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15 enero 2021 5 15 /01 /enero /2021 12:04

LA PANDEMIA SISTÉMICA

(Publicado en La Comarca 080121)

La pandemia es un síntoma, no la enfermedad causal. El origen de la pandemia podríamos llamarlo “sistemadémico” y está jerárquicamente por encima de la Covid 19. Hunde sus raíces en la debacle económica de 2008 y goza de buena salud, creciendo en poder de forma directamente proporcional a los estragos del virus global. Cuanto más nos hunde a todos el virus, más se enriquece el sistema, seguramente ajeno él mismo al hecho incontrovertible de que está cavando su propia tumba, junto a las nuestras. La estructura epidémica del “sistemadémico” es un cuadro de enfermedades o afecciones entrelazadas y aparentemente ajenas entre sí, que se producen de forma crónica o en recidivas, todas ellas provocadas por elementos dinámicos relacionados con las desigualdades sociales, la pobreza, el racismo, el sexismo, el desempleo, la caída imparable de las clases medias, el paro juvenil, el exterminio de las especies y los recursos del planeta en aras de un consumismo y una producción sin límites, la pérdida de confianza y descrédito de los poderes políticos, la manipulación capitalista de la ciencia, la falta de líderes que no hiedan a populismo y la globalización de las grandes fortunas al margen de los Estados… Éstas son las que conforman en esencia la figura paradójica del Mago de Oz que, detrás de las instituciones, disfrazado y anónimo, mueve los hilos sistémicos del Poder.

Como la Covid, el virus sistemadémico se propaga globalmente, tiene un origen incierto pero indirectamente relacionado con el mismo origen del coronavirus: la ciega osadía de un sistema de explotación de la Naturaleza en todo su abanico vital, al servicio de un estilo de vida nefasto en el fondo, y muy deseable para la limitada parte del mundo que lo disfruta. La fiebre conspiranoica se queda corta y los conspiramaníacos yerran en sus culpables, siempre atentos a buscarlos en las víctimas propiciatorias más odiadas por tales mentes obtusas que se dan  en abundancia desde tiempos inmemoriales. Y así señalan a los judíos –o los árabes- los forasteros e inmigrantes, los curas y últimamente los chinos o Bill Gates. Decía Chesterton que “la falsedad nunca es tan falsa, como cuando casi, casi, es la verdad”. Y en el caso de la Covid, todas las teorías conspiratorias son falsas porque sin saberlo apuntan a la verdad que hay tras el espejo: los nuevos virus nacen de los excesos de la industria agroalimentaria: gripe aviar, de los visones, o de oTros animales de granja o asilvestrados. O provienen de la eliminación de hábitats boscosos que afectan al mundo animal (Amazonas, Borneo, Australia…), causando los SARS –cuyo primer caso se declaró en Vietnam en 2003- y otros virus habituales, pero últimamente más frecuentes. Su propagación –en un mundo globalizado- empieza a afectar de forma preferente a unas sociedades estratificadas, con grandes núcleos de pobreza y aislamiento social y sanitario…y corrientes negacionistas por doquier, alimentadas por la ignorancia o la mala fe.  

Todos estos problemas parecen aislados, sin relación alguna entre ellos, excepto su simultaneidad. Unamos el auge de los populismos, las revueltas a pie de calle de jóvenes irredentos en las llamadas democracias, el descontento y los temores de la gama de clases medias. Para ellas se cumple lo del refrán, “padre jornalero, hijo caballero y nieto pordiosero”. Y nadie parece poder remediarlo. Si reflexionamos un poco, veremos que no es una cuestión conspiratoria; que nadie, por su género, raza, sexo o pobreza es “culpable” de ello, sólo son víctimas. Hay que mirar más alto y más lejos: es el sistema que, obligado por su insaciable sed de beneficios, mantiene una expoliación constante de recursos humanos o naturales. Y tanto los líderes populistas como los demócratas inclinan la cabeza ante ese Poder omnímodo que no tiene rostro, ni dirección postal, ni sede conocida, pero cuyos tentáculos abarcan las grandes multinacionales, los trust financieros e industriales, allá donde se esconden las cuevas de Aladino de la riqueza desorbitada y la desorbitada falta de ética. ¿Conspiramanía? Más bien los juegos de sombras de un titiritero que se mueve al son de la flauta del mejor postor. ¿Se puede  hacer algo al respecto? Podemos pensar como John Keines que “cuando parece que va a suceder lo inevitable, aparece lo inesperado”.

