elitismo y este se defiende haciendo un democrático homenaje a la indefinición del término "alta cultura" expresando que a nadie se le puede imponer el gusto por lo que como tal se considera (Platón,Mozart, Bach, Shakespeare  o Cervantes) y asegura: "¿Con qué derecho puede uno obligar a un ser humano a alzar el listón de sus gozos y sus gustos? Yo sostengo que ser profesor es arrogarse este derecho"

FICHA
George Steiner en diálogo con Antoine Spire, La barbarie de la ignorancia, Taller-y traducción de Mario Muchnik, Madrid 1999.

 

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29 enero 2020 3 29 /01 /enero /2020 19:21

En estos tiempos en que cualquier cafre sin pizca de sentido común, ante micrófonos y cámaras,  opina sobre lo “insoportable” de cualquier tema político (casi siempre nacionalista)  y amenaza con la guerra como “solución”, llevaría al sujeto ante un juez que le condenara por un delito de lesa estupidez inconsciente. Y como castigo y escarmiento le haría leer en jornadas de ocho horas la novela de Henri Barbusse que recibió el Premio Goncourt el año de gracia de 1916, en plena I Guerra Mundial, la conflagración que “debía poner fin a todas las guerras”: “Le Feu” (“El Fuego, diario de un pelotón de infantería”). El lugar de lectura sería una réplica de una trinchera de la cruel y devastadora guerra, fiel reproducción de las originales: como describe Barbusse, un lugar donde todo hedor, suciedad, peligro, horror, angustia, temor y desolación tienen su asiento, un lugar infernal con barro hasta las rodillas, bombardeos continuos, asaltos a la bayoneta, disparos de francotiradores, hambre, ratas, piojos, despojos humanos, histeria, estupidez de los mandos, corrupción de la elite militar, sin pertrechos, suministros, armamento y munición escasos y órdenes suicidas: todo el asco y la desesperación humanas en un  espacio  estrecho, excavado en el barro a 1,50 m de altura,  repleto de hombres desnutridos y salvajes, luchando por la supervivencia como locos debatiéndose entre el ruido y la furia.

He leído “El fuego” de Henri Barbusse con el corazón en un puño. Y por esas coincidencias que Jung llamaba “sincronicidades” he leído en mis repasos diarios de prensa a varios, sí varios, individuos situados en el poder en diversos países, que proferían referencias irresponsables y necias sobre la “posibilidad” de entrar en una de las guerras que en muchas partes del mundo actual hacen antesala de la idiotez humana. Por favor, ustedes, los que detentan el poder, los que pueden tomar medidas, hagan una criba de semejantes botarates y enciérrenlos unos días en un escenario bélico como el que les he comentado. Que comprueben en persona lo que preconizan.

El Fuego, una de las novelas antibelicistas más notables de la historia de la literatura, es fruto de la experiencia personal del poeta, novelista y soldado de infantería en la Gran Guerra, Henri Barbusse. Galardonada con el Premio Goncourt, la novela obtuvo un gran éxito en su época, convirtiendo a su autor en un personaje de gran popularidad. Redactada con una brutalidad desconcertante, narra las vicisitudes de un grupo de soldados que soportan una guerra que no desean y que nada tienen que ganar con ella. Tras El Fuego, la obra de Barbusse estuvo guiada por motivos políticos y sociales. Fundador del movimiento y la revista Clarté (Claridad), su nombre estuvo vinculado a los intelectuales que reclamaban el fin de las guerras en un mundo más justo: Anatole France, Léon Blum, Francis Carco, Romain Rolland, Jules Romains, etc.En 1923 se afilió al Partido Comunista francés. Bolchevique contumaz, murió en un hospital moscovita en agosto de 1935. Una enorme muchedumbre acudió a recibir y acompañar el cadáver hasta el cementerio parisino del Père Lachaise.

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16 enero 2020 4 16 /01 /enero /2020 08:20

 En esta España de contubernios secretos y/o oscuros entre Don Dinero y Doña Política, uno no sabe nunca de manera fehaciente de dónde le viene el descalabro, hasta que lo sufre en propias carnes y ya resulta imposible volver atrás. Ese proyecto de parques eólicos en el Matarraña me malicio que viene de más lejos de lo que los papeles nos hacen pensar. Prefiero no creer que estén a punto de meternos un gol incluso antes de empezar el partido, con la aquiescencia y complicidad de algunos codiciosos o ingenuos mal informados, que sienten tintinear las doce monedas en sus bolsillos.

