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13 junio 2021 7 13 /06 /junio /2021 16:05

La palabra ecosofía nos remite a las palabras griegas "oikos", casa, y "sophia", sabiduría. El término sugiere que debemos reconocer una sabiduría presente en nuestro oikos. Esta sabiduría, en nuestro tiempo y nuestra cultura capitalista ya nos es extraña pero se encuentra vigente en las cosmovisiones de pueblos indígenas escondidos en selvas y lugares lejanos y poco atractivos de momento para el turismo o la explotación de recursos. Esas cosmovisiones hoy toman fuerza como nuevos paradigmas de convivencia con la Tierra. En un transparente y sabio librito, editado por Fragmenta, el escritor y pensador Jordi Pigem nos presenta los textos que su mentor y amigo Raimon Panikkar (que no necesita presentación) escribió sobre la ecosofía, un término que une dos facetas del pensamiento básico humano hacia la excelencia: la sabiduría y la ecología. Se definió como LA MANERA DE CONOCER, ENTENDER Y CONVIVIR CON LA COMPLEJA RED INTERACTIVA DE VIDA QUE CUBRE LA TIERRA.

Nuestra cultura individualista y de ensalzamiento del sujeto nos ha arrastrado a la considerar el mundo como un objeto, un instrumento o una fuente de recursos explotables hasta la saciedad o la ruina. Con ello hemos provocado la trágica escisión
entre sujeto y objeto. Cualquier ciudadano de nuestros países ha perdido la noción del mundo como algo vivo y al que pertenecemos en régimen de igualdad. Como dice el filósofo germano-coreano Byung-Chul Han "uno solo se tiene a sí mismo, al pequeño, desamparado y pretencioso yo".

La ecosofía, según Panikkar, es la sabiduría del equilibrio entre los mundos de los dioses -lo trascendente- el de los hombres y el del Cosmos, tres dimensiones de la realidad. Y muy sabiamente propone: "Hay un habitar en el mundo que se caracteriza más en una actitud de pasividad que en una actividad de producir. Es un dejar-se-afectar. Este habitar propio de la consciencia temporal del ritmo del ser nos lleva a experimentar la relación sujeto-objeto de manera diferente a la escisión interno/externo que es como comúnmente
percibimos la realidad: El ritmo está fuera de mí, yo no lo invento. Sólo he de escuchar los latidos de lo real, y para escuchar debo callar, tengo que silenciar
mis egocentrismos. Más aún, tengo que ser puro. Además, el
ritmo también está dentro de mí. La recepción por parte mía es indispensable y mi
identificación es un requisito. No me es superpuesto
...De esta manera, la sabiduría es el ritmo natural de la vida y como tal, no se hace efectivo por la voluntad del ser humano, por el contrario hay que dejar que el fenómeno de la vida se haga sí mismo".

Y se hace en un momento irrepetible del tiempo, que no es circular o lineal, sino un instante radicalmente nuevo. La experiencia de tiempo presente tiene una gran fuerza simbólica para la ecosofía, pues significa cultivar la vida contemplativa.La vida contemplativa permite experimentar un tiempo de duración que nos sitúa en una habitar temporal en el mundo muy diferente a la vida agitada que llevamos hoy en día donde nos falta tiempo y nos falta ser. A esto se une el delito de la «sordera
del espíritu», que es «esta incapacidad para disfrutar del silencio, de la ausencia,
o incluso de la monotonía". Como como por ejemplo la incapacidad de experimentar
aquellos momentos contemplativos que surgen en nuestra relación con la naturaleza.

Para Panikkar no puede haber experiencia de sabiduría sin tomar consciencia que la Tierra es nuestra morada:: «Mientras no contemple cada pedazo de tierra como mi cuerpo, no sólo menosprecio a la tierra, sino que también menosprecio a mi cuerpo. ¡Aquí comienza el conocimiento!" Y para llegar a él no sólo es preciso el  diálogo disciplinar, pero, sobre todo, el diálogo intercultural e interreligioso.

Sugiero, pues, la lectura del libro “Ecosofía” que nos recuerda que formamos parte de una red de vida que nos rodea y alimenta de múltiples formas: la naturaleza, la biosfera. Como dice el prologuista Jordi Pigem, “si la célula sabe lo que hace, ¿qué nos impide ver que la Tierra sabe lo que hace”. Y es que “si queremos seguir en este mundo, tenemos que aprender  a hacer y ser de manera sostenible…no habrá verdadera sostenibilidad sin una transformación de la conciencia”.

 Spinoza y Panikkar comparten la misma manera de ver el mundo: “Deus sive Natura” (Dios o la naturaleza). Por tanto el respeto que los creyentes y los ateos inteligentes sienten por Dios, como símbolo o realidad espiritual, es exactamente el mismo que muchos profesamos por la Naturaleza, su conservación y preservación ante las atrocidades que nuestro sistema de vida  está cometiendo contra ella y sus cada vez más limitados recursos. La ecosofía es una “filosofía de la armonía o el equilibrio ecológicos”.

De ahí esta recomendación final: nuestra búsqueda del equilibrio personal no tiene sentido sin encuadrarla dentro de una filosofía que nos enseñe a “escuchar la Tierra” como decía Panikkar. Sostenemos que existe una “psique del cosmos” (tou pantos psyché) como ya proclamaba Plotino desde la Grecia clásica y que en el renacimiento se llamará “anima mundi” y arrebatará a los románticos. Hasta llegar a nuestros descreídos días en los que triunfa un tecno capitalismo que impulsa una nueva forma de explotar a las personas y al planeta. Panikkar cree que ese sistema depredador no llegará muy lejos. Si seguimos  contaminando el aire, el agua, la tierra y causando el desequilibrio climático.  La Tierra sobrevivirá y repondrá su equilibrio, pero el sistema - y quizá los humanos -no.”En la lucha contra la Tierra el hombre perderá, “ dice Panikkar.

Jordi Pigem recuerda el mensaje que un pueblo indígena de Canadá –posiblemente exterminado- envió  a los orgullosos conquistadores: “Solo cuando hayáis talado el último árbol, contaminado el último río y extinguido el último pez, os daréis cuenta de que el dinero no se puede comer”. Nuestra civilización podría ser como el rey Midas de la mitología griega que, gracias al dios Dionisios , adquirió el poder de convertir en oro cualquier cosa que tocara. Cuando Midas se dio cuenta que moriría de hambre y de sed y en absoluta soledad, ya que todo se transformaba en oro a su alrededor, rogó al dios que le librara de ese don. ¿Será tan sabio el sistema capitalista neoliberal? ¿O esperará a convertir en fuente de ganancias todo lo que en la Tierra nos permite vivir, hasta que sólo queden los fajos de billetes de banco, oro,  piedras preciosas, yates lujosos y palacios vacíos?