Personalmente confío en la resiliencia (esa fuerza de adaptación y capacidad de resistencia del ser humano frente al desastre o la hecatombe)  de los que logren superar las dificultades de todo tipo que seguramente nos acosarán. Y sobre todo confío en que la razón, la solidaridad, la ciencia y la técnica y, por último pero no menos importante, el afán de superación y libertad del ser humano hagan emerger una forma de vida, un estilo de relación y cooperación global del hombre hacia los otros seres vivos del planeta y hacia la propia Gea, la madre Tierra, que en última instancia nos salve de un Holocausto definitivo. Ya hay mentes formadas y alimentadas por ese tipo de ideas e ideales, científicos, filósofos, economistas, hombre de cultura y conocimientos, pero también hombres y mujeres de toda clase, nacionalidad y oficio, con una sensibilidad abierta a ese sueño de una humanidad integrada a través de un principio: somos temporales inquilinos de un Hogar cósmico del que vivimos y al que hay que cuidar y respetar porque formamos parte de él.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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13 enero 2021 3 13 /01 /enero /2021 11:52

 

La realidad es obstinada. Y reiterativa. Vuelve una y otra vez a recordarnos que somos vulnerables y que nos falta previsión, solidaridad y la neurona de la colaboración. Olvidamos que la historia del hombre nace en el momento en que las necesidades y los peligros nos convencen de que unidos podemos sobrevivir. Los animales nacen ya con ese instinto básico en el pack de origen. En el humano no, se nos coló el egoísmo y la estupidez . Aunque con tanto desastre vamos aprendiendo.

Cuando recibimos la visita de doña Gloria, algunos clamamos, “in deserto” por lo visto, que deberíamos prepararnos para futuros problemas globales y locales, virus, tormentas y demás desastres naturales, de la manera más racional y eficaz posible, usando los medios de una sociedad altamente tecnificada en lugar de arrastrar la singularidad anclada en la torpeza operativa, digna de tiempos más precarios.

Ahora con doña Filomena seguimos al mismo nivel de antaño: laboriosas y sacrificadas cuadrillas de operarios, escasez de medios, buena voluntad a quintales de instituciones y particulares: pueblos aislados por la nieve, teléfonos y móviles que no funcionan, apagones de energía eléctrica que nos devuelven al siglo XIX…ya sabemos que cuando la Naturaleza se desboca hay que agachar la cabeza, protegerse y esperar que pase. Pero no mareemos la perdiz. Concretemos ciertas medidas sugeridas hace un año:

-Gabinete de crisis por comarcas englobando instituciones como Ayuntamientos, Comarca, Diputación, Protección Civil, Sanitarios, Bomberos, Guardia Civil, Empresas eléctricas, de agua y de telefonía desplegadas en la zona.…

-Un teléfono vía satélite con batería para cada Ayuntamiento, de manera que todos estén comunicados y comunicables. Los Municipios forman la primera línea del frente.

-Protocolos de actuación usando los medios de cada uno de forma conjunta bajo un mando único. Racionalización de las actuaciones por criterios de efectividad y urgencia. Priorizando las comunicaciones.

Esta manera de actuar obedece a lo que se llama sinergia (en biología, “la acción conjunta de varios órganos en la realización de una función”), en sociología, el uso racional y conjunto de diversos organismos con un objetivo común, un uso transparente y no contradictorio. La sinergia no hubiera detenido a Filomena o a Gloria o a la Covid, pero habría minimizado sus consecuencias.

 

Alberto Díaz Rueda

 

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6 enero 2021 3 06 /01 /enero /2021 12:53

(publicado en La Comarca, 050121)

Se está produciendo una tragedia ecológica aquí al lado, en el mismísimo  Teruel, en ese sistema montañoso que linda con Cuenca y Guadalajara y que tiene el nombre excelso de Montes Universales. La  tala de bosques enteros se realiza con celeridad. ¿Se impone aquí el modelo de la explotación de recursos, enfundado en criterios pseudo naturalistas? Se está arrasando un paraje irrepetible, ante el silencio  y el apoyo de la Administración. ¿No es la misma que amparaba esa zona como un LIC Natura 2000 con la denominación Alto Tajo y Muela de San Juan? ¿Es que no nos ha enseñado nada la tragedia humana y la hecatombe económica que ha provocado un virus indirectamente desatado por esa misma abusiva y suicida explotación de recursos naturales?