En el muy citado pero menos leído “Don Quijote” (cap.VIII, 1ªparte) el valeroso caballero tiene la “espantable y jamás imaginada aventura de los molinos de viento”. Allí Sancho, el fiel y sensato escudero, trata de detener a su señor que ya picaba espuelas a Rocinante para atacar con su lanza a los “gigantes”-molinos. “Mire vuestra merced –decía- que aquellos no son gigantes sino molinos de vientos”. La moraleja de la historia es que la realidad es tozuda, dura y desconsiderada. El molino derriba al caballero y lo deja muy malparado. Pero don Quijote sigue, en su interior, considerando que aquellos enormes seres de brazos giratorios eran reales y que el maligno sabio Frestón los cambió en molinos cuando se percató del ataque.

Pues bien, en el Matarraña, diría don Quijote (con la  venia de don Miguel) “Gigantes son que no molinos”. Abusemos un poco de la metáfora. El parque eólico, esos gigantescos Briareos, como los llama el caballero (buen conocedor de la mitología: Briareo es un hijo de Urano y Gea -la Tierra- y tenía cincuenta cabezas y cien brazos, lo cual le convierte en una excelente metáfora de las empresas financieras) tienen indudablemente su razón de ser y generan energía “limpia” pero a un coste ecológico y ambiental, paisajístico y territorial, del que existen estudios y pruebas sobre el terreno bastante preocupantes. ¿Más ecológico que el carbón y el petróleo y menos potencialmente peligroso que el nuclear? Por supuesto.

Pero parece probado que ocasiona daños en la fauna del lugar (en realidad la hace desaparecer en poco tiempo: pájaros y animales de montaña y bosque), en el paisaje y en el ambiente pacífico, equilibrado y de plena naturaleza que existe en los lugares donde se instalan las rumorosas y gigantescas palas rotatorias. Por lo tanto don Quijote tiene razón: esos presuntos molinos son gigantes dañinos disfrazados de molinos

Ya llevan meses los agentes de la empresa eólica, por lo visto, sondeando alcaldías ¿y políticos? de la zona. Se habla de 84 aerogeneradores en varios pueblos del Matarraña: La Portellada, Ráfales, La Fresneda, Fórnoles, Valdetormo, Mazaleón, Fabara, Valjunquera y Mella, divididos en cuatro parques. Aquí hay una evidente colusión entre intereses propios –legítimos sin duda- y los generales y comarcales –tan legítimos como los anteriores pero que conciernen a una visión de futuro de la Comarca entera. No sólo se trata del daño directo y bioambiental realizado al territorio o del agravio al sector turístico sino del principio ético que debería motivarnos a todos cuantos vivimos en esta tierra: no podemos vender por un plato de lentejas la obligación que tenemos de propiciar un futuro mejor que el presente que tenemos para nuestros descendientes. En una atmósfera global de desastre ambiental debemos apostar por soluciones energéticas lo menos dañinas posibles para con nuestro castigadísimo entorno. ¿Por qué no apostar por las placas solares?: hay páramos extensos en nuestra tierra en los que se podrían habilitar verdaderos escuadrones de esos captadores de sol, que darían energía barata a nuestros pueblos tan necesitados de ayudas. Y no conozco estudios contrarios a las placas en cuanto a su idoneidad ecológica.

Sirva este artículo a modo de aviso o advertencia. Hay a favor de la prudencia en la toma de decisiones una directriz comarcal ya desde 2008 y una “Carta del Paisaje” de 2010 que promueve “mejoras” y no mercadeos. Hablar de “pros” de ese infausto proyecto, citando inyecciones a presupuestos y arreglos de carreteras, suena a una muy conocida falacia poco democrática: la debilidad de presupuestos municipales y el estado de las carreteras son asuntos públicos que dependen de una Administración del estado que permite que eso suceda porque no quiere o no puede solventarlo. ¿Hemos de comprar a un precio ambiental de futuro el dinero que por ley nos debería llegar por sus cauces legales y administrativos? Esto es semejante a la compra de joyas arquitectónicas y artísticas por americanos adinerados en el siglo XIX y principios del XX, o por españoles de regiones más ricas en el pasado siglo. Dinero ilegal que raramente llegaba al pueblo sino que se embolsaban los caciques u otros prohombres políticos o religiosos de la época. No es este el  caso. Estamos hablando de decir adiós al sueño estético y ambiental de una “Provenza” aragonesa, un paisaje idílico y bello que comienza a ser conocido y apreciado en el resto de España.