FICHA

ECOSOFÍA.-Raimon Panikkar. Ed. Jordi Pigem.- Fragmenta Editorial.93 págs

 

 

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12 junio 2021 6 12 /06 /junio /2021 12:16

LA CONEXIÓN SÁHARA-CEUTA

(artículo publicado en La Comarca 110621)

A finales de los 50, mi padre estaba destinado en Marruecos. Yo era un niño de once años que viví la declaración de independencia marroquí, la entronización de Mohamed V  y algunos momentos de tensión  popular sin consecuencias graves. Unos años después comenzó la repatriación voluntaria de la mayoría de los españoles. Volví repetidamente a tierras marroquíes como enviado especial del periódico para el que trabajaba. Eran los años setenta y fui testigo de la osada maniobra política y militar que el Gobierno marroquí preparaba y puso en marcha con el apoyo logístico de Estados Unidos. Se trataba de la “Marcha Verde”, una disciplinada columna  de  300.000 ciudadanos marroquíes, trufados de policías y militares vestidos de paisano, que entró en el territorio del Sahara español violando la frontera y desafiando, (gracias a ir todos –ancianos, mujeres, niños, adolescentes, hombres- supuestamente desarmados) al ejército español desplegado en la zona. Hassan II, el rey de Marruecos, aprovechaba el momento adecuado: el vacío de poder creado por la enfermedad terminal de Franco.

Las presiones internacionales y de la ONU, provocaron el vergonzante abandono del Sahara por las tropas españolas el 27 de febrero de 1976,  (a pesar de las promesas de apoyo y protección que les habían dado a los saharauis los más altos representantes de nuestro Gobierno). Así allanó el camino a la dominación militar marroquí del territorio, cuyas riquezas ambicionaban todos los actores directos o indirectos del drama desde Hassan II, a otros países de Europa y  a Estados Unidos. La razón del apoyo al régimen de la monarquía alauita era su islamismo moderado y dialogante y su amistoso afán por atraer inversores poderosos.

La guerra de guerrillas del Sahara –primero contra los españoles en los 50 y 60  y después contra los marroquíes- se cronificó tras la construcción del vigiladísimo muro marroquí y siguió en estado latente y esporádico pero vivo, durante decenios.

Años más tarde volví al Sahara ex español, junto a otros periodistas, invitados por Rabat para comprobar la “triunfante marroquización” del Sáhara. No se nos permitió adentrarnos en el país y se nos mantuvo en la capital, El Aaiún (adaptación fonética al español del nombre árabe de la zona que significa “lugar de manantiales y fuentes”), amable y férreamente vigilados.  Se nos ofreció una entrevista con varios jefes tribales saharauis que habían cambiado el carnet de Senadores españoles franquistas por la nueva tarjeta de identidad marroquí. Fue un acto cínico que nos avergonzó. Nuestra protesta fue no publicar ni una línea del acto. Los intentos por conectar con saharauis “de verdad”  o con simpatizantes del Frente Polisario,  fueron inútiles. La mayoría de la población era marroquí, de otras partes del reino, que habían sido “convencidos” para asentarse en el territorio, bajo control militar.

Unos dos meses después, el Polisario me invitó a viajar a Tinduf (Argelia) para conocer las condiciones en las que vivían los saharauis de los campamentos en territorio argelino. Conocí la precariedad de inmensos barrios de tiendas de campaña, la escasez de agua y alimentos, el reguero de ayudas de ONG’s internacionales (varias españolas) que apenas mitigaban las necesidades básicas de una población en crecimiento constante. En el plano militar, el hostigamiento intermitente entre los guerrilleros del Polisario y la máquina militar marroquí bien pertrechada que vigilaba el inmenso muro defensivo.

Por todo lo anterior se comprende esa “segunda marcha” de marroquíes que asaltaron la frontera española en Ceuta, con el apoyo y la tolerancia de su propia policía. Así mostraba Rabat su indignación por la hospitalización del líder del Polisario en España, maniobra humanitaria pero no adecuada, ni política, ni diplomáticamente. Para el rey marroquí la penosa maniobra de Trump de “reconocer” los derechos de Marruecos sobre el Sahara, era suficiente razón para no admitir un gesto como el de España. Aunque Trump ya no está, Biden no ha rectificado ese punto por el momento. Marruecos sigue jugando con el “tradicional amigo” español, con cartas marcadas y a veces “de farol”. –

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 https://www.lacomarca.net/opinion/el-desafio-saharaui/

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10 junio 2021 4 10 /06 /junio /2021 15:58

En los años sesenta y setenta del pasado siglo floreció la moda del “supermercado espiritual”,  una banalización de las clásicas disciplinas de mejora personal, de espiritualidad y misticismo. También era el título de un excelente libro de la llamada “contracultura” escrito por Robert Greenfield, autor emblemático de aquella época de la New Age y los hippyes, que se había hecho famoso por su reportaje sobre un viaje en compañía de los Rolling Stone (sexo, drogas y rock and roll).

El laudable impulso hacia una mejora vital se impuso como una moda, más que como un estilo de vida. Con alguna seriedad en ciertas minorías, que pronto quedaron marginadas del conjunto dinámico de una cultura obsesionada por el consumo superficial y cambiante. Sólo valía  el desenfreno, el utilitarismo y la velocidad. Se originaba un cansancio inevitable. Los libros de autoayuda proliferaron como las setas en otoño así como los centros de meditación y decenas de prácticas de yoga, zen, vedanta, todas al margen de sus respectivas culturas, en prácticos “packs” de “arréglese la vida usted mismo”, mezcladas en confuso montón con ayunos, gastronomía, deportes y ecología irritada o apocalíptica. Sin embargo esa inmensa grey de desconcertados buscadores olvidaban que el exotismo de algunas disciplinas no eran una mayor garantía de mejora, sino tal vez lo contrario: para apreciar esa enseñanza tan alejada de nuestra cultura era primordial dar un paso previo: estudiar dicha cultura, conocer las diferencias con la nuestra y ver si era posible ajustarla al tejido del mundo que vivimos y conocemos. Los capaces de una busca abierta de sentido, significado y consuelo en otras culturas, eran escasos y solían tener un amplio historial previo de conocimientos y prácticas.