Hace unos años tuve el privilegio de conocer esos bosques, caminando, y soñé que nadie se atrevería a atentar contra semejante maravilla natural y paisajística; un ecosistema equilibrado aunque frágil, que ahora está sufriendo la tala inmisericorde de sus bosques. Gracias a un mensaje de ayuda de Change Org.  he sabido que la zona no está protegida como Parque Natural (del Alto Tajo) por una de esas absurdas divisiones burocráticas comarcales que anteponen el legalismo de la división local sobre la lógica del interés global.

Me comunican que se han arrasado parajes tan emblemáticos como la Loma del Tío Trolis o la Fuente de la Rana y que con esa destrucción está desapareciendo la flora y fauna de la zona, rica en diversas clases de setas y especies ornitológicas. Cita la petición de ayuda muchos otros lugares que conocía de referencia (tuve la suerte de que mi guía era un guardabosque de la zona), cercanos a los pueblos de Griegos y Guadalaviar.

Ignoro el alcance de intereses políticos y económicos, incluso municipales, que están apoyando este dislate ecológico, pero desde aquí me sumo a la petición de detener la tala de esos bosques, compensar los intereses dañados y optar por una política de conservación de nuestros recursos naturales que debería ser prioritaria en nuestra tierra. Creo que tanto la Diputación de Teruel como el Gobierno de Aragón deberían tomar parte en el asunto, antes de que conviertan en un erial más de Teruel una zona que  es todo lo contrario a una zona desértica.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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3 enero 2021 7 03 /01 /enero /2021 10:30

 

Formamos un todo psicosomático. La fuerza de las emociones, su ímpetu orgánico y las secuelas que produce en el cuerpo han dejado de ser un supuesto metafísico de disciplinas orientales o un supuesto no científico enarbolado por el psicoanálisis freudiano que arrastra desde los tiempos de Freud el anatema de la medicina oficial, la psiquiatría y la medicina en general. Lo cierto es que es un término y una ciencia que proceden de tiempos remotos, egipcios, griegos y romanos, que luego el cristianismo condenó y que ha arrastrado un caminar entre las tinieblas de la heterodoxia hasta bien entrado el siglo XX. Solo les diré que recién acabada la carrera de Psicología tuve el "atrevimiento" (reinaba el conductismo más cerrado) de formar parte del I Congreso nacional de medicina psicosomática, donde todos, psicólogos, psicoanalistas y psiquiatras de la nueva ola y acomplejados expertos en meditación y otras disciplinas del tipo cuerpo-mente, tratamos de levantar una bandera que un par de décadas más tarde entraría con todos los honores en la ortodoxia médica, entre otras razones, gracias a los descubrimientos de las neurociencias.

Precisamente el autor del presente libro, Juan José Plasencia, poeta, escritor y terapeuta, es una prueba viviente del tipo de profesional que solía ser vetado  por la triunfante ortodoxia médica de mediados del siglo pasado. Plasencia que además es profesor en Medicina Tradicional China, otra de las profesiones que muchos médicos titulados en las Facultades occidentales consideraban poco menos que propia de charlatanes (demostrando una ignorancia supina). En este libro sencillo y claro, Plasencia se nutre de los más recientes descubrimientos de las neurociencias para explicarnos determinados procesos de la bioquímica del organismo humano, principalmente del cerebro, que impulsados por las emociones afectan el  funcionamiento de nuestro cuerpo físico que forma -ya es una verdad aceptada en todos los ámbitos de la salud- el complejo entramado de causas y efectos de nuestra existencia no dualista cuerpo-mente, una unidad que es el micro reflejo de otra realidad magnífica que aún no está avalada por la ciencia: que somos parte de un Todo que engloba a todos los seres vivientes y también al planeta que nos cobija.