Esto no es una cuestión de “referéndum” de vecinos sino de puro sentido común del equilibrio natural, la sostenibilidad y la filosofía ambiental, turística y de desarrollo de esta tierra. A los que sueñan con “dinero fresco” vendiendo lo que sea, les sugiero que paseen por los parques eólicos de la vecina Terra Alta y pregunten a la gente de esos pueblos si están satisfechos con lo que tienen y si han visto los “frutos” de esa tecnología invertidos en la propia tierra, después del primer pago.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

Escritor. Alcalde de Torre del Compte

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14 enero 2020 2 14 /01 /enero /2020 11:10

En estos tiempos en que cualquier cafre sin pizca de sentido común, ante micrófonos y cámaras,  opina sobre lo “insoportable” de cualquier tema político (casi siempre nacionalista)  y amenaza con una guerra como “solución” llevaría al sujeto ante un juez que le condenara por un delito de lesa estupidez inconsciente. Y como castigo y escarmiento le hiciera leer en jornadas de ocho horas la novela de Henri Barbusse que recibió el Premio Goncourt el año de gracia de 1916, en plena I Guerra Mundial, la conflagración que “debía poner fin a todas las guerras”: “Le Feu” (“El Fuego, diario de un pelotón de infantería”). Esa lectura debía ser complementada con “Tempestades de acero” de Ernst Jünger,  con “Abajo las armas” de Bertha von Suttner, “Sin  novedad en el frente” de Erich Maria Remarque y como postre “Adios a las armas”, la más floja de todas, pero con el sello Hemingway.

El lugar de lectura sería una réplica de una trinchera de la cruel y devastadora guerra, fiel reproducción de las originales: como describe Barbusse, un lugar donde todo hedor, suciedad, peligro, horror, angustia, temor y desolación tienen su asiento, un lugar infernal con barro hasta las rodillas, bombardeos continuos, asaltos a la bayoneta, disparos de francotiradoes, hambre, ratas, piojos, despojos humanos, histeria, estupidez de los mandos, corrupción de la elite militar, sin pertrechos, suministros, armamento y munición escasos y órdenes suicidas: todo el asco y la desesperación humanas en un  espacio  estrecho, excavado en el barro a 1,50 m de altura,  repleto de hombres desnutridos y salvajes, luchando por la supervivencia como locos debatiéndose entre el ruido y la furia.

He leído “El fuego” de Henri Barbusse con el corazón en un puño. Y por esas coincidencias que Jung llamaba “sincronicidades” he leído en mis repasos diarios de prensa a varios, sí varios, individuos situados en el poder en diversos países, que proferían referencias irresponsables y necias sobre la “posibilidad” de entrar en una de las guerras que en muchas partes del mundo actual hacen antesala de la idiotez humana. Por favor, ustedes, los que detentan el poder, los que pueden tomar medidas, hagan una criba de semejantes botarates y enciérrenlos unos días en un escenario bélico como el que les he comentado. Antibelicismo literario en vena y condiciones “reales” que reproduzcan el horror para su escarmiento. Sin llegar a herirlos, por supuesto, pero sometidos a los horrores ambientales y físicos de una trinchera de la primera –o la segunda- guerra mundial. O de Vietnam, algún país africano, Sarajevo… se puede escoger en todos los continentes. Que comprueben en persona lo que preconizan.

 

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1 enero 2020 3 01 /01 /enero /2020 10:21