Los psicólogos prosperaron y las adicciones también (que nadie vea relación necesaria entre ambos hechos). Vivimos en el seno de una cultura neurótica, rica en problemas irresolubles, muchos ficticios y algunos bastante reales, pero raramente reconocidos o admitidos. La lógica capitalista neoliberal es mercenaria y amoral. Las nuevas tecnologías propician un individualismo patológico y un derrumbe en las relaciones humanas íntimas, convertidas en interacciones banales o groseras.

Mire en torno suyo, a las personas que conoce,  amigos, vecinos, familiares; trate de percibir que tras las apariencias de normalidad existen detalles, casi a simple vista, de que las cosas no van tan bien como parece o le dicen. Indague sobre todo lo que le suene raro, disonante. Será muy difícil, si logra superar las barreras inevitables de reserva, desconfianza, disimulo o simple hipocresía, que no perciba alguno o muchos detalles de insatisfacción, malestar e incluso franco desagrado en las  relaciones que esa persona- incluso usted mismo- tiene con el Otro, los otros o “lo” Otro. Es decir con las  personas más intimas, la sociedad en general, (desde el vecino de al lado al separatista de enfrente o al político, desde el concejal al ministro) y con los animales, el mundo vegetal, el clima, el planeta. El Otro, los otros y lo Otro. Eso lo podríamos llamar, simplificando, no saber vivir. No poseer un estilo, una filosofía, una praxis y una teoría fundamentada de lo que es el buen vivir de verdad: Algo que tiene más que ver con el SER que con el TENER.

Se podrían escribir dos o tres gruesos tomos sobre el tema. De hecho hay cientos de miles de gruesos o delgados  tomos ocupando miles de anaqueles en las librerías y en múltiples  pantallas a su pronta disposición, previo pago. Pero vamos a aplicar aquí el consejo cervantino: “Llaneza muchacho, no te encumbres, que toda afectación es mala”. Por tanto, ajustémonos a la sencillez y simplicidad recomendadas. Les voy a sugerir sólo tres libros. De no muchas páginas y de suma claridad, para que ustedes por sí mismos y usando el pensamiento crítico y la voluntad  de mejorar y equilibrar sus vidas cotidianas, saquen de ellos lo orientación precisa para escoger herramientas adecuadas. Por el lado del Sí mismo, el Otro y los Otros lean “Elige tu filosofía de vida”. Para lo que concierne a lo Otro – la Naturaleza- , un librito de un místico contemporáneo, Raimon Panikkar, “Ecosofía”. Y para guiarlos hacia una forma operativa de aplicar lo que decidan usar de los dos mencionados , un volumen delicioso y sugestivo de Rogelio Moreno, un  profesor de filosofía y gran persona que murió joven dejando una joyita, “La farmacia del olvido”. En ella  se compendia y resume el meollo del mensaje final que las lecturas anteriores pueden haberle ofrecido, más el mío propio: aprobar la asignatura pendiente de saber vivir bien. Y tal como sugiere Rogelio Moreno, hacerlo sin perder el sentido común, el del humor y la compasión. Y un mensaje directo al lector, que suscribo, “es preciso el olvido de sí” y se refiere al sí mismo que se toma demasiado en serio, que tiene la vanidad del pasado manipulado y el orgullo de un futuro que desconoce. Se trata de aliviar la carga del ego y dejar de darle un poder que en verdad no debería tener. Abrir los ojos del alma para ver las posibilidades reales que tenemos: aquí es donde este tercer libro conecta y justifica los otros dos.

Paro pasemos a éstos. En su conclusión, los autores del libro “Elige tu filosofía de vida” hacen un largo y brillante diagnóstico  de la situación actual en términos de búsqueda espiritual: “La enorme cantidad de información y de elecciones a las que nos enfrentamos en todos los momentos de cada día nos dejan, espiritual y emocionalmente, confusos. La autodisciplina y el compromiso moral en el aristotelismo moderno, el estoicismo, el budismo, el taoísmo, el altruismo eficaz y la cultura ética; la conexión humana en el hinduismo, el confucianismo, el pragmatismo, el cristianismo, el judaísmo y el islam progresista; la experiencia sana y placentera del epicureísmo; el aprender a abrazar y a convivir con la libertad radical al que nos conduce el existencialismo y el humanismo secular…todos ellos son una reacción constructiva a los fracasos sociales y culturales de esta época en que vivimos”.

Pero antes de todo esto, conviene examinar cómo es nuestra vida y comprender compasivamente cuáles son los puntos críticos que debemos tratar de cambiar y tomarse un tiempo en ver las opciones que parezcan ajustarse mejor a nuestras particularidades y virtudes y sobre todo,  a su efectividad contra nuestros defectos y vicios.

Para terminar  y cerrar el círculo abierto por la elección de una filosofía vital propia (que podría ser una ecléctica e inteligente mezcla de “lo mejor de cada casa”) sugiero la lectura del libro “Ecosofía” que nos recuerda que formamos parte de una red de vida que nos rodea y alimenta de múltiples formas, la naturaleza, la biosfera. Como dice el prologuista Jordi Pigem, “si la célula sabe lo que hace, ¿qué nos impide ver que la Tierra sabe lo que hace”. Y es que “si queremos seguir en este mundo, tenemos que aprender  a hacer y ser de manera sostenible…no habrá verdadera sostenibilidad sin una transformación de la conciencia”.

 Spinoza y Panikkar comparten la misma manera de ver el mundo: “Deus sive Natura” (Dios o la naturaleza). Por tanto el respeto que los creyentes y los ateos inteligentes sienten por Dios, como símbolo o realidad espiritual, es exactamente el mismo que muchos profesamos por la Naturaleza, su conservación y preservación ante las atrocidades que nuestro sistema de vida  está cometiendo contra ella y sus cada vez más limitados recursos. La ecosofía es una “filosofía de la armonía o el equilibrio ecológicos”.