Plasencia, muy influído por grandes autores de la temática cuerpo-mente (muchos de ellos y casi todos los más significativos encuadrados en las filas de Kairós desde los tiempos remotos de Alan Watts, Suzuki y Deshimaru o Krishnamurti, Laszlo, Sheldrake , David Bohm, Jon Kabat-Zinn, Wilber, Pribram, Fritjof Capra, Goleman o Talbot) tiene la prudencia y el buen sentido de aclarar desde el prefacio del libro que su intención es meramente divulgativa y sus palabras no deben considerarse diagnósticos de ninguna dolencia. Una vez esto aclarado, Plasencia nos lleva a recorrer un educativo viaje por nuestro cuerpo, desde los brazos, hombros, manos y codos, a la espalda, el pecho, el diafragma o el vientre, para acabar por todas las partes del tren inferior. Y nos cuenta de manera didáctica de qué manera influyen las diferentes emociones en las distintas partes del cuerpo. El libro es agradable de leer, el autor tiene la habilidad explicativa de un buen divulgador y conoce  los entresijos de ese relación simbiótica fundamental entre  las emociones y sus correlatos físicos y orgánicos. Sus citas de autores son apropiadas y su principio básico teórico, indiscutible: "el cuerpo emocional como unidad indivisible del ser", así como la invitación con la que concluye su libro y es el subtítulo del volumen: "encuentra tu conexión cuerpo-mente".

FICHA

EL CUERPO EMOCIONAL.- Juan José Plasencia.- Ed. Kairós.-241 págs.

 

 

 

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31 diciembre 2020 4 31 /12 /diciembre /2020 10:49

Los libros, como las personas y los eventos tienen su momento óptimo, el ni fu ni fa y el pésimo. Cuando apareció la novela de Hannah Tinti en 2010 en el mercado español y a pesar de la preciosa traducción de  Jesús Zulaika, los astros que confluyen en el lector y su momento y la novela y el suyo se anularon mutuamente y mi lectura fue descuidada y la reseña respetuosa pero sin profundidad. Me pareció una truculenta y casi "gore" recreación de los mundos deprimidos y oscuros del Dickens más crítico y sentimental y del Edgard Allan Poe menos feliz. Con el paso de los años y a causa de haberle regalado un ejemplar a un amigo y su entusiasta reacción, pensé que quizá no había sido justo con la novela, en unos tiempos en los que el tiempo era un déspota exigente. Ahora, en una época más reflexiva y serena, la nueva lectura de esta novela, también me ha permitido advertir y gozar de valores que me han habían pasado medio ocultos.

Resumiendo, "El buen ladrón" es una excelente primera novela, con algunos defectos nimios y excesos argumentales algo imprudentes, pero en conjunto una divertida, emocionante, sugestiva y provocativa narración, llevada con pulso firme casi siempre, hábil en la creación de personajes y eventos: merece un notable alto, sin duda. Los avatares del huérfano Ren en un oscuro y tétrico orfanato de la Nueva Inglaterra del siglo XIX, tienen la habilidad dickensiana y sus posteriores aventuras con el joven "protector" y maestro en malas artes (un personaje que recuerda al John Silver de Stevenson) hacen lo propio con algunas narraciones de Poe y el mismo Robert Louis que tiene una novela con el título de "Los ladrones de cadáveres". Una vez sugeridas las fuentes, en honor de la verdad, hay que decir que  Hannah Tinti (por cierto nacida en Salem, patria de las brujas) se desmarca por completo de sus fuentes y nos ofrece una carga original de truculencia, sentido del humor, ironía y sentimentalismo nada pegajoso.

La novela es un canto a la narrativa oral y juega con los lectores de manera muy inteligente para lograr cerrar el anillo argumental de una forma inesperada y dinámica. Mi consejo: no se la pierdan.

FICHA

EL BUEN LADRÓN.-Hannah Tinti.-Trad. Jaime Zulaika. Anagrama. 356 págs.