 Va para diez años que he ido ensartando textos míos en el collar de Indra literario de la Librería Serret. Artículos sobre escritores y novelas, críticas literarias, filosofía y costumbrismo, espiritualidad y arte, senderismo y amor a la naturaleza, bajo dos constantes intensamente respetadas: el amor a los libros y el respeto al pensamiento crítico. Con una ética operativa esencial que concernía al respeto al Otro, sea quien fuera y a la honestidad de exposición. Hace algo más de un año iba dejando caer en el regazo virtual de esta web fraternal las migajas orientativas de mis "logoi", marcando quizá un camino en el bosque de los libros y del pensamiento que tiene que ver con esa ética a la que antes me refería. Pequeñas píldoras de pensamiento que planteaban un modesto punto de reflexión. Una de ellas es este texto que dedico a ese "milagro" cultural que ha sido la Librería Serret en esta comarca del Matarraña. Durante diez años he sido huésped bien tratado, mimado diría yo, de esta web y en ese tiempo no ha habido barrera ideológica, política, religiosa o social que no haya cuestionado y siempre me he sentido libre para hacerlo, desde el respeto por supuesto.  
Para mí, la Librería Serret ha sido un símbolo  de concordia, inquietud cultural y resonancia entre dos lenguas diferentes pero no necesariamente enfrentadas: el catalán y el castellano, dos ramas de un mismo árbol lingüístico. Es, si ustedes me apuran, el punto de confluencia enriquecedor: tanto monta, monta tanto. Dos lenguas unidas por un efecto de ósmosis, ¿qué sentido tiene imponer jerarquías donde sólo debería existir el placer etéreo de complementarse y apoyar el mutuo enriquecimiento? La cultura con mayúsculas no implica conflicto sino  suma; no división, sino multiplicación de efectos y frutos. Durante diez años he reseñado autores catalanes, castellanos, ingleses y americanos, franceses o portugueses e italianos, turcos o sudamericanos, australianos o japoneses, gallegos o vascos...a todos les une la literatura, el ensayo o la filosofía. Las traducciones son la cortesía de las editoriales, aunque cuando he podido he leído a franceses, portugueses, catalanes o gallegos en sus respetados y amados idiomas, con más dificultad a los ingleses...¿a alguno de ustedes se les ha ocurrido discriminar a un autor por el idioma en el que escribe? Si no conocen lo suficiente ese idioma, han recurrido a traducciones y no por ella han amado menos a esos autores, ¿no es cierto? No hay absurdo más hiriente que establecer jerarquías de valor entre los idiomas o basar el detritus de la mala política en banderías idiomáticas. Por eso se me antoja que la Librería Serret puede considerarse un símbolo de lo que defiendo: el amor por la cultura en sí, está por encima de cualquier evaluación político-social de las lenguas ( en este caso castellano y catalán, enfrentadas artificial y mezquinamente en recuerdo de épocas pasadas que afectaron por igual a unos y otros habitantes de este país). 
Octavio, amigo, vas a navegar por otros mares y harás diferentes singladuras, nada alejadas del mundo de la cultura. Te deseo buena fortuna y un éxito al menos tan generoso y elocuente como el que has obtenido con tu librería. Fraternidad de lenguas, hermanamiento cultural...¿por qué habría de parecer utópico pensar en que algún día viviremos una unión sin reticencias basada en la igualdad y el respeto? Tu lo has practicado desde hace muchos años...y somos legión los que te aplaudimos y apreciamos por ello. Hasta siempre, Librería Serret.

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25 diciembre 2019 3 25 /12 /diciembre /2019 20:25

Nuestro Quevedo lo decía de paladina manera: "Poderoso caballero es don Dinero" y aunque no podía ni siquiera soñar hasta dónde podía llegar las habituales redes de corrupción ni, por supuesto, que siglos más tarde se convertiría la cleptocracia de los poderosos en un "arte global" tan complejo y bien articulado "legalmente" que crearía un mundo paralelo global --  "en la sombra", "0nline", "virtual"--,  al mundo real, un país  literalmente utópico, es decir sin lugar físico, donde el dinero defraudado, robado o hecho desaparecer, permanecía fuera de control y circulación y seguro, a disposición de sus dueños, politicos dictatoriales, ladrones de guante blanco, defraudadores, cárteles de la droga, mafiosos. Hablamos de "Money Land", el país del dinero, donde van a parar trillones de dólares u otras monedas con un Banco Central detrás, más o menos serio. No tiene ninguna localización geográfica aunque suele emergen aquí o allá en los llamados paraísos fiscales. Es el gran club de los mega ricos, protegidos por grandes abogados y astutos economistas y respaldados de forma oficiosa por los grandes banqueros del mundo, dando la espalda generalmente al hecho  vinculado a esas grandes sumas de su procedencia dudosa y inmoral cuando no abiertamente delictiva y manchada con el sufrimiento, el hambre y la pobreza de millones de personas de los países esquilmados  por los que detentan el poder. Comprobamos con temor y temblor que nuestros adelantos técnicos no han servido para controlar esa escoria humana sino que les ha hecho más invulnerables, más codiciosos y desalmados y muchísimo más ricos. 