De ahí esta recomendación final: nuestra búsqueda del equilibrio personal no tiene sentido sin encuadrarla dentro de una filosofía que nos enseñe a “escuchar la Tierra” como decía Panikkar. Sostenemos que existe una “psique del cosmos” (tou pantos psyché) como ya proclamaba Plotino desde la Grecia clásica y que en el renacimiento se llamará “anima mundi” y arrebatará a los románticos. Hasta llegar a nuestros descreídos días en los que triunfa un tecno capitalismo que impulsa una nueva forma de explotar a las personas y al planeta. Panikkar cree que ese sistema depredador no llegará muy lejos. Si seguimos  contaminando el aire, el agua, la tierra y causando el desequilibrio climático.  La Tierra sobrevivirá y repondrá su equilibrio, pero el sistema - y quizá los humanos -no.”En la lucha contra la Tierra el hombre perderá, “ dice Panikkar.

Jordi Pigem recuerda el mensaje que un pueblo indígena de Canadá –posiblemente exterminado- envió  a los orgullosos conquistadores: “Solo cuando hayáis talado el último árbol, contaminado el último río y extinguido el último pez, os daréis cuenta de que el dinero no se puede comer”. Nuestra civilización podría ser como el rey Midas de la mitología griega que, gracias al dios Dionisios , adquirió el poder de convertir en oro cualquier cosa que tocara. Cuando Midas se dio cuenta que moriría de hambre y de sed y en absoluta soledad, ya que todo se transformaba en oro a su alrededor, rogó al dios que le librara de ese don. ¿Será tan sabio el sistema capitalista neoliberal? ¿O esperará a convertir en fuente de ganancias todo lo que en la Tierra nos permite vivir, hasta que sólo queden los fajos de billetes de banco, oro,  piedras preciosas, yates lujosos y palacios vacíos?

ALBERTO DÍAZ RUEDA

FICHAS

ELIGE TU FILOSOFÍA DE VIDA.-Massimo Pigluicci, Daniel A. Kaufman y otros. Trad. Fernando Mora. Ed. Kairós.- 365 págs.

ECOSOFÍA.-Raimon Panikkar. Ed. Jordi Pigem.- Fragmenta Editorial.93 págs.

LA FARMACIA DEL OLVIDO.- Rogelio Moreno.- 398 págs. RBA Libros.

 

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10 junio 2021 4 10 /06 /junio /2021 09:05

(ARTÍCULO PUBLICADO EN LA COMARCA EL 080621)

En este país cainita no aprendemos. Mande el
que mande. Por mucho que prometan, las llamadas
izquierdas y las derechas acaban comiendo
en el mismo pesebre. Así ha sido siempre, aunque
nos vistan la mona con ropaje "democrático"
del siglo XXI. El desarrollismo franquista se alimentó
de embalses y pantanos, esquilmando a
pueblos enteros en pro de algunos intereses ajenos
a la población llana, que a menudo carecían
de luz eléctrica. Aquellas miserias pasaron y favorecieron
otros grandes planes de progreso que
hicieron más ricos a los muy ricos y a una nueva
pequeña burguesía, al alto funcionariado y los
poderes locales. Algo de riqueza se repartía, pero
hasta un cierto nivel. El país prosperaba y hasta la
gente del común se pudo comprar un 600 y
mandar a los hijos a la Universidad. Luego vino el
blackout de la banca y los fondos financieros y
los chicos no saben qué hacer con sus títulos, los
jóvenes viven en precario y a los abuelos les amenazan
las pensiones. Pero el neoliberalismo no se
detiene y logra dar con otra mina de oro (para
ellos) y discretamente penosa para los del pueblo
a secas, los parques eólicos. Ya no los echan de
sus casas para anegar sus tierras, ahora se conforman
con llenar el territorio de aspas giratorias,
comprando terrenos vacíos (por mala gestión
del mundo rural y la economía agraria, ay, tan necesaria)
y prometiendo lo que por lógica capitalista
no cumplirán. Y salen testaferros que alaban
el "progreso" y la necesidad -lógica- de energías
limpias, acogidos por los políticos como maná
del cielo. Como muestra, al país se le somete a
otro inicuo abuso en forma de "regulación" de los
horarios de uso energético. Eso mientras se publican
falacias como la de que los parques eólicos
van a dar trabajo y riqueza a las zonas donde se
instalen. Se crean asociaciones y se alzan los vecinos
(menos los que reciben las pocas monedas
del soborno capitalista: pan para hoy, hambre para
mañana), ecologistas y montañeros, empresas
turísticas y economistas enterados, y se
arremete como Quijotes contra gigantes disfrazados
de molinos de viento. Salvas de pólvora:
humo y ruido. Por parte oficial, oscurantismo y
normas simplificadas a favor de las empresas. A
estas lo único que les importa es la cantidad y
frecuencia del viento. Se compra a precio de saldo
o se amenaza con la expropiación. Y así vamos.
* Alberto Díaz Rueda

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3 junio 2021 4 03 /06 /junio /2021 07:28

 

 

Torre Del Compte 18 (Crónica de nuestro enviado especial).- En este pequeño pueblo matarrañense, los aficionados a las pruebas automovilísticas de riesgo y aventura tienen asegurada la diversión, de forma ocasional y fortuita desde luego, pero quizá eso hace el evento menos premeditado y más sorpresivo: lo cual es lo indicado para esos aficionados a lo inesperado.

La cosa empieza en cuanto el aventurero abandona la carretera A-231 de Valderrobres a Alcañiz y coge a la derecha el ramal que va a Torre del Compte, justo enfrente de La Fresneda. En ese punto comienza el rally. El conductor se encontrará con una carretera estrecha, mal pavimentada, que en más de cien metros presenta toda una extensa variedad de baches, blandones, surcos en pleno asfalto, cunetas peligrosas y curvas mal peraltadas y sin apenas visibilidad. A unos doscientos metros, cerca de la bajada al inicio del puente, a la izquierda, hay un largo y alto talud arcilloso de tierra y piedras, que es una de las principales fuentes de emociones para el conductor avezado: con rara regularidad, sobre todo en tiempos de lluvia, se producen pequeños derrumbes y caída de tierras y piedras que obligan a la intervención rápida y urgente del servicio de carreteras y la Guardia Civil por la presencia de piedras de distinto tamaño (a veces de  respetable grosor, como la que cayó hace un par de semanas, un viernes por la tarde). (Eso se podría evitar con una malla metálica que asegurara el talud).