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29 diciembre 2020 2 29 /12 /diciembre /2020 20:14

(Publicado en La Comarca el 291220)

Desiderata es una palabra latina que significa “cosas deseadas”. También es el título de un poema escrito en 1927 por un poeta norteamericano, de origen alemán, llamado Max Ehrmann. Creo que, en estos tiempos, ese poema es como una ingenua inyección de optimismo. Por ello les ofrezco una versión simplificada en prosa. Como un “desiderátum”, (deseo por cumplir) para el año 2021:

“Aunque estés rodeado del ruido y la prisa, camina serenamente mientras aspiras a la paz y el silencio. Dentro de lo posible, trata de mantener buenas relaciones con los que te rodean y expresa tu verdad de manera clara, no sin escuchar a los demás con respeto, pese a su falta de educación o conocimientos. Evita a los que alborotan o son agresivos y burlones, ya que causan daño a tu espíritu. No te compares con nadie y evitarás la envidia y la amargura, o la soberbia y el orgullo, pues siempre habrá quien es más grande o pequeño que tú. Disfruta de lo que te sale bien sin envanecerte y cuida todo lo que haces por humilde que sea: tu trabajo es un tesoro si lo amas, aunque debes ser cauto en tus negocios pues el mundo está lleno de engaños. Pero también hay en él mucha virtud, honestidad y solidaridad: la vida está llena de ocultos heroísmos. Se tal cual eres en todo momento, evita el fingimiento sobre todo en lo relacionado con los afectos, pues ellos son la hierba fresca en el erial árido del desengaño. Vive la suma de tus años con amabilidad hacia ti mismo y recoge los frutos de la experiencia, mantén la firmeza de tu espíritu y vive relajadamente, afrontando lo que llega y sin agotarte con temores y premoniciones. A éstos ignóralos, te librarás de la fatiga y la soledad. En esencia, piensa que eres una criatura más del universo, al igual que los árboles, los animales y las estrellas: tienes derecho a existir y aunque nunca lo sabrás a ciencia cierta, el universo marcha como debe ser. Por eso procura estar en paz con Dios, sea cual sea la forma en que lo veas,  y conservar la paz de tu alma, en el laberinto de tus trabajos y aspiraciones o en la bulliciosa confusión de la existencia, pues aunque te cruces con penalidades y decepciones, el mundo sigue siendo hermoso. Por tanto es preciso que, de forma alegre y serena, te permitas ser feliz.” ¡Que también lo sea el 2021!

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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25 diciembre 2020 5 25 /12 /diciembre /2020 10:11

Leer a Fernando Savater es un placer picante más que exquisito. Es divertido, iconoclasta, algo pendenciero (siempre desde la buena voluntad y el respeto) sabe de lo que escribe y no escribe de lo que no sabe (lo cual es un privilegio en estos tiempos de falacias y fantasmones). En su dia (2008) hojeé este libro con simpatía pero sin demasiada afición. Lo puse en un estante y me dediqué a mis lecturas de filósofos varios "in person", dejando un poco  su aventura de pensar, pues eso, una de las aventuras literarias de degustación y comentarios a las que tan aficionado es Fernando, como la irrepetible de la infancia recuperada o los panfletos contra el Todo que solía leer en horas bajas (que en el panorama político y cultural de esta España nuestra que nos hiela el corazón, son demasiadas). Me equivoqué. Cuando la he leído en estos días, "La aventura de pensar" es una gozada de viaje a través de los grandes de la filosofía. Puedes estar de acuerdo o no con la lectura y las valoraciones de Fernando, pero de lo que puedes estar seguro es, primero, que lo vas a pasar muy bien, segundo, que te aclarará algunos puntos interesantes en algunos filósofos cuyas complejidades son abundantes y no siempre bien interpretadas y tercero, que simpatizarás con el pensador -Savater- que en algunas de esas, tira por la directa y te muestra que hay que meterse en la obra de algunos de forma discreta y respetuosa, sabiendo que no vas a llegar mucho más lejos de lo que ha llegado nuestro autor.