Bullough hace un trabajo asombroso y nos muestra a través de entrevistas -a veces rechazadas pero nunca justificadas éticamente- con banqueros y empresarios cómo el actual sistema financiero se ha convertido en un servicio que continuamente roza la ilegalidad y está a disposición de los que tienen el dinero, siguiendo el ejemplo de muchos políticos y gobernantes en todo el mundo. Es una red tan compleja, ambigua, poderosa e incontrolable como internet pero con un objetivo tejido de injusticia y corrupción. Y así nos vamos enterando del sistema perverso gracias al cual los recursos de muchos países, ya sea africanos , asiáticos o del este europeo (para no señalar más ejemplos cercanos) se transfieren desde determinados órganos o personas de poder político a lugares que "blanquean " el dinero, lo hacen "legal" y se invierte en países ricos. Bullough sugiere ciertos sistemas para desactivar ese proceso en algún punto de la cadena. Quizá en el ámbito de los compañías "offshore", de los fondos fiduciarios o de fideocomisos o de los paraísos fiscales con celoso secreto de identidades o muchas de esss 10 millones de empresas creadas como "hombres de paja", del pasado, escudos de anonimato hoy, para ocultar los haberes de miles de individuos pertenecientes a la "crème" de Money Land. Algo que como defiende "The Economist" "no es necesariamente ilegal" y "existen razones respetables" para algunas empresas que buscan países donde invertir. Esa es la paradoja: usar los huecos y carencias de las leyes para favorecer acciones y objetivos que no tendrían posibilidades con unas leyes más justas con los principios de igualdad, legalidad y contribución fiscal. Ya que, como dice este autor, "El dinero fluye libremente a través de las fronteras, pero las leyes no".

FICHA

MONEY LAND.-Oliver Bullough.- Trad.Joan Eloi Roca.- Principal de los Libros.-389 págs.

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20 diciembre 2019 5 20 /12 /diciembre /2019 18:29

Si ustedes creen que la novela costumbrista, crítica, satírica, sarcástica y virulenta de la época victoriana tiene sus más altos referentes en Thackeray y Dickens, Kingsley, Meredith o George Eliot, Lewis Carroll, Oscar Wilde o Stevenson, Wilkie Collins, las hermanas Brontë, Conan Doyle  o Samuel Butler -autores bastante traducidos al español- se sentirán algo alarmados con los criterios que animan a nuestras editoriales a traducir a autores del pasado, cuando lean a Anthony Trollope. ¿Por qué diablos a casi nadie se le ha ocurrido traducir antes  a este prolífico inglés victoriano? Ático de los Libros ha resuelto esa manifiesta injusticia literaria.Trollope, compuso casi medio centenar de novelas - sin contar los cuentos, biografías y libros de viajes-, vendió su arte durante medio siglo conun éxito envidiable y luego comenzó unos altibajos que no han cesado desde entonces a pesar de las versiones en cine, televisión y radio de sus obras. Aunque a fuer de verdadero, Trollope ha sido leído sin cesar por los británicos, incluso en nuestros días donde más de un  lector ha visto en su  "El mundo en que vivimos" una profecía de la situación económica y social que vivimos y sobre todo del desierto moral que la sustenta.

Como suele acontecer, los padres de Trollope dejaron una huella y una influencia en el devenir del escritor: desde su padre, abogado poco hábil y sin suerte que trajo la miseria a su familia hasta su madre, Frances,  emprendedora e imaginativa, que sacó a la familia de apuros gracias a su pasión por escribir novelas donde satirizaba el poder y las bases sociales impregnadas de mezquindad y deshonestidad. Ella sería la figura esencial que fructificaría en su tercer hijo, Anthony, marcando su futuro.  Empleado de Correos y casado y con dos hijos (ambos escritores más tarde) comenzó a escribir una serie de seis novelas, el llamado ciclo de las Crónicas de Barsetshire (que le permitieron dejar su empleo). La segunda serie que emprendió, los Palliser, muy críticas con la vida política, tuvieron mucho éxito aunque no le permitieron como deseaba, paradójicamente, entrar en la política.

El escritor demuestra un enorme sentido del humor satírico cuando es  capaz de definir un diario de su tiempo con estas palabras: "El diario desarrollaba sus tareas con un asombroso aire de omnisciencia, y a menudo adornado con una ignorancia a duras penas superada por su arrogancia". O esta otra aplicada a los "principios" de su editor: "Un periódico que desee prosperar jamás debe perder el espacio de sus columnas y agotar a  sus lectores elogiando nada. Las alabanzas son invariablemente aburridas".