Una vez en el estrecho, venerable y secular puente, donde no pueden circular dos vehículos en direcciones opuestas (lo cual provoca algunos incidentes entre conductores precipitados), se comprueba también que el llamado “firme”, es de todo menos firme. Es obvio que en pleno siglo XXI no sería muy costoso ampliar el puente,  ya que este tiene una sólida base, suficiente para colocar grandes piezas de cemento que permitirían la doble circulación. Pero sin duda es el espíritu deportivo de la Administración el que mantiene esta obsoleta reliquia del pasado. Así que el deportista de riesgo, una vez pasado el puente, comienza una subida llena de emocionantes curvas y baches hasta llegar a la entrada del pueblo, donde a mano izquierda la carretera no tiene barra protectora y parece irse inclinando hacia un terraplén de tres o cuatro metros de caída. Lo que, sin duda,  añade emoción al rally.

Una vez en el pueblo, un paseo por el bello casco antiguo mostrará al visitante lo bien que se mantienen algunas calles a pesar de los siglos pasados y en otras pocas, unas muestras de que sólo necesitan un remozado para adecuarlas al siglo presente. Objetivo que quizá se consiga, me dicen, en el siglo XXII.

 

Como remate al turismo de aventura, se recomienda seguir la carretera TE-V-3001 que atraviesa el pueblo y se dirige hacia la N-420 que lleva a Calaceite, vía Cataluña. Se trata de unos once o doce kilómetros donde el experto en rallyes gozará como sin condujera en una “gymkhana”: se trata de una mal llamada carretera, más bien una pista agrícola, con curvas cerradas, desniveles, estrecha, sin señalizar apenas. Pero, sin duda, muy divertida, no sólo por la belleza de los rincones y panoramas que ofrece sino por el hecho de que hay tramos y curvas donde no caben dos coches y menos un tractor y un coche y muchísimo menos (como sucede a menudo) un camión de cierto tonelaje, a veces, con remolque, que es enviado por los GPS de a bordo para ahorrar kilómetros desde la carretera nacional,

 

Me dicen que se ha pedido en numerosas ocasiones a la DPT que , ya que no se decide a arreglarla, coloque carteles llamativos en la entrada y salida de esa carretera-pista, recomendando que no la tomen los camiones. Pero dado el espíritu aventurero y deportivo de la Administración se comprende que se deje al pequeño pueblo de la Torre con sus elementos de riesgo vial. Es como un monumento vivo a los tiempos en que se viajaba en 600 y 2CV y uno se cruzaba con carros, mulos y rebaños de ovejas o con pacíficas vacas paseando a la brava por carreteras parcheadas por el heroico cuerpo de peones camineros.

Aragón es tan rico y variado que, incluso, se puede permitir mantener pueblos pequeños -sólo en bien de lo pintoresco rural y la memoria histórica- en los que los accesos y salidas pueden llegar a ser problemáticos. E, irónicamente, deportivos - ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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1 junio 2021 2 01 /06 /junio /2021 07:15

LOGOI 203

DIÁLOGO PLURAL

(publicado en La Comarca el 1 de junio 2021)

Escribió Machado: “En España no se dialoga  porque nadie pregunta como no sea para responderse a sí mismo. Queremos estar a la vuelta de todo sin haber ido a ninguna parte. Somos esencialmente paletos”. Creemos dialogar mucho porque multiplicamos hasta el agobio la comunicación digital, sin conseguir en absoluto aumentar la capacidad de compartir y menos de comprender. Creamos globos de relación supuestamente confortables sólo para los que  “piensan” como “nosotros”, cuando en realidad se trata de los que siguen unas ideas avaladas por el “influencer” político de moda. El desbordante potencial de los datos y la subsiguiente manipulación para que se ajusten a determinados intereses, mas  la proliferación de las noticias falsas y los bulos, convierten este tiempo en una época de total incertidumbre. Lo malo es que la incertidumbre, que es intranquilizadora pero también podría ser creativa y provocadora de cambios, está mutando en una fuerza negativa que provoca, en política, la confrontación, generalmente violenta y cortoplacista. Y en la sociedad la exclusión del contrario, su demonización y por tanto la imposibilidad de diálogo. La globalización es contrarrestada por los nacionalismos cada vez más excluyentes y los populismos maniqueos. Todo es más global en estos días, desde la salud a la economía o esa dinámica de la miseria y la necesidad que escenifican los refugiados, pero lo único que parece prevalecer es el contagio hegemónico de las ideas que excluyen y crean anatemas por razones políticas, de raza, sexo, nacionalidad, economía precaria o país de origen.

Estas exclusiones nos llevan a un rumbo de colisión global con desafíos tan candentes como las pandemias, los efectos del cambio climático o el recrudecimiento, vía “hackers” de la inseguridad digital (que puede causar un “blockout” digital global que nos lance de regreso a la edad media). Sólo queda un camino: aceptar el pluralismo mundial y su gestión a través del diálogo paritario. Pluralismo y diálogo para afrontar la crisis global de manera efectiva.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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27 mayo 2021 4 27 /05 /mayo /2021 16:40

LA CONJURA IDIOTA Y EL EFECTO AILANTO

(Publicado enHeraldo de Aragón, 260521)

No hace falta entrar en “la jaula de los locos” en que se han convertido los “espacios nobles” de la política o las tertulias y debates  (más bien aquelarres) de algunas cadenas de televisión, o las revistas que llamábamos “amarillas” o la prensa que calificábamos  de “comprometida” con una determinada  ideología (aunque hoy esta palabra es un oxímoron respecto a los conceptos “idea” y “logos” de los que procede). Ahora que están de moda las teorías de  la conspiración, cuanto más delirantes mejor, hay que destacar una que aporta, por efecto paradójico, coherencia y lógica a la ingente manipulación de los canales informativos habituales y la tendencia creciente del personal a creerse lo que más se ajusta a sus propios intereses y deseos por muy disparatado que sea. Se trata de la conjura idiota, sostenida y fortalecida por el llamado “efecto ailanto”.