En su selección de 26 autores de la historia de la Filosofía, ni están todos los que son ni son todos los que están (al menos bajo el criterio del siglo XXI), pero lo que el lector habitual de Savater capta de inmediato es que ha seguido su real gusto y se la "refanflifa"  cualquier otra selección que a uno le pueda parecer más "justa o adecuada". El objetivo es mostrarnos "a groso modo" algunos de los puntales filosóficos de primer orden acompañados por la tropa de segundones que varía al gusto del consumidor. Desde Platón y Aristóteles hasta Sartre, Foucault o Adorno, pasando Tomás de Aquino, Hobbes, Descartes, Leibniz, Hume y Kant (por supuesto) haciendo paraditas en Schopenhauer, Kierkegaard, Nietzsche, Marx y pasando de puntillas por Unamuno, Ortega, Russell, Wittgenstein y Heidegger. ¿Discutible? Sin duda. ¿Entretenido e informativo? Por supuesto. Uno puede echar de menos que nos hablara de Sócrates, Epicuro o de Pirrón, incluso de Marco Aurelio o Séneca, otros lamentan que no se detenga en Montaigne o Pascal y...bueno, qué más da. Y a otros, incluido yo, lamentan ver excluídos a otros pensadores y tratados algunos que ya hace tiempo moran. justa o injustamente, eso es personal, en el limbo de los eruditos y tesisnómanos.

"La aventura de pensar" se complementa con la aventura de leerlo. Y, a favor de Savater, lo cierto es que su talante pedagógico, directo, sin contemplaciones  y un poco irónico hace de esta lectura un apasionante paseo en compañía de un profesor apasionado, pintoresco y versátil en sus lecturas y estudios. Como él mismo dice cuando escribe sobre el potente Spinoza, sería bueno llevarse este libro cuando uno se vea obligado a vivir en aislamiento o con movilidad restringida. Ya sea la cárcel política(cómo él sufrió en los tiempos de la dictadura) o la pandemia (como estamos sufriendo todos en el último año).

FICHA

LA AVENTURA DE PENSAR.- Fernando Savater.- DeBolsillo. 340 págs.

 

 

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23 diciembre 2020 3 23 /12 /diciembre /2020 17:43

LOGOI 180

NAVIDANTE

(Publicado en La Comarca221220)

Han llegado las Navidades y como dice la canción “nadie sabe cómo ha sido”. Desde luego, no como la esperábamos. La persistencia y obstinación del virus está en consonancia con las actitudes de negación, minusvaloración, rechazo e ignorancia o mala información de los que persisten en confundir lo que desean con lo que es. De ahí el doble juego de palabras. Navidades “de antes” –que ni lo son, ni se las espera-  y Navidades “dantescas”, es decir una “divina comedia” a la brava, que más parece sátira del Purgatorio de Dante. Si las previsiones se confirman a la baja, la tercera ola -que ya apunta- se confirmará. A las malas, vendrá la cuarta.

Escucho a alguien que dice: “Yo no aguanto más sin mis hijos y mis nietos. Ya está bien –enfado- pues qué se habrán creído. Yo soy muy de familia y me duele en el corazón no tenerlos a mi lado y darles unos achuchones en estas Navidades”. Hay sinceridad, sentimentalismo y emoción en esos ojos desafiantes. Los que pensamos que es más discreto y seguro en estos momentos evitarnos todas estas celebraciones tradicionales y sociales (para muchos han dejado de ser religiosas y mucho menos espirituales) nos sentimos un  poco “culpables”. Un minuto de razonamiento o de sentido común aleja la culpabilidad.

Que nadie piense que hay crítica o rechazo hacia esas personas que “no pueden aguantar” mantener alejados a sus familiares y/o “allegados” en unas fiestas tan “señaladas”. Las emociones y los sentimientos son elementos que nos definen como personas. También la razón lo es, por supuesto. Incluso algo más definitoria –por prácticamente exclusiva- de nuestra especie.

Ello no obsta para que desee intensamente, de corazón,  que personas como la que les cuento y todas las que mantienen la misma postura con parecidos argumentos, no tengan que lamentarlo. Que todo vaya bien y que puedan decir más tarde, mirando de reojo, “tanto miedo para nada. A mí nadie me ha quitado el placer de tener a mi familia todos juntos en Navidad”. Perfecto, señora o caballero, así ha sido y enhorabuena.