Se la ha considerado una de las cien mejores novelas en lengua inglesa. Es, sin duda, un clásico de los que uno atesora en su mente y en su biblioteca. Por eso puede considerarse un ejemplo literario- reducido al ambiente victoriano ingles-  de lo que estamos viviendo en la actual situación económica mundial, regida como en la novela por la corrupción, la falta de ética y una codicia impresionante, narrado eso sí con una enorme solidez intelectual a la altura de su sentido del humor.

La corrupción financiera que denuncia Trollope está a la altura de un mundo social mezquino, inclemente y deshonesto en el que los intereses propios priman sobre cualquier otra consideración. Políticos, financieros, escritores o poetas, caballeros sin dote o muchachas casaderas sometidas al escrutinio económico, convertidas en elementos bursátiles. Todo descrito con una ironía elegante y un sarcasmo hiriente, ya sea en los entresijos de los pensamientos de los personajes y su inconcebible falta de moralidad o el vergonzante juego de sobornos, manipulaciones o engaños en el que damas y caballeros de todos los niveles plantean sus ofrecimientos al mejor postor. Uno cree ver a los magnates de la City o de Wall Street en estos personajes arrogantes, pendencieros y mezquinos, para los que lo único válido es el dinero y el único objetivo acumular codiciosamente sus activos aunque sea sobre el cadáver de sus seres más cercanos.

No les cuento más. No deseo hacer un "spoiler" literario de una novela que merece ser leída hasta el final entre el asombro por la galanura narrativa del autor, la vergüenza por el realismo de lo narrado tan visible en nuestra propia sociedad, el placer de la lectura y el reconocimiento hacia una obra que roza la excelencia imperecedera de los grandes clásicos, sin dejar por ello de ser una de las mejores y más acertadas críticas del capitalismo que nos ahoga en el siglo XXI.

FICHA

EL MUNDO EN QUE VIVIMOS.- Anthony Trollope.- Traducción (excelente) de Claudia Casanova.- Ático de los Libros.- 854 págs.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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18 diciembre 2019 3 18 /12 /diciembre /2019 18:01

Esas banderías facinerosas que campan por las calles catalanas, escudadas tras los derechos que protege el Gobierno que tildan de "fascista", han perpetrado dos "heroicidades" más: quemar ejemplares de la Constitución y la bandera de nuestro país (que es utilizada de forma partidista desde hace muchos años, siendo como es un símbolo de todos y no sólo de unos cuantos). Los partidarios del "peor es mejor" con despacho en la Generalitat se deben sentir orgullosos por los actos de esa turba de neo-oligofrénicos que con esa quema de símbolos superiores del país al que jurídicamente pertenecen están favoreciendo la eclosión de fascismos retrógrados: cada una de las hojas del texto constitucional lanzado a la hoguera supone, seguramente, más de un millar de votos a la ultraderecha y, al tiempo, un insulto inicuo al resto de los ciudadanos de este país, entre ellos muchos catalanes.

La palabra iniquidad significa una acción o acto realizado con maldad, abuso, injusticia, infamia o ignominia. Algo contrario no sólo a las leyes positivas del país sino a la ética del resto de los españoles. Encaja con otro concepto, el de anomia, que es una perturbación psicológica que afecta a una persona o a un grupo, que les hace rechazar las normas o convenciones de la  sociedad en la que viven y les hace ignorar y transgredir las leyes y el conjunto de reglas que regulan la convivencia pacífica.

Hay una frase de Steiner que parece definir la situación actual en la querida y atribulada Cataluña: "ninguna mentira es tan burda que no pueda expresarse tercamente, ninguna crueldad tan abyecta que no encuentre disculpa en la charlatanería del historicismo...el lenguaje de la política se ha contaminado de oscuridad y locura". Steiner, desde luego, no se refería a todas las manipulaciones  y falsedades del "procés", ni a la excusa de agravios históricos empleada absurdamente por la propaganda historicista del independentismo... pero lo cierto es que la frase parece ajustarse a esos hechos.