Una conjura consiste en un entendimiento tácito o voluntario de varias personas- o tal vez podrían sumar cientos de millones-  respecto a conceptos, doctrinas o ideas de clase política, racial, sexual o social determinantes, que se refleja en una actitud de respuesta muy semejante. Estas personas siguen un tipo de razonamiento no sólo erróneo y falaz en la forma,  sino profundamente manipulado por sesgos emotivos y emocionales en el fondo, que lo convierten a menudo en actitudes idiotas, memas, estultas o agresivamente cretinas. Hay diferentes clases de conjuras, pero la que aquí nos ocupa es de origen genético y circunstancial y su ámbito de aplicación y ejercicio es el conjunto de países del planeta y el género humano sin excepción. Un ejemplo claro es el autoritarismo antidemocrático (fascismo, neonazismo, etc.) como fórmula política, olvidando los sangrientos fracasos históricos que ha producido en el mundo. Es un esquema que entra dentro de las diversas y generalmente falsas e hipertrofiadas conspiraciones globales. Pero el ámbito de la conjura de los idiotas es preexistente a todas las demás –reales o no- y se mantiene vigorosamente vigente en el planeta. Y se sostiene y vivifica gracias al llamado “efecto ailanto”. Se trata de una especie de arbusto altamente invasiva (se introdujo desde China en el siglo XVIII), resistente a la contaminación y las malas condiciones climáticas. Reduce las especies vecinas con su rápido crecimiento y espeso follaje que priva de sol y unas sustancias alelopáticas que surgen de sus raíces y domina la vida vegetal en el  entorno. Ataca la biodiversidad e incrementa su presencia hegemónica gracias a sus frutos que se expanden por la zona. Su madera no tiene valor alguno. Por debajo del suelo sus raíces se extienden indefinidamente, formando una alfombra letal subterránea donde sólo puede crecer su especie. Un efecto semejante en el terreno de las ideas, de la política, de la convivencia, de las relaciones, sostiene la conjura idiota.

Lo paradójico de dicha conjura internacional y la razón por la que resulta especialmente peligrosa para el futuro de la Humanidad,  es que los integrantes no son conscientes de que forman parte de ella y que, como muestra de su falta de seso, creen que obedecen a sus respectivas “ideologías”, “partidos”, “banderas” o “nacionalismos”, sin ningún tipo de cuestionamiento crítico. Es decir, no hay un líder carismático luciferino, tipo Hitler, Stalin o Trump que esté en la cúspide de la conjura, ni la conjura tiene una única y general estructura. Todos los líderes letales para su propio país y algunos de los demás–como los de antaño-  forman parte, aunque no se percatan de ello, de esa conjura global de idiotas.

Lo cual constituye el verdadero peligro para nuestro futuro planetario: habida cuenta de que estamos en el siglo XXI y en un tipo de cultura, sociedad y tecnología que está inoculada de globalidad y donde una pandemia nos está demostrando de forma dramática que la única manera de sobrevivir es trabajando juntos y colaborando de forma solidaria por simple egoísmo vital. La existencia de la idiotez globalizada hace que muchos no se percaten de que no hay otra forma de defendernos de pandemias, hambrunas, cambio climático, escasez de agua potable e invasiones de refugiados. Ningún país es ya una isla autárquica. Ninguna frontera, por muy armada que esté, impide el paso de los virus y los desajustes climáticos. Y ya que lo irreparable se produce casi siempre por accidente, lo peligroso de la idiotez es  que suele convertir los accidentes en inevitables. Pues bien, esto que es una evidencia histórica fáctica, no lo es para los conjurados.

¿En qué se basa la eficacia, invulnerabilidad y transmisión global de este movimiento tipo “ailanto”? Precisamente en que nadie, ninguno de los integrantes y muchos de los observadores se percatan del ominoso sustrato que les sostiene: ellos piensan que los otros son los auténticos idiotas. Para mayor desdicha recordemos que todos, absolutamente todos, hemos sido dominados por cierto cretinismo en algún momento de nuestra vida. Que los idiotas, como los ailantos, se sostienen unos a otros. Si uno es el idiota de turno, el otro puede ser usted mismo en un mal momento. La tontería de no pensar no es un estado permanente, casi nunca; ni un imperativo categórico, salvo cuando nos aprovechamos de la relativa impunidad de su ejercicio. La idiotez parece ser patrimonio genético del ser humano, es bastante contagioso y da síntomas inesperados en cualquier persona y momento, sin distinción de clase social, color de piel, creencias, poder o riqueza.

Gracias a internet la cantidad de integrantes de la conjura ha crecido exponencialmente: nunca en toda la historia de la humanidad tantos tontos han podido decir tantas idioteces a tantas personas y tan pocas personas han podido librarse de ellas sin pagar el impuesto de pasar por tontos o ser víctimas de un sanbenito público, injusto, anónimo e impune. La única actitud racional que puede aliviar ese regalo envenenado es escuchar y tratar de entender la argumentación, si la hay, y procurar no contagiarse ni perder la paciencia. La ira, el rechazo, la violencia, hace que nuestro idiota interno tome las riendas de inmediato. En algún caso, la huida es una victoria.

Pero, claro, estas consideraciones no despejan la ecuación entre los idiotas y la conjura global que puede acabar con nuestro futuro. No se puede sacar al idiota de la ecuación, ni a la conjura porque forma su urdimbre nutritiva. La supervivencia, que es el otro elemento, podría resolverse si a la “x” que la completaría le damos el valor del cociente entre la masa ingente y dinámica de idiotas del mundo y la dividimos por la multiplicación entre otro tipo de conjura y la supervivencia. Es decir la toma de conciencia de una masa superlativa de ciudadanos conscientes de la supervivencia de la especie y el planeta como valores absolutos, formarían la nueva conjura. ¿Eso es imposible? No. En un mundo como éste solo es improbable. Partamos de la base de que en todo idiota hay una semilla de sentido común y raciocinio.  Sólo hay que fecundarlas. Medios hay. Si nos unimos todos los que creemos en la inteligencia humana, y luchamos por imponer la urgencia y necesidad perentoria de convencer a los “otros” de que dejen fructificar su sentido común, en algún momento podríamos superar la masa crítica que haría “estallar” la idiotez dominante. Maxime Rovere dijo que sólo hay tres estrategias: negociar con los que puedan hacerlo, intentar que evolucionen los que se dejen convencer y olvidarse de los demás. Con suerte esos serán una minoría. La incógnita más dolorosa es: ¿lo podremos lograr a tiempo?