Como escribió Cervantes en horas muy distintas: “Esto leyó un valentón y dijo: es cierto/ cuanto dice usted, señor periodista/ y el que dijere lo contrario miente/ Y luego, incontinente/  se caló el sombrero, requirió la espada/miró al soslayo, fuese y no hubo nada”. Pues eso. Feliz Navidad.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

 

 

 

 

 

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21 diciembre 2020 1 21 /12 /diciembre /2020 10:50

A estas alturas ya no hay ni un solo conocedor de los avances de las neurociencias ni tampoco ningún practicante o estudioso de la meditación, en cualquiera de sus gamas, escuelas, estilos y tradiciones que no haya leído, estudiado o experimentado de alguna manera cómo los caminos y objetivos de ambas no han dejado de cruzarse y comienzan a seguir un mismo camino en algunas de las múltiples facetas del desarrollo de la mente y el cerebro en sus enormes  -y en su mayor parte desconocidos- potenciales. Por tanto el libro que recoge las largas conversaciones entre el monje budista Matthieu Ricard y el neurobiólogo Wolf Singer, resulta doblemente interesantes a unos y otros, a pesar de las inevitables reiteraciones y la no menos inevitable disfunción que se produce cuando una de las partes admira lo suficiente a la otra para evitar desencuentros paralizantes o entorpecedores entre la exigencias científicas empíricas y la esencial carga espiritualista de la meditación independientemente de su tradición y práctica. Teorías, hipótesis, modelos conceptuales con los que trabaja la ciencia, cuando las vías de la razón pura, la intuición y la observación has mostrado sus límites. El modelo esquemático que nos proponen los dos dialogantes debe injertarse en una teoría susceptible de ser confrontada o en su caso falseada por los hechos .

La hermenéutica  científica de Singer y la intuición y el pragmatismo espiritual de Ricard rico en experimentaciones propias y examen de las ajenas, tratan de soslayar el habitual escepticismo empírico de la ciencia y evitar el doctrinalismo y la indemostrabilidad  inevitables de unas experiencias casi totalmente subjetivas (pese al aumento exponencial de pruebas realizadas con criterios y exigencias científicas sobre meditadores expertos). El budismo  concretamente trata de examinar la mente de una forma empírica y sus ancestrales técnicas han dado resultaos reconocidos desde hace unos años por la ciencia. Y aunque muchos científicos siguen negándose a hablar de conciencia, mente, posibilidad de transformación, cuestiones metafísicas que para ellos se reducen a epifenómenos cerebrales, lo cierto es que la lectura de este libro de diálogos permite esbozar una cierta esperanza en que pronto  acaben los recelos y se admita una posible vía común entre la ciencia los planteamientos meditativos, es decir confrontar dos tipos de conocimiento, uno en primera persona y otro en tercera.

Dos enfoques radicalmente diferentes que se han rechazado y confrontado mutuamente durante siglos. Como dice Ricard,  "dos milenios y medio de investigación directa del funcionamiento de la mente a través de una introspección en profundidad llevada  a cabo por mentes perfectamente entrenadas, tras haber alcanzado a la vez una gran estabilidad mental y una claridad penetrante" . A  ello, contrapone Singer que "los especialistas en el cerebro niegan categóricamente toda distinción entre las funciones sensoriales y las ejecutivas y entienden la conciencia como una propiedad emergente de las funciones del cerebro" Por lo que, añade, tales prácticas "exigen una disociación de la personalidad: habría por una parte un observador puro, desapegado de las emociones, los afectos y las percepciones erróneas y, por otra parte, existiría una instancia que formaría también parte del sujeto, que se vería desgarrada por los conflictos..." Eso lo rechaza Ricard, que habla de "una conciencia despierta no dual que se ilumina a sí misma".

El diálogo -realizado durante ocho años- va glosando y analizando desde los dos puntos de vita temas como la atención, el control cognitivo, la meditación y el cerebro, las emociones y los cambios neuronales, el entrenamiento mental y sus límites, la percepción de la realidad y sus aspectos cambiantes, las ilusiones perceptivas, el autoexamen y la presunta existencia del ego, el libre albedrío y la responsabilidad para terminar con uno de los caballos de batalla contrapuesto entre la meditación y  la ciencia: la naturaleza de la conciencia y sus estados.

Un libro fascinante que no añade datos importantes a la controversia entre la meditación y los científicos, pero si aclara y enfatiza cuestiones, experiencias, hipótesis y teorías que los acerca de una forma especialmente creativa.