ALBERTO DÍAZ RUEDA, Escritor

 

 

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30 noviembre 2019 6 30 /11 /noviembre /2019 20:27

Libros como "Factfulness" de Hans Roosling, como "Todo el mundo miente" de Seth Stephens, "The Game" de Baricco, "En el enjambre" y "Psicopolítica" del filósofo japonés de habla alemana Byung-Chul Han, sin contar los del israelí  Yuval Noah Harari, "Sapiens", Homo Deus" y las "21 lecciones para el siglo XXI", están tratando de mentalizar directa o indirectamente a los habitantes de este problemático planeta de que  nuestra actual forma de vida tiene muchos elementos deficitarios –psicológicos, sociales, económicos, tecnológicos - que aceptamos con indiferencia pero que van a tener un coste realmente elevado y que va a cambiar nuestra existencia y no siempre para bien.

Pero es en "El planeta inhóspito" de David Wallace-Wells donde se nos trata de demostrar que debido a ese estilo de vida hemos rebasado con creces las posibilidades auto curativas de la Tierra y comenzamos a adentrarnos en el caos, con consecuencias destructivas y daños irreparables a cuestiones tan vitales como el medio ambiente, clima y naturaleza: inundaciones y sequías, hambrunas y pérdida de tierra cultivable, oleadas de calor con efectos letales sobre los seres vivos, emigraciones masivas, violencia subsiguiente, guerras de supervivencia por el agua potable, los alimentos básicos, la seguridad, las epidemias, enfermedades respiratorias, de la piel y envenenamientos causados por el exceso de metano y CO2 en la atmósfera contaminada. Eso sin contar con un aumento del nivel del mar que inundará ciudades de millones de habitantes con su correlato de muertes, enfermedades y caos emigratorio. ¿Exageraciones de la ciencia? ¿Alarmismo injustificado de apocalípticos a sueldo de quién sabe qué oscuros intereses?

Señores, no. Los estudios que se van haciendo públicos con cuentagotas para no “alarmar innecesariamente” a la población dan cifras escalofriantes y generan una serie de reacciones en contra y argumentos basados en posibilidades remotas o probabilidades fantásticas, en suma, en el “pensamiento mágico” según el cual si pensamos en que algo malo no debe ocurrir, gracias a una serie de fuerzas oscuras e irracionales eso no ocurrirá, aunque la realidad nos esté demostrando cada día que ese “algo” va deteriorándose en la dirección equivocada, un proceso que muy probablemente lleva al suicidio colectivo.

Toda una civilización, la nuestra, va a pagar de forma brutal la disparidad existente entre su desarrollo tecnológico, su enorme gasto de energía y su falta de previsión y control sobre las consecuencias de sus acciones. Tenemos datos incuestionables sobre las causas del cambio climático y de las consecuencias, así como de las incertidumbres, probabilidades y escenarios que van a crearse y éstos no necesitan llegar a los puntos más graves, sólo con seguir la dinámica ya emprendida serán considerables en un lapso de tiempo abrumadoramente corto. Seguramente antes de que los ancianos de hoy lleguen a desaparecer por completo. Ni la esperanza “mágica” en que ese lapso de tiempo sea enorme, casi un ciclo de cientos de años, hasta que la tecnología logrará frenar y resolver los problemas más acuciantes o que la naturaleza logrará imponer su legendaria supervivencia (ignorando en este caso la segunda ley de la termodinámica, la de la entropía), que todo sea un mal sueño provocado por el alarmismo de unos cuantos (argumento que raya en la estupidez) o que alguien tenga un plan B (un planeta milagroso al alcance de los supervivientes), los oscurantistas defensores del “no pasa nada” se asemejan a los ciudadanos  romanos de Pompeya y Herculano que, el 24 de octubre del año 79 dC,  aunque veían la actividad excesiva del Vesubio seguían con sus quehaceres y diversiones, suponiendo que “como en otras ocasiones, todo quedaría en humaredas y algunos temblores” como nos cuenta Plinio el Joven. Allí fueron 5.000 muertos. ¿Cuántos serán en todo nuestro planeta? ¿Por qué nadie piensa que nuestra “normalidad” cada vez es menos “normal”? Como dice David Wallace, en este momento “ya hemos causado tanta devastación a sabiendas como en los siglos de nuestra ignorancia”.