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

 

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19 mayo 2021 3 19 /05 /mayo /2021 10:02

A finales del siglo XX los héroes dejaron de estar de moda. La gente se inclinaba más hacia los "anti-héroes". En su novela generacional, Douglas Coupland ("Generación X") afirmaba que a partir   de ahora (en siglo XXI) los héroes habían muerto. Lo cual, para cualquiera que tenga ojos en la cara y un cierto sentido de la observación, es una memez desmentida por toda la cultura que nos rodea. Bruce Meyer, el autor del libro que les recomiendo, profesor de Universidad en Canadá, nos asegura que los héroes no sólo nunca dejarán de existir, sino que los necesitamos como referencia en nuestros particulares ritos psicológicos de crecimiento: "El de héroe es un concepto universal que como seres humanos nos fascina e incluso nos llega a acosar constantemente cuando adoptamos la postura de rechazarlo". Aunque cita y aclara los conceptos junguianos de la psicología del arquetipo, Meyer se basa en la literatura, en los héroes literarios clásicos para hacernos comprender la función y la fuerza de esos personajes convertidos en símbolos. Aunque sigue una estructura no demasiado clara y unos desarrollos argumentales a veces incoherentes o banales, el libro se lee con gusto. Y es que de la vitalidad del símbolo heroico nos habla sin cesar el cine popular actual, muchas novelas e innumerables ensayos. Si el héroe como símbolo hubiese muerto y desaparecido, ¿de qué estamos hablando continuamente, qué películas admiramos, qué libros leemos? Más que desaparición asistimos a una metamorfosis del héroe que lo disfraza y disimula pero que mantiene en vigor su potencial "para sacarnos del propio ser" (pág.20) y para "recordarnos nuestras carencias y también nuestra posibilidades" (pag.16). Apoyándose en textos de Campbell, Frye, Goethe, Shakespeare, Arthur Miller, Melville o Dante, el autor nos va hablando de los distintos tipos de héroe desde las páginas de las obras de esos autores, hasta concluir que "los heroes son una manifestación de esos deseos que todos tenemos y que nos hace descubrir algo de nosotros mismos que deseamos tener con mayor abundancia" (pag.47).

Owen, T.S. Eliot, Ezra Pound, Joyce, Becket, nos introducen en el héroe trágico, derribado y consumido por la guerra o el absurdo de una sociedad que amenaza el sentido y la coherencia de nuestra propia vida. Esa sociedad crea sus propios monstruos, pero también sus propios héroes.  Lord Byron, Milton, Marlowe, nos llevan al reflejo demoníaco del héroe y como contraposición al del santo (una forma peculiar del héroe) a través de Graham Greene o William Faulkner (yo añadiría al "Idiota" dostoievskiano). Acaba Meyer su búsqueda analizando figuras tan distantes como Supermán y Hércules, para centrarse en la figura de Jesucristo como mito capaz de responder de forma total e íntegra a las exigencias humanas éticas del héroe. Y como final permítanme citar al autor: "En último término, el héroe sirve al mismo propósito que la literatura, es decir, el de dotar de orden y sentido al caos del tiempo, a la inconmensurable confusión de la historia y a las constantes entradas y salidas de personajes del escenario de la vida” (p. 330).

FICHA.-

HÉROES.-Bruce Meyer.-Ed. Siruela. Trad. Enrique Junquera.341 págs.

 

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15 mayo 2021 6 15 /05 /mayo /2021 09:47

Pongamos que hablamos de Shakespeare. Bello, interesante y tópico tema. Se puede abordar de muy diversas maneras. La irlandesa Maggie O'Farrell da una original vuelta de tuerca al universo interminable de el Bardo. Bucea en su biografía, busca un detalle no demasiado documentado, que surge entre las nieblas de lo supuesto, lo probable, la leyenda y la imaginación. ¿De dónde sacó don William el nombre de su personaje dubitativo Hamlet, el príncipe danés?  Seguramente de una leyenda nórdica que se basa en las peripecias de un príncipe llamado Amleth (nombre que en escandinavo significa "loco"). O tal vez directamente de un pariente que tuviera ese nombre. En el siglo XIX se especuló mucho sobre los datos familiares de Shakespeare y su esposa Anna Hataway y de sus tres hijos, dos hijas y una gemela del único varón, Hamnet (en el siglo, XVI en Inglaterra Hamlet y Hamnet eran intercambiables), que murió con once o doce años de edad. Se dice que Shakespeare reflejó su dolor por la muerte de su hijo varón en una célebre escena de "El rey Juan", donde una reina llora la muerte de su hijo: "La pena llena la habitación de mi hijo ausente, yace en su  cama, anda conmigo arriba y abajo, asume sus bellos rasgos, repite sus palabras, me recuerda sus graciosos miembros, rellena sus vacías prendas con su forma. Tengo entonces razón de amar la pena. Adiós. Si tuvieras una pérdida tal yo te daría a tí mejor consuelo".

La autora logra transmitir al lector una emoción profunda ante el fracaso en la protección del único hijo varón de la pareja, su vulnerabilidad y el profundo desconsuelo y amor desgarrado de los padres -William y Anna o Agnes en la novela, que al parecer era el segundo nombre de la esposa de Shakespeare-. La vida, con todo su esplendor y miserias, y la presencia de la muerte rondan la existencia de una pareja histórica a la que la narradora irlandesa, con gran maestría nos muestra con toda verosimilitud, emociones y sentimientos, que sólo una escritora de fuste y nervio logra recrear. He leído "Hamnet" de un tirón. Pesaba de entrada mi fascinación por el dramaturgo inglés,después es la habilidad literaria y la imaginación poética de Maggie la que relativiza los elementos históricos para destacar el drama humano de esa pareja histórica cuyas verdaderas circunstancias emotivas jamás se podrán conocer, pero el reflejo que la escritora da de ellas bien podría ser real. Por eso la presencia histórica de Shakespeare en la novela se relativiza. Lo que nos importa es el profundo dolor de Agnes en Stratford y la desesperación de su marido, siempre ausente, en Londres. La  novela se cierra con una maravillosa escena de la representación de Hamlet en el corral de comedias londinense a las orillas del Támesis, donde la desgarrada madre advierte la correspondencia de su dolor con el dolor de su marido. Es Agnes la verdadera protagonista de la novela -una mujer montaraz, aliada con la naturaleza, curandera de plantas y tisanas, medio salvaje y dotada de una sabiduría ancestral, que se singulariza en una habilidad para notar por un contacto manual la esencia de la persona a la que toca-- y como en "Hamlet" el motivo dinámico de la acción es un fantasma llamado Hamnet, muerto a los once años de edad y cuya presencia ausente llena las páginas de la novela de momentos inolvidables.