FICHA

CEREBRO Y MEDITACIÓN.- DIÁLOGO ENTRE BUDISMO Y NEUROCIENCIAS.- Matthieu Ricard y Wolf Singer.-Trad. Vicente Merlo.-479 págs.- Ed. Kairós.- ISBN 9788499886183

 

 

 

 

 

 

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17 diciembre 2020 4 17 /12 /diciembre /2020 10:34

EL INVIERNO DE NUESTRO DESCONTENTO

(Publicado en Heraldo de Aragón, 121220)

Shakespeare en su Ricardo III nos habla de este “invierno de nuestro descontento” que se vuelve verano con el sol de York.  Como suele ocurrir con los clásicos, las palabras  del pérfido y astuto Gloucester tienen un dramático acomodo en las realidades que nos circundan y condicionan.  Vivimos realmente “el invierno de nuestro descontento” y no hay ningún sol primaveral que se anuncie para devolvernos la paz y el sosiego. Estar bien informado es una necesidad  y una dificultad en estos tiempos en los que la sociedad infectada de “infovirus” y “dígitopsicosis” campa alegremente por el planeta, protegidos por leyes de libertad, permisivas  y democráticas que nacieron en una época anterior y que no se han podido o querido actualizar  para amoldarlas a las nuevas exigencias del mundo digital. Se confunde información con una confusión de datos y cifras, cuya redundancia impide articular una realidad con significado empírico. Y para mayor bochorno ha instituido la  falacia  como un significante, la “postverdad”.

El ciudadano vive perdido y confuso en una red de contradicciones, inseguridades y errores que se capitalizan desde los Gobiernos o las instituciones técnicas y sanitarias hasta el pandemónium de la Red. Y, al mismo tiempo, ese absurdo y dañino “buenismo” político y social que es una herencia humanista, pero distorsionada, del siglo XX tras sus dislates dictatoriales, está llevando a cumplir aquello de que “el sueño de la razón engendra monstruos”.

Una muestra de ello la tenemos con sólo abrir los ojos a las reacciones de políticos y ciudadanías europeas (prefiero no hablar de la nuestra, que nos hiela el corazón a muchos españoles ) a la pandemia covidesca que ha generado otro tipo de pandemias: la de los “bots” o bulos digitales emanados en legión, la de millones de personas que consideran que tiene derecho a celebrar en grupos familiares los desatinos navideños y se consideran al margen de los contagios, los que “tienen derecho” a pedir por la red que se debería fusilar a millones de personas por el delito de pensar de otra manera, los que se acogen a las leyes de protección de datos, de  manifestarse, de libertad de movimientos, a “su” democracia en suma, para arrasar lugares públicos, ocupar edificios o agredir a alguien por el color de su piel, su origen o su sexo y no ser filmados y expuestos a la picota de lo deleznable…

Que no haya confusión en esto: el “buenismo” es falta de adecuación legal, de músculo reactivo y eficiente a un tipo de sociedad y unos modos que cambian a menudo, que ofrece inéditas posibilidades de conocimiento y también permite la libre difusión de errores y teorías conspirativas,  no una llamada al totalitarismo del signo que sea. De hecho esos amigos de la razón de la fuerza siguen ahí, vivitos y coleando, voceando sus vergonzantes nostalgias de un pasado mejor, dictatorial por supuesto (para consuelo de los grandes capitales que sólo toleran la democracia cuando aprenden a aprovecharse de ella).

El invierno de mi descontento se hiela, casi sin esperanzas  de un poco de calor, cuando constato que los ideales humanísticos por los que muchos hemos luchado como hemos podido o nos han dejado, el mundo cultural en el que fuimos formados se ha convertido en una mala caricatura y todo se confunde en el gris desasosiego que afecta al mundo de los libros, la alta cultura del teatro, la ópera, la música, la ciencia lúcida y desinteresada, el uso público de la inteligencia, la lógica, el sentido común… todo es bronca y griterío, violencia y exigencias. Los “derechos” no dejan de ser evocados mientras las obligaciones adyacentes y la responsabilidad, la solidaridad y la colaboración se hunden en un lodazal de indiferencia arrogante. Ojalá esos 36 hombres justos, renovables  por generaciones, que según la tradición judía son los que nos libran a través de los tiempos del merecido apocalipsis, se multipliquen un poco. Los necesitamos.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

 

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  • : Ventana abierta al mundo de la cultura en general, de los libros en particular, mas un poco de filosofía, otra pizca de psicología y psicoanálisis, unas notas de cine o teatro y, para desengrasar, rutas senderistas y subidas montañeras.
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