Piensen que fue en 1992 cuando se publicó el informe  pionero en la denuncia, “Earth in the Balance” -un éxito popular internacional que,  a pesar de ello, fue considerado “alarmista” por muchos científicos y sobre todo por los trust petrolíferos de todo el mundo e intereses adyacentes--, sobre el vertido de gases invernadero en la atmósfera y sus efectos destructivos. Desde 1992 hasta hoy mismo, la quema de combustibles fósiles ha aumentado en una medida equiparable a los gases vertidos a la atmósfera desde la revolución industrial del siglo XIX  hasta 1992. Y seguimos haciéndolo a una velocidad progresiva y totalmente irresponsable. Esto es algo que atañe a la supervivencia de la raza humana.  En 2006 se difundió el documental del vicepresidente norteamericano Al Gore “Una verdad incómoda”, insistiendo en que los elementos del caos, los cuatro jinetes de apocalipsis ya cabalgan en forma de calor creciente, rotación de inundaciones y sequías, aumento del nivel del mar, hambrunas, incendios imparables. ¿Fechas? Olvidémonos de las posibles y quedémonos con las probables. Se suponen unos 2 metros de subida del nivel del mar, con inundaciones continuas anuales en diversos puntos del planeta, para antes del 2100. Desde al año 2000 hasta hoy ese nivel ha subido más de 5 milímetros en progresión continua. ¿Más datos? Ya mueren más de 10.000 personas a diario en todo el mundo debido a la contaminación atmosférica. El magnífico y preocupante libro de David Wallace-Wells hace un duro recorrido por “los elementos del caos” que nos amenazan: muerte por calor, hambruna, incendios, falta de agua, océanos moribundos, aire irrespirable, plagas, colapso económico…

Las macrocifras son impensables críticamente para la mayoría de las mentes humanas, (como nos cuentan Rosling en FactFulness” o Seth Stephens en “Todo el mundo miente”) pocos sabe asumir y comprender las consecuencias a largo plazo de nuestras acciones contra la Naturaleza, con tal de mantener nuestro estilo de vida basado en una cultura del despilfarro. Los recursos y bienes del planeta son limitados y nuestra forma de vida (la de los países “desarrollados”) no es una forma de progreso sino una forma de degeneración planetaria. A partir de ahora, aseguran algunos calificados de “agoreros”, cada generación sucesiva vivirá peor que la anterior. ¿Necesita probarse tal aserto? Miren ustedes a su alrededor. Pero eso sí, David Wallace nos recuerda cómo proliferan los relatos, películas, series, novelas y ensayos sobre lo que se está gestando. Y nos advierte sobre “la Iglesia de la tecnología” en la que hay millones de creyentes que extrapolan los avances habidos en la creencia de que todo el caos que viene será evitado o paliado por la “tecnología del futuro”. Si escoges como camino una vía de tren y te viene una locomotora encima, no puedes esperar a que la tecnología haga subterránea o aérea la vía férrea, tienes que apartarte del erróneo camino escogido.

Aún ante la contundencia de esas cifras, de las investigaciones que las confirman y sobre todo los testarudos hechos, los negacionistas siguen asegurando que todo es exageración, como los que aún siguen opinando que la tierra es plana a pesar de las evidencias de Elcano o Magallanes hace 500 años  o de las imágenes espaciales. Este tipo de francotiradores contra el sentido común siempre ha existido y sigue habiendo personas con un nivel de credulidad asombroso. Lo inconcebible es que siguen determinando las acciones políticas (solo cuando se unen a intereses espurios, claro). De ahí la pertinencia de una frase pronunciada en una conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático: “El lento arrastrar de pies de las políticas ambientales de muchos países nos lastra a todos, al resto del planeta, porque cada uno de nosotros impone algo de sufrimiento sobre nuestros yos futuros cada vez que cogemos un coche, subimos a un avión, mantenemos un nivel de vida basado en el consumo irresponsable, desperdiciamos el agua, tiramos miles de toneladas de alimentos a la basura…o nos  abstenemos en unas elecciones para exigir políticamente que tomemos todos conciencia del peligro que nos amenaza”.

Reflexionen sobre la breve parte IV, “El principio antrópico” que empieza con la frase “…no sólo es una crisis ecológica sino una apuesta de altísimo riesgo sobre la legitimidad y la validez de la ciencia…es una apuesta que la ciencia solo puede ganar si pierde. Y si la ciencia gana la apuesta, de poco nos va a servir, ni a ella, ni a nosotros. Perdemos todos, todo el planeta.

El planeta inhóspito. David Wallace-Wells. Traducción de Marcos Pérez Sánchez. Debate, 2019. 348 páginas. 22,90 euros.

 

 

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