Aparte de de esa motivo central, la autora logra descripciones magníficas del desarrollo y expansión  de la peste medieval en Europa y concretamente en Inglaterra, mientras la acción va tejiéndose y destejiéndose con la aguja del tiempo, pasado y presente y futuro, nos acongoja con la descripción de la muerte del niño (en algún momento, pocos,  se le va levemente la mano y roza el melodrama) pero, en general, mantiene en vilo al lector apelando a sus emociones de una forma  correcta y digna. Para el lector conocedor de detalles de la vida de Shakespeare no pasa inadvertida la mención en la página 309 del misterio de la 2ª cama de Agnes que se menciona en el testamento real del gran dramaturgo.

Y por debajo de toda esta fascinante novela vibra con su propio vigor el retrato documentadísimo que la autora nos hace de la vida cotidiana en el pueblo natal de  Shakespeare, Stratford, las formas de convivencia , los retratos de personas de la época, de las familias, de las relaciones de poder, de la situación de las mujeres y de los niños y de la presencia de la vida en su plenitud y miseria y de la muerte que en unas condiciones públicas  de insalubridad enormes está siempre presente. El Londres que nos muestra O´Farrell es como un vigoroso y terrible retrato coral del Bosco o de Brueghel. Toda la segunda parte, la más breve del libro, es un ejercicio literario que roza la excelencia y la descripción con la llegada de Agnes al corral de comedias persiguiendo la sombra fantasmal de su hijo para encontrarse con la de Hamlet en el escenario. Son diez páginas de una eficacia y pulcritud literaria magníficas. Gran novela. La última palabras de la novela es "Recuérdame": una petición o amonestación que será realidad para muchos lectores. Entre ellos, yo.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

ficha

HAMNET.- Maggie O'Farrell.-trad. Concha Cerdeñoso.- 341 págs. Ed. Libros del Asteroide

 

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9 mayo 2021 7 09 /05 /mayo /2021 12:02

 

He aquí un libro que nos estimulará la curiosidad y un poco de morbo, aunque algunos de sus apartados nos dejará un poco melancólicos. Sobre todo si es usted en lector compulsivo, un amante de los libros, un gozador de volúmenes sean del tamaño que sean, un enamorado de las bibliotecas, un gustador de viejos infolios, autores extraños, liturgias librescas de cualquier pelaje esotérico o científico, tenebroso o alegre como castañuelas, de intriga o de humor, en fin, un "enfermo" de la ilustración libresca, un obsesivo de la letra impresa, un coleccionista de momentos mágicos que emanan de las páginas, un viajero de las estrellas a través del papel, un olisqueador de aromas de cuero, pergamino, tinta y cola de encuadernar...en suma, un lector. Juan Carlos Díez se ha afanado en  contarnos todo tipo de historias sobre los libros, ha buceado en bibliotecas ocultas y misteriosas, en enciclopedias de lo insólito y lo patético, en los horrores de autores malditos, libros quemados en hogueras y perseguidos como alimañas, en curiosidades más o menos malsanas, en ese mundo subterráneo que se enriquece con las sombras y los miedos primordiales y que siempre evita la luz, la claridad y a veces la lógica o el amor. Y nos jura desde el principio, "Todo lo que aquí leerás es verdad...te hablaré de volúmenes malvados que no debieron escribirse y de otros que nunca existieron...de cosas con forma de libro pero que no lo son...y de algún texto tan malo, magnificamente pésimo, que ha alcalzado la posteridad".

Y así empezamos con libros encuadernados en piel humana, del Sábato misterioso de "Sobre héroes y tumbas", de libros enormes, grandísimos, que necesitan artefactos para poder ser leidos o transportados y de pequeños, diminutos libros, algunos sólo legibles con microscopio; de libros sometidos a juicios, condena y hoguera, de volúmenes secretos que hablan de dioses ancestrales sedientos de sangre y maldad, del Codex Rohonczi, que nadie ha sido capaz de descifrar todavía, de papeles que prometen tesoros a quien los descifre, de Edgard Allan Poe y de Lovecraft, del famoso Necromicon, un libro imaginario que de vez en cuando sale a la luz como libro real para desaparecer de inmediato, de héroes literarios que son más reales que sus autores (a veces se convierten en materia de asesinato por los irritados autores, como el genial Sherlock Holmes y Conan Doyle), autores y libros que se adelantan a su época y narran detalles que luego la posteridad se encargará de refrendar, leyendas romanas o hindúes que conciernen a libros y legajos, evangelios secretos, erratas famosas (que antes se achacaban  a Titivilo, un demonio menor), la grey afortunadamente escasa de los bibliópatas, capaces de los mayores crímenes por la posesión de un volumen in cuarto que les falta en la colección, libros absurdos como "De masticatione mortuorum in tumulis" que no hace falta traducir, inmensos cajones llenos de diarios personales --rozando la patología-- donde se lleva pormenorizado detalle de las actividades de su autor, desde las hazañas amatorias de Sade o Casanova, hasta el tremendo --declaradamente patológico--diario de millones palabras escritas por Robert Shields sobre todos los detalles de su vida cotidiana durante veinticinco años. Borges, Stevenson, Guy de Maupassant, Hitler, Pascal, memoriones increíbles como el bilbiotecario Antonio Magliabecchi que guardaba en su mente la situación en los anaqueles de miles de volúmenes y la descripción de su contenido, autores proféticos como Morgan Robertson que en una novelita prescindible llamada --acertadamente--"Futilidad", recreó el hundimiento del Titanic catorce años antes de que se produjera, los escritores raros y huidizos como Salinger o Cormac McCarthy, o ese lector -- mas digno de un libro de medicina--que fue Kim Peek que llegó a leer doce mil libros y recordaba o recitaba páginas enteras de cada uno de ellos, o la biblioteca Brautigan dedicada a manuscritos que jamas han sido publicados (y posiblemente jamás serán leídos), sea cual sea su valor, tamaño o autor.

Es este un libro interesante sobre la "trastienda" de la literatura, una especie de galería de curiosidades y horrores que conviene tener en la biblioteca propia y leer poco a poco. Nunca seguido. So pena de quedarse algo melancólico al final ante la avalancha turbia y agobiante de informaciones sobre un mundo, el de los libros, que uno desea algo más resplandeciente. Como le ocurrió a quien esto firma.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

FICHA

Libros malditos, malditos libros.- Juan Carlos Díez Jayo.- Ed. Piel de Zapa. 257 págs. 18 euros.

 